Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.
Dios de amor y bondad, te alabamos y te bendecimos por ser nuestro Padre celestial. Tú eres el rey de
reyes y el Señor de señores, y tu santidad es inigualable. Te pedimos que nos ayudes a honrar y
santificar tu nombre en todo lo que hacemos, para que otros puedan ver tu amor y tu gracia a través de
nosotros. Que tu nombre sea exaltado y glorificado en la tierra, y que podamos ser fieles testigos de tu
poder y de tu amor.
Danos el valor y la humildad para reconocer tu grandeza y tu santidad, y danos el deseo de buscar tu
rostro y tu presencia en todo momento. Ayúdanos a entender que tu nombre es santo y que debemos
temerte y reverenciarte en todo momento. Que nuestras palabras, acciones y pensamientos sean un
reflejo de tu amor y de tu gracia, y que nuestra vida entera sea una adoración continua a tu santo
nombre.
Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Señor, te pedimos que tu reino venga y que tu voluntad se haga en la tierra como en el cielo. Queremos
vivir bajo tu gobierno y tu dirección, y someternos a tu plan perfecto para nuestras vidas. Ayúdanos a
reconocer que tu voluntad es buena, agradable y perfecta, y que sólo en ella encontraremos la
verdadera felicidad y satisfacción.
Danos el valor y la fuerza para obedecerte y seguir tus mandamientos, incluso cuando es difícil y parece
que el mundo está en contra nuestra. Que podamos ser instrumentos de tu reino en la tierra, y que
podamos llevar tu amor y tu gracia a todos los que nos rodean. Ayúdanos a vivir para ti y para tu gloria, y
que podamos estar siempre dispuestos a hacer tu voluntad, sin importar el costo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Padre celestial, te pedimos que nos des hoy nuestro pan de cada día. Sabemos que eres el proveedor de
todas nuestras necesidades, y que tu amor y tu cuidado nos sostienen día a día. Te pedimos que nos
ayudes a confiar en ti y en tu provisión, y que nos des la sabiduría para administrar nuestros recursos de
acuerdo a tu voluntad.
Ayúdanos a recordar que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de tu boca. Que
podamos buscar primero tu reino y tu justicia, y confiar en que todas las demás cosas nos serán
añadidas. Que nunca nos falte nada de lo que necesitamos, y que siempre podamos encontrar en ti la
satisfacción y el sustento para nuestras vidas.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Dios de amor y de misericordia, te pedimos que perdones nuestras ofensas y pecados, como también
nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. Ayúdanos a ser como tú, llenos de amor y compasión
hacia aquellos que nos han herido, y danos la fortaleza para perdonar y liberarnos de la amargura y el
resentimiento. Que tu amor y tu gracia nos transformen y nos permitan vivir en paz y en armonía con los
demás. Amén.
No nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Amén.
Señor, te pedimos que no nos dejes caer en tentación y que nos libres del mal. Sabemos que nuestro
enemigo, el diablo, está siempre acechando y buscando nuestra caída, pero confiamos en que tú eres
más poderoso y que puedes protegernos y guardarnos de todo mal. Ayúdanos a permanecer firmes en
la fe, a resistir las tentaciones y a buscar siempre tu voluntad.
Que tu Espíritu Santo nos guíe y nos fortalezca, y que tu Palabra sea nuestra espada y nuestro escudo en
la lucha contra el mal. Danos la sabiduría para discernir entre lo que es bueno y lo que es malo, y que
podamos siempre elegir lo que es justo y agradable a tus ojos. Que tu amor y tu gracia nos protejan y
nos sostengan, y que siempre podamos confiar en ti, nuestro refugio y fortaleza. Amén.