La Insuficiencia Cardiaca
La Insuficiencia Cardiaca
La insuficiencia cardíaca (IC) es uno de los síndromes cardiovasculares que más interés ha despertado en las
últimas décadas debido a su elevada y creciente prevalencia, los altos índices de hospitalización, invalidez y
mortalidad y los enormes costos que ocasiona al sistema de salud. La mayoría de los sujetos mueren en los
primeros 5 años de su diagnóstico. Por un lado, el envejecimiento de la población y la mayor supervivencia a
las cardiopatías en general y a la cardiopatía isquémica en particular, son paradójicamente la causa del
aumento en la incidencia de la IC. Además, enfermedades como la miocardiopatía chagásica, valvulopatías
reumáticas y cardiopatías congénitas no resueltas, contribuyen en su etiología; así como la prevalencia
creciente de la diabetes mellitus. Todo esto, asociado con el escaso acceso a la atención de salud por parte
de amplios sectores de la población que hace esperar un crecimiento epidémico de la IC.
El síndrome de insuficiencia cardíaca crónica se caracteriza por una limitación progresiva de la actividad
física, retención de sal y agua, activación neurohormonal (que controlan la presión arterial y los líquidos
corporales) y alteraciones estructurales y funcionales cardiacas. Estas últimas pueden afectar la función
sistólica, diastólica o ambas.
DEFINICIÓN
La insuficiencia cardiaca (IC) es la etapa final común de la mayoría de las enfermedades cardiovasculares. Es
un síndrome clínico complejo producido por la incapacidad del corazón para ejercer sus funciones o si lo
hace, es a expensas de presiones de llenado elevadas. Se caracteriza por intolerancia al ejercicio, retención
de líquidos y reducción de la longevidad. Presenta síntomas y signos de hipertensión venosa pulmonar y/o
sistémica o de bajo gasto cardiaco atribuibles a la disfunción mecánica de uno o de ambos ventrículos.
Recordar que el corazón tiene dos funciones fundamentales: A) Producir un gasto suficiente para toda las
demandas fisiológicas y metabólicas B) Generar una presión arterial para la perfusión de todos los
órganos.
ASPECTOS EPIDEMIOLÓGICOS
Tiene una elevada morbimortalidad. El riesgo de muerte es del 5-10% anual en IC leve y se incrementa al 30-
40% en pacientes con síntomas graves. La mayoría muere en los primeros 5 años de su diagnóstico. La IC es
causa importante de hospitalización en pacientes mayores de 65 años con una tasa elevada de reingresos.
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En la mayoría de los casos, el síndrome es indefectiblemente progresivo y tiene un uniforme mal pronóstico,
con una incidencia elevada de muerte súbita. Además, se asocia con un consumo significativo de recursos
dedicados al cuidado de la salud
Están estrechamente relacionadas y se deben fundamentalmente a los siguientes 3 fenómenos que son
consecuencia de la disfunción sistólica y/o diastólica:
Teoría retrógrada: Insuficiente vaciamiento del ventrículo izquierdo (VI) volumen y presión en el VI
Presión Media Aurícula Izquierda Presión en las Venas Pulmonares HVCP Presión en la Arteria
Pulmonar Presión Diastólica Final del Ventrículo derecho (VD) Presión Media Aurícula Derecha
HVCS.
Teoría anterógrada: Bajo gasto cardiaco (GC) por Volumen Sistólico (VS) Disminución del flujo renal con
la consiguiente retención de sodio y agua dependiente de la estimulación del sistema renina-angiotensina-
aldosterona (SRAA) Hipervolemia Aumenta presión venosa y capilar.
Recordar que GC = Frecuencia cardíaca (FC) x VS. Normalmente es de 3,0-7,0 L/ min. Cuando disminuye el
gasto cardiaco se desencadenan varios mecanismos que tratan de mantener la estabilidad hemodinámica
(MECANISMOS COMPENSADORES), pero que a pesar del beneficio inicial, su activación contribuye al
deterioro progresivo de la función ventricular y la aparición de los síntomas de la insuficiencia cardíaca:
B.- Mecanismo renal: Cuando el riñón detecta disminución de su flujo plasmático, ocurre la activación del
Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona (SRAA) y aumento de la reabsorción de agua y sodio, y excreción
de potasio en los túbulos renales, consiguiendo aumentar el volumen de sangre, de manera que para una
misma fracción de eyección, se consigue aumentar el volumen latido y por tanto el flujo. También aumenta el
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tono vascular y facilita la trasmisión simpática. El SRAA participa en la remodelación ventricular en la
hipertensión y el infarto, así como en la remodelación vascular. La secreción de hormona antidiurética,
estimulada por la angiotensina II, favorece aún más la reabsorción tubular de agua.
Este mecanismo es útil durante un tiempo, dado que cuando el corazón se adapte a la nueva volemia, con la
consecuente dilatación de las cavidades cardiacas, se producirá un aumento progresivo de la tensión de la
pared (Ley de Laplace), con un aumento de la poscarga y secundariamente volverá a disminuir más la
contractilidad.
El péptido natriurético auricular (PNA), especialmente el tipo B, que es una hormona liberada por las paredes
de las aurículas cardíacas en respuesta a la distensión (cuando se estiran), lo cual sucede ante el aumento de
la presión en ambas aurículas en la insuficiencia cardiaca. El PNA tiene un efecto directo sobre los riñones, y
aumenta en gran medida la excreción de sal y agua, por lo que puede prevenir los síntomas en la insuficiencia
cardiaca.
2.- Mecanismo de Frank Starling: Es el mecanismo más importante por el que ambos ventrículos mantienen
un gasto cardíaco idéntico, incluso cuando existen variaciones importantes del volumen expulsado en cada
latido. Establece que entre mayor es el volumen del corazón, superior ha de ser su fuerza de contracción.
Cuando disminuye la capacidad contráctil, y por tanto la capacidad de expulsión ventricular, se incrementa el
volumen residual (volumen diastólico) y la presión en el ventrículo, con elongación de la fibra muscular
cardíaca que incrementará su fuerza de contracción; aunque a cualquier grado de precarga, el volumen de
eyección (volumen sistólico) será inferior a lo normal. Este mecanismo puede producir hipertrofia y
remodelado miocárdico, y activación neurohormonal.
3.- Hipertrofia ventricular: El crecimiento exagerado de los miocitos en respuesta a distintos estímulos que
puede representar un incremento importante de la masa ventricular. Ocurre frente a sobrecargas de presión y
de volumen
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CLASIFICACIONES DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA
Según su patogenia:
- Disfunción sistólica: cursa con pérdida de la función contráctil, es decir con fracción de eyección
reducida (FE < 40%), también se le llama IC con FE reducida (ICFEr). Causas: Miocardiopatía
dilatada, cardiopatía isquémica, cardiopatía valvular.
- Disfunción diastólica: cursa con alteración de la relajación ventricular que dificulta su llenado, fracción
de eyección conservada o levemente alterada (FE > 40%), también se le llama IC con FE conservada
(ICFEc). Causas: Cardiopatía hipertensiva, miocardiopatía hipertrófica, cardiopatía isquémica.
- Coexistencia de disfunción sistólica y diastólica: Ej. miocardiopatía restrictiva.
En ocasiones, la dificultad consiste en una alteración del llenado ventricular sin alteración intrínseca del
miocardio como sucede en la pericarditis, algunas valvulopatías o en ciertas taquiarritmias. Debido a estas
diferentes características estructurales y funcionales, el paciente con manifestaciones de insuficiencia cardiaca,
debe ser clasificado mediante estudio ecocardiográfico, ya que este patrón morfo-funcional subyacente tiene
implicaciones terapeúticas y pronósticas.
Las clasificaciones en IC de bajo o alto gasto, anterógrada o retrógrada, intentan describir una situación
fisiopatológica de utilidad clínica cuestionada y su empleo no está claramente justificado.
Esta clasificación es particularmente útil al definir etapas de la IC en las cuales se pueden implementar
conductas terapéuticas preventivas en poblaciones con riesgo alto de desarrollar IC, como es el caso de los
estadios A y B. Otra clasificación muy útil es la Clasificación Funcional de la NYHA, descrita más adelante en
la sección de la Manifestaciones Clínicas.
Cuando se evalúa un paciente con IC es importante identificar no sólo la causa subyacente si no también la
causa desencadenante.
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ETIOLOGÍA
Es decir: Normalmente el
precargaaumento significativo del
volumen sistólico (VS); Si deterioro de
función sistólica (corazón insuficiente):
el precarga el VS pero en forma
muy limitada.
Miocardiopatías dilatadas
Primarias
• Miocardiopatía dilatada primaria
• Miocarditis
Secundarias
• Cardiopatía isquémica
• Miocardiopatía chagásica
• Sobrecargas ventriculares crónicas (Hipertensión arterial, Valvulopatías)
2. SOBRECARGAS VENTRICULARES AGUDAS (No desarrolla hipertrofia compensadora sino que ocurre un
Presión Diastólica Final Ventricular).
Si hay daño miocárdico del VI, ante una crisis hipertensiva (Sobrecarga de presión), se produce un Edema
agudo de pulmón (EAP). Si hay daño del VD, ante una Hipertensión Pulmonar aguda (ej: embolismo
pulmonar) se produce Hipertensión venosa sistémica severa. Si el ventrículo derecho (VD) o izquierdo (VI)
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fueran anatómicamente normales, la sobrecarga de presión y volumen no producirían manifestaciones
clínicas.
Causas
Insuficiencia valvular mitral (Rotura músculo papilar o cuerdas tendinosas)
Insuficiencia valvular aórtica (Endocarditis infecciosa, aneurisma de Aorta)
Comunicación interventricular aguda (por infarto del miocardio-IM-)
Sobrecarga aguda de presión del VD (Embolismo Pulmonar)
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MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Las manifestaciones clínicas de la insuficiencia cardiaca resultan del trastorno ocasionado en la función de
otros órganos. Los síntomas y signos dependen de la congestión pulmonar y/o sistémica, la limitación y
redistribución del gasto cardíaco, la hiperactividad simpática y del eje renina-angiotensina-aldosterona con la
consecuente retención hidrosalina, más los de la cardiopatía que produjo la IC.
CLASIFICACIÓN FUNCIONAL según la NYHA (New York Heart Association): relaciona la aparición de la
disnea con el esfuerzo requerido para provocarla: CLASE FUNCIONAL (CF) I: Ausencia de síntomas -
Supervivencia >80% a los 4 años- ; CF II: Síntomas con actividad ordinaria; CF III: Síntomas con
actividad menor a la ordinaria; CF IV: Síntomas en reposo –Supervivencia 36% al año-
Se define IC avanzada al cuadro clínico caracterizado por la persistencia de síntomas en clase funcional (CF)
III-IV a pesar del tratamiento con diuréticos, digital, inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina
(IECA) o antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA II), antagonistas de la aldosterona (AA) y
betabloqueantes (BB), en un paciente con deterioro grave de la función ventricular. Esta definición implica un
muy mal pronóstico, es decir, un riesgo de muerte anual de aproximadamente el 35%.
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El electrocardiograma (ECG) debe realizarse en todos los pacientes con sospecha de IC. Las alteraciones
electrocardiográficas en pacientes con IC son frecuentes y reflejan cambios estructurales del corazón
(trastornos de conducción, patrones de hipertrofia, agrandamiento y/o sobrecarga), aunque frecuentemente no
sugieren la etiología. La presencia de ondas Q patológicas puede indicar la presencia de secuela de infarto de
miocardio. Uno de los principales aportes del ECG reside en la determinación del ritmo cardíaco y el
diagnóstico de arritmias. La presencia de un ECG completamente normal es rara y pone en dudas el
diagnóstico de IC, en especial IC con disfunción sistólica.
Radiografía del tórax: Debe realizarse en todos los pacientes con sospecha de IC. El hallazgo de
cardiomegalia, signos de congestión venocapilar, como redistribución del flujo vascular pulmonar hacia los
vértices y/o edema intersticial pulmonar, son signos de IC. La exclusión de enfermedad pulmonar como causa
de la sintomatología frecuentemente es aportada por la radiografía simple del tórax.
Grado II
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Grado III
Grado IV
Ecocardiografía El ecocardiograma Doppler es la prueba diagnóstica de mayor valor aislado en pacientes con
IC y su utilización deber ser de rutina en la evaluación inicial y en el seguimiento. Permite la identificación de
trastornos estructurales miocárdicos, valvulares y/o pericárdicos y define la presencia de disfunción sistólica y/o
diastólica. La medición de la fracción de eyección (FE) y de los volúmenes ventriculares, preferentemente
obtenida mediante cálculos biplanares, es un parámetro confiable en la evaluación de la función ventricular.
Una FE < 45% define (por consenso) la disfunción sistólica. El análisis de la motilidad parietal puede demostrar
alteraciones segmentarias que sugieran la etiología isquémica. El ecocardiograma también permite la
determinación hemodinámica no invasiva, con estimación del volumen minuto cardíaco, presiones de llenado
ventriculares y presiones pulmonares. El eco estrés con dobutamina ha demostrado que es útil para la
evaluación de isquemia y/o viabilidad miocárdica y para determinar la reserva contráctil. La ecografía
transesofágica tiene su indicación primaria cuando la ventana torácica es deficiente, se requiere mayor
definición en el estudio de disfunciones valvulares (en especial las protésicas) o se evalúa la presencia de
trombos auriculares.
Existen otras técnicas de evaluación no invasiva, con indicaciones precisas, de uso especializado como son la
Resonancia magnética cardíaca, Tomagrafía axial computarizada multicorte, Técnicas radioisotópicas,
Tomografía por emisión de positrones (TEP).
Capacidad funcional mediante la prueba de ejercicio (de esfuerzo) La prueba de ejercicio permite establecer en
forma objetiva la gravedad de la alteración de la capacidad funcional y monitorizar el progreso o la respuesta al
tratamiento médico y tiene valor pronóstico.
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Monitorización electrocardiográfica ambulatoria continua (Holter) Su utilidad máxima reside en la detección de
taquiarritmias paroxísticas supraventriculares y/o ventriculares o presencia de bradiarritmias intermitentes que
con frecuencia son causales o agravantes de los síntomas de IC.
Como ya se ha descrito, la clasificación del ACC/AHA permite diferenciar estadios de riesgo para el desarrollo
de IC y estadios de IC propiamente dicha y establecer su correspondiente tratamiento. Los dos primeros
estadios de esta clasificación corresponden a pacientes asintomáticos: estadio A, pacientes con factores de
riesgo para el desarrollo de la enfermedad (hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, antecedentes
heredofamiliares, obesidad, síndrome metabólico, drogas cardiotóxicas como las antraciclinas, infección
chagásica), aún no padecen IC ni alteraciones cardíacas estructurales, donde está indicada la prevención
primaria, es decir el tratamiento de los factores de riesgo modificables; el tratamiento de la hipertensión puede
reducir el riesgo de IC en más del 50%. Estadio B, pacientes que nunca tuvieron síntomas de IC pero con alto
riesgo de presentarlos, que tienen daño estructural miocárdico (evento clínico: infarto de miocardio previo,
hipertrofia del ventrículo izquierdo, disfunción sistólica o diastólica asintomática y valvulopatía asintomática ),
donde se impone la prevención secundaria. Los estadios C (CF I y II) y D (CF III y IV) corresponden a
pacientes con IC clínica que evolutivamente han presentado deterioro de la función ventricular (sintomática). El
estadio D corresponde a los pacientes en etapa final con síntomas refractarios al tratamiento óptimo disponible
y requieren estrategias de sostén especiales.
En la actualidad, se recomienda que el estadio en el que el paciente se encuentra sea la guía para el
tratamiento farmacológico. Estadío A: En presencia de factores de riesgo y ausencia de alteraciones morfo-
funcionales cardiacas, el tratamiento está dirigido a controlar los factores de riesgo que pueden causar daño
cardiaco. Estadío B: En presencia de alteraciones morfo-funcionales cardiacas, asintomáticos, se deben
emplear todos los tratamientos para la IC en estadío A. El tratamiento está dirigido a preservar la función
ventricular sistólica, a disminuir el proceso de remodelación cardiaca y a reducir la morbi-mortalidad. Además
se utilizan los bloqueadores beta-adrenérgicos y los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina.
Estadío C: Cuando los pacientes tienen alteraciones morfo-funcionales y síntomas y signos de IC, aunque más
adelante se transformen en asintomáticos, deben recibir los medicamentos indicados en el estadío B más
diuréticos, digitálicos y antagonistas de la aldosterona. El estadío D abarca a los pacientes con IC resistente al
tratamiento y a menudo incluye pacientes con repetidas hospitalizaciones. Estos pacientes experimentan
síntomas limitantes en su vida cotidiana.
TRATAMIENTO (Metas)
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Estadios C y D
Corregir las causas subyacentes
Corrección de causas precipitantes o agravantes
Control de síntomas y signos de IC
Prevenir hospitalizaciones y mejorar calidad de vida
Enlentecer progresión de la IC y prevenir mortalidad
Se indican todas las recomendaciones del estadío A más restricción de sal, diuréticos si hay sobrecarga de
líquidos y antagonista de aldosterona. En el estadío D, se requiere apoyo circulatorio mecánico (dispositivos de
asistencia ventricular izquierda –DAVI-, apoyo biventricular y el corazón artificial total) o trasplante cardíaco,
además de cuidados paliativos.
Medidas generales (no farmacológicas): Educación del paciente para asegurar adherencia al
tratamiento (se debe informar al paciente y a su familia acerca de la enfermedad, sus síntomas, los
controles y los signos de descompensación y estimular el autocuidado y la consulta precoz), actividad
física regular si clínicamente estable, restricción de sal; restricción de agua en pacientes
hiponatrémicos; cuidado del peso; abstinencia o moderación de la ingesta de alcohol (<30 g/día), cese
del tabaquismo, vacunas antigripal y antineumocócica
Medidas farmacológicas: Claramente definidas en sujetos con disfunción sistólica. Están dirigidas a
mejorar la sobrevida y disminuir los síntomas. Existe evidencia para sustentar el uso de distintos
grupos de drogas para estos fines:
1.- VASO DILATADORES: Iniciar dosis bajas y titular c/2-4 semanas, hasta llegar a la dosis máxima a
menos que hayan efectos adversos. Vigilar función renal y electrolitos.
1.1- IECA (Inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina): En pacientes con FE <
40% asintomáticos (Estadío B) o con IC (estadíos C y D) leve a grave (CF I-IV), salvo
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contraindicaciones o que no se toleren. Reduce morbilidad y mortalidad; mejoran la capacidad
funcional y el pronóstico. Opciones:
• Captopril: 6,25 – 50/100 mg TID Enalapril: 2,5 – 20 mg BID
• Lisinopril: 2,5 – 40 mg OD Fosinopril: 5 – 40 mg OD
• Perindopril: 2 – 16 mg OD Quinapril: 5 – 20 mg BID
• Ramipril: 1,25 – 10 mg OD Trandolapril: 1 – 4 mg OD
OD: una vez al día; BID: Dos veces al día; TID: Tres veces al día, preferible en horario fijo.
Contraindicaciones: - Antecedentes de angioedema, Estenosis arterial renal bilateral, -Potasio sérico >
5 mEq/L Creatinina sérica > 2,5 mg/dl
Efectos adversos: azoados, K+, hipotensión, tos, angioedema
Deben evaluarse nuevamente la función renal y los electrolitos 1, 3 y 6 meses luego de alcanzar una
dosis de mantenimiento y luego cada 6 meses. Si el potasio es > 5,5 mEq/L, la dosis debe reducirse a
la mitad; si es > 6 mEq/L, debe suspenderse. Si tos, debe considerarse el cambio del IECA por un
antagonista de los receptores de angiotensina II (ARA II).
1.2.- ARA II (Antagonistas de Receptores de Angiostensina II): En pacientes con FE< 40%,
asintomáticos o con IC leve a grave (CF I-IV) con intolerancia a los IECA y en pacientes con
FE< 40% e IC sintomática en tratamiento con dosis óptima de IECA y BB, a menos que estén
tratados con AA
• Candesartán: 4 – 32 mg OD
• Losartán : 25 -100 mg OD
• Valsartán : 20- 160 mg BID
Contraindicaciones: Estenosis arterial renal bilateral, Potasio sérico > 5 mEq/L, Creatinina sérica >
2,5 mg/dl, pacientes tratados con IECA y AA.
Efectos adversos: Deterioro de la función renal, hiperpotasemia, hipotensión sintomática.
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6.- OTROS:
- Anticoagulantes: En ausencia de contraindicación. En pacientes con fibrilación auricular (FA), para
prevención de cardioembolismo cerebral (warfarin, dabigatrán, apixabán o rivaroxabán). En pacientes
hospitalizados, prevención de tromboembolismo venoso (bajas dosis de heparina no fraccionada, heparina de
bajo peso molecular: enoxaparina, dalteparina, o Fondaparinox). Efectos adversos: Eleva riesgo de sangrado.
- Antiarrítmicos: Control de frecuencia ventricular en FA, con betabloqueantes, amiodarona, o digoxina.
- Ivabradina: Para el control de frecuencia ventricular en pacientes con dosis máximas toleradas de BB que
persisten con FC >70 lpm en reposo o con contraindicación de BB o digital y FC >70 lpm. Dosis debe ser de
7,5 mg BID. Efectos adversos: náuseas, vómitos, alteraciones visuales (visión borrosa, fosfenos), trastornos
psiquiátricos, bradicardia.
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mecanismos, sino también por su efecto inhibitorio neurohormonal. Además, se debe optimizar el estado de
los líquidos con el uso de diuréticos si se evidencia sobrecarga hídrosalina.
Resumiendo, todos los pacientes con IC en cualquiera de sus estadios deberían recibir IECA (o en su defecto
un ARA II) y BB. En los pacientes sintomáticos o con signos de retención hidrosalina están indicadas las
medidas generales y deben recibir diuréticos. En los que se encuentren en CF III-IV se recomienda además un
AA y la digoxina puede indicarse para disminuir las hospitalizaciones o en caso de FA. Las demás medidas
farmacológicas tienen indicaciones específicas.
Es importante tener siempre presente que la adherencia al tratamiento tiene un papel fundamental en la
reducción de la morbimortalidad de los pacientes con IC crónica y que todos los esfuerzos que se hagan en
este sentido tendrán resultados positivos sobre la calidad de vida y la sobrevida del enfermo.
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