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Sigüenza

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Viajando por los rincones de España para conocer su


patrimonio monumental, cultural, gastronomico, etc.
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Viajando por los rincones de España para conocer su
patrimonio monumental, cultural, gastronomico, etc.
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SIGÜENZA ( Guadalajara)

SIGÜENZA

Sigüenza es una localidad de la provincia de Guadalajara


dentro de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha,
siendo cabeza del partido judicial homónimo y la mayor
localidad de la comarca de la Serranía. El término, que
incluye, además de la capital municipal, a 28 pedanías,
cuenta con una población total de poco mas de 4708
habitantes y tiene el título de ciudad.
La ciudad está situada a una altitud de 1004 m sobre el nivel
del mar al norte de la provincia española de Guadalajara,
en el centro de la península ibérica. Se encuentra cercana
a la zona de entronque de los sistemas montañosos Central
e Ibérico, en la comarca natural del Alto Henares. El río
Henares, perteneciente a la cuenca hidrográfica del Tajo,
constituye una importante vía natural de la península
ibérica, pues mediante su contacto con la subcuenca del río
Jalón establece una comunicación fácil con la cuenca
hidrográfica del Ebro, mientras que la separación divisoria
con el alto Duero tampoco comporta un gran desnivel.
Sigüenza es una ciudad situada estratégicamente para
controlar el paso del alto Henares y los valles de los ríos
Dulce y Salado. Esta es la razón por la que estuvo poblada
ya desde el Paleolítico y Neolítico.
Visitar Sigüenza es visitar la historia en cada uno de los
pliegues del tiempo. Tras los vestigios de antiguos
pobladores: celtíberos, romanos, visigodos y árabes; se
impone una Sigüenza medieval que secuestra la mirada ya
en la primera vista general.

Sigüenza es uno de los municipios que enamoran a primera


vista. Sus piedras están impregnadas de historia, de arte,
de tradiciones. Rodeada de espacios naturales protegidos,
cuenta con 28 pedanías que complementan su patrimonio
cultural. Visitar Sigüenza y sus pedanías es disfrutar de
lugares mágicos y saludables, en los que el tiempo pasa muy
despacio. A la llegada a Sigüenza el viajero no podrá olvidar
la impactante imagen de la ciudad, coronada por su
impresionante castillo, y en la que destaca también su
imponente catedral, ubicada a media altura del cerro en el
que se asienta la población.
Sigüenza es uno de los principales destinos turísticos de
Castilla La Mancha. Esta declarada Conjunto Histórico
Artístico en 1965 y desde entonces es conocida por el
nombre geoturístico de “La ciudad del Doncel”, en memoria
de su personaje más emblemático, Martín Vázquez de Arce,
cuya estatua funeraria es la joya de su catedral.
Visitar la ciudad de Sigüenza es vivir su historia a lo largo
del tiempo. Recordando en primer lugar su pasado
celtibérico, romano, visigodo y musulmán; y disfrutando a
continuación de su centro histórico medieval que nos
cautiva a primera vista, con su castillo en lo más alto del
cerro de su asiento, sus calles estrechas, la Casa del Doncel;
y las dos iglesias de San Vicente y Santiago. De esta época
quedan restos de los lienzos, torreones y puertas de dos
murallas.
En la Plaza Mayor renacentista nos encontramos con la
majestuosa fachada meridional de la Catedral, que alberga
en su interior obras de varios estilos artísticos. Recorriendo
Sigüenza nos sorprenderemos al descubrir un Ensanche
renacentista amurallado, una calle monumental barroca, y
un barrio ilustrado cuajados de edificios de diversos estilos.
Todo ello se complementa con el pulmón verde de la
Alameda neoclásica, lugar de tertulias, reuniones y fiestas.

Sigüenza está situada en la provincia de Guadalajara, en el


alto valle del río Henares conocido como el «valle de
Sigüenza». Estratégicamente emplazada sobre el valle
cumplió una gran función defensiva durante la Edad Media.
Sin embargo, se cree que su primitivo emplazamiento
estuvo en la otra orilla del río, sobre el cerro del Mirón,
donde se han encontrado restos de asentamientos humanos
de la Edad del Hierro. Fue señorío episcopal desde el siglo
XII hasta el siglo XVIII. Dentro del término municipal se
encuentra el castro de Castilviejo de Guijosa, entre las
pedanías de Guijosa y Cubillas del Pinar.
Plinio el Viejo menciona en su Naturalis Historia a la ciudad
de Segontia como una importante ciudad celtíbera,
habitada por los arévacos; fue tomada por los romanos a
raíz de la caída de la ciudad celtíbera de Numancia en el
133 a. C. Aparece relacionada en el Itinerario Antonino A-
25.
Situada en el cerro de Villavieja, hacia el siglo V a. C. era
una de las más importantes de la Celtiberia. La penetración
cartaginesa del siglo III a. C. (previa a la Segunda guerra
púnica) llevó a Aníbal y luego a Asdrúbal a asediarla. En las
guerras celtíberas (153-133 a. C.) se produjo la sumisión a
la República romana. La ocupación romana estableció una
zona militar que se separó de la zona residencial.
En época romana la ciudad mantuvo cierta importancia por
estar situada sobre la calzada del Henares que formaba
parte de la vía que comunicaba Mérida (Emerita Augusta)
con Zaragoza (Caesar Augusta). La explotación de
yacimientos de asfalto en las proximidades de Sigüenza
durante el periodo andalusí ya fue señalada por el geógrafo
al-Udri.

En tiempos de los visigodos su crecimiento continuó


alrededor del núcleo central fundado por los romanos. En
la Hispania visigoda fue sede episcopal de la Iglesia
católica. Esta última fue aludida por primera vez en el III
Concilio de Toledo en el año 589, aunque se considera
probable que ya existiera la diócesis en el siglo IV o por lo
menos a principios del siglo VI, mediante la mención a su
obispo Protógenes. La lista de obispos seguntinos firmantes
en los distintos concilios de Toledo hasta el número XVI del
año 693 se completa con Hildisclus, Ubidericus, Egica, Ella
y Gundericus. Fue una diócesis sufragánea de la
Archidiócesis de Toledo que comprendía la antigua
provincia romana de Cartaginense en la diócesis de
Hispania.
Durante la dominación musulmana Sigüenza perdió
importancia en favor de Medinaceli. Constituyó un
asentamiento defensivo (hisn) cuya importancia era militar,
dominando su castillo desde la altura el valle del Henares
cerca de la confluencia de este con el arroyo Vadillo. La
construcción de la fortaleza data de este periodo, aunque
su aspecto actual es posterior a la Reconquista cristiana. Ya
durante el reinado de Fernando I Sigüenza fue uno de los
objetivos de las incursiones cristianas. Sin embargo el
control por parte de los cristianos de la localidad, por aquel
entonces situada en un entorno fronterizo y consistente en
una pequeña aldea casi despoblada, fue efímero. Se ha
llegado a afirmar también acerca de la toma de la ciudad
por parte del Cid. Con una cronología posterior a la
conquista de Toledo de 1085 se considera factible y
probable la conquista de la ciudad por parte del monarca
Alfonso VI de León. En el contexto del levantamiento del
cerco de Medinaceli los musulmanes emplazaron una
guarnición en la ciudad hacia el año 1109.

Sigüenza fue reconquistada el 22 de enero bien del año 1123


o del año 1124 por Bernardo de Agén, el obispo de origen
aquitano ya electo hacia 1109 como responsable de su
diócesis. Todavía durante la primera parte del siglo XII el
territorio se mantuvo lejos de poder considerarse
pacificado pues el entorno de Sigüenza continuó estando
expuesto a las incursiones musulmanas en el río Henares y
se encontraba cercano a los emplazamientos musulmanes
tanto de Algora como de Mirabueno. Las explotaciones de
sal en el entorno del valle del río Salado aparecen
mencionadas a partir del siglo XII. La posibilidad de que los
yacimientos andalusíes altomedievales previos
encontrados, aunque próximos a las zonas ricas en sal,
estén directamente relacionados con la explotación
salinífera no está demostrada sin embargo.
En 1121 Bernardo de Agén había sido investido obispo de
Sigüenza por el arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac y
hacia 1124, tras haber conquistado la ciudad, inició las
obras de la que sería la catedral, que obispos posteriores
continuaron hasta que se finalizó en el siglo XVI. Sigüenza
recibió un fuero breve de Alfonso VII de León junto al de
Medinaceli el 14 de mayo de 1140. Se convierte pues
Sigüenza en la capital dual de una extensa división
eclesiástica y de un señorío civil de concesión real de una
superficie mucho más reducida, ambos gobernados por los
obispos. En 1146 Alfonso VII de León procedió a la unión
administrativa de los dos burgos en los que habría estado
dividida la actual ciudad (uno inferior y otro superior).
En la segunda mitad del siglo XV fue obispo de Sigüenza,
además de posteriormente arzobispo de Toledo, el cardenal
Mendoza, durante cuya vida la ciudad conoció su máximo
esplendor. A este poderoso mecenas se debe la construcción
de la bella plaza porticada aledaña a la catedral. La historia
de esta ciudad, que conserva su trazado medieval, ha
estado influenciada durante seis siglos por su obispado,
dejando la impronta religiosa tanto en su desarrollo
cultural, económico como artístico.

En 1489, en virtud de la bula concedida por el cardenal


Mendoza, fue fundada por Juan López de Medina la
Universidad de Sigüenza, que hasta entonces y desde 1476
había sido un colegio. La universidad pervivió más allá la
Edad Moderna; desapareció como tal en 1824 cuando se
convirtió en un colegio dependiente de la Universidad de
Alcalá. Este último fue clausurado de manera definitiva en
1837. La evolución demográfica durante los siglos XVI, XVII
y XVIII se puede dividir en tres fases: una de crecimiento
durante el siglo XVI (unos 4300 habitantes en 1599), seguido
de un decaimiento durante el siglo XVII (unos 2700
habitantes a finales de la centuria) y otra recuperación
demográfica en el siglo XVIII (6400 habitantes en el censo
de 1797), especialmente en la parte final de este.
Las salinas de Imón, que según Pastor de Togneri ya existían
en la Edad Media y que también figuran en las relaciones
topográficas de Felipe II y en el catastro del marqués de la
Ensenada, sufrieron un proceso de renovación y
racionalización durante el reinado de Carlos III. El proceso
que condujo a la cesión del territorio episcopal a la Corona
comenzó en 1796; el obispo Juan Díaz de la Guerra renunció
al señorío en favor de la corona; se nombró un alcalde
mayor interino, el marqués de Brioso, el 19 de septiembre
de ese año. La supresión definitiva de los señoríos
eclesiásticos en España tuvo lugar el 25 de febrero de 1805.
El ferrocarril llegó a Sigüenza hacia 1862, aunque ya
contaba con una estación desde 1860. Esta llegada no
favoreció especialmente sin embargo a la ciudad, que
perdió cierta centralidad comercial respecto a otras
localidades. La localidad, que aparece descrita en el
decimocuarto volumen del Diccionario geográfico-
estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar
(1849) de Pascual Madoz, figura en dicha obra con un total
de 940 casas y una población de 4717 habitantes.
En 1936, durante la Guerra Civil el bando republicano, que
había entrado en la ciudad el 25 de julio, mantuvo en la
ciudad una guarnición comandada por el anarcosindicalista
Feliciano Benito formada por 700 milicianos de la CNT y un
puñado de trabajadores del ferrocarril de la UGT y
milicianos del POUM. Eustaquio Nieto Martín, obispo de
Sigüenza, fue fusilado el día 27 de julio. En agosto de 1936
y comienzos de septiembre las tropas nacionales realizaron
un intento frustrado de tomar la ciudad y efectuaron
avances en enclaves cercanos como Riba de Santiuste, Imón
o Huérmeces del Cerro. La ofensiva final de artillería del
bando nacional sobre la ciudad, con el apoyo de ataques
aéreos alemanes, comenzó a mediados de septiembre; en
octubre los 300 efectivos del bando republicano que
quedaban, que no pudieron recibir batallones de refuerzo
debido al asedio, se atrincheraron en la catedral durante
una semana hasta su derrota cuando los supervivientes
intentaron huir, en varios intentos los días 10, 12, 13, 14 y
15, del edificio, o también en última instancia negociar los
términos de la rendición, a la postre incondicional, el 15 de
octubre. La entrada definitiva de las tropas nacionales en
la catedral, donde ya no quedaba nadie, se produjo el 16
de octubre.
El edificio de la catedral, que se convirtió en baluarte
republicano en la ciudad, sufrió graves desperfectos;
posteriormente la catedral también fue bombardeada por
la aviación republicana. En marzo de 1937, justo antes de
lanzar la ofensiva de la batalla de Guadalajara la ciudad fue
centro de operaciones temporal del general Moscardó.

Sigüenza, en definitiva, ha conseguido preservar su trazado


medieval, influenciada durante seis siglos por el peso que
ha tenido la iglesia católica (aún es sede de una
circunscripción eclesiástica, el Obispado Sigüenza-
Guadalajara). Entre sus monumentos destaca, aparte de la
Catedral, las iglesias de Santiago y San Vicente de estilo
románico, su Plaza Mayor, la Casa Municipal, el Palacio
Episcopal, la pequeña ermita de Humilladero, los restos de
los sucesivos recintos amurallados con sus puertas y
torreones y sectores como su judería. Por su excelso
patrimonio arquitectónico fue declarada Conjunto
Histórico-Artístico en 1965 estando las calles de Sigüenza
repletas de edificios civiles y religiosos de gran belleza.
La ciudad de Sigüenza es una de las que con mayor pureza
guarda la imagen de las antiguas urbes españolas. Su
aspecto general, y el detalle de sus calles, de sus plazas y
monumentos, fielmente conservado todo ello, la hacen
figurar en el reducido catálogo de los más bellos conjuntos
urbanos de toda Europa. Su imponente castillo de siglo XII
marca el perfil de la ciudad y es el punto de partida del
recorrido por su historia. El castillo de los Obispos de
Sigüenza es un palacio-fortaleza erigido en el primer cuarto
del siglo XII sobre otro anterior musulmán de comienzos del
siglo VIII. Fue habitual residencia de los obispos seguntinos
hasta mediados del siglo XIX. Ha sido reformado en los siglos
XIV, XV, XVI y XVIII. Sufrió destrozos a comienzos del siglo
XIX (el año 1811) por la invasión francesa, durante las
guerras carlistas, y en el siglo XX, durante la guerra civil
española del 36 al 39. Todo ello obligó a realizar una
restauración casi total siguiendo los planos y documentos
antiguos. Es Parador Nacional de Turismo desde 1972.

Tiene remotos orígenes romanos siendo los omeyas


andalusíes los que levantaron un primer castillo o alcazaba.
Conquistado para el Reino de Castilla definitivamente en
1124, a los almorávides, por las mesnadas del arzobispo de
Toledo Bernardo de Agén de la Orden de Cluny, reinando en
Castilla Doña Urraca, hija de Afonso VI, el que tomó Toledo,
y madre de Alfonso VII, de la casa de Borgoña, llamado El
Emperador. Desde entonces fue propiedad y feudo de los
obispos de Sigüenza.
En 1298 sufrió el asalto por sorpresa de los partidarios del
Infante Alfonso de la Cerda, aspirante al trono de Castilla,
en la guerra que había en Castilla contra el rey niño
Fernando IV. Estos asaltantes fueron desalojados por los
vasallos del obispo García Martínez tras quemar las puertas
del castillo mediante una cuba llena de tocino.
A principios del siglo XIV el obispo Simón Girón de Cisneros
levantó la nueva puerta defendida por dos torres gemelas
que da a la parte de la ciudad, y en 1355 Pedro I de Castilla
se apoderó del castillo desterrando a su obispo, D. Pedro
Gómez Barroso, y encarcelando en una torre a su esposa,
Doña Blanca de Borbón para evitar que sirviera de apoyo a
los nobles que querían deponerle del trono. Cuatro años
permaneció confinada Doña Blanca en este castillo: cuando
llegó, ya casada, tenía tan sólo dieciséis años. Moriría
asesinada a los veintidós años.
Durante el siglo XV sirvió de refugio contra las razias
efectuadas por los navarros, durante la guerra de los
Infantes de Aragón. El obispo Fernando Luján mandó por
entonces que todos los habitantes de Sigüenza acudieran
armados a las murallas ante el toque de campana, so pena
de la confiscación de sus bienes. A la muerte de Luján, en
1465, Diego López de Madrid fue elegido obispo sin la
aprobación papal, y se hizo fuerte en el castillo. Aunque el
papa no le reconoció en el cargo, resistió allí durante tres
años, al cabo de los cuales la fortaleza no fue tomada por
las armas sino por la traición de un criado. Le sucedió el
gran Cardenal Mendoza, que siendo primero obispo de
Sigüenza, mandó levantar la gran barbacana (o antemuro)
que defiende las puertas y transformó la fortaleza en un
palacio, similar por sus dependencias a las actuales del
Parador.

En los siglos sucesivos el castillo fue muy ampliado y


modificado con edificaciones palaciegas de carácter civil
como el llamado Salón del Trono y otras, abriéndose grandes
ventanas y balcones. A finales del siglo XVIII el obispo Juan
Díaz de la Guerra acentuó el carácter residencial del
castillo, creando oficinas y viviendas para funcionarios. Ha
sido residencia de casi todos los reyes de Castilla a su paso
por el lugar. En 1710, durante la Guerra de Sucesión fue
Cuartel general del Archiduque Carlos de Austria,
pretendiente a la Corona de España. Partidarios de austrias
y de borbones se alternaron en la posesión del castillo sin
que éste sufriera daños. Últimamente y con las sucesivas
obras, tenía más carácter de gran edificio civil que de
castillo guerrero.
En 1808, durante la ocupación napoleónica el castillo es
usado como cuartel de las tropas francesas, que lo dañaron
seriamente y saquearon todas sus riquezas. El
hostigamiento de Juan Martín el Empecinado les obligaría a
abandonarlo momentáneamente, para volver a ocuparlo en
1811. En 1827 vuelve a ser residencia de los obispos, y acoge
al rey Fernando VII y su séquito cuando volvían del balneario
de Solán de Cabras, donde buscaban la solución a la
esterilidad de la reina María Josefa Amalia, que también
buscaron en la ciudad de Sigüenza pidiendo la protección
de Santa Librada. Precisamente aquel rey está en el origen
de las guerras carlistas cuando el castillo sirvió de nuevo
como fortaleza por última vez, sufriendo grandes destrozos
hasta el punto de ser abandonado por los obispos como
residencia.
Su último destino fue como cuartel de la Guardia Civil. En
la guerra civil del 1936-1939 fue destruido y después
abandonado convirtiéndose en total ruina y sufriendo la
depredación de los más valiosos elementos tales como
rejas, azulejería, tallas, etc. Durante la dictadura de
Francisco Franco se decidió reconstruirlo como parador de
turismo.
La actual construcción es casi toda nueva siendo las piezas
auténticas aunque reconstruidas que se conservan, la
Capilla Románica, la Portada y Torres así como la
barbacana, las dos portadas renacimiento del Patio de
Armas y el Salón del Trono. Son de nueva traza las cuatro
fachadas interiores a dicha plaza, comedores, cafetería,
bar, pasadizo elevado y todo el cuerpo de habitaciones y el
patio de ladrillo. Se ha respetado el perímetro general del
castillo siendo la fachada al este absolutamente nueva y las
otras tres reconstruidas y reformadas. Se han cerrado
amplios huecos y derribado añadidos, pretendiendo
devolver el carácter medieval del exterior. Una antemuralla
da acceso a un patio y a la puerta principal, del siglo XIV,
flanqueada por dos cubos con sus matacanes, y almenas en
la parte superior. El gran patio interior albergaba la
población de Sigüenza en caso de ataque. En el centro
permanece el pozo que abastecía de agua a la fortaleza.
Las partes visitables del interior recrean a los salones y
estancias en piedra tallada en que vivieron los obispos y su
corte: mobiliario de época, armaduras, labradas
chimeneas...
La obra se terminó en 1976 y fue su autor el arquitecto José
Luis Picardo por encargo del Ministerio de Información y
Turismo. La inauguración oficial tuvo lugar en 1978 con la
visita del rey Juan Carlos y la reina Sofía.
Una antemuralla da acceso a la puerta principal, del siglo
XIV, flanqueada por dos cubos con sus matacanes, y almenas
en la parte superior. El gran patio interior recuerda las
alcazabas árabes, e igual que en ellas, albergaba la
población de Sigüenza en caso de ataque. En el centro
permanece el pozo que abastecía de agua a la fortaleza.
Las partes visitables del interior recrean a la perfección los
salones y estancias en piedra tallada en que vivieron los
obispos y su corte: mobiliario de época, armaduras,
labradas chimeneas...
De los cuatro lados de que se compone el conjunto, donde
mejor se pueden apreciar los paramentos originales es en
el norte y especialmente en el oeste, que todavía conserva
las torres semicirculares que flanqueaban la entrada
primitiva al castillo en el siglo XIII. En medio del lienzo se
alza una torre rectangular y en las esquinas dos cuadradas.
El castillo, probablemente, estuvo rodeado por un foso en
sus tres cuartas partes, completando la defensa natural del
barranco situado al este.
Desde el castillo nos adentramos por la calle Mayor en la
Siguenza medieval, la cual se caracteriza por calles
estrechas y sinuosas, que reciben el nombre de travesañas,
donde vivian los comerciantes y artesanos y en las que se
ubicaban la Juderia y la Moreria. En esta calle encontramos
monumentos, ademas del castillo, como la Iglesia de
Santiago o la Puerta del Sol. En la Sigüenza Medieval,
concebida, primordialmente para uso y disfrute peatonal,
tienen un valor decisivo los aspectos visuales: disposición;
textura y colorido de las fachadas; relación entre vanos y
macizos; carácter de puertas y ventanas; orientación y
solana de los edificios públicos; jardineras y fuentes. La
zona de edificios más próximos al castillo conserva las
características de los núcleos medievales. Son casas bajas,
de dos plantas la mayoría, y no se construyeron siguiendo
una planificación urbanística, por eso hay muchas calles
estrechas por las que actualmente no podría pasar un
vehículo. Esta zona de viviendas, denominada Las
Travesañas, se caracteriza también por los arcos de una
muralla pre-medieval que rodea la ciudad desde el castillo
hasta la catedral.
La calle Mayor une dos de los puntos mas importantes de la
villa como son el castillo y la Plaza Mayor a traves de una
empinada cuesta empedrada donde podemos contemplar su
arquitectura medieval. Subiendo desde la plaza hacia el
castillo, dejamos a un lado y a otro esos establecimientos
vetustos, de apagado eco, de intenso color en sus
entresijos: la casa de antigüedades de la señora Costero, el
escaparate de Alonso e Hijas con sus cerámicas de alfar del
monte, la portada mínima de esa gran casa de comidas que
lleva el nombre de la calle mayor en que asienta, o el
caserón de la Universidad que da cobijo en forma de
hospedería a estudiantes y peregrinos junto a la casa del
Doncel… otras casas heredadas, de padres a hijos, de
remotos hidalgos a gentes de hoy, y esos palacios que
arremeten al sol con sus escudos y sus ventanales
conopiales. Todo en esta calle, a la que podría llamarse rúa
de antigua que es, suena a clásico, a verdadero, a eterno…
La calle mayor de Sigüenza es la unión de dos viejas
ciudades: la de en torno al río, extramuros, con su catedral
de afuera, y la más alta del castillo y las defensas. Tras la
reconquista, se creó la «puebla alta», rodeando al castillo,
y la «puebla baja» en torno a la naciente catedral. En la
Baja Edad Media se unieron ambos núcleos, creando la
verdadera Sigüenza que fue articulándose en torno a calles
que seguían las curvas de nivel del cerro. Esa es la ciudad
medieval (Sigüenza tiene otras ciudades, la romana
perdida, acaso la islámica, seguro que la renacentista, y la
barroca, abajo junto a la Alameda) y esta es la calle que la
vertebra, de imprescindible paseo.
La iglesia de Santiago es una iglesia románica de finales del
siglo XI, y principios del siglo XII que se levanta en medio
de la Calle Mayor, teniendo una fachada que nos recuerda a
un templo romano. Sirvió como iglesia parroquial. La iglesia
fue erigida por el obispo Don Cerebruno y consta de una sola
nave. Sufrió daños durante la Guerra Civil española y
comenzó su restauración en el año 2007. La iglesia estuvo
una vez unida a un monasterio orden de las clarisas,
abandonado en la década de 1940.
Si se hace un análisis puntual de su ambiente
arquitectónico, la iglesia consta de una sola nave
rectangular, dividida en seis tramos, destaca su portada de
estilo románico abocinada con arquivoltas de diferente
trazado, la cual es semejante a la Iglesia de San Vicente,
aunque algo más trabajada. Sobre la puerta se encuentra
un medallón renacentista con el busto del apóstol Santiago;
sobre el bloque de la portada aparece el escudo de armas
del obispo Don Fadrique de Portugal. Por último, un
campanil termina la fachada. El ábside cuadrado se orienta
hacia la salida del sol, como una torre más de la muralla,
luciendo una ventana románica.
En el interior destaca el presbiterio del siglo XII que se
conecta a la nave por un arco apuntado con sus
correspondientes dobles columnas. El presbiterio es del
siglo XII y consta de una bóveda de crucería en piedra y
clave policromada, ventanas románicas, suelo de piedra del
siglo xii tapado por suelo cerámico y descubierto en las
excavaciones del año 2017, un banco de piedra corrido, la
subida a la torre de campanario y un Yugo o Melena de
campana el cual tiene tallado la concha de Santiago. Bajo
este se encuentra una cripta con bóveda de cañón apuntado
a la cual no se tiene acceso desde la propia iglesia.
Uno de los elementos más preciados de esta iglesia fue el
retablo que fue incendiado tras la guerra civil, una vez
retirado se encuentra una gran pintura en el presbiterio de
la iglesia perteneciente al siglo XV, es decir, antes de que
las clarisas se asentaran en la iglesia. En la pintura se puede
apreciar tras su restauración a pesar de estar deteriorada
la figura de cuatro ángeles.

Bajando por la calle Mayor en direccion a la plaza nos


encontramos en su margen derecho una de las puertas de
acceso al recinto amurallado de la villa, a la cual se accede
a traves de un callejon, como es la Puerta del Sol, una de
las siete puertas originales del siglo XIII que abrieron las
murallas románicas de Sigüenza que conecta dicha calle con
el Paseo de Ronda junto al cauce del rio Vadillo que nos
ofrece hermosas vistas de los alrededores, así como algunas
de las ruinas de la muralla de la ciudad. Orientada a
levante, como es lógico, era una de las primeras que a la
mañana iluminaba el sol y por allí entraban a mercadear las
gentes venidas de fuera.
Seguimos caminando por la calle Mayor contemplando los
edificios medievales que la componen para al final llegar al
espacio magno de la Plaza Mayor, ese espacio en el que sabe
se concentra la memoria de una ciudad, al unísono que los
gritos de sus comerciantes y feriantes. El viajero se queda
admirado de sus dimensiones, de su estructura, de su estilo.
Es probablemente una de las plazas comunales más
hermosas de toda Castilla. Un aliento de tradición, de
versos, de batallas y de amores recorre la frente de sus
edificios. Y en corazón de las casas, del consistorio, y de la
catedral, laten historias largas y profundas.

De estructura rectangular, en uno de sus lados, el de


levante, se abre una galería porticada que va desde el
edificio concejil hasta la Puerta del Toril. Sobre la galería
aparecen las casas que se construyeron para alojamiento de
los miembros del cabildo catedralicio, y que se adornan con
escudos. Enfrente suyo, en el costado de poniente, hay una
serie de viviendas para nobles: la del Mirador y la de la
Contaduría, erigida por el cardenal Mendoza a fines del
siglo XV. En el costado norte la plaza se cierra con la mole
pétrea de la catedral, en la que se abría una portada de
estilo románico a la que llamaban “la puerta del mercado”,
por celebrarse la reunión comercial habitual en la gran
plaza, los días de sábado. Y que luego fue recubierta por un
añadido colosal y barroco, construido por Bernasconi, sobre
el que hoy aparece enhiesta la torre del Santísimo, flacucha
y esbelta como torre boloñesa. Finalmente, en el costado
meridional, se alza hoy el Ayuntamiento, cual corresponde,
pero en un edificio que recibió muchas alteraciones a lo
largo de los siglos, y que inicialmente se construyó para ser
palacio sede de los Deanes capitulares, mostrando doble
nivel de arquerías, solemnes y espléndidas.
El origen de esta plaza tiene fecha concreta, a finales del
siglo XV, cuando gobernaba la diócesis como obispo don
Pedro González de Mendoza, y como vicario y ejecutor real
de cuanto en Sigüenza se hacía, Don Gonzalo Ximénez de
Cisneros, que luego llegaría a ser Cardenal Regente. De
1492 exactamente es la provisión episcopal mendocina, en
la que se ordena trasladar el mercado desde la plaza alta
en que tradicionalmente se celebró (la hoy llamada
Plazuela de la Cárcel) a esta frente a la catedral. Se derribó
lo que de muralla estorbaba para su amplitud, y se
comenzaron a construir las casas de ambos costados. En los
primeros años del siglo XVI ya estaba la plaza tal como hoy
la vemos.
El Ayuntamiento de Sigüenza es un bello edificio de estilo
renacentista construido en el siglo XVI que consta de
fachada con doble arquería de medio punto y un tercero
arquitrabado con soportes de madera junto a un hermoso
claustro que da luz al interior. Junto al ayuntamiento
podemos contemplar una galeria de soportales que en su
origen fueron de madera y que a principios del siglo XVI
fueron sustituidos por arcadas pétreas. En el siglo XVII en el
frente occidental de la plaza, junto a la Tesorería, se
construyó la llamada Casa de Mirador, un edificio municipal
cuajado de amplios balcones de forja desde los que
disfrutar de la variedad de espectáculos que en la plaza se
celebraban, entre los que destacan las corridas de toros.
La Puerta del Toril se abrió en la muralla gótica de la
catedral durante el siglo XIV, en época del obispo Simón
Girón de Cisneros. El antiguo nombre de Puerta de la
Cañadilla, recuerda la vereda de la Mesta que cruzaba cerca
de ella. Más tarde pasa a denominarse Puerta del Toril
debido a la existencia de toriles extramuros. Sobre ella, se
elevó una galería interior corrida para que los canónigos
pudieran participar de las fiestas. Tiene un arco escarzano
rebajado y rampante a cada extremo del acceso. Ambos son
adovelados, con fábrica de piedra arenisca rojiza. La
descarga del arco también es de sillares de arenisca rojiza.
El interior, tiene la cubierta plana, con viguería de madera.
La Torre del Ángel, hoy desaparecida, defendía esta puerta
en su flanco norte. Se destaca el escudo existente, que
aunque en estado muy deteriorado, se sitúa sobre el arco
que da a la Plaza Mayor. Es una de las siete puertas que
abrían la muralla y actualmente enlaza el casco histórico
con la Ruta del Quijote.
Cruzando la puerta nos llevaría al Mirador de la Ronda desde
donde se divisa el camino del mismo nombre que recorre la
muralla de Sigüenza, con espectaculares vistas del Castillo,
la iglesia de Santiago y la Catedral.

Desde el Mirador el turista puede contemplar la Ronda


seguntina, llamada así en clara referencia al camino que
corre a los pies del lienzo oriental de las murallas
medievales de Sigüenza, cuyos vestigios se alzan sobre el
barranco del arroyo del Vadillo. En lo alto del cerro destaca
la recia silueta del castillo, antigua alcazaba islámica, y
residencia de los obispos de la ciudad durante siglos; hoy
transformada en Parador de Turismo. Desde allí, las
murallas descienden hasta la iglesia de Santiago, construida
como el propio lienzo entre los siglos XII y XIII. Destacan en
ella su ábside recto, que se incorporó directamente al muro
defensivo, y su espadaña almenada. De la misma época es
la iglesia de San Vicente ubicada en la Travesaña Alta.
Desde la iglesia de Santiago las murallas siguen
descendiendo ajustadas al cerro hasta la puerta del Sol, que
se llamó antiguamente Portalejo, pues era un simple
portillo cuando se abrió en el siglo XIII. A partir de ella y
hasta la Catedral, las murallas, que aparecen horadadas por
las ventanas y galerías de las casas de la calle y de la plaza
Mayor, se alzaron ya en el siglo XIV. La vista muestra el
acceso a la Plaza Mayor, que durante siglos fue coso taurino
de Sigüenza, por la puerta del Toril, denominada también
de la Cañadilla, en alusión a la cañada de la Mesta que
pasaba cercana.
Esta puerta, sobre la que hoy vemos alzarse intramuros la
rotunda silueta de la catedral, forma parte del recinto
murado que, desde el siglo XIV hasta la actualidad, rodea
el templo y sus dependencias. Si miramos detenidamente la
Catedral, cuya construcción se inició a mediados del siglo
XII, vemos en primer término la torre del Gallo, llamada así
por la figura de su veleta; y tras ella las poderosas torres
almenadas que flanquean su fachada, la de las Campanas y
la torre Nueva, concluidas en los siglos XIV y XVI
respectivamente. Alzándose sobre el crucero, destaca ante
nuestros ojos el cimborrio, que se construyó en los años
cuarenta del siglo XX, cuando se llevó a cabo la restauración
de la Catedral destrozada en la Guerra Civil.
El recorrido visual concluye en el esbelto presbiterio gótico,
al que rodea una girola renacentista. Más al norte, en la
vista ideal, se representa el Colegio de Infantes de coro del
siglo XVIII, actual Josefinos, concluyendo con la cúpula del
convento barroco de San Francisco, actual colegio de
Ursulinas. Merece la pena volver al mirador cuando cae la
tarde para contemplar cómo poco a poco se desvanece ante
nuestros ojos esta panorámica medieval seguntina, que se
convierte en mágica a la luz de las estrellas. Luego
podremos verla iluminarse de nuevo artificialmente y
aparecer ante nuestros ojos otra Ronda muy diferente, pero
no por ello menos bella.

Cruzamos de nuevo la puerta hacia la plaza Mayor donde


vamos a contemplar y visitar el monumento junto con el
castillo mas emblematico de Sigüenza como es la Catedral
de Santa Maria la Mayor.
La catedral de Santa María tiene su origen en enero de 1124,
cuando el obispo Bernardo de Agén conquistó la ciudad a los
musulmanes, en tiempos del reinado de Doña Urraca, hija
de Alfonso VI de León. Fue nombrado obispo en 1121 (antes
de la conquista del lugar), por el arzobispo de Toledo,
Bernardo de Sedirac, de la orden de Cluny, continuando la
influencia de esta orden monástica introducida en el Reino
de Castilla por Alfonso VI y Alfonso I de Aragón, esposo de
la reina leonesa. Este obispo consiguió de Alfonso
VII privilegios y donaciones con los que acrecentar la nueva
población, unificando los dos poblados: el superior en torno
al castillo y el inferior, el mozárabe, en torno al cauce del
Henares. Pertenece a la diócesis de Sigüenza-Guadalajara.
En 1123 o 1124, Bernardo de Agén fue el encargado de
reconquistar Sigüenza y reorganizar radicalmente la antigua
sede episcopal visigótica; dos documentos del siglo siglo
XVI, que se conservan en la catedral, dan como fecha de la
reconquista el 22 de enero, pero falta el año. En cambio, el
año aparece en otro documento, en una carta de la reina
Urraca con fecha del 1 de febrero de 1124.
En el documento se reconoce la carencia y la destrucción
de la ciudad; además, concede a la iglesia y a su obispo el
diezmo de Atienza y Medinaceli. El texto también nombra
la reciente posesión de Sigüenza, pero es casi imposible dar
como bueno que fuera en el mismo año. En aquella época,
en diez días, entre el 22 de enero y el 1 de febrero, no era
suficiente tiempo para que la reina tuviera noticia de la
reconquista y pudiera responder tan rápidamente.
Bernardo de Agén siguió la reforma del papa Gregorio VII.
Al restaurar el obispado estableció el «rito romano» y
suprimió el «rito mozárabe». Durante su largo mandato, de
unos treinta años, recibió donaciones del rey Alfonso VII, así
como el señorío de la ciudad, ya que la ciudad estaba
dividida en dos núcleos: la «Segontia inferior» y, a unos
setecientos metros, la «Segontia superior». Después de la
reconquista, la Segontia superior pasó a pertenecer al rey
que dio al obispo la inferior. Unos cuantos años después el
rey decidió unir ambas partes y formar una única ciudad
que pasó al Cabildo catedralicio.
Durante todo este tiempo el obispo sufrió numerosos
ataques de los musulmanes. No hay pruebas que fuera él el
que empezase la construcción de la catedral y no se sabe
con certeza qué edificio cumplió provisionalmente con esta
función. Murió en el campo de batalla en el año 1152,
sucediéndolo en el obispado su sobrino Pedro de Leucate.

La localización y construcción de la primitiva catedral es


controvertida y difícil de demostrar. Prevalecen diferentes
teorías: una de ellas se basa en un documento del 16 de
septiembre de 1138, en el que el rey Alfonso VII otorga una
«donación» del terreno donde la iglesia episcopal «ha sido
fundada». En 1899, Pérez Villamil, apoyándose en este
documento, dejó escrito que para la reedificación de una
iglesia anterior no hacía falta una donación del rey, porque
ya era «terreno sagrado». Por esto, defendió el hecho de
que la catedral fuera de nueva planta, en el terreno donde
se encuentra en la actual, aunque de proporciones más
pequeñas.
Según un documento de 1144, se dice que Bernardo de Agén
reedifica «con doble muro y torre» una primitiva catedral,
posiblemente sobre los restos de una antigua iglesia
visigoda o mozárabe: Santa María Antiquíssima. Esta
hipótesis la defiende Múñoz Párraga creyendo que esta
reedificación se hizo en el mismo lugar donde se encuentra
la actual catedral.
Explica Severiano Sardina que Bernardo de Agén hizo
construir dos pequeñas iglesias en la Sigüenza superior y
reedificó otra, que se utilizó como catedral. Esta primera
catedral pudo estar construida donde hoy se levanta la
iglesia de Nuestra Señora de los Huertos (las Clarisas),
situada en la Alameda de Sigüenza.
El templo románico tenía una planta de tres naves y una
cabecera con cinco ábsides escalonados desde los laterales
hasta el central mucho mayor. En ambos lados de la fachada
había dos torres de defensa. El segundo obispo Pedro de
Leucate, también de origen francés y sobrino del anterior,
es con el que realmente comienzan las obras de la nueva
catedral con proyectos de maestros del Languedoc, que
siguieron las directrices de la orden de Cluny, ya
introducidas en el país. La construcción empezó por la
cabecera, los cimientos de los muros y las torres. Durante
los años del mandato del siguiente obispo Cerebruno,
natural de Poitiers, se dio un gran impulso a las obras,
cerrando las naves del crucero. Con el cuarto obispo
Joscelmo, al llegar la construcción al crucero y a su nave
transversal, el 19 de junio de 1169 quedó abierta al culto;
de esto da fe un crismón en el tímpano de la puerta de la
torre del Gallo, que indica que las obras habrían llegado a
esta parte del transepto. Los cinco altares de los ábsides
estaban ya consagrados a finales del siglo XII, para seguir
con la norma de la época de que al menos cinco canonges
pudieran decir misa individualmente.
En la época del obispo Arderico el cabildo catedralicio se
trasladó a las dependencias habitables del claustro. Fray
Martín de Finojosa, monje cisterciense y abad del
monasterio de Santa María de Huerta, influyó lógicamente
en el estilo de la construcción, cambiando el estilo
románico por el protogótico. Durante el siglo XIII, el obispo
Rodrigo construyó el muro de la fachada principal y los
cuerpos inferiores de las torres. Se realizaron las tres
puertas románicas de la fachada que corresponden a las
tres naves del edificio y los ventanales con arquivoltas y
columnas de capiteles con ornamentación vegetal. El
rosetón del lado meridional del crucero está realizado con
adornos de arquillos y círculos y es obra del siglo XIII.
La nave central es del siglo XIV y ya con estilo gótico y el
rosetón de la fachada principal, del siglo XV, está rodeado
por diversas molduras en degradación, con una cenefa en la
parte más exterior de «puntas de diamante». En este siglo
XV fue el cardenal Mendoza el que se hizo cargo de las
obras, cubriendo las bóvedas del crucero y reformando las
del presbiterio. En el siguiente siglo XVI, la obra más
importante fue la girola, que para su realización hizo falta
demoler una parte de la cabecera románica, con lo que
desaparecieron las absidiolas.
Durante la guerra civil española, la catedral sufrió graves
destrozos en el año 1936, así que años más tarde se
realizaron reformas con una importante transformación del
edificio, ya que se construyó, entre otras cosas, un gran
cimborio en la parte del crucero. Desde 1943 hasta 1949,
inclusive, el escultor segoviano Florentino Trapero llevó a
cabo, como escultor-jefe, la restauración de todas las
esculturas dañadas.
La fachada principal está situada en el lado de poniente, es
románica, aunque con añadidos posteriores neoclásicos y
barrocos. Forma tres cuerpos, con sus respectivas puertas
que corresponden a las tres naves del edificio, divididas por
dos recios contrafuertes. En ambos lados de la fachada
principal, se elevan dos torres de piedra arenisca, de cuatro
cuerpos, unidas entre sí por una balaustrada de piedra
mandada construir el año 1725.
El atrio fue construido en 1536, después de destruir la
muralla, que se situaba delante de la Catedral. Consta de
veintiuna columnas de piedra caliza, rematadas por leones
cincelados por Francisco de Baeza y mide 48 x 24 metros.
En el lado norte del atrio, se halla la Contaduría del
Cabildo, con tres ventanas platerescas. En 1783 se labraron
las rejas y las dos puertas de forja donde está inserto el
escudo del obispo comitente Francisco Delgado y Venegas
con la inscripción de «M. Sanchez en fecit an. 1783» y una
cruz de coronamiento.
Las tres puertas son de características similares y de estilo
románico, la del centro llamada la «Puerta de los
Perdones», había tenido un mainel que dividía la entrada,
donde estaba colocada una imagen de la Virgen María, está
construida con un arco de medio punto y arquivoltas
sostenidas sobre columnas con capiteles de motivos
vegetales, solamente se aprecian adornos en la primera
arquivolta de entrelazados geométricos. Las hojas de
madera o batientes son de 1625. Encima de ella se
encuentra un frontón con un medallón en bajorrelieve
barroco que representa la escena de La imposición de la
casulla a San Ildefonso y un magnífico rosetón románico de
doce radios del siglo XIII con dibujos de tracería para
iluminar la nave central.
A ambos lados, sobre las puertas laterales, formadas
también con arcos de medio punto y arquivoltas, sendos
ventanales románicos, con arcos de medio punto. Sobre
estos ventanales y sobre el rosetón, tres arcos apuntados,
ojivales, que indican la altura de las naves y muestran la
transición al gótico de la obra. La puerta mejor conservada
es la del lado del evangelio, donde se pueden apreciar
ornamentaciones en sus arquivoltas, la mayoría vegetales
con grandes hojas y entrelazados ovoides así como bandas
jaqueadas sostenidas sobre columnas con capitales también
tallados.
La Torres de la fachada principal que inicialmente
estuvieron aisladas, se construyeron con miras defensivas y
más tarde se unieron a la muralla. A ambos lados de la
fachada principal, se elevan las dos torres de piedra
arenisca, de planta cuadrada tienen tres cuerpos inferiores
con unas pequeñas ventanas románicas, una por lado, y en
el cuarto cuerpo dobles ventanales con arcos de medio
punto, se termina este cuerpo con merlones y unas esferas
de piedra. La torre de la derecha, llamada de «Las
Campanas», tiene una altura de 40,5 metros, con una
escalera interior de 140 escalones, su último cuerpo fue
añadido en el siglo XIV, por el obispo Pedro Gómez Barroso,
que también hizo recubrir de piedra de sillería la obra
inicial, hecha en mampostería y con los escudos del obispo
y del rey Pedro I colocados sobre el muro del cuarto piso.
La torre de la izquierda, llamada de «Don Fadrique» tiene
una altura de 41,7 metros y se terminó en el siglo XVI, tiene
inscrita la fecha de 1533 y el blasón del obispo Fadrique.
Girando por la torre de «Las campanas» se encuentra la
fachada sur, correspondiente a uno de los extremos del
crucero de la catedral. En la nave central (más alta), se
puede observar los vitrales ojivales góticos, separados por
contrafuertes, con los aleros, apoyados sobre canecillos,
con formas de animales, alternando con metopas decoradas
con motivos vegetales. Los ventanales de la nave lateral
(inferior) muestran la transición románico-ojival, con aleros
y cornisa de arquillos ciegos.
Más hacia levante, encontramos la Puerta del Mercado,
antiguamente de «La Cadena», que da a la Plaza Mayor, de
estilo románico, del siglo XII; esta puerta está cubierta por
un pórtico cerrado, de estilo Neoclásico, construido en 1797
por el arquitecto Bernasconi por encargo del obispo Juan
Díaz de la Guerra. Sobre la portada, un rosetón románico
de transición, del siglo XIII, con un diseño de la tracería muy
original.
La llamada torre del «Gallo» es de comienzos del siglo XIV,
hacia 1300, y en sus orígenes fue atalaya militar, para
trasmitir señales que se pudieran ver desde el castillo de
Sigüenza. Ha sufrido varias restauraciones a lo largo de los
años. Sobre la nave central, el cimborrio, de la época de la
posguerra española.
La fachada norte es análoga a la del lado opuesto, con un
rosetón diferente; en esta fachada, la torre se halla sobre
la sacristía de Santa Librada, en el brazo del norte del
transepto; la altura de esta torre es la de la nave central,
y permanece inconclusa.
En la fachada este, correspondiente a la cabecera del
templo, destaca poderosamente la presencia de la girola
que sustituyó, a las cinco capillas absidiales, románicas,
que hubo en origen. La linterna y los altos ventanales
góticos, corresponden al presbiterio.
La catedral, se compone, actualmente, de una planta de
cruz latina, con tres naves, amplio transepto y cabecera con
un gran ábside, que contiene la capilla mayor, rodeada por
la girola o deambulatorio. Tiene 80 m de largo, 31 m de
ancho, de un extremo a otro del crucero, y 28 m de longitud
en las otras naves. La nave central, de algo más de 10 m de
ancha, tiene 28 m de altura, las laterales 21 m.
Las naves están separadas, por enormes pilares, que están
compuestos cada uno por veinte columnas adosadas con
capiteles de tema vegetal, donde se apoyan los arcos
fajones y los arcos formeros. De los capiteles arrancan los
nervios pétreos, que forman las bóvedas ojivales de
crucería, en general son de crucería simple con dos nervios
diagonales, aunque hay, dos bóvedas sexpartitas, a los lados
del crucero o incluso octopartita, en el cimborio. Tres de
los cuatro pilares que enmarcan el coro, son diferentes del
resto del edificio, están constituidos por grandes columnas
cilíndricas con ornamentación románica en la parte inferior
y gótica en la superior.
La planta del templo fue cambiando con el tiempo, ya que
en origen no figuraban capillas laterales y así sucede aún en
la nave de la Epístola que sólo dispone de algún altar y algún
sepulcro adosados al muro del coro, en cambio en la nave
del Evangelio se fueron acondicionando capillas que llegan
hasta el muro contiguo del claustro.
La primera capilla del lado izquierdo en los pies de la
catedral, es la conocida como parroquia de san Pedro. Está
situada, en el lugar donde había habido antiguas
dependencias monásticas, en la galería oeste del claustro
con entrada por la catedral, es obra del siglo XV, construida
en 1455 por orden del obispo Fernando Luján y que fue
dedicada al Corpus Christi. Su portada es plateresca,
realizada por Francisco de Baeza, donde se muestra el
escudo del obispo comitente. La reja es gótico-plateresca
de Juan Francés realizada en 1533. Al final de este mismo
siglo se produjo el traslado de la parroquia de san Pedro,
que se encontraba en la derecha de la capilla mayor y desde
entonces se la conoce por este nombre.
Fue muy transformada y ampliada por el obispo Pedro de
Godoy en 1675, que añadió tres tramos a la bóveda con el
mismo estilo gótico de crucería estrellada, a pesar de
corresponder la obra a finales del siglo XVII. El altar mayor
lo preside una imagen de san Pedro, y bajo esta estatua se
encuentra la Santísima Trinidad obra del escultor Mariano
Bellver y Collazos de 1861, está tallada en madera y
policromada. Se representa mediante una iconografía
inspirada en los modelos del barroco español: Dios Padre
sentado, sosteniendo en su mano izquierda globo
terráqueo, a su lado también sentado Jesucristo que porta
una cruz y entre ellos el Espíritu Santo con forma de
paloma. El grupo está situado sobre una nube en la que dos
ángeles contemplan la escena rodeados por querubines. La
planta es rectangular bastante alargada pues ocupa toda la
parte oeste del claustro.
En el muro de esta capilla se encuentra el sepulcro del
primer obispo fundador Fernando Luján del siglo XV, es
gótico con escenas en tres relieves de la vida de santa
Catalina de Alejandría colocados encima de la figura
yacente, esta escultura del obispo se encuentra sobre un
arco que da paso al baptisterio y en posición frontal al
espectador, seguramente fue trasladada de su lugar original
durante las obras del siglo XVII, se puede leer una
inscripción que dice: «El señor obispo Lujan. Año
MCCCCLXV. Último electo por el cabildo».
La Puerta de San Valero se muestra en ella una mezcla de
estilos como en las pilastras renacentistas, arabescos
mudéjares y arcos de estilo gótico, aunque es de principios
del siglo XVI, fue construida por Domingo Hergueta. Esta
puerta da entrada al claustro, donde se halla la capilla de
san Valero, la más antigua de la catedral, con planta
románica y verja gótica.

La Capilla de la Anunciacion fue fundada en 1515 por el


provisor Fernando Montemayor, su magnífica portada está
decorada al «estilo Cisneros», consta de una parte baja de
pilastras platerescas donde se encuentran pequeñas
hornacinas que alojan las imágenes de san Miguel y
Santiago, en el arco la ornamentación se compone de
elementos mudéjares geométricos de líneas entrecruzadas,
formando figuras de lacería estrellada y poligonal entre los
que se encuentran escudos del fundador de la capilla y en
el friso que le sigue también de lacería se encuentra el
escudo del cabildo catedralicio con una escena de La
Anunciación bajo arquillos góticos, rematado por una
cornisa, muy decorada de tipo árabe, con una figura de
león, en cada extremo, el coronamiento de la portada lo
constituye unos arcos en estilo gótico con la representación
de un Calvario en el punto central. La reja es gótica, de
Juan Francés, con barrotes retorcidos y temas
ornamentales renacentistas. El interior de la capilla está
cubierta con una bóveda gótica y en su muro izquierdo se
encuentra el sepulcro de Fernando Montemayor, realizado
en estilo plateresco y policromado, está el sepulcro con la
estatua yacente dentro de un arcosolio de medio punto, al
fondo del cual se encuentra un relieve también policromado
con el Padre Eterno en el centro y a sus lados dos ángeles
en oración. Enfrente mismo de este sepulcro está colocado
el del obispo Eustaquio Nieto y Martín.
La Capilla de San Marcos tiene La fachada de estilo gótico y
cuyo intradós, muestra una gran decoración gótico
plateresca. El comitente de esta capilla fue Juan Ruiz de
Pelegrina que tiene su sepultura en el interior de la capilla.
Hay un retablo con seis tablas de pintura del siglo XVI de
Francisco del Rincón.
El Sepulcro de Juan González Monjua y Antón González que
algunos autores atribuyen a dos hermanos, pero que, de
hecho, eran tío y sobrino, llama la atención la forma en la
que están colocadas las figuras de ambos, la que representa
a Juan González Monjua está situada sobre el sarcófago y
formando un ángulo contra el muro, se encuentra la de su
sobrino Antón González, los dos tienen unas vestiduras muy
similares y cubren sus cabezas con bonetes. En el frontal
del sepulcro hay grabado un escudo en el centro, sostenido
por dos ángeles.
Juan González Monjua ocupó el cargo de embajador de Juan
II de Castilla delante de Alfonso el Magnánimo, en los
conflictos que tuvo este monarca con el reino de Castilla
durante la «Guerra de los Infantes de Aragón», mientras, su
sobrino Antón González fundó una institución, dedicada a
ayudar a los pobres, llamada el «Arca de Misericórdia».

Termina esta nave del Evangelio con los altares, de san Juan
Bautista formado con un arco plateresco realizado por
Francisco de Baeza en 1530 y con un retablo barroco del
siglo XVIII. Enfrente adosado en el muro del coro está el
altar dedicado a san Miguel del siglo XVII.
El Crucero tiene una longitud de más de 36 metros y la
misma altura que la nave central. Después de la guerra civil
de 1936, durante las obras de restauración de la catedral se
construyó en el centro del crucero un cimborio. En la época
románica el crucero estaba sin ningún tipo de altares ni
retablos, a principios del siglo XVI y en estilo plateresco se
colocaron los de santa Librada y el de Fadrique de Portugal
al lado norte y en el lado sur tiene la puerta que da a la
plaza mayor de la ciudad con un rosetón románico, la
capilla del Doncel y el altar de Nuestra Señora de la Leche.
Se encuentra cubierto con bóvedas nervadas, la bóveda del
cimborio es cuadrada con ocho particiones y ocho
ventanales ojivales que dan paso a la luz natural, los
laterales del crucero, están cubiertos por bóvedas
sexpartitas.

La Sacristia Moderna o de Santa Librada se encuentra en la


parte norte del transepto. Tiene una portada plateresca de
Francisco de Baeza, pilastras planas, sobre pedestales, con
jambas y dintel con adornos vegetales tallados. Tiene un
gran friso y frontón, con las armas del obispo Fadrique de
Portugal.
Junto a la portada anterior se encuentra Puerta del Pórfido
y del Jaspe de comienzos del siglo XVI, su decoración es de
estilo plateresco, con pilastras lisas y una serie de frisos. Da
paso al claustro, donde en esa parte se halla la Puerta de
Jaspe de 1507, en mármol amarillo y rojo; es la parte
renacentista más antigua de la catedral.
Era normal que las catedrales de la Edad Media se pusieran
bajo la protección de las reliquias de un mártir, y con tal fin
el obispo Bernardo de Agén trajo a Sigüenza las de la mártir
santa Librada, del siglo IV, desde Aquitania.
El retablo de Santa Librada se encuentra en el extremo
norte del transepto y fue mandado realizar por el obispo
Fadrique de Portugal. Ejecutado como un gran mausoleo en
piedra caliza, está dedicado a santa Librada. En él se
aprecia la perfecta conjunción entre arquitectura,
escultura y pintura que es propia del arte del renacimiento-
plateresco. Arquitectónicamente toma la forma de un arco
de triunfo de tres cuerpos, trazado por Alonso de
Covarrubias en 1518 y realizado por Francisco de Baeza, con
una bóveda de arco de medio punto con casetones y en
ambos lados hornacinas con imágenes de los evangelistas y
de los padres de la Iglesia, así como escenas de la virgen
María y de santas, todo entre columnas sobre pedestales.
En la parte media del gran retablo se encuentra una urna
de plata con las reliquias de la santa, protegida por una reja
de Juan Francés. En el ático se encuentra un altorrelieve
de la Virgen María rodeada de ángeles.
En la parte inferior, detrás del altar y dentro del arco de
medio punto, es donde se encuentra el retablo propiamente
dicho, formado por dos cuerpos y tres calles, la central más
amplia y alta que las laterales, con seis pinturas sobre tabla
de Juan Soreda realizadas entre 1525 y 1528. La tabla
central del cuerpo superior representa la Deesis y las cinco
restantes escenas de la vida de la mártir: Librada y sus
hermanas frente a Catelio; Librada y sus hermanas
deliberan sobre su suerte; Librada reconforta a una de sus
hermanas; Decapitación de santa Librada y Santa Librada
entronizada, esta última en la calle central del cuerpo
inferior. La imagen de Santa Librada entronizada está
inspirada en el grabado de Marcantonio Raimondi de la
Virgen de las nubes de Rafael Sanzio. La mártir se encuentra
sentada con un libro en la mano y la palma del martirio en
la otra. En el friso pintado en el edificio de arquitectura
clásica que cobija el trono de la santa, se encuentran
representados cuatro trabajos de Hércules, con un
significado simbólico en relación con las virtudes de la
mártir, que prefirió la muerte antes que ceder a los placeres
terrenales, así como Hércules tuvo que luchar con fieras
como alegorías de los vicios, para conseguir la
inmortalidad. Era el mensaje moralizante del renacimiento
para presentar la vida ejemplar de santa Librada y sus
hermanas, como dice Santiago Sebastián.
El mausoleo de Fadrique de Portugal es de estilo plateresco
y realizado por mandato del mencionado obispo bajo el
diseño de Alonso de Covarrubias al tiempo que se construía
el retablo de santa Librada, con el que hace esquina en la
parte norte del crucero de la catedral, por lo tanto se hizo
cerca de 1520. La ejecución del retablo la llevó a cabo
Francisco de Baeza y sus colaboradores Sebastián de
Almonacid y Juan de Talavera, finalizando el proyecto para
el año 1539, fecha del fallecimiento del obispo en
Barcelona, desde donde fue trasladado y enterrado en este
lugar. Consta el retablo de tres cuerpos más banco y ático
con tres calles. En el banco se encuentra una cartela que
alude al obispo y varios adornos de grotescos y motivos
vegetales, en el primer cuerpo en la parte central se
encuentra un gran escudo con las armas del obispo y dos
hornacinas en ambos lados con las imágenes de san Andrés
y san Francisco, el segundo cuerpo dentro de una hornacina
está la imagen del obispo Fadrique arrodillado en compañía
de dos clérigos, con otras dos imágenes en las calles
laterales también dentro de hornacinas de san Pedro y san
Pablo, sobre este cuerpo hay un relieve de una Piedad y en
ambos lados los escudos del mecenas y para terminar en el
ático un Calvario policromado.
La Capilla del Doncel está situada en el lado sur del
transepto, llamada también «capilla de San Juan y Santa
Catalina» y que antiguamente formaba parte de una de las
capillas absidiales de la catedral románica, la dedicada a
santo Tomás de Canterbury. La entrada a la capilla se realiza
a través de una reja ejecutada por Juan Francés entre 1526
a 1532, la portada es de estilo plateresco y la construyó
Francisco de Baeza. En el interior hay varios
enterramientos, destacando en el centro del panteón el
mausoleo, de estilo renacentista, de los padres del Doncel,
Fernando de Arce y Catalina de Sosa, sostenido por leones
y con estatuas yacentes de ambos, la cabeza de ella sobre
un cojín, la de él sobre laureles, indicando que murió
guerreando. Destaca también, en el muro, el sepulcro
plateresco de Fernando Vázquez de Arce, obispo de
Canarias, consejero de Fernando el Católico y hermano del
Doncel, el cual adquirió la capilla a la familia de La Cerda,
antiguos propietarios desde el siglo XIV, con el fin de que
sirviera como capilla funeraria para él y sus familiares,
firmando el decreto por el que adquirían el derecho de
sepultura el 9 de enero de 1487.
Pero la obra maestra de esta capilla y quizás de la catedral,
es el enterramiento de Martín Vázquez de Arce, el Doncel
de Sigüenza: ...una de las obras maestras de la escultura
funeraria. Fue encargada por su hermano, Fernando
Vázquez de Arce, y, aunque se desconoce con exactitud el
escultor, se le atribuye a Sebastián de Almonacid, que la
realizaría en el taller que tenía en Guadalajara. La fecha
de realización de este conjunto funerario es entre 1486,
año de la defunción del Doncel, y 1504, en que sale citado
en el testamento de su padre como ya realizado en la
capilla de la catedral. Azcárate Ristori data su erección en
los años 1490-1491, a lo sumo extendiendo esta fecha hasta
1495.
El sepulcro colocado sobre tres leones está bajo una
hornacina en arco de medio punto, con la estatua del
Doncel en alabastro, está vestida con armadura y con la
cruz de Santiago en el pecho, se aprecia el puño de una
espada y un pequeño puñal en la cintura, la cabeza está
cubierta con un bonete que se le adapta totalmente, pero
lo que más resalta es que no es una figura yacente,
dormida, sino que se encuentra recostado, con una pierna
sobre la otra y apoya el brazo medio incorporado, en
actitud de leer un libro que sostiene abierto en sus manos,
en el frente del sepulcro dos pajes sujetan el escudo de
armas y se encuentra ornamentado con delicadas tallas en
candilieri. Toda la obra está policromada. La fecha de
realización de este conjunto funerario es entre 1486, año
de la defunción del Doncel y 1504 en que sale citado en el
testamento de su padre como ya realizado en la capilla de
la catedral.
El Retablo de San Juan y Santa Catalina se encuentra en el
crucero, al lado de la capilla del Doncel y proviene de la
sacristía de la mencionada capilla. Se compone de varias de
las tablas realizadas hacia 1440, encargado por la familia
de la Cerda. Las tablas están pintadas en un estilo gótico
italianizante y en la tabla central se representa la
Crucifixión mientras en las otras son escenas de la vida de
san Juan y de santa Catalina, se conserva también la
predela donde se observan diversas imágenes pintadas de
los profetas. De este mismo retablo se encuentran diversas
tablas guardadas en el Museo del Prado.

El Retablo de Nuestra Señora de la Leche está adosado, al


pilar delantero del lado de la Epístola del coro, la imagen
es de alabastro, de 1514, obra de Miguel de Aleas; el
retablo, realizado en estilo plateresco es de Francisco de
Baeza, las columnas, que enmarcan la media cúpula
avenerada, también son del mismo material, terminando
con un friso y un frontón, con el escudo del Cabildo
catedralicio.
La Girola se construyó a finales del siglo XVI, abandonando
la tipología anterior con el derribo de la antigua cabecera
románica absidal con cinco capillas y substituyéndola por
un deambulatorio que giraba alrededor del ábside mayor.
Esta girola, presenta unas bóvedas de medio cañón, con
arcos transversales circular de la nave, una de las capillas
existentes en el siglo XII, la de san Juan Bautista y que había
quedado su entrada tapiada por el mausoleo del obispo
Fadrique, se convirtió en la sacristía menor o de los
Mercenarios, haciéndose su acceso por la girola en el lado
del Evangelio, tiene una portada barroca de 1688. A
continuación se encuentra el sepulcro, de mármol blanco,
del obispo Bernardo de Agén bajo un arcosolio y realizado
en 1449 por Martín de Lande y que fue colocado en este
lugar en 1598, a su lado se encuentra la sacristía mayor o
«capilla de las cabezas» y la capilla del Espíritu Santo. La
girola se fue construyendo y colocando en ella cinco altares
a medida que la obra avanzaba en su construcción: el de
san Ildefonso y el de san Felipe Neri en 1565, el de Nuestra
Señora del Rosario en 1639, el de san Roque en 1662 y el de
san Pedro Arbués el 1667. Por este lado hay una puerta de
acceso a la capilla y sacristía del Cristo de la Misericordia.
Los maestros de obra de la girola durante estos años fueron
los llamados «cinco Juanes», por coincidir su nombre de
pila; Juan Vélez, Sánchez del Pozo, Gutiérrez de Buega, de
Ballesteros y quien la finalizó Juan Ramos.
En la girola pero ya en el lado de la Epístola se encuentra
esta capilla que fue antiguo sagrario o sacristía mayor, con
portada plateresca, de arco de medio punto y un frontón
triangular renacentista, muy recargado, construida en 1498
por Miguel de Aleas y Fernando de Quejigas. La reja fue
labrada por Domingo Zialceta en el año 1649. En el interior,
tiene una bóveda gótica tardía del siglo XV, un retablo
barroco del siglo XVII y un crucifijo, tallado en madera,
llamado Cristo de la Misericordia datado del siglo XVI, esta
capilla tiene también su correspondiente sacristía.
Situada en la parte norte de la girola se situa la Sacristia
Mayor o de las Cabezas cuyo acceso se hace a través de una
portada de piedra en estilo plateresco realizada en 1573 por
el maestro de obras de la catedral Juan Sánchez del Pozo,
presenta dentro de unas hornacinas diversas imágenes de
apóstoles y las puertas son de madera de nogal talladas por
Martín de Vandoma con catorce relieves de santas mártires.
En 1532, Alonso de Covarrubias hizo el diseño, trazando los
planos hasta que en 1534 fue nombrado maestro de obras
de la catedral de Toledo por lo que abandonó Sigüenza, la
construcción de la sacristía continuó a cargo del arquitecto
Nicolás de Durango hasta su fallecimiento en 1554. Fue
entonces cuando el cabildo de la catedral contrató para su
substitución a Martín de Vandoma, cuatro años más tarde
las obras se pararon al ser despedido Vandoma en 1559, sin
que se sepa el motivo. Ante diversas quejas por parte de
Vandoma, el cabildo accedió a volverlo admitir. y que
continuase la obra de la sacristía, según una acta capitular
del 18 de marzo de 1560, a partir de entonces aún continuó
durante dieciocho años más trabajando en diversas obras
de la catedral hasta su defunción en 1578.
El interior de la capilla, es de planta rectangular con arcos
de medio punto adosados a sus muros, donde está colocado
el mobiliario propio de sacristía, desde estos arcos hay una
cornisa donde se inicia la bóveda de medio cañón,
completamente cubierta con casetones, en los que están
esculpidas más de 300 cabezas representando toda clase de
personajes de la época desde obispos a monjes, de
guerreros a reyes, de campesinos a nobles. En los ángulos
de los cuadrantes donde están los relieves de las cabezas
hay otras más pequeñas de querubines y otros cuadrantes,
alternándose con los anteriores, con rosas. El mobiliario de
cajonería de madera de nogal que también fue realizada
por Martín de Vandoma con adornos platerescos.
Desde la sacristía de las Cabezas, se entra a la capilla del
Espiritu Santo de factura plateresca, por medio de una
portada muy ornamentada y una reja plateresca de hierro
forjado, obra de Hernando de Arenas, de 1561, según un
diseño de Esteban Jamete y costeada por el obispo
Fernando Niño de Guevara hacia 1561. El escudo del obispo
está en ella y es una de las mejores rejas de la catedral. En
el contrato de la reja se estipula que Hernando de Arenas
cobraría mil ducados y que se realizaría en Cuenca, pero el
dorado se haría en Sigüenza por Pedro de Villanueva.
La capilla fue trazada por Esteban Jamete con planta
cuadrada y con ornamentación plateresca. Está cubierta
con una cúpula semiesférica sobre pechinas, que soportan
una linterna majestuosa con la imagen del Padre Eterno,
obra de Martín de Vandoma. Muestra en sus muros una
Anunciación, donde la Virgen y el Árcangel están en muros
opuestos. Sobre el altar, hay bustos de santos que contienen
reliquias y, entre otras, una talla de ciprés del obispo san
Martín de Hinojosa.
En la Nave Central la parte inicial del presbiterio, es de
planta cuadrada y cubierta con una bóveda sexpartita, deja
espacio para cuatro ventanales de estilo ojival, en las
fachadas norte y sur. La nave principal se comenzó en 1495,
en estilo gótico final, con la reedificación de las crucerías
de esta nave y la parte superior de la capilla mayor; ésta se
cierra en la zona del transepto con la reja del coro y
enfrente cierra la reja de la capilla mayor. La cubierta y la
linterna del transepto, bombardeadas en 1936, han sido
reconstruidas con altas bóvedas góticas que apoyan en
gruesos pilares fasciculados y cilíndricos. Las ventanas de la
nave central son de gran tamaño, teniendo en cuenta que
la parte alta se erige pasado el primer cuarto del siglo XIII,
bajo el influjo del arte gótico del norte de Francia. Los
tramos de la nave mayor son más largos que anchos. La
consecuencia es que los apoyos están bastante separados y
la bóveda, que cubre una superficie considerable, produce
un gran empuje.
En ella podemos contemplar dos pulpitos situados a ambos
lados de las columnas que la sujetan. Uno se encuentra
situado en el lado del Evangelio junto a la entrada de la
capilla mayor. Se construyó este púlpito a finales del siglo
XVI, es una obra importante de estilo plateresco de planta
octogonal y con escenas de la Pasión de Cristo. Se sostiene
sobre una columna cilíndrica de fuste estriado con capitel
jónico-corintio, fue construido por el artista Martín de
Vandoma el año 1572. El otro se encuentra en el lado de la
Epístola a la entrada de la capilla mayor. Realizado en
mármol blanco, es de estilo gótico, que encargó y donó el
cardenal Mendoza. Presenta en sus relieves temas alusivos
al cardenal-obispo; fue realizado por Rodrigo Alemán en
1495-1496, se encuentra sobre una columna octogonal con
capitel de orden corintio.
La Capilla Mayor está situada en lo que era el ábside mayor
de la construcción románica, tiene una cubierta de bóveda
dividida en nueve partes, con siete ventanales de arcos
apuntados. Tuvo el coro primitivo de alabastro adosado en
sus muros y presidido por la cátedra del obispo, hasta que
en el siglo XVI se trasladó al centro de la nave principal
después del crucero y en 1491 el cardenal Mendoza mandó
construir uno nuevo de madera. Fue en época de este
obispo cuando fue restaurada la capilla e hizo elevar los
muros y la bóveda del ábside.
Se accede a este recinto, entre dos púlpitos, uno gótico y
otro plateresco y por una reja plateresca de hierro forjado,
realizada por Domingo de Zialceta en el año 1633, rematada
con un calvario en su parte superior realizado por Rodríguez
Liberal.
En su interior en ambos lados se encuentran situados
diversos sepulcros. En el muro derecho de la Epístola, sobre
la puerta que da a la girola, hay el enterramiento gótico-
borgoñón, del obispo Alonso Carrillo de Albornoz, cardenal
de San Eustaquio; fue mandado construir por su sobrino el
obispo Alonso Carrillo de Acuña, está la figura yacente
tratada con gran realismo, y es tenida como ejemplo de
escultura funeraria gótica castellana del siglo XV, a sus
lados se encuentran las estatuas de san Pedro y san Pablo y
por encima de éstas unos pináculos que terminan en una
hilera de arcos ciegos el sepulcro está dentro de un arco
conopial. Entre otros se encuentra también el sepulcro del
obispo Pedro de Leucate, primer constructor de la catedral,
aunque la imagen yacente fue realizada, más tarde, por
orden del cardenal Mendoza, con vestido pontifical, mitra
y báculo pastoral, por lo tanto con vestiduras posteriores a
su defunción.
El retablo para la capilla mayor, fue un encargo del obispo
franciscano fray Mateo de Burgos a los escultores Pompeo
Leoni y Giraldo de Merlo, los cuales firmaron el contrato
para su ejecución el 24 de septiembre de 1608. Con motivo
de la defunción ese mismo año de Pompeo Leoni, se hizo
cargo de su realización Giraldo de Merlo. Las trazas se
hicieron, según el deseo del obispo, ocupando el máximo
del espacio posible pero dejando libre la parte superior
donde se habían de colocar unos vitrales, también donados
por el mismo obispo. Se construyó entre 1609 y 1613 en
estilo manierista y la policromía fue realizada por los
pintores Diego de Baeza y Mateo Paredes.
Consta de predela con tres cuerpos de diferentes órdenes,
jónico, corintio y compuesto, y un coronamiento superior.
En la predela se encuentran cuatro relieves con escenas de
la Pasión de Cristo. En el primer cuerpo, en la calle central
hay un tabernáculo de tres pisos con las imágenes de san
Pedro y san Pablo, la Última cena y en el último piso el
Salvador. En las calles laterales con la separación hecha con
columnas jónicas, se encuentran en los extremos las figuras
de san Andrés y san Francisco de Asís, en la calle lateral
derecha la Transfiguración de Cristo y en el lado izquierdo
la Inmaculada Concepción. En el segundo cuerpo el orden
de las columnas es corintio, en la calle central se encuentra
la Asunción, en el lateral derecho un gran relieve de la
Adoración de los Reyes, en el lado izquierdo la Natividad y
en los extremos las imágenes de santa Ana y santa Librada.
En el tercer cuerpo en la parte central se encuentra un
Calvario: Cristo en la cruz con María y san Juan Bautista y a
sus lados los relieves del Pentecostés y la Ascensión de
Cristo con dos figuras exentas de santos en cada extremo.
El coronamiento final del retablo se realizó con un gran
escudo del obispo comitente sostenido por dos ángeles y dos
representaciones de las virtudes.
El Coro situado en el centro de la nave principal, fue
construido por iniciativa del cardenal Pedro González de
Mendoza, substituyendo al anterior realizado en alabastro
y que estaba colocado primero en la capilla mayor y más
tarde había estado trasladado a la nave central.
La planta del recinto es rectangular, y está compuesto el
coro por ochenta y cuatro asientos, situados en dos filas, la
segunda más elevada, la sillería es de nogal, con los
respaldos, con ornamentación de estilo gótico de celosías
que no se repiten y escudos de armas obispales; sobre los
asientos de la sillería alta, hay un dosel corrido, en gótico
florido.
En el centro de esta sillería se encuentra la silla episcopal
de respaldo tallado con dos imágenes y el escudo del
cardenal Mendoza, está cubierta con un gran dosel con
pináculo realizado en el mismo estilo. Fueron diversos los
tallistas escultores que trabajaron en la sillería del coro
bajo la dirección de Martín Sánchez, también participó el
vecino de Sigüenza llamado Alfonso González, en 1503
estaban trabajando en él, Petit Juan, Francisco Coca y
Martín Vandoma, la silla del obispo se cree que fue realizada
por el maestro Rodrigo Alemán, que también trabajó en la
sillería baja.
Coronando la sillería superior y sobre el dosel corrido, se
extienden dos tribunas, donde se encuentra el órgano
churrigueresco, con una balaustrada plateresca y escudos
del cabildo catedralicio y del obispo comitente Fadrique de
Portugal. Se cierra el recinto con una reja renacentista de
hierro forjado del año 1649, que presenta tres imágenes en
la parte superior de santo Domingo Guzmán, la Virgen del
Rosario y santo Tomás de Aquino, realizadas en chapa
recortada por el artista Domingo de Zialceta bajo el
patrocinio del obispo Pedro de Tapia.
En la época del renacimiento, la catedral consta que tenía
tres órganos entre los años 1522 y 1538. En los libros de
obra del templo hay noticias de los trabajos que se iban
realizando en los órganos ya fueran de talla o de pintura,
así el maestro Pierre realizó el coronamiento del órgano
pequeño y Fernando de Carasa las puertas de todos los
órganos; Juan de Artega pintó barandillas y tribunas de los
órganos y del coro, Villoldo pintó los medianos y su caja, las
puertas y el coronamiento del pequeño en el año 1526, Juan
Soreda, también en el mismo año, consta que pintó los
órganos grandes y nuevamente a los diez años se encargó a
Pedro Villanueva la pintura de «las puertas y caja de los
órganos grandes».
Los obispos que más se ocuparon de la actividad musical de
la catedral fueron Fadrique de Portugal, personaje culto y
que por sus acciones políticas llegó a ocupar el cargo de
Virrey de Cataluña y también el obispo Pedro de la
Gasca tuvo gran preocupación por la música.
La capilla de música de la catedral, tuvo buenos maestros,
durante el mandato del cardenal Mendoza ocupó el cargo
de organista Villagrán a quien le sucedió, en 1504, Pierres
de origen francés, más tarde en 1530 se nombró a Cristóbal
de Morales como uno de «los maestros que vinieron a ver
los órganos». Otros personajes conocidos constan en el
archivo de la catedral, Mateo Flecha el Viejo en 1539,
Francisco de Salinas en 1559 a quien sucedió Hernando de
Cabezón hijo de Antonio de Cabezón desde 1563 a 1564.
El día 26 de noviembre de 2011 se procedió a la bendición
e inauguración del nuevo órgano en la S.I. Catedral Basílica
de Sigüenza, dedicado a San Pascual, habiendo sido
construido por El Taller de Organería Acitores, de
Torquemada (Palencia). El órgano de San Pascual de la
catedral seguntina consta de dos teclados manuales de 56
notas y teclado pedalero de 30 notas, transmisión mecánica
de notas y registros, 3 acoplamientos y un trémolo. Tiene
1.390 tubos distribuidos en 30 registros. El nuevo órgano
viene a sustituir, y en su mismo lugar, en el coro alto de la
Catedral, al construido en 1750 por el organero navarro
Joseph Loytegui, que fue destruido durante la Guerra Civil,
en 1936.

Entrando por la fachada principal lo primero que sorprende


del templo es el conjunto monumental de estilo barroco de
que consta el trascoro. Hasta el siglo XVII se encontraban
adosados en su muro tres altares. En 1666 por deseo del
obispo Andrés Bravo de Salamanca, encargó a Juan de
Lobera y Pedro Miranda la realización del gran retablo
barroco para colocar la imagen de Santa María de la Mayor,
de quien era muy devoto el obispo.
El altar está constituido por seis grandes columnas
salomónicas de mármol negro traído desde Calatorao, otras
cuatro columnas un poco más pequeñas son de mármol rojo
de Cehegín y también se utilizó el mármol blanco de
Fuentes de Jiloca. En una hornacina colocada en la parte
central del retablo se encuentra situada la imagen de Santa
María, patrona de Sigüenza.
La escultura de Santa María, es una imagen románica del
siglo XII, se cree que fue una ofrenda del obispo Bernardo
de Agén, y era la imagen que le acompañaba en sus
reconquistas por los territorios del obispado. Es de madera
de ciprés policromada, lleva sobre la rodilla izquierda a su
hijo Jesús y en su mano derecha sostiene una flor de lis. Por
encontrarse muy deteriorada en el siglo XIV, fue reformada
dándole un «aire gótico» y revestida con chapa de plata.
Fue venerada en el primitivo retablo del altar mayor de la
catedral, de donde le proviene el nombre popular de Santa
María de la Mayor. Cuando se construyó el nuevo retablo
para la capilla mayor, la imagen se trasladó a la iglesia de
Santa María de los Huertos y en 1617 volvió a la catedral
para ocupar un lugar en el retablo de la capilla de la
Anunciación hasta el año 1673, en el que se trasladó
definitivamente al altar del trascoro. Durante la guerra civil
española, la imagen sufrió diversos daños que obligaron a
una nueva restauración en 1974, en la que se retiraron las
chapas de plata que cubría la madera policromada,
dejándola como parece que tenía que ser su apariencia
original.
En la nave de la derecha o de la Epistola no se encuentra
edificada ninguna capilla. Los alteres desde la entrada
principal son el dedicado a san Bartolomé o santa Cecilia,
que se encuentra al lado de la puerta de subida a la torre
del campanario. Altar con retablo barroco de 1718,
dedicado a santa Ana; el altar de san Pascual Bailón también
barroco del año 1691 se encuentra en el muro
correspondiente al coro. Al lado del altar dedicado a
Nuestra Señora de las Nieves de 1718, se encuentra el
sepulcro de Pedro García de la Cornudilla de 1462, la figura
del yacente mide metro setenta y ocho centímetros, le falta
la cabeza y está muy deteriorado el resto del monumento.
El claustro se encuentra adosado al muro norte en la parte
central del edificio de la catedral, tiene planta
cuadrangular con una medida de cuarenta metros por lado,
estas galerías tienen cada una de ellas siete grandes
ventanales ojivales con calados góticos; todas estas arcadas
se encuentran protegidas por rejas de la misma época. Las
cuatro galerías del claustro son conocidas con diferentes
nombre, la del norte como «Panda de San Sebastián» o «de
la bodega»; la de poniente como «Panda del Palacio»; la del
este como «Panda de los Caballeros» o «del Cabildo» y la
del sur como «Panda de Santa Magdalena». Tienen dos
puertas de acceso al patio donde se encuentra un jardín y
una fuente central de piedra. En todos sus muros tiene
diversas sepulturas, como era normal realizar en la época:
El nuevo claustro de estilo gótico, en substitución del
anterior románico, que al tener la techumbre de madera
estaba en un estado ruinoso, se inició su reedificación en
1505, por iniciativa del obispo y cardenal Bernardino López
de Carvajal, ya nombrado cardenal y residente en Roma,
con ayuda del cardenal Cisneros, antiguo capellán mayor de
la catedral en tiempos del obispo Pedro González de
Mendoza. Es de estilo gótico tardío, con elementos
renacentistas, las bóvedas de las galerías son de crucería
sexpartita con las claves en policromía representando los
escudos del cabildo catedralicio y del obispo López de
Carvajal. En la parte este, se encuentra la sala capitular de
verano, antigua capilla de Nuestra Señora de la Paz y museo
diocesano, que está decorada con una magnífica colección
de tapices flamencos, la capilla de Santiago Zabedeo y la
librería con una portada con decoración plateresca del siglo
XVI. La galería sur, también está dedicada a enterramientos
y se encuentra en ella la Puerta del Jaspe que comunica con
la catedral. En la galería norte está la capilla de la
Concepción y la parte oeste es medianera con la parroquia
de san Pedro, antigua sacristía. En el centro del jardín,
aparece un elegante y bellísimo brocal renacentista del
magnífico aljibe de sillería, que sirvió antiguamente para
surtir de agua potable a los capitulares, beneficiados y
muchos vecinos de la ciudad. Unas preciosas puertas de
arcos semicirculares y decoración plateresca, cerradas por
rejas del mismo estilo, dan acceso al jardín central de dicho
claustro.
La construcción de la capilla de la Concepción se realizó
bajo el encargo del obispo Diego Serrano el año 1509 para
sepultura suya y de su familia y es el centro de la capilla
donde tuvo su sepulcro el obispo, el que se debió de retirar
y perder en el siglo XVII. Hay escudos del obispo colocados
cerca del arco de la entrada con una inscripción que dice:
«Fallesció el protonotario D. Diego Serrano, Abad de Santa
Coloma, fundador de esta capilla, a catorce días del mes de
marzo de 1522 años. Laus deo.»
Se encuentra situada en la galería norte del claustro de la
catedral y es de estilo gótico con ornamentación
renacentista como grutescos y balaustradas. La bóveda es
de crucería gótico - mudéjar con nervaduras y la decoración
de las claves está realizada con policromía. Sobre los muros
quedan restos de antiguas pinturas murales, simulando
grandes arcadas con ventanales a través de los cuales se
aprecian paisajes de jardines y ciudades realizadas por el
pintor Francisco Peregrina.
Su portada se abre, entre dos pilastras muy decoradas y
termina en un friso, decorado con una imagen de la Virgen
María en piedra, debajo del cual se encuentra un arco
escorzano, muy decorado. Esta puerta cierra con una reja
de hierro forjado del maestro Usón datada entre 1498 y
1519 con bellos motivos como sirenas coronadas.
Lo más digno de admiración es la pintura sobre lienzo, obra
del pincel de aquel Doménicos Theotocópulos, que fue
llamado «el Greco». Su inspiración más celeste que
humana. La vista no se cansa de contemplar dentro de un
rico y personal cromatismo, pleno de luminosidad, la fuerza
de las alas del arcángel; el ritmo ingrávido de su cuerpo,
movido únicamente a impulso de su espíritu, sin esfuerzo
muscular alguno; la verticalidad que sugiere el conjunto de
su figura anhelante, apoyada en escultórica nube; la suave
intensidad expresiva del místico coloquio, acompañado de
una gesticulación finamente reposada y deprecatoria; el
acentuado alargamiento de rostros, manos y puntiagudos
dedos, por los que, como se ha dicho, parece que va a
escaparse el alma; el bello y amplio rompimiento del cielo,
con la aparición, entre áureos fulgores, del Divino Espíritu,
escoltado por querubines, y se deducirá que esta
Anunciación cretense de la catedral de Sigüenza es una de
las más exquisitas y espirituales versiones del augusto
Misterio. Corresponde a la última fase del artista, principios
del siglo XVII.
Finalmente podemos visitar en la catedral su Museo
Catedralicio compuesto de tres espacios situados en el
claustro en la Panda de los Caballeros. La primera sala se
encuentra en la antigua Capilla de Ntra. Sra. de la
Concepción, construida a principios del siglo XVI, con una
portada plateresca, que fue Sala Capitular y Librería del
Cabildo. En ella destacan, además de su portada plateresca
cerrada por una reja labrada, un retablo de piedra caliza
del siglo XVI y dos lienzos del XVII con la Inmaculada y San
Pedro.
La segunda sala está en la Capilla de Ntra. Sra. de la Paz,
antigua Sala Capitular de Verano, rodeada de un banco
corrido desde el cual se seguían los actos de graduación de
la Universidad Seguntina hasta el año de 1666. En ella se
exponen varios tapices flamencos del siglo XVII regalados
por el obispo Bravo de Salamanca. Destaca también su bello
artesonado mudéjar.
También podemos observar algunos tapices flamencos en la
tercera sala, la Antigua Fragua, que alberga además
bellísimas tallas de los siglos XIII al XVIII: una Virgen gótica,
San Mateo, La Piedad...
El obispo de la catedral Andrés Bravo de Salamanca, donó
los dieciséis tapices que forman parte del tesoro
catedralicio y que se encargaron a los talleres de Jean Le
Clerc y a los de Daniel Eggermans ambos de Bruselas. Los
tapices se concluyeron el año 1668 y constan de dos series:
ocho de ellos representan escenas sobre la Historia de
Rómulo y Remo y los otros ocho, las virtudes mitológicas de
la diosa Atenea en Alegoría de Atenea.
La catedral cuenta con una pequeña colección de banderas
militares de gran valor histórico. Destacan en primer lugar
una bandera portuguesa y otra inglesa (ambas de la armada
de Sir Francis Drake) que fueron capturadas en la batalla
naval de Lisboa de 1589 a manos de un descendiente del
Doncel de Sigüenza. A esta se suma la llamada bandera del
Regimiento Provincial de Sigüenza, de mitad del siglo XVII
recuperada por la Asociación de Amigos de la Catedral de
Sigüenza.
Una vez visitada la catedral continuamos nuestro recorrido
por la Sigüenza renacentista dirigiendonos hacia el Museo
Diocesano que se ubica en una esquina de la Plaza del
Obispo. A finales del siglo XV el cardenal D. Pedro González
de Mendoza, siendo obispo de Sigüenza, introdujo los
principios urbanísticos renacentistas en su ciudad, abriendo
una plaza, la actual Plaza Mayor, ante la fachada meridional
de la catedral para permitir su mejor contemplación, tras
derrocar parte del muro norte de la muralla del XIV de la
ciudad. Años después, su sucesor, el cardenal Bernardino
López de Carvajal, por deseo del Cabildo y para dar cabida
al aumento de la población, mandó construir un nuevo
barrio ante la fachada principal de la catedral, tras eliminar
parte del muro occidental de la muralla que la rodeaba.
Barrio que es considerado el primer ensanche renacentista
de España.
Una amplia muralla, cuyas puertas monumentales, de
Medina y Guadalajara, se derrocaron en la Guerra de la
Independencia, rodeaba sus calles anchas y rectas (actuales
de Guadalajara, Medina, Seminario, Yedra y prolongación
de Comedias). En esta Sigüenza renacentista, además de la
catedral, ante cuya puerta principal se dispuso un amplio
atrio, en el que se alzó el nuevo edificio de la Contaduría,
destaca el palacio de Fadrique de Portugal, en la calle de
la Yedra, del que conservamos su espléndida portada, en la
que luce su escudo. También es de esta época el palacio
renacentista que en la actualidad es sede del Museo
Diocesano de Arte Antiguo.
Cerca de dicho edificio podemos contemplar la Fuente de
la Catedral de estilo barroco construida en el siglo XVII que
tiene tres caños que vierten su agua en un pilar y que está
rematada por el escudo de la villa.
El Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza se
encuentra en el palacete de estilo neoclásico construido en
el siglo XVI conocido como "Antigua Casa de los
Barrena", frente a la catedral. El edificio perteneció a la
familia Gamboa, siendo adquirido por el obispo Lorenzo
Bericiartúa Valerdi, en el año 1956, para destinarlo a museo
diocesano. El museo fue inaugurado el 11 de mayo de 1968,
siendo obispo Laureano Castán Lacoma. En los últimos años
el museo ha sufrido grandes reformas que lo han adaptado
a los tiempos actuales. El museo se articula mediante salas
pertenecientes a las antiguas estancias palaciegas ubicadas
alrededor de un patio central porticado mediante columnas
toscanas.
A pesar de ser un espacio museístico no demasiado grande,
ofrece mucho interés para los amantes de la historia y del
arte pues conserva piezas de gran valor y ha sido
complementado recientemente con maquetas y algunas
reproducciones de esculturas románicas y góticas que, de
otro modo, no se podrían contemplar por estar actualmente
ocultas o en rincones poco visibles.
El museo guarda una muestra de lo que es el rico fondo de
la Diócesis de Sigüenza (una de las más antiguas de España).
Se muestran algunos restos arqueológicos, no sólo de la
zona, sino también procedentes de culturas precolombinas,
Mesopotamia o la Grecia Clásica. Destacan los restos
procedentes de diferentes pueblos de la zona, ante todo,
arte sacro.
Centrándonos exclusivamente en la colección medieval de
este museo hay numerosas piezas a destacar.
Además de la recepción que encontramos al entrar,
enseguida hallamos una estancia que se abre tras pasar bajo
dos bellos arcos angrelados de estilo mudéjar recuperados
de una vivienda de la Travesaña Baja de Sigüenza. Esta sala
está presidida por una de las obras más importantes del
museo: el cuadro de la Virgen Niña, de Zurbarán.
Pero volviendo a nuestro principal interés por lo medieval,
está sala también está protagonizada por una buena
colección de imaginería gótica y otras piezas que luego
describiremos.
Dentro de la categoría de imágenes en madera hay que
fijarse en varias Vírgenes "Trono de Sabiduría" como la
Virgen de la Sopeña procedentes de San Andrés del
Congosto (siglo XIII-XIV), o la que se encontraba en la Ermita
de San Bernabé de Hijes (siglos XIV-XV). Otra Virgen
conocida como de la Concepción es una interesante talla
gótica de madera con restos de policromía, procedente de
la propia catedral. Una singular y pequeña pieza que
tenemos que contemplar con detenimiento es el relieve
gótico de alabastro policromado de la Escuela de York con
el Descendimiento de Cristo.
Aunque de pequeño tamaño -pueden pasar desapercibidos-
no podemos dejar de admirar dos fragmentos de tela
bordada de origen sasánido (siglos XI-XII) que pertenecían a
la arqueta relicario que contenía las reliquias de Santa
Librada. Hay que recordar que Don Bernardo de Agen hizo
traer parte de los restos mortales de Santa Librada y San
Sacerdote a su nueva sede episcopal. La primera fue una
cristiana martirizada en el siglo III durante las
persecuciones romanas y sus reliquias se guardaban en el
monasterio aquitano de Sainte Livrade sur Lot. Estos dos
lujosos fragmentos de tela persa eran parte del
revestimiento de las reliquias. En uno de ellos aparecen dos
grifos rodeados de diferentes elementos geométricos y
zoomorfos. En el otro, la protagonista es una gran águila
con las alas explayadas con dos círculos que contienen las
figuras de sendos cuadrúpedos.
En los últimos tiempos se han hecho exquisitas y fieles
reproducciones de ménsulas figuradas románicas ubicadas
en el interior de la capilla mayor y también del conjunto
escultórico de la trompa que se sitúa en el brazo sur del
transepto y que, debido a su considerable altura, muy pocos
la descubren y menos aún aciertan a identificar su
iconografía. También se exponen reproducciones de
metopas y canecillos goticos de las cornisas superiores de
la nave central.
Otras salas muestran importantes creaciones como el
cuadro del Santo Entierro, atribuido a un discípulo del
Tiziano; la pintura de óleo sobre tabla del Maestro de
Pozancos que también trata de la sepultura de Cristo,
incluso una pareja de campanas del siglo XV con sendas
inscripciones perfectamente legibles.
Pero con seguridad, volviendo a la imaginería medieval, el
grupo más importante del Museo Diocesano de Arte Antiguo
de Sigüenza es el Calvario gótico del siglo XIV procedente
de la aldea despoblada de Villacadima. Es de monumentales
proporciones, policromado y dorado. Son de gran
expresividad los rostros tanto de Cristo como de la Virgen y
San Juan. Se aprecia un avanzado naturalismo en los
pliegues de todos los ropajes.
En otra de la salas el museo hallamos una puerta románica
procedente de la iglesia parroquial de Jócar. De pequeño
tamaño, como corresponde a un templo rural, guarda sus
armoniosas formas a base de cuatro arquivoltas de medio
punto lisas y de aristas vivas apenas decoradas con puntas
de diamante y pequeños cuadrados incisos. Los apoyos son
las jambas y dos parejas de columnas. Dos de los capiteles
son figurados a base de aves y personajes de cuerpo entero.
A pocos metros de esta puerta tenemos la pila bautismal
románica procedente de Canales del Ducado. Es de tipo
cubeta, cilíndrica, con arcos de medio punto sobre
columnas que acogen algunos personajes, plantas y
animales. La parte superior está ornada con tallos vegetales
ondulantes.
Recientemente, se han colocado en el centro del patio del
museo dos espectaculares maquetas que reflejan
momentos distintos de la construcción de la catedral
seguntina: la fase románica y la subsiguiente etapa gótica.
El detallismo de estas creaciones es soberbio pero sobre
todo resultan muy interesantes pues muestran la compleja
evolución arquitectónica de la seo seguntina desde sus
comienzos plenamente románicos hasta su finalización
gótica. Hay que recordar que trabajaron durante tres siglos
numerosos talleres que fueron modificando el plan inicial,
lo que se traduce en que la catedral de Sigüenza no es fácil
de interpretar puesto que estilos y tendencias se
entremezclan y superponen de forma delicada pero a veces
confusa para quien no conozca bien sus fases constructivas.
Una vez visitado el museo descendemos por la calle Medina
donde podemos contemplar varias casas señoriales del siglo
XVI hoy en dia algunas reconvertidas en alojamientos
turisticos hasta que llegamos a la Plaza de las 8 Esquinas,
inicio del popular Barrio de San Roque dando inicio a la
Sigüenza Ilustrada y Barroca.
En pleno Siglo de las Luces, etapa de importantes y
generalizadas reformas sociales y culturales. Juan Díaz de
la Guerra es nombrado obispo de Sigüenza. Hombre culto,
se implicó desde el inicio de su prelatura en mejorar la
calidad de vida de sus feligreses y en el desarrollo cultural
y económico de la Diócesis. Promovió importantes obras
públicas, una fábrica de papel y obras en la catedral, entre
otras. Pero su más importante legado es, sin duda, un
fastuoso barrio de nueva planta, moderno y racional. El
espacio elegido es irregular, ubicado en la parte baja de la
ciudad, cerca del río, en el que se encuentra la ermita de
San Roque, que dará nombre al barrio nuevo.
Su diseño, realizado por el arquitecto Luigi Bernasconi, se
basó en un modelo urbanístico habitual de esta etapa
ilustrada, caracterizado por el orden, el equilibrio y la
simetría. Trazado de calles en damero y viviendas regulares,
de aspecto exterior uniforme, con amplios portales y
grandes balcones. Los interiores son cómodos, de amplios
espacios, con patios y jardines. Es un tipo de vivienda
pensada para una burguesía comercial pujante que
demanda equipamientos modernos. El nuevo barrio de San
Roque, rompió así con los espacios urbanos medieval y
renacentista existentes, pero a los que va a complementar,
conformando un espectacular conjunto urbanístico y
arquitectónico.
Extramuros de la ciudad, en tiempos posteriores, serán
construidos artísticos edificios, de carácter sacro y
conventual, que van a perfilar la expansión urbana de
Sigüenza hacia las márgenes del río: la iglesia de Nuestra
Señora de los Huertos, con bella portada plateresca, hoy
convento de monjas clarisas, el conjunto barroco de la
antigua universidad, futuro palacio episcopal, el seminario
conciliar, la ermita del Humilladero y el convento de san
Francisco, en la actualidad ocupado por la iglesia y colegio
de religiosas ursulinas, y el enorme caserón de la Real Casa
de Enseñanza y Misericordia, costea- do por Carlos III, que
al presente alberga el colegio de la Sagrada Familia.
Comenzamos nuestro recorrido por este precioso barrio en
la mencionada anteriormente Plaza de las Ocho Esquinas,
un cruce de calles muy peculiar, para dirigirnos por la calle
San Roque hacia el Callejon de los Infantes donde se ubica
el Palacio que le da nombre. Se trata de una primorosa obra
del barroco seguntino, ejecutada por el maestro
Bernasconi, situado al pie de la puerta de Campo de la
catedral, en el lugar denominado callejón de los Infantes.
El edificio servía de acomodo a los niños cantores de la
escolanía de la catedral, además de albergar a los miembros
de una capilla de música, fundada en el siglo XVI. El palacio
exhibe una hermosa portada barroca, con un friso con
figuras de niños, y sobre ella luce un balcón rematado con
una imagen de san Felipe Neri, en cumplida hornacina. En
su interior presenta un gran patio barroco, de excelentes
medidas, con ventanas de cuarterones y triple galería. En
la actualidad la residencia y casa de espiritualidad, además
de centro de formación profesional, es de los padres
josefinos de Murialdo.
El primitivo proyecto del barrio de san Roque incluía una
fonda, una hospedería y un cuartel, sito en las últimas casas
frente a la Alameda, y la vieja ermita dedicada a San
Roque, un pequeño templo de una nave al que se accede a
través de un atrio protegido por rejas, luego demolida y
sustituida por la elevada en 1806, en hechuras neoclásicas,
hoy sin culto y restaurada como sala de exposiciones y
conciertos. A finales del siglo XIX, en el centro de la
plazuela de las ocho esquinas, fue colocada una airosa
fuente, la fuente de Medina, desmontada años después.
Desde el callejón de Infantes, discurre el antiguo camino de
los frailes, salida natural de la ciudad hacia el norte, así
nombrado por conducir hacia los primigenios edificios del
colegio de clérigos de san Antonio de Portaceli, luego
elevado al rango universitario, ubicados en el cerro de la
Solana, al otro lado del río. Este camino, hoy paseo de las
Cruces, forma la plazuela rectangular del mismo nombre,
adornada por castaños de indias, bello lugar de sosiego y
reposo del barrio de san Roque, donde se alza un crucero
con tres cruces de piedra, adornada por castaños de indias,
formando uno de los más pintorescos y recoletos rincones
de la urbanización ilustrada. Por la parte norte, la plazuela
limitaba con unos jardines, los Jardinillos, adornados con
una curiosa fuente, ahora ocupados y ocultos por modernas
instalaciones.
Enfrente de la plazuela y junto al inicio del Paseo de la
Alameda se ubican la Ermita de la Vera Cruz y la imponente
estampa del conjunto barroco formado por el convento y la
iglesia de Las Ursulinas, con su fachada ondulante, de
curvas y contracurvas, que nos transporta a la Roma de
Borromini. La iglesia se construyó en la primera mitad del
siglo XVIII según las trazas del arquitecto Juan Durón.
La historia de esta fachada, de este templo y del conjunto
conventual es larga. Por iniciativa de un matrimonio
aristócrata se empezó en 1601 a levantar en este lugar una
iglesia, que en 1603 fue ocupada por frailes Carmelitas
Descalzos, quienes permanecieron en convento hasta 1614,
marchándose así, por las buenas, sin despedirse de nadie.
Los tales señores tan generosos fueron don Antonio de
Salazar y doña Catalina Villel, que lo eran de Pelegrina y La
Cabrera.
En 1623 vinieron los franciscanos, con el patrocinio del hijo
de los anteriores señores, don Juan de Salazar. Procedían
del colegio franciscano de San Pedro y San Pablo de Alcalá
de Henares, y aquí permanecieron durante dos siglos
cumplidos, hasta que la llegada de la Desamortización
liberal, en 1835, los puso en la calle, y al edificio en venta
y desguace.
Antes se había construido de nuevo el convento, a lo
grande, y la iglesia, bajo la dirección del arquitecto Manuel
Serrano, “Maestro arquitecto y titular de las Reales Obras
de su Majestad”. Él fue quien trazó espacios, plantas y alzó
fachadas, en 1740. Poco después, y también con el apoyo
del obispo seguntino fray José García, de la Orden Seráfica,
el retablista José Durán construyó un altar imponente, de
subido barroco, con una talla de la Virgen de la Porciúncula
(que ese tan raro el nombre y advocación que tenía el
convento frailuno) en lo alto. Esto duró hasta 1936, en que
fue quemado.
Y como última etapa de la historia convulsa y azarosa de
este edificio seguntino, hay que menciona la llegada, en
1867, de las madre Ursulinas, que procedían de Molina de
Aragón, donde tuvieron convento junto a San Pedro, y de
donde se fueron huidas cuando los franceses, pasando por
Lebrancón, y Medinaceli, acabando luego en Sigüenza, en
unas casas en torno a la ermita de San Roque, donde las
puso el obispo Bejarano. Ese convento, llamado de Jesús,
María y José, estuvo muchos años en precario, hasta que
tras los correspondientes arreglos y con ayuda de obispos y
particulares, se abrió la casa de Ursulinas que hoy vemos, y
hasta hoy dura, con el intervalo de la Guerra Civil, en la
que fue bastante dañado, por lo que al quedarse sin retablo
la iglesia, se puso aquí el procedente de la de Nuestra
Señora de los Huertos.
La Ermita de la Veracruz data del siglo XII y fue construida
por la Orden de los Caballeros del Temple, conocidos por su
vinculación con la protección de los peregrinos que se
dirigían a Tierra Santa. Su arquitectura destaca por sus
líneas sencillas y sobrias, características del estilo
románico, con una planta de cruz latina y una única nave
rectangular. En su interior, se conservan una serie de frescos
que representan escenas bíblicas y religiosas, así como un
altar mayor decorado con motivos geométricos y florales.
Uno de los elementos más destacados de la ermita es su
impresionante portada, que se encuentra decorada con
relieves que representan escenas de la Pasión de Cristo. Se
trata de una auténtica joya del arte románico, que ha sido
cuidadosamente restaurada y conservada a lo largo de los
siglos para el disfrute de los visitantes.

Al morir Juan Díaz de la Guerra, en el año 1800, le sucede


en la diócesis seguntina Pedro Inocencio Vejarano, luego
diputado en las Cortes de Cádiz, que va a culminar el barrio
de san Roque con el diseño de la Alameda, el gran jardín y
paseo seguntino, en la ribera del río Henares. Un risueño
parque neoclásico, a modo de magno salón urbano,
diseñado por el maestro Pascual Refusta, ceñido por una
larga barbacana y hermoseado por dos puertas de piedra
abiertas a todos los vientos. En la situada al este, en el
frontis de un rojizo arco barroco, engalanado con el escudo
del obispo, puede leerse una curiosa inscripción, escrita en
lengua latina, alusiva al destino fundacional del paseo como
solaz de los pobres y decoro de la ciudad. A sus pies, una
amplia glorieta, antes adornada por una fuente, queda
enmarcada por cuatro altas pirámides de piedra, rematadas
con granadas, en recuerdo de la ciudad natal del entusiasta
prelado. Una amplia avenida central, donde ahora se ubica
un estanque circular con surtidor, y dos paseos laterales,
todos ceñidos por grandes árboles, perfeccionan su acabado
diseño.
La geométrica disposición del verde tapiz de la Alameda,
modela un delicado remate vegetal del ba- rrio de san
Roque, y la más perfecta plenitud del urbanismo histórico
de Sigüenza. Fastuosa sinfonía de espléndidos volúmenes y
cambiantes tonalidades.
Junto al parque de la Alameda podemos contemplar el
edificio conventual del monasterio de Nuestra Señora de los
Huertos cuyo estilo arquitectonico es gótico-renacentista y
está habitado por una comunidad de monjas clarisas.
En 1512 comenzó a erigirse esta iglesia a orillas del río
Henares, en terrenos donde estuvo emplazada la antigua
iglesia visigótica que vino a ocupar Bernardo de Agén (de la
que quedan como restos sus torres de defensa), a principios
del siglo XII, bajo el mecenazgo del deán Clemente López
de Frías. En la fábrica trabajaron varios arquitectos, siendo
terminada tal vez por el llamado Maese Juan (Ivan), quien
se esculpió en pequeña figura que adorna las alturas de la
Capilla Mayor. El uso monástico de la iglesia es moderno: se
remonta a 1940, cuando se trasladaron a este lugar una
comunidad de monjas clarisas, las cuales construyeron el
convento anejo a la iglesia.
Se trata de un edificio tardogótico con adornos platerescos;
típico de su perímetro exterior es la serie de botareles o
contrafuertes decorados y rematados con gárgolas y
pináculos o imágenes, de factura algo tosca. La portada, de
estilo plateresco, se cobija bajo arco escarzano y su
tímpano semicircular está presidido por la imagen de la
Virgen sedente con el Niño, que flanquean las figuras
arrodilladas de un ángel y del deán López de Frías. En el
patio exterior se enterraba a los pobres y enfermos que
morían en el Hospital de San Mateo, y desde los primeros
años del siglo XIX hasta 1906 sirvió de cementerio público.
Precisamente, la última intervención arqueológica en el
atrio de la iglesia ha permitido encontrar restos
interesantes, como la antigua calzada procesional de
acceso a la iglesia.
El interior, de nave única, ofrece bella bóveda de crucería.
Una artística reja cierra el presbiterio, donde se ha
empotrado, en el muro del Evangelio (izquierdo), el
mausoleo plateresco del arcediano Francisco de Villanuño,
hermano de la abadesa y priora del antiguo convento de la
tercera orden de San Francisco fundado con su ayuda junto
a la iglesia de Santiago. La cartela del mausoleo
corresponde en sus descripciones al viejo y derruido
convento de donde se trajo.
La Capilla Mayor está presidida por un retablo renacentista
pintado directamente en la pared, con cinco escenas
enmarcadas por un moldurado plateresco labrado en
piedra; en su centro, la hornacina con la imagen de la
Virgen de los Huertos, con el Niño en brazos. La iglesia
expone el Santísimo Sacramento en horario continuo de
8,30 h. a 19,30 h. Desde 1931, el Monasterio es habitado
por las hermanas clarisas, que realizan bordados de
ornamentos litúrgicos y repostería.

Finalmente en una esquina del paseo podemos contemplar


el edificio de la Ermita del Humilladero. Esta ermita es un
ejemplo de los pequeños templos ubicados a la entrada de
las poblaciones durante los siglos XV y XVI para oración y
descanso de los viajeros y caminantes. El lugar elegido para
su construcción en 1568 es, como es habitual en las ermitas
de humilladero, un punto estratégico por corresponder a un
cruce de caminos: el cordel de la Cañada Real que viene
desde Alcuneza, carretera de Medinaceli, y el camino que
discurría hacia la Corte y que también conducía a Soria y
Atienza. Se comienza su construcción en 1568 como ermita
cerrada de portada renacentista y bóvedas góticas,
anacronismo arquitectónico que obedece al deseo de
conservar las tradiciones artísticas. Tiene dos puertas en
arco de medio punto yuxtapuestas, que son características
de las ermitas de humilladero en la región. Perteneció a la
Cofradía de la Vera Cruz, que la cedió recientemente al
Ayuntamiento seguntino. Al permanecer abierta durante
todo el año se puede apreciar su bóveda de crucería y los
nichos donde estuvieron colocados al culto los pasos de la
cofradía.
Desde el paseo ascendemos por la calle Humilladero hasta
que llegamos a la Plaza de Don Hilario Yaben. Desde aqui
nos dirigimos por la izquierda hacia la calle Seminario
donde vamos a contemplar el edificio del Seminario
Conciliar de San Bartolome. Este noble edificio, fue
fundado por D. Bartolomé Santos de Risoba, Obispo de
Sigüenza, a mediados del siglo XVII. Su construcción y
ornamentación, tal como hoy se conserva, debida a D.
Francisco Díaz Santos Bullón, Obispo de Sigüenza, quien
costeó el enlosado del patio principal y toda la magnífica
fachada, dando mayor amplitud y esbeltez, con trabajo de
costosa cantería, a mediados del siglo XVIII. Su fachada es
de una gran espectacularidad barroca, constituyendo su
principal motivo ornamental el blasón del Obispo
constructor, sobre la puerta principal de entrada.
En su interior, bellísimo patio cuadrado, con arquería de
medio punto en el piso inferior y doble nivel en los
restantes, con balcones encuadrados con placas de
magnífico molduraje barroco.
La capilla pública, que en 1876 construyó D. Francisco de
Paula Benavides y Navarrete, añadida al pabellón oriental,
posee también fachada a la calle, pero es de gran sencillez
y contextura diferente, ornamentada con diversos escudos.
El de D. Bartolomé Santos de Risoba, y el de D. Antonio
Ochoa y Arenas.
Volvemos de nuevo a la plaza para continuar por la calle
Villaviciosa donde vamos a contemplar edificios como el
Palacio Episcopal, el Monasterio de los Jeronimos y el
antiguo Hospicio que hoy en dia alberga el Colegio de la
Sagrada Familia.
El palacio fue anteriormente la Universidad de San Antonio
de Porta Coeli o Universidad de Sigüenza, una universidad
menor que dio servicio en Sigüenza entre 1489 y 1824. El
arcediano Juan López de Medina fundó en 1476 el Colegio
de San Antonio de Portacoeli. A este Colegio se subordinaría
una universidad, aprobada por el papa Inocencio VIII en
1489, que finalizó su actividad académica en 1824.
El conjunto arquitectónico que albergó la Universidad
durante gran parte de su historia se construyó en la primera
mitad del siglo XVII, cuando se ampliaron de nuevo los
límites de la ciudad, siendo la actual sede del palacio
episcopal del diócesis de Sigüenza-Guadalajara.
En 1476 Juan López de Medina, arcediano de Almazán y
canónigo de Toledo, bajo el patrocinio y protección del
Cardenal Mendoza y la colaboración del entonces vicario
general del obispado y luego cardenal Francisco Jiménez de
Cisneros, consigue que el Colegio de San Antonio de Porta
Coeli se erija en monasterio y casa contigua de estudios
donde se impartiría teología, cánones y artes. El papa Sixto
IV aprobó las Constituciones primitivas en 1483, y fueron
promulgadas el 7 de julio de 1484. En el año 1484 lo ocupa
la Orden de San Jerónimo.
A partir del 30 de abril de 1489 es elevado a la categoría de
Universidad mediante bula del papa Inocencio VIII que
permitirá conceder grados de bachiller, licenciado, maestro
y doctor de las materias impartidas. Con la protección de la
Santa Sede y de la Corona, la Universidad Seguntina se creó
bajo la nueva fórmula de "Colegio-Universidad", fue el
primero fundado en España. En 1551 se amplió la oferta
docente con la creación de las nuevas Facultades de
Medicina y Leyes, mediante bula papal de Julio III del 23 de
enero de 1552. Formará parte de las denominadas
universidades "menores" españolas.
Paulo III estableció la cátedra de Teología y durante el
rectorado del maestro Velosillo se establecieron cátedras
de física; una bula de Julio III estableció las facultades de
Derecho y Medicina. Con el profesor Pedro Ciruelo la
universidad tuvo algún prestigio como centro de enseñanza;
Francisco Delgado López, obispo de Lugo, que fue rector,
siguió con ese relativo esplendor; Felipe II mandó a
Fernando Velosillo, rector y profesor, al concilio de Trento,
entre otros profesores y teólogos como Antonio Torres,
primer obispo de las Islas Canarias, y Pedro Guerrero,
arzobispo de Granada; el famoso Andrés de la Cuesta; el
jerónimo Julián de Tricio y Francisco Álvarez y Quiñones,
obispo de Sigüenza.
Así pues, en su versión completa estaba dotada con
cátedras de Artes, Cánones, Leyes, Medicina y Teología. Sin
embargo la universidad alcanzó pronto fama por dar títulos
rápidos y baratos para gente humilde y sin medios que no
podía pagarse estudios mejores y por legitimar situaciones
irregulares de escolares, muchos de ellos pobres que no se
podían costear los grados de licenciado y doctor en
universidades más prestigiosas pero muchísimo más caras,
como la de Salamanca, la Complutense o la de Coímbra. A
veces, incluso, sus propios titulados se doctoraban por
segunda vez en alguna de las universidades de más fama.
En el siglo XVII la Universidad de San Antonio de Porta Coeli
es trasladada desde las incómodas laderas de la solana,
extramuros a la ciudad, a su ubicación definitiva. Bartolomé
Santos de Risoba, durante su obispado, impulsaría las obras
de la Universidad y del Seminario de Sigüenza. En 1774 se
clausuró la Facultad de Medicina.
La reforma de José Antonio Caballero (Marqués de
Caballero) suprimió un gran número de universidades
menores, entre ellas la de Sigüenza por Real Decreto de 12
de julio de 1807, pero el plan quedó sin efecto por la Guerra
de la Independencia, reinstaurándose en 1814. Francisco
Tadeo Calomarde incorporó el Colegio San Antonio
Portacoeli a la Universidad de Alcalá en 1824, hasta la
definitiva supresión de ésta, en 1836. Entre 1836 y 1845
algunos edificios se utilizaron como viviendas hasta que,
por Real Orden de 14 de noviembre de 1845, se incautaron
todos los inmuebles universitarios que eran propiedad de la
Iglesia. Sus fondos librarios y archivo se remitieron al
Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara y de allí, en
1897, al Archivo Histórico Nacional. Este fondo se custodia
en la sección de Universidades.
En la actualidad, el edificio se ha convertido en Palacio
Episcopal, que también aloja las oficinas de la curia
diocesana.
El edificio actual se levantó en la primera mitad del siglo
XVII, por iniciativa del obispo Bartolomé Santos de Risoba.
Cuenta con una doble escalinata de acceso a la entrada
principal, realizada en época neoclásica aunque mantiene
elementos barrocos en su austera decoración.
La austeridad de la fachada de la universidad se quiebra con
ventanas y balcones de reja y una portada barroca con
escalinata doble. Sobre la puerta, el escudo de la
Universidad con el lema Ex alto.
El edificio se organiza alrededor de un claustro formado por
arquerías de medio punto y cerrado con vidrieras. Desde el
claustro arranca una amplia escalera que conduce al piso
superior. La escalera se cubre con una magnífica cúpula
policromada en la que aparecen ocho animales de perfil -
entre ellos el unicornio- rodeando el blasón del promotor
del edificio (el benemérito Santos de Risoba).
Junto a este edificio están el Monasterio y la iglesia de los
Jerónimos, orden que tuteló la Universidad hasta 1835. Su
portada se adorna con un gran balcón, acompañado por los
escudos episcopales y el de la Universidad, y sobre la puerta
una inscripción dedicada a la ciencia y a la sabiduría. En su
extremo se levanta la iglesia en estilo barroco. Este
conjunto de edificios actualmente son la sede de la diócesis
de Sigüenza-Guadalajara, del Seminario Mayor y del Archivo
Diocesano. Este impresionante edificio, de estilo gótico
flamígero, es uno de los monumentos más emblemáticos de
la ciudad y un lugar de gran interés tanto para los fieles
como para los amantes del arte y la historia.
La Iglesia y Monasterio de los Jerónimos fue construido en
el siglo XV, durante la época de esplendor de la ciudad de
Sigüenza. Su estilo arquitectónico, caracterizado por sus
altas bóvedas y sus elaborados detalles decorativos, refleja
la influencia de la arquitectura gótica de la época. El
interior del edificio es igualmente impresionante, con un
altar mayor de gran belleza y una serie de capillas laterales
decoradas con pinturas y esculturas de gran valor artístico.
En cuanto a su historia, el Monasterio de los Jerónimos fue
fundado por una comunidad de monjes jerónimos en el siglo
XV, con el objetivo de servir como lugar de culto y de
oración. A lo largo de los siglos, el edificio ha sufrido
diversas modificaciones y restauraciones, pero ha logrado
conservar su esencia arquitectónica y espiritual.
En el exterior podemos ver una estatua de la Inmaculada
Concepción realizada en mármol y costeada por Don Pablo
Gúrpide Beope (Obispo de Sigüenza entre 1951 y 1955) que
da la bienvenida al recinto.
Desde la plaza nos desviamos un momento de nuestro
recorrido para ver en el inicio de la cercana calle Valencia
el Cubo del Peso, un torreón de vigilancia situado en una
esquina de la muralla urbana de la villa que pertenecia al
segundo recinto de las murallas. Actualmente acoge la
biblioteca municipal.

Continuamos nuestro recorrido ascendiendo por la calle


Bajada a San Jeronimo para a mitad de la misma detenernos
en contemplar y visitar la iglesia de Santa Maria. Situada en
el barrio del Arrabal esta cuenta con tres naves y fue
construida entre los siglos XVIII y XIX en estilo barroco. La
portada es neoclásica y bastante sobria, en arco de medio
punto flanqueada por dos sencillas columnas y ademas
posee una recia torre en su cabecera. Sobre la portada,
rematando la fachada, un frontón triangular. Destaca en el
interior su cúpula ante el presbiterio, presidido por un
retablo dedicado a la Asunción de la Virgen. En ella se
encontrarían enterrados una parte de los restos de Manuel
Fraile, obispo de Sigüenza y patriarca de las Indias.

Finalmente llegamos de nuevo a la calle Valencia para


adentrarnos en la Sigüenza medieval a traves de la Puerta
del Portal Mayor, fruto de la ampliación del recinto
amurallado en el siglo XIV. En la cara interior llama la
atención encima del arco de medio punto donde se instala
una hornacina con la imagen de la Virgen de la Victoria y
sobre el tejado de tejas rojas un pequeño campanario de
espadaña. Fue construido por orden del obispo Girón de
Cisneros.
A ambos lados de la parte interior apoyados sobre la muralla
se construyeron magníficos palacetes de mampostería y
piedra con puertas y ventanas enmarcadas con arcos de
medio punto y arcos apuntados. Algunas de sus ventanas se
adornan con rejas creando uno de los rincones más bellos y
fotografiados de Sigüenza.
El Portal Mayor era la vía de salida de la ciudad medieval
hacia el Arrabal, que estuvo destinado a la morería.
Extramuros no hubo ninguna dificultad para el crecimiento
natural y expansión del barrio, que supo compensar la
fuerte pendiente dando como resultado unas casas distintas
a las que encontramos dentro del recinto amurallado. En
esta zona no hay tiendas ni casa de señores, es un barrio de
labradores con casas sencillas.
Una vez atravesado el arco de la puerta nos adentramos a
traves de la calle los Herreros en el barrio de la Juderia de
Sigüenza. En 1412 y tras una serie de disturbios promovidos
por las predicaciones de San Vicente Ferrer que se
extendieron por los diferentes reinos de la península, Juan
II de Castilla ordenó la reclusión de la población hebrea en
barrios separados físicamente del resto de la población, por
lo que los judíos ocuparon esa zona que hoy en día se
conoce como Barrio Judío o Barrio Nuevo.
La Judería de Sigüenza tenía en su centro una sinagoga y
ocupando el declive que protegía el Castillo y teniendo
como límites el Portal Mayor y la Calle travesaña Baja. La
Puerta de Hierro que hoy en día podemos observar, sirvió
como puerta de paso entre la zona de la judería y el resto
de la ciudad.
El Barrio judío, rodeado por murallas, tuvo al “Portal
Mayor” la entrada principal y daba paso, además, a la zona
donde se realizaban los enterramiento, el “osario de los
judíos” o como popularmente se conocía “cuesta del
“cuesta del huesario”. Otras tres puertas, en lugar de una
como indicaba la legislación, comunicaban al Barrio judío
con el resto de la ciudad: "Herreros" o “Puerta de Hierro”,
"Medina" (quemada en el siglo XVI y actual Puerta Nueva) y
"Arquillo de San Juan".
Además, la zona era mucho más favorable para el comercio,
de modo que su comunidad creció prósperamente.
Compartían el barrio con los Musulmanes, cuyo número
había disminuido tan drásticamente que no alcanzaban para
constituir por sí mismos un barrio, estando restringidos a
una sóla calle, la de los Herreros.
El Arquillo de San Juan, también conocido como la Puerta
de la Traveseña Baja en Sigüenza, es una de las puertas
originales de las murallas románicas del siglo XIII, y
originalmente separó el barrio judío y el barrio musulmán
(esto fue en la España de las tres culturas). Si pasas por la
puerta puedes ver los restos de una de las torres originales,
un balconcillo del siglo XVIII y una imagen de la virgen del
Carmen.
Una vez cruzado el arquillo continuamos por las calles
Travesaña Baja y el Peso para adentrarnos cada vez mas en
la juderia. En esta ultima podemos contemplar el edificio
del Posito, antigua casa del peso de la harina desde fines
del siglo XVI hasta principios del siglo XX donde se
almacenaba antes de repartirla a las panaderas que cocian
pan en los diversos hornos de la ciudad. Fue restaurado en
2011 para reconvertirlo en un Teatro-Auditorio para la
difusión de la cultura seguntina y eventos en general.
Continuamos paseando por las calles Hospital, Comedias y
San Vicente hasta que llegamos a una pequeña plazuela
donde podemos contemplar la Casa del Doncel y la iglesia
de San Vicente. durante el recorrido podemos contemplar
numerosas casas señoriales de la epoca a la par de disfrutar
del entramado urbano de calles empedradas, empinadas y
estrechas que nos ofrece la Sigüenza medieval. Este barrio
medieval está bien estructurado, con las calles radiales-
cuestudas y calles horizontales-llanas. Las ciudades
medievales estaban rodeadas de altas murallas para su
protección y algunas contaban con una fortaleza construida
dentro del recinto de la ciudad conocida como ciudadela.
En sus puertas se cobraban los impuestos sobre las
mercancías que entraban en la ciudad. Las puertas se
cerraban por la noche pero por el día permanecían abiertas.
Los edificios más destacados eran la catedral, la casa
consistorial, la universidad, la lonja, las Iglesias y
conventos, las hospederías, los hospitales y los palacios de
algunos nobles y burgueses. La ciudad se dividía en barrios,
cada uno con su propia parroquia. Disponían de un gran
espacio abierto, la plaza del mercado, donde los
comerciantes y campesinos instalaban sus tenderetes y en
el que tenían lugar los principales acontecimientos de la
ciudad: las representaciones de los artistas, las
celebraciones festivas y los ajusticiamientos. El resto del
espacio estaba ocupado por un enjambre de viviendas que
propiciaban calles estrechas y tortuosas, tras las cuales, se
encontraban pequeños huertos y corrales.
Las viviendas se agrupan en extensas manzanas de casas
estrechas alineadas, entre medianeras y con un huerto
hacia atrás. Así, estas grandes manzanas cuentan con
enormes huecos interiores dedicados a cultivos hortícolas.
Habitualmente, las huertas tienen acceso a un camino de
servicio que transcurre por el interior de la manzana en
paralelo a las calles que la delimitan.
La casa medieval era, como los hogares modernos, el centro
de la vida familiar para todas las clases de la sociedad
europea. Sin embargo, en contraste con el hogar de hoy en
día, consistía en muchos más individuos que la familia
nuclear. Desde la casa del rey hasta la más humilde vivienda
campesina, parientes más o menos lejanos y un número
variable de sirvientes y dependientes cohabitaban con el
amo de la casa y su familia inmediata. La estructura de la
casa medieval se disolvió en gran parte por el advenimiento
de la privacidad en la Europa moderna temprana.
San Vicente, de estilo romanico y construida en el siglo XII,
es una iglesia puramente urbana, encastrada en la trama de
la ciudad y flanqueada por edificaciones civiles en todos los
flancos. Tiene planta de una sola nave con ábside recto,
campanario de factura moderna y un hermoso pórtico. De
su fachada destacan las arquivoltas profusamente
decoradas del pórtico y la imagen gótica de la Virgen,
conjunto enriquecido por una curiosidad arquitectónica: la
extraña combinación de la portada y el arco que la cobija,
absolutamente descentradas por razones técnicas. No
ocurre así con la Virgen que, según el pensamiento popular,
se encuentra en ese lugar para ser vista por quienes enfilan
la calle San Vicente. Los capiteles del conjunto presentan
hojas muy estilizadas y un taqueado bastante moderado. En
el interior sorprende la ligereza de la estructura sin apenas
apoyos, la escalera de caracol que asciende a la torre y el
rosetón. En el altar merece la pena detenerse en el Cristo
crucificado policromado de los siglos XII-XIII.
La Casa del Doncel o palacio de los Marqueses de Bédmar es
un edificio de estilo gótico civil que se empezó a construirse
en el siglo XIII aunque de sus primeros cimientos no quedan
apenas restos. Volvió a ser completamente levantada entre
la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI. En su
larga existencia ha sido la estancia de personajes y familias
ilustres, como los Vázquez de Arce y Sosa y los Marqueses
de Bédmar.
El edificio ha tenido diferentes usos a lo largo de su historia
y sus diferentes habitantes fueron dividiendo espacios hasta
configurar su estructura laberíntica actual. En 1997, ante la
situación de abandono de la Casa, se planteó una iniciativa
para actuar en ella, con la creación de la Fundación Ciudad
de Sigüenza. Dos de sus patronos, a título personal
compraron la casa, que desde hacía 5 años estaba a la
venta, tenía aprobado un proyecto, básicamente de
demolición de su interior y mantenimiento de la fachada.
Buscaron opciones en las diferentes instituciones, para
participar en la Fundación, con el objetivo de sacar la Casa
adelante, fue improductivo. Y finalmente, después de
llamar a muchas puertas, apareció el Rector de la
Universidad de Alcalá, D. Manuel Gala Muñoz.
La Fundación ofreció la Casa y en diciembre de 1998, la
Universidad la adquirió con el compromiso de llevar a cabo
un Centro de Prácticas Docentes Universitarias. Durante 4
años. el papel de la Fundación Ciudad de Sigüenza fue
fundamental para agilizar los trámites en lo que supuso
toda la ampliación al proyecto de la Casa junto con otras
cuatro propiedades anexas. El espacio de la Casa, junto con
la Hospedería Porta Coeli se inauguró el 5 de octubre de
2002. Ahora pertenece a la Universidad de Alcalá de
Henares que lo ha rehabilitado como museo, sala de lectura
y aulario para cursos de verano.
El edificio consta de tres pisos, una estructura asentada en
tres crujías y está construido en piedra sillar de caliza y
arenisca. La fachada almenada se orienta al sur y se divide
en tres partes: el inferior es la mayor, donde se sitúa la
puerta en arco de medio punto y los escudos de los Vázquez
de Arce y de los Sosa; en el central, una ventana mayor en
el centro y otra menor en la derecha, coronadas por el
escudo de los Vázquez de Arce y Sosa, y la superior con un
ventanal coronado por las almenas. El interior ha sido
alterado a lo largo del tiempo y es difícil averiguar cuál es
la estructura original y cuál la añadida posteriormente.

Seguimos nuestro caminar por la calle Travesaña alta hasta


llegar a la Plazuela de la Carcel. Esta se abre en este
espacio en el siglo XV para atraer el mercado semanal que
ya no cabía en la plaza vieja, plaza de San Juan, y cuyo
tamaño se ampliará unos años más tarde cuando el Cardenal
Mendoza traslade el mercado a la actual Plaza Mayor,
convirtiendo la plaza nueva en el punto neurálgico del
poder civil de la ciudad al concentrar en su perímetro la
cárcel, la Casa Consistorial y el Archivo Municipal. En el lado
izquierdo, la Posada del Sol, construida en la primera mitad
del siglo XVI y formando ángulo con ella, se erigen los
principales organismos civiles de la ciudad renacentista.
La Cárcel Real se situaba entre la Posada del Sol y la Casa
Consistorial. Era un pequeño depósito municipal donde los
presos estaban de forma temporal hasta su definitivo
traslado a presidio. Igual que el Ayuntamiento, su
construcción obedece a sendas Pragmáticas promulgadas
por los Reyes Católicos. La construcción de la casa
Consistorial finaliza en el año 1501 para a continuación
iniciar las obras de la Cárcel.
El Ayuntamiento viejo, como también se le denomina,
cumplió sus tareas administrativas y judiciales durante más
de tres siglos hasta que en el XIX pasó a la actual Plaza
Mayor, ocupando el palacio de los deanes. Su fachada a base
de piedra arenisca rojiza, típica de Sigüenza está
compuesta por dos niveles. La planta inferior con arcos de
medio punto estaba destinada a despacho del escribano y a
oficinas administrativas como el registro y sello. La
superior, donde se celebraban las sesiones del concejo
municipal, tenía ventanas amplias y los escudos de
Sigüenza, de los Reyes Católicos y el Obispo Carvajal, bajo
cuyo reinado y pontificado respectivo se mandó construir
este edificio municipal.

Al final de la calle Travesaña alta llegamos a la Puerta del


Hierro. Esta era la entrada principal de la antigua muralla
de la ciudad del siglo XII y está formada por un arco de
medio punto flanqueado por dos cubos de mampuesto. Era
el lugar donde se cobraba el impuesto de entrada de las
mercancías dentro del recinto amurallado para la venta de
productos en el mercado semanal. Sobre la hornacina, se
encuentra una imagen de la Inmaculada Concepción. Aparte
de la puerta en sí, también se pueden ver las ruinas de una
de las torres originales de la muralla, y la Plaza del Hierro
tiene algunas pintorescas casas medievales completas con
soportes antiguos.
Finalmente llegamos de nuevo al castillo, inicio de nuestra
ruta por Sigüenza, tras atravesar los restos de la Puerta
Nueva situada en el lienzo sur de la muralla gotica de la que
solo se conserva el arranque del arco de la misma. La Puerta
Nueva permitía atravesar la muralla perimetral de la
ciudad, separando el interior del recinto murado de su
exterior, con las eras y el Camino de Valencia. Fue derribada
en el siglo XX para facilitar el paso de vehículos. La Puerta
Nueva sustituyó en el siglo XVI a otra anterior que pereció
en un incendio y cuyas ruinas se conocieron por ello como
la Puerta Quemada hasta la construcción de la puerta que
la sustituyó y que por ello recibió el nombre de Nueva.
Ademas de todo lo visitado dentro del casco historico de
Sigüenza, el viajero puede visitar lugares y monumentos
como la Ermita de Santa Librada, la Torre de Señigo o el
Mirador del Cid.
Ermita que data del año 1692 según los escritos, época en
la que la arquitectura estaba entre los estilos renacentista
y barroco. Se encuentra situada a la entrada de Sigüenza
por la carretera de Soria (junto a la vía del tren y el Río
Henares). Su diseño sencillo y su tamaño modesto, hacen
que a primera vista la ermita no llame mucho la atención.
Además el estado de conservación que presenta, no es el de
un monumento de su importancia y antigüedad.
Según los planos cuenta con dos salas, ambas de forma
rectangular, una mucho más larga que la otra. Cada una de
ellas con una entrada que comunica con el exterior. Además
estas dos salas se encuentran unidas mediante otra puerta.
Externamente y según fotos de archivo, las puertas que
daban acceso al edificio eran de diferentes tamaños, de
este modo la que da a la sala principal es de mayor tamaño
y cuenta con un porche.

La Torre de Señigo, situada en el despoblado del mismo


nombre, es una obra de origen cristiano datada del siglo XII
que pertenecio al arzobispado de Siguenza y cuya
estructura era circular, achatado, imponente. Caida en su
mitad, en su primer piso estuvo la puerta, en el tercero una
ventana gótica, en el cuarta una saetera de piedra caliza,
tuvo un balcón amatacanado sobre la puerta. Tuvo planta
circular al exterior y cuadrada en el interior, formó parte
de un conjunto de varios edificios que constaba de la torre
con una casa adosada (posible casa fuerte) y una ermita
adyacente, hoy todo ha sucumbido al expolio, al tiempo y
al olvido.

El Mirador del Cid situado en el cerro de la Quebrada es uno


de los mejores lugares si se quiere contemplar una buena
panorámica de Sigüenza con el castillo-parador, la catedral
y las casas que lo pueblan. Situado cerca de la localidad,
cogeremos un carril que parte junto a la carretera CM-1101,
la que nos lleva a Sigüenza, frente al cruce de la carretera
de Pelegrina y Torremocha del Campo, y que parte desde
una fábrica de maderas. Hay un cartel indicador que nos
muestra el camino.
Tras unos 2-3 kilómetros llegamos al mirador donde se ha
instalado uno de los hitos cidianos que en su dia se
colocaron en toda la ruta del Cid. La vista es espectacular
y Sigüenza se nos muestra con todo su esplendor. Es una
visita imprescindible para conocer la Ciudad del Doncel.

Sigüenza posee un entorno privilegiado en cuanto a espacios


naturales se refiere, que permite la realización de múltiples
actividades. Encontrará lugares para pasear, para gozar de
los paisajes, para realizar fotografías inolvidables, para
practicar deportes, para disfrutar de una flora y fauna
únicas o para realizar turismo activo. Además, podrá visitar
reservas naturales excepcionales que desafiarán tu
capacidad de asombro.
Tres son los espacios naturales protegidos en la comarca: el
Parque Natural del Río Dulce, el Lugar de Interés
Comunitario del Río Salado y la Microrreserva de los
Saladares del Río Salado. Pero, además de sus espacios
protegidos, Sigüenza cuenta con un pinar que es ideal para
la realización de todo tipo de actividades lúdicas y
deportivas.

La impresión se acentúa al recorrer las calles onduladas,


entretejiéndose entre ellas las plazas, los bellos rincones,
las travesañas que nos hablan de leyenda y de historia. La
vetusta ciudad de Sigüenza tiene noble e interesante
historia en los anales de la Iglesia y de la Patria. Es pródiga
su historia en aconteceres gloriosos.
De origen arévaco, la muy noble y fidelísima ciudad de
Sigüenza ha conservado, a través de tantos siglos y de
tantas mudanzas, la raíz céltica de su nombre, que eleva su
abolengo a los orígenes de nuestra Patria.
En la época romana se llamaba Segontia. Luego, tras el
paréntesis visigodo, los musulmanes potenciaron su
situación estratégica con el levantamiento de buenas
defensas, y dominaron el territorio hasta que un 22 de
enero de 1124, día de San Vicente Mártir, Bernardo de Agén,
de nacionalidad francesa, hombre fogoso, mitad monje -
pues era cluniacense- y mitad guerrero, se apoderó de la
ciudad y expulsó a los muslines.
La ciudad del Doncel es todo un símbolo. Fue, en tiempos
pretéritos, uno de los puntos clave del sistema de baluartes
defensivos que cerraban la frontera contra el Islam.
Sigüenza ha sido enriquecida por una pléyade de Cardenales
y Obispos insignes, que decoran la joya preciosa de su
Catedral, asombro y pasmo del arte.
En la cumbre, su histórico Castillo, palacio de los Obispos y
Señores de la Ciudad hasta fecha relativamente reciente,
fue testigo de sangrientas escenas en tiempos árabes, y de
las lágrimas de doña Blanca de Borbón.
En el centro, su Catedral-fortaleza, majestuosa e insigne,
de severa e imponente arquitectura, dominando, cual
guerrero gigante, el hacinamiento de los edificios de la
ciudad, los cubos de sus murallas y las torres de sus iglesias.
En el corazón de España y en la región de Castilla, la
hidalga, tiene su asiento Sigüenza, la «Ciudad del Doncel»
-estatua acodada y yacente sin par en la estatuaria
mundial- ciudad castellana, la «ciudad del silencio y de la
luna», en frase de Alfredo Juderías, la del límpido cielo
azul, perfumada con esencias yodadas de sus extensos
pinares, de frondosa «Alameda» a orillas del Henares.
Museo vivo de arte: románica, cisterciense, gótica,
renacentista, plateresca, barroca, neoclásica… Sus iglesias
y conventos, la Universidad de San Antonio de Porta Coeli,
la Alameda del Obispo Vejarano… todo, todo en ella nos
habla de sus pasadas grandezas.
Este es el marco que guarda uno de los más bellos cascos
urbano-arquitectónicos de España y los venerables muros
de una de las más antiguas catedrales españolas.

GASTRONOMIA:

La cocina seguntina destaca por su gran calidad, tradición


y las buenas manos que la elaboran. Basada en productos
de la zona, constituye un foco de atracción para aquellos
que sean amantes de la gastronomía de toda la vida, con
sus suculentos asados de cordero y cabrito en horno de leña;
su sopa castellana y sus migas; y en otoño sus sabrosos
platos de caza y los elaborados con las setas de la zona. Sin
olvidarnos de los deliciosos postres elaborados con miel, las
yemas y los bizcochos borrachos y los dulces de convento,
como las trufas de las Hermanas Clarisas.
También hay que hacer mención de la cocina creativa e
innovadora, y del “tapeo” que complacerá al paladar más
exigente por su gran variedad. A destacar los perdigachos y
los torreznos acompañados del “fino seguntino”, la bebida
típica de Sigüenza. Sigüenza Gastronómica organiza a lo
largo del año diversos concursos, rutas y jornadas para
poner en valor su patrimonio culinario.

FIESTAS:

San Vicente Mártir, patrón de la ciudad (22 de enero).

El día de San Vicente, el 22 de enero del año 1124, el obispo


D. Bernardo de Agén reconquistó la ciudad de Sigüenza, que
llevaba cuatrocientos años en manos islámicas. Desde
entonces este santo nacido en Huesca y martirizado en
Valencia es patrono de la ciudad, que celebra en su honor
una de sus fiestas más populares, Fiesta declarada de
Interés Turístico Provincial. La Cofradía de San Vicente,
fundada en el siglo XVIII, es la encargada de organizarla en
colaboración con el Ayuntamiento y la Asociación de
Empresarios de Sigüenza. En la víspera, tras la última
novena y la veneración de la reliquia del santo, se prende
una hoguera nocturna en la plazuela llamada de San
Vicente, por estar abierta ante la iglesia románica que se le
dedicó en el siglo XII. Los más pequeños se tiznan sus caras
con sus tizones, mientras todos degustan las rosquillas del
santo al son de las dulzainas. El día 22, tras la misa, una
procesión lleva la imagen de san Vicente por todas las calles
de la ciudad, recogiendo en sus andas ofrendas diversas que
más tarde se subastan. Al día siguiente se celebra el San
Vicentillo con el “bibitoque”, en el que se invita a todos los
asistentes en la Plaza Mayor a tomar un chocolate,
amenizado por la música de los dulzaineros de la Cofradía
y de Sigüenza. Antiguamente el “bibitoque” se celebraba
en la Eras del castillo regalando a los niños naranjas, la
fruta típica de Valencia. En la actualidad disfrutan con los
Gigantes y Cabezudos, con el toro de fuego y con los juegos
japoneses. Durante estos días se celebra el Festival de
Segontia Folk y el Certamen de Dulzainas y Tamboril José
María Canfran. En el 2024 se conmemorará el IX Centenario
de la Reconquista de la ciudad, con una serie de festejos
semejantes a los que se celebraron hace un siglo.

Fiestas patronales de verano en honor de San Roque y la


Virgen de la Mayor (mediados de agosto).

En 2005 la procesión de los Faroles de Sigüenza fue


declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Una
procesión que se celebra el domingo siguiente de la
Asunción de la Virgen, 15 de agosto y de la fiesta de San
Roque, día 16, patrono de la ciudad. De hecho, es el broche
final de las fiestas patronales en honor de este santo y de
la Virgen de la Mayor.
Recordemos que la procesión por la ciudad de la imagen de
la Virgen de la Mayor se remonta al siglo XV, en concreto al
año 1493, pero no será hasta 1928 cuando por primera vez
se acompañe de este llamativo Rosario. Sus Faroles fueron
elaborados en los talleres Quintana de Zaragoza, realizados
de forma artesanal por el profesor de la Escuela de Artes y
Oficios de dicha ciudad, D. León Quintana Bianchi. Están
formados por un chasis con tirantes de hierro, adornados
con piezas de hojalatería y latón y cubiertos sus espacios
con vitrales de vidrio soplado con representaciones de la
vida de Jesús y de la Virgen María.
El Rosario consta de cinco grandes faroles que representan
los Misterios Gloriosos, llevados en andas; y del resto faroles
de mano representando los cinco Padrenuestros, las
cincuenta Avemarías, los cinco Glorias y sesenta y tres
invocaciones de la Letanía Lauretana. Acompañan al Rosario
la Gran Cruz y el farol de la Salve Regina Mater.
Todos los faroles, que son portados por miembros de las
Peñas seguntinas, con sus típicas camisolas, y por hermanos
y hermanas de la Cofradía de la Virgen de la Mayor, están
iluminado en su interior y en su conjunto forman una
hermosa sinfonía de arte, luz y color, que sobrecoge a todos
los que participan en la noche seguntina en la procesión con
sus cánticos y rezos.
La procesión de los faroles y de la Virgen en su carroza
cuajada de lirios, sale de la catedral, y recorre la calle de
Medina, el barrio de San Roque hasta la iglesia de San
Francisco (Ursulinas) y la Avenida de la Alameda. Desde allí
por las calles del Humilladero y de Guadalajara regresa a la
catedral, donde la Virgen volverá a presidir durante todo el
año su magnífico altar barroco.

El segundo fin de semana de julio se celebran las Jornadas


Medievales.

La Asociación Medieval Seguntina celebra las Jornadas


medievales desde 1999, teniendo como escenario las calles
y plazas del centro histórico de la ciudad y sus principales
monumentos, la catedral y el castillo (actual Parador de
Turismo). Durante el segundo fin de semana de julio la
ciudad se engalana y ambienta en el medievo, con muchos
de sus vecinos vestidos de época. Un gran mercado
medieval, donde se pueden adquirir desde viandas a todo
tipo de objetos de regalo, se extiende desde la plaza Mayor
al castillo. Actuaciones musicales y teatrales, exhibiciones
de cetrería y de juglares completan unos festejos que se
celebran para rememorar un hecho histórico ocurrido en
nuestra ciudad en el siglo XIV.
El hecho histórico, razón de las fiestas, fue el
confinamiento durante cuatro años en el castillo seguntino
de la reina Dª Blanca de Borbón, esposa de Pedro I de
Castilla, llamado el Cruel o el Justiciero. Dª Blanca era una
princesa francesa, casada por intereses de Estado con Pedro
I. A los pocos días del matrimonio, celebrado en 1353, el
Rey la repudió por no recibir la dote completa prometida
por el Rey de Francia y por preferir los amores de doña
María de Padilla, que acababa de darle una hija.
Para evitar que en torno a la reina se organice un partido
en contra suya, liderado por su hermanastro Enrique de
Trastámara, Pedro I confina a Dª Blanca en el castillo
seguntino, acompañada de una pequeña corte, entre 1355
y 1359. Desde allí la reina será trasladada hasta Andalucía
donde murió en Medina Sidonia por causa desconocida,
aunque seguramente no natural.
Estos son los hechos ciertos que en las Jornadas se recrean,
aunque se añaden algunos detalles que en realidad no tiene
base histórica para darles mayor dramatismo, como el
Asalto al castillo por los partidarios de la reina. O
acontecimientos que ocurrieron lejos de nuestra ciudad,
como la lucha a muerte en Montiel entre Pedro I y su
hermanastro, el futuro Enrique II Trastámara. Bertrand du
Guesclin, partidario del segundo apuñaló allí al rey D.
Pedro, y, según la tradición, al hacerlo pronunció la famosa
frase: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”
En estas Fiestas Medievales destaca también actividades
como la Noche de Embrujo, en la que comparsas de brujas,
esqueletos, damas blancas y negras, elfos y otros habitantes
nocturnos de la ciudad, dan rienda suelta a sus fechorías,
recorriendo sus calles medievales hasta la Plazuela del
Doncel para realizar allí sus ceremonias y bailes rituales.

Son también notorias las celebraciones navideñas,


especialmente por la popularidad de sus «rondallas» o
«rondas» callejeras.

En el mes de diciembre la Diputación Provincial financia un


concierto el Día de la Constitución, pero la mayoría de los
conciertos que se celebran ese mes son de temática
navideña. La Rondalla Seguntina, además de la Gran Ronda
del día 23, en la que se cantan coplas que narran todos los
acontecimientos del año en la ciudad, ofrece un Concierto
de Navidad en El Teatro Auditorio El Pósito, y de igual modo
organizan conciertos navideños la Asociación Bell’Arte
Europa, igualmente en El Pósito, y la Banda de Música en la
Parroquia de Santa María. Por otra parte, es la Asociación
Seguntina de Folklore la que organiza el Certamen de
Villancicos, “Navidad en Sigüenza”, en el que participan,
entre otros grupos venidos de fuera, la propia Rondalla
seguntina y la Ronda de Amigos de Sigüenza. Finalmente,
también por Navidad la Escuela Municipal de Música ofrece
una audición de todos sus alumnos.

La Semana Santa, con diversas procesiones de gran belleza,


entre las que destaca la del Santo Entierro o «del Silencio»,
del Viernes Santo por la noche.

En los siglos XVI y XVII siglos se fundaron en Sigüenza las


Cofradías de la Vera Cruz y del Santo Sepulcro, fusionadas
al cumplir el primer tercio del XX. Sus cofrades son los que
portan los pasos de Semana Santa en las procesiones que
recorren la ciudad desde el Domingo de Ramos al de
Resurrección. Es una de las semanas del año de mayor
afluencia turística.
Estos cofrades se dividen en hermanos de vela y hermanos
de carga. Estos últimos, que son los que llevan sobre sus
hombros los pasos, son popularmente llamados armaos, a
causa del traje de rasgos militares que visten. Compuesto
de camisa blanca, calzón y chaquetilla de pana negra, y
medias y zapatos del mismo color. Sobre este traje de
dentro se colocan un cuero o coleto, y unas mallas o
corazas, que se componen de peto y espaldar, y que ciñen
con una vistosa faja de color rojo. Completan el traje un
yelmo y una lanza.
El paso típico de estos hermanos de carga, arrastrando los
pies al portar las imágenes, es conocido como el paso de
armao y es uno de los sonidos más peculiares de las
procesiones seguntinas. La tradición de ser armao pasaba
siempre de padres a hijos o de hermano a hermano o entre
amigos. Pero en la actualidad, y desde el 2016, las mujeres
pueden ser hermanas de carga.
Las procesiones seguntinas comienzan el Domingo de
Ramos, con la que traslada desde la parroquia de Santa
María, ubicada en el Arrabal, a la catedral el paso de “La
Entrada de Jesús en Jerusalén”, conocido popularmente
como “La Borriquilla”, tras la bendición de los ramos. Único
paso que lleva ruedas. Por la tarde se trasladan el resto de
los pasos desde la nueva ermita de la Vera Cruz, antes de la
Venerable Orden Tercera, hasta la Catedral.
En el Lunes Santo empieza la distribución de pasos por las
distintas parroquias. Ese día desde la Catedral se llevan a
la parroquia de San Vicente los pasos de “La Oración en el
Huerto” y “La Flagelación”. Se trata de una procesión de
especial belleza al transitar por el centro histórico medieval
de Sigüenza. El paso de armao resuena más que nunca
cuando las imágenes ascienden lentamente por la calle
Mayor y recorren la estrecha Travesaña Alta, acompañadas
por la Banda de Cornetas y Tambores. El Martes Santo
procesionan los pasos de “El Beso de Judas” y de “La Virgen
Dolorosa” desde la Catedral a la parroquia de Santa María.
El Miércoles Santo se realiza el traslado de “El Santo
Sepulcro” y de “La Virgen de la Soledad” desde la antigua
Ermita de San Lázaro, hoy iglesia de la Residencia de
ancianos “Padre Saturnino López Novoa” hasta la Catedral.
Y el Jueves Santo, día en el que no hay procesiones, se
visitan los Monumentos (altares de flores y velas en torno a
un sagrario vacío) en las iglesias y parroquias de la ciudad.
El Viernes Santo en Sigüenza es el día grande de la Semana
Santa. Por la mañana salen simultáneamente tres
procesiones desde las tres parroquias seguntinas: la de San
Pedro en la Catedral, la de San Vicente y la de Santa María,
hasta juntarse en la Plaza de Don Hilario Yaben, y recorrer
juntas, acompañadas de los hermanos y hermanas de vela,
la Banda de cornetas y tambores y la Banda municipal, la
calle del Humilladero y el Paseo de la Alameda hasta la
ermita de la Venerable orden Tercera, donde los pasos
quedan depositados hasta el año siguiente.
Por la tarde noche se celebra en la Catedral la Ceremonia
del Descendimiento de la Cruz, que recuperó después de
237 años. Los armaos eméritos, que son aquellos que por su
edad o por cualquier problema ya no pueden llevar los pasos
al hombro, son los encargados de bajar a Cristo de la cruz
y depositarlo en su sepulcro. A continuación, el sepulcro,
acompañado por “La Virgen de la Soledad”, que procesiona
mecida por los armaos en traje de dentro, recorre las calles
de Guadalajara y José de Villaviciosa hasta la ermita de San
Lázaro. Los cánticos de las Esclavas de la Virgen y el sonido
de los tambores los acompañan. Allí tiene lugar uno de los
momentos más singulares de la Semana Santa seguntina,
cuando el mayordomo de la Cofradía de ese año da tres
fuertes golpes en la puerta de la Ermita. Desde dentro le
preguntan: “¿Quién?”, respondiendo él desde fuera: “Jesús
el Nazareno, Rey de los Judíos”. Y cuando las puertas se
abren, la multitud rompe el silencio con un fuerte aplauso.
El Domingo de Resurrección se celebra la última de las
procesiones seguntinas, denominada del Encuentro, de la
Alegría o de La Torrendera, por la Virgen que portan las
hermanas de carga, y que en el atrio de la catedral hace
tres genuflexiones ante la imagen de su hijo resucitado
portado por los armaos más jóvenes. Posteriormente,
ambos pasos procesionan por la calle de Guadalajara, la del
Humilladero y el Paseo de la Alameda hasta la iglesia de
Nuestra Señora de los Huertos. A continuación, la Banda
municipal ofrece un pequeño concierto antes de la
tradicional quema de Judas, un pelele lleno de petardos
que se cuelga en medio de la Alameda.
La mayoría de los primitivos pasos de Sigüenza fueron
quemados en la guerra. Los actuales fueron adquiridos poco
a la poco por la Cofradía. Todos ellos han sido restaurados
recientemente e incluso se ha tallado uno nuevo, a
semejanza del antiguo: el paso de La Flagelación.

Santa Librada, antigua patrona de la Diócesis y de la ciudad


de Sigüenza. 20 de julio.

Romeria de Barbatona

El segundo domingo de mayo se celebra esta popular


romería, presidida por las autoridades eclesiásticas y civiles
de la provincia. Parte de la catedral de Sigüenza y, tras
recorrer 7 km a pie, llega al Santuario de la Virgen de la
Salud situada en el pueblecito de Barbatona, pedanía de
Sigüenza. El trayecto es de 5 kilómetros si se hace por el
pinar. Allí, además de los oficios religiosos, se celebra un
bullicioso y alegre mercadillo. También en septiembre, al
domingo siguiente de la Natividad de la Virgen, se celebra
esta fiesta en el Santuario con una misa y mercadillo a sus
puertas.
La devoción por la Virgen de la Salud es ancestral y del siglo
XVIII son su Cofradía y Santuario. Sus primeras romerías
populares son de esa época, pero las Grandes Marchas de
Mayo, declaradas Fiesta de Interés Turístico Provincial, se
iniciaron en 1965 en época del obispo Laureano Castán
Lacoma.

Festividad de San Juan.

La fiesta de San Juan, también llamada de la Noche de San


Juan, se celebra en la víspera del 24 de junio. Una fecha
muy cercana al solsticio de verano festejado desde la
antigüedad con el encendido de hogueras. Esa tarde los
diversos barrios de Sigüenza adornan sus calles y plazas con
los “Arcos de San Juan”, hechos de ramas de chopo y
engalanados de rosas, y presididos por imágenes del santo,
ante los que se dispone una mesa adornada también con
ramas de sanjuaneras y otras hierbas aromáticas y una
bandeja para recibir ofrendas con las que pagar el
tradicional chocolate.
Por la tarde/noche las autoridades civiles y los
representantes de diversas asociaciones seguntinas,
acompañados por dulzaineros, recorren todos los arcos que
se han presentado al concurso, entre los que destacan los
elaborados en las tres Residencias de Ancianos, para elegir
el mejor. Ante los arcos se cantan y bailan las “Sanjuaneras”
por vecinos de muy diversa edad ataviados con trajes
típicos. Y, ya en la noche, en la Plaza Mayor se entregan los
premios, tras la actuación de la Rondalla seguntina y su
grupo de baile, mientras arde una hoguera en honor del
santo.

PLANO TURISTICO: [Link]


content/uploads/2022/03/[Link]

en septiembre 03, 2024


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1 comentario:
1.
Anónimo3 de septiembre de 2024, 15:19
Pedazo reportaje. Mil gracias por compartir
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