Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
por John Piper
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Dahwill De La Cruz
Traducción y edición
Andrés Contreras y Daniel Puerto.
A menos que se indique lo contrario,
Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por
The Lockman Foundation. Usadas con permiso. [Link].
Usado con permiso. [Link]
Nuestro Señor Jesús nos dijo con palabras muy solemnes: «En
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto» (Jn 12:24).
Luego agrega esto: «El que ama su vida la pierde; y el que
aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna»
(Jn 12:25). En otras palabras, una vida fructífera y una vida
eterna vienen de esto: morir como una semilla y odiar tu vida en
este mundo. Lo que me abruma, mientras reflexiono sobre esto y
sigo la vida de Adoniram Judson, el primer misionero extranjero
de Estados Unidos, es lo estratégico que fue que «muriera»
tantas veces y de tantas maneras.
Cada vez estoy más persuadido por las Escrituras y la historia
de las misiones de que el diseño de Dios para la evangelización
del mundo y la consumación de Sus propósitos incluye el
sufrimiento de Sus ministros y misioneros. Para decirlo de
manera más clara y específica, Dios desea que el sufrimiento de
Sus ministros y misioneros sea un medio esencial en la difusión
gozosa y triunfante del evangelio entre todos los pueblos del
mundo.
En lo que sigue, me gustaría exponer cuatro puntos y una
súplica para que todos ustedes consideren seriamente su papel
en el cumplimiento de la Gran Comisión del Señor.
1. Dios se propone que el evangelio se extienda a todos los
pueblos.
2. Dios planea hacer del sufrimiento un medio crucial para
lograr este propósito.
3. Estamos en una posición histórica que clama por un tremendo
esfuerzo y sacrificio misionero.
4. El dolor de Adoniram Judson ilustra el propósito del
sufrimiento.
5. Te ruego que seas parte de aquello por lo que murieron Judson
y Cristo.
1
1. Dios se propone que el evangelio se extienda a todos los
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
pueblos
Esta era la promesa del Antiguo Testamento:
Todos los términos de la tierra se acordarán y se volverán al
SEÑOR,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de Ti.
Porque del SEÑOR es el reino,
Y Él gobierna las naciones (Sal 22:27-28).
La promesa de Jesús a Sus discípulos fue:
Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo
como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el
fin (Mt 24:14).
Este fue el diseño de Dios en la cruz:
Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: «Digno eres
de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque Tú fuiste
inmolado, y con Tu sangre compraste para Dios a gente de
toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5:9).
Fue el mandamiento final del Cristo resucitado y con toda
autoridad:
Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.
Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he
mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días,
hasta el fin del mundo (Mt 28:18-20).
Fue el objetivo divino del apostolado de Pablo:
Es por medio de [Cristo] que hemos recibido la gracia y el
apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos
los gentiles, por amor a Su nombre (Ro 1:5).
Era su santa ambición, arraigada no solo en un llamado
apostólico único sino en la promesa del Antiguo Testamento
2
que todavía es válida hoy:
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no
donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el
fundamento de otro; sino como está escrito: «Aquellos a
quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, verán, Y los
que no han oído, entenderán» (Ro 15:20-21; vea Is 52:15).
Porque así nos lo ha mandado el Señor: «Te he puesto como
luz para los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta los
confines de la tierra» (Hch 13:47; ver Is 42:6).
Fue el propósito divino del envío y la llenura del Espíritu Santo:
Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre
ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y
Samaria, y hasta los confines de la tierra (Hch 1:8).
El propósito invencible de Dios es que «el evangelio de la gloria
de Cristo» (2 Co 4:4) se extienda a todos los pueblos del mundo
y se arraigue en iglesias centradas en Dios que exaltan a Cristo.
Esta gran visión global del movimiento cristiano se vuelve clara,
poderosa y convincente en la vida de los pastores cada vez que
hay un despertar bíblico en el pueblo de Cristo, como lo hubo en
las primeras décadas del siglo XIX cuando Adoniram Judson se
convirtió y fue llamado a las misiones junto con cientos de otros
mientras la luz y el poder de la verdad avivaban a las iglesias.
2. Dios planea hacer del sufrimiento un medio crucial para
lograr Su propósito
No me refiero solo a que el sufrimiento es la consecuencia de la
obediencia a las misiones. Quiero decir que el sufrimiento es
una de las estrategias de Cristo para el éxito de Su misión.
Jesús dijo a Sus discípulos al enviarlos:
Miren, Yo los envío como ovejas en medio de lobos; por
tanto, sean astutos como las serpientes e inocentes como las
palomas (Mt 10:16).
3
No cabe duda de lo que suele pasarle a una oveja en medio de
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
lobos. Y Pablo confirmó esta realidad en Romanos [Link]
Tal como está escrito: «Por causa Tuya somos puestos a
muerte todo el día; somos considerados como ovejas para
el matadero».
Jesús sabía que este sería el destino de Sus misioneros que
penetran en la oscuridad, avanzan en la misión y plantan iglesias.
«Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro,
espada» (Ro 8:35). Eso es lo que Pablo anticipaba, porque eso es
lo que Jesús prometió. Jesús continúa:
Pero cuídense de los hombres, porque los entregarán a los
tribunales y los azotarán en sus sinagogas; y hasta serán
llevados delante de gobernadores y reyes por Mi causa,
como un testimonio a ellos (eis marturion autoi) y a los
gentiles (Mt 10:17-18).
Nota que el testimonio ante gobernadores y reyes no es un mero
resultado o consecuencia, sino un designio. «Serás entregado
ante… reyes para dar testimonio». ¿Por qué este diseño para las
misiones? Jesús responde:
Un discípulo no está por encima del maestro, ni un
siervo por encima de su señor… Si al dueño de la casa lo
han llamado Beelzebú, ¡cuánto más a los de su casa! (Mt
10:24-25).
El sufrimiento no fue solo una consecuencia de la obediencia y
misión del Maestro; fue la estrategia central de Su misión; fue
la base de Su logro. Jesús nos llama a unirnos a Él en el camino
del Calvario, a tomar nuestra cruz y a odiar nuestras vidas en
este mundo, caer en la tierra como una semilla y morir, para que
otros puedan vivir. No estamos por encima de nuestro Maestro.
Nuestro sufrimiento no expía los pecados de nadie, sino que es
una manera más profunda de llevar a cabo las misiones de lo que
a menudo nos damos cuenta.
4
Cuando los mártires clamaron a Cristo desde debajo del
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
altar en el cielo: «¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero,
esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre?» (Ap 6:10), se
les dijo que descansaran un poco más de tiempo, hasta que
se completara también el número de sus consiervos y de sus
hermanos que habrían de ser muertos como ellos lo habían sido
(Ap 6:11).
El martirio no es la mera consecuencia del amor y obediencia
radicales; es el cumplimiento de una cita fijada en el cielo para
un cierto número: «Esperen hasta que se complete el número de
mártires que habrían de ser muertos». Así como Cristo murió
para salvar a los pueblos no alcanzados del mundo, también
algunos misioneros deben morir para salvar a los pueblos del
mundo.
Y no sea que pensemos que esta forma de decir las cosas alinea
demasiado estrechamente la obra sufriente de los misioneros
con la obra sufriente de Jesús, escucha la palabra decisiva sobre
esto de Pablo en Colosenses [Link]
Ahora me alegro de mis sufrimientos por ustedes, y en mi
carne, completando lo que falta de las aflicciones de Cristo,
hago mi parte por Su cuerpo, que es la iglesia.
En sus sufrimientos, Pablo está «completando lo que falta de las
aflicciones de Cristo… por la iglesia». No es que los sufrimientos
de Pablo expíen el pecado o propicien la ira o reivindiquen la
justicia divina al pasar por alto los pecados, sino que muestran
a los pueblos no alcanzados del mundo los sufrimientos de
Cristo. Cuando Pablo comparte los sufrimientos de Cristo
con gozo y amor, entrega, por así decirlo, comparte esos
mismos sufrimientos a aquellos por quienes Cristo murió.
El sufrimiento misionero de Pablo es el diseño de Dios para
completar los sufrimientos de Cristo, haciéndolos más visibles,
personales y preciosos para aquellos por quienes Él murió.
Así que digo esta palabra muy sobria: el plan de Dios es que
5
Su propósito de plantar iglesias y difundir el evangelio triunfe
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
a través del sufrimiento de Su pueblo, especialmente de Sus
ministros y misioneros. Y no muchos ilustran esto mejor que
Adoniram Judson.
3. Estamos en una posición histórica que clama por un
tremendo esfuerzo y sacrificio misionero
Patrick Johnstone dice en Operation World [Operación
Mundo] que apenas en la década de 1990 obtuvimos una lista
razonablemente completa de los pueblos del mundo. Por
primera vez podemos ver claramente lo que queda por hacer.
Hay alrededor de 12,000 pueblos etnolingüísticos en el mundo.
Aproximadamente 3,500 de estos tienen, en promedio, un 1.2%
de población cristiana, unos 20 millones de 1,700 millones
de personas, utilizando la definición nominal más amplia de
cristiano.1 La mayoría de estos 3,500 pueblos menos alcanzados
están en la ventana 10/40 y son antagónicos contra las misiones
cristianas. Eso significa que debemos ir a estos pueblos con
el evangelio, y será peligroso y costoso. Algunos de nosotros y
algunos de nuestros hijos moriremos.
Cuando Adoniram Judson entró en Birmania en julio de
1813, era un lugar hostil y absolutamente inalcanzado. William
Carey le había dicho a Judson en India unos meses antes que no
fuera allí. Probablemente se habría considerado un país cerrado
hoy, con despotismo anárquico, una guerra feroz contra Siam,
ataques enemigos, rebelión constante, sin tolerancia religiosa.
Todos los misioneros anteriores habían muerto o se habían ido.2
Pero Judson fue allí con su esposa de 17 meses, quien tenía 23
años. Judson, tenía 24 años y trabajó allí durante 38 años hasta
su muerte a los 61 años, solo haciendo un viaje a casa, a Nueva
Inglaterra después de 33 años. El precio que pagó fue inmenso.
Fue una semilla que cayó al suelo y murió. Y el fruto que Dios dio
1 Patrick Johnstone, Jason Mandryk, eds., Operation World [Operación mundo] (Carlisle, UK: Paternoster,
2001), 15-16.
2 Courtney Anderson, To the Golden Shore: The Life of Adoniram Judson [A la costa dorada: la vida de
Adoniram Judson] (Grand Rapids: Zondervan, 1956), 134.
6
se celebra incluso en obras académicas como la World Christian
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
Encyclopedia [Enciclopedia cristiana mundial] de David Barret
«La fuerza cristiana más grande de Birmania es la Convención
Bautista de Birmania, que debe su origen a la actividad pionera
del misionero bautista estadounidense Adoniram Judson».3
Judson era bautista cuando entró en Birmania en 1813,
aunque dejó Nueva Inglaterra siendo congregacionalista. Su
mente había cambiado durante el viaje de 114 días a la India y
el colega de Carey, William Ward, bautizó a Adoniram y Ann
Judson en la India el 6 de septiembre de 1812. Hoy, Patrick
Johnstone estima que la Convención Bautista de Myanmar
(el nombre actual de Birmania) es de 3,700 congregaciones
con 617,781 miembros y 1,900,000 afiliados4 —el fruto de esta
semilla muerta.
Por supuesto, hubo otros además de Adoniram Judson,
cientos más a lo largo del tiempo. Pero ellos también vinieron y
dieron sus vidas. La mayoría de ellos murió mucho más joven que
Judson. Su testimonio sirve para aclarar el punto. El asombroso
fruto en Myanmar hoy ha crecido en el suelo del sufrimiento y la
muerte de muchos misioneros, especialmente Adoniram Judson.
Mi pregunta es, si Cristo retrasa Su regreso otros doscientos
años —una mera fracción de un día según Sus cálculos—,
¿quién de ustedes habrá sufrido y muerto para que los triunfos
de la gracia se cuenten sobre uno o dos de esos 3,500 pueblos
que están en la misma condición hoy que los Karen, Chin,
Kachin y Birmanos en 1813? ¿Quién trabajará tanto y tan duro,
perseverando para que en doscientos años haya dos millones
de cristianos entre los pueblos de la ventana 10/40 que apenas
puedan recordar sus raíces musulmanas, hindúes o budistas?
¡Qué Dios use Su poderosa Palabra y la vida de Adoniram
Judson para animar a muchos de ustedes a dar su vida a esta gran
causa!
3 David Barrett, ed., World Christian Encyclopedia [Enciclopedia cristiana mundial] (New York: Oxford
University Press, 1982), 202.
4 Patrick Johnstone, Operation World, 462.
7
4. El dolor de Adoniram Judson ilustra el propósito del
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
sufrimiento
Adoniram Judson «odiaba su vida en este mundo» y fue una
«semilla que cayó en la tierra y murió». En sus sufrimientos,
«completó lo que faltaba en las aflicciones de Cristo» en la
Birmania no alcanzada. Por eso, su vida dio mucho fruto y vive
para disfrutarla hoy y siempre. Sin duda, diría: «Valió la pena».
Una confianza en la soberanía y bondad de Dios
Judson era calvinista, pero no era algo que presumía por doquier.5
Puedes ver la evidencia de sus convicciones reformadas en By His
Grace and for His Glory [Por Su gracia y para Su gloria] de Thomas
J. Nettles.6 El padre de Judson, que era pastor congregacionalista
en Massachusetts, había estudiado con Joseph Bellamy, alumno
de Jonathan Edwards, y Adoniram heredó una profunda fe en
la soberanía de Dios. La gran importancia aquí es enfatizar que
esta profunda confianza en la providencia suprema de Dios a
través de toda calamidad y miseria lo sostuvo hasta el final. Dijo:
«Si no hubiera tenido la certeza de que cada prueba adicional
fue ordenada por amor y misericordia infinita, no podría haber
sobrevivido a mis sufrimientos acumulados».7
Esta fue la confianza inquebrantable de sus tres esposas,
Ann (o Nancy), Sarah y Emily. Por ejemplo, Ann, que se casó
con Judson el 5 de febrero de 1812 y viajó con él en el barco el
19 de febrero a los 23 años, le dio a Adoniram tres hijos. Todos
murieron. El primer bebé, sin nombre, nació muerto justo
cuando navegaban de la India a Birmania. El segundo hijo,
Roger Williams Judson, vivió 17 meses y murió. La tercera,
Maria Elizabeth Butterworth Judson, vivió hasta los dos años,
sobrevivió a su madre por seis meses y luego murió.
Cuando murió su segundo hijo, Ann Judson escribió:
5 Erroll Hulse, Adoniram Judson and the Missionary Call [Adoniram Judson y el llamado misionero]
(Leeds: Reformation Today Trust, 1996), 48. «Correspondiente a las doctrinas de la gracia, encontramos
que las creía de manera implícita en lugar de exponerlas de manera explícita».
6 Thomas J. Nettles, By His Grace and for His Glory [Por Su gracia y para Su gloria] (Grand Rapids: Baker,
1986), 148-154.
7 Citado en Giants of the Missionary Trail [Gigantes del camino misionero] (Chicago: Scripture Press
Foundation, 1954), 73.
8
Nuestros corazones estaban ligados a este niño; sentimos
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
que él era nuestro todo terrenal, nuestra única fuente de
recreación inocente en esta tierra pagana. Pero Dios vio que
era necesario recordarnos nuestro error y despojarnos de
nuestro único pequeño todo. Oh, que no sea en vano que lo
haya hecho. Que podamos mejorar de tal manera que pase
Su mano y diga: «Es suficiente».8
En otras palabras, lo que sostuvo a este hombre y a sus tres
esposas fue una confianza sólida en que Dios es soberano y Dios
es bueno. Todas las cosas vienen de Su mano para el bien —el
increíblemente doloroso bien— de Sus hijos.
Hay raíces de esta confianza misionera en la bondad y
providencia de Dios. Uno, por supuesto, es el padre de Judson.
Eso es lo que él creía y eso es lo que vivía. Una segunda fuente de
esta confianza fue la Biblia. Judson era un amante de la Palabra
de Dios. El principal legado de sus 38 años en Birmania fue una
traducción completa de la Biblia al birmano y un diccionario
que todos los misioneros posteriores pudieron usar.
Una vez, cuando un maestro budista dijo que no podía creer
que Cristo sufriera la muerte de cruz porque ningún rey permite
a su hijo tanta indignidad, Judson respondió:
Por tanto, no eres discípulo de Cristo. Un verdadero
discípulo no pregunta si un hecho es conforme a su
propia razón, sino si está en el libro. Su orgullo ha cedido
al testimonio divino. Maestro, tu orgullo sigue intacto.
Derriba tu orgullo y ríndete a la Palabra de Dios.9
La notable salvación de este hijo pródigo
Otra fuente de su confianza en la bondad y la providencia
detallada de Dios fue la forma en que Dios lo salvó. Es una
historia notable. Era un chico brillante. Su madre le enseñó a
leer en una semana cuando tenía tres años sorprendiendo a su
8 Anderson, To the Golden Shore, 193.
9 Ibid., 240.
9
padre cuando volvía a casa de un viaje.10 Cuando tenía 16 años
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
ingresó a la Universidad de Brown como estudiante de segundo
año y se graduó como el mejor de su clase tres años después, en
1807.
Lo que sus piadosos padres no sabían era que Adoniram
estaba siendo alejado de la fe por un compañero de estudios
llamado Jacob Eames, que era deísta. Cuando Judson terminó,
no creía en la fe cristiana. Mantuvo esto oculto a sus padres
hasta que cumplió 20 años, el 9 de agosto de 1808, cuando les
rompió el corazón con el anuncio de que no creía y que tenía la
intención de ir a Nueva York y aprender a escribir para el teatro,
lo cual hizo seis días después en un caballo que su padre le dio
como parte de su herencia.
No resultó ser la vida de sus sueños. Se apegó a algunos
jugadores que paseaban y, como dijo más tarde, vivió «una
vida imprudente y vagabunda, encontrando alojamiento
donde podía y estafando al propietario cuando encontraba la
oportunidad».11
Ese disgusto por lo que encontró allí fue el comienzo de
varias providencias notables. Fue a visitar a su tío Ephraim en
Sheffield, pero en cambio encontró allí a un «joven piadoso»
que lo sorprendió al ser firme en sus convicciones cristianas sin
ser «austero y dictatorial».12 Extraño que encontró a este joven
ahí, en lugar de su tío.
La noche siguiente se hospedó en una pequeña posada de
pueblo donde nunca había estado antes. El posadero se disculpó
porque podría interrumpir su sueño porque había un hombre
gravemente enfermo en la habitación contigua. Durante la
noche escuchó idas y venidas y voces bajas y gemidos y jadeos.
Le molestaba pensar que el hombre a su lado podría no estar
preparado para morir. Se preguntaba sobre su propio destino y
tenía terribles pensamientos sobre su propia muerte. Se sintió
10 Ibid., 14.
11 Ibid., 41.
12 Ibid., 42.
10
tonto porque no se suponía que los buenos deístas tuvieran estas
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
luchas.
Cuando se iba por la mañana preguntó si su vecino estaba mejor.
«Está muerto», dijo el posadero. Judson quedó impresionado
por la finalidad de todo. Al salir preguntó: «¿Sabes quién era?».
«Oh si, un joven de la universidad en Providence. Su nombre
era Eames, Jacob Eames».13 Judson apenas podía moverse.
Permaneció allí durante horas reflexionando sobre la muerte de
su amigo deísta. Si su amigo Eames tenía razón, entonces este
era un evento sin sentido, pero Judson no podía creerlo: »Que el
infierno se abriera en esa posada y arrebatara a Jacob Eames, su
más querido amigo y guía, de la cama de al lado; esto no podía,
simplemente no podía, ser pura coincidencia».14
Su conversión no fue inmediata. Pero ahora estaba seguro.
Dios estaba tras su rastro, como el apóstol Pablo en el camino
a Damasco, y no había escapatoria. Fueron meses de lucha.
Entró en el Seminario de Andover en octubre de 1808 y el 2 de
diciembre se dedicó solemnemente a Dios.
Un despertar a las misiones globales
El fuego con respecto a las misiones globales comenzó a arder
en Andover y en Williams College (la reunión de oración en el
pajar sucedió en agosto de 1806, cerca de Williams College).
El 28 de junio de 1810, Judson y otros se presentaron a
los congregacionalistas para el servicio misionero en el Este.
Conoció a Ann ese mismo día y se enamoró. Después de conocer
a Ann Hasseltine durante un mes, declaró su intención de
convertirse en pretendiente y le escribió a su padre la siguiente
carta:
Ahora tengo que preguntar, si puede consentir en separarse
de su hija a principios de la próxima primavera, para no
verla más en este mundo; si puede consentir su partida y su
13 Ibid., 44. La fuente de esta historia son los reportes orales de familiares registrados en Francis
Wayland, A Memoir of the Life and Labors of the Rev. Adoniram Judson, D.D. Vol I [Memoria de la vida y
los trabajos del Rev. Adoniram Judson] (Boston: Phillips, Sampson, and Co. 1854), 24-25.
14 Anderson, To the Golden Shore, 45
11
sujeción a las penurias y sufrimientos de la vida misionera;
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
si puede consentir que se exponga a los peligros del océano,
a la fatal influencia del clima del sur de la India; a todo
tipo de miseria y angustia; a la degradación, el insulto,
la persecución y quizás una muerte violenta. ¿Puede
consentir en todo esto, por el bien de Aquel que dejó Su
hogar celestial y murió por ella y por usted? ¿Por el bien
de las almas inmortales que perecen; por el amor de Sion
y la gloria de Dios? ¿Puede consentir en todo esto, con
la esperanza de encontrar pronto a su hija en el mundo
de gloria, con la corona de los justos, iluminada con las
aclamaciones de alabanza que redundarán en su Salvador
de parte de los paganos salvados, por su labor, de la aflicción
y desesperación eterna?15
Su padre, sorprendentemente, dijo que ella podía tomar la
decisión. Ann le escribió a su amiga Lydia Kimball:
Me siento dispuesta y espero, si nada en la Providencia me
lo impide, pasar mis días en este mundo en tierras paganas.
Sí, Lydia, he llegado a la determinación de renunciar a
todas mis comodidades y placeres aquí, sacrificar mi afecto
a parientes y amigos, e ir donde Dios, en Su Providencia,
crea conveniente colocarme.16
Sus sufrimientos en el campo
Se casaron un año y medio después, el 5 de febrero de 1812,17 y
zarparon hacia la India doce días después con otras dos parejas
y dos hombres solteros18 divididos en dos barcos en caso de que
uno se hundiera. Después de un tiempo en la India, decidieron
arriesgarse e ir a Rangún y llegaron allí el 13 de julio de 1813.
Allí comenzó una batalla de toda la vida en el calor de más de
15 Ibid., 83.
16 Ibid., 84.
17 Mientras tanto, Judson había navegado a Inglaterra para recaudar el apoyo de la Sociedad Misionera
de Londres. Debido a la guerra entre Gran Bretaña y Francia, fue capturado en alta mar y encarcelado en
Francia. Pero nuevamente la extraña providencia de Dios se apoderó y su voz estadounidense se escuchó
gritar durante una marcha de prisioneros, y su liberación fue comprada por un hombre de Filadelfia.
Siempre vio ese momento como una preparación crucial para lo que sufriría como misionero.
18 Luther Rice, Gordon Hall, Samuel y Harriett Newell, Samuel y Roxana Nott.
12
42°C (108°F) contra el cólera, la malaria, la disentería y miserias
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
desconocidas que se llevarían a dos de las esposas de Judson y
siete de sus 13 hijos, y colega tras colega a la muerte.
Las primeras noticias de casa llegaron dos años después, el 5
de septiembre de 1815. Habían muerto a la cercanía de la familia.
Adoniram nunca volvería a ver a su madre, ni a su padre, ni a su
hermano. No regresó a casa en 33 años. El »tiempo misionero»
en esos días era muy lento. Era un mundo de diferencia con
respecto a hoy. Si alguien estaba lo suficientemente enfermo, el
remedio típico para salvar la vida era un viaje por mar. Por lo
tanto, un matrimonio o todo el trabajo se podría suspender, por
así decirlo, de tres a seis meses.
O podría ser más largo. A los ocho años de su misión, Ann
estaba tan enferma que la única esperanza era un viaje a casa.
Zarpó el 21 de agosto de 1821. Regresó el 5 de diciembre de 1823,
dos años y cuatro meses después. Cuando ella llegó, Judson no
había tenido noticias de ella durante 10 meses. Si estás casado y
amas a tu esposa, esta es la manera en la que mueres día tras día
por un bien mayor y una alegría mayor.
Una de estas alegrías fue ver algo de la bondad de Dios en
las providencias oscuras. Por ejemplo, cuando Ann se estaba
recuperando en los Estados Unidos, escribió un libro, An
Account of the American Baptist Mission to the Burman Empire
[Un recuento de la misión bautista americana al Imperio birmano].
Tuvo una gran influencia en estimular nuevos reclutas, oración
y apoyo financiero para su misión. Esto nunca hubiera sucedido
sin su enfermedad y ausencia de dos años. Pero la mayoría de las
veces los buenos propósitos del dolor no eran tan claros.
A través de todas las luchas con enfermedades e
interrupciones, Judson trabajó para aprender el idioma,
traducir la Biblia y evangelizar en las calles. Seis años después
de su llegada, bautizaron a su primer converso, Maung Nau. La
siembra fue larga y dura. La cosecha fue aún más dura por años.
Pero en 1831 hubo un nuevo espíritu en la tierra. Judson escribió:
13
El espíritu de curiosidad ... se está extendiendo por todas
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
partes, a lo largo y ancho de la tierra. [Hemos distribuido]
cerca de 10,000 tratados, y no se los he dado a nadie más
que a los que solicitan. Supongo que ha habido 6,000
solicitudes en la casa. Algunos vienen de viaje de dos o
tres meses, desde las fronteras de Siam y China: «Señor,
escuchamos que hay un infierno eterno. Le tenemos miedo.
Danos un escrito que nos diga cómo escapar de él». Otros,
de las fronteras de Kathay, 100 millas al norte de Ava:
«Señor, hemos visto un escrito que habla de un Dios eterno.
¿Es usted el hombre que regala tales escritos? Si es así, por
favor denos uno, porque queremos saber la verdad antes de
morir». Otros, del interior del país, donde el nombre de
Jesucristo es poco conocido: «¿Eres hombre de Jesucristo?
Danos un escrito que nos hable de Jesucristo».19
Pero hubo que pagar un precio enorme entre el primer converso
en 1819 y este derramamiento del poder de Dios en 1831.
En 1823, Adoniram y Ann se trasladaron de Rangún a Ava,
la capital, a unas 300 millas tierra adentro y subiendo por el
río Irrawaddy. Era arriesgado estar tan cerca del despótico
emperador. En mayo del año siguiente, la flota británica llegó a
Rangún y bombardeó el puerto. Todos los occidentales fueron
inmediatamente vistos como espías, y Adoniram fue sacado
de su casa el 8 de junio de 1824 y encarcelado. Tenía los pies
encadenados y por la noche se bajaba una larga vara de bambú
horizontal que se pasaba entre las piernas encadenadas y se
izaba hasta que solo los hombros y la cabeza de los prisioneros
descansaban en el suelo.
Ann estaba embarazada, pero caminó las dos millas diarias
hasta el palacio para apelar que Judson no era un espía y suplicar
que tuvieran piedad. Ella consiguió algo de alivio para él para
que pudiera salir al patio. Pero aún así, los prisioneros se llenaban
de alimañas en medio de la comida podrida y tenían que
19 Anderson, To the Golden Shore, 398-399
14
afeitarse. Casi un año después, los trasladaron repentinamente
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
a una prisión del pueblo más distante, demacrados, con los ojos
hundidos, vestidos con harapos, lisiados por la tortura. Allí los
mosquitos de los arrozales casi los vuelven locos con los pies
ensangrentados.
La hija, María, ya había nacido y Ann estaba casi tan
enferma y delgada como Adoniram, pero aún lo buscaba junto
con su bebé para cuidarlo como podía. Se le secó la leche y el
carcelero tuvo piedad de ellos y de hecho permitió que Judson
llevara al bebé cada noche a la aldea y suplicara a las mujeres que
amamantaran a su bebé.
El 4 de noviembre de 1825, Judson fue repentinamente
liberado. El gobierno lo necesitaba como traductor en
negociaciones con Gran Bretaña. La larga prueba había
terminado: 17 meses en prisión y al borde de la muerte, con su
esposa sacrificándose a sí misma y a su bebé para cuidarlo como
podía. La salud de Ann estaba destruida. Once meses después
murió (24 de octubre de 1826). Y seis meses después murió su
hija (24 de abril de 1827).
Mientras sufría en prisión, Adoniram le había dicho a un
compañero preso:
Es posible que me perdonen la vida; si es así, ¡con qué ardor
continuaré mi trabajo! Si no, se hará Su voluntad. Se abrirá
la puerta para otros que harán mejor el trabajo. 20
La oscuridad se apoderó de su alma
Ahora que su esposa e hija se habían ido, la oscuridad comenzó a
apoderarse de su alma. En julio, tres meses después de la muerte
de su pequeña, se enteró de que su padre había muerto ocho
meses antes.
Los efectos psicológicos de estas pérdidas fueron
devastadores. La duda se apoderó de su mente y se preguntó si
se había convertido en un misionero por ambición y fama, no
20 Ibid., 334.
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por humildad y amor abnegado. Comenzó a leer a los místicos
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
católicos: Madame Guyon, Fenelon, Thomas de Kempis, etc.,
que lo llevaron al ascetismo solitario y a diversas formas de
automortificación. Abandonó su trabajo de traducción del
Antiguo Testamento, el amor de su vida, y se alejó cada vez más
de la gente y de «cualquier cosa que pudiera sustentar el orgullo
o promover su placer». 21
Se negó a comer fuera de la misión. Destruyó todas las cartas
de encomio. Renunció formalmente al Doctorado honoris causa
en Divinidad que le había otorgado la Universidad de Brown
en 1823 al escribir una carta a la Revista American Baptist. Dio
toda su riqueza privada (alrededor de US$6,000) a la Junta
Bautista. Pidió que su salario se redujera en una cuarta parte y
prometió dar más a las misiones. En octubre de 1828 construyó
una choza en la jungla a cierta distancia de la casa de la misión de
Moulmein y se mudó a ella el 24 de octubre de 1828, el segundo
aniversario de la muerte de Ann, para vivir en total aislamiento.
Escribió en una carta a los familiares de Ann: «Mis
lágrimas fluyen al mismo tiempo sobre la tumba abandonada
de mi querido amor y sobre el sepulcro repugnante de mi
propio corazón».22 Escarbó una tumba a lado de su choza
donde se sentaba contemplando las etapas de la disolución del
cuerpo. Ordenó la destrucción de todas sus cartas en Nueva
Inglaterra como condición para devolver un documento legal
que su hermana necesitaba. Se retiró durante cuarenta días en
soledad más adentro de la jungla infestada de tigres, y escribió
en una carta de la desolación espiritual absoluta que sintió.
«Dios es para mí el Gran Desconocido. Creo en Él, pero no lo
encuentro».23
Su hermano, Elnathan, murió el 8 de mayo de 1829 a la edad
de 35 años. Irónicamente, esto demostró el punto de inflexión de
la recuperación de Judson, porque tenía razones para creer que
21 Ibid., 387.
22 Ibid., 388.
23 Ibid., 388.
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el hermano que había dejado en la incredulidad 17 años antes
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
había muerto en la fe. Durante todo el año 1830, Adoniram
estuvo saliendo de su oscuridad.
Recuerde que fue en 1831, el año siguiente, cuando
experimentó la gran efusión de interés espiritual en todo el país.
¿Es eso una coincidencia? ¿O fue ese un patrón ordenado por
Dios para el avance espiritual en un lugar oscuro y no alcanzado?
Si tuviéramos tiempo, contaríamos los sufrimientos y alegrías
que no hemos contado. Se casó con Sarah Boardman, una viuda
de un misionero, el 10 de abril de 1834, ocho años después de
la muerte de Ann. Tuvieron ocho hijos. Cinco sobrevivieron la
infancia. Ella era una compañera talentosa y conocía el idioma
mejor que nadie, excepto él mismo.
Pero 11 años después, ella estaba tan enferma que ambos
zarparon hacia Estados Unidos con sus tres hijos mayores.
Dejaron atrás a los tres más jóvenes, uno de los cuales murió
antes de que Judson regresara. Judson no había estado en
Estados Unidos durante 33 años y solo regresaba por el bien de
su esposa. Cuando rodearon la punta de África en septiembre
de 1845, Sarah murió. El barco echó anclas en la isla de Santa
Elena el tiempo suficiente para cavar una tumba y enterrar a una
esposa y una madre, y luego seguir navegando.
Desconectado de la esperanza en este mundo
Esta vez Adoniram no descendió a las profundidades de
la oscuridad como antes. Tenía a sus hijos. Pero aún más,
sus sufrimientos lo alejaron de esperar demasiado de este
mundo. Estaba aprendiendo a odiar su vida en este mundo
sin amargura ni depresión. Tenía una pasión: regresar y dar su
vida por Birmania. Así que su estadía en los Estados Unidos
fue lo suficientemente larga para que sus hijos se instalaran y
él encontrara un barco de regreso. Todo lo que le quedaba de la
vida que conocía en Nueva Inglaterra era su hermana. Ella había
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mantenido su habitación exactamente como había sido 33 años
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
antes y haría lo mismo hasta el día de su muerte.
Para sorpresa de todos, Judson se enamoró por tercera vez,
esta vez de Emily Chubbuck y se casó con ella el 2 de junio de
1846. Tenía 29 años; él tenía 57. Ella era una escritora famosa y
dejó su fama y su carrera como escritora para irse con Judson a
Birmania. Llegaron en noviembre de 1846. Y Dios les dio cuatro
de los años más felices que cualquiera de ellos había conocido.
En su primer aniversario, el 2 de junio de 1847, escribió:
Ha sido el año más feliz de mi vida; y, lo que a mis ojos es
aún más importante, mi esposo dice que ha estado entre los
más felices de los suyos… Nunca conocí a un hombre que
pudiera hablar tan bien, día tras día, sobre todos los temas,
religiosos, literarios, científicos, políticos y… una agradable
charla infantil.24
Tuvieron un hijo, pero luego las viejas enfermedades atacaron a
Adoniram por última vez. La única esperanza era enviar a Judson,
que estaba desesperadamente enfermo, en un viaje. El 3 de abril
de 1850 llevaron a Adoniram al Aristide Marie con destino a la
Isla de Francia con un amigo, Thomas Ranney, para cuidarlo. En
su miseria, de vez en cuando lo despertaba un terrible dolor que
terminaba en vómitos. Una de sus últimas frases fue: «¡Cuán
pocos hay que mueren tan duramente!». 25
15 minutos después de las 4:00 pm del viernes 12 de abril de
1850, Adoniram Judson murió en el mar, lejos de toda su familia
y de la Iglesia Birmana. Esa noche el barco se detuvo.
La tripulación se reunió en silencio. Se abrió el puerto de
babor. No hubo oraciones… El capitán dio la orden. El
ataúd se deslizó por la portilla hacia la noche. La ubicación
era 13 grados de latitud norte, 93 grados de longitud este,
casi en la sombra hacia el este de las islas Andaman, y solo
unos cientos de millas al oeste de las montañas de Birmania.
24 Ibid., 481.
25 Ibid., 504.
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El Aristide Marie navegó hacia la isla de Francia.26
Adoniram Judson: ¡cuán pocos hay que mueren tan duramente!
Diez días después, Emily dio a luz a su segundo hijo que murió
al nacer. Cuatro meses después se enteró de que su marido había
muerto. Regresó a Nueva Inglaterra en enero próximo y murió
de tuberculosis tres años después a la edad de 37 años.
La Biblia estaba terminada. El diccionario estaba hecho.
Cientos de conversos dirigían la iglesia. Y hoy en día hay cerca
de 3,700 congregaciones de bautistas en Myanmar que tienen su
origen en las labores de amor de este hombre.
5. Te ruego que seas parte de aquello por lo que murieron
Judson y Cristo
La vida es fugaz. En muy poco tiempo, todos daremos cuenta
ante Jesucristo, no solo de cuán bien hemos pastoreo nuestro
rebaño, sino cuán bien hemos obedecido el mandamiento de
hacer discípulos de todas las naciones.
Muchos de los pueblos del mundo no tienen hoy ningún
movimiento cristiano autóctono. Cristo no está entronizado
allí, Su gracia es desconocida allí y la gente está pereciendo sin
acceso al evangelio. La mayoría de estos pueblos desesperados no
quieren que vayas. Al menos, ellos piensan que eso es lo correcto.
Son hostiles a las misiones cristianas. Hoy en día, esta es la
última frontera. Y el Señor todavía dice:
Miren, Yo los envío como ovejas en medio de lobos… y
matarán a algunos de ustedes, y serán odiados de todos
por causa de Mi nombre. Sin embargo, ni un cabello de su
cabeza perecerá (Mt 10:16; Lc 21:16-18).
¿Estás seguro de que Dios quiere que continúes tu vida en un
territorio comparativamente saturado de iglesias? ¿O podría
estar llamándote a completar lo que falta de los sufrimientos
de Cristo, a caer como un grano de trigo en una tierra lejana y
morir, a odiar tu vida en este mundo y así guardarla para siempre
y dar mucho fruto?
26 Ibid., 505.
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Judson escribió a los candidatos misioneros en 1832:
David Brainerd: ¡Oh, que nunca me retrase en mi caminar celestial!
Recuerda, una gran proporción de los que salen en misión
al este mueren dentro de los cinco años después de dejar su
tierra natal. Por tanto, camina suavemente; la muerte está
vigilando tus pasos con detenimiento.27
La pregunta para nosotros no es si moriremos, sino si moriremos
de una manera que dé mucho fruto.
27 Adoniram Judson, “Advice to Missionary Candidates” [«Consejo a candidatos misioneros»], Maulmain,
junio 25, 1832, [Link] org/missions/[Link].
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