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A Romero

Plantas Medicinales

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Vamos a transcribir a continuación algunas notas que encontramos en la publicación lectura de

música colombiana volumen uno realizada por el Instituto distrital de cultura y turismo de
Bogotá. En la página 191 encontramos algunas referencias al maestro Alvaro Romero Sánchez
que transcribiremos a continuación.

Hasta hace pocos años la costumbre de bailar Bambuco, pasillos, torbellinos, danzas, valses,
etc. Que nuestros campos y aldeas, era una parte de la vida comunitaria. Hoy sólo está
circunscrita unos cuantos lugares. Se han ido perdiendo las vivencias. La avasalladora influencia
de la música llamada “tropical“, de ritmos fuertes y excitantes, ha cambiado por completo el
gusto de las gentes y, poco a poco, ha determinado que la música típica de la zona andina deja
de tener su carácter de bailable y se torne en música para escuchar. En el manejo de los ritmos,
los instrumentos de cuerda pierden la batalla contra los de percusión.

Con todo, lo que es un aspecto tan importante se presenta como negativo, en otro, tal vez no
lo sea tanto. La cultura evoluciona siempre, aunque unas cosas tiendan a desaparecer y otras a
renovarse. En ciudades como Bogotá, Cali, Medellin, Tunja, Manizales, Buga, Popayán,
Bucaramanga, Vélez, para citar unos ejemplos, las formas de interpretación instrumental de la
música colombiana están siendo objeto de un tratamiento académico. Cada vez son más los
artistas que recibe información regularizada y cada vez son más severas las exigencias que se
imponen en el manejo musical, cuando se trata de espectáculos para el escenario o para la
difusión pública. Hay una tendencia acabar con la improvisación, y muchos arreglistas y
compositores están buscando nuevos recursos interpretativos extraídos de las fuentes
tradicionales, para abrir el ámbito de posibilidades. De cualquier manera, y en el terreno de la
actuación vocal y de la instrumental, la música de la zona andina ha sustituido y se ha
enriquecido por su compromiso sustancial con la melodía y, desde luego por su alta calidad
lírica.

¿Qué es un tío instrumental?

La presencia en el trío de tres instrumentos diferentes, con papeles bien definidos, es una
conquista técnica de la música nacional, en la cual se reflejan los modos tradicionales de
ejecución que se definieron y purificaron con el tiempo en torno a cada instrumento. La
Bandola tienen a su cargo el papel del canto, es decir, de las voces más altas y variadas, y por
lo tanto, le corresponde elaborar y adornar el tejido melódico, procurando el mayor relieve
sonoro. Su escala de vibraciones es elevada, y por sus cualidades tonales, la función que ejerce
es gratificante y emotiva. Es el equivalente en la tradición europea a la bandurria española, de
la cual proviene; a la mandolina italiana, a la Balalaika Eslava, en fin. La antigua “lira”, símbolo
de la alegría y el espíritu peculiares del ser latino.

La guitarra, que realiza el apoyo armónico en el trío, no solamente sirve de “Marc Anthony”
para inducir el golpe rítmico, sino que adorna y complementa el trabajo de la Bandola,
haciendo contraste y llenando espacios musicales que son típicos de los acompañamientos. Es
decir, tiene su propia “voz “. En la ejecución del ritmo del Bambuco, la guitarra es de suma
importancia, porque con sus notas bajas (primeras y segundas), y boca antiguas resonancias de
tambor que se usaban para bailar, y que hoy todavía es un perceptibles en el “rajaleña” del
Tolima y del Huila, o en “la caña“, ritmos que contribuyeron a la formación del toque del
Bambuco.

Y el Tiple, con su sonido particular y el “zurrungueo” (modo típico de producción de los


acórdeste es exclusivo de la música colombiana cierra paréntesis, ejerce su presencia mestiza
de valor profundamente tradicional. Aunque en cualquier momento se le permita lucirse con
un “punteado” para dibujar fraseos melódicos, su labor es de puro acompañamiento. Debe
sostener el golpe rítmico, para dulcificarlo y darle sabor identificativo de acuerdo con los usos
ancestrales. Sin el tiple, el trio no adquiere sabor de Colombianidad.

Este preámbulo nos permite hablar ahora de una de las agrupaciones más importantes en la
historia de la música colombiana: el Trio “Morales Pino”.

Crónica de los inevitable

Apoco de haber transcurrido la primera década del presente siglo, vivía en Cali, en el llamado
“callejón del matadero”, Don Julio César Romero, músico ejecutante de la bandola y el violín,
con su esposa, doña Enriqueta Sánchez de Romero, que no era ajena a las preferencias
musicales de su marido. Tuvieron siete hijos de los cuales seis siguieron de ruta marcada por
sus progenitores. Cuatro de ellos alcanzaron una alta figuración en la vida musical de la ciudad:
Alvaro, Alberto, Arístides y Asnoraldo.

Don Julio Cesar, como director que había sido de varios conjuntos, creó con sus hijos una
verdadera orquesta y le puso el nombre de “Lira del Valle“ en la cual actuaba también un
contrabajista Bugueño de apellido Echeverri. Varios años duró esta empresa musical. En alguna
ocasión, el conjunto familiar, fue identificado como “Los Romeros”. De los muchachos, Alberto,
nacido en 1904 y fallecido a los 33 años, (se le recuerda como autor de los Bambuco “ Blanca
Cecilia“ y “Palito en boca“, del pasillo “ Vino blanco“ y del vals “ A orillas del Tuluá, Aristides, el
mayor de todos (vino al mundo en 1889 y compuso el aire español “ Romerito de mi huerto“,
los pasillos “ Mi valle querido“, “ Romería“, “ Lilian“; el Bambuco “ Pilarica“ y la danza “ Maricel
Estrada“), Alvaro y Asnoraldo, llegaron a tener una dilatada fama como compositores y
ejecutantes de diversos instrumentos. El último, aunque dominaba el tiple y, la guitarra y la
Bandola, no llegó a expresarse en el pentagrama.

Álvaro, nacido en 1909, había revelado desde muy niño su vocación musical, en términos fuera
de lo común. Bajo la guía de su padre, en la escuela de “tocar juntos”, se hizo guitarrista, pero
en el transfondo del intérprete estaba el compositor. Su primer pasillo lo tituló “Mentolatum”,
y lo dedicó a su madre, que estaba enferma de un fuerte catarro. Desde aquel momento, hasta
hoy, Álvaro Romero Sánchez no ha dejado de componer música, ni ha dejado de tocar la
guitarra. Estudió teoría musical y armonía con el profesor Guillermo Quijano y hasta empezó a
aprender el clarinete en la banda de música de Tuluá; Pero su destino estaba marcado por su
inclinación a los instrumentos de cuerda. Es uno de los casos de fecundidad artística más
prodigiosos que se conocen en Colombia. En opinión de Diego Estrada, el maestro ROMERO es
dueño de más de 2000 obras, la mayor parte de las cuales se encuentran inéditas, en poder de
personas a quienes él las ha confiado.

En la “Lira Granada”, de don julio Galeano, en Cali Romero, continuó su contacto con el público,
llegando a ser una de las guitarras acompañantes más codiciadas. Durante un tiempo trabajó
en Popayán, donde dirigió una estudiantina de 18 ejecutantes. Ya antes había pertenecido a la
planta de profesores del Instituto Popular de Cultura, de la capital del Valle. En Bogotá, fue
instructor de guitarra de la academia “ Luis A. Calvo” (1975), y en Manizales estuvo por corto
lapso al lado del inolvidable, maestro Ramón Cardona, de Marco Tulio Arango y de Polo
Tavares, en el Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas.

Pero su mayor inclinación estaba enfocada hacia el trabajo del grupo. Formaba conjuntos,
colaboraba en una u otra forma, hasta que por allá en 1950, cuando se codeaba con músicos
veteranos, como Lisandro Varela, Plinio Herrera, timaran, Heriberto Sánchez y peregrino
Galindo,, resolvió integrar un conjunto que satisficiera su ideal, y lo bautizó con el nombre de
“Trío Morales Pino”, en el cual Romero conservaba el papel de guitarrista, Heriberto Sánchez,
el de la bandola, y peregrino, Galindo, tocaba el tiple. El conjunto comenzó a disfrutar de los
honores del triunfo desde el primer momento. Representaba el modelo de actuación más
apetecido en el valle del Cauca, y encajaba en el estilo de espectáculo de aquel tiempo. Más
tarde, al separarse Heriberto Sánchez, del trío, lo reemplazó Plinio Herrera Timarán, nariñense
emérito, a quien Romero calificó en su tiempo como “ el mejor bando lista de Colombia”.
Dos hechos importantes más se suman a la vida de Álvaro Romero: el haber contribuido a
fundar la “ Estudiantina Colombia”, uno de los organismos musicales, de mayor entidad que
tenemos en nuestro país, y el haber sido miembro del Trío “ Tres Generaciones” en 1978, con
Benigno Núñez (“ el Mono Nuñez), en la bandola, y Gustavo Adolfo rengifo, en el tiple, con
quien grabó el primer disco de la serie destinada a divulgar la obra de compositores
vallecaucanos, bajo el patrocinio de la Fundación Pro Música Nacional de Ginebra.

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