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Orígenes de la Neuropsicología Moderna

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Fundamentos de Neuropsicología y

Neurodiagnóstico
UNIDAD 1 ACERVO 1.1

INICIOS DE LA NEUROPSICOLOGÍA

BROCA

Regresemos ahora a mediados del siglo XIX y a lo que puede ser


considerado como el origen de la neuro-psicología moderna: la primera
evidencia empírica sustancial de la ubicación de función dentro del cere-
bro humano. Esta evidencia fue elaborada por el cirujano francés Paul
Broca (1824-1880), en 1865, pero existieron algunos importantes
antecedentes a su trabajo.

Antecedentes a Broca: Gall y Bouillaud

En los primeros años del siglo XIX, Franz Gall, en uno de sus pocos
estudios empíricos, reportó el caso de un soldado que sufrió una herida
de cuchillo en el ojo izquierdo, que penetró el cráneo, y quien, posterior-
mente, sufrió un deterioro del lenguaje. Es posible que con base en este
caso o en otros similares, el médico francés Jean Baptiste Bouillaud
(1796-1881), en 1825, especuló que el lenguaje puede estar repre-
sentado en la porción anterior del cerebro humano. Él quiso ir más allá y
opinó que la especialización del hemisferio izquierdo para la destreza
motora que presumiblemente subyace al uso preferente de la mano
derecha, puede también extenderse a los movimientos especializados
relacionados con el habla. Con posterioridad, en 1861, Ernest Auburtin,
yerno de Bouillaud, presentó una ponencia ante la Sociedad
Antropológica de París, a la cual asistió su fundador, Paul Broca, en la
cual reportó el caso de un hombre que era incapaz de hablar después de
que se le aplicó presión a la región anterior expuesta de su cerebro.

El caso de "Tan"

Poco después de escuchar esta ponencia, Broca conoció a un paciente


llamado Leborgne, quien era incapaz de hablar más que unas pocas
palabras. Pudo demostrarse que este paciente comprendía el lenguaje y
que no estaba demente, debido a que respondía, mediante gestos, con
precisión a preguntas, como su edad. También se pudo demostrar que
los músculos requeridos para el habla no estaban paralizados o de algún
otro modo eran inoperantes, pues él podía reproducir sonidos
individuales (fonemas), como ba y ga, cuando se le requería. Lo que
estaba interrumpido en este paciente era la habilidad para combinar de
forma rápida estos fonemas individuales para producir el habla
coordinada. En vez de ello, su producción verbal estaba reducida a
pocos fragmentos cortos, uno de los cuales, "Tan", repetía con tanta fre-
cuencia que llegó a convertirse en su sobrenombre.

Poco después de esto, Leborgne murió. Broca, tomó la oportunidad de


examinar el cerebro de Leborgne y descubrió lo que describió como una
lesión en el lóbulo frontal izquierdo. En su oportunidad, el cerebro de
Leborgne fue preservado y, luego de haber estado perdido por algunos
años durante la Segunda Guerra Mundial, apareció en un museo de
París. La figura 1.7 es una fotografía del cerebro de Leborgne.

FIGURA 1.7 El cerebro embalsamado de Leborgne,


el famoso paciente de Broca.
(Tomado de Corsi, 1991, p. 217.)

Concepto de dominancia hemisférica: hemisferio izquierdo y


lenguaje
Al principio, Broca interpretó el hallazgo de lesión en el lóbulo frontal
izquierdo como consistente con la idea de Bouillaud, de que el lenguaje
está representado en la parte anterior del cerebro. Conforme Broca
continuó con el estudio de pacientes con deterioros del lenguaje
similares al de Leborgne, advirtió que, en cada instancia en la cual él era
capaz de estudiar el cerebro post mortem, descubrió una lesión en el
lóbulo frontal izquierdo. Finalmente, en 1865, después de estudiar
muchos casos, Broca concluyó que el hemisferio izquierdo es dominante
para el lenguaje o, como él decía: nous parlons avec l'hemisphere
gauche ("hablamos con nuestro hemisferio izquierdo").

Después del descubrimiento de Broca, el hijo de un médico francés,


quien respondía al nombre de Marc Dax, afirmó que su padre había
coleccionado un número de casos con síntomas similares al de Broca y
también había descubierto la asociación entre este trastorno y el daño al
hemisferio izquierdo. De acuerdo con su hijo, el viejo Dax había repor-
tado sus hallazgos en una conferencia en 1836, pero nunca los había
publicado. La documentación de la presentación no fue encontrada y
aún es incierto quién de los dos, si Dax o Broca, fue el primero en
descubrir esta asociación.

No obstante, como Joynt (1964) puntualiza, quien haya sido el primero


en reportar los datos que apoyan la idea de que el lenguaje está
representado en el hemisferio izquierdo, a Broca se le da el crédito por
describir el síndrome de producción deteriorada de lenguaje en ausencia
de deterioro en los mecanismos periféricos del habla. Además, Broca
comprendió la implicación del hecho de que todos los pacientes que él
estudió con este síndrome tenían lesiones en el hemisferio izquierdo,
una implicación incorporada en el concepto de dominancia cerebral
para el lenguaje. En este término tenemos lo que puede ser
considerado como el inicio de la neuropsicología moderna. Broca había
demostrado la existencia de un deterioro central (no periférico) del
lenguaje, que ahora se le refiere de manera general como afasia
(aunque Broca mismo sugirió el término afemia). Además de esto, Broca
demostró que la lesión crítica estaba localizada dentro de un área
específica del hemisferio izquierdo, a saber, la parte inferior y posterior
de la región anterior de la corteza, región que llegó a ser conocida como
área de Broca (figura 1.8). Con esto, él proporcionó el primer apoyo
empírico sólido para lo que en la actualidad se conoce como
especialización intra hemisférica de función, que es la especialización de
función dentro de un hemisferio. Veremos que gran parte de la historia
de la neuropsicología tiene que ver con el desarrollo y delineación de
estos conceptos.

FIGURA 1.8 Áreas de Broca y de Wernicke. Advierta la


proximidad del área de Broca a las regiones corticales que
controlan los músculos del habla y la proximidad del área de
Wernicke a la corteza auditiva primaria. (Tomado de H. Gleitman,
1995.)
Descubrimiento de la corteza motora: Fritsch e Hitzig

En 1870, cinco años después del descubrimiento fundamental de Broca, un tipo


de investigación muy diferente, realizado en Alemania, reveló una ulterior
especialización de función en la corteza cerebral. Al estudiar el cerebro
expuesto de un perro, Gustav Fritsch (1838-1929) y Eduard Hitzig (1838-1909)
descubrieron que la estimulación de una región específica de la corteza daba
como resultado movimiento de las extremidades contralaterales. Así habían
descubierto que no sólo las funciones "superiores", como el lenguaje, estaban
representadas en la corteza cerebral, sino también la conducta en apariencia
son menos complejas, los movimientos simples. El área de la corteza dedicada
al movimiento fue llamada corteza motora. Éste fue un importante
descubrimiento, debido a que fomentó la idea de la especialización funcional
de la corteza y sugirió que ésta no estaba reservada de forma exclusiva a la
función "superior", "asociativa". Ambas ideas recibieron mayores apoyos a
partir del descubrimiento subsecuente de regiones de la corteza especializadas
para funciones somato-sensoriales, auditivas y visuales.

DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES: WERNICKE

Descubrimiento de Wernicke de la afasia receptiva

En 1874 se realizó otro descubrimiento importante. El neurólogo alemán Cari


Wernicke (1848-1904) describió un tipo diferente de afasia. Mientras que Broca
había descrito una afasia (la cual llegó a ser conocida como afasia de Broca)
que involucraba deterioros en la producción del habla, Wernicke describió a
pacientes que estaban severamente deteriorados en su habilidad para
comprender el lenguaje. A diferencia de los pacientes con afasia de Broca,
estos pacientes no estaban deteriorados en la habilidad para coordinar la
producción de palabras, aunque la combinación de palabras correctamente
articuladas que ellos producían con frecuencia no tenía sentido. Ellos hablaban
en una especie de "ensalada de palabras" que oscurecía su significado
subyacente. La lesión asociada con este trastorno estaba en la corteza
posterior izquierda (véase figura 1.8). Esta área llegó a ser conocida como área
de Wernicke.

Concepto de procesamiento secuencial

Tendremos más que decir acerca tanto de la afasia de Broca como de la afasia
de Wernicke en el capítulo 6; por el momento sólo apreciemos la importancia
de los descubrimientos que realizaron estos dos pioneros. Al demostrar que
ambos tipos de afasia están asociados con daño al hemisferio izquierdo, los
hallazgos de Broca y de Wernicke apoyan el concepto de dominancia
hemisférica. Además, ambos hallazgos demuestran que diferentes lesiones
dentro del hemisferio izquierdo producen diferentes deterioros en el lenguaje,
apoyando así la idea de la especialización intra hemisférica de función.

Los trabajos de Broca y Wernicke también apoyan la noción de que la función


del lenguaje está compuesta de un número de funciones que, bajo ciertas
condiciones, pueden ser separadas o disociadas una de otra. Wernicke pensó
en esto en términos de un tipo de procesamiento secuencial (figura 1.9). De
acuerdo con este enfoque, la entrada auditiva verbal era procesada por el
sistema auditivo (a en la figura 1.9) y luego transmitida al área de Wernicke
(a'), la cual media la transformación o traslación de las representaciones
auditivas de las palabras en significado. Él también conceptualizó el área de
Wernicke como mediadora de los procesos inversos, la transformación de
significado en una especie de representación verbal. Luego esta
representación es transmitida al área de Broca (b), donde se coordinan los
mecanismos motores periféricos del habla (músculos, lengua, cuerdas vocales,
etc.). Entonces la corteza motora activaba los mecanismos necesarios del
habla (b'), lo que da como resultado el lenguaje oral.

Wernicke creyó que esta conceptualización daba cuenta de los trastornos que
seguían al daño en las áreas de Broca y de Wernicke. Sin embargo, él fue más
allá al predecir el trastorno que ocurriría después de dañar las fibras nerviosas
que conectan estas dos áreas: propuso que tal lesión deterioraría la repetición
del habla escuchada aunque dejaría relativamente intactas la producción y
comprensión del habla. Con posterioridad, Wernicke fue capaz de sustentar
esta hipótesis mediante el estudio de casos de personas con tales daños,
pacientes que exhibían un síndrome que denominó afasia de conducción.

FIGURA 1.9 Noción de Wernicke del


procesamiento secuencial del lenguaje en
la corteza cerebral. (Tomado de
Wernicke, 1874.)
Hipótesis del síndrome de desconexión

Wernicke introdujo un enfoque que conceptualizó a la corteza como compuesto


de áreas o centros, cada uno de los cuales regula una serie de procesos
relativamente discretos que actúan en conjunción para hacer posible los
procesos complejos. Él argumentó después que los trastornos podían ser
comprendidos ya sea como el resultado del daño a estos centros (por ejemplo,
afasia de Broca o de Wernicke) o como consecuencia de la interrupción de las
conexiones entre estos centros (por ejemplo, afasia de conducción). Los
trastornos que eran comprendidos en términos de la desconexión entre los
centros llegaron a conocerse como síndromes de desconexión. En la parte final
del siglo XIX, este enfoque se convirtió en una forma muy popular de teorizar
en torno al sistema nervioso. En el siglo XX, en la década de los sesenta, a esta
teoría se le dio nuevo énfasis y vigor mediante el trabajo del neurólogo Norman
Geschwind.

Concepto de especialización hemisférica complementaria: el papel del


hemisferio derecho

En la siguiente sección de este capítulo examinaremos otro ejemplo del poder


explicativo del enfoque de desconexión; pero antes de hacerlo consideremos al
hemisferio derecho del cerebro. Hemos visto que el concepto de dominancia
cerebral para el lenguaje se desarrolló a partir del hallazgo empírico de que a
los pacientes afásicos se les encontró daño en el hemisferio izquierdo, mas no
en el derecho. (Por el momento estamos considerando sólo la gente diestra;
más tarde consideraremos la situación más complicada de las personas
zurdas.) La implicación de la idea de dominancia del hemisferio izquierdo era
obvia: el hemisferio izquierdo regula el lenguaje, una función de gran
importancia, y el hemisferio derecho, debido a que no participa en esta
función, era en cierta forma inferior o auxiliar. El concepto de dominio del
hemisferio izquierdo sobrevivió hasta mediados del siglo XX y en ocasiones
todavía se le escucha como una especie de término taquigráfico para
especificar al hemisferio en el cual está representado el lenguaje.

No obstante, a partir de la década de los años cincuenta, ha habido una


apreciación creciente de que el hemisferio derecho también está especializado,
pero para funciones que no son lingüísticas, como los procesamientos
perceptual y espacial. Esta perspectiva de que el hemisferio derecho también
es el sitio de funcionamiento especializado se refleja en el reemplazo del
concepto de dominancia cerebral por el concepto más preciso de
especialización complementaria de los dos hemisferios cerebrales o, de
manera más concisa, especialización hemisférica o asimetría funcional
hemisférica. Este replanteamiento de los conceptos tardó en emerger, si se
considera que la evidencia para conocer la especialización funcional del
hemisferio derecho se había ido acumulando durante mucho tiempo. Ya en
1874, el año del hallazgo fundamental de Wernicke, el neurólogo inglés John
Hugh-lings-Jackson (1835-1911), cuyas hipótesis con frecuencia son
sorprendentemente modernas, propuso que el hemisferio derecho estaba
especializado para las imágenes mentales. Ésta fue una especulación astuta, y
aunque se ha probado que no es por completo precisa, no obstante captura, en
forma metafórica, la noción de la importancia del hemisferio derecho para el
procesamiento de la percepción visual.

Hacia principios del siglo XX había evidencia sustancial de la especialización


del hemisferio derecho para ciertos procesos, aunque el concepto de
dominancia del hemisferio izquierdo se mantuvo por algún tiempo. Cuando
estudiemos la función del hemisferio derecho en capítulos posteriores, se
observará que existían razones para la tenacidad de este concepto. Éstas
incluyen el hecho de que el funcionamiento para el cual está especializado el
hemisferio izquierdo (por ejemplo, el lenguaje) es más discreto y se define con
mayor precisión (y por tanto se le identifica más) que las funciones para las
cuales está especializado el hemisferio derecho (por ejemplo, percepción visual
y procesamiento espacial). De manera adicional, existe evidencia de que el
hemisferio izquierdo está más especializado para los procesos verbales de lo
que el hemisferio derecho lo está para los procesos que está especializado.

LOCALIZACIÓN EN OPOSICIÓN AL HOLISMO

Límites de la localización: los "mapmakers"

Hemos visto que el problema de la localización de función, la medida en la cual


se pueden localizar funciones específicas en regiones específicas de la corteza,
fue un área de intensa controversia en el periodo anterior al descubrimiento
cardinal de Broca. Durante dicho periodo, enfoques tan divergentes como el de
Flourens, el de Gall y Spurzheim se miraban fijamente sin comprometerse una
con la otra. Uno podría pensar que el ocaso de una neuropsicología empírica a
mediados del siglo XIX y los hallazgos específicos de Broca, Fritsch e Hitsig,
Wernicke y otros habrían sentado las bases en torno a la posición
localizacionista. Pero la controversia continuó en forma modificada y persiste
en la actualidad. En las postrimerías del siglo XIX y principios del XX, una fuerte
postura localizacionista fue retomada por los llamados "mapmakers". Éstos
fueron teóricos que usaron el marco conceptual general que vimos en la
explicación de Wernicke acerca de la afasia de conducción y en la explicación
de Dejarine sobre la alexia sin agrafía para explicar una multitud de trastornos
en términos de la interrupción de los "centros" y las trayectorias que los
conectan.

Conforme estas explicaciones se volvieron más detalladas y elaboradas,


también se volvieron más especulativas y alejadas de los datos empíricos. En
particular, fueron propuestos centros que mediaban funciones cognitivas
altamente específicas, que con frecuencia carecían de evidencia experimental.
Como reacción a esto, resurgió una fuerte postura antilocalizacionista. La
forma extrema de esta postura está ejemplificada por el trabajo de Friedrich
Goltz (1834-1902), quien después de realizar grandes e incluso completas
lesiones en la corteza cerebral de perros, observó sólo una disminución general
en función proporcional al tamaño de la lesión, pero no relacionada con su
localización. Esto lo condujo a una visión holística del funcionamiento cortical
similar al enfoque anterior de Flourens. Incluso los hallazgos de Broca fueron
criticados. Pierre Marie (1906), en su ensayo que lleva el osado y provocador
título La tercera circunvolución frontal izquierda no juega un papel particular en
la función del lenguaje, argüía que el área de corteza dañada y asociada con la
afasia de Broca se extendía más allá del área identificada por éste, hasta el
hemisferio posterior izquierdo. Sus conclusiones se basaron en el examen del
cerebro del paciente de Broca, "Tan". Marie insistió en que Broca no tuvo bases
para inferir la existencia de un "centro" del habla.

Reconciliación de los enfoques holista y localizacionista: concepto de


jerarquía de Hughlings-Jackson

Existieron posiciones más moderadas que cualquiera de estos extremos. Freud,


en una de sus últimas incursiones en la neurología, antes de adentrarse de
lleno en el psicoanálisis, adoptó una visión sorprendentemente moderna. En su
libro Sobre la afasia (Freud, 1893/1953), criticó la teorización especulativa de
los "mapmakers" sin desechar al mismo tiempo la noción de localización de
función. Sin embargo, tal vez uno de los más útiles enfoques a este problema
fue el que retomó Hughlings-Jackson. Él conceptualizó al cerebro como un
órgano con muchos niveles de control que estaban organizados de manera
jerárquica. Una metáfora que ilustra esta noción, y a la cual regreso con
frecuencia en mis intentos por comprender el cerebro humano, tiene que ver
con la organización y la estructura sociales. En el contexto de la presente
discusión en torno al control jerárquico por medio de varios niveles del sistema
nervioso, consideremos la organización de la rama ejecutiva del gobierno
federal. El presidente está arriba y luego los secretarios de Estado, los
subsecretarios, los directores generales, los directores de área, los
subdirectores, los jefes de departamento, etc. Si el presidente llegase a estar
incapacitado para ejercer sus funciones por alguna razón (resistiré la tentación
de embellecer esta metáfora con un ejemplo específico), el Departamento de la
Defensa, digamos, no detendría su funcionamiento. De hecho, tomaría cierto
tiempo para que el impacto se sintiera, pero con seguridad se sentiría, tal vez
en la forma de un cambio en el presupuesto para la defensa. O el efecto podría
ser inmediato, en el caso de que el comandante en jefe no ordenara el
despliegue de tropas en una situación particular. Incluso la no funcionalidad del
presidente probablemente no interrumpiría las actividades cotidianas de las
bases militares y los portaviones.

Conforme se va descendiendo en la jerarquía (secretario de defensa,


encargado de los jefes conjuntos de gabinete, generales de mayor rango), el
efecto de no funcionamiento se vuelve cada vez más específico al interrumpir
acciones particulares. La disfunción a niveles incluso menores resulta en
problemas específicos muy visibles aunque limitados (por ejemplo, los
vehículos particulares no son reparados o una puerta en particular no es
resguardada). Desde luego, si la disfunción a niveles bajos se expande (por
ejemplo, todas las tropas de combate se enferman), esto deterioraría
drásticamente el funcionamiento de las fuerzas armadas. Advierta también
que, conforme uno desciende en la jerarquía, las respuestas se vuelven cada
vez más predecibles y estereotipadas (por ejemplo, el personal del grupo de
automotores llena los tanques de gasolina de los vehículos y checa el nivel de
aceite; los policías militares solicitan a quienes llegan a cierto punto de registro
sus papeles de identificación).

¿Qué nos dice la metáfora de la función jerárquica acerca del cerebro? Si


conceptualizamos al cerebro como algo organizado en forma análoga, la
metáfora nos ayuda a comprender muchos fenómenos. Los perros de Goltz,
que fueron capaces de desempeñarse en diversas funciones motoras después
de la remoción de toda la corteza cerebral, pero con "voluntad" e "inteligencia"
disminuidas, son análogos a las fuerzas armadas privadas de sus niveles
superiores de mando. Muchos detalles todavía continúan en su lugar, pero se
interrumpe la ejecución de conducta compleja que requieren inteligencia
particular y planeación estratégica.

Con frecuencia regresaremos a ésta y otras metáforas relacionadas con lo


social conforme intentemos comprender los efectos conductuales y cognitivos
del daño cortical. Esto es debido a que el cerebro en realidad es más parecido
a una organización social que a una máquina. Si se rompe alguno de los
componentes importantes de una máquina compleja, es probable que la
máquina simplemente no funcione. Aunque un mecánico experto puede ser
capaz de inferir a partir del rendimiento interrumpido de la máquina lo que
está mal, ésta no hará nada de lo que se supone debe hacer (suponiendo que
el problema es mayor). En contraste, si un gran sector de la sociedad es
disfuncional (por ejemplo, no se producen o importan autos nuevos), la
estructura social experimentará el impacto, pero no detendrá su
funcionamiento en conjunto. Realizará compensaciones. La gente caminará,
comprará bicicletas, se reunirá para viajar en el mismo vehículo, tomará
transporte público, tendrá más cuidado con sus automóviles, vivirá cerca de
sus centros de trabajo o hará alguna otra adaptación. Todo esto puede hacer
menos eficiente a la sociedad, pero continuará su función, aunque sea en
forma deteriorada. Lo mismo ocurre como resultado de lesiones en la corteza
cerebral.

EL ENFOQUE PSICOMÉTRICO DE LA NEUROPSICOLOGÍA

Como ya hemos visto, se ha aprendido mucho desde el enfoque del estudio de


casos, y ahí permanece mucho de lo que el estudio a profundidad de los casos
individuales es capaz de revelar. Sin embargo, uno de los más importantes
desarrollos en la neuropsicología fue la aplicación del enfoque psicométrico a la
investigación neuropsicológica.

Estudios de grupo y análisis estadístico

El uso de los estudios de grupo, que inició en las postrimerías de la década de


los cuarenta y principios de los cincuenta, agregó otra dimensión a la
comprensión de las relaciones cerebro-conducta. Los estudios grupales
permitieron la formación de grupos control para revelar de manera más clara
la naturaleza de los deterioros asociados con una lesión particular. Además, el
uso de los procedimientos estadísticos en los estudios de grupo hizo posibles
las definiciones cuantitativas de los deterioros y, en consecuencia, mejoró la
sensibilidad de las pruebas específicas para detectar la presencia de un
deterioro. Por ejemplo, al valorar los umbrales sensoriales después de lesiones
corticales, uno puede definir la deficiencia de un individuo en términos de
menor rendimiento a un cierto nivel del grupo control, digamos por abajo del
primer percentil. También se puede definir un grupo como deteriorado si, al
usar estadística inferencial, la probabilidad de que ese grupo pertenezca a la
misma población que el grupo control es menor de cierto nivel, digamos .01.

En consecuencia, los estudios de grupo y los análisis estadísticos tienen un


enorme impacto sobre la neuropsicología. Al permitir cuantificar de forma
precisa la probabilidad de que un grupo con una lesión o condición particular
rinda en una tarea particular a un nivel inferior que un grupo control
contribuyen a nuestra comprensión de la organización cerebral de los procesos
psicológicos. Más aún, al proporcionar una medida de la probabilidad de que la
ejecución de un individuo particular esté por abajo del de un grupo control, los
estudios de grupo ofrecen una base para realizar inferencias concernientes a la
presencia de deterioro cognitivo y la anormalidad cerebral asociada en dicho
individuo (Reitan y Davison, 1974). Esto, a su vez, proporciona una base para
la valoración neuropsicológica clínica y un conjunto de procedimientos que
pueden ser bastante útiles en el diagnóstico y la rehabilitación (Lezak, 1995).

El papel permanente de los estudios de caso

Aunque el uso de los estudios de grupo es un enorme avance, dichos estudios


no han vuelto obsoletos los estudios de caso individuales. Éstos aún son de
vital importancia por varias razones. En primer lugar, ciertos trastornos son tan
raros que formar un grupo de determinados casos tomaría muchos años.
Además, cuando uno está estudiando un trastorno tan severo que puede ser
detectado sin métodos estadísticos (como la agnosia y la afasia), el estudio de
un sujeto aislado proporciona una vivida y detallada descripción del deterioro
que con frecuencia se pierde con el análisis de los datos del grupo. Más aún,
una serie de estudios de caso proporciona información que se pierde
fácilmente en el curso de un análisis de grupo en torno a la variabilidad de los
síntomas presentes entre los individuos que comparten cierta sintomatología o
áreas comunes de anormalidad cerebral. Por ejemplo, como veremos en el
capítulo 6, existe considerable variabilidad en el perfil de los deterioros
observados en pacientes con afasia receptiva. Algunos virtualmente no tienen
comprensión del lenguaje; mientras otros tienen cierta capacidad residual para
comprenderlo. De manera similar, existe una variabilidad significativa entre los
pacientes en el cuadro sintomatológico observado tras lesiones en el área de
Broca. Esta variabilidad se oscurece o incluso se pierde en los datos que
expresan la función en términos de promedios grupales. En consecuencia,
aunque por lo general son informativos, los análisis producen generalidades
acerca de los grupos pero corren el riesgo de oscurecer las diferencias
individuales y proporcionar una visión sobre-generalizada de los efectos de
lesiones particulares.
Por último, los estudios de grupo presentan un problema adicional: los grupos
definidos sobre la base del sitio de lesión (por ejemplo, corteza posterior
izquierda) comprenden sujetos con sitios de lesión sumamente variables. Es
probable que esta heterogeneidad resulte en una considerable variabilidad en
el cuadro sintomatológico, lo cual puede conducir a interpretaciones erróneas
del papel del área presumiblemente identificada o incluso resultar en tanto
"ruido" que los datos lleguen a ser por completo ininteligibles.

Bibliografía:

Rains, G. D. (2003) Desarrollo histórico de la neuropsicología. En Rains,


G. D. Principios de Neuropsicología Humana (10-18) México: McGraw-Hill
Interamericana.

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