3.
EVALUACIÓN DE
PROYECTOS
Autor: Roberto Schovelin Surhoff
Titulo: Ingeniero Comercial mención Economía, Universidad de Concepción (1984)
Postgrado: Magister en Preparación y Evaluación Socioeconómica de Proyectos, Pontificia
Universidad Católica de Chile 1994.
Postgrado: Doctor en Gestión y Valoración Urbana, Universidad Politécnica de Cataluña de
España 2013
Actividad: Docente jornada completa del departamento de Ingeniería Civil Industrial de la
Universidad del Bío Bío
3. EVALUACIÓN DE PROYECTOS
Antes de aprender cómo se evalúa un proyecto (lo que se hará en el próximo capítulo), es
importante explicar por qué es necesario evaluar proyectos. Para ello es necesario comenzar
señalando que un proyecto ya sea de producción de bienes, o prestación de servicios,
implica tomar decisiones intertemporales. Es decir decisiones que no solo afectan el
momento en que dicha decisión se toma, sino que también afectan periodos futuros, por lo
tanto, no se pueda revertir la decisión tomada. Un proyecto implica para el inversionista
comprometer un monto de capital necesario para invertir en lo que se requiere para llevar a
cabo el proyecto, esperando que los flujos de este último, le permitan en el futuro recuperar
el capital invertido y también obtener una ganancia. Si eventualmente el inversionista no
necesitara capital para llevar a cabo el proyecto, la decisión de invertir no sería un
problema, independiente de las ganancias futuras. Pero como un proyecto implica siempre
un sacrificio inicial del inversionista, que puede ser de su tiempo o capital para obtener en
el futuro ganancias asociadas a ese sacrificio, la decisión de inversión es difícil para él.
Adicionalmente en un mundo competitivo como el actual, si la decisión de inversión no es
eficiente, la posibilidad de no obtener retornos suficientes en el futuro es muy alta, lo que le
implica perder parte o la totalidad de su capital y esfuerzo en tiempo.
La clave de éxito de un proyecto es satisfacer una necesidad de mercado, con la menor
cantidad de recursos posibles, o bien satisfacer la mayor cantidad de necesidades, con un
stock de recursos disponible. Y es esto lo que la evaluación de proyectos debe evaluar. Pero
adicionalmente si son muchos proyectos, permite jerarquizarlos y separar los buenos de los
malos. Esto último también es importante cuando la cantidad de proyectos supera
largamente los recursos disponibles para invertir en ellos. En estos casos la priorización
permite hacer los mejores antes que los demás, o dejar para el final los peores proyectos.
Evaluar implica medir y por lo tanto comparar. Por lo tanto, evaluar proyecto implica
traducir los resultados esperados de este en una unidad de medida estandarizada, que
permita comparar éste, cuantitativamente con otros proyectos. Los aspectos que se evalúan
son los aspectos financieros, los aspectos económicos y los aspectos sociales, aspectos que
se pueden evaluar separadamente, o en su conjunto. Para evaluar los proyectos se utilizan
los criterios de evaluación, los que se verán en el próximo capítulo.
Cuando se evalúa un proyecto, esta evaluación es para el que planea llevarlo a cabo, que es
el inversionista. Por lo tanto, lo que se evalúa no es el proyecto, sino que éste para un
inversionista. Esto implica que un proyecto puede ser bueno para un inversionista y malo
para otro, lo que sucede frecuentemente. También es importante tener claro que un
inversionista no siempre es un empresario, sino que muchas veces es la sociedad a través
del estado, lo que lleva a distintos tipos de evaluaciones, lo que se verá más adelante. Por
ahora, solo se hará referencia a inversionista, sin especificar de qué tipo es.
Entonces como los recursos son escasos y por ello es necesario optimizar su uso para lograr
satisfacer la mayor cantidad de necesidades, es vital determinar previamente si los recursos
deben o no invertirse en un proyecto.
Los proyectos productivos o de servicios, ya sea con o sin fines de lucro, pueden pertenecer
a cualquier actividad económica, pero todos ellos están compuestos de variables que
constituyen los flujos, que se clasifican en controlables e incontrolables. Entre las variables
controlables se encuentra la tecnología a utilizar, es decir en que se invertirá el capital para
producir y la cantidad que se espera producir, o la cantidad de servicios que se espera
prestar en el futuro. Entre las variables incontrolables se tienen las políticas económicas
fiscales, el mercado del producto o servicio que se prestará y el marco financiero. El
problema es que para tomar buenas decisiones con las variables controlables, es necesario
hacer una buena predicción de las variables incontrolables, lo que implica dominio de
técnicas para ello. Como no siempre las variables incontrolables para el futuro implican
una alternativa, lo que se debe hacer es generar escenarios con esas alternativas y planificar
las variables controlables para cada uno de esos escenarios.
Los proyectos pueden ser de tipo productivos manufactureros o también de servicios, que
pueden ser de distribución, asistencia o comercialización. Pero en todos ellos se da una
situación común y es que deben tomar una decisión de inversión, que está relacionado con
la tecnología a implementar, la que posteriormente genera flujos que dependen del
escenario de las variables incontrolables y las decisiones que toma el inversionista en
variables controlables.
Cuando a un inversionista se le presentan alternativas de proyectos (más de uno) para
evaluarlos correctamente es necesario tener en cuenta como se relacionan, lo que se
denomina tipos de proyectos.
3.1 TIPOS DE PROYECTOS
Previo a evaluar proyectos, es necesario conocer los tipos de proyectos que se están
evaluando. Esta clasificación de proyectos se hace siempre al analizar la interacción de un
proyecto, respecto a otro u otros, que estén previamente identificados por el inversionista
como posibles alternativas de proyectos. La identificación de los tipos de proyectos es
importante, porque al aplicar los criterios de evaluación, éstos en algunos casos se aplican e
interpretan distinto, dependiendo de los tipos de proyectos. Esto implica reconocer como se
relacionan o interactúan los proyectos entre ellos.
En evaluación es necesario distinguir tres tipos de proyectos; los proyectos independientes,
los proyectos mutuamente excluyentes, y los proyectos complementarios.
El inversionista debe determinar cómo se relacionan los proyectos que se van a evaluar, ya
que se deben enfrentar de distinta manera.
3.1.1 PROYECTOS INDEPENDIENTES
Los proyectos independientes son todos aquellos proyectos, cuya realización no afecta o
impida la realización de otro u otros. Se debe ver si un proyecto afecta a otros que deben
estar previamente identificados por el inversionista (Ser un proyecto alternativo para el
inversionista). En este caso, los beneficios netos que genera un proyecto sólo le pertenecen
a él.
La suma de los beneficios de dos o más proyectos independientes realizados
conjuntamente, es igual a la suma de las partes.
Este tipo de proyectos se evalúan independientemente y por eso los criterios de evaluación
que se verán en el próximo capítulo, funcionan muy bien. Se recomienda realizar todos los
proyectos que los criterios señalen como atractivos para el inversionista.
Ejemplos: - Un proyecto de Construcción de viviendas y un proyecto de compras de
máquinas para una empresa. En este caso los proyectos no se afectan el uno
con el otro, por lo tanto, se pueden realizar ambos, si son buenos para el
inversionista.
- Un proyecto para sembrar papas y otro proyecto para sembrar legumbres en
distintos terrenos. Como la localización no es de conflicto, el inversionista
puede realizar ambos si le son atractivos.
3.1.2 PROYECTOS MUTUAMENTE EXCLUYENTES
Los proyectos mutuamente excluyentes son aquellos que no se pueden realizar
simultáneamente, o uno impide la realización de otro u otros. Los proyectos deben estar
previamente identificados por el inversionista. Este impedimento no puede ser
presupuestario, sino que tiene que ser de otra índole.
Los elementos que pueden ser causal de excluir uno del otro u otros, puede ser porque
rivalizan la localización especifica, porque son para producir el mismo producto o servicio,
o porque se quiere comparar distintas fuentes de financiamiento para el mismo proyecto.
El evaluador está obligado a comparar el proyecto, con el otro que es mutuamente
excluyente, o con aquellos, si es más de uno. En el caso de ser más de uno, se comparan
dos por vez y sólo permanece en competencia aquel que resulta ser mejor en cada
comparación, hasta llegar al final, en que sólo se impondrá el mejor de todos. Es decir se
elimina el que pierde en cada comparación y permanece para volver a competir el mejor de
cada comparación. En síntesis, los proyectos mutuamente excluyentes se comparan, para
que el evaluador invierta en el mejor de ellos.
El problema, es que los criterios de evaluación no siempre funcionan bien, sobre todo
cuando la duración de los proyectos comparados es distinta.
Ejemplos: - Un proyecto de construcción de Viviendas y un proyecto de construcción de
un complejo deportivo en el mismo sitio. En este caso el elemento que los
convierte en mutuamente excluyentes, es el sitio que sólo puede servir para
un proyecto.
- Un proyecto que contempla implementar la tecnología “A” y otro que
contempla implementar la tecnología “B” para el mismo proceso de
producción. En este caso el elemento que los convierte en mutuamente
excluyentes, es el proceso productivo implementarán que es para producir el
mismo producto.
- Una alternativa es financiar un proyecto mediante Leasing y otra es
financiarlo mediante crédito bancario. En este caso el proyecto es uno sólo y
lo que lo hace mutuamente excluyente, es que sólo se usará una forma de
financiamiento.
3.1.3 PROYECTOS COMPLEMENTARIOS
Los proyectos complementarios son aquellos en que dos o más se potencian (economías de
escala) si son realizados. Es decir los proyectos se complementan y ese complemento no
siempre es en ambos sentidos. Se puede dar que un proyecto complemente a otro y no
viceversa. El beneficio neto para el inversionista de realizar los proyectos que se
complementan, es superior al beneficio neto que brinda cada proyecto independientemente.
Es decir la suma del total es superior a la suma simple de las partes.
Si el evaluador no identifica la complementariedad entre dos proyectos, el problema es para
el inversionista, ya que no captará el beneficio adicional que se genera y es posible que los
capte otro inversionista que realice el proyecto complementario. En síntesis, se recomienda
que el inversionista realice siempre los proyectos que se complementan, para asegurarse los
beneficios potenciados.
Ejemplos: - Un proyecto de construir una represa para generar electricidad y un proyecto
turístico lacustre en el mismo embalse. En este caso sin represa no hay lago,
por lo tanto, el proyecto hidroeléctrico le generará economías de escala al
proyecto turístico, pero no viceversa.
- Un proyecto para producir flores y un proyecto apícola situado a poca
distancia. En este caso ambos proyectos se potencian, porque las abejas
polinizan las flores incrementando su rendimiento y las abejas producen más
miel al estar cerca de su fuente de abastecimiento, que son las flores.
En los capítulos siguientes se irá puntualizando la aplicación de los criterios y construcción
de flujos de caja bajo los escenarios de estos tres tipos de proyectos.
3.2 TIPOS DE EVALUACIONES
Cuando se evalúa un proyecto es necesario preguntarse para quien se evalúa, es para un
inversionista privado, o es para la sociedad e implementa el estado. Por eso existen tres
tipos de evaluaciones, la evaluación financiera, la evaluación económica y la evaluación
social. Las dos primeras están orientadas principalmente a proyectos privados y la última
principalmente a proyectos para la sociedad, lo que no implica que la segunda también se
pueda aplicar a proyectos de la sociedad y la última a proyectos privados. A continuación
se explicará cada una de ellas. Probablemente la mayoría ha oído hablar de evaluación de
proyectos pero la mayoría no comprende las diferencias que existen entre una evaluación
Financiera, económica y social, o bien tienen una percepción bastante errada sobre la
mismas. Incluso hay muchos autores que aun discrepan sobre todo en lo relativo a
evaluación económica y evaluación social.
3.2.1 EVALUACIÓN FINANCIERA
La evaluación financiera también conocida como evaluación privada es una evaluación con
fines de lucro de tipo empresarial que mide la eficiencia del capital que aporta el
inversionista para la realización del proyecto. Debido a que como en estos casos el capital
no necesariamente es suficiente para cubrir la inversión inicial, la diferencia se cubre con
algún tipo de préstamo al inversionista, lo que repercute en los flujos de caja futuros y no
en el flujo inicial. Por eso es posible que en una evaluación financiera el flujo de caja inicial
sea cero.
Lo que se evalúa es la corriente de flujos de caja directos generados por el proyecto desde
sus inicios hasta el momento que culmina el proyectos y el flujo de caja corresponde al
flujo de ingresos menos el flujo de egresos que genera el proyecto. El flujo de ingresos
corresponde a las entradas que genera el proyecto que son las cantidades comercializadas
multiplicadas por su respectivo precio. El flujo de egresos corresponde a las salidas que
genera el proyecto y son las cantidades de insumos utilizados por su respectivo precio. En
la determinación de ingresos las cantidades de productos a comercializar se multiplican por
los respectivos precios de mercado de estos y en la determinación de los costos, las
respectivas cantidades de insumos se multiplican también por los respectivos precios de
mercado de estos. Los precios de mercado incluyen las distorsiones que pueden tener los
precios de mercado como impuestos, subsidios y externalidades.
3.2.2 EVALUACIÓN ECONÓMICA
La evaluación económica al igual que la evaluación financiera es una evaluación de tipo
empresarial que mide la eficiencia de la inversión inicial necesaria para realizar el proyecto.
Es decir en este tipo de evaluación se mide la eficiencia del capital propio y también
prestado necesario para llevar a cabo el proyecto.
Al igual que en la evaluación financiera lo que se evalúa son los flujos de caja directos del
proyecto calculados a precio de mercado incorporando las distorsiones como impuestos,
subsidios y externalidades. Sin embargo no incorpora costos financieros ya que en este tipo
de evaluación no se contempla forma de financiamiento.
3.2.3 EVALUACÓN SOCIAL
La evaluación social es una evaluación que puede ser con fines de lucro o meramente
social, que mide la eficiencia de los recursos que la sociedad aporta para llevarlos a cabo y
lo que la sociedad obtiene de dicho proyecto en términos macroeconómicos. Esto implica la
ganancia que obtiene la sociedad de llevar a cabo el proyecto. Por lo tanto, en la
evaluación social, se incluyen las externalidades y además de los efectos directos, los
indirectos, en que los precios que afectan al proyecto se corrigen, para que reflejen el
verdadero costo de oportunidad de los recursos involucrados en el proyecto.
Existen varias metodologías para evaluar socialmente un proyecto, entre las más conocidas
están las de Van Der Tak la de Onudi y la Harberger.
La de Van Der Tak es una metodología que opera sobre la matriz de insumo producto de
los países y su implementación es bastante compleja matemáticamente y no se puede
aplicar en toda su extensión.
La metodología de Onudi es una metodología que aplica la ONU y que básicamente se
basa en criterios y ponderaciones subjetivas que van variando en el tiempo.
La metodología de Harberger que es la más intuitiva porque determina los ingresos y los
egresos de un proyecto para la sociedad, cuantificando de forma objetiva lo que es
cuantificable y solo aplicando criterios subjetivos a lo que no es cuantificable. En Chile los
proyectos fiscales se evalúan utilizando la metodología de Harberger y por ello a
continuación se muestra que lo que incorpora.
Al igual que en las evaluaciones anteriores lo que se evalúa son los flujos de caja directos
del proyecto pero calculados a precio social o sombra no incorporando las distorsiones
como impuestos, subsidios y externalidades. Esto se debe a que lo que se quiere evaluar es
el impacto a nivel de país de implementar el proyecto.
Adicionalmente se deben determinar los beneficios y costos indirectos cuantificables
generados por el proyecto, también calculados con precios sociales. Los beneficios y costos
indirectos son aquellos que surgen del proyecto, pero no los apropia el proyecto, aunque si
otro productor o el resto de la sociedad. Determinar los beneficios y costos indirectos es
bastante complejo ya que tradicionalmente el evaluador solo se preocupa de los beneficios
y costos directos porque esos si son apropiables. Un ejemplo típico de beneficio indirecto
es que si hay un proyecto de cultivo de flores para la venta y de vecino tiene a un apicultor,
este último se verá favorecido con la producción de miel gracias al proyecto de flores sin
que este último reciba una parte de esos beneficios. Un ejemplo típico de costos indirectos
es la contaminación que la recibe la comunidad y otros productores sin que el proyecto
pague por los daños o por lo que el resto de la sociedad pague por deshacerse de ella.
Finalmente la evaluación social también debe incorporar los beneficios y costos no
cuantificables asociados al proyecto. En este caso es necesario dejar claro que no
cuantificable significa que no se pueden cuantificar y no que son difíciles de cuantificar.
Entre los beneficios no cuantificables de un proyecto pueden estar el orgullo de la
comunidad cercana por tener este proyecto cercano, la alegría que sienten los clientes o la
felicidad de los proveedores porque la empresa paga a tiempo. Entre los costos no
cuantificables se tiene la incomodidad de los vecinos por tener la empresa cerca o lo
molesto de los proveedores porque no les pagan a tiempo.
Cuando se cuantifican los costos de mano de obra ya sea de los costos directos o indirectos
se debe utilizar el precio social de la mano de obra. En estos casos el precio de mercado de
la mano de obra se pondera por un factor que es proporcionado por MDS (Ministerio de
desarrollo social). Al cuantificar los beneficios o costos directos e indirectos de bienes
importados o exportados, se debe utilizar el precio social de éstos. Para calcular el precio
social se debe determinar el precio de la divisa, la que es proporcionada por MDS cuando
ésta presenta distorsiones. Finalmente al evaluar el proyecto se utiliza el criterio del VAN,
pero la tasa de descuento que se utiliza también debe ser tasa de descuento social,
proporcionada por MDS.
3.4 PREVIO A EVALUACIÓN
Antes de evaluar es necesario determinar el tipo de proyecto que se nos presenta que puede
ser independiente, mutuamente excluyente o complementario. Esto es necesario porque la
metodología de evaluación puede variar dependiendo del tipo de proyecto.
Al inversionista es necesario consultarle que tipo de evaluación necesita, si el inversionista
es el fisco, puede que lo que necesite es una evaluación social o económica, si el
inversionista es persona natural o empresa, puede que necesite una evaluación financiera o
económica.
En todos los casos de tipos de proyectos, los criterios de evaluación que se verán en el
próximo capítulo deben aplicarse atendiendo a ciertas particularidades que destacaremos
cuando correspondan y habrá cierto criterios que no podrán aplicarse ante ciertos proyectos.
Además tenemos tres tipos de evaluaciones que implican procedimientos distintos para
aplicar los criterios. Todo lo anterior hace de la evaluación de proyectos una actividad en
que no se puede tener un procedimiento estandarizado, sino que siempre se debe obrar en
base al escenario que se presenta.