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Prevenir o Educar

Artículo sobre la reducción de riesgos en el uso de drogas

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¿Prevenir o educar?

Una aproximación a la gestión de placeres


y riesgos 1

To prevent or to educate? A close-up on the pleasures and risks


management

Abstract
Drug education should not be based on its abstention or prevention as the only way to relate to drugs, nor on the
negative aspects of drugs to define it. It seems evident that after many years of work on this subject, drug use still
prevails and keeps increasing in particular contexts. When a group of people or a single person decides to consume any
drug, or even incorporate it to their lifestyle, the “preventive speech” becomes pointless and useless, losing all their
legitimacy in front of the consumers who don’t have problems with drug abuse. Is in this point in which we should
reinvent and strengthen the standards and values we have created to educate and inform about this subject, given it to
consumers and/or healthcare professionals, reinforcing groups such as Energy Control, taking them from only being in
social gatherings to be part of educational strategies

Key words: drugs, prevention, consume, trance, risks reduction, pleasure and risks management.

Resumen:
La educación en materia de drogas no debe basar sus planteamientos en la abstención o la prevención como
únicas respuestas ante la relación con las drogas, ni en los aspectos negativos como única manera de definirlas. Parece
evidente que tras muchos años de trabajo en este sentido, el consumo de drogas sigue prevaleciendo e incluso aumente
en determinados contextos. Cuando existen colectivos o personas que voluntariamente deciden consumir drogas, e
incluso las incorporen a su estilo de vida, el discurso prevencionista se vacía de sentido y carece de utilidad, perdiendo
los que mantienen estas posiciones toda la legitimidad ante aquellos usuarios que no presentan consumos
problemáticos. Es en este punto en el que se deben reforzar las pautas y valores que posibiliten una adecuada formación
e información sobre el tema, tanto entre los usuarios como entre los profesionales de la salud y lo social, reforzando
acciones como las que desarrollan colectivos como Energy Control, extendiéndolas más allá de los espacios de ocio e
incorporándolas a estrategias educativas específicas.

Palabras claves: drogas, , prevención, consumo, trance, reducción de riesgos, gestión de placeres y riegos .

Introducción:

Resulta dificultoso establecer una definición de lo que es droga en un sentido general, y este es ya un
punto de partida conflictivo que complica la gestión de las diferentes situaciones que se relacionan
con ella. Para ser capaces de entender la polisemia existente en este término hemos de atender al
contexto en el que se inserta, esto es, en función de quién lo defina encontraremos multitud de
acepciones diferentes, e incluso algunas que coinciden en sus términos pero que les separan matices
insalvables que hacen de esta una cuestión de gran complejidad en el que las posturas, definidas a
base de intereses, se encuentran enfrentadas. En este sentido, es fundamental que seamos capaces de
aceptar la existencia de percepciones positivas sobre las drogas y relaciones no problemáticas con
estas, esto es, de personas que valorizan su uso como algo deseable, algo que les reporta
experiencias efectivas, y cuyo consumo no implica deficiencias en sus relaciones sociales ni en su

1
Este artículo aborda algunas de las cuestiones paralelas investigadas con motivo del TFM del Máster en Antropología
de la universidad de Sevilla. El título del trabajo es "Andalucía en trance: usos neotradicionales de enteógenos en el
contexto performativo de la rave", defendido en Septiembre 2012 y dirigido por el Prof. Dr. David Lagunas Arias.
vida cotidiana. Es en este punto en el que debemos plantearnos la poca eficacia de la generalización
de los discursos y las estrategias abstinenciales, pues en el momento en el que existe gente que
decide consumir drogas ya poca utilidad mantienen los alegatos en favor del "NO", con lo que el
peso de las acciones deben centrar esfuerzos en ofrecer formación e información sobre las diferentes
sustancias, en definitiva, en educar en ciertas pautas y valores para tratar de prevenir problemas y
ofrecer a las personas las herramientas necesarias para poder gestionar sus consumos de una manera
autónoma y responsable.
El presente artículo surge a partir de un trabajo de investigación que pretende analizar las
disonancias existentes entre los discursos y prácticas en materia de drogas que sostienen las distintas
administraciones y entidades afines a estos posicionamientos, y las que sostienen aquellos individuos
o colectivos que realizan uso de estas sustancias. Ante la imposibilidad de ponderar todas y cada una
de las diferentes posiciones, nuestro interés etnográfico se centra en un movimiento cultural concreto
que defiende el uso de las drogas y las utiliza como mecanismos válidos de experimentación y
autoconocimiento, el cual tomaremos como ejemplo paradigmático en cuanto a lo que a consumo de
drogas se refiere aunque es extensivo a muchos otros contextos diferentes en los que prevalece un
consumo de drogas recreativo. Nos estamos refiriendo al movimiento relacionado con la música
trance2, que viene desarrollándose en Andalucía desde principios del 2000, y que tiene en las raves3
su mayor expresión cultural y su principal espacio de interacción y construcción de identidad grupal.
Así, el hecho de conocer y reconocer la existencia de estas diferentes actitudes debe servirnos para
desarrollar estrategias educativas adaptadas a las diferentes situaciones que se dan en cuanto al uso
de este tipo de sustancias. No debemos limitarnos a lo superficial y concluir que la única acción
adecuada es la encaminada a separar los factores de riesgo de la población, lo que resulta la base de
las acciones prevencionistas tal y como expone Romaní (2008), pues estaríamos condenando al
ostracismo y por ende a situaciones de vulnerabilidad, a aquellos individuos que deciden
conscientemente consumir drogas, dejándolos desprotegidos, negándoles su derecho a informarse
adecuadamente de todos aquellos aspectos que sean relevantes a la hora de relacionarse con estas, y
sin los cuales la problemática asociada sería, en definitiva, mucho mayor. Del mismo modo, se
acredita un grave desconocimiento por parte de muchos profesionales de la salud y lo social sobre el
panorama actual de las drogas, que muchas veces extrapolan los estereotipos extendidos desde el
discursos hegemónico a su labor profesional.

Fundamentación teórica:

Por droga (psicoactiva o no) seguimos entendiendo lo que hace milenios pensaban Hipócrates y
Galeno, padres de la medicina científica: una sustancia que en vez de "ser vencida" por el cuerpo (y
asimilada como simple nutrición) es capaz de vencerle, provocando (en dosis ridículamente
pequeñas si se comparan con las de otros alimentos) grandes cambios orgánicos, anímicos o de
ambos tipos (Escohotado, 1996: 9). Si atendemos pues a esta definición podríamos englobar
sustancias categorizadas de una manera tan dispar como el tabaco, el alcohol, la morfina, la aspirina,
la anfetamina, el éxtasis, etc. Como vemos, la única característica que comparten es la presentada en
la definición de Escohotado (Ibid.), pero entonces, ¿a qué se debe la pluralidad de significados que
se les otorga cuando nos referimos a cada una de ellas en particular? Esta pregunta nos hace volver

2
El trance o psytrance, es una música electrónica caracterizada por ritmos hipnóticos y complejas melodías creadas con sintetizadores,
con un ritmo medio de entre 140 a 150 beats por minuto.
3
Las raves son encuentros de personas en espacios periféricos de las ciudades o en lugares naturales, que se reúnen en torno a un
determinado tipo de música electrónica para bailar, interaccionar y construir una experiencia colectiva. Su duración varía entre pocas
horas y varios días, y sus características difieren en función del tipo de música que se "pinche". Para Fernández Calderón et al. (2012)
diferentes estudios han demostrado que el consumo de drogas en raves es superior al que se encuentra en otros contextos recreativos,
de ahí nuestro interés en este contexto particular.
sobre la variable cultural, es decir, sobre el significado que estas sustancias tengan en grupos
determinados.
La definición de droga, por lo tanto, es algo que depende del contexto social y cultural en el
que se inserta, y es que como expone Furst (1980), existe una interrelación entre naturaleza y
cultura en el uso de sustancias psicoactivas en los distintos grupos humanos. Su definición es de
carácter arbitrario y variará, no ya sólo en función del uso y significado que cada pueblo pueda
otorgarle, sino que en el seno de sociedades como la nuestra encontramos posiciones tan alejadas
como irreconciliables. Y es que en general, el debate sobre las drogas está atravesado por la
dialéctica del bien y del mal, de lo permitido y de lo prohibido, de lo legal y lo ilegal, y es que en
nuestra sociedad la posibilidad de establecer los atributos negativos o positivos de estas sustancias
dependen directamente del poder hegemónico, que a través de instituciones oficiales, organismos
afines y medios de comunicación promueven eso que Escohotado (1996) define como farmacracia,
esto es, el monopolio sobre este tipo de sustancias aún cuando son deseadas por otros. Esta idea se
relaciona con el Modelo Médico Hegemónico (MMH), que Menéndez (1998) define como un poder
que regula y controla la salud pública, entendida esta desde parámetros establecidos por este mismo
poder, que deja de pertenecer a los individuos para convertirse en una forma de control.
Por lo tanto, las administraciones desde su posición privilegiada promueven una posición con
respecto a las drogas, sobre la que dirigen todos sus esfuerzos: la abstención. En España, la
administración central pone en juego a través del PNSD4 las políticas y herramientas para gestionar
la cuestión de las drogas, siempre bajo los preceptos marcados a nivel europeo, y también en los
niveles autonómico y local. Lo único que se contempla es la cuestión problemática, que existe, pero
se obvian otro tipo de dimensiones, como la cultural, e incluso otro tipo de formas de afrontar la
cuestión, lo que quizás supondría una mejor estrategia para minimizar los conflictos relacionados
con el uso de drogas. Por otro lado, también se evitaría la aprición de nuevos problemas, pues en el
seno de los discursos y prácticas abstencionistas se producen una serie de efectos perversos, tal como
los enunciara Boudon (1980), esto es, las administraciones al querer erradicar el “problema de la
droga” sin atender a la voluntad de los actores, consigue el resultado opuesto, generando una
problemática asociada a las drogas que va desde la persecución y criminalización de los usuarios 5,
pasando por la desprotección de la salud de los consumidores, la desatención de sus requerimientos y
derechos, hasta la aparición y consolidación de mafias que controlan el mercado de estas sustancias
La sociedad civil, representada a través del tejido asociativo, acepta mayoritariamente esta
idea de las drogas como elemento de conflicto y contaminación simbólica, por lo que las actuaciones
de estas asociaciones subvencionadas por las distintas administraciones públicas van dirigidas casi
exclusivamente a tratar aspectos tales como la rehabilitación, la asistencia, la prevención. Aunque es
cierto que en el plano administrativo surgen algunas contradicciones en cuanto a la perspectiva que
institucionalmente se ofrece de las drogas y el trabajo de algunas asociaciones que, en sus
planteamientos más básicos, difieren del análisis de la situación que se realiza desde los poderes
públicos, desechando el mensaje emanado desde estas instancias, a saber: la abstención total.
Tomaremos aquí como ejemplo paradigmático el programa de reducción de riesgos Energy Control
de la ONG Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD), con ámbito de actuación estatal y con
delegaciones de dicho proyecto en las Comunidades Autónomas de Cataluña, Madrid, Islas Baleares
y Andalucía. Este proyecto lleva a cabo diferentes actuaciones e investigaciones en materia de
drogas en contextos recreativos, por lo que supone un elemento de referencia en la investigación en
este ámbito, debido a que su forma de trabajar los sitúa como espectadores privilegiados del
panorma de las drogas.

4
Plan nacional sobre drogas
5
Douglas (1973) y Goffman (2006) se refieren a la gente polucionante y al estigma, respectivamente. Ambos conceptos refieren a
etiquetas negativas que se establecen para todos aquellos que de alguna manera sobrepasan la norma, estos atributos descalificadores
se imponen a aquellos individuos que se mantienen al margen de lo establecido por el poder hegemónico y por ello son considerados
nocivos.
El programa estrella que llevan a cabo desde esta asociación, por el que es conocida y
reconocida, es el del análisis de sustancias6. El interés principal expresado desde esta asociación no
es exclusivamnete el analizar las sustancias, sino el poder establecer un feed-back con las personas
que se acerquen a hacer uso del servicio, para de esta manera ofrecerles pautas relacionadas con la
reducción del riesgo. Este es un concepto que viene contemplado en las estrategias de la
administración, aunque en cierta medida supone un giro de ciertos planteamientos, pues la cuestión
es que se admite que existe un consumo y se trata de establecer cierto tipo de control sobre él,
conscientes de que las acciones desarrolladas hasta ahora no han conseguido nada de lo que
pretendían, tal como explica Vanthournhout (2001). Del mismo modo, se pretende dotar a los
usuarios de las herramientas necesarias para un consumo "seguro", tanto a nivel orgánico como
legislativo.
Los enfoques basados en la reducción de riegos pretenden acabar con la manera de
contemplar las drogas desde una perspectiva excesivamente peyorativa, no obstante, el paradigma
de la reducción de riesgos continúa manteniendo una visión negativa del consumo, pues lleva
implícito una definición de las mismas desde su componente problemática, esto es, desde los riegos
asociados. Por lo tanto, al hacer uso de este concepto en cierto modo estamos recayendo en esa
visión abstinencial de la que venimos hablando según la cual lo mejor es no consumir ningún tipo de
sustancia, ya que esta es la única forma segura de evitar sus posibles riesgos. Pero si queremos
realizar un acercamiento adecuado a la pluralidad de situaciones en relación a las drogas, no
podemos obviar que hay personas que deciden usarlas y no piensan, o al menos no exclusivamente,
en los posibles daños que de ello devengan, sino que también está presente, quizás en mayor
medida, la búsqueda del placer, por lo que quizás un concepto más adecuado que el de la reducción
de riesgos sería el de la gestión de placeres y riesgos7. (Hidalgo, 2003)
Este tipo de estrategias como las desarrolladas por Energy Control, resultan muy efectivas
porque actúan con las personas que deciden usar estas sustancias, evitando juzgar los motivos que
aducen. Un ejemplo lo consituye el movimiento andaluz del trance, que ha supuesto nuestra unidad
de observación principal. El embrión de este movimiento surge a finales de los 60 en el estado de
Goa, en la India. Papadimitropoulos (2009) explica que a finales de esa década, y con la pérdida de
fuerza del movimiento hippie, muchos de sus integrantes se refugiaron en este lugar dando origen al
movimiento, generando un renacer de su ética bajo una forma completamente novedosa. En
Andalucía el movimiento aparece a finales de los 90 y se consolida a lo largo de la década del 2000,
cuando empiezan a surgir colectivos8 coincidentes con algunas de las capitales de provinicia. Estos
colectivos se reúnen varias veces al año, siempre dentro de los periodos intersticiales de la vida
institucional, no superando normalmente el centenar de asistentes y cambiando la localización de las
fiestas en cada ocasión. En sus encuentros las drogas están muy presentes, se convierten en un
elemento indispensable para la acción que se desarrolla, por lo que de nada serviría lanzar mensajes
previniendo del consumo de estas sustancias, de hecho ello implicaría una no comprensión de la
acción y supondría perder la oportunidad de ofrecer una adecuada educación en lo que a salud se
refiere, lo que explicaría gran parte del fracaso de este tipo de estrategias.

Diseño y metodología:

6
Puede ser der tres tipos: a través del envío de una muestra de la sustancia a analizar por correo ordinario, en los locales de las
distintas delegaciones (Madrid y Barcelona) y en los lugares de ocio, donde Energy Control monta su punto de información y
asesoramiento.
7
Para Claudio Vidal Giné, director de EC Andalucía, el concepto de gestión del placer permite solventar las atribuciones negativas que
el concepto de reducción de riesgos ofrece del consumo de drogas.
8
En Sevilla los colectivos Psylocibe, Red Dust y M.I.G.T.U.O; en Málaga Skizodelic Mind; en Granada y Córdoba Fullmoongui?; y en
Huelva al colectivo Transition
En el desarrollo de la investigación han resultado de vital importancia las ideas de dos autores que
reflexionan sobre la necesidad de atender a distintos espacios a la hora de acercarnos a la realidad
analizada. En primer lugar la etnografía multisituada enunciada por George Marcus (1995), según la
cual determinados objetos de estudios no pueden ser explicados etnográficamente atendiendo a un
único contexto, se trata de desarrollar una etnografía que se desplace entre los distintos espacios que
involucran a nuestro objeto de estudio para conocer la circulación de significados y relaciones. En
segundo lugar, la ciberetnografía explicada por Ángel Ruiz Torres (2008), que se configura como
una forma de afrontar muchas de las investigaciones de las realidades culturales actuales
principalmente en las llamadas sociedades occidentales, aunque no únicamente en este contexto.
Esto es así debido a la relevancia de internet y la creciente dependencia de su uso, que permite
conectar en tiempo real individuos que comparten patrones culturales y se encuentran distantes
geográficamente hablando. Es por ello que a lo largo del proceso etnográfico se tienen en cuenta
básicamente tanto los datos recogidos en distintas raves, como aquellos generados en el contexto de
internet, y aquellos extraídos a partir de la interacción con los usuarios de drogas a través del stand
de Energy Control
Las técnicas que se han utilizado son las siguientes. En primer lugar, y pese a que nuestra
orientación es fundamentalmente cualitativa, hemos creído conveniente realizar un cuestionario,
combinando distintos tipos de preguntas. Aunque no sea la técnica más provechosa para la
Antropología permite: realizar una primera toma de contacto sobre el tema, localizar aspectos a
investigar que a priori no hayan sido considerados y entrar en contacto con los informantes, de cara a
ver si alguno puede, en la aplicación posterior de una técnica cualitativa, ofrecer más información.
Se han realizado cuatro entrevistas semiestructuradas, a un integrante de los colectivos
andaluces de trance, a participantes del movimiento y usuarios de drogas, y a un voluntario de la
asociación Energy Control. Por otro lado se realizó 1 grupo de discusión mixto con usuarios de
drogas y participantes del movimiento andaluz de trance.
No obstante, la fuente principal de obtención de información la ha constituido la observación
participante tanto en el espacio cibernético, como en el espacio de la "fiesta", y en este contexto a su
vez desde una doble posición, la de participante en la rave y la de voluntario en el stand de Energy
Control. La realización de la observación permite tomar contacto con la realidad y observar lo que
allí ocurre, a través de lo que cuentan pero también de lo que se ve.

Resultados:

Es innegable la existencia de diferentes percepciones, muchas muy positivas, en cuanto al uso de


drogas. Así aspectos como el placer, la alteración de conciencia, la exploración, la experimentación
y el autoconocimiento, se convierten en motivos válidos esgrimidos para consumir drogas. Loli,
una chica sevillana asidua a raves de trance lo explica así: Las drogas son muy importantes, claro.
Sin las drogas no estaríamos allí fijo. Yo cuando pienso en una rave, no es que piense en drogarme,
tú sabes, pero si pienso en las drogas, bueno en la sensación que me dan, ¿sabes lo qué te digo?
Cuando se que voy a ir a una rave, pienso en como me siento allí con la música y con el “M”
(MDMA). Para mí, eso es lo mejor, lo más especial, ¿sabes? Poder ir a un sitio y sentirte libre de
verdad, es una cosa mágica que sólo pasa allí."
Es frecuente que en espacios de ocio aparezcan sustancias tales como el alcohol, el tabaco,
el cannabis, las anfetaminas, el éxtasis, la cocaína, la ketamina, el LSD o la psilocibina de los
llamados hongos mágicos, y menos frecuente otras como el DMT, GHB o 2CB, sin contar aquellas
sustancias de nueva síntesis (conocidas como Research chemicals o novel psychoactive subtances)
y que están encontrando un hueco en estos contextos ya sea como adulterantes o como "drogas en
sí", tales como la metoxetamina, la ethcatinona o la mefedrona
Las personas que consumen drogas en estos contextos se preocupan por su salud, mantienen
en la mayoría de los casos vidas socialmente normalizadas, con obligaciones laborales o educativas,
responsabilidades familiares, etc. Se sienten desprotegidos en muchos aspectos y temerosos de
mensajes con un claro marcado carácter paternalista, así es frecuente que en el stand de Energy
Control una de las preguntas más habituales sea: ¿Información sobre drogas? ¿Qué me vais a decir
que no me drogue?
Se ha comprobado que muchos de los profesionales que se relacionan con estos contextos
carecen de la formación adecuada, por ejemplo es habitual que en las ambulancias contratadas por
los promotores de festivales de música electrónica desconozcan las sustancias que están presentes
en ese tipo de eventos, con lo que a priori no están completamente preparados para afrontar
determinadas situaciones. Además existen numerosos estereotipos por parte de estos profesionales
con respecto a las personas que consumen drogas, lo que resulta preocupante cuando se constata
que estos están presentes en la relación de estos profesionales con los usuarios

Conclusiones:

El fracaso producido, y constatado, por la utilización exclusiva de las acciones orientadas por la
visión abstinencial en todos los niveles de gestión en materia de drogas a partir de situaciones como
la aparición de un mercado negro al que deben acudir los usuarios, la adulteración de las drogas y
los problemas para la salud que esto provoca, el estigma con el que cargan los usuarios en
determinados contextos, la aparición y extensión de sustancias desconocidas y poco controladas
como las NPD (novel psychoactive subtances), los problemas asociados a la falta de información
específica sobre sustancias determinadas, etc., deben servirnos como acicate para implementar otras
muchas medidas que, aunque desarrollados en menor medida, se han mostrado tremendamente
eficaces tales como el análisis de sustancias que permite generar alertas ante sustancias
desconocidas o potencialmente dañinas que circulan por los espacios de ocio, los puntos de análisis
de alcoholemia en este tipo de espacios para evitar la conducción tras haber ingerido alcohol, las
recomendaciones para evitar la transmisión de las enfermedades infecciosas, la información sobre
la naturaleza de las sustancias, sus efectos y contraindicaciones, etc.
Así la extensión del modelo que promueven programas como el de Energy Control debe
llegar a muchos más ámbitos. Entre estos es necesario poder llevar la información ofrecida en los
contextos de ocio a todos los espacios posibles en los que se de consumo de drogas, principalmente
a usuarios, de manera que seamos capaces de empoderar a estas personas para afrontar su relación
con las drogas sin perjuicios innecesarios. Del mismo modo, es vital que los profesionales de la
salud y lo social se involucren en el reconocimiento de la realidad actual de las drogas y se formen
adecuadamente para saber hacer frente a una realidad tan cambiante como es la del panorama de las
drogas, que gracias a las modernas herramientas tecnológicas se caracteriza por una profunda y
continua metamorfosis para la que debemos estar preparados, y ante lo que debemos aportar al
grueso de la sociedad las herramientas necesarias para una correcta gestión, pues lo contrario
atentaría contra el derecho de los individuos a estar informados, gestionar su cuerpo y su salud, y
decidir libremente. En este sentido sería interesante también valorar la posibilidad de extender estas
acciones formativas y educativas a ámbitos como el de la familia, donde los padres, como primer
elemento en la socialización de las personas, pueden y deben formarse e informarse para contar con
mayores herramientas para gestionar posibles consumos en sus hijos, evitando crear situaciones de
desorientación donde los progenitores se vean incapaces de actuar, o lo hagan de una manera que
implique un distanciamiento de la unidad familiar y por lo tanto un empeoramiento de las
relaciones que se desarrollan en su seno.
Una de las consecuencias más importantes que encuentran las acciones preventivas en
materia de drogas, uno más de estos efectos perversos a los que hacíamos referencia, lo constituye
el hecho de la pérdida de legitimidad de las instituciones antes los usuarios de drogas. Cuando el
discurso sostenido no deja lugar a más opciones que el NO, y los efectos derivados de la relación
con las drogas no son negativos, esto es, no impiden que la persona continúe con su vida de manera
absolutamente normal, aquellos entes que se mostraron adalides de tal mensaje pierden toda la
influencia que pudieran poseer, mostrándose completamente ineficaces debido a que los usuarios
pierden todo interés en campañas y otro tipo de acciones. Por el contrario, estas personas acogen
con gran interés y agradecimiento el trabajo de asociaciones como Energy Control, a quien
reconocen como un interlocutor válido lo que supone una oportunidad nada despreciable de acceder
a estos usuarios y promover pautas adecuadas en su relación con las drogas.

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