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SEMANA 10: TEMA A DESARROLLAR: La economía argentina (1945-1955).

EL DE LA ILUSIÓN Y EL DESENCANTO: UN SIGLO DE POLÍTICAS ECONÓMICAS


ARGENTINAS (PABLO GERCHUNOFF Y LUCAS LLACH)
PERÓN AL PODER

En octubre de 1943 perón se hizo cargo del departamento nacional de trabajo. A finales de
1943 se creó la Secretaria de Trabajo y Previsión, encabezada por perón.

Los trabajadores nucleados en la unión ferroviaria fueron los primeros beneficiarios del cambio
de rumbo en las políticas laborales. Se aumentaron sus salarios, se otorgaron subsidios para
prestaciones sociales y se laudo en su favor en antiguas disputas contra las compañías de
trenes.

A mediados de 1944 con Perón ya como vicepresidente y ministro de guerra los actos de apoyo
al gobierno organizado o auspiciado por los sindicatos se multiplicaron.

Perón aprovechaba además las ambiciones políticas de muchos dirigentes sindicales. De estos
partió la propuesta de respaldar su candidatura a partir de la constitución de un partido
laborista.

El 9 de octubre perón debió renunciar a sus múltiples cargos. La noticia de la renuncia y el


arresto de Perón hicieron reaccionar a los gremios. El día 16 se decidió una huelga general, que
se realizó al día siguiente al conocerse la noticia del traslado de Perón al hospital militar. Esto
volcó la crisis a favor de perón y forzó su restitución al gobierno.

En 1946, la formula Perón- Quijano obtuvo el apoyo de los sindicatos, la Iglesia y los militares.
Triunfando en las elecciones.

JUSTICIALISTAS

Existía una concepción política del peronismo: los militares, el “ejército que cuida”; los
sindicatos, “el ejercito que produce” y la Iglesia como fuente del “poder moral”.

Los trabajadores sindicalizados siempre recibieron mayor atención que los no afiliados a los
gremios y de todos los gremios, los más beneficiados: la CGT. La colaboración entre el capital y
el trabajo, antes que su enfrentamiento era el camino para el progreso social.

Fuera de cierto compromiso con la equidad, no había en el enfoque económico de Perón un


contenido sustantivo y coherente que le permitiera hablar de una “economía peronista”.

Durante los primeros años del gobierno propiamente peronista, el conflicto entre el trabajo y
el capital se mantuvo en un estado latente.

UNA NACIÓN POLÍTICAMENTE SOBERANA

La conjunción de la “tercera posición” y la creencia de que las dificultades comerciales de la


inmediata posguerra se prolongarían y podrían agravarse con un nuevo conflicto mundial
justificaban la opción del gobierno por la autarquía económica.

La memoria de la depresión y de la reciente guerra ya eran alertas importantes contra la


participación activa de la argentina en el flujo internacional de mercaderías. Si a ello se
agregaba el hecho de que la competencia entre estados unidos y la unión soviética podía
convertirse en un conflicto abierto en cualquier momento, había todavía más razones para
desentenderse del comercio mundial e impulsar al mercado interno como fuente de oferta y
demanda.

El trato con los norteamericanos era de mutua desconfianza, la delegación Argentina dejo de
lado la tradicional actitud hostil a las propuestas de Washington, y no obstaculizo la
aprobación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

A principio de 1948 se anunció el plan Marshall, del cual Argentina fue excluida como
proveedor de alimentos. Entre 1940 y 1945 el balance de la argentina con el conjunto del
imperio británico arrojo un saldo favorable. Existía un problema con la posibilidad de pagos
debido a las “libras bloqueadas” ya que, era imposible su convertibilidad con el dólar. Así el
problema de las libras paso a ser el punto de conflicto central en las relaciones con Inglaterra.
En agosto de 1947 estos problemas fueron resueltos.

En las relaciones económicas internacionales Perón conciliar un discurso fuertemente


heterodoxo con un trato realista y adecuado a los tiempos que se vivían.

EL AVANCE DEL ESTADO

La compra de los ferrocarriles británicos por parte del estado argentino de debe considerarse
en su doble aspecto de nacionalización y estatización.

El partido opositor más importante, la Unión Cívica Radical (UCR), critico la política de
nacionalización y estatización no por excesiva, sino por insuficiente

La participación del estado tuvo especial relevancia en los sectores de generación eléctrica,
construcción y transporte. En Argentina, las cifras de gasto público reflejan el crecimiento
estatal, tendencia que se inició antes del gobierno peronista.

En algunas áreas, el aumento del gasto público venía a satisfacer las demandas de los sectores
que sostenían al peronismo en el poder: los militares y la clase trabajadora. En 1946 y 1947, el
principal motor de la inversión pública fue la defensa exterior. Creció también la importancia
del gasto en salud, educación y vivienda.

La satisfacción de algunas actividades económicas y los aumentos cíclicos del gasto público
para combatir las recesiones no eran los únicos elementos del nuevo modelo de estado que se
estaba gestando en la posguerra.

Cuando al comenzar los años 50, la economía marchaba hacia una recesión, el gasto del estado
se redujo. La otra inyección de demanda, el sector privado a través de una política de ingresos
basada en el aumento masivo de salarios. Por estaba el gobierno conseguía un doble objetivo:
ayudar a expandir la economía y al mismo tiempo daba su programa en contenido de equidad
que estaba en el corazón del discurso peronista.

UNA NACIÓN SOCIALMENTE JUSTA

El Primer Plan Quinquenal está asociado a una fase de expansión salarial sin precedentes.
El incremento de los salarios reales llevo a una distribución del ingreso nacional más

equitativa. En 1947 quedo fundado el Partido Peronista.

La explosión salarial, no era considerada únicamente como una forma de mejorar el nivel de
vida de los trabajadores, sino también como un instrumento para alimentar la demanda
agregada y garantizar el pleno empleo.

En los años 1946-47-48, la clase trabajadora argentina experimento el mayor aumento de


bienestar de toda su historia. La mayor disponibilidad de bienes, fruto del aumento de
producción y del creciente valor de las exportaciones, se volcó sobre todo a expandir el
consumo.

El control de los alquileres y el congelamiento de algunos precios de bienes básicos se


sumaron a la generosa política salarial para difundir el bienestar a los sectores de más bajos
ingresos. No solo mejoro la indumentaria de muchas familias trabajadoras.

La política salarial de Perón, con su doble objetivo d garantizar el pleno empleo y redistribuir el
ingreso hacia los sectores populares fue uno de los elementos centrales de su política
económica hacia 1949.

Para la hacienda pública, todas las medidas impositivas (impuesto al ingreso), tuvieron una
importancia menor al lado de los recursos obtenidos por la ampliación de seguridad social.

EL IMPULSO INDUSTRIALISTA

Perón veía en el crecimiento industrial la posibilidad de mantener un alto nivel de empleo y de


consumo. Los medios elegidos por el gobierno para llevar a cabo este proyecto fueron
básicamente dos, la restricción de las importaciones y la generosa política crediticia. El Banco
Industrial creado en 1944 y el Banco Central nacionalizado en 1946 junto al sistema bancario,
le permitió al gobierno manejar el crédito a voluntad.

Pueden encontrarse varios defectos en el desarrollo manufacturero de la primera época del


peronismo, entre ellos deben mencionarse, las limitaciones de escala impuesta por el reducido
mercado interno, las consecuencias del rechazo inicial al capital extranjero, la ausencia de un
énfasis en la productividad o la aun escasa sustitución de importaciones en ramas básicas.

EN EL CAMPO, LAS ESPINAS

Durante el gobierno la influencia sobre los precios agrícolas se intensifico, pero con signo
cambiado. El instituto argentino para la promoción del intercambio (IAPI) monopolizo desde
1946 la comercialización de los cereales y oleaginosas. Entre 1946 y 1949 compro cosechas a
los agricultores para venderlas internamente y en el exterior, obteniendo un margen muy
amplio gracias a los favorables términos de intercambio externos.

Las ganancias sirvieron para sostener el aumento del gasto público. Además la intervención del
IAPI desligo parcialmente la evolución de los precios internos en alimentos.
A través de la política del IAPI, el gobierno peronista cerraba un triángulo de redistribución
sectorial de ingresos coherente con la formulación de su apoyo político. En este triángulo
redistributivo, los vértices eran: el sector rural, el sector urbano y el propio estado.

La situación de posguerra obligaba a vender a crédito, y el IAPI, siendo estatal, podía soportar
mayores riesgos y plazos.

Los aumentos salariales en la industria habían repercutido en los costos de los productores,
que debían aumentar los salarios de los peones para evitar su emigración hacia las ciudades.
La agricultura, más golpeada que la ganadería por el encarecimiento de la mano de obra,
sufrió especialmente con el cambio de reglas de propiedad rural.

Dentro del esquema económico peronista, el campo tenía el importantísimo rol de proveer las
divisas necesarias para la importación de insumos y maquinarias que la industria local aun no
producía.

LAS COMPLICADAS CUENTAS EXTERNAS

Las libras esterlinas que se habían conseguido con las exportaciones durante la guerra solo
podían utilizarse para importar desde países del “área de la libra”

Los primeros años de la posguerra trajeron necesidades al comercio exterior argentino. El


precio promedio de las exportaciones creció entre 1945 y 1948, mientras las compras al
exterior se normalizaban después de periodo bélico, además de aumentar su precio. La
tendencia a descendente de las exportaciones argentinas era en parte el resultado de
concesiones externas menos favorables que las vigentes antes de la crisis.

Las importaciones se recuperaron rápidamente de su deprimido nivel durante la guerra,


empujadas por la fuerte demanda interna. Además, hubo un cambio en su composición. El
aumento en la demande por bienes de consumo era satisfecho con producción doméstica,
pero esta necesitaba cada vez más insumos y bienes de capital.

CRÉDITO Y DESCREDITO: NACE LA INFLACIÓN

Ya a partir de la segunda guerra mundial, la economía argentina empezó a mostrar síntomas


inflacionarios. No podía culparse al gobierno por la inflación de los años de guerra, ya que, se
trataba de un fenómeno puramente coyuntural que desaparecía con la paz. La argentina
mantuvo a partir de la posguerra una inflación consistentemente más alta que los países
avanzados.

A través de los bancos comerciales, el Banco Central desplego la generosa política de créditos
que permitió a la industria financiar inversiones y, y sobre todo, pagar salarios cada vez más
elevados.

A partir de la nacionalización del sistema bancario el dinero había pasado a ser un bien público
que se concedía de acuerdo con las necesidades de la sociedad general.

Otras maneras de cubrir sus gastos, hubo durante en esos primeros tiempos dos fuentes
extraordinarias de recursos: las ganancias del IAPI y el superávit del recién nacido sistema de
seguridad social.
Del paraíso peronista a la crisis del desarrollo (1949-1958).

LA HEGEMONÍA CUESTIONADA

El año 1948 había sido, probablemente, el mejor del gobierno peronista.

Se realizó una reforma constitucional en 1952 que modificó el artículo 77, permitiendo la
reelección de Perón. El artículo 40, fue el más significativo desde el punto de vista económico,
consagraba la monopolización del comercio exterior por parte del estado, declaraba propiedad
del estado los servicios públicos y a las fuentes de energía.

En 1951, el primer intento de golpe de estado resulto ser una bendición para el gobierno, ya
que, le permitió a Perón señalar enemigos peligrosos.

La victoria para Perón- Quijano en 1952. Tras la muerte de su mujer, el presidente perdió
iniciativa, mientras alrededor del gobierno proliferaban los escándalos y las sospechas de
corrupción.

SÍNTOMAS DE CRISIS

En 1949, el debilitamiento del esquema distributivo de los primeros años del peronismo
empieza a resquebrajarse por lo más frágil: la balanza comercial y la inflación.

La causa determinante de la crisis del sector externo fue de origen interno.

Una drástica reducción de las divisas disponibles, combinada con el aumento de los precios de
los artículos que el país obtenía del exterior, obligo a comprimir aún más las importaciones ya
bastantes restringidas. El gobierno debió ser selectivo en la asignación de divisas y
gradualmente fue reforzando el sistema de permisos de cambio que regulaba la obtención de
bienes extranjeros.

El aumento de la inflación fue acompañado por un ajuste en los tipos de cambio, que se sumó
a la devaluación de la libra esterlina respecto del dólar.

Para algunos peronistas la inflación era un mal necesario, el aumento de los precios era visto
como el único instrumento poderoso de redistribución de ingresos que no chocaba con las
normas constitucionales ni con la jurisprudencia un antiguo fallo de la Corte Suprema que
declaraba atentando contra la propiedad privada una tasa impositiva excesiva.

En 1950, el salario real aumento levemente y los precios agropecuarios recibieron un


inesperado impulso, el gobierno peronista tuvo que actuar en contra de que se suponía eran
sus principios, al tomar un préstamo exterior.

Pero en 1951, el panorama volvió a empeorar. La inflación supero a la tasa de aumento salarial,
por primera vez desde que Perón estaba en el poder, mientras una terrible sequia reducía la
cosecha de los principales cultivo a la mitad de lo que había sido el año anterior. El modesto
superávit comercial en 1951 se transformó en un cuantioso déficit en 1951.

LA HORA DE LA AUSTERIDAD: EL PLAN ECONÓMICO DE 1952

A principios de 1951, el gobierno lanzara un programa de austeridad.


El plan de estabilización económica de 1952, tenía el objetivo básico era detener la inflación.
Además se intentaba resolver el problema del déficit comercial externo.

La inversión pública se redujo bastante a partir de 1952. Medido en precios constantes, el


gasto del gobierno bajo y el déficit fiscal disminuyo considerablemente. Subsistieron como
fuente de problemas presupuestarios los desequilibrios financieros de las empresas
recientemente estatizadas.

La política antiinflacionaria fue acompañada, así mismo por un concertado y prudente manejo
de los salarios. Se creó una Comisión Nacional de Precios y Salarios, se instauro un sistema de
negociaciones salariales bianuales.

Después de años de ser perjudicados por las políticas del AIPI, los productores agropecuarios,
comenzaron a recibir precios más favorables, superiores incluso a los vigentes en el exterior. Se
intentó además fomentar la exportación de otros artículos a través de modificaciones en el
sistema cambiario. También cambio la actitud hacia el capital extranjero, lo que se
manifestaría con claridad un par de años más tarde.

Se recuperó la producción interna y la balanza paso a ser superavitaria en 1953 y 1954. La


extraordinaria cosecha de 1952/53 fue decisiva para este alivio.

UNA VUELTA AL CAMPO

Continúo el proceso de sustitución por el cual la ganadería ocupo tierras antes de dedicarlas a
la explotación agrícola.

El esfuerzo oficial por mantener vivo el mercado inglés, combinando con el aumento de los
precios a los que el IAPI hacia sus compras, fue cálidamente acogido por los sectores rurales.

Hubo intentos más o menos exitosos por aumentar la productividad y bajar los costos de la
producción agropecuaria argentina. Se organizó un plan de inversiones del estado para
fomentar la investigación, difundir innovaciones en los modos de producción y mejorar la
sanidad animal y vegetal, entre otras cosas.

El drástico replanteo de la política para el agro puede ser visto como un reconocimiento de los
límites que tenía la predeterminada transformada de la economía de un país
predominantemente agrario a una nación industrial
moderna.
DILEMAS DE UNA INDUSTRIALIZACIÓN
ACELERADA
Durante el peronismo el impulso industrialista se intensifico a través de políticas que buscaban
completar el proceso de sustitución de importaciones por producción nacional. Los dos
instrumentos clave de esa orientación fueron la política crediticia y la protección a través de
mecanismos cambiarios y comerciales.

Los años del peronismo fueron años de vigoroso crecimiento industrial.

La política industrial del peronismo, para el final del periodo no todas habían sustituido las
importaciones con la misma intensidad. La demanda de los bienes de capital y en menor
medida también los bienes intermedios, seguían abasteciéndose con importaciones en una
proporción no desdeñable.

¿UN DEFECTO ESTRUCTURAL?

Después de dos años de un superávit comercial provocado por el plan de estabilización y por la
gran cosecha de 1952/53, en 1955 reapareció el déficit comercial, ya que, las importaciones
comenzaban a recuperarse de deprimido nivel de 1953 y 1954.

La situación estaba agravada por el comportamiento de las exportaciones. La voluntad oficial


por mejorar la productividad agropecuaria y el restablecimiento de parecidos aceptables para
el agro no estaban logrando el objetivo de aumentar el valor de las ventas al exterior.

Los controles cambiarios o los préstamos exteriores, eran solo una solución temporaria al
problema externo argentino. Para superar de manera permanente ese defecto tenía que
llevarse adelante una combinación de dos políticas: incentivarlas exportaciones y alentar la
producción local de maquinarias e insumos industriales sobre todo, el combustible.

UN INTENTO DE CORRECCIÓN: EL SEGUNDO PLAN QUINQUENAL

El Segundo Plan Quinquenal, aplicado a partir de 1953, con el objetivo explícito de “solventar
las necesidades básicas del país en lo concerniente a la producción de materias primas,
energía, transporte y bienes de capital”. En la cuestión distributiva de los primeros años de
peronismo ahora dejaba paso a un esfuerzo por poner en orden las bases productivas de la
economía.

La atención a la industria pesada estuvo centrada en el proyecto de SOMISA.

La principal complicación del Segundo Plan Quinquenal fue el problema fiscal que venía
acarreando el peronismo. La inversión pública total disminuyo. En algunos sectores el déficit
de inversión pública tuvo consecuencias bien visibles, como los cortes de energía eléctrica en
Bs. As. Los esfuerzos del gobierno, que incluyeron la puesta en marcha de varias centrales
hidroeléctricas, no alcanzaban para satisfacer la creciente demanda, derivada de la expansión
industrial. Algo similar ocurrió con el petróleo, lo que se reflejó en la creciente participación de
los combustibles en las importaciones.

UNA NUEVA BANDERA PERONISTA: LA PRODUCTIVIDAD

A Fines de 1953, el gobierno podía estar contento por la marcha de la economía: en el último
año la inflación había bajado y los salarios habían registrado un alza moderada.

Aumentar la cantidad de bienes a repartir, ahí estaba la clave del nuevo enfoque de la política
económica del peronismo.

Con la intención de alentar esas innovaciones, en octubre 1954 se convocó a un congreso de la


Productividad y el Bienestar Social (CNP).

Las prácticas laborales no eran, con todo, la única manera por la que se podía esperar una
mejora en la capacidad de producción de la economía Argentina.

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