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Final de Entre Visillos

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Final de Entre visillos

Subimos juntos al tren, pero Natalia se bajó enseguida. Era casi la hora de la
salida. Julia y yo nos asomamos para verla desde el pasillo, en dos ventanillas contiguas.
Estaba de pie muy quieta en el andén y nos miraba alternativamente, sonriendo. Luego
bajó los ojos. El andén estaba casi desierto. Empezaba a levantar un poco el día.

Sonó una campana y el tren arrancó.

-Adiós –dijo Natalia, cogiendo la mano que su hermana le tendía.

Yo también saqué la mano y se la di. Empezó a andar un poco con nosotros al


paso del tren, siempre mirándonos y sonriendo. Me miraba a mí, sobre todo, los ojos
llenos de luz en la cara pequeña, subido el cuello del abrigo.

-Que tenga suerte –le dije, agitando el brazo.

Ella echó casi a correr, porque el tren iba más deprisa.

-Pero usted vuelve, ¿no?

-Oye, a Mercedes le he dejado una carta encima de la cama –dijo la hermana, de


pronto, con urgencia-. Creo que la verá, pero si no la ve, dásela tú.

-Bueno…

El tren ya iba a rebasar la pared de la estación. Natalia corría con cara asustada.

-Vuelve usted después de la s vacaciones, ¿verdad?... A ver si no vuelve –dijo


casi gritando.

No le contesté ni que sí ni que no. Seguí diciéndole adiós con la mano, hasta que
la vi pararse en el límite del andén, sin dejar de mirarme. Se le caían lágrimas.

-Adiós, adiós…

Habíamos salido afuera. Sonaban los hierros del tren sobre las vías cruzadas.
Con la niebla, no se distinguía la Catedral.

1) Indique quién es el narrador y explique su función en la novela.

2) Caracterice los personajes femeninos que aparecen en el texto.

3) El sentido del final de la historia puede recogerse en la oposición entre dos


símbolos: tren y catedral. Explíquelo.

4) Señale tres rasgos estilísticos del registro coloquial que aparecen en el fragmento.
1) El narrador es Pablo Klein, por lo que utiliza la primera persona para dar su
punto de vista (“Subimos”, “nos asomamos”, “yo”, “nos miraba”, “saqué”, “di”,
“nosotros”, etc.). Es ya al final de la novela un narrador protagonista, porque se
ha convertido en el principal personaje masculino de la historia. Ofrece una
visión personal muy crítica de una sociedad reprimida, hipócrita y opresora
contra la mujer como era la de la España de Franco. Él se ha formado en Europa,
observa una realidad nueva y no entiende comportamientos y actitudes de los
españoles, por lo que decide, al cabo de tres meses, abandonar el ambiente
asfixiante de la pequeña ciudad provinciana. Este final de la novela enlaza con el
principio, cuando llega con ilusión en tren a su ciudad natal, solo que ahora lo
hace desengañado y decepcionado. Natalia le despide con tristeza puesto que él
era la única persona que la comprendía, hasta el punto de enamorarse.
2) Aparecen dos personajes femeninos. Por un lado, Natalia, que no está dispuesta
a seguir los roles femeninos impuestos por su familia y, en general, por la
sociedad machista de aquella época. Quiere estudiar una carrera y mantener su
independencia frente a la presión por encontrar novio que ejercen sobre ella sus
hermanas y amigas. Por otro lado, Julia toma la determinación de marchar a
Madrid pero no para ser independiente y huir de ese ambiente cerrado sino para
estar con su novio Miguel, que se lo ha pedido. Digamos que acepta este reto por
el amor hacia él y, sobre todo, porque no quiere perder la oportunidad de unirse
a un hombre en matrimonio, dada su edad y el ejemplo de su hermana Mercedes,
que se quedará soltera.
3) Frente a una concepción progresista y dinámica de la vida, representada por el
tren, la Catedral encierra un sentido reaccionario y estático de la realidad. El tren
supone la posibilidad de cambio y de huida, de una libertad anhelada por
distintos personajes como Pablo, Julia y Natalia. Apunta hacia metas e ilusiones
vitales. En cambio, la Catedral representa la autoridad inamovible no solo de la
Iglesia (oscuridad y miedo al pecado) sino de un sistema de relaciones humanas
regido por la intransigencia y la incomunicación. El edificio de la Catedral
simboliza la ciudad provinciana anclada en el pasado y la falta de progreso
material y mental de sus habitantes.
4) En primer lugar, dado el carácter coloquial del diálogo, aparecen interrogaciones
retóricas (“¿no?”, “¿verdad?”), así como frecuentes exhortaciones (“Oye”,
“dásela tú”, “Que tenga suerte”). También frecuentes fórmulas de tratamiento
según sean los interlocutores (“usted”, “tú”). En segundo lugar, para destacar un
elemento, el hablante rompe el orden lógico de la frase (“a Mercedes le he
dejado…”). En tercer lugar, aparecen muletillas y frases inacabadas (“Bueno…”,
“A ver si no vuelve”, así como repeticiones léxicas (“Adiós, adiós…”). Por
último, todo este lenguaje coloquial está muy reforzado por elementos
paralingüísticos como gestos y movimientos corporales que refuerzan las
palabras (las manos y las miradas son elocuentes, por ejemplo).

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