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“Maria Fernanda Berber García”
APEGO
INICIO
La personalidad, el modo de actuar y relacionarse, el modo de gestionar y expresar las
emociones e incluso la futura elección de pareja, están íntimamente relacionados con el
tipo de apego que se ha desarrollado en la infancia entre los padres y el infante.
A continuación, mostraremos qué es el apego, qué tipos hay según la teoría de John
Bowlby, qué implicaciones tienen en la vida posterior de la persona, cuáles son los
comportamientos de cada estilo de apego y cómo influyen en las relaciones íntimas.
¿Qué es el apego?
El apego es un vínculo afectivo que se establece desde los primeros momentos de vida
entre la madre y el recién nacido o la persona encargada de su cuidado. Su función es
asegurar el cuidado, el desarrollo psicológico y la formación de la personalidad.
El establecimiento del apego desde la infancia más temprana se relaciona principalmente
con dos sistemas: el sistema exploratorio, el cual permite al bebé contactar con el
ambiente físico a través de los sentidos; y el sistema afiliativo, mediante el cual los bebes
contactan con otras personas.
Según López (2009), el apego se compone de tres componentes: la construcción mental
que permite establecer la relación de pertenencia e incondicionalidad, la unión afectiva
que proporciona sentimientos de alegría y bienestar, y el sistema de conductas de apego
focalizado en mantener un contacto privilegiado.
DESARROLLO
¿Cómo se establece el apego?
En el transcurso del primer año, se establece un vínculo de apego con la persona con
quien tiene más contacto y aparece el miedo ante los desconocidos.
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El apego es el encargado de proporcionar seguridad al niño en situaciones de amenaza.
El apego seguro permite al pequeño explorar, conocer el mundo y relacionarse con otros;
bajo la tranquilidad de sentir que la persona con quien se ha vinculado va a estar allí para
protegerlo. Cuando esto no ocurre, los miedos e inseguridades influyen en el modo de
interpretar el mundo y de relacionarse.
La teoría de John Bowlby
John Bowlby (1907-1990), psiquiatra y psicoanalista infantil. Se dedicó a estudiar los
efectos de la relación entre el cuidador principal y el menor, en la salud mental de los
menores y en su vida adulta.
Para ello, Bowlby retoma los trabajos de la psicóloga estadounidense Mary Ainsworth, con
la que había trabajado. Ainsworth observó distintas interacciones entre madres e hijos
bajo un procedimiento estandarizado que se conoce como la Situación Extraña.
Bowlby después de realizar estudios con niños institucionalizados por robo, y con niños
que habían sido separados de sus madres a edades tempranas. Bowlby concluyó que la
capacidad de resiliencia de los menores estaba influenciada por el vínculo formado en los
primeros años de vida. En este sentido, el tipo de relación que se establece entre el bebé
de pocos meses y su cuidador es determinante en la conducta y desarrollo emocional
posterior. El estilo de apego establecido durante la infancia puede ser visible en los
miedos o inseguridades del adulto, y en la manera de afrontarlos.
Los 4 tipos de apego
A continuación, veremos en qué consiste cada uno de los tipos de apego propuestos por
Bowlby, así como algunas manifestaciones en niños y adultos.
1. Apego seguro
Este tipo de apego está caracterizado por la incondicionalidad: el niño sabe que su
cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. De acuerdo con Bowlby,
este tipo de apego depende en gran medida de la constancia del cuidador en proporcionar
cuidados y seguridad. Debe tratarse de una persona atenta y preocupada por
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comunicarse con el recién nacido, no sólo interesada en cubrir las necesidades de
limpieza y alimentación del
bebé. Desde luego, el inconveniente es que esto supone una entrega casi total de parte
del cuidador o cuidadora, lo cual puede resultar complicado para algunas personas.
Los niños con apego seguro manifiestan comportamientos activos, interactúan de manera
confiada con el entorno y hay una sintonía emocional entre el niño y la figura vincular de
apego.
No les supone un esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el
abandono. Es decir, pueden llevar a una vida adulta independiente, sin prescindir de sus
relaciones interpersonales y los vínculos afectivos.
2. Apego ansioso y ambivalente
En psicología, “ambivalente” significa expresar emociones o sentimientos contrapuestos,
lo cual, frecuentemente genera angustia. Por eso, en el caso de un apego ansioso-
ambivalente el niño no confía en sus cuidadores y tiene una sensación constante de
inseguridad, de que a veces sus cuidadores están y otras veces no están, lo constante en
los cuidadores es la inconsistencia en las conductas de cuidado y seguridad.
Las emociones más frecuentes en este tipo de apego, son el miedo y la angustia
exacerbada ante las separaciones, así como una dificultad para calmarse cuando el
cuidador vuelve. Los menores necesitan la aprobación de los cuidadores y vigilan de
manera permanente que no les abandonen. Exploran el ambiente de manera poco
relajada y procurando no alejarse demasiado de la figura de apego.
De adultos, el apego ansioso-ambivalente provoca, una sensación de temor a que su
pareja no les ame o no les desee realmente. Les resulta difícil interaccionar de la manera
que les gustaría con las personas, ya que esperan recibir más intimidad o vinculación de
la que proporcionan. Un ejemplo de este tipo de apego en los adultos es la dependencia
emocional.
3. Apego evitativo
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Los niños con un apego de tipo evitativo han asumido que no pueden contar con sus
cuidadores, lo cual les provoca sufrimiento. Se conoce como “evitativo” porque los bebés
presentan distintas conductas de distanciamiento. Por ejemplo, no lloran cuando se
separan de cuidador, se interesan sólo en sus juguetes y evitan contacto cercano.
Lo constante han sido conductas de sus cuidadores que no han generado suficiente
seguridad, el menor desarrolla una autosuficiencia compulsiva con preferencia por la
distancia emocional. La despreocupación por la separación puede confundirse con
seguridad, en distintos estudios se ha mostrado que en realidad estos niños presentan
signos fisiológicos asociados al estrés, cuya activación perdura por más tiempo que los
niños con un apego seguro. Estos menores viven sintiéndose poco queridos y valorados;
muchas veces no expresan ni entienden las emociones de los demás y por lo mismo
evitan las relaciones de intimidad.
En la edad adulta, se producen sentimientos de rechazo de la intimidad con otros y de
dificultades de relación. Por ejemplo, las parejas de estas personas echan en falta más
intimidad en la interacción.
4. Apego desorganizado
Es una mezcla entre el apego ansioso y el evitativo en que el niño presenta
comportamientos contradictorios e inadecuados. Hay quienes lo traducen en una carencia
total de apego.
Lo constante en los cuidadores han sido conductas negligentes o inseguras. Se trata del
extremo contrario al apego seguro. Casos de abandono temprano, cuya consecuencia en
el niño es la pérdida de confianza en su cuidador o figura vincular, e incluso puede sentir
constantemente miedo hacia ésta.
Los menores tienen tendencia a conductas explosivas, destrucción de juguetes,
reacciones impulsivas, así como grandes dificultades para entenderse con sus cuidadores
y con otras personas.
Evitan la intimidad, no han encontrado una forma de gestionar las emociones que esto les
provoca, por lo que se genera un desbordamiento emocional de carácter negativo que
impide la expresión de las emociones positivas.De adultos suelen ser personas con alta
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carga de frustración e ira, no se sienten queridas y parece que rechacen las relaciones, si
bien en el fondo son su mayor anhelo. En otros casos, este tipo de apego en adultos
puede encontrarse en el fondo de las relaciones conflictivas constantes.
¿Se puede cambiar el estilo de apego?
Sí, el apego no es inmutable ni se mantiene en la misma medida en todas las personas a
medida que el desarrollo progresa. Además, el comportamiento de todo individuo en una
relación se ve mediado por la conducta del otro. Las relaciones de amistad, laborales y de
pareja también influyen en el tipo de apego y el rol que se mantienen con las nuevas
figuras de apego.
Todo esto es necesario interpretarlo desde un prisma integrador; lo cual implica que todas
las interrelaciones que se producen desde el nacimiento hasta la edad adulta marcan el
comportamiento del momento actual. Una persona con un estilo de apego inseguro en la
infancia puede “aprender” de a las conductas de apego seguro que le proporcionan su
pareja u otras personas queridas, como puede ser un grupo de amigos íntimos
psicológicamente saludables. En todo caso, lo importante es desarrollar las estrategias
convenientes para generar seguridad, con los recursos que tengamos disponibles.
Actualmente existen múltiples factores psicosociales que tienen consecuencias
importantes en la formación de vínculos primarios. Por ejemplo, la falta de conciliación
laboral donde los cuidadores (madres/padres) trabajadores se ven obligados a dejar a sus
pequeños con otras personas, así como la ausencia de esas otras personas para ayudar
con el cuidado de los hijos o de servicios sociales que compensen. Esto deja ver que la
tarea de formar estilos de apegos seguros compete a distintos actores, no sólo a las
madres, los padres o las figuras vinculares cercanas.
CONCLUSIÓN
El apego es lo que da al niño un sentido de seguridad, autoestima, confianza, autonomía
y efectividad para enfrentar el mundo, de acuerdo a la calidad afectiva que reciba de sus
padres, entre otros factores podríamos señalar: la relación de pareja de los padres, el
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nivel cultural, la situación económica y la existencia o no de apoyo de la familia extensa o
apoyos sociales.
FUENTE BIBLIOGRÁFICA
Bowlby, J. (1977). The making and breaking of affectional bonds. The British
Journal of Psychiatry, 130(3): 201-210.
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