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Evolución y propagación del SARS-CoV-2

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INTRODUCCIÓN

Durante las dos últimas décadas, los coronavirus (CoVs) Se han asociado con
múltiples brotes de enfermedades en el este de Asia y en medio oriente, el síndrome
respiratorio agudo grave (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio
(MERS) comenzaron a surgir en 2002 y 2012, respectivamente. Recientemente, un
nuevo coronavirus surgió, el síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2
(SARS-COV-2), qué causa la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), se
originó a finales del año de 2019, y ha planteado una amenaza global para la salud,
generando una pandemia en muchos países.

Desde su identificación inicial en Wuhan, China, en diciembre de 2019, el


coronavirus (CoV) ha movilizado a los trabajadores de la salud de todo el mundo en
la búsqueda de controlar posibles brotes futuros. Este virus, inicialmente
denominado 2019-CoV, fue oficialmente designado como SARS-CoV-2 y la
enfermedad asociada a él, COVID-19, por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) en febrero de 2020.

Los primeros casos se vincularon al mercado de mariscos de Huanan en Wuhan (2),


lo que sugiere un posible origen zoonótico. Los coronavirus pertenecen a la familia
Coronaviridae y se caracterizan por poseer una proteína S, esencial para la entrada
del virus en las células huésped. Esta proteína S está compuesta por dos dominios
principales: S1, responsable del reconocimiento del receptor celular, y S2,
involucrado en la fusión de las membranas viral y celular.

A través de recientes análisis estructurales de las proteínas S del COVID-19 han


revelado 27 aminoácidos sustituidos dentro de una secuencia de 1,273 aminoácidos
(16). Seis sustituciones se localizan en RBD (aminoácidos 357 a 528) mientras que
cuatro sustituciones se encuentran en el RBM del dominio S1 (16). Cabe destacar
que no se observó ningún cambio de aminoácido en el RBM, que se une
directamente a la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), el receptor
principal en el SARS-CoV(16,46). Actualmente, el principal énfasis está en conocer
cuantas diferencias serían necesarias para cambiar el tropismo del hospedador.

Al comparar, se identificaron 17 variaciones no sinónimas entre la secuencia


temprana del SARS-CoV-2 y los aislados posteriores del SARS-CoV. Los cambios
se encontraron dispersos en todo el genoma del virus, con nueve sustituciones en
ORf1ab, ORF8 (4 sustituciones), el gen de la espiga (3 sustituciones) y ORF7a (una
sola sustitución) (4). Notablemente se encontraron los mismos cambios no
sinónimos en un grupo familiar, indicando que la evolución viral ocurrió durante la
transmisión de persona a persona (4, 47). Tales eventos de evolución adaptativa
son frecuentes y constituyen un proceso continuo a medida que el virus se propaga
entre nuevos organismos huéspedes (47). Aunque no ocurren cambios funcionales
en el virus asociados con esta evolución adaptativa, es necesario realizar un
seguimiento constante de los cambios que experimenta el virus a lo largo del
tiempo.

La ausencia de esta proteína está estrechamente relacionada con la alteración de la


virulencia de los coronavirus esto debido a cambios en su morfología y tropismo
(54). La proteína E consta de tres dominios: un corto extremo amino terminal
hidrofílico, un gran dominio transmembrana hidrofóbico y un eficiente dominio
C-terminal (51). La proteína E del SARS-CoV-2 presenta una composición de
aminoácidos similar sin ninguna sustitución (16).

Proteína N
La proteína N de los coronavirus es multifuncional, entre sus diversas funciones,
desempeña un papel en la formación de complejos con el genoma viral, facilita la
interacción con la proteína M necesaria durante el ensamblaje del virión y mejora la
eficiencia de la transcripción viral (55, 56). Contiene 3 dominios altamente
conservados y distintos, incluyendo un NTD, un dominio de unión al ARN o región
ligadora (LKR), y un CTD(57). El NTD se une al extremo 3' del genoma viral,
posiblemente a través de interacciones electrostáticas, y presenta una gran
divergencia tanto en longitud como en secuencia (58). El LKR cargado es rico en
serina y arginina y también se conoce como dominio SR (serina y arginina) (59). El
LKR es capaz de interactuar directamente con el ARN in vitro y es responsable de la
señalización celular (60,61). Además modula la respuesta antiviral del organismo
huésped al actuar como un antagonista de los interferones.

Además de las importantes proteínas estructurales, el genoma del SARS-CoV-2


contiene 15 proteínas no estructurales (nsp, del inglés non-structural proteins),
desde la nsp1 hasta la nsp10 y de la nsp12 a la nsp16, y 8 proteínas accesorias (3a,
3b, p6, 7a, 7b, 8b, 9b y ORF14) (16). Todas estas proteínas desempeñan un papel
específico en la replicación viral (27). A diferencia del SARS-CoV, el SARS-CoV-2
no contiene la proteína 8a y tiene una proteína 8b más larga y una 3b más corta
(16). Las proteínas nsp7, nsp13, de envoltura, de matriz, y las proteínas accesorias
p6 y 8b no han mostrado ninguna sustitución de aminoácidos en comparación con
las secuencias de otros coronavirus (16).

El primer epicentro de la pandemia SARS-CoV-2 fue China, que reportó un número


significativo de muertes asociadas con COVID-19, con 84,458 casos confirmados
por laboratorio y 4,644 muertes al 13 de mayo de 2020 (Fig.4). Al 13 de mayo de
2020 se habían reportado casos confirmados de SARS-CoV-2 en más de 210
países además de China (Fig. 3 y 4) (informe de situación de la OMS 114) (25, 64).
COVID-19 ha sido reportado en todos los continentes excepto en la Antártida.
Durante muchas semanas,la situación en Italia, que generó gran alarma con
221,216 casos y 30,911 muertes fue eclipsada por el brote en Estados Unidos, que
ahora reporta 1,322,054 casos y 79,64 fallecimientos. Incluso el Reino Unido ha
superado a Italia con 226,467 casos y 32,692 muertes (32,692). Una plataforma web
de la Universidad Johns Hopkins ha proporcionado actualizaciones diarias sobre la
epidemiología básica del brote de COVID-19.

El COVID-19 también se ha confirmado en un crucero, llamado Diamond Princess,


que fue puesto bajo cuarentena en aguas japonesas (Puerto de Yokohama), así
como en otros cruceros alrededor del mundo (239) (Fig. 3). Los eventos
significativos del brote del virus SARS-CoV-2/COVID-19 que ocurren desde el 8 de
diciembre de 2019 se presentan como una línea de tiempo en la Fig. 5."

Al principio China fue el país más afectado por COVID-19, con altas tasas de
enfermedad y muerte (65). Sin embargo, el virus se expandió por Europa,
principalmente a Italia y España, y ahora Estados Unidos registra el mayor número
de casos confirmados.

Un nuevo estudio reveló que el COVID-19 se propaga mucho más rápido de lo que
se planteaba en un inicio. En promedio, cada persona infectada contagia a más de 3
otras (3.28), superando las estimaciones iniciales de la OMS (1.1 a 1.5) (77).
Aunque aún hay más incertidumbre debido a la falta de datos, esta alta tasa de
reproducción sugiere un gran potencial de contagio del virus en poblaciones
vulnerables.

Esta no es la primera vez que se vinculan las prácticas culinarias chinas con la
aparición de nuevos coronavirus. Ya en el brote de SARS, se identificó que los
animales vendidos en el mercado eran los responsables de transmitir el virus a los
humanos (78). Además, se han encontrado especies de animales salvajes portando
virus similares al SARS-CoV-2, lo que demuestra la capacidad de estos virus de
saltar de animales a humanos(79).

Una costumbre común en la gastronomía china es consumir animales recién


sacrificados, ya que se cree que son más nutritivos (5). Esta práctica, junto con el
comercio de vida silvestre, podría haber facilitado la transmisión de estos virus a la
población humana.

Tras cuatro meses de lucha en contra del COVID-19 desde diciembre del 2019, la
situación en China parece haberse controlado, Los mercados de animales exóticos
han vuelto a abrir sus puertas, y los consumidores de estos han retomado la compra
de estas especies exóticas incluyendo murciélagos, perros, aves, reptiles y otros
animales.

Los gobiernos de múltiples naciones han emitido recomendaciones hacia sus


ciudadanos que viajan a China (17, 87, 254, 255). Al comparar el SARS-CoV-2 con
virus anteriores como el SARS-CoV y el MERS-CoV, en primera instancia se planteó
que la eficiencia de la transmisión de persona a persona era menor. Esta suposición
se basaba en que los trabajadores de la salud eran menos propensos a verse
afectados en comparación a anteriores brotes de coronavirus mortales(2).

Sin embargo, los eventos de super propagación se consideran la principal causa de


la amplia transmisión del SARS y el MERS (90, 91). Casi la mitad de los casos de
Mers reportados en Arabia Saudita son secundarios, es decir, sucedieron por
contacto con individuos poseedores de la enfermedad, ya fueran sintomáticos o
asintomáticos, a través de la transmisión de persona a persona(92). La posibilidad
de que ocurran eventos de super propagación en el brote de COVID-19 no puede
descartarse hasta que se evalúe en profundidad.

De la misma manera que el SARS y el MERS, el COVID-19 también puede infectar


las vías respiratorias inferiores, aunque con síntomas más ligeros (27). El número
básico de reproducción del COVID-19, que nos muestra la cantidad de personas
que puede infectar un individuo en promedio, se estima entre 2.8 y 3.3 según
informes en tiempo real y entre 3.2 y 3.9 según modelos predictivos(84).

La manera que justifica la introducción de un resultado negativo de una prueba viral


fecal como uno de los criterios adicionales para dar de alta para casos de COVID-19
confirmados en laboratorio.

La pandemia del COVID-19 no presentaba algún factor novedoso, más allá del
patógeno único genéticamente y de un probable reservorio adicional. La causa y el
posible resultado a futuro son simplemente repeticiones de nuestras interacciones
con anteriores casos de coronavirus fatales. La única diferencia es el momento en
que ocurre y la distinción genética del patógeno involucrado.

Las mutaciones en la RBD de CoV facilitaron su capacidad de infectar nuevos


organismos de esta manera expandiendo su alcance a cada rincón del planeta(85).
Esto representa una amenaza potencial para la salud tanto de los humanos como la
de los animales. Estudios filogeográficos avanzados utilizando una reconstrucción
bayesiana identificaron el origen más probable del SARS-CoV-2 como el
coronavirus similar al SARS de murciélago, circulando en la familia de murciélagos
Rhinolophus (86).

El análisis filogenético de 10 secuencias genómicas completas del SARS-CoV-2


apuntó que están relacionadas con dos CoV de origen de murciélagos, a saber,
bat-SL-CoVZC45 y bat-SL-CoVZXC21, que fueron reportados en el año de 2018 en
China (17). Se informó que el SARS-CoV-2 había sido confirmado para usar ACE2
como receptor de entrada mientras exhibía una RBD similar.
De manera que el virus puede ser detectado en muestras de heces, tos y esputo
(83), los profesionales de la salud deben estar alerta a manifestaciones clínicas
atípicas para evitar diagnósticos erróneos. Se descubrió que la capacidad de
transmisión temprana del SARS-CoV-2 es similar o levemente superior a la del
SARS-CoV, lo que sugiere que, a pesar de su transmisibilidad moderada a alta,
puede controlarse (84).

El crecimiento de los reportes de SARS-CoV-2 en aguas residuales subraya la


necesidad de hacer más investigaciones a fondo debido a la posible transmisión
fecal-oral. El SARS-CoV-2 presente en entornos como el suelo y el agua
inevitablemente llegará a las aguas residuales y a los lodos de las plantas de
tratamiento (328). Por lo tanto debemos reevaluar los procedimientos actuales de
tratamiento de aguas residuales, lodos y adoptar técnicas avanzadas específicas y
eficaces contra el SARS-CoV-2.

Dado que el virus se elimina constantemente por medio de las heces, la prevalencia
de infecciones dentro de una población grande puede estudiarse por medio de la
epidemiología basada en aguas residuales. Recientemente, se ha utilizado la
reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa cuantitativa
(RT-qPCR) para cuantificar las copias de ARN del SARS-CoV-2 concentradas en
muestras de aguas residuales recolectadas de una planta de tratamiento (327). El
cálculo del número de copias de ARN viral permite estimar el número de individuos
infectados. Los resultados…

El SARS-CoV-2 ha afectado a más de 4.170.424 personas a nivel global, dejando


287.399 muertes. Ante esta grave situación, es urgente impulsar una campaña
internacional para mejorar las prácticas alimentarias poco saludables en China,
Existe la necesidad de fomentar que los vendedores adopten prácticas higiénicas
más rigurosas o incluso cerrar los mercados húmedos de animales vivos y muertos.
Además, es necesario modificar las políticas alimentarias a nivel nacional e
internacional para prevenir futuras amenazas a la salud y consecuencias
económicas derivadas de nuevas epidemias originadas por el contacto cercano
entre animales y humanos (285).

No obstante el COVID-19 puede afectar a personas de todas las edades y sexos,las


personas mayores y aquellas que poseen enfermedades crónicas preexistentes
tienen un mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave (80). Recientemente ,
se ha descubierto que hasta las persona infectadas sin síntomas pueden transmitir
el virus (81). Tanto los pacientes sintomáticos como los asintomáticos excretan
cantidades similares del virus, lo que indica que la capacidad de transmisión de los
pacientes asintomáticos o mínimamente sintomáticos es muy alta. Por lo tanto, la
transmisión del SARS-CoV-2 puede ocurrir en las primeras etapas de la infección
(82).
Además, se han reportado casos de COVID-19 con manifestaciones clínicas
atípicas, donde el único síntoma era fatiga. Estos pacientes pueden no presentar
síntomas respiratorios como fiebre, tos o producción de esputo (83). Por lo tanto, los
profesionales de la salud deben estar atentos a estos casos….

Desde el gobierno de China se está animando a la población a retomar sus


actividades habituales, no obstante, esta medida podría representar un riesgo, ya
que se ha advertido sobre el peligro de estar en contacto con animales que estén
vivos o muertos, esto se debe a que el SARS-CoV-2 ha demostrado tener un origen
zoonótico. Asimismo, no se puede descartar la probabilidad de que surjan nuevas
mutaciones en base del contacto cercano con animales y humanos, como ya
sucedió en los mercados de Wuhan donde se originó el brote (284).

A principios del 2020, el gobierno Chino suspendió temporalmente la venta de


animales vivos en los mercados húmedos, de igual manera, cientos de este tipo de
mercados han vuelto abrir sin cumplir con las normas básicas de seguridad
alimentaria y sanidad (286).

Dado que China es el país con mayor cantidad de población a nivel global y es un
importante exportador de alimentos, la reapertura de estos mercados representa
una amenaza a nivel global. Los mercados húmedos, donde se venden animales
vivos y muertos, carecen de las medidas sanitarias adecuadas. La presencia de
sangre fresca en el suelo y mesas, y las prácticas poco higiénicas en general, hacen
un entorno propicio para la generación de nuevos patógenos. Como resultado, el
mundo entero se enfrenta ahora a la pandemia del SARS-CoV-2, con millones de
casos.

Basándonos en experiencias previas con brotes de virus emergentes, se ha


observado que una moyr virulencia de un virus suele asociarse con una menor
transmisibilidad. En comparación con virus altamente patógenos como el Ébola, la
gripe aviar, el SARS-CoV y el MERS-CoV, el SARS-CoV-2 presenta una menor
virulencia y una transmisibilidad moderada(15). El riesgo de muerte entre las
personas infectadas por COVID-19, calculando a través de la tasa de letalidad por
infección (IFR) , se situo entre el 0,3% y el 0,6%, comparable a la de la pandemia de
la influenza asiática de 1957 a 1958 (733, 277).

Un análisis detallado de la curva epidémica inicial del COVID-19 sugiere que la


transmisión de persona a persona desempeñó un papel fundamental. Se plantea la
hipótesis de que la exposición inicial al SARS-CoV-2 en el mercado de mariscos de
Wuhan se debió principalmente a la transmisión entre personas, en lugar de ser
transmitido directamente de animales a humanos (74). Sin embargo, dada la
evidencia de transmisión zoonótica en el caso del COVID-19, es demasiado pronto
para descartar por completo esta posibilidad (1).
Después de la infección inicial, se ha observado una transmisión de persona a
persona con un número reproductivo básico (RO), estimado entre 1.4 y 2.5 (70, 75),
y en estudios más recientes se ha calculado un valor entre 2.24 y 3.58 (76).

El origen preciso del SARS-CoV-2 y las vías principales de transmisión del virus aún
no se han determinado por completo (70).

Un análisis de los primeros casos propone que los individuos infectados compartían
un punto de contacto en común: un mercado de mariscos en Wuhan, provincia de
Hubei, China (figura 6). Este mercado era popularmente conocido por vende una
gran variedad de animales salvajes para el consumo humano, como aves de corral,
murciélagos, serpientes y marmotas (71, 72), Es muy probable que este fuera el
lugar donde se dio la transmisión inicial del virus de animales a humanos (zoonótica)
(71).

Aunque se cree que el SARS-CoV-2 tiene un origen animal (zoonótico) y que


posteriormente se transmite de persona a persona (Figura 6), no se puede descartar
la posibilidad de una transmisión a través de alimentos. Esto requiere de
investigaciones más profundas (1).

Además de la transmisión zoonótica y de persona a persona, otras vías de contagio


podrían ser similares a las de otros virus respiratorios, como el contacto directo con
personas infectadas o con superficies contaminadas (figura 6). No obstante, aún
queda por determinar si otras vías, como las transfusiones de sangre, los
trasplantes de órganos, la transmisión placentaria o perinatal (276), pueden ser
posibles rutas de transmisión del SARS-CoV-2 (figura 6).

El SARS-CoV-2 es un coronavirus completamente diferente a los virus causantes de


MERS-CoV y el SARS-CoV (3). Clasificado como un coronavirus del 2B (), el
SARS-CoV-2 comparte un 79,5% de similitud genética con el SARS-CoV original
(63).

Hasta el 13 de mayo de 2020, se habían reportado más de 4.170.424 casos


confirmados de COVID-19 y 287.399 muertes en más de 210 países a nivel mundial
(informe de situación 14 de la OMS).

El brote del COVID-19 ha tenido un impacto económico global severo debido a la


interrupción abrupta del comercio y las cadenas de suministro a nivel global. Este
hecho obligó a grandes empresas a tomar decisiones que resultaron en
significativas pérdidas económicas (66) Asimismo, el reciente aumento en el número
de pacientes gravemente enfermos ha superado la capacidad de las unidades de
cuidados intensivos, limitando el acceso a cuidados críticos para una gran parte de
los pacientes (67). Esta situación podría haber ayudado a un aumento en la tasa de
mortalidad relacionada al COVID-19.
En cuanto al SARS-CoV-2, este nuevo coronavirus fue identificado en un tiempo
récord de un mes (28 días) desde el inicio del brote, lo cual es notablemente más
rápido que en el caso del SARS-CoV (125 días). Los virólogos chinos rápidamente
secuenciaron el genoma del SARS-CoV-2, lo que fue crucial para controlar la
propagación de este nuevo virus a otras partes del mundo (69). Esto nos lleva a
preguntarnos sobre el origen del SARS-CoV-2 y las primeras formas de transmisión.

Análisis filogenético en SplitsTree


En un análisis filogenético que no toma un ancestro común (árbol no enraizado) de
diferentes betacoronavirus, basado en la proteína S, se observó que las secuencias
genéticas de distintos subgéneros se agruparon en clusters separados. Las
secuencias genéticas de distintos subgéneros se agruparon en clusters separados.
Las secuencias del SARS-CoV-2 de Wuhan y de otros países mostraron una
estrecha relación y se agruparon en un único cluster (Figura 1).

Los coronavirus del subgénero Sarbecovirus, al ser analizados en SplitsTree, se


dividieron en tres sub clusters: SARS-CoV-2, el virus similar al SARS de murciélago
(bat-SL-CoV) y el SARS-CoV-2 (Figura 1). En otros subgéneros, como el
Merbecovirus, todas las secuencias se agruparon en un solo clúster. En el caso del
subgénero Embecovirus, diferentes especies, como los coronavirus respiratorios
caninos, bovinos, equinos y el coronavirus humano OC43, se agruparon en un único
cluster. Los virus de los subgeneros Nobecovirus Ehibecovirus se ubicaron
separadamente de los demás SARS-CoV, pero compartían un origen en
murciélagos.

Usando el software de Mega Align, examinamos la similitud genética a nivel de


nucleótidos ante las diferentes secuencias del SARS-CoV-2. Los resultados
mostraron que las secuencias del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 presentaron una
similitud extremadamente alta, del 99.4% al 100%.

Al comparar el SARS-CoV-2 con otros subgéneros de coronavirus (Hibecovirus,


Nobecovirus, Merbecovirus y Embecovirus), la similitud fue significativamente
menor, con valores que oscilaban entre el 45% y el 55%.

Proteína N
La proteína N de los coronavirus es multifuncional, entre sus diversas funciones,
desempeña un papel en la formación de complejos con el genoma viral, facilita la
interacción con la proteína M necesaria durante el ensamblaje del virión y mejora la
eficiencia de la transcripción viral (55, 56). Contiene 3 dominios altamente
conservados y distintos, incluyendo un NTD, un dominio de unión al ARN o región
ligadora (LKR), y un CTD(57). El NTD se une al extremo 3' del genoma viral,
posiblemente a través de interacciones electrostáticas, y presenta una gran
divergencia tanto en longitud como en secuencia (58). El LKR cargado es rico en
serina y arginina y también se conoce como dominio SR (serina y arginina) (59). El
LKR es capaz de interactuar directamente con el ARN in vitro y es responsable de la
señalización celular (60,61). Además modula la respuesta antiviral del organismo
huésped al actuar como un antagonista de los interferones.

Además de las importantes proteínas estructurales, el genoma del SARS-CoV-2


contiene 15 proteínas no estructurales (nsp, del inglés non-structural proteins),
desde la nsp1 hasta la nsp10 y de la nsp12 a la nsp16, y 8 proteínas accesorias (3a,
3b, p6, 7a, 7b, 8b, 9b y ORF14) (16). Todas estas proteínas desempeñan un papel
específico en la replicación viral (27). A diferencia del SARS-CoV, el SARS-CoV-2
no contiene la proteína 8a y tiene una proteína 8b más larga y una 3b más corta
(16). Las proteínas nsp7, nsp13, de envoltura, de matriz, y las proteínas accesorias
p6 y 8b no han mostrado ninguna sustitución de aminoácidos en comparación con
las secuencias de otros coronavirus (16).

Proteína M
La proteína M es la proteína viral más abundante que está presente en la partícula
viral, dándole una forma definida a la envoltura viral (48). Se adhiere a la
nucleocápside y actúa como un organizador central del ensamblaje del coronavirus
(49). Las proteínas M de los coronavirus son muy diversas en cuanto a su
composición de aminoácidos, pero mantienen una estructura general parecida en
diferentes géneros (50). La proteína M tiene tres dominios transmembrana,
flanqueados por un corto extremo amino terminal fuera del virión y un largo extremo
carboxilo terminal dentro del virión (50). En general, el armazón viral se mantiene
por la interacción entre las proteínas M. Cabe destacar que la proteína M del
SARS-CoV-2 no presenta una sustitución de aminoácidos en comparación con la del
SARS-CoV (16).

Proteína E
La proteína E del coronavirus es la más enigmática y diminuta de las principales
proteínas estructurales del virus (51). Desempeña un papel multifuncional en el
desarrollo de la enfermedad, el ensamblaje y la liberación del virus (52). Es una
pequeña proteína integral de membrana que actúa como un viroporo (canal iónico)
(53).
Proteína S
La proteína S del coronavirus es una proteína transmembrana viral de clase 1,
grande y multifuncional, El tamaño de esta rica proteína S varía entre 1.160
aminoácidos (en el caso del virus de la bronquitis infecciosa en aves, IBV)
1.400 aminoácidos (en el coronavirus felino, FCoV) (43). Se encuentra en forma de
trineo en la superficie del virión, lo que le da al virus su característica forma de
corona. Funcionalmente, es esencial para que las partículas virales infecten las
células al interactuar con diversos receptores celulares del hospedador (44).

Asimismo, desempeña un rol muy relevante en el tropismo tisular y la determinación


del número de hospedadores (45). Cabe resaltar que la proteína S es una de las
principales proteínas inmunodominantes de los coronavirus (CoVs), capaza de
desencadenar respuesta inmunitarias en el hospedador (45), Las ectodominios de
las proteínas S de todos los CoVs presentan una organización similar, dividida en
dos subunidades: S1 y S2 (43). La primera, S1, facilita la unión al receptor del
hospedador, mientras que la segunda, S2, es responsable de la fusión. La
subunidad S1, a su vez, se subdivide en dos dominios: el dominio N-terminal (NTD)
y el dominio C-terminal (CTD). Ambos dominios actúan como regiones de unión al
receptor, interactuando de manera eficiente con diversos receptores del hospedador
(45).

El CTD de S1 contiene el motivo de unión al receptor (RBM). En cada proteína de la


espiga del coronavirus, el trímero S1 se encuentra ubicado en la parte superior del
trímero de S2.

El gato y el camello, respectivamente, actúan como amplificadores de la infección


por coronavirus (40, 41). Los genomas de estos virus, y sus fragmentos, codifican
seis regiones genéticas principales (ORF) que contienen la información necesaria
para producir las proteínas virales (31).

Gran parte de la secuencia genética está dedicada a una región llamada ORF1a/b,
que sirve como plantilla para la producción de 16 proteínas no estructurales
esenciales para la replicación viral. Inicialmente, se generan dos grandes proteínas
a partir de esta región, las cuales son posteriormente cortadas por enzimas virales
llamadas proteasas en proteínas más pequeñas y funcionales (32).

Una característica distintiva del SARS-CoV-2, en comparación con otros


coronavirus, es la identificación de una nueva proteína corta dentro de la región
ORF3. Esta proteína,que es secretada por la célula infectada, presenta una
estructura tridimensional particular y podría desempeñar un papel importante en la
infección (31).
Los coronavirus codifican cuatro proteínas estructurales principales que forman la
partícula viral: la proteína de espiga (S), que permite al virus unirse a las células
huésped; la proteína de membrana (M), que ayuda a formar la envoltura viral; la
proteína de envoltura (E), que participa en la ensamblaje de la partícula viral; y la
nucleocápside (N), que protege el material genético viral.

Según análisis moleculares detallados, el SAR-CoV-2 se clasifica como un nuevo


coronavirus beta, perteneciente al subgénero Sarbecovirus (3). Otros virus
zoonóticos de importancia, como el MERS-CoV y otros y otros coronavirus
relacionados al SARS, también pertenecen a este mismo género.

No obstante, el SARS-CoV-2 se identificó como una especie viral distinta. Al


comparar su secuencia genética con otros coronavirus, se observó que la identidad
con otros virus era inferior al 90%. Específicamente, se encontró una identidad del
80% con el SARS-CoV original (3).

Adicionalmente, se hallaron altos niveles de similitud genética entre el SARS-CoV-2


y otros coronavirus encontrados en murciélagos. Por ejemplo, se identificó un
identidad del 89% con los virus ZC45 y ZXC21. Además, se observó una alta
identidad con cepas humanas de SARS-CoV aisladas en 2033. No obstante, la
comparación con el MERS-CoV reveló una menor similitud con solo 51.8% de
identidad (37).

Los análisis filogenéticos, que estudian las relaciones evolutivas entre los virus,
sugieren que el SARS-CoV-2 está más estrechamente relacionado con los
coronavirus de murciélago. Por lo tanto, se plantea la hipótesis de que los
murciélagos fueron los huéspedes originales de este virus y que otros animales
podrían haber actuado como intermediarios en la transmisión al ser humano (31).

Es importante resaltar que otros coronavirus zoonóticos, como el MERS-CoV y el


SARS-CoV original, también tienen su origen en los murciélagos, aunque en estos
casos se ha identificado a otros animales, como los civetes, como posibles
huéspedes intermediarios (38, 39).

El interior de las partículas virales de los coronavirus está rodeado por una envoltura
que contiene el material genético, empaquetando en una estructura llamada núcleo
cápside. Esta nucleocápside presenta una disposición helicoidal, una característica
inusual en los virus de ARN de sentido positivo (30).

Al observar el SARS-CoV-2 bajo el microscopio electrónico, se aprecia una forma


esférica irregular, con un tamaño que varía entre 60 y 140 nanómetros. En su
superficie, se distinguen unas proyecciones similares a una corona, de ahí su
nombre. Estas proyecciones, llamadas espículas, tienen un tamaño de 9 a 12
nanómetros (3).
El material genético de los coronavirus está organizado de forma lineal y contiene
varias regiones; una región líder, genes que codifican las proteínas estructurales
(espícula, envoltura, membrana y nucleocápside), una región no codificante y una
cola de adeninas. Asimismo, se encuentran genes accesorios, como el gen de la
hemaglutinina -esterasa (HE), intercalados entre los genes estructurales (30, 32).

El SARS-CoV-2 presenta una organización genética similar y también codifica varias


proteínas accesorias, aunque carece del gen HE, una característica común en
algunos betacoronavirus (31).

El genoma de los coronavirus actúa como un molde para la producción de proteínas


virales inicialmente, se produce una gran proteína que posteriormente es cortada en
proteínas más pequeñas y funcionales. Este proceso ocurre en compartimentos
celulares especializados llamados vesículas de doble membrana, donde se
ensambla una maquinaria molecular encargada de copiar y expresar el genoma viral
(34, 35)

El coronavirus SARS-CoV-2 ha generado una pandemia a nivel global, causando


brotes de enfermedades que aún no han sido completamente controlados a pesar
de los grandes esfuerzos realizados (25). Este virus ha sido clasificado oficialmente
como el “coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo” (SARS-CoV-2) por
el comité internacional de taxonomía de virus (26).

El SARS-CoV-2 pertenece a la familia de los coronavirus, un grupo de virus que


incluye al virus del SARS original. Estos virus se clasifican dentro del orden
Nidovirales y se subdividen en cuatro géneros:Alfa Coronavirus, Betacoronavirus,
Gamma coronavirus y Deltacoronavirus (3, 27), Los géneros AlfaCoronavirus y
Betacoronavirus tienen su origen en murciélagos, mientras que los Gamma
Coronavirus y Deltacoronavirus evolucionaron a partir de aves y cerdos (24, 28, 29,
275).

Los coronavirus poseen un genoma de ARN de cadena simple, de sentido positivo,


que no está segmentado y tiene una longitud aproximada de 30.000 nucleótidos. El
genoma del SARS-CoV-2, en particular, tiene una longitud de 29.891 nucleótidos y
un contenido de guanina y citosina del 38% (31). Estas partículas virales están
envueltas en una membrana lipídica y contiene su material genético en su interior.

Aunque algunas opciones terapéuticas para tratar el COVID-19 han mostrado


eficacia en estudios de laboratorio, hasta la fecha, ninguno de estos tratamientos ha
sido probado en ensayos clínicos en animales o humanos de manera aleatoria, lo
que limita su aplicación práctica en la pandemia actual (7, 9 , 19-21).

Esta revisión exhaustiva describe las características del SARS-CoV-2 que causan
los brotes actuales de COVID-19, así como los avances en diagnóstico y el
desarrollo de vacunas y tratamientos. Además, se compara brevemente con los
virus SARS y MERS, se explora la perspectiva veterinaria sobre los coronavirus y se
evalúa el potencial de transmisión de estos virus de animales a humanos para
desarrollar estrategias de salud integral que permitan abordar este virus letal
(22-367).

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