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Plan Arquidiocesano de Pastoral, primer acercamiento: Renovación eclesiástica

Buenos días, amigos, hoy quiero abordar un tema referente a la teología pastoral. Esta no es
más que la rama de la teología que estudia de manera sistemática la forma más efectiva de
llevar a cabo un plan de trabajo pastoral en las diferentes instancias de las comunidades
eclesiales.

Lo hago, de manera especial, movido por la llegada del nuevo arzobispo de nuestra
arquidiócesis de Barquisimeto. Estoy en la comisión de preparación de un plan
arquidiocesano que busca revitalizar e impulsar la vida apostólica de la Iglesia en las
diferentes localidades de nuestra arquidiócesis.

Es por ello que quiero hacer un primer acercamiento sobre los pilares que conforman esta
planificación. Este nuevo impulso busca fortalecer todas las comunidades parroquiales.

Comencemos diciendo algunas palabras sobre la parroquia, ya que, según la Conferencia


Episcopal Venezolana (CEV) y la Iglesia universal, es una institución presente en muchos
lugares. En ella confluyen diversas comunidades civiles y personas con una vida de fe (Cfr.
II Asamblea Nacional de Pastoral de la CEV y Catecismo de la Iglesia Católica, 2179).
Nuestro compromiso es iluminar y acompañar a las mismas, para que sigan progresando en
beneficio de toda la humanidad. Luego de esta breve indicación, pasemos a una presentación
sintética sobre los 4 pilares del plan pastoral que en principio estamos proponiendo.

1. Anuncio. Aquí surge la interrogante que como Iglesia nos hacemos sobre el compromiso
que nos dejó Jesucristo: anunciar el Evangelio a toda la creación, a toda la humanidad (Cfr.
Mc 16,15). Debemos examinarnos a fondo en la forma en que recibimos y transmitimos este
mensaje, pues sabemos que su poder reside en la verdad y en quien lo proclamó: el mismo
Hijo de Dios.
El punto crucial está en cómo estamos llevando a cabo esta misión evangelizadora. Debemos
preguntarnos: ¿Con qué frecuencia evangelizamos? ¿Qué métodos utilizamos? ¿Qué
formación reciben nuestros agentes de pastoral? ¿Presentamos a Cristo de manera atractiva a
quienes aún no lo conocen?

Para responder a estas preguntas es fundamental preparar a nuestros agentes de pastoral. La


creación de una universidad es un sueño a largo plazo, pero es esencial sentar las bases ahora.
Si bien el mensaje evangélico es atractivo por sí mismo, la forma en que lo presentamos es
una tarea fundamental de la pastoral de la Iglesia.
2. Comunión. Este es el segundo pilar, fundamental en nuestro plan pastoral, y se refiere al
testimonio que damos al mundo. Como dijo Jesucristo: 'Si todos ustedes son uno, el mundo
creerá' (Cfr. Jn 17,21). El anuncio del Evangelio puede ser muy impactante, pero si quienes
lo proclaman no viven en comunión, este mensaje pierde su fuerza.

Por ello, es crucial revisar las instancias de comunión que ya tenemos, como los consejos
pastorales y los consejos de asuntos económicos. Estas estructuras deben ser espacios donde
todos puedan expresar sus inquietudes y sugerencias. La sinodalidad, una palabra muy
presente en la Iglesia hoy, refleja esta idea de caminar juntos, escuchándonos y
complementándonos.

Dentro de este plan de renovación, destaca la importancia de las pequeñas comunidades


cristianas (PCC). Una parroquia es una gran comunidad compuesta por muchas más
pequeñas. Es necesario fortalecerlas para pasar de una parroquia centralizada a una
descentralizada.

3. La caridad. Es el tercer pilar, igual de fundamental que los anteriores. Me inspira en


particular el teólogo suizo Von Balthasar y su obra 'Solo el amor es digno de fe', puesto que
este principio nos recuerda que, si bien podemos ser muy efectivos en el anuncio del
Evangelio y en la construcción de comunidades, nuestra fe debe manifestarse en acciones
concretas de amor hacia el prójimo (Cfr. Gal 5,6).
La caridad implica que nuestra fe trascienda las paredes de la iglesia y tenga un impacto
positivo en la sociedad. Es por ello que la Iglesia debe promover diversas iniciativas sociales,
como comedores, ayudas sociales y escuelas, que beneficien especialmente a los más
necesitados.

No se trata solo de brindar asistencia material, sino de empoderar a las personas para que
puedan mejorar su propia situación. Siguiendo el conocido proverbio, debemos enseñar a
pescar, no solo dar pescado. La caridad transformadora no solo alivia el sufrimiento
inmediato, sino que también busca desarrollar las capacidades de las personas para que
puedan construir un futuro mejor para ellas y para sus comunidades.

4. Celebración. Nos encontramos ante el último pilar, muy importante también, porque la fe
no es solo una declaración verbal, sino una experiencia que impregna todo nuestro ser (Cfr.
1Co 11,26). A través de las celebraciones litúrgicas, como el bautismo, la misa y el
matrimonio, entre otros, profundizamos en nuestra fe y experimentamos la presencia de Dios.

Debemos preguntarnos cómo estamos llevando a cabo estas celebraciones y cómo podemos
hacerlas más significativas para todos los fieles. Los ministros también tienen un papel
fundamental en este proceso, y es importante que se involucren activamente para que el
pueblo de Dios se sienta partícipe y valore estas celebraciones como un alimento
verdaderamente espiritual (Cfr. Jn 6,51).

A veces se plantea un divorcio entre la liturgia y la pastoral, como si fueran dos aspectos
separados de la vida de la Iglesia. Sin embargo, la realidad es que se complementan. La
evangelización encuentra su culmen en las celebraciones litúrgicas, y estas, a su vez, impulsan
la acción pastoral. El anuncio del Evangelio se celebra en los sacramentos, la comunión se
manifiesta en la reunión de los fieles y la caridad encuentra su fuente, como su principal
alimento, en la liturgia.

Pbro. Lic. Jesús Alejos

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