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Profecía del Apocalipsis y el Papado

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La profecía del capítulo 13 del Apocalipsis declara que el poder representado por la bestia de cuernos

semejantes a los de un cordero haría “que la tierra y los que en ella habitan” adorasen al papado, que
está simbolizado en ese capítulo por una bestia “parecida a un leopardo”. La bestia de dos cuernos dirá
también “a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia”; y además mandará que
“todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos”, tengan la marca de la
bestia. Apocalipsis 13:11-16 (VM). Se ha demostrado que los Estados Unidos de Norteamérica son el
poder representado por la bestia de dos cuernos semejantes a los de un cordero, y que esta profecía se
cumplirá cuando los Estados Unidos hagan obligatoria la observancia del domingo, que Roma declara ser
el signo característico de su supremacía. Pero los Estados Unidos no serán los únicos que rindan
homenaje al papado. La influencia de Roma en los países que en otro tiempo reconocían su dominio,
dista mucho de haber sido destruida. Y la profecía predice la restauración de su poder. “Y vi una de sus
cabezas como si hubiese sido herida de muerte; y su herida mortal fue sanada; y toda la tierra se
maravilló, yendo en pos de la bestia”. Vers. 3. La herida mortal que le fue ocasionada se refiere a la caída
del papado en 1798. Después de eso, dice el profeta, “su herida mortal fue sanada; y toda la tierra se
maravilló, yendo en pos de la bestia”. San Pablo dice claramente que el hombre de pecado subsistirá
hasta el segundo advenimiento. 2 Tesalonicenses 2:8. Proseguirá su obra de engaño hasta el mismo fin
del tiempo, y el revelador declara refiriéndose también al papado: “Todos los que moran en la tierra le
adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida”. Apocalipsis 13:8. Tanto en el Viejo
como en el Nuevo Mundo se le tributará homenaje al papado por medio del honor que se conferirá a la
institución del domingo, la cual descansa únicamente sobre la autoridad de la iglesia romana. { CS 565.1;
GC.578.3 }

Desde mediados del siglo XIX, los que estudian


la profecía en los Estados Unidos han
presentado este testimonio ante el mundo. En los
acontecimientos que están desarrollándose actualmente, especialmente en dicho país, se ve un rápido
avance hacia el cumplimiento de dichas predicciones. Los maestros protestantes presentan los mismos
asertos de autoridad divina en favor de la observancia del domingo y adolecen de la misma falta de
evidencias bíblicas que los dirigentes papales cuando fabricaban milagros para suplir la falta de un
mandamiento de Dios. Se repetirá el aserto de que los juicios de Dios caerán sobre los hombres en
castigo por no haber observado el domingo como día de reposo. Ya se oyen voces en este sentido. Y un
movimiento en favor de la observancia obligatoria del domingo está ganando cada vez más terreno. { CS
565.2; GC.579.1 }

La sagacidad y astucia de la iglesia romana asombran. Puede leer el porvenir. Se da tiempo viendo que
las iglesias protestantes le están rindiendo homenaje con la aceptación del falso día de reposo y que se
preparan a imponerlo con los mismos medios que ella empleó en tiempos pasados. Los que rechazan la
luz de la verdad buscarán aún la ayuda de este poder que se titula infalible, a fin de exaltar una
institución que debe su origen a Roma. No es difícil prever cuán apresuradamente ella acudirá en ayuda
de los protestantes en este movimiento. ¿Quién mejor que los jefes papistas para saber cómo
entendérselas con los que desobedecen a la iglesia? { CS 566.1; GC.580.1 }
La Iglesia Católica romana, con todas sus ramificaciones en el mundo entero, forma una vasta
organización dirigida por la sede papal, y destinada a servir los intereses de esta. Instruye a sus millones
de adeptos en todos los países del globo, para que se consideren obligados a obedecer al papa. Sea cual
fuere la nacionalidad o el gobierno de estos, deben considerar la autoridad de la iglesia como por
encima de todas las demás. Aunque juren fidelidad al estado, siempre quedará en el fondo el voto de
obediencia a Roma que los absuelve de toda promesa contraria a los intereses de ella. { CS 566.2;
GC.580.2 }

La historia prueba lo astuta y persistente que es en sus esfuerzos por inmiscuirse en los asuntos de las
naciones, y para favorecer sus propios fines, aun a costa de la ruina de príncipes y pueblos, una vez que
logró entrar. En el año 1204, el papa Inocencio III arrancó de Pedro II, rey de Aragón, este juramento
extraordinario: “Yo, Pedro, rey de los aragoneses, declaro y prometo ser siempre fiel y obediente a mi
señor, el papa Inocencio, a sus sucesores católicos y a la iglesia romana, y conservar mi reino en su
obediencia, defendiendo la religión católica y persiguiendo la perversidad herética” (John Dowling, The
History of Romanism, lib. 5, cap. 6, sec. 55). Esto está en armonía con las pretensiones del pontífice
romano con referencia al poder, de que “él tiene derecho de deponer emperadores” y de que “puede
desligar a los súbditos de la lealtad debida a gobernantes perversos” (Mosheim, lib. 3, siglo II, parte 2,
cap. 2, sec. 2, nota 17; véase también el Apéndice). { CS 566.3; GC.580.3 }

Y téngase presente que Roma se jacta de no variar jamás. Los principios de Gregorio VII y de Inocencio III
son aún los principios de la Iglesia Católica romana; y si solo tuviese el poder, los pondría en vigor con
tanta fuerza hoy como en siglos pasados. Poco saben los protestantes lo que están haciendo al
proponerse aceptar la ayuda de Roma en la tarea de exaltar el domingo. Mientras ellos tratan de realizar
su propósito, Roma tiene su mira puesta en el restablecimiento de su poder, y tiende a recuperar su
supremacía perdida. Establézcase en los Estados Unidos el principio de que la iglesia puede emplear o
dirigir el poder del estado; que las leyes civiles pueden hacer obligatorias las observancias religiosas; en
una palabra, que la autoridad de la iglesia con la del estado debe dominar las conciencias, y el triunfo de
Roma quedará asegurado en la gran República de la América del Norte. { CS 566.4; GC.581.1 }

La Palabra de Dios ha dado advertencias respecto a tan inminente peligro; descuide estos avisos y el
mundo protestante sabrá cuáles son los verdaderos propósitos de Roma, pero ya será tarde para salir de
la trampa. Roma está aumentando sigilosamente su poder. Sus doctrinas están ejerciendo su influencia
en las cámaras legislativas, en las iglesias y en los corazones de los hombres. Ya está levantando sus
soberbios e imponentes edificios en cuyos secretos recintos reanudará sus antiguas persecuciones. Está
acumulando ocultamente sus fuerzas y sin despertar sospechas para alcanzar sus propios fines y para
dar el golpe en su debido tiempo. Todo lo que Roma desea es asegurarse alguna ventaja, y esta ya le ha
sido concedida. Pronto veremos y palparemos los propósitos del romanismo. Cualquiera que crea u
obedezca a la Palabra de Dios incurrirá en oprobio y persecución. { CS 567.1; GC.581.2 }

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