El laberinto de la Soledad Octavio Paz Ensayo Introduccin No son pocos los escritores, es decir: novelistas, cuentistas, periodistas, poetas,
guionistas, dramaturgos y todo aquel que se gana la vida con la palabra, quienes opinan que la obra de Octavio Paz, fue la mayor aportacin de las letras mexicanas del siglo pasado. Su obra extensa; nunca carente de inters, a menudo sorprende por su claridad narrativa. Cultiv la poesa y el ensayo, pero, como una novela bien estructurada, su obra nos platica algo. Nos lleva de la mano por el camino de la reflexin y la pregunta, del amor y la duda, de la vida y la muerte. Es precisamente, el carcter analtico de su obra, el factor fascinante de su prosa. El Laberinto de la Soledad, es un estudio del mexicano, no del criollo ni el mestizo, no del indgena, ni el descendiente de padres o abuelos extranjeros, no del chilango o el jalisquillo, tampoco del jarocho ni del norteo: sino de todos ellos y muchos ms. Su vigencia es impactante. Contiene ocho captulos y un apndice en los cuales recorre la historia de Mxico. Sus momentos simblicos y dramticos. Su lectura es un deleite. Captulo uno. El Pachuco y otros extremos. Es curioso como inicia Paz su ensayo: habla sobre el adolescente y su asombroso descubrimiento de s mismo, que lo lleva por conclusin, a una consciente soledad en el mundo. Qu somos y cmo realizaremos eso que somos? La adolescencia, ese preciso momento en que tomamos conciencia de nuestro ser, es comparado por el autor con los pueblos en trance de crecimiento. El Mxico pos revolucionario, dej un pas en etapa reflexiva que necesariamente lo llev a la autocontemplacin. Fue entonces, cuando afloraron distintos niveles histricos que convivan, o se enfrentaban, en un mismo presente. Mxico, estaba hecho de distintas razas, adems de las diferentes lenguas, que ya de por s marcaban una brecha por entender. Fue en la ciudad de Los ngeles donde Octavio Paz comenz su anlisis, comparando precisamente al gringo promedio, con ms de un milln de mexicanos que ah radicaban. Mexicanos que no se mezclan y que se autonombran Pachucos. Es decir, Bandas de jvenes generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del sur, que se singularizan por su vestimenta conducta y lenguaje. Personas que no quieren volver a su origen mexicano, pero que tampoco quieren pertenecer al sistema americano. El Pachuco, segn Octavio Paz, Es uno de los extremos a los que puede llegar el mexicano. Siempre marginal, al Pachuco le gusta irritar a la sociedad, entonces, y slo entonces, el Pachuco encuentra su lugar en el mundo y por lo tanto, su razn de ser. Se siente libre de romper las reglas, de conocer lo prohibido, en pocas palabras, de desafiar al sistema. Entonces el Pachuco se sabe distinto y por ello, se sabe solo.
Paz niega el supuesto complejo de inferioridad que caracteriza al mexicano. Sentirse solo no es sentirse inferior sino distinto, de hecho, la soledad no es una ilusin, es la vida contemplada con los ojos abiertos. La soledad del mexicano, tiene sus races en su profundo sentido religioso, y en la muerte, la compaera perfecta de la vida. Slo en Mxico se rinde culto a la muerte pues se sabe dadora de vida. La historia de Mxico es la bsqueda de su origen: indigenista, hispanista, afrancesado; Mxico, quiere volver al centro de la vida de dnde un da, en la conquista o en la independencia, fue desprendido. Mscaras mexicanas. Varias son las facetas del mexicano, ser singular que sin embargo, siempre est lejos, lejos del mundo y de los dems. Lejos tambin de s mismo. Capaz incluso de hacer uso del silencio, adems de la palabra, como un instrumento de defensa. Y a propsito de la palabra, el poeta reflexiona sobre el poder real que la palabra misma ejerce sobre el mexicano. Conceptos como rajarse, revelan el grado de machismo que todos llevamos dentro. Puto el que se raje! Otro ejemplo, que slo en Mxico existe, es el albur. Lenguaje secreto, ingenioso, de fuertes connotaciones sexuales que agrede, reta, y finalmente, termina por demostrar nuestro carcter cerrado frente al mundo. El mexicano usa mscaras para proteger su intimidad, no le interesa la ajena y por lo tanto, el crculo de la soledad se vuelve a cerrar. L a manera instintiva en la que consideramos peligroso a todo lo que representa lo exterior, tiene su razn si revisamos la historia de nuestro pas. Las derrotas se sufren con dignidad. Lo anterior, subraya el autor: No carece de grandeza. Mencin aparte sera el caso de la mujer mexicana. Mujer cuyo recato tiene que ser a toda prueba. La vanidad masculina, heredada de los indgenas y los espaoles, se regodea bajo la sumisin, econmica, moral y social de la mujer. En un mundo hecho a la imagen del hombre, la mujer es slo un reflejo de la voluntad y querer masculinos. Desde luego, que el centro de atencin de la mujer es su sexo: oculto, pasivo. Inmvil sol secreto. Sin embargo, tambin se est consciente de que la mujer, la tierra, representa la continuidad de la especie, el orden, y la dulzura. De nada sirve lo anterior, el machismo necesita mujeres impersonales para subsistir. Se respeta el concepto de la madre, de la mujer abnegada pero no de la persona: la mujer como protagonista de su historia. Por ello, refranes, canciones populares y conductas cotidianas, aluden al amor como falsedad y mentira si la protagonista deja al hombre, quien por su parte, encuentra consuelo en los brazos del alcohol. Una mentira ms que pudo ser verdad. Las mscaras del mexicano, sus mentiras, reflejan sus carencias, lo que fuimos y queremos ser. Sin embargo, de tantas posturas y tantas mentiras terminamos simulando lo que queremos ser, -la referencia a la obra El Gesticulador de Rodolfo Usigli no es gratuita- Ignorando nuestra condicin, estamos condenados a representar una verdad ficticia, ajena a la realidad. El ejemplo que usa el autor es en verdad desconcertante: De nio, escuch un ruido y al preguntar quin era, una sirvienta recin llegada le contest: No es nadie seor; soy yo. Alguien se vuelve nadie y sin embargo, est presente siempre.