El Monje Que Conquisto A Roma
El Monje Que Conquisto A Roma
John V. Moldenhauer
©1983
EDITORIAL NORTHWESTERN
Milwaukee, Wisconsin
Este libro fue revisado por la Sra. Ruth Haeuser de Lima, Perú y la revisión
teológica fue hecho por su esposo, el misionero David Haeuser. La introducción y el
apéndice fueron escritos por el Dr. Glen Thompson. El diseño y la última revisión fueron
hechos por el Rdo. Ronald Baerbock de Publicaciones Multilingües.
ISBN 0-9703210-2-3
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
Del Nuevo Testamento a la Reforma ............................................................ 1
CAPÍTULO UNO
Los primeros años de Lutero ......................................................................... 5
CAPÍTULO DOS
La búsqueda ................................................................................................... 9
CAPÍTULO TRES
Conflicto con Roma ..................................................................................... 14
CAPÍTULO CUATRO
Reposo y rebelión ........................................................................................ 24
CAPÍTULO CINCO
Su esposa y su familia ................................................................................. 29
CAPÍTULO SEIS
Instrucciones a las iglesias ........................................................................... 35
CAPÍTULO SIETE
Aclaración de la posición luterana............................................................... 39
EPÍLOGO .............................................................................................................. 44
CRONOLOGÍA ..................................................................................................... 45
APÉNDICE ........................................................................................................... 47
MAPA
EUROPA CENTRAL
EN LA ÉPOCA DE LA REFORMA ........................................................................... 4
INTRODUCCIÓN
Del Nuevo Testamento a la Reforma
Cuando los cristianos estudian el Libro de Hechos y las epístolas de Pablo se dan
cuenta de cómo era la iglesia en el siglo primero. No obstante, cuando empiezan a estudiar
la vida de Martín Lutero, y se enteran de cómo era la iglesia en esa época, se quedan
pasmados. ¿Cómo se produjo semejante desastre? Por eso será útil considerar rápidamente
el cambio que la iglesia tuvo en los 1400 años entre el Nuevo Testamento y Lutero.
Cuando el último apóstol murió (alrededor del año 100 d.C.), existían
congregaciones cristianas en las principales ciudades y pueblos más grandes al interior. Un
siglo después la fe cristiana se encontraba en muchas áreas rurales. Por el año 400 una parte
considerable de la población del mundo romano se había hecho cristiana.
Uno de los factores exteriores más importantes en este crecimiento fue la
legalización del cristianismo. Por casi 300 años el gobierno romano no había otorgado una
condición legal a la iglesia. A veces la iglesia era perseguida duramente. Sin embargo, en el
312 el emperador Constantino legalizó la cristiandad y él mismo confesó su fe en
Jesucristo. Esta nueva paz tuvo buenos resultados para la iglesia: estaba libre para difundir
el evangelio; la iglesia podía poseer propiedades y construir edificios; y los cristianos
podrían desempeñar un papel más público en el gobierno y en la vida de la ciudad. Por otro
lado, la iglesia no pudo instruir adecuadamente a la gran cantidad de gente que llegaba a la
iglesia. Como resultado, mucha gente al unirse a la iglesia introdujo ideas y costumbres
paganas. Otros se unieron a la iglesia pensando que eso agradaría al emperador, promovería
sus carreras y negocios, mejoraría su vida personal, o por otros motivos equivocados.
Además, los emperadores que ahora daban a la iglesia un trato preferencial o grandes
donativos esperaban poder intervenir en los asuntos de la iglesia en cuanto a política y
doctrina. Cuando las congregaciones crecieron, se vieron obligadas a ser mucho más
formales en sus cultos y en su organización.
Por el siglo V el mapa europeo también empezó a cambiar. Ejércitos alemanes y
godos invadieron Europa y se extendieron por la mitad occidental del imperio Romano.
Muchos de ellos eran ya cristianos, aunque la mayoría seguía la enseñanza falsa de los
arrianos (quienes negaban que Jesús era el Dios eterno). Las civilizaciones greca y romana
que habían mantenido unido al mundo mediterráneo por 800 años estaban destruidas. Ya no
existía un idioma común, ni escuelas, ni arte, ni leyes, tampoco gobierno ni caminos que
unieran a la gente. Más bien, las comunidades y las áreas estaban aisladas unas de otras y
desarrollaron culturas e idiomas locales. En el siglo VII el surgimiento del islam destruyó
mucho del Imperio Romano oriental (entonces conocido como el Imperio Bizantino) y
exterminó en gran parte la presencia cristiana en el norte de África, Egipto, Palestina y Asia
Menor.
Muchas de las primeras congregaciones que Pablo y los otros apóstoles fundaron
fueron exterminadas por las invasiones o fueron debilitadas por los problemas doctrinales.
No obstante, la iglesia de Roma permaneció fuerte. Cuando el sistema político romano
fracasó en Italia, el obispo romano tomó la iniciativa y proporcionó estabilidad. En el siglo
1
VI el Obispo de Roma, al que se le conocía como ¨el Papa¨ (el padre), se había convertido
en el vocero y líder de toda la iglesia occidental.
Durante el periodo temprano de persecución, mataron a muchos cristianos fieles
debido a su fe. Otros cristianos pensaron que esos mártires eran personas en especial santas.
Cuando la persecución terminó, y la iglesia tuvo reconocimiento legal y empezó a
enriquecerse, algunos hombres fueron al desierto y llevaron una vida de oración y
arrepentimiento. Creyeron que esto los ayudaría a llevar una vida más santa lejos de las
tentaciones del mundo. Pronto esos ermitaños o ¨monjes¨ formaron comunidades llamadas
monasterios. A partir del siglo IV este movimiento creció con rapidez. Decenas de miles de
monjes vivieron en el desierto y en las montañas por el mundo mediterráneo. Mientras los
monasterios empezaron como lugares de oración, eventualmente comenzaron a servir a la
iglesia en otras formas. Proporcionaron ayuda a los viajeros, a los enfermos, a los pobres, y
también se convirtieron en centros de educación y estudio. Los monasterios en Europa
tenían la responsabilidad de conservar las escrituras de las antiguas Grecia y Roma, y de los
primeros escritores cristianos.
Con la caída del Imperio Romano también cayó el nivel de educación. Los
¨bárbaros¨ alemanes y godos vivían al día y no necesitaban alfabetización ni educación.
Pronto en Europa quedaba poca educación. La iglesia siguió capacitando a sus propios
líderes lo mejor que pudo, pero el grado de educación entre los pastores también decayó,
aunque los monasterios proporcionaron alguna educación. Estos pastores mal instruidos
sólo podían ofrecer a los miembros de la iglesia una instrucción deficiente. Las ideas y las
supersticiones paganas crecieron aún más en la iglesia. Ya que los miembros no tenían un
conocimiento de la doctrina de la Biblia, pusieron cada vez más confianza en los rituales
que practicaban.
En Europa la mayoría de la gente vivía al día, cultivando sólo las cosechas
necesarias para mantener a sus familias con vida. Eventualmente se desarrolló un nuevo
sistema económico y social llamado feudalismo. Los granjeros comunes y sus familias
(siervos) estaban obligados a mantener a los hombres poderosos locales (señores) que
llegaron a controlar extensas áreas de tierra (señoríos). Los señores tenían hombres
armados (caballeros) que los ayudaban a proteger sus propiedades y, en teoría, a sus
siervos. Grupos de señores se unían para servir a un duque, los duques ayudaban al rey
regional. Ya que las iglesias y los monasterios con frecuencia heredaban tierras que eran
arrendadas a los siervos, el prelado de la iglesia de un área (obispo) y los superiores de los
monasterios (abad) a menudo terminaban siendo señores ellos mismos. Con mucha
frecuencia los superiores de la iglesia pasaban el tiempo protegiendo sus tierras en lugar de
cuidar la iglesia. Debido a que esos superiores religiosos eran ricos y poderosos, esos
puestos eran muy solicitados. Pronto eran vendidos al mejor postor (simonía).
Desde fines del siglo XI hasta el XIII, los cristianos de Europa Occidental realizaron
una serie de expediciones militares a Palestina conocidas como cruzadas. No tuvieron éxito
en su intento de recuperar la Tierra Santa que estaba en manos de los musulmanes y
restaurar un gobierno cristiano. No obstante, muchos de los que habían ido regresaron con
ideas nuevas del Oriente Medio, y trajeron libros y otros objetos de las épocas de los
griegos y los romanos. Una prosperidad renovada también estaba extendiéndose por Europa
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en ese tiempo cuando las ciudades empezaban a crecer y su comercio aumentaba. Esos dos
factores llevaron a la reactivación de la cultura y el aprendizaje conocido como el
Renacimiento. En parte este renacimiento incluía la fundación de universidades en Europa.
Se estudiaban y se imitaban el arte, la arquitectura, y la literatura de Grecia y de Roma.
Esto también produjo nuevos eruditos que dieron una renovada importancia a la Biblia y a
la iglesia.
Muchos de esos eruditos notaron que la iglesia se había transformado en algo muy
diferente de lo que había sido al principio. Como hemos visto, algunas de las principales
diferencias eran:
1. Las supersticiones y las ideas paganas se habían mezclado con las doctrinas
cristianas. La adoración del Dios trino estaba combinada con el honor que
rendían a los santos y sus reliquias.
2. Se había perdido el énfasis que se ponía en la fe en Cristo. En cambio, los
cristianos pensaron que debían ganar la vida eterna con sus buenas obras,
practicando los rituales cristianos y participando en los Sacramentos.
3. La jerarquía de la iglesia había quitado la libertad del cristiano. Los líderes ricos
de la iglesia estaban más interesados en proteger sus propiedades y posesiones
que en enseñar y servir al pueblo de Dios. Emplearon la tradición de la iglesia
para defender lo que hacían ya que las Escrituras no los apoyaban.
4. Tanto los líderes de la iglesia como los laicos sabían muy poco sobre el mensaje
de Dios escrito en las Escrituras, tampoco sabían llevar una vida cristiana
apropiada.
En los 1400 años entre el Nuevo Testamento y la época de Lutero, la iglesia había
cambiado por completo. Ya no predicaba las buenas nuevas de que Dios había enviado a su
Hijo Jesucristo a pagar por los pecados de todo el mundo. En su lugar, a los cristianos se les
enseñaba que si llevaban una buena vida, si obedecían a la iglesia y a sus líderes, y
participaban en muchos de los rituales de la iglesia, podían ir eventualmente al cielo. Con el
fin de restaurar las doctrinas verdaderas de la Biblia acerca de Dios y su plan de salvación,
Dios envió a Martín Lutero.
3
4
CAPÍTULO UNO
Eisleben
Mansfeld
5
No obstante, en el hogar de Lutero no todo era severidad y disciplina. Un poco más
tarde Lutero dijo que su gusto por la música venía en parte por su madre, quien cantaba
regularmente con los hijos.
El joven Martín era el orgullo y el gozo de sus padres. Ellos reconocieron algunos
de los talentos que más tarde beneficiarían mucho a la iglesia de Dios. Tenían la esperanza
de que Martín llegara a ser un abogado brillante, se casara y ellos podrían cuidar a los
nietos.
Aunque la edad normal para que un niño entrara en la escuela era a los siete años,
hay evidencia de que Lutero comenzó a los cuatro años y medio. De hecho, a veces su
padre o un amigo tenía que llevarlo cargado a la espalda cuando hacía mal tiempo o cuando
los caminos resultaban intransitables. La escuela en Mansfeld enseñaba las materias que se
consideraban necesarias para aquellos que planeaban seguir estudios superiores. Entre éstas
estaban la lectura, la escritura y la gramática latina. También los estudiantes tenían que
aprender de memoria—en latín, por supuesto—varias oraciones, la Confesión de Pecados,
el Credo, el Padrenuestro, y los Diez Mandamientos. A medida que los estudiantes crecían
tenían que memorizar salmos enteros, también en latín. Lo básico de la teología católica se
quedaba grabado por completo en la mente de ellos.
Aquí la disciplina era mucho más severa de lo que había sido en casa. Al niño se le
anotaba una señal enseguida de su nombre en la pizarra por no memorizar correctamente
los verbos latinos, o la declinación de los sustantivos, o por hablar en alemán en la escuela.
Más o menos una vez a la semana el maestro sumaba las anotaciones del alumno y según
éstas le aplicaba la vara. Lutero recibió 15 azotes en una ocasión por una semana de ofensas
acumuladas. ¡Y por lo que sabemos él era muy buen alumno! Otra forma de disciplina
consistía en avergonzar al estudiante. El alumno que no recitara bien y quedara en último
lugar tenía que ponerse un burro de madera en el cuello. Esto también se contaba como
parte del récord y merecía anotarse en la pizarra.
Magdeburgo
A los 14 años Lutero dejó la casa para ir a la escuela en Magdeburgo, una ciudad de
más o menos 12,000 habitantes. Por lo general, se creía que una persona tendría una buena
educación si asistía a más de un colegio antes de entrar a la universidad. Este colegio en
Magdeburgo tenía muy buena reputación. Y además su amigo, Juan Reinecke, asistiría allí.
Los biógrafos no dicen mucho en cuanto a este año; sin embargo, hay que tomar en
cuenta dos cosas. Primero, aquí Lutero conoció a los Hermanos de la Vida Común. No
merecería la pena mencionar este hecho si no fuera porque esta orden religiosa ponía
énfasis en la lectura de la Biblia y en una vida devota. ¨Ellos, con su ejemplo y sus
preceptos, pusieron en su vida la preciosa esencia de la piedad histórica de la iglesia…Su
doctrina era sencilla y obediente; su vida era tranquila, disciplinada, sincera; así eran los
hermanos¨.
Segundo, lo más probable es que aquí, gracias a la misma orden religiosa, Lutero
viera su primera Biblia. Aunque ya estaba bien instruido en la teología católica, todo era
resultado de ejercicios orales y de las lecturas del maestro. Los jóvenes alumnos pocas
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veces podían usar materiales tan caros como eran los libros. Sin embargo, no tiene mucha
importancia el hecho de que la Biblia estuviera encadenada a su pupitre, ya que en esa
época los volúmenes tan grandes por lo regular estaban encadenados. Eran demasiado caros
para que se ¨extraviaran¨ por accidente.
Eisenach
Después de sólo un año en Magdeburgo Lutero cambió de escuela; esta vez se fue a
la ciudad de Eisenach. Aquí estudió por tres años cerca del castillo de Wartburgo.
Melanchthon narra que en Eisenach había dos maestros que eran excepcionalmente buenos,
John Trebonius y Wiegand Güldennapf, natural de Tritzlar. Lutero respetaba a los dos por
la habilidad que tenían. Trebonius, con sus grandes dones para la enseñanza, inculcó en
Lutero el deseo de aprender.
Los cuentos tradicionales acerca de que Lutero estuvo obligado a pedir comida al
parecer no tienen fundamento. En esa época se acostumbraba que los alumnos pidieran por
las calles, aun aquellos estudiantes que tenían padres adinerados. El padre de Lutero no era
rico, pero había tenido el éxito suficiente en la minería para que Lutero no tuviera
necesidad de pedir comida si no quería. Es cierto que Lutero se unía regularmente a una
estudiantina que cantaba en las calles, por lo cual recibía limosnas. Y fue su canto lo que
primero llamó la atención de Ursula Cotta, esposa de un próspero negociante. Esta mujer
invitó a Martín a vivir con ellos. De esta forma vivió con los Cotta al mismo tiempo que
daba clases a Enrique Schalbe y comía con aquella familia. Su asociación con estas dos
familias y con Juan Braun, el vicario de la iglesia de Santa María en la ciudad, le ayudó a
desarrollar el gusto por la cultura, la poesía y la música. Las bases religiosas que tuvo en su
hogar cuando era niño se renovaron con la vida devota de los Hermanos de Magdeburgo y
se fortalecieron con esta gente piadosa en Eisenach.
Erfurt
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se permitía que las jóvenes entraran al dormitorio. De hecho, los alumnos necesitaban
permiso especial para verlas y esto sólo en las bodas u otras ocasiones especiales.
Con el fin de obtener el diploma en Erfurt el alumno tenía que estar bajo la estricta
supervisión de uno de los miembros de la Facultad. Sólo se graduaban los que contaban con
la aprobación de su supervisor. ¨El diploma de Erfurt no sólo significaba logro académico
sino también integridad moral¨. Lutero demostró su diligencia y aplicación en los estudios
graduándose en el tiempo más corto posible.
No obstante, mientras todo parecía ir bien exteriormente, no era así en su interior.
Su dedicación a los estudios y su deseo por superarse se habían eclipsado por una creciente
inquietud mental.
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CAPÍTULO DOS
La búsqueda
Todo parecía ir bien exteriormente. Sin embargo, en su interior no era así. De
repente Lutero entró en el claustro negro de los agustinos en Erfurt el 17 de julio de 1505.
Es cierto que la historia cuenta que un rayo mortífero asustó al estudiante para que hiciera
el voto: ¨Auxíliame, Santa Ana, y seré monje¨. En realidad este incidente sólo fue el último
de una larga lista de acontecimientos que llevaron a Martín Lutero al monasterio. Otro que
se podría citar era su asociación con el vicario Juan Braun en Eisenach y con los Hermanos
de la Vida Común en Magdeburgo. Algunas otras cosas también ocasionaron que Lutero
reflexionara acerca de cuáles eran sus prioridades: la muerte de un buen amigo mientras
estuvo en la universidad; el accidente en el que casi murió cuando se hirió la pierna con una
espada; y el recuerdo de sus días estudiantiles en Magdeburgo, donde vio que el príncipe de
Anhalt renunciaba a sus riquezas para dedicarse a ser un fraile que mendigaba. Todos estos
acontecimientos, según sus propias palabras, hicieron que Lutero se preguntara qué era lo
verdaderamente importante en su vida. Así el famoso incidente del rayo lo llevó a momento
decisivo.
El 17 de julio era el décimo cuarto día después de su voto. Lo había contado a sus
amigos, había vendido sus libros y se había preparado para el monasterio. Luego, después
de entrar, le escribió a su padre pidiendo su aprobación. Como era de esperarse, Hans
estaba furioso. ¿Por qué no lo había consultado? Aun después de visitar a Martín, no pudo
convencerlo para que cambiara de opinión y dejara el convento. Sin embargo, Hans
tampoco cambió de parecer. Este desacuerdo entre padre e hijo parecía insuperable. Hans
necesitaba que alguien de afuera interviniera para convencerlo. Primero, perdió a dos hijos
en una epidemia. Luego se le dijo que Martín había muerto de la misma plaga. Ahora Hans
estaba seguro de que era el juicio de Dios por su terquedad. Después de saber que el
informe sobre la muerte de Martín había sido un error, de mala gana dio finalmente su
consentimiento.
Al principio Lutero se sentía en paz en el monasterio. Podía dedicarse a suprimir sus
deseos carnales sin todas las distracciones mundanas que había fuera del monasterio. Los
oficiales del convento ayudaban que los novicios se acostumbraran a la vida monástica
durante el periodo de prueba. Con el fin de apoyar la creencia de que las posesiones
materiales eran malas, se les privaba de todas las cosas materiales. El cuarto de Lutero era
una celda que medía tan sólo dos metros por tres, sin calefacción, con un colchón de paja,
una mesa, una silla y una ventana. Las reglas de la orden prohibían adornos de cualquier
tipo. El ejercicio consistía en caminar de dos en dos por el claustro, con la mirada baja. No
se podía conversar ni hacer ruido en los pasillos. Lutero vivía plenamente entregado a esta
vida de novicio. Ayunaba en su cuarto hasta que no podía caminar y sus hermanos tenían
que tumbar la puerta para poder rescatarlo. Al menos una vez, agotado de tanto orar, cayó
inconsciente al piso de piedra delante del altar. Todo esto lo hacía porque buscaba una
manera de encontrar la seguridad de que sus pecados fueran perdonados. Años después
podría decir: ¨Es cierto, yo era un monje piadoso. Si alguna vez un monje hubiera podido
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ganar el cielo por ser monje, yo lo habría ganado. Si hubiera durado más, me habría
torturado hasta la muerte con vigilias, lectura y otras obras¨.
En menos de dos años, en abril de 1507, Martín estaba listo para que lo ordenaran
de sacerdote. Entonces se fijó la fecha del 2 de mayo para que pudiera invitar a sus
parientes y amigos, y celebró su primera misa. La ocasión era festiva. Hans, aunque no era
rico, pagó toda la celebración con 30 gúldenes. Viéndose padre e hijo por primera vez
desde julio de 1505, cuando se habían despedido sin haberse reconciliado, Martín ahora
esperaba mostrar a su padre que el incidente del rayo había sido un llamamiento del cielo.
Hans, todavía sin convencerse, contestó: ¨Dios permita que no haya sido un engaño del
diablo¨. Martín intentó probar la validez del llamamiento mencionado lo contento que
estaba en el monasterio. A esto Hans contestó, al alcance del oído de todos los presentes:
¨¿No has leído que debes honrar a tu padre y a tu madre, que no debes hacer nada sin su
conocimiento y consejo?¨ Esta declaración llegó al corazón de Lutero y más de una vez se
preguntó si un engaño satánico en aquella tormenta no lo habría inducido a hacer su voto.
Una vez que sus parientes y amigo volvieron a casa, Lutero se quedó solo para
seguir sus estudios de la Biblia. Quizá una de las razones por la que eligió la Orden de San
Agustín se debía a que ésta hacía hincapié en estudiar la Biblia. La Biblia forrada de cuero
rojizo que se le dio al entrar al monasterio fue su constante compañera. La estudiaba tanto
que podía citar largos pasajes de memoria. Llegó a tal grado que Martín usaba la Escritura
como el centro de todo su razonamiento y de todas sus decisiones. No todos estaban de
acuerdo con él. Sus compañeros en el monasterio le instaban: ¨La mendicidad y no el
estudio es la que enriquece el monasterio¨. Uno de sus maestros, el Dr. Usingen, le dijo:
¨¿Qué es la Biblia? Es mejor leer a los filósofos antiguos que han sacado la verdad de la
Biblia. La Biblia es la causa de todas las perturbaciones¨. No obstante, para Lutero las
interpretaciones que la Iglesia Católica Romana hacía llegaron a ser la verdadera causa de
perturbación. En ellas Lutero sólo vio las exigencias de Dios por un corazón y un alma
puros, un cumplimiento imposible. ¿Cómo podía creer que Dios lo había perdonado? En
vez de esto, estaba convencido de que Dios debía estar enojado con él a causa de sus
pecados. En una ocasión su padre confesor tuvo que decirle: ¨No es Dios quien está enojado
contigo. Eres tú quien está enojado con Dios¨.
Un alma perturbada
Había otros que habían encontrado consuelo en la gracia de Dios. Uno de ellos, un
fraile anciano, consoló a Lutero cuando éste se enfermó a causa de su ansiedad espiritual,
diciéndole: ¨No es suficiente que creas que Dios perdona los pecados en general, porque los
demonios también lo creen. Tienes que creer que tus pecados, tus pecados, tus pecados
están perdonados. Porque el hombre es justificado por la gracia, por medio de la fe¨. Sin
embargo, Lutero recibió de Juan Staupitz el consejo más impactante. Staupitz era el vicario
general de los Agustinos y dirigía la Facultad de Teología en la recién fundada Universidad
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de Wittenberg. Al principio de sus visitas se había percatado del sensible Lutero el cual con
frecuencia le pidió consejo. Staupitz notó que Lutero estaba profundamente involucrado
con sus problemas, sus pecados, sus defectos. El vicario intentó dirigir los pensamientos de
Lutero hacia la evidencia histórica de la misericordia de Dios: ¨No mires tus propios
pecados imaginarios, sino mira a Cristo crucificado, donde tus verdaderos pecados son
perdonados y aférrate a Dios con mucho valor¨.
Profesor en Wittenberg
Viaje a Roma
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Aunque no pudo ver las reliquias de más valor en Roma, sí alcanzó a ver muchas de las que
no eran muy importantes.
Vio el lugar donde se habían depositado las reliquias de los cuerpos de San
Pedro y San Pablo. Se le mostró el muro detrás del cual yacían los 300 niños
asesinados en Belén, el crucifijo de Santa Brígida que una vez habló, la cadena de
San Pablo, y la columna junto a la cual el gran apóstol una vez predicó… Se le
mostró el sepulcro de San Sebastián, el de la mujer samaritana y el pozo en que
habían permanecido los cuerpos de San Pedro y San Pablo por 50 años. Vio la
piedra con la huella del pie de Cristo y una parte de la columna junto a la cual fue
martirizado San Sebastián… Lutero vio la soga que se usó para llevar a rastras a
Cristo en su Pasión. También vio once de las espinas de la corona de Cristo, la
esponja que se usó para darle de beber durante su Pasión, un clavo de la cruz, la
inscripción de Pilato, una pieza grande y otra pequeña de la cruz, otra pieza de la
cruz de uno de los malhechores, un zafiro con agua y sangre del costado de Cristo, y
lecho y pelo de la virgen María. (Schwiebert p.189)
A Lutero le horrorizó la decadencia moral del clero. Consideró que los malos
sacerdotes no eran los verdaderos representantes de la iglesia. Puesto que la mayoría de los
de más alto rango en el clero no estaba presente en Roma, no vio realmente de primero
mano hasta qué punto había llegado la decadencia. Fue a Roma como un verdadero católico
y volvió igual, aunque menos ingenuo.
Doctor en teología
Ya para abril Lutero había vuelto a Erfurt y había reanudado sus clases sobre las
Sentencias de Lombardo. Otra vez fue llamado a Wittenberg. En el verano de 1511 llegó
allí. En septiembre Staupitz sugirió a Lutero que comenzara en serio a prepararse para ser
predicador y obtener su doctorado en teología. Aunque al principio Lutero protestó, accedió
finalmente. Federico, elector de Sajonia, pagó los honorarios acostumbrados de 50
gúldenes, y el 19 de octubre de 1512, Lutero recibió la gorra de lana y el anillo de plata de
doctor que significaba tener un nuevo puesto. Staupitz tuvo que retirarse para que Lutero
fuera el director de la Facultad de Teología en Wittenberg. Y se retiró con gusto porque,
con la supervisión de toda la provincia de Sajonia, se había visto obligado antes a dejar las
clases teológicas por falta de tiempo.
Lutero empezó sus nuevos deberes de inmediato. Durante los próximos 34 años
presentaría 16 series de discursos sobre 13 libros de la Biblia. Se limitaba a enseñar dos
veces a la semana a causa de sus otras obligaciones. A principios de 1511 llegó a ser el
predicador oficial de los monjes en la pequeña capilla del claustro. En el año de 1514 su
fama de buen predicador creció al punto que el concilio de la ciudad le pidió ser el
predicador de todo Wittenberg. En un año presentó 170 sermones—un promedio de más de
tres por semana.
El descubrimiento en la torre
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La serie de discursos sobre la Biblia que dio Lutero probablemente comenzó con
Génesis. En el año 1513 hasta el 1515 enseñó acerca de los Salmos; de 1515 a 1516, sobre
Romanos; de 1516 a 1517, Gálatas; y desde 1517 hasta 1518, Hebreos. Durante estos
discursos teológicos hizo lo que se conoce como ¨el descubrimiento en la torre¨.
La frase en los Salmos, ¨líbrame en tu justicia¨, siempre perturbaba a Lutero.
Consideraba la justicia de Dios repulsiva porque representaba aquel atributo que hacía que
Dios castigara al pecador. Entonces en el contexto del Salmo 71 Lutero empezó a ver la
justicia de Dios como la manera en que Dios perdona misericordiosamente al hombre por
medio de la fe. De pronto, en la mente de Lutero este pasaje ya no estaba en conflicto con
¨el justo por la fe vivirá¨. Después de ese descubrimiento en su cuarto de la torre, sus
discursos comenzaron a fluir con un evangelio gozoso que no se había oído desde
principios de la era cristiana.
En poco tiempo Lutero se convirtió en el profesor más popular de la universidad. A
los alumnos no se les pedía que asistieran a ninguna clase en particular y por lo tanto
podían escoger las que quisieran. Las clases de Lutero eran las que tenían mayor
concurrencia—no sólo asistían los alumnos, sino también la gente de la ciudad, que estaba
ansiosa por escuchar el evangelio puro. Al cabo de pocos años toda la Facultad se había
convertido al método evangélico de Lutero de interpretar la Biblia. Una parte de este
método requería de un estudio completo de los textos originales del hebreo y del griego.
Así Lutero pidió al elector Federico que ¨no se olvidara de enviarles a un verdadero
maestro de griego y hebreo¨. Felipe Melanchthon, niño prodigio, sobrino del erudito en
hebreo Johannes Reuchlin y autor de una gramática griega, llegó a Wittenberg en agosto de
1518. El escenario estaba preparado.
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CAPÍTULO TRES
14
el de arzobispo elector de Maguncia, uno de los electores imperiales. Sin embargo, el
precio era suficiente. Con el fin de garantizar a la casa bancaria Fugger de Augsburgo el
pago del préstamo de los fondos con los que Joaquín pagaría al Papa, León publicó na
indulgencia para que se vendiera en varias provincias de Alemania; la mitad de lo
recaudado era para pagar el préstamo y los intereses acumulados, mientras que la otra mitad
era para la construcción de la basílica de San Pedro en Roma y ayudar a mantener el alto
nivel de vida que el Papa Médici gozaba. Si Lutero se hubiera imaginado algo de esto, se
pensaría que hubiera objetado antes y con mayor energía. Por otro lado, Lutero pudo haber
hecho caso omiso a lo que se decía, pensando que era sólo chismorreo. Su interés estaba en
el asunto teológico—algo que podía combatir con las Escrituras.
Juan Tetzel
Un monje dominico llamado Juan Tetzel tuvo la mala suerte de ser el vendedor
principal de indulgencias para Alberto en Alemania. Ciertamente no lo consideró
desventurado al principio de sus ventas. Había vendido indulgencias desde 1504 y gozaba
de mucho éxito, jactándose de que había salvado a más almas por medio de sus
indulgencias que San Pedro con su predicación. Su salario igualaba su egoísmo y era
mucho más del que se pagaba a la mayoría de los oficiales en Alemania. Su táctica para
vender se había desarrollado muy bien.
Ésta comenzaba con una campaña de publicidad varias semanas antes de su llegada.
Cuando llegaba el día se realizaba una gran procesión en la ciudad, con mucha pompa.
Luego venía una serie magistral de tres sermones. El primer sermón que trataba sobre el
infierno usaba un lenguaje muy gráfico para describir los detalles de los tormentos de los
condenados. El segundo sermón sobre el purgatorio recordaba a sus oyentes que sus
queridos difuntos, padres y amigos estaban esperando a que se les rescatara del tormento.
El tercer sermón acerca del cielo describía el pacífico reposo que disfrutaban los que se
habían salvado. A estas alturas todo el mundo estaba dispuesto a asegurarse de no ir al
infierno y de llegar al cielo. Las indulgencias de Tetzel se vendían muy bien—pero no en
Sajonia electoral. Federico el Sabio estaba a la altura de su nombre y prohibió el tráfico de
indulgencias en su territorio, aunque por motivos prácticos. Él tenía su propio sistema de
indulgencias incorporado a su gran colección de reliquias, que exponía cada año en el Día
de Todos los Santos. Federico estaba convencido de que todo ese buen dinero alemán
podría ser útil sin que saliera para Roma.
Ya en 1515 Lutero había comenzado a enseñar a sus alumnos en cuanto al uso
apropiado de las indulgencias y el abuso de éstas como las que vendía Tetzel. El 31 de
octubre de 1516 predicó un sermón sobre el tema al público en general. El problema
consistía en que sus miembros recorrían unos cuantos kilómetros de Wittenberg a
Jueterbock, comprando indulgencias en Sajonia ducal y luego mostraban a Lutero el
¨derecho¨ que tenían de seguir pecando. Lutero se puso furioso. Se negó a aceptar las
indulgencias y tampoco quiso dar la Santa Cena a los que confiaban en ellas.
El día 24 de febrero de 1517 predicó otro sermón señalando el hecho de que las
indulgencias adormecían la conciencia de la gente en cuanto a la seriedad del pecado. En
15
octubre, cuando recibió una copia de las instrucciones de Alberto para Tetzel de lo que
podría decir para animar a la gente a comprar las indulgencias, Lutero decidió que ya era
tiempo de actuar.
Si Lutero hubiera pensado que hacía algo indebido o algo que se oponía a la política
establecida en la iglesia, sería poco probable que hubiera levantado su martillo en la víspera
de la fiesta de Todos los Santos en 1517. Clavó sus noventa y cinco proposiciones en la
puerta de la iglesia del castillo, por donde iban a pasar los peregrinos al día siguiente para
ver la colección de reliquias de Federico. Así retó a la comunidad de eruditos para debatir
acerca de la práctica de las indulgencias. También envió una copia al arzobispo Alberto.
Lutero estaba convencido de que Tetzel abusaba en gran parte de las instrucciones de
Alberto y tergiversaba la posición de Roma. Sólo se necesitaba una palabra oficial de
censura para poner fin al asunto. O al menos Lutero así lo creía. Lutero quería un debate
público sobre las Tesis. No esperaba una distribución tan extensa. El debate nunca se llevó
a cabo; la distribución sí. Aunque la impresión y la distribución de las Tesis se demoraron
unas 14 semanas, las noticias del acontecimiento y la fama de las Tesis se extendieron por
toda Alemania en menos de un mes.
La convención de Heidelberg
Después de que Alberto recibiera las Noventa y cinco tesis las mandó a la Facultad
de Teología de la Universidad de Maguncia pidiendo su opinión. La Facultad le sugirió que
se pusiera en contacto con Roma. León al principio no dio mucha importancia a las Tesis
pensando que se trataba de la perorata de un monje que había tomado demasiada cerveza
alemana. Y decidió simplemente que los agustinos se encargaran del asunto. En mayo de
1518 Lutero tuvo la oportunidad de explicar su posición en la convención de Heidelberg de
su propia Orden de San Agustín. El Dr. Staupitz, vicario general de la orden en Alemania,
determinó la agenda. Con mucho cuidado organizó la reunión y permitió que Lutero
primero abordara sus enseñanzas acerca del pecado original, la gracia y el libre albedrío.
Eso ocasionaría una reacción más favorable para Lutero en lugar de que primero presentara
su argumento contra las indulgencias y la manera en que la iglesia las usaba. Lutero se ganó
muchos amigos en esa reunión. No se ha descubierto constancia de ninguna censura ni
reacción oficial a la posición de Lutero.
Mientras tanto Tetzel, sin saber la respuesta de Alberto, León y los agustinos,
intentó ejercer mucha presión contra Lutero por medio de la Orden de Santo Domingo.
Envió a un abad amenazando el convento agustino; no pasó nada. Al ascender a doctor en
teología en enero de 1518, Tetzel presentó 106 tesis del Dr. Conrado Kock contradiciendo
la posición de Lutero. Cuando llegaron las copias publicada de estas tesis a Wittenberg para
ser distribuidas, los estudiantes las quemaron.
En ese tiempo Lutero debió de darse cuenta de la tempestad que se avecinaba. En
previsión de futuras dificultades, el 16 de mayo predicó un sermón sobre el uso apropiado
de la excomunión. La iglesia de su época abusaba terriblemente del ministerio de las llaves.
A veces ésta había excomulgado a individuos y había puesto a países enteros bajo el
interdicto por cosas tan sencillas como no pagar todo el impuesto para la iglesia. Esto
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significaba que a todo el que se le designara así se le negarían todos los sacramentos
excepto el bautismo y la extremaunción. En resumen, sólo era otro modo de ejercer la
autoridad espiritual en una forma nada espiritual. En un sermón Lutero señaló que el uso
bíblico de la excomunión no afectaba la relación interna entre el hombre y Dios. Esa
relación tenía que haberse roto con un pecado persistente y con el rechazo al
arrepentimiento para que la excomunión fuera válida. El acto exterior de anunciar la
excomunión sólo hacía oficial ante el mundo lo que Dios ya sabía que había ocurrido en el
corazón. El sermón impresionó a sus miembros. Además fue una de las primeras veces en
que Lutero señaló abiertamente los errores en las prácticas de la Iglesia Romana.
El cardenal Cayetano
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Cayetano envió un informe de los resultados a Roma. Estaba preocupado por las
declaraciones de Lutero de que las pretensiones de Tetzel nunca las había aprobado Roma
oficialmente. Así que incluyó una opinión sobre las indulgencias que fue adoptada como el
dogma oficial de la iglesia. Se prefirió la posición de los dominicos que enseñaba Tetzel y
que legalizó Cayetano sobre la posición bíblica de Lutero.
Entonces León envió a un noble de Sajonia, Carlos von Miltitz, a la corte del
elector. Debía entregarle a Federico la ¨Rosa dorada¨, honrándolo algo así como el laico del
año. El sabio Federico percibió en esto la adulación. Sabía muy bien que León necesitaba
su apoyo para elegir a un nuevo emperador cuando muriera el enfermo Maximiliano.
Miltitz tuvo éxito en tergiversar la posición de los dos partidos con la esperanza de poder
ser reconocido como el árbitro del siglo. Tenía bastante diplomacia para reconocer que
Lutero contaba con más apoyo popular de lo que suponía la curia. Incluso confesó a Lutero
que tenía dudas de que los 25,000 soldados suizos fueran capaces de sacarlo de Alemania.
La única concesión que Miltitz recibió de Lutero fue una promesa de guardar silencio si el
otro partido también lo hacía.
Afortunadamente para Miltitz, su engaño no se descubrió en Roma porque
Maximiliano murió en enero de 1519. Fue necesario concentrar todo el poder político en la
elección de un nuevo emperador que fuera del agrado del Papa. Al principio León quería al
mismo elector Federico. Sin embargo, por carecer del apoyo militar, Federico no lo aceptó.
Luego con el fin de evitar la elección de Carlos I de España a toda costa, León ofreció a
Federico la oportunidad de nombrar a un cardenal de su propia preferencia si apoyaba la
elección del rey de Francia. Aunque parezca increíble, era obvio para Lutero y Federico que
León estaba dispuesto a poner a Lutero en el colegio de cardenales para evitar la elección
de Carlos. A fines de junio era obvio que Carlos sería elegido pese a la oposición de Roma.
Entonces León apoyó la candidatura de Carlo para dar la apariencia de que Roma estaba en
favor de su elección.
El debate de Leipzig
El próximo enfrentamiento que le esperaba a Lutero sería con el Dr. Juan Eck en
Leipzig. Eck era el polemista más hábil de la Facultad de la Universidad de Ingolstadt y un
hombre muy ambicioso. Estaba convencido de que podría vencer a Lutero en un debate,
probar que era un hereje y luego gozar del honor que recibiría de Roma. Aunque Eck en
realidad quería debatir con Lutero, una parte de su guerra sicológica antes del debate fue
retar a un colega de Lutero en Wittenberg, Bodenstein von Carlstadt, sin hacer caso de
Lutero. El fingimiento incluía dar oficialmente un salvoconducto a Carlstadt pero no a
Lutero. Lutero asistió como espectador.
El debate comenzó sobre la cuestión del libre albedrío. A los jueces de la
Universidad de Leipzig les resultó obvio que Eck era mucho mejor orador; en cambio la
presentación de Carlstadt fue muy monótona. Leyó para el acta oficial largos pasajes de sus
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ensayos y libros. Esto preocupó a Eck porque el juicio final lo daría la Universidad de París
después de que hubiera estudiado las actas del debate. Por lo tanto, Eck logró que se
cambiaran las reglas para permitir sólo el discurso improvisado. Esto causó dificultades a
Carlstadt, mientras que Eck se aprovechó de la situación. En el aspecto teológico, Lutero
dijo que Carlstadt había ganado el debate. Sin embargo, había perdido la audiencia debido a
sus métodos.
En el mismo día en que Lutero entró en el debate con Eck, a pocas cuadras del lugar
donde se llevaba a cabo el mismo, moría Juan Tetzel, desconsolado y abandonado por sus
amigos. El debate pasaba ahora a la supremacía del Papa. Lutero declaró que la iglesia sólo
necesitaba una cabeza, Jesucristo. Por varios días Lutero puso énfasis en este punto, usando
las Escrituras como base de su argumento. Al fin Eck logró que Lutero hablara de Juan
Hus, el hereje bohemio que fue quemado. Acusó a Lutero de tener las mismas ideas de
Wyclif y de Hus, quienes negaban la supremacía del Papa. Lutero respondió que no quería
tener que defender la herejía de Bohemia, pero afirmó que no todas las enseñanzas de Hus
eran heréticas. Eso era el colmo para el duque Jorge, quien se encontraba presente. Era una
clara evidencia de herejía de parte de Lutero. Había apoyado a un hereje. Por el resto de los
diez días que duró el debate, esa acusación se cernía sobre Lutero.
El resultado final: el pensamiento de Lutero se solidificó en varios asuntos. Las
Escrituras tenían que ser la única autoridad de la iglesia; la iglesia no era sinónimo de la
Iglesia Romana, sino era invisible; el Papa no era la cabeza de la iglesia, sino solo
Jesucristo. Sin embargo, para los observadores de Leipzig, incluso para el duque Jorge, Eck
fue el obvio ganador y recibió muchos galardones. Después de más de 18 meses—
sincronizados convenientemente para influir en la Dieta en Worms—la Facultad de Paría
entregó su veredicto: Lutero era culpable de herejía en 104 puntos.
Exsurge, Domine
Eck y Cayetano fueron a Roma con su informe colectivo sobre Lutero. Instaron a
León que amenazara a Lutero con la excomunión. La bula papal, Exsurge, Domine
(Levántate, Señor…para herir a Lutero) se publicó el día 15 de junio de 1520. La amenaza
consistía en que sería excomulgado a los sesenta días a partir de la publicación. Sin
embargo, ésta no llegó a Lutero por varios meses. También incluía la orden de que todos
los escritos de Lutero fueran quemados. No obstante, la bula no tuvo mucho éxito en
Alemania. Muchos obispos y oficiales de las ciudades temían publicarla debido a la fama
que Lutero tenía. En los lugares donde se publicaba era mutilada o destruida.
Durante los seis meses antes de la Dieta de Worms Lutero compuso tres de sus más
importantes e influyentes escritos. El primero, A la nobleza cristiana de la nación alemana,
fue un intento por reunir a los líderes lacios alemanes para insistir en la reforma de la
iglesia, puesto que era obvio que el clero no lo haría. En este escrito Lutero atacó la idea de
que existía una clase separada de la gente llamada clero que era mejor que el laicado.
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Explicó el concepto del Nuevo Testamento del ¨sacerdocio universal¨, mostrando que no
hay necesidad de una ¨sucesión apostólica¨ del Papa para administrar los sacramentos o
para predicar la palabra. Lo único que se necesitaba era una preparación adecuada. Lutero
también destruyó la pretensión del Papa de que él fuera el único intérprete infalible de las
Escrituras. ¿Cómo podía un Papa inmoral (y en este caso, uno que no tenía una
capacitación teológica), interpretar la palabra de Dios? La opinión de Lutero era que
cualquier persona que tenía una instrucción en las Escrituras podría interpretar la Biblia.
Lutero atacó finalmente la pretensión papal de que sólo los papas pudieran convocar a un
concilio general de la iglesia. Con ejemplos históricos demostró que grupos y aun
emperadores laicos una y otra vez habían convocado los concilios.
Su segundo tratado, La cautividad babilónica de la iglesia, iba dirigido al clero.
Aquí atacó la esclavitud espiritual en que Roma mantenía a la iglesia por medio de los siete
sacramentos. El santo bautismo fue el único de los siete sacramentos en conexión con el
cual Lutero no atacó a Roma. Demostró que la Santa Cena había dejado de ser un
sacramento que provee el perdón de Dios, y se había convertido en un sacrificio, una buena
obra del hombre. Probó con las Escrituras que no era la intención de Cristo negar la copa a
los laicos, y que no había un cambio sobrenatural en la sustancia sobre el altar. Cristo está
presente en los elementos sólo en conexión con la recepción por el comulgante. En cuanto a
los otros cinco sacramentos (el de la confirmación, el matrimonio, la penitencia, las órdenes
santas y la extremaunción), demostró que no había fundamento bíblico para considerarlos
sacramentos de la forma en que Roma los practicaba. (Enrique VIII de Inglaterra escribió
un tratado en contra de éste para apoyar los siete sacramentos. Por esto, León X le otorgó el
título de ¨Defensor de la fe¨, el cual todavía lo llevan los monarcas ingleses hasta hoy.)
El tercer tratado, La libertad cristiana, ponía énfasis en dos puntos importantes: 1)
El cristiano es el señor más libre de todos y no está sujeto a nadie; y 2) el cristiano es el
sirvo obediente de todos, sujeto a todos. En el primer punto Lutero mostró que el cristiano
vive por fe y ya no es esclavo de sus pasiones. Tampoco está obligado por un sistema
inventado de reglas externas. Por otra parte, el segundo punto explica que mientras el
cristiano no está obligado a obedecer a nadie, a causa de su renacimiento en el Espíritu,
quiere servir a todos por amor.
La Dieta de Worms
Carlos V estaba en una situación difícil. Se veía obligado por la ley imperial a no
condenar a ningún alemán sin un procedimiento legal. No obstante, ahora que Lutero había
desafiado abiertamente a Roma quemando Exsurge, Domine, Roma dijo que Carlos no
tenía ninguna opción. Lutero ya no era hijo de la iglesia—¨¡Arresta a Lutero!¨ El asunto
llegó a ser oficial en la bula papal, Decet Romanum pontificem, publicada el 3 de enero de
1521, la cual hizo oficial la excomunión de Lutero. A pesar de todo esto, el elector Federico
abogó personalmente el caso de Lutero y recibió la promesa de concederle una audiencia a
Lutero ante la dieta.
Entre tanto, cada vez más personas en Alemania estaban de parte de Lutero. Habían
leído con aprobación los tres tratados y apoyaban a su liberador. Cuando el emisario papal
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Jerónimo Aleandro llegó a Worms no le dieron una bienvenida muy cordial. Se suponía que
los libros y los escritos de Lutero debían ser quemados. No obstante, allí estaban a la vista
de todos para su venta. Aleandro escribió al Papa en cuanto al sentimiento popular: ¨El
noventa por ciento de la población grita: ´Viva Lutero´, y el otro diez por ciento grita:
´Abajo Roma´¨. Por no decir más, su estancia allí no fue muy cómoda. La dieta inició sus
sesiones el 25 de enero de 1521 para discutir todos los asuntos del Santo Imperio Romano.
Uno de los asuntos en la agenda era el caso del fraile Lutero contra la Iglesia Romana. El
punto de vista romano era que Lutero merecía ser condenado como hereje. Ni siquiera
debía ser oído. La táctica era ofrecerle cualquier cosa para que fuera a Worms y luego
arrestarlo allí. Nadie tenía que honrar la palabra dada a un hereje. Básicamente es lo que
Aleandro instaba a todos los líderes presentes: Lutero debe morir sin ser oído.
El 26 de marzo Lutero al fin recibió la convocatoria del emperador Carlos V para
que asistiera a Worms dentro de 21 días. Lutero no quiso que Melanchthon fuera con él
aunque éste le rogaba que le permitiera acompañarlo. Lutero sabía que su vida corría
peligro, pero no le importaba tanto su vida como su causa, el evangelio puro. Si Lutero
moría, Melanchthon podría seguir adelante con la obra.
Martín Lutero salió de Wittenberg el 2 de abril, guiado por el heraldo imperial,
quien iba a proporcionar el salvoconducto. Durante todo el trayecto el pequeño grupo
recibió el trato real de parte de la gente local. Lutero pasó la noche en su viejo convento
agustino en Erfurt el sábado 6 de abril. A la mañana siguiente predicó en una catedral
repleta de gente. De repente el balcón comenzó a crujir con el peso de la muchedumbre.
Lutero puso fin al pánico diciendo: ¨Quietos, querido pueblo, sólo es una broma del diablo;
mantengan la calma, no hay peligro¨.
Exhausto físicamente del viaje, Lutero necesitaba atención médica en Eisenach. Y
cada vez que se detenía en el camino, el pueblo le pedía que no fuera a Worms. Su
respuesta era sencilla: ¨He aquí, Cristo vive, y yo entraré a Worms a pesar de las puertas del
infierno y de los poderes de las tinieblas¨. El 16 de abril el pequeño grupo, cuando entró a
Worms, tuvo una calurosa bienvenida de parte de unos cien hombres a caballo. Miles de
personas se alineaban a lo largo de las calles para ver al reformador de Wittenberg.
A las cuatro de la tarde del día siguiente Lutero debía presentarse ante la dieta. Las
calles estaban tan llenas que fue necesario que los oficiales lo llevaran por un jardín que
conducía a la puerta trasera. Tuvo que esperar dos horas mientras concluía otro asunto.
Cuando Lutero fue guiado a la cámara de la dieta le dijeron que no podía hablar excepto
para contestar una pregunta directa. Lutero se sorprendió y se desilusionó. En la
convocatoria original Carlo había dicho que quería ¨obtener información en cuanto a ciertas
doctrinas que vienen de ti y de ciertos libros escritos por ti¨. Lutero no supo del edicto
romano que le prohibía hablar, a no ser que fuera para retractarse.
La sala de la asamblea estaba abarrotada, calurosa y bochornosa. Además, eran
después de las seis, y tenían que encender grandes lámparas que humeaban. El vocero
oficial, Juan von Eck (no el profesor de Ingolstadt), le hizo una doble pregunta a Lutero.
¨¿Son estos tus libros, y te retractas de las herejías escritas en ellos?¨ Esa pregunta
sorprendió a Lutero y al principio no la contestó. Entonces su abogado interrumpió y pidió
que se leyeran todos los títulos para asegurarse de que sólo los libros de Lutero estuvieran
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en ese montón. Lutero se recuperó y respondió que todos los libros eran suyos. Sin
embargo, la otra pregunta estaba relacionada con asuntos de la salvación, la fe y la palabra
de Dios. En esto necesitaba un poco de tiempo para pensar. El Emperador le dio
exactamente 24 horas.
Aquella noche Lutero se tranquilizó. Ahora sabía exactamente lo que querían de él.
También sabía la respuesta que tenía que darles. Otra vez esperaba desde las 4 hasta las 6
de la tarde. El lugar de la reunión ahora era en una sala más grande. Ésta estaba aún más
llena que el día anterior. Otra vez Eck le preguntó: ¨¿Quieres retractarte de las herejías
escritas en tus libros?¨
Lutero contestó calmadamente que sus libros se clasificaban en diferentes
categorías. Algunos hablaban de la sencilla moralidad cristiana que ni sus propios enemigos
podrían criticar. Otros denunciaban los abusos del papado, que no se atrevía a retractarse
para no fomentar más abusos. Un tercer tipo fue escrito sobre individuos que querían
defender la tiranía romana. En este último grupo Lutero reconoció que era posible que
hubiera hablado con demasiada aspereza, pero no lo había hecho por su propio honor sino
por el evangelio de Cristo. Luego les pidió que le mostraran dónde había errado en sus
escritos sobre la base de las Escrituras. Así terminó y se sentó.
Había hablado en el idioma oficial, latín. Hubo varias peticiones de que lo repitiera
en alemán; y lo hizo. Después de un breve receso Eck dijo: ¨No debes cuestionar lo que los
concilios han decidido y condenado. Así te ruego que des una respuesta sencilla, sin
complicaciones y sin cuernos. ¿Te retractarás o no?¨ Lutero sabía que había llegado el
momento para dar una respuesta audaz y concisa: ¨Si no me convencen mediante
testimonios de las Escrituras o por un razonamiento evidente (puesto que no creo al Papa ni
a los concilios solos, porque consta que han errado frecuentemente y contradicho a sí
mismos), quedo sujeto a los pasajes de las escrituras aducidos por mí y mi conciencia está
cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, puesto que no es
prudente ni recto obrar contra la conciencia. No puedo proceder de otra manera, aquí estoy,
¡que Dios me ayude! Amén.¨
Esto causó gran tumulto. Los alemanes aplaudieron; los españoles silbaron. Lutero
fue rodeado por sus seguidores y llevado a su cuarto por motivos de seguridad. Nunca antes
un alemán defendió su posición contra los poderes extranjeros ni actuó según el dictamen
de su propia consciencia obligada por la Escritura. Durante los próximos días Lutero se
reunió con los representantes del Emperador quienes intentaron hallar alguna base para un
acuerdo mutuo. La respuesta de Lutero siempre fue la misma: ¨Convénzanme con la
Biblia¨. No podían comprender su posición de que la Iglesia Romana se había desviado de
la Biblia. No podían imaginar que tantos miles de doctores y eruditos se hubieran
equivocado y de que sólo este monje alemán tenía la razón. Las reuniones no llegaban a
ninguna parte. Así, exasperado, Lutero pidió finalmente permiso de volver a casa. El 26 de
abril salió de Worms con un salvoconducto que se extendía por 21 días.
Luego de cuatro días de su salida de Worms, Carlos dijo que estaba dispuesto a
condenar a Lutero bajo la proscripción. El 12 de mayo Aleandro tenía una copia del edicto
en latín y otra en alemán listas para la aprobación de la dieta y para la firma del Emperador;
sin embargo, el Emperador vaciló. Los franceses estaban atacando y Carlos necesitaba la
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ayuda de los nobles alemanes contra ellos. Así decidió clausurar la dieta y publicar la
proscripción más tarde. El Edicto de Worms, señalando a Lutero y sus seguidores como
proscritos, fue firmado el 26 de mayo de 1521, al día siguiente de que se levantó la sesión
de la dieta.
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CAPÍTULO CUATRO
Reposo y rebelión
Lutero salió de Worms en mejor estado de ánimo que cuando llegó. El peligro
inmediato había pasado. Había declarado delante del Emperador; ahora podía volver a casa.
No obstante, en las afueras de Eisenach le esperaba una sorpresa. Había sido Georg
Spalatin, capellán del elector Federico, que había dispuesto los planes para mantener a
salvo a Lutero. Federico respaldaba todo el plan, pero no quería saber dónde se encontraba
Lutero. Así que Federico no estaba informado en cuanto a los detalles.
El 2 de mayo, Lutero, dos compañeros y su cochero dejaron el grupo más grande de
viajeros y fueron a visitar a unos parientes de Lutero al sur de Eisenach en Moehra. Allí
Lutero predicó en la mañana del 4 de mayo. Más tarde, el mismo día, salieron para volver a
tomar el camino principal. Al pasar por el bosque de Turingia, un poco antes del atardecer,
unos jinetes armados rodearon al pequeño grupo. Con calma Lutero aseguró a sus amigos:
¨Estamos entre amigos¨, antes de que, sin ningún miramiento y apuntándole a Lutero con la
ballesta, se lo llevaran precipitadamente.
La acción engañó aún al mismo cochero, por lo cual pronto se divulgó la noticia que
a Lutero lo habían capturado y de que había desaparecido. Muchos de sus amigos suponían
que estaba muerto. Entretanto sus enemigos se regocijaban con esa posibilidad. Estaban
seguros que el diablo se lo había llevado.
El caballero Jorge
Mientras tanto los hombres armados pronto disfrazaron a Lutero como un caballero,
lo montaron en un caballo y lo llevaron por muchos desvíos hacia Eisenach, al viejo castillo
de Wartburgo. Llegaron allí a la media noche con un Martín Lutero completamente
exhausto. Por la escalera trasera entró a una aislada parte del castillo—su nuevo hogar. Le
dijeron que se dejara crecer la barba y el cabello, adoptara la identidad de un caballero y se
visitera como tal.
En poco tiempo Lutero tuvo la apariencia de un caballero y así to trataban también.
Ahora en vez de llamarle Dr. Lutero todos se dirigían a él como el caballero Jorge. Por un
tiempo Lutero se desenvolvió como un verdadero caballero, participando en todas las
actividades de los otros caballeros. Sin embargo, no le gustaba mucho la cacería. No le
molestaba tanto la idea de la caza de zorras o de lobos, pero no le gustaba perseguir a los
conejos ni a las codornices. Le agradaba mucho más ocupar su tiempo libre caminando sin
prisa por los bosques cercanos.
Vuelve a escribir
Estas actividades físicas pronto le aburrieron. Así que en secreto envió por sus
libros para ocupar su tiempo en algo útil. Aquí en su escondite, lejos de la rutina diaria de la
enseñanza, de la predicación y del trabajo de la parroquia, podía dedicarse a sus estudios y
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a la escritura. Su primera meta era la de terminar una serie de sermones sobre los
evangelios y lecciones sobre las epístolas.
Cada vez más Lutero estaba convencido de que la Iglesia Romana no se podría
reformar por dentro, que tendría que haber una ruptura y empezar de nuevo. Así Lutero
escribió un tratado atacando la práctica entera de la confesión y la penitencia. Cuando
Lutero había desaparecido, Alberto de Maguncia pensó que estaba libre para volver a
presentar sus indulgencias. Lutero le advirtió que si publicaba un tratado titulado Contra el
ídolo de Halle haría de Alberto el hazmerreír. Éste se disculpó con Lutero y el tratado no se
publicó.
Lutero se vio obligado a pensar en los votos monásticos, el celibato y el matrimonio
mientras estaba en el castillo de Wartburgo. En junio de 1521 Carlstadt dijo que no era
bueno que los monjes permanecieran solteros; debían renunciar a sus votos y casarse con
las mujeres con las que ya vivían. (Él mismo se casó con una muchacha de 15 años aquel
diciembre.) Lutero se sorprendió. Todavía no había pensado seriamente sobre el asunto. No
obstante, en septiembre terminó la obra Sobre los votos monásticos. En ésta Lutero rechazó
la idea romana de que el celibato fuera una mejor forma de vida. Además, dijo que una
persona debe tener el derecho de renunciar al voto si así lo quería. Sin embargo, por otra
parte, no quería obligar a los monjes y a las monjas a salir de los conventos. Otra vez, era
un asunto para la consciencia de ellos. Cada quien tenía que responder por sus propias
acciones. Al mismo tiempo escribió una carta a su padre diciéndole que su apuro por hacer
los votos hacia 16 años era una necedad, especialmente porque lo había hecho sin el
permiso de sus padres. Ahora, Lutero escribió que estaba convencido de que esos votos
eran de origen humano y no eran bendecidos por Dios.
El Nuevo Testamento
En el castillo de Wartburgo Lutero comenzó algo que quizá tendría más importancia
que cualquier otra cosa que hizo como reformador. Tradujo el Nuevo Testamento al idioma
del pueblo. Por más de mil años la Iglesia Romana había usado el latín en sus cultos y en
sus escritos. Eso estaba bien para quienes entendieran el latín. Fuera de Italia, entre la gente
común, había pocos que lo entendían. Los principales escritos teológicos y la Biblia estaban
escritos en un idioma que muy pocos podían leer o entender.
Anteriormente hubo otras traducciones de la Biblia a alemán, pero no tenían mucha
popularidad. O el lenguaje era de mala calidad o las copias eran demasiado costosas. Lutero
quería hacer una buena traducción—hacer que San Pablo hablara alemán. En un corto
tiempo de once semanas terminó todo el Nuevo Testamento mientras permanecía en el
Wartburgo. Cuando salió de allí para volver a Wittenberg en la primavera de 1522, llevó
consigo el borrador de la traducción. Allí él y Melanchthon pasaron largas horas
examinando y verificando la traducción antes de que fuera publicada en septiembre de
1522. El libro se vendió muy bien; se agotaron 5,000 ejemplares en dos meses.
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Como ocurre con la mayoría de las causas, pronto surgió un elemento radical. La
Reforma de la iglesia por Lutero no estaba exenta de esto. Su viejo amigo y colega en
Wittenberg, Andrés Carlstadt, decidió que las cosas no avanzaban lo suficientemente
rápido. Predicó que era indebido usar órganos, pinturas e imágenes; que la celebración de la
misa sin la copa era mala y que tenía que cesar de inmediato. Instó a los alumnos en
Wittenberg a la acción, a interrumpir la celebración de la misa y perseguir a los asistentes.
La turba respondió con entusiasmo. Destruyó imágenes, altares y crucifijos; y ofendió de
muchas maneras a los feligreses sencillos.
Durante diciembre de 1521 Lutero visitó Wittenberg en secreto para aclarar algunos
problemas de la publicación. No obstante, las cosas empeoraban cada vez más. Entonces
escribió al elector Federico a principios de marzo de 1522. En aquella carta le aseguraba
que ya no esperaba que el elector le brindara más apoyo para mantenerlo seguro. Su causa
era justa y de todos modos Dios lo protegería mejor que Federico. Entonces dejó
silenciosamente su escondite aislado y salió para Wittenberg. Aún estaba disfrazado de
caballero porque tenía que pasar por Sajonia ducal, el territorio del duque católico Jorge.
El viernes 6 de marzo llegó a salvo a Wittenberg. El siguiente domingo comenzó a
predicar una serie de ocho sermones en días consecutivos denunciando el uso de la fuerza
para lograr los propósitos de Dios. La sola palabra es suficiente. Se tenía que ganar primero
el corazón de la gente por medio del evangelio antes de que se pudiera esperar un cambio
en su actitud. Carlstadt se fue y la tranquilidad volvió a Wittenberg.
La suerte de los campesinos durante la Edad Media no era muy buena. La vida de
los campesinos dependía del cultivo de sus tierras. No obstante, no todo lo que cultivaban
les pertenecía. Tenían que pagar impuestos al príncipe local. Tenían que comparar el
permiso para cazar, recoger leña, pescar y también para que su ganado pastara. Muchos
perdían sus granjas por no pagar los impuestos y luego de todos modos tenían que
trabajarlas—pero ahora para el príncipe. Las horas eran largas y el trabajo resultaba
sumamente difícil. Era una lucha constante el sólo poner comida en la mesa y dar un techo
a su familia. A muchos de estos campesinos no les pertenecía nada, debían todo a su
príncipe, y éste los trataba como esclavos.
Para colmo, con el descubrimiento del Nuevo Mundo, Europa se vio inundada de
oro y plata. Sin un aumento en la producción de artículos para vender ni comida, los precios
se dispararon. Como era de esperarse, el alza de precios fue el golpe más duro que
recibieron los que apenas tenían para comer. Por tanto, el estilo de vida de los campesinos
empeoraba cada día y lo único que les quedaba para cambiar la situación era la rebelión. Lo
intentaron varias veces a principios del siglo XVI.
Entonces llegó Lutero, enseñando que, esclavo o libre, cada cristiano es un hijo de
Dios, un sacerdote delante de Dios. Su tratado de 1520, La libertad del cristiano, lo
entendieron mal las masas. En vez de ver a Lutero como un campeón de la libertad
espiritual, lo vieron como el campeón de su libertad política del sistema feudal.
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La chispa que encendió el fuego en los campesinos se dio en el sur de Alemania
durante el verano de 1524. La condesa de Lupfen dijo a sus campesinos que recogieran
fresas y caracoles durante su día libre para una fiesta que iba a dar. Y ellos en vez de eso
reunieron a sus amigos y fueron a la guerra. Ya en 1525 el fuego se había extendido por
todo el imperio. A pesar de que los campesinos estaban muy mal organizados y
desprevenidos, los príncipes estaban en peores condiciones; y los campesinos ganaron la
primera batalla. Prevaleció la locura. Quemaron, despojaron, hirieron y mataron a los
nobles. No hubo ninguna restricción.
Las cosas se calmaron un poco durante el invierno de 1524-1525. De hecho, algunos
campesinos se sentaron y escribieron una lista de demandas llamadas Los doce artículos.
En términos generales Lutero estaba de acuerdo con los artículos. No podía argüir contra el
número uno, que exigía el derecho de escoger a sus propios pastores, ni del número doce,
que negaba todas las leyes contrarias a las Escrituras. En abril de 1525 el tratado de Lutero,
Exhortación a la paz sobre los doce artículos de los campesinos de Suabia iba dirigida tanto
a los nobles como a los campesinos. Advertía a los nobles que no abusaran del derecho que
tenían a los impuestos, pero también decía a los campesinos que no tenían ningún derecho
de usar la violencia.
No obstante, llegó la primavera y con ella aumentó también la rebelión y la lucha.
Durante una visita a Eisleben y a sus alrededores Lutero vio de primera mano cuán mala era
la situación, y su predicación allí no causó ningún efecto. La gente que se deja llevar por la
emoción no escucha la lógica. Durante la ausencia de Lutero en esa visita, el elector
Federico, que desde algún tiempo había estado enfermo, falleció. Era evidente la falta de
liderazgo durante su enfermedad y esto pudo haber animado a los campesinos.
Cuando Lutero volvió a Wittenberg en mayo, escribió su tratado Contra las hordas
ladronas y asesinas del campesinado. Lutero había visto a su patria desgarrarse por la
rebelión contra la autoridad. Con un lenguaje muy sincero denunció los métodos de los
campesinos citando Romanos 13:1-4. Dijo que merecían la muerte por tres motivos: 1)
habían roto su voto de servir a sus señores, 2) habían robado y matado, y 3) lo habían hecho
en el nombre del evangelio y así blasfemaban a Dios.
Por desgracia, para Lutero y para la Reforma, el tratado no se publicó hasta el mes
de junio. El 15 de mayo los campesinos fueron casi aniquilados en una batalla cerca de
Frankenhausen. Su caudillo, Tomás Müntzer, había prometido que un milagro les traería la
victoria. Estaba equivocado. Murieron 5,000 campesinos; 300 fueron capturados y luego
decapitados. A Müntzer lo encontraron escondido debajo de una cama en Frankenhausen.
Lo llevaron a Muelhausen, lo torturaron y lo decapitaron. El tratado de Lutero, que se
publicó después del hecho, fue como echar sal a una herida.
Como resultado de la guerra de los campesinos, alguna gente común renegó de
Lutero y de su predicación del evangelio. Algunos de los campesinos acusaron a Lutero de
animarlos sólo para traicionarlos después. Roma también culpó a Lutero de todo. Sin
embargo, Lutero no traicionó a los campesinos; ni fue él el autor de esta miseria. Él siempre
se había considerado un campesino y simpatizaba con la causa de ellos. No obstante,
cuando llegó el momento de actuar su constante consejo fue: ¨Dejen que el evangelio
cambie los corazones. Las buenas acciones vendrán luego¨.
27
Lutero y los judíos
28
CAPÍTULO CINCO
Su esposa y su familia
Algo común pero cierto es el dicho de que ¨detrás de cada gran hombre hay una
gran mujer¨. En el caso de Martín Lutero era ciertamente la verdad. Aunque Catalina no
llegó a su vida hasta que el nombre de Lutero era muy conocido en Alemania, desde aquel
momento tuvo una profunda influencia sobre él.
Catalina von Bora nació el 29 de enero de 1499 en una aldea al sur de Leipzig. Su
madre había fallecido cuando Catalina era todavía una niña y su padre se volvió a casar.
Aparentemente, gracias a su madrastra, Catalina entró al convento cisterciense cerca de
Grimma a la edad de los nueve o diez años. La hermana de su madre, Margarita von
Haubitz, era la abadesa del convento. Catalina también tenía a otra tía allí, la hermana de su
padre: Magdalena von Bora (la tía Lena que más tarde formaría parte del hogar de los
Lutero). Ella había hecho sus votos a los 16 años, prometiendo vivir según los ideales de
Bernardo de Claravel.
Las noticias de Lutero y de sus enseñanzas en Wittenberg llegaron también al
convento. Al reconocer la autoridad bíblica que respaldaba la posición de Lutero, varias
monjas desearon estar libres de Roma. Una monja escribió a Lutero pidiéndole ayuda. La
descubrieron y la castigaron con severidad. Esto no impidió que otras monjas se pusieran
en contacto con Lutero. Los detalles exactos de la fuga de las monjas eran un secreto bien
guardado y nunca han sido revelados. Lo único que se sabe al respecto es que a un
negociante de Torgau, llamado Leonardo Koppe, lo había contratado el convento para
transportar provisiones. En la tarde del 4 de abril de 1523, en la víspera de Pascua, nueve
monjas se escaparon en su carreta escondidas dentro de barriles de pescado vacíos. Era una
aventura peligrosa porque el convento estaba dentro de la Sajonia ducal en donde se
castigaba con la muerte al que ayudara a escapar a alguien del convento. Y el duque Jorge
no vacilaba en aplicar toda la fuerza de la ley. El domingo de la Pascua llegaron a Torgau y
el martes entraron en Wittenberg. Tres de las monjas se fueron a las casas de sus padres. Al
cabo de dos años todas, excepto una, habían encontrado marido o empleo como
institutrices.
Catalina misma primero vivió con la familia de un profesor de la universidad o con
la familia de Lucas Cranach, el artista de Wittenberg. Con el transcurso del tiempo conoció
y se enamoró de Jerónimo Baumgartner, un graduado de Wittenberg, que por casualidad
estaba de visita en la casa de Felipe Melanchthon. Su boda parecía un hecho hasta que el
novio regresó a su casa y se lo contó a sus padres. Ellos no querían como nuera una monja
que se había fugado del convento y allí terminó todo. Catalina no aceptó las noticias
fácilmente.
Matrimonio
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Hasta el mismo Lutero ayudó a casar a las monjas. Escribió a Baumgartner y le
pidió que volviera por Catalina. No pasó nada. Entonces él la animó a que aceptara como
novio a un miembro maduro de la Facultad, el Dr. Glatz. Ella rehusó rotundamente y dijo al
amigo de Lutero, Nicolás von Amsdorf, que lo aceptaría a él o a Lutero, pero jamás a Glatz.
Lutero reflexionó cuando supo que alguien estaba dispuesta a casarse con él. Durante su
viaje de predicación, en abril del 1525, visitó a sus padres. Otra vez su padre lo animó a que
se casara. Lutero había evitado el matrimonio simplemente porque no quería sujetar a una
esposa y a una familia a la amenaza de muerte que siempre se cernía sobre él. Todavía
animaba a otros monjes y sacerdotes a que fueran honestos con los sentimientos que Dios
les había dado y a que se casaran. ¿Se atrevía a predicarlo y al parecer no tenía el valor de
hacerlo él mismo? Había otras consideraciones prácticas. Lutero era un hombre muy
ocupado; sin embargo, esto significaba que le vendría bien una ayuda. Más tarde recordaba
que en la noche muchas veces caía exhausto en la cama sin quitarse la ropa. Su cama tenía
moho del sudor y la falta de aseo. No comía bien ni con regularidad. Y además sentía
responsabilidad por la situación de Catalina. Debido a que él le había dado ánimos, ella ya
no tenía hogar y contaba ya con 26 años—en aquella época casi con edad de más para
aspirar a ser una novia.
Una vez que Lutero se decidió, actuó con rapidez. La tarde del 13 de junio de 1525
se casó con Catalina en una ceremonia privada con la asistencia de sólo cinco personas,
incluyendo al pastor. Más tarde Lutero explicó que si hubiera existido un largo noviazgo
habría atraído mucha crítica tanto de amigos como de enemigos. Después de dos semanas,
el 27 de junio, se llevó a cabo una celebración pública. Entre los invitados, por supuesto,
estaban sus orgullosos padres. Entre los regalos que recibieron estaban una elaborada jarra
de plata, una pintura de bodas hecha por Cranach y 20 gúldenes de Alberto de Maguncia
(que en aquel tiempo estaba considerando hacerse luterano por motivos políticos). Lutero
quiso devolver ese regalo, pero Catalina—más práctica—logró guardarlo.
La dificultad que Lutero temía de un noviazgo no se comparó con el tumulto que su
matrimonio causó. Por mucho tiempo existía la opinión popular que sostenía que el
Anticristo vendría del matrimonio de un sacerdote con una monja. Con alegría Roma captó
esa idea y declaró que esa profecía se había cumplido. Erasmo objetó fuertemente a esto.
Aunque él y Lutero se habían separado por causa de la Reforma, no podía tolerar esa clase
de calumnias. Dijo que en la forma en que los sacerdotes y las monjas habían convivido por
tanto tiempo ya habían existido bastantes oportunidades para que el Anticristo hiciera su
aparición. Otros pensaron que a Lutero le hubiera ido mejor si no hubiera escogido a una
monja tan pobre. Algunos más se ofendieron porque los dos habían roto sus votos
anteriores al casarse. Quizá algunos volvieron a la Iglesia Romana debido al matrimonio,
pero muchos más se regocijaron porque su líder al fin estaba practicando lo que había
predicado por varios años.
De manera interesante (especialmente en nuestra época cuando el amor romántico
resulta tan buen negocio) es poco probable que ninguno de los dos estuviera ¨enamorado¨
cuando se casaron. Catalina dijo que estaba dispuesta a casarse con Lutero o con Amsdorf.
Esto no parece una historia de amor. Lutero dijo más tarde que había sentido atracción por
30
otra de las monjas, Ave von Schonfeld, pero su compasión por Catalina lo superó. No
obstante, con la bendición de Dios creció entre los dos un intenso afecto y cariño, y un
profundo amor de casados. Esto es evidente hasta en los nombres cariñosos que Lutero
daba a Catalina. Era ¨meine Kette¨ (¨cadena¨ en alemán), ¨mi costilla¨, ¨mi Señor¨, o ¨la
estrella de la mañana de Wittenberg¨.
La vida familiar
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Como en la mayoría de los hogares cristianos, entre los tiempos de penas y tristezas
hay muchos momentos felices. El hogar de Lutero no era diferente en este aspecto. Sus
hijos le daban mucho gozo. Cuando estaba en casa, Lutero siempre tomaba tiempo para
jugar o cantar con ellos. Algunos piensan que el compás de dos de la canción de cuna de
Lutero ¨Del alto cielo¨ se debe a que la compuso mientras arrullaba a uno de sus hijos en la
cuna.
Lutero era producto de su época y partidario de una disciplina rigurosa. Una vez
dijo: ¨Prefiero tener un hijo muerto que uno desobediente¨. En otra ocasión, a pesar de los
ruegos de Catalina, se rehusó a ver a Hans por tres días para que éste reflexionara sobre la
seriedad de su desobediencia. Qué bien sabía Lutero acerca de la obediencia que Dios
requiere de todos sus hijos. Al mismo tiempo estaba totalmente en desacuerdo con golpear
en forma abusiva a un niño. Al comentar sobre Colosenses 3:21 dijo: ¨Esto se dice contra
los que usan la violencia apasionada al criar a sus hijos. Esa disciplina produce temor en la
mente del niño, que todavía está muy tierna y causa odio hacia los padres, por lo que con
frecuencia el niño se fuga de casa… Sin embargo, San Pablo no quiere decir que no
debamos castigar a los hijos, sino que lo hagamos por causa del amor, no esperando calmar
nuestro enojo, sin hacerlos a ellos mejores¨.
Cuando Lutero estuvo en el castillo de Coburgo en 1530, poco después del cuarto
cumpleaños de Hans, escribió esta carta:
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Por lo tanto, querido y pequeño Hans, trabaja mucho, ora diligentemente, y
dile a Phil y a Justy que también hagan sus oraciones y estudien, para que puedan
entrar al jardín juntos.
¡Que Dios te bendiga! Dale a tu tía Lena todo mi cariño y un beso de mi
parte.
Tu padre que te ama,
Martín Lutero
Quizá se debió a que pasó muchos años en el monasterio, donde no tuvo que
preocuparse por el dinero. Tal vez se debió a una profunda fe en Dios de que proveería en
todas las circunstancias. De todos modos, Lutero nunca se preocupó por el dinero. Solía
decir: ¨¿Qué, preocuparme yo? Catalina es quien paga las cuentas¨. Y ella siempre lograba
hacerlo, a pesar de que a su marido no le importaba nada el presupuesto familiar. Basado en
el dólar de hoy, en 1536 el salario de Lutero era casi $90,000 dólares. Sí, parece mucho
dinero, pero generalmente se gastaba todo para octubre o noviembre. La causa de esto es
obvia: la casa de los Lutero se parecía más a un orfanato que al hogar del párroco. Durante
los 20 años de casados los Lutero mantuvieron a once sobrinos huérfanos y como a seis
tutores. Hasta 25 personas a la vez vivían bajo su techo. A esto hay que agregar unos 12 o
más alumnos que siempre comían con ellos (y con diligencia copiaban las palabras que su
gran maestro decía).
Lutero nunca pidió ni un centavo por sus escritos, aunque fácilmente pudo hacerlo.
Más bien, los publicadores se enriquecían. Su intención era la mantener el costo de sus
libros lo más bajo posible y no aprovecharse personalmente de la predicación y la
enseñanza de la palabra. Y lo que hacía más difícil el presupuesto es que Lutero era el
blanco fácil de los que pedían limosna. Una vez un alumno vino y con lágrimas explicó su
necesidad; Lutero, con su billetera vacía, tomó una taza de plata para regalársela. Catalina
le preguntó rápidamente: ¨¿Vas a regalar todo?¨
Sin decir nada, Lutero aplastó la taza en sus manos de campesino y dijo al alumno:
¨Aquí tienes, llévala al orfebre. Ya no la puedo usar¨.
Otra vez quiso enviar un florero a un amigo como regalo de bodas pero no lo pudo
encontrar porque su prudente esposa ya lo había escondido. Llegó a tal punto que Lucas
Cranach, que también era su banquero, no pagaba ninguno de los cheques de Lutero sin
consultar primero a Catalina.
Como regalo de bodas, los Lutero habían recibido el gran Claustro Negro del elector
Juan el Constante. Esto no era un regalo insignificante. Más tarde Lutero, con la finalidad
de pagar los impuestos, hizo una evaluación que resultó en 6,000 gúldenes (el gulden de la
época valía entre $300 y $400 dólares). Lutero también compró (mayormente con el dinero
del elector) la granja de su cuñado, la propiedad Zulsdorf. Catalina también administraba
un gran huerto junto con otros más pequeños y un lago de peces. Y lo hacía todo con tal
eficiencia que compensaba la despreocupada generosidad de su marido.
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Aunque Lutero murió siendo un hombre relativamente rico, con propiedades y
bienes evaluados en 10,000 gúldenes, ni él ni su familia llevaron una vida de lujo.
Practicaba con firmeza lo de Mateo 6:33: ¨Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas¨.
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CAPÍTULO SEIS
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Ante todo, iban a verificar si los pastores actuales estaban capacitados para trabajar
en ese oficio. Muchos habían repudiado recientemente el catolicismo romano—y no todos
lo hicieron por buenos motivos. Algunos de entre el clero cambiaban su afiliación pero no
su enseñanza y práctica. Así que los visitantes tenían que indagar si los pastores en realidad
sabían la diferencia entre el luteranismo y el catolicismo. Era imprescindible que creyeran y
enseñaran las doctrinas: sola scriptura, sólo por la Escritura; sola fide, sólo por la fe; y sola
gratia, sólo por la gracia. La insistencia en estos puntos básicos eliminaría eficazmente las
enseñanzas falsas de la Iglesia Católica: 1) que el Papa y el concilio son iguales o
superiores a las Escrituras, 2) que las obras son necesarias para la salvación, y 3) que el
hombre debe cooperar con Dios para merecer su aprobación. Además los visitantes debían
animar a los pastores a insistir en que la gente viviera según la fe que profesaba. Los
miembros de las iglesias no debían comportarse muy bien sólo en la iglesia y luego pasar el
resto de la semana en pecado abierto.
Lutero sabía que la situación en Alemania era mala, pero se horrorizó al enterarse de
cuán mala era realmente. Muchos clérigos ni siquiera sabían el Padrenuestro, ni el Credo
Apostólico ni los Diez Mandamientos. Muchos apostaban dinero, otros eran borrachos. Se
dice que uno de los pastores pasó todo su tiempo elaborando cerveza; y cuando llegaba el
domingo, por falta de mejor tema, predicaba sobre el arte de hacer cerveza. En algunos
lugares más de una tercera parte del clero, supuestamente célibe, vivía en fornicación
abierta; y puesto que los pastores llevaban vidas escandalosas, sus miembros hacía tiempo
que habían dejado de escuchar las exhortaciones a llevar una vida cristiana. Como
resultado, las iglesias y las escuelas habían caído en la ruina. Era casi como si no existiera
el cristianismo.
Puesto que había tantos clérigos incompetentes, no los podían quitar a todos a la
vez; simplemente no había quien los reemplazara. Así que sólo quitaron a los peores. Por
algún tiempo existieron condiciones improvisadas. Algunas congregaciones se
consolidaron con otras, y para realizar el trabajo se enviaron pastores de emergencia.
Lutero reduplicó sus esfuerzos escribiendo sermones para ayudar a estos pastores que eran
fieles pero que tenían poca instrucción. Ya antes, cuando estuvo encerrado en el Wartburgo,
había escrito muchos sermones para proporcionar ejemplos a otros pastores. Y estos
esfuerzos fueron muy significativos. Muchos pastores, que no estaban acostumbrados a
escribir sermones bíblicos, dependían mucho de los sermones de Lutero. Pronto se usaron
en la mayor parte de Alemania y en otras partes de Europa.
Aunque al principio Lutero se había opuesto a la sugerencia de Staupitz en 1509 de
que se hiciera predicador, llegó a ser uno de los mejores, si no el mejor de todos, desde el
día de los apóstoles. Ninguno de su generación estaba mejor capacitado que él para predicar
sobre la Biblia. Lutero tenía una maravillosa memoria que estaba a la altura de su sólida
formación en las Escrituras. Estudiaba y meditaba en casa y luego hablaba sin notas. Sus
sermones combinaban las explicaciones textuales y aplicaciones prácticas. No eran teóricos
ni áridos, jamás aburridos, sino llenos de vida y prácticos; conmovían a las personas porque
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hablaban de la vida de ellas. Nunca dirigió sus sermones a la gente culta que estaba entre su
público, sino más bien a los que tenían poca o ninguna educación formal—a las mujeres, a
los niños y a las empleadas domésticas. Su meta general era detenerse justo cuando los
oyentes prestaban toda su atención, dejándolos ansiosos de volver otra vez. Sus tres reglas
homiléticas bien podían aplicarse hoy: ¨Comienza con vigor, habla, termina pronto¨. No le
gustaban los sermones largos. Sobre todo, predicaba a Cristo crucificado en todos sus
sermones. Se el sermón no se centraba en Cristo, no valía la pena predicarlo.
Los oficios de la iglesia cambiaban poco a poco en el templo de Lutero. La
característica importante del culto ya no era el sacrificio incruento de Cristo en la misa
católica. La lectura y la explicación de las Escrituras llegó a ser la característica dominante
en el culto luterano, sin disminuir la importancia del sacramento.
Los catecismos
El himnario
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Alto cielo bajo yo¨, ¨Rogamos al buen Consolador¨, ¨Creemos en un solo Dios¨, ¨Sosténnos
firmes ¡oh Señor!¨, ¨Con ansia clamo, ¡oh santo Dios!¨, y por supuesto, su himno triunfal de
la batalla: ¨Castillo fuerte es nuestro Dios¨.
Sus himnos fueron ejemplo para el luteranismo. Sus enemigos se quejaban: ¨La
gente canta en su iglesia herética; los himnos de Lutero han engañado a más personas que
todos sus escritos y sermones¨. El ejemplo de Lutero animó a muchos otros. Antes de su
muerte se habían publicado como 47 himnarios. En la actualidad, sólo en el idioma alemán,
hay más de 100,000 himnos que han sido publicados, y mil de ellos se han convertido en
clásicos. Esto, según un historiador, representa más himnos de los que se pueden encontrar
en cualquier otro idioma. Verdaderamente a la Iglesia Luterana con toda razón se le llama
la ¨iglesia que canta¨.
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CAPÍTULO SIETE
La primera Dieta de Speyer en 1526 había dad oficialmente a los luteranos rienda
suelta en el manejo de sus propios asuntos. A Carlos V esto no le gustó, pero en ese tiempo
estaba atado de manos. Sin embargo, para 1529 la escena política había cambiado; así que
ordenó a la dieta, otra vez reunida en Speyer, que revocara la decisión anterior. La mayoría
de los príncipes eran católicos e hicieron lo que el Emperador ordenó. Revocaron el
permiso de la dieta anterior, mandaron a los príncipes católicos que cumplieran con el
Edicto de Worms y ordenaron a los príncipes luteranos que permitieran el uso de la misa
católica en sus territorios.
Los príncipes luteranos reaccionaron como era de esperarse. En un documento que
enviaron al Emperador declararon que lo que se había acordado en 1526 no lo podía anular
una simple mayoría, ni se debía forzar a los luteranos a actuar en contra de sus conciencias.
Ambos partidos habían celebrado el acuerdo; por lo tanto, sólo estos dos partidos podían
cambiarlo. Los luteranos que firmaron la protesta fueron el elector Juan de Sajonia, el
Margrave Jorge de Brandemburgo, los duques Ernesto y Francisco de Anhalt y
representantes de catorce ciudades imperiales. Debido a esta carta formal de protesta
recibieron el nombre de ¨protestadores¨, que luego se convirtió en ¨protestantes¨. Después
de esto, cualquier persona que dejaba a la Iglesia Católica se le conocía como protestante.
Maniobras políticas
Ulrico Zwinglio
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cambiar el orden de la misa católica a uno que él había escrito, abolir las procesiones
eclesiásticas, quitar las pinturas, crucifijos y altares, prohibir la venta de las indulgencias en
la ciudad, y ordenar a los predicadores a que sólo enseñaran la doctrina bíblica. Ninguna de
estas cosas eran objetables para los reformadores norteños. Sin embargo, Zwinglio operaba
su reforma sobre otro fundamento. Su método teológico de interpretación apelaba a la razón
humana como la última respuesta a cada cuestión doctrinal. Después de todo, razonaba, el
Señor es un Dios de orden y razón; no pediría al hombre creer nada que no fuera razonable.
Las Escrituras tienen que estar en armonía con la razón. El conflicto con Lutero era
inevitable porque éste permitió que las Escrituras dijeran la última palabra y acudió a ellas
como la autoridad definitiva sobre la razón cuando las dos estaban en desacuerdo. El campo
de batalla inicial era la doctrina sobre la Santa Cena, y la cuestión era si el cuerpo y la
sangre de Cristo en realidad están presentes o no.
El Coloquio de Marburgo
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amigos, pero no existiría ningún compañerismo donde no había unión de fe. Desde este
momento ambos partidos se daban cuenta que habrían de marchar por caminos separados.
Por fin el emperador Carlos pudo poner todas sus energías en resolver el dilema
religioso, de una vez por todas. Con este fin convocó otra dieta, esta vez en Augsburgo.
Envió una invitación muy amistosa, pidiéndoles a todos los protestantes que expusieran sus
opiniones en un juicio abierto donde pudieran ser discutidas.
Ya antes del Coloquio de Marburgo los teólogos de Wittenberg habían elaborado
una serie de artículos especificando la posición evangélica. A estos artículos se les conoce
como los Artículos de Schwabach porque fueron presentados en Schwabach en octubre de
1529. Estas declaraciones fueron muy positivas. Bosquejaban con claridad la posición
evangélica sin señalar los abusos y errores dentro de la Iglesia Católica. Después de la
invitación del Emperador, el Elector pidió a Lutero que escribiera otra serie de
declaraciones para complementar la primera y que detallara los errores católicos. Lutero,
Melanchthon y Jonas trabajaron en este proyecto. A finales de marzo de 1530 terminaron
los artículos y los entregaron al elector Juan en Torgau. Éstos se conocen como los
Artículos de Torgau.
A principios de abril la delegación de Wittenberg comenzó el viaje al sur hacia
Augsburgo. En Torgau el Elector se juntó con ellos. El Viernes Santo, el 15 de abril,
llegaron a Coburgo, donde celebraron la Pascua. Allí el Elector insistió en que Lutero se
quedara. Todavía era parte de Sajonia electoral, donde podía estar segura la vida del
criminal Lutero. El resto del grupo había recibido un salvoconducto para la dieta, pero no
Lutero. Tendría que permanecer en Coburgo durante el transcurso de la dieta—que duró
cinco meses.
La compañía del Elector llegó a Augsburgo el 2 de mayo. Se sorprendieron al
encontrar un documento esperándolos, listo para presentarlo ante la dieta. Lo había escrito
Juan Eck de Ingolstadt. Titulado Cuatrocientos cuatro artículos para la Dieta en Augsburgo,
supuestamente era una lista complete de los errores de Lutero. Por desgracia, no se hacía
ninguna diferencia entre Lutero, Zwinglio y otros protestantes. Lutero no estaba allí para
escribir una respuesta. Así que la tarea cayó sobre Melanchthon. Al usar los Artículos de
Schwabach y de Torgau como fundamento, elaboró una confesión más completa para
responder a la presentación de Eck. El primer borrador fue enviado a Lutero el 11 de mayo.
Lutero lo devolvió el 15 de mayo sin ningún cambio y con sus felicitaciones para
Melanchthon: ¨Yo no podría andar con tanta suavidad ni tranquilidad¨. Melanchthon
escribió dos borradores más antes de que la confesión estuviera lista para presentarla al
Emperador el 24 de junio.
Por fin el 15 de junio el Emperador llegó a Augsburgo. Después de las festividades
y celebraciones acostumbradas hubo un culto en el que el elector Juan y el Landgrave
Felipe rehusaron quitarse los sombreros durante la bendición. Más tarde ese mismo día a
los luteranos se les ordenó que no predicaran el evangelio mientras estuvieran en
Augsburgo. El Margrave Jorge de Brandemburgo respondió que el Emperador no podía
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mandar en sus conciencias. Cuando la cólera de Carlos empezó a subir cada más de tono,
Jorge se puso delante de él y dijo: ¨Antes de que yo niegue a mi Dios y su evangelio, más
bien me arrodillaría delante de vuestra majestad y permitiría que me corte la cabeza¨.
Esto confundió a Carlos quien respondió en un alemán chapurreado: ¨Querido
príncipe, no cortar cabeza, no cortar cabeza¨. Entonces el Emperador pidió a los luteranos
que se juntaran a la procesión del Corpus Christi con su oficio. Cuando los luteranos
rehusaron, Carlos se enojó tanto que casi les mandó que volvieran a casa. No obstante, eso
podría haber ocasionado una guerra civil. Así que sufrió la humillación de asistir a un oficio
casi vacío.
La Confesión de Augsburgo
Finalmente a los luteranos se les informó que deberían estar preparados para
presentar su documento el 24 de junio. La Confesión de Augsburgo, como llegó a ser
conocida la presentación de Melanchthon, aún se estaba editando el 23 de junio, pero la
terminaron a tiempo. La firmaron el elector Juan de Sajonia, Margrave Jorge de
Brandemburgo-Ansbach, el duque Ernesto de Lüneburgo, Landgrave Felipe de Hesse, el
príncipe Wolfgang de Anhalt, y las ciudades de Nuremberg y Reutlingen. Melanchthon
advirtió al elector Juan de las consecuencias. Juan, también conocido como ¨el Constante¨,
respondió: ¨Haré lo que sea correcto. No me preocupa mi dignidad electoral. Confesaré mi
Señor cuya cruz estimo más que todo el poder en la tierra¨.
Hubo varias demoras antes de que a los luteranos se les llamara ante la dieta. De
hecho, ese día ya era tan tarde que no quedaba suficiente tiempo para leer todo el
documento de unas dos horas. Carlos quiso que le dieran una copia para estudiarla en
privado. Georg Brueck, uno de los cancilleres de Sajonia y portavoz de los luteranos,
recordó al Emperador su promesa de que sería presentado en público. Carlos accedió y de
mala gana permitió que el documento se leyera en alemán, ya que estaban en suelo alemán.
El 25 de junio de 1530, un día de gran significado para los luteranos, comenzando a
las 3 de la tarde, el Dr. Christian Beyer, rector de Sajonia, con mucho valor leyó
fuertemente la Confesión de Augsburgo a la Corte Imperial. Algunos informaron que
Carlos se durmió, otros que escuchó atentamente. Cuando terminó la lectura, el obispo de
Augsburgo reconoció: ¨Todo lo leído era la pura verdad¨.
El príncipe Guillermo de Bavaria dijo: ¨Me dijeron algo muy distinto de lo que
ustedes los luteranos enseñan¨. Y a Juan Eck le comentó: ¨Me aseguraste que se podría
probar la falsedad de su doctrina¨.
Eck respondió: ¨Así sería, si yo usara a los padres de la iglesia, pero no usando sólo
las Escrituras¨. Atónito, Guillermo preguntó: ¨¿Quieres decir que los luteranos están en las
Escrituras y nosotros fuera de ellas?¨ Aún más impresionados estaban los representantes de
cinco ciudades: Heilbronn, Kempten, Windesheim, Weissenburgo y Frankfurt am Main.
Ellos enseguida agregaron sus firmas a la Confesión. Más tarde otros harían lo mismo.
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El Emperador pidió a Eck que escribiera una respuesta al documento luterano. El 8
de julio había escrito un documento de 351 páginas. Carlos no quiso aceptarlo porque era
demasiado largo y mostraba un odio hacia los luteranos. El 3 de agosto la respuesta católica
había bajado de tono y había sido abreviada a menos de la décima parte de su tamaño
anterior. Se entregó con el título de la Refutación. Aunque intentaron usar pasajes de las
Escrituras para probar su posición, la mayoría de ellos ni siquiera correspondían. Las
discusiones que siguieron se centraban en la insistencia romana de la doctrina de la
infalibilidad, el sacrificio de la misa, y el sacerdocio. Nunca permitirían que los sacerdotes
se casaran ni que la comunión fuera distribuida bajo las dos especies. Sin embargo, los
luteranos permanecieron firmes. Carlos aún amenazaba a Juan: ¨O te pones de acuerdo con
nosotros o perderás tu puesto como elector¨.
Juan el Constante respondió ¨Tengo que dejar a Dios o al mundo. No tengo ninguna
duda en lo que he escogido. Dios me hizo elector, aunque no lo merecía. Me entrego a sus
brazos y que haga conmigo lo que él crea mejor¨.
Mientras tanto Melanchthon preparaba una respuesta a la Refutación. Llegó a ser
conocida como la Apología (Defensa) y se presentó a la dieta el 22 de septiembre. Carlos la
rechazó. Y así se clausuró la dieta. A los luteranos les dio hasta el 15 de abril de 1531 para
volver a unirse a la Iglesia Católica.
El Emperador se encontró casi solo cuando intentó reforzar su mandato. Sólo dos
príncipes seculares estaban dispuestos a ayudarlo. Incluso los arzobispos de Maguncia y de
Colonia y el obispo de Augsburgo llegaron a ser simpatizantes de la causa luterana. En
marzo de 1531 los luteranos fundaron la Liga de Esmalcalda para defenderse en caso de
que Carlo intentara cumplir su amenaza. Los miembros de esta liga incluían Sajonia
electoral, Hesse, Lüneburgo, Anhalt, Mansfeld y once ciudades. Carlos dudó al ver la
determinación de ellos y la fuerza que tenían. Cuando al fin se decidió a actuar, los turcos
atacaron Europa oriental. Carlos necesitaba toda la ayuda que podía conseguir. Así que se
retractó de su posición para con los luteranos e hizo la paz con ellos. Con la Paz de
Nuremberg en 1532 Carlos se ganó el apoyo de los luteranos contra los turcos.
1. Explique por qué Juan 6 no se refiere a la Santa Cena, como declaraba Zwinglio.
2. ¿Se debe fomentar la unidad entre cristianos? ¿Sobre qué fundamento?
3. A Lutero lo acusan de ser intolerante por no llegar a un compromiso con Zwinglio o
por no reconocer un compañerismo eclesiástico con el suizo. ¿Por qué no es ésta
una evaluación justa y bíblica?
4. En su opinión ¿por qué se negaron los luteranos a participar en el culto festivo del
Corpus Christi en Augsburgo?
5. Al firmar la Confesión de Augsburgo todos los confesores se exponían a la
persecución. ¿En qué forma sufrimos nosotros persecución ahora?
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EPÍLOGO
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CRONOLOGÍA
1483 10 de noviembre: nacimiento de Martín Lutero en Eisleben.
11 de noviembre: bautizo en la parroquia de San Pedro.
1496 Estudios en Magdeburgo.
1483-1501 Estudios en la escuela de San Jorge en Eisenach.
1501 Abril: ingresó a la Universidad en Erfurt.
1502 Septiembre: obtiene su bachillerato.
1505 Febrero: obtiene su maestría en arte.
20 de mayo: empieza sus estudios de derecho en Erfurt.
2 de julio: la tormenta y el voto de Lutero.
17 de julio: entra al monasterio agustino.
1507 4 de abril: ordenación sacerdotal.
1508 Octubre: empieza sus discursos en Wittenberg.
1509 Vuelve a Erfurt.
1510-1511 Viaje a Roma.
1511 Finales del verano: vuelve a Wittenberg y permanece allí.
1512 Octubre: obtiene su doctorado en teología.
Empieza los discursos sobre Génesis.
1513 Agosto: empieza los discursos sobre los Salmos.
1515 Abril: empieza los discursos sobre Romanos.
1516 Octubre: empieza los discursos sobre Gálatas.
1517 31 de octubre: se clavan las noventa y cinco tesis.
1518 Enero: Tetzel recibe de los dominicos el doctorado en teología.
12-14 de octubre: Lutero aparece ante Cayetano en Augsburgo.
1519 4-10 de enero: Lutero se reúne con Miltitz en Altenburgo.
12 de enero: muere el emperador Maximiliano.
28 de junio: Carlos V es elegido emperador.
4-14 de julio: Lutero debate con Juan Eck en Leipzig.
1520 15 de junio: el papa León emite la bula Exsurge, Domine, y la amenaza con
la excomunión.
Agosto: Discurso a la nobleza alemana.
6 de octubre: La cautividad babilónica de la Iglesia.
Principios de noviembre: La libertad del cristiano.
10 de diciembre: Lutero quema La Ley Canónica Romana y la bula papal.
1521 7 al 18 de abril: Lutero aparece ante la Dieta de Worms.
26 de abril: Lutero sale de Worms.
4 de mayo: Lutero es ¨capturado¨ y llevado al Wartburgo.
3-4 de diciembre: surgen los primeros disturbios iconoclastas en Wittenberg.
Principios de diciembre: Lutero visita Wittenberg en secreto.
25 de diciembre: Carlstadt celebra la comunión con ambas especies.
27 de diciembre: llegan a Wittenberg los profetas de Zwickau.
1522 Febrero: Lutero termina la traducción del Nuevo Testamento.
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1-6 de marzo: Lutero regresa del Wartburgo.
1523 Primer himno de Lutero: ¨Cantad, cristianos, por doquier¨.
1525 Rebelión del campesinado.
13 de junio: casamiento con Catalina von Bora.
1526 Junio a agosto: se realiza la Primera Dieta de Speyer.
1527 o 1528 ¨Castillo fuerte es nuestro Dios¨.
1528 Octubre: Lutero y las visitas oficiales a las iglesias.
1529 Enero: publicación del Catecismo Menor en grandes pancartas.
Abril: publicación del Catecismo Mayor.
Mayo: publicación del Catecismo Menor en forma de manual.
1-4 de octubre: el Coloquio y los Artículos de Marburgo.
1530 25 de junio: se lee la Confesión de Augsburgo en la Dieta de Augsburgo.
19 de noviembre: se cancela la Dieta de Augsburgo y se nueva el Edicto de
Augsburgo.
1531 Enero y febrero: formación de la Liga de Esmalcalda.
15 de abril: publicación de la Confesión de Augsburgo y la Apología.
1534 Publicación de la traducción de Lutero de toda la Biblia.
1537 Febrero: aprobación en privado de los Artículos de Esmalcalda.
1546 18 de febrero: muerte de Lutero en Eisleben.
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Apéndice
Martín Lutero y la Reforma
(Guía de estudio y repaso)
Cada hoja de ejercicios informa al estudiante las páginas que debe leer en el
manual y la sección del video que debe ver. Rebobine el video hasta el principio (incluso
todos los reconocimientos). Luego vaya a la sección apropiada usando el tiempo que se
menciona. Las hojas de ejercicios terminadas se pueden usar como base de un provechoso
debate en clase o una interacción del maestro con el estudiante.
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Introducción: Antecedentes de la Reforma
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Lección 1: Los primeros años de Lutero y la búsqueda (1483-1515)
Lea los capítulos 1 y 2 (páginas 5-13) de su manual y vea la sección apropiada del
video (desde el comienzo hasta 34:00). Entonces conteste las preguntas siguientes:
2. ¿En qué forma cree usted que su educación lo preparó para el trabajo futuro?
5. ¿En qué año entró el estudiante de derecho Lutero al monasterio y por qué?
7. ¿Cuáles escenas del video indican que Lutero todavía no estaba en paz con Dios?
10. El manual describe la experiencia de Lutero ¨en la torre¨. ¿En qué consistió y cómo
exhibe el video esa experiencia o sus resultados?
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Lección 2: Conflicto con Roma (1515-1521)
b. Las reliquias
c. Juan Tetzel
d. León X (décimo)
e. Alberto de Maguncia
2. ¿Qué propósito tenían las Noventa y cinco tesis, de qué trataban, y por qué causaron
tanto alboroto?
3. Según el video, ¿cuál fue el resultado del debate de Leipzig? ¿Y según el manual?
4. ¿Cómo vieron los alemanes ahora a Lutero? ¿Cuál fue la reacción de Roma ahora
hacia Lutero? ¿Y cómo respondió Lutero a Roma?
5. Diga por qué los 3 escritos de Lutero recibieron el nombre apropiado y mencione un
punto importante acerca de cada uno:
a. A la nobleza cristiana de la nación alemana
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c. La libertad cristiana
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Lección 3: Reposo, rebelión y la familia (1521-1525)
1. ¿Por qué fue Lutero al castillo de Wartburgo y qué hizo cuando se encontraba allí?
3. ¿Por qué regresó Lutero a Wittenberg y sobre qué predicó cuando regresó?
4. ¿Qué fue la rebelión del campesinado, cómo se involucró Lutero en ella y qué
opinión tenía de ella?
5. Describa el matrimonio de Lutero y su vida familiar. ¿En qué forma pudo esto
hacerlo un mejor pastor?
a. Staupitz
b. Carlstadt
c. Melanchthon
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Lección 4: Se establecen las iglesias y se toma una posición final (1524-1531)
4. ¿Qué era el Coloquio de Marburgo, quiénes participaron, qué se discutió, y cuál fue
el resultado?
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Lección 5: Conclusión y resumen (1530-1546)
1. A veces la gente dice que los luteranos han hecho de Lutero un ¨santo¨. ¿Es verdad?
¿Qué importancia tiene Lutero para nosotros en la actualidad?
2. ¿En qué forma eran las dificultades espirituales y terrenales de Lutero típicas de
cada cristiano?
b. Le dice a Eck: ¨Un simple laico armado con las Escrituras sobrepasa al más
poderoso Papa sin ellas¨ (video 1:00:00-1:02:00).
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