0% encontró este documento útil (0 votos)
33 vistas10 páginas

Esencia y Función del Derecho en Sociedad

Introducción al derecho mediante un resumen

Cargado por

rojassilesvane
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
33 vistas10 páginas

Esencia y Función del Derecho en Sociedad

Introducción al derecho mediante un resumen

Cargado por

rojassilesvane
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Empezaremos por decir que el Derecho es un conjunto de normas de conducta bilaterales,

exteriores, heterónomas y coercibles. Pero acaso, ¿esto no es ya una definición? Tenemos el


género próximo:

El concepto “normas de conducta” -no hay que olvidar que las jurídicas son una especie de
dichas normas, y también la diferencia especifica: la que resulta de la concurrencia de las
características de la bilateralidad, la exterioridad, la heteronomía y la coercibilidad, y que nos
permite distinguir al Derecho, o sea la especie por definir, de todas las demás especies (moral,
religión, trato social) contenidas también dentro del mismo género “normas de conducta” a
que acabamos de aludir. Y así es en efecto, puesto que si en el Derecho están presentes las
cuatro mencionadas características, en los demás sistemas normativos faltan todas en la moral,
o tres como en la religión, ya que ésta sólo concuerda Derecho en la heteronomía, o faltan dos
o por lo menos una -1 2/14 civilidad como en los convencionalismos sociales.

Mas, acaso también, no palpita en ese conjunto de normas -las del Derecho- un “algo” que lo
convierte en valioso y que constituye la raíz de su ser, la razón de su existencia?

Si nos colocamos dentro de los lineamientos generales de la celeberri ma tesis kelseniana de la


Teoría Pura del Derecho de indiscutibles altísimos quilates por su innegable rigor lógico-
científico y brillantez y claridad de exposición-, podríamos afirmar que ese “algo” es del todo
innecesario para los fines de la operación conceptuadora a la que pre- tendemos arribar, ya
que, como bien se sabe, el purismo de la teoría -de ahí su nombre- consiste precisamente en
eliminar de la concepción del Derecho todos los elementos que le son ajenos, es decir, los no
jurídicos,

Sean del orden que fueren: filosóficos, sociológicos, psicológicos, etcétera. Pero si, como es
nuestra más arraigada convicción, el Derecho tiene ese “algo” que lo justifica, que lo hace
valioso y que constituye la raíz y razón de su existencia, puesto que si así no fuera habría
solamente la brutalidad del poder, un Estado de policía, de barbarie, pero no de Derecho;
tenemos necesariamente que llegar a la conclusión de que la antes mencionada concepción
que del Derecho dimos diciendo que es un conjunto de normas de conducta bilaterales,
exteriores, heterónomas y coercibles, no es una noción completa y precisa, una cabal y
esencial definición del mismo, sino una simple enumeración de sus características normativas,
que de ninguna manera nos permite penetrar su esencia, conocer el porqué de que exista, las
raigambres que lo sustentan y le dan vida, en dos palabras: su razón de ser.

Las reglas que integran un ordenamiento jurídico dice Rafael PRECIADO HERNÁNDEZ en sus
Lecciones de Filosofía del Derecho, páginas 255 y 256, 4/a. edición, México, 1965, deben ser
juzgadas en relación con el todo y no separadamente; y aun cuando algunas de ellas sean
notoriamente injustas, esto no invalida, a la luz del Derecho natural, al ordenamiento de que
forman parte. Sólo significa que tales reglas no constituyen normas auténticas. Se dirá: ¿pero
quién juzga de la justicia de una ley promulgada como norma jurídica? A lo cual contestamos:
la conciencia, puesto que es ella la que juzga de las realizaciones de la verdad, de la belleza, del
bien, y es en virtud de esos juicios reales y sinceros –no a base de juicios formales,
frecuentemente falsos como la humanidad avanza, por los caminos de la civilización y la
cultura, hacia la realización de su bien común integral. ¿Qué esas reglas pueden ser impuestas
por medios coercitivos? Ciertamente; pero la fuerza sólo presiona la periferia del hombre.
Recordemos el pasaje de Epitecto:
-Yo puedo, si quiero le dice el juez- encerrarte en la prisión. -Como a una piedra -replica el
filósofo -Y también puedo, si me place, mandar que te azoten. -Si, como a un asno. Pero ese no
es ni puede ser verdadero señorío

Sobre los hombres… Por todo ello, y para usar de las palabras de Edgar BODENHEIMER -Teoría
del Derecho, traducción de Vicente Herrero, página 333. México, 1964, tenemos que convenir
en que cuando hicimos la enumeración de las características de las normas jurídicas y
señalamos sus respectivas significaciones, lo que en todo caso realizamos fue una investigación
“del aparato formal de coacción”, pero que nada, en realidad, nos revela, dado que el Derecho
es también “un elemento de coordinación que surge naturalmente y constituye una condición
de vida de la colectividad”. (Trinidad GARCIA, Introducción al estudio del Derecho, página 1,
México, 1985.)

En otras palabras: el Derecho a la par que sistema coactivo y sancionador, es también sistema
de coordinación, de equilibrio entre los hombres, en cuanto a que marca un límite a su libertad
de actuar frente a la libertad de actuar de los demás. Es decir, que no sólo sirve para sancionar
a quienes vulneran sus preceptos, sino y esto es lo realmente importante, lo fundamental- para
mantener la armonía, el orden, la paz, entre quienes, viviendo en sociedad. necesariamente
entran en relaciones y pueden entrar en conflictos con los demás miembros del grupo social.
La finalidad del Derecho es la paz, el medio para ello es la lucha", son justamente las primeras
palabras con que Rudolf vox IHIRING inicia su célebre opúsculo La lucha por el Derecho,
traducción de Diego A. de Santillán, Puebla, 1957, y que no resistimos a transcribirlo porque la
oportunidad de la cita no puede ser mejor ni más ajustada al caso de su aplicación.

No olvidemos la tesis del zoon politikon del Estagirita, pues es innegable que es de la
naturaleza humana vivir en sociedad. Pero esa vida en sociedad es, indudablemente, una vida
de relaciones, en la que las actividades de los hombres se desenvuelven las unas al lado de las
otras, bien tendiendo a alcanzar propósitos independientes entre sí, o un común objeto en un
esfuerzo también común, bien persiguiendo por medios encontrados fines opuestos y dando
nacimiento a inevitables conflictos. (Trinidad GARCIA, ob. cit., página 1.)

Dos recuerdos, sigue diciendo el mismo autor, señalaremos de los que hay para la resolución
de estos conflictos... Es el uno la lucha entre las partes en pugna, hasta el triunfo de alguna de
ellas, impuesto por la presión de una mayor fuerza. Es el otro la imposición a los contendientes
de un elemento superior que fije los límites de la conducta de cada uno y concilie los intereses
a discusión. Este elemento es la norma o regla a la que forzosamente deben someterse los
hombres. El conjunto de las normas entendidas así, concluye, constituye el Derecho en su
sentido de manifestación social humana.

Pues bien, precisamente de lo anterior sacamos la conclusión de que cuando esos conflictos
surgen, el Derecho nos proporciona el medio eficaz de resolverlos. Mas como esta situación
que felizmente no es la normal, dado que si se compara el número de casos sometidos a la
decisión de las autoridades con el número de casos que no se someten a ella, aquél resulta
infinita, pero muy infinitamente inferior (Paul VINOGRA Dorr, en su Introducción al Derecho,
página 41 de la versión de Vicente Herrero, México, 1952, dice al respecto que "el número de
personas que pueden recurrir al mandato y la coacción es generalmente infinitesimal en
comparación con el de aquellas a las que hay que ordenar - pero sólo por la ley y
eventualmente que coaccionar); tenemos que preguntarnos por qué los hombres, en
situaciones normales (pues en las anormales del abuso del poder tiranías o graves desajustes
sociales originados en irritantes y profundas desigualdades siempre han tenido los recursos de
la rebelión armada y de las revoluciones) aceptan pacificamente ese orden impuesto por el
Derecho, y la respuesta necesariamente tiene que ser: porque consideran que en esto hay algo
valioso, no importan- do que el destinatario de la norma sea, inclusive, de una ignorancia
supina, pues entonces simplemente lo intuye, ya que quizá razonadamente o sin el quizá no
puede hacer la valoración correspondiente. Y así es en efecto, supuesto que no hay hombre,
por ignorante que se le su ponga, que no piense o intuya que si es libre de orientar su conducta
por donde lo desee, también piense o intuya que esa libertad tiene un limite: el respeto al
derecho de los demás. "No hacer a los otros lo que no se quiera que le hagan a uno, es la
primera regla de la justicia, en la cual se ve con razón el alma del Derecho", escribe Louis LE
FUR en la transcripción hecha en la nota 8 al estudio de J. T. DELOS, denominado Los fines del
Derecho: bien común, seguridad, justicia, incluido en el tomo de este mismo nombre en que se
recopilan las opiniones de los propios Le Fur y Delos, así como las de Radbruch y Carlyle,
traducción de Daniel Kuri Breña, 2/a. edición, México, 1958.

Por cierto que Lavy-ULMANN, en la bellísima página inicial de su ya citada obra La definición
del Derecho, invita a los juristas a "meditar con fruto" sobre el particular, en las siguientes
líneas que tampoco resistimos a transcribir y que recogen la que con sobra de razón el propio
Levy-Ullman llama "edificante anécdota" que "existe en el fondo común de las religiones y de
las filosofías":

En el interior de una ciudad, tomada al asalto por los bárbaros, un anciano se refugia para
abstraerse en sus oraciones o reflexiones supre- mas. Llega uno de los vencedores, y
cogiéndolo por los cabellos y blandiendo sobre su cabeza un cuchillo teñido en sangre, le dice:
"Vas a enseñarme tu doctrina durante el tiempo que yo pueda tenerme sobre un pie; pero
cuando me canse, el arma que esgrimo terminará tu discurso." "Es bien sencillo, respondió el
sabio: No hagas a otro lo que no quisieras que te hicieran à ti mismo. Y ahora, ya sabes tanto
como yo." Estupefacto, el guerrero retrocede, deja caer su cuchillo, y después se arrodilla ante
el anciano, subyugado, iluminado, convertido. Vale también recordar el célebre episodio de
Sans Souci, el famoso parque de Federico el Grande en cuyos confines existía el molino que el
emperador quería adquirir para extender aquél. Sucedió que un día el monarca encontrase al
molinero:

-Quiero tu terreno y tu molino. -No los vendo, señor. -Es que soy el Emperador!

-Y yo el molinero!

Amenazante el Emperador tronó: -Pues sabe que te los quitaré!

Y fue entonces cuando el muchacho, en respuesta, pronunció la inmortal y célebre frase: "Hay
Derecho en Berlín y jueces que harán justicia." O como dijo tajantemente, comentando el
episodio, el ilustre Piero Calamandrei, muerto ya por desgracia y de quien escuchamos la
reconfortante anécdota: "Ante la amenaza del poderoso se levanta la evidencia de la justicia,
raíz y razón de la cosa pública. Y del Derecho, agregamos nosotros.

Pues bien, cabalmente por todo ello es por lo que desde los puestos honrosísimos, pero de
grave responsabilidad, que la suerte nos ha deparado y cómo no va a ser grave la
responsabilidad de quien desde un sitial de la judicatura, y para usar de las hermosas palabras
contenidas en la protesta que al concluir el examen profesional se toma en nuestra Facultad al
sustentante aprobado, tiene en sus manos decidir sobre la fortuna, la honra, la libertad y en
ocasiones hasta sobre la vida de sus semejantes!- siempre hayamos sustentado el criterio de
que la función del juzgador no debe concretarse a resolver un negocio sin penetrar la realidad
del mismo, ya que sólo así puede lograrse la realización de la justicia, que es el valor
fundamental sobre el que descansa todo el Derecho y que en última instancia es la finalidad
suprema de éste, razón por la cual siempre también hemos sostenido que la justicia no debe
estar al servicio del Derecho, sino éste al servicio de aquella.

La justicia y el Derecho, Que el Derecho debe estar al servicio de la justicia y no ésta al servicio
del Derecho? Evidentemente. Pues lo que sobre todas las cosas interesa a todos es la
realización de aquélla, ya que es garantía de par entre los hombres y de orden en el Estado.
Pero, claro, nos referimos a la verdadera, a la auténtica justicia, a la que Rad bruch llama -los
fines del Derecho, página 93- justicia supra positiva, para distinguirla de la positiva, "más
exactamente de la legalidad", ya que ésta nos conduciría precisamente a lo contrario, puesto
que la estricta observancia de la ley implica la injusticia más sublevante: rummum tus, summa
iniuria.

Por eso también se habla de la justicia -jauténtica justicial- del caso concreto, que es nada
menos que la equidad, cuyo concepto clásico, acuñado por Aristóteles, no ha sido ni creemos
que pueda ser superado:

Lo equitativo y lo justo, dice el Estagirita -GARCIA MAYNEZ, Introducción, 14/a edición, página
373- son una misma cosa; y siendo buenos ambos, la única diferencia que hay entre ellos es
que lo equitativo es mejor aún. La dificultad está en lo equitativo, siendo justo.

no es lo justo legal, sino una dichosa rectificación de la justicia rigurosamente legal. Y también
por todo ello, es decir, porque debe huirse de las "injusticias sublevantes" a que puede
conducir la estricta observancia meramen te letrista de la ley, sobre todo si quien la aplica,
olvidándose que ante todo es hombre y no máquina de aplicación de las normas, tercamente
se encierra en la estrechez del gramaticalismo que a tantas y a tan graves aberraciones puede
conducir ('no hay que estar a la letra que mata sino al espíritu que vivifica", dice una sabia
máxima de interpretación) y porque en el amplísimo campo del Derecho -que no meramente
en el de la ley- siempre es posible encontrar jurídicamente la justiciera solución del caso
sometido a quien desempeña la augusta función de "decir el Derecho", o sea la función
jurisdiccional de jusdicere es por lo que con pasión sostenemos que el Derecho debe estar al
servicio de la justicia y no ésta al servicio de aquél. Por ello mismo no resistimos a transcribir la
siguiente leyenda que ostenta el frontispicio de la Corte de Nueva York: The true adminis
tration of justice is the firmest pillar of good goverment (La verdadera administración de
justicia es el más firme pilar de un buen gobierno). Tampoco resistimos a transcribir esta
bellísima página de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, de don Miguel DE
CERVANTES, 2/a. edición, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1940, página 556, en la que se con- tiene
parte de los conceptos que dio don Quijote a Sancho antes que fuese a gobernar la insula
Barataria y que son dignos, por todos conceptos, de figurar como cartilla de oración de
cabecera en la alcoba de to- dos los que en el mundo tienen la altísima misión de "decir el
Derecho":

Si acaso enviudares (cosa que puede suceder) y con el cargo mejorares de consorte, no la
tomes tal que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla; porque en
verdad te digo que de todo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuen- ta el marido
en la residencia universal, donde pagará con el cuatro tanto en la muerte las partidas de que
no se hubiese hecho cargo en la vida. Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener
mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las
lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la
verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades
del pobre.

Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al
delincuente: que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares
la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te
sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la
verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena: que los yerros que en ella
hicieres, las más veces serán sin remedio; y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu
hacienda..

Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de
sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu
razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la
pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable, sujeto a las
condiciones de la depravada naturaleza nuestra y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer
agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente: porque aunque los atributos de Dios
todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la
justicia. Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será
eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, casarás a tus hijos como quieres, títulos
tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes y en los últimos pasos de la
vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y
delicadas manos de tus terceros nietezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos
que han de adornar tu alma: escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo.....
Pero hay más: la sabiduría romana nos proporciona lecciones imperederas que no es posible
dejar de citar aquí. Justicia, dice la célebre definición de Ulpiano -PETIT, ob. cit., página 19, est
constans et perpetua voluntas jus suum cuique tribuendi (La) justicia es la voluntad constante y
perpetua de dar a cada quien lo suyo). Del propio Ulpiano es la fórmula misma página 19 de la
obra de Pr acabada de citar- relativa a los tres grandes preceptos del Derecho como él mismo
los llama, por más que no falten quienes afirmen que más que preceptos del Derecho lo son de
la moral: pero cualquier consideración aparte, no debemos olvidar lo de la pantonomia de la
ética. He aqui la formula: Juris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non leadere, suum
cuique tribuere (Estos son los preceptos del derecho: vivir honesta- mente, no dafiar a otro,
dar a cada quien lo suyo).

Y tampoco podemos dejar de hacer cita de los dos, sin duda, más gran des momentos de
nuestro viejo Derecho español: El Fuero Juzgo y Las Partidas, cuya sabiduria en la materia de la
justicia que nos ocupa es sencillamente, magistral, insuperable: El juez que bien quisiera oyr el
pleyto, deve primeramente saber la verdat... dice la ley xxi, título 1 del libro u del primero de
dichos ordenamientos -Edición de la Real Aca demia Española, Madrid, 1815- (El Fuero Juzgo
no es más que la compilación hecha en el año 554 de las leyes dictadas en España por los re
yes godos a partir de la calda del Imperio romano. A tal compilación se le conoció, entre otros
nombres, con el de Forum Judicum, escrito en latin. Pero cuando el rey San Fernando
conquistó de los moros la ciudad de Córdoba, le dio a ésta por ley dicho código latino visigodo
o Fuero de los jueces, mandándolo traducir al castellano por real disposición del 4 de abril de
1241 con el nombre de Fuero de Córdoba, y fue entonces cuando empezó a conocérsele "con
la bárbara denominación de Fuero Juzgo"-JOAQUÍN ESCRICHE, Diccionario razonado de
legislación y juris prudencia, voz "Fuero Jurgo", Paris, 1858). Por su parte las Leyes de las Siete
Partidas, también obra de compilación, ordenada por el rey Alfonso el Sabio y cuya redacción
duró siete años, de 1256 a 1263, no entró en vigor sino hasta 1848 durante el reina- do de
Alfonso XI-ESCRICHE, ob. cit., voz "Partidas", contiene en el título iv de la Tercera Partida, de la
ley xi que tomamos de la edición comentada por el doctor Joseph Berni y Catalá, Editorial de
los Herederos de Gerónimo Cornejos, Valencia, 1759, y que así dice: Verdad, es cosa que los
jugadores deben acatar en los pleitos sobre todas las otras cosas del mundo: e por ende,
cuando las partes contienden sobre algún pleito en juicio, deben los Jugadores ser acuciosos en
puñar de saber la verdad del, por cuantas maneras pudieren.... Cuando supieren la verdad,
deben dar su juicio, en la manera que entendieren que lo han de facer según derecho.

Digresión necesaria. Y ya que en el apartado anterior hemos hablado de que los jueces y ojalá
que ninguno de ellos lo olvidara- son, antes que jueces, hombres, queremos aprovechar la
ocasión para decirles a los destinatarios de este artículo lo que siempre hemos dicho y repetido
hasta la saciedad, como disco rayado, en nuestras modestas exposiciones de cátedra y en
cuanta oportunidad se nos presenta: que sobre todas las cosas hay que ser hombres, hombres
antes que juristas y antes que nada. Si, hombres en la más cabal y elevada connotación del
término. Hombres dignos, responsables, verticales, integros, humanos -válgase- nos, en aras de
su sublime significado, esta última expresión. Hombres que sepan vivir de pie y nunca de
rodillas, pero tampoco humillando jamás a nadie: hombres honorables, honrados, limpias las
manos de sangre y de oro; hombres leales, agradecidos, que nunca muerdan la mano que
generosamente les fue tendida para llevarles el pan material que mitigó su hambre o el
espiritual que levantó su ánimo cuando todo a su lado era angustia y dolor, soledad y temor:
hombres que no paguen con ingratitudes los favores recibidos ni con traiciones la fe puesta en
ellos; hombres que saquen siempre la cara y que cuando tengan necesidad de combatir lo
hagan de frente, sin hipocresía y sin temores: hombres que no agredan por la espalda ni tiren
la piedra y escondan la mano; hombres que amen al prójimo y a la verdad y, como en el
maravilloso poema "IF" de Rudyard Kipling, "no permitan torcerla al deshonor" y "al odio no
respondan con odio ni intriga": hombres que si, jueces o simplemente postulantes, no
reflexionen el Derecho por gracia, ni ante la fuerza, ni lo adulteren por dinero -Jus neque
inflecti gratia, neque perfringi po- tentia, neque adulterari pecunia debet-; hombres que, si
legisladores no cierren los ojos a la realidad ni los oídos a las seculares, pero siempre eternas,
humanas, divinas prédicas del Nazareno en favor de los desvaliidos, de los desheredados de la
fortuna, y no olviden que si según la sabia concepción aristotélica la política es la ciencia y el
arte del bien común, los débiles, los pobres, que infinitamente son los más, necesitan
protección y ayuda, que al fin, como ya lo dijo alguien, los ricos se pro tegen y defienden solos:
hombres, en fin, que en cualquier circunstancia en que los coloque la vida, tiendan a realizar la
justicia en todos sus aspectos, la social fundamentalmente, ya que todos los hombres, precisa-
mente porque lo son-cristianismo?, marxismo?- tienen pleno derecho a niveles de vida
realmente humanos y no a los, en ocasiones, infrahumanos en que a tantos y a tantos, y que
por desgracia son los más, mantienen sumidos las irritantes desigualdades impuestas,
consciente o inconscientemente, pero al fin impuestas, por el mal orientado poder eco- nómico
de los menos. En suma, hombre de bien, hombres buenos, huma- nos, válgasenos de nuevo la
al parecer redundante, pero en realidad harto connotativa expresión final. Y es por ello que
tampoco podemos dejar de transcribir la maravillosa frase de Guyau que José Enrique Roco, en
su no menos maravilloso Ariel -página 46, Editorial Novaro, México, 1957- pone en labios del
"viejo y venerado maestro, a quien solían llamar Próspero por alusión al sabio mago de La
tempestad shakeasperiana", cuando se despidió "de sus jóvenes discipulos, pasado un año de
tareas, congregándolos una vez más a su alrededor". "Hay una profesión universal, que es la
del hombre." Y nos otros agregamos: la más valiosa de todas las profesiones. Porque lo que
realmente vale en la vida es eso: ser hombre en ese cabal y elevado sentido del término a que
antes nos hemos referido y que ojalá tengan siempre presente nuestros amables lectores y
nuestros jóvenes alumnos. Los valores juridicos. Todo lo que en este ensayo hemos hasta ahora
expuesto, obviamente que ha tendido a presentar a la justicia como el valor jurídico
fundamental. Pero el "bien común" y la "seguridad jurídica" son también señalados por los
filósofos del Derecho como valores fundamentales de éste. Sólo que, como, a nuestro juicio,
únicamente un orden juridico eficaz y justo puede conceder seguridad a los miembros de una
colectividad de que sus personas y derechos, como dice Delos en Los fines del Derecho, "no
serán objeto de ataques violentos o que, si éstos llegan a producirse, les serán asegurados por
la sociedad, protección y reparación", y no es posible alcanzar el bien común si no es precisa.
mente a través de ese orden eficaz y justo, concluimos que la justicia es el supremo, el
auténtico valor juridico fundamental.

Nuestra definición del Derecho. En posesión de los datos esenciales que arroja el presente
trabajo en lo que hasta aquí tenemos visto, y tambien de las caracteristicas que de las normas
juridicas señalamos en lineas anteriores, creemos que la definición que del Derecho podría
darse, seria ésta:

El Derecho es un conjunto de normas de conducta bilaterales, exteriores, heterónomas y


coercibles, que señala limites a la libertad de actuar de los hombres que viven en sociedad, que
pacificamente se impone a éstos porque lo instituyen o consideran valioso, y que cuando es
violado amerita la imposición de una sanción por la misma sociedad organizada en Estado.

Justificación de la forma. Somos los primeros en reconocer que la anterior definición no es ni lo


breve ni concisa que debiera ser; pero no hay que olvidar que una de las reglas lógicas de toda
definición es que si ésta debe ser breve y concisa, nunca debe dañar la claridad, y que es
precisamente lo que pretendemos haber evitado al expresar en nuestra definición no sólo el
género y la diferencia específica, sino también la raíz y razón del Derecho; raiz y razón que al fin
y al cabo, y si bien se ven las cosas, no vienen a set sino la amplificación o complemento de
dicha diferencia específica. Justificación de fondo. Se dirá que la definición propuesta es
metasjurídica, porque al referirse a "lo valioso" está invadiendo el campo de la axiologia. Si,
responderíamos de inmediato, pero en todo caso invade el campo de la axiologia juridica. Y
además, ¿qué en verdad es posible señalar una "zona precisa de frontera" en este aspecto,
entre ontologia y axiologia juridica? Pues, ¿qué también de veras es posible calificar como
jurídico a un sistema de normas que por la sola fuerza y nada más que por la fuerza del Estado,
o de quien sea- se imponga a los hombres? Si asi fuera, estaríamos regresando pobre
humanidad!- al primitivo estado de barbarie en que no había derechos, sino sólo obligaciones
del débil frente al fuerte. ¿Y en dónde quedaría entonces la caracteristica de la bilateralidad,
que es la esencia misma de toda norma de Derecho y a tal grado que sin ella ninguna norma de
conducta puede aspirar al rango de juridica? ¿Y ello no sería en sí mismo contradictorio, y por
lo mismo violatorio de uno de los principios lógicos supremos-el de no contradicción- sobre el
que se sustenta todo el pensamiento humano? Paul VINOGRADOFF -ob. cit., página 54- ha
dicho, y con toda razón, que "es imposible dar una definición del Derecho basada
exclusivamente en la coacción ejercida por el Estado", pues "hay que recordar, dice más
adelante página 40- que más pronto o más tarde llegamos a un momento en el cual no se
obedece al Derecho por la coacción material, sino por otras razones". Y en otro lugar -página
31- afirma que no sólo hay que considerar al Derecho desde el punto de vista de su aplicación
coactiva por los tribunales: el Derecho depende en último término del reconocimiento. Tal
reconocimiento es un hecho clara mente juridico, aunque la imposición de una norma
reconocida puedadepender de una restricción moral, del temor a la opinión pública, o en
último término, del miedo a un alzamiento popular.

Por todo ello estamos plenamente convencidos de que la definición que proponemos, lejos de
rebasar el campo juridico, tiene su perfecto encuadramiento dentro de éste. Y más, estamos
convencidos de algo de mayor entidad: que si en la definición del Derecho no se hace
intervenir el concepto de lo valioso a que antes hemos aludido y en ella sólo se atiende al
concepto de la coerción, de la coacción, o de la sanción impuesta por el Estado, que es el que
en definitiva dicta o reconoce las normas jurídicas, estarianos justificando la entronización de
las tiranías, la brutalidad de la fuerza, el Estado de policia, mas nunca el Estado de Derecho. Es
cierto, si, que entre la fuerza y el Derecho no hay una incompatibilidad absoluta, sino antes
bien, ambos van cogidos de la mano y se complementan, Pues si es verdad que históricamente
aquélla precedió a éste, también lo es que al surgir el Derecho como elemento superior para
fijar los límites de la conducta humana y conciliar y en su caso resolver situaciones en pugna,
tuvo y tiene que apoyarse en la fuerza, ya que sin ella no podría imponerse y los encargados de
aplicario no podrían hacer se respetar. Sólo que ya no es, digamos, una fuerza irracional, sino
de orden superior, emanada de la sociedad organizada en Estado. IHERING, en la portada
misma, en la página inicial de su ya citado célebre opúsculo La lucha por el Derecho, explica
elegantemente este enlazamiento del Derecho con la fuerza, aludiendo a la conocida alegoria
de la justicia representada por la dama con la venda en los ojos y la balanza y la espada en las
manos:

El Derecho dice no es mero pensamiento, sino fuerza viviente.

Por eso la justicia lleva en una mano la balanza con la que pesa el Derecho y en la otra la
espada con la que lo mantiene. La espada sin la balanza es la violencia bruta; la balanta sin la
espada es la impotencia del Derecho, Ambas van juntas, y un Estado juridico perfecto impera
sólo alli donde la fuerza con que la justicia mantiene la espada, equivale a la pericia con que
maneja la balanta.

Estructura de las normas jurídicas. Habiendo ya señalado la naturaleza y las características de


las normas juridicas, nos toca ahora ver cuál es su estructura.

Pues, bien, si, como ya se sabe, éstas pertenecen a la categoria de juicios que expresan
deberes condicionados cuya actualización depende de la realización de ciertos supuestos,
resulta indudable que de acuerdo con esta concepción, toda norma juridica tiene dos partes,
como lo afirma Korkounov en la cita que de él hace GARCIA MAYNEZ en las páginas 14 y 15 de
su Introducción, 4a. edición. Hipótesis llama Kor- kounov a la primera de estas partes, o sea a
los supuestos previstos por el legislador de cuya realización depende la producción de las
consecuencias de Derecho, y disposición a estas consecuencias, o sea a la segunda parte de la
norma. Antes de seguir adelante precisa repetir aqui lo que ya alguien ha dicho: que no siendo
el Derecho una ciencia natural sino normativa, lo correcto es hablar de consecuencias y no de
efectos, como habitual- mente se hace, ya que el efecto siempre presupone la causa y es
propio de las ciencias naturales, mas no de las normativas, en las que por ello mismo no opera
como en aquéllas, el principio de causalidad. Pero lo cierto es que la palabra efectos ha tomado
carta de ciuda danía en el Derecho y es muy difícil desterrarla, pues lo común y corriente es
que se hable, verbigracia, de efectos del acto juridico, de efectos de la suspensión y del
amparo, de efectos de la cosa juzgada. etcétera.

También es preciso aclarar que no siempre una norma juridica se expresa en un solo articulo de
la ley, sino que a menudo acontece que se haga en dos o más. Por ejemplo, el caso de la
filiación de los hijos fuera de matrimonio: el artículo 360 de nuestro Código Civil dispone que
dicha filiación, respecto del padre, se establece, entre otros medios, por el reconocimiento
voluntario -hipótesis-, y el artículo 389 del propio ordenamiento señala cuáles son las
consecuencias de tal reconocimiento,

Es igualmente necesario aclarar que hay ocasiones en que la disposición no existe, como en el
caso y hay muchos otros más del presi dente de la República, que siendo responsable
únicamente, durante su mandato articulo 108, in fine, de la Constitución Federal- por traición a
la patria y delitos graves del orden común, si dejare de publicar una ley expedida por el
Congreso, en forma alguna podría sancionársele, no obstante que el artículo 72 de la propia
Constitución le impone aquella obligación, aunque tiene también el derecho del veto, pero
este derecho el Congreso siempre está en la posibilidad de superar -párrafos a, b, y c de dicho
articulo 72 constitucional. Y no se debe olvidar lo que antes dejamos dicho acerca de que "no
sólo hay que considerar al Derecho desde el punto de vista de su aplicación coactiva...".

Conceptos juridicos fundamentales. Desde otro punto de vista podemos decir, haciendo un
análisis más detallado de la norma juridica que en la estructura de ésta figuran los siguientes
datos formales: el sujeto, el supuesto, la relación, el objeto, el derecho subjetivo, el deber y la
sanción, Todos ellos son elementos de tal manera indis- pensables de la norma, que
constituyen verdaderas categorías jurídicas a las que por cierto se les ha llamado conceptos
jurídicos fundamentales, en razón de que sin ellos no es posible siquiera pensar en la existencia
misma del Derecho. Son, pues, comunes a todas las normas jurídicas, sea cual fuere la
naturaleza de éstas constitucionales, ad-

Ministrativas, penales, civiles, procesales, etcétera, a diferencia de los conceptos juridicos


especiales, que sólo son propios de determinadas ramas del Derecho, como por ejemplo el
concepto de huelga que es propio del Derecho del Trabajo, los conceptos de dotación o
restitución de ejidos, que son propios del Derecho Agrario, el concepto de contrato que lo es
del Derecho Civil y del Laboral, etcétera. También a dichos conceptos juridicos fundamentales
se les ha llamado necesarios, por la misma razón de que sin ellos no es posible concebir la
existencia del Derecho en ninguna de sus manifestaciones, en oposición a los conceptos
juridicos especiales, que se le ha llamado contingentes o históricos, dado que pueden aparecer
o desaparecer a través de la historia, sin que ello implique que aparezca o desaparezca el
Derecho, como por ejemplo el ya mencionado concepto de huelga que hasta hace unos
cuantos años se introdujo en nuestro Derecho Constitucional y en el Obrero, sin que por ello
podamos decir que antes de esa introducción no existiera entre nosotros el Derecho, y como
también acontece con el concepto de esclavitud, que indudablemente tuvo el carácter de
juridico en la época de los romanos y no porque en la actualidad ya no lo tenga podemos decir
que el Derecho no existe.

Pues bien, y volviendo a dichos conceptos juridicos fundamentales, brevemente diremos que el
concepto sujeto es fundamental dado que estando el Derecho destinado a regir la conducta de
los hombres que viven en sociedad es imposible pensar que éste exista si no hay hombres,
personas, a quienes pueda aplicarse. Si ya convenimos en que la norma jurídica expresa
siempre deberes condicionados, es decir, hipótesis de cuya realización depende que se
produzcan las consecuencias juridicas, es también evidente que el supuesto es un concepto
jurídico fundamental. También lo es la relación juridica, en tanto que siendo caracteristicas de
la norma de Derecho la bilateralidad a la que oportunamente hemos hecho referencia, resulta
claro que la propía norma, sea cual fuere su naturaleza, siempre establece un vinculo entre el
sujeto activo y el pasivo, es decir, el sujeto facultado y el sujeto obligado. Pero como entre
ambos sujetos se intercala siempre un objeto, entendiéndose por éste la conducta que el
sujeto activo está facultado a exigir y el sujeto pasivo obligado a cumplir, también llegamos a la
conclusión de que dicho concepto es igualmente un concepto juridico fundamental, como
igualmente lo son el derecho subjetivo y el deber juridico, justamente por que son los dos
elementos en que se puede descomponer la relación juridica, refiriéndolos, respectivamente,
al sujeto activo y al sujeto pasivo. Y como, por último, la actualización del supuesto consiste en
la producción de consecuencias que la norma jurídica atribuye a la observancia o inobservancia
de lo preceptuado por ella, que es estrictamente en lo que consiste la sanción,

También concluimos que dicha sanción jurídica es un concepto funda-Mental de Derecho.


Aclaración pertinente. No queremos cerrar este trabajo sin dejar constancia de que el
señalamiento en número de siete de los anteriores conceptos juridicos fundamentales, está
hecho siguiendo a PRECIADO HERNÁNDEZ -Capítulo var de sus Lecciones de Filosofia del
Derecho-; Ni tampoco sin dejar aclarado que no es una misma la opinión de los

Autores al respecto, En efecto, y sólo para hablar de los nuestros, GARCÍA MÁYNEZ -ter cera
parte de su Introducción- estima que dichos conceptos son cinco: el supuesto, el derecho
subjetivo, el deber juridico, la persona y la sanción; ROJINA VILLEGAS-titulo 11 del tomo i de su
Derecho Civil- que son: a) el supuesto juridico, b) las consecuencias de derecho, dentro de las
cuales agrupa al derecho subjetivo, al deber jurídico y a la sanción; c) la cópula “deber ser”; d)
los sujetos de derecho o per- sonas jurídicas; e) los objetos de derecho o formas de conducta
juridicamente reguladas, y f) las relaciones juridicas; mientras que Oscar MORINEAU -páginas
41, 52 y 53 de su obra El estudio del Derecho, 1953 enumera los siguientes: a) el deber ser; b)
el supuesto: c) la exterioridad; d) la bilateralidad; e) la consecuencia, considerando que dentro
de estas consecuencias como conceptos jurídicos fundamentales sólo deben quedar
comprendidos el derecho subjetivo y el deber jurídico, pero no la sanción “por encontrarse
solamente en las normas sancionadoras” y no en todas las normas de derecho; f) el sujeto; g)
el objeto, y h) la relación jurídica.

También podría gustarte