Maria Furnari
OLLAZAS
Y SU
ALTAR
DE LOS
DESEOS
Ollazas y su Altar de los deseos
Un altar pagano, un agradecimiento a esas
ollas que salen del lugar impuesto y
rompen con lo establecido, se rebelan a los
mandatos tanto autoritarios como
patriarcales.
Un objeto que sale a luz, se devela, a través
de una acción, que marca el cuidado como
una construcción política. Por ellas han
pasado distintas experiencias, cocinando un
lugar social y político. Las ollas son las voces
de los pueblos. Sus amplias bocas hablan
de un cuidado, de una nutrición amorosa y
aguerrida.
Maria Furnari
Miro desde el comedor de mi casa. La cocina es pequeña, tiene un
montón de objetos colgados: especies, fotos, tarros, ramitos de
hierbas aromáticas que crecen en mi patio.
En una repisa están las ollas, en otra se asoman dos más de
hierro negro. Todas curtidas por las llamas de la leña traída del
monte. Una tiene un aroma dulzón, la otra un aroma a romero y
laurel. Al lado les hace sombra una grande, muy grande, la que
me acompañó en varias ollas populares y que alimentó tantas
bocas y compromisos sociales.
Las observo a todas, pienso en sus tiempos, en su trabajo, en las
manos que las llenaron y las cuidaron, en las lenguas que las
atravesaron, en esos decires cargados de deseos y generosidad.
Pienso en aquellos sabores que aunaron historias cotidianas.
Las miro porque son el alma de mi cocina, las pienso diferentes.
Sé que son generadoras de un nuevo verbo, forman parte de una
acción. Habitan el espacio público, interpelan al sistema social,
preguntan y se preguntan sobre una construcción política que
pone al “cuidado” como protagonista de la productividad.
“Cacerola y vida, cacerola y esperanza” gritaban por las calles de
Chile,la gente con las suyas en las manos, en el 2019. En Argentina
del 2001 las mujeres piqueteras. sacan las ollas de sus cocinas, las
levantan, las empoderan y se empoderan junto al
fuego,alimentando deseos de justicia.
Las ollas, cocinan un nuevo sabor, un nuevo sonido,un grito de
furia y esperanza, una música de amor, un alarido ancestral.
En los comedores, en las escuelas y en las barriadas de nuestro
país, se multiplican las ollas que cocinan experiencias de vidas, las
que se arriesgaron en la pandemia,las que se arriesgan ahora y
siempre.
Ellas llevan saberes marginales, acallados y maldecidos, se
rebelan contra un mandato patriarcal, revueltas por la fuerza de
los feminismos de la historia. Saben que son cuidadoras impagas
por el sistema ,pero también de una gran nutrición, que habla de
libertad, de soberanía, de deseo, de vos, de ellas, de mi.
Las ollazas salen a la calle y se dejan llenar por insistencias y
resistencias . Sus sonidos forman ecos en otras bocas que
vuelven a ser voces y se abrazan con otras; una gran espiral, que
habla varias lenguas y que come de una misma olla. Pienso en
esas tantas manos que las nutren y las sostuvieron, como
también en aquellas que se cayeron o las vaciaron . En esas
almas que sacan su sonido, que aúllan en conjunto.
Agradezco a esa olla que me dio de comer, a la que se subleva, a
esas manos que cuidaron de mi alimento y que me dieron vida.
Mi cocina es pequeña y a la vez, gigante. Me doy cuenta que es
un pequeño altar de mi tiempo. Que esas ollas son mi propia
historia y la de miles de mujeres que impiden que una olla vacía
sea un abismo, porque entre todas las llenamos de valentías .
Maria Furnari
EL ALTAR DE SUS DESEOS
Prendo una vela. La apoyo sobre una olla,
escribo un deseo en un pequeño papel, lo
doblo y lo pongo suavemente sobre ella.
Dejó un agradecimiento, una intención de
luz y de justicia, una plegaria de mi
intimidad.
Realizar un altar pagano, un trabajo de arte,
una obra en constante construcción. Un
altar es sostenido por la fe o el deseo de lo
que se eleva. Un objeto cargado de anhelos,
único por subjetividad y memoria.
Un objeto que sale a luz, se devela, a través
de una acción , que marca El Cuidado como
una construcción política. La olla sale del
lugar y rompe lo establecido, se rebela a los
mandatos tanto autoritarios como
patriarcales. Por ellas ha pasado una
experiencia que marca un lugar social y
político. En esos acontecimientos, las ollas
son las voces de los pueblos. Un cuidado
amoroso y aguerrido, salen de sus amplias
bocas.
Este altar tiene la intención de interrogar lo
cotidiano, lo político y lo social.
Cada intención que se deje en ese altar, es
la huella de un tiempo que construye un
relato histórico políticamente colectivo y
comunitario.
MEMORIA DESCRIPTIVA
Un altar realizado con hierros en forma cónica, de 2 mts de
altura,con brazos que sostienen las ollas, apoyado sobre una base
de madera de 1, 20 x 1,20 mts. De él colgarán ollas, cucharones y
sartenes. En total son 96 objetos que forman el altar. En el centro
se encontrará una olla de 100 lts., donde se realizaron distintas
ollas populares. Las que cuelgan a su costado, fueron donadas y
trocadas por pan casero que realice, con la consigna “ una olla,
una historia y un pan. “ Cada una de esas ollas tienen una historia
que fui recolectando y que forman parte de los deseos que se
encuentran en el altar, estos están atados a distintas cintas que
recorren las ollas. Una obra, un trabajo de arte en constante
construcción, ya que se irá construyendo con los deseos de las
personas que asistan. Cada quien podrá dejar su intención. Las
personas que transiten por la muestra, tendrán a disposición
papel y lápiz para escribir su deseo y ponerlo dentro de la olla
central, como así también , si es que el lugar lo permite, podrán
traer su vela o su olla. Este viajará a distintos barrios como
centros de arte y plazas públicas. Un altar nómada que va
recogiendo diversas intenciones .Ollazas Libertarias y su Altar de
los Deseos, es una instalación performática. La base de madera
estará cubierta por distintas ollas que pertenecieron a distintas
luchas populares significativas en nuestra historia, también habrá
semillas y distintos alimentos como ofrenda o agradecimiento.
Esta instalación estará acompañada por un video performativo y
por textos que fueron escritos por distintas personas, como
también agrupaciones sociales y culturales para esta instalación.
OBJETOS
Las biografías de los objetos dan luz a una
historia. Destacan lo in-significante de lo
cotidiano, de aquello que está ante
nosotros, de lo esperable, de aquello con lo
que contamos pero que nos preguntamos,
está ahí, tal vez esperando a ser visto y
darle voz, una memoria.
CUCHARAS
Cucharas de distintas maderas. Cada una de ellas ha revuelto en
una olla llena algo más que comida. Cada una realizó su trabajo,
revolucionando esa olla, perfumándose con el sabor de cada
ingrediente y dando un sonido especial. Sonidos que siempre
hablan de un encuentro. Algunas con el tiempo se fueron
resquebrajando, se volvieron más delicadas, pero continúan
teniendo en su aroma el tiempo de la memoria. Hay cucharas que
nunca salieron del cajón de los cubiertos o que nunca se
descolgaron, que no se sabe de su biografía, que nadie les dio
vida. Estas, en cambio, tienen un recorrido: incontables revueltas.
La más grande fue la cuchara de las incontables ollas populares
que se realizaron en el año 2001 en Villa Corina, localidad de
Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires. Varias mujeres la
sostuvieron, la acariciaron amorosa y aguerridamente. Esa
cuchara con el tiempo fue prestada para otras ollas, para otras
revueltas. Un día, revolviendo un locro comunitario en
Salsipuedes (Córdoba), se quebró. La unimos con un alambre y
está mostrando su tiempo en el altar.
Otra de ellas está rota en la punta y en un costado, es de palo
santo y tiene cuarenta años. Sandra es una mujer mendocina,
pero vive en Córdoba. Me cuenta que se la regaló una amiga
cuando la echaron de su trabajo. Era operaria en una fábrica de
alfajores. Sin saber bien qué hacer y sin trabajo, comenzó a hacer
dulces caseros con los higos de su casa, pero le faltaba una buena
cuchara para revolver, entonces, apareció el regalo. Revolvió y
revolvió durante mucho tiempo. Las ventas de sus dulces fueron
su sostén.
Me da la cuchara y hace un gesto amoroso, le da un beso y le dice
gracias.
Otra, que dice “La olla que Comboca”, es una cuchara que lleva
ese nombre por una performance que realicé durante cinco años.
La misma consistía en realizar un guiso durante las ollas
populares y junto a él armar la asamblea del momento que se
estaba atravesando. Todo se daba cocinando.
Esa cuchara revolvió los guisos de las asambleas de Chavascate,
de los encuentros Nacionales de prácticas comunitarias en salud
mental, de los altos guisos populares y comunitarios de la
colectiva Córdoba, de la asamblea por derecho a una salud
mental del Neuropsiquiátrico Leon Morra. En la actualidad sigue
revolviendo encuentros, festejos y acompañando distintas luchas.
Las cucharas grandes, el remo, o la pala como las llaman, tienen el
don de ser convocadas para distintas ollas; se prestan, se cuidan,
se conocen…
También hay varias cucharas de momentos hogareños,
cotidianos, cada una tiene una memoria y por esa razón es dejada
en el altar. Porque era de la abuela, o del padre, o de un amigo, o
porque con esa cuchara algo sucedió…
Pienso en las cucharas como revolucionarias, como objetos
revolucionarios. Algo dio vuelta esa cuchara…
OLLAS
Las ollas… cada una de ellas tienen su propio saber y sabor, el
fuego que las ha sostenido, las manos que las han bien usado, la
intimidad de sus comidas, el compartir de las mismas, los
momentos en que fueron dadas, la olla que vino en barco, con
inmigrantes a buscar un nuevo destino, la que siempre estuvo en
la casa, la que era de la abuela, la olla donde se hacía el puchero,
ese único y especial, la olla donde se preparaba la leche para las
infancias de un comedor, la olla que fue agarrada con ganas de
justicia y se levantó, sacando un sonido, especial. Las ollas como
protagonistas. Las ollas como sostenedoras, ese dicho: hay que
poner algo en la olla, es tanto más que un dicho, es una literalidad
constante en nuestro existir.
Las ollas con el tiempo comenzaron a tomar una signo distinto en
la sociedad, fueron y son las que hacen un ruido feroz de
protesta, una manifestación, una performance única y colectiva.
Ellas salieron de la cocina como único territorio posible, las
sacamos a luz de otros posibles, tomaron vuelo, fueron
levantadas, salieron a las calles y crearon un paradigma social,
cultural y político.
En este altar, hay ollas que son de mi cocina, ollas que me
acompañaron desde que nací, que tienen el aroma de la cocina de
mi abuela, una mujer que me mostró, como dentro de ese
territorio cocina podía encontrar, la creatividad, la curiosidad, la
pregunta que siempre me llevaría a la toma de una decisión o a la
observación paciente de lo que sucedía en lo cotidiano, en ese
espacio común llamado cocina, espacio politico y filosofico.
Espacio que siempre dialoga con el tiempo.
Otras de esas ollas, fueron apareciendo a partir de una acción
performática que realice, ya teniendo la idea de realizar este altar,
la acción se llamó: Un pan por una olla y una historia. Realizaba
panes y los cambiaba por una olla, en el intercambio preguntaba
sobre la historia de ella.
La gente, se sorprendía de mi pregunta, al comienzo de la charla,
la olla estaba casi inservible, a lo largo de la conversación, esa olla
tenía una historia, había llegado en un momento, había cocinado
tal o cual comida, tenía una historia compartida. La olla
comenzaba a tener una identidad, tomaba una postura diferente,
más allá que se había decidido darla, por que ya estaba viejita.
Pero ese tiempo, esa vejez, era lo importante para mi, ahí, estaba
su historia, su memoria. Así las ollas comenzaron a tener una
importancia en esta búsqueda, y comenzaron a llegar ollas,
sartenes, jarros y tanto más y con ellas sus historias.
Un día de septiembre del 2019, me llegó un mensaje, de una
familia conocida, en donde querían poner en el altar una olla
especial para ellos. Cuando la voy a buscar me cuentan su
historia, hacía un año atrás la habían encontrado, estaban
cavando en el jardín de su casa para construir una pileta y se
dieron con esa olla, ella estaba llena de libros, unos juguetes y
ropa. Quien la había enterrado, era la madre y el padre, de quien
me daba la olla, personas que exiliaron en la última dictadura
militar y que hoy ya fallecieron. Ellos contaban que cuando la
encontraron comenzaron los recuerdos. Con esa olla se hacía la
leche en el comedor comunitario o las salsas de los fideos que se
hacían los domingos, en el barrio, donde Juan e Irene, los dueños
de la olla, daban clases de lecto escritura o apoyo escolar.
El encuentro con la olla, fue también el encuentro de la memoria y
con ella una reconstrucción de la propia historia de quienes me
daban ese objeto valioso, que sirvió de escondite de libros y de
cosas queridas.
Otra historia , es la de una olla muy viejita, una verde enlozada,
esta con un parche de soldadura, llega de la mano de una señora
de noventa años, Catalina. Ella me cuenta que esa ollita, vieja y
manchada, la acompaña desde hace mucho, pero lo especial de
ella, es que ahí preparaba el engrudo, para pegar carteles en la
calle , en esos carteles ella ofrecía su trabajo de bordadora. La olla
era de su madre, una polaca que le enseñó el hermoso oficio de
bordar. Me cuenta de la sopa de repollo que su madre preparaba
en ella, pero la importancia la pone en el engrudo que preparaba
en la olla, ya que lo toma como su primer acto revolucionario. Era
la época de crisis de Martínez de Hoz, su marido quedó
desempleado, y ella lo único que sabía hacer, era bordar, atender
la casa y a sus hijos, nunca había salido a trabajar fuera de su
hogar. Entonces pensó que podía ofrecer sus bordados, su
marido se negaba a que ella trabaje fuera de la casa. Ella, en
secreto, hizo varios carteles donde decía: Bordadora, bordo
delantales, manteles y lo que usted necesite, y puso su dirección.
Por la noche agarró la olla, armó un engrudo y salió a pegar
carteles. Me cuenta que era una noche fria, en la que salió a pegar
carteles, que pegó en las paradas de colectivos, en la pared de la
escuela y hasta en la pared de la iglesia, que mientras pegaba
carteles junto a la ollita, sintió varias veces miedo, ya que tuvo que
inventar una salida a la casa de su madre, para salir de su casa a
la noche tan tarde y que a la vez la asustaba no saber cómo iba a
continuar, todo… pero ella se agarró de la olla con engrudo y
salió.
Llegó a su casa después de dos horas de andar, llegó con el
corazón en la mano, me cuenta y mientras me cuenta, sus ojitos
brillan y tambien se rie, al tiempo comenzó a recibir trabajos y fue
su forma de trabajar en la casa más allá del trabajo que ella ya
realizaba, el de cuidar. Hasta hace poco Catalina seguía bordando.
Ella me cuenta su historia, agarra la olla y me la da. Se sonríe y la
abrazo.
La olla central del altar, es una olla guisera, de 50 litros, esta olla
forma parte importantísima de la que llame la olla que Convoca,
una performance que realicé durante mucho años, consiste en
cocinar colectivamente en donde se requería una olla popular.
Armar la asamblea en torno a la realización y al fuego de la
comida que sería para todas y todos. Esta olla nutrió a centenares
de personas a lo largo de los años que se realizó la olla que
ComBoca y sigue nutriendo en distintos eventos sociales y
comunitarios.
De la biografía de esta olla también puedo contar, que fue
regalada a Rodo Paredes un amigo, que generosamente la prestó
para la primera olla que Comboca y de ahí en más no paró de ser
convocada para distintos encuentros en donde ella, era la
protagonista, contenedora, de locros, guisos y mate cocidos.
Contenedora de asambleas, de abrazos, de alegría y tristezas.
Es una olla llena de potencia, podría decir que es una super olla,
una luchadora por justicia y siempre tiernamente y
aguerridamente habla de la vida.
Otra olla está abollada en sus costados, es de un aluminio muy
finito, se ve que es una olla joven,de poco uso para lo que fue
creada, una olla que salió rápidamente de la cocina y fue
sostenida para un reclamo de justicia.
Me la trajeron de Chile, una amiga periodista, que fue a cubrir la
revuelta de Chile del 2019, esa donde la estudiante salto el
molinete y con ese salto, salto un montón de verdades y un basta
muy grande. Esta ollita se la compró Valeria, mi amiga, cuando
llegó a Chile, con la intención de cocinar su prodigioso arroz
integral. Una madrugada vio cómo los carabineros le pegaban a
una parejita de jóvenes y como los subían de los pelos y dándoles
patadas a una camioneta. Por la mañana, Valeria sintió, que tenía
que agarrar la olla y salir a sacarle un sonido, cacerolear para
exigir un basta, para que ese sonido se multiplique. Cuando
volvió, decidió ponerla en el altar.
Romina, me trae una ollita pequeña, muy chiquita, me dice que es
la olla bebé. Romina trabaja en un comedor comunitario de Barrio
Colonia Lola en Córdoba. Me cuenta que es la olla bebé, porque
ahí le hacen la sopitas a los bebes que recién comienzan a comer.
Me da una gran ternura su dar, esa ollita que va al altar. Me
emociono, siempre me pasa que me emociono con las historias
de las ollas, pero esta tiene algo en especial. Pienso en las
madres, en los bebés , en esas mujeres que dan de comer y en la
mirada tierna a ese otro, a ese pequeño otro. Me emociono.
Cada olla tiene una historia, como ya mencione. Fueron
compañeras de una toma de decisión, ofreciendo una postura,
dando, nutriendo cuerpo y alma de quienes las han usado.
Una olla es una Ollaza, más allá de su tiempo o de su tamaño.
Con estas Ollazas y muchas más el altar se va llenando de
agradecimientos y de deseos.
COMPENDIO DE TEXTOS
ESCRITOS SOBRE LA OBRA
POR DIVERSAS PERSONAS
Y ORGANIZACIONES
DOS MOVIMIENTOS
I
Pienso al Altar de los Deseos como un pequeño universo de dos
movimientos, que por suerte tienen ambos que ver con la manera
de mirar y de trabajar que ejecuta María, mi amiga María, frase
que sentencio con el orgullo del amor compartido.
Si el Altar de los Deseos es lo que es por su presencia vertical e
imponente en el espacio, y por su condición de receptáculo de
pequeñas llamas íntimas que bailan para acompasar una suma de
escrituras deseantes, se está sin embargo ante algo que escapa a
las jerarquías metafísicas: lo que la misma María llamó un altar
pagano, es decir, un núcleo de reflexión y encuentro que está por
fuera de las viejas instituciones de dominio, aunque siempre
alguna institución nos cobije. Y pienso en un viejo carácter
institucional como quien piensa, por ejemplo, en las iglesias
cristianas, que de un modo u otro nos ha formateado la cabeza. El
cristianismo, esa región icónica que compartimos aunque no
creamos en la resurrección de aquel muchacho, nos ha hecho
naturalizar la imagen y el concepto del altar como un espacio
inmaculado, distante incluso en su cercanía por la sostenida razón
de su histeria: conocemos a los altares cristianos porque sólo los
podemos ver, y nunca tocar (a lo sumo un piecito), de la misma
manera que nos sucede con el arte renacentista idolatrado, se
trate de pinturas o esculturas que observamos desde lejos, en los
techos, en los mármoles custodiados, en la imposibilidad material
del contacto.
El Altar de los Deseos es una respuesta cotidiana a ese concepto
de espacio adorado e inmutable, aunque comparta la comunión
de la llama muda, la cera derretida y el impulso de la abstracción.
Las ollas se nos vienen encima y eso abruma: a veces es mejor
imaginar y dejar todo eso que nos es propio, bien encarnado, al
capricho de otras fuerzas para que lo ecualicen. El altar de las
ollas nace y crece, a diferencia de Cristo, a partir del cuidado y no
del deseo de salvación: este último es hermano de la pasividad,
mientras que la ética del cuidado es un ejercicio material y activo,
fruto de una intervención incesante. El altar de María crece a
partir de un elemento que el cristianismo esconde o bien en los
esqueletos de las figuras adoradas, o bien en las bóvedas de los
bancos (el metal), y se va componiendo en sus derivaciones
(aluminios, hierros fundidos, teflones, chapas) gracias al trabajo
manual de las personas que ponen el cuerpo. Es un altar tocado
como premisa, erigido desde el tacto.
Pero también se lo puede pensar desde un segundo movimiento:
así como es un altar en el que las ollas cuelgan y se enciman, y se
rodean de cintas y velas, también es objeto de una mutación
cuando llega el momento del descuelgue. ¿Para qué descolgar las
ollas? Y bueno, para cocinar. El segundo movimiento puede ser
pensado como un destino de perchero: una vez que está ahí,
exhibido, como un ejercicio de la industria, como un robot
alimentado de la memoria de cocciones pasadas, queda a
disposición de su creadora para ofrendar el instrumento
necesario según lo que pida el nuevo menú, la nueva oportunidad
de alimentar a alguien. El altar no deja de ser una caja de
herramientas a disposición, una variación de los objetos que (lo)
abrigan. La memoria de las ollas de barro, por ejemplo, es una
memoria expresionista que vive de la acumulación de los olores:
el barro es poroso, los aromas penetran la materia y perviven en
un entremedio aladrillado. La memoria de una olla d e metal
pervive en la cabeza de quien la usa para cocinar, el recuerdo de
lo que allí burbujeaba es tan o más evidente que el hollín
adherido a las superficies bruñidas, satinadas, cascadas por el
hambre y la historia.
Quien observa el Altar de los Deseos piensa en esa forma que se
eleva, en la estela finísima de calor que las llamas envían a los
techos, pero también piensa en una elección racional. La olla que
cada quien usaría para elaborar lo que se tiene en mente. Cada
nudo hueco y frío de ese rosario pagano recoge una memoria
irrepetible, la suma de todos los ingredientes que pasaron por
ahí, como sucede con cada memoria que intentamos preservar,
aunque otros (y el tiempo) pugnen por borronear los nombres.
II
Nadie cocina como María, y no hablo de una evaluación moral,
sino de la autenticidad de la mezcla. Puedo escribir esto porque
no conozco a nadie que respete y bienuse a las ollas como ella las
suele bienusar. La cocina de María es artificio y naturaleza, mezcla
radiante y sabor focalizado, origen difuso y resultado concreto
como el sorbo de vino que permite comprender lo que fue
ingerido. Nunca sabremos qué le pone a las cosas, nunca
sabremos el orden de los factores que alcanzan sus productos,
nunca sabremos por qué sus alimentos huelen como un relato de
óleos: si algún efecto culinario puede acercarse a la pintura, es la
forma de cocinar de María que logra, en las bocas, un repertorio
de pliegues y veladuras, excesos de tinta y sugerencias de
sombra, relieves que atiborran la piel y luego gotean hasta
eliminar el contraste.
Nadie cocina como María porque nadie utiliza las especias como
ella, no porque esto sea el resultado de otra evaluación moral,
sino porque hay combinaciones en el mundo que gracias al dios
del azar jamás podrían ser reproducidas. Incluso ella no podría
repetir a consciencia dos sabores, como se repiten dos ollas
vírgenes en una cadena de montaje.
La experiencia de ser alimentado por María forma parte de esas
razones del existir que nos reivindican con el mundo más humilde
y complejo por conocer. La comida de María lleva dentro de sí,
más allá de lo que decida cocinar, el misterio de la combinación y
la urgencia por dar al cuerpo lo que necesita para vivir en paz. Y
aunque parezca que se hace la distraída (se mueve despacio entre
las cosas, ejecuta despacio sus decisiones, como quien aprendió
el arte en vidas pasadas), ella tampoco sabe del todo por qué
sucede lo que sucede: tiene la técnica, la enseña, la comparte, la
desdibuja y la modela, pero a la vez convoca al misterio que
siempre se cuela donde la mente pretende ejercer su control. El
misterio de la cocina de María es una lengua que no se escribe,
porque los trazos que la (re)significan son engullidos por ese
mismo aire sutil y vital que nos permite tragar.
Diego Vigna
Un deseo,
de ollas llenas, que nunca falte.
Que las llenemos con alimentos sanos y sabrosos.
Que se pueda hablar con la boca abierta, con bocas repletas de
deliciosas palabras.
Que se apacigüen los sonidos de panzas vacías.
Que se llenen de vida las cocinas, y refloten los recuerdos de
abundancia.
Que se refresquen los saberes alimentarios con verduras de
estación y de cacharros favoritos.
Que la cocina sea un lugar preferido y el cocinar una actividad por
elección.
Porque la vida se sabe por tu boca,
como los besos,
como las palabras, los silencios,
y las comidas compartidas.
Se Sabe por tu boca.
Productora de contenidos comunitarios América Profunda para las radios
comunitarias y libres del continente
2020
OLLAS LIBERTARIAS:
COCINAR EL FIN DEL MUNDO
El mundo acelerado en las demandas cotidianas, el tren
desbordado en tiempos de pandemia, las noticias ya sin lectores
para tantas palabras usadas y no necesariamente leídas o
percibidas. La escucha necesita conexión. El ritual que convierte el
tiempo en algo mucho más importante y humano es necesario,
pero no es obvio. Debe propiciarse, decidir estar ahí, detenerse
para moverse realmente.
Las máquinas pueden cocinar, pero nunca sabrán qué significa el
aroma del budín de la abuela. Ni tampoco podrán construir las
historias de las ollas públicas, ruidosas, solidarias, llenas de
alimento y de esa esperanza que insiste en mirar hacia el
horizonte en la búsqueda del camino que se va construyendo en
el andar. No sabrán jamás, el placer que siente un cuerpo
alimentado y el dolor del hambre. Tampoco pueden ver los ojos
de gratitud de quienes reciben el alimento, amorosamente
preparado para cuidar y satisfacer la necesidad más básica de la
existencia.
Ollazas Libertarias son en sí mismas un encuentro de ritmos al
paso de cada vivencia, una ritualización de espacios y tiempos,
una lectura de sentimientos sin intención de traducirlos. Huellas
dejadas por las semillas nómadas que convierten los saberes en
fuente de vida, que nutren, a la vez que siguen enseñando a
sobrevivir.
Sentir en colectivo, desear como forma de subvertir lo cristalizado,
mover las ollas para generar sentido, llenandolas de imaginación.
Visualizar el futuro a través de lo ancestral, hasta que se convierta
en costumbre.
Ollas en plazas de dignidad hablan por el sur del mundo,
revolucionan, reinventan un existir urgente que, en cuerpo de
Pacha, buscan parir posibilidades.
Las ollas de María Furnari son un libro de cuentos. Las rimas de
un poema de autoras desconocidas. Un sinfín de cocinas
alrededor del mundo, cuyo trabajo de alimentar nunca fue
reconocido y que, sin embargo, nunca se dejaron cooptar por la
lógica neoliberalizadora que repite una y otra vez: “no hay
alternativa”. Son, asimismo, tapa del periódico del domingo,
diciendo que las cacerolas se han despertado, pero que en lo
íntimo gritan: “nunca estuvimos dormidas”.
Ollas que afectan, seducen, alimentan y ganan vida a cada mirada
curiosa. En esa trama, ellas ganan un cuerpo complejo, abrigan y
son acobijadas por cada recuerdo. Hacen sentir, desear, romper
con el lugar común y ponen la vida en el centro de la escena.
El encuentro de ollas en una sola pieza remite a un cuerpo
colectivo, construido por corporalidades de variadas formas,
tamaños y experiencias que conservan su singularidad sin dejar
de existir en complementariedad y reciprocidad con otras.
Logrando ser, sostener, abrazar con su presencia, la legitimidad
del encuentro comprometido de amorosidad.
El Altar de Deseos, como forma de ritualizar el encuentro, invita a
una conexión con lo sensible, la memoria y la naturaleza. Desea
que nos encantemos y nos interpela a hablar con el cuerpo,
desafiandonos a usar la fuerza de los sentidos y a reinventar
nuestro existir en ollas compartidas. A cocinarnos un fin del
mundo abundante, libre y sabroso.
Equipo Editorial del Periódico Virginia Bolten
2020
Soy vida. Soy libertad. Soy goce.
Me niego a ser eso que me dijeron que tenía que ser.
No nací para complacer.
No nací para servir.
No nací para parir.
No nací para cuidar.
No nací para los demás.
Somos revolución. Somos red. Somos sostén.
Me aferro al pulso incontrolable de romper estructuras oxidadas.
Que ahogan, que someten, que matan.
Celebro las revoluciones. Las pequeñas, las grandes. Las de las
casas y las de las plazas.
Reivindico las luchas desde las ollas. Esas que reconfortan y dan
alivio. Las que abrigan pancitas y calman angustias.
Abrazo a las mujeres que las sostienen desde el amor a un otre.
Ellas. Poderosas.
Revolucionarias. Construyendo el mundo nuevo desde el alimento
que nutre.
Y me entrego a esa revolución en un espacio tiempo que solo es
para nosotras. Y bailamos con mis hermanas, cual brujas,
alrededor del fuego que calienta la olla.
Samanta
¡OLLITAS DEL AMOR!
Sé que ser olla no es nada fácil, mucho más difícil es ser una olla
vegana! Puesto que es una cuestión de desandar algunos
caminos, “salirse de la zona confort” y también de tomar la
decisión política personal, colectiva o de estado de hacerlo.
Olla querida, te quiero nutrida, informada y llena,
fundamentalmente aliada a todes les brujes cocineres
garantizando el “Derecho Universalismo al Alimento para todes”
porque así de esta manera, no nos tragamos más el “cuentito
paternal de dependencia alimentaria” , ese relato cruel, cínico,
disociador de lo sintiente , egoísta, depredador , especista y
pasado de moda.
Ollita del amor, ayúdanos, es que estamos en una urgencia!
Disculpame y disculpanos, por la presión, la metida de pecho y en
el lío que te metimos! Como verás, nosotres, la humanidad,
venimos echando moco hace mucho tiempo, claro está que
algunes con mucho más responsabilidad, obvio! Y otres tratamos
de curar heridas, solidarizándonos y con el deseo de
transformarlo todo. Sabemos que la salida no es individual,
chiquita e intermitente, sino que es colectiva , constante y
amorosa.
¡Esto es una emergencia! Te necesitamos con urgencia Ollita del
Amor, también a a ustedes que están leyendo casualmente estas
líneas que pintan entre caóticas y esperanzadoras. Te
necesitamos a vos María y a todes les brujes cocineres puesto
que , como humanidad, estamos a la vuelta de la esquina de
extinguirlo todo.
Olla que te quiero popular y feminista, abundante y
multiplicándote como los panes amasados en los comedores
barriales. Y te quiero compartida y en todos los hogares.
Olla que te quiero soberana libertaria, anti-capitalista, anti-
clasista, anti-patriarcal, anti-imperialista y anti-espesista. ¡Y así te
quiero, al frente! Liderando la lucha contra el hambre y
demostrando que la salida es colectiva.
Olla que te quiero responsable, “en proceso de
desconstrucción”, porque te quiero vegana.
Olla que te quiero heroína, conquistando soberanía alimentaria,
justicia social y armonía entre todas los seres vivos que habitamos
esta casa común, el planeta tierra. Nada de eso de comernos
entre nosotres, basta ya.
Olla que te quiero “ejerciendo docencia”, para desmitificar ciertas
cadenas, eslabones y pirámides alimenticias, transmitiendo a los
pueblos la diversidad nutricional de vegetales y sociabilizando
recetas, sin ingredientes animal por favor porque “son seres
sintientes y racionales” como nosotres.
Y si, te quiero esparciendo información como a las semillas en la
tierra, para vencer también ese otro prejuicio que dicen por ahí
que ser vegane es de chetos y chetas” , porque es pura, lisa y
llana desinformación y una gran mentira!
Olla que te quiero fortaleciendo e inspirándonos con tus
comiditas el deseo del buen vivir, la empatía, la esperanza y el
amor colectivo.
Pero… ¡Ojo Olla! También te quiero rebelde, negándote a cocinar
rico cuando te condimenten con egoísmos. Válido será amargar
con hondura el menú, o en acuerdo con el fuego, quemar ese
banquete.
Que la llama del deseo de vivir en un mundo mejor, se nutra
siempre de vos Ollita, de todas las brujas Marías y del Amor
Colectivo y que nunca se apague, por más que la vulnerabilidad y
la duda nos sople fuerte.
¡Cariños para Todes!
Susi Pita
Integrante de La Colectiva.
Córdoba, 2020
Oohh ya estamos con hambre de sueños para estar despiertos.
Oohh ya sabemos cómo huele el estómago de un pueblo.
Oohh ya quemamos al fuego a los corruptos que cocinaron
miedo.
Oohh ya conocemos la traición del lado derecho.
Por eso holla la tierra y encuentra alimento.
Júntate con el hermano junto a tu fuego,
revisa las provisiones para un largo tiempo
porque es tiempo de revoluciones y de alimento.
Conviértete en enemigo de la desnutrición del sueldo,
hazte cocinero y perpetúa una mesa con sabrosos futuros
venideros,
esto es para que se "oya" en el mundo entero
sé Olla y vasija... sé ingrediente de salud... sé comida y techo
dale calor a los tuyos, porque ya hemos tenido fríos eternos
por eso cuando esté lista la comida, grita ante todos:
- ¡Un aplauso a la Cacerola que soportó todos los fuegos!
F.A. - Actor, performance.
Integrante de radio La Colifata
2020
OLLAZAS Y SU ALTAR
DE LOS DESEOS
•
OBRA SELECCIONADA
PARA EL PREMIO
ADQUISICION DE
ARTES VISUALES 8M
•
FUE EXUESTA EN EL
AÑO 2021 EN CENTRO
CULTURAL KIRCHNER
(CCK) BUENOS AIRES
BIO
MARIA FURNARI
Los caminos recorridos por María para abordar la cocina fueron
muchos y ninguno le soltó la mano al arte. Cursó sus estudios
terciarios como documentalista en Avellaneda, su ciudad natal,
entre los años 1989 y 1995. Durante esos años y hasta 1998
realizó trabajos documentales dentro de UNICEF en
asentamientos barriales. María está viviendo en Córdoba desde
1993 y fue allí donde se reencontró con el universo de la cocina
que su abuela recorría en la infancia y adolescencia. En 2012
María es invitada por el Instituto de Bellas Artes de Frankfurt a
exponer tres ponencias sobre Arte, Alimentación, Cocina y
Política, realizando una acción performática que llamó
transformaciones, procesos de leudados en distintas masas y las
caramelización de distintas flores. Desde el año 2012 hasta el año
2015 realizó una investigación sobre “Cocina, Arte y subjetividad”
en el Hospital Neuropsiquiátrico Provincial León Morra, tomando
como eje, los sentidos dentro de la cocina, atravesados por la
memoria (recuerdo), subjetividades de los mismos. Esta
investigación se realizó con pacientes y concurrentes a los talleres
de arte de dicho hospital. El mismo año Realiza un trabajo
performativo que se tituló “La olla que ConBoca “, relacionando
las ollas populares y los movimientos políticos dentro de la
alimentación.
En el año 2016 María Furnari fue una de las referentes de la
regional de la Provincia de Córdoba del Encuentro Plurinacional
de Prácticas Comunitarias, que se realizó en Carlos Paz en el mes
de noviembre.
El mismo año participa del VII Encuentro y III Foro Internacional
Ciudades Visibles, realizado en el Museo Genaro Pérez, donde es
convocada como disertante y artista visual representando
Argentina, presentando “Cocina y el devenir en Arte | ¿Se puede
comer una obra de arte?” y la performance “Tiempos de Fideos”.
Es la fundadora del colectivo de arte DUDA, con este realizó
distintas instalaciones: El Banquete, Manifiesta y la Cocina que se
Escucha. Tres obras en donde trabajo el tiempo, el deseo, el
cuerpo y la cocina como territorio político y subjetivizador.
En la actualidad María continúa dictando talleres dentro de
espacios dedicados a la salud mental como también dictando
clínicas y conversatorios de arte y realizando entre otras cosas su
primer largometraje ficcional Crónicas de Cocina.
AGRADECIMIENTO
A mis ancestras
A mis hijas
A mis amigas y amigos
A Santiago Canción que acompañó a Ollazas desde el boceto
A Álvaro Buira artista y amigo del alma que soldó el altar
A Victoria Marazzi que corrigió cada texto después de dormir sus
hijitos
A Mery Palacio por su fotografía
A Natalia Angriman que cree en mi obra y la cuida
amorosamente
A Pablo Foglia
A Nachita del amor Merchan
A La Beba Teatro por ser escenario de la seción de fotos
A Ivana Rosso por la bandera
A Toto
A la gale 852 ARTE
Al museo de antropologías
A todos y todas aquellas que están viendo esta obra y que tienen
una olla en donde se cuecen historias de vidas
Ollazas
y su Altar de los deseos