AñoXI—Núm.
12 í Noviembre: 1916
D3 HISTORIA T AHTIGÜ3DAD3S
ORGANO DE I,A ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director, PEDRO M. IBANEZ
Bogotá — República de Colombia
Eb VObUÍDED XI
En septiembre de 1902 apareció el primer número de
este «Boletín,» y al empezar el volumen xi con esta página,
tributamos un homenaje práctico a los miembros de la Aca
demia de Historia que durante catorce años de labor útil e
incesante han hecho de esta revista un repertorio de his
toria nacional, en el cual se han estudiado todos los ramos
de nuestros anales patrios, con fecunda investigación. Du
rante este espacio de tiempo se han vencido muchas dificulta
des, merced al patriotismo y a la voluntad enérgica de sus
colaboradores. El porvenir se presenta favorable y hace
abrigar la esperanza de que este repertorio histórico al
cance a donde ha llegado ya otra publicación análoga, la
«Revista Médica de Bogotá,» que señala en su portada el
año xxxin y el número 400.
Además de los trabajos académicos se han compilado
biografías, documentos y monografías relativas al pasado
de nuestro país, desde los tiempos prehistóricos hasta los
presentes, cedidos por patriotas amantes de la historia unos,
y otros suscritos por plumas colombianas que han enrique
cido la literatura histórica y le han dado realce y brillo.
Ahora el «Boletín,» no obstante lo reducido de su edición,
tiene establecidos canjes con muchas publicaciones simila
res de las dos Américas y del Viejo Mundo, y cuenta con
abundante archivo pará que el volumen presente tenga
tanto interés y variedad como la que campea en los ante
riores. Quizá esté por demás decir que la historia de la Aca-
demia'y su vida meritoria y activa queda consignada ya en
su órgano oficial.
En los días que corren cuenta este «Boletín» con cuatro
hermanos, que han nacido a su ejemplo: el «Repertorio
Histórico,» órgano de la Academia Antioqueña de Historia;
el «Repertorio Boyacense» publicado por el Centro de His
toria de Tunja; el «Boletín Historial», que ve la luz a
la sombra del Centro de Historia de Cartagena, y el
que en estos momentos debe aparecer regido por el
patriotismo y el saber de los socios del Centro de His-
XI—i
2 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
toria de Cali. Abrigamos la confianza de que los otros
Centros del país sigan estas huellas y funden publi
caciones análogas, que serán fuentes riquísimas de informa
ción para los actuales y los futuros investigadores de nues
tra historia indígena, colonial, civil, científica, militar y
eclesiástica.
IDFORfflE
REGLAMENTARIO DEL SECRETARIO PERPETUO DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA, DOCTOR PEDRO M. IBAÑEZ, LEÍDO
EN JUNTA PÚBLICA EL 12 DE OCTUBRE DE 1916
Señores académicos:
Aunque ha pido muy viva y muy fecunda la actuación
de la Academia en el decimocuarto año de su existencia,
este informe será, como de costumbre concreto. Quedan
en las páginas del «Boletín de Historia’ los detalles de los
trabajos de la corporación, que harían demasiado extenso
este relato si le diéramos cabida en él a todos 106 sucesos de
importancia secundaria. En gracia de la brevedad, este es
tudio carece de exornaciones literarias, de amenidad y
de elegancia ; es árido y austero como exposición sin puli
mento.
Biblioteca y «Boletín de Historia.»
Durante el año oficial que hoy se cierra no apareció
ningún volumen de la «Biblioteca de Historia Nacional,»
cuya dirección tenemos en común el académico doctor
Eduardo Posada y el Secretario perpetuo. Como dijimos
hace hoy un año, el volumen xn de la «Biblioteca,» o sea el
iii de las «Crónicas de Bogotá,» apenas ha alcanzado en su
impresión al pliego octavo, en modestísimas condiciones de
tipografía.
Con pena consignamos aquí 'el Lecho de que es menos-
difícil el ser autor de un volumen de historia que el de dar
le publicidad, si él se edita en las prensas de la Imprenta
Nacional, donde abundan las dificultades, al extremo de ser
invencibles, no obstante la buena voluntad y las órdenes pe
rentorias del Excelentísimo señor Presidente de la Repú
blica y del doctor Miguel Abadía Méndez, actual Ministro
de Gobierno. Hace un año que anotámos que el doctor
Eduardo Posada había editado a su costa los volúmenes xni
y xrv de la Biblioteca, y debido a su patriotismo está en
prensa en la Casa Editorial de Arboleda & Valencia el volu
men xv, «Bibliografía Bogotana,» de que es autor tan bene
mérito académico.
INFORME 3
La aparición del «Boletín» ha sido también sumamente
irregular; el volumen x, que lo constituyen doce números,
se principió en las prensas oficiales en mayo de 1915, y el
trabajo de imprenta ha sido lento; por estas irregularida
des el académico doctor E. Posada ha hecho editar en im
prenta privada dos números, el 115 y el 118, y merced a la
benevolencia del señor Ministro de Gobierno, aparecieron
en la casa «Aguila Negra Editorial,» los dos números con
que se cierra el volúmen x, los cuales contienen la historia
de los pomposos homenajes que por iniciación de este insti
tuto se han rendido a la memoria de los proceres sacrifica
dos durante la reconquista hace un siglo.
Es rica, en verdad, la bibliografía de trabajos de los
señores académicos o de miembros de los Centros de Histo
ria que aparecen en el índice del citado volumen. Entre los
más notables citamos: «Nevada y Motilones,» por J. Ra
món Lanao R.; «Movimiento antiesclavista de Antioquia,»
por Eduardo Zuleta; «Lady Stanhope» y «Monarquía en
Colombia,» por don Luis Augusto Cuervo ; «José León Ar
mero,» por José Vicente París Lozano; «El General Manuel
Piar,» por don Ernesto Restrepo Tirado ; «Corresponden
cia de Monseñor Lorenzo Barili,» por don Carlos E. Restre
po ; «José León Armero,» por don José María Restrepo
Sáenz ; «Cuna de Quesada,» por don Tulio Samper y Grau
y don Pedro M. Ibañez; «Fray José Chavarría,» por fray
Alfonso Zawadsky; «Bibliografía Bogotana» y «Apostillas,»
por el doctor Eduardo Posada; «Biografía de don Jorge
Tadeo Lozano,» por don Fabio Lozano y Lozano, e «Incuna
ble Bogotano,» por el Reverendo Padre fray Andrés Me*
sanza. También se han insertado en el «Boletín» variadas
noticias c importantes documentos para nuestra historia.
Libros publicados.
Han sido autores de importantes obras históricas dis
tinguidos miembros de este instituto: «Don José Manuel
Marroquín íntimo,» por el presbítero doctor José Manuel
Marroquín Osorio; «El mártir pamplonés José Gabriel
Peña,» por B. Matos Hurtado; «Semblanza de Diego Fa
llón,» por el doctor José Joaquín Casas; «Turmequé, Da
tos Históricos y Geográficos,» por don Martín Medina;
«Etnografía del Ecuador,» por don J. Gijón Caamaño; «Ico
nografía del Libertador,» por don Manuel S. Sánchez,
Director de la Biblioteca Nacional de Caracas ; «Joaquín de
Caicedo y Cuero, libertador y mártir, su vida y su época,»
por don Alberto Carvajal; «El General Pedro Murgueítio,»
por don Tulio Enrique Tascón ; «Relaciones internaciona
les de Colombia con los Estados Unidos, 1810-1850,» por
don Raimundo Rivas ; «El Proceso de Nariño,» por don José
4 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Manuel Pérez Sarmiento; «Lenguas americanas,» por el
Profesor Rivet; «Al margen de la Historia,» por don B.
Matos Hurtado,» el libro «Centenario de Murillo Toro,»
en el cual colaboraron los académicos Antonio José Restre
po, José María Cordobés Moure, Enrique Pérez, Julián
Páez M., Nicolás Esguerra, Arturo Quijano, Eduardo Ro-
dríguez Piñeres, Antonio José Iregui, Manuel Carreño T.,
José María VesgayAvilay Pedro María Ibáñez; «Muri
llo,» por Fabio Lozano T.; Emilio Robledo, «Geografía Mé
dica del Departamento de Caldas» ; Alfredo Ortega, «Fe
rrocarriles colombianos»; «Informe de J. J. Guerra y P.
M. Ibáñez sobre el libro «Colombianos Ilustres»; «Joaquín
Mosquera,» por Guillermo Valencia ; «Antonio Ricaurte y
Lozano,» por J. D. Monsalve; «Luis A. Robles,» por Anto
nio José Iregui; José Gil Fortoul, «Discursos y Palabras* ;
fray A. Mesanza: «Reverendo Padre Maestro fray Vicen
te María Cornejo,» «Reverendo Padre Maestro Buenaven
tura García» y «Vida de fray Cipriano Sáenz»; «La esta
tua del doctor Núñez» y «Datos sobre las islas Mangles,» por
Raimundo Rivas; «El veredicto justiciero» (sobre el doc
tor Núñez), por Hernando Holguín y Caro; «La reconquis
ta de Boyacá en 1816,» por don Nicolás García Samudio,
que está editando el Gobierno de ese Departamento, y que
aparecerá en breve ; «Viajes al interior de la Argentina,»
por Carlos Simoens da Silva ; «El Ideal Político de Bolívar,»
por J. D. Monsalve, y «Simón Bolívar» y «Discursos y pala
bras.» por don Arturo Juega Farrulla.
Han sido dedicados a la Academia, o impresos bajo su
patrocinio, los libros «Biografía de dos Ilustres Proceres y
Mártires de la Independencia» (Francisco Javier Gar
cía Hevia, doña .Petronila Navas y don David Castello y
Montefiore), por don Jorge W. Price ; «Colombianos Ilus
tres, estudios y biografías,» volumen primero, por don Ra
fael M. Mesa Ortiz; «Amazonia Colombiana,» volumen pri
mero, por don Demetrio Salamanca, y «Manuel C. Piar,»
por B. Tavera Acosta.
Libros y trabajos en preparación.
«Vida del doctor José Ignacio de Márquez,» por don
Carlos Cuervo Márquez; «La Literatura Colombiana,» por
don Antonio Gómez Restrepo; «Don Pedro Fernández Ma
drid y su época,» por don Raimundo Rivas; «Canto a Bogo
tá,» por don Guillermo Valencia; «La Diplomacia en Colom
bia» y «Documentos sobre la monarquía en Colombia, co
piados en los archivos de los Estados Unidos,» por don Fran
cisco José Urrutia, de los cuales ha publicado algunos; «La
Convención de Rionegro,» por don Ramón Correa; «Los Man
datarios de Colombia,» por don Tulio Samper y Grau; «Las
INFORME 5
Diócesis de Colombia,» por el presbítero Pedro María Re
bollo; «Correspondencia del doctor Rufino Cuervo,» por don
Luis Augusto Cuervo; «Murillo Toro,» por el doctor Nicolás
Esguerra; «Historia de Pamplona,» por don B. Matos Hurta
do; «Necrologio Franciscano,» por fray Alfonso Zawadsky ;
«Causas célebres en Colombia,» por don FSusebio Robledo ;
«Secretarías de Estado,» por don Raimundo Rivas; «Histo
ria de Colombia de 1830 hasta nuestros días,» por don Gus-
tavo Arboleda; «Historia y tradiciones del río Magdalena,»
por don N. Naranjo; «Epistolario Nacional Selecto,» por don
José Joaquín Casas; «Testamento de Sucre,» por don José
María Barreto; «Informe sobre arqueología de la Provincia
de Chinú,» por don Carlos Cuervo Márquez y don Ernesto
Restrepo Tirado; «Conquista y Descubrimiento de Colom
bia,» por don Ernesto Restrepo Tirado; «Tratado Histórico
y Geográfico sobre la frontera del Ecuador,» por el presbí
tero doctor José Benjamín Arteaga; «Pedro Martínez de Pi-
nillos,» por don Pedro Salcedo del Villar; «Nombres Históri
cos Colombianos,» por Jesús María Henao; «Rectificaciones
Históricas,» por don Pedro Salcedo del Villar; «Colombia,
1913-1916,» que publicará el Ministerio de Relaciones Exte
riores, a cargo de don Sebastián Hoyos; «Erección del Ar
zobispado de Bogotá,» por el doctor José Manuel Marroquín
Osorio; «Independencia de Neiva» y «Biografía de García
Rovira,» por don J. M. Restrepo Sáenz; «Del antiguo Cúcu-
ta,» por don Luis Febres Cordero; «Informe sobre el libro
<Corona Fúnebre= de don Máximo Nieto,» por Roberto Cor
tázar; «La Tercera de Bogotá,» por fray A. Zawadsky;
«Apuntes bibliográficos y biográficos de dominicos en Co
lombia,» «La Filosofía en Colombia,» «Bibliografía,» « So-
lís y la Marichuela,» «El primer Obispo de Santa Marta»
y otros, por fray A. Mesanza; «Relaciones Internacionales
entre Colombia y España» y « El Libertador y la Conven
ción de Ocaña,» por don Raimundo Rivas, y «el procer Vi
cente Azuero en 1816-1817,» por don Fabio Lozano T.
Han dado publicidad a la par que el «Boletín de Histo
ria,» a memorias, investigaciones y documentos de notoria
importancia, cuya mención no hacemos aquí por no exten
dernos demasiado, las siguientes revistas y periódicos: el
«Boletín Historial» de Cartagena; el «Repertorio Boyacen-
se» de Tunja; «El Gráfico,» «Revista Moderna,» «Cromos,»
«Cultura,» «Popayán,» «Boletín de Instrucción Pública de
Cundinamarca,» «Revista del Colegio Máyor de Nuestra
Señora del Rosario,» «Registro Municipal,» «El Liberal
Ilustrado» de Bogotá, y la «Gaceta de los Museos Naciona
les» y el «Boletín de la Academia de Historia de Caracas,»-
«Repertorio déla Academia de Historia de Medellín,» «Bo
letín del Centro de Historia de Cali» «Revista Contempo
ránea» de Cartagena, etc.
6 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Bibliotecas.
La privada de la Academia, a cargo del correspondien"
te Manuel Mesa, la forman hoy 1,410 volúmenes, y durante
el año ha aumentado con valiosas obras. El señor Bibliote
cario ha dado frecuentes informes sobre la marcha y enri
quecimiento de ella. Son dignos de citarse los nombres de
los más generosos auxiliadores de nuestros anaqueles : el
doctor Ernesto de Quesada donó siete obras; como de cos
tumbre, los doctores León Gómez y J. J. Guerra han hecho
regalos de periódicos, libros y folletos, cuyas portadas cons
tan en catálogos especiales; el correspondiente Juan Ignacio
Gálvez cedió la valiosa obra «Méjico al través de los Siglos.»
Son apreciables los regalos del Vicepresidente Restrepo
Tirado; el señor Daniel Rebolledo enriqueció nuestros es
tantes con los cinco volúmenes del «Diccionario Geográfico-
Histórico» de don Antonio de Alcedo; el correspondiente Ma
nuel S. Sánchez, de Caracas, envió la «Historia de Venezue
la,» por fray Pedro Aguado; don Nemesio Pardo cedió vein*
tinueve volúmenes de obras de autores franceses; el doctor
Luis Cuervo Márquez, la «Geografía Médica y Patológica de
Colombia»; el doctor Manuel N. Lobo, «Los Genitores, noti
cias históricas de Ocaña,» por el doctor Alejo Amaya, obra
postuma; «Viageur pe lo interior daRepublice Argentina,»
dos volúmenes, por don Antonio Carlos Simoens da Silva ;
don Daniel Arias Argáez donó numerosas obras de ciencias
médicas, más de ochenta y nueve volúmenes, parala biblio
teca «Jorge Pombo.»
El mismo don Nemesio Pardo y su señora, la matrona
doña Paula Mejía Manrique, cedieron a nuestro instituto el
autógrafo de la Ley Fundamental de la Gran Colombia, fir
mado en Cúcuta en 1821 por los padres de la Patria, miem
bros del Congreso Constituyente, ejemplar precioso que el
señor académico Ramos Urdaneta, con laudable altruismo,
hizo enmarcar de manera apropiada.
En el informe especial del señor Bibliotecario de la Aca
demia figuran otros libros y folletos, cuya lista suprimimos
aquí en gracia de la brevedad.
Por haber renunciado el académico don Nicolás García
Samudio el cargo de Bibliotecario en la sección «Jorge Pom
bo,» el señor Ministro de Instrucción Pública, doctor Emi
lio Ferrero, acatando indicación del instituto, que tiene vi
gilancia perpetua de ella, designó para desempeñar el car
ago al correspondiente don Alvaro Uricoechea.
, La biblioteca privada se trasladó a las dependencias del
Salón de Grados, y una y otra prestan servicio al público
obedeciendo al nuevo Estatuto que las reglamenta.
INFORME
La sección de manuscritos antiguos, ya preciosa, se con
serva en la mesa de la Presidencia al cuidado de los digna
tarios y de la Secretaría.
Festividades patrióticas.
La Academia ha cooperado al brillo de variadas fiestas
cívicas y ha promovido otras de pompa excepcional. Tomó
parte para celebrar el vigésimoquinto aniversario del Rec
torado en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario,
del miembro honorario Canónigo señor doctor don Rafael
María Carrasquilla, y asociada a los cuerpos científicos de Ju
risprudencia, de la Lengua y de Filosofía y Letras, ofreció
al señor Rector una tarjeta de oro decorada con los escudos
de dichos institutos. Una Comisión concurrió a la sesión so
lemne que se verificó en el Teatro de Colón en honor del
doctor Carrasquilla.
En Ja exposición y demás actos civiles que se celebraron
en Cartagena para conmemorar el centenario del sacrificio
de los mártires de esa ciudad, el instituto fue representado
en ellas por el Centro de Historia.
Oportunamente atendió la Academia la invitación que
le hizo su miembro honorario el doctor Nicolás Esguerra,
para celebrar el centenario de Murillo Toro, dos veces Pre
sidente de la República. Quedó constituida una Comisión
por los doctores Nicolás Esguerra, Pedro M. Ibáñez, Adol
fo León Gómez, Fabio Lozano T., Eugenio Ortega y Artu
ro Quijano. Comisiones de las Academias científicas de Me
dicina, de Jurisprudencia y de Ingenieros se unieron a la
nuestra para concurrir al centenario. El primer día del
año los Cuerpos citados, presididos por el señor doctor Emi
lio Ferrero, Ministro de Instrucción Pública, y por sendas
Comisiones del Senado y de la Cámara, presenciaron la inau
guración de la primera piedra para colocar la estatua del
distinguido repúblico, y todas concurrieron a un acto lite
rario que tuvo lugar en el Teatro de Colón, y en el cual llevó
la voz déla Academia don Fabio Lozano T. Los homenajes
literarios se mencionan en otra sección de este informe.
También una Comisión de la Academia (Ibáñez, Mesa
y Robledo) la representaron en el homenaje que el gremio
de Telegrafistas celebró en honor del correspondiente don
Roberto Ramírez B., benemérito, antiguo y distinguido Jefe
de los Telégrafos Nacionales. Brillante fue el discurso que
pronunció en ese acto nuestro colega el doctor Eusebio Ro
bledo.
El académico don Ricardo Moros, conocido artista,
donó a la Academia la mascarilla del ilustre jurisconsulto
Presidente de la República doctor Francisco J. Zaldúa; do
nación que confirmó el Arcediano del mismo nombre que
ocupa asiento en esta corporación.
8 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Por iniciación del correspondiente Juan Ignacio Gálvez
fue simpático al instituto hacer práctico el ideal de la unión
intelectual latinoamericana, y se hizo representar en las re
uniones que con este objetóse verificaron, y ocuparon sillas
en la Junta Directiva varios socios de la Academia.
Acertada fue la idea del académico don Raimundo Ri
vas, sobre el deber que tenemos los colombianos, y en espe
cial los miembros de este Cuerpo, de conservar viva la me
moria de los mártires, de los proceres, de los soldados, de
los legisladores y de los diplomáticos que fundaron la Patria
independiente.
Para honrar los manes de los mártires, una Comisión
constituida por los socios Emilio Cuervo Márquez, Ernesto
Restrepo Tirado, Alfredo Ramos Urdaneta, Roberto Cor
tázar, José Joaquín Guerra, Ricardo Moros, Arturo Quija-
no, Rafael Escobar Roa y Emilio Durán, organizó Una pere
grinación cívica de pompa excepcional, que partió el día 11
de junio del claustro histórico del Colegio del Rosarid y que
se disolvió al pie del monumento de los mártires. La socie
dad entera, y muy especialmente las señoras y señoritas, to
maron parte en tan brillante homenaje. [Link] Cuer
vo Márquez, el doctor Hernando Holguín y Caro y don Fa
bio Lozano T. ocuparon con brillo la tribuna, y la gentil se
ñorita María Vega Jaramillo recitó lá conocida poesía del
vate Rojas Garrido, titulada «Los Ecos del Martirio.» La
ciudad entera construyó en una noche otra ciudad de festo
nes, banderas y flores en la vía escogida para la procesión;
los retratos de los mártires aparecían en los balcones del
tránsito, haciendo centro a los variados grupos de niños y de
damas. En la imposibilidad de dar aquí detalles sobre esa
gran fiesta de la gratitud nacional, nos remitimos a los nú
meros 119 y 120 del «Boletín de Historia,» en cuyas páginas
se describen con minuciosidad y donde se conservarán para
la historia y para honor de nuestro instituto. También qui
so éste tributarütro homenaje de distinto orden el día 19 de
junio. Los Canónigos Carrasquilla y Zaldúa y los presbíte
ros Camargo y Marroquín, todos académicos, presidieron
un solemne tributo religioso en la Basílica de la capital, cu
yos detalles también se encuentran en el «Boletín» citado.
Quiso también el instituto consagrar la memoria de
los mártires en un libro en que aparezcan sus siluetas bio
gráficas, en forma concreta, verídica y documentada; esta
labor, de la cual ya aparecieron unas páginas en nuestra re
vista citada, quedó a cargo del patriotismo y de la laborio
sidad de los académicos Eduardo Posada, Raimundo Rivas,
Restrepo Sáenz, Luis Orjuela, Fabio Lozano y Lozano, Luis
Augusto Cuervo, Vesga y Avila, Eusebio Robledo, Pedro
M. Ibáñez y García Samudio. Esta obra, más que de lectu
ra, de consulta, será parte de un diccionario nacional, y el
INFORME 9
más perpetuo tributo de gratitud a los centenares de már
tires que el Virrey Montalvo elevó a siete mil, sacrificados
en los oscuros tiempos de la reconquista, que se han llama
do de «El Terror.*
Otro símbolo de estos actos patrióticos, tributo de la
Academia, quedó para siempre en la vieja Huerta de Jaime;
allí se ve en el obelisco una artística corona de bronce, fija
da el día de la procesión cívica.
Erigido un busto a Cervantes en la Plaza de España, en
el tercer centenario de su muerta, el orador don Antonio
Gómez Restrepo representó con lucida habilidad a esta cor
poración.
En las festividades del 20 de julio aceptó la Academia
el encargo de la Junta organizadora para adornar la lápida
que la misma Academia inauguró en 1910 en la carrera 74,
y que recuerda la borrascosa escena ocurrida entre Morales
y Llórente.
Además de estas solemnidades de la capital, nuestro
instituto se ha asociado y ha tenido representantes en actos
civiles similares ocurridos en Zipaquirá, Facatativá, Popa-
yán, Buga, Cali, Tabio, La Mesa, Pamplona y Girón.
Los académicos Holguín y Caro, Wills Pradilla, R.
Cortázar, Ramos Urdaneta y León Gómez han recibido en
este año la comisión de arreglar la participación de la Aca
demia en la celebración de la fiesta de la raza. Una sesión
literaria en el Teatro de Colón tendrá lugar el día 14 de este
mes, organizada por un grupo de escogidas damas, que se
rán el mejor ornato de la fiesta. Solemne Tedeum tuvo
lugar hoy en la Basílica.
Centros de Historia.
Plausible ha sido el trabajo de la Academia de Historia
de Medellín y de los Centros de Popayán. Cali, Manizales,
Facatativá, Cartagena y Tunja. Los dos últimos tienen re
vista oficial y el de Cali va a crearla; en esas páginas y en
otras de este informe se explayan tan meritorias labores.
Concursos y conferencias.
El concurso anual, con el tema de «Campaña de Ca-
sanare, 1816-19.* tuvo por Jurado a los académicos docto
res Arrubla, Caicedo y Posada. Tres trabajos se sometie
ron a su estudio, y dentro de breves momentos se dará
lectura al fallo correspondiente y se abrirán las cubiertas
que dan a conocer los nombres de los autores laureados.
El concurso para el próximo período legal tiene como tema:
«Actuación de los Prelados y el Clero durante la guerra de
Ja Indepencia en la actual República de Colombia.*
10 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
En noviembre de 1915 el doctor Fabio Lozano y Loza
no, como vocero del correspondiente Manuel S. Sánchez,
de Caracas, leyó un interesante estudio, ya publicado en
«El Universal» de aquella ciudad, en el cual se refuta una
tesis del médico venezolanno doctor Carbonell, sobre epi
lepsia del Libertador, conceptos los de éste que fueron con
siderados por la corporación de errado valor científico.
En el mes de mayo el benemérito Presidente de la Aca
demia, General Carlos Cuervo Márquez, en sesión extraor
dinaria, dio lectura aun fragmento de una erudita obra his
tórica, aún inédita, sobre la Presidencia de su ilustre
abuelo doctor José Ignacio de Márquez; el autor estudió la
génesis de la federación y del centralismo iniciados como
escuelas políticas en- el memorable Congreso de Cúcuta de
1821. En el mes siguiente el laborioso Vicepresidente Res
trepo Tirado hizo un estudio ameno, interesante y erudito
sobre la conquista de las costas colombianas del Oeste y so
bre la actuación que en ella tuvo la original doña Isabel de
Bobadilla, mujer de Pedrarias. Para el mes de julio el Se
cretario perpetuo escribió una conferencia sobre algo de El
Terror, que si algún mérito tuvo, se debió a la dicción ora
toria del doctor Robledo. Al mes siguiente ocupó la tribuna
el conferencista doctor J. D. Monsalve, quien estudió los
incidentes primitivos de nuestra transformación política
alrededor de la ilustre personalidad del mártir Antonio
Villavicencio, noble oriundo de Quito. El académico don
Raimundo Rivas tiene preparada una lectura sobre «Bolí
var y la Convención de Ocaña,» la cual se puede aplaudir
anticipadamente, conocida la hábil pluma del joven histo
riador.
En Ubaté, donde reside el correspondiente fray Alon
so Zawadsky, también dictó conferencias históricas tan
laborioso consocio.
La altruista familia Samper ha cedido generosamente
para estas lecturas la sala que en forma adecuada tiene
consagrada en esta ciudad para utilidad pública.
Personal.
El obituario de este año es tristemente numeroso: rin
dieron su vida dos miembros honorarios, dos de núméro y
cinco correspondientes. En este orden vamos a consagrar
un recuerdo a sus memorias ilustres: el venerable anciano
inglés, benemérito historiador de los chibchas, Sir Clements
Roberts Markham, falleció en enero en los aledaños de Lon
dres; nacido el20 de julio de 1830, alcanzó a la edad de ochen
ta y cinco años; viajero, arqueólogo, explorador, geógrafo e
historiador, visitó la América del Sur, el Africa Central y las
montañas de la India, contribuyendo como ninguno a hacer
INFORME 11
conocer regiones inexploradas; de sus numerosos libros y
biografías sólo citaremos «Los Incas del Perú,» escrito
cuando tenía más de ochenta años, al cual siguió «La Con
quista de la Nueva Granada,» único libro de nuestra histo
ria escrito en la lengua de Byron, el cojo inmortal, y d-edi'
cado a nuestro colega el miembro honorario doctor Carlos
E. Restrepo, cuya venia solicitó el legítimo hijo de Al-
bión por medio de esta Academia, para tributarle tal ho
menaje. Uno desús biógrafos dio este concepto:
«La muerte de este amable, sincero y generoso amigo
de la humanidad señala la desaparición de otro de los
grandes benefactores de ella.»
En las actas de esta corporación consta el acuerdo en
que se rindió homenaje de duelo por la muerte de Sir
Clements Roberts Markham.
También en la capital de la Gran Bretaña rindió al
vida el 22 de mayo del corriente año Santiago Pérez Triana,
nacido en esta ciudad en 1860; fue Enviado Extraordinario
y Ministro Plenipotenciario ante la Corte de Saint-James y
ante el Rey de España, 1909-1912; Ministro de Nicaragua
en Londres, 1916; Delegado a la Conferencia de la Paz en
La Haya, 1907; miembro del Tribunal Permanente de La
Haya; individuo correspondiente de la Real Academia Es
pañola y honorario de este instituto. En noviembre de 1905
acordó la Academia «presentar público testimonio de agra
decimiento a don Santiago Pérez Triana por la valiosa coo
peración que había estado prestando en el Extranjero a la
Academia de Historia con el envío de importantísimos do
cumentos y copias de manuscritos que permanecían origi
nales e inéditos en los archivos españoles.»
Ya don Santiago Pérez, padre, había legado su nom*
bre a la historia de la literatura y de la política colombiana,
y aquel escritor, de frase luminosa, creó durante muchos
años en la cátedra dos generaciones de discípulos intelec
tuales, y al correr de los tiempos vino a ser el más ilustre
de ellos su propio hijo, Pérez Triana. Poliglota, escritor
diplomático y orador, su desaparición fue lamentada en los
más famosos diarios de Europa y de América. Sus libros son
de todos conocidos; sólo citaremos «Reminiscencias Tudes
cas,» «Cuentos a Sonny,» «De Bogotá al Atlántico» y las pá
ginas de «Hispania,» magnífica revista, de la que fue centro
y alma hasta la víspera de su muerte. Este instituto y Bo
gotá conservarán como memorias excepcionalmente glorio
sas y como orgullo de la Patria los esclarecidos nombres de
Rufino José Cuervo, Miguel Antonio Caro y Santiago Pérez
Triana.
El día 25 de junio fallecieron en esta ciudad dos dis
tinguidos miembros de la Academia: el doctor Eugenio
Ortega, Vicepresidente en el penúltimo período, y el corres
12 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
pondiente don José Benito Gaitán. En el Acuerdo de hono
res al primero se lee:
«Comisionar al señor Secretario perpetuo para que en
el informe reglamentario del presente ano tribute al finado
especial elogio.»
No llegó Ortega a los setenta años, y fue oriundo de
Zipaquirá; en su carrera pública desempeñó Juzgados, fue
Magistrado del Tribunal de Cundinamarca y hábil Adminis
trador de Hacienda. Recuerdael doctor José Francisco Mar
tín, miembro del centro de Facatativá, que allí residió Or
tega, con su hogar que acababa de fundar, por los años de
1878, y que Ortega, asociado al médico Julio A. Corredor y
al abogado Mariano Manrique, fue el alma de un colegio
llamado «La Independencia,» y además llevó a esa ciudad la
primera imprenta y fundó «La Revista de Occidente.» De
sus prominentes servicios de jurisconsulto haremos mención
en otro lugar. Su labor bibliográfica partió de 1886: «Rudi
mentos de Historia y Biografía de Cristóbal Colón,» «Histo
ria General de los Chibchas,» «Anotaciones a la Historia de
la Convención de Ocaña,» «Epitafio del gran Sugamuxi,»
«Los Comuneros» y «Los Panches.» En el periodismo se en
cuentran numerosos trabajos de su pluma sobre jurispru*
dencia, estadística y hacienda. Cuatro días antes de su
muerte cedió a esta Academia los libros que él más apre
ciaba: Bolney, Daunou, Coucs, Altamira y Enopol. Ortega
tuvo otros lauros: fue miembro activo de la Academia Co
lombiana de Jurisprudencia y redactor de la revista de ese
instituto.
Por extraña casualidad, Ortega, que perteneció a la
misma escuela filosófica de José Benito Gaitán, llegó al pan
teón de Bogotá a la vez que el cadáver del anciano, el día 26
de junio, y dos nichos del patio circular guardan sus restos
desde ese día.
Gaitán, el decano de los académicos, el historiógrafo
que trabajó unido a Vergara y Vergara y a José Joaquín
Borda, nació en esta ciudad en humilde cuna en 1827.
Cuando Manuel Ancízar, acompañado de los venezolanos
Echeverrías, transformó la tipografía bogotana a mediados
del siglo pasado, Gaitán fue uno de los obreros que vivía al
pie de un chibalete, y su constancia lo llevó al correr del
tiempo a ser primer redactor del «Diario de Cundinamar
ca,» que editaba en imprenta propia y en su casa editorial,
después de haber sido Secretario de nuestra Legación en
París. De sus prensas existen muchos libros, que enrique
cen la bibliografía nacional, y algunos de versos, que es
cribió Gaitán en su juventud y que yacen olvidados, lo cual
no ocurre con su§ ardientes páginas de polemista político..
El mejor de sus biógrafos, el argentino Héctor F. Vá
rela, dijo desde 1873 en «El Americano» de París que el
INFORME 13
epitafio que se grabaría sobre su tumba serían dos pala
bras: «trabajo y virtud.»
Mediando este año fallecieron dos correspondientes,
miembros de nuestra alta sociedad y de ancestrales fami
lias de patriotas santafereños: Carlos José Espinosa y Car
los Pardo. La fatalidad arrebató a esos generosos corazo
nes cuando la vida tenía para ellos muchos esplendores; los
dos tenían aficiones similares: Espinosa creó con extensa
labor y bolsa abierta un rico museo particular, con seccio*
nes de biblioteca y archivo histórico; Pardo creó una pina
coteca, rica colección de cuadros de Vásquez, y acopió nu
merosas miniaturas nacionales y escogidísimos ejemplares
de obras colombianas. Ambos en su especialidad prestaron
apreciables servicios a este instituto. Pardo nos acompañó
desde la primera junta preparatoria creada por el enton-
ces Ministro de Instrucción Pública, el benemérito acadé-
mico doctor José Joaquín Casas; Espinosa lleno puesto de
correspondiente desde mediados de 1904.
Hace cuatro años que fue nombrado correspondiente
el Profesor de Historia Nacional de la Escuela Normal de
varones. Hermano Cristiano Luis Gonzaga, a quien la muerte
impidió ocupar sillón de número, al cual había sido promo
vido; era oriundo de la frontera del Sur, y fue bautizado en
Ipiales en mayo de 1854; estudió en Pasto, y escapado de la
casa paterna cruzó el Carchi y se hizo miembro de la comu
nidad de Hermanos Cristianos en Quito, y con tal carácter
residió en variar ciudades del Ecuador y de Europa. Su
mejor obra la llamó «Efemérides Colombianas,» y escribió
libros pedagógicos, entre los cuales citaremos «Preceptos
Higiénicos,» «Retórica y Geografía.» Su nombre era Julio
Vela y su seudónimo Pacífico Coral, adoptado en recuerdo
de su señora madre, doña Pacífica Coral. Falleció en esta
ciudad en febrero último, y en el acta del 1° de marzo se
rindió homenaje a su memoria.
Don José Pablo Uribe, diplomático que ocupó altos
puestos en nuestros Consulados y Legaciones en Francia,
falleció recientemente en París; también era miembro co
rrespondiente, y aunque ausente por muchos anos de la
Patria, su nombre se conservó siempre con simpatía en la
Academia, y su desaparición ha sido para ella motivo de
justo duelo.
Tres correspondientes, jóvenes historiadores distingui
dos, han sido llamados a ocupar puesto de número. El doctor
Fabio Lozano y Lozano se recibió en el mes de julio, siendo
su padrino el doctor Arturo Quijano. Hace pocos días que en
junta pública especial don Gustavo Arboleda R. fue recibi
do en igual clase por nuestro Presidente doctor Restrepo
Mejía; y a mediados de agosto fue nombrado don Nicolás
García Samudio, quien se posesionará en breve. Los traba
14 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
jos de estos laboriosos servidores de la corporación se men
cionan en otro aparte de esta reseña.
Han sido llamados a la clase de correspondientes du
rante el año legal los conocidos escritores Alfredo Ramos
Urdaneta, Emilio Cuervo Márquez, Tulio Enrique Tascón,
presbíbero doctor José Manuel Marroquín, don José Ma
ría Vesga y Avila y el doctor Emilio Robledo, de Maniza-
les. La falta de espacio nos veda mencionar aun somera
mente sus méritos y trabajos que enriquecen la literatura y
la historia colombiana.
Igual honor han merecido los extranjeros José María
Barreto, peruano; Juan B. Ambroseti, argentino; Carlos
Simoens da Silva, brasilero ; James Brown Scott, Ales
Hrdlic, Willian H. Holmes, de Washington; Julio C. Tello
y Carlos Morales Macedo, peruanos; José Ingegnieros y Er
nesto de Quesada, argentinos, y José María Gálvez, chile*
no. Tales nombramientos extienden las relaciones intelec
tuales entre nuestro país y otras nacionalidades del Conti
nente.
Actualmente es candidato para correspondiente el se
ñor don Alberto Carvajal B., miembro del Centro de Cali.
Consultas oficiales y conceptos.
En su calidad de Cuerpo consultivo del Gobierno el
instituto ha estudiado expedientes sobre servicios prestados
a la Independencia por los proceres don Joaquín ¿amacho,
don Joaquín Caicedo y Cuero, don Francisco A. Zornosa,
don Antonio Ibáñez, don Antonio Nariño, don Isidro Villa-
mizar, don José María del Real y don Evaristo Borrero.
Ha dado concepto sobre querella de fronteras entre
los Departamentos de Antioquia y Bolívar y sobre funda
ción del Municipio de Florida en el Departamento de San
tander.
El señor Ministro de Obras Públicas aceptó las opinio
nes de la corporación sobre los nombres de las batallas de
cisivas para la Independencia, que sirven de ornamento a
la nueva Sala ocupada por la Cámara de Representantes. A
la Municipalidad de La Mesa se le informó que existen do
cumentos que comprueban el hecho de que hace un siglo
fueron sacrificados allí el 7 de octubre el Alférez Andrés
Quijano y el joven Francisco Julián Olaya.
Una sociedad española recibirá los datos sobre la orga
nización de sociedades patrióticas y de amigos del país que
existieron en la Colonia cuando reinaba Carlos ni.
El publicista don Luis Eduardo Nieto Caballero ha so
licitado de esta Academia que ella sea juez en un debate
histórico sobre delicado cargo hecho a la memoria de Mu-
rillo Toro, dos veces Presidente de Colombia.
INFORME 15
Una Comisión compuesta de cuatro académicos de no*
toria competencia y respetabilidad, doctor Francisco de
P. Borda, General Carlos Cuervo Márquez, don Raimundo
Rivas y doctor Francisco José Urrutia, decidirán este de
bate. Filos no olvidarán una regla de Cervantes: <Los histo
riadores deben ser puntuales, verdaderos, no nada apasio
nados, y que ni el interés, ni el miedo, ni el rencor, ni la
afición no les haga torcer un punto del camino de la ver
dad.»
La Academia en el Exterior.
Invitado el instituto al segundo Congreso Panamerica
no por el Secretario de Estado W. J. Bryan, que se reunió
en diciembre último en Washington con la protección del
Gobierno de los Estados Unidos de América, designó como
sus delegados a su Presidente, señor General don Carlos
Cuervo Márquez, y al Presidente de la Academia de Histo
ria de Medellín, don Tulio Ospina. Ambos llenaron su co
metido con brillantez excepcional, y de su labor queda cons
tancia en nuestro Boletín y en las publicaciones del mismo
Congreso.
El Congreso Americano de Bibliografía e Historia, que
se celebró en Buenos Aires y Tucumán en julio de este
año, solicitó la adhesión de la Academia. Esta asamblea no
fue oficial, y se recibió la invitación por conducto del Minis
terio de Instrucción Pública. Esta atención de confrater
nidad americana fue desarrollada por los académicos Ar
turo Quijano y Raimundo Rivas; se confió la Delegación a
dos colombianos que residen en Buenos Aires: Pedro Son-
dereger y Guillermo Ancízar Samper, y además enviaron
trabajos de acuerdo con el programa tres consocios: el doc*
tor Cortázar, «La Novela en Colombia»; el doctor León
Gómez, «Apuntes de Bibliografía»; el doctor Quijano, «Bi
bliografía del Derecho Colombiano,» y el doctor Eduardo
Posada, «Bibliografía Bogotana.»
La Universidad de California pidió un informe sobre
arqueología para el Museo de Chicago; la Comisión la llenó
ccn acierto al Vicepresidente doctor Restrepo Tirado; el
Instituto Smithsoniano de Washington estableció con la Aca
demia canje de publicaciones; también se inició canje y re
laciones con la Sociedad Iberoamericana de Hamburgo,
por conducto del Excelentísimo señor Ministro del Impe
rio Alemán; con el Museo Nacional de Historia Natural de
Buenos Aires; con la Academia de Venezuela; con la Yale
University Library; con la Sociedad Hispánica de Nueva
York; con la Biblioteca del Congreso de Washington; con el
Archivo Nacional del Uruguay; con el Director de «The Ac-
tinge,» de Nueva York; con la Academia de Ciencias y Le
16 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
tras de Cádiz; con la Universidad de Córdoba (Argentina);
con el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, y con
varias Universidades de los Estados Unidos.
No obstante la guerra que flagela a la Europa, conser
vamos relaciones con el Instituto de Francia, abiertas por el
académico honorario señor Vizconde de Fontenay, antiguo
diplomático en este país. Obedeciendo a excitación del se
ñor doctor José Vicente Concha, Presidente de la Repú
blica, preparó y envió un trabajo de «Bibliografía del Dere
cho Colombiano» el doctor Arturo Quijano, que solicitaba
Mr. Borchard, Bibliotecario del Congreso de los Estados
Unidos, eminente bibliógrafo, y quien dio gracias al Exce
lentísimo señor Presidente y al doctor Quijano, diciendo
que el trabajo de éste prestará en Washington inmenso
servicio para completar la literatura jurídica colombiana.
Ultimamente la Academia ha sido invitada a un Con
greso General de Historia de América, que se reunirá en
Río de Janeiro en 1922 para celebrar el centenario de la in
dependencia de esa nación.
Dignatarios y empleados.
Este informe en su conjunto es el mejor elogio que se
puede tributar al señor Presidente de la Academia, Gene
ral Carlos Cuervo Márquez, y al señor Vicepresidente, Ge
neral Ernesto Restrepo Tirado. Fecunda y activa ha sido
en verdad la vida de la corporación que ellos han dirigido'con
brillo y con acierto; el Secretario Auxiliar, doctor Lozano y
Lozano, hoy ausente de la Patria, prestó con rara inteligencia
y absoluta consagración útiles servicios en la Secretaría.
Ha sido reemplazado por el académico García Samudio. El
único Tesorero del instituto,'doctor Manuel María Fajar
do, es tan eficaz y tan cumplido en sus funciones, que
ha sido reelegido la duodécima vez. Sirve bien la biblioteca
privada el doctor Manuel Mesa, también reelecto, y en la
sección Pombo, de la cual se separó por renuncia el señor
García Samudio, llenó el cargo el correspondiente don Alva
ro Uricoechea, nombrado por el Ministerio de Instrucción
Pública.
Rigen desde hoy el instituto don Martín Restrepo Me’
jía, como Presidente, .y don Raimundo Rivas, como Vice
presidente. Huelga todo comentario para alabar tan acer
tadas elecciones, que recayeron en individuos conocidos con
honor en el campo de las letras.
Locales.
Cursa en el Congreso Nacional un proyecto de ley que
autoriza al Gobierno para adquirir la histórica Quinta de
INFORME 17
Bolívar, ubicada en esta ciudad. El honorable Senador don
Fabio Lozano T., a quien tocó informar sobre la convenien
cia de expedir la ley, la complementó poniendo el edificio,
en caso de adquirirlo el Gobierno, bajo la inspección y vi
gilancia de esta Academia, la cual aceptará con gusto esa
responsabilidad mcral y administrativa.
Trasladada en este ano la Cámara de Representantes al
Capitolio Nacional, la Academia solicitó el uso del Salón de
Grados, y el Excelentísimo señor Presidente déla Repúbli
ca y honorario de la corporación, y el correspondiente don
Jorge Vélez, ^Iinistrode Obras Públicas, recibieron con fa
vor las gestiones que hizo con acierto y eficacia el corres
pondiente Pedro A. Peña. Por decreto ejecutivo la Aca
demia tiene la posesión de este histórico edificio con la sim
ple condición de cederlo a los institutos similares de la ciu
dad para sus fiestas públicas y solemnes.
En el informe que se rindió en 1914 se anotó la odisea
de este instituto a diferentes salas de propiedad nacional, a
oficinas diversas, a casas arrendadas y a otras de particula
res. Hoy parece que ella ha terminado. Cabe bien aquí una
ligera reseña de la historia de esta [Link] se fundó el
colegio de la Compañía de Jesús en esta ciudad en 1604, con
la protección del Ilustrísimo señor Arzobispo Lobo Guerre
ro, se edificó en este mismo sitio un local que desde enton
ces se llamó «L&s Aulas,» colegio que ampliado el edificio,
fue después la casa máxima de la Compañía. Refiere el cé
lebre Fiscal Moreno y Escandón que en tiempos viejos An
tonio Gómez Casadiegos donó ocho mil pesos para fundar
una escuela pública en este mismo sitio. En ella se enseñaba
a los niños a leer, escribir y contar, y era profesor un lego o
coadjutor, y que más tarde otro particular, don Juan Coro
nel y Mora, regaló trece mil pesos con el mismo fin.
Luégo el salón se convirtió en capilla religiosa con puer
ta sobre el atrio de la iglesia de San Ignacio y camarín en
el fondo, y vulgarmente la llamaban los santafereños la
«Compañía Chiquita.» El Gobierno del Virreinato dispuso
más tarde que este local fuera capilla castrense destinada al
culto de la Virgen de Chiquinquirá. Los militares muertos
en esos tiempos eran sepultados bajo el piso de este salón.
Vencidos los españoles en Boyacá, sus Jefes Barreiro y com
pañeros estuvieron presos dentro de estos muros. Gober
nando el país Santander, destinó en 1822 la parte alta de las
aulas para servicio de la Biblioteca Nacional que los Virre
yes crearon en el Palacio de San Carlos. Dos años después
el mismo mandatario creó en estos claustros el Museo Na
cional, y durante su segundo Gobierno se reunieron aquí al
gunas veces las Cámaras. El Presidente de la República,
General Pedro Alcántara Herrán, cedió a la Universidad
este edificio, que desde entonces lleva el popular nombre de
XI—2
18 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
«Salón de Grados.» y de esa época en adelante prestó servi
cio a la Escuela Republicana, a la Sociedad Democrática y
a otras entidades de actuación política de tendencias diver
sas. Aquí se creó el «Liceo Granadino,» de simpático recuer
do en nuestra literatura, en 1856; aquí dictaron conferen
cias públicas los doctores Ospina Rodríguez y Rojas Garri
do, entre otros; aquí fue juzgado el General Mosquera en
1867, y en el mismo año se creó la Universidad Nacional y
de nuevo se concedieron en este salón las borlas de doctor,
a la vez que se oían lecciones de historia nacional dictadas
por la voz autorizada de Quijano Otero. En esos tiempos se
reunían bajo este techo sociedades académicas, se posesiona
ban los Presidentes de la República, se hacían exposiciones,
ruidosos juicios criminales por jurado, se asilaba la Prensa
Asociada y el Ateneo, se daban conciertos y se traían los ca
dáveres de hombres prominentes para honrar sus cenizas en
capilla ardiente. Sirviendo de local a la Cámara de Repre
sentantes por muchos años, tuvieron eco en sus muros las
voces elocuentes de ilustres oradores, a la par que se oían
muchas autobiografías de celebridades de parroquia. Aquí
se vieron contendores exaltados para ensayos de pugilato,
como en las escuelas*de boxeo, y aquí se oyó al historiador
y procer General Joaquín Posada Gutiérrez en 1867 decir a
José Antonio Saavedra, zapatero de profesión, y después
General de la República: «¡Maestro Saavedra: déjeme pero
rar, y después aunque me tire con las hormas!»
Barras tempestuosas y discusiones bizantinas se oían a
porrillo. Ya no resonarán aquí los acentos de la grande elo
cuencia nacional que discutía los intereses de la República;,
la actual Administración Ejecutiva ha cedido con acierto
esta sala y estos anfiteatros a las tranquilas y fecundas labo
res de la Academia de Historia y ha vuelto a ser apropiada
la vieja inscripción grabada sobre el portalón del edificio co
lonial: Saptentia cedijicavit sibi domuni.
Archivo Santander.
En tres informes anteriores, a partir de 1913, se en
cuentra la relación de la singular odisea de los valiosos do
cumentos que constituyen el archivo del General Santander.
Puede verse en los números 101, 104 y 112 del Bo l e t ín . El
tercer fallo del Juez 3° del Circuito, desfavorable para los
intereses de la familia Santander, como los dos anteriores,
fue revocado por el Tribunal de Cundinamarca con acierto
y justicia. El 13 de abril se constituyó la Comisión editora
en sesión extraordinaria presidida por el Juez citado, don
Pablo Gregorio Alfonso, en el hogar del académico doctor
José Joaquín Guerra, con el objeto de hacer la entrega del
archivo que por largo tiempo estuvo secuestrado por una
INFORME 19
Junta que no tenía título alguno legal para retenerlo. Para
entonces ya era depositario de él el cumplido caballero doc
tor Guerra. Los infolios los recibió el General Ernesto Res
trepo Tirado, con carácter de representante legal de la fa
milia Santander y como nieto político del ilustre difunto.
Asistieron a la diligencia numerosos miembros del instituto
y el abogado de la Comisión, doctor Eugenio Ortega, boy
desaparecido. A los conocimientos jurídicos, a la probidad,
a la energía y a la constancia de este benemérito académico,
se debió el que el archivo pasara a manos de los nietos del
General, como él lo quiso en su última voluntad.
Ha aparecido el volumen vni de esta publicación, fuen
te verídica de información histórica, y será el último que
llevará un acta en que se autentican los documentos y se
certifica la fidelidad de lá copia. La Comisión la constituye
ron el señor General Restrepo Tirado, el doctor J. M. Goe-
naga, el doctor P. M. Ibáñez, el doctor R. Cortázar, el Ge
neral J. D. Monsalve y don Emilio Durá,n L. El editor doctor
Arturo Quijano y el abogado doctor Ortega, hácían de he
cho parte de ella. Esta Comisión, a diferencia de la Junta
secuestradora, respetando la propiedad ajena, quedó desde
luégo eliminada, puesto que el archivo pertenece a la fami
lia Santander, y son únicamente sus propietarios los que pue
den dirigir la impresión de la obra a partir del tomo ix. Esta
publicación monumental es altamente satisfactoria para
el instituto y para la Comisión, y será siempre un homena
je a los manes del jurisconsulto Ortega.
Asuntos varios.
Nuevos estatutos, cuyas bases propusieron los señores
académicos García Samudio y Lozano y Lozano, han sido
adoptados ya en parte, pues el correr de los años nos ense
ñó que eran ya inadecuados los que regían la corporación.
La última Asamblea de Cundinamarca, por excitación
del instituto, derogó Ordenanza anterior, por la cual se
cambiaron nombres históricos de poblaciones por otros des
vinculados de nuestra historia y de nuestras costumbres.
A esta oportuna reparación prestó especial apoyo el doctor
Jesús M. Henao, Secretario de Gobierno de Cundinamarca.
Proyecto similar ha sido presentado al Congreso por el res
petable publicista bogotano don Daniel Arias Argáez, miem
bro de la Cámara de Representantes, para evitar que en ’lo
futuro se borren en el país nombres geográficos que re
cuerdan nuestro pasado histórico.
Para terminar anotamos que se abren nuevos horizon
tes de bonanza para el progreso de este centro de trabajo:
local propio, relativas facilidades de impresión, rico arphivo
de materiales para publicar en el Bo l e t ín y en la «Biblio-
20 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
:eca de Historia» y un personal laborioso y patriota que
lace parte de la Academia y délos Centros, de tiempo atrás,
lor su idoneidad. Estos viejos servidores que al correr del
:iempo desaparecerán, más o menos pronto, ya han fórma
lo una escuela intelectual que sostendrá con brillo y con
orgullo el estandarte de la tradicional cultura colombiana.
Sus nombres son: Raimundo Rivas, José María Restrepo
Sáenz, Fabio Lozano y Lozano, Nicolás García Samudio,
Luis Augusto Cuervo, Gustavo Arboleda R., Roberto Cor-
:ázar, Carlos Carrizosa, Alvaro .Uricoechea, Emilio Durán
y Jorge Wills Pradilla. Este grupo de jóvenes nq son una
esperanza, son ya una realidad, y ellos han contribuido a
confirmar el lema del instituto, respetando el sano criterio
en sus multiplicadas producciones, sin perder de vista el
veritas ante omnia que exorna nuestro escudo.
DI5CURS0
DEL SEÑOR GENERAL DON CARLOS CUERVO MÁRQUEZ AL HACER
ENTREGA DE LA PRESIDENCIA DE LA ACADEMIA, EL 12 DE OC
TUBRE DE 1916
Señoras, caballeros:
La Academia Nacional de Historia ha acostumbrado
celebrar la sesión solemne, con que pone término al perío
do anual de sus labores, en la clásica fecha del descubri
miento de América; hecho extraordinario, cuyas conse
cuencias cambiaron al mismo tiempo la faz del mundo y la
constitución íntima de las sociedades, y abrieron luminosos
horizontes, antes no sospechados, al espíritu humano.
La noble España, para cuyos altos destinos era peque
ño el mundo conocido, con arrojo propio de la raza ibera,
se lanzó al través del océano misterioso, y en el mundo des
cubierto en la noche del 12 de octubre de 1492, encontró
terreno propicio para fecundarlo con su sangre generosa,
con su avanzada cultura y con la fe incontrastable de sus
creencias.
Vínculos sagrados de raza y de costumbres, de religión
y de idioma, son los que, robustecidos por la acción ya secu
lar de los tiempos, unen a las naciones de Hispano América
con la España gloriosa que registra en sus anales los nom
bras heroicos de Sagunto, de Zaragoza y de Gerona, y que
cuenta entre sus hijos al Cid Campeador, al divino Cervan
tes y a Santa Teresa de Jesús.
Fenómeno sociológico de la más alta importancia y
único en su clase es el que en esta gloriosa fecha presenta
el conjunto mundial de naciones y pueblos surgidos de la
fecunda Iberia, que dispersos en todos los climas y en todas
DISCURSO DE M. RESTREPO MEJÍA 21'
las latitudes, festejan con fervoroso entusiasmo la fiesta de
su raza; de tal modo que hoy, con mayor propiedad que en
tiempos ya pasados, se puede decir que el sol no se oculta
para los pueblos hijos de la noble España.
Señores: la Academia Nacional de Historia, debido a
la poderosa iniciativa individual y a la perseverante labor de
sus miembros, ha podido continuar su marcha de progresivo
desarrollo en el presente año, como lo podéis ver por el im
portante informe que rinde el señor Secretario perpetuo de
la corporación; desarrollo que, sin duda, será mucho mayor
en el próximo período, si se tienen en cuenta las dotes excep
cionales que poseen los nuevos dignatarios, por cuya acer
tada elección merece la Academia los más sinceros aplausos.
Señores académicos Restrepo Mejía y Rivas: venid en
buena hora a presidir la Academia Nacional de Historia,
honroso puesto al cual os han dado derecho vuestros erudi
tos estudios y vuestros merecimientos indiscutibles.
DISCURSO
DEL DOCTOR MARTÍN RESTREPO MEJÍA AL RECIBIR LA PRESIDEN
CIA DE LA ACADEMIA
Señores académicos:
El alto honor que me habéis discernido llamándome a
presidir esta ya ilustre y meritísima Academia, está sobre
mi espíritu como sobre la tierra el sol: para iluminarlo,
atraerlo y fecundarlo.
Casi ciego se hallaba mi espíritu, y vuestra generosi
dad le ha llevado a pensar y meditar hasta ver muchas de
las reconditeces a que debe llegar la acción de la Academia
de Historia y Antigüedades a fin de llenar su alta labor pa
triótica y científica. Estaba inerte, si no indiferente, en
presencia de esa labor que venís llenando de muchos años
atrás, y contentábase con aplaudirla y seguirla por sus hue
llas, y ahora se siente estimulado a encauzarla y tomar en
ella parte aun superior a sus fuerzas. Y si era incapaz de
dar por sí solo fruto alguno que enriqueciese el acervo de
la Academia, ahora siente bullir su interior los gérme
nes de nobles y levantados propósitos.
Son así los milagros del agradecimiento que en el hom
bre despiertan generosos e inmerecidos favores. A menos
que esté muerto a todo estímulo, despliega entonces el fa
vorecido todas sus fuerzas, aspira a corresponder con obras
quizás inaccesibles para él, y llega a creerse capaz de rea
lizarlas.
Es una sugestión benéfica la del agradecimiento. Así
como un hombre tratado como incapaz lo será casi siempre,
22 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
así el que tiene que agradecer la confianza y aprecio de sus
compañeros saca del fondo inagotable de la naturaleza hu
mana potencias ignotas, hijas quizás únicamente del deseo,
pero que, con el concurso de las que realmente existen en
sus compañeros, no dejarán de manifestarse en actos pro
vechosos.
Así sueño yo ahora con traer al seno de esta Academia
a todos los hombres capaces de ayudar eficazmente a inte
grar la historia de Colombia; con estimular a los jóvenes
estudiosos del país para que registren archivos y viejas bi
bliotecas, recojan tradiciones y leyendas e interpreten mo
numentos de las muertas edades; y con despertar o avivar
en todos los colombianos el amor a la patria, resultado se
guro de la propaganda histórica intensa y bien dirigida.
Nada tan eficaz verdaderamente para encender el fue
go del amor patrio en el corazón de un pueblo, como el ha
cer que el pasado esté de continuo en su presencia y a la
vista el porvenir que de ese pasado se desprende. Es el
amor patrio semejante al amor propio y como una prolon
gación suya, que no viene a ser viciosa, como aquél, sino
cuando consiste en necio orgullo o vanidad quisquillosa;
pero que es fuente de energía y dignidad cuando nace del
conocimiento reflejo de lo que hemos sido, lo que somos y
lo que podemos y debemos ser. Aquel consejo de la sabidu
ría griega que Sócrates adoptó por norma de su escuela;
conócete a ti mismo, no se dio sólo para los individuos sino
también para los pueblos. Imposible me parece que suba a
las cumbres de la gloria y el poder, o siquiera al deseable
respeto en la sociedad de las naciones, pueblo que vaya ol
vidando lo que cada una de sus generaciones realiza, como
viajero de un desierto de arena a cuyas espaldas va borran
do el viento la huella de sus pasos, i Imposible ! Porque el
progreso es obra colectiva de las generaciones; y si alguna
desconócelo que hicieron las precedentes, queda sumida
en tinieblas, desorientada y reducida a atender a los afa
nes del momento. Y no es así como puede realizarse el
ideal, alcanzarse nombre glorioso y merecerse el aprecio y
respeto de los demás.
Nosotros, hijos de la generosa España, domadora y ci
vilizadora de mundos; nosotros, que tenemos atrás la victo
riosa lucha de nuestros padres con un medio extraño y bra
vio ; nosotros, que fuimos aleccionados por los fundadores
de la República en los empeños del engrandecimiento na
cional ; nosotros, que si hemos tenido una vida agitada, no
lo debemos al caudillaje ni a la ambición bastarda, sino a la
poderosa atracción de generosas ideas, tenemos derecho a
esperar que un día sea Colombia una de las primeras nacio
nes del mundo, y el deber de no olvidar ni de dónde veni
mos, ni qué hemos hecho, ni a dónde vamos.
DISCURSO DE G. VIDAL Y SAURA 23
Difundir estos conocimientos entre los hijos de Colom
bia, para que por esfuerzo unánime y continuo avancemos
siempre hacia la meta deseada, es función propia de la Aca
demia de Historia. Si yo alcanzare a sostenerla y desarro
llarla, creeré haber correspondido a la honra altísima que
de vosotros recibo en este momento. En todo caso, sabed,
señores, que me anima la más honda gratitud a hacer todo
esfuerzo para que no decaiga en mis manos la obra tan sa
biamente dirigida por el patriota General Cuervo Már
quez, a quien tengo la honra de reemplazar en este puesto,
y por sus no menos ilustres predecesores.
He dicho.
DISCURSO
PRONUNCIADO POR EL HONORABLE SEÑOR DON GINÉS VIDAL Y
SAURA, ENCARGADO DE NEGOCIOS DE ESPAÑA, EN LA SESIÓN
SOLEMNE DEL 12 DE OCTUBRE DE 1916
Señores:
Un amable ruego del Presidente de esta Academia, al
que no había sino ceder rendido, me obliga a distraer vues
tra atención aunque por cortísimos momentos. Ha querido
la Academia de la Historia que en la clásica fecha que sim
boliza el sagrado vínculo de unión existente entre las nacio
nes de Hispano América y la Madre Patria, no deje de oírse
en este recinto la voz de España, y aunque personalmente
el menos idóneo de todos para llevarla, un inalienable deber
profesional me impone tan honrosa tarea y a vosotros la
ruda carga de escucharme un instante; que Dios os lo abone
en descargo de vuestras culpas y a mí me absuelva de tan
horrendo pecado.
Estamos en presencia de una de las fechas más grandes
que registra la historia en sus anales, tal vez la más grande,
porque marca el momento inicial en la existencia de todo
un mundo; mientras los orígenes y primeros tiempos del
resto de la humanidad se hallan envueltos en un tenebroso
manto de incertidumbre y de misterio, esta fecha memora
ble señala con toda nitidez, de una manera definida y pre
cisa, el día en que el Continente americano se incorpora a la
vida de la civilización, el día en que el orbe todo, asiste ab
sorto a lo que podríamos llamar el nacimiento de América.
Y una fecha de tal magnitud es única en su grandeza ; no
admite la competencia ni alcanza a ver igualada por obra
alguna, con ser tantas y tan gloriosas las que venera en
sus páginas de oro el gran libro de la historia. Lugar prefe
rente ocupa en ellos el recuerdo de aquellos lejanos días en
que la civilización helena cede el paso a la cultura latina,
sustituyendo al delicado sentimiento artístico y al inmortal
24 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
genio filosófico del pueblo griego, el profundo sentido jurí
dico y el vigoroso espíritu militar del pueblo romano.
Como es debido, enaltece la historia la memoria impere
cedera de aquella sublime epopeya en que respondiendo a
las predicaciones de Pedro el Ermitaño, de todos los países
de Europa surgen legiones de valerosos caudillos que, sin
reparar en dificultades ni parar mientes en obstáculo algu
no, con la vista puesta en Dios y fe ciega en el triunfo, acu
den presurosos al llamamiento de la Santa Sede y se lanzan
impetuosos a la reconquista de los santos lugares, empresa
digna de mejor suerte que llena con sus hazañas la mejor
parte de la época medioeval.
Capítulo de honor le reserva, ásímismo, hasta el punto
de constituir uno de los jalones de sus fastos y ser aconteci
miento que separa la Edad Media de la Moderna, al mo
mento en que los otomanos irrumpen en Europa, se apode
ran de Con§tantinopla, avanzan hacia Occidente en avasa
lladora corriente, a cuyo empuje nada resiste, y plantan en
Santa Sofía la Media Luna en sustitución de la Cruz.
Pero todos estos hechos, señores, palidecen ante el que
hoy conmemoramos; porque no se trata ahora de una lucha
cruenta por la posesión de éste o aquel territorio, por el
predominio de tal o cual dinastía o por la hegemonía de
una u otra cultura. El día de hoy tiene una significación
más alta al recordarnos el advenimiento del Nuevo Mundo
a la humanidad civilizada, que ensanchó ese día de un modo
incalculable la órbita de su actuación en plena paz, mien
tras allá en Europa, a la misma hora, no se cesaba de com
batir, sin sospechar que el mundo acababa de enriquecerse
con el descubrimiento de un ignorado continente.
Y este magno acontecimiento, gigantesco de suyo, e
inconmensurable por sus trascendentales consecuencias, te
nemos la fortuna de verlo, no como el resultado de un pro
ceso laborioso sin principio fijo o como término de un largo
período de gestación premiosa, sino perfectamenta concre
tado en una fecha, en un día, en un instante de la jornada
memorable en que el gran Colón, buscando con febril ansie
dad el camino que su genio le trazaba para las Indias, tro
pezó con tierra americana, y en la arena de Guanahaní clavó
el pendón de Castilla en nombre de los Reyes Católicos.
Van transcurridos cuatro siglos y catorce años justos
de hecho tan sublime, y al'contemplar el sorprendente es
pectáculo que ofrecen tántos nuevos países de exuberante
vida, ¿cómo sustraerse al nativo impulso de rendir un tribu
to de religioso Recuerdo, de admiración entusiasta y de gra
titud sincera al hombre insigne a quien se debe la corona
ción de la obra? Ni negativas por parte de aquellos a quie
nes ofreciera sus servicios antes que a la Corte de Castilla,
ni las penalidades sin Cuento que hubo de sufrir antes de
DISCURSO DE G. VIDAL Y SAURA 25
llegar alas gradas del Trono castellano, ni la idea del peli
gro evidente a que se exponía en su empresa fabulosa, nada
pudo hacerle flaquear su ánimo, y con pensamiento genero
so que se refleja en esa mirada en que fulgura el genio co
mo un destello divino, persigue su idea grandiosa con una
tenacidad reveladora de que algo sobrenatural infundía en
su ánimo la fe indispensable para dar cima a tan singular
epopeya. ¿Ni cómo olvidar aquí, señores, a la Augusta Sobe
rana que no vaciló en acudir a los mayores sacrificios para
facilitar a Colón la realización de sus fantásticos proyectos?
Su mérito es mayor, si cabe, que el del gran descubridor,
ya que éste contaba con el aliento y el entusiasmo que le co
municaba el resultado de sus largcs estudios y la confianza
plena en sus ideas, mientras que la reina Isabel fió en Colón
sin más que oír sus palabras, que a todos hasta entonces ha
bían parecido extraña alucinación y que bien podían ser
hijas de un entusiasmo lírico o el producto insensato de un
cerebro desequilibrado. «
Ambas figuras, la del eximio genovés y de la Reina his
pana. quedan en el firmamento de los anales humanos bri
llando como astros de primera magnitud, con resplandor in
maculado. El genio, la abnegación y la visión profética del
uno y el hondo espíritu de patriotismo, de sacrificio, junto
con la elevada idea de sus deberes, de la otra, son singulares
ejemplos a considerar por las generaciones venideras y ob
jeto preferente de. nuestra profunda veneración ; venera
ción sagrada que le debemos por igual españoles y america
nos, que si especial título de honor y muy alto timbre de
gloria fue para España haber realizado el descubrimiento
de América, ejecutoria de vida es para América el introdu
cirse en el engranaje de la humanidad consciente y abrir ca
pítulo aparte en las crónicas de su historia.
Junto con el recuerdo indestructible de estas dos figu
ras e insaparablemente unido a ellas, está el de la fecha de
evocación sublime, en que descubridor y Reina parece como
si abandonaran el mundo de la inmortalidad y vinieran
entre nosotros a repetirnos a todos que en tal día, siglos
atrás, se llevó a cabo un acontecimiento que por sus propor
ciones, por sus antecedentes y su trascendencia futura se
desprende de la esfera común délo humano para aproxi
marse a la ignota región de lo inescrutablemente divino.
Pero hay más, señores. La fiesta que hoy celebramos
no tiene sólo el carácter de una exaltación romántica ante
una hoja del almanaque. Si así lo fuera, su importancia,
con ser mucha, quedaría disminuida y su alcance reducido a
la consagración de un recuerdo histórico por un suceso dig
no de eterna memoria.-
La fiesta de hoy nos revela que, cuatro siglos después,
el espíritu de raza, lejos de haberse disuelto, ni transforma
26 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
do, ni disminuido siquiera, vive, más pujante que nunca, en
todas las naciones americanas de estirpe ibera, que cada
año que pasa se complacen en proclamar más alto su abo
lengo hispano y en sentir má.s hondo el poderoso vínculo
moral que los une a su progenitora.
Las tierras descubiertas por Colón, a las que trajo Es
paña la sangre de sus hijos y el caudal de sus ideas, consti
tuyen hoy una pléyade brillante de pueblos jóvenes pictóri
cos de vida y de risueño porvenir. Todos ellos se juntan
hoy para bendecir con unción el nombre de la antigua Pa
tria que les dio el ser y que, cual madre cariñosa que
siente en sus entrañas, como cosa propia, goces y tribula
ciones de sus hijos y cree notar una súbita exaltación de su
constante amor al ver a su prole agrupada en torno suyo,
cae en místico arrobamiento, y allende el Océano contempla
envanecida y jubilosa la flotación radiante que ofrece al
mundo su dilatada progenie.
Hé aquí porqué, señores, esta fiesta tiene, además de
una marcada significación histórica, un aspecto de actuali
dad presente, prenda segura de un porvenir cercano, abar
cando su alcance los tres momentos gramaticales: el preté
rito, el presente y el futuro. Encarna la fiesta de esta noche
el símbolo precioso, que suprimiendo fronteras, allanando
obstáculos y acercando nacionalidades, reúne en un haz
compacto a tantos países de común origen, y presenta es
trechamente unidos a los que unidos están con indestructi
ble unidad étnica. Consolador espectáculo, asociación espon
tánea, en estos difíciles tiempos en que tan necesarias son
tanto en los individuos como en los pueblos las agrupaciones
colectivas detrás de una bandera, en pos de un ideal o al
calor de un recuerdo.
Eso significa la fiesta de estos días; es un espectáculo
de afirmación resuelta, es la apoteosis de una raza, es la
fiesta soberana de veinte pueblos que tienen la misma alma,
que hablan un mismo idioma y que creen en un mismo
Dios.
Y España—inútil es decirlo—está'íntimamente compe
netrada con sus hijos de ultramar; singularizando en la
parte que me toca, en este momento, con Colombia. Su
espíritu está entre nosotros flotando en este ambiente satu
rado de amor hacia' ella. Si lo está siempre, ¿ cómo no ahora ?
A cuantos españoles abandonamos por vez primera las cos
tas ibéricas con rumbo a Hispano América, nos causa grata
sorpresa que, cuando tras largos días de navegación, aguar
damos encontrarnos en países tan espiritualmente alejados
del nuéstro como sus apartadas latitudes parecen denotar,
nos vemos desembarcar en un territorio en que todo desti
la españolismo ; en que palpita el alma española con sus cua
lidades y defectos; en que se habla y se piensa y se siente
en español.
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA COÑQUISTA 27
Nuestro corazón, entonces, no se encuentra en tierra
extraña, y se ensancha y fortifica al latir al unísono con los
americanos.
No hace falta, por tanto, fiesta ni aniversario alguno
para sentir a España a través de América, ni España pue
de con tal o cual motivo aumentar su amor para Sur Améri
ca, que abarca ya permanentemente toda su potencialidad
efectiva; lo único dable cuando la ocasión se presenta es
manifestarlo al exterior. Es ¡jara mí un alto honor cumplir
el encargo que tengo de entregar esta misma noche las in
signias de una orden que lleva el nombre de la egregia da
ma a quien se debe en gran parte la integración del plane
ta, y en esta fecha, Su Majestad el Rey don Alfonso, mi
Augusto Soberano, 'queriendo expresar de algún modo el
alto aprecio que siente por Colombia, se ha dignado conce
der la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica al
Presidente de la Academia Nacional de Historia. General
don Carlos Cuervo Márquez. En la conmemoración de fe
cha eminentemente histórica como la de hoy, Colombia toda
se halla adecuadamente representada por su Academia de
Historia, y a su vez la mencionada corporación tiene su más
alta y genuina representación en la ilustre persona de su
Presidente. Por eso el Rey Alfonso, al condecorarlo a él, ha
querido dar una prueba de fraternal afecto y singular con
sideración al pueblo colombiano.
COdlPATRIOÜAS DESPOSADOS POR hA C0DQU15TA y
ABADDODADOS POR bA REPUBLICA
(d is c u r s o pr o n u n c ia d o e n l a s e s ió n s o l e m n e d e l a a c a d e
mia NACIONAL DE HISTORIA EN LA NOCHE DEL 12 DE OCTUBRE
DE 1916)
Aromado con el hálito vivificante de la floresta virgen,
iluminado por el sol esplendoroso del cálido valle, grabado
llevo en la memoria el interesante derrotero que recorrí en
días muy recientes» Región visitada por muy pocos, pero
conocida con admiración por todos, desde que aprendemos
las primeras páginas del libro de la Historia de Colombia,
en razón de los hechos, émulos de la fábula, que se cumplie
ron allí y de que fueron actores hombres extraordinarios,
cuyas figuras se agigantan rememorando sus hazañas sobre
el teatro de lo acontecido. No puede el ánimo, en su perple
jidad, decidir qué es más admirable en ellos: si la increíble
resistencia física, o la férrea, inquebrantable voluntad de
llegar a la meta de sus propósitos, en lucha incesante, sin
minuto de tregua, contra la naturaleza inclemente y bravia,
contra los rigores del clima asesino, contra las grandes y
pequeñas pero todas monstruosas y horripilantes fieras y
28 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
alimañas que pueblan en el trópico el turbio río, el pantano
deletéreo, el caño de aguas verdosas y envenenadas, la pra
dera recubierta de tupida maraña de espinas y ortigas, y el
bosque secular, sombrío e impenetrable.
Concebí desde entonces el propósito de traducir a lo es
crito, no mis impresiones de viajero, que resultarían extra
ñas a las tendencias que persigo, sino humilde página de re
cuerdo dedicado a quienes recorrierron por vez primera ese
agreste sendero, si en servicip de su propia ambición, tam
bién en el de la civilización universal. Pluguiera ser. ade
más, el eco de estas pobres frases, un llamamiento, un grito
clamoroso de misericordia hacia el mísero grupo de salvajes
compatriotas—resto minúsculo de los aborígenes que han
perdurado sin sumisión ni mezcla—qtfe hoy, como hace un
siglo, vaga abandonado en esas regiones.
Habréis [Link] me refiero a la famosa ruta re
corrida por la más notable expedición de los conquistado
res del Nuevo Reino de Granada, que ordenó y organizó el
Adelantado de las islas Canarias, don Pedro Fernández de
Lugo, Gobernador de la ciudad de Santa Marta y su Pro?
vincia, por medio del memorable título que expidió en
dicha ciudad con fecha 1*=* de abril de 1536 (1).
Este sencillo documento dio forma y vida a la audaz co
rrería que partió de dicha ciudad el 6 de abril del año cita
do, seis días solamente después de decretada, bajo el man
do supremo, no de un caudillo militar, sino de un hombre de
letras, del Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, cuya
bravura y tesón sobrepasaron cuanto de sus pacíficos ante
cedentes hubiera podido esperarse. Expedición que llevaba
entre sus huestes a Hernán Pérez de Quesada, hermano del
Jefe; al Sargento Mayor Hernando de Salinas; a los Capita
nes Juan del Junco, desigado sucesor del Lincenciado; Gon
zalo Suárez Rondón, Antonio de Lebrija, Gonzalo García
(rZZoiro^y Juan Tafur, Baltasar Maldonado, Juan de San
martín. Lázaro Fonte, Jerónimo de Insú, Juan de Madrid,
Pedro Fernández Valenzuela, Hernando del Prado, Anto
nio Díaz Cardoso, Juan de Céspedes, al seráfico fray Do
mingo de las Casas y al clérigo Juan de Lescánez, como ca
pellanes; al Alférez, más tarde Mariscal Hernán Venegas;
al Alférez Antonio de Olalla, todos ellos famosos en la conquis-
(1) Sabido es que tanto para la fecha de este documento como
para la de la partida de la expedición de Jiménez de Quesada hay
historiadores, como el Padre Simón, Rodríguez Fresle y Flórez de
Ocáriz, que consignan el año de 1537. Está demostrado por Piedrahita,
Zamora, Castellanos, por el cronista Antonio de Herrera, por Acos_
ta y otros, según la relación original del mismo Quesada y sus ca
pitanes Sanmartín y Eebrija, que tales acontecimientos teviero
lutrar en 1536.
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 29
ta, los más por su crueldad, algunos pocos por su benevolen
cia con los aborígenes, y bajo cuya dependencia marchaban
Gómez Hiel de la Tierra, Morales, Gascón, Bermúdez, Mo-
ratín, Pérez Fernández, Sánchez, Caro, Paredes, López,
Martínez y hasta setecientos soldados más, con el correr
del tiempo, acaso, cabezas de prosapias linajudas, valerosos
ellos, todos irreductibles en las penalidades, hasta el punto
de que solamente una cuarta parte pudo resistir hasta el
final. Los demás perecieron, en macabra sucesión, sepulta
dos entre el fango, devorados por las fieras, los salvajes o la
fiebre, mordidos por las serpientes o desfallecidos por el
hambre y la fatiga sin tregua, en esa peregrinación de cua
trocientas leguas de bosque y de ciénagas y de tormentos
inacabables.
1 Oigamos al presbítero Juan de Castellanos, Cura de
Tunja, el primero y más antiguo de los cronistas, quien, al
describir la expedición Jiménez de Quesada a .través del
valle del Magdalena, dice en algunas de las quince mil es
trofas de su detestable versificación :
Espesa breña, cenagoso suelo,
Y creo que es el peor del Nuevo Mundo,
Do nunca se ve luz que dé consuelo.
Y es el rigor de pluvias sin segundo.
Y ansí para secar la pobre tela
El flaco cuerpo servía de candela.
No tienen do llevar hombres enfermos,
y ansí quedaban muchos por los yermos.
Porque jamás rompió tal aspereza
Desde que la crió naturaleza.
¡Ah cuántos se quedaron escondidos
Por no verse vivir con tánta muerte,
Tomando por grandísimo regalo
Acabar de morirse tras de un palo!
Montaña tenebrosa y asombrada
Tanto que los humanos sobresalta.
De sucios animales toda llena.
Cuya memoria sola causa pena.
Un contino llover, un triste cielo,
Truenos, oscuridad, horror eterno,
Con otras semejanzas del infierno.
Ciénagas, pantanos y lagunas,
Pasos inaccesibles y montañas,
Cansados de las plagas del camino,
Garrapatas, murciélagos, mosquitos,
Voraces sierpes, cocodrilos, tigres,
Hambres, calamidades y miserias,
Con otros infortunios que no pueden
Bastantemente ser encarecidos.
30 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Otro verídico historiador narra los hechos de la si-
, guíente manera:
< Los macheteros, bajo las órdenes del Capitán Insú,
abrían la senda por el bosque espeso, y por lugares no ho
llados jamás por planta humana, pues los indios se maneja
ban en canoas, y el límite superior de las excursiones de los
españoles de Santa Marta, río arriba, había sido hasta en
tonces Sompallón (actual Tamalameque). En los sitios en
que la selva era más impenetrable gastaban los macheteros
ocho días en abrir el camino que debía recorrerse en uno
solo. Los buques solicitaban con trabajo en las dos riberas
del río algunas provisiones con qué socorrer las necesidades
del ejército; pero como a medida que subían el río, las po
blaciones eran más raras y las sementeras más cortas, su
frían mucho por falta de alimentos. Las avispas, hormigas,
mosquitos, reptiles e insectos de toda especie se cebaban
sobre los cuerpos extenuados de nuestros descubridores, y
algunos de éstos se ocultaban para morir tranquilos en el
fondo de las selvas, como se echaba de ver por el sitio en
que se hallaban los cadáveres cuando los compañeros los bus
caban. La lluvia continua aumentaba sus miserias y la causa
de sus enfermedades.
« Estando acampados en las orillas de un río caudaloso
de aguas bermejas, se sacó un tigre a un español de su ha
maca. A sus gritos acudieron los demás, y asustado el ani
mal abandonó su presa. Colgaron entonces la hamaca mu
cho más alta, pero al siguiente día la hallaron vacía, pues el
tigre sacó más tarde silenciosamente a la víctima, cuyos ge
midos no pudieron escuchar sus compañeros adormecidos
y cansados, o por el ruido de la lluvia y de los truenos. A
este río se le dio el nombre de Serrano, que era el del sol
dado, y que actualmente no conserva.
< Crecían las necesidades y desdichas cuando llegaron
a un río de aguas negras que atravesaron en los botes (el
Sogamoso). Ya entonces no tenían ni un grano de sal para
sazonar los cogollos de plantas con que se alimentaban. Co
menzaron a matar ocultamente los caballos a fin de que se
les distribuyese la carne. Para atajar el daño ordenó Que
sada que se arrojasen al río todos los caballos que murieran,
manifestándoles que si los mataban no podrían conquistar
las hermosas regiones que andaban buscando. Dieron por
fin aviso al Licenciado Quesada de que de los buque se avis
taba una población en lo alto de ciertas barrancas bermejas
que brillaban con los rayos del sol Poniente. Estaba el Jefe
español tan desesperado de ver los estragos que el hambre
hacía en su campo, que se resolvió temerariamente a partir
en persona, con seis u ocho Oficiales que cupieron en tres
ligeras canoas, las que bogando toda la noche llegaron des-
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 31
pues de amanecer al pueblo, que se componía de treinta
casas, pero que hallaron desamparado por sus habitantes,
los que huyeron luego que observaron los buques que su
bían el río, y percibieron la grita y humos de los que iban
por tierra. Nada hallaron de provecho en las casas, pero la
vista de las sementeras de maíz y yucas en las inmediacio
nes los consoló de la falta de oro, y cuando después de seis
días llegó el grueso del ejército, ya se había establecido un
sistema regular de distribución, a favor del cual duraron
muchos días aquellas provisiones. Encontraron también re
gistrando los bosques ciertas mantas de algodón pintadas a
mano, de diversos colores, primeros indicios de civilización
próxima, de que se valió Quesada para animar a sus tropas.
«Antes de moverse de este sitio, que llamaron La Tora
o Cuatro Bocas, por dos islas paralelas que forma el río, y
que hoy está despoblado y se conoce con el nombre de Ba-
rrancabermeja (esto se escribía en 1848), se ordenó a la
flotilla que continuase río arriba hasta descubrir nuevas
poblaciones. Veinte días gastaron los buques en este viaje,
y al fin tornaron a La Tora desconsolados, diciendo que no
habían hallado ni vestigios de habitantes en las orillas del
Magdalena, que aparecían más agrestes y solitarias a medi
da que se subía más. Entretanto las enfermedades habían
cundido en el campo de La Tora, y eran tántos los que mo
rían, que ya no daban sepultura a los cadáveres, sino que
los arrojaban al río, por cuyo motivo el atrevimiento y los
daños que causaban los caimanes eran tales, que se veían
privados de acercarse al río para bañarse, lavar sus ropas,
y aun para sacar agua tenían que valerse de largas varas en
cuyas extremidades se colgaban las vasijas.
« Las partidas que fueron por tierra no tuvieron mejor
resultado, de suerte que hasta los más antiguos Capitanes,
como Céspedes y Sanmartín, comenzaron a desesperar en
teramente del buen resultado de la empresa. A este último
enviaron las tropas como delegado cerca de Quesada, el cual
había sabido conservar en los ocho meses que iban corridos
desde que la expedición salió de Santa Marta, y en circuns
tancias difíciles, los fueros de su autoridad, que tánto nece
sita rodearse de respetos para mantener su fuerza y vigor.
El Capitán Sanmartín hizo presente al General que la opi
nión de todos resistía la continuación de una tentativa de
exploración que ya era temeraria, después de haber perdi
do la mitad de los soldados y de hallarse sin guía ni direc
ción para seguirla ; que mejor les estaría regresar a Santa
Marta o por lo menos a Tamalameque, tierra abundante de
víveres, en donde podrían fundar una población que les sir
viera de escala para descubrimientos posteriores. El Licen
ciado respondió con firmeza que la perdición era más segu
ra volviendo atrás, porque no cabiendo todos en los buques,
32 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
moriría el resto de la gente en el curso de una vergonzosa
retirada emprendida justamente cuando ya comenzaban a
ver indicios de las tierras más cultas que buscaban, y de las
cuales, según se decía en la Costa, venía el oroque ya habían
agotado en lo descubierto; que el Adelantado había empleado
toda su hacienda y sus recursos en los aprestos de esta jor
nada, la que por su parte no pensaba abandonar sino con la
vida, porque en la tardanza estaba el peligro, y otros descu
bridores más tenaces cogerían el fruto, si ellos por falta de
constancia desistían ; y por últiiho, que tendría por enemi
go al que en adelante le propusiera partido tan pusilánime
y tan ajeno del valor castellano. Sometiéronse sin replicarlos
hombres de guerra a la decisión de un abogado que por pri
mera vez mandaba las armas, y esto en el fondo de un de
sierto, en donde tan fácil les habría sido quitarle el mando ;
porque en todas las condiciones y estados, la grandeza de
alma y la resolución imponen silencio y demandan obedien
cia de los que vacilan.... De esta conducta digna y firme
del Licenciado Quesada en estas circunstancias, dependió
el suceso con que fue coronada esta empresa, y la riqueza
y honores de que él mismo fue colmado » (1).
Justamente de este sitio de La Tora, en donde estuvo
a punto de fracasar la expedición descubridora del Imperio
de los Chibchas, y en donde la salvó del insuceso una vez
más la inquebrantable fe y el valor indomable de Jiménez
de Quesada, de este sitio de La Tora partí pocos días hace,
remontando el Magdalena hasta la desembocadura del
Opón, e internándome por este poderoso afluente, cuyas ori
llas están desiertas y bordeadas por el bosque impenetra
ble como hace cuatro siglos, recorrí en parte la misma ruta
que la expedición Jiménez de Quesada recorrió cuando,
quizás únicamente por alentar a los que desmayaban ante
la magnitud de sus tormentos, dejó el curso del Magdalena,
y torciendo hacia el Oriente, se internó por el Opón, cuyo
curso remontó hasta donde le fue posible, escalando luego
la cordillera, con mayores penalidades que las de las tierras
bajas, subiendo los caballos izados con cuerdas por los pre-
cipios, hasta coronar la cima gloriosa de sus conquiátas, con
un centenar y medio de hombres, restp de la expedición,
pero encontrando al cabo de sus fatigas, la extensa, la ubé
rrima, la primorosa altiplanicie andina, asiento del podero
so Imperio de los Zipas, el llamado por ellos Valle de los Al
cázares, de clima delicioso y de imponderables riquezas, en
donde en breve se echaron los cimientos de la civilización
peninsular.
(1) Acosta, Compendio histórico del descubrimiento y coloniza
ción de la Nueva Granada en el siglo décimosexto.
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 33
¡Oh! si entonces la codicia de oro hubiera dejado al me
nos pensar en hacer un breve parangón entre esa civiliza
ción que traían y la que los aborígenes pudieran tener fun*
dada en el Imperio ; si se hubiera investigado a la luz de la
filosofía, para sacar en conclusión cuáles de los grupos de la
humana especie, diseminados en la superficie del planeta,
habían trabajado, a través de los siglos, con mejor suceso
en la obra de su perfeccionamiento ; si los salvajes prehistó
ricos que hacinaban pirámides de cráneos palpitantes a la
entrada de sus cavernas de las Galias, si los salvajes de las
selvas de Germania, émulos, en su primitiva fiereza, de las
bestias a quienes disputaban las presas de la caza, si los sal
vajes pobladores y conquistadores de la Iberia, cuyas
cruentas matanzas fertilizaron con sangre el suelo de Casti
lla ; o si estos salvajes de la América, cuyos remotos antece
sores, acaso menos belicosos que aquéllos y quizá persegui
dos como iniciadores de alguna rovolución civilizadora, hu
yeron a los desiertos del norte del Antiguo Continente, y
encontrando en su peregrinación a través de las regiones
gélidas un paso angosto entre el mar Polar—el estrecho de
Behring—se lanzaron por él y corriendo hacia el Sur, die
ron en nuestro Continente, o bien llegaron a las costas de la
desaparecida Atlántida en sus frágiles barcos de fugitivos,
y por allí penetraron a fundar lo que en el transcurso de los
siglos vino a ser Imperio de los Aztecas, Imperio de los Incas,
Imperio de los Chibchas, cuyas ciencias, cuyas artes, cuyas
leyes, cuyos fundaibentos no se investigaron, en la cegue
dad de la ambición nunca saciada por el rico metal, causa
perenne de la felicidad y la desdicha del hombre de todos
los tiempos.
La conquista fue gloriosa, la civilización europea y el
evangelio fueron traídos por Quesada y sus compañeros y
sucesores a la altiplanicie ; pero los moradores del Imperio
de los Chibchas, sus primitivos pobladores, sus legítimos
dueños y poseedores fueron despojados por el indiscutible
derecho de conquista y perseguidos sin misericordia y ex
terminados, sin que a ninguno de sus reductores le hubiera
cruzado por la mente la idea de que esos seres eran hom
bres civilizados a su manera, que tenían derechos, y que de
esos derechos, al [Link] sus tierras y heredades, debía
dejárseles alguna parte. Los conquistadores repartieron las
tierras con sus habitantes a título de encomiendas, y los
pobres indios, esclavos de los encomenderos, fueron desde
allí los mansos bueyes que labraron esa tierra de sus ma
yores, entre el látigo del capataz y el filo del acero del con
quistador inmisericorde.
La Tora, punto de partida para la excursión que me
sugirió este escrito, no es ya un sitio despoblado como lo era
en los tiempos del historiador Acosta, sino la aldea de Ba-
xi—3
34 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
rrancabermeja, puerto sobre el Magdalena, de donde parte
un mal camino que conduce a San Vicente deChucurí, y de
allí a Zapatoca y al interior del Departamento de Santan
der. En Barrancabermeja está el centro de la región petro
lífera que los modernos exploradores han encontrado en las
selvas que bañan los afluentes del Magdalena por la vertien
te oriental de su hoya hidrográfica. Sobre su puerto pue
den verse los comienzos de empresas explotadoras del valio
so líquido, cuyo producto promete riquezas acaso mayores
que las del oro que atrajo a los españoles por vez primera
hacia aquellas soledades.
En la plaza de la aldea se alzan cómodas casas portáti
les, importadas de los Estados Unidos, con stfs confortables
y bien distribuidos compartimientos, sus vertanas alambra
das contra mosquitos y demás precauciones aconsejadas por
la sanidad moderna contra las endemias y epidemias de
esos climas, y en ellas funcionan las oficinas de la Tropical
Oil Company. Sociedad domiciliada en Pittsburgo, con un
capital de cincuenta millones de dólares, por cuya cuenta
han llegado y llegan constantemente a ese puerto miles de
toneladas de maquinarias y elementos, y siguen de allí a las
minas de petróleo de Infantas y San Antonio, etc., situadas
en la región del Opón, el Carare, el Sogamoso y sus afluen-
es, en donde se levantan altas torres metálicas que deben sos
tener los taladros gigantescos que perforarán la tierra a
miles de pies, si fuere necesario, en busca del valioso com
bustible, alma de la industria y de la locomoción moderna, y
en donde la selva virgen empieza a ser cruzada por caminos,
teléfonos, telégrafos, y bien pronto por ferrocarriles, trans
formando esa agreste comarca en centro de la humana ac
tividad.
A poco de haber abandonado el cauce del Opón, la pe
queña expedición de que formaba yo parte, y de haber re
montado por algunas leguas la corriente de La Colorada, im
portante afluente del histórico río, los bogas que me condu
cían anunciaron que estábamos en la zona frecuentada por
los indios bravos, como aquéllos los llaman, y escuché la ve
rídica narración de diversos asaltos y crímenes cometidos
por los salvajes contra tripulantes de canoas de explotado-
dores de tagua o marfil vegetal, que en cantidad incalcula
ble puede recogerse en aquellas selvas.
En la Vuelta del Venado me señalaron el sitio en donde
quedaron cubiertos de flechas los cadáveres de Manuel
Martínez y Luciano Valencia, en el año de 1902. Un compa
ñero de éstos, Martín Jiménez, escapó nadando, y ganando
la orilla opuesta, perseguido al mismo tiempo por los caima
nes y por las flechas: se salvó milagrosamente. Seis días des
pués pudo llegar, casi arrastrándose por la fatiga y la exte
nuación, a la parte baja del río, en donde encontró en po
bre estancia quien lo librara de la muerte una vez más.
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 35
En 1908 subían el río en pequeña canoa Juan Galeano
y Cándido Siderol, intrépidos tagüeros. Al cruzar la Vuel
ta de la A/di'ta, sintieron cómo su barquilla era arrastrada
hacia la ribera, engarzada por garabatos amarrados con lar
gos bejucos, y con supremo terror miraron en el barranco
una tropa de indios, cuyas flechas los ultimaron, llevándose
a sus guaridas del bosque los cadáveres, las armas y herra
mientas y las provisiones de la canoa.
. En 1912 corrieron igual suerte, en la Vuelta del Chufo,
Nliguel Mándor y Polidoro Godoy, siendo frecuentes tam
bién los asaltos ocurridos en el Opón, en el Oponcito y en el
Carare, pues los salvajes i ecorren por entre las selvas in
mensas distancias y nunca repiten sus salidas por los mis
mos sitios.
< El laborioso Vicente Olarte Olarte remontaba el río
Carare, con dos bogas, en una canoa. Llegando a cierto pun
to, atracaron la embarcación a una de las orillas y saltaron
a tierra, con el objeto de pasar allí la noche. Dormían tran
quilos los viajeros, en la improvisada cabaña que construye
ron bajo la selva, cerca de su canoa, cuando fueron asalta
dos por los indios en número considerable y atacados a fle
chazos. Los desgraciados no tuvieron tiempo siquiera de
hacer uso de sus armas. Los cadáveres, literalmente cubier
tos de flechas, fueron arrojados al río por los salvajes, quie
nes cargaron con cuanto los viajeros llevaban. Un extranje
ro que navegaba en la madrugada del siguiente día, en la
misma dirección, vio flotando al amor de la corriente un haz
de flechas. Acercó su canoa, y al tirar de una flecha, salió a
flor de agua el cuerpo del infeliz Olarte, en el cual estaban
clavados todos los dardos que había visto el extranjero. Los
otros dos cadáveres fueron encontrados después en idéntica
situación. Los navegantes del mismo río encontraron, días
después, cadáveres de salvajes, también cubiertos de fle
chas, de donde se supone que después del asalto aquel, acaso
al repartirse el botín, trabaron reñido combate, o que este
combate tuvo lugar entre dos tribus enemigas, cerca de las
márgenes del río, en cuyas aguas arrojaron los vencedores
los cadáveres de los enemigos» (1).
Impresionado profundamente con estos relatos, me pro
puse inquirir datos fidedignos respecto de esta tribu de
salvajes ; lo poquísimo que de sus costumbres se conoce, su
índole, su número, su manera de subsistir, y especialmente,
cuál puede ser el móvil de los crímenes que han cometido.
De lo que pude averiguar con evidencia he sacado las
siguientes conclusiones : no es verdad que sean antropófa
gos, puesto que en la mayoría de sus asaltos han abandona-
(1) Pedro A, Peña, £>el Avila al Monserrate. Página 295.
36 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
do los cadáveres de sus víctimas; su número, que algunos
pretenden hacer llegar a miles, no excede de quinientos;
viven miserablemente una existencia errante, sin permane
cer sino pocos días en un mismo campamento, por miedo
de ser descubiertos y sorprendidos; se sustentan con la caza
y la pesca, que ejecutan por ineficaces sistemas primitivos,
con rendimiento del todo insuficiente para saciar el hambre
que permanentemente los enloquece, pues los rudimenta
rios sembrados de maíz o plátanos que logran hacer, les
dan miserables cosechas, porque carecen de herramientas
para derribar el bosque y para sembrar y desherbar sus
sementeras, que el exceso de sombrío y humedad mata y
que la maleza arruina, siendo probablemente robados los
cultivos de algunos por otros más avisados o atrevidos ; allí
en donde el derecho de propiedad es acaso ignorado; su ma
yor necesidad, y por tanto, el más codiciado objeto de sus
asaltos, las herramientas de labor: un machete, un barre
tón o un hacha deben constituir la posesión del mayor de
sus tesoros, y los que llegan a poseer no los abandonan un
segundo, habiéndose encontrado en sus rancherías, escon
didos ingeniosamente entre los huecos de los árboles, peda
zos inservibles o restos completamente gastados de mache
tes, cuidadosamente envueltos en hojas, como para conser
varlos mejor; sus asaltos, pues, no van principalmente con
tra las personas, por odio o por instinto sanguinario ; si ma
tan, es por apropiarse lo que sus víctimas llevan en codicia
das herramientas o en comestibles tentadores para el ham
bre que los devora. Si tuvieran elementos, nunca se pon
drían’a la vista ni al posible alcance de los seres que lanzan
rayos detonantes que matan a distancia, y contra los cuales
no se atreven sino a mansalva, sobreseguro, desde la ribe
ra enmarañada contra la débil piragua que surca el río y
que atrapan a traición, y esto cuando va tripulada por nú
mero que no exceda de tres, siendo ellos un centenar por lo
menos.
Matan y roban, en resumen, para no morir de hambre ;
y si en el hombre civilizado el derecho penal encuentra en
estas circunstancias una causal atenuante para el más gra
ve delito, en quienes el único código imperante es el salva
je instinto de la conservación, el ansia de librarse del pun
zante calambre famélico que les tortura las entrañas, esta
causal viene a ser una absolución. La culpa no es de ellos,
que son inconscientes en su delito. La culpa, antes, fue de
quienes los despojaron de sus tierras y heredades y los obli
garon a refugiarse en lo más recóndito de las selvas, para
escapar de inauditas persecuciones. Hoy la culpa es de nos
otros, los llamados a civilizarlos, y muy principalmente la
culpa es de quiénes nos han gobernado y nos gobiernan,
porque esos infelices son o pueden ser ciudadanos de Colom
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 37
bia, y el Gobierno republicano tiene por fin principal el dar
protección a los gobernados sin distinción de castas. ¿Qué
ha hecho o está haciehdo el Gobierno para reducir a esos
miserables compatriotas ?
El origen de esta tribu de salvajes es también asunto
interesante para dilucidar. El Padre Simón y otros histo
riadores están de acuerdo en que, cuando por allí pasó la
expedición de Quesada, y tres años más tarde la de Jeróni
mo Lebrón, no lejos de La Tora, a orillas de la ciénaga de
San Silvestre, hallábanse multitud de caseríos. Refieren que
en la boca del Opón se encontraba el pueblo de Babacoas.
< Tres pueblos cuyos nombres no nos transmiten los
historiadores encontraron los conquistadores en la cordille
ra que de allí se desprende hacia el interior, y otros cuan
tos más a orillas del Carare. El cacique de Opón fue apre
hendido en su .cercado celebrando una borrachera. Entre
los ríos Orta y Carare encontró Galeano pequeños y nume
rosos caseríos, y entre este último y el Magdalena la tribu
de los nauras* (1).
Con el tráfico que se estableció entonces por el Opón,
más tarde por el Carare y luégo por el Magdalena ; con el
tributo en víveres y peones cargueros que los viajeros de
aquel remoto tiempo imponían a las tribus ribereñas, sin
contar la persecución de que fueron objeto por parte de
los insaciables buscadores de oro y de los cazadores de es
clavos para aumentar el beneficio de los encomenderos,
estas tribus se fueron retirando de sus poblados e inter
nándose en lo recóndito del bosque.
Al correr de los años, sus guerras intestinas se olvida
ron, y vino a ser para ellos causa común la de la defensa con
tra los blancos. Más que la defensa, la de huir de los blancos.
En su vida fugitiva, en la necesidad de obrar de acuerdo con
tra el enemigo común, aquellas pequeñas tribus se fueron
fundiendo en una sola, por decirlo así, que ocupaba en un
principio la inmensa zona que limita por Occidente el Mag
dalena, por el Sur el Carare, por el Norte el Sogamoso y
por Oriente los flancos de la cordillera. Este mundo de sus
dominios se fue reduciendo lentamente, más y más en cada
década. Las fundaciones de poblados por abajo, el tráfico de
nuestra gran arteria fluvial, las exploraciones en busca de
minas, de bosques de quina, de caucho, de tagua, y por
arriba y por los flancos también la fundación de caseríos de
blancos, de haciendas, de sementeras, el trazado y construc
ción de caminos, les impedían en un año salir con libertad
hasta donde podían hacerlo en el año anterior. Hoy la zona
(1) Ernesto Restrepo Tirado, Tribus que habitaban el territorio
colombiano a la llegada de los conquistador es.
38 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
de sus dominios es pequeña si se compara con la de que dis-
pusieron hace diez años, y están rodeados en contorno por
los que ellos creen sus enemigos. Inmensa debe de ser su
amargura, y en los consejos de ancianos que acaso aún ce
lebren bajo el alero de las*chozas miserables, tópicq de pe
renne preocupación para el gobierno de la tribu será éste
del alarmante avance de los blancos.
A estas tribus mezcladas de la hoya del Opón necesa
riamente debieron unirse, al correr de los años y por comu
nidad en el peligro, los desdichados restos de las tribus de
las tierras altas que se encuentran hacia el oriente del va
lle, pobladas en tiempo de la Conquista por los guanes y aga-
taes, por más que no haya ni vestigios en los actuales opo
nes de las muestras de civilización que aquellos tuvieron, lo
cual es explicable por la retrogradación y corrupción de
usos y costumbres que en cuatro siglos ha determinado la
mezcla de esos restos y su vida de nómades.
«... .Debe notarse que las numerosas tribus indígenas
que habitaban la comarca de Guane vivían en cierto grado
de civilización avanzada: hacían curiosas telas de algodón
de hilos de variados colores, hamacas, fajas, etc.; se ceñían
a la cintura una manta y se abrigaban con otra que ataban
sobre el hombro izquierdo; las mujeres eran hermosas,
blancas, aseadas, hablaban con gracia, y los españoles admi
raron la facilidad con que aprendían el castellano en pocos
meses» (1).
Pero este grado de civilización que en los guanes encon
traron los españoles, ello§ mismos se encargaron de acabar
lo con el régimen de esclavitud a que sujetaron a los natu
rales, que fueron incorporados en las llamadas encomiendas,
verdaderos feudos tiránicos, en donde mozos y ancianos,
mujeres y niños eran tratados como bestias y vendidos co
mo semovientes despreciables. Pocos de los indígenas fue
ron peor tratados que los laboriosos guanes, por la índole
de los encomenderos a quienes les tocaron en suerte. En
la Relación del Adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesa~
da, sobre los conquistadores y encomenderos, puede verificar
se el hecho de que de tales encomenderos, los de Vélez,
región de los guanes y agataes, fueron los que vendieron
en mayor número a sus indios. Tomemos al acaso lo que
dice en la citada Relación sobre algunos de sus camaradas:
«Pero Gómez vive en Pamplona; tiene para en aquel pue
blo bien de comer ; aunque^los indios no son muchos tiéne-
los en dos repartimientos; éste vendió indios de otro repar
timiento que tuvo en Vélez, donde primero vivía.
(1) Henao y Arrubla, Historia de Colombia.
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 39
«Salazar vive en Vélez; tiene pocos indios, y por esta ra
zón no tiene bien de comer; fueron estos indios muchos
más antes que después que él los tiene.
«Castilblanco vive en Vélez; creo que ya no tiene indios,
porque los ha vendido. *
«Juan Alonso tiene indios en Vélez, donde vive ; son po
cos agora y fueron antes muchos más que después que él
los tiene?
«Ledesma vive en Vélezf creo que ya no tiene indios, por
que los ha vendido.»
Esas ventas, ese comercio inhumano con los infelices
indios, que arrebataba en los mercados al hijo de los brazos
de la madre, al esposo de la esposa, al anciano de su descen
dencia idolatrada, para ser llevados a regiones distantes
unos de otros, para no verse nunca más, fue la causa prin
cipal de las justísimas sublevaciones que ocurrieron en los
primeros tiempos de la Colonia, y esto es lo que no narran
con el grito de protesta que debieran los historiadores es*
pañoles, así como tampoco las otras inauditas crueldades
que cometieron con los aborígenes, de las cuales tocó in
menso lote de clesdichas a los guanes. No se tomen mis pa
labras como un inoportuno reproche en este día solemne ;
pero esta dolorosa remembranza, ya olvidada y perdonada,
me es indispensable para la concatenación de los hechos y
para los fines que persigo.
Don Manuel Ancízar refiere de la siguiente manera al
gunos de estos episodios en la Peregrinación de Alalia:
< En esta comarca moraban numerosas tribus de indios
laboriosos que Martín Galeano, fundador de Vélez, halló re
gidas por los usaques Agatá y Cocomé. Hízoles guerra de
exterminio, cruel y traidora, como la acostu mbraban los con
quistadores, sin necesidad ni provocación, movidos única
mente por el deseo de cautivarlos y venderlos a los nuevos
encomenderos. Los indios se defendieron, hasta que la ex
periencia les demostró la ineficacia de sus armas, compara
das con los arcabuces y perros de presa de los españoles, y
entonces, desesperados, mas no abatidos, se retiraron a lo
profundo de las cavernas, y cambiando las entradas se die
ron la muerte; pocos prefirieron la esclavitud. Reciente
mente comenzaron a descubrirse las entradas de estas caver
nas, ricas en nitro, y al destaparlas para buscar el valioso
mineral, se hallaron montones de esqueletos envasados unos
sobre otros, en astas de madera endurecidas, fijas en el sue
lo : la horrible historia del suicidio de dos naciones apareció
allí manifiesta y espantable, con su infinita variedad de sui
cidios voluntarios ; pero los descendientes de los conquista
dores, lejos de respetar la última morada de la raza oprimi
da, se han apresurado a quebrantar y revolver los huesos
40 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
de las víctimas para quitarles las joyuelas de oro y excavar
las nitrerías naturales sobre que reposaban. ¡Triste destino
de esta raza desventurada ! pensé al contemplar la devasta*
ción de aquellos osarios: nuestros antepasados la saqueaban
y atormentaban en vida; nosotros la perseguimos en los se
pulcros para saquearla después de muerta ! >
Las cavernas a que alude el señor Ancízar están situa
das precisamente sobre el flanco de la cordillera por donde
se desciende a los valles del Opón, yes conjetura lógica la
de que los guanes, fugitivos y perseguidos, que no tuvieron
valor para suicidarse colectivamente con sus familias en las
concavidades de las rocas,'fueron a buscar otro género de
muerte descendiendo al montañoso y mortífero valle, pla
gado de fieras y reptiles, en donde ellos, nacidos y crecidos
entre los saludables aires de las tierras altas, fueron vícti
ma propicia de la fiebre y de la anemia tropical. Los que
escaparon, gracias a su vigor, necesariamente ingresarían a
los errantes nauras.
De todo lo dicho podemos sacar la conclusión de que la
tribu salvaje que hoy existe en los bosques del Opón la
constituyen los descendientes de los nauras y de los guanes,
mezclados quizá a otras tribus que buscaron el mismo seguro
refugio; versión tanto más aceptable, cuanto que en los
hechos cumplidos se han observado entre esos indígenas
diversidad de índoles y tendencias, y que parecen vivir sepa
rados en grupos pequeños, hostiles los unos hacia los otros,
algunos de los cuales han sido casi reducidos, como sucede
con los que moran cerca del pueblo de Carare, que ya tie
nen algún principio de relaciones con los del poblado, indios
que temen a los del Opón, a quienes apellidan los 1,tatucos.
Cuanto a esfuerzos que se hayan hecho por pasados Go
biernos o providencias que se hayan tomado para reducir a
los opones a la vida civilizada, nada eficaz puede narrarse.
Pasajeros entusiasmos, decretos, resoluciones nunca cumpli
dos. En la Gaceta de Nueva Granada correspondiente al 25
de septiembre de 1836, existe el siguiente importante docu
mento :
<Con ocasión de la apertura de un camino que se pro
yectaba, el Gobernador de la Provincia del Socorro comi
sionó al señor José María Tavera para que hiciese una ex
ploración en aquellas regiones acompañado por dos solda
dos con sus armas. Después de varios datos relativos a las
magníficas condiciones que tiene el río Opón como navega
bles, dice así el resumen de su informe que publica el pe
riódico oficial:
< La existencia de algunas tribu? de salvajes en las in
mediaciones del Opón era conocida de tiempos atrás, aun
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 41
por varios actos de ferocidad ; pero ya se creía que habían
emigrado o desaparecido. El señor Tavera, habiendo descu
bierto las huellas de estos salvajes en las playas del río, pe
netró en su busca, halló labranzas de maíz, de yucas, de ba
tatas, de caña de azúcar y de algodón en una extensión con
siderable, y al fin descubrió una partida de catorce o diez y
seis salvajes de todas edades, que le habían sentido y huían,
uno de los cuales, que parecía el jefe, se acercaba al señor
Tavera, que le había llamado con demostraciones de paz,
pero huyó al descubrir a los dos soldados armados. En las
chozas se encontraron arcos y flechas, varios utensilios ca*
seros, ollas llenas de un licor hecho de hobos o ciruelas sil
vestres, algunos delantales de paja suelta muy fina, gargan
tillas de plumas y otros adornos, casquetes de tejido de paja
para la cabeza, hachas de piedra y de hueso muy bien mon
tadas, y husos de hilar, a uno de los cuales le servía de tor
tera un peso fuerte español y a otro un real macuquino. De
estos objetos se tomaron algunas pocas muestras que han
sido remitidas al Gobierno, pero se evitó muy cuidadosa
mente dar motivo de queja o disgusto a los salvajes. A ori
llas del río había canoas hasta de tres varas y media de lar
go, y algunas balsas. Estos indios (dice en su relación el se
ñor Tavera) son de configuración regular; su color bron
ceado ; su vestido consiste en una pelliza o capucha de paja
a los hombros y otra a la cintura ; llevan en la cabeza un
casquete de tejido de paja, y las mujéres, además, una gar
gantilla de plumas. Ha informado también que de una mata
de yuca que hizo arrancar de una de las labranzas de los
indios, sacaron más de una arroba de yucas; que las de
maíz contenían cada una hasta veinte cañas recargadas de
fruto, y .que encontró en las orillas del Opón una quebrada
en que había formado un canalón y existían varias totumas,
infiriéndose de allí que lavaban oro.=»
A continuación del extracto copiado en el mismo perió
dico, órgano de las publicaciones oficiales, se inserta lo si
guiente :
< Descacho del Interior y Relaciones Exteriores—Septiembre
17 de 1836.
< El Ejecutivo queda impuesto del resultado de la ex
ploración hecha en el río Opón por el ciudadano José Ma
ría Tavera, comisionado para ello por el Gobernador del
Socorro,, conforme a lo resuelto por el Concejo Municipal;
y siente que dicho comisionado no hubiera ido en más segu
ra compañía para acercarse más confiadamente a los indí
genas salvajes, cuya existencia en las márgenes del río era
de mucho tiempo atrás conocida, y provisto también de ar
tículos adecuados para obsequiarlos, congraciarse con ellos
y recoger algunos informes sobre el número de su tribu,
42 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
posiciones que ocupa, carácter, hábitos, ideas religiosas,
sistema de gobierno y modo de hacer la guerra de dichos
indígenas, tradiciones históricas que existan entre ellos, es
pecialmente con respecto a los conquistadores, y noticias
que tengan de los establecimientos granadinos, sus disposi
ciones favorables o desfavorables para traficar con la raZa
civilizada del país; idea que hayan concebido de la superio
ridad de ésta, y en fin, sobre la agricultura e industria, y
sobre todo lo demás que pudiera darlos a conocer exacta
mente y servir de base para el sistema de su pronta reduc
ción por medios suaves, humanos y legítimos. Ojalá se re
novasen sobre tales principios las exploraciones, aun que
para ellas fuese indispensable hacer algunos pequeños gas
tos del tesoro, del fondo de Misiones. En cuando a la reduc
ción de la tribu que habita las márgenes del Opón y que
naturalmente se extenderá en una gran zona entre las Pro
vincias de Socorro, Vélez, Santa Marta y Ríohacha y sobre
las vertientes del Magdalena y del Catatumbo, el Ejecutivo
adoptará po'r sí o con el auxilio del Cuerpo Legislativo todas
aquellas medidas que fueren del caso, y con la mayor efica
cia; partiendo del principio de que las instituciones libera
les que rigen en la Nueva Granada, y el espíritu y las ideas
del siglo, no permiten hacer contra los indígenas salvajes
una cruzada religiosa ni una guerra de depredación y con
quista, y que el interés verdadero del país consiste en civi
lizarlos e incorporarlos en la sociedad granadina, aun que
para conseguirlo se haya de desplegar el aparato indispen-
seble de la fuerza. Mas para resolver con acierto en la ma
teria lo que convenga, la Gobernación del Socorro dirigirá
a la mayor brevedad las indicaciones que considere oportu
nas, haciéndose cargo de las localidades y demás, circuns
tancias ; indagando al efecto, y para las nuevas exploracio
nes, si podrían conseguirse intérpretes para comunicarse
con los salvajes, cuyo dialecto será probablemente el mismo
antiguo de los indígenas reducidos de los pueblos confinan
tes con el territorio que aquellos ocupan, y expresando la
cooperación que podrá prestar la Compañía de Agricultu
ra y Comercio. Dígase en contestación, agregando que las
muestras conducidas por el Coronel Manuel González se
han mandado depositar en e¡ Museo Nacional.
«Por Su Excelencia, el Secretario, Pombo.*
Ochenta años tiene de dictada la providencia transcri
ta, y a pesar de que en nuestra agitada historia contempo
ránea las instituciones liberales que invoca el documentóse
han reemplazado en el Gobierno por las conservadoras, y
viceversa, en múltiples ocasiones; y a pesar del espíritu y de*
las ideas del siglo, que también invoca el señor Secretario
para calificar de urgente el civilizar y reducir por medios
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 43
pacíficos a esa tribu, lo único evidente, al cabo de casi una
centuria, es que los desdichados indígenas están en peor
condición que entonces, y tan salvajes como antes. Porque
ya no pueden surcar el Opón en canoas o balsas, ni vivir en
sus riberas fértiles, ni establecer allí sus cultivos, porque
de entonces a hoy los tagüeros y raros navegantes de ese
río los han hecho alejar a tiros y concentrarse en la panta
nosa región del corazón de esas montañas. Esta iniquidad no
debe, no puede continuar, y toca a la presente generación
poner en práctica lo que en nuestros abuelos no pasó de ser
un generoso deseo.
*
* *
La iniciativa particular ha sido quizá menos ineficaz e
indiferente que la acción oficial en el asunto que nos ocupa.
En otra ocasión en que por escrito me había ocupado en
ello, relaté de la siguiente manera los detalles de una expe
dición organizada por algunos vecinos pudientes de Barran-
cabermeja y de Carare, a raíz de algunos de los alarmantes
asaltos dados por los indios :
< El plan se cumplió fielmente. Los expedicionarios
partieron en un mismo día de Barrancabermeja y de Cara-
re, y tras de muchas penalidades en sus jornadas, por en
medio de la selva virgen, se encontraron después de vein
tiún días de marcha. Unos y otros hallaron, en diversos
puntos, campamentos abandonados por los salvajes, y culti
vos de maíz, de yucas, de fríjoles y otras plantas. Avanzan
do más, fueron encontrando otros campamentos rodeados
igualmente de cultivos, y en las cabañas hallaron inservi
bles herramientas y utensilios de caza y de labor, hamacas,
telas burdas de algodón tejidas por los salvajes, y algodona
les también por ellos cultivados muy en pequeño. Con im
probo trabajo pudieron avistar algunos indios fugitivos y
ágiles como venados, de los cuales lograron capturar unos
pocos, hombres y mujeres, a quienes se esmeraron en dar
muy buen trato. Los cautivos se mostraron a poco muy
complacidos con los alimentos de los blancos, con las armas,
con las herramientas, y especialmente con la maravilla de
los fósforos de que no tenían ni remota idea. Fue tanta la
lenidad de que con estos salvajes cautivos usaron los expe
dicionarios, que la mayor parte se les fugaron sin que fue
ran perseguidos. Unos pocos lograron traer a su regreso,
con el ánimo de hacerles palpar las venta'jas de la vida civi
lizada y dejarlos volver a sus selvas, si así lo deseaban. El
sistema empleado por los inteligentes y patriotas organiza
dores de la expedición que dejo narrada en compendio, me
ha parecido el más racional que se pueda emplear para el
objeto, y sería el más eficaz, si en su auxilio y dirección in
terviene—como es lógico que intervenga—el Gobierno, y si
se adoptan algunos detalles más.
44 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
«Con frecuencia he meditado en la forma de afrenta que
encierra para Colombia el que a estas horas del siglo xx haya
todavía dentro del perímetro de su territorio indios salvajes,
y los datos recogidos por los expedicionarios de las selvas del
Opón me han confirmado en la idea que siempre he tenido:
la salvajez de los indígenas colombianos es ya muy relativa.
< La característica de su salvajez consiste en el empeño
que tienen de alejarse del blanco más y más, de no tratar
con él, de aborrecerle y temerle, de abandonar sin vacila
ción casas y sembrados cuando malician que el blanco pue
de llagar hasta ellos, retirándose a centenares de leguas, a
lo más intrincado del bosque, a lo más abrupto de la cordi
llera, por tal de no tener cerca a su espantoso enemigo.
«En esto, si repasamos la historia, la historia de la Con
quista y también la contemporánea, debemos convenir en
que los salvajes obran plenos de razón. Los blancos, o más
bien los que decimos civilizados, han sido sus verdugos, los
robadores de su hacienda, de su afecto y de su tranquili
dad. ¿Porqué no han de huirnos?»
Felizmente va desapareciendo en Colombia la costum
bre de dejar toda empresa que implique esfuerzo o eroga
ción pecuniaria, a la iniciativa y a la acción oficial del Go
bierno. Los hechos que se están cumpliendo en el país, tan
to en la ejecución de obras públicas como en empresas de
carácter particular, han demostrado y están demostrando,
cada día, lo que puede la iniciativa de un hombre y el es
fuerzo de una agrupación, grande o pequeña, dé hombres
animados por la firme voluntad de ejecutar un proyecto
enantes tenido como imposible. A esta iniciativa, a esta ac
ción particular de los colombianos, pero principalmente a la
de la sociedad bogotana, quisiera yo pedir, en nombre de la
civilización y en el de la caridad en su m'ás sublime concep
to. un noble esfuerzo encaminado a la reducción de los mi
serables salvajes del Opón, sin que esto quiera decir que
deba prescindirse del contingente que el Gobierno está obli
gado a dar para ello.
La obra es practicable y no requiere ímprobos esfuer
zos ni considerables desembolsos de dinero. Es solamente
labor de constancia, de tenacidad, de mantenimiento por
algún tiempo, y con carácter de permanente, de un centro
encargado de dirigir y sostener los medios que se emplea
ran para convencer a esos salvajes de que no somos sus ene
migos, de que no los perseguimos, de que obramos para su
bien, hasta lograr hacerles llegar herramientas, utensilios,
comestibles, baratijas de atracción para su curiosidad, y en
fin, todo aquello que vaya resultando como necesario para
el objeto.
Los intermediarios obligados para llegar hasta, ellos
serían los tagüeros, que viven gran parte del año recorrien
COMPATRIOTAS DESPOJADOS POR LA CONQUISTA 45
do esas selvas en la recolección de marfil vegetal, y que co
nocen las guaridas de los indios y saben evitar sus asaltos.
La acción de los misioneros católicos vendría después,
cuando se haya logrado que los salvajes acepten sin temor
el contacto con los blancos. Por ahora lo práctico es hacer
les perder el miedo, y para ello está gran parte del camino
andado con lo que hizo la expedición patriótica a que antes
hice alusión, y otra muy reciente, de la que es protagonista
un humilde habitante de las orillas del Magdalena.
Nicomedes Tarifa es uno de los tagüeros más intrépi
dos. En busca de los palmares de tagua se aventura en lar
gas excursiones por la selva más intrincada y distante,
acompañado de su esposa y de sus hijos, habiendo en ocasio
nes despertado justa alarma entre los vecinos de su estan
cia en el Magdalena lo prolongado de su ausencia, llegando
a temer que él y los suyos hubieran sido víctimas de los sal
vajes o de las fieras, pues de quien se interna en aquellas
soledades nadie tiene noticia hasta que sale nuevamente. En
reciente ocasión, marchando sigilosamente por la montaña,
dio en lo más enmarañado con una ranchería de indios, y
ayudado por su pequeña comitiva, capturó a una vieja in
dia y a una joven, hija de aquélla. Con serias dificultades,
para no hacerles daño, trajeron a las cautivas a Barranca-
bermeja, en donde las buenas gentes de la aldea pusieron
empeño en hacer amable la vida de las dos salvajes. La jo
ven—que venía en estado de serlo—fue madre a los pocos
días, y no son para narrados los extraños procedimientos
de la anciana, en tan delicado trance, para con su hija, a
quien se llevó con anterioridad bajo los árboles de un solar
cubierto de malezas, sin que la puérpera hubiera permane
cido ni una hora siquiera en quietud, pues continuó con su
criatura como si nada hubiera ocurrido. Después de dos
meses de tener a las dos indias en Barrancabermeja, sin lo
grar que dejaran cierto aire taciturno y un semblante en
tristecido, reflejo indudable de la nostalgia de sus montañas
solitarias, Tarifa resolvió llevarlas de nuevo al sitio en donde
las había capturado, y así lo hizo, dejándoles a la vera de sus
ranchos del Opón, con las pocas vituallas que los compade*
cidos vecinos las obsequiaron al partir, y algunas aves de
corral, por si fueran capaces de fomentar tan provechosa
cría,.para lo cual les hicieron observar en el pueblo la mane
ra de empollarlas.
Pues bien: Tarifa refiere que semanas después, en
alguna de sus posteriores incursiones en la montaña, el
golpe de su hacha atrajo a la anciana que se le apareció de
repente con demostraciones de complacencia por volver a
verlo, y se le acercó, acompañada a distancia por numero
sos salvajes que observaban ocultos tras de los árboles. La
india le manifestó por señas que tenían hambre, y le pidió
46 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
algo para comer. El tagüero, que estaba muy escaso de pro
visiones, tomó su escopeta y mató un hermoso paujil, que
regaló a la anciana, la cual se retiró contenta, llevándose de
paso un barretón que halló en el suelo, y que su dueño no
se atrevió a quitarle a la fuerza por temer de irritar a los
ocultos guardianes que esperaban a la mensajera entre un
extraño rumor de voces, acaso causado por el alarma que
les produjo la detonación de la escopeta. Agrega el buen
Tarifa que desde entonces resolvió no volver, y no ha vuel
to, por esos taguales, porque él es muy pobre y no puede
estar regalando a los indios sus herramientas y sus provisio
nes. Juzgúese, por lo narrado, cuán fácil es ya atraer a esos
salvajes.
Este hombre sencillo y honrado y algunos tagüeros de
su índole serían los eficaces misioneros, los mejores apósto
les para esta obra civilizadora y humanitaria. Pagándoles su
tiempo, ellos serían gustosamente guías y conductores de
expediciones periódicas que habrían de establecerse para
llevar recursos, y por este medio, atraer a los indios. Al
cabo de pocos meses habrían perdido el miedo, y entonces
se lograría reunirlos pacientemente en una aldea fundada,
con ellos y para ellos, en las orillas del Opón.
Allí, con elementos de trabajo, subsistirían fácilmente
por sus propios esfuerzos, porque es aquella tierra de in
comparable exuberancia, en donde se cosecha maíz tres
veces en el año, en donde los colonos viven descansadamen
te, con numerosa prole y allegados, del producto de algu*
ñas dos hectáreas que desmontan y cultivan en forma im-
perfectísima, ayudados por el pescado y la caza, que están
siempre a la mano; y cuando raramente necesitan de algún
dinero para comprar sal, vestido o herramientas, recolec
tan en pocos días tres toneladas de tagua, y echándola río
abajo en su canoa, van a venderla en el primer puerto. Al
presenciar la manera increíblemente fácil y holgazana de
subsistir aquellas gentes de las riberas de esos ríos, pude
explicarme menos la miseria que soporta parte no pequeña
de la gleba vigorosa de las ciudades.
Ha llegado la hora de no dejar correr con indolencia el
tiempo, sin hacer algo efectivo y eficaz para la reducción
de los salvajes del Opón. El Cuerpo Legislativo está reuni
do. Su intervención sería salvadora y decisiva, y cierto 'estoy
de que estafe pobres frases han de repercutir en sus salones.
Y si nó, acudirá seguramente la misericordia, la filan
tropía de los colombianos al socorro de ese grupo de com
patriotas despojados por la Conquista y abandonados por la
Republica. La sociedad bogotana se ha compadecido siem
pre del sufrimiento de los desheredados, y sabrá llevar su
inagotable caridad a la distante selvj. en donde aquéllos
arrastran su miserable existencia olvidados de los hombres.
INFORME 47
«A estas horas del siglo xx es una afrenta, es una igno
minia, el que haya todavía salvajes dentro del perímetro del
territorio colombiano.»
Pe d r o A. Pe ñ a ,
Miembro de la Academia Nacional de Historia.
IDFORÍDE
DEL JURADO CALIFICADOR SOBRE EL CONCURSO DE 1916
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia—Presente.
Casanare en la Independencia, 1816 a 1819, fue el tema
designado por la Academia de Historia para el concurso del
presente año, el cual quedó cerrado el día 1° de septiembre
pasado.
Dos trabajos se han sometido a nuestro estudio, a vir
tud de la designación honrosa que se nos hizo para consti
tuir el Jurado calificador del mencionado concurso : el uno
lleva el seudónimo Camilo, y el otro, el de miarte, y ambos
llenan los requisitos fijados por la Academia.
Camilo abre su trabajo reseñando los sucesos cumplidos
en la Nueva Granada en 1815; luego discurre sobre la emi
gración a los Llanos de Casanare; da cuenta en seguida de
la organización que allí tuvo el Ejército libertador ; descri
be las operaciones militares cumplidas en 1817 y 1818, y cie
rra con la narración de la campaña memorable que culminó
en la jornada de Boyacá.
Este estudio es bien completo y escrito en lenguaje
fácil y atildado ; el relato de los hechos se distingue por la
claridad y método, al mismo tiempo que por la amenidad y
viveza; aun cuando escasas, las apreciaciones que el autor
hace y las consecuencias que deduce, revelan criterio ilus
trado y seguro, y en fin, las fuentes históricas que consultó
son puras y abundantes.
El trabajo de Uriarte es también digno de encomio: se
halla dividido en los siguientes capítulos : Introducción. 1816.
1817, 1818, 1819, y sobresalen en él excelentes cualidades,
especialmente la pormenorizada y exacta relación de las
operaciones de guerra llevadas a cabo en los Llanos, apoya
da con buen acopio de citas fundamentales. Es sensible que
el escritor hubiera sido tan parco en el análisis filosófico de
los sucesos que narra.
Cerrado ya el plazo señalado para la admisión de los
trabajos, se sometió boy al Jurado un tercero, inconcluso,
firmado por don Far amundo, que, a pesar de su importancia,
no puede ser considerado en el presente concurso sometido
48 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
a condiciones a las cuales debemos ceñirnos estrictamente.
Verdaderamente lamentable es que este último estudio no
hubiera sido concluido y presentado en tiempo oportuno,
pues basta hojearlo para comprender su mérito; sobre todo,
llaman la atención en él la cita de documentos inéditos que
compulsó el autor, a quien excitamos para que lo publique.
Por lo expuesto, vuestra Comisión conceptúa:
El autor del trabajo suscrito Camilo merece la medalla
de oro, y al del estudio firmado Uriarte debe discernírsele
un premio que señalará la Presidencia de la corporación.
Ed u a r d o Po s a d a — Ge r a r d o Ar r u b l a — Be r n a r d o
Ca y c e d o .
Bogotá, septiembre 22 de 1916.
flUÜOBIOGRHFífl DE flnüOniO OBflDDO
En el volumen v de este Boletín dimos cabida al principio de las
Memorias del General Antonio Obando, y allí dijimos que probable
mente se había extraviado el resto del manuscrito ; luégo llegó a la
mesa de este periódico otro fragmento, y entonces/reprodujimos el
volumen vin en las páginas 529 y siguientes, la parte que apareció
en el v, y los que contienen los servicios de aquel militar hasta que
marchó incorporado en las filas de las huestes de don Pablo Morillo
a fines de 1816.
Allí se interrumpieron de nuevo las Memorias, y se continuó la
impresión de las partes que de ella existían en las páginas 593 y si
guientes del mismo volumen vm.
Relata el General Obando lo sucedido desde la batalla de Ortiz
en adelante, es decir, desde el 26 de marzo de 1818, día en que com
batieron Bolívar y La Torre.
El final de las Memorias apareció en el número 95 del tomo vui
citado ; ahora llega a nuestras manos otra parte de tan importante
documento, en que continúa Obando en su campaña como soldado for
zado de los españoles en territorios de Colombia y Venezuela; y na
rra los sucesos desde fines de 1816 hasta la desgraciada acción de
La Puerta, en 1818.
En el número 94 del Boletín sigue la relación desde la batalla
de Ortiz, que tuvo lugar diez días después de la derrota de La
Puerta.
Llena pues este fragmento de la autobiografía el vacío que había
quedado en las partes publicadas desde 1913.
Véanse las páginas 106 del Boletín^ tomo v, y 529 a 593 y 657 del
tomo vm.
Primo González cumpió con la orden, y Lorenzo Arella-
no en la capital había ofreció a Morillo $ 300 por mi liber
tad, pero no lo consiguió. Llegamos a Sogamoso sin nove
dad; allí fuimos distribuidos a las Compañías; yo fui destina
do por fortuna mía a la tercera, la predilecta del Comandan
te. Allí permanecí por algún tiempo. El Mayor Arce me
preparó un lazo para perderme. Me comisionó solo para
AUTOBIOGRAFÍA DE ANTONIO OBANDO 49
conducir a Sativa un desertor sentenciado a muerte, que
debía ser fusilado en aquel lugar, donde se hallaba la Com
pañía a que pertenecía. Para llegar a aquel pueblo tenía
que pernoctar dos noches en el tránsito. Me dijo :
— Si el preso lo deja usted fugar, usted sufrirá la muer
te por él. '
Afortunadamente rendí la comisión sin novedad, ase
gurando al preso en las dos dormidas, y para que no se me
fugase, no dormí ni un solo instante en aquellas dos noches.
Regresé a Sogamoso, y entregué al mayor el recibo y el par
te de haber sido decapitado el desertor.
Llegó el General Morillo a Sogamoso; se reunió el Ba
tallón, y marchámós para los Llanos por la vía de Chita,
Chira y Guasdualito. En este últimy pueblo se hallaba la
sexta Compañía del Batallón. El Capitán Alcocer, de Puerto-
cabello, que la mandaba, me tomó cariño y se propuso lle
varme consigo a Barinas, adonde marchaba con el equipo
del Batallón y las onzas de Morillo, 600,000 pesos.
Yo me le opuse al principio, con el pretexto de perte
necer a la tercera Compañía y ser estimado de mi Capitán ;
pero Alcocer me dijo:
—Eso nada importa ; yo también lo aprecio; soy ameri
cano, y mi destino es para Puertocabello, y lo hago a usted
Sargento. Yo, que mando en esta plaza, me corresponde si
tuar las avanzadas; el Ejército va a marchar para los Lla
nos de Apure, a la madrugada; yo lo avanzaré a usted en
un puesto, y como que olvido retirarlo al tiempo de la mar
cha, usted sigue conmigo para Barinas.
Así se ejecutó. El Ejército marchó para los Llanos, y la
Compañía para Barinas. Llegámossin novedad; pero de allí
sí me resistí a marchar para Puertocabello, adonde siguió
Alcocer con las onzas, dejando el equipo del Batallón en Ba
rinas. Allí se hallaba el de la División Calzada, que había ba
jado por allí por marchar a reunirse con Morillo en los
Llanos. El Comandante Militar de Barinas me encargó, del
hospital y del almacén. El tiempo que permanecí en esta
ciudad fue para mi felicidad, pues había allí familias de alta
categoría, muy patriotas, como las señoras Pulido, y otras
de la clase inferior, como las Berríos, que me estimaron y
sirvieron en una grave enfermedad que sufrí allí.
En este intermedio se dio por el General Páez la pri
mera batalla con Morillo en Mucuritas, donde se vio bien
apurado el segundo.
Se dividió el Ejército realista en tres Divisiones: a mi
Batallón le cupo pertenecer a la tercera, que se acantonó
en Nutrias, Provincia de Barinas, a las órdenes del Brigadier
Consio, español, humano y demasiado bondadoso. Con este
motivo fue el Capitán Morillo, Capitán de la sexta Compa-
xi—4
50 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Sía del Batallón, a Barinas por el equipo del Cuerpo, y mar
ché con él, embarcándonos en el puerto de Toruno, río de
Barinas. Yo hacía de amanuense del Oficial Jefe Militar de
esta ciudad, y esta circunstancia me hizo saber la derrota
que sufrió en Guayana el Coronel Latorre por Piar, Jefe
insurgente. Llegámos al cuartel General de Nutrias, por la
tarde.
Esa misma noche, de las seis a las ocho, pasé a una casa
particular, donde se hallaban enfermos Manuel María Scar-
petta, de Cali, y Juan E. Zaldúa, bogotano. Después del salu
do de costumbre me preguntaron qué había de particular.
Allí se encontraba un señor Comandante N. Matute, que
después fue suegro de Zaldúa. Les contesté que no sabía
otra cosa que lo que ellos sabían ya, que el Coronel Latorre
había sido derrotado en Guayana por el General Manuel C.
Piar, insurgente. Esta novedad la ocultaban en Nutrias a la
División.
Inmediatamente Matute salió de allí y me denunció. Yo
me retiré a las ocho a mi Compañía, para pasar lista, y me
acosté. Como a las diez de la noche me llama el Ayudante,
me ordena que le siga, y me sepulta en un calabozo, en la
cárcel. Mi conciencia no me acusaba de haber cometido cri
men para semejante prisión.
Al siguiente día entró de guardia el Capitán de mi
Compañía, que hacía de principal; me preguntó qué falta
había cometido ; le contesté que ninguna; que lo único que
había hecho la noche anterior había sido visitar a mis ami
gos y compañeros, que se hallaban enfermos en una casa:
Zaldúa y Scarpetta. Me mandó para la Compañía, advirtién
dome que no saliera a la plaza ni al ejercicio, que era el úni
co cerrojo que tenía la tropa, pues no salía fuéra ce la pla
za, que estaba cubierta de fosas y trincheras, por temor a
una guerrilla insurgente que. mandaba Lacuesta y hacía
sus correrías sobre la plaza.
Al siguiente día, al entregar el puesto, me mandó lla
mar y me entregó como preso al Oficial entrante. Permane
cí en la prisión veinte días, sin saber la causa. En este tiem
po me cuidó con esmero y sin que nada me faltase, el Sar
gento Lozano y Preciado, que era Contrator del Hospital, y
que después sirvió en nuestras filas. Después de estar en li-
b’ertad me comunicó el Capitán la causa; yo no se la negué,
y le dije que no creía que con haber comunicado a mis com
pañeros aquella noticia había cometido un crimen, porque
entre nosotros los americanos siempre se hacía trascenden
tal cualquiera noticia, fuera adversa o próspera, que llega
ba de las diferentes secciones del Ejército.
Algunos días después llegó el indulto del Rey para
cierta clase de insurgentes. Me tocó ir en la escolta que
debía publicarlo; y como el artículo 4? me abrazaba en
AUTOBIOGRAFÍA DE ANTONIO OBANDO 51
toda la extensión de la palabra (decía así : < A los sentencia
dos a las arma6 por insurgentes»), volví a mi Compañía, me
desarmé y marché a la casa del Comandante General.
—Señor—le dije—me acojo al indulto de Su Majestad el
Rey. que se acaba de publicar, por haberme comprendido
en el artículo 4*? Tomó el indulto que tenía sobre su mesa,
vio el artículo citado, y me dijo :
—No hay duda ninguna, usted está comprendido,
haga usted su solicitud. Le contesté :
Habernos algunos comprendidos de la División; ¿fir'
mamos todos los que nos hallamos en el caso de que se nos
licencie?
—Con dos o tres que firmen es bastante.
Marché inmediatamente a la casa de Zaldúa para que
hiciese la representación, y en efecto la firmamos los si
guientes: Zaldúa y yo. La llevé al General, y en el momen
to decretó:
«Hallándose comprendidos estos individuos en el ar
tículo 4^ del indulto de Su Majestad, de fecha tal, procéda
se por el Jefe del Cuerpo a expedirles su licencia absoluta,
lo mismo que a los que probaren hallarse en el mismo caso.»
Le supliqué al Jefe de Estado Mayor que mándaselo
más pronto posible la resolución del General al Sargento
Mayor Quero, que hacía de Comandante por ausencia de
Arce. Se le comunicó en efecto, y me presenté a Quero, ya
con un aire de hombre libre, y le dije :
—Aquí vengo, señor Mayor, por mi licenci 1.
— Según un decreto de hoy, del Comandante General--
me contestó,—todavía tienen ustedes que esperar a que ven
ga la resolución del General en Jefe, a quien le toca resol
ver sobre el particular.
Esta respuesta me exaltó de tal manera, que me pre
senté al Comandante General y le dije :
—Acaba de decirme el Mayor Quero lo que ya he refe
rido. Si esto es cierto, para mí teDgo que en el Ejército no
se obedecen los decretos del Rey, y siendo así, estamos nos
otros en el caso de hacer lo que más nos convenga. Es tan
terminante el artículo en nuestro favor, que no hay necesi
dad de semejante consulta. El mismo General lo manda en
su decreto, de que se publique y cumpla.
El General me contestó :
—Qué quiere usted que yo haga; no tengo quien me ayu
de : los Jefes de los Cuerpos han venido aquí y me han di
cho que si se da cumplimiento a mi Decreto, se quedarían
hoy mismo sin batallón, porque la mayor parte lo compo
nen sentenciados, por cuya razón he tomado [Link]
consultarlo al General en Jefe, haciéndole presente esta cir
cunstancia.
52 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
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Yo le repliqué que no tenía razón ni justicia para se
mejante entorpecimiento, y que nosotros nos considerába
mos de hecho y de derecho libres de la pena que se nos ha
bía impuesto como traidores o como se nos quisiese llamar
al Rey de España, a virtud de su indulto, y me retiré.
Como una furia hizo el Comandante llamar a los dos
Jefes de infantería Quero y don Basilio García, y consulta
ron entre ellos.
Seguramente temieron algún moviminto en la Divi
sión, sugerido por mí, y determinaron que se me diese
un pasaporte para la ciudad de Barinas, en donde espera
ría la resolución del General en Jefe. Como mi conducta
estaba ya decidida, de no servir más desde aquel día en
adelante, tomé el pasaporte y formé mi plan : si se mandil
mi licencia, en horabuena, me marcho para mi país; si se
me niega, me paso a las guerrillas del General Páez, que no’
hacían falta en aquellos campos inmediatos a Barinas. Dejé
encargado a uno de mis compañeros para que me avisase el
resultado de la consulta. Después de algunos días de estar
en Barinas tuvo necesidad aquella guarnición de retirarse
a Barinitas por temor de ser sorprendida por las tropas del
General Páez.
Allí tuve ocasión de informarme del estado de la opi
nión en Mérida a favor de los republicanos, y en donde no
había sino una pequeña guarnición. Me llegó la noticia de
la resolución del General, que había sido: que en la prime
ra batalla con los insurgentes, que nos distinguiéramos, se
nos concedería la licencia absoluta.
Antes pues de que llegara de oficio al Comandante
General de Barinas, solicité, por empeño e influjo de su Se
cretario, que lo era Antonio Malo (alias el Soberano), com
pañero mío, una licencia para pasar a Mérida, por enfermo.
Se me concedió; llegué a esa ciudad el 15 de diciembre de
1817, y el 24 por la noche sorprendí el cuartel y me pronun
cié por la libertad para cumplir con la resolución de Mori
llo, distinguiéndome de esta manera. Me ocupé en los días
subsiguientes de organizar una fuerza capaz de resistir a Ja
más inmediata que se hallaba en Limotes, a las órdenes de
un Comandante Farías, maracaibero, y que sería la prime
ra que me atacaba. En efecto, puse un pie de fuerza de
cien hombres escogidos, bien armados y municionados, con
algunos soldados que se me presentaron armados y que se
hallaban por aquellos alrededores ocultos después de la de
rrota de nuestras tropas en Mucuchico. A los ocho días se
me intimó rendición por García, que marchaba contra mí.
Se encontraba en Mérida un compañero de infortunio que
había sido licenciado, y tomó parte en el pronunciamiento :
los destaqué con veinticinco hombres en Mucuchico; yo
S9.IÍ al siguiente día con toda la fuerza al encuentro de Fa-
AUTOBIOGRAFÍA DK ANTONIO OBANDO 53
rías, y como a las dos horas de marcha se me avisó de Méri
da que dos Compañías de Victoria, que se hallaban en Baila
dores, marchaban también sobre Mérida. El Jefe de esta
tropa lo era el Capitán Retamal, español. Viéndome pues
atacado por vanguardia y retaguardia, y siendo estas últi
mas tropas superiores a las mías, y calculando que aunque
venciese las de Farías, a mi regreso tendría que vérmelas
con Retamal, resolví replegarme sobre Mérida y El Ejido
para proporcionarme una retirada segura para el Llano,
porque ya mi situación era muy crítica y no podía hacer
una resistencia sin perderme con ningún provecho a la causa
de la libertad.
Hallándome pues aquella noche en Mérida haciendo mis
preparativos para emprender la retirada por El Ejido, atra
vesando la cordillera por el Quino, como a las siete de la
noche se me presentó el Oficial destacado en Mucuchico, a
quien había mandado orden para que se replegara sobre
mi Cuartel General, y entrando en mi casa aceleradamente,
me dio parte que las tropas de Farías, reunidas a las que
habían salido de Barinas a las órdenes del Coronel López, de
Coro, ya estaban sobre nosotros. Salió de mi casa el Oficial
y se ocultó. Supe después que este Oficial me había traicio
nado, y lo probó su conducta, quedándose entre los godos
sin sufrir ningún perjuicio. En aquella misma hora salí de
Mérida, llevándome consigo los españoles que tenía prisio
neros, aunque el pueblo se interesaba que los dejara en li
bertad para salvar la ciudad ; pero como esta medida me
pareciese muy peligrosa, porque estos prisioneros sabían
muy bien y conocían los sujetos que se habían comprometí'
do, y que no podían seguir conmigo, habían de ser los pri
meros que los denunciarían, no accedí a la súplica del pue
blo, haciéndole esta misma reflexión.
Pasé por El Ejido a las dos de la madrugada, e hice alto
como alas nueve del día para que descansase la tropa y co
miese ; seguí la marcha, y pernocté en el pueblo del Quino.
Al amanecer del día siguiente fue atacada mi avanzada, que
constaba de cincuenta hombres, por una partida, que ya
fuese la descubierta de López, la ataqué con toda mi fuerza
y fue rechazada. López entró a Mérida el día siguiente de
haber yo evacuado la plaza, a las diez de la mañana. En el
Quino, con motivo de la función de armas, se me dispersó y
quedó oculta toda la gente colecticia y emigrada que iba
conmigo. Marché pues a paso redoblado y con menos emba
razos, con cien hombres. No volví a ver los enemigos. A los
siete días de marcha llegué al pueblo de Santa Rosa, distan
te del Llano dos horas, con sólo el intermedio de una mon-
tañuela. Allí se me informó, por el Teniente del pueblo,
que Sebastián de la Calzada desde el día antes me esperaba
con una columna que había llegado de Barinas al pueblo de
54 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Pedraza, distante de allí cuatro leguas. En este conflicto
medité sacrificar a un hombre por salvar toda la columna.
Iba conmigo el que habí[Link]ído el parte al Coronel Rome
ro, republicano, de mi movimiento en Mérida. Puse una
comunicación a este Jefe avisándole mi llegada a Santa
Rosa, exagerando el número de mi fuerza y pidiéndole un
auxilio de caballería que me protegiese en el Llano contra
la guerrilla de Garrido, que era la única fuerza que hacía
sus correrías por aquellos alrededores, desentendiéndome
de las tropas de Calzada. Le decía que dentro de cuatro días
saldría al Llano.
Calzada había puesto un pequeño destacamento en la
boca de la montaña, según me lo informó el Teniente. Yo
me propuse, pues, que mi posta^fuera aprehendido por el
destacamento y conducido a Calzada, y éste, en vista de mi
comunicación, se descuidaría en los tres días que yo debía
permanecer en Santa Rosa, según su contenido ; y con este
engaño me burlaba de su vigilancia y de su fuerza. Despa
ché el posta y yo emprendí mi marcha inmediatamente.
Este desgraciado fue aprehendido en efecto, conducido a
Calzada y decapitado en el pueblo de Obispo. El destacamen
to enemigo fue dispersado por mí, sin que ninguno pudiese
retirarse sobre Pedraza. Me mantuve todo aquel día em
boscado en donde mismo se hallaba el destacamento, y al
cerrar la noche me puse en marcha por todo un llano sin
camino, pero siempre sobre mi derecha, dejando a Pedra
za a retaguardia. Como a la media noche oí ladrar a un pe
rro, y me dirigí hacia aquella parte, en donde encontré una
casita, y dentro de ella un tullido; le pregunté sobre la dis
tancia para salir al camino, para dirigirme a Santa Marta.
Me contestó que no estaba muy distante ; y lo hice sacar y
montar a caballo para que me sirviese de guía.
Cuando yo marché en 1816 con el General Morillo para
Venezuela, llevé aquella misma vía y no me era desconocida.
Salimos en efecto muy pronto al camino real, y a poco rato
llegamos a un hato. Llamé a las gentes que allí vivían, y salió
una matrona; le pregunté qué distancia había de allí a Pe
draza, y cómo era el nombre de aquel hato. Me contestó
con sorpresa:
—El hato es de Solorza.
A este individuo lo había yo dejado en Mérida vendien
do ganado; era patriota.
—Pedraza dista de aquí cuatro leguas.
Entonces le dije:
—¿Usted es la esposa de un señor Solorza que dejé yo
en Mérida con ganados ?
— Sí, señor, me contestó; ¿ ustedes son los de Mérida?
-Sí.
AUTOBIOGRAFÍA DE ANTONIO OBANDO 55
—Desmóntense pues y no tengan cuidado, que ayer tuvo
allí adelante el Coronel Romero un encuentro con Garrido,
lo derrotó y se retiró para Pedraza, y aquí está la esposa
del señor Romero.
Me desmonté y le dije a la señora de Solorza:
—Haga usted salir a la señora de Romero.
Esta señora creía que mi partida era fuga, y se había
asustado. Salió en el momento y le pregunté por Romero.
—Se ha retirado a un pueblo que está distante de aquí
dos leguas, a remudar caballos, me contestó.
—¿Hay aquí algún hombre con quién escribirle para
avisarle de mi llegada?
—Yo misma me voy en este momento, y les dejaré a
ustedes un práctico para que los conduzca al lugar donde
se halla mi marido.
La señora de Solorza nos obsequió de la manera que
pudo en aquellos momentos, y continuámos la marcha al ama
necer. A las nueve de la mañana llegámos al pueblo donde
debía estar Romero; pero éste se había marchado a Santa
Marta en busca de caballos. Ya la señora le había mandado
un posta. Allí comimos, y la señora nos hizo continuar la
marcha con un práctico que nos hizo pernoctar aquella no
che a un lado del camino, y sin candela, según su costumbre.
Al día siguiente llegámos al sitio de los Totumos, comimos
carne y pernoctámos allí como fuéra ya de peligro. En esta
noche llegó a mi campo el Ayudante de Romero, y al otro
día, como a las diez, nos incorporámos con Romero en Santa
Marta. De esta manera frustré la vigilancia de Calzada, que
ya me creía en su poder. Este Jefe se replegó sobre Bari
nas y luégo a Obispos. Romero me convidó para dar un asal
to a la ciudad de Barinas, que sabía había quedado con
poca guarnición. Monté toda mi partida y marchámos. En
dos jornadas y una noche llegámos a aquella ciudad ; sor
prendimos la guarnición ; hicimos prisionero al Comandan
te de armas, Coronel Tirapena, el mismo que me dio la li
cencia para pasar a Mérida. Estando en aquella ciudad fui
mos atacados por Calzada, que al saber nuestra entrada en
la plaza, se puso en marcha sobre nosotros desde Obispos,
tres horas distante de Barinas. En la retirada fueron deca
pitados Tirapena y los demás prisioneros: se hacía la gue
rra a muerte.
En aquel tiempo volvimos a Santa Marta, y de allí mar
ché a reunirme al General Páez, que encontré en la isla de
Achaguas. El Cura de aquel pueblo lo era el doctor Lorenzo
Santander, que murió en esta capital de Canónigo. Este se
ñor me presentó al General Páez, quien me recibió con de
mostraciones de aprecio muy singular y propias de un re
publicano valiente.
Muy diferente fue el recibimiento que me hizo el Ge
56 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
neral Bolívar, a quien fui presentado después por los Coro
neles Santander y José María Vergara.
Se emprendió la campaña del año 18. Después de las
batallas de Calabozo y Sombrero, el General Bolívar siguió
en su retirada al General Morillo, creyendo entrar en Ca
racas, y mandó al General Páez a San Fernando de Apure
a atacar al Batallón 3° de Numancia, que hacía aquella
guarnición y al que yo pertenecía cuando logré volver a los
republicanos, y lo mandaba el Sargento Mayor José María
Quero, por muerte de su Comandante Ildefonso de Arce. El
General Páez le puso sitio, y una noche evacuó la plaza y
emprendió su retirada por la costa del Apure, en donde
fue hecho prisionero con su Comandante herido, después de
una vigorosa resistencia. Desocupado ya el General Páez,
emprendió marcha en alcance del General Bolívar. Morillo
presentó tercera batalla en el sitio de La Puerta o Semen,
y derrotado ya, nuestra tropa en desorden, como sucede
frecuentemente después de un triunfo, fue sorprendida y
atacada por Calzada, que llegó con un Batallón de refresco,
y fue derrotada. Allí fue herido el General Rafael Urdaneta.
Esta noticia la recibió el General Páez en el pueblo lla
mado El Tinaco, si mal no recuerdo, por la noche. En aque
lla misma hora puso la División en marcha, y al siguiente
día nos reunimos al General Bolívar en el pueblo del Rastro,
quien venía en retirada, perseguido por el Ejército español
mandado por Latorre, porque Morillo había sido herido en
La Puerta. Reunidos ya, se formó el Ejército.
ERECCIOn DEb ARZOBISPADO DE SADTAFE DE BOGOTA
En 1912 publicó el señor doctor José Vicente Castro
Silva un erudito e interesante estudio sobre la erección del
Arzobispado de Santafé de Bogotá en el Nuevo Reino de
Granada (1).
Hay allí una aseveración que merece, a mi modo de ver,
estudio más detenido para llegar a una conclusión definitiva.
Asegura el doctor Castro que Santafé de Bogotá nunca
fue Sede titular del Obispo de Santa Marta, o sea del señor
Barrios, sino lo que él llama Sede residencial, en virtud de
la Real Cédula de 22 de febrero de 1549; y de acuerdo con
esta aseveración dice más adelante que la Bula In suprema
dignitatis Specula que expidió Pío iv a 22 de marzo de 1564,
es a un mismo tiempo de traslación del Obisoado de Santa
Marta y de erección del Arzobispado de Santafé de Bogotá.
Esta opinión tiene sin duda aparentemente muy sólido
fundamento en la redacción misma de dicha Bula, pero bien
(1) Véase el Hogar Católico de 15 de diciembre de 1912.
ERECCIÓN DEL ARZOBISPADO DE SANTAFÉ DE BOGOTÁ 57
examinadas las cosas, nada se opone a que la traslación de
la Sede Episcopal de Santa Marta a Santafé se hubiera veri
ficado dos años años antes, como en efecto sucedió, y vamos
a verlo.
Como el mismo doctor Castro lo cita del libro Becerro,
del archivo de la Catedral, el señor Barrios apenas posesio
nado de su Diócesis de Santa Marta, «subió a este Reino, y
vista la buena disposición de la tierra y templo y que pro
metía grandes poblaciones por la grandeza de la tierra y
Provincias descubiertas, y cada día se iban descubriendo, y
la cortedad de la tierra de Santa Marta, comenzó a tratar
de trasladar aquella iglesia Catedral a este Reino y ciudad
de Santafé, adonde ya residía la Real Audiencia.»
De este trabajo de traslación emprendido por el señor
Barrios hallamos un testimonio en la historia general de las
conquistas del Nuevo Reino de Granada, escrita por los años
de 1665, por el doctor -Lucas Fernández de Piedrahita, pá
gina 342 :
«Casi por un mismo tiempo entraron a Sarrtafé el Obis
po don Fray Juan de los Barrios’y Miguel Díaz de ármen-
dáriz; éste, en cumplimiento de lo que le ordenaba el Con
sejo, y el Obispo con pretensión de trasladar la Catedral de
Santa Marta a aquella ciudad, que vivamente lo deseaba
para su lustre.»
Estos proyectos y deseos del señor Barrios y de los ha
bitantes de Santafé se vieron felizmente realizados, habien
do obtenido el siguiente Breve de traslación en Consistorio
secreto que tuvo Pío iv a 11 de diciembre de 1562 :
«Sanctissimus Dominus noster, referente Eminentissi-
mo Consan. Cum Ecclesia S. Marthae in Indiis alias fuisset
erecta in Cathedralem, et hodie non videatur posse commo-
de stare dignitas Episcopalis multis de causis, praesertim
propter populi raritatem, et incommoda alia plurima, unde
ut consu'leretur bono publico, ac dignitati Episcopali, ad
suplicationem Regís Catholici Sanctitas Sua transtulit Se-
dem illam episcopalem Sanctae Marthae ad locum sive Op-
pidum S. Fidei et Oppidum illum, ubi major frecuentia
populi, et Curia Ordinaria existit, erexit id Civitatem. atque
trastulit dignitatem episcopalem et ipsum episcopum S.
Marthae ad Ecclesiam loci S. Fidei, ut ibi praesit tamquam
episcopus, et illa Ecclesia efficiatur Cathedralis, et episco
palis ac loco ulterius, videlicet S. Marthae, voluit eadem
Sanctitas sua ut Rex Catholicus curet erigi in dicta Ecclesia
noviter Cathedrali effecta, capitulum et canónicos usque
ad certum competen, numerum, ac de suo dótet sufficien-
ter, voluit etiam quod dicta Ecclesia S. Marthae remaneat
Collegiata, et canonici qui erant tune Cathedralis, effician-
tur Collegiatae Ecclesiae.» «
58 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
En virtud de este Breve Santafé vino a ser Sede titular
del señor Barrios, y se trasladó la Sede Episcopal de Santa
Marta a Santafé de Bogotá, conservando e señor Barrios el
título de Obispo de Santa Marta y Nuevo Reino de Grana
da, lo que por otra parte nada tiene de extraño, sino antes
bien, está de acuerdo con lo que en ocasiones semejantes
practica la Santa Sede. De aquí el que en la Real Cédula de
30 de enero de 1568 se anuncie que « Su Santidad ha orde
nado que el Obispo de las Provincias de Santa Marta y
Nuevo Reino y Granada, sea Arzobispado.»
Esto sucedía en 1562. Dos años más tarde, a nuevas ins
tancias del Rey Católico, y teniendo en cuenta el aumento
de población y la importancia de Santafé, vino la Bula In
suprema dignitatis Specula^ de 22 de marzo de 1564, en la
cual se confirmaba y publicaba solemnemente la traslación
de la Silla Episcopal de Santa Marta a Bogotá, y se erigía en
Arzobispal.
Que hubo dos actos distintos, el de traslación y el de
erección en metropolitana respecto de la Sede de Santafé,
lo afirman el autor del Teatro eclesiástico de la -primitiva
Iglesia de las Indias Occidentales publicado en 1635 ; el muy
Reverendo Padre M. F. Pedro Pablo de Villamor, en la
Vida de la Venerable Macb e Francisca María del Niño Jesús,
escrita en 1723, páginaS; Coleti, Chiquet, Fontana y To-
rrubia, citados por Hernández, en colección de Bulas, pá-.
gina 724.
Nos parece por lo tanto fuéra de duda que no puede
sostenerse, en vista de los documentos alegados, que .la tras*
lación del Obispo de Santa Marta a Santafé hubiera coinci
dido con la elevación de esta última a metropolitana.
Jo s é Ma n u e l Ma r r o q u ín ,
Presbítero.
Mayo 23 de 1916.
lílFORíDE
SOBRE UN LIBRO HISTÓRICO Y CIENTÍFICO
Geografía médica del Departamento de Caldas,
por el doctor Emilio Robledo.
Señor Presidente de la Academia de Historia:
Nos designasteis para llenar la misión de estudiar el
libro de que es autor el distinguido médico doctor Emilio
Robledo, de Manizales, que tiene por título Geografía médi-
ca yno^plógica del Departamento de Caldas, precedida de una
noticia histórica sobre descubrimiento y conquista del mismo.
INFORME 59
Las primeras páginas de la obra que el autor llama
modestamente Compendio de historia del Departamento de
Caldas fueron trabajadas sobre multiplicados libros de
consulta, tan variados, que dieron materia al doctor Roble
do para formar una obra completa, que parece imposible
la hubiese escrito su autor, no obstante lo observador y
estudioso, robando tiempo a sus diarias tareas.
En pocas páginas el doctor Robledo presenta un curso
completo de la historia de ese Departamento, posición, uso
y costumbres de las tribus indígenas que lo habitaron,
marcha de los conquistadores por su suelo, encuentros con
los indígenas, sus hechos, ya gloriosos, ya trágicos, las fun
daciones que hicieron, etc.
No se satisfizo el autor, como la mayor parte de nues
tros historiadores de la Conquista, en seguir a uno o dos de
los cronistas que le precedieron : ei doctor Robledo los con
sulta a todos, analiza sus relatos, confronta con el mapa las
excursiones que describe, pesa el tiempo y mide el terreno,
y con espíritu de observación sagaz deduce y concluye.
No es un texto para escuelas : es una historia crítica de
la conquista de uno de los Departamentos colombianos; es
una de esas obras que abren a su autor las puertas de una
academia.
Ya el doctor Robledo se había hecho conocer por va
rios artículos publicados en la prensa de Manizales, y espe
cialmente por un estudio que dio a luz en el Bo l e t ín d e
His t o r ia , en relación con la tribu de los Quimbayas, en su
carácter de miembro del Centro de Historia de Manizales.
Pasemos a la parte científica del nuevo libro :
Desde 1885 un médico de nombre preclaro-—el doctor
Manuel Uribe Angel, de veneranda memoria—había publi
cado la Geografía general y compendio histórico del Estado
de Antioquia. Hace pocos meses otro médico bogotano, ex-
Presidente de la Academia Nacional de Medicina—el doc
tor Luis Cuervo Márquez—dio a luz, en Nueva York, \a. Geo
grafía médica y Eatología de Colombia, obra de exposición
compleja por los relieves del terreno, la grande extensión
de las costas, la variada climatología, las especiales condicio
nes de etnografía y la difícil nosología de territorio tan ex
tenso. Fueron estos dos autores los que continuaron la obra
iniciad? por Francisco José de Caldas en las postrimerías
de la Colonia y en los albores de la Independencia, tiempos
lejanos en los cuales escribió el sabio / el Estado de la Geogra
fía del Virreinato de Santafé de Bogotá y la Monografía del
indujo del clima sobre los seres organizados. Ahora el doctor
Robledo, siguiendo las huellas de los afamados geógrafos
el alemán Carlos Ritte y el francés Reclus, rompe con el
autor de la Geografía Médica de Colombia, rutinas tradicio
nales y viejos moldes consagrados; Robledo estudia la natu
60 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
raleza del país con sus galas tropicales, modificadas por la
altura de la Cordillera de los Andes, sus grandiosos rama
les y un verdadero mar de colinas; como Ritte y Reclus,
describe el Departamento de Caldas, su terruño < cual si
fuera un organismo vivo.»
La parte del libro que trata de la geografía médica, o
sea del hombre enfermo en sus relaciones con la tierra, es
estudio sólido, de paciente y laboriosa investigación perso
nal. Basta decir aquí que el autor escribe la orografía de
las complicadas montañas que se alzan en ese Departamen
to hasta las nieves perpetuas; montañas en que se forma
una hidrografía variadísima hasta el extremo de tributar
sus aguas en los Océanos Pacífico y Atlántico, después de
henchir ellas varios grandes ríos colombianos.
No pretendemos siquiera hacer un análisis de esta obra
en las páginas que destina su autor a la descripción de vien
tos, temperatura, luminosidad, aguas, patología humana,
aislamiento geográfico y constitución médica de esa revuel
ta región. De cada ciudad, pueblo o caserío hace el autor
una monografía científica con anotaciones estadísticas. Nos
limitaremos nosotros a enunciar como ejemplo el contenido
de la de Manizales: allí están su fundación, situación, tem
peratura médica, con cuadros creados por éi mismo de ob
servaciones termométricas llevadas a cabo durante varios
años, y lo propio ocurre con la higrometría. En otras pá
ginas se encuentra la descripción e historia del desenvolvi
miento de entidades patológicas como la lepra, la piedra, el
bocio o coto y la frambuesa; el cuadro nosológico es com
pleto.
La zoología y la flora del Departamento están estudia
das con rara competencia y prudente extensión, y téngase
en cuenta que la vegetación caracteriza la fisonomía de cada
comarca, que está en íntima relación con los climas y que
ella determina la fauna regional.
No olvida el autor describir el estado de la agricultura,
la alimentación del trabajador y las condiciones de higiene
pública y de vida del pueblo caldense. En otra página se
anota la altrimetría de esas comarcas de poco tiempo acá
tan prósperas y pobladas.
En atención a las consideraciones expuestas, a la impor
tancia histórica y científica de la obra de que se trata, a la
idoneidad del autor, cerramos este informe proponiéndoos:
Expídase diploma de la clase de correspondiente al
doctor Emilio Robledo.
Señor Presidente.
Pe d r o M. Ib á ñ e z —Er n e s t o Re s t r e po Tir a d o
Octubre l9 de 1916.
NOTAS OFICIALES 61
DOÜflS OFICIALES
Smithsonian Institiction—Burean ofAmerican Etknology.
Washington, D. C., april 11, 1916.
Dear Sir :
I have the honor to propose that the publications of the
Bureau of American Ethnology be sent to you regularly
as issued in exchange for the publications of the Academia
Nacional de Historia. If the exchange meet your approval,
and you are willing to send any volumes that may have bee’n
issued, an equivalent in the published works of this Bureau
will be sent to you.
The publications of the Academia Nacional de Histo
ria should be adressed Buréate of American Ethnology, Was
hington, D. C.
Yours with respect,
F. N. Ho d r e
Ethnologist-in- Charge.
The Secretary Academia Nacional de Historia—Bogotá. Cundina
marca. Colombia, South América.
República de Colombia— Asamblea de Cundinamarca—Se
cretaria—Número 262—Bogotá, 26 de abril de 1916.
Señor Director del Boletín de Historia y Antigüedades de la Acade
mia Nacional de Historia—Presente.
Tengo el honor de transcribir a usted la proposición
aprobada por esta corporación :
< Remítase una copia del proyecto que acaba de apro
barse en primer debate, junto con el informe de la Comi
sión y el oficio de la Academia Nacional de la Historia, al
Director del Boletín de Historia y Antigüedades, a fin de que
se sirva publicarlos en su importante revista.»
En consecuencia, adjunto a la presente, en seis fojas
útiles, los expresados proyectos, informe y oficio.
Soy de usted muy atento servidor.
Por el Secretario, el Oficial Mayor,
Ma n u e l A. Ra m ír e z Be l t r á n
62 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Casilla 383, Lima, mayo 23 de 1916
Señor don Pedro M. Ibañez, Secretario de la Academia Nacional de
Histor i a—Bogotá.
Muy señor mío:
He tenido el honor de recibir su atento oficio de fecha
5 de abril del presente, comunicándome que la Academia Na
cional de Historia, previo informe de su Presidente el señor
General Cuervo Márquez, había tenido a bien concederme
el diploma de miembro correspondiente de ese honorable
instituto.
Suplicóle tenga usted la amabilidad de hacer presente
a los señores miembros de la Academia mi más profundo
agradecimiento por la altísima distinción que han hecho de
mi humilde persbna, y al mismo tiempo manifestarles que
en la esfera de mis actividades haré todo esfuerzo por ha
cerme digno del honor que se me dispensa.
Aprovecho de esta oportunidad para ofrecerle las se
guridades de mi alta y distinguida consideración, suscri
biéndome como su mujr atento y seguro servidor,
Ju l io C. Te l l o
Kaiserlich—Deutsche Minister—Residentur. J. Nr. 1612.
Bogotá, l.° de junio de 1916.
Señor Presidente:
Acabo de recibir su amable y atenta nota de ayer, en la
cual usted tiene la fineza de expresarme su satisfacción por
la idea del intercambio intelectual entre la Academia Na
cional de Historia de Colombia y la Sociedad Iberoameri
cana de Hamburgo. Junto con su fina nota he recibido va
rias publicaciones de la Academia, y me he impuesto de su
grata intención de enviarme las publicaciones que se hagan
en lo sucesivo.
Con el mayor gusto remitiré siempre todos los folletos
y obras que usted estime conveniente enviarme para el ob
jeto citado, y me haré intérprete especial de la buena acep
tación que ha encontrado la idea del intercambio intelec
tual por parte de la Academia Nacional de Historia expre
sada en la amable nota de su digno Presidente del 31 de
mayo de 1916.
Aprovecho gustoso esta ocasión para reiterar al señor .
Presidente las seguridades de mi más alta consideración.
VwACHREV EL SCHUOAKELLFITT
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia, General
don Carlos Cuervo Márquez—Presente.
NOTAS OFICIALES 63
Buenos Aires, junio 9 de 1916—Plaza Libertad, calle Libertad, 948.
Señor don Pedro M. Ibañez, Secretario perpetuo de la Academia de
Hi s tor i a—Bogotá.
Señor:
He tenido el honor de recibir mi diploma de individuo
correspondiente de esa Academia, y ruego a usted quiera
hacer presente a tan ilustre corporación mi profundo agra
decimiento por la distinción de que me ha hecho objeto.
Póngome por completo a sus órdenes para cuanto us
ted guste indicarme a fin de estrechar las relaciones inte
lectuales entre su patria y la mía; pídole quiera hacerlo
igualmente presente al señor General Cuervo Márquez,
dignísimo Presidente de esa Academia y mi muy particular
y querido amigo.
Con este motivo me es grato saludar a usted con mi
más distinguida consideración.
Er n e s t o Qu e s a d a
Buenos Aires, junio 10 de 1916.
Al señor Presidente de .a Academia de la Historia de la República
de Colombia.
Tengo el agrado de dirigirme al señor Presidente a ob
jeto de acusar recibo del diploma que me acredita como
socio correspondiente de la institución que usted tan dig
namente preside.
Al aceptar tan honroso cargo, me complazco en mani
festar al señor Presidente que pondré de mi parte, en la
esfera modesta de mis aptitudes, todo cuanto me sea posi
ble a fin de responder a la alta distinción de que se me hace
objeto.
Saludo atentamente al señor Presidente, reiterándole
las seguridades de mi consideración más distinguida.
Ca r l o s I. Sa l a s
Smithsonianlnstitution—United States National Mitscnm.
Washington, D. C., june 19, 1916.
Señor Pedro M. Ibañez, Secretary, Academia Nacional de Historia,
Bogotá, Colombia.
Sir :
I have the honor to acknowledge the receipt of the di
ploma as a corresponding member of the Academia Nacio-
al de Historia, conferred upon me thruogh the kind offi
ces of General Carlos Cuervo Márquez, President of th
64 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Academia. I appreciate very bighly this recognition of my
modest deserts as a student of Pan-American history and
archaeology, and I beg that you will express my apprecia-
tion to the Academia and especially to General Cuervo Mar*
quez whose acquaintancp I had the great honor of making
during his presence here in attendance upon the Second Pan
American Scientific Congress, and who contributed greatly
to the program of the Congress and to the promotion of
happy relations between our respective republics.
The corresponding diploma, awarded to Dr. James
Brown Scott, and forwarded with my own copy, has been
placed in his hands and will doubtless be acknowledged by
him at an early date.
Very respectfully and sincerely yours,
W, H. Ho l me s
Head Curator, Departament of Anthropology,
Defiartament ofJustice—203 Federal Office Building.
Minneafiolis Minn—AH-EO, june 24, 1916.
Señor don Pedro M. Ibáñez, Academia Nacional de Historia, Bogo
tá, Colombia- S. A.
My dear señor Ibáñez :
I beg to acknowledge, with thanks, the receipt of your
communication of april 5th, in which you informed me that
the Academia Nacional de Historia of Bogotá has honored
me by naming me its correspondent member. Kindly
pardon this late acknowledgment; but for the past three
months I have been among the Indians of the Dakotas and
Minnesota, and my correspondence was held back.
I wish to assure you and your colleagues that I entertain
the highest respéct for your Academy, and that nothing
would give me more pleasure than to be able at some day in
the future to make a personal acquaintance with these gen-
tlemen. I have long hoped to do a little exploration in the
wilds of Colombia, and it may be that this with will be
realized before many years pass.
Thanking you again, and assuring you of my readinese
to serve the Academy in any way I may be able, I remain.
Very respectfully yours,
A. Hr d l u a c
Curator Department of Anthropology.
¿United States National Museum,