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Liberalismo y Nacionalismo 1815-1848

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EL LIBERALISMO Y EL NACIONALISMO

El periodo que transcurrió en Europa entre 1815 y 1848 se conoce como Restauración absolutista
que como hemos visto consistía en un sistema político e ideológico, creado de espaldas a la
realidad, que pretendía mantener el poder en manos de unos grupos minoritarios y desfasados.

Ahora bien, la Revolución Francesa había dejado su huella y la propagación de los ideales
revolucionarios que habían llevado los ejércitos napoleónicos por Europa habían alterado de una
manera irreversible la estructura política del continente. El período que va del 1815 a 1848 se
caracteriza por la oposición entre las antiguas clases dirigentes, ligadas a la sociedad del Antiguo
Régimen, y las nuevas fuerzas surgidas de la Revolución Industrial, que se basaban en el
liberalismo y en el nacionalismo. Para los primeros el objetivo supremo era evitar una segunda
Revolución Francesa, o aún peor, una revolución europea general. Para los segundos, en cambio,
se trataba de imponer de una manera definitiva los principios políticos y sociales de la Revolución
Francesa.

I. EL LIBERALISMO

1. ¿Qué es el liberalismo?

El conjunto de transformaciones ideológicas y políticas que se produjeron en Europa y América,


entre el último tercio del siglo XVIII y el final del Imperio napoleónico (1815), confirmaron una
corriente ideológica y una doctrina política y económica que conocemos con el nombre de
liberalismo. Tenía su principal referente en la Declaración de Derechos del Hombre y del
Ciudadano (1789), que cohesionaba la sociedad en base a los ciudadanos que integraban la
nación, unificada por el Estado.

El término liberalismo sirve para identificar un conjunto de ideas que fueron la base de los
sistemas políticos creados por las revoluciones burguesas del siglo XIX y que se asientan en
algunos grandes principios:

● El liberalismo establece que la sociedad está formada por individuos y no por


estamentos, y defiende el derecho de todos los seres humanos a la libertad individual.
En consecuencia, defiende la libertad aplicada a todos los ámbitos de la actividad
humana: económico (libertad para fabricar, comerciar …), político (libertad de opinión,
asociación..), religioso, de pensamiento, etc., y el respeto a la libertad de los demás.

● En política, los liberales son contrarios al poder absoluto y partidarios del sistema
parlamentario, la separación de poderes y la soberanía nacional (representada por los
Parlamentos). La Constitución es la norma fundamental a través de la cual se
establecen las relaciones entre los individuos, la sociedad y el Estado.
De esta forma, el liberalismo liquidaba la concepción tradicional del poder como patrimonio de
los monarca, que lo ejercían por delegación divina en unas sociedades divididas en estamentos
y asentadas en los privilegios de sangre. Por todo ello, adquirió un carácter revolucionario
durante la primera mitad del siglo XX, impulsado por la burguesía y, en buena medida, por las
clases populares, sobre todo urbanas.

El liberalismo es la doctrina política de la burguesía, su particular concepción de la política y su


forma de ver el poder. En esta concepción del poder veremos también una evolución
importante, durante la Restauración defienden un compromiso entre las ideas de la revolución y
algunas del Antiguo Régimen, es lo que llamamos liberalismo doctrinario, esta forma de
liberalismo llegará al poder en Francia con la Revolución de 1830. Una forma más amplia de
ver las cosas integrando a todos los grupos sociales además de la burguesía se irá abriendo
paso a partir de la Revolución de 1848, es el liberalismo democrático precedente inmediato de
nuestras democracias actuales, para algunos autores esto no es liberalismo sino democracia.

2. Las nuevas oleadas revolucionarias del siglo XIX

En definitiva, en toda Europa se van a producir revoluciones liberales que tendrán como
ingredientes principales el nacionalismo, el liberalismo o ambos.

2.1. La independencia de la América española y portuguesa.


Las antiguas colonias españolas y portuguesas no escaparon de la agitación revolucionaria que
sacudió Europa. Tres causas generales determinan el estallido revolucionario en estos países
que desemboca en la independencia de España y Portugal. La primera es la expansión de las
ideas de la Ilustración entre una minoría de intelectuales. La segunda el régimen económico
que España imponía a esas colonias que consistía en que la burguesía criolla (se llama criollo
a un hijo de español nacido en América) sólo podía comerciar con España y no con otros
países, eso le ocasionaba grandes perjuicios. La tercera causa es que esa burguesía criolla
estaba apartada de los cargos públicos que se reservaban para los españoles.

La revolución se inicia en 1810 en tres centros: México, Caracas y Buenos Aires, y tras
varias vicisitudes – como la guerra civil entre los partidarios de la independencia y los de
continuar unidos a España- concluye en 1824 con la independencia de estos territorios
que no formaron una unidad política como Brasil, sino un rosario de repúblicas
independientes. Entre los luchadores por la independencia destacaron: Hidalgo en
México, Simón Bolívar en Colombia-Venezuela, San Martín en Argentina-Chile...

La independencia de la América
española.

2.2. Las revoluciones de 1820.


En 1820 una nueva oleada revolucionaria afectó a dos países de Europa: España y
Grecia. En España la revolución tiene un carácter liberal, Fernando VII tras su vuelta
había reimplantado el Antiguo Régimen e iniciado una caza de liberales. En 1820 el
comandante Riego, con las tropas preparadas para sofocar la rebelión de las colonias
americanas, da un golpe de Estado, el rey asustado jura la Constitución de 1812 y
España se convierte en un país liberal. Este experimento acaba cuando tres años más
tarde las tropas de la Santa Alianza restablecen a Fernando VII como rey absoluto.

En Grecia la revolución tiene un carácter nacionalista, siglos de dominación turca no han


acabado con la lengua griega y la religión cristiana ortodoxa, que se convierten en las
señas de identidad del nacionalismo griego. Como vemos, en este levantamiento
predomina el ingrediente nacionalista. Toda Europa se volcó con la causa griega y, por
fin, el país, cuna de la civilización occidental, consiguió su independencia en 1829.

El proceso revolucionario iniciado en 1820 tuvo características peculiares:

● Las causas profundas fueron el antiabsolutismo y el nacionalismo y respondían al


intento de cambiar la situación política a favor de una monarquía constitucional, de
inspiración liberal.
● Las nuevas formas de lucha, mediante sociedades secretas de carácter liberal
(masones, carbonarios, comuneros).
● La participación del ejército,bien para apoyar el levantamiento o para reprimirlo.
● El fracaso de las revoluciones por la reacción interna o por la intervención de la
Santa Alianza.

2.3. Las revoluciones de 1830. El triunfo del liberalismo conservador

La segunda tanda revolucionaria tuvo lugar entre 1829 y 1839 y afectó a toda Europa
occidental. A diferencia de la revolución de 1820 hubo más participación popular, no se
redujo a grupos insurreccionales como los de los años 20. La revolución de 1830 supuso
la derrota definitiva del poder aristocrático en la Europa occidental y el hundimiento del
sistema de la Restauración. La alta burguesía animada por el desarrollo económico del
capitalismo, luchó para imponer un nuevo orden político de tipo liberal conservador
basado en la Constitución francesa de 1791.
Toda Europa se ve sacudida por esta revolución, desde Francia hasta Rusia, si bien sólo
triunfó en Francia y Bélgica. Como siempre en la raíz de estos brotes revolucionarios
encontramos varios años seguidos de malas cosechas que crean un clima social
turbulento y hace que las masas sean fácilmente manipulables por la burguesía.

En Francia Luis XVIII ha reimplantado el absolutismo, pero consciente de la imposibilidad


de volver al pasado, ha firmado una Carta Otorgada o pseudoconstitución que permite la
existencia de un Parlamento elegido, pero sin casi funciones. Su heredero Carlos X quita
a la alta burguesía comercial el derecho a ser elegido en ese Parlamento. Esto origina un
levantamiento popular que desemboca en la abdicación del rey y en la proclamación de
Luis Felipe de Orleáns como rey constitucional. En Francia se ha instaurado nuevamente
un régimen liberal.

Bélgica fue asignada a Holanda en el Congreso de Viena. El pueblo belga tratado de


forma arbitraria por el soberano holandés no va a aceptar esta nueva situación y se
rebela en 1830. El resultado es la independencia del país y la proclamación de una
monarquía parlamentaria. Como vemos se dan en esta revolución los dos principios de
liberalismo y nacionalismo.

Con el ejercicio del poder el liberalismo se volvió más conservador. A pesar de defender
las libertades, los liberales no eran demócratas. Representan los intereses de la alta
burguesía industrial y de negocios, que habiendo llegado al poder gracias a la
insurrecciones , vivió con el miedo a ser desposeída por una revolución popular. La
burguesía creía que sólo ella era apta para llevar los asuntos del estado y por eso
normalizaron el sufragio censitario privando a la mayoría (clase trabajadora y mujeres)
del ejercicio de la libertad y de los derechos políticos.

2.4. Las revoluciones de 1848: liberalismo y democracia.

Las revoluciones de 1820 y de 1830 habían debilitado el sistema de la Restauración; las


del 1848 lo hundieron definitivamente. Además, el 1848 significó el surgimiento de
nuevos ideales democráticos y la irrupción de la clase obrera, que participó muy
activamente en las revueltas y planteó reivindicaciones con un carácter mucho más social. En
pocas semanas fueron derrocados los gobiernos de Francia, de los estados alemanes e
italianos y del Imperio austriaco. Toda Europa fue sacudida por movimientos revolucionarios de
carácter democrático rádical, con las excepciones de Gran Bretaña y Bélgica, que ya disponían
de unas formas políticas más avanzadas, y de la atrasada Rusia, donde los sectores liberales
radicales no tienen fuerza suficiente.

Las causas que explican la magnitud del movimiento son múltiples y comunes a las
sociedades europeas. En los años anteriores a 1848, las dificultades económicas produjeron
efectos similares en el conjunto de Europa. En el período de 1846 a 1848 hubo malas
cosechas, sobre todo de patatas, que ya era el alimento básico, también las cosechas de
cereales fueron muy escasas en aquellos años. Todo ello repercutió en el fuerte aumento de los
precios de los productos más necesarios. La crisis se trasladó a la industria, ya que la
población tenía una menor capacidad para comprar productos manufacturados. La crisis
económica generalizada no fue la única causa de la revolución pero creó un malestar que
refuerza la idea que la sociedad estaba mal organizada y mal administrada, hecho que añadía
motivos para la insurgencia y la acción revolucionaria

También tendríamos que hablar de las causas políticas e ideológicas. Desde el punto de
vista político Europa pasa por una etapa de inestabilidad importante. El continente se encuentra
dividido en dos bloques: los países liberales y los absolutistas. Pero dentro de los países
liberales se van a producir tensiones, el liberalismo doctrinario (sufragio censitario, soberanía
nacional, poder autoritario...) de la alta burguesía va a ser contestado por sectores muy
importantes de la sociedad de inspiración claramente republicana. Las clases populares y la
baja y media burguesía van a pedir una mayor apertura política y defenderán unos
planteamientos políticos que van más allá del liberalismo doctrinario, es el liberalismo
democrático donde se exige, entre otras cosas, un mayor número de libertades, el sufragio
universal, la soberanía popular, la república como forma de gobierno... En Europa Central y
Oriental a este componente liberal-democrático hay que sumarle el componente nacionalista
que va a hacer temblar a los regímenes absolutistas, aunque los resultados van a ser más
modestos. Hemos de señalar también la importancia de las ideas sociales, la revolución
industrial se ha consolidado en el Continente y el movimiento obrero se ha ido desarrollando,
aunque en general se encuentra próximo a las reivindicaciones del liberalismo democrático, su
evolución posterior y su marginación tras el triunfo de la revolución les va a ir separando poco a
poco. Como hecho importante recordemos que es en 1848 cuando Marx y Engels publican el
Manifiesto Comunista, punto de partida de la ideología marxista.

La revolución comenzó en Francia cuando, en febrero de 1848, el gobierno del rey Luis Felipe
de Orleans restringe las libertades (derecho de reunión, libertad de prensa…). El movimiento
insurreccional culminó con el asalto al Palació Real, la huida del rey y la proclamación de la
República. Se formó un gobierno provisional que impulsó un programa de reformas políticas y
sociales: sufragio universal masculino, supresión de la esclavitud, abolición de la pena de
muerte e intervención del Estado en la vida económica con el fin de garantizar el derecho al
trabajo de los parados (creación de los Talleres Nacionales).

Se celebraron elecciones con sufragio universal masculino cuyo resultado dio el triunfo a los
republicanos moderados que formaron un gobierno que procedió al cierre de los Talleres
Nacionales y a eliminar las reformas sociales iniciadas por el gobierno provisional. La respuesta
se produjo en forma de una insurrección popular en junio de 1848, que se convirtió en un
enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado. La rebelión fue aplastada con la
intervención del ejército y la represión fue muy dura (1500 fusilados y 25000 detenidos). La
burguesía se cohesionó alrededor de un nuevo gobierno fuerte, que garantizase el
funcionamiento de un régimen liberal frente a las aspiraciones populares. En diciembre, el
acceso de Luis Napoleón Bonapart, Napoleón III, al poder respondió a estas necesidades y
culminó con la proclamación del Segundo Imperio (1851).

El impacto de la revolución de París fue inmediato y se extendió por Europa:

● En la península Italiana la revolución se basó en la petición de constituciones liberales,


del sufragio universal y del fin de la ocupación austriaca que fueron reprimidas por el
ejército de Austria.
● En los estados alemanes, las revueltas sociales se extendieron a varios territorios, lo
que obligó a convocar un Parlamento alemán. Este parlamento se proclamó “soberano”
y nombró un gobierno, elaboró un proyecto de constitución y llegó a discutir sobre la
posible unificación de Alemania. El rey de Prusia disolvió el Parlamento.
● En el Imperio austriaco la monarquía se transformó en una monarquía constitucional y
la servidumbre se abolió.

El balance de este proceso revolucionario, el más intenso de todo el ciclo, fue diferente del
de las oleadas revolucionarias anteriores.
● Aunque fue una revolución liberal y nacionalista, por primera vez se unieron también
movimientos socialistas, la ideología de de la lucha obrera.

● Cerró el ciclo revolucionario liberal iniciado en Francia en 1789 y en el resto de Europa


en 1820.

● Supuso el definitivo fracaso de los movimientos revolucionarios liberales. En las


revoluciones liberales colaboraron burgueses y obreros. Desde entonces la población
europea se dividió entre los movimientos obreros de izquierdas y los movimientos
nacionalistas de derechas.

● Pero fue un fracaso relativo, pues se alcanzaron algunos objetivos: se logró el sufragio
universal masculino en Francia y la abolición de la servidumbre en Austria y se fortaleció
el nacionalismo en los territorios italianos y alemanes, lo que tuvo importantes
consecuencias para el futuro.

II LOS NACIONALISMOS (1847-1871)

Junto al liberalismo aparece otra idea constante en el pensamiento burgués: la idea de


nación. La formación de los Estados-nación de buena parte de Europa occidental se había
iniciado con la configuración de Estados unitarios en los siglos XVII y XVIII. Después, la
Revolución Industrial planteó la necesidad de articular los mercados nacionales con la
desaparición de las aduanas interiores, la unificación de pesos y medidas y la promulgación
de códigos de comercio. Por último la revolución liberal estimuló el desarrollo del concepto de
nación.
Una vez llegados a este punto hemos de aclarar dos conceptos que se utilizan a veces como
sinónimos pero que son distintos: nación y estado.

Nación: es el conjunto de individuos que pertenecen a una comunidad que tiene una
lengua, una religión, costumbres, derechos e historia comunes.

Estado: es una unidad política con fronteras internacionalmente reconocidas.

Como ideología el nacionalismo evolucionó hacia dos posturas distintas, incluso opuestas:

● Nacionalismo liberal. Presente en los movimientos revolucionarios que defendian la


libertad y la independencia de los pueblos.

● Nacionalismo conservador. Que concebía a los pueblos como realidades históricas


que se manifestaban mediante las costumbres e instituciones tradicionales.

El nacionalismo liberal

Tiene su origen en la Ilustración y la Revolución francesa y la Independencia de los Estados


Unidos. En el nacionalismo liberal, la lealtad tradicional de los súbditos hacia los monarcas se
veía sustituida por la lealtad de los individuos (convertidos en ciudadanos) a la nación y a su
Constitución como reflejo de la soberanía nacional. La ciudadanía se lograba por haber nacido
en un territorio o por residir en él.

En su versión liberal el nacionalismo concibe la pertenencia a una nación como un acto


voluntario de los ciudadanos.

El nacionalismo conservador

El antecedente se encuentra en el tradicionalismo de algunos autores defensores de los


valores del Antiguo Régimen y del cristianismo en contraposición a los de la Ilustración y el
liberalismo.

Fue el Romanticismo alemán el que anticipó la idea de un nacionalismo orgánico a través de la


noción de Volkgeist (“carácter nacional”). Este se manifestaba en rasgos culturales y étnicos
compartidos como reflejo del destino histórico de la nación. Así pués, la nacionalidad era un
derecho de sangre que se basaba en la existencia de una lengua, una cultura y unas
tradiciones comunes, y por tanto la pertenencia a una nación no podía ser un acto voluntario.

Según estos planteamientos, las naciones no existen por decisión individual, sino que son
realidades superiores. La legitimidad del Estado es la consecuencia de la existencia de un
pueblo con una historia común reflejada en sus rasgos culturales.

Con una burguesía consolidada en el poder, desde 1848 el nacionalismo abandonó


progresivamente los planteamientos liberales y adoptó una postura conservadora. En la
segunda mitad del del siglo XIX, está ideología terminaría desembocando en posiciones
ultranacionalistas que sirvieron para justificar políticas expansionistas, imperialistas y racistas.

2. El papel del nacionalismo

En el primer tercio del siglo XIX, España, Reino Unido, Francia, Portugal, Holland, Estados
Unidos y las repúblicas hispanoamericanas habían logrado la unidad nacional, mientras que
otros territorios estaban en proceso de conseguir su independencia, como el caso de Grecia
respecto del Imperio otomano.

Sin embargo, muchos pueblos carecían de Estado propio: los belgas se encontraban sometidos
a Holanda; los polacos estaban integrados en el Imperio ruso; alemanes e italianos se hallaban
divididos políticamente en numerosos principados y reinos; en Europa central, el Imperio
austriaco dominaba un vasto conglomerado étnico (austriacos, húngaros, croatas, checos,
etc.), finalmente los pueblos de la Europa balcánica (serbios, búlgaros, rumanos, etc.) estaban
sometidos al Imperio ototmano.

Durante el segundo tercio del siglo XIX, el nacionalismo, se convirtió en una fuerza política de
primer orden que actuó en una doble vertiente:

● Fuerza centrífuga. En los estados plurinacionales, construidos por pueblos con


diferencias étnicas, lingüísticas, culturales y religiosas, el nacionalismo operó como
elemento disgregador. Así ocurrió en los imperios austriaco y otomano, donde los
pueblos sometidos desarrollaron discursos nacionalistas propios que reivindicaban su
derecho a constituirse como países.

● Fuerza centrípeta. Hubo territorios en los que un pueblo culturalmente homogéneo


estaba dividido entre múltiples estados. En ese caso, el nacionalismo actuó como
impulso aglutinador. Así sucedió en los casos de Italia y Alemania, que terminarían
configurándose a partir de la unión de territorios diversos.

En uno y otro caso, era un requisito esencial la construcción de la conciencia nacional


entendida como el sentimiento de identificación y pertenencia a una nación. Para ello, el
nacionalismo llevó a cabo una labor de cohesión mediante la definición de los aspectos
culturales que componían las naciones.

En ello jugó un papel esencial el valor de la lengua vernácula tomada como símbolo de unión
nacional, así que se procedió a la búsqueda y publicación de documentos y obras literarias
antiguas que legitiman la existencia de la nación. También fue clave la labor de la investigación
histórica como medio para construir un relato nacional, una historia común con la que se
identificaran sus habitantes.

3. Los primeros movimientos nacionalistas (1820-1830)

El mapa europeo definido en el Congreso de Viena fijaba la existencia de seis estados, tres
imperios y más de treinta comunidades culturales sin Estado, entre las que destacaba la
alemana y la italiana.

En el contexto de las revoluciones liberales y basándose en el derecho de los pueblos frente al


derecho de los monarcas, se iniciaron las primeras revueltas nacionalistas con el fin de
conseguir la independencia nacional y construir un Estado propio. Antes de 1848, las más
importantes fueron las de Grecia y Bélgica.

4. La “primavera de los pueblos”

El nacionalismo tuvo gran importancia en las revoluciones de 1848: la mejor muestra de ello
fueron los acontecimientos ocurridos en el Imperio austriaco, una entidad absolutista en la
que la minoría austríaca monopolizaba el poder y dominaba a las demás comunidades. En este
contexto, el resurgimiento de de forma paralela a la agitación liberal y pronto derivó en
reivindicaciones nacionalistas.

Así , la revolución de 1848 será conocida como la “primavera de los pueblos” de amplitud
desconocida hasta la fecha. La insurrección se inició en Viena (marzo de 1848) que provocó la
caída del absolutismo y la elección mediante sufragio universal la elección de una Asamblea
Constituyente. Pero también comportó la emergencia de movimientos nacionalistas en
Chequia, Polonia y Croacia, que reclamaban el reconocimiento a su identidad, el respeto a la
diversidad lingüística y cultural y la igualdad de derechos entre los distintos pueblos. En la
Lombardía italiana, la insurrección reclamó la retirada de los austriacos mientras que en
Venecia se llegó a proclamar la república. En Hungría se proclamó la independencia,
iniciándose una guerra con Austria, que no la aceptó.

Si bien todos estos movimientos fueron derrotados, el Imperio austriaco se vio obligado a
introducir reformas. Se estableció un sistema liberal moderado, basado en el sufragio
censitario, y aunque se restableció la unidad territorial, la continua presión de los movimientos
nacionalista consiguió algunas reivindicaciones culturales y provocó una modificación de la
estructura del Imperio. En 1967, se convirtió en una monarquía dual, con dos Estados, Austria y
Hungría , unidos sólo por la persona de Francisco José, emperador de Austria y rey de
Hungría. Está situación se mantuvo hasta la Primera Guerra Mundial.

5. Dos nuevos estados: Italia y Alemania

Hasta 1870 estos dos territorios habían permanecido fragmentados en multitud de estados
independientes, pero existía en ellos la idea de pertenecer a una sola nación y la aspiración a
convertirse en un estado unificado independiente cada uno. En las dos zonas habían
fracasado las revoluciones del 30 y del 48, que allí habían tenido un alto contenido nacionalista.
Además de la lengua como elemento común, las dos naciones contaron con intereses
económicos comunes (conveniencia de un mercado amplio sin fronteras...) y la existencia de
líderes indiscutibles que encarnaron la voluntad de independencia: en Italia Cavour y Garibaldi,
y en Alemania Bismarck. La coyuntura internacional también favoreció estos procesos por el
apoyo de Francia y la indiferencia de Gran Bretaña.

5.1. La unificación italiana

El motor de la lucha partió del pequeño reino del Piamonte. Allí su rey Víctor Manuel y el primer
ministro Cavour dirigieron la lucha contra Austria que ocupaba Lombardía y Venecia. Con
apoyo de Francia derrotaron a Austria y la expulsaron de Lombardía (1859) y más tarde ésta se
retiró de Venecia (1866). Poco a poco muchos territorios se iban añadiendo a la causa italiana.
Es de destacar la labor de Garibaldi, un aventurero que consiguió incorporar a la causa el reino
de Nápoles y Sicilia en 1860. El último territorio que quedaba para completar la unidad eran los
Estados Pontificios, gobernados por el Papa que se oponía a este proceso y estaba protegido
por las tropas francesas.

Cuando Napoleón III es derrotado por Alemania el Papa se queda solo y es el momento en el
que las tropas de la Italia unida entran en Roma y hacen de ella la capital del Reino de Italia
con Víctor Manuel II a la cabeza. Los territorios papales quedan reducidos a la Ciudad del
Vaticano.
Italia antes de la unificación

5.2 La unificación alemana

Alemania permanecía fragmentada desde la Edad Media. Aunque de forma nominal se


conocía a aquel territorio como el Sacro Imperio Romano Germánico, en la práctica era
un mosaico de unos treinta y nueve estados independientes. De todos ellos dos tenían
una mayor fuerza y extensión: Austria y Prusia. Uno de ellos sobraba. Prusia era mucho
más fuerte y a la larga marginaría a Austria que quedaría fuera. Desde el punto de vista
económico ya había desde 1834 una unión aduanera entre los distintos estados en una
asociación llamada Zollwerein.

La unificación se produjo a través de varias guerras. La primera de ellas fue la llamada


Guerra de los Ducados por la que Prusia y Austria arrebataron dos pequeños ducados a
Dinamarca en 1864. La marginación de Austria del proceso se produjo tras la derrota en
la guerra entre Prusia y Austria en 1866. La Francia de Napoleón III veía con recelo una
potencia unida tras el Rin, acostumbrada como estaba a influir en la zona, no estaba
dispuesta a reconocer el crecimiento de Prusia y esto llevó a una guerra. Francia fue
derrotada y se proclamaba el II Reich o Imperio Alemán con Guillermo I como emperador
o kaiser. Francia, además, perdía dos territorios que en un futuro serían fuente de
conflicto por las ansias de revancha de Francia: Alsacia y Lorena que pasaban a
Alemania.

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