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Bibosi en Motacú

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BIBOSI EN MOTACÚ - LEYENDA DE BOLIVIA

Abrazando a la palmera de Motacú nace un árbol corpulento llamado Bibosi.


Dicen que dicen...que Motacú y Bibosi eran amigos desde que ella tenía diez años y él doce.
Después de una fuerte tormenta que había destruido sus casas, Bibosi y su familia se mudaron a la aldea de
Motacú.
El jovencito pronto trabó amistad con los demás niños del lugar.
Como era costumbre, desde muy pequeños los niños y niñas habían sido educados para que al crecer supieran
desempeñar todas las tareas. Los varones aprendían a cazar, construir chozas, defender la aldea y las niñas a ser
madres, tejer, preparar la chicha y la yuca y a cultivar la tierra.
Motacú lo observaba moverse al ritmo del cosereneque, Bibosi era ahora un joven alto, el más alto de la aldea,
a ella le gustaban sus rasgos de pómulos marcados, su cara redonda y sus ojos achinados y vivaces. Lo veía
danzar enfundado en aquella túnica con flecos en el ruedo y las pulseras con cascabeles prendidas a sus tobillos
que resonaban al ritmo de la música.
Él quería complacer al supremo hacedor de los Baures, su etnia, bailaba el cosereneque para agradar a Bikini.
Cuando Mutacú lo veía sus ojos irradiaban una luz especial.
Yaqui, el hechicero la observaba.
- "Los Hachané, me dicen que Bibosi no es bueno para ti"-, le dijo.
Motacú, fastidiada por ser descubierta se retiró haciendo una mueca de enojo.
En su camino a casa, ella recordó los juegos de la niñez, recordó a Bibosi en medio del círculo haciendo las
veces de "Toro", con su máscara de madera y al son de la música tratando de romper la rueda al momento que
bramaba y daba saltos grotescos, mientras todos, incluso ella, reían a carcajadas.
El tiempo había pasado muy rápido y ahora ellos se amaban.
También recordó cuando se hicieron inseparables, había sido aquel día, mejor dicho, aquella mañana que un
puma la había atacado y Bibosi se interpuso, la cubrió con su cuerpo, recibiendo un zarpazo al que Yaqui había
tenido que curar.
Toda la selva sabía del amor que ellos se profesaban, pero los padres de la chica eran muy codiciosos,
pretendían una buena dote por lo que se oponían, después de todo Bibosi era tan solo un guerrero.
Al llegar a su casa le dieron la cruel noticia, Yaqui había ofrecido a su hijo junto a una fuerte dote y sus
padres habían aceptado.
La unión ya estaba arreglada y por más que Motacú lloró y suplicó, no logró que sus padres desistieran de la
decisión. También Bibosi les rogó, pero tampoco consiguió convencerlos.
La noche de la unión se acercaba y ambos jóvenes más enamorados que nunca se encontraron a escondidas en
la selva. La luna estaba alta, miles de luciérnagas iluminaban los labios del río y el sonido del agua parecía
mecer la noche. La pareja caminó largo tiempo por la orilla del torrentoso río, luego buscaron un claro y allí se
detuvieron.
Bibosi abrazándola reconoció que jamás podría vivir sin ella y Motacú le pidió que no la abandonase.
Luego, al unísono se preguntaron: - ¿y si nos vamos lejos? -.
Ambos se recostaron sobre una enorme palmera uniéndose en un profundo y fenomenal abrazo.
En ese momento, un cúmulo de nubes negras apagó la luna y se extendió cubriendo por completo el cielo
estrellado, luego una densa niebla lo abrazó todo.
Ya nadie los volvió a ver.
En ese mismo claro surgida de la nada apareció una esbelta palmera envuelta por un árbol enorme.
La gente de la comunidad al ver aquellos árboles abrazados, los reconoció.
Desde aquellos tiempos, los Baures aseguran que esos dos árboles son los amantes unidos por siempre, son
Bibosi y Motacú, él la abraza protegiéndola y trepa por sobre los demás árboles para encontrar la acariciante luz
del sol, después de aquella oscuridad infinita.

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