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Garcia Estebanez Renacimiento

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curre con las luces de la fe lo que la fe le enseña, obra

por la gracia de Dios lo que la gracia le concede y no


se molesta en producir nada porque no merece la pena
de momento. El propósito de los humanistas no es in-
cordiar a esta creación más reciente sino resucitar, ha-
cer renacer, al primero y avenirlo con el segundo. El
Humanismo podemos definirlo como un empeño por
alcanzar una síntesis entre elementos que tradicional-
mente se consideraban irreconciliables: razón y fe, vir-
tud natural y sobrenatural, cultura y religión, vida ci-
vil y vida religiosa. La Reforma malogró este intento
haciendo una reivindicación encarnizada del viejo régi-
men. Por eso es preciso encuadrarla y entenderla den-
tro del fenómeno renacentista respecto del cual es la
postura reaccionaria. Este libro es el relato de esa em-
presa y de su magno contratiempo. De los hombres que
intervinieron en ella nos interesan sólo los que encar- ¿Qué es el Renacimiento?
nan los momentos principales de la misma.
El Humanismo es un acontecimiento típicamente ita-
liano en todas sus etapas significativas. Se expande lue-
go en oleadas sucesivas a las otras regiones europeas.
De ahí que nos hayamos ceñido con preferencia a los 1.1. Fechas
hechos y figuras de este país.
El período histórico llamado «Renacimiento» com-
prende los siglos xv y xvi, el cuatrocientos y el quinien-
tos como también se los llama, es decir, desde 1400 has-
ta 1599. Estas fechas no son, desde luego, inflexibles.
Eugenio Garin (1981, p. 13) sitúa el momento culminan-
te del mismo en la franja de tiempo que discurre entre
Salutati (1331-1406) y Maquiavelo (1469-1527). A partir
de la monografía que a finales del siglo pasado escribió
Fierre Nolhac sobre Petrarca (1304-1374), cuya vida está
toda enmarcada dentro del siglo xiv, se viene conside-
rando a este último como el primer hombre moderno
o renacentista. De otro lado, personajes tan caracterís-
ticos de este período como Campanella (1568-1639) y
Galileo (1564-1642) entran, como se ve, muy adelante en
el siglo xvii.
Hasta no hace mucho los historiadores han estado
bastante más seguros en cuanto a las fechas. El inicio
del Renacimiento italiano, el primero de los europeos,
se databa en 1453, cuando la caída de Constantinopla
provocó una «huida de cerebros» de la península griega
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a la península italiana. El español en 1479, al unirse las Es decir, a principios del cuatrocientos el Renacimien-
coronas de Castilla y Aragón. El inglés después de la to es un fenómeno extendido por toda Europa, lo que
guerra de las Dos Rosas y el afianzamiento posterior de obliga a buscar sus raíces en el siglo xiv. Para dar ca-
la dinastía Tudor con Enrique VII, año 1485. El fran- bida a estos brotes primerizos los historiadores hablan
cés en 1494, a raíz de la invasión de Italia por las tro- hoy de «Prerrenacimiento». Kristeller (1982, p. 150), por
pas francesas. El alemán en 1519, con la subida al trono ejemplo, lo emplaza entre el 1300 ó 1350 y el 1600.
de Carlos V. Este confiado rigorismo en las dataciones
se debió al influjo del historiador suizo Burckhardt
quien en su excelente libro La cultura del Renacimiento 1.2. La cuestión renacentista
en Italia, publicado en 1860, sostenía la tesis de una rup-
tura ideológica entre la Edad Media y el Renacimiento.
Según este autor, la Italia del siglo xv había alumbrado Ya hemos citado a Burckhardt para quien el Renaci-
una mentalidad cultural absolutamente nueva con res- miento es, en sus orígenes, un producto exclusivamente
pecto a la precedente con la que no guardaba ninguna italiano que luego se propagaría a otras zonas de Euro-
relación y a la que expresamente repudiaba. Estudios pa. Pero la. inferencia más llamativa y polémica que hizo
subsiguientes, llevados a cabo sobre todo por los eru- de su estudio fue la de que el Renacimiento es una no-
ditos franceses, han desautorizado por completo esta \edad respecto del Medievo. Entre ambas épocas hay
tesis de la ruptura. Las ideas renacentistas, como luego una ruptura y no una evolución. Lo nuevo sería el lu-
expondremos, se hallan en los autores medievales de gar central que ocupa el hombre, el hombre natural, el
forma embrionaria e incluso explícitamente y, en oca- de la antigüedad precristiana, que desplaza al hombre
siones, expuestas con mayor profundidad y nervio. espiritual introducido por el cristianismo, sin autoncí
Estos estudios han conducido a un baile de fechas, a mía, sin personalidad, librado a la fe y a la gracia que
las que se ha hecho cada vez más tempranas. En Italia, Dios quisiera darle. En esta interpretación es acompa-
antes de que arribaran los exiliados bizantinos con sus ñado o seguido por Nietzsche, Michelet, Dilthey, Cassi-
ideas platónicas y sus manuscritos griegos, el humanis- rer y otros, si bien cada uno de ellos introduce matices
mo tenía ya unas bases sólidas, echadas por Petrarca propios.
y desarrolladas por los cancilleres florentinos (Salutati, Desde luego, el parecer de los humanistas mismos
Bruni, Bracciolini, etc.), los de Milán y por escritores era que ellos estaban alumbrando una época nueva muy
de otros centros culturales de la península, sin olvidar distinta de la precedente. La contraposición más fre-
que el sur de Italia había mantenido contactos ininte- cuentemente aducida se articulaba en el binomio tinie-
rrumpidos con Bizancio. En España el movimiento hu- blas-luz. Petrarca califica despectivamente a la Edad
manista prendió en las cortes de Juan II de Castilla Media de «gótica». Rabelais cita la inscripción puesta
(1406-1454) y de Alfonso V de Aragón (1416-1458). Una de a la puerta de la abadía de Thelema en que se prohibe
las figuras más sobresalientes del área alemana es Ni- la entrada a los santurrones, bobos más que los godos
colás de Cusa (1401-1464), cuya obra más famosa, La doc- y que los ostrogodos, que en todas las naciones lo -fue-
ta ignorancia, publicada en 1440, aunque con resabios ron siempre todos (p. 154). Erasmo la llama «oscura»
medievales, tiene ya un claro corte modernista. En los y este epíteto junto con el de «bárbara» será utilizada
Países Bajos, de acuerdo con Huizinga, las ideas rena- rutinariamente por los humanistas para referirse a la
centistas están presentes en el siglo xiv y son coetáneas época medieval. Cuando escribían sobre la «dignidad
de las italianas. Francia entra más tarde en la senda del del hombre», tema tópico abordado por casi todos ellos,
Humanismo, debido al fuerte arraigo de la filosofía es- no dejaban de contraponer el esplendor que descubrían
colástica en sus centros de enseñanza. en la naturaleza humana a la opacidad y tristeza con
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que la habían visto sus bárbaros antecesores. Manetti Esta dicotomía simplista no podía satisfacer a ningún
argumenta de este modo contra las lúgubres reflexio- espíritu crítico. A los intelectuales franceses les hería
nes que Lotario, luego Inocencio III, vierte a propósito de una manera especial, ya que la filosofía medieval era
de la desnudez con que viene al mundo el cuerpo del un producto de rancio abolengo francés. Durante cinco
hombre en su obra Desprecio del mundo, probablemen- siglos, desde el llamado renacimiento carolingio hasta
te la más leída de la Edad Media: principios del siglo xiv, el pensamiento europeo había
sido generado en las escuelas y universidades de esta
El (Inocencio III) se expresa asi: «Nace desnudo, nación. Algunos negaron toda novedad al humanismo
desnudo retorna. Viene pobre, pobre se va.» Pero italiano. La era del auténtico racionalismo humanista
nosotros te respondemos que era preciso que el hom- fue la de la escolástica. Las artes y las ciencias alcan-
bre naciera así justamente por su gracia y por su f zaron su apogeo en la Edad Media y el Renacimiento
belleza. La naturaleza no habría permitido jamás que se limitó a heredarlo. Peor aún, el Humanismo frenó
el cuerpo humano, la más hermosa de todas sus obras
y, sin duda, la más maravillosamente ejecutada por el avance científico medieval. Escribe Thorndike, histo-
ella, apareciese escondido bajo una indumentaria ex- riador norteamericano:
traña que ocultase sus bellezas con velos deformes e
inapropiados, El Humanismo ¿retrasó la ciencia o apagó el interés
por ella? Ciertamente. Hizo poquísimo por favorecer
(Dignidad y excelencia del hombre, lib. IV) el progreso de las ciencias naturales y matemáticas;
tanto que el conocimiento científico del humanista
A este sentir se añaden los historiadores antes cita- medio raramente superó el nivel de los bestiarios *
dos que ahondan aún más el abismo entre ambas eda- y lapiadarios * más corrientes del período anterior...
des y llevan la contraposición al nivel religioso. Nietzsche Esto significa prácticamente que el humanismo y la
vislumbra en la cultura renacentista el surgimiento del ciencia se desarrollaron en forma independiente y
superhombre, del titanismo humano que se afirma a sí produjeron escasos efectos recíprocos.
mismo y los valores nobles contra las virtudes enclen- (PP. 12-13)
ques y moralizantes del cristianismo. El triunfo de la
Huizinga y Gilson mantienen dentro de la misma lí-
Reforma sumió de nuevo en las tinieblas del Medievo nea posiciones más moderadas, pero firmes. Hay una
,el intento. Con palabras más temperadas se expresa
evolución y continuidad entre ambos períodos. Sólo la
Burckhardt: ignorancia de algunos historiadores ha convertido a la
En la Edad Media las dos vertientes de la concien- Edad Media en un banco de tinieblas en las que el in-
cia humana, la que se mira en su interior y- la que dividuo humano carecía de contornos:
tiende su vista al mundo externo, estaban cubiertas
por un velo común, en un estado de sueño o de se- Un hombre sin individualidad, incapaz de analizarse,
mivigilia. sin gusto por describir a los otros en forma biográ-
Este velo estaba tejido de fe, de temor y de ilusio- fica ni de representarse a sí mismo en forma auto-
nes... Es Italia el primer país donde un viento reno- biográfica, he aquí a lo que el cristianismo ha redu-
vador levanta este velo. Se despierta asi el sentimien- cido al hombre. Baste, para dar un ejemplo, citar a
to y el trato objetivo del Estado, lo que se refleja San Agustín. Mas, para no salir del siglo XII, com-
también en las demás cosas del mundo, pero a su lado paremos sencillamente el Renacimiento de los profe-
surge, con toda su fuerza, la idea de lo subjetivo; el
hombre se convierte en un individuo espiritual y es * Los asteriscos hacen referencia a términos cuya explicación
reconocido como tal. hallará el lector en el Glosario que aparece al final del libro,
(p. 125) página 203.

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sores con los hechos que brotan de la corresponden- dos movimientos distintos no sólo por cuanto se suce-
cia entre Abelardo y Eloísa. Si para hacer un Renaci- den en el tiempo, sino también por cuanto tienen orien-
miento son menester individualidades desarrolladas al taciones y contenidos diferentes. En nuestros días, bajo
máximo, ¿estas dos no bastarían? el influjo de los analistas italianos, se tiende a definir
(1948, p. 132)
el Renacimiento como un fenómeno unitario, en el
que el Humanismo es su inicio, la emergencia del mé-
La historiografía actual está, naturalmente, por la evo- todo científico en sentido moderno su resultado final
lución. Garin (1981, p. 42} piensa que el Renacimiento y, al medio, la renovación, de las artes, de la filosofía
es la crisis de la Edad Media, esto es, una expliciíación y de la teología.
de los problemas y contradicciones gestados en este
tiempo, no de otros nuevos, si bien abordados más di-
rectamente. La misma dicotomía tinieblas-luz tan cara a) Humanismo
a los humanistas es de sabor medieval. Responde a la Un «humanista» era un profesor o un estudioso de
mentalidad, común entre los milenaristas *, de que el los autores clásicos. La gramática, la latina se entiende,
mundo y el hombre envejecen, se cubren de moho y su- era su disciplina fundamental. El conocimiento del la-
ciedad, siendo necesaria una limpieza o renovación pe- tín resultaba imprescindible en el mundo de la políti-
riódica de los mismos, cosa que ocurre o por una catás- ca, de la jurisprudencia y del comercio, pues en esta
trofe apocalíptica o como simple resultado de la suce- lengua se escribían las cartas, los discursos y los con-
sión de las edades, al modo en que el día sucede a la tratos comerciales. Se desarrolló un arte llamado del
noche. Haciéndose eco de la polémica en torno al ser «dictado», consistente en la buena redacción de una
o no ser del Renacimiento, Kristeller (1982 p. 115) tam- carta, y otro llamado de «arengar», referido a los dis-
bién se inclina por una vía más conciliadora. Aunque cursos públicos. En la Edad Media este segundo tuvo
los humanistas fueron los continuadores de una ense- escasa incidencia, mientras adquirió gran prestigio en
ñanza que tenía una larga tradición, la perfeccionaron el Renacimiento. Durante muchos siglos los «dictado-
y, sobre todo, la enriquecieron notablemente al contar res», es decir, los burócratas de las cancillerías impe-
con nuevas fuentes de información, a saber, los clásicos riales y reales, se reclutaban del clero. A partir del si-
griegos a los que ellos precisamente desenterraron y glo xiv, con el advenimiento de la burguesía y la for-
tradujeron. mación de las repúblicas italianas, este cargo lo ocu-
pan laicos extraídos de esta clase que son empleados
como cronistas de la ciudad, como secretarios, como
1.3. Humanismo y Renacimiento cancilleres o como educadores. Los clásicos en que se
inspiraban los medievales eran los latinos, ya que de
Durante algún tiempo ha prevalecido la idea de que los griegos apenas si tenían manuscritos o no los ma-
Humanismo y Renacimiento son cosas distintas. El pri- nejaban. Los renacentistas pudieron completar su.pro-
mero supuso simplemente un mayor interés en el es- fesión con el estudio de los manuscritos de los autores
tudio de la gramática y sus ramas, a las que impulsó. griegos traídos a Occidente por los sabios bizantinos
En cambio, mantuvo una actitud hostil de cara a la que asistieron al Concilio de Ferrara-Florencia (1437-39).
filosofía, incluida la filosofía natural que era el equiva- El contacto con las obras de la antigüedad clásica grie-
lente de lo que hoy llamamos ciencias. El segundo, por ga despertó un interés inusitado entre los latinos que
el contrario, se centró en la filosofía, las ciencias y las se entregaron con fervor a la «caza» de manuscritos
artes, disciplinas ajenas a los humanistas. Serían, pues. por las bibliotecas de abadías y catedrales, a la compra
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y colección de los mismos y a su traducción al latín. Veo, en efecto, que Aristóteles define egregiamente
Esta fue, sin duda, una de las actividades más peculia- la virtud, la divide y la expone agudamente, atendiendo
res y meritorias de los humanistas. • a las propiedades ya suyas, ya del vicio. Aprendido lo
Una de las polémicas más fuertes y duraderas que cual, sé un poquíllo más que sabía: sin embargo, el
ánimo sigue siendo igual que era, como sigue la vo-
sostuvieron éstos contra los prebostes de la filosofía luntad, como yo mismo. Una cosa es saber y otra
escolástica giró en torno a la importancia de la gra- amar, una cosa entender y otra querer. Aristóteles
mática. Para los humanistas era la más fundamental nos enseña qué es la virtud, no lo niego; mas aquellos
de todas las disciplinas. Y no se trataba de una disputa acicates, aquellas palabras inflamadas que apremian
entre profesionales celosos de sus respectivas áreas de e incendian el espíritu, para amar la virtud y odiar
conocimiento, sino de una disputa doctrinaria en toda el vicio, no los hay en sus textos, o hay escasísimos.
regla. Para los escolásticos la gramática ocupaba el Quien los busque los encontrará en los latinos, espe-
lugar ínfimo en la escala del saber. Formaba parte, jun- cialmente en Cicerón y en Séneca, e incluso, para sor-
presa de alguno, en Horacio.
to con la retórica y la dialéctica del denominado trivio, (p. XXIX)
une especie de formación general básica que capacitaba
para emprender los estudios siguientes del cuadrivio
(aritmética, música, geometría y astrología, las discipli- Este valor persuasivo hace de la retórica un instru-
nas matemáticas) y los superiores (derecho, filosofía, mento inapreciable e imprescindible para la educación
teología). En el fragor de las disputas se designaba a de los jóvenes en orden a volverlos perfectos como in-
los humanistas con los epítetos despectivos de «gra- dividuos y como ciudadanos. También la pedagogía está
máticos» o «retóricos», dando a entender que no tenían estrechamente vinculada con la gramática. El lenguaje
competencia alguna en áreas tan superiores como la es el instrumento con que nos relacionamos con los
filosofía u otras ciencias. Melchor Cano, que conocía otros. Salutati nos recuerda que la comunicación ver-
las doctrinas de Valla, dirá que la retórica no es capaz bal o escrita es el substrato sobre el que se edifica la
de formular proposiciones verdaderas y graves, com- convivencia y el consenso sociales, así entre los ciuda-
parándola festivamente con una mujer acicalada. La danos como entre los Estados. Las medidas a tomar
cuestión de la retórica y de los «estudios de humanida- para el buen gobierno de la ciudad, de la familia o de
des» fueron, no obstante, la causa de que el cristia- uno mismo se aprenden de la historia que nos muestra
nismo renacentista entrara en crisis y de que se produ- cómo los antiguos, ante situaciones semejantes a las
jera la reacción reformista. Es necesario que conozca- nuestras, decidieron de manera acertada o desacertada.
La política y la historia son ciencias, pues, que depen-
mos en qué basaban los humanistas su extraña preten-
den de la gramática y a las que ésta puede imprimir un
sión de que la gramática era la suprema de las ciencias. carácter social y moral prácticos.
Un humanista entendía por gramática no sólo el co- Pero —lo que fue más decisivo en la historia del Re-
nocimiento de la morfología y sintaxis de una lengua, nacimiento— la aplicación de los conocimientos litera-
sino también su uso por medio de la elocuencia —oral rios al análisis de los textos que nos han llegado de la
o escrita— y la poesía. Es este uso el que convierte a antigüedad puede detectar incorrecciones y errores en
la gramática en la reina de las ciencias, en una sabi- los mismos. Así lo demostró Valla. Primero respecto
duría. del documento en que el emperador Constantino, su-
La elocuencia tiene un poder inductor, persuasivo, puestamente, había cedido territorios al Papa y a los
mueve a la acción. Tiene a este respecto una dimensión obispos en diversas regiones. Luego, respecto de la
moral indiscutible, mayor incluso que la ciencia ética. Vulgata, escrito canónico en el que se fundamentaba
Petrarca lo señala con apasionamiento: la fe y la praxis eclesiástica. Las consecuencias eran

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enormes, pues ponía en cuestión la correspondencia rializan en objetos distintos. El relato bíblico de la crea-
entre la doctrina cristiana profesada entonces y la doc- ción lo supone así. Dijo Dios: «Haya luz»; y hubo luz
trina del evangelio —redactado originariamente en grie- (Gen 1, 3), etc. La tradición hermética * se imaginaba
go, como se sabe. Veremos con mayor detenimiento el la palabra de Dios saliendo de su boca, condensándose
tema cuando expongamos a este autor. En todo caso, y solidificándose en la realidad pronunciada. El logos
queda claro que la teología y la fe dependen de la gra- articulado saca a la materia de su informidad y la cons-
mática. Por lo que se refiere a la filosofía, en concreto tituye en una esencia definida. Si se trata del caos, al
la aristotélica, no cabe la menor duda, ya que la tra- que se concibe como gimiendo, con dolores de parto,
ducción latina de las obras de Aristóteles, en la que sé pidiendo socorro, el logos, al extenderse sobre él, le
había informado la escolástica, estaba plagada de im- ayuda a secretar o parir la multiplicidad de los seres,
precisiones y falsedades, como proclamará Hermolao bien perfilados y jerarquizados. Si una persona se con-
Bárbaro (1453-1493). En general, concluirá Valla, todas vierte íntimamente o se entrega a una misión nueva,
las ciencias están sometidas a la gramática, pues preci- este cambio exige o va acompañado de un cambio de
san de las palabras para exponer sus conceptos. nombre. Así, el apóstol Pedro recibe este nombre y
La moral, la política, la pedagogía, la historia, la filo- abandona el de Simón para significar su nueva «natu-
sofía y la teología, así como cualquier otro conocimien- raleza», la de ser fundamento y piedra angular de la
to está librado a los servicios de la gramática. Esta, Iglesia (Jn 1, 42; Mt 16, 17). Conocer el nombre de al-
en cuanto teoría y praxis de la palabra o lenguaje, es guien o de algo es tanto como tener su intimidad ante
una auténtica sapiencia. He aquí la importancia de las nuestros ojos y a nuestra disposición. Adán fue llaman-
«humanidades» y la importancia de ser humanista. do por su nombre a todos los ganados, a todas las aves
del cielo y a todas las bestias del campo para indicar
b) Renacimiento que era el señor de todas ellas (Gen 2, 19-20). En mu-
chos pueblos primitivos es costumbre dar dos nombres
La conciencia que tenían los humanistas no era la de al hijo: uno para uso público, otro sólo sabido por los
crear cosas nuevas, sino la de desenterrar las antiguas. padres. Con esto se intenta evitar que los extraños lle-
La euforia que esto les producía se explica si tenemos guen a averiguar la índole íntima del sujeto, expresada
en. cuenta que para ellos una cosa era tanto más verda- en el nombre, y puedan manipularlo a su capricho.
dera cuanto más primitiva. Como ya hemos dicho, par- Esta asociación estrecha entre el nombre de algo y
tían del supuesto de que tanto los objetos como las su esencia en el proceso creativo determina el cami-
ideas habían sido creadas y formuladas respectivamente no a seguir en el proceso cognoscitivo: hay que saber
al principio de los tiempos y desde entonces acá, como la palabra con que se designa algo para entender la
es ley de naturaleza, se habían ido corrompiendo y de- naturaleza de este algo. Ahora bien, en el transcurso del
formando. Volverlas a su estado primitivo era como tiempo la palabra sufre modificaciones debido a su
devolverlas el ser, permitirlas re-nacer. En dos direccio- mala transmisión o a que ha sido mal traducida, etc. Es
nes principales cuajó esta mentalidad renacentista: en perentorio entonces restablecer la denominación prís-
la búsqueda del nombre primero de las cosas y en la tina, la pronunciada en el acto constitutivo de esa
búsqueda de las primeras doctrinas e instituciones de realidad. Tal denominación es como una cifra, una clave
la humanidad. que obliga a la cosa denominada a abrirse ante nosotros
En cuanto a la primera, respondía a la creencia de y revelarnos su esencia. En el tratado XVI de los Libros
que la palabra es creadora, produce la esencia de la Herméticos * le recuerda Asclepios al rey Ammón la
cosa que lleva su nombre. Nombres distintos se mate- necesidad de mantener esta exactitud en las voces:
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Puttto que tienes el poder de ello, ¡oh rey!, pre-
serva este discurso de toda traducción a fin de que dera su enseñanza. Se crea una cadena de transmisión,
tan grandes misterios no lleguen a los griegos y de de la que forman parte Zoroastro, Ostanes, Moisés, Pi-
que su dicción petulante, falta de nervio y llena de tágoras, Platón, Jesucristo... Marsilio Ficino, que hizo
falsos ornatos, no haga palidecer y desvanecerse la la primera traducción en Occidente de los Libros Her-
gravedad, la solidez, la fuerza activa de los vocablos méticos, resume este enfoque en su concepto de «teo-
de nuestra lengua (la egipcia). Porque los griegos, logía prístina», con el que designa un cuerpo de verda-
¡oh rey!, sólo hacen discursos vacíos, buenos para des religiosas y filosóficas formuladas desde el princi-
producir demostraciones, pues en eso consiste toda la pio, mucho antes del cristianismo, y profesadas por las
filosofía de los griegos: en ruido de palabras. Nos- distintas religiones y filósofos.
otros, en cambio, no usamos simples palabras, sino
sonidos llenos de eficacia. La consecuencia inmediata de este enfoque se hizo
sentir con violencia. El cristianismo dejaba de ser una
Los humanistas acogieron esta doctrina. Ya vimos «singularidad» en la historia, la única religión verda-
cómo Valla propone la vuelta a la verdad griega, al texto dera. Religiones más antiguas poseían credenciales me-
en que originalmente fue escrito el Nuevo Testamento. jores para arrogarse ese título. Muchos renacentistas,
desde Petrarca hasta Bruno, fueron seducidos por esa
Para el Antiguo, Pico de la Mirándola considera mejor idea de manera más o menos consciente. Moro, Eras-
método el cabalístico, basado en la significación mis- mo, Luis Vives, entre los más destacados, abogaron por
teriosa de las palabras hebreas, conocida por la tradi- una concordia entre todas las religiones, pues, como
ción (cabala *) judía. Para el conocimiento de la natu- dice el primero de ellos, cada religión refleja uno u
raleza física del mundo, lo más procedente es, según otro de los atributos de la divinidad, por lo que no se
Luis Vives, averiguar cómo fueron llamadas las cosas oponen, sino que se complementan. El catalán Sibiude
por Dios o por Adán, es decir, hay que estudiar el he- intentará probar la verdad de los misterios cristianos
breo, pues en esa lengua puso nuestro primer padre con el recurso a la razón natural y Campanella identifi-
nombre a toda creatura. En fin, Lulero establece un cará la religión cristiana con la verdadera religión na-
nexo tan íntimo entre la palabra revelada y el «meollo» tural (ambos fueron, por supuesto, condenados).
o mensaje encerrado en ella que éste sólo es accesible Igualmente, la Encarnación del Verbo perdía prota-
a quien directamente entra en contacto con ella. Si hay gonismo. Los hombres habían conocido la verdad y
mediaciones, como son las interpretaciones de los teó- practicado la virtud antes de su venida. El libro de la
logos o del Papa, la palabra divina se deforma, pierde creación parecía manifestar tantas verdades o más que
su frescura original, arrastrando en su decadencia al el libro de la revelación, como se expresa y afirma
espíritu de que es portadora. Su doctrina del libre exa- Campanella. Otros más osados vieron en la creación
men y de la «sola Escritura» está en línea con el plan- la revelación total: Jesucristo es tan sólo el ideal de
teamiento renacentista que venimos exponiendo, de hombre, el epítome de los valores nobles de la natura-
raíces herméticas. leza humana, un nombre nuevo para lo que los griegos
En cuanto a la segunda, el supuesto era que los pri- llamaron razón o logos. Es en este contexto en el que
meros hombres, menos sometidos a la acción corrosiva hay que ver la reacción reformista y contrarreformista:
del tiempo, poseían una mente más lúcida y unas cos- recaba para el Verbo revelado y encarnado el carácter
tumbres más puras que los que vinieron después. Asi- de singularidad, de hecho único, de ruptura de la his-
mismo, por haber estado más cerca de Dios, son testi- toria humana. Antes el error y el pecado, después la
monios más fidedignos de las doctrinas y recomenda- verdad y la salvación.
ciones divinas para el buen gobierno de la humanidad. Los renacentistas, buscando la palabra y la doctrina
Cuanto más antiguo el sabio más venerable y verda- prístinas, la más antigua y cercana a Dios, dieron con
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el hombre precristiano, con el hombre universal, un
hombre nuevo para la tradición cristiana al que ellos
hicieron renacer.

SIGNIFICACIÓN DEL NOMBRE ADAM, SEGÚN


ZOSIMO (Libros Herméticos):
Al primer hombre, que entre nosotros es Thoyth, le
han llamado aquellas gentes Adam, de un nombre
tomado de la lengua de los ángeles. Y no sólo esto,
sino que le han llamado simbólicamente designándole
por las cuatro letras sacadas del conjunto de la es-
fera, según el cuerpo. Pues la letra A de este nombre
designa el levante, el aire; la letra D designa el po-
niente, la tierra que se inclina hacia abajo a causa de
su peso; la segunda A designa el norte, el agua; la le-
tra M designa el mediodía, el fuego madurador, inter- £1 alma del Humanismo
mediario entre estos cuerpos y que se refiere a la zona
intermedia, la cuarta. Así pues, el Adam carnal recibe
el nombre de Thoyth según la configuración exterior.
En cuanto al hombre que está en el interior de Adam,
el hombre espiritual, tiene a la vez un nombre pro- Comparando el arte cristiano medieval con el arte,
pio y un nombre común. El propio lo ignoro hasta renacentista, Panofsky cifra la originalidad de este úl-
hoy, pues sólo Nicotheos, el ilocalizable, lo ha cono- timo en el descubrimiento del espacio en profundidad,
cido. Su nombre común es phos (hombre, en griego), de la perspectiva, de la lejanía. Mientras en la pintura
de donde se ha llamado a los hombres photés (hom- del Medievo se mezclaban y yuxtaponían las formas y
bres). contenidos cristianos con los del mundo clásico greco-
rromano, a cuya presencia ominosa no lograban sus-
• Levante, poniente, norte y mediodía se dice en grie- traerse (1975, pp. 136-137), los renacentistas tomaron
go ávaToMj, Súffc. &PXTO^, piE<77iM.|3p£a respectivamen-
te, cuyas primeras palabras componen el nombre conciencia de la distancia que les separaba de aquel
AAAM, Adam. mundo, siendo por ello capaces de expresarlo y repro-
ducirlo en sus formas y contenidos propios, sabedores
<pc*)TÓf = hombre. de que pertenecían a un pasado que ya no podía per-
= luz. turbarles (1975, pp. 166-173).
En el campo de las ideas filosóficas cabe hablar de
El hombre comprendería los cuatro elementos y
los cuatro puntos cardinales. Es resumen y círculo un fenómeno semejante y paralelo. La andadura del
de toda la creación. pensamiento humanista se nos ofrece como una pau-
latina conquista del espacio que se extendía al otro
lado del cristianismo. Un espacio para el hombre, donde
éste pudiera evolucionar y expansionarse de acuerdo
con las facultades que lo definen: la razón y la volun-
tad. La Iglesia primitiva, en efecto, ante la poderosa
presencia de la filosofía pagana se limitó a ¿repudiarla.
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sustituyéndola por una sabiduría más sencilla y con- teamiento es del mismo San Pablo. El Apóstol advierte
fiada: la doctrina del evangelio. En el orden moral negó a los fieles que se cuiden de las filosofías vanas y fa-
igualmente al hombre secular la capacidad de poner laces (Col 2, 8), proclamando que él no les ha anunciado
obras buenas: es Dios quien opera en el creyente las el evangelio en persuasivos discursos de humana sabi-
acciones virtuosas. El fiel, el hombre nuevo redimido duría, a fin de que su fe no se apoye en la sabiduría
por Cristo, no necesita de la ciencia de este mundo ni de los hombre sino en el poder de Dios (1 Cor 2, 4-5J.
ha de realizar proezas gloriosas para ganarse la inmor- La sabiduría de este mundo —resume— es necedad
talidad. Esa se la da Dios a los sencillos y a los débiles ante Dios (1 Cor 3, 19).
que ponen en El su confianza. Para reforzar esta acti- Esta actitud no es tan sólo recelosa, sino que desca-
tud y volverla más razonable se calificó al paganismo lifica positivamente el saber humano, identificado en-
y todas sus creaciones de obra vana y mentirosa. Glo- tonces con las filosofías paganas. En la historia pos-
balmente, sih sentido crítico. Pero muchos espíritus, terior son repetidos los intentos por propiciar una con-
sinceramente cristianos, no dejaron de percibir la al- ciliación entre ambas sabidurías, la mundana y la espi-
tura de su filosofía, la grandeza de su moral, la perfec- ritual. De ellos vamos a destacar tres que interesan
ción de sus- instituciones sociales y de sus produccio- más a nuestra exposición.
nes materiales. Ensayaron un acercamiento, una inte-
gración, mas sin resultados, pues el dragón estaba de-
masiado encima para proceder con serenidad y atino. a) Paganismo y cristianismo
El Humanismo se colocó a la debida distancia, pudiendo San Justino (100/110-163), mártir, recorriendo las doc-
admirar con estupor la sabiduría y entereza moral de trinas de las diferentes escuelas griegas, creyó encon-
los antiguos, del hombre precristiano, logradas sin la trar en ellas muchas verdades que coincidían con las
luz de la fe y la ayuda de la gracia. cristianas, opinando que se podían- muy bien incorpo-
No podemos entender la filosofía de los humanistas
si no la situamos en esta larga perspectiva en que se rar. La explicación que dio de este hecho «anómalo»
les ofrecía a la vez la realidad cristiana y la realidad —en efecto, era extraño que sin la fe hubieran dado
pagana. El cristianismo negaba que la razón humana con alguna verdad— tuvo gran fortuna: los paganos
pudiera conocer la verdad, y la voluntad practicar el habían plagiado los libros del Antiguo Testamento. En
bien. En los dos ámbitos estaba el hombre supeditado sentido opuesto se manifiesta Tertuliano (150/160-220/
al auxilio de Dios. Al fondo, empero, estaba el mundo 250) para quien el cristianismo era un saber que se bas-
clásico con su filosofía grandiosa, sus ejemplos subli- taba a sí mismo y que, habida la fe, sobra la ciencia.
mes de virtud y su poderosa civilización. Esto era prue- La filosofía es el origen de todas las herejías, parecer
ba de lo que era capaz el hombre con sus solas energías éste que será compartido por muchas generaciones de
naturales con tal de que se las diera libre curso. Y en escritores cristianos junto con su pintura de la dialéc-
esto insistieron los humanistas. tica aristotélica:

¡Pobre Aristóteles, que les entregó la dialéctica, arte


de construir y destruir, escurridiza en sus afirmacio-
2.1. La razón y la fe nes, envarada en sus conjeturas, dura en los argu-
mentos, provocadora de contiendas, molesta hasta
Las relaciones de la filosofía y las ciencias con la fe para sí 'misma, que todo lo trata por segunda vez sin
haberlo tratado en absoluto!
constituye un problema desde los orígenes mismos del
cristianismo y no ha cesado en nuestros días. El plan- (De praecrip. Haeret. VII, 6: CC 1, p. 192)

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Fueron, no obstante, San Jerónimo y San Agustín b) Filosofía y teología
quienes abordaron el tema más de hecho y abierta-
mente. Serán luego citados como autoridades cada vez Cuando en el siglo xii se extienden por Occidente los
que la misma cuestión surja de nuevo. escritos de Aristóteles, se reanuda la polémica sobre las
San Jerónimo (347-420) sentía remordimientos por la relaciones entre razón y fe, filosofía y teología.
satisfacción que le producía la lectura de los clásicos, Es Santo Tomás el que, en su comentario al libro de
de los que era gran aficionado. Se acusaba de ser cice- La Trinidad de Boecio, sistematiza el tema dando a luz
roniano más que cristiano. Con espíritu atormentado y el discurso del método teológico, como se le ha venido
dividido rechaza lejos de sí al mundo pagano: llamando. Se pregunta el santo si es lícito usar razo-
nes filosóficas para exponer la ciencia de la fe. Se ob-
¿Qué comunicación puede haber entre la luz y las jeta con el testimonio de San Pablo que anuncia el evan-
tinieblas, qué consenso entre Cristo y Belial? ¿Qué gelio en «simplicidad» y «debilidad», a lo que es con-
tiene que ver Horacio con el Salterio, Virgilio con los trario la sabiduría y el poder mundanos. A la objeción
evangelios, Cicerón con los Apóstoles? responde que ese modo de teologizar era propio de
(Eptst. 22, 29: PL 22, 416) una Iglesia rodeada de peligros, aún no afianzada, mas
actualmente está ya confirmada, pudiendo someter la
ciencia y el poder mundanos al Dios de la revelación.
Sin embargo,, se inclinaba por una reconciliación. Se- A la cuestión en sí responde afirmativamente califican-
gún él, la sabiduría pagana, una vez despojada de sus do a la filosofía como instrumento de la teología. Para
errores y revestida con atuendos cristianos, podía uti- ello se basa en el principio de que la naturaleza es ej
lizarse para analizar e ilustrar los misterios de la fe. preámbulo de la fe. La gracia no destruye ni ignora a
Pone como ejemplo lo que determinaba el Deuterono- la naturaleza, sino que la completa. La razón, cuando
mio (21, 10-14) sobre las mujeres moabitas tomadas en discurre correctamente, no concluye nunca en contra
cautividad por los israelitas: les era lícito hacerlas su de la verdad revelada, pues Dios, autor de ambas ver-
esposa si antes las despojaban de los vestidos y ador- dades, la natural y la sobrenatural, no puede contra-
nos de su cautividad. Lo mismo podía hacer, el cristia- decirse a sí mismo. Puede la razón ser insuficiente, es
nismo con la filosofía secular después de convertirla. decir, no alzarse hasta el nivel sobrenatural, o cometer
San Agustín (354-430) desarrolla la teoría de la re- abuso, es decir, usar mal de sí misma afirmando algo
apropiación. La sabiduría gentil había sido robada de contrario a la fe, cosa que sólo puede hacer por error.
los libros veterotestamentarios y los cristianos estaban La teoría tomista de la función famular de la filoso-
en su derecho reivindicándola para sí y arrebatándose- fía, que la hacía provechosa e inocua, pareció satisfac-
la a sus injustos poseedores. Tiene frases muy duras toria a muchos y, de suyo, lo parece. De momento dio
y despectivas contra la filosofía de los paganos, aunque un gran impulso a los estudios de las doctrinas aristo-
admite la labor de la razón junto a los misterios de la télicas, convertidas así en vehículo de la doctrina cris-
fe con tal que se someta a los dictados de esta última. tiana. En el siglo xvi, cuando los ataques a Aristóteles
Contra el grito de Tertuliano Lo creo porque es absur- ya lo habían dicho y hecho todo, aún se afirmaba por
do San Agustín acuña el principio Creo para entender. algunos entusiastas que sin la filosofía de este autor
Pero en definitiva el campo del saber humano no al- no cabía hacer teología que valiera la pena y que en
canza más allá de lo que alcanza la fe, siendo la razón el cielo —pues estaba en el cielo— este pagano se co-
una simple esclava (Agar), sin derechos propios ni auto- deaba con los grandes doctores de la Iglesia.
nomía, al servicio de su señora (Sara), la doctrina re- Pero la aveniencia es sólo aparente. De hecho, y como
velada. acusa Valla comentando el tema, la filosofía, en concre-
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to la escolástica, se alzó con el señorío, de suerte que
los escolásticos llegaron a dar más importancia a Aris- confirmarla con investigaciones empíricas. Si resulta
tóteles que a las mismas Sagradas Escrituras. El huma- algo contrario es por error. Así argumentaba el domi-
nista citado, con ocasión del proceso inquisitorial a que nico Juan M. Tolosana en su libro La verdad de las Sa-
gradas Escrituras (1546-7) contra el libro de Copérnico
fue sometido en Ñapóles (1444), reprocharía a uno de
Las revoluciones de los orbes celestes (1543).
sus acusadores, el dominico Juan García, que hablaba
Otra de las soluciones de mayor arraigo a este espi-
de los diez predicamentos aristotélicos como si se tra-
noso problema fue la teoría de la doble verdad, atri-
tara de los diez mandamientos. A lo largo del Renaci-
buida a Averroes y desarrollada por Siger de Brabante,
miento pocas cosas serían tan denunciadas como el as- aunque uno y otro extremo no son ciertos. La razón y
cendiente que la filosofía aristotélica había adquirido
la fe tienen sus propios criterios de verdad y, apoyados
sobre la teología. en ellos, pueden llegar a conclusiones diferentes y con-
La actitud contraria también fue cultivada con ahín- trarias, cada una de ellas verdadera en su terreno. La
co. La fe, la revelación, nos proporciona un conocimien- inmortalidad del alma, por ejemplo, es una verdad de
to tan-amplio, luminoso y seguro de todo cuanto preci- fe. La razón, en cambio, encuentra más argumentos
samos saber para nuestra salvación que sobra toda otra para probar la mortalidad, escribirá Pomponazzi.
ciencia. La filosofía no aporta nada, incluso se mani-
fiesta como la obra del diablo para confundir y cegar c) Humanismo y religión
a los hombres, pues no ha dado otros frutos que here-
jías. En el concilio de. Constanza (1414-1418) se conde- Los humanistas de primera hora se limitaron a de-
naba una- proposición de los husitas *, tomada de Wi- fender los fueros de la razón, a buscar un espacio pro-
cleff *, en la que afirmaban que las Universidades, aca- pio de ésta en que pudiera desplegar sus potencialida-
demias, colegios, graduaciones y magisterios eran un des naturales al margen, pero de ninguna manera en
alarde de vana gentilidad y no aprovechaban a la Igle- contra, de la doctrina cristiana. Antes defendían la con-
sia más que el mismo diablo. Para un gran sector de veniencia de los estudios de humanidades para mejor
los cristianos la fe era ella misma el saber, la ciencia. entender las verdades sobrenaturales. Con palabras sen-
También Lutero dirá que las academias eran los lupa- cillas explicaba Coluccio Salutati al dominico Juan Do-
nares del anticristo. minici, que veían en los estudios profanos una amenaza
Tampoco el señorío de la teología o doctrina revela- a la formación religiosa de los niños, las ventajas de
da sobre todas las ciencias se mostró convincente. Se estos estudios:
tradujo, en efecto, en un despotismo que cerraba el ca-
Antes de nada discutiré contigo, querido padre, si
mino a toda investigación. Se dejó ver claramente tan es más oportuno y conveniente comenzar nuestros es-
pernicioso extremo con motivo de la teoría heliocén- tudios con las sagradas letras o si no es mejor, en un
trica de Copérnico. La subordinación de las ciencias a primer momento, aplicarse a los estudios profanos.
la fe implicaba que aquéllas no pueden probar sus pro- Creo que tú también concederás que a quien quiera
pios principios sino que los reciben, ya probados, de la iniciarse en la doctrina de Cristo le es necesario una
ciencia superior, la doctrina de la fe. La cosmología en preparación gramatical. ¿Cómo podría, en efecto, al-
concreto depende a ese particular de la teología. Esta, canzar un conocimiento de las Sagradas Escrituras
tras una lectura atenta de las Sagradas Escrituras, no quien estuviera ayuno de estudios literarios?...
encuentra duda alguna de que el sol gira en torno a Créeme, oh venerable Juan, no es justo ni razonable
expulsar fuera del recinto cristiano, como en exilio,
la tierra pasando esta información pre-experimental a las doctrinas y las tradiciones de los gentiles, tan nu-
la cosmología, cuya misión no es contradecirla, pues merosas, a no ser que contradigan a la verdad, a la
no está facultada epistemológicamente para ello, sino fe o a los decretos de los santos padres.

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En un segundo momento los humanistas quisieron gura de la diosa Fortuna cuyas decisiones sobre tu suer-
equiparar la verdad cristiana con la verdad racional o te de los hombres eran inapelables, no pudiendo ni Ion
pagana. Ficino, Pico, Campanella y otros abogan por dioses mismos cambiar su voluntad. Frente a ella no
esta síntesis que creían conciliable con el dogma. Eras- valía nada la iniciativa y la virtud humanas. También
mo es acusado en su tiempo, y todavía hoy se le inter- a los astros se ha atribuido este poder en todas las cul-
preta así por algunos, de haber reducido el mensaje turas y en todas las épocas. Para el cristianismo el di-
evangélico a una doctrina moral. Es contra esta ten- lema se polariza entre el libre albedrío humano y la
dencia reduccionista contra la que se revela el movi- providencia divina.
miento reformista. Lulero afirmará con energía que la
teología del evangelio es la teología de la cruz, la del a) La doctrina cristiana
sufrimiento, la de un Dios crucificado, todo lo cual no
encaja en la razón humana y menos en teologías de la Los términos del problema son los siguientes: Dios
gloria en que se habla de la dignidad del hombre y de conoce de antemano lo que va a suceder. Luego todo
armonías cósmicas. ocurrirá como lo tiene previsto. El curso de las cosas
En un tercer momento, que no es necesariamente está sometido a un fatalismo indeclinable y el hombre
temporal, la corriente humanista consuma la reducción carece de libertad, pues, si las decisiones humanas fue-
del dogma cristiano a un producto racional. El panteís- ran realmente libres, Dios desconocería el futuro, lo
mo es abrazado por muchos de manera más o menos que es inadmisible. Esto implica, en un segundo paso,
pretendida. Las verdades de fe no se pueden controlar, que mueve o empuja al hombre a querer o no querer
defendiendo cada quien las que más le van, como se lo que El desde toda la eternidad tiene querido, es de-
cir, sabe lo que va a hacer el hombre porque le cons-
ve en las disputas sin fin que mantienen los teólogos. triñe a ello.
La Iglesia es la comunidad de todos los hombres de- San Pablo plantea este razonamiento referido a la
centes, y muchos paganos, como Sócrates, pertenecen salvación. Los que aceptan la fe y se salvan ¿lo hacen
a ella. Jesucristo es el símbolo de la naturaleza humana por sí mismos, por una decisión sólo atríbuible a su
universal o de todas'las almas humanas, etc. iniciativa o es sencillamente que Dios les arrastra a
ello? Los que rechazan la fe ¿lo hacen por su maldad,
no atribuible a la divinidad, o es que Dios les reprueba?
2.2. Voluntad humana La respuesta de San Pablo es que el Señor redime al
y predestinación divina que quiere y reprueba al que no quiere. La fe es un
don absolutamente gratuito, no se merece. El hombre
El tema fascinó a los humanistas y apenas hay uno es objeto de su salvación, no sujeto. San Pablo reco-
de ellos que no lo tratara. También los escritores de mienda la humildad y la confianza en Dios, que es mi-
otras escuelas, que continuaron perviviendo durante los sericordioso y salva a los que lo invocan.
siglos xv y xvi con alguna que otra renovación, lo aco- Cuando los reformistas, principalmente Calvino, re-
metieron con apasionamiento. La disputa entre Erasmo pitieron en toda su crudeza esta doctrina, afirmando
y Lulero se centró en este dogma cristiano y la postura que Cristo sólo había muerto por los predestinados a
del segundo frente al mismo fue, en definitiva, el des- la vida, que eran muy pocos, abandonando a su triste
encadenante de la secesión protestante. suerte a los predestinados a la condenación, quienes no
Se trata sin duda del teorema de la libertad humana. podrían substraerse a este destino por muchas obras
En la antigüedad clásica había sido objetivado en la fi- buenas que hicieran, un estremecimiento de angustia y
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terror atenazó el corazón de los piadosos creyentes. sobrenatural y salvador, el único existente, pues no hay
Esta, al menos, es la impresión de Max Weber en su fin natural alguno. La historia humana es historia de
conocido estudio sobre los orígenes del capitalismo. salvación y quien no entra en ella es como un residuo
Pero son posibles otras reacciones. Los primitivos cris- deleznable al margen del torrente de la vida. Esta vida
tianos parece que vieron en la doctrina de la predesti- la da Dios gratuitamente, no se merece. En una palabra,
nación una garantía de que serían salvados aunque per- no son las obras buenas del hombre las que producen
sonalmente no contribuyeran de manera decisiva a ello. o ganan la justificación sino que es la justificación la
La misericordia de Dios era grande y permitía enfocar que produce y hace que nuestras obras sean buenas.
el futuro con tranquilidad y el presente con cierta des-
preocupación. El bautismo, que borraba los pecados del
nombre viejo y revestía al nuevo con el hábito de la b) Humanismo y predestinación
santidad, cubría de sobra cualquier riesgo. La doctrina agustiniana estaba bien asentada en el
La doctrina de Pelagio (354-427) va dirigida contra ambiente cristiano renacentista. Los humanistas, con el
la confiada negligencia que el fatalismo menos que lar- ejemplo de la humanidad clásica al fondo, fueron des-
vado de San Pablo había producido en la comunidad tacando la capacidad operativa del hombre sin la gra-
cristiana. Proclama la necesidad de actuar, de hacer cia, la del hombre precristiano, que vienen poco a poco
obras buenas, de buscar la perfección. No aspiramos, a identificar con el hombre sin más, El pensamiento
dice, a un bien ordinario y nuestra vida tampoco debe moral de los antiguos y su comportamiento práctico no
ser ordinaria. Si nos aplicamos siempre y con cuidado se corresponde con lo que cabía esperar de la negra ima-
en no pecar, llegaremos, por así decirlo, a no poder ha- gen trazada por San Agustín y aceptada unánimemente.
cerlo más. Para inducir a los cristianos a abrazar esta Leonardo Bruni nos transmite el impacto que le ha cau-
vida activa, virtuosa, les recuerda que el hombre es del sado las enseñanzas éticas de los antiguos filósofos:
todo libre, que todos están gobernados por su voluntad
personal, que cada uno es dejado por Dios a su arbi- Si quisiera referir cuanto he leído en los filósofos
trio particular. Si no son santos es porque no quieren. que está de acuerdo con nuestra verdad, creo que sus-
Tampoco el pecado original es una excusa para renun- citaría la admiración de muchos. Porque no sólo en
ciar a la santidad. La naturaleza humana no está co- estas cuestiones comunes que miran a la virtud y a
rrompida intrínsecamente por ese pecado, pues sería los vicios, sino también en lo que parece ser propio
injusto que Dios nos considerara moralmente responsa- del cristianismo, encuentro que algunos filósofos tie-
nen nuestras mismas opiniones y las afirman y ense-
bles de algo que hizo otro. La naturaleza del hombre ñan... Sócrates, en el Gorgias de Platón, muestra que
es buena y es nuestra obligación hacerla fructificar me- es peor hacer una ofensa que sufrirla... Sócrates, en
diante nuestro esfuerzo e iniciativa. la misma obra, enseña que si recibimos una ofensa
San Agustín machaca estas fiorituras más bien pas- no debemos vengarla. ¿Qué son estas cosas? ¿No son
torales de Pelagio. A causa del pecado original la natu- acaso divinas y en todo semejantes a la perfección
raleza es una «masa de perdición» de la que no puede cristiana?... ¿Enseña Pablo sobre esto más de lo que
enseña Platón?'
salir ninguna obra buena. Las llamadas virtudes de los
paganos o de los infieles no pasan de ser vicios ador- Por lo que se refiere a la capacidad del hombre de
nados. El Estado romano, cuya grandeza tanto admiran construir él mismo un mundo humano a su medida y
algunos, no era otra cosa que una «topera de ladrones». de dominar a la naturaleza, ninguno de los humanistas
Nadie realiza actos buenos si su acto no brota de la fe dejó la ocasión de tratarlo y de afirmarlo. Aunque ad-
y se ordena al fin que prescribe la fe, a saber, al Dios miten la fatalidad y la impotencia humana frente a cier-
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tos acontecimientos, subrayan con vigor las conquistas
que una voluntad fuerte puede conseguir. La virtud, la DEFINICIONES AFORÍSTICAS DEL HOMBRE
energía creadora del hombre, puede tomarle las medi-
das a la fortuna. Pontano (1422/26-1503) señala a la po- El hombre es una cosa sagrada para el hombre (SÉ-
lítica y a la técnica como los ingenios con que la hu- NECA).
manidad ha de superar su propia malicia y debilidad El hombre es una masa de pecado, condenable y con-
y las amenazas de la naturaleza exterior. De él tomará denada (SAN AGUSTÍN, LUTERO),
Maquiavelo su concepto de virtud. La apoteosis de la El hombre es un gran milagro (LIBROS HERMÉTICOS).
El hombre es un microcosmos (HUMANISTAS EN GE-
capacidad operativa humana la encontramos en Pico, NERAL).
para quien el hombre ha recibido el poder de hacerse El hombre es la cópula del universo (FiciNO).
a sí mismo, alzándose hasta la categoría de los ángeles El hombre es un animal celeste, un numen revestido
o «abajándose» a la de las bestias, según él decida de carne humana (Pico).
libremente. El hombre es un animal santo (Luis VIVES).
Como resultas de esta visión del hombre, domador El hombre es un dios para el hombre, no un lobo
de la fortuna y de las fuerzas ciegas del mundo, creador (BACON).
de su entorno social y de sí mismo, nace un concepto El hombre es un lobo para el hombre (HoBBEs).
más positivo y optimista de la naturaleza humana. El El hombre será una pasión para el hombre (MARX).
El hombre es una pasión inútil (SARTRE).
hombre es la criatura más perfecta salida de las manos El hombre (el organismo) es el camino que tiene
de Dios, después de los ángeles. Es el resumen de toda el DNA para fabricar más DNA (EDWARD O. WIL-
la creación, un microcosmos en el que están represen- SON).
tadas todas las perfecciones del universo, incluida la
perfección de los ángeles. Por tanto, todo lo que esta
naturaleza manifiesta es bueno. En concreto el placer.
Los tratados sobre este tema se multiplican en esta épo-
ca y hay en ellos una intención firme de oponerse a la
doctrina de la renuncia al mundo, a sus vanidades y
a sus alegrías.
La apología de la creatividad humana planteó el tema
de la superioridad de la vida contemplativa sobre la
activa, de la vida retirada sobre la vida en el mundo.
Los humanistas defendieron la segunda. La apología de
la bondad de la naturaleza y del placer cuadraba mal
con la doctrina del hombre como «masa de pecado»
que había hecho necesaria la encarnación de Dios y la
tragedia de la cruz. El homo faber resucitado por los
humanistas, libre y 'lleno de energías, se salía del espa-
cio cristiano en el que toda iniciativa corría a cargo de
Dios. Los humanistas vieron cortado el camino por la
reacción reformista y contrarreformista que otra vez
planteaba el tema de la libertad y la predestinación en
los viejos términos.
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