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FEDERACIÓN DE IGLESIAS EVANGÉLICAS PENTECOSTALES

“RETORNO DE CRISTO”
INSTITUTO BÍBLICO DE LOS ANDES
LA REFORMA ESTADO TACHIRA
TECNICO MEDIO RIF: J-501862877

ESPÍRITU
SANTO

Docente: MSC. Pastor: Jesús Pernía


EL ESPÍRITU SANTO

Hechos 1:8. El espíritu Santo es la tercera persona de la Deidad, no es un mero


poder ni una expresión figurada de la energía Divina. Su presencia en la iglesia es
más deseable que la presencia corporal y física de cristo, como lo enseña el
evangelio de juan 1:7. (conviene que yo me valla). La presencia corporal de Jesús
era limitada no podía estar en dos lugares a la vez; pero el Espíritu Santo puede
estar en todo lugar y todos los días hasta el fin del mundo.

¿QUIEN ES EL ESPIRITU SANTO?


Algunas personas insisten en que el Espíritu Santo es una influencia, un poder o
una fuente de energía espiritual dada por Dios. Otros lo ven como un fantasma
que entra en nosotros o sale a voluntad. Y hay otros que lo imaginan como una
especie de mago cósmico, evasivo y vago, que llega misteriosamente a nuestras
vidas para hacer que sucedan cosas religiosas y luego se va tan rápido como
llegó.

Sin embargo, la Biblia dice claramente que el Espíritu Santo es una persona que
vive dentro de cada cristiano. También enseña que es Dios, la tercera persona de
la Trinidad.

Es una persona. Las Escrituras nos dan cinco evidencias claras de que el
Espíritu Santo es una persona que vive, no una fuerza mística ni un poder extraño.

1. La biblia se refiere al Espíritu Santo como a “Él”. Jesús se refirió al Espíritu


Santo como a “Él”. Prometió a sus discípulos: “Y yo rogare al Padre, y os
dará otro Consolador, para que (el Espíritu Santo) este con vosotros
para siempre” (Jn 14:16)
2. El Espíritu Santo tiene inteligencia. Conoce “lo profundo de Dios” y nos
lo revela (1 Co. 2:10-11). Solo una persona tiene ese tipo de inteligencia.
3. El Espíritu Santo toma decisiones. Da dones al pueblo del Señor
“repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11).
Solo un ser personal puede tomar decisiones.
4. El Espíritu Santo tiene emociones. Siente amor (Ro 15:30) y dolor (Ef.
4:30). Una influencia no puede sentir emociones como estas.
5. El Espíritu Santo está activo. Hace cosas que solo una persona puede
hacer: habla (Ap. 2:7), Intercede (Ro 8:26), Enseña (Jn. 14:26), Guía (Ro
8:14), Designa (Hch. 20:28), y da poder (Hch 1:8)

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Es Dios. La Biblia también se refiere al Espíritu Santo como Dios. Es la tercera


persona de la eterna Trinidad, uno con el Padre y con el Hijo. Los diferentes
factores muestran su Deidad:

1. Su Nombre aparece en igualdad con el Padre y el Hijo en la fórmula para el


bautismo y en algunas oraciones del Nuevo Testamento (Mt 28:19; 2 Co.
13:14).
2. El apóstol Pedro dijo que el Espíritu Santo era Dios. Cuando se descubrió el
pecado de Ananías, Pedro le dijo que había mentido al Espíritu Santo.
Prosiguió diciendo “No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch
5:3-4).
3. Al Espíritu Santo se la llama “Señor” (2 Co. 3:17-18).
4. Posee cualidades que pertenecen solo a Dios: eternidad (He. 9:14), la
capacidad de estar en todas partes al mismo tiempo (Sal. 139:7-10), poder
soberano (Lc. 1:35,37) y el conocimiento de “las cosas de Dios” (1Co. 2:10-
12).

La Biblia enseña que el Espíritu Santo, quien vive dentro de todo cristiano, es una
persona y es Dios. Admitimos que no podemos comprender el gran misterio de
cómo el Espíritu Santo puede vivir dentro de nosotros. Pero no tenemos que
entenderlo, solo tenemos que confiar en que lo que dice la Biblia es verdad.

¿QUIÉN PUEDE SER LLENO EN EL ESPÍRITU SANTO?

Todo creyente debería desear ser lleno del Espíritu Santo. Pero al escuchar como
hablan algunos, uno podría quedarse con la impresión de que eso está reservado
solo para personas privilegiadas, espiritualmente sensibles y especiales. Sin
embargo, estamos convencidos de que la llenura del Espíritu Santo es para todos.
Pero hay dos prerrequisitos importantes:

Primero: para experimentar la llenura del Espíritu Santo una persona debe haber
nacido de nuevo. Este nuevo nacimiento es dado por el Espíritu Santo. Cuando
Jesús dijo a Nicodemo que tenía que nacer de nuevo, describió esa experiencia
como “ser nacido del Espíritu” (Jn. 3:6). Más tarde dijo a sus discípulos: “El
Espíritu es el que da vida…” (Jn 6:63).

Cuando el Espíritu da esta nueva vida, también entra en el nuevo creyente para
vivir ahí permanentemente, para morar en él. El que no tiene al Espíritu Santo
morando dentro de él, no ha nacido de nuevo (Ro 8:9). Debemos tener en cuenta
que la morada del Espíritu Santo. no es lo mismo que la llenura del Espíritu.

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Segundo: la llenura del Espíritu Santo es sólo para los creyentes que quieren ser
llenos. Aunque él mora en todos los creyentes, no los llena solo por estar
presente. Para ser obediente al mandato de ser lleno del Espíritu (Ef. 5:18) una
persona debe querer la llenura del Espíritu y luego estar dispuestas a ceder a su
control.

¿QUE ES LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO?

La llenura del Espíritu Santo es la influencia o el control que este ejerce sobre
nosotros cuando nos entregamos a Él. El Espíritu de Dios, quien nos ha dado vida
nueva y ha hecho su residencia en nosotros, quiere llenar nuestras vidas con su
bondad y poder. Quiere controlarlas. Aun así, no usa su poder como Dios para
abrumarnos; más bien nos llena únicamente cuando nos sometemos a Él.

En este sentido, entonces ser lleno del Espíritu Santo significa que nos hemos
colocados bajo su influencia y control. Nos hemos entregado a Él, dejándole que
tome el control de nuestras vidas.

A menudo hablamos de algo que llena tanto la mente de una persona, que influye
fuertemente en todo lo que esa persona piensa o hace.

Ser lleno de algo, por tanto, significa estar bajo su control. Esta verdad se afirma
claramente respecto al Espíritu Santo en Efesios 5:18. “no os embriaguéis con
vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Pablo uso
esta analogía porque una persona que se intoxica con alcohol se coloca bajo su
influencia o control. De la misma manera, un cristiano que se somete a la guía del
Espíritu Santo que mora en él, se coloca bajo su influencia o control.

El día de pentecostés la gente que escucho a los apóstoles hablar en idiomas que
nunca habían aprendido los acusó de estar borrachos.

Ser lleno del Espíritu Santo es, pues, estar tan influenciado, controlado y
permeado por él, que reflejamos el carácter moral de Dios y seamos fortalecido
por su poder. Como resultado, habrá en nosotros amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, virtudes a las que Pablo se
refirió como el “fruto del Espíritu” (Gal. 5:22-23).

¿CÓMO PUEDO SER LLENO DEL ESPÍRITU SANTO?

Pablo mando a los creyentes de Éfeso – y a todos los creyentes-- a que fuesen
“llenos del Espíritu” (Ef. 5:18).

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Pero, ¿Cómo podemos obedecer este mandamiento? ¿Qué debemos hacer para
dejar que el Espíritu Santo nos llene constantemente? ¿Cómo podemos ser llenos
del Espíritu Santo?

Bueno, sabemos lo que es estar llenos de emoción o de felicidad. La emoción o la


felicidad permean tanto nuestros pensamientos y sentimientos que nos dominan y
eso influye en todo lo que se hace.

Cuando Pablo nos dijo que fuésemos llenos del Espíritu, nos estaba diciendo que
le dejásemos llenarnos tanto, que todo lo que pensásemos o hiciésemos estuviese
influenciado o controlado por él.

Pero la pregunta crucial es: “¿Cómo?” La parte de Dios es clara: Él nos va a


llenar. Pero ¿Cuál es nuestra parte? Ser llenos del Espíritu Santo implica cuatro
cosas esenciales, debemos:

1. Ser Cristo-céntricos.
2. Estar en la Palabra.
3. Ser sumiso.
4. Tener confianza.

1.-SER CRISTOCÉNTRICOS: el primer elemento esencial para ser llenos del


Espíritu es centrar nuestras vidas en Jesucristo. Él debe ser el punto central de
nuestros pensamientos y aspiraciones. En todo lo que hagamos, debemos seguir
su ejemplo y hacer su voluntad conscientemente. Cuando somos Cristocéntricos
agradamos al Espíritu Santo porque eso es lo que Él quiere que hagamos. De
hecho, Jesús dijo: “Él (el Espíritu Santo) me glorificará; porque tomará de lo
mío, y os lo hará saber” (Jn. 16:14).

Siempre que centramos nuestra atención en Cristo, él Espíritu Santo está en


estrecha asociación con nosotros. Él Espíritu se agrada cuando estamos
glorificando al Señor. Podemos glorificarlo:

 Participando en la cena del Señor para recordar a Cristo en su sufrimiento y


muerte por nuestros pecados. (1 Co 11: 23-26).
 Teniendo a Cristo como ejemplo (Jn. 13:15; Fil 2: 5-11; 2 P 2:21-24)
 Anhelando conocer mejor a Cristo, para que podamos parecernos más a Él.
(Fil 3:10-14).
 No teniendo miedo a morir porque esperamos con ansias estar con Cristo.
(2 Co. 5:8; Fil 1:21-23; 2 Tm 4:6-8).
 Viviendo en espera del día en que compareceremos “ante el tribunal de
Cristo” (2 Co 5:10).

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 Encontrando consuelo en el hecho de que Cristo es nuestro intercesor en


los cielos. (He 4:14-16)
 Purificándonos del pecado porque vivimos a la luz del regreso de Cristo (1
Jn 3:2-3)
 Anhelando que Cristo gobierne toda la tierra (Is. 2;1-4; Ap. 20:1-4)
 Regocijándonos en la seguridad de que todo ser mortal en el universo de
Dios se inclinara ante Jesucristo y confesara que Él es el Señor. (Fil 2:9-11)

El Espíritu Santo no quiere ser objeto de la atención general para que Cristo reciba
la honra. Él se agrada cuando alabamos y adoramos al Señor Jesús. Nos ve como
socios con Él glorificando a Cristo.

2.- ESTAR EN LA PALABRA DE DIOS: El creyente que quiere ser lleno del
Espíritu Santo debe pasar tiempo en la Palabra de Dios. Su mente debe estar tan
llena de las verdades bíblicas, que los pasajes le vengan automáticamente a la
memoria cuando enfrente las situaciones de la vida. Justo antes de que Pablo
diera la orden “no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes
bien sed llenos del Espíritu”, escribió: “Por tanto, no seáis insensatos, sino
entendidos de cual sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:17). ¿Cómo conocemos la
voluntad de Dios? Primordialmente a través de las Escrituras, las cuales se
escribieron cuando “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirado
por el Espíritu Santo” (2 P. 1:21).

La importancia de las Sagradas Escrituras en la vida llena del Espíritu, se


demostró cuando el Señor Jesucristo tuvo su encuentro con Satanás al principio
de su ministerio. Lucas nos dijo que Jesús estaba “lleno de Espíritu Santo”
cuando llego al desierto para ser probado. (Lc 4:1-2). En respuesta a cada una de
las tentaciones de Satanás, nuestros Señor cito las Escrituras. Puesto que Cristo
adopto nuestra humanidad genuinamente, “crecía en sabiduría y en estatura”
(Lc. 2:52).

Pablo señalo la estrecha relación que existe entre “conocer la voluntad del Señor”
y “ser lleno del Espíritu Santo” cuando escribió en Efesios 5:17-18.

Hizo la misma conexión en Colosenses 3:16 el cual dice: “La palabra de Cristo
more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros
en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con
salmos e himnos y canticos espirituales”.

Se debe dar a La Palabra de Dios amplia cabida en nosotros, leyéndola,


estudiándola y reflexionando en ella. La Biblia fue inspirada por el Espíritu Santo y
es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a
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fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra”. (2 Ti 3:16,17).

La palabra de Dios es para hacerle un cristiano completo y bien equipado. No


puede estar lleno del Espíritu sin ella.

3.-SER SUMISO: el tercer elemento esencial para una vida llena del Espíritu es
ser sumiso a Dios y a su Palabra. Pablo demostró esta actitud de sumisión
mediante el lenguaje que uso cuando escribió Efesios 5:18. Traducía literalmente,
la última parte de este versículo dice: “sigue dejando que el Espíritu Santo te
llene”. Debemos permitir continuamente que el Espíritu Santo nos llene. Podemos
hacer esto solo cuando tenemos una actitud sumisa hacia Él.

Una persona que deje que el Espíritu Santo la llene, se coloca consciente,
continua y voluntariamente bajo la influencia o el control de Dios. No es que pierda
el dominio propio, de hecho, lo ejerce mucho más que una persona que no tiene al
Espíritu Santo. Cuando un cristiano se somete a Dios consiente, continua y
voluntariamente, está libre de la esclavitud de los hábitos y los deseos
pecaminosos que una vez lo controlaban.

Cuando usted tiene una actitud sumisa hacia a Dios y su Palabra, el Espíritu Santo
lo puede llenar. Esto es porque:

 Ud. Se coloca bajo la autoridad de la Biblia cuando le dice que “quite”


y que “haga morir” los pecados de la carne y que “se vista” de las
virtudes cristianas. (Ef. 4:17 – 5:7; Col. 3:5-17).
 Confiesa humildemente sus pecados para tener comunión con Dios y
ser limpiado. (1Jn. 1:9).
 Se somete a los demás como expresión de su amor a Dios,
convirtiéndose así en un buen conyugue, un buen ciudadano y un
buen representante de Cristo. (Ef. 5:2-33; 1 P. 2:11-3:17).

4.- TENER CONFIANZA: el cuarto elemento esencial para ser lleno del Espíritu
Santo es tener confianza. Cuando ha centrado su vida en Jesucristo, cuando está
en la Palabra y ella en Ud., y cuando se ha sometido a la guía del Espíritu Santo,
puede saber que ha hecho su parte. Y habiendo hecho eso, puede estar en la
absoluta certeza de que Dios ha hecho su parte. Él le ha respondido llenándolo
con su Espíritu.

Miremos al apóstol Pablo, aunque era muy consciente del poder de la vieja
naturaleza y de la batalla continua contra la carne, rebosa de confianza. En
Romanos 7, fue dolorosamente honesto al describir la batalla entre su vieja

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naturaleza (la ley del pecado) y su nueva naturaleza (la ley de la mente). Pero
luego paso de inmediato a señalar que el camino a la victoria es a través de
Jesucristo nuestro Señor. Entonces dijo: “Ahora, pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la
carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo
Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era
imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su
hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condeno al
pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros,
que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. (Ro. 8:1-4)

Este “andar en el Espíritu” ocurre cuando somos llenos del Espíritu Santo. Incluye
los cuatro elementos esenciales que acabamos de examinar en una mezcla de
actividad divina y humana para vencer el pecado.

El andar en el Espíritu es un andar de confianza en Dios, y esta confianza produce


victoria espiritual debido a:

 Una continua conciencia de la presencia del Espíritu (1Co. 6:19-20).


 Una dependencia consciente del poder del Espíritu (Ef. 5:18).
 Una aceptación de la ayuda del Espíritu para cumplir la ley de Dios
(Ro. 8:4).
 Una renuncia deliberada a la carne (Ef. 4:22).
 Un rechazo voluntario del pecado (Ro. 6:1-2.)
 Una búsqueda decidida de lo que es correcto (Ef. 4:24).

¿CÓMO SABER CUÁNDO ESTOY LLENO DEL ESPÍRITU?

Algunas personas dicen que la manera en que se puede saber que uno está lleno
del Espíritu Santo es hablando en lenguas o sencillamente “sintiéndolo”. Sin
embargo, cuando Pablo describió los resultados de estar lleno del Espíritu Santo,
no menciono el hablar en lengua ni una sensación de estremecimiento. Pero si
dijo: “…Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y canticos
espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando
siempre gracias por todos al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo”. “Someteos unos a otros en el temor de Dios”. (Ef. 5:19-21).
También enumero en Gálatas 5:22-23, el fruto del Espíritu como evidencia.

Según Efesios 5:19-21, una persona que está llena del Espíritu Santo lo sabe por
cuatro evidencias que habrá en su vida: una gozosa comunión, una sincera
alabanza, abundante gratitud y sumisión reverente.

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1.-UNA GOZOSA COMUNIÓN: la primera evidencia de estar lleno del Espíritu


Santo es una gozosa comunión con otros cristianos. Pablo la describió como
“hablando entre vosotros con salmos, con himnos y canticos espirituales”.
Los textos de estos canticos a menudos adoptan la forma de exhortación mutua.

El cantar con el pueblo de Dios tiene sus raíces en adoración hebrea. Los salmos
29, 33, 37, 40, 95, 96, 100, son solos unos cuantos de los canticos en los cuales
los israelitas se exhortaron mutuamente a unirse en alabanza, gratitud y
obediencia.

2.- UNA SINCERA ALABANZA: el segundo resultado de ser lleno del Espíritu
Santo es una sincera alabanza a Dios: “…alabando al Señor en vuestros
corazones”. En términos “en vuestros corazones” a veces se interpreta como
cantar internamente, un cantico que no se exterioriza. Pero eso es improbable.
Probablemente signifique con un corazón sincero, como se expresa en colosenses
3:16: “… cantando con gracia en vuestros corazones al Señor…”

3.- UNA ABUNDANTE GRATITUD: La tercera evidencia de ser lleno del Espíritu
Santo es una abundante gratitud: “dando siempre gracias por todo al Dios y
Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. En sus cartas, Pablo daba
gracias a Dios una y otra vez, y exhortaba a sus lectores a imitar su ejemplo. Nos
dijo que diésemos gracias a Dios en todo y por todo.

4.-UNA SUMISIÓN REVERENTE: la cuarta manera de saber si somos lleno del


Espíritu Santo, es por medio de una sumisión reverente: “Someteos unos a otros
en el temor de Dios”. Una persona llena del Espíritu es humilde, amable y
mansa. No es orgullosa, agresiva ni arrogante. Su reverencia a Cristo es la fuente
de su humildad. Como siervo de Cristo posee un espíritu de siervo. Por tanto, no
le resulta difícil someterse a sus hermanos en la fe.

EL FRUTO DEL ESPIRITU.

En su carta a los Gálatas, el apóstol Pablo señalo que la vida de una persona llena
del Espíritu se caracteriza por nueve cualidades morales que él llamo “el fruto del
Espíritu”. Cuando están presentes, son una evidencia más de que una persona
está llena del Espíritu Santo. Pablo escribió: “Mas el fruto del Espíritu es amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;
contra tales cosas no hay ley” (Gal 5:22,23).

1. El amor. Es una actitud que nos mueve a poner a Dios y a los demás
antes que a nosotros. Es un espíritu que nos compele a dar, a servir y a perdonar.

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2. El gozo. Es un espíritu de alegría arraigado en nuestra fe y expresado


mediante canticos, acompañado de un espíritu optimista.

3. La paz. Es una serenidad interna que se deriva de Dios y está basada en


la realidad de nuestra paz con Dios mediante el sacrificio de Cristo.

4. La paciencia. Es soportar circunstancias difíciles y poder tener buenas


relaciones con personas difíciles.

5. La bondad. Es practicar la regla de oro de tratar a los demás de la


manera en que esperamos nos traten.

6. La benignidad. Es una conducta abierta, honesta, pura y generosa.

7. La fe. Significa que los demás pueden confiar en nosotros en todas


nuestras relaciones.

8. La mansedumbre. Es un espíritu tierno que nos capacita para disciplinar


a otros debidamente, para soportar la persecución benignamente y para testificar
a otros con sensibilidad.

9. Templanza (Dominio propio). Es la cualidad que nos da control sobre


nuestros deseos, especialmente con los que se relacionan con el cuerpo.

Si el Espíritu Santo está produciendo estas nueve cualidades morales en tu vida,


usted está lleno del Espíritu. El comentario que hizo Pablo, “contra tales cosas no
hay ley” significa que no hay nada en la ley de Moisés ni ninguna otra ley que se
oponga a estas virtudes ni que se necesite para restringirlas. De hecho, cuando la
vida de una persona se caracteriza por las cuatro evidencias de Efesios 5:18-21, y
las nueve cualidades morales de Gálatas 5:22-23, las exigencias de la ley se
cumplen. Cuando están presentes dan evidencia que usted está lleno del Espíritu
Santo.

EL ESPIRITU SANTO Y LOS DONES ESPIRITUALES (1 COR 12:1)

Los “dones” del Espíritu Santo deben distinguirse del “don” del Espíritu Santo.
Aquellos describen las habilidades sobrenaturales impartidas por el Espíritu.
Este se refiere al derramamiento del Espíritu sobre el creyente, efectuado por el
Cristo ascendido. Hch 2:33.

I. LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO.


“Son capacidades dadas por Dios para servir al cuerpo de Cristo dondequiera y
comoquiera que Él lo dirija”.
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EL ESPÍRITU SANTO

Tres capítulos del Nuevo Testamento, al igual que parte de otros dos, están
dedicados al tema. Hay aproximadamente cien referencias al tema de dones
espirituales o al ejercicio de uno u otro de aquellos de la lista de 1 de Corintios 12.

II. EL ANTECEDENTE PARA LOS DONES ESPIRITUALES.


A. La promesa dada: Lc. 24:47-49; Mr 16:17-18; Jn 14:12; Hch 1:8.
Era de esperar que una capacitación espiritual y especial fuera provista a fin de
que la iglesia pudiera llevar a cabo la misión divina encomendada por el Señor
Jesucristo.
B. La promesa cumplida: Hch 2:1-4,43; 5:12-16.
En el día del pentecostés el prometido Espíritu Santo fue derramado sobre la
iglesia con señales visibles y audibles.
Fueron tan enteramente capacitados por el poder del Espíritu, que en todo lugar
su ministerio fue marcado por lo sobrenatural.
Tenían una obra divina para hacer y tenían el poder divino para hacerla. Siempre
debe de ser así, la misión de la iglesia es más que proclamar una filosofía o llamar
a la moralidad; es libertar a los cautivos, declarar el reino de Dios. (Mr 16:19).

III. EL VOCABULARIO DE LOS DONES ESPIRITUALES.

La naturaleza de los dones espirituales se puede determinar en gran parte por el


vocabulario que se emplea para referirse a ellos.
Los primeros siete versículos de capitulo doce de primera a los corintios tratan con
los dones como una clase y provee un vocabulario para su descripción.

A. Espirituales. (1 Cor 12:1) “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los
dones espirituales”. En gr. (pneumatikós) la palabra significa “cosas
espirituales o cosas del Espíritu”
B.
B. Dones espirituales: (1 Cor 12:4) “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el
Espíritu es el mismo”. En gr. (carisma=jarisma) viene de la palabra básica
(caris=jaris) que significa “gracia”, entonces es una capacitación, una dotación o
una bendición impartida libremente por Dios no merecida ni ganada.
C. Ministerios: (1 Cor 12:5) “Hay diversidad de ministerios, pero el Señor
es el mismo”. Los “espirituales” son “dones” en cuanto a su origen y fuente, pero
son “ministerios” en cuanto a su aplicación. Ministerio, en gr. (diakonía) es
“servicio, ministración”. Las varias funciones y servicios efectuados por los que
tienen dones, su valor reside en su capacidad de ministrar beneficios y edificación
espiritual al cuerpo.

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D. Operaciones: (1 Cor 12:6) “Hay diversidad de operaciones, pero Dios,


que hace todas las cosas en todos, es el mismo”. En gr. (Energémata) “energía,
operaciones”. Los efectos que resultan de las anteriores, por el poder del Padre
que obra universalmente y que esta “sobre todos, y por todos y en todos nosotros,
es decir, en todos los dones obra El, en todos los que los poseen. Los dones
entregados, producen ministerios que sirven para ejecutar las operaciones
“energizadas” por Dios.
Esto se refiere a la unidad que existe en la Deidad al distribuir la diversidad de
dones, ministerios y operaciones. Los que los reciben no deben vanagloriarse por
el don que les haya sido dado, pues es producto de la gracia divina y deben ser
usados para el bien común y no para beneficio personal.

E. Manifestación. (1 Cor 12:7)” Pero a cada uno le es dada la


manifestación del Espíritu para provecho”. En gr. (fenérosis) “evidencia exterior.
Aun cuando todos los dones manan de un mismo Espíritu, la manifestación de los
actos del Espíritu varía en cada individuo. “A cada uno” de los miembros de la
iglesia en particular “le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”, con
el fin de dar provecho a todo el cuerpo. (1 P 4:10-11).

F. Diversidad: (1 Cor 12:4-6) En gr. (diairesis) significa literalmente tomar


aparte, distribución. La intención de Dios no es solo que algunos dones operen a
través de una o dos personas. Esto es variedad de dones espirituales peculiares a
los diferentes miembros de la iglesia, “repartiendo a cada uno en particular” (v.11)
pone de relieve la diversidad y al mismo tiempo la unidad, porque el Espíritu es el
mismo. (1 Cor 7:7)

IV. EL PROPOSITO DE LOS DONES ESPIRITUALES.


El propósito de los dones espirituales es la edificación de la iglesia. (1 Cor 14:12).
Si el ejercicio de un don no edifica y construye la iglesia no tiene ningún valor; son
como metal que resuena o címbalo que retiñe. Ejemplo, el don de profecía tiene
tres propósitos (1 Cor 14:3) cada uno de estos tres efectos edifica y es de
provecho al cuerpo de Cristo:
a. Edificación: del gr. (oikodomé) básicamente significa “el acto de
construir una estructura”. Los dones vocales son dados para ayudar en la
edificación del cuerpo de Cristo. En el contexto cristiano se refiere a fortalecer o
ser fortalecido en la relación con Dios, en el andar cristiano y en santidad.
b. Exhortación: del gr. (paráklesis) significa “exhortar, animar o motivar”.
(He 3:13; 10:24) Está relacionado con (parakleto) “Consolador” nombre dado por
Jesús al Espíritu Santo.

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c. Consuelo: del gr. (paramuthia) significa “calmar, confortar, consolar”. A


través de los tiempos la iglesia sufriría aflicciones; el Espíritu Santo a través de
sus ministros, utilizando los dones entregados, consuela, edifica y motiva.

V. LOS DONES ENUMERADOS EN 1 DE CORINTIOS 12: 8-10.

A. PALABRA DE SABIDURIA: Este no es el don de sabiduría en general,


sino el don de “palabra de sabiduría”. Del gr. (logos sofías), sin embargo no es
necesariamente un don vocal. (Logos) denota la expresión del pensamiento; “idea,
dicho, concepto, asunto, razón o doctrina. (1 Co. 14:9; Heb. 4:12).
Si se hubiera querido expresar la idea de “declaración” hubiera sido usada
La palabra (rhema) que denota aquello que es hablado, lo que es expresado de
palabra o por escrito. (Mt 12:36).
La palabra de sabiduría consiste en una expresión espiritual que brota en
un momento determinado por el Espíritu, revelando de forma sobrenatural la
mente, el propósito y las vías de Dios aplicadas a una situación específica. (Hch.
6:10; 15:28; 1 Co. 2:13-16).

B. PALABRA DE CIENCIA: Del gr. (logos gnosis) gnosis solo significa


“conocimiento” no se debe confundir con la enseñanza de los gnósticos. (1 Tm.
6:20), ni la ciencia en el moderno sentido de la palabra, esto es, la investigación,
descubrimiento y clasificación de las leyes secundarias.
La palabra de ciencia es una revelación sobrenatural de información sobre
una persona o un acontecimiento, dada con un propósito concreto, que
usualmente tiene que ver con una necesidad inmediata. (1 Co. 1:5; Ro. 15:14; Ap.
2 y 3).

C. FE ESPECIAL: Del gr. (pistis) confianza del corazón y de la mente en


Dios y sus caminos que nos conducen a actuar en armonía con su soberana
voluntad.
El don de fe representa una forma única de fe, que va más allá de la simple
creencia o la fe salvadora. Consiste en una confianza sobrenatural que no alberga
la más mínima duda en torno al asunto de que se trate. (Mr. 11:23; Stg 5:17-18;
Mt. 10:1).

D. SANIDADES: Son aquellos mediante los cuales Dios concede sanidad


por el Espíritu. El plural sugiere que la misma manera que existen muchos males y
enfermedades, hay dones relacionados con la cura de variados desordenes. (Mt.
10:1).

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EL ESPÍRITU SANTO

Toda la iglesia recibió autoridad para sanar enfermos. (Mr 16:17-18; Stg
5:14-15) pero no todos los creyentes poseen el don.
Es un don acompañado del don de fe. (Hch 14:9-10)
El poseer el don, no nos da la facultad de sanar todos los enfermos. (Mt
13:58; Hch 8:6-8)

E. HACER MILAGROS: Del gr. (dunamis). “poder, capacidad inherente”. Es


una manifestación de poder que sobrepasa la acción ordinaria de la ley natural. Es
la capacidad otorgada por Dios para hacer algo que no puede realizarse por
medios naturales. (Hch 19:11-12; 5:15; 13:8-11).

F. PROFECIA: Del gr. (profetes) uno que habla publica o abiertamente,


proclamador de un mensaje divino.
Es también traducción del he. (nabi) significando bien uno a quien le es
comunicado el mensaje de Dios para su proclamación o uno a quien se le
comunique cualquier cosa secretamente. Así, por lo general, el profeta era alguien
sobre quien reposaba el Espíritu de Dios en el Antiguo Testamento. Uno a quién y
por medio de quien habla Dios.
Hay que hacer una distinción entre: los profetas de oficio que fueron utilizados
para traer la Palabra inspirada, del don profético; que es utilizado para edificación.
(1 Co 14:3; 29:33;) y del ministerio profético que es semejante a la predicación.
Aunque a todos se les llame profetas y todos hablen en nombre de Dios: (Hch
15:32; 21:9-10; 1 Co 14:29).
La profecía se distingue de la predicación común en que mientras esta es el
producto generalmente del estudio de la relación existente ya, la profecía es el
resultado de una espontánea inspiración espiritual. No está destinada a suplantar
la predicación o la enseñanza, sino a complementarlas mediante el toque de
inspiración.

G. DISCERNIMIENTO DE ESPIRITU: Es la habilidad para distinguir el


espíritu del mundo, y especialmente para descubrir el verdadero motivo o razones
que animan a la gente, entre la operación del Espíritu de Dios y la del espíritu
malo, o del espíritu humano. (Jn 1:47-50; Hch 5:3; 1 Jn 4:1-6; Mt 7:15-23).
Se debe distinguir este don de la facultad natural que permite penetrar en la
naturaleza humana, y sobre todo, de un espíritu de crítica.
H. GENERO DE LENGUAS: Es el don de hablar de forma sobrenatural en
un idioma no conocido por el individuo.
El plural alude a diferentes formas que posiblemente armonizan las lenguas vivas
que se conocen de Hch 2:4-6, especialmente dirigidos a orar y cantar en el

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espíritu, fundamentalmente en la alabanza personal dirigida a Dios solamente, (1


Co 14:2), un mensaje definido para la iglesia, (1 Co 14:5).
Se debe hacer una distinción entre lenguas como señal y lenguas como don.
Aquellas son para todos, (Hch 2:4), estas no, (1 Co 12:30).

I. INTERPRETACION DE LENGUAS: Es el don de descifrar el significado del


mensaje del Espíritu a los que escuchan. No equivale a la traducción de un
lenguaje extranjero.
Se trata puramente de una operación espiritual. El mismo Espíritu Santo que
inspira el hablar en otras lenguas, por lo cual las palabras expresadas fluyen del
Espíritu más bien que del intelecto, es capaz de inspirar también la interpretación.
La interpretación, por lo tanto, es inspirada, extática, espontanea. Así no está
concebida en la mente, así tampoco la interpretación emana del intelecto humano,
sino del Espíritu.
Notemos que el don de lenguas, acompañado de interpretación, equivale a
profecía, (1 Co 14:5).
¿Por qué no debemos entonces estar contentos solamente con la profecía?
Porque las lenguas constituyen una señal a los incrédulos. (1 Co 14:22)

El Espíritu Santo, nos ayuda a soportar los ataques del maligno. A fortalecer
nuestras vidas cuando sea tentado evitando la caída. Él es el que nos ayuda a
mantenernos firme en Dios.
Considerando la Personalidad del Espíritu Santo, como la Obra del Espíritu Santo,
el Espíritu Santo en la creación de los Profetas, el Espíritu Santo en la iglesia, el
Espíritu Santo en la familia, la Deidad del Espíritu Santo, Milagros del Espíritu
Santo, el Espíritu Santo en el Ayuno, el Espíritu Santo Consolador, el Fruto del
Espíritu Santo, el Bautismo con el Espíritu Santo, los Dones del Espíritu Santo y
Poder del Espíritu Santo.
Uno de los primeros pensamientos de este estudio es el atribuido al Espíritu
Santo, el Espíritu Santo vino al mundo recién en el Día de Pentecostés, descrito
en el capítulo dos de Hechos. Se debe notar si el Espíritu Santo ha estado activo
en cada dispensación, y presente dondequiera que Dios ha sido revelado.
No es siempre posible, ni es necesario, distinguir minuciosamente la obra del
Espíritu Santo de aquella del Padre y del Hijo. Dios es Uno y la interrelación entre
las varias actividades de cada Persona de la Deidad son tan cercanas que no
podemos discernir una de la otra. En muchas de Sus actividades Dios actúa a
través del Hijo, en el poder del Espíritu Santo. Como principio general Podría
decirse que todas las obras Divinas originan en el Padre, son llevadas a cabo por
el Hijo, y son traídas a fructificación por el Espíritu Santo.

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