Construcción de Espacios en el Pacífico Colombiano
Construcción de Espacios en el Pacífico Colombiano
DESENCUENTROS EN LA COSTA:
LA CONSTUCCIÓN DE
ESPACIOS Y SOCIEDADES EN EL
LITORAL PACÍFICO COLOMBIANO
ODILE HOFFMANN*
Continuación ...
*
Investigadora del Institut Français de Recherche Scientifique pour le développement en Coopération, ORSTOM,
dentro del marco del proyecto "Organización social, Dinámicas Culturales e identidades de las Poblaciones
Afrocolombianas del Pacífico y Suroccidente en un contexto de Movilidad y Organización, CIDSE - UNIVALLE -
ORSTOM".
1
DOCUMENTOS DE TRABAJO
Indice Pág.
Conclusión:
dos interpretaciones: una construcción regional abortada, un terrritorio confiscado 29
Cuadros:
Bibliografía 31
2
CIDSE
ABSTRACT
This paper aims at understanding the processes of construction and organization of the spaces
which are nowadays occupied mainly by black population in the Pacific areas of Colombia,
stressing on the southern part of the country (coast of Nariño and, particularly, Tumaco). Space is
considered here as an intrinsic element of society, both constructed by her and itself constructor
of social and cultural dynamics. No radical separation can be made between natural, social and
cultural spaces; the three of them interweave and become expressed through spatial practices that
can be described, interpreted and analyzed. These spatial practices are also political, since the
very moment when several actors, individual and groups share and want the same spaces and
develop strategies for comptrolling resources, for legitimating behaviors and for stressing the
belonging to an identity. In the case of the Pacific area it will be apparent how local and regional
societies, differentiated among them as distinct to the global society, create its place either by
taking and conquering it through endogenous dynamics or, otherwise are driven by external
forces that impose over them their own logic.
parte sur del mismo (costa de Nariño, y en particular el área de Tumaco). El espacio es
considerado aquí como elemento intrínseco de la sociedad, construido por ella pero a la vez
constructor y formador de las dinámicas sociales y culturales. No se puede separar
tajantemente un espacio natural de un espacio social u otro cultural, sino que los tres se van
entretejiendo, expresándose a través de prácticas espaciales que se pueden describir,
interpretar y analizar. Estas prácticas espaciales son también prácticas políticas (ver Levy,
1992) desde el momento en que varios actores, individuos y grupos comparten o codician unos
mismos espacios, desarrollando estrategias para controlar recursos, legitimar comportamientos
o afirmar pertenencias identitarias. En el caso del Pacífico, veremos cómo las sociedades
locales y regionales, diferenciadas entre sí como distintas a la sociedad global, van haciéndose
un lugar, arrancando y conquistando espacios por dinámicas endógenas, o al contrario llevadas
por fuerzas externas que imponen sus propias lógicas.
A nivel teórico y metodológico, tal búsqueda implica tener en cuenta que un espacio
nunca es estático ni delimitado de una vez por todas. Las prácticas espaciales se modifican con
el tiempo, no respetan cortes geográficos ni temporalidades bien definidas. Tres ejemplos de
esta flexibilidad: las migraciones establecen redes cada vez más complejas entre puntos
distantes que sin embargo configuran espacios de vida coherentes para los que las practican;
las innovaciones técnicas en la producción redefinen a veces modalidades de uso y ocupación
del espacio (de los manglares a raíz del auge de la camaronicultura, del bosque con las
motosierras) que alteran los paisajes y modifican los patrones de percepción y
aprovechamiento de los espacios microlocales; más clásico todavía, una apertura de camino
puede transformar drásticamente la conformación espacial de una amplia región (la carretera
Pasto-Tumaco), dándole nuevos giros económicos y de comunicación a los que se tiene que
adaptar las poblaciones habitantes. Con esto queremos señalar que este trabajo, si bien no
acaba con el tema, busca sentar algunas bases para aclarar las relaciones entre espacios que,
por tener características distintas, se analizan frecuentemente por separado: el medio rural y la
ciudad, la costa pacífica y las metrópolis donde acuden los emigrantes, y en particular la
"región" de Tumaco -por definir- y el área metropolitana de Cali, en el Valle del Cauca.
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CIDSE
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
MAPA 1-a
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CIDSE
correspondientes a la "provincia" de Pasto que cuenta con los cantones de Barbacoas (distritos
de Barbacoas, San José, San Pablo) y Tumaco (distritos de Tumaco, Sala Honda, Boca
Grande, Magui, Mosquera) 1. El "cantón" de Iscuandé (que comprende los "distritos" de
Iscuandé y Guapi) pertenece ahora a la provincia de Buenaventura. (Olinto Rueda, 1993,
TII:480).
A partir de los años 1860 la tendencia vuelve a establecer grandes unidades, con los 8
estados soberanos de la Confederación granadina (1857-61), los 9 estados de los Estados
Unidos de Colombia (1863), los 9 Departamentos de la Regeneración (1886). La segunda
mitad del XIX es el periodo de oro del Gran Cauca (desde Chocó hasta el Caquetá, capital
Popayán, ver mapa 1-c), que sólo desaparece con la creación de nuevos departamentos en
1904 (más la intendencia de la Guajira y el territorio nacional del Meta). Con algunas
modificaciones hechas en 1950, el Pacífico se reparte entonces en cuatro departamentos, a
grosso modo los actuales: El Chocó, el Valle del Cauca, el Cauca y Nariño, que comprenden
todos una parte costera y una parte andina, donde se sitúan las capitales (ver mapa 1-d).2
1
Esto corresponde a lo que reporta Merizalde: "El Congreso de 1835 desmembró de la Provincia de Buenaventura
los cantones de Barbacoas y Tumaco, y los anexó a la de Pasto." Otra "desventura territorial" se dio cuando, "por
decreto del Congreso del 16 de marzo de 1836 fue establecida la aduana de Tumaco, puerto que fue cedido al
Ecuador en el convenio habido entre Mosquera y Flores, representado aquel por el coronel Posada Gutiérrez, el 3
de noviembre de 1840. Un año más tarde, el 2 de junio de 1841, la derrota de Obando en La Chanca, decidió en
nuestro favor las querellas con el Ecuador y libró el territorio nacional de los invasores extranjeros. La parroquia de
Tumaco, que con las del Trapiche del Micay, Saija, Timbiquí, Guapi, Iscuandé, Salahonda, San José y Barbacoas,
era gobernada por el Prelado quiteño, pasó nuevamente a la diocesis de Popayán" (Merizalde, 1921: 129).
2
El departamento de Nariño comprende en 1904 las provincias de Barbacoas, Nuñez (Tumaco), Obando, Pasto,
Túquerres y Caquetá. En 1905 se segrega el Caquetá, en 1906 se adscribe la intendencia de Putumayo, y une
efímera división, en agosto de 1908, crea los departamentos de Tumaco (incluyendo Nuñez y Barbacoas),
Túquerres y Pasto. Finalmente se conserva el Departamento de Nariño, sin el Putumayo, con su capital andina -
Pasto- y su ancha zona costera alrededor de Tumaco. Otros cambios ocurren en 1950 con la creación de
intendencias (Meta, Chocó, San Andrés y Providencia) y comisarías (Arauca, Guajira, Caquetá, Putumayo,
Vaupés, Vichada, Amazona); luego la de nueve nuevos departamentos en 1982, y finalmente, con la Constitución
de 1991, otros ocho departamentos que remplazan las intendencias y comisarías.
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
MAPA 1-b
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CIDSE
MAPA 1-c
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
MAPA 1-d
A escala de la costa del Pacífico, se puede notar una diferenciación temprana entre el
Chocó y la parte sur del Pacífico. Los procesos de conquista y los sistemas de explotación
aurífera, junto con las condiciones del medio ambiente 3 y de comunicación, propiciaron un
poblamiento basado en la minería más fuerte y organizado en el Chocó que en la parte sur. El
poblamiento negro y los modos de convivencia con las poblaciones indias residentes también se
dieron en una forma específica, lo que explica las diferencias culturales que hoy todavía se
perciben : "deben recordarse las diferencias que en materia de música, danza y dialecto han
existido entre el sur y el norte del Pacífico, debido principalmente a la incomunicación
impuesta por la Colonia entre las dos zonas, de seguro, para evitar levantamientos y
cimarronajes, lo cual, unido a la artificial división territorial, exacerbó ciertos "nacionalismos" y
localismos en cada subregión o subzona. (Sin embargo) estas diferencias no ocurren, por
ejemplo, en muchos elementos de las prácticas mortuarias, la tradición oral como subsistema
comunicativo y de memoria colectiva y la actitud y valores comunitarios" (Vanin, 1993,
II:553). G. de Granda también distingue en el litoral pacífico dos zonas, norte y sur, y le añade
una diferenciación dialectal entre las partes costeras y los hinterland; ambas distinciones son
basadas en las tendencias a la normalización a al contrario la innovación lexical, que el autor
relaciona con las condiciones históricas de producción, poblamiento y comunicación (De
Granda, 1977:19-67) 4.
A diferencia del Chocó, la parte sur del Pacífico no conoce una "identificación"
temprana ni tiene nombre propio para el conjunto de la región, y se va dividiendo o
reunificando según las épocas y los intereses de los actores dominantes5. Dos periodos ilustran
bien los conflictos subyacentes a esta "incertidumbre territorial": el siglo XVIII con la
emergencia de las "provincias" costeras, el XIX con el debate acerca de la creación de un
“décimo” departamento del Sur (Nariño).
3
Los biólogos, ecólogos y geomorfólogos diferencian, adentro de la inmensa "provincia biogeográfica del Chocó"
que va desde el golfo de Urabá hasta Tumaco, dos áreas bien definidas, al sur y al norte de Cabo Corrientes, es
decir un poco más al norte del límite entre los departamentos de Chocó y del Valle. (Arboleda H., 1993: II, 823;
Andrade,1993, II: 829, Ortiz y Massiris Cabeza, 1993, II: 849).
4
"En resumen, el área A1 (zonas interiores de Barbacoas, Iscuandé, Guapi) se caracteriza por su aislamiento e
incomunicación geográfica, por su marginación y subdesarrollo económicos, por su arcaísmo cultural y por sus
peculiaridades lingüísticas negativamente valoradas, mientras que A2 (la franja costera que va desde Tumaco hasta
el Chocó) posee, como notas diferenciadoras, comunicaciones, internas y externas, relativamente fáciles -por
cabotage-, un cierto desarrollo económico unido a una relativa integración en la estructura capitalista, industrial y
comercial, una tendencia perceptible hacia la modernización cultural y un acercamiento importante hacia normas
lingüísticas medias aceptables a nivel nacional o, al menos, regional" (de Granda, 1977: 62).
5
Algunos autores distinguen sin embargo tres "áreas culturales negras en el Pacífico": Chocó al norte, Valle y
Cauca al centro, Nariño al sur, y lo interpretan como el resultado de estrategias adaptativas específicas,
relacionadas con las condiciones ecológicas de cada área (Almario y Castillo, 1996:60).
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
disputando las jurisdicciones sobre los ríos Guapi y Timbiquí". (Romero 1995: 36-41,
subrayado mío).
Estas disputas explican en gran medida la confusión que hemos subrayado más arriba,
cuando notamos que Barbacoas aparece en los documentos como parte de la provincia de
Buenaventura o como provincia independiente, o también como Iscuandé pertenece aveces a
Barbacoas, aveces a Buenaventura, y otras veces a los dos (Barbacoas siendo incluido en
Buenaventura!). No es pura confusión ni arbitrariedad administrativa, sino expresión del
conflicto alrededor del control de los principales recursos de la época: el oro y los ríos que lo
albergan.
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CIDSE
En este escenario, la parte más sureña de la zona, alrededor de Tumaco -que por esta
época (fines del XVIII) empieza a afirmarse como pueblo-, es doblemente marginada: es pobre
en oro, y por sus características físicas es una zona de ríos cortos que no sirven para la
comunicación hacia el interior. Es tan despreciada que a una mujer esclava de Barbacoas
acusada de un delito grave, se la castiga con "el destierro hacia Tumaco, un sitio bastante
alejado de Barbacoas" (Romero, 1995:85). Tendrá que esperar el final del siglo XIX para
gozar, temporalmente, de una territorialidad jurídica propia (el "departamento" de Tumaco).
La "cuestión decimista" -de la creación de un décimo estado- que agita las élites
políticas del fin de siglo XIX también marginaliza a las zonas costeras, pero en mucho mayor
proporción: el debate nunca menciona siquiera las poblaciones de la costa. Parece que las
"provincias del Sur" sólo comprenden el altiplano andino, de Pasto hacia el Ecuador! De hecho
se trata más que todo, en un primer tiempo (1870-1886) de un conflicto político entre
conservadores (en Pasto, que había sido un fuerte foco realista durante las guerras de
Independencia, cf. Rojas y Sevilla Casas, 1994:164), liberales (con los caudillos de Popayán) y
los radicales de Bogotá. La creación del décimo estado fue postergada mucho tiempo por no
ceder espacios propios a los conservadores del sur. El desenlace se debe por parte a una
alianza coyuntural entre el poder central, en manos de los radicales, y los de Pasto con miras a
desmembrar el poderío de los caudillos de Popayán (Valencia, 1990 y 1991). Sin embargo la
creación de nuevos departamentos responde básicamente al regreso de los conservadores al
poder, sobre todo después de la victoria conservadora de la guerra de los mil días (Almario y
Castillo, 1996: 98-99, Minaudier 1992). En este asunto casi no participaron las poblaciones ni
las élites del litoral. Estas sin embargo ya existían, y empezaban incluso a reivindicar sus
espacios, como lo nota un observador a principios del siglo XX: "los moradores (de San Juan
del Micay) tienen la buena calidad, que juzgo digna de encomio, de soñar continuamente con el
engrandecimiento del pueblo. De ahí salió en 1915 una petición al Congreso para que se
crease el Departamento del Litoral del Pacífico" (Merizalde, 1921: 73, subrayado mío). En
este intento fracasaron, y la cuestión sigue reabriéndose periódicamente hasta la fecha (ahora
es retomada por las organizaciones de las Comunidades Negras).
6
Como lo recuerda Zuluaga (1994), "el español no pretendió nunca tomar para sí grandes extensiones de tierra -
con fines agrarios- en la Costa Pacífica".
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
fungían como frontera o vínculo entre los dos anteriores (Zuluaga 1994)7. Espacio
fragmentado y especializado desde un principio, de acorde con las características demográficas
y socioculturales de su época, se va transformando e integrando nuevos elementos y nuevos
actores a medida que pierde su carácter exclusivamente minero para asumir funciones más
diversas.
7
A otra escala, [Link] define tres modelos de poblamiento negro en el Suroccidente, los otros dos relativos a las
haciendas del Valle del Cauca por un lado, a la resistencia en el Valle del Patía por otro.
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CIDSE
(1) Fuentes: Historia documental del Chocó, Enrique Ortega Ricaurte, Publicaciones del
Departamento de Biblioteca y Archivos Nacionales, Volumen XXIV, Bogotá, 1954, pp214-2158
(2) Archivo Histórico Nacional. Fondo Ortega Ricaurte. Comprende los distritos de Barbacoas,
Iscuandé y Tumaco
De las fuentes consultadas resalta el que, para fines de XVIII, esta categoría de “libres
de varios colores” era más numerosa que la de los esclavos en el sur (Barbacoas), pero no en el
Chocó donde siguen más importantes, casi a igualdad, los esclavos y los indios. De todas
formas, en esta época la población del litoral ya no era exclusivamente conformada por
esclavos y comunidades indias, como muchas veces se presenta, sino que había empezado el
proceso de diversificación social y económica9. Sin embargo veinte años después de este
censo, para lo que corresponde a la provincia de Barbacoas (Barbacoas, Iscuandé y Tumaco),
se registra un número significativamente mayor de población total y de esclavos, mientras los
“libres de varios colores” disminuyen ligeramente en absoluto, pero bastante en proporción (de
48% de la población total en 1777-78, a 30% en 1797). ¿Será esta diferencia signo de una
8
Agradezco a Jacques Aprile que me señaló el error en los datos compilados en el “Compendio de estadísticas
históricas de Colombia”, M. Urrutia y [Link], Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1970, p19, que
menciona una población de 5523 “hombres casados libres “, en lugar de 523 “hombres casados libres de varios
colores” en el original, deformando así tanto el dato referente a la población como el concepto mismo del censo.
9
Cosa que Sharp confirma para el Chocó -con cifras distintas- al decir que "para 1782, más de un tercio de la
población negra (3899 personas de 10987) estaba ya libre" (Sharp, 1993:II410).
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
última ola de penetración minera "tradicional" esclavista en la parte sur de la costa (entre 1778
y 1797) antes del declive de la explotación minera a principios del siglo XIX?
(*) "según archivos citados por G. Leyda Gómez (1977), en 1781 en la "jurisdicción"
de Tumaco se censaron 2497 habitantes, o sea 499 familias residenciadas en 462 casas. En la
"ciudad" había 70 familias, totalizando 391 habitantes en 60 casas. Eran 96 vecinos (familias)
en 1782." (Aprile, 1993:50).
10
Es de señalar que aún los negros libres no lo eran tanto: "no podían portar armas ni desempeñar ningún oficio
político ni militar sin un permiso oficial de la Corona; no podían vivir entre los indígenas ni tenerlos como
sirvientes ni, tampoco, usar signos de tanto prestigio como un bastón para caminar" (Sharp, 1993: II, 411).
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CIDSE
En suma podríamos decir que el siglo XVIII sembró las bases de un sistema
socioterritorial nuevo, nacido de las necesidades esclavistas y mineras pero que va incluyendo,
con el tiempo, lógicas y actores distintos que complejizan el cuadro. Desde el punto de vista de
los blancos, andinos, es un sistema eminentemente dependiente de los (y las) capitales
extraterritoriales (Cali, Popayán y Pasto), estructurado por una red densa de enclaves a lo
largo de los ríos, entre los cuales se extienden vastos espacios vacíos y no controlados. Por lo
tanto deja "huecos", y lleva en su seno un potencial de transformación que no tardarán en
explotar las poblaciones subalternas -negros e indios- en cuanto tengan la oportunidad. Si bien
desde siempre éstas habían expresado su insumisión bajo la forma de revueltas, huidas11 o más
seguido de resistencias cotidianas múltiples aunque menos visibles (cf. Romero, 1995),
aprovechan el declive de la explotación minera y la retirada de muchos mineros, y luego la
manumisión de hecho o de derecho (1851-1852), para implementar sus propios modelos de
asentamientos y explotación del medio.
11
En 1797, en su visita a la Gobernación de Popayán, Don Juan Nieto menciona la existencia de un "Palenque de
varios forajidos de las Encomiendas y negros de minas", ubicado en la parte alta de Telembi y Patía, arriba de los
Reales de Minas de Guapi y de Iscuandé (citado por Aprile, 1993:18): será el Palenque de El Castigo, estudiado
por [Link]? Por otra parte West menciona una serie de revueltas negras entre 1816 y 1821, una de ellas en el
río Saija donde, al parecer incitados por blancos, hasta crearon un palenque (AHNC, Secretaría de Guerra y
Marina IV, f.525v de 1821, in West, 1957: 103).
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
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[Link] sigue otra periodización, al caracterizar la primera mitad del siglo XX por un aumento de las corrientes
migratorias, y la conjunción de varios procesos que habían empezado desde fines del siglo XIX; entre ellos
resaltan: los ciclos de explotación de la tagua, el caucho y el cacao, la extracción de polines para la construcción
del ferrocarril, la colonización agrícola fluvial, las concesiones libradas a empresas extranjeras (por ejemplo la
New Timbiqui Gold Mines Limited, en 1913), especialmente con Rafael Reyes (1905), y el aumento del cabotage
costero para suplir en viveres tanto a la población local como a la de Panamá donde se construía el canal (1880-
1914) (Aprile, 1993: 62).
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CIDSE
Fuentes: hasta 1870, Archivo Histórico Nacional. Censos de población. A título de referencia
añado los censos de 1905 y 1918, con los municipios de la zona pacífica de los departamentos de
Chocó, Cauca y Valle, y Nariño respectivamente.
100000
90000
80000
70000
60000 Chocó
Nº de habitantes
50000 Buenaventura
40000 Pasto
30000
20000
10000
0
1835 1843 1851 1870 1905 1918
Si ahora miramos las evoluciones demográficas de esta parte sur, por cantón (ver
cuadro 4 y gráfica), encontramos que el crecimiento sostenido se debe principalmente al
fuerte aumento de población en Tumaco y el Raposo a partir de 1851, es decir en los cantones
que abrigan los dos puertos y futuros polos urbanos de la costa: Tumaco y Buenaventura.
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
12000
10000
Iscuandé
8000
Micai
Nº de habitantes
6000 Raposo
Barbacoas
4000
Tumaco
2000
0
1835 1843 1851 1870
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los antiguos centros de población como
Barbacoas y el Micay inician su declive, que se confirmaría en el siglo XX 13, mientras
Iscuandé sigue creciendo pero con una baja tasa, perdiendo la preeminencia que antes tenía en
la provincia (ver gráfica). Comparada con la situación prevaleciente en 1835, vemos una casi
inversión en el orden de jerarquía de los poblados. En efecto en el siglo XVIII y principios del
XIX, Tumaco apenas emergía como centro de población, y Barbacoas e Iscuandé abrigaban las
13
"Iscuandé, que fue la población principal de nuestro litoral Pacífico en tiempos coloniales, se encuentra ahora
(1921) en perfecta decadencia debido a la posición, río adentro, que el pueblo tiene. . Primeramente Guapi y
después El Charco arrebatáronle el comercio, y sus habitantes se vieron obligados a trasladarse a aquellas plazas
que les brindaban maneras múltiples de ganarse la vida" (Merizalde, 1921: p105).
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CIDSE
mayores poblaciones de la costa sur-14, así como las principales actividades de la región
(mineras y portuarias). En el siglo XIX se dan cambios estructurales en la organización tanto
espacial como socio-productiva de la zona: de una red de enclaves alineados a lo largo de los
ríos y los placeres auríferos (modelo siglos XVIII y principios del XIX), pasa a una
distribución que anuncia la polarización del siglo XX alrededor de dos ciudades-puertos, con
una ocupación del espacio más extensa aunque todavía difusa hacia el interior.
Las migraciones se dirigen hacia las partes bajas de la costa (West, 1957; Romero,
1995; Garrido 1981 citado por Almario y Castillo, 1996), y hacia el sur: los ríos Mira, Rosario,
Chagui, bajo Patía y Sanquianga se pueblan de gente de Barbacoas, que también van más al sur
y se instalan del otro lado de la frontera en la región ecuatoriana de Esmeralda.
14
Estos tres poblados formando lo que Almario y Castillo (1996: 6) llaman el "triángulo demo-histórico" del
Pacífico Sur.
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
los individuos 15 y las familias, y hasta de los poblados y las parcelas de cultivo. "El régimen
productivo, la vulnerabilidad e inestabilidad de las parcelas o el agotamiento de las tierras
producen una movilidad territorial y residencial constante, local o regional, de una parcela a
otra, de un poblado a otro, de un afluente o brazo a otro, transhumancia que afecta a familias
completas e individuos solos" (Mosquera, 1993: II, 503).
Esta alta movilidad va de acorde con normas genuinas de apropiación del espacio y
modos de construcción familiar que tampoco son entendidos por los primeros observadores.
El estereotipo que sigue vigente hasta la fecha habla de familias inestables, desintegradas, con
altos índices de ilegitimidad, donde el hombre es ausente y vago, tiene varias mujeres a la vez y
no asume responsabilidades ni autoridad, la cual recae en la madre, centro del sistema
(Gutiérrez Pineda, citada por Friedemann y Espinosa Arango, 1993: II, 560). Al contrario,
varios estudios de los años 1970 describen un sistema de parentesco complejo, resultado de
reelaboraciones de las formas familiares y ligado a sistemas de propiedad y de acceso a los
recursos, lo que interpretaron como una respuesta adaptativa de los mineros negros a sus
condiciones de sobrevivencia (modelo de troncos y ramajes, ver Friedemann, 1974,1976 y
1985 y Whitten 1969, Losonczy, 1992).
Pero no sólo las poblaciones negras son altamente móviles. Empujadas por el
poblamiento ligado a la minería, algunas comunidades indígenas del mismo Pacífico van
buscando espacios menos ocupados : "En el último periodo colonial, algunos indígenas Chocó
dejaron al alto San Juan-Atrato para instalarse en los ríos Saija, Yurumangui, Cajambre y Naya
al sur de Buenaventura. Hoy los descendientes de estos migrantes se encuentran
principalmente en el Saija y sus afluentes, pero otros migraron más al sur hacia los ríos
Iscuandé, Tapage y Sanquianga" (West, 1957: 91, trad. OH). Este movimiento migratorio
hacia el sur se continua en el siglo XIX y hasta hoy, donde se conocen como las comunidades
emberas o "Cholo Saija" de Sanquianga (IGAC, 1983), o más precisamente como el grupo
Eperara-Siapidara. Otro grupo indígena, los Waunamás o Noanamás originarios del Raposo,
también migraron hacia el sur en el siglo XVIII para instalarse en el río Micay, y siguieron su
ruta hasta alcanzar Tumaco y el Ecuador en el siglo XX (West, 1957:93). Más recientemente,
grupos indígenas del piedemonte nariñense (Awas-Cuayquers) salen de sus territorios
tradicionales para insertarse en los espacios todavía libres del litoral.
Sin embargo, comparado con la situación de fin del siglo XVIII, los indios redujeron
drásticamente su presencia, al grado de no participar más que en un 5 o 7% de la población de
la costa (ver cuadro 5):
15
"A los costeños les gusta mucho andar, y por quítame allá esas pajas emprenden viajes de días y días. Bien se
deja entender que no tienen verdadera noción del tiempo; de ahí que lo malgasten tranquilamente en dormir las
horas muertas, en charlas insulsas, en viajes sin rumbo fijo y a las veces en otras cosas de peor ralea" (Merizalde,
1921: 152).
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CIDSE
Desde la Colonia había habido grupos reducidos de blancos radicados en las ciudades
(Nóvita, Citará (Quibdó), Iscuandé y Barbacoas) o incluso en algunos reales de minas, pero
con el declive minero muchos se habían ido. En el litoral nariñense sin embargo, existen desde
el siglo XIX algunos núcleos de población blanca (San Juan de la Costa, Vigía, Mulatos,
Amarales, Boquerones, La Loma), que serían los únicos lugares donde se quedaron pobladores
blancos después de 1852 (de Granda, 1977:153). No se conocen los orígenes exactos de estas
comunidades probablemente instaladas en la primera mitad del siglo XIX, aunque "leyendas
locales dicen que un español, Manuel Moreno, hubiera llegado por los años 1840 a fundar San
Juan de la Costa. Otra versión habla de la Vigía, fundada por descendientes de náufragos"
(West, 1957: 110, trad. OH).
Esta descripción quiere dar una imagen de modernidad y urbanidad, tanto a nivel
material (las calles, los edificios) como de servicio (luz, iglesias, escuelas) o de actividad
(comercio, fábricas). Todas estas características califican, aunque sea implícitamente, a la
ciudad de Tumaco como un "lugar de blancos", los que conducen el desarrollo económico y se
insertan en redes universales de relaciones: "Tumaco exporta tagua, caucho, maderas y cacao,
el comercio se hace casi en su totalidad con Estados Unidos... Varios buques de vela viajan a
Panamá y al Perú, de donde traen la sal que se consume en el puerto." (Idem). Los
comerciantes blancos logran apoyos del gobierno central, con medidas fiscales favorables 17, o
incluso subvenciones para la ciudad18. También fomentan lo que para ellos es la condición del
desarrollo, a saber las vías de comunicación modernas.
En 1894 "se realiza el camino de herradura entre Túquerres y Barbacoas, el cual fue
considerado como la redención de la economía del Departamento (de Nariño)" (Leusson sf. ).
En 1920 "se trabaja con entusiasmo para comunicar el interior de Nariño con la costa por un
camino carretero... esta obra es de vital interés para Colombia, a fin de evitar que el Ecuador
se apodere de todo el comercio del interior de Nariño" (Merizalde, 1921: 123). El mismo año
se inician los trabajos del tren, y de 1925 a 1930 se construyen 92km entre Agua Clara
(embocadura del Mira) y Diviso. En 1944 se empata Agua Clara a Tumaco. Sin embargo en
los años 1950 se levanta la vía, que nunca pasó de El Diviso hacia Pasto.
Con estas infraestructuras se dibuja la estructura regional todavía vigente, cuyos polo y
eje ordenadores son la ciudad-puerto y la carretera Tumaco-Pasto, el resto del litoral siguiendo
comunicado exclusivamente por lanchas y potrillos en los ríos, esteros y quebradas. Sin
embargo sería erróneo hablar de un verdadero esfuerzo de integración regional; más bien se
trata, para las élites andinas, de establecer un cordón de comunicación entre "el centro" -
andino-, y puntos de salida al Pacífico, a la vez que garantizar una presencia real o potencial -
intervención puntual en momentos críticos- en esta región fronteriza de alto valor estratégico.
16
El autor no precisa si se trata de la ciudad o del municipio. De todas formas señala un crecimiento alto, ya que,
si se tratara del municipio, representaría casi el doble de la población censada unos cincuenta años antes, en 1870.
Si se trata de la ciudad el crecimiento es evidentemente mucho mayor.
17
"El congreso de 1842...eximió del pago de los derechos de aduana a los artículos que legasen a la isla para el
consumo de sus habitantes. Nuestros legisladores se han preocupado frecuentemente por fomentar el comercio en
Tumaco, con la exención de los derechos y con otras sabias medidas, tomadas al efecto. Así lo demuestran las leyes
del 10 de abril de 1852, 29 de abril de 1860, 28 de mayo de 1870, 16 de abril de 1875, 31 de enero de 1888, 27 de
noviembre de 1888, 21 de octubre de 1890, y otras de los últimos tiempos, actualmente en vigencia" (Merizalde,
1921: 129). La reciente declarada "zona franca de Tumaco" no es ninguna novedad!
18
"por la ley 22 de noviembre de 1890 el Cuerpo legislativo concedió para la defensa de la isla $12000 para la
construcción de un muelle y de una muralla que libre a Tumaco de ser destruida por el mar" (Merizalde,
1921:130). Esta no se llevó a cabo , a pesar del terremoto y maremoto de 1906, y luego del más reciente, en 1979.
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CIDSE
A nivel económico beneficia en prioridad a la región de Pasto, y busca evitar que Ecuador se
apodere de la circulación costera de mercancías. Por otro lado, la misma configuración
morfológica de la región -una amplia planicie, detrás de Tumaco, plana o suavemente
ondulada-, propicia la instalación de plantaciones y haciendas "modernas", manejadas o
fomentadas por gente del interior (Pasto, Cali, Medellín). Con el tiempo estas propiedades,
amparadas por títulos otorgados por el INCORA, irán quitando los espacios apropiados con
anterioridad pero bajo otras normas -sin título legal de propiedad-, por las comunidades
negras. Pero antes de llegar a esta situación que se difunde a partir de los años 1960, la
explotación de los recursos sigue eminentemente extractiva, y funciona por ciclos
especializados que se acaban junto con los recursos explotados, o su valoración en los
mercados (caucho, tagua, madera).
En los bosques del interior los blancos dirigen la recolección silvestre de caucho y
balata, que ya está en declive a fines del siglo XIX. Sigue un intento de modernización, como
lo menciona West: "los habitantes del Río Mira recuerdan como en 1878 gran parte se plantó
con castilla (caucho negro) y métodos modernos para sacar el latex.. Pero fueron abandonadas
cuando empezó en 1913 el gran declive del caucho americano por la competencia del Sureste
asiático" (West, 1957:166). Revivió un poco en la segunda guerra mundial, y después se
acabó.
Este modelo extractivo, bajo varias modalidades según las épocas y los recursos en
juego, propicia el desarrollo de una clase negociante regional, blanca y muchas veces de origen
extranjera, pero que a diferencia de los mineros de antes reside en la región, más precisamente
en sus ciudades. Beneficia en prioridad al puerto de embarque para exportación (Tumaco),
pero tiene consecuencias drásticas para la población negra. Al fomentar las actividades de
extracción a gran escala, los negociantes blancos dan las pautas para la integración de los
19
Antes se importaba madera de construcción, y algunos habitantes de Tumaco recuerdan aún las viejas casas
hechas con madera de Canadá ! (Sra Leusson, entrevista noviembre 1996).
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
habitantes negros en las redes laborales y comerciales que ellos controlan, inaugurando o
fortaleciendo así las relaciones clientelares que se expresan luego en términos políticos.
Resumiendo, vimos como a lo largo de este siglo XIX se fueron construyendo espacios
y territorialidades distintas, que traducen expectativas y concepciones radicalmente distintas
del modo de ser, vivir y producir por parte de los distintos grupos presentes. Las poblaciones
negras aprovecharon el cambio de reglas impuestas desde el centro, a mitades del siglo XIX,
para inventar o consolidar un modelo específico de sobrevivencia, donde hábitat, producción y
cultura se combinan según vías desconocidas y desentendidas por los blancos, en espacios
Al mismo tiempo o quizás unos años más tarde, siguiendo un patrón territorial opuesto,
los blancos volvieron a voltear sus ojos hacia las riquezas del Pacífico, ahora bajo la forma de
extracción de algunos recursos muy específicos, pero para los cuales destruyeron -o mandaron
a destruir- vastas extensiones de selva. El comercio de exportación se volvió el eje de este
desarrollo, para lo cual se necesitaba un puerto y los servicios correspondientes, es decir una
ciudad. Tumaco, de hondas raíces indias y después negras, se vio prácticamente "confiscada"
por los blancos que le dieron el giro urbano que más se acercaba a sus conocimientos y
concepciones de "lo que debe ser" un asentamiento de algún importancia. Hoy todavía, los
descendientes de lo que llaman "la" sociedad tumaqueña -el grupo de blancos, muchos de ellos
extranjeros, que controlaban el negocio de la exportación- se autorepresentan Tumaco como
"una ciudad blanca", ignorando los 90 o 95% de la población negra que reside en ella y la
transforma a diario.21
Pero estas dos visiones no pueden coexistir sin encontrarse, ni confrontar sus
pretensiones mutuas al ocupar y de alguna forma controlar este espacio. En la segunda mitad
del siglo XIX y principios del XX es cuando se construyen los escenarios en los que se van a
disputar estos modelos. Por ahora distinguiré dos de ellos, que son los donde se expresan más
claramente los mecanismos de resistencia y de dominación así como las pretensiones de
imponer normas sociales y culturales de conducta: las esferas de la religión y de la política.
22
De Granda menciona que en 1975 la educación y el registro civil en Guapi seguían a cargo de "las misiones".
23
Aunque tiende a culpar “los otros” para preservar su visión casi rousseauista de las poblaciones negras: "Los
negros tienen mucha fe, y al sacerdote, a lo menos en la Costa alta, lo respetan y veneran; en la baja ya es otra
cosa" (subrayado mío). El problema viene de que "las gentes de la costa del Pacífico están muy expuestas a perder
la fe a causa de los muchos aventureros descreídos que acuden allá de diferentes puntos para sus negocios, y que
con frecuencia son personas entregadas a todos los vicios" (Merizalde, 1921:159 y 179). Estas posturas
paternalistas reducen a las poblaciones negras al estatuto de menores de edad, disculpados por suponerles una
inocencia innata pero por lo mismo consideradas como incapaces de escoger sus propios caminos espirituales.
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DOCUMENTOS DE TRABAJO
Al otro extremo del espectro social los frailes también encuentran oposición. A
principios del siglo en efecto, "la" sociedad tumaqueña, excluyente, urbana y blanca, se quiere
ilustrada y anticlerical. En el periódico local afirma tajantamente, a propósito de la disputa con
los frailes alrededor del Colegio para jóvenes: "Tumaco se ha civilizado...los vientos de la
civilización nos llegan... la hora de los frailecitos pasó. No habiendo a quien embaucar, están
de más los embaucadores" (citado por el propio Merizalde, 1921:196). 24
Lo único seguro es que toda la costa pacífica se caracteriza por un unipartidismo liberal
que se distingue del conservadurismo de la parte andina, desde fines del siglo XIX hasta hoy
(en los años de la Violencia, en 1950, el conflicto político se expresa de inmediato con la
nominación desde Pasto de un alcalde conservador, que en este ambiente liberal es un claro
acto de imposición y castigo). Pero en esta zona sur del Pacífico (a diferencia quizás de
Buenaventura y del Chocó) esta identificación partidista no parece ser obra de las élites negras.
Al contrario, el espacio político tradicional en esta zona se reduce a "la" sociedad tumaqueña,
blanca, cada líder fungiendo como “patrón político” que se construye su clientela en la ciudad
y las comunidades rurales. Cómo se ubican en este esquema los líderes negros, los de las
veredas como los urbanos, tanto los “de antes” como los que emergen con las nuevas
disposiciones constitucionales y los nuevos objetos de lucha (la ley 70 y el debate acerca de los
territorios de las comunidades negras)? Queda mucho por indagar en el campo político del
24
Esto no impide que la Iglesia como institución política conservara gran poder de influencia y de decisión en las
cuestiones públicas, pero más marcado hacia las partes andinas de Nariño, como bien lo recuerdan Almario y
Castillo (1996).
25
A tal grado que 20 años después, Merizalde no se atreve a detallar los acontecimientos sino solamente a
mencionarlos : "Los graves hechos acaecidos en Tumaco durante la Revolución de 1899 están demasiado recientes
para relatarlos. Todavía no se han cicatrizado muchas heridas, aún corre en abundancia la sangre..." (Merizalde,
1921:130). Lo único que precisa es la adscripción decididamente revolucionaria de los tumaqueños.
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CIDSE
Pacífico, que hasta ahora ha sido muy descuidado por los académicos, y al parecer confiscado
por los representantes de la sociedad dominante. En particular, sería de sumo interés entender
las relaciones que se construyen en la actualidad entre las prácticas micro políticas (“la política
de abajo”, Bayart 1996) y los comportamientos políticos que se dan por un lado a nivel
regional y nacional.
Conclusión
¿Han visto estos dos siglos que sobrevolamos (XVIII y XIX hasta los años 1920-30) la
emergencia de una región en la zona sur de la costa del Pacífico? No entraré aquí en el debate
sobre la definición de "región", pero sí subrayaré algunos puntos que aclararán el concepto.
Sin embargo parece que las metas nunca se alcanzaron cabalmente. Un diagnóstico
hecho unos 60 años después permite evaluar los resultados de tal política : en el Pacífico "cada
sistema hidrográfico forma una cuenca económicamente independiente, casi aislada" (IGAC,
1983: 91). Las vías de comunicación terrestre son desarticuladas entre sí, y solamente en
Urabá y Tumaco, "apenas comienza a darse un impulso a la consolidación de espacios
agrarios" (id.). Tumaco tiene un radio de acción territorial mayor al de Buenaventura, que
funciona como puerto-enclave, pero en la costa en general, "no existe una región funcional, se
trata de un espacio desorganizado y periférico, cuyo puesto dentro de la economía nacional es
el de producir algunas materias primas, sobre todo madera y metales preciosos" (id.: 92).
Termina este documento señalando la falta de desarrollo regional propio y la enorme
dependencia de la costa frente a los centros andinos como Medellín y Cali26.
26
Quizás este juicio se pueda matizar ahora (1997) aunque no infirmar, al constatar la existencia de un área de
influencia muy marcada alrededor de Tumaco, estructurada en torno a migraciones, relaciones familiares,
asalariado, y por supuesto comercio en pequeño. Pero esto será tema de los apartados siguientes.
29
DOCUMENTOS DE TRABAJO
- desde el centro de poder los indios y negros de la costa no son reconocidos como
sociedades que disponen de un territorio, sino como fuerza de trabajo disponible para explotar,
al igual que la diversidad de los recursos naturales del territorio, los cuales son vistos como
unidades individuales y no como un sistema" (Rojas y Sevilla Casas, 1994: 169).
Desde hace ahora un decenio el Pacífico ha dejado de ser ignorado por el Estado, que
ha ido implementando planes de desarrollo provistos de presupuestos significativos -Pladeicop
(Plan de Desarrollo integral para la Costa Pacífica) en 1983, Plan Pacífico (DNP) en 1992 (ver
Escobar sf.)- pero que retoman de alguna forma el modelo anterior, al privilegiar
infraestructuras y edictar reglamentaciones sin previas consultas con la población local.
Solamente el proyecto Biopacífico, financiado por fondos internacionales (GEF del PNUD), se
escapa de este patrón y enfoca sus acciones hacia microproyectos que involucran a las
poblaciones, en aras de conservar la biodiversidad a la vez que de fomentar modos alternativos
de explotación de los recursos. Pero está en vías de desaparecer cuando se acabe el
financiamiento internacional...
suficiente complejo para "producir sentido" para sus moradores y distinguirse de la región
vecina. En el Pacífico, los negros no existieron como interlocutores, ni se les reconoció
institución capaz de protagonizar el desarrollo regional, y menos aún objetivos y medios
propios para lograrlo. Aun si hoy las cosas están cambiando, es largo el camino por recorrer
para que las poblaciones negras, sus representantes y líderes, sean partes activas y reconocidas
del sistema nacional.
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