La buena educación
Braulio Martínez Diez de Bonilla
¿Qué es la buena educación? La gran mayoría de seres humanos han pasado por las
manos de un maestro, al menos una vez en su vida; de no ser así, los cuidadores fungieron
como tal. Pero ser maestro, o docente, hace referencia a mucho más que educar. Aunque el
verbo es coloquial y consabido, se ve como un todo homogéneo. Pero la educación nunca
debería tener este aspecto.
Si uno intenta encasillar la variedad de intelectos, de ópticas, de ambientes
moldeadores, entre otros grandes factores que participan en el proceso de aprendizaje, no se
tiene educación, sino amaestramiento. Se busca que las personas puedan entender las cosas
por sí solas, que quieran conocer más, explotar sus capacidades; con la educación no se
debería buscar la memorización en base a la repetición, sino el desarrollo por parte de la
persona educada.
Pero la educación por sí sola no puede existir, pues si no hay quien la predique, es un
ente desconocido. Para eso es preciso a los maestros. Sin embargo, la labor del maestro no
es nada fácil; hay dos conceptos en los que nos será más fácil descifrar lo que hace falta para
que un maestro pueda ejercer la buena enseñanza: la vocación y la formación del docente. El
primero de ellos lo podríamos considerar como la «inclinación natural para dedicarse a la
actividad profesional de enseñar con entusiasmo, compromiso y confianza en el poder de la
educación, dedicación especial y de servicio hacia los demás».1
Mientras que la formación del docente la podríamos definir como aquello que
«engloba todas las políticas y procedimientos enfocados en preparar a los profesores para
que puedan adquirir los conocimientos, actitudes y habilidades necesarios para desarrollar de
manera eficaz su labor en el aula y la comunidad escolar».2
Habiendo dicho lo anterior, podemos intentar dar nuestra conclusión sobre lo que es
la buena educación.
Es algo harto complejo lo que proponemos dilucidar, pues no es de naturaleza
estática: está en un constante cambio pues, al igual que los humanos, raras veces se presentan
1
Johnson & Del Carmen Orellana Arduiz, 2018.
2
Universidad Europea, 2023.
casos iguales. Después de haber entendido lo anterior diremos que la buena educación es
particular, idiosincrática y amplísima. Para que esta se pueda dar, sin duda, debe existir un
buen ambiente en el que el niño —y la persona en general— pueda desenvolverse. Si coexiste
en un ambiente hostil, en el que sus preguntas son vistas con rechazos, mofándose sus
compañeros al hacerlo; si el maestro no le brinda un ambiente pleno, el niño no podrá
aprender. Por eso mismo es que la influencia del maestro recae, al igual que en otras muchas
cosas, en la creación de un ambiente próspero en el que cosechar sus conocimientos.
La figura del maestro claro debe ser una autoridad, pero esto no le quita su humanidad.
Pues bien el docente debe meterse con las cuestiones emocionales de los educandos.
Haciendo esto se puede intervenir de una mejor pues, considerando únicamente lo racional,
se desprovee el carácter humano del otro. Para eso es el maestro, para mostrarse como un
ejemplo a seguir: un espejo y reflejo para los niños. No solamente es pararse a exponer una
clase, sino que se le debe dar el sentido pertinente gracias al uso de los demás, de la reflexión,
pensamientos y sentimientos.
Y ahí, precisamente en el conocimiento, es donde recae nuestro segundo punto: la
postura en la que se encuentra el maestro en el supuesto saber no debe obnubilarlo: debe
compartir sus conocimientos; pero no de cualquier manera, sino que debe involucrar al
alumnado. En el caso de los niños, aún no han desarrollado un pensamiento más objetivo,
digámosle, por lo que aprender, para ellos, no es tan sencillo como presentarles el material y
que adquieran el conocimiento por sí mismos. Estos deben entenderlo inmiscuyéndose,
metiéndose de lleno en la materia, en el conocimiento.
¿Pero cómo se puede hacer? Claro que hay muchas maneras en las que involucrar en
el terreno del conocimiento, pero la que destacamos es la de las artes y la buena utilización
del material disponible; porque por mucho que uno pueda hacer con el niño, no siempre
queda en las manos del educador, sino que debe inquirir en maneras más creativas y
dinámicas para que el niño halle el regocijo a la par que se topa con el saber; porque innovar
no hace referencia a el simple acto de usar, sino de descubrir, de manejar y cambiar,
interviniendo en los procesos de la mente en lo que respecta a la educación: es decir, cambiar
el paradigma educativo.3
3
Cf. Fundación Trilema, 2016.
Bibliografía
Universidad Europea. (2023, 3 enero). ¿Qué es la formación
docente? [Link]
Johnson, F. N. M., & Del Carmen Orellana Arduiz, N. (2018). Autopercepción de la vocación
en docentes de educación física escolar en Chile. CPU-e Revista de Investigación
Educativa, 27, 203-229. [Link]
Fundación Trilema. (2016, 25 noviembre). PROFES. La buena educación [Vídeo].
YouTube. [Link]