Vida y obra de Parménides de Elea
Vida y obra de Parménides de Elea
Parménides de Elea (en griego Παρμενίδης ὁ Ἐλεάτης) fue un filósofo griego. Nació entre el
530 a. C. y el 515 a. C.n. 1 en la ciudad de Elea, colonia griega de Magna Grecia (sur de Italia).
Parménides escribió una sola obra: un poema filosófico en verso épico del cual nos han llegado
únicamente algunos fragmentos conservados en citas de otros autores. Los especialistas
consideran que la integridad de lo que conservamos es notablemente mayor en comparación
con lo que nos ha llegado de las obras de casi todos los restantes filósofos presocráticos, y por
ello su doctrina puede ser reconstruida con mayor precisión.
Por lo que podemos deducir a partir de los testimonios conservados, el poema de Parménides
representa una revelación divina dividida en dos partes:
La vía de la verdad, donde se ocupa de «lo que es» o «ente», y expone varios argumentos
que demuestran sus atributos: es ajeno a la generación y la corrupción y por lo tanto es
inengendrado e indestructible, es lo único que verdaderamente existe —con lo que niega
la existencia de la nada— es homogéneo, inmóvil y perfecto.
La vía de las opiniones de los mortales, donde trata de asuntos como la constitución y
ubicación de los astros, diversos fenómenos meteorológicos y geográficos, y el origen del
hombre, construyendo una doctrina cosmológica completa.
Mientras que el contenido de la vía de la opinión se asemeja a las especulaciones físicas de los
pensadores anteriores, como los jonios y los pitagóricos, la vía de la verdad contiene una
reflexión completamente nueva que modifica radicalmente el curso de la filosofía antigua: se
considera que Zenón de Elea y Meliso de Samos aceptaron sus premisas y continuaron su
pensamiento. Los físicos posteriores, como Empédocles, Anaxágoras y los atomistas, buscaron
alternativas para superar la crisis en la que había sido arrojado el conocimiento de lo sensible.
Incluso la sofística de Gorgias acusa una enorme influencia de Parménides en su forma
argumentativa.
Tanto la doctrina platónica de las formas como la metafísica aristotélica guardan una deuda
incalculable con vía de la verdad de Parménides. Por esto es por lo que muchos filósofos y
filólogos consideran que Parménides es el fundador de la metafísica occidental. Compite
1
con Aristóteles por el título del "padre de la lógica" por emplear argumentos deductivos1 y
formular el principio lógico de identidad y de no contradicción.23
Biografía
Parménides nació en Elea (llamada Velia en época romana), ciudad ubicada en Magna
Grecia. Diógenes Laercio dice que su padre fue Pires, y que perteneció a una familia rica y
noble.4 También es Laercio quien transmite dos fuentes divergentes en lo que se refiere al
maestro del filósofo. Una, dependiente de Soción, señala que primero fue alumno
de Jenófanes,n. 2 pero que no le siguió, y que luego se asoció con un pitagórico, Aminias, al que
prefirió como maestro. Otra tradición, dependiente de Teofrasto, indica que fue discípulo
de Anaximandro.5
Todas las conjeturas acerca de la fecha de nacimiento de Parménides se basan en dos fuentes
antiguas. Una procede de Apolodoro y nos la trasmite Diógenes Laercio: esta fuente marca
la Olimpíada 69.ª (entre el 504 a. C. y el 500 a. C.) como momento de madurez, situando su
nacimiento 40 años antes (544 a. C. – 540 a. C.).6 La otra es Platón, en su diálogo Parménides.
Allí Platón compone una situación en la que Parménides, de 65 años, y Zenón, de 40, viajan
a Atenas para asistir a las Grandes Panateneas. Conocen en esa ocasión a Sócrates, que era
aún muy joven según el texto platónico.7
2
Es por eso por lo que Burnet y los filólogos posteriores
como Cornford, Raven, Guthrie y Schofield prefirieron basar los cálculos en el diálogo
platónico. Según estos últimos, el hecho de que Platón aduzca tantos detalles respecto de las
edades en su texto es un signo de que escribe con precisión cronológica. Dice Platón que
Sócrates era muy joven, y se interpreta que esto significa que tenía menos de veinte años.
Conocemos el año de la muerte de Sócrates 399 a. C., y su edad: tenía alrededor de setenta
años. Por ello conocemos también la fecha de su nacimiento: 469 a. C. Las Grandes
Panateneas se celebraban cada cuatro años, y de las que se celebraron durante la juventud de
Sócrates (454, 450, 446), la más probable es la del 450 a. C., cuando Sócrates tenía 19 años. Y,
si en este encuentro Parménides tenía cerca de 65 años, su nacimiento se produjo alrededor
del 515 a. C.891011121314
Sin embargo, ni a Raven ni a Schofield —que sigue al primero— les parece enteramente
satisfactoria una datación basada en un diálogo platónico tardío. Otros estudiosos
directamente prefieren no contar con los datos platónicos y proponen otras fechas. De
acuerdo a un estudioso de los diálogos platónicos, R. Hirzel, Conrado Eggers Lan indica que lo
histórico no tiene para Platón ningún valor.15 El hecho de que se cite el encuentro entre
Sócrates y Parménides también en los diálogos Teeteto (183e) y Sofista (217c) solo indica que
se está refiriendo al mismo suceso ficticio, y ello es posible porque se considera tanto
al Teeteto como al Sofista posteriores al Parménides. En Sof. 217c se atribuye a Parménides el
procedimiento dialógico de Sócrates, lo que confirmaría que esta no es más que una referencia
a la situación dramática ficticia del diálogo.16 Eggers Lan propone, además, una corrección del
dato tradicional de la fundación de Elea. Basándose en Heródoto I, 163–167, que indica que
los foceos, luego de derrotar a los cartagineses en batalla naval, fundaron Elea, y añadiendo la
referencia de Tucídides I, 13, donde se indica que tal batalla ocurrió en tiempos de Cambises II,
se puede situar la fundación de Elea entre el 530 a. C. y 522 a. C. Entonces Parménides no
podría haber nacido antes del 530 a. C. Tampoco después del 520 a. C., atendiendo a que es
anterior a Empédocles.17 Este último procedimiento de datación tampoco es infalible, porque
se ha puesto en duda que el hecho que vincula los pasajes de Heródoto y Tucídides sea el
mismo.18 Néstor Luis Cordero también rechaza la cronología basada en el texto platónico, y la
realidad histórica del encuentro, en favor del dato tradicional de Apolodoro y Diógenes
Laercio. Sigue el dato tradicional de la fundación de Elea en el 545 a. C., señalándolo no solo
como terminus post quem, sino como fecha posible del nacimiento de Parménides. De lo que
concluye que sus padres formaron parte del contingente fundador de la ciudad, y que fue
3
contemporáneo de Heráclito.14 La evidencia también sugiere que Parménides no pudo haber
escrito mucho después de la muerte de Heráclito.1
En 1969 se produjo en Velia un hallazgo arqueológico que aportó un nuevo elemento a las
especulaciones sobre la vida de Parménides. Se encontró el pedestal de una estatua del
siglo I d. C. con cuatro palabras: ΠΑ[Ρ]ΜΕΝΕΙΔΗΣ ΠΥΡΗΤΟΣ ΟΥΛΙΑΔΗΣ ΦΥΣΙΚΟΣ.24 Las dos
primeras dicen claramente (solo hay que restituir una Ρ en el nombre) «Parménides, hijo de
Pires». La cuarta palabra φυσικός (fysikós, «físico») era comúnmente usada para designar a los
filósofos que se dedicaban a la observación de la naturaleza. En cambio no hay acuerdo sobre
el significado de la tercera (οὐλιάδης, ouliadēs): puede significar simplemente «natural de
Elea» (el nombre «Velia» es en griego Οὐέλια),25 o «perteneciente a los Οὐλιος» (Ulios), esto
es, a una escuela de médicos (cuyo patrono era Apolo Ulio).26 Si esta última hipótesis fuera
cierta, Parménides sería entonces, además de legislador, médico.27 La hipótesis se refuerza con
las ideas contenidas en el fragmento 18 de su poema, que contiene
4
observaciones anatómicas y fisiológicas.28n. 3
Sin embargo, otros especialistas opinan que la
única certeza que se puede extraer del descubrimiento es la de la importancia social de
Parménides en la vida de su ciudad, ya señalada por los testimonios que indican su actividad
como legislador.29
Visita a Atenas
Obra
Desde la antigüedad se considera que Parménides escribió solo una obra,33 titulada Sobre la
naturaleza.34 Es un poema didáctico escrito en hexámetros. La lengua en la que fue escrito es
un artificio en el que se expresó la épica, el dialecto homérico. Esta forma tiene varios usos:
facilita la mnemotecnia y recitación del poema;35 permite juegos de forma poética, tales como
la composición anular36 y la Ritournelkomposition.
El verso 24 del fragmento 1 contiene una palabra que ha servido para iniciar especulaciones
sobre la datación de la composición del poema. Allí la diosa habla al receptor del mensaje,
presuntamente el mismo Parménides, llamándolo κοῦρε (koûre, «joven»). Se ha pensado que
esta palabra hace referencia a un hombre no mayor de treinta años y, teniendo en cuenta su
fecha de nacimiento, podemos ubicar la creación del poema entre el 490 a. C. y el 475 a. C.937
Pero se ha objetado que la palabra debe ser entendida en su contexto religioso: indica la
relación de superioridad de la diosa respecto del hombre que recibe su revelación.38 Guthrie
apoya esta idea, sustentándola con una cita (Aristófanes, Aves 977) en donde el vocablo
5
justamente señala no la edad de un hombre (que por lo demás no es joven), sino su situación
respecto del intérprete de oráculos por el que está siendo interpelado. Su conclusión es que es
imposible decir a qué edad Parménides escribió el poema.39 Eggers Lan, además de citar otro
uso de κοῦρε (Homero, Il. VI, 59) donde la palabra puede aludir no a un hombre de treinta
años sino a un adolescente, señala que lo menos probable es que el poema haya sido
compuesto inmediatamente después de la experiencia religiosa que relata.40
6
Mucho se ha dicho de la forma poética de su escrito. Plutarco consideró que solo era una
manera de evitar la prosa,46 y criticó su versificación.47 Proclo dijo que a pesar de utilizar
metáforas y tropos, forzado por la forma poética, su escrito no deja de ser más parecido a la
prosa que a la poesía.48 Simplicio, al cual le debemos la conservación de la mayor parte del
texto que nos ha llegado, sostiene una opinión semejante: no hay que asombrarse de la
aparición de motivos míticos en su escrito, debido a la forma poética que utiliza.49
Para Werner Jaeger, la elección de Parménides por la forma de poema épico didáctico es una
innovación muy significativa. Involucra, por una parte, el rechazo de la forma de prosa
introducida por Anaximandro. Por otra, significa un vínculo con la forma de
la Teogonía de Hesíodo. Pero el vínculo no solo afecta la forma, sino también a ciertos
elementos del contenido: en la segunda parte del poema de Parménides (fragmentos B 12 y
13) aparece el Eros cosmogónico de Hesíodo (Teogonía 120) junto con un gran número de
deidades alegóricas como la Guerra, la Discordia, el Deseo,50 cuyo origen en la Teogonía no
puede ponerse en duda. Sin embargo, hay que notar que el poner estos elementos
cosmogónicos en la segunda parte, dedicada al mundo de la apariencia, también involucra el
rechazo de esta forma de entender el mundo, forma ajena a la Verdad para Parménides.
Hesíodo había presentado su poema teogónico como una revelación procedente de seres
divinos. Había hecho de la invocación a las musas —ya una convención épica— el relato de una
experiencia personal de iniciación en una misión única, la de revelar el origen de los dioses.
Parménides en su poema presenta su pensamiento sobre el Ente uno e inmóvil como una
revelación divina, como para derrotar a Hesíodo en su propio juego.51
El poema de Parménides comienza con un proemio de carácter simbólico del que poseemos 32
versos. Los primeros treinta versos han sido conservados por Sexto Empírico, que nos los ha
trasmitido en Adversus Mathematicos VII, 111ss. A la vez, Simplicio de Cilicia trasmite en de
Caelo 557, 25ss, los versos del 28 al 32. El proemio figura como el primer fragmento en la
recopilación de Diels (DK 28 B 1).
En el proemio, Parménides describe el viaje que hace «el hombre que sabe»: un viaje en carro,
tirado por un par de yeguas, y conducido por las Helíades (versos 1–10). El camino por el que
es conducido, alejado del camino usual de los mortales, es la ruta de la noche y el día, camino
que está interrumpido por un inmenso portal de piedra, cuya guardiana es Dice. Las hijas
del Sol la persuaden, y esta abre la puerta para que pase el carro (vv. 11–21). El narrador es
7
recibido por una diosa, cuyo discurso, que comienza en el verso 24, es el contenido del resto
del poema. Esta le indica, en primer término, que no ha sido enviado por un destino funesto,
sino por el derecho y la justicia (vv. 26–28). En virtud de ello, sigue, es necesario que conozca
todas las cosas, tanto «el corazón inconmovible de la verdad persuasiva» como «las opiniones
de los mortales», porque, a pesar de que en estas «no hay convicción verdadera», sin embargo
han gozado de prestigio (vv. 28–32).
Proclo conserva, en Timeo I 345, 18–20 dos versos del poema de Parménides, que junto con
seis versos trasmitidos por Simplicio, en Física, 116, 28–32–117, 1, forman el fragmento 2 (28 B
2). Allí la diosa habla de dos «vías de indagación que se pueden pensar». La primera es
nombrada de la siguiente manera: «que es, y también, no puede ser que no sea» (v. 3); la
segunda: «que no es, y también, es preciso que no sea» (v. 5). La primera vía es la «de la
persuasión», que «acompaña a la verdad» (v. 4), mientras que la segunda es «completamente
inescrutable» o «impracticable», puesto que «lo que no es» no se puede conocer ni expresar
(vv. 6–8).
En el fragmento B 6, nueve versos conservados por Simplicio, también en su Física (86, 27–28 y
117, 4–13), sigue hablando de las vías de pensamiento. Los primeros tres versos argumentan
en contra de la segunda vía, presentada en B 2, v. 5: Postula que es necesario pensar y decir
que «lo que es» es, pues es posible que sea, mientras que es imposible que «nada» sea. Y esta
es la razón por la que la diosa aparta al «hombre que sabe» de la segunda vía.
Inmediatamente, la diosa habla de un tercer camino que debe dejarse de lado: aquel en el que
deambulan los mortales, errantes puesto que son arrastrados por una mente vacilante, que
considera que ser y no ser es lo mismo, y a la vez no es lo mismo (vv. 4–9). Es la vía de la
opinión, presentada ya en B 1, v. 30.
Otro fragmento (B 7), citado en parte por Platón, Sofista 242 a (los primeros dos versos), y en
parte por Sexto Empírico, en Adversus Mathematicos, VII, 111 (los siguientes cinco versos),
sigue esta reflexión y la concluye: no hay manera de probar «que es lo que no es» (v. 1). Por
ello la diosa indica que hay que apartarse de este camino de la indagación, yendo incluso
8
contra la costumbre, que guía a la «mirada desatenta» y al «oído retumbante y la lengua», es
decir, a los sentidos (vv. 2–4). En cambio, recomienda seguir su polémica argumentación con el
raciocinio (vv. 5–6). Parte del verso 6, y lo que queda del 7, conectan el tema de las vías de
indagación con el fragmento A 8: solo queda el discurso sobre el camino que trata de «lo que
es».
A partir del verso 22 y hasta el 25 el poema pasa a tratar sobre la condición de integridad del
ente. No se pueden distinguir en él partes, puesto que es uniforme: no se da en él el más y el
menos, simplemente está lleno de «lo que es», y se encuentra solo consigo mismo.
La inmovilidad es tratada desde el verso 26 al 33. Esta se entiende primero como negación del
tránsito, como generación y corrupción, las cuales ya fueron repelidas por la verdadera
convicción (vv. 26–28). Luego dice que el ente permanece en su lugar, en sí mismo y por sí
mismo, compelido por la necesidad, que lo sujeta «con fuertes lazos» (vv. 29–31). Una razón
9
adicional de su inmovilidad es que de nada carece (v. 32), puesto que, careciendo de algo,
carecería de todo (v. 33).
La Moira mantiene al ente íntegro e inmóvil (vv. 37–38); esto obliga a pensar que todo cuanto
los mortales han pensado como verdadero, no es más que un entramado de meros nombres
que designan cambios: nacer y perecer, ser y no ser, variar de lugar y de color (vv. 39–41).
En el verso 42, el discurso se ocupa del predicado de la perfección, deducido de que el ente se
atiene al límite. La perfección motiva a Parménides a introducir aquí una metáfora: es
semejante a la masa de una esfera bien redondeada, porque toda su superficie equidista del
centro (vv. 43–44). No puede ser menor en algún lugar, porque no hay «no ente» que lo
permita, ni hay ente que le permita ser, en alguna parte, más ente que en otra parte.
Permaneciendo idéntico a sí mismo, se encuentra cabalmente en sus límites (vv. 45–49).
10
El fragmento 9 vuelve a mencionar lo que en la parte final del fragmento 8 se describía como
aquello que los mortales han concebido como el fundamento dual del mundo de la apariencia:
los principios opuestos «luz» y «noche», y dice que todo está lleno de estos opuestos, y que
nada pertenece exclusivamente a uno de los dos.
11
problemas tales como el estado fragmentario del texto y la corrupción de los manuscritos, lo
que ha ocasionado lagunas en el texto o pasajes particularmente difíciles de leer. Los
especialistas intentan suplir esto con conjeturas basadas en lo que se conserva en buen
estado. Pero incluso estos pasajes son difíciles de interpretar debido a las dificultades para
determinar significados precisos de los vocablos y las frases, tarea de la filología clásica.
Tampoco es sencillo ofrecer una interpretación general del poema que lo ubique dentro de la
producción literaria de su época y que lo vincule con las manifestaciones anteriores y
posteriores de la filosofía griega.
Todo ello hace que la labor de los especialistas sea fundamental para una lectura y
comprensión lúcida del texto. La filología y los historiadores de la filosofía griega han dado
pasos valiosos en la reconstrucción del texto y su interpretación en los últimos dos siglos. Sus
representantes se han apoyado también en comentarios de la antigüedad clásica y tardía, y en
el conocimiento de las obras antiguas con las que han podido establecer comparaciones y
paralelos.
Fue costumbre entre los intérpretes del pensamiento de Parménides dejar parcialmente fuera
de consideración esta parte del poema, reduciéndola a una simple concesión al estilo del
poema épico-didáctico. La filología reciente, en cambio, le ha prestado la atención que
merece.53
Auriga griego. Bajorrelieve del último cuarto del siglo VI a. C. procedente de Cícico, Museo
Arqueológico de Estambul.
12
posterior, del 468 a. C.—, o, lo que considera más probable, que tienen una fuente en común
de la que ambos se ven influidos.56 Eggers Lan traduce πολύφραστοι como «muy
conocedoras», porque saben reconocer los signos del camino.57 Todo parece querer sugerir
que el carro va dirigido por poderes superiores, y hay que descartar, como dice Jaeger, 58 la
interpretación platonizante de Sexto Empírico, inspirada en el mito del «carro alado» narrado
en el Fedro (246 d 3 – 248 d), en el cual el carro simboliza el alma humana. Seguramente la
composición guarda una relación más estrecha con el mito de la muerte de Faetón, puesto que
tanto este como las aurigas de este carro parmenídeo son hijos del Sol, y el camino que se
transita es el de la Noche y el Día (v. 11). Se trata del mismo «carro solar».59
El camino y el portal
En cambio, es seguro que el poema presenta este camino como «camino de una divinidad» o
«diosa» (v. 3). En este mismo verso, hay discrepancias en la lectura de un complemento del
verbo φέρει (pherei, «llevar», en 3.ª persona). Desde que en 1909 un erudito (H. Mutschmann)
creyó leer, en el manuscrito que manejó, las palabras κατὰ πάντ᾽ ἄστη (katà pánt 'ástē: «a
través de todas las ciudades»), una gran cantidad de estudiosos le siguieron: Diels, 64 Burnet
(que incluso dice, basado en esta lectura, que Parménides fue una suerte de sofista
itinerante),65 Guthrie,66 y Schofield67 por ejemplo. Jaeger ya había criticado esta lección,68 y
propuesto una enmienda: reemplazar ἄστη por ἀσινῆ (asinê, «incólume»),69 cuando Coxon en
1968 termina de confirmar, en una nueva colación, que la lectura «ἄστη» no está respaldada
por ningún manuscrito, y que el que manejó Mutschmann trae «ἄτη», que es una lectura
corrupta.70 El estado corrupto de este códice obliga a los especialistas a enmendar el texto con
conjeturas. Eggers Lan traduce «en todo sentido» ateniéndose solo a lo conservado auténtico:
13
κατὰ πάντ᾽ (katà pánta).71 Cordero conjetura κατά πάν τα<ύ>τῃ (katà pàn taúte, «respecto de
todo conduce ahí»).72 Bernabé lo sigue en su última edición.73
Este camino conduce desde la «morada de la Noche» hacia la luz (vv. 9–10). En el verso 11 se
dice que el camino es «de la Noche y el Día». Hesíodo había hablado de la «casa de la Noche»
en Teogonía, vv. 748ss, casa en donde tanto la Noche como el Día habitan, solo que de manera
alternada, pues nunca la mansión acoge a ambos a la vez. La visión antigua de la alternancia de
la Noche y el Día se puede caracterizar como un tránsito que realizan ambos por un mismo
camino, pero en posiciones siempre diferentes. El camino de la Noche y del Día es, por lo
tanto, un único camino.74 Hesíodo ubica geográficamente la morada de la Noche en el centro
de la Tierra, en las inmediaciones del Tártaro. En cambio, Parménides sitúa su escena, según
cabe presumir por el material de la abertura de las puertas (son «etéreas», v. 13), en el cielo.75
Dice
Así como en Homero las puertas del Olimpo están custodiadas por las Horas, hijas
de Zeus y Temis (Ilíada V, 749), el portal del poema parmenídeo está custodiado por Dice, una
de ellas. Dice representa el proceso de reparación de una injusticia. Por esto se la adjetiva
como πολύποινος (polýpoinos, «rica en castigos» o «vengadora», v. 14). Algunos
comentaristas afirmaron que en el poema esta diosa se identifica con Ananké, la Necesidad,
que sería la divinidad (δαίμων, dáimōn) que aparece en el fr. B 12, v. 3, de la «Vía de la
opinión» como quien gobierna el universo visible, la mezcla y la alternancia del día y la noche.76
Las Helíades persuaden, con blandas palabras, a la diosa para que corra el cerrojo, y Dice
finalmente abre la puerta.
La expresión Δίκη πολύποινος (Dike polýpoinos) está presente en un poema órfico (fr. 158
Kern). Esto, más el hecho de que Dice posee las llaves «de usos alternos» o «de doble uso»
(ἀμοιβἤ, amoibê, v. 14), otro posible elemento ritual, hizo pensar en una estrecha relación
entre Parménides y los cultos órficos, tan abundantes en el sur de Italia.77 El giro εἰδότα φῶτα
(eidóta phōta, «hombre que sabe»), contrapuesto a los mortales y su ignorancia, no hace más
que reforzar este vínculo (véase Orfeo, fr. 233 Kern).7879
Moira, Temis
14
Una vez que el carro franquea el umbral, el «hombre que sabe» es recibido por una diosa —
cuya identidad no se revela— con un gesto típico de bienvenida, tomando la mano derecha del
que llega con su propia diestra (vv. 22–23). Inmediatamente, reforzando el sentido del gesto,
la diosa dice: «alégrate, porque no es una parca funesta la que te envió a recorrer este camino,
que está alejado de la huella de los hombres, sino Temis y Dice» (vv. 26–28). La Parca o Moira
(en singular o como coro de tres divinidades, las Moiras) es la divinidad que dispensa el destino
a los mortales,80 pero también puede designar el destino mismo, la «parte» asignada a cada
cual.81 «Parca funesta» (μοîρα κακή, moîra kakê) es un giro épico (p. ej. aparece en Ilíada XIII,
602) que designa, comúnmente, el destino de la muerte. No es, dice la diosa, este destino el
que ha conducido al protagonista por la ruta de la Noche y el Día: el autor parece contraponer
aquí el destino del «hombre que sabe» y el de Faetón, cuyo desastroso periplo en el carro del
Sol solo tuvo fin con su muerte.82 «Moira» pertenece al conjunto de divinidades relacionadas
con la justicia divina, como Temis y Dice, que son las que han permitido el tránsito de un
mortal por la ruta del Sol. Temis personifica el derecho consuetudinario; 8384 en la épica, es el
conjunto de las normas de comportamiento social, no formuladas, pero que ningún mortal
puede desconocer. Representa el límite entre «como debe ser» y «como no debe ser».85 La
buena disposición que muestran las diosas vinculadas con el derecho quiere significar que el
viaje ha sido permitido o aprobado por la divinidad.8687
Luego de la recepción, la diosa indica que «es necesario» (con connotaciones también jurídico-
religiosas) que el narrador conozca todas las cosas, diferenciadas doblemente, según su
posibilidad de ser descubiertas ora de manera persuasiva, ora sin persuasión: por un lado, el
corazón de la verdad, por otro, las opiniones de los mortales.
La lectura del atributo del «corazón de la verdad» presenta diferencias en los manuscritos.
Algunos especialistas prefieren la lección εὐκυκλέος (eukykléos, «bien redonda»),88
comparando esta palabra con la idea del fragmento B 5, legado por Proclo:89 allí dice la diosa,
respecto de la verdad, que es lo mismo desde donde comience, puesto que allí regresará: la
cadena de sus razonamientos es circular. Otros leen εὐπειθέος (eupeithéos, «persuasiva»),90
lectura tradicional, mejor atestiguada y que también se puede defender apelando al contexto,
puesto que luego, por contraposición, se habla de las opiniones de los mortales, donde no hay
πίστις ἀληθές (pístis alēthés), «convicción» o «persuasión» verdadera.
15
Los versos que indican la razón por la cual es necesario que el narrador conozca también las
opiniones de los mortales (vv. 31–32) son de difícil lectura e interpretación. Parece indicar que
la razón es que aquello que es materia de opinión (τὰ δοκοῦντα, tà dokoûnta) ha sido
reconocido como algo que abarca todo (πάντα περῶντα, panta perônta, «abarcando todo»),91
o es un todo (πάντα περ ὄντα, panta per ónta, «siendo todo»).92 Lo que viene a significar que
las opiniones son el todo de lo que los mortales podrían conocer sin considerar la revelación
de la diosa parmenídea. Han gozado necesariamente de prestigio y por eso deben ser
conocidas. El pasaje está en estrecha relación con el final del fragmento 8, v. 60ss, donde la
diosa dice que expone el discurso probable sobre el orden cósmico para que ninguna opinión
mortal aventaje al receptor de la revelación.93
La mayoría de los especialistas coinciden en mostrar la estrechísima relación entre esta diosa
innominada (θεά, theá) y las Musas de la épica: Homero la invoca con la misma palabra en el
primer verso de la Ilíada: «Canta, diosa…»; la divinidad es la que canta, en virtud de que sabe
«todas las cosas» (Il. II, 485). Las Musas de Hesíodo incluso precisan algo similar a lo dicho por
la diosa parmenídea sobre el discurso verdadero y el aparente: «Sabemos decir muchas
mentiras con apariencias de verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad»
(Teogonía, vv. 27ss).94
Interpretaciones
La crítica especializada está de acuerdo en aceptar que el proemio es, de intento, una alegoría;
vale decir que para Parménides, el sentido superficial, el relato del viaje, es un medio para
expresar un significado profundo, que es el esencial.959697 Está compuesto a partir de una rica
simbología, que se nutre principalmente de la tradición épica (tanto Homero como Hesíodo),
pero también de la simbología órfica y de relatos y leyendas de los que se nutre la lírica.
16
embargo, Guthrie tiene ciertas reservas sobre la aplicación del término «chamanismo»
referido a las prácticas religiosas griegas.102 En cambio, Schofield declara abiertamente sus
dudas respecto a la existencia de este tipo de experiencias religiosas en Grecia. 99 Jaeger
entiende que el prototipo de esta experiencia hay que buscarlo en los misterios y ceremonias
de iniciación griegos.98
El acceso a la verdad no es, sin embargo, mérito del «hombre que sabe», puesto que es
arrastrado por fuerzas superiores, las yeguas y las Helíades, su paso por la formidable barrera
descrita en el poema es permitido por Dice y su periplo ha tenido desde el principio el favor de
Temis. El tránsito es conforme a derecho.82
17
Todos los filólogos que se han dedicado al estudio de los fragmentos relativos a las vías de
indagación (B 2 – B 7 DK) han tenido que tomar posición sobre una serie de dificultades que
presentan los textos consignados.
Ha dado que hablar la ausencia de sujeto expreso en los versos 3 y 5 del fragmento 2,
justamente aquellas líneas en donde la diosa presenta los caminos opuestos. La oposición de
ambos caminos se expresa posteriormente, de manera reducida, como ἔστιν ἢ οὐκ ἔστιν (éstin
e oúk éstin, «es o no es») en el fr. 8 (v. 16). Pero este verbo (ἔστιν, tercera persona del singular
del tiempo presente del verbo εἶναι, «ser») puede tener un valor predicativo («es [algo]») o
existencial («existe» o «hay»), y esta misma ambivalencia dificulta no solo su traducción, sino
la determinación de su sujeto.
Un conjunto de especialistas, siguiendo quizás lo que les pareció el sentido natural del texto,
pensaron que el sujeto es «lo que es». Así, por ejemplo, pensaron Diels y Cornford.
Parménides estaría así postulando una tautología: «lo que es, es».107
Burnet, por su parte, interpretó lo expresado como la postulación del universo como
un plenum, algo lleno, lo que nosotros llamamos «cuerpo»: lo incorpóreo no era aún
conocido.109 A Raven esto le parece una conclusión prematura: aquí no hay un sujeto definido,
y afirma que, si no se conocía lo incorpóreo, de ello no se sigue que Parménides esté
describiendo un cuerpo.110 Schofield prefiere mantener la indeterminación inicial del sujeto
sostenida por Raven, pero analizando los usos del «es» observa que luego el sujeto es el
participio ἐόν, «ente», o «lo real».111
Verdenius postuló como sujeto de esta construcción, primero, «la totalidad de las cosas», pero
luego revisó su posición y sostuvo que el sujeto era «la verdadera naturaleza de las
18
cosas»112 Guthrie rechaza tanto la posición de Burnet como la de Verdenius por prematuras.
Siguiendo a Owen,113 ve que la indeterminación del sujeto sostenida por Raven es también
deficiente, porque Parménides llega a demostrar muchas características del sujeto del ἔστι, y
este sujeto no se expresa en este fragmento, sino en B 6, v. 1. Una elección prudente oscila
entre «lo que es» y «aquello sobre lo que se puede hablar y pensar» (fr. 3), que Parménides
considera idénticos. Owen dice que ἐόν sería una descripción correcta del sujeto, pero vacila
en aceptarlo como sujeto porque convierte a la expresión de Parménides en una tautología.
Guthrie, sin embargo, piensa que esto no es decisivo, y que algo que a nosotros nos parece
una trivialidad es una afirmación necesaria desde el punto de vista histórico: en medio de
teorías sobre el cambio o transformación de sustancias en la conformación del cosmos, tal
como las que había sostenido la filosofía milesia, él reivindica las implicaciones últimas de
aceptar que «lo que es» es.107
La posición de Eggers Lan en el comentario a este pasaje es de que Parménides está haciendo
uso de una sentencia modal (introducida por las partículas ὁπῶς, hópōs y ῶς, hōs), que no
lleva sujeto, y menciona un paralelo en Ésquilo, Agamenón 67, cuya traducción puede ser «[las
cosas] son como son». Ya que se puede equiparar el οὐκ ἔστι (ouk ésti, «no es», v. 5) con el μὴ
ἐόν (mē eón «lo que no es», v. 7), podemos decir que lo correspondiente al ἔστι del v. 3 es el
ἐόν, «lo que es». Por eso, y sin considerarlo sujeto, en este fragmento se está hablando del
ἐόν. Esta palabra no aparece en este fragmento, pero sí en el fr. 4, el 6 y el 8. 114 A menudo se
habla del «Ser» de Parménides, pero este traductor prefiere traducir ἐόν como «lo que es»,
puesto que no es un infinitivo sino un participio presente.115
Respecto del valor del «es», Raven dice que el rechazo de Parménides a la vía del «no es» se
debe a su propia confusión entre el valor predicativo y el existencial del verbo. Si es correcto
decir que una manzana es roja, es igual de correcto decir que no es verde, pero Parménides
objeta (erróneamente) que no se puede concebir lo que no existe. 110 Schofield señala, contra
Raven, que es también imposible conocer lo que no tiene predicados. Luego de examinar los
usos de la forma verbal en el poema, concluye que no se le puede atribuir a Parménides una
confusión entre el valor predicativo y el existencial: más bien, en el texto, se conservan ambos
valores sin mezclarse.111
Este fragmento presenta una particularidad gramatical por la que ha sido interpretado, por
mucho tiempo, de manera errada. Es solo una parte de verso dactílico:
19
(...) τὸ γὰρ αὐτὸ νοεῖν ἐστίν τε καὶ εἴναι.
tò gàr autò noeîn estín te kaî eînai
Siguiendo el orden de los vocablos y el sentido literal de cada palabra, podría traducirse (y
entenderse) así: «lo mismo es pensar y ser». Plotino, que cita el texto, cree encontrar en él un
apoyo a su idea de la identificación de ser y pensar. Idea fundamental del neoplatonismo que
él funda, y también del posterior idealismo.
Pero la opinión de los filólogos coincide en decir que esta interpretación es incorrecta.116 Esta
coincidencia de opiniones no se extiende, sin embargo, a las posibles traducciones. El repaso
de algunas de estas puede dar una idea de la dificultad presentada y su posible solución.
Guthrie explica, siguiendo a Zeller y Burnet,117 que aquí, desde el punto de vista morfológico
sintáctico, los infinitivos νοεῖν (noeîn «pensar») y εἴναι (eînai, «ser») conservan su valor
originario de dativo. Una traducción literal que propone es: «lo mismo es para ser pensado y
para ser», pero la traduce finalmente «Pues lo mismo es lo que puede pensarse y lo que puede
ser», asumiendo que es una traducción un tanto inadecuada y que no hay una completa
equivalencia de sentido.118 Schofield traduce: «Pues lo mismo es ser pensado y ser».119 Eggers
Lan: «Pues [solo] lo mismo puede ser y pensarse», y vincula su sentido con el del fr. 8, 34–36,
donde la diosa postula que no se puede hallar el pensar (νοεῖν) sin lo que es (ἐόν).
Para Jaeger, el valor semántico del νοεῖν no es idéntico al usado posteriormente por Platón,
que lo contrapone a la percepción sensible. Más bien este es un «percatarse» de un objeto en
lo que él es. El νοεῖν no es realmente νοεῖν si no conoce lo real. 108 Guthrie añade que la acción
del verbo no puede sugerir la imagen de algo no existente. En Homero tiene el sentido similar
al de «ver» (Il XV, 422), más bien es el acto por el cual alguien recibe el significado pleno de
una situación (Il III, 396), no mediante un proceso de razonamiento, sino una iluminación
súbita. Posteriormente se concibe el νοῦς (noûs) como una facultad que no puede ser objeto
de error, como luego dirá Aristóteles en Analíticos posteriores, 100b5.120
Uno de los tópicos más importantes del poema es el de las «vías» o «caminos». En el proemio
aparece mencionado un camino, hodós, al menos dos veces (B 1, v. 2 y 27), camino
identificado como el recorrido divino o celestial que recorre el Sol. Esta presentación alegórica
deja paso, en el fragmento 2, a una caracterización despojada de simbolismo. Allí presenta
dosn. 5 caminos de indagación, δίζησις (dizēsis, v. 2), mutuamente excluyentes: uno debe ser
20
seguido y el otro es inescrutable. En el fragmento 6, sin embargo, aparece un tercer camino
del cual hay que apartarse (v. 4ss). La caracterización de estos caminos ha iniciado una
discusión sobre la cantidad de caminos presentados y sobre la naturaleza de estos.
Cornford sostuvo que en realidad, en el fragmento 4, la diosa presenta tres vías, pero esto se
oculta por el estado fragmentario del texto. Las primeras dos vías son las del «eso que es, es y
no es posible que no sea» y la de «eso que no es, no es y no es posible que sea». Ambos son
incompatibles, y esta decisión radica en que la cosa pensada «es o no es» (fr. 8). Es necesario
tomar el primer camino (él lo llama «de la Verdad»), porque el segundo (el del «No ser») es
impensable e innombrable. La tercera vía es la de la creencia de los mortales, basada en la
experiencia sensible, vía expuesta en la segunda parte del poema. Cree que «opinión» o
«creencia» es una traducción muy estrecha, por eso llama a esta vía, de la «apariencia». Por lo
demás, así queda patente que estas tres vías corresponden a las tres regiones distinguidas
por Platón en República 447: la de lo existente, que se puede conocer; la de lo no existente,
que no se conoce; y una región intermedia que es objeto de opinión.121
En líneas generales las interpretaciones posteriores siguen este rumbo. Raven señala que la
tercera vía es la de los mortales, que vagan «bicéfalos» (δίκρανοι, díkranoi), porque combinan
contrarios, como había notado Simplicio.123 Schofield argumenta que esta tercera vía no se
había mostrado en el fr. 2, puesto que allí se exponían alternativas coherentes entre las que un
investigador debe decidir, mientras que esta es un camino en el que se encuentra cualquiera
que no toma esta decisión y no hace uso de sus facultades críticas (fr. 6, vv. 6–7), siguiendo a la
vez ambos caminos contradictorios.124 Para Guthrie hay efectivamente tres vías, la segunda es
21
desechada y la tercera, que surge del uso de los sentidos y del hábito, incluye la creencia en
«que las cosas que no son sean» y «que ser y no ser son lo mismo y no lo mismo», (fr. 6, v. 8).
La propuesta de Eggers Lan es más compleja, puesto que requiere un nuevo ordenamiento del
texto considerado. El fragmento 6 es una mezcla de versos de distintos lugares. La continuidad
entre el v. 3 y el 4 es ilegítima, y proviene de un añadido conjetural de Hermann Diels al
reconstruir el texto desde Simplicio, Física 86, 27–28 (B 6, 1–3) y Física 117, 4–13 (B 6, 4–6),
donde se encuentra la cita. Entre estos dos lugares el filólogo añadió εἴργο, (eírgo, «te aparto»,
palabras de la diosa en el poema), y ἐπάγει (epágei, «añade», palabras de Simplicio citando el
texto de Parménides), conectando ambos pasajes cuando, en realidad, hay una laguna entre
ellos. Esto se nota al comparar otra cita de los mismos versos en Física 78, 2–10, donde está
presente también el tercer verso del fr. 6, pero a continuación siguen los primeros versos del
fragmento 8. En concreto, Eggers Lan propone llenar la laguna con los dos primeros versos del
fr. 7. El resultado es un texto en el que desaparece la dificultad del número de vías: solo hay
dos, las mencionadas en el fragmento 2: «que es, que no es posible no ser» y «que no es, y que
es necesario no ser». La opinión de los mortales no es un tercer camino.125
El fragmento 6 ha sido interpretado por algunos filólogos como una referencia al pensamiento
de Heráclito. Allí se habla de los «bifrontes» (δίκρανοι v. 5), aquellos que creen que «ser y no
ser es lo mismo y no lo mismo» (vv. 8–9). Esto parece ser una crítica a la doctrina heraclítea de
la unidad de los contrarios (22 B 88). El verso 9 «de todas las cosas hay una vía retrógrada»
(πἄντων δὲ παλίντροπός ἐστι κέλευθος), parece apuntar directamente a una idea presente en
un fragmento de Heráclito (22 B 60): «el camino hacia arriba y abajo es uno y el mismo»; y a la
letra misma de otro fragmento (22 B 51): «(...) armonía de lo que se vuelve hacia atrás»
(παλίντροπος ἁρμονίη).126
El primero que relacionó estas ideas fue Jakob Bernays,127 y pronto le siguió Walther Kranz,128
que consideró tal relación como fundamental para la comprensión de la historia de la filosofía
presocrática.
Sin embargo, por la misma época Karl Reinhardt postula su tesis de la inversión cronológica:
Heráclito sería posterior a Parménides, por lo que el pasaje no podría tener por objeto la
doctrina de aquel.129 Werner Jaeger lo siguió en este punto: cree que la crítica de la diosa se
dirige a todos los mortales.130
22
Independientemente de la aceptación o el rechazo de la inversión
cronológica, Guthrie también se inclina por esta interpretación, pero con importantes matices:
la diosa se refiere, efectivamente, a todos los mortales. Sin embargo, Heráclito podría ser
excepcionalmente representativo de la «muchedumbre sin juicio» (ἄκριτα φῦλα v. 7), puesto
que el error que a estos caracteriza se funda en la confianza en los ojos y los oídos (B 7, v. 4), y
Heráclito prefería lo visible y lo audible (22 B 55). Añade que las afirmaciones heraclíteas
«quiere y no quiere» (22 B 32), «al divergir se converge» (22 B 51), «al cambiar se está en
reposo» (22 B 84a) «evidencian la quintaesencia de lo que Parménides deplora aquí». A la luz
de esta acumulación de pruebas, señala, es por lo que hay que valorar positivamente lo que
muchos han visto como la única referencia inequívoca a Heráclito (22 B 51) en el verso 9 del fr.
6. «En donde ninguna frase aislada proporciona convicción, puede ser de vital importancia el
efecto acumulativo.»131
Debido a que Eggers Lan ordena el texto de una manera particular, distinguiendo el camino de
las opiniones de los mortales de este otro, sostiene que esta crítica no puede dirigirse a todos
los mortales, y es posible que Parménides haya impugnado a Heráclito, que habría tomado el
camino según el cual hay cosas que no son.132
23
negativos en el poema (ἀγένητον... ἀνώλεθρον... ἀτρεμές) y por la influencia de un «cliché»
homérico (Il IV, 26). En realidad debería decir ἠδὲ τελεῖον, «perfecto». Con esta enmienda se
logra una completa correspondencia entre el programa y los argumentos.135 Guthrie se decide,
no obstante, por la lectura original (única atestiguada en los manuscritos) y rechaza la
enmienda de Owen. Pero solo a condición de entender este «infinito» en un sentido nuevo,
diferente del uso homérico del término, que significa justamente «incompleto», «sin
terminar» y que contradice las ideas presentadas en el poema sobre los atributos de
perfección del ente.136 Raven sigue la lectura de Diels,137 pero Schofield sigue la conjetura de
Owen.138 Eggers Lan también sigue, al menos en el sentido, a Owen: traduce el vocablo como
«realizado plenamente».139
El primer signo de que se ocupa la diosa es el relativo a la relación del ente con el tiempo,
la generación y la corrupción. En el verso 5 del fragmento 8 afirma que el ente no fue en el
pasado ni debe ser en el futuro, sino que es enteramente ahora (νῦν ἔστι ὁμοῦ πᾶν). El pasado
y el futuro carecen de sentido para el ente, este es en un perpetuo presente, sin distinción
temporal de ninguna clase.140
Lo que sigue (vv. 6–11) es el argumento en contra del nacimiento o generación de lo que es.
Las primeras palabras («uno», ἕν, y «continuo», συνεχές) adelantan el contenido de otro
argumento situado más adelante sobre la unidad y continuidad (vv. 22–25). A partir de allí, se
pregunta ¿qué génesis le buscarías? Niega la posibilidad de que «lo que es» surja de «lo que
no es», puesto que
El sentido de los versos 12–13 es ambiguo, debido al uso de un pronombre (αὐτό) que puede
interpretarse como refiriéndose al objeto de que se viene hablando desde hace nueve versos,
«lo que es», o como refiriéndose al sujeto de la oración en que aparece: «lo que no es». La
primera alternativa fue propuesta por Cornford,142 y el sentido final de la frase sería: de «lo que
no es» no puede surgir algo que llegue a ser junto a «lo que es», o sea, otra cosa además de
24
«lo que es». Esta sentencia tendría el mismo contenido que la del verso 36–37: «nada puede
existir aparte de lo que es». Esta interpretación ha sido seguida por Raven, 143 pero rechazada
por Guthrie, porque introduce, según él, elementos ajenos al argumento sobre la generación y
la corrupción que domina el conjunto de la sección. Él interpreta como sigue: «de lo que no
es» no se puede generar más que «lo que no es».144 En este sentido, sería una de las primeras
versiones de la frase ex nihilo nihil fit, «de la nada nada surge», que además es un axioma
aceptado ya por los «filósofos de la naturaleza», como Aristóteles observa (Física 187a34).145
A lo largo del fragmento no aparece un argumento directo contra la corrupción, pero se puede
deducir de postular como excluyentes al «es» y al «no es» (v. 16), y rechazar al «no es» (vv.
17–18): el perecer involucra aceptar que «lo que es» podría «no ser» en el futuro. De la misma
manera, la generación implica que «lo que es» no ha sido en el pasado (vv. 19–20).146 Eggers
Lan, siguiendo a Szabó,147 ve aquí el más antiguo testimonio de una demostración indirecta,
por reducción al absurdo.148
Desde el punto de vista de la historia del pensamiento, realiza Parménides un verdadero logro
intelectual al distinguir aquí lo perdurable de lo eterno. Lo perdurable es en el tiempo: es igual
ahora que hace miles de años, o en el futuro. Así es como los antiguos pensaron en la
perdurabilidad del cosmos o universo físico, distinta de la eternidad de lo que es
(Platón, Timeo 38c2, 37e–38a). Si bien la eternidad fue postulada por los milesios —
Anaximandro dijo que su ἄπειρον era inmortal, eterno y sin edad— también habían pensado
que sus respectivos principios eran puntos de partida del mundo. Parménides, en cambio,
muestra que si se acepta que lo que es es eterno, debe ser uno, y no puede ser principio de un
mundo multiforme, de un orden de elementos plurales. Mucho menos de un mundo sometido
al devenir, como también Aristóteles expresa como opinión de los antiguos filósofos: «lo que
es no deviene, porque ya es, y nada pudo llegar a ser a partir de lo que no es»
(Física 191a30).149
En este pasaje Parménides niega dos ideas presentes en las cosmogonías y en las
especulaciones de los pensadores anteriores a él: la gradación de ser y
el vacío. Anaxímenes había hablado de la condensación y rarefacción de su principio (13 A 7),
acciones que, además de generar movimiento (que ya ha sido rechazado por Parménides),
supone asumir ciertos grados de densidad, pero atenerse estrictamente a «lo que es» impide
la intelección de este tipo de diferencias graduales de existencia.150 Con este argumento se
25
hace imposible la cosmogonía milesia, puesto que para que el cosmos surja del principio, este
debe tener alguna desigualdad de textura, falta de cohesión o equilibrio.151
También impide diferenciar cosas según su naturaleza, como había pretendido Heráclito (22 B
1).152 Pero sobre todo parece rechazar aquí la idea de vacío, que los pitagóricos consideraban
como necesaria para separar las unidades, físicas y aritméticas a la vez, de las que estaba
compuesto el mundo.153
Ilustra el pasaje de Odisea. XII donde el héroe se encuentra inmóvil, constreñido por
los lazos que lo sostienen al mástil de su nave. De esta manera cumpliría lo decidido por los
dioses: que regresara a su patria (Odisea. I, 82) a pesar de que el poderoso influjo del canto de
las Sirenas lo empujara a abandonar su ruta.
Estos predicados del ente son de especial importancia en el poema. Los intérpretes han
oscilado entre una interpretación de los términos como signando relaciones tempo-espaciales,
y una concepción del pasaje como metáfora para indicar notas netamente metafísicas.
Nota Guthrie que, en este pasaje, Parménides eleva su dicción a solemnidad épica y religiosa.
Dos de los finales de los versos están extraídos directamente de Homero (ἀμφὶς ἐέργει, v. 33
= Il. XIII, 706; Μοῖρ᾽ἐπέδησεν, v. 37 = Il. XXII, 5), y da un importante rol a las
divinidades Moira y Ananké. Estas diosas son las que mantienen el límite de «lo que es» con
lazos, de tal modo que permanezca inmóvil (v. 30 y 37). El uso del vocablo remite a la escena
26
de Héctor que, encadenado a su Destino, ha permanecido fuera de los muros de Troya (Il. XXII,
1–6).
Guthrie entiende que la razón de Parménides para sostener la idea de inmovilidad radica en
que «lo que es» es continuo e indiferenciable en partes, lo que le impide trasladarse como un
todo o cambiar internamente.158 Ya Platón había entendido que los eléatas negaban el
movimiento porque el Uno carecía de lugar donde pudiera moverse (Teéteto 180 d–e).
Pero Kirk y Strokes mostraron luego que la idea de la ausencia de vacío había sido expresada
por primera vez por Meliso de Samos.159 Eggers Lan sigue la línea interpretativa de estos
últimos y se decide abiertamente por una comprensión ontológica y no meramente física de la
idea de inmovilidad.160
En este atributo de lo que es, tiene un rol fundamental la idea de límite (πεῖρας). Está asociada
a la de lazos o cadenas, tales como aquellos con que fue atado Odiseo por sus compañeros
en Od. XII, 179. Estos usos mantienen la idea de una cierta privación de movilidad espacial.
Los versos 42 a 49 del fragmento 8 constituyen un problema específico. Porque allí Parménides
dice que el objeto de su investigación es «semejante a la masa de un balón bien redondo»
(εὐκύκλου σφαίρης v. 43). La palabra σφαίρης significa en griego clásico «lo que tiene forma
esférica». Por eso en la antigüedad tardía los comentaristas asumieron que Parménides
sostuvo la idea de un «universo esférico», como Hipólito,161 o incluso la de un «dios esférico»,
tal como postuló Aecio,162 solo para después confundir el aserto con una declaración sobre la
redondez de la Tierra.163 Esta forma de entender el pasaje «contagió» incluso la interpretación
del dios de Jenófanes, lo que vino a conformar una falsa prueba del vínculo de este pensador
con la escuela eleática.n. 6
Guiado por el uso de este léxico de resonancias espaciales, Burnet ha llegado a concebir a
Parménides como «padre del materialismo». Su ente sería un plenum corpóreo finito y
circular, sustancia primaria en la que se basó la cosmología posterior. Las características de
este ente no se perdieron del todo, ni en los elementos de Empédocles, ni en las homeomerías
27
de Anaxágoras, ni en los átomos de Leucipo y Demócrito.165 Werner Jaeger advirtió, luego, que
esta visión de Burnet representa un antiguo convencionalismo que consiste en ver a los
presocráticos como cultivadores de la ciencia natural y en destacar unilateralmente el lado
empírico de sus aportes filosóficos. La interpretación de Burnet (y la de Gomperz) depende, en
el fondo, del positivismo del siglo XIX y de su horror a todo desarrollo de la teología natural.166
Burnet señala con precisión que en la época de Parménides lo incorpóreo no era aún
conocido.167 Pero Raven indica que de esto no se sigue que Parménides quisiera describir un
cuerpo, y que su pensamiento estaba orientado a descubrir un lenguaje para lo
incorpóreo.168 Guthrie reflexiona en el mismo sentido: Platón fue el que acuñó las palabras
σωματικόν (sōmatikón, «corpóreo») y ἀσῶματον (asômaton, «incorpóreo»); sin embargo,
quedaron como poco frecuentes, frente a la cupla αἰσθητόν (aisthētón, «perceptible») /
νοητόν (noētón, «inteligible»), y, donde quiera que se los encuentre, estos términos son
equiparables a «corpóreo» e «incorpóreo». Pero fue Parménides quien estableció la distinción
αἰσθητόν / νοητόν, estableciendo a lo primero como irreal y lo segundo como real, y como
algo que no puede verse ni oírse, sino inferirse. Para Platón, por lo demás, también lo
incorpóreo es más real que lo corpóreo, y accesible a la dialéctica. Contra Burnet, se puede ver
a Parménides como el iniciador de su idealismo.169
Otro tipo de consideraciones van también en contra de la idea del ente parmenídeo como
material. La idea de límite está relacionada con «lo establecido por los dioses». Porque, en el
poema, uno de los argumentos a favor de la inmovilidad es el hecho de que «lo que es» no
puede ser incompleto, esto sería «ilícito»: οὐκ ἀτελεύτητον τό ἐόν θἔμις εἶναι (v. 32). El
término ἀτελεύτητον es usado en Il., I, 527: allí Zeus dice que aquello en lo que él asiente «no
queda sin cumplir». Esto equivale al «es perfecto» de Parménides (τετελεσμένον ἔστι v. 42).170
El uso de «límite» vinculado con el sentido de «perfección» o «consumación» también está
atestiguado en Il. XVIII, 501 y Od V, 289.171
El «límite» es, por lo demás, uno de los principios fundamentales de los pitagóricos, y
encabeza la columna izquierda de su Tabla de los opuestos (58 B 4–5 = Met. 986a23), columna
en la que se encontraban también, entre otros, lo Uno, lo Quieto y lo Bueno.172
28
refiere a la esfericidad, duda en optar por una interpretación literal o metafórica de los
términos, porque la idea de límite, interpretada espacialmente, implicaría que más allá de la
esfera habría un espacio vacío, y que esta idea ya fue rechazada, por lo que también aquí deja
abierta una posibilidad para pensar que Parménides no concibió a la realidad como esférica.
Sin embargo, culpa a Parménides de inducirnos a tal interpretación, por utilizar la metáfora del
límite de manera acrítica.174
Hoy también se sabe —y se tiene en cuenta— que, en la lengua homérica usada por
Parménides, σφαίρα no es otra cosa que un balón, como aquel con que jugaban Nausícaa y sus
siervas al llegar hasta ellas Odiseo (Od. VI, 100).175176 Los filólogos decididamente ven aquí una
metáfora, y aun cuando aceptan que la comparación legítimamente induce a sospechar, al
menos, que el ente parmenídeo podría ser pensado como una esfera, no es, en definitiva, ni
esférico ni espacial, teniendo en cuenta que es una realidad no perceptible por los sentidos, es
intemporal, no cambia de cualidad y es inmóvil. Los «límites» no son espaciales, sino un signo
de la invariabilidad.177 Los límites tampoco son temporales, puesto que esto involucraría
aceptar la generación y la corrupción. La comparación con la esfera viene exigida porque ella
representa una realidad en la que todo punto se encuentra a la misma distancia del centro, y
por lo tanto, ningún punto es más «verdadero» que otro. Es una imagen de la continuidad y
uniformidad del ente.175178
«Lo que es» y el inteligir, «lo que no es» y los nombres (vv. 34–41)
Los versos 34 a 36 y la primera mitad del 37 están vinculados al verso que constituye el
fragmento 3 y su sentido. Y esto se revela por el paralelismo de la construcción νοεῖν ἔστιν (fr.
3) / ἔστιν νοεῖν (fr.8, v. 34). El primer verso es interpretable de múltiples maneras.179
En cambio Diels, Von Fritz y Vlastos, entre otros, han pensado que el sujeto es
el infinitivo νοεῖν: o sea «el pensar». Diels y Von Fritz, 180 siguiendo la interpretación
de Simplicio, también han entendido que οὐνεκέν tiene valor causal o consecutivo (Guthrie le
da valor de mera conjunción), por lo que el sentido de este verso sería: «el pensar es lo mismo
que aquello que es causa del pensar».
29
En definitiva hay dos posibles interpretaciones:
1. aquella que sostiene que lo dicho aquí es que el pensar y el ser guardan una relación
de identidad.181
2. y la de que aquí se está repitiendo la idea del fragmento 3 n. 7 y la del verso 2 del
fragmento 2: Esto es, que el pensamiento solamente se revela y realiza en «lo que
es».182
En esta disputa, Cornford señala con acierto que en ninguna parte del poema Parménides
indica que su Uno piensa, y que ningún griego de su época habría sostenido que «si A existe, A
piensa». Más bien sostuvo que no puede existir el pensamiento sin algo que exista. 183 Owen
señala que Platón, en Sofista 248d–249a, insinuó que Parménides no se enfrentó con el
problema de si lo real posee vida, alma y entendimiento.184
Lo único seguro es que hay una estrecha relación de lo que es y el inteligir, a los cuales se
enfrentan las acciones de nacer y perecer, ser y no ser, cambiar de lugar o de color, que en
sentido estricto «son meros nombres» que los mortales han convenido en asignar a cosas que
son irreales, y luego se han persuadido de su realidad. El todo de estos nombres es el
contenido de la vía de la opinión.185
Simplicio, en su Comentario a la Física 30, 14, señalaba que en este pasaje Parménides
«transita de los objetos de la razón a los objetos sensibles». La diosa llama al contenido de esta
segunda parte βροτῶν δόξας (brotôn dóxas, «opiniones de los mortales», v. 51). Hay que tener
en cuenta que δόξα significa lo que parece real o se presenta a los sentidos; lo que parece
verdadero constituyendo las creencias de todos los hombres; y lo que parece correcto para el
hombre.186
El discurso no pretende ser «cierto», puesto que ya se ha dicho todo lo que se podía decir de
manera fidedigna. Por el contrario, lo que presentará será un κόσμος ἀπατηλός (kósmos
apatēlós, «orden engañoso»), puesto que presenta creencias como si estuvieran presididas por
30
un orden.187 No cabe duda de que, con esto, la diosa va a dar cumplimiento al programa que
figura en el fragmento 1, versos 28–32.n. 8
Los mortales han distinguido dos formas, πῦρ (pŷr, «fuego», v. 56) y νῦξ (nŷx, «noche», v. 59).
En relación con estos opuestos, la diosa dice que «los mortales han errado», sin embargo el
verso 54, que contiene el porqué del error, presenta tres posibilidades de traducción.
Textualmente dice τῶν μίαν οὐ χρεών ἐστιv. Estas tres interpretaciones agotan las
posibilidades del texto, y todas han sido apoyadas por especialistas.
1. La primera interpretación consiste en indicar que el error es nombrar las dos formas,
siendo que solo una debe nombrarse.
1. Aristóteles entendió que, una vez que Parménides consideró que fuera de lo
que es nada hay, se vio obligado a tener en cuenta los fenómenos, y para
explicarlos postuló opuestos: lo frío y lo caliente, o fuego y tierra, y que lo
caliente es «lo que es» y lo frío «lo que no es» (Met I 5, 986b30 = A 24).
2. Zeller tradujo el pasaje como «una de las cuales no debería nombrarse». Esto
significa que la otra existe y puede nombrarse.188
3. Burnet siguió esta interpretación, y añadió que estas formas pueden ser
identificadas con los principios pitagóricos del límite y lo ilimitado.189
4. Schofield refleja esta interpretación al traducir el pasaje «de las que
necesariamente no deben nombrar más que una».190
2. Frente a esta, otra interpretación indica que no se debe nombrar ninguna de las
formas.
1. Cornford, aun de acuerdo con Burnet en que los opuestos se refieren a la
cosmología pitagórica, tradujo: «de las cuales no es adecuado nombrar (ni
siquiera) una». Una razón para impugnar la traducción de Zeller es la de que
toma a μίαν (mían, acusativo femenino «una») con el valor de τῆν ἑτέρην (tēn
hetérēn, acusativo femenino «una de los dos»).191
3. La interpretación más aceptada indica que el error es no considerar estas dos formas a
la vez, sino nombrar una sola.
1. Simplicio, quien transmite la cita, pensó que el error consiste en no nombrar
ambos contrarios en la descripción del mundo físico. La oración diría
entonces «de las cuales no es adecuado nombrar una sola». La filología
moderna ha seguido esta interpretación en alguno de sus exponentes, tales
como Coxon y Raven.
31
2. El primero indica que Parménides sabe que partir de una única forma lo
conduce necesariamente a la uniformidad, puesto que de un elemento
solamente puede originarse él mismo. Comienza por dos formas, de manera
deliberada, para poder explicar no solo la multiplicidad, sino la contradicción
en el mundo.192
3. El segundo sostiene que, mientras que la aceptación de un opuesto, en los
objetos de la razón, nos conduce al rechazo del otro, en los objetos de los
sentidos la aceptación de un opuesto implica la aceptación del otro.193
4. La traducción de Eggers Lan sigue esta línea interpretativa: «de las cuales no se
puede nombrar a una sola». Hay que tener en cuenta, sin embargo, que este
especialista considera como idénticos al elemento «luz» de esta segunda
parte y al ente de la primera.194
Fränkel, aun decidiéndose por una interpretación textual que corresponde a la primera aquí
expuesta: «solo debe nombrarse una», lo hace sin que esto implique afirmar que una de
ambas formas sea más real que la otra. La Luz no debe identificarse con la primera vía. Los
hombres nombran dos formas, luz y noche, y este es el error, puesto que se debería nombrar
una, «lo que es».195Guthrie, que hace una recopilación crítica de todas las posiciones al
respecto, no encuentra convincente la objeción de Cornford y Diels a la traducción de Zeller,
puesto que la expresión de Parménides es irregular. También la traducción de Cornford estaría
mejor representada por la presencia textual de un οὐδὲ μίαν (udé mían, «ninguna») y la de
Simplicio y Raven por un μίαν μόνην (mían mónēn, «solo una»).196 Guthrie sostiene que
Parménides piensa que es ilógico aceptar, por una parte, que el mundo contiene una
pluralidad de cosas, y por otra, que esta pluralidad puede surgir de un solo principio.197
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Jaeger, siguiendo a Reinhardt,202 pensó que a Parménides se le presentó la necesidad de
explicar el origen la apariencia engañosa. Y no tuvo otro medio que el de narrar el origen del
mundo constituido por las apariencias, esto es, el de componer una cosmogonía.203 Owen
sostiene que el contenido de la segunda parte es un recurso meramente dialéctico, y que no
implica una afirmación ontológica.204
En el fragmento 8 han sido presentados los elementos que componen la oposición a la que se
puede reducir el mundo de la apariencia: φλογός αἰθέριον πῦρ (phlogós aitherion pŷr, «etéreo
fuego de la llama», v. 56) y νύξ (nýx, «noche», v. 59). En el fragmento 9, Parménides da un
paso más. Mantiene la denominación «Noche», pero presenta una nueva denominación para
el primer opuesto. Lo llama φάος (pháos, «Luz», v. 1). A este par se puede reducir todo el
mundo de lo sensible, y penetran ambos por igual toda la realidad. Las cosas pueden reducirse
a manifestaciones de estos opuestos.205 Se puede considerar que estas formas encabezan una
lista de opuestos, que sirven de cualidades a las cosas sensibles. 206 Ateniéndonos a los
fragmentos propios de Parménides, la tabla quedaría como sigue:
Ya para Simplicio estaba claro que el asignarle al fuego el atributo de agente (lo que había
hecho Alejandro de Afrodisias, en su Comentario a la Meteorología de Aristóteles, 31, 7 = A 7)
era un error (Física 38, 18–28). En la actualidad se duda mucho de la fiabilidad de todos estos
testimonios dependientes de Aristóteles,213n. 9
aun cuando reflejen creencias cosmogónicas
anteriores y no sea demasiado arriesgado considerar al fuego como lo activo y la tierra como lo
pasivo.206
El hecho de que la diosa indique (B 9) que todo (πᾶν, pân) está lleno (πλέον ἐστίν, pléon estín)
de ambas por igual (ἴσων ἀμφοτέρων, ísōn amphotérōn) ha generado ciertas reflexiones a
tener en cuenta. No es unánime el valor de ἴσων: Fränkel lo interpreta como «de igual rango»,
y excluye la posibilidad de que tenga un valor cuantitativo, 214 y en esto es seguido por Coxon
(equal in status)215 y Schofield, que agrega que este atributo de igualdad contradice la
interpretación de Aristóteles, según la cual una forma «es» y la otra «no es» (Met. 986b31).216
También Eggers Lan adhiere a esta comprensión, notando que la realidad sensible que
describe esta segunda parte del poema cumple con ciertos requisitos formulados en la primera
parte, tales como los de homogeneidad y continuidad.217 Guthrie, en cambio, sostiene que este
ἴσων puede también referirse a una igualdad en cantidad o extensión, apoyándose en una
expresión pitagórica (citada por Diógenes Laercio, en Vidas VIII, 26) donde se postula la
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igualdad de extensión (ἰσόμοιρα), en el cosmos, de luz y oscuridad; y en otra
de Sófocles (Electra 87): «¡oh, aire, que recubres por igual (ἰσόμοιρ') a la tierra!».218
La idea de agrupar bajo el par opuesto fundamental todos sus atributos tiene su paralelo en la
tabla de los opuestos de Pitágoras (58 B 4–5 = Met. 986a23). Por supuesto, en la tabla
parmenídea hay que excluir las oposiciones que no sean sensibles.207
La comparación con los opuestos pitagóricos llevó a John Burnet a postular que Parménides,
en esta segunda parte, lleva a cabo probablemente un esbozo de la cosmología
pitagórica.219 Raven se opone a esta interpretación, alegando que en Parménides no
encontramos ni los opuestos límite/ilimitado, ni alusiones a la ecuación «cosas = números», ni
encontramos comentaristas antiguos que digan que existen rastros de doctrina pitagórica en
su poema. En cambio, sí que se encuentran elementos completamente ajenos al pitagorismo,
como los «anillos» del fragmento 12. Por último, todos los comentaristas antiguos
consideraron la Vía de la Opinión como invención propia de Parménides.220
La diosa parmenídea presenta un orden cósmico que es sumamente difícil de reconstruir —en
esto se tienen en cuenta aquí el fr. B 12 legado por Simplicio en su Física, 39, 14 y 31, 13, y el
resumen de Aecio II, 7, 1 = fr. A 37—, debido a lo escaso y oscuro de los fragmentos, como lo
reconocen los especialistas. Raven indica que este sistema astronómico tiene escasa
importancia, y que es «virtualmente imposible» reconstruirlo.221 Guthrie directamente dice
que es imposible.222 M. Schofield opina exactamente lo mismo.223
34
Sin embargo hay algunas cosas para decir, incluyendo los testimonios antiguos, sobre el
contenido. Plutarco dice en adv. Colotem 1114b (B10) que, a partir de los opuestos originarios,
Parménides elabora un orden en el cual se incluyen la Tierra, el cielo, el Sol, la Luna, el origen
del hombre, y que «no dejó de discutir ninguna de las cuestiones importantes». Simplicio,
en de Caelo 559, 26 (B11), dice que Parménides también trató sobre las partes de los animales.
Platón lo pone al lado de Hesíodo como creador de una teogonía (Banquete 195c), y Cicerón
da noticias de que el poema contenía ciertas divinidades abstractas hesiódicas (Teogonía 223–
232), como el Amor, la Guerra y la Discordia (de Natura Deorum I, 11, 28 = A37).224
La identidad de esta diosa que mantiene los límites no es unívoca. Reaparece en otros dos
contextos: en el fragmento 12, citado por Simplicio, se le da el nombre indeterminado de
δαίμων (dáimōn, «diosa» o «demonio») y el rol de presidir el nacimiento y la atracción de los
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sexos. Plutarco (Amat. 756e–f) la llama Afrodita, antes de citar el fragmento 13, que la señala
como la madre de Eros.
El rol de la Necesidad en el sistema es comparado por los especialistas con aquel que Platón le
da en el mito de Er (República 616b–621d). Allí Platón la sitúa en el centro de ciertas torteras
dispuestas concéntricamente, representando cada una las esferas celestes que sostienen a las
estrellas fijas, los astros cercanos, los planetas, la Luna y el Sol.227228229 Guthrie también señala
que esta cosmología y la del mito de Er son de raíz pitagórica. En la cosmología pitagórica, el
centro del universo generalmente se identificó con Hestia (en los sistemas pitagóricos no
geocéntricos como el de Filolao) y con la Madre Tierra (en los sistemas pitagóricos
geocéntricos).230
1. El muro sólido que rodea todo, a veces ha sido identificado con el éter,231232 pero en
general pensado como distinto de todo otro elemento.233234
2. Un anillo ígneo, donde está la estrella matutina (Aecio indica que Parménides la
identificó con la vespertina, fragmento A40a). Algunos especialistas indican que este
anillo es etéreo, pero difieren entre sí en cuanto a la ubicación de otros astros: se
ubican aquí al Sol y los astros,233 o se entiende que se encuentran realmente en anillos
inferiores de naturaleza mixta.234
36
3. Los anillos de naturaleza mixta. El anillo superior de estos es el cielo propiamente
dicho donde se encuentra el Sol y, un poco más abajo, la Vía Láctea y, más cerca de lo
denso, la Luna.232234
4. Los anillos «densos», cuya substancia es la «noche». Muchos especialistas identifican
este anillo con la Tierra.232231234
5. Un anillo de fuego subterráneo.
6. Un centro sólido, identificado a veces con la Tierra,233 concepción que otros estudios
han criticado ampliamente.231234
Diógenes Laercio le atribuye a Parménides el que fuera el primero en sostener la idea de que la
Tierra tiene forma esférica y que está situada en el centro (Vidas, IX 21), pero él mismo cita
testimonios que afirman que fue Pitágoras y no Parménides el que sostuvo estas ideas (Vidas,
VIII, 48) y también de que fue Anaximandro (Vidas II, 1). Más allá de las evidentes dudas que
estas afirmaciones contradictorias generan, Guthrie cree que en esto Parménides siguió, en las
líneas generales de la descripción del mundo físico, a Pitágoras. También interpreta que la
palabra del fragmento 15a ὑδατόριζον (hydatórizon, «enraizada en el agua»), referida a la
Tierra, debe entenderse no en el sentido de la opinión de Tales de Mileto de que la Tierra
flotaba en el agua, sino más bien en como una alusión al mundo homérico, que ubicaba en
el Hades diversos ríos (v. Od. X, 513).235
Los fragmentos 14 y 15 se refieren a la Luna: «luz ajena (ἀλλότριον φώς) brillando en torno de
la Tierra» y «mirando siempre al Sol». Los testimonios antiguos creyeron ver efectivamente
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acá la observación de que la Luna refleja los rayos del Sol. Aecio atribuye a Parménides el
aserto (II, 26, 2 = A 42), pero no como su autor: ya lo había dicho Tales, y luego adhirieron a
esto Parménides y Pitágoras (II, 28, 5 = A42). Por otra parte, Platón le atribuye la idea
a Anaxágoras. Algunos especialistas modernos también creen que aquí se afirma que la Luna
refleja los rayos solares,223236 pero Guthrie indica que ἀλλότριος φώς es un giro homérico que
significa simplemente «extranjero», sin referencia a la luz (Il. V, 214; Od. XVIII, 219), por lo que
el fragmento 14 no contiene tal idea. Además, que no hay posibilidad de confirmar que alguna
de estas afirmaciones astronómicas sean realmente de Parménides: no solo los testimonios se
contradicen en la noticia de la autoría del descubrimiento, el mismo Aecio dice en otra parte
que Parménides pensó que la Luna era de fuego (A 43) —lo que implica que pensaba que tenía
luz propia—.237
En el fragmento 15a consta una sola palabra: ὑδατόριζον: «arraigada en el agua», adjetivo
referido, según su transmisor (San Basilio) a la Tierra. Remite, para algunos especialistas, a la
tradición homérica que concebía a Océano como origen de todas las cosas (Ilíada XIV, 246),238
para otros, a las raíces de la Tierra mencionadas por Hesíodo (Teogonía, 728) y Jenófanes (21 A
41), o bien a la idea de Tales según la cual la Tierra flota en el agua.239 Finalmente, a algunos les
parece innecesario considerar seriamente tal fragmento, en vista de la abundancia y riqueza
del resto del poema.240
Embriología
Una serie de testimonios (Aecio, Censorino y Lactancio en A 53 y A 54) señala que Parménides
se interesó por la embriología. Este hecho se ve confirmado por dos fragmentos, uno original,
que transmite Galeno (B 17), y otro traducido métricamente al latín por Celio Aureliano (B 18).
El primer fragmento referido (B 17) contiene una indicación sobre el lado en el que es
concebido cada uno de los sexos en el seno de la madre:
La explicación de los doxógrafos completa el cuadro: el sexo del embrión depende, por una
parte, del lado de donde se engendre en la matriz, y por otro, del lado de donde venga la
simiente del padre. Pero el carácter y los rasgos del ser engendrado dependen de la mezcla de
las potencias masculinas y femeninas (B 17). De tal suerte que:
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1. Si el semen proviene del lado derecho y se aloja en la derecha de la matriz, el embrión
será un hombre bien constituido y masculino.
2. Si el semen proviene del lado izquierdo y se aloja en la izquierda de la matriz, el
resultado es una hembra con rasgos femeninos.
3. Cuando el semen viene de la izquierda, y se aloja a la derecha del útero, da lugar a un
hombre, pero con rasgos femeninos tales como belleza destacada, blancura, pequeña
estatura, etc.
4. Si el semen tiene origen en la derecha y desciende a la izquierda del útero, esta vez
forma una mujer, pero con rasgos marcadamente masculinos: virilidad, altura
excesiva, etc.241
Schofield señala que aquí parece haber una influencia de Alcmeón de Crotona y su doctrina de
la salud, la cual era concebida como «igual distribución» (ἰσονομία) de las fuerzas (24 B 4).229
Eggers Lan cree ver que la mezcla de poderes está referida a los principios cosmológicos «Luz»
y «Noche».242 Esta concepción es opuesta a la posterior de Anaxágoras, que según Aristóteles
(de Generatione animalium, IV, I 763b 30) sostenía que solo la simiente masculina determina el
sexo.241
39
«lo que es».244 Vlastos sostiene que la identidad del sujeto y el objeto de pensamiento vale
tanto para el conocimiento de lo que es (B3) como para el conocimiento sensible, aunque
acepta que «lo que es» es «todo idéntico» (B8, v. 22), mientras que la estructura del cuerpo es
una mixtura de elementos diferentes,245 y que la preponderancia de la luz no justifica
físicamente el conocimiento de «lo que es». El modo de concebir un conocimiento puro no es
imaginando una situación en la que el cuerpo tenga más luz, sino que este sea de pura luz, y
esto es lo que Parménides realiza en el viaje relatado en el proemio. 246 Otros comentaristas no
están de acuerdo en transponer esta explicación «física» al plano de la vía de la verdad.
Guthrie247 y Schofield248 remarcan la pertenencia exclusiva de esta teoría al campo de lo
sensible, de la opinión mortal.
Final de la cosmología
El fragmento B 19, transmitido por Simplicio en su de Caelo, 558, 8-10, se ubica al final del
discurso sobre lo sensible. Reafirma los conceptos vertidos antes (fr. B 8, vv. 50-61): sobre la
estrecha ligazón de la cosmología con la opinión (v. 1), sobre la corruptibilidad de los
elementos del cosmos y su pertenencia al tiempo (v. 1 y 2), y sobre la constitución «nominal»
de este cosmos (v. 3).249n. 11
Platón, por medio de los personajes de sus diálogos, lo llama «el grande» (Sofista 237 a),
«padre» (241 d), hace decir a Sócrates que Parménides es «venerable y temible a la vez
(...) se me reveló en él una magnífica y muy poco frecuente profundidad de espíritu»
(Teeteto 183 e). Incluso reconoce con honestidad que no lo comprende completamente,
pues le hace decir también enseguida (184 a): "Temo que no estemos familiarizados con
sus palabras, y que lo que piensa sin decirlo nos rebase por completo".
Aristóteles reconoce que Parménides tiene una posición especial dentro de los primeros
filósofos, y lo distingue de los «fisiólogos» o filósofos de la naturaleza, puesto que su
pensamiento torna imposible el saber acerca de la misma (de Caelo 298b 14-
24; Física 184b15). A la vez, lo destaca del grupo de los monistas, por manifestar una
visión sobre lo Uno más profunda, según el concepto, y no según la materia (Metafísica,
986b10 - 30). Aristóteles responde al problema del cambio de Parménides con
su pluralismo ontológico250 («la expresión 'algo que es' se dice en muchos
40
sentidos»; Metafísica, 1003a33) y su distinción entre acto y potencia (Metafísica, 1045b-
1052a).
Hegel dice de él: «Con Parménides comenzó el filosofar auténtico; en ello hay que ver el
ascenso al reino de lo ideal. Un hombre se libera de todas las representaciones y
opiniones, les niega toda verdad y dice: solo la necesidad, el ser, es lo verdadero».251
41
Bertrand Russell escribió en Historia de la filosofía occidental: «Lo que la filosofía
posterior, hasta los tiempos modernos, aceptó de Parménides, no fue la imposibilidad del
cambio —que era una paradoja demasiado estridente—, sino la indestructibilidad de
la sustancia. La palabra sustancia no se da en sus sucesores inmediatos, pero el concepto
ya está implícito en sus especulaciones. Se suponía que una sustancia era el sujeto
persistente de predicados variables. Y así llegó a ser y fue durante más de dos mil años
una de las concepciones fundamentales de la filosofía, psicología, física y teología».256
Giorgio Colli presenta a Parménides como un sabio «todavía próximo a la época arcaica
del enigma y de su religiosidad» quien, ante la amenaza destructiva de la
argumentación dialéctica en su forma ¿es o no es?, habría optado por el ser para
salvaguardar la naturaleza divina y metafísica del mundo. Según Colli, «quizás no exista
otro pensador en quien a la exigüidad de los fragmentos transmitidos corresponda una
riqueza teórica igualmente ilimitada».257
Allan Hartley Coxon sostiene que frente a los otros presocráticos anteriores que
descubrieron los principios de lo que actualmente se conoce como ciencia, Parménides
fue el primer filósofo genuino del mundo griego, el fundador de la filosofía europea y el
primer metafísico propiamente dicho.258
42