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Las Dos Puertas

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La puerta estrecha - Mateo 7:13-14

Dios les bendiga, hoy vamos a tratar un pasaje muy especial del evangelio
de Mateo, el capítulo 7, versículos 13 y 14. Es un texto que todos
conocemos, pero que tiene una profundidad extraordinaria para nuestras
vidas.

13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el


camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14
porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y
pocos son los que la hallan.

Para entender mejor este pasaje, permítanme llevarlos al momento en que


Jesús pronunció estas palabras. Estamos en Galilea, aproximadamente
cuando Él tenía unos 30 años. Jesús está rodeado de una multitud, y este
mensaje forma parte de lo que conocemos como el Sermón del Monte.

Es interesante el momento histórico. Los judíos vivían bajo el dominio


romano y esperaban ansiosamente un Mesías político y con alto poder
militar. Pero Jesús, en lugar de hablar de revolución política, les está
hablando de decisiones personales, de un reino espiritual.

Cuando Jesús habló de puertas anchas y estrechas, sus oyentes


entendían perfectamente a qué se refería. En aquella época, todas las
ciudades importantes estaban amuralladas y tenían diferentes tipos de
puertas. Las puertas principales eran anchas, majestuosas, perfectas para
que pasaran las caravanas de comerciantes con sus camellos cargados de
mercancías.

Pero también existían otras puertas, más pequeñas, que se usaban


especialmente en la noche. Estas puertas estrechas tenían un propósito
especial: la seguridad. Para pasar por ellas, los viajeros tenían que
descargar sus camellos, dejar atrás todo el equipaje innecesario. Era
incómodo, sí, pero era el camino seguro.

¿No les parece que esto se parece mucho a nuestra vida cristiana? Muchas
veces nos encontramos ante estas mismas decisiones. El mundo nos ofrece
un camino amplio, cómodo, donde todo parece más fácil. "Todo el mundo
lo hace", nos dicen. "No es para tanto", escuchamos.

Pensemos en nuestro trabajo, por ejemplo. ¿Cuántas veces nos hemos


enfrentado a situaciones donde sería más fácil "ajustar" un poco la verdad en
un informe? ¿O cuando nos presionan para hacer algo que sabemos que no
está bien, pero "es por el bien de la empresa"?

En nuestra vida familiar también enfrentamos estas decisiones. Para los que
tienen niños más grandes. Es más fácil dejar que los niños vean cualquier
cosa en la televisión que sentarnos con ellos a explicarles la Palabra. Es más
cómodo trabajar horas extra que dedicar tiempo de calidad a Dios y la
familia. El camino ancho siempre parece más atractivo.

Y qué decir de nuestras conversaciones... ¿Cuántas veces nos hemos


encontrado en esa situación donde alguien comienza a hablar mal de un
hermano, y es más fácil asentir o quedarse callado que defender la unidad
de la iglesia? El camino ancho nos invita a participar en chismes "por
preocupación", a criticar a los líderes "porque hay que mejorar las cosas".

Pero hermanos, fijémonos en algo importante: Jesús no solo nos habla de dos
puertas, sino también de dos destinos. El camino ancho lleva a la
perdición. Esta palabra en el idioma original, "apōleia", significa
destrucción total, separación completa de Dios. No es solo perder algo
temporal; es perder lo eterno.

Por otro lado, el camino estrecho lleva a la vida. Y cuando la Biblia habla de
vida, no se refiere simplemente a existir. Jesús mismo dijo en Juan 10:10:
"Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en
abundancia."

La Biblia está llena de testimonios de personas que tuvieron que elegir entre
estos dos caminos. Pensemos en Abraham, cuando Dios le pidió dejar su
tierra y su parentela. El camino ancho era quedarse en Ur, cómodo, con su
familia y sus riquezas. El camino estrecho era salir sin saber a dónde iba,
confiando solo en la promesa de Dios.

O consideremos a Daniel. El camino ancho era comer los manjares del rey,
adaptarse a la cultura babilónica. El camino estrecho era mantenerse fiel a
sus convicciones, aun corriendo el riesgo de perder no solo su posición,
sino su vida.

Hermanos, cada día nos enfrentamos a estas decisiones. Cuando suena la


alarma, tenemos que elegir: ¿dedicamos tiempo a la Palabra o nos
quedamos unos minutos más en la cama? Cuando llega el momento de dar
el diezmo y las ofrendas, especialmente en tiempos difíciles, tenemos que
elegir: ¿confiamos en Dios o cedemos al temor?

En el trabajo, cuando todos murmuran contra el jefe, tenemos que elegir:


¿nos unimos a la queja o oramos por nuestras autoridades? Cuando
nuestros hijos nos preguntan por qué no pueden hacer lo que "todos los
demás niños hacen", tenemos que elegir: ¿cedemos a la presión o
mantenemos los principios bíblicos?

Sé que no es fácil. El camino estrecho implica renuncias, sacrificios. A


veces significa ser incomprendido, incluso por nuestra propia familia. Puede
significar perder oportunidades de negocio, ser pasado por alto para un
ascenso, o incluso ser objeto de burlas.

Pero yo les pregunto, ¿no vale la pena? Pablo lo entendió cuando escribió:
"Tengo por basura todas las cosas en comparación con el supremo
valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor" (Filipenses 3:8).

La buena noticia es que no estamos solos en este camino. Dios nos ha dado
todo lo que necesitamos: Su Palabra como lámpara a nuestros pies, el
Espíritu Santo como nuestro consolador y guía, la iglesia como nuestra
familia espiritual, y la oración como nuestra línea directa con el Padre.

Y aunque el camino sea estrecho, aunque a veces sea difícil, aunque seamos
pocos, tenemos la promesa de Jesús: "No temáis, manada pequeña,
porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (Lucas 12:32).

Mis hermanos y hermanas, quiero que nos hagamos algunas preguntas: ¿En
qué áreas de nuestra vida estamos eligiendo el camino ancho por
comodidad? ¿Qué "cargas" necesitamos dejar para pasar por la puerta
estrecha? ¿Estamos dispuestos a cargar nuestra cruz para seguir a Cristo
en un mundo que va en dirección contraria?

Recordemos que no es una decisión de un día, sino de toda la vida. Cada


mañana, cada situación, cada decisión es una oportunidad de elegir el
camino estrecho. Y aunque pocos lo hallen, aunque sea difícil, aunque
requiera sacrificio, este es el único camino que lleva a la vida verdadera, a
la vida eterna, y a la vida abundante en Cristo Jesús.

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