COLEGIO LA SAGRADA FAMILIA
Fundación - Magdalena
PROCESO: FORMATIVO
DOCUMENTO: PLANEADOR DE SECUENCIAS DIDACTICAS O CLASES
Revisado por: Rectora Valido desde: Fecha: 17/03/2020
Aprobado por: Rectora Versión: No. 1
1.GENERALIDADES
¿Quién fue Platón? Platón. Su nombre era Aristocles. fue un filósofo
AREA: FILOSOFIA COMPONENTE: CONOCIMIENTO GRADO: DECIMO
FECHA DE INICIO: Julio 8/24
ateniense del siglo V a.C., discípulo de Sócrates y maestro de
FECHA FINAL: Julio 12 /24 (2 horas de clases)
TEMA: PLATÓN Aristóteles. Fundó la Academia,
COMPETENCIA: CRITICAdonde impartió clases hasta el final de
su vida. La condena a muerte de su maestro Sócrates influirá mucho en
su vida y en sus obras. Toda su obra está escrita en forma de diálogos y
algunos de los más importantes son: Apología de Sócrates, República,
Banquete, Fedro, Timeo, Critias, … En estas obras también, aparte del
diálogo, utilizará como recurso literario los mitos y las alegorías. Platón
es uno de los pilares fundamentales de la historia del
pensamiento occidental y sus ideas influyeron mucho en los pensadores
racionalistas
LA TEORÍA DE LAS IDEAS Podemos decir que todo el pensamiento de Platón gira en torno a la Teoría De Las
Ideas. Platón divide la realidad en dos: mundo sensible y mundo inteligible.
El mundo sensible es el formado por las cosas materiales, por aquello que podemos percibir con los sentidos.
En el mundo inteligible, está la idea de caballo y en el mundo sensible estarían todos los caballos concretos que existen
el mundo inteligible también llamado hiperuranio. MUNDO INTELIGIBLE – IDEAS, FORMAS, ARQUETIPOS,
ESENCIAS. Las ideas son eternas, fijas, inmutables.
El mundo inteligible sería un mundo inmaterial, en el que se encuentran la esencia de todas las cosas, las ideas. Estas
son eternas e inmutables. La idea más importante es la idea del bien. El mundo sensible o material es una copia del
mundo inteligible. El mundo sensible es un mundo falso que no es más que una copia del mundo verdadero. MUNDO
SENSIBLE – FÍSICO, MATERIAL. Las cosas materiales son variables, corruptibles, efímeras, mutables,
temporales.
El demiurgo, un ser creador, transforma la materia tomando como modelo el mundo de las ideas, para formar los
diferentes objetos que nos rodean.
El Estado de Platón: Para Platón el Estado ideal sería la República for
guerreros y los filósofos, cada una con una misión específica.
Los filósofos tendrían la característica dela sabiduría, así que serían los en
Los guerreros serían los encargados de velar por la seguridad debido
El pueblo cultivaría la templanza en las actividades productivas
estar subordinado a los intereses del Estado. Acudió junto con su discípul
de Siracusa. Trató de que sus ideas fueran instauradas en dos ocasiones, pe
pensamiento idealista chocó con la verdadera situación política. Regresó
estudiando e investigando. Falleció en el año 347 antes de Cristo
3. ELEMENTOS PEDAGOGICOS ORIENTADORES
3.1 INDICADORES DE LOGROS/OBJETIVOS
Explicar ideas importantes del pensamiento de Platón y su aporte al conocimiento de la filosofía.
3.2 NÚMERO DE ACTIVIDADES.
I. ACTIVIDAD. EJERCICIOS EN CLASE. VER ANEXO
4. BIBLIOGRAFÍA.
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%C2%BA2-Y-GUIA-N%C2%BA3_27-AL-30-ABRIL.pdf
https://www.studocu.com/cl/document/universidad-del-bio-bio/filosofia-educacional/guia-mito-de-la-caverna-filosofia-plan-comun/
42419591
Platón, República, Libro VII. La alegoría de la caverna de Platón
(alegoría hace referencia a una representación simbólica, similar a una metáfora). Léela con atención:
«— Ahora –proseguí – represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a la educación y a su ausencia, según
el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su anchura una abertura que dé libre paso a
la luz, y en esta caverna, hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la
cabeza
a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen enfrente.
Detrás
de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra, y un camino elevado entre
este
fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un tabique, semejante a la mampara que los titiriteros ponen entre
ellos y los espectadores, para exhibir por encima de ella las maravillas que hacen.
— Ya me represento todo eso, dijo.
— Figúrate ahora unas personas que pasan a lo largo del tabique llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de
animales de madera o de piedra, de suerte que todo esto sobresale del tabique. Entre los portadores de todas estas cosas,
como es natural, unos irán hablando y otros pasarán sin decir nada.
— ¡Extraños prisioneros y cuadro singular!, dijo.
— Se parecen, sin embargo, a nosotros punto por punto, dije. Por lo pronto, ¿crees que puedan ver otra cosa, de sí mismos
y de los que están a su lado, que las sombras que el fuego proyecta enfrente de ellos en el fondo de la caverna?
— ¿Cómo habían de poder ver más, dijo, si desde su nacimiento están precisados a tener la cabeza inmóvil?
— Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa que las sombras de los mismos?
— ¿Qué otra cosa, si no?
— Si pudieran conversar unos con otros, ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?
— Por fuerza.
—Y si en el fondo de su prisión hubiera un eco que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿se imaginarían oír hablar a
otra cosa que a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?
— ¡No, por Zeus!, exclamó.
—En fin, no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras de objetos fabricados, dije yo.
— Es forzoso por completo, dijo.
— Mira ahora, proseguí, lo que naturalmente debe suceder a estos hombres, si se les libra de las cadenas y se les cura de
su
ignorancia. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se le fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar
y mirar del lado de la luz; hará todas estas cosas con un trabajo increíble; la luz les ofenderá a los ojos, y el alucinamiento
que habrá de causarle le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería si se le
dijese que hasta entonces sólo había visto fantasmas y que ahora tenía delante de su vista objetos más reales y más
aproximados a la verdad? Si en seguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando y a fuerza de
preguntas se le obliga a
decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto y no estará él mismo persuadido de que lo que veía antes era más
real que lo que ahora se le muestra?
— Mucho más, dijo.
— Y si se le obligase a mirar la luz misma, ¿no sentiría dolor en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras,
en
las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?
— Así es, dijo.
— Si después se le saca de allí a la fuerza y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del
sol,
¿qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera? ¡Cómo se enfurecería! Y cuando llegara a la luz del sol,
deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver ninguno de estos numerosos objetos que llamamos seres reales?
— Al pronto no podría, dijo.
— Necesitaría, indudablemente, algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería,
primero,
sombras; después, las imágenes de los hombres y demás objetos reflejados sobre la superficie de las aguas, y, por último,
los objetos mismos. Luego, dirigiría su mirada al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la
luna y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol. Y al fin podría, creo yo, no sólo ver la imagen del sol en las aguas y
dondequiera que se refleja, sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra y tal cual es.
— Necesariamente, dijo.
— Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a concluir que el sol es el que crea las estaciones y los años, el que
gobierna todo el mundo visible y el que es, en cierta manera, la causa de todo lo que se veía en la caverna.
—Es evidente que llegaría, después de aquéllas, a hacer todas estas reflexiones, dijo.
— Y ¿qué? Si en aquel acto recordaba su primera estancia, la idea que allí se tiene de la sabiduría y a sus compañeros de
esclavitud, ¿no se regocijaría de su mudanza y no se compadecería de la desgracia de aquéllos?
— Efectivamente.
¿Crees que envidiaría aun los honores, las alabanzas y las recompensas que allí, supuestamente, se dieran al que más
pronto reconociera las sombras a su paso, al que con más seguridad recordara el orden en que marchaban yendo unas
delante y detrás de otras o juntas, y que en este concepto fuera el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría
envidia a los que
eran en esta prisión más poderosos y más honrados? ¿No preferiría, como Aquiles en Homero, "trabajar la tierra al
servicio de un pobre labrador" y sufrirlo todo antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
— No dudo que estaría dispuesto a sufrir cualquier destino antes que vivir de esa suerte, dijo.
— Fija tu atención en lo que voy a decirte, seguí. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión para ocupar su antiguo
puesto, al dejar de forma repentina la luz del sol, ¿no se le llenarían los ojos de tinieblas?
— Ciertamente, dijo.
— Y si, cuando no distingue aún nada, antes de que sus ojos hayan recobrado su aptitud, lo que no podría suceder en poco
tiempo, tuviese precisión de discutir con los otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que éstos se rieran,
diciendo que por haber salido de la caverna se le habían estropeado los ojos, y no añadirían, además, que sería para ellos
una locura el intentar semejante ascensión, y que, si alguno intentara desatarlos y hacerlos subir, sería preciso cogerle y
matarle?
— Y bien, mi querido Glaucón, dije, ésta es precisamente la imagen que hay que aplicar a lo que se ha dicho antes. El
antro
subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del Sol; en cuanto al cautivo, que sube a la región
superior y que la contempla, si lo comparas con el alma que se eleva hasta la esfera inteligible, no errarás, por lo menos,
respecto a lo que yo pienso, ya que quieres saberlo. Sabe Dios sólo si es conforme con la verdad. En cuanto a mí, lo que
me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se
percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos de sacar la consecuencia de que ella es la causa primera
de todo lo que hay de bello y de recto en el universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de
que ésta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia en fin, que ha de tener fijos
los ojos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente en la vida pública y en la vida privada.»