Tema 4. Del latín al romance (siglos VI – XI).
1. Entre latín y romance
1.1. ¿Diglosia latín-romance?
La visión tradicional explica que la relación que mantuvo el latín con las lenguas
romances en la Edad media fue una situación que podemos caracterizarla como diglosia
o bilingüismo. Así, las hablas vernáculas procedentes del latín (ese latín hablado) tendrían
dentro de esta situación de diglosia un estatuto más bajo, lo que se conoce como
“basilecto”, mientras que el latín tendría la consideración de “acrolecto”. Esta visión
tradicional es contraria a la que propone R. Wright.
¿Hasta cuándo duraría esta situación de diglosia? Algunos autores defienden que fue un
periodo muy largo, incluso hasta el siglo XVI (desde el siglo VIII). Otros sitúan ese
periodo entre el siglo VI y VIII o VII y IX.
Cuando hablamos propiamente del latín también se ha empleado el término de diglosia
para referirnos al propio latín (diglosia interna). Esto es cuando en una propia lengua hay
una gran diferencia entre la lengua de la distancia y la lengua de la inmediatez
comunicativa. Ya para la época del latín clásico había autores que defienden una situación
de diglosia interna para el latín, ya que el latín que escribían los grandes autores no era el
mismo que se habla a pie de calle.
1.1.1. Competencia activa y competencia pasiva
El concepto de diglosia interna es interesante para explicar las relaciones que se
establecen entre el latín y las lenguas romances en la Edad Media. Seguramente, en la
EM latín y romance formaban parte de un mismo espacio variacional en el que tendríamos
un ámbito de la inmediatez (más relacionado con las soluciones romances y LV) y la
distancia comunicativa (más relacionado con las soluciones del LC). Es decir, que
seguramente un hablante de esta época cuando escuchase una misa en latín no la
reconocería como una lengua distinta a la que él habla, sino que entendería que es la
lengua que se utiliza en el contexto en el que se encuentra. Ese hablante medieval es
probable que no tuviese competencia activa en el ámbito de la distancia comunicativa con
formas más cercanas al LC, pero seguramente sí que podía entenderlas, es decir, tendría
competencia pasiva.
1.1.2. La conciencia lingüística. Datos e hipótesis
Muchos autores piensan que esta diglosia entre el latín y el romance sería inconsciente.
Es decir, el hablante del siglo VIII que va a misa no piensa que esa lengua es otra diferente
a la que él habla con su familia, simplemente es otro registro. Creen que esto fue así hasta
la reforma carolingia. Cuando hablamos de diglosia inconsciente estamos ante una
situación de diglosia intralingüística, ya que el hablante no es consciente de que se estén
hablando dos lenguas, sino dos registros diferentes. Ahora bien, después de esa reforma
carolingia empezó a surgir la idea de dos sistemas lingüísticos diferentes.
El problema de la diglosia inconsciente y consciente tiene mucho que ver con el problema
de la denominación de la nueva lengua, es decir, en el momento que ese latín de la misa
que no entiendo muy bien empieza a crear problemas de comprensión empezarán a
crearse denominaciones distintas para las lenguas.
También se ha hablado de que pudieran haber existido dos tipos de latinidad que habrían
provocado un diferente grado de consciencia. Por un lado, el de los notarios y, por otro
lado, el de los sacerdotes. Parece ser que los notarios lo que hacían era memorizar
fórmulas y tipos de expresión en latín, lo que hacía que muchas veces no fuesen
conscientes entre ese latín que usaban cuando escribían y el latín que usaban en otros
contextos de la inmediatez. Sin embargo, los sacerdotes sí fueron quizás conscientes de
la existencia de dos códigos diferentes. Los sacerdotes debían adaptar el discurso a un
registro más cercano a la inmediatez, ya que para explicar y hacer entender a los oyentes
lo que venía en la Biblia, sobre todo la parte de la homilía, debían usar formas
comprensibles por todos.
1.2. La reforma carolingia
La reforma carolingia afecta a la transformación profunda de la lengua latina como
vehículo de comunicación y como forma de liturgia en la Edad Media. Tiene sus
antecedentes en el siglo VIII, pero fundamentalmente se impone en el siglo IX. Sin
embargo, tenemos antecedentes como San Isidoro en el siglo VI, que ya había propuesto
alguna reforma del latín, aunque no tuvo tanta repercusión porque no se llevó a cabo en
la época clave de la conformación de las lenguas romances. Sin embargo, esta reforma
carolingia sí tuvo lugar en la etapa de formación de las lenguas romances.
La reforma carolingia, llamada así por Carlomagno, consiste en la necesidad de contar
con una lengua de administración uniforme en todo el Imperio. Alcuino fue el encargado
de liderar esta reforma. Alcuino era fuertemente tradicionalista, propondrá la vuelta al
latín clásico para evitar la variedad existente del latín por toda Europa. Los que se
encargaron de la reforma de pronunciación del latín fueron sobre todo sacerdotes
italianos.
Muchos autores que se han ocupado de este tema relacionan el nacimiento de las lenguas
romances con la ruptura lingüística que se inicia con el abandono de la enseñanza del latín
después de la caída del Imperio Romano. Cae el Imperio (siglo V) y deja de haber una
presión normativa que le diese estabilidad al latín.
El hecho de que en Francia se abandonara pronto la enseñanza del latín parece ser que
motivó que la reforma carolingia tuviese un efecto mayor y más temprano en Francia, que
en el resto del antiguo imperio. Digamos que el lugar más destacado de la reforma
carolingia en un primer momento es Francia.
¿Por qué fue necesaria esta reforma por parte de los sacerdotes del equipo de
Carlomagno? Por la situación de empobrecimiento cultural, que habría supuesto una
reacción por parte de los consejeros del emperador Carlo Magno en el siglo VIII.
¿Cuáles son las consecuencias? La reforma supuso una restauración del latín clásico,
entonces según R. Wright esta reforma puso en evidencia la separación entre el latín y el
romance. Otra de las consecuencias es de tipo cronológico porque retrasaría la
diferenciación entre el latín y el romance al siglo VIII para Francia y al siglo XI para la
Península Ibérica. Otra consecuencia es la aparición de los primeros documentos
romances, dichos documentos aparecerán en Francia. Esta reforma carolingia también
supuso un factor externo que motivó la elaboración (= ausbau) de las lenguas romances.
El latín se convierte en el modelo de la distancia y funcionará como modelo para las
lenguas romances, para que se produzcan esos procesos de elaboración, que lleven a una
lengua romance que había estado anclada en la inmediatez hacia la distancia
comunicativa.
¿Qué significa esta reforma? Con esta reforma se evidencia que el latín de la oralidad se
había diferenciado mucho del latín clásico y, por lo tanto, se crea conciencia lingüística
de la existencia de dos lenguas diferentes. Por un lado, el latín, y por otro, lo que se
denomina en el concilio de Tour “la rustica romana lingua”, es decir, la lengua que los
sacerdotes de Francia habían empleado para hacerse entender, que ya es una lengua
diferente del latín.
El Concilio de Tours, que tuvo lugar en el año 813, se ha entendido como el certificado
de nacimiento de las lenguas romances. Tenemos ya documentos que evidencian la
existencia de lenguas romances. Como hemos dicho, la reforma carolingia tiene su primer
efecto en Francia, tarda en cuajar en otras zonas del antiguo imperio. En el caso de la P.I.
hasta el Concilio de Burgos, que tuvo lugar en el año 1080, no parece que tengamos
certificada la conciencia lingüística diferenciada. La influencia franca será bastante
considerable en la Península.
En el acta del Concilio de Tours encontramos un fragmento que para algunos supone el
certificado de nacimiento de las lenguas romances, aunque hay otros que no lo consideran
así. Todo depende de cómo entendamos el siguiente fragmento: transferre in rusticam
romanam linguam. Es decir, que para la homilía estaba permitido el uso de unas lenguas
romanas rústicas. La clave de la cuestión es si se está refiriendo al uso de un latín de los
no cultivados o al uso de las lenguas romances propiamente.
1.2.1. Las ideas de Roger Wright: planteamiento y críticas
Para algunos estas ideas son fundamentales en la escisión de ese problema latín-romance.
La visión tradicional es que entre latín y romance se daba una situación de diglosia, pero
desde el punto de vista de Wright lo que existía era una situación de monolingüismo
complejo, según la cual desde finales del Imperio Romano hasta lo que él llama como la
invención de la escritura de las lenguas romances medievales lo que existe es una gama
de usos hablados y escritos que deben entenderse como una sola lengua compleja. Dice
que es muy difícil de designar, ya que aunque en la época medieval se llamaba latín, si
actualmente usáramos este término para designar la realidad que encierra esa lengua
estaríamos distorsionando la realidad. En estudios posteriores, Wright llama a esta lengua
protorromance.
Menéndez Pidal se refirió al “latín vulgar” leonés para señalar la lengua que se escribió
entre los siglos IX y X en algunos monasterios de la zona leonesa. Le llamaba la atención
porque eran textos escritos en latín, pero que tenían muchos vulgarismos y formas no
típicamente clásicas. Wright critica duramente esa idea porque pensaba que ya en los
siglos IX y X no se podía hablar de esta lengua (del latín), sino que esos vulgarismos
serían prueba de que lo que tenemos detrás de esos textos es la lengua romance de esa
zona. Esos vulgarismos corresponderían a la fonética vigente en el leonés de esa época.
La teoría de Wright es que en la EM tenemos muchos textos escritos a la manera del latín,
pero que leídos en voz alta se pronunciaría a la manera romance. Digamos que la fonética
siguió su evolución, pero ya la forma de escritura se mantuvo estable durante un tiempo.
Además, durante la etapa carolingia la diferencia se hizo mucho más marcada debido a
esa vuelta al latín clásico que habíamos comentado. Desde la perspectiva de Wright el
latín que escriben los cultos lo que hace es ocultar el nacimiento de las lenguas romances.
La teoría de Roger Wright se puede resumir en 4 fases:
1. En la primera fase existía una única lengua, que Wright denomina
“protorromance”, y que se escribe a la manera tradicional. Es decir, a la manera
de escritura latina que era la única existente hasta la EM. Sin embargo, esta lengua
se hablaría según los diferentes modos de evolución, es decir, a la manera
vernácula correspondiente en cada zona.
2. La segunda fase se puede situar en Francia, aprox. entre el 800 y el 842. Sin
embargo, en Península se situaría entre 1080 y 1206. En esta segunda fase se
produce una lengua en cada comunidad, que se escribe a la manera tradicional,
pero se habla de dos maneras distintas: del modo corriente (modo según el cual
había ido evolucionando desde el latín) o bien, según la nueva norma de lectura
en voz alta que proponía la reforma carolingia, es decir, un sonido para cada letra.
3. La tercera fase que se puede situar en Francia entre el año 842 y el 1000, mientras
que en la Península se situaría entre el 1206 al 1228. Tenemos una lengua en cada
comunidad, pero que ya se escribe de dos maneras distintas: de la manera
tradicional, o bien, de la manera romance. En esta fase se habla también de dos
maneras distintas: de la manera vernácula normal o según las correspondencias de
las litterae de la iglesia.
4. La cuarta fase se puede situar en Francia a principios del siglo XI en adelante y
en la Península a partir del siglo XIII (1228). Se produce una separación
conceptual entre las dos lenguas. Es decir, el latín escrito de la manera tradicional
y hablado según las nuevas normas de pronunciación, es decir, un sonido para
cada letra. Y, por otro lado, el romance escrito de una manera nueva y hablado de
la manera habitual o normal.
Wright responsabiliza a la reforma carolingia de que se abandone la ortografía tradicional,
ya que si no se hubiera dado esa reforma no se habría hecho tan evidente la diferencia
entre las dos lenguas. La reforma produce una conciencia de diferenciación lingüística,
que va a provocar el surgimiento de un nuevo sistema de escritura para el romance.
Una parte clave de la teoría de Roger Wright es la de la lectura en voz alta, ya que según
esta la lectura en voz alta de textos escritos, aparentemente en latín en la EM, sería
reveladora de las diferentes tendencias evolutivas que se darían en cada zona. Wright
recurre en muchas ocasiones al símil de la lectura en voz alta del inglés actual y al símil
de la lectura de los caracteres numéricos. Según él, el fin de la lectura es reconocer las
palabras, independientemente de cuáles sean los grafemas o los símbolos usados en la
escritura.
La teoría de Wright es una teoría logográfica, por lo tanto, su hipótesis también lo es, que
implica la lectura del latín como romance. Sin embargo, este autor no es partidario de
interpretaciones logográficas con correspondencias grafolexémicas, es decir, que a un
lexema le corresponde un grafo sin que haya una correspondencia entre sonido y grafía.
- Críticas a la obra de Wright
Desde la publicación del libro de Wright sus teorías han recibido muchas críticas. Una
crítica de carácter general es que Wright se refiere a la correspondencia fonía-grafía pero
se olvida de la lengua en sí, esto quiere decir que él insiste tanto en la lectura en voz alta
que se olvida que leer una lengua en voz alta no es hablar una lengua. Entonces, Penny
recrimina a Wright que los ejemplos que propone el autor se refieren a la pronunciación
del latín, no a los hablantes del latín. Desde este punto de vista, los ejemplos que propone
Wright pueden ser interpretados como referidos a la lectura en voz alta, pero no
necesariamente a los hablantes espontáneos.
Otras objeciones se refieren a lo que tiene que ver con los cultismos y semicultismos, ya
que si según Wright lo que aparentemente está escrito en latín se lee de manera romance,
qué ocurre con las palabras que no han evolucionado plenamente a la manera romance.
Por ejemplo, saeculum como [sjéʒo] y no como siglo. Wright niega toda la influencia
culta sobre el léxico protorromance.
Para intentar explicar el fracaso en el cumplimiento de la evolución de determinados
étimos, Wright recurre a la teoría de la difusión léxica, la cual supone que los cambios
fonéticos se originan en un sector restringido del léxico. Es decir, afectan primero a ciertos
sonidos en una palabra o en un grupo de palabras y se va extendiendo a los mismos
sonidos en otras palabras.
Por otro lado, Wright se encuentra muy seguro de su teoría en lo que atañe la fonética,
pero cuando discute problemas morfológicos y sintácticos no parece tan convencido.
Blake dice que no es posible alterar el orden de las palabras simultáneamente a la lectura
sin crear problemas de procesamiento cognitivo.
Otra crítica es la de la comparación con el inglés. Si se compara con el inglés lo que ocurre
es que Wright ignora que el inglés de hoy en una lengua estandarizada, de manera que no
puede ponerse en relación con el romance preliterario. Igualmente, y en relación con este
punto, no se entiende muy bien su postura con los formulismos.
La crítica más interesante es la aparente ignorancia del espacio variacional de las lenguas
que evidencia su teoría. Cita de Bustos: quiere decir que es necesario considerar el poder
de nivelación lingüística de los hablantes cultos de la época. Son precisamente de esos
hablantes cultos y escribientes de los que conservamos sus textos. Los hablantes cultos
seguramente podrían variar sus discursos, ya que se podrían mover por todo el espacio
variacional de una lengua. Parece que Wright ignora la posibilidad de que el latín y el
romance fueran concebidos como diferentes registros y que los hablantes cultos pudieran
cambiar de un registro a otro cuando quisieran.
Otra crítica es que Wright parece no hacer distinción entre diferentes tipos de textos y que
no admita la variación en determinados escribas. Hay testimonios de escritos de notarios
con muchos romancismos y otros redactados por los mismos notarios que no presentan
ninguno y presentan unas formas correctas y acordes al latín clásico. Esto quiere decir
que los propios notarios eran conscientes que, en función de quien fuera el destinario de
esos escritos, podían adaptar el discurso más o menos.
1.3. Una propuesta para la escisión latín-romance
Tenemos un espacio variacional donde encontramos un ámbito de la inmediatez, otro de
la distancia y una variedad estándar (con formas que se pueden usar en ambos ámbitos).
Partimos de que el latín es una lengua histórica que posee todos estos ámbitos y que, por
lo tanto, la escisión latín-romance consistiría en el desgajamiento del ámbito de la
inmediatez comunicativa. Es decir, en el ámbito de la inmediatez es donde se habrían
producido la mayor parte de los cambios lingüísticos que nos llevan a las lenguas
romances. Una vez que se produce ese desgajamiento nos quedamos con el ámbito de la
inmediatez comunicativa para el romance y con el ámbito de la distancia junto a la
variedad estándar para el latín. Precisamente por esto, durante mucho tiempo pudieron
pensar que todo era la misma lengua solo que con otro registro, al no tener un espacio
variacional completo.
¿Cómo se va a crear un espacio variacional de un romance como el castellano?
Necesitamos que el romance acceda a la variedad entandar y, por tanto, a los usos
correctos para el ámbito de la distancia comunicativa (cambios de abajo arriba). También
se dan cambios de arriba abajo, que vienen del latín y pasan a formar parte de la variedad
estándar del castellano. El castellano del siglo XIII ya es un espacio variacional completo:
con su ámbito de la inmediatez, variedad estándar y el espacio de la distancia
comunicativa.
2. El origen de las lenguas romances peninsulares
El origen latino
En la teoría propuesta por Ángel López García se argumenta que el proceso de
desmembración del latín de las lenguas romances fue resultado de una interacción
evolutiva que afectó a todos los componentes del sistema original. Aunque
tradicionalmente se ha considerado que los cambios comenzaron en el plano fonético,
esta teoría sugiere que la evolución sintáctica desempeñó un papel fundamental en la
formación de las lenguas romances.
Según esta teoría, la conversión del latín en español y otras lenguas romances se habría
iniciado en el siglo IV. La evidencia documental de este proceso se encuentra en textos
como la Vulgata de San Jerónimo y otras traducciones bíblicas, que representan “el
embrión de la sintaxis protorromance”. Los cambios sintácticos que se producen son: un
cambio en el orden de las palabras en la oración de SOV a SVO, una reestructuración del
sistema de casos y una extensión del régimen preposicional, cambios en el régimen y
naturaleza de los verbos (intransitivos a transitivos y viceversa; deponentes que se hacen
activos), una reestructuración del sistema deíctico, transformaciones en el paradigma
verbal y en el sistema de conjunciones.
Estos cambios en la sintaxis se observan en textos latino-cristianos debido a la
transformación de una sintaxis de construcción a una sintaxis de rección, y se atribuyen
en parte a la influencia del hebreo. En una etapa ya románica, las funciones dependen del
semantismo verbal.
Estos fenómenos están documentados en la lengua de la baja latinidad, pero es difícil
aceptar que sean los que señalan o provocan el nacimiento de las lenguas romances. Se
argumenta que la morfonologización de estos cambios no se produjo hasta los siglos VIII-
IX, lo que sugiere que la transformación completa de las lenguas romances a partir del
latín no ocurrió hasta la época protorromance.
2.1. Tipos de grafías
Grafía tradicional o conservadora: se considera tal la grafía etimológica cuya presencia
está encubriendo un cambio fonético que se supone prácticamente consumado y que
podría haber sido sustituida por otros procedimientos gráficos de carácter más o menos
fonografemáticos. Por ejemplo: uenot por [ƀéno] o [ƀíno] < VĒNIT, sieculos [sjéglos] <
SAECŬLOS, pleno [λéno] < PLENU(M).
- uenot por [ƀéno] o [ƀíno] < VĒNIT: escribe la -t final porque sabe que viene de
VENIT que tiene la -t final del latín y que no se pronuncia, por eso sería una grafía
conservadora. Tendríamos que admitir que la grafía -t es conservadora, ya que el
sonido ya había desaparecido.
- sieculos [sjéglos] < SAECŬLOS: la grafía -u- será conservadora porque sabe que
en latín existe, pero probablemente no se pronuncie. La grafía -u- igual,
suponemos que el estadio lingüístico sería [siejo], por lo que esa grafía estaría
haciendo referencia a su carácter etimológico, peor ya se habría perdido.
- pleno [λéno] < PLENU(M): cuando la pronunciación sería [λéno], el escriba sabe
que proviene de PL- latino.
Grafía etimológica: grafía que aparece en el étimo de la voz. Toda grafía tradicional es
etimológica (prato por [prádo]), pero no toda grafía etimológica es tradicional o
conservadora (prato por [prádo]), ya que esta p- se ha conservado con las mismas
características fonéticas del latín y no está encubriendo ningún cambio que se haya
producido.
- Hay que tener en cuenta que no toda grafía etimológica tiene el mismo valor
fonético que en latín, es decir, si me encuentro la palabra roto la grafía para la
vibrante represente un sonido para la múltiple, pero en el latín no era múltiple, era
simple [ŕóto] < RUPTU(M) [rúptu(m)]. En este caso no tenemos otra grafía para
representar ese sonido, por lo tanto, es la única grafía posible para representar ese
sonido vibrante en esa posición. Es una grafía etimológica que tiene un valor
fonético distinto al del latín. R- es una grafía etimológica porque la vemos en latín,
pero no es tradicional porque en latín es vibrante simple, mientras que en romance
ya sería múltiple. No hay correspondencia entre la pronunciación del latín y del
castellano, pero no es una grafía conservadora.
- aue [áƀe] < AUE(M) [áwe(m)], caballo [kaƀáλo] < CABALLU(M) [kabállu(m)]
podemos encontrar la misma grafía, pero no el mismo valor fonológico. Sigue
siendo una grafía etimológica. No es conservadora porque no está encubriendo un
cambio ya consumado. U- se pronuncia como una bilabial fricativa sonora, pero
no tenemos ninguna grafía que encubra cambio producido. La b- de caballo no
hay correspondencia entre el latín y en castellano, pero no es conservadora.
- Tal vez, sol [śól] < SOLE(M) [şóle(m)] → en latín suponemos que la sibilante era
dental [s ̪ ] y en castellano será más de tipo apical [s˽]. Solo vamos a hablar de
grafías conservadoras cuando existan otras grafías para representar el cambio en
la evolución.
Grafía innovadora: grafía no etimológica empleada para dar cuenta de un cambio fonético
que se supone prácticamente consumado. Por ejemplo: prado [prádo] < PRATU(M). Las
más llamativas son las que suponen una combinación de grafías, procedimiento frecuente
en época de orígenes para representar los nuevos sonidos palatales: laisces [léšes] o
[déšes] < cf. LAXARE. Recordemos que en el latín clásico no existían las consonantes
palatales, por lo que los escribas tuvieron que desarrollar estrategias para representar esos
nuevos sonidos. Se dan combinaciones gráficas a veces muy peregrinas. El sonido nasal
palatal no existía en latín, por lo que el escriba va a intentar representar ese sonido. Se da
cuenta de que cuando pronuncia eso y sabe algo de latín, sabe que cuando hay dos grafías
NN juntas, como en ANNU(M) él lo escribirá así año, pero también a veces pronuncia
este sonido cuando el latín tiene una GN, como en LIGNA, por lo que podría escribirlo
agno.
La grafía d- no es etimológica porque en latín tenemos una grafía -t- y está revelando un
cambio fonético, que es la sonorización. Tenemos tres grafías -isc- para representar una
prepalatal fricativo sordo. Esa combinación de grafía es innovadora.
Noche: la grafía -o- es etimológica, pero no es innovadora porque ya estaba en latín
NOCTEM. Tampoco conservadora porque no encubre ningún cambio que se haya
producido.
Noche: la -e- es etimológica.
Noche: el dígrafo -ch- es innovador.
Escripto: la -r- es etimológica, su étimo era SCIPTUM. La E y la O es innovadora porque
no aparece en el étimo. El dígrafo -pt- es conservador porque encubre un cambio que ya
se ha producido.
2.2. Características del castellano preliterario
Una serie de convenciones gráficas que se usaron en diferentes puntos del norte
peninsular para intentar poner por escrito las nuevas lenguas romances. Algo que
caracteriza a esa ortografía de orígenes es la vacilación (resultados vacilantes que no
presentan homogeneidad gráfica. Para la representación de un mismo sonido había grafías
diferentes):
• Sibilantes: para representar la alveolar fricativa sorda /s/ y sonora /z/ en el
sistema alfonsí se representaban así: sorda con -ss- (hablamos en posición
intervocálica), mientras que la sonora con una sola -s-. Ejemplos: osso <
URSU(M), rosa < ROSA(M). En la época de orígenes no vamos a tener este
sistema aún definido, así podemos encontrar formas como “amase”, que viene
de amav-isse(m), donde esperaríamos una grafía de sorda. Con respecto a las
sibilantes dentoalveolares, una palabra como fuerça (lo normal del castellano
alfonsí), podíamos encontrarla como fuerza y fuerca. Eran sonidos nuevos
para ellos.
• Palatal africada /t͡ʃ/: lo más normal es que encontremos -kt- como en NOCTE.
En época de orígenes podíamos encontrarnos cosas como noie, noge, noxe.
Estas grafías se pueden explicar porque todas las grafías representan sonidos
palatales, por lo menos en la evolución. La -i- es la grafía que representa el
sonido que más frecuentemente está implicado en procesos de palatalización.
El dígrafo -ch- es más tardío, se empieza a introducir en el siglo XII por
influencia franca.
• Palatal nasal /ɲ/: se usaban en época de orígenes grafías como anno, anio,
agno, ango, anho. De nuevo, se trata de un sonido nuevo que los escribas no
saben muy bien como representarlo. La grafía -g- corresponde con un sonido
que normalmente palataliza, por tanto, es válido para representar diferentes
tipos de palatalizaciones.
• Palatal lateral /ʎ/: la grafía más habitual para representar este fonema es -ll-.
Sin embargo, encontraremos en época de orígenes ejemplos como callar,
caliar.
• Prepalatal fricativa sonora /ʒ/: se representa sobre toda con la grafía -li- como
en filio, pero también podemos encontrar ejemplos como figo.
• Prepalatal fricativa sorda /ʃ/: la grafía más habitual será la -x-: coxo, pero
también cosho, cosso.
- Fonética y fonología
VOCALISMO
• La diptongación ya se habría producido antes de la época literaria y es lo que
explica la e ̞ > IE y la o ̞ > UE, siempre en sílaba tónica. Una palabra como
morte en un texto del siglo XI podríamos considerarla como una grafía
conservadora porque no se está representando la diptongación. Todo
dependería de donde encontráramos la forma. Hasta prácticamente principios
del siglo XIII todavía podemos encontrar vacilaciones en las conformaciones
de esos diptongos, lo vemos en testimonios como en el Cantar de mío Cid,
que nos muestra esa falta de uniformidad en la formación de los diptongos.
• Monoptongación de /ai/, /au/: en los textos preliterarios vamos a encontrar
habitualmente el diptongo -au- escrito, lo que podemos interpretar como una
grafía conservadora en muchos casos. Si encontramos una palabra como tauro
sería una grafía conservadora porque ya había monoptongación. También
vamos a ver algún caso de hipercorrección. Por ejemplo, en algún texto de la
época podemos encontrar auriente en vez de oriente. Seguramente ya se
habría producido la monoptongación de ese diptongo au y los escribas usan
las dos grafías para la representación de ese mismo sonido (confusión de la
escritura au y o > [o]). En algún texto de la zona del norte de Burgos, conocido
como la zona de la Montaña, podemos encontrar formas no completamente
monoptongadas. Lecturas del tipo eyros para la forma AGROS > [ágros] > [ái̯
ros] > [éi̯ ros] > [éros]. Aquí se ha producido la vocalización de /g/ en posición
implosiva y la reducción del diptongo se explica por una asimilación recíproca
→ [ai̯ ] > [ei̯ ] > [ee] > [e]. Eyros es típico de las zonas occidentales. Las
isoglosas, que son las separaciones en los dialectos, no están completamente
definidas en la época de orígenes y encontraremos fenómenos más occidentes
u orientales en la conformación de este castellano de origen.
• Reducción de diptongos, concretamente del diptongo ĔLLU(M) > -iello:
diminutivo latino que acabo siendo el más común en el latín vulgar. Va a ser
la forma más general durante toda la Edad Media, pero ya tenemos evidencias
tempranas de este caso de reducción del diptongo en este contexto: -iello > -
ello. En el siglo XIII será habitual todavía la forma con diptongo.
• Vocales interiores no tónicas: tienden a caer como consecuencia de síncopa.
Aunque es una tendencia general desde el propio latín vulgar desde temprano,
lo que nos reflejan los textos es mucha vacilación. Por ejemplo, frente a
sieglos, podríamos encontrar sieculos (la forma sin síncopa). También
tenemos bastantes casos de hipercorrección que afectan a las vocales
interiores, como, por ejemplo, el caso de popelatus. La forma latina había sido
POPULATUS, entonces la sílaba tónica es la y la u es la vocal pretónica que
desaparecerá. Probablemente tenemos una vocal e porque el escriba sabía que
había un sonido, pero como no lo pronuncia, no sabe cuál es, decide poner una
e. La vacilación entre conservación y pérdida de vocales en el medio gráfico
va a ser bastante extensa. Todavía en los siglos XIII y XIV, cuando se
introducen cultismos, observamos esa tendencia a la conservación o a la
pérdida. Ejemplo: DISCIPULUS > discípulo, es un cultismo. Cuando el
cultismo correspondiente se introduce en el castellano nos lo encontramos
como discípulo propiamente, pero también podemos encontrarlo como
deciplo, una especie de semicultismo que evidencia la síncopa de la vocal. ¿Y
por qué en un cultismo se encuentra una síncopa? Porque todavía en esa época
es un fenómeno que sigue vigente el hecho de convertir palabras llanas en
esdrújulas.
• Vocales finales: también es bastante duradera la vacilación entre conservación
y pérdida de vocales finales. De hecho, hasta el siglo XI en principio cualquier
vocal podía desaparecer. Pan(e), plant(a), lob(o). En el caso de los dos últimos
ejemplos, a partir del siglo X-XI se conservan porque tienen un valor de
distinción morfológica. En algunos textos de la zona de Santander es frecuente
la escritura de una u en posición final: lobu. Se debe a un cierre propio de la
zona leonesa y santanderina que es habitual en el masculino singular (se
documenta desde el siglo XI). Lo que ocurre con la -e es más complejo. La -e
final, a diferencia de la a y la o, no tenía distinción morfológica, entonces los
sustantivos acabados en -e podían ser tanto masculino como femenino.
Durante el siglo XI-XII se da la apócope extrema que favorece la pérdida de
la -e en contextos no habituales de pérdida (cuando le precede una r: AMARE
> amar, una lateral: TALE(M) > tal¸ o nasal: PANE > pan) Cuando a la e la
precede un grupo consonántico, ahí la tendencia es a la conservación. O
cuando le precede una consonante palatal de este tipo → ch.
CONSONANTISMO
• Sonorización, degeminación y fricatización: estos son fenómenos preliterarios
que se darían en época visigoda. Se relacionan con la lenición consonántica,
típico de la Romania occidental (celta). La sonorización es uno de los
fenómenos documentados más temprano. En los primeros textos de los que
tenemos constancia vemos casos de sonorización y casos aparentes de no
sonorización: lobo vs lopo. Las hipercorrecciones nos dan pistas sobre los
cambios que ya se habían producido y generalizado: encontramos formas
como cotice que para el latín sería CODICEM. Esto nos explica que la
sonorización se habría producido. Nos está indicando que, si en determinados
contextos t y d se pronuncia como d, el escriba muchas veces no sabe cuál de
esas grafías utilizar y ese es el motivo por el que se dan hipercorrecciones.
• Palatalización: en esta época preliteraria se produjeron la mayoría de los
procesos de palatalización, que se debía en muchos casos por la presencia de
la semiconsonante palatal [j]. Se produjo la palatalización del grupo -kt- > [-i̯
t] > [tʃ]. Otra palatalización sería -x- > [ks] > [is] > [ʃ]: AXE(M) > exe. Hay
otras palatalizaciones que son de diferente tipo, como las de estos grupos pl-,
cl-, fl- que podrían tener relación con algún fenómeno que ya se daba en esa
época prerromana. Daban como resultado la [ʎ]. También hay otras palatales
que son más tardías que las anteriores, pero suponemos ya cumplidas en la
época preliteraria, como la que afecta a la geminada lateral que dará a una [ʎ]
o la que afecta a la geminada nasal que dará [ɲ]. En algún texto de época
prealfonsí nos encontramos una forma como flano para lo que en latín es
PLANUS. No es una grafía etimológica y podemos interpretarla como una
hipercorrección, porque si los 3 grupos iniciales se pronuncian igual el escriba
no sabe a qué grupo pertenece y utiliza fl. En lugar de pl-. si hubiera utilizado
la ll sería una grafía innovadora porque representa un sonido nuevo aunque se
base en una grafía tradicional que no le pertenece en este contexto.
• Grupos consonánticos primarios y secundarios: los primarios son los que ya
se daban en el latín y los secundarios son grupos que se crean en el paso del
latín al romance. La evolución de los grupos consonánticos primarios parece
más segura desde el principio, mientras que los secundarios están más sujetos
a vacilación. NOCTE(M) el grupo consonántico -kt- es primario. La
palatalización en época preliteraria ya se ha producido y tenemos el resultado
de [tʃ]. Otra cosa es que haya vacilación a la hora de representarla, aunque el
sonido ya estaba conformado en época preliteraria se podía representar
gráficamente como: i, ih, g, gg, ct, ch. HOMINE(M), sería un caso de grupo
consonántico secundario, ya que tenemos que se pierde la vocal i por sincopa
y se produce el grupo consonántico -mn-. Este grupo se vio sujeto a más
vacilación: [mn], [mm], [mr], [mbr] → uamne, ome, omre, ombre. Pasa mucho
también con el grupo consonántico secundario de HON(O)RĀRE > [nɾ] al ser
un grupo incómodo al castellano se va a corregir reforzando la ɾ simple > a
múltiple [nr] o podemos encontrar otra solución como [ɾn] o [n̯ dr] → onra,
orna, ondra.
• Labiodental fricativa inicial: f- se pierde en el paso del latín al castellano: [f-]
> [h-] > [ø]. Menéndez Pidal documenta la pérdida de f inicial en documentos
muy antiguos del siglo X, pero lo que vamos a ver más habitualmente será la
conservación grafica de esa f-. En la Edad Media encontramos palabras como
farina, formiga. Pero otra cosa es cómo interpretemos esa grafía, que sería
conservadora, porque se supone que en el siglo XIII ya se haya aspirado o
incluso desaparecido, aunque esa aspiración no desapareció del todo.
Menéndez Pidal documenta tempranamente esa aspiración o pérdida, aunque
lo normal es que se represente con la grafía f. Lo que tenemos que averiguar
es si esa grafía es conservadora o no.
- Morfosintaxis
Muchas de las características que habíamos visto en LV, ya se habían consolidado en esta
época.
• Artículo (in)determinado: tendencia a la aclimatación del artículo, tanto del
determinado como del indeterminado. En el texto de la Peregrinatio
encontrábamos una sobreabundancia de pronombres con función
determinativo. El artículo determinado provenía de ille < ILLU(M). ILLA(M)
> (e)la; UNU(M) > un(o).
• Alteraciones de género: pérdida del género neutro que por supuesto ya está
consumado en el castellano preliterario. Se mantiene en algunos paradigmas:
el de los pronombres, tanto demostrativos como personales (ello, esto, aquello,
etc). Existen vacilaciones en el género de muchos sustantivos, que han
perdurado hasta la actualidad, como el sustantivo “sal” o “mar”. El género de
los nombres / sustantivos abstractos terminados en -or, como “amor”, “calor”,
etc., van a presentar bastante vacilación en el castellano medieval y en el
preliterario, evidentemente. Parece que en el castellano preliterario se prefiere
el género femenino para estos sustantivos, como “la calor”.
• Grado del adjetivo: se consolidan las formas analíticas, en lugar de las
sintéticas. Solo se conservan las formas sintéticas en adjetivos heterónimos:
mayor, menor, mejor.
• Persona verbal: parece que existió una contienda entre la conservación y la
pérdida de la dental /-t/ de 3ª persona verbal. Veremos que en los primeros
testimonios conservados en lengua romance existe esa vacilación entre la
conservación y la pérdida de la dental. Cuando se documenta la conservación,
podríamos preguntarnos si es un fenómeno de conservadurismo, ejemplos
como “vienet”: grafía innovadora por parte del diptongo “ie” y conservadora
por la conservación de la dental final. La conservación de la dental en textos
del norte de la Península es probable que la conservación de la dental no sea
una característica conservadora, sino que refleje una realidad fonética de la
zona.
• Conjugación verbal: se aclimatan de nuevo las tendencias latinovulgares. Se
reajustan los futuros basados en formas analíticas en lugar de sintéticas. El
sistema de desinencias no cambia demasiado con respecto al latín clásico, más
allá de lo que afecta a las formas sintéticas de la pasiva (amor, amatur, etc.)
que acaban desapareciendo y se prefieren construcciones analíticas que
expresan la voz pasiva.
• Sintaxis romance: lo que tenemos en época preliterario lo que tenemos
fundamentalmente son textos latinos. Sin embargo, algunos de esos textos
latinos, según Wright lo que representan es la sintaxis romance. Para Wright
los textos latinos que no tienen el orden SOV son los que reflejan el orden de
la lengua romance (SVO), pues el orden de los constituyentes refleja el orden
de la lengua romance subyacente. Según Wright el escriba lo que haría es
latinizar ciertas formas, pero tratando de mantener la sintaxis romance (orden
de constituyentes típicamente romances).
• Fijación de usos del artículo: los expertos dicen que los artículos se fijan con
bastante regularidad y más temprano en el castellano que en otras lenguas
romances. Sin embargo, también se encuentran vacilaciones en el uso del
artículo en el castellano preliterario. Veremos en textos del castellano
preliterario que en las ocasiones que precede a un artículo una preposición
como “en” o “con” produce una amalgama: en+(e)lo > en(n)o; con+(e)lo >
con(n)o.
• Sistema pronominal / adverbial: durante el siglo XI sigue siendo muy habitual
encontrar los pronombres relativos MIBI (analogía con respecto de tibi) y
TIBI, incluso en textos que ya nos parecen bastante romances. Son comunes
en los primeros textos al menos hasta el siglo XII, que es cuando tenemos los
primeros textos plenamente romances. En cuanto a los indefinidos, veremos
en textos de hasta el siglo XIV una forma “al” procedente del indefinido latino
ALIUD (“otro”). Y de este indefinido latino también se formarán otros del tipo
“alquieras” (cualquiera; no llega al siglo XIII). De la forma latina ALIUNDE
(“en otro sitio”) nos llega un indefinido muy antiguo que tampoco llega al
siglo XIII, que es “algodre”. Un poco más de vida tiene el indefinido
“alguandre”, que viene del latino ALIQUANDO (“alguna vez”). De este
indefinido ALIUBI tenemos “ajubre” (“en otra parte”), llega hasta el siglo
XIV.
• Ausencia de nexualización: ausencia de nexos. Por lo que sabemos de la
lengua hablada (es decir, de este castellano preliterario), lo normal es que en
la oralidad se tienda a la construcción de oraciones sin la presencia de muchos
nexos. Se ha dicho que la lengua oral tiende a la parataxis, mientras que la
escrita tiende a la hipotaxis. Se supone que en el castellano preliterario aun no
tenemos un sistema de casos muy complejo, hasta que no se dé el fenómeno
de elaboración lingüística (proceso que lleva a una lengua de la inmediatez
comunicativa a la distancia comunicativa, ya no solo se habla dicha lengua,
sino que también se escribe siguiendo las normas de escritura
correspondientes).
• Verso y prosa: los textos en verso tienen una ayuda importante en el ritmo para
establecer la coherencia gramatical y textual, mientras que la prosa se
organizaba a partir de periodos coordinados.
- Léxico
El léxico de este castellano preliterario. Dijimos que la mayor parte del léxico de las
lenguas romances se fundamenta en el léxico / vocabulario latino, por tanto, se ha
conservado mucho léxico del latín clásico en las lenguas romances. Sin embargo, sí se
han producido muchos cambios fonéticos y morfológicos que forman el léxico
protorromance. Por otro lado, tenemos una serie de cambios semánticos en la evolución
del vocabulario latino:
• ignis > focus. El fuego se designaba en latín como “ignis”, de ahí nos quedan
cultismos como “ignifugo”. “Focus” en LC era el fuego doméstico, hecho para
calentar cualquier cosa del hogar. Este “focus” adquirió toda la carga
semántica de “ignis”. Es muy frecuente el desplazamiento de la forma más
general y usada.
• equus > caballus. La primera la más general, la segunda para referirse a un
caballo utilizado para uso doméstico, uso de campo. Del femenino “equa”
tenemos “yegua” para designar a la hembra.
• avunculus > thius. Otras veces se producen cambios que tienen que ver con la
influencia de la lengua griega. Muchos helenismos vinieron a sustituir
palabras comunes en latín.
• caput > testa. La primera era la palabra más común para referirse a “cabeza”,
acabó siendo desplazada por la metáforma “testa” > “tieso que se coloca en la
cabeza”.
• anser > avica.
• edo > manduco. La primera con muy escaso cuerpo fonético acaba siendo
sustituida con una palabra con más cuerpo fonético y que hace la metáfora.
• fero > levo. El primer fero (“llevar”) es un verbo frecuentísimo, pero acaba
siendo sustituido por levo (“levantar” > “llevar”). Esto ocurre por razones
morfológicas, ya que el primero es un verbo muy irregular en latín, sin
embargo, el segundo era un verbo muy regular.
• habeo > teneo. De nuevo “teneo” tiene un significado mucho más específico
en latín “sostener”, mientras que “habeo” significaba “tener” en general. Pero
su oso en perífrasis va a hacer que vacíe su significado.
• venio > plico. “llegar”. Se prefiere la forma regular de nuevo.
También el léxico refleja el universo nocional vigente en ese momento en la lengua. En
el imperio, a partir del siglo III, sobre todo, se producen cambios profundo en la
mentalidad de los habitantes de ese imperio. Fundamental será la consolidación del
cristianismo y la périda de la cultura pagana, harán que se incorpore muchos neologismos
al LV, que luego se mantienen en romance. por ejemplo, TEMPLUM (recinto sagrado
pagano) pasa al helenismo ECCLESIA (iglesia). SACERDOS (sacerdote. Oficio
encargado de ofrecer las ofrendas a los dioses paganos) se sustituye por CLERICUS
(clérigo. También de origen griego).
Por supuesto, el cambio en la sociedad y costumbres explican la desaparición de muchos
términos. Por ejemplo, palabras muy habituales del LC como DOMUS o LUDU, son
sustituidos por términos que muestran la nueva realidad como “casa / mansionem”
EJERCICIOS
1. Contesta brevemente a las siguientes preguntas:
a. ¿Qué tiene que ver el concepto de ‘transculturación’ con el cambio
lingüístico?
Cualquier cambio lingüístico implica una adaptación a la cultura de un determinado
momento y de una determinada zona. También las clases altas tienden a aprender con
mayor rapidez la nueva lengua. Para progresar y que se produzca esa transculturación es
necesario aprender la lengua invasora que es la que tiene prestigio social. Los hablantes
de las lenguas prerromanas que quieren progresar tienen que aceptar la nueva lengua. En
el momento que las variantes fonéticas de una zona adquieren prestigio, pasan a
convertirse en norma lingüística (como ocurría con la F- inicial latina, ya que en el
momento que Madrid adquirió importancia cultural, los hablantes tendían a imitar los
usos típicos de esa zona).
b. ¿Qué quiere decir Bustos con que, en el paso del latín a las lenguas romances,
se produce una reestructuración del sistema deíctico?
IS era un pronombre que en latín tenía un valor fórico, servía para referirnos a realidades
mencionadas con anterioridad en el discurso. Es un pronombre muy habitual que no deja
restos en las lenguas romances. Al desaparecer ese pronombre se produce una
reestructuración del sistema deíctico según Bustos (sistema deíctico: pronombres que se
refieren a referencias anafóricas y catafóricas). También hay otros pronombres que se
refieren a realidades fuera del discurso, a los objetos y personas que nos rodean, por ej.,
los demostrativos (esta silla). La reestructuración se produce por la desaparición de
formas muy habituales en LC como IS e HIC (demostrativo no marcado), las relaciones
entre el resto de los pronombres cambian. Por ejemplo, el pronombre demostrativo latino
ISTE se generaliza y es el que está en el origen de nuestro pronombre “este, aqueste”.
También el pronombre IPSE acaba convirtiéndose en un pronombre demostrativo que
muestra una lejanía mayor con respecto al pronombre “este”: ese o aquel. Por último,
ILLE está en la base de nuestro pronombre “aquel”. Las formas fóricas y demostrativas
que existían en LC no se usan del mismo modo y ya no significan lo mismo en romance,
a esto es lo que se llama reestructuración del sistema deíctico.
c. ¿Qué causas se han apuntado para la desaparición del futuro sintético latino?
Las formas sintéticas de futuro son sustituidas por formas perifrásticas. Este es un
fenómeno que se produjo en el propio latín y se debió probablemente a un cambio en el
modo de concebir el tiempo futuro. Se proponen dos hipótesis o teorías: la teoría
neoidealista explica un cambio en la percepción del mundo que llega a los hablantes a
través de la religión cristiana, ya que la idea de futuridad de la religión pagana no es la
misma que la de la religión cristiana. La idea de un futuro más concreto se ha ligado a la
presencia de perífrasis, ya que no suena igual “llegaré” que “voy a llegar” (esto último
suena más convincente). El desarrollo de las perífrasis parece que tiene que ver con el
desarrollo de los esquemas deónticos (de obligatoriedad). La idea de la obligatoriedad
con la que se ha asociado la religión cristiana se puede asociar con el cambio que se ha
producido en los futuros sintéticos. La otra teoría, más bien estructuralista, explica que la
expresión morfológica del futuro latino era irregular. Por tanto, frente a la irregularidad
prefieren la analogía. Entonces, para la expresión del futuro simple tenemos una solución
AMABO (amaré), HABEO (tendré). Sin embargo, para otras conjugaciones teníamos
unas formas procedentes de una contaminación del futuro con el subjuntivo, ejemplos
como MITTAM y AUDIAM. Por tanto, si nos fijamos es un paradigma irregular. Para
solucionar esto, se empiezan a utilizar las perífrasis. Estas son las dos teorías que
sustentan la utilización de perífrasis y la desaparición del futuro sintético latino.
d. ¿Qué procedimiento desarrollan las lenguas romances para distinguir
acusativo y dativo?
En latín, las distinciones de caso permitían una estructura oracional en la que se podían
separar el término regente y el término regido. Un rasgo tipológico era la estructura SOV.
Las lenguas románicas, basadas en una relación funcional indicada por la concordancia y
la rección preposicional, impusieron la proximidad del término regente y el término
regido. De este modo se pasó a una estructura SVO. Se produce una restructuración del
sistema preposicional para adaptarse a las nuevas funciones que debía desempeñar al
desaparecer la distinción casual. La ruina del genitivo, de una parte, que especializó la
preposición “de” como régimen del complemento nominal, y la necesidad de marcar la
función del sustantivo respecto al verbo mediante proposiciones, produjeron una
profunda transformación de su valor funcional. Particular relieve posee la necesidad de
marcar gramaticalmente las distinciones entre acusativo y dativo.
e. ¿En qué se basa la teoría de Ángel López sobre el inicio de la formación de
las lenguas romances?
La base de la teoría es la escritura de la Biblia en época ya tardía, en el siglo IV. Dice que
estos textos son el embrión de la sintaxis, ya vemos un orden del tipo SOV, vemos también
sintaxis del tipo preposicional frente a la sintaxis de casos, la reestructuración del sistema
deíctico, ausencia de nexualización. Paso de una sintaxis de construcción a una sintaxis
de rección (orden regido-regente, el más habitual en LV y el que heredan las lenguas
romances).
f. ¿Es posible afirmar que en época visigótica ya se hablaban lenguas romances
en la península ibérica?
No podemos afirmarlo, pero tampoco podemos estar seguro de que se haya dejado de
hablar latín.
g. ¿Cómo podríamos poner en relación la estratificación de la que hablaba
Bustos en la p. 268 con los conceptos de que tratamos en el tema 1?
Podríamos hablar de ese concepto de diglosia interna, en el sentido de que seguramente
existía una estratificación muy llamativa entre los usos de la lengua hablada y los usos de
la lengua escrita. Es decir, las personas cultas podían moverse por todo el espacio
variacional de la época, mientras que las personas indoctas / incultas no podrían. A eso se
refiere Bustos con la estratificación de los hablantes de su época.
h. ¿Por qué dice Bustos que algunos testimonios escritos en latín sirven de
“indicio sólido para conocer el estado de lengua de un período muy anterior”
(p. 270)?
Porque cuando encontramos una grafía innovadora en un texto aparentemente escrito en
latín, dicha grafía hace pensar que corresponde a un estadio fonético que ya se ha
cumplido. Un cambio que ya ha tenido lugar. Entonces, si me encuentro en un texto de
finales del siglo IX o X una palabra como “Ortiço”, estoy encontrando una forma
innovadora de escritura que evidencia un cambio que venía produciéndose desde hace
tiempo y que ahora se ha consolidado.
i. ¿Qué consecuencias tiene la llegada de los árabes para la historia de la
variación lingüística en la Península?
La llegada de los árabes a la Península produjo dos efectos que tuvieron importantes
consecuencias lingüísticas, primero, se fragmentó territorialmente el antiguo dominio
lingüístico y segundo, se produjo una enorme decadencia cultural, al quedar reducidos
sus focos de creación a humildísimos cenobios, que, aun así, conservaron la consciencia
de continuidad cultural. De este modo, se configuraron diferentes áreas. La más
importante de ellas fue, inicialmente, la que quedó bajo dominio musulmán. Los hispano-
visigodos conservaron durante los siglos VII al X una notable autonomía lingüística y
cultural bajo dominio musulmán. Por lo tanto, la lengua hablada por estos mozárabes
constituyó la primera lengua romance hablada en la península ibérica, puesto que era la
lengua propia de Al-Ándalus, que ocupaba casi toda España. Sin embargo, el mozárabe
es la lengua del pueblo dominado y pronto se produjo una situación de diglosia. Mientras
el árabe era la lengua de la administración, del derecho, de la cultura y, en general, el
instrumento de comunicación de los poderosos, el mozárabe va quedando
progresivamente como lengua doméstica, familiar y reducida al campo de la inmediatez
comunicativa. Esto explica que no hayan quedado apenas restos de literatura en
mozárabe.
j. ¿Por qué hay quien propone la inclusión del romance catalán en el dominio
galorrománico?
Había mucha relación cultural, económica y política entre la Galorromania y Cataluña.
Había también ciertas características en común, sobre todo con los dialectos
galorromances del sur. Sin embargo, el catalán parece guardar más parecido con el resto
de los dialectos hispánicos (ibéricos).
k. ¿Cómo se explica la creación de una koiné lingüística hacia los siglos IX-X en
el norte de la península ibérica?
Una koiné lingüística es la unión / mezcla de diferentes variedades de lenguas que acaba
siendo una sola. El castellano es una especie de koiné formado por la incorporación de
rasgos de dialectos vecinos, que se debe a las circunstancias históricas.
La Reconquista dio lugar a numerosos movimientos de población. La idea de la
reconquista de la Hispania perdida fue constante durante los siglos VIII y IX. Alfonso I,
rey asturiano, se llevó hacia el norte numerosos hispanos. Las zonas reorganizadas en un
período que comprende desde los siglos VIII-IX al XI, es donde surgieron los primitivos
núcleos lingüísticos que son el origen de las lenguas iberorrománicas. Surgieron así las
cinco grandes franjas lingüísticas, las dos extremas, (gallego y catalán), y las tres
centrales, el leonés al oeste, el castellano en el centro y el aragonés al este. Sin embargo,
en una época primitiva los límites o eran nítidos. Existió también un navarro muy
primitivo que acabaría fundiéndose con el aragonés. Entre el aragonés y el castellano, el
riojano fue dialecto de transición y de contacto con el vascuence. En el centro de la
Península y en las áreas colaterales se formaron distintos núcleos lingüísticos. En primer
lugar, el núcleo asturiano, en torno al primitivo reino ovetense y, después con la expansión
hacia el sur con la conquista de León. Alfonso III realizó una gran labor de repoblación
desde el norte de Portugal, sur de León y Castilla. Estas repoblaciones se hacían con gente
de diversa procedencia, gallos, bercianos, mozárabes. M. Pidal sostiene que estas
repoblaciones no significan que los nuevos territorios conquistados estuvieran vacíos,
sino que se procedía a su reorganización administrativa, política y económica con el
refuerzo de los nuevos poblados. Todo ello es relevante desde el punto de vista lingüístico
porque la fusión de pobladores de distinto origen facilitó la formación de una koiné
lingüística, que es la base de formación de nuestro romance castellano. El castellano
realmente no es un dialecto completamente diferenciado de los hablados, sino que incluye
rasgos de todos los dialectos que le rodean. En los primeros textos no podemos diferenciar
un castellano perfectamente diferenciado al resto de los dialectos.
l. ¿En qué argumento entran en conflicto la teoría de Menéndez Pidal y la de
Wright sobre la creación de las lenguas romances?
Entran en conflicto principalmente en que Menéndez Pidal supone una pronta
fragmentación dialectal, que comenzaría en los s. VIII y IX, para desarrollarse
ampliamente durante los siglos X y XI, en que aparecen los primeros testimonios escritos
en las nuevas lenguas romances. Wright, por su parte, propone la existencia de un
protorromance o romance hispánico común hasta finales del s. XI (teoría del
monolingüismo complejo). Según él, únicamente después de la reforma de la escritura
realizada por los cluniacenses a partir de1080 se atestiguan diferencias dialectales.
También Wright niega la existencia de un dialecto leonés porque es imposible señalar una
o varias isoglosas que determinen el dominio leonés y el castellano, mientras M. Pidal si
afirma que hubo un dialecto leonés al oeste de la Península, por lo menos hasta el s. XI,
que quedó asimilado por “la cuña castellana” durante su expansión.
m. ¿Con qué argumentos critica Bustos la tesis unitaria de Wright?
Bustos no acepta un solo dialecto romance en el norte peninsular, dice que es una mera
hipótesis. Critica la idea del monolingüismo complejo, basándose en la idea de que
tenemos indicios de dialectalización muy temprana que se vendría produciendo de hace
tiempo. Por tanto, no es posible hablando de un monolingüismo entre el siglo VIII y el
XI.
n. ¿Eran conscientes los hablantes del siglo IX-XII de las diferencias dialectales
que debieron existir en los usos románicos del norte de la península ibérica?
Según Tovar, no podrían notar las diferencias dialectales porque estas no impedían la
mutua inteligibilidad ente hablantes de distinta procedencia. Eso lo demuestra la
existencia de primeros textos literarios, ya del siglo XII, tales como la Razón feyta de
Amor, en los que se mezclan rasgos de unos y otros dialectos. Además, lo que percibirían
los hablantes sería la diferencia cada vez mayor que separaba la lengua oral de la escrita.
Es decir, el romance constituiría una cierta unidad desde el plano de la consciencia
lingüística respecto a la lengua escrita, que era el latín en sus diferentes grados de
normalización.
o. ¿Cómo se explica la presencia de rasgos típicos de la oralidad en los
primitivos documentos que usó Menéndez Pidal en sus investigaciones?
M. Pidal interpretó que, casi siempre, las variaciones gráficas eran un indicio muy
consistente de variaciones fonéticas, sobre todo cuando tales indicios se repetían en
diferentes documentos de distinta procedencia. Esto le permitió establecer diferencias
entre los documentos escritos en latín por redactores cultos, y los redactados por escribas
que o bien tenían una deficiente formación latina y, por tanto, cometían errores al escribir,
por medio de los cuales podemos conocer rasgos de la lengua hablada, o bien, que
escribían, debido al carácter del documento, en un latín arromanzado, es decir, en un tipo
de lengua en la que se imbricaban numerosos rasgos de la oralidad.
Por un lado, la presencia de rasgos típicos de la oralidad podría ser por la escasa formación
del escriba que pudiera llevarlo a cometer errores. O bien, puede que ciertos escribas
conscientemente introdujesen formas arromanzadas dependiendo del tipo de texto para
que se entendiese mejor el texto. Esta segunda posibilidad es la que no contempla Wright,
para este es por descuido del escriba.
p. ¿En qué sentido debe entenderse la idea de que entre latín y romance, entre
los siglos VIII/IX y XI, se da “una gradación o estratificación del uso
lingüístico” (p. 281)?
La gradación y la estratificación siempre la relacionamos con el espacio variacional y con
cómo las personas culturas son las que pueden moverse libremente por ese continuum.
q. ¿En qué sentido las diferencias ortográficas que se perciben en los antiguos
documentos altomedievales contradicen la teoría de Wright?
Desde la primera documentación escrita se observa la existencia de diversas tradiciones
ortográficas que, en ocasiones, se corresponden con variaciones dialectales. Hay una
diferencia empírica que evidencian las diferencias dialectales. Naturalmente, los
documentos escritos no pueden reflejar como hablan los usuarios de la lengua. La idea de
una sola lengua cuasi monolítica tropieza con ciertas evidencias, como la existencia de
glosarios destinados a la enseñanza de la sintaxis y del léxico, la coexistencia desde el s.
IX de documentos con una sintaxis completamente diferenciada de otros textos que sí
estaban escritos en latín, la comprobación de que las diferencias gráficas documentadas
se corresponden con las tendencias evolutivas que acabarían triunfando en cada dialecto,
la existencia de diferencias dialectales dentro del continuum lingüístico de la época de
orígenes, la comprobación de que las variantes lingüísticas, manifestadas en soluciones
distintas para los mismos procesos evolutivos, se corresponden con variaciones sociales,
y se olvida que las diferencias entre oralidad y escritura no se circunscriben a la oposición
vocalidad/grafía, sino que existen diferencias discursivas que marcan una mayor o menor
proximidad al latín en la escritura, y un mayor o menor alejamiento del latín en la oralidad.
En el ámbito de la escritura, es patente desde muy pronto el esfuerzo de los redactores
para dar con grafías fonemáticas que representan aproximadamente el estadio de
evolución correspondiente a una situación lingüística caracterizada por la concurrencia
de variantes. Las variantes ortográficas que encontramos en los documentos de la época
de orígenes pueden obedecer a diferentes causas: la impericia del copista o redactor, la
variación fonética, la existencia de diversas tradiciones gráficas; la tensión entre
ortografía latina y romance según el tipo de discurso o de documento de que se trate. Por
eso, la valoración fonética de una grafía en los documentos primitivos no puede hacerse
de manera simple y automática, sino teniendo en cuenta todas esas circunstancias, y aún
otras que pudieran añadirse.
r. ¿Dónde se percibe la influencia franca en la historia cultural y lingüística de
los siglos VIII/IX-XII en la Península?
Fundamentalmente en el Camino de Santiago, la incorporación de las reformas
cluniacenses y cistercienses. Esto cambia el panorama sociocultural y lingüístico de la
Península. A partir de esta reforma cultural: la apócope extrema y otras muchas formas
léxicas que se introducen en el idioma a partir de los dialectos galorrománicos.
2. Explica brevemente a qué se refieren los autores de las siguientes citas:
TEXTO 1: Podríamos hablar de que el problema de la escisión del romance se relaciona
con una catástrofe. En el siglo V la caída del Imperio Romano supone la descentralización
de las fuerzas de unidad y homogeneidad del latín por antonomasia. El cambio lingüístico
no es algo repentino, pero evidentemente hay circunstancias que contribuyen al cambio
lingüístico y en este caso la descentralización del poder de Roma provoca sin duda que
se disparasen las diferencias entre el latín hablado de las diferentes zonas del imperio.
Quizás es probable que la competencia activa del latín se perdiera bastante antes que la
competencia pasiva.
TEXTO 2: Básicamente lo que se aborda es el problema cronológico a lo que respecta al
latín vulgar como concepto que como ya sabemos abarca diferentes dimensiones:
diatópica, diafásica, diastrática Y DIACRÓNICA. El problema de la escisión entre el latín
y el romance tiene mucho que ver con esa dimensión diacrónica. El latín vulgar es la base
de las lenguas romances habladas, pero dónde ponemos el límite entre el latín vulgar y el
romance. Es complicado establecer ese límite entre esos siglos.
TEXTO 3 (importante): Tenemos que hablar de la teoría del monolingüismo complejo de
Wright, eso que escribían se correspondía con la forma romance o protorromance que se
asociaba a la lengua hablada. Por lo tanto, Wright le ofrece una importancia decisiva a la
lectura en voz alta de esos textos escritos aparentemente en latín, ya que leer en voz alta
se pronunciaría a la manera tradicional hablada.
La crítica más importante que se le puede hacer a esta teoría radica en el espacio
variacional de la lengua y la capacidad de los propios escribas para variar su propio
discurso. Wright parece que no piensa en la posibilidad de que un escriba quiera escribir
un texto en latín y no concibe que ese propio escriba en determinados textos pueda
incorporar algunas características propias de esa lengua típica de la inmediatez. Wright
parece que no le concede variabilidad al escriba dentro del espacio variacional de la
lengua.
Habría que comentar en primer lugar de qué trata el texto: lo que está diciendo Wright es
que solo hay una lengua, por lo que habría que comentar la teoría del monolingüismo
complejo de Wright. Desde su perspectiva solo hay una lengua que en su momento se
llamaba latín pero que hoy llamaríamos protorromance, porque para él esos textos escritos
en latín en realidad son textos de romance.
Como menciona las reformas carolingias, hablaríamos de ellas:
- Qué supuso la figura de Carlomagno.
- Causas de la reforma y significación.
- Su importancia para explicar este problema de la escisión latín-romance.
- Como se reforma el latín, como se propone la reformulación del latín hablado.
También deberíamos hablar del concilio de Tours. Por último, hablaríamos de las ideas
de Roger Wright:
- La importancia que le concede a la lectura en voz alta y los símiles que pone con la
lengua inglesa.
- De las críticas que sufre su teoría (no contempla para diferentes hablantes un diferente
dominio de la lengua).
- No parece que Wright haga diferencias de tipos de textos, parece que todos los textos
escritos en latín eran iguales.
TEXTO 4 (importante): Lo que dice Fernández Ordoñez es que realmente no hay
exclusividad dialectal en cada reino (ejemplo: en el reino de Navarra se habla navarro o
en el de Aragón aragonés), pues hay una fluctuación en las isoglosas (líneas imaginarias
que establecen las diferencias dialectales y lingüísticas entre unas lenguas y otras). No es
posible establecer límites isoglósicos entre los diferentes dialectos pues todos recogen
elementos dialectales de otras zonas. otras). A menos que haya un accidente geográfico
muy definido (como los ríos o cordilleras), es muy difícil establecer isoglosas.
Los textos nos muestran una divergencia dialectal que contradice la teoría del
monolingüismo, una visión tradicional de la filológica hispánica, al contrario, muestra
que el castellano no es tan discordante de los dialectos vecinos.
Hablaríamos del nombre de las lenguas, esto parece que da cierta uniformidad a las
lenguas. También podríamos hablar de esa tripartición a la que se refiere aquí la autora.
Podemos hablar también de que en esos tres dominios lingüísticos es importante la
influencia franca.
3. Las actas del Concilio de Tours (813) nos dejan constancia del siguiente
testimonio:
visum est unanimitati nostrae, ut quilibet episcopus [...] omelias (i. e. homilias) [...] aperte
transferre studeat in rusticam Romanam linguam aut Thiotiscam, quo facilius cuncti possint
intellegere quae dicuntur
(apud Löfstedt, Bengt (1959): Late Latin, Oslo: Aschehoug & Co, p. 4)
- ¿Podrías explicar la discusión que existe entre los expertos por lo que respecta a la
interpretación del sintagma destacado en cursiva?
Tendríamos que hablar de transferre, del hecho de traducir de una lengua a otra, lo que
provoca que aparezcan dos lenguas diferentes. También del rusticam Romanam linguam,
que para algunos autores esta es una lengua diferente al latín, pero para otros esto no es
tan evidente. En este fragmento también se podría hablar de la reforma carolingia del
Concilio de Tours.
Cuestiones que plantea Santiago: ¿Esa romanam lo debemos interpretar como referencia
al latín clásico o a la lengua del vulgo?, ¿romanam significa lengua romance? La lengua
románica es la que se habla en la calle y cuando vemos ese Rusticam lo podemos
interpretar como referencia a un “latín malo”, bajo.