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ACTIVIDAD: Redactar un final distinto para Emma Bovary

Desesperada tras recibir la carta del notario que anunciaba la inminente ejecución de
sus deudas, Emma corrió al bosque cercana, pero esta vez no buscaba la destrucción.
En su mente, una chispa de lucidez la llevó a recordar los cuentos de heroínas que
tanto había amado en su juventud.
Con el frasco de arsénico aún en su bolsillo, encontró un claro y se sentó a contemplar
la inmensidad del cielo. De repente, un pensamiento insólito la atravesó: ¿Y si huía? ¿Y
si dejaba atrás Yonville y su jaula dorada para empezar de nuevo en un lugar donde
nadie la conociera?
Esa noche, regresó al hogar como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, dentro de
ella algo había cambiado. Durante los días siguientes, vendió en secreto las pocas joyas
que le quedaban y utilizó lo recaudado para comprar un pasaje hacia Rouen, donde
sabía que podía desaparecer entre la multitud.
Charles, aunque confundido por su repentina calma, no sospechó nada. Una noche, sin
despedirse, Emma se marchó. Dejó una breve carta que decía: “Charles, no puedo
seguir siendo la esposa que esperas. No soy quien pensabas. Espero que puedas
encontrar la paz que yo no logré darte. Adiós.”
En Rouen, Emma comenzó a trabajar como costurera para sobrevivir. Con el tiempo,
aprendió a disfrutar de su independencia, lejos de las expectativas que la habían
asfixiado en Yonville. Aunque no fue fácil, empezó a apreciar la vida de una manera
más simple y real, alejada de los delirios de grandeza que habían sido su perdición.
Años más tarde, mientras paseaba por las calles de París, Emma escuchó una ópera
que la transportó a sus antiguos sueños. Sin embargo, en lugar de lamentar lo perdido,
sonrió, porque había encontrado algo más valioso: la libertad de ser ella misma.

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