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My Sweetest Escape #2 - Chelsea M. Cameron

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2
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Staff
Sofía Belikov

Julie Vani rihano


Genevieve Jasiel Odair Sandry
Kellyco Miry Julieyrr
Val_17 Mitzi Noh Dannygonzal
Jadasa Anna <3 Nats
Issel Clara Markov florbarbero
Valentine Rose Vane Black Alessandra Wilde
Lauu LR anita0990 Sofía Belikov 4
Auris Ann Farrow Fany Keaton
CamShaaw Annie D
*~ Vero ~* Dama

Niki Mary Jasiel Odair


Mire LucindaMaddox SammyD
AriannysG Victoria Miry
Kora Daniela Agrafojo Josmary
Lucero Rangel Laura Delilah Dannygonzal
Cotesyta florbarbero Valentine Rose
Beatrix Laurita PI Fany Keaton
Amélie. Eli Hart
*Andreina F* Alessa Masllentyle

Julie Tolola
Índice
Sinopsis Capítulo 14
Capítulo 1 Capítulo 15
Capítulo 2 Capítulo 16
Capítulo 3 Capítulo 17
Capítulo 4 Capítulo 18
Capítulo 5 Capítulo 19
Capítulo 6 Capítulo 20
Capítulo 7 Capítulo 21
Capítulo 8 Capítulo 22
5
Capítulo 9 Capítulo 23
Capítulo 10 Capítulo 24
Capítulo 11 Capítulo 25
Capítulo 12 Our Favorite Days
Capítulo 13 Sobre la Autora
Sinopsis
El pasado siempre te encontrará.
Jos Archer era la chica con la vida perfecta, hasta la noche en
que todo a su alrededor se vino abajo. Ahora, nueve meses más tarde,
todavía no ha comenzado a recoger los pedazos. Incluso transfiriéndose
a una nueva universidad y viviendo bajo la atenta mirada de su
hermana mayor, Renee, no es suficiente para ayudarle a sentirse normal
otra vez.
Y entonces conoce a Dusty Sharp. Por razones que Jos no puede
empezar a comprender, el nuevo chico malo y recién reformado del
campus parece decidido a sacarla de su caparazón. Y si no tiene
cuidado, sus sabios ojos verdes y sonrisa maliciosa la harán sentir cosas
que ya no está segura de merecer. 6
Pero incluso mientras Dusty engatusa a Jos para abrirse sobre su
pasado, él esconde sus propios secretos. Secretos sobre la noche en
que su antigua vida se vino abajo. Cuando la verdad se revele
finalmente, ¿los acercará, o los separará para siempre?
My Favorite Mistake #2
1
Traducido por Sofía Belikov & Valentine Rose
Corregido por Niki

—No puedo creer que tus padres te estén obligando a irte.


Debería ser, como, ilegal. Eres mayor de dieciocho. ¿Por qué no te
largas? —Kelly se sentó en la cima de una de las cajas de mi casi
empacado dormitorio e hizo sonar su chicle. Cuando nos conocimos, el
pequeño hábito me había molestado un montón, pero ya me
acostumbré.
—Ojalá pudiera hacerlo, pero son ellos los que pagan la
universidad, así que ahora estoy arruinada —dije. Sin mencionar el
hecho de que nadie le dice que no a mi madre. Nadie. 7
—¿Y por qué no lo dejas? —Oh, lo había considerado más de una
vez. En realidad, más de mil veces. Era imposible explicarle la
complicada dinámica de mi familia a alguien como Kelly, que se mudó
de la casa de sus padres y compró su propio apartamento cuando
seguía en secundaria.
—No sé —dije, encogiéndome de hombros y cerrando otra caja.
Kelly sacudió su rubia y apretada cola de caballo e hizo explotar su
chicle de nuevo. Me había peguntado si necesitaba ayuda para
empacar, pero lo único que había hecho hasta ahora era fastidiarme.
—Vendrás a visitarme, ¿cierto? —preguntó.
—Sí, claro —le dije con una sonrisita. Ambas sabíamos que era
poco probable que alguna vez volviera aquí. Doblé la sábana de la
Universidad de New Hampshire y la metí en otra caja. Mi madre me la
compró hace dos veranos como regalo por comenzar la universidad.
Era una de solo dos de mis hermanos que se las arregló en
graduarse de la secundaria, y además ser aceptada en algún lugar. Ni
mamá, ni papá, ni ninguno de mis padrastros terminaron la secundaria,
por lo que era algo importante que cualquiera de nosotros llegase tan
lejos. La otra había sido Renee, y esa era la razón por la que me
enviaban de vuelta a Maine a vivir con ella después de… todo.
El teléfono de Kelly vibró y escribió un rápido mensaje de texto y
me sonrió.
—Mac quiere que nos juntemos para un café. —Siempre deseé
que pusiera café entre comillas, porque ambas sabíamos que
significaba emborracharse y hacerlo en la parte trasera del oxidado
auto de Mac. Kelly y su novio eran infames; habían sido atrapados por
la seguridad del campus en medio del día. Era un milagro que aún
fueran estudiantes. Creo que se sostenían por el más fijo de los hilos
académicos.
—Diviértete. —Sabía que me dejaría sola por Mac. Siempre lo
hacía. Kelly no era la mejor amiga del mundo, pero era la única que
tenía. Las otras me habían dejado sola meses atrás.
—Llámame antes de que te vayas. Quiero despedirme. —Se
levantó y me dio un abrazo vago. Fue más como alguien inclinándose e
incluía sus brazos, lo que terminó tan rápido como empezó.
—Nos vemos —dijo, dando un portazo. Kelly nunca podría irse de
una habitación en silencio.
Observé mi desmontada habitación universitaria. Mi compañera
de cuarto me evitaba; me había estado evitando desde el comienzo
de este año. Habíamos tenido en total dos conversaciones: una que
pasó el día que llegamos, y la otra, cuando una noche me encontró
desmayada afuera de la habitación después de divertirnos locamente 8
con Kelly y Mac y un puñado de personas que no volví a ver. Como si los
recordara, de todas formas.
Tomé el lugar de Kelly en una de las cajas, subiendo mis rodillas y
descansando mi barbilla en ellas.
La pelea que había tenido con mi mamá cuando me dijo que
sería obligada a volver continuaba fresca en mi mente. En realidad,
todo el descanso de Navidad había sido una gran pelea que no
parecía terminar.
¿Qué pasa contigo, Joscelyn? Mejor cambias de actitud y tomas
ese vuelo. Vas a volver a Maine, o si no iré hasta allá y arrastraré tu
trasero de vuelta, ¿me entiendes?
Cambiar de actitud y tomar ese vuelto. Sí, ya entendí, mamá. Mi
mamá era de las que hablaban. Mis padres tenían una media docena
de matrimonios entre ellos e hijos e hijastros por todo el lugar. Era un
trabajo de tiempo completo seguirles el rastro.
Grité hasta quedarme ronca, pero no llegué a ninguna parte.
Incluso ella había puesto una moratoria por odiar a papá lo suficiente
como para llamarlo, ponerlo al tanto y luego hacer que me gritara a mí
también.
No tenía la energía contra los dos.
Y luego estaba Renee.
Si mamá no arrastraba mi trasero hacia allá, Renee lo haría. Era
peor que mamá en algunos aspectos.
Hablando de mi hermana…
Mi teléfono sonó, y cuando vi quién llamaba, dudé si contestar o
no.
—Hola —dije, haciendo una mueca en anticipación del
bombardeo que sabía que vendría.
—Será mejor que termines de empacar tus cosas y salgas de ahí
—dijo como saludo.
—Qué bueno hablar contigo, también, hermanita.
—No me des esa mierda, Jos. Estoy harta de esto. Será mejor que
tengas ese trasero en la carretera en una hora o…
—Lo sé, lo sé. Sacarás mis dedos quirúrgicamente y los coserás a
mi trasero. Lo sé. —Tener una hermana que sabe procedimiento
quirúrgico y que se enojaba mucho contigo en serio apestaba.
—Oye, no necesitas tener esa actitud. Tienes suerte de venir a
estar aquí conmigo en lugar que con mamá. —Tenía un punto. Donde
mamá, estaría ahogándome en un mar de mis hermanastros, entre ellos
unos gemelos de cuatro años que tenían una mirada maléfica como la 9
Madre Teresa.
—Lo sé —dije. Parecía ser mi frase célebre últimamente.
—Solo debes saber que voy a estar sobre tu trasero como el
blanco sobre el arroz, y si no estoy cerca, alguien más lo hará por mí.
Vas a entrar en una casa llena de gente que va a observar todos tus
movimientos y corregirá tu comportamiento. ¿Entiendes?
Oh, Dios.
—Sip.
—De acuerdo. Te estaré esperando. Llámame cuando te vayas.
—Lo haré. Adiós.
Colgué antes de que pudiera decir algo más. Puse mis manos en
mi rostro y grité en ellas. Esta era una pesadilla de la que parecía no
poder despertar nunca.
Despierta o dormida, nunca me dejaba sola.
Pero estaba despierta ahora, y tenía que irme, así que me paré
de la caja y la recogí.
2
Traducido por Julie
Corregido por Mire

Después de casi doce viajes, mucho sudor y maldiciones, tengo


todas mis cosas en mi coche. A pesar de que afuera está haciendo
mucho frío, me quité el abrigo de invierno, quedándome solo con mi
suéter raído, y mi aliento era visible en el aire de enero. La gente pasaba
por mi lado y me lanzaban miradas, y yo sabía lo que pensaban. Solo
otra estudiante que no podía soportarlo y se veía obligada a irse y no
volver después de las vacaciones de navidad.
No tenían ni idea.
10
Volví a la habitación medio vacía y la miré una vez más.
Adiós, libertad.
No me molesté en dejarle una nota a mi compañera de piso y
cerré la puerta detrás de mí. No era como si le importara de todos
modos.
Le envié un mensaje a Kelly para avisarle que me iba, pero no
respondió. Gran sorpresa. Aparte de Kelly, no me quedaba nadie más
en la UNH de quien despedirme. No había sabido de Matt desde antes
del verano, cuando rompió conmigo. Los otros, mi pequeño círculo de
amigos, perdió hace mucho tiempo contacto con la chica emo, loca e
imprudente. Los oí hablar de mi transformación a mis espaldas más de
una vez.
La nieve empezaba a caer suavemente desde el cielo cuando
bajé en dirección a mi coche. Apenas podía ver por el espejo retrovisor,
pero de todos modos iba a estar conduciendo mayormente en la
carretera.
Conecté mi iPod en los altavoces del coche y presioné
reproducción aleatoria. Iba a ser un viaje largo, y como compañía solo
tendría a la música. La manga de mi sudadera se subió, exponiendo la
pulsera que nunca me quitaba. Era sencilla, solo una cadena con un
pequeño dije de elefante. La guardé como recuerdo. Un recordatorio
constante.
Sacudiendo la cabeza, me aparté de la residencia de estudiantes
y me dirigí a la carretera y al siguiente capítulo de mi vida. Un nuevo
comienzo era irrelevante cuando las cosas oscuras en tu pasado
siempre te perseguían.

Me tomó más tiempo de lo que esperaba llegar desde New


Hampshire a la casa de mi hermana en Bangor, Maine. En realidad, ni
siquiera era su casa. Se mudó con este tipo Hunter, que compró la casa
porque aparentemente era millonario. Renee tenía que encontrar un
amigo rico. También había regresado con su novio, Paul, lo cual era
algo bueno, en mi opinión, porque ella era un dolor en el culo cuando
no estaba con él. Incluso más de lo que era cuando sí se encontraban
juntos.
No vi la casa antes, así que fue un poco sorprendente cuando me
estacioné en frente de la casa a la que Renee me dio instrucciones.
—Maldita sea —dije. Era enorme. Más grande de lo que me reveló
Renee. Imaginaba algo un poco deteriorado y pequeño, pero esto era
más grande que cualquier casa en la que viví, con mamá o papá. 11
Agarré mi mochila y me dirigí hasta los escalones del pórtico,
mirando a los coches en la calzada mientras los pasaba. Fue fácil
detectar el de Renee, así que supe que este era el lugar adecuado.
Incluso tenía un maldito timbre. Mi dedo se encontraba a dos
centímetros de tocarlo cuando la puerta se abrió de golpe.
—¡Ahí estás! Me preocupaba que estuvieras tirada en una zanja
—dijo Renee, arrojándose a mí. Sorprendida por el abrazo, en cierto
modo, me quedé allí y se lo regresé a medias.
—Estoy aquí.
De alguna manera, heredé el gen recesivo de pelirroja en nuestra
familia y terminé con el cabello color zanahoria, pecas y ojos verdes.
Renee consiguió los buenos genes, con sus ojos azules y pelo rubio que
no necesitaban mucho resaltado. Nuestras características eran similares,
pero nuestra pigmentación era tan diferente que las personas nunca
pensaban que éramos hermanas.
Finalmente, dejó de abrazarme, pero mantuvo su mano anclada
en mi hombro y me condujo a la casa, como si fuera a escaparme. A
dónde, no lo sabía. Renee mencionó algo acerca de que Stephen King
vivía en esta calle, pero no estaba segura de si estaría más a salvo en su
casa.
—¿Cómo fue el viaje? —Cerró la puerta detrás de nosotras y ésta
se trabó con firmeza.
—Bien —le dije, mirando alrededor de la casa. Maldita sea. Una
vez más. No sabía quién la decoró, pero obviamente utilizó esas revistas
locas de mejoras para el hogar como fuente de inspiración.
Una cosa era segura: no se veía como una típica universidad en
donde dormir. En primer lugar, se hallaba limpio, y en segundo, parecía
haber un esquema real donde las cosas coincidían y combinaban bien.
También tenía un montón de plumas de pavo real y colores similares a
éste por todos lados. Renee mencionó que su compañera de cuarto,
Taylor, se encontraba obsesionada con las cosas de pavo real. No
podía recordar el motivo. En cierto modo, me desconectaba cuando
Renee hablaba efusivamente sobre su vida increíble e impresionante,
mientras que la mía había entrado en un espiral descendente que
nunca parecía tocar fondo.
—Hola, Jos. ¿Cómo te va? —Paul llegó desde la esquina. Él era
lindo en una de esas maneras de nerd común y corriente. No es mi tipo.
No es que tuviera un tipo... ya no.
—Muy bien. —Era un paso adelante respecto a bien. Nadie te
cuestionaba cuando decías que estabas muy bien. Todo el mundo
pensaba que te pasaba algo si decías “bien”.
Me dio un abrazo torpe. Lo vi en navidad cuando evitó que 12
mamá y Renee se estrangularan entre sí con mayor o menor éxito. Traté
de decirle que era inútil, pero lo hizo de todos modos.
—¿Dónde están los demás? —En realidad, deseaba ver a Darah y
conocer a su nuevo novio. Darah era una de las personas más dulces
de todo el planeta, y sabía que si había alguien que no me juzgaría,
sería ella.
—Querían darnos un poco de espacio. Van a estar aquí más
tarde. —Algo en la forma en que lo dijo me hizo sospechar.
—No van a hacer un gran problema de esto, ¿verdad?
—No —dijo Renee, sin mirarme a mí, sino a Paul. Ocurría algo.
—Así que, ¿qué te parece si entramos tus cosas? Vamos, Paul. —
Renee agarró la mano de Paul y lo llevó por la puerta.
—Uh, está bien. —Me quedé de pie sola en el vestíbulo. Entré en
la sala de estar, que se hallaba bellamente decorada, con excepción
de un sillón reclinable de aspecto viejo y los videojuegos que los chicos
probablemente dejaron esparcidos por ahí. Vi la caja “Skyrim” y sonreí.
Renee no se cansaba de ese juego. Consumió un poco de su tiempo
durante las vacaciones de navidad.
Me dejé caer en el sofá y me quedé mirando al techo. Incluso eso
estaba limpio.
Un golpe sonó un segundo después mientras Renee y Paul traían
algunas de mis cosas.
—Ya que solo tenemos tres dormitorios, tú, mi querida hermana, te
vas a quedar en el sótano recién reformado. Tienes suerte de que nos
decidiéramos a poner una habitación de invitados —comentó Renee,
jadeando.
—Genial —dije, aunque no me hubiera importado alojarme en el
sofá de cuero de lujo. Era el sofá más grande que vi y ocupaba la
mayor parte de la sala de estar.
—¿Por qué no le muestras el lugar y yo traigo el resto de las cosas?
—sugirió Paul. Me levanté del sofá y Renee me llevó por las escaleras,
hacia el sótano.
—Bienvenida a la guarida —dijo Renee, agitando el brazo. De
hecho, era una guarida. Un bar, una mesa de billar, otro sofá gigante y
una televisión bastante grande para una sala de cine. También tenía
varios carteles de equipos deportivos, incluyendo los Red Sox, los Patriots
y los Celtics. ¡Vamos equipos!
Renee me condujo hacia la parte posterior del espacio, en donde
se encontraba una pequeña habitación con un baño justo al lado.
Gracias a Dios. No tendría que compartir el baño. Ya tuve suficiente en
los dormitorios.
13
—Así que eso es todo. —La habitación estaba decorada en color
canela y negro, los cuales eran aburridos, pero agradables.
Me senté en la cama grande y miré mi nuevo hogar.
—Bueno, tenemos algunas reglas básicas —dijo Renee, apoyada
en la cómoda. No te andes con rodeos, hermana. Sigue adelante y ve
directo a lo importante.
—Número uno —empezó, levantando un dedo—. Me informarás
dónde y con quién estás en todo momento. Mantendrás el contacto a
través del celular. También contestarás dicho celular cuando te llame,
sin importar qué.
Mantuve la boca cerrada. No quería provocarla en medio del
discurso que claramente ensayó, probablemente con Paul.
—Segundo... —Levantó otro dedo—… no irás de fiestas. No
beberás. No consumirás drogas. Ni sustancias de cualquier naturaleza
que no sea aspirina. Tampoco las distribuirás. Tercero, habrá un toque
de queda que seguirás o sufrirás las consecuencias. Cuarto, no puedo
ser tu madre, pero me tratarás con respeto, y eso va para las otras
personas en esta casa. Y en quinto lugar... —No parecía ser capaz de
elaborar la número cinco.
—¿En quinto lugar? —dije después de unos segundos de silencio.
—Tenía un quinto, pero ahora no lo recuerdo —me espetó—. Pero
eso no invalida las otras cuatro. ¿Estás de acuerdo con ellas?
—Sí —le dije. ¿Qué importaba?
—Dijiste que sí muy fácilmente. No te creo.
Jesús. Era criticada por estar demasiado dispuesta.
—Lo que sea, Renee. ¿Ya puedo estar sola? —Me di la vuelta en
la cama, tocando las sábanas que eran, sin duda, de algodón egipcio y
tenían un conteo de hilos sumamente caro. Por supuesto.
—Escucha —dijo, sentándose a mi lado. Uy, siempre empezaba
sus sermones así. Al igual que mamá. Aunque, los sermones de Renee
siempre tenían más maldiciones que los de mamá.
—Estás pasando por algo. Una fase, por así decirlo. He estado allí.
Incluso Paul estuvo allí. —Sí, lo encontraba muy difícil de creer. Y ella no
tenía idea de lo que yo estaba pasando. Creía que sí, pero no lo sabía.
Nadie lo sabía y no podía explicarlo. Torcí el dije de elefante en mi
pulsera.
Y entonces me golpeó en el hombro. Fuerte.
—Pero es el momento para que saques la cabeza de tu culo y
cambies de actitud. ¿Entiendes?
—¿Por qué con la violencia? —Me volteé y la empujé—. Mira, no 14
es mi culpa que mamá decidiera dejarme contigo. No quiero estar aquí
más de lo que tú lo quieres.
Me miró y su cara se puso roja.
—Mira, no me gusta el hecho de que mi hermana una vez
perfecta, la hermana que sabía que nunca metería la pata, se haya
caído del vagón de las proporciones épicas. Tú eres la que nunca me
preocupaba. Tienes mejores notas de lo que jamás soñé conseguir. Eras
la buena. Y luego...
No le hacía falta terminar. Y entonces pasó todo, y esa chica, la
que se obsesionaba con las mejores calificaciones, que quería ser la
presidente de todos los clubes, que tenía su mirada puesta en ser mejor
estudiante y algún día dirigir una empresa enorme o trabajar para el
gobierno o hacer algo importante con su vida, desapareció.
Hace nueve meses, cambió todo y lo que pensé que quería,
parecía estúpido y sin sentido. O tal vez, acababa de darme cuenta
finalmente de que era estúpido y sin sentido. Eso tenía menos que ver
con lo que había pasado y más con él. Incluso, pensar en su nombre
era como recibir una bala en el pecho.
—Sí, entonces me decidí a arruinarlo todo. Lo sé. He oído la
historia. Yo estuve allí. No es necesario que me la reiteres.
Se encogió de hombros. —Bueno, nada más ha funcionado, así
que pensé en darle una oportunidad. También consideré golpearte
hasta la inconsciencia, pero eso es mal visto generalmente.
—Hazlo —le dije, volviendo a sentarme. No iba a funcionar.
—Oh, créeme, me encantaría. Pero estarías inconsciente y no
sería capaz de sacarte información, así queeee...
—¿Y qué información es esa?
—¿Qué demonios te ha pasado para hacerte así?
Eso era algo que podía tratar de sacarme a golpes, pero no iba a
suceder. La empujé a un lado y volví a salir a la zona principal de la
planta baja.
—Supongo que decidí que todo era una mierda. Sacar buenas
notas, ser la hija buena. ¿Adónde me llevó eso? A ninguna parte. Y me
sentía triste. Nunca llegué a divertirme un rato porque trabajaba siempre
o trataba de conseguir dichas buenas calificaciones o planeaba algún
tipo de evento para uno de los millones de clubes en los que estuve. Me
cansé de eso, ¿de acuerdo? —Entendía que se molestaran porque me
la pasara de fiestas y ese tipo de cosas, pero solo porque ya no sacaba
las mejores calificaciones, ¿eso era una razón para tener un infarto?
Renee me agarró del hombro para que dejara de correr por las
escaleras. Traté de quitármela de encima, pero me volteó para que la 15
mirara.
—No, no es eso. Has pasado toda tu vida siguiendo las reglas. No
haces eso y luego simplemente accionas un interruptor y cambias. La
gente no cambia así a menos que algo los obligue. —Había tenido esta
conversación con ella, con mis padres, con mi ahora ex-novio y ex-
amigos. Les dije a todos lo mismo.
—Solo déjame en paz. —Todo el mundo lo hizo, con el tiempo.
Renee me miró, sus ojos se pusieron de un azul acerado como lo
hacían cuando se encontraba determinada por algo. Lograr que se
alejara iba a ser un reto. Llevaba lo obstinada a un nivel totalmente
nuevo.
—Está bien. Ve a buscar el resto de tus cosas. —Me soltó el brazo y
señaló con la cabeza a las escaleras.
—Bien —le dije, pisando fuerte por las escaleras.
3
Traducido por Genevieve
Corregido por AriannysG

—Hola, Jos —dijo Darah, llegando mientras ponía mi ropa en el


armario. Su voz me asustó y se me cayó la camiseta de Fall Out Boy que
había doblado.
—Hola —dije, recogiendo la camiseta y dándome la vuelta.
Nunca pude averiguar cómo Darah y Renee se habían vuelto amigas,
porque eran como la noche y el día. Pero de todos los amigos de
Renee, Darah me agradaba más. No obstante, no conocía a Taylor, así
que no podía juzgarla. 16
—¿Te estás adaptando bien? —En ese momento me di cuenta de
que tenía un plato de galletas. Oh, Jesús. ¿Y ahora qué?—. ¿Galletas?
Taylor y yo las preparamos anoche. Son snickerdoodles. Sé que son tus
favoritas. —Sí, lo eran, pero ese no era el punto.
—Gracias, pero estoy bien. —Doblé la camiseta y la puse con las
otras. Darah suspiró y se sentó en mi cama, dejando el plato de galletas
a su lado.
—Mira —comenzó. Aquí vamos de nuevo—, sé que todos van a
mirarte y escudriñarte, pero solo quería que supieras que puedes contar
conmigo. Si quieres hablar, si no quieres. Lo que sea. Incluso si quieres...
no sé, comer helado y llorar en medio de la noche. Estoy aquí, ¿de
acuerdo?
Se levantó y me frotó el hombro. ¿Qué pasaba con las personas
invadiendo mi espacio personal? Empezaba a molestarme. Si Darah no
fuera una de las personas más dulces del planeta, me hubiera encogido
de hombros apartándome de su mano y le diría que me dejara en paz.
Pero era la persona más dulce, y me había traído galletas, así que
soporté su toque mientras apretaba los dientes.
—Bien, bien, haznos saber si necesitas algo. Mm, Hunter y Taylor
harán la cena de esta noche, y será vegetariana, si te parece bien. —
Asentí. De vuelta al día en que de vez en cuando fui vegetariana. De
vuelta al día en que estuve en el Club de Acción Climática y miembro
con carnet de PETA. Tal vez todavía tenga eso en mi cartera. Dios, me
habían herido tanto en ese entonces. También maldecía mucho menos.
—Ven cuando estés lista. —Me dio una palmadita, una vez más y
cerró la puerta detrás de ella, dejando el plato de galletas. ¿Acaso
esperaba que me las comiera y luego cenara? Me encogí de hombros,
tomando una de las galletas. Debió ponerlas en el microondas, ya que
estaban calientes y quebradizas. Guau. Mordí lentamente, saboreando
la dulzura picante de la galleta.
Pasos y voces sonaban en el piso de arriba. Oí risa y caos. La casa
por encima de mí se encontraba llena de vida, alegría y gente. Y luego
me encontraba yo, pasando el rato en el sótano. Acechando como
una pervertida. Negué, empujé el resto de la galleta en mi boca y volví
a doblar.

Cuando el olor de lo que cocinaban en el piso de arriba fue


demasiado para seguir soportando, subí las escaleras.
—Ahí estás —dijo Renee, casi chocando contra mí cuando abrí la 17
puerta. Era evidente que venía para arrastrarme desde mi cueva.
—Aquí estoy. —Le di una sonrisa tensa a medida que entrábamos
a la cocina/comedor. Todo el mundo se quedó en absoluto silencio
cuando Renee y yo entramos—. Impresionante. Esperaba esa reacción.
Muy bien, todo el mundo —dije, mientras todos trataban de reanudar
sus actividades normales. Era raro ver a algunos en persona, porque solo
los había visto en fotografías. Realmente eran tridimensionales.
Hunter fue el primero ofrecerme su mano. Tuve que observarlo de
cerca y entendí lo que Renee dijo sobre no dejarlo cerca de cualquier
cosa inflamable porque él le prendía fuego con su sensualidad. Sí, tiene
todos los músculos marcados. Además, su sonrisa fue genuina cuando
dijo que había esperado conocerme. Taylor fue la siguiente, pero no me
tocó. Gracias a Dios. También era tan malditamente adorable como las
fotos que había visto. Era fácil ver por qué Renee y Darah le pidieron
vivir con ellas.
—Espero que esto esté bien. No estaba seguro de lo que te
gustaría. Planeábamos hacer algo más grande, pero Renee... no
importa —dijo Taylor, después de ver la mirada de Renee. No necesité
verla dándosela para saber qué era lo que hacía. Estuve en el extremo
receptor de esa mirada más veces de las que podía contar. Paul se
paró junto a Renee y me dio una sonrisa reconfortante.
Este último era el tipo de chico que parecía haber perdido su
vocación como jugador de fútbol profesional. O luchador. O atractivo
gorila. Supongo que el ser sexy estaba en la familia de Hunter y Mase.
—Pequeña Ne —dijo, dándome un apretón de manos que casi
aplastó todos mis dedos—. Está bien que te llamemos así, ¿verdad?
Probablemente encontraremos un apodo mejor en algún momento. A
menos que odies los apodos tanto como tu hermana parece hacerlo. —
Parecía un poco avergonzado, lo cual era un poco raro, teniendo en
cuenta lo fuerte que parecía.
—Lo que sea —dije, flexionando la mano para volver a sentirla—.
Soy neutral con los apodos. —No podía contar cuántos había tenido en
mi vida. La mayoría de ellos los ignoré, incluso cuando mi hermana Cari
pasó todo un verano llamándome “Trasero apestoso”. Para ser justos,
ella tenía tres años, y “Joscelyn” era difícil de decir.
—Gracias por las galletas —le comenté a Darah, quien acariciaba
distraídamente el brazo de Mase—. Estuvieron muy buenas.
—Oh, bueno. Tenía la esperanza de que te gustaran —dijo Taylor,
revolviendo algo en una de las ollas humeantes sobre la estufa—. Esto
está casi listo, así que, ¿por qué no vas a sentarte?
—¿Hay, mm, algo que pueda hacer para ayudar? —Por supuesto,
fui forzada a estar allí, pero no tenía que integrarme. Podrían haber
dicho que no. 18
—No te preocupes, hermanita. Estarás en la tabla de tareas lo
suficientemente pronto —dijo Renee, dirigiéndome hacia la mesa del
comedor. Alguien ya había colocado los platos, y había un lugar para
mí, con una tarjeta colocada en el plato, y sí, era hecha a mano.
—Taylor y Darah hicieron eso, así que habla emocionadamente
de esto, incluso si no te gusta —siseó Renee cuando la abrí. ¿Cómo
podía odiarlo? Alguien hizo unos diseños muy interesantes con pintura
en la parte delantera los cuales parecían fuegos artificiales, y había
letras recortadas de revistas formando las palabras BIENVENIDA A LA
CASA YELLOWFIELD.
—¿Casa Yellowfield? —dije.
Renee rodó los ojos y se sentó a mi lado, Paul a su otro costado. Lo
vi tomar su mano debajo de la mesa y darle un apretón.
—Fue idea de Taylor. Quería que fuera como en una de esas
novelas británicas, donde la casa tiene un nombre. Era la única forma
en que estaría de acuerdo que todos viviéramos aquí. Era su única
condición —explicó Renee con un encogimiento de hombros.
—Quería hacer una señal y todo, pero el resto la vetó —añadió
Paul—. Era muy lindo, en realidad. Ella estaba tan emocionada. Y luego
la rechazamos.
—Mm, raro —le dije.
—Silencio —dijo Renee cuando todos los demás llevaron platos,
sartenes y demás parafernalia de la cena. Al segundo en que todos se
sentaron fue un caos de pasar platos, chocar codos y tratar de tomar lo
que necesitaban. Taylor hizo espaguetis con una salsa de aceite de
oliva con un montón de verduras, pan de ajo y ensalada. Era una locura
deliciosa, y a pesar de que comí varias galletas, me atiborré más que mi
parte de la cena. Era mucho mejor que la comida de la cafetería, o
comer ramen por millonésima vez.
Todo el mundo se rió y habló acerca de su día, y por primera vez,
no era el centro de atención. Fue muy agradable.... Todos estaban tan
condenadamente felices, sonrientes y enamorados. Era suficiente para
enfermarme, pero de algún modo tuvo el efecto contrario. En realidad
quería odiar estar aquí. Hubiera sido más apropiado que lo odiara.
—Mm, todavía tengo algunas... cosas para desempaquetar —les
dije, levantándome tan pronto como pude. Necesitaba volver a la
soledad del sótano. Toda la felicidad jodía con mi cabeza. Renee me
lanzó una mirada, pero asintió.
—¿Segura que no quieres pasar el rato aquí arriba? Ni siquiera has
visto todavía el resto de la casa —indicó Darah, dándome una sonrisa
esperanzada. Realmente no podía rechazar eso.
—Sí, claro. —Me llevó arriba, mostrándome su habitación, que se 19
hallaba impecable, como si estuvieran vendiendo la casa y tuviera un
decorador para que se viera bien para los posibles compradores. Renee
se negó a dejarnos ver su habitación, Taylor solo me dio una rápida
mirada y la suite de Hunter en la planta superior.
—Ignora la ropa en el suelo. Sé que lo hago. —Hunter y Taylor se
colaron a lo largo de nuestra pequeña gira. Era técnicamente su casa,
después de todo.
—Gracias. Por... por permitirme venir aquí. —Por dejar que mis
padres te obligaran. Estoy segura de que tenías un montón de opciones
en el asunto.
—De nada. Cualquier miembro de la familia de Renee es parte de
la nuestra —dijo, poniendo un brazo alrededor de Taylor. ¿Tenían que
hacer eso todo el tiempo?—. Espero que todo... funcione. Sé lo que se
siente pasar por un mal momento. —Sí, sí, sí. Oí todo sobre Hunter, el
trágico pasado de Taylor y posteriores, sus momentos de “arreglar su
mierda”. Seguramente planeaban mi intervención en este momento.
Atrayéndome en una falsa sensación de seguridad antes de saltar sobre
mí.
—Sí, gracias —dije mientras cerraba la puerta y volvíamos a la
planta baja.
—¿Segura que no quieres unirte a nosotros por un poco de
música? —preguntó Darah mientras Mase y ella se besuqueaban en el
sofá. ¿Qué era esto, la familia de perdices? En serio, estas personas eran
un cuchillo de carnicero en un conmovedor espectáculo familiar de los
años cincuenta—. Hunter es un muy buen guitarrista.
—Estoy bien. Todavía tengo cosas que hacer...
—¿Y cosas? —dijo Renee, dándome una mirada. Sí, cosas y cosas,
Renee.
—¿No estoy autorizada a hacer cosas ahora? ¿Era esa la quinta
regla en tu lista? —espeté, dándome cuenta solo después de que lo
había dicho y todo el mundo podía oírme—. Lo que sea —agregué, en
dirección al sótano—. Me voy a la cama. —Eran solo las ocho, pero no
podía soportar más estar cerca de ellos. Eran tan condenadamente
felices. Me mataba. Necesitaba volver al sótano de la fatalidad,
consolarme con más galletas y música desgarradora.
—Buenas noches —replicaron todos casi al unísono. Asqueroso,
esto era asqueroso. Tal vez había algo en las paredes que se filtraba en
sus poros cuando estaban durmiendo. ¿O tal vez era el agua?
Negué y caminé de vuelta a lo que decidí rápidamente era mi
cueva. Mi sótano de la soledad.
Mi habitación olía a galletas deliciosas, y aunque me sentía llena 20
por la cena, comí dos más antes de ir a la ducha. La presión del agua
era significativamente mejor que la del dormitorio, y me tomé mi
tiempo, saboreando la sensación en mi nuca. Ni todas las duchas en el
mundo podían lavar la oscuridad en mi vida, pero eso no me impedía
disfrutarlas.
La pulsera se enredó en mi cabello mientras me peinaba y pasé
unos buenos cinco minutos y varias malas palabras liberándolo.
Somos amigos, ¿no? Y los amigos se dan regalos. Sé lo mucho que
amas a los elefantes, así que... toma, dijo cuando me regaló la caja.
Recordé abrirlo y enamorarme de él. Un gesto dulce tan simple. Me
ayudó a ponérmelo, y lo llevaba todos los días desde entonces. Sobre
todo después de...
Negué y puse un poco de música. Algo bonito, duro y fuerte
como para ahogar el coro en el piso de arriba. Luego de desplazarme a
través de mis compras recientes, encontré el nuevo álbum de Skillet.
Perfecto.
Podía sentir la alegría filtrarse en el suelo e invadir mi cueva, así
que subí la música tan alto que hería mis tímpanos. Debí ponerme mis
auriculares que casi-me-costaron-un-brazo-una-pierna-y-un-riñón, pero
no lo hice. Desempaqué el resto de mis cosas y eliminé los mensajes de
voz de mi madre y mi padre, exigiendo que los llamara cuando llegara
con Renee. Seguro que ella ya los había llamado y compartido la
noticia de mi llegada a buen puerto.
Mi habitación se encontraba equipada con un pequeño televisor
y un reproductor de DVD, pero no los encendí. En cambio busqué mi
ordenador portátil y me desplacé a través de mis imágenes de hace un
año. Me torturaba a mí misma, lo sabía.
Recordé a esa chica. La que siempre tenía el pelo perfecto con
lindos prendedores, un montón de chaquetas de punto y bombachas.
La chica que tenía un novio que se dirigía a la Casa Blanca, y tenía
amigos que nunca la decepcionaban. No era perfecta, pero lo estuvo
lo más cerca que podía. Y fue una pérdida total y absoluta de tiempo y
energía.
Cerré mi portátil, tiré de las sábanas en la cama y me metí. Mi
música seguía a todo volumen, pero parecía estar tranquilo arriba. Por
fin. Seguro mañana todos tenían clase o lo que sea. Me sorprendió que
Renee todavía no me hubiera acosado sobre el registro para las clases.
Tenía todos mis papeles para convertirme en un Oso Negro de la
UMaine, igual que ella.
Me di la vuelta sobre mi costado y cerré los ojos. El sueño era muy
lejano, y difícil de alcanzar, pero que siempre era así ahora. Me había
acostumbrado a pasar horas mirando fijo el interior de mis párpados.
21

Varias horas más tarde, decidí que tuve suficiente. Tenía que ir a
otro lugar. Cualquier otro lugar, aunque fuera solo para ver las estrellas.
Me puse un pantalón de chándal sobre mis pantalones cortos, cogí mi
abrigo de invierno y subí de puntillas por las escaleras. Escuché por un
segundo la casa casi en silencio antes de abrir de un empujón la puerta
del sótano y empezar a arrastrarme hacia la puerta principal. Los suelos
eran todos de madera, lo chirriante iba a ser un problema.
Y entonces una voz me hizo casi saltar.
—¿Dónde crees que vas? —La cabeza de Mase apareció desde
donde había estado tumbado en el sofá de la sala de estar. Santa...
mierda.
—A dar un paseo —dije, buscando de alguna manera algo que
decir.
—¿Así es como lo llaman estos días?
—¿Qué? —Se levantó del sofá y se paró frente a mí, bloqueando
el acceso a la puerta principal. Sí, IMPOSIBLE que pasara delante de
él. Ni siquiera si tuviera un arma.
—Toma asiento. —Puso su mano sobre mi hombro y me llevó
hacia el sofá. Traté de luchar contra él, pero era más fuerte de lo que
parecía.
—¿Quién eres? ¿Mi papá? —En realidad, mi padre nunca se
preocupaba mucho por lo que hacía. Siempre estaba demasiado
ocupado con su actual esposa y uno de mis numerosos hermanos para
notar si me escapaba.
Suspiró y se sentó a mi lado.
—Escucha, sé que estás pasando por un momento difícil. Estoy
familiarizado con ellos. Hunter estuvo muy mal por un largo tiempo, así
que mientras no puedo decir que sé lo que estás pasando, sé que todo
lo que ibas a hacer al dejar esta casa en el medio de la noche no va a
ayudar.
—Pero… —Traté de levantarme, y me detuvo de nuevo—. No iba
a hacer nada. Es que... necesitaba un poco de espacio.
Sonrió y negó.
—No vas a dejar esta casa, ¿entiendes? —Me levantó del sofá y
me empujó hacia el sótano—. Incluso si tengo que sentarme frente a la 22
puerta de tu dormitorio.
—¿Por qué te importa? —dije mientras tropezaba por las escaleras
a mi habitación.
Se echó a reír.
—Porque Renee dijo que me drogaría, me cortaría el pene y me
lo cosería al rostro si dejaba que te pasara algo, y me gusta que mi
pene esté en su ubicación actual.
Casi me reí, también.
—Suena a Renee. —Hice una pausa, junto a la puerta de mi
habitación, y él se sentó en las escaleras.
—También apuesto a que tu terquedad es genética, así que por
favor no me hagas venir aquí de nuevo. Tengo clase en —Miró el reloj
en el reproductor de DVD—, un par de horas, así que me gustaría dormir
un poco. —Bostezó y empezó a volver a subir las escaleras—. Buenas
noches, pequeña Ne.
—Buenas noches —saludé, mirándolo caminar de nuevo por las
escaleras. Esperé hasta que escuché una puerta cerrarse antes de dejar
escapar un suspiro de frustración. ¿En serio, Renee? ¿EN SERIO?
4
Traducido por Vane Black
Corregido por Kora

A pesar de que me acosté tarde, a la mañana siguiente me


desperté a las siete, probablemente porque el olor a tocino penetró por
la grieta de debajo de la puerta y se había filtrado en mi habitación.
Me vestí y me puse una camisa térmica raída con huecos para los
pulgares que había hecho yo misma y un par de pantalones llenos de
agujeros y decidí aventurarme a ir arriba. Casi esperaba ver a Mase
sentado junto a la puerta del sótano.
—Subiste —dijo Renee, bostezando y bajando del piso de arriba—. 23
No esperaba que estuvieras despierta tan temprano. —Tenía el pelo por
todos lados. O bien había tenido un poco de sexo dulce con Paul o
estuvo dando vueltas en la cama.
—Sobre todo después de haber tratado de escaparme anoche,
¿verdad? —pregunté, diciendo lo que sabía que estaba pensando. Se
cruzó de brazos y sus ojos se entrecerraron.
—Vamos a hablar de eso más tarde. En este momento vas a
desayunar porque es la comida más importante del día.
¿De dónde sacaba esas cosas?
—No eres mi madre —dije, alejándome de ella y dirigiéndome a la
cocina. Ella no haría una escena delante de todos. Por lo menos, eso
esperaba.
—Hola, pequeña Ne —me saludó Mase alegremente, mirando por
encima de una taza gigante de lo que supuse que era café. Darah
manejaba varias sartenes y Taylor se había desplomado en la mesa del
comedor.
—¿Por qué me inscribí en una clase a las ocho y media? —gimió
ella mientras Renee fue a la cafetera y se sirvió una taza antes de volver
al piso de arriba.
—¿Debido a que era el único horario que ofrecían y necesitas la
clase para graduarte? —sugirió Darah, sirviendo un lío enorme de tocino
en un plato cubierto con servilletas de papel—. ¿Quieres un poco? —me
preguntó. Negué con la cabeza. Tan agradable como olía el tocino, no
creía que pudiera soportarlo—. Tenemos algunas tostadas y huevos, si
quieres. Y siempre hay cereales. Y creo que todavía tenemos algunos
buñuelos de calabaza en alguna parte. —Dios, era como vivir en un
hostal Bed and Breakfast.
—Um, ¿tienes algo de té? —Me senté en la mesa cerca de Taylor,
que trataba de ponerse en posición vertical para poder beber su café.
—Sí, claro. —Darah abrió un montón de gabinetes antes de
desenterrar una caja polvorienta de té Zinger de limón. Iba a necesitar
un poco más de energía para arreglar mis problemas, pero era un
comienzo.
Hunter bajó unos minutos más tarde, recién duchado y con una
amplia sonrisa en su rostro.
—Buenos días, Missy —dijo, dando a Taylor un beso—. ¿Ya estás
despierta?
—No —gimió ella, poniendo su cabeza contra su pecho. Él se rió y
tiró de ella a su regazo, y me acordé de mis razones para querer salir de
la casa la noche anterior—. Haz que se vaya —dijo.
—Lo haría si pudiera, bebé.
Renee y Paul llegaron pocos minutos más tarde. Su cabello ya 24
estaba arreglado y ambos se encontraban vestidos para el día.
—Está bien, este es el trato: como no confío en que estés por tu
cuenta, hoy vas a venir conmigo —dijo Renee, con una dulce sonrisa
que se notaba que lastimaba sus dientes. Todo el mundo me miraba—.
Y como tengo clase en menos de una hora, es mejor que tengas tu culo
vestido y listo para salir.
—¿Qué se supone que voy a hacer durante todo el día? —Tomé
un sorbo de mi té y me quedé mirando la taza, así no tendría que ver a
todo el mundo observándome.
—No lo sé. Se te ocurrirá algo. Mientras no implique meterte en
problemas o meterme en problemas, vamos a estar bien. Así que, así es
como va a ser. —Fue otro discurso bien ensayado.
—Lo que sea —dije, encogiéndome de hombros.
—Le dije que podía venir conmigo —comentó Darah, finalmente
rompiendo el enorme silencio que había sofocado la habitación.
—No, está bien. Ella es mi responsabilidad —dijo Renee, yendo a
por café.
—Um, estoy aquí sentada —exclamé—. Y no necesito una niñera.
—Eso no es lo que he oído —me espetó Renee. Mase tosió y se
metió un trozo de tocino en la boca. Masticó y articuló un "lo siento"
hacia mí. Por supuesto que se lo había dicho. Me habría sorprendido si
no lo hubiera hecho.
Tomé un sorbo de mi té y reprimí una respuesta sarcástica.

Dos horas más tarde estaba bostezando, sentada frente a uno de


los laboratorios de Renee, no podía recordar cuál. Sonaba complicado
y desagradable al mismo tiempo. Había sido lo bastante inteligente
para traer mi ordenador portátil, por lo que había estado poniéndome
al día con algunos de mis vlogs favoritos y blogs de música.
Luego me entretuve con mi juego favorito de tratar de encontrar
nueva música en línea haciendo clic en vídeos al azar. Este verano
empecé un blog de música, pero había flojeado a la hora de publicar
esta semana. Como era tan nueva en ello, todavía trataba de hallar mi
lugar en cuanto a lo del blog. Apenas tenía visitas, pero descubrí que lo
único que me encantaba más que la música era escribir sobre ella.
Antes de... todo, nunca hubiera considerado bloggear sobre música.
Todavía no le había dicho a nadie que lo hacía. No lo entenderían, eso
estaba claro. 25
Renee me había prometido un recorrido por el campus después
de almorzar. Por lo que había visto hasta el momento, era muy parecido
al de la Universidad de New Hampshire. Los campus universitarios eran
bastante similares, especialmente si eran universidades estatales. Había
considerado venir aquí, pero la idea de estar lejos de mi loca familia era
más tentadora que ahorrar un poco de dinero yendo a una universidad
en el estado. Había entrado en Bowdoin y en Bates, dos universidades
prestigiosas de Maine, pero era demasiado caro y mi ayuda financiera
no había sido suficiente para cubrirlo. Qué lástima.
Cuando por fin salió de su laboratorio, Renee apestaba a
formaldehído, pero tenía un loco brillo en sus ojos. Debía haber
diseccionado algo.
—¿Te divertiste? —pregunté mientras me ponía de pie. Mi espalda
estaba locamente rígida de todo el tiempo que había estado sentada.
—Tuvimos que diseccionar un feto de cerdo. Fue impresionante —
contó, como si estuviera hablando acerca de ver la última película de
chicas que había llegado a los cines con un vampiro guapo.
—A veces me pregunto si estamos relacionadas —dije mientras el
resto de su clase salía. No lucían tan entusiasmados como Renee.
—Me lo he preguntado durante años —coincidió mientras nos
dirigíamos hacia el centro de estudiantes para almorzar. A diferencia de
algunas personas que no serían capaces de comer después de una
disección de un feto de cerdo, Renee se cogió una hamburguesa de
tocino y la inhaló como si no hubiera visto comida durante semanas. Yo
me cogí una ensalada de fresas y nueces, y la picoteé.
—Tengo que hacer un turno de tres horas en el hospital esta
noche —dijo después de acabar con la hamburguesa y atacaba las
patatas fritas. Cómo se mantenía tan delgada, estaba más allá de mi
entendimiento. Por lo general, tenía que vigilar lo que comía para
mantenerme delgada, o al menos casi delgada.
—¿Y?
—Y tú vas a venir conmigo, así que espero que tengas algo que
hacer. Como tal vez ordenar todo el papeleo de la transferencia.
Preferiría tener mis dientes perforados, pero la mirada en el rostro
de Renee me dijo que no tenía otra opción.
—Así que eres mi carcelera ahora, ¿es eso?
—Bueno, no tendría que serlo si solo siguieras las malditas reglas,
Joscelyn. —Dios, sonaba como mamá. Demasiado parecida a mamá.
Incluso tenía la misma cara de "estoy decepcionada de ti".
—Está bien. ¿Puedo ir al baño? ¿O necesitas venir conmigo para
sostener la taza mientras hago pis?
—Qué lindo —dijo cuando me levanté y me dirigí al cuarto de
26
baño.

Me pasé el resto del día viendo películas en mi ordenador. Añadía


reseñas de películas de vez en cuando en mi blog solo para darle vida.
Por lo general, conseguían un buen número de críticas, sobre todo si
eran de películas clásicas de los años ochenta. Hay algo reconfortante
en ver una película que ya has visto un montón de veces. Empecé
con Sixteen Candles y luego, como estaba en una especie de estado
de ánimo de John Hughes, pasé a Ferris Bueller Day Off y luego a Pretty
in Pink, con lo que acabé casi cuando el turno de Renee en el hospital
estaba a punto de finalizar.
Acampé en uno de los salones y, para un hospital, se hallaba
bastante tranquilo excepto por el chirrido ocasional de los zapatos de
alguna enfermera sobre el linóleo o el alboroto de un niño inquieto o un
monitor sonando. Había cenado en la cafetería, pero eso fue hacía un
par de horas y tenía la necesidad de comer algo. Renee me había
mostrado una máquina expendedora en el pasillo, así que pesqué en mi
bolsa algunas monedas y pausé la película.
—Sí —dije cuando vi que tenían tanto M&M’s como Skittles. No
podía comerme uno sin el otro. Era algo que empecé a hacer cuando
era niña, y era una de esas cosas que siempre había hecho y que
nunca cambiaron.
Mis M&M’s salieron bien, pero la estúpida bolsa de Skittles se
quedó atascada. Genial. El universo quería joderme. Di un golpe a la
máquina, tratando de liberar los caramelos. Por suerte, no había nadie
cerca. No quería ser arrestada por destrucción de la propiedad del
hospital. Eso sería ir definitivamente en contra de las reglas de Renee.
Incliné mi hombro y empujé el lado de la máquina, tratando
desesperadamente de conseguir que la bolsa de caramelos cayera de
las garras de la máquina.
—Vamos, hija de puta —dije, embistiendo mi hombro contra la
máquina.
—Tienes que empujar con las caderas —me sugirió una voz,
haciéndome levantar la vista de mi asalto a la máquina expendedora.
—¿Qué?
Un hombre que llevaba una holgada sudadera con capucha y
pantalones vaqueros igualmente holgados sobre zapatos de caña alta 27
un poco rotos, me miraba como si fuera algo que nunca hubiera visto
antes. Tenía la piel algo oscura y el pelo corto y negro, además de los
más sorprendentes ojos verdes. A diferencia de los míos, los cuales
tenían un matiz de azul, los suyos eran casi dorados. No pude dejar de
mirarlos, sobre todo después de que hubieran hecho contacto con los
míos. Hizo un gesto con la barbilla hacia la máquina.
—Tienes que empujar con las caderas. Así —explicó, mirando por
encima de su hombro para asegurarse de que nadie nos observaba
antes de hacerme señas para que me moviera a un lado—. La clave es
empujar con todo tu cuerpo contra la máquina, no solo con tus
hombros.
¿Era solo yo o hizo que sonara de forma sexual a propósito? Me
quedé mirándolo boquiabierta y se rió. No, no era solo yo. Era una de
esas risas que te hacía querer reírte también, como un acto reflejo. Era
apenas capaz de ocultar la sonrisa que amenazaba con extenderse por
mi cara.
—A la de tres —dijo, poniendo sus manos en la máquina junto a
las mías. De cerca, sus ojos eran aún más brillantes. Casi resplandecían.
—Uno. Dos. Tres —dijo, y ambos empujamos la máquina, la cual se
movió muchísimo más que cuando había estado solo yo empujándola.
Oí el satisfactorio sonido de los Skittles cayendo. El chico fue al frente de
la máquina y sacó la bolsa.
—Misión cumplida. —Me guiñó un ojo mientras me ofrecía la
bolsa.
—Gracias —dije, cogiendo la bolsa y asegurándome de no tocar
su mano. Estaba a punto de darme la vuelta e irme cuando él hizo un
sonido, como si estuviera por decir algo. Me quedé allí, esperando.
—Debo regresar —finalmente solté para romper el incómodo
silencio que se interponía entre nosotros.
—Oh, lo siento. Por supuesto, por supuesto —dijo, sacudiendo la
cabeza como si hubiera olvidado algo y acabara de recordarlo. Sonrió
y se metió las manos en los bolsillos.
—Está bien. Bueno, adiós. —Me despedí con la mano y me giré.
Pero qué raro era.
—No te olvides. Empuja con todo tu cuerpo la próxima vez,
pelirroja —dijo él, haciendo que me girase de nuevo. Estaba sonriendo
otra vez. ¿Pelirroja? Como si no hubiera oído eso antes. Al menos no me
había llamado zanahoria.
—Voy a mantener eso en mente. Gracias.
Por última vez, me di la vuelta y regresé a la sala de estar, su risa
haciendo eco detrás de mí.
El salón seguía vacío cuando llegué, y todas mis cosas todavía
estaban allí, así que me acomodé para ver otra película.
28
Lo siguiente que supe fue que alguien me sacudía el hombro.
—Oye, Jos. Hora de irse —dijo Renee, su voz más suave de lo que
había oído en mucho tiempo. Era la voz que probablemente utilizaba
con los pacientes. Me había quedado dormida en el sofá. Ni siquiera lo
recordaba. La pantalla de mi ordenador estaba oscura; ella también se
había ido a dormir.
Renee se sentó a mi lado, poniendo mis pies en su regazo y
dejando escapar un suspiro profundo.
—Entonces, ¿qué hiciste?
—Nada —dije, inclinando mi cuello hacia atrás y hacia adelante
para aliviar algunos calambres—. ¿Qué hora es?
—Las diez. ¿Estás lista para ir a casa? —Casa. ¿Ahora su casa era
eso?
—Sí. —Balanceé mis pies y me senté.
—Veo que irrumpiste en la máquina expendedora —mencionó,
recogiendo las bolsas de dulces vacías—. Loca con combinaciones de
dulces. —Las arrugó y tiró en un bote de basura mientras yo empacaba
todas mis cosas—. ¿Llegaste a hacer algo interesante? —dijo mientras
caminábamos de regreso a su coche.
¿Aparte de la interacción con el héroe de la máquina
expendedora? Estaba a punto de contarle sobre eso pero cambié de
opinión.
—No —contesté junto con un bostezo. Dormiría esta noche. Por lo
general, llegaba a un punto en el que estaba tan agotada que mi
cuerpo se apagaba solo. Este se sentía como uno de esos momentos.
—Sabes, deberías llamar a mamá. —No quería. Sabía que solo
terminaría en otro juego de gritos, y estaba demasiado cansada para
hacerle frente a eso en este momento.
—Lo haré. —Renee estaba a punto de decir algo, pero cambió
de idea.
—Vale.

29
5
Traducido por Val_17
Corregido por Lucero Rangel

Todos se encontraban sumidos en el modo estudio cuando


regresamos a la casa. Paul ocupó casi toda la mesa del comedor con
algo que, a primera vista, parecía demasiado complicado para siquiera
empezar a entenderlo.
Taylor y Hunter estaban en la sala de estar, y ambos tenían sus
cabezas enterradas profundamente en libros de texto. Darah se hallaba
en un pequeño escritorio escondido al lado de las escaleras, y sospeché
que Mase también andaba en algún lugar. Hace nueve meses, habría
estado justo allí con ellos. Ahora pensaba que solo parecían un montón 30
de personas perdiendo el tiempo.
—Pequeña Ne —dijo Mase, bajando las escaleras, con un libro de
texto en la mano, gran sorpresa—. ¿Cómo va la vida?
—Genial —contesté, poniendo mi bolso sobre al taburete junto a
la puerta principal. El sonido de la puerta cerrándose pareció despertar
a todos los demás, y nos miraron. Había tantos. Era abrumador. Además
de feliz. Lo que era igualmente abrumador. Paul se acercó y le dio un
beso a Renee, y ella fue a sentarse con él en la mesa del comedor para
ponerse al día.
—Me voy a mi… habitación —dije, interrumpiéndome antes de
que pudiera decir cueva. En realidad no era una cueva. O, si lo fuera,
era la cueva más agradable de todas. Con Wi-Fi y todo.
—¿Estás segura? Esta es tu casa ahora. No tienes que quedarte
ahí abajo —dijo Hunter—. No somos tan aterradores, ¿verdad? —Se giró
hacia Taylor, cuyos ojos estaban bastante vidriosos.
—¿Qué? Sigo pensando en sufragistas. —Él le dio una mirada y
negó con la cabeza.
—En serio, Jos, esta es tu casa. —En realidad no, pero era lindo de
su parte decirlo.
—Es solo que estoy muy cansada. Me voy a la cama. —Le dije
buenas noches a todos, incluyendo a Renee.
—¿No estás planeando actividades nocturnas? —preguntó ella.
—Nop —respondí, haciendo sonar la p.
—Bueno, por si acaso, te estoy vigilando —dijo, haciendo un gesto
con dos dedos hacia sus ojos y luego apuntándolos hacia mí—. Cada
vez que pienses que no estoy allí, será cuando aparezca.
—Jesús, basta con el tercer grado. Lo entiendo. Mensaje recibido.
Misión cumplida. —Pisoteé por las escaleras y cerré la puerta de un
golpe.
Ahh, paz y tranquilidad.

El resto de la semana fue muy parecido a ese primer día, con la


excepción de Renee dejándome ir sola a la oficina de admisiones para
inscribirme en todas mis clases y transferir todo de la UNH. Dado que mis
calificaciones de primer año eran tan altas, incluso con las notas de
mierda que conseguí el semestre pasado, seguían dispuestos a dejarme
31
entrar.
Cuando se trataba de clases, aprovecharía lo que fuera. Había
decidido seguir con mi especialidad, ciencias políticas con un grado en
pre-leyes, ya que parecía más fácil que elegir una nueva. Pensé que
transferirme sería un dolor en el culo, pero fue relativamente fácil, y
antes del final de la semana era oficialmente un Oso Negro de la
Universidad de Maine, con una calcomanía oficial para mi auto y una
copia de la canción de la escuela, la “Stein Song”. Seguro que no era la
primera persona que encontraba irónico que una universidad tuviera
una canción de taberna como su canción oficial de la escuela. ¿Qué
tipo de mensaje enviaba eso?
Solo me perdí la primera semana de clases, así que iba a ser
capaz de ponerme al día sin ningún problema, de acuerdo con todos
los profesores que me habían enviado correos electrónicos a mi nueva
cuenta de la Universidad de Maine para enviarme los planes de estudio
de sus clases.
Renee no estaba cerca para llevarme a comprar mis libros de
texto, debido a una reunión de su club de enfermería, por lo que la
tarea cayó en Hunter y Taylor, quienes me llevaron al campus el
sábado.
Pelearon sobre qué música reproducir todo el camino.
—Creo que Jos debería elegir —dijo Taylor finalmente cuando
prácticamente ya llegábamos al campus.
—No me importa.
—La regla es que el conductor tiene que elegir —contó Hunter,
saltándose una canción que Taylor había elegido.
—Uh, no, la regla es que yo tengo que elegir.
—¿Desde cuándo?
—Desde que pusiste este enorme anillo en mi dedo —anunció,
levantando el increíble anillo que Hunter le regaló cuando habían
empezado a salir. Era jodidamente enorme, y casi cegador cuando lo
mirabas. Solo otra muestra de su riqueza. Era simplemente incorrecto
que algunas personas tuvieran tanto dinero y otras tuvieran menos que
nada. No es que Renee y yo fuéramos pobres, pero teníamos nuestra
parte justa de ayuda financiera, debido a que nuestros padres tenían
tantos hijos entre ellos.
—Ese anillo no te da poderes totalitarios sobre la radio —dijo
Hunter, tomando su mano y besándola.
—Gracias a Dios —solté en voz baja mientras él encontraba un
lugar de estacionamiento en el centro de artes escénicas, el cual no se
hallaba demasiado lejos de la librería. Continuaron discutiendo mientras
entrábamos en la Unión y luego bajábamos hasta la librería. Estaba a 32
punto de decirles que podría encontrar los libros por mi cuenta cuando
Hunter tomó la lista de mi mano y comenzó a agarrar libros.
—Espera, amigo —dijo Taylor, golpeándolo en el estómago y
arrebatándole la lista—. No todos podemos simplemente escoger
cualquier libro que queremos. —Me dio una sonrisa simpática. Hunter
había sacado todos los libros nuevos de la estantería, los que seguían
envueltos en plástico. Era imposible que pudiera permitirme esos.
Tendría que conseguirlos usados, y aun así iba a tener un presupuesto
ajustado.
Taylor comenzó a sacar libros de las estanterías, todos con esa
brillante etiqueta de color amarillo que decía USADOS. Los hojeó para
asegurarse de que no tuvieran manchas extrañas, o páginas faltantes.
—¿Éste está bien? —Sostuvo uno y lo hojeé. Solo unas pocas
páginas estaban dobladas, y el lomo estaba bien. Asentí y lo puso en la
canasta que Hunter sostenía. ¿Quién sabía que conseguir libros de texto
se convertiría en un ejercicio de humillación?
—¿Por qué no vas a ver si puedes encontrar estos? —Rasgó la lista
por la mitad y lo empujó hacia la siguiente estantería. Una vez que él se
había ido me dio una sonrisa.
—No tenías que hacer eso —aclaré, mirando los libros como si
estuviera buscando uno, cuando en realidad, ni siquiera sabía lo que
decían los títulos.
—No, está bien. Sé cómo se siente, créeme. He estado allí, he
hecho eso. ¿Cómo está este? —Me entregó otro libro usado y encontré
una misteriosa mancha marrón en una de las últimas páginas.
—Ni siquiera quiero especular qué es eso —dijo ella, sosteniendo el
libro con la punta de sus dedos y poniéndolo de vuelta. Conseguimos el
resto de mi lista y llenamos la canasta.
—Ahora, este es uno de esos momentos en los que pagaría por
tener un tipo fuerte cerca. —Ambas tratábamos de levantar la canasta,
pero no pasaba. Como si hubiera dicho su nombre, Hunter dobló la
esquina con otra canasta igualmente llena que llevaba sin ningún
problema.
—¿Mis oídos me engañaron? ¿Pediste un hombre fuerte? —dijo
con una sonrisa arrogante. Sí, Renee no había exagerado. Él era una
maravilla.
—Cállate y lleva esto por mí. —Pateó la canasta hacia él. Hunter
miró por encima del hombro.
—Oye, Dusty, ¿quieres darme una mano, hombre?
—Claro —contestó un chico, girando en la esquina—. Hola, Tay — 33
saludó, sonriéndole a Taylor—. Y… pelirroja, nos encontramos de nuevo
—dijo con una sonrisa aún más amplia para mí. ¿En serio?
—¿Se conocen? —preguntó Taylor, dándome una mirada. Sabía
lo que significaba esa mirada, y sabía lo que implicaba, y tenía que
pararla antes de que fuera más lejos.
—No —contestó al mismo tiempo que el chico, quien al parecer
se llamaba Dusty, dijo—: Sí.
—Nos conocemos —dijo Dusty con otro guiño. Jesús, pensaba que
era un regalo de Dios, ¿no?
—Nos vimos. Una vez —traté de aclarar.
—¿Dónde? —preguntó Taylor. Hunter no había dicho nada, pero
miraba de Dusty a mí, y podía sentir mis orejas poniéndose calientes.
Una de las principales desventajas de ser pelirroja es que cuando te
ponías incómoda o avergonzada, lo transmitías al mundo. Lo cual era lo
que hacía en ese momento. Dusty parecía deleitarse con eso. Imbécil.
—Fue en el hospital la otra noche. Así que, um, creo que eso es
todo. Deberíamos irnos —dije, inclinándome para recoger la canasta.
Estaba decidida a hacerlo por mi cuenta. Un par de brazos se me
adelantó.
—Déjeme llevar eso, señorita —pidió Dusty mientras levantaba la
vista para encontrar nuestros rostros a solo pocos centímetros. Se rió un
poco entre dientes y me levanté tan rápido que la sangre se apresuró a
mi cabeza.
—No necesito tu ayuda.
Parecía que iba a dar una réplica rápida, pero solo agachó la
cabeza.
—Bueno, la tienes de todos modos.
—Está bien, entonces. ¿Lista para irte? —inquirió Taylor, tomando
mi brazo y dirigiéndome a la caja para pagar. Oí a Hunter y Dusty
hablando detrás de mí y escuché claramente que Hunter le dijo mi
nombre a Dusty. Como si fuera de su incumbencia.
Después de registrar todo y darle a la librería de la Universidad de
Maine una buena parte de mi cuenta bancaria, llevamos los libros de
vuelta al auto de Hunter. Por supuesto, siendo el chico siempre-servicial
que era, Dusty también tuvo que venir.
—Hunter me contó que te matriculaste aquí —señaló mientras
poníamos los libros en el maletero. Taylor y Hunter se enfrascaron en una
discusión, probablemente sobre mí.
Simplemente asentí.
Se apoyó contra el auto. —Mira, aprecio que tengas toda esta
34
actitud de “no me toques, no me mires, ni siquiera pienses en mí”, pero
solo trato de ser amable. Podrías, ya sabes, agradecerme por ello.
—Gracias —dije, dándole una sonrisa completamente falsa. Sí,
sabía que estaba siendo una completa idiota con este chico, pero
había algo en él que me hacía apretar los dientes. También había algo
familiar que se metió bajo mi piel y picaba como el demonio.
Él negó con la cabeza.
—Bueno, está bien. —Empezó a alejarse.
—Oye —dije, y se detuvo—. Lo siento por ser tan idiota. Es un poco
lo mío. —Me reí por la verdad de ello.
—No, no creo que lo sea —contestó, mirándome fijamente con
esos ojos verdes que parecían verlo todo—. ¿Nos vemos mañana,
Hunter?
—Cierto —respondió Hunter, como si acabara de recordar algo—.
Mañana.
—Adiós, pelirroja —dijo Dusty, caminando al revés con las manos
en los bolsillos.
—Adiós —saludé, cerrando el maletero del auto.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Taylor, cruzando los brazos
y dándome una mirada que era casi exactamente igual a la de Renee.
Maldición, esas dos se habían contagiado la una a la otra.
—Nada —dije, tratando de entrar al auto.
—¿Tienen hambre, chicas? —preguntó Hunter, de una manera
descaradamente obvia de tratar de desviar la atención.
—No sé por qué lo haces gran cosa —dije, entrando en el asiento
trasero—. Nos conocimos en el hospital, como, por cinco segundos. Fin
de la historia. ¿No tengo permitido hablar con la gente ahora? ¿Es parte
de las reglas no escritas que mi hermana no me contó?
Hunter le dio una mirada a Taylor, y ella negó con la cabeza.
—No importa. Exageré. Tengo una tendencia a hacer eso, para
que lo sepas —informó.
—No, ¿en serio? —se burló Hunter, ella lo golpeó y encendió la
música, dirigiendo a otra discusión sobre la elección de canciones.
¿Cuáles eran las posibilidades de que me encontrara tanto a
Dusty? Quiero decir, él y Hunter eran amigos, obviamente, pero la
Universidad de Maine era un campus grande. Además, si alguna vez
venía a la casa, podría esconderme en el sótano si tuviera que hacerlo.
O escapar a algún lugar, si Renee me dejaba. Ella tenía que aflojar las
riendas en algún momento. ¿Y en realidad a quién le importaba si lo 35
veía de nuevo? No era como si me afectara o algo así. Él no era más
que un chico.
Solo un chico.
6
Traducido por Jadasa &Issel
Corregido por Cotesyta

El domingo fue un día de quehaceres en la Casa Yellowfield.


Encantadoramente fanática del control, como siempre, Darah añadió
la lista de quehaceres y todos tenían su parte, incluyendo un calendario
de rotación para que nadie tuviera que hacer la misma cosa una y otra
vez. Lo curioso era que todos le hacían caso sin dudar. Como si ella
fuera su madre, dando estrellas de oro y aumentando la mesada en
caso de que cada uno lo complete.
—Imaginé que necesitabas otra semana para instalarte, pero la
próxima semana estás en la lista —dijo Darah, como si me estuviera 36
ofreciendo un plato de esas maravillosas snickerdoodles.
—Genial —dije con una sonrisa que era completamente forzada.
No es que quería ser una vaga, sino que ellos parecían tenerlo todo en
la mano. Mantenía mi habitación y baño limpios, ayudé con los platos.
Siguieron intentando integrarme en el funcionamiento de la casa, y no
quería ser parte de ello. No era una parte de ello, en realidad no.
Todos ayudaban a pagar la casa. Yo solo era un inconveniente
que se les había impuesto. La molesta hermana menor.
Al final de la mañana todos los quehaceres estuvieron hechos, y la
casa ya impecable se hallaba aún más impecable. Hice mi primera
carga de ropa, y todos se pusieron con sus propias actividades. Renee
tenía un torneo de “Call of Duty” con algunos de los amigos de Hunter y
Mase, Dev y Sean, Darah se ponía al día con los deberes y Taylor leía un
libro de vampiros en su lector electrónico mientras Hunter tocaba su
guitarra.
Renee me contó que era una especie de genio de la música que
podía prácticamente tocar cualquier canción. Ahora tocaba cualquier
cosa que Taylor gritaba, incluyendo Taylor Swift, Bruno Mars, Seal y
Matchbox Twenty.
Cambié mi carga de ropa a la secadora y estaba a punto de
volver a sentarme a observar la batalla de “Call of Duty” cuando todos
escuchamos el timbre de la puerta.
—Yo voy —dijo Hunter, levantándose y corriendo hacia la puerta,
como si estuviera intentando ganarles a todos los demás. Incluso si
nadie más se levantó. Raro.
—Hola, hombre, sabes que no tienes que tocar el timbre. Siempre
está abierto. —Dio un paso a un lado para dejar entrar a la persona, y
miré hacia la puerta.
—Lo sé, pero tengo esta afición por los timbres —dijo una voz
familiar antes de que una persona conocida entrara por la puerta.
Dusty.
Me sorprendí al verlo, pero él no parecía sorprendido en lo
absoluto.
—Pelirroja —dijo, dándome una pequeña reverencia—. Me alegro
de verte de nuevo. —Miré a Hunter, quien trataba de no mirarme. Algo
hizo clic en mi cerebro. Dusty había dicho que vería a Hunter mañana.
Bueno, ese día era hoy. Hmm, Hunter no dijo nada sobre que Dusty
vendría. Me pregunto ¿por qué fue eso?
—¡Hola, Sharp! —gritó Mase mientras algo explotaba, Dev gemía y
lanzaba su control. 37
—Hola —saludó Dusty, entrando y sentándose en el sofá como si
anteriormente lo hubiera hecho un millón de veces. También estaba
sentado en mi lugar—. ¿De nuevo “Call of Duty”? ¿Qué tan mal estás
perdiendo?
Mase se quejó mientras yo miraba a Hunter. Me rodeó y fue a
sentarse en el sillón. No tuve más remedio que apoyarme en el brazo del
sofá.
—Oh, Dusty, esta es mi hermana Jos —declaró Renee, apenas
levantando su mirada del juego. Ella se concentraba cuando jugaba.
—Nos conocemos —dijo, mirándome por encima de su hombro, y
luego de vuelta al juego.
—¿Cuándo? —preguntó Renee, moviendo todo el cuerpo a la
vez que movía el control, como si eso fuera a hacer alguna diferencia.
Siempre la había amenazado con grabarla mientras lo hacía para un
futuro uso de chantaje.
—No lo recuerdo claramente. ¿Dónde fue que nos conocimos? —
No podía mirarlo con todos observando, así que tuve que conformarme
con apretar mis dientes. Sabía muy bien donde nos conocimos. Estaba
realmente jodiendo conmigo delante de todos. Oh, dos podían jugar a
esto. No era una pelirroja por nada.
—Así es. Fue en el hospital, y necesitabas saber el camino a la
farmacia. ¿Ya desapareció la picazón en tus genitales? —susurré la
última parte e hice un gesto hacia el área.
Los ojos de Dusty se abrieron de par en par durante un segundo
antes de que se estrecharan y una sonrisa se extendiera por su cara.
Todos los demás empezaron a reírse nerviosamente, preguntándose si
hablaba en serio o no. Aún no me conocían lo suficiente. Por supuesto
que Renee solo puso los ojos en blanco.
—Demasiada información, amigo —dijo Mase, sacudiendo su
cabeza, y Dev intentó deslizarse lejos de Dusty en el sofá.
—Bien jugado, pelirroja. Muy bien jugado. —Comenzó a aplaudir
despacio mientras se reía—. Sí, mis genitales ya no me pican. —Se movió
sobre el sofá, ajustando sus pantalones. En serio, ¿cómo mantenía arriba
sus pantalones? Era uno de esos misterios que la ciencia aún tenía que
resolver. Al igual que, dónde pierdes los calcetines cuando los colocas
en la secadora. Se aclaró la garganta cuando me pilló mirándole los
pantalones. Jesús, probablemente pensó que intentaba echarle un
vistazo a su pene. No es que alguna vez pudiera verlo…
—A propósito de eso —dijo Hunter, aclarándose la garganta y
dándome una mirada antes de agarrar su guitarra de nuevo—. Bien,
ahora están abiertas las solicitudes de cualquiera menos de Taylor.
—¡Oye! —protestó, levantando la vista de su libro. 38
—Lo siento, Miss, es hora de que alguien más abuse de mi genio
musical.
—Bien —dijo, regresando a su e-reader, pero le dio un pequeño
guiño antes de hacerlo. Todos parecían demasiado envueltos en lo que
hacían, o estaban ocupados tratando de pensar en una canción.
—Sunday Morning —solté. Fue lo primero que me vino a la mente.
Hunter levantó la vista de la guitarra. —¿Maroon 5?
—Sí. —Él sonrió y miró a Dusty—. ¿Me puedes dar el ritmo? —Dusty
asintió y se acomodó. Después de pensar un segundo, empezó a hacer
sonidos con su boca. No solo sonidos. Beat boxing. Hunter escuchó por
un segundo y luego comenzó a rasguear mientras Dusty realizaba más
sonidos hasta que fue como si estuviera creando una completa sección
de percusión para la canción con solo su boca.
No podía evitar que mis cejas se levantaran, pero nadie más
parecía sorprendido. Dusty ladeó su cabeza, y puse mi expresión facial
neutral, pero de todos modos, aun así en cierto sonrió. ¿Demasiado
arrogante? Hunter comenzó a cantar, e intenté encontrar una manera
cómoda de apoyarme en el brazo del sofá a la vez que fingía estar
interesada en las explosiones y el caos que ocurría en la televisión.
Prefería colocar mi cabello en el fuego que pedirle a Dusty su asiento, o
darle la satisfacción de ir al comedor para traer una silla. Simplemente
debería haberme quedado en mi cueva.
Vale, Dusty era muy bueno en el beat boxing, de todos modos, no
es que fuera una experta. Hacía sonidos con su boca que no sabía que
un ser humano podía hacer. ¿Y qué? Había un millón de personas en
internet que podían hacer lo mismo. No era nada especial. No era nada
como para desmayarse. Él no era nada como para quedar extasiado.
Terminaron la canción, y Dusty hizo un ruido extravagante que
sonó como un choque de platillos y repercusiones.
—¿Suficientemente bueno para ti? —dijo Dusty, dándose la vuelta
para mirarme.
—Uhhm —contesté, encogiendo un hombro y girando de nuevo
hacia la televisión cuando Renee gritó y saltó hacia arriba y abajo,
todos los chicos gimieron y lanzaron hacia abajo sus controles.
—Tomen eso, perras —dijo Renee, apuntándolos—. En sus caras.
—Comenzó a hacer movimientos que era algo entre un baile en un club
de putas y una mezcla de baile raro de iniciación. Todos los chicos
abuchearon y le arrojaron cosas. Simplemente sacudí la cabeza. Esa
era mi hermana.
—Espero que esos movimientos sean genéticos —susurró una voz
tan cerca que me resbalé de mi posición sobre el brazo del sofá. Por 39
fortuna, fui capaz de sostenerme antes de que mi trasero golpeara el
suelo. Todos estaban demasiado distraídos con el bailecito de la victoria
de Renee.
—Sabías que es de mala educación acercarse sigilosamente
detrás de la gente —dije, dándome la vuelta para mirar a Dusty, quien
de alguna manera logró levantarse del sofá y acercarse sigilosamente
detrás de mí.
—Sabes que es de mala educación contarle a todos que un
hombre tiene una erupción en su pene cuando no es así. —Cruzó los
brazos y se inclinó, desafiándome—. Entonces, pelirroja, ¿qué tienes que
decir ante eso?
Sí, debería haberme quedado en mi cueva.
—Nada. No tengo nada que decirte.
Afortunadamente, Mase nos interrumpió.
—Pequeña Ne, ¿quieres un turno? —El gen del maestro-en-vídeo-
juegos parecía haberme sido omitido y solo concentrarse en Renee. Me
aparté de Dusty. Hunter nos observaba fascinado. Uf, eso era lo último
que necesitaba.
—No, estoy bien —dije, caminando alrededor de Dusty y tomando
el asiento que había desocupado en el sofá, reclamándolo como mío.
Le lancé una sonrisa, y él simplemente simuló aplaudir de nuevo antes
de ir a la cocina y arrastrar una de las sillas del comedor.
Renee seguía pateando traseros cuando mi teléfono sonó con
una llamada de mi mamá. Justo lo que necesitaba. Me levanté del sofá
y me encaminé a mi cueva. De ninguna manera iba a hablarle en
frente de todos.
—Hola, mamá. —Escuché gritos en el fondo, pero eso era normal.
Mamá siempre me llamaba cuando hacía un millón de cosas más.
—Hola, Jos. —Su voz estaba tensa, pero menos tensa de lo que
había estado más temprano en la semana. De algún modo nos abrimos
camino hacia un terreno menos inestable, pero eso no significaba que
estuviera menos enfadada conmigo—. ¿Estás lista para comenzar clases
mañana? —Un chillido significaba que ella probablemente le quitó algo
a una de las gemelas.
—Como nunca. —No tenía elección. No me dejarían ni siquiera
abandonarla si lo sugiriera como una solución potencial a mi implosión
académica. Podía conseguir un lugar donde vivir y un trabajo, luego
ellos se desharían de mí. No malgastaría su dinero; o el del gobierno. Es
una situación que ganamos todos. O eso pensaba. Mamá actuó como
si le acabara de decir que había sacrificado brutalmente a un grupo de
personas, y papá solo me colgó cuando se lo insinué después de haber
fallado con ella. Y Renee amenazó con estrangularme por siquiera 40
mencionarlo.
—Bueno, quiero un reporte completo cuando regreses, ¿me oíste?
Lo juro, si recibo una llamada de tu hermana diciéndome que te has
saltado las clases, las pagarás caro.
—Lo sé, lo sé.
—Vale. No, no puedes comer galletas para la cena. ¿Cuántas
veces tengo que decirte eso? —Esperé a que terminara de gritarle a
cualquiera de mis hermanos que tuviera la audacia de querer galletas
para la cena.
—Escucha, tengo una pataleta en proceso aquí, y Chuck está
trabajando hasta tarde, así que estoy sola. ¿Puedo llamarte después?
—Sí, claro. —Nunca lo haría.
—Adiós, Jos. ¡Todos díganle adiós a Jos! —Debió haber sostenido
el teléfono en alto, y escuché un coro de mis hermanos diciendo adiós.
—Adiós a todos —les grité. Luego el caos cesó y la llamada murió.
Demasiado para eso. Volví a poner el teléfono en mi bolsillo y subí las
escaleras.
Hunter y Dusty se estaban volviendo locos con una interpretación
de “Everybody Talks” de Neon Trees. Dusty también golpeaba el ritmo
en su silla. El juego de video había sido abandonado, y todos los demás
tarareaban, incluyendo a Renee. Me quedé de pie atrás y esperé, sin
querer irrumpir en la burbuja musical. La canción terminó y Renee me
dio una mirada. Seguro quería una repetición palabra por palabra de la
conversación con mamá. En realidad, no era nada que hiciera temblar
la tierra, así que solo me senté de vuelta mientras terminaban la
canción.
—Está bien, mi turno. “Scream” de Usher. Vamos —alentó Dusty
antes de comenzar una serie de gimnasia vocal que fue incluso más
impresionante de lo que ya había escuchado. Está bien, está bien, eres
talentoso. Mensaje recibido. Tan pronto como Hunter empezó a cantar,
Mase saltó y comenzó a bailar. Dev se le unió y de alguna manera se las
arreglaron para bailar en el pequeño espacio sin romper nada. Pensaría
que Darah habría estado retorciéndose por la posibilidad de unas de las
cuidadosamente acomodadas fotos o envases o cualquiera de las otras
verdaderamente lindas cosas siendo rotas por los movimientos de baile
enfermos de su novio, pero ella solo sonrió y miró con su barbilla en las
manos. Idiotas. Todos eran idiotas.
El canto continuó por un rato, luego alguien mencionó comida y
después eso fue lo único sobre lo que todos podían hablar, así que el
grupo alcanzó un convenio de que una noche fuera estaba en orden.
—Sí, nunca pudimos celebrar el nuevo miembro de la familia de la
Casa Yellowfield —dijo Taylor mientras todos gritaban sugerencias. Eso
hizo que todo el mundo se girara hacia mí, incluyendo a Dusty—. Vale,
41
tú escoges el lugar —añadió. Aunque no era mucho mayor que yo,
cuando hablaba todo el mundo parecía escuchar. Ella también era la
más bajita.
—Um, ni siquiera sé qué hay por aquí. —Quería salir y ver qué
había en Bangor, pero Renee había estado completamente en contra
de eso. En realidad podría divertirme, y eso iba definitivamente contra
las reglas.
Y luego comenzaron de nuevo a hablar todos a la vez, cada uno
sugiriendo su lugar favorito, diciéndome cual tenía los mejores filetes,
pizza o costillas. Jesús, eran ruidosos.
—Guou, esperen —dije—, no puedo pensar bien cuando todos
me gritan. Necesitamos, como que, hacer esto democráticamente.
Intervino Darah.
—¿Qué tal si todos escriben sus opciones en un pedazo de papel
y luego Jos escoge una?
Eso hizo que todos excepto Dusty estallaran en una risa estridente.
—Sí, porque esto funcionó muy bien antes —anunció Taylor,
empujando a Hunter en el pecho. Él solo tomó su mano y la besó.
—Bastante bien, diría yo.
Le di a Dusty una mirada, porque él era la única otra persona que
no disfrutaba de la broma interna.
—Está bien entonces —exclamó Dusty, arrancando un pedazo de
papel de un cuaderno en el que alguien había estado haciendo la
tarea más temprano—. Mi elección es Sea Dog. ¿Quien sigue? —Escribió
las opciones de todos y luego los rompió en piezas iguales, los dobló y
los lanzó en un sombrero—. Has los honores, pelirroja —dijo, haciendo
una reverencia y sosteniendo el sombrero como si estuviera confiriendo
un gran regalo.
Todos esperaron con anticipación como si estuviera escogiendo
algo que afectaría el resto de sus vidas. Agarré un trozo de papel, lo
desdoblé y leí en voz alta.
—Es Sea Dog. —Dusty me guiñó el ojo. Por supuesto que había
escogido su elección. Todos los demás estuvieron de acuerdo en que
este era un buen lugar y comenzaron a recoger sus cosas.
—¿Necesitas un aventón, pelirroja? —Avanzó furtivamente detrás
de mí de nuevo mientras recogía mi abrigo.
—Juro, que uno de estos días vas a toparte con mis puños si te
acercas sigilosamente, Dustin.
—¿Vienes, Jos? —preguntó Renee mientras Paul la ayudaba a
colocarse su abrigo y todos los demás se metían en sus carros. Decidí 42
aprovechar mi oportunidad de salir de su radar, incluso aunque tuviera
que pasar unos minutos con Dusty.
—Voy con Dusty. —Él pareció sorprendido por un segundo y luego
sonrió. Tan solo... ¿Sonreía todo el tiempo? ¿era esto un reflejo?
Renee lucía como si fuera a protestar y luego Paul le dijo algo al
oído. Tuvieron una discusión rápida y Renee lanzó sus manos hacia
arriba.
—Bien. Te veo allá. —No sabía por qué hacía tanto escándalo. El
restaurante estaba justo al final de la calle.
—Las damas primero —dijo Dusty, señalando hacia el VW Golf
negro que tenía más que unos pocos golpes—. Por cierto, escribí Sea
Dog en todos —susurró.
Por supuesto que lo hizo.
—Guau, escurridizo —dije fingiendo estar impresionada. Me cerró
la puerta, y resistí la urgencia de decirle que no lo hiciera. Matt, mi ex,
era experto en abrir las puertas, y siempre me había gustado. Sí, sabía
que esto iba en contra del feminismo y lo que sea, pero aun así era
lindo. Matt era bueno en cosas como esas. Flores en los días festivos,
sacándote las sillas y usando corbatas.
Su ambición era ser presidente, y siempre decía que si querías ser
presidente el primer paso era lucir como uno. De acuerdo, yo también
solía vestirme muy diferente para entonces. Sí, solía usar faldas, blazers,
zapatos de charol e incluso pasadores para las bufandas de mi cuello.
Había metido todo esto en una caja y lo dejé en la casa de mi mamá
cuando me mudé a mi dormitorio este año. No necesitaba ya de nada
de eso. Dejé todos los clubs en los que había estado, incluso el consejo
escolar, para la consternación de casi todos allí. Más que nada porque
guardaba las actas y nadie más quería hacerlo.
—Así que, ¿cuál es tu historia, Joscelyn Archer? —preguntó Dusty
mientras salía detrás del Charger de taylor—. ¿Siempre has tenido ese
chip en tu hombro, o es nuevo?
¿Por qué diablos le importaba?
—¿Cuál es tu historia, Dustin Sharp? Renee nunca antes te había
mencionado. —En vez de encender la radio, hizo su propia música
repiqueteando en el volante y haciendo sonidos de tambor militar con
su boca. Comencé a pensar que tenía TDAH1. Eso explicaría mucho.
—Apuesto que la tuya es mucho más interesante que la mía —dijo
él, girándose para mirarme. Miré por la ventana, fingiendo encontrarme
fascinada con las casas que pasaban—. Está bien, tú ganas —cedió
cuándo no respondí—. Solo digamos que no siempre fui así de apuesto
y talentoso. Uh, me metí en bastantes problemas cuando era más joven,
si puedes creer eso. —¿Podía? Apuéstalo—. Y yo lo jodí bastante y luego
algo me pasó... sí, esta parte suena tonta, pero algo pasó y puso las 43
cosas en perspectiva, ¿sabes? Dejé de cagarla tanto, y comencé a
interesarme en lo que quería hacer con mi vida.
—¿Y cómo te hiciste amigo de Hunter? —Eso era lo que me daba
más curiosidad.
—Conocí a Hunter en una de mis clases, y por falta de un mejor y
más masculino término, formamos un bromance. Ahora nos vemos todo
el tiempo, desde que cambió su especialidad. Entonces, sí, esa es mi
enmarañada y completamente extraña historia
No era lo que había esperado, pero antes de poder responder, él
se estacionó.
—En el camino de regreso es tu turno, pelirroja.
Esta vez abrí la puerta yo misma antes de que él pudiera rodear el
carro.

1 Trastorno de déficit de atención con hiperactividad.


7
Traducido por Niki, Lauu Lr & Auris
Corregido por Beatrix

La cena estuvo... interesante. Todo el mundo, excepto Dusty y yo,


se relajó tomando cervezas. A pesar de que Taylor no era mayor de
edad, Hunter pidió dos vasos a la vez y le entregó uno cuando el
camarero no miraba. Ni siquiera me molesté en intentarlo, porque los
ojos de Renee estaban sobre mí todo el tiempo. Ella se mantuvo con
una cerveza, pero sabía por experiencia que podría salirse de control si
quería.
Cuanto más alcohol consumía el grupo, más sucias se volvían las
historias. Renee no dejaba de tratar de callarlos, como si fueran a 44
envenenar mis preciosos oídos. Como si no hubiera escuchado eso ya.
Estuve en la universidad antes. También tuve la pequeña sospecha de
que ellos se comportaban lo mejor posible conmigo en la casa.
—Oh, Dios mío, ¿te acuerdas de esa vez que te sorprendí en la
ducha? —le dijo Mase a Renee.
—No, no lo recuerdo —dijo, interesándose mucho en las medio
devoradas cebollas fritas—. Pero incluso si lo recordara, eso no significa
que sea el tipo de historias que uno diría en frente de sus impresionables
hermanitas. —Sus palabras eran afiladas como cuchillos y creo que
Mase y todos los demás captaron el mensaje. Luego fue uno de esos
momentos de silencio donde todo el mundo está súper incómodo y no
sabe qué decir. Se alargó hasta que Dusty se aclaró la garganta en voz
alta y después hizo un silbido como un avión volando y estrellándose en
una explosión gigante. Fue bastante acertado el sonido e hizo reír a
todos con nerviosismo. Nuestro camarero eligió ese momento para venir
a preguntar si alguien quería más bebidas. Pedí otro Dr Pepper y Dusty
otro Mountain Dew.
—Vas a estar despierto toda la noche si sigues bebiendo esas
cosas —comenté. Por supuesto habíamos sido los últimos en llegar al
restaurante, por lo que conseguimos las dos últimas sillas en el extremo
de la mesa, así que por supuesto estaba junto a él.
—Tal vez ese es mi plan. Tal vez no duermo.
Solo pude pensar en criaturas sobrenaturales. —¿Vampiro,
hombre lobo o zombi?
—Todas las anteriores —susurró y me guiñó un ojo. ¿Por qué
hablaba con él de nuevo?
Robé una mirada por la mesa hacia Renee, pero Paul le decía
algo y ella se reía. Gracias, Paul. Llamé su atención y le di un pulgar
hacia arriba.
—Tu hermana es, um, protectora —dijo Dusty.
—Es una novedad reciente.
Hizo un gesto con la mano para que lo desarrollara. —Debido a
que...
Rodé los ojos.
—No es asunto tuyo. —No iba a entrar en detalles sobre mi historia
con él a pesar de que compartió la suya. No le pregunté. No me
importaba.
—Creo que tenemos que hacer un brindis —propuso Darah,
levantando su copa. Sabía que ella no era una gran bebedora de
cerveza, pero parecía haber cambiado de opinión—. Por nuestra nueva
residente, Jos. 45
—Que las decisiones de su vida sean mucho más sabias que las
nuestras —terminó Mase por ella. Vasos chocaron y tintinearon, y había
un poco de cerveza derramándose mientras mis orejas se pusieron rojas
y traté de no hacer contacto visual con nadie. Sí, mis decisiones de vida
no eran asunto de nadie sino mías.
Odio cuando la gente dice “aprovecha el momento”. Aprovecha
sonaba tan violento. ¿Qué hay de “ama el momento” o simplemente
“vive el momento”?
Vive el momento.
Un par de dedos chocaron frente a mi cara, haciéndome
sobresaltar.
—Vuelve a la tierra, pelirroja. Estabas orbitando en otro lugar. Eso
es peligroso, ya sabes. —Me volví hacia él y una réplica se formó en mis
labios, pero lo dejé pasar. No valía la pena. Él no entendía. Así que solo
le di una dulce sonrisa e imaginé vertiendo su vaso de Mountain Dew en
su cabeza. Hubiera sido satisfactorio, pero habría causado una escena.
—Vale, vale, es hora de que algunos de nosotros vayamos a casa,
porque algunos tenemos clase mañana —anunció Renee.
—Se refiere a mí —dije en un susurro para toda la mesa. Se rieron,
algunos más que otros, pero eso fue probablemente debido a la
cerveza y no porque fuera muy graciosa.
—Puedo llevarla —le informó Dusty mientras todos trataban de
averiguar la cuenta y cuánto propina debían dejar. La mayoría de los
chicos hicieron su cosa de hombres y se negaron a dejar que las pobres
delicadas mujeres consideraran pagar. Después de unas lecciones
sobre el feminismo y la creciente popularidad de los holandeses en
marcha, los chicos ganaron la batalla y las mujeres dejaron la propina.
Paul terminó pagando por mí, sobre todo porque me encontraba en la
quiebra como la mierda.
—Pero entonces tendrías que ir a nuestra casa a dejarla y luego
conducir de vuelta. No hay problema, estoy bien como para conducir
—comentó Renee.
—No es gran cosa. He olvidado mi teléfono en su casa de todos
modos. —Era mentira. Se lo vi en el bolsillo, pero mantuve la boca
cerrada.
—Si no te importa...
—No es gran cosa, Ne —dijo. Así que supongo que era así como
todo el mundo la llamaba en estos días. Siempre odiaba cuando Paul la
llamaba "Nene", pero supongo que lo había superado. Solo se puede
luchar contra un apodo durante cierto tiempo antes de que todo el
mundo decida usarlo con o sin su permiso.
¿Y si te llamo... Josie? ¿Jo? ¿Jojo? ¿Lyn?
46
Al final accedió a llamarme Jossy, ya que fue la única sugerencia
con la que podría vivir.
—Te fuiste de nuevo, pelirroja. ¿Tienes un hábito de hacer eso? —
dijo Dusty, trayéndome de vuelta otra vez.
—No es asunto tuyo.
Se echó a reír mientras caminábamos, y algunos tropezaron un
poco, fuera del restaurante.
—Suenas como un robot cuando dices eso. Significa que he dado
en el clavo a algo que quieres mantener oculto. Eres una de esas chicas
cebolla.
—¿Chicas cebolla? —Tuve una breve visión de una chica
llevando un traje de cebolla—. ¿Estás diciendo que huelo como una
cebolla?
Llegamos al coche y le dejé abrirme la puerta, estando de pie
atrás y cruzando los brazos. Maldita sea, era divertido engañarle. Estaba
a punto de abrirla, pero retrocedió su brazo en el último segundo y
caminó alrededor de su lado del coche. La abrí de golpe, entré y ajusté
mi cinturón de seguridad.
—No, quiero decir que eres una de esas chicas con capas. Ya
sabes, eres más que una cara bonita. Además, no tienes que llenarte
con una capa de maquillaje para llegar allí. —Si bien es cierto que no
me ponía un montón de maquillaje, antes sí, cuando llevaba faldas más
a menudo que los pantalones y tenía que lucir bien para cualquier
oportunidad de que nos tomaran fotos. Solía levantarme temprano
todos los días, alisar mi pelo y delinear mis ojos. Tenía una obsesión por
los ojos de gato. Sinceramente, no sabía dónde se encontraba mi
delineador de ojos. Definitivamente no lo había visto en meses. Renee
probablemente lo robó.
—¿Es esa una manera agradable y ligeramente rara de decirme
que me veo como la mierda?
—Jesús, ¿te tomas todo negativamente? Hombre, patéale a un
chico por intentarlo. —Negó y comenzó a hacer ruidos de tambor—. Tu
turno.
—No te voy a contar mi historia, Dusty.
—No estoy pidiendo tu historia. Solo... dame algo.
—¿Por qué? ¿Qué quieres de mí?
Negó, un tipo diferente de sonrisa en su rostro. Era casi tímida.
Como si algo en él alguna vez podría ser considerado tímido.
—Nada, pelirroja. Absolutamente nada.
Y para el momento en que pude pensar en algo que decir, ya nos
encontrábamos de vuelta. 47
—Sé que no olvidaste tu teléfono, mentiroso. ¿Algo se quema? —
Fingí olfatear el aire mientras caminábamos hasta los escalones de la
entrada—. Creo que tus pantalones están en llamas, amigo 2.
—Ja, ja, eres tan divertida. —Extendió la mano y tocó el timbre.
Levanté las cejas. Hubiera simplemente entrado. La campana sonó y
Dusty hizo el mismo sonido exacto con la boca. De alguna manera. La
puerta se abrió, y Hunter nos dio una mirada antes de sostener la puerta
abierta para dejarme entrar.
—¿Gracias por el paseo? —le dije a Dusty, pero sonó como una
pregunta. Golpeó dos dedos en su frente y luego los movió hacia arriba
en un pequeño saludo. Sí, está bien.
—Adiós.
Hunter seguía mirando a Dusty. Hmm. Me distraje de verlos por un
sonido de vomito procedente del baño de arriba y luego Mase gritando
que necesitaba una mano. Hubo un sonido como una estampida de
modelos mientras Renee y Taylor subieron por las escaleras para cuidar
de su compañero caído.

2Se refiere al dicho ingles que es Liar, Liar, pants on fire, que se traduce como
mentiroso, mentiroso, tus pantalones se están quemando.
—Jos, ¿me puedes traer un vaso de agua? —preguntó Renee por
encima del hombro cuando los sonidos de vomito se hicieron más
fuertes. Genial.
—Sí, ahora te lo traigo —le dije, dándole un pulgar hacia arriba y
caminando hacia la cocina. Puse el vaso en el fregadero, llenándolo
con agua, y caminé un poco de puntillas donde podía oír a Hunter y
Dusty, pero no me podían ver.
—¿Entonces, te veré mañana en Steiner? —dijo Hunter.
—Sí. Puede que llegue tarde, pero se lo haré saber a Kent. —Dusty
entró en la sala de estar, y le oí decir algo sobre “buscar su teléfono”—.
Lo encontré. Hasta mañana, hombre. Gracias por invitarme.
—Gracias por venir. —Los escuché chocando manos o puños o
haciendo algún tipo de ritual de chicos y luego la puerta se cerró y me
di cuenta de que el vaso de agua se desbordaba. Volví al grifo y lo
cerré.
Bromance en serio.

48
Mi alarma rompió completamente la tranquilidad del sueño la
mañana siguiente así que me desperté maldiciendo. Estúpida escuela
de mierda. Me levanté de la cama y tropecé hacia el baño. Apenas
me ocupaba de mis asuntos cuando un puño golpeó en la puerta y la
voz de Renee penetró en mi neblinosa mañana.
—Será mejor que no llegues tarde a tu primer día.
—Gracias, mamá, pero sería lindo si pudiera hacer pis sin que me
interrumpan.
—Solo sube tu trasero escaleras arriba en diez minutos, o voy a
regresar para arrastrar tu culo a clases, sin importar como te veas.
—Por los clavos de Cristo —murmuré en voz baja. Ni siquiera podía
recordar a mi madre siendo así cuando me llevaba al jardín de infancia.
—Date prisa —dijo, moviendo el pomo para asegurarse. Tenía casi
decidido caminar por las escaleras desnuda y decir que estaba lista,
solo para ver la mirada en su rostro. Pero no tenía ganas de estar
desnuda enfrente de todos los chicos, así que descarté el plan.
Ocho minutos después me encontraba empujando en mi cara un
sándwich de huevo y queso que hizo Taylor y poniendo los cuadernos
en mi nueva mochila bandolera. En mi vida de “antes”, habría llevado
un bolso de diseñador justo como las demás chicas. Claro que también
tenía un bolsito de mano que iba con todo mi maquillaje, tampones y
esas cosas. Ahora tenía una mochila bandolera negra con muchos pins
y botones que recogí. Lancé mi cabello rojo en una trenza, me puse mis
vaqueros de la suerte y lo llamé suficientemente bueno.
Ya que los horarios de todos eran diferentes, al fin tenía permitido
usar mi propio maldito auto. Renee me dio un pase de estacionamiento
y me entregó las llaves que robó cuando me mudé con la condición de
que no me metiera en ninguna travesura. Había estado completamente
libre de travesuras desde que llegué aquí, pero no parecía importarle a
nadie. Aún me observaban, esperando a que metiera la pata. Tal vez
debería, solo para sacarlos de su miseria.
Le dije adiós a todos, prometiendo que volvería en una pieza más
tarde.
Puse a todo volumen a Ingrid Michaelson en mi camino al campus
y canté a todo pulmón. Me costó varias veces conducir alrededor del
campo de fútbol para encontrar un lugar libre en el estacionamiento
comunitario. Aparentemente había verdaderas multas por estacionarte
en áreas que no eran diseñadas para eso.
Finalmente, encontré uno, a pesar de que tuve que apretarme
entre una minivan y una enorme camioneta y deslizarme de lado para
salir. Tenía diez minutos para llegar a mi primera clase, Introducción a la
ley americana. Pensé en cambiarme de especialización, pero sabía que 49
podía dormir muy bien durante la mayoría de mis clases de ciencias
políticas, así que me quedé con lo que conocía.
La clase se hallaba llena de clones de estudiantes que dejé atrás.
Incluso vi a unas cuantas chicas con el mismo bolso que tenía metido en
una caja en casa de mi mamá. Ya que era una clase de segundo año,
muchas de las personas no responsables fueron expulsadas, pero aun
había unas pocas que parecía que no lo serían a través de estos cuatro
años. Y, claro, desde que esto era Nueva Inglaterra, había unos pocos
tipos raros llevando chanclas, oliendo a pachuli, que iban a pasar su
tiempo protestando por cualquiera que fuera la causa del día.
Eran casi peores que los estirados chicos conservadores. Tenían
que ser tan mojigatos acerca de todo. Maldita sea. También amaban
escuchar el sonido de sus propias voces. Afortunadamente, traje mis
audífonos, y puesto que les gustaba hablar tanto, tomaron un montón
del tiempo de clase, dejando ese tiempo para que el resto hiciéramos
cualquier cosa. Prendí mi computadora y escuché mientras el profesor,
un niño bonito con camisa y corbata, gran sorpresa, siguió hablando
acerca de Marbury contra Madison. He estado ahí, he hecho eso.
Mantuve un oído alerta y el otro cubierto mientras oía algo de
música nueva que encontré el otro día en volumen bajo. También me
compré unos nuevos discos que necesitaba revisar, así que intercambié
esos. El primero era un grupo de Ska que era más punk que ska y no
tenía mucho a su favor. Ni siquiera era tan malo en un sentido que te
hacía querer escucharlo de todos modos. Sin duda, no eran Streetlight
Manifesto, o Reel Big Fish.
Anoté algunas cosas sobre las canciones y me moví al segundo
álbum que tenía una sensación más folk/bluegrass. Era mucho mejor, y
me encontré fascinada por las complejas melodías y las hechizantes
letras. No creo que exista nada mas como la música con la habilidad
para transportarte a otro lugar, incluso cuando estabas sentado en una
clase llena de extraños.
Finalmente, la clase terminó y la tarea fue asignada. Me las
arreglé para conseguir un asiento al fondo y evité hacer contacto visual
o hablar con nadie, así que declaré una victoria la primera clase.
No tuve tanta suerte en la segunda, Estado americano y gobierno
local. Sonaba como una clase totalmente aburrida, pero cuando entré
al salón todo el mundo se encontraba hablando y riendo como si fuera
una reunión social en lugar de una clase. Me senté en la parte de atrás,
cerca de la puerta y con al menos dos asientos de distancia entre yo y
todos los demás, y pensé que lo había logrado hasta que una chica se
metió deprisa y se sentó con solo un asiento entre nosotras.
—¿Llego tarde? —preguntó, sin ni siquiera mirarme y buscando
frenéticamente en su bolso. Todo lo que vi era una inmensa cantidad
de cabello muy rubio y muy rizado que trató de unir con una goma 50
elástica sin mucho éxito.
Miré a mi alrededor, pero no había nadie más para responderle,
así que se dirigía a mí.
—Eh, aún quedan unos cuantos minutos. —Estaba hasta sus codos
en su bolso, y por fin emergió, sosteniendo un paquete de caramelos.
Abrí y cerré la boca un par de veces mientras abría el paquete con los
dientes y luego lo sostenía en mi dirección.
—¿Quieres uno? —Finalmente miré su cara y luego deseé no
haberlo hecho. Una mitad era perfecta piel blanca, y la otra estaba
destrozada con lo que parecía severas quemaduras—. ¿Tengo algo en
la cara? —dijo, sus ojos ampliándose cuando señaló su cara con la
mano—. Oh, sí, lo tengo. Obvio.
Dejó caer la mano y me sonrió. De algún modo sus ojos salieron
ilesos, pero el lado de su boca y el resto de su cara hacia su oreja, era
brillante y tenía un patrón extraño. Se extendía hacia abajo por su
cuello, y a pesar de que su brazo se encontraba cubierto, podía verlo
en la parte posterior de su mano también.
—Voy a decirte mi nombre, después me lo dices tú y puedes
quedarte mirando si quieres. Soy Hannah, y está bien mirar. —Sacudió
un poco su cabello hacia atrás e hice mi mayor esfuerzo por mirarla a
los ojos, que eran de color café oscuro, en contraste con su pálida piel y
cabello.
—Jos, soy Jos —dije, porque ¿qué otra cosa podía hacer?
—Encantada de conocerte. Y si optas por sentarte del otro lado
del salón la siguiente clase, no voy a odiarte ni nada. Soy un repelente
de personas. Es como mi especialidad. Por razones obvias. —Se rio un
poco, y miré al frente de la clase, donde una mujer extremadamente
alta vestida con una falda y chaqueta color carbón escribía cosas en
las numerosas pizarras. Se veía como si acabara de salir de una reunión
en el senado. Cuando terminó de escribir lo que parecía como media
novela, se dio la vuelta y aplaudió. Todos se callaron.
—Está bien, veo que todos llegaron aquí para otra semana de
ampliar su mente. Felicitaciones por estar lo suficientemente sobrios
para arrastrarse aquí. —Todo el mundo se rió, y en cierto modo me uní.
Recogió un portapapeles y leyó nuestros nombres. Por supuesto, ya que
mi apellido comenzaba con la primera letra del alfabeto, era la
segunda en ser llamada.
—¿Joscelyn Archer?
—Aquí —dije, escuchando el eco de mi voz en la enorme sala.
Levantó la vista del portapapeles y me buscó. —Eres nueva,
¿verdad?, ¿te transferiste? 51
—Uh, sí. —Podía sentir la sangre subiendo a mi rostro y mis orejas.
—¿Vas por Joscelyn, o prefieres algún apodo?
—Um, Jos está bien.
Sonrió, mostrando el más perfecto conjunto de dientes reales que
probablemente vería jamás.
—Jos. Adorable. Encantados de tenerte con nosotros.
Se movió al siguiente nombre, y me dejé caer en mi asiento.
—Espero que no vayas a hacer eso todo el tiempo. Te llamará
más si sabe cuánto lo odias —susurró Hannah mientras alguien más
decía: “¡Aquí!”
—Genial. Simplemente fantástico.
Hannah tenía razón. Desde que era nueva, la profesora, que iba
por Pam, no me preguntó nada, pero todos los demás eran presa fácil.
Disparó preguntas como balas, y si uno respondía muy lento, se movía a
alguien más. Hubo un montón de tartamudeo, un montón de caras rojas
y mucha gente moviendo las manos en el aire para que les llamaran y
así poder mostrar a todos lo malditamente inteligentes que eran.
Y luego había algunos, incluyendo a Hannah, que daban las
respuestas cuando se les llamaba y no elaboraban a menos que Pam se
lo pidiera. Todos volteaban a mirar a Hannah cuando hablaba, y noté
que las miradas de más de una persona se desviaban al lado quemado
de su cara, pero ella no parecía darse cuenta ni preocuparse.
No me puse los audífonos en toda la clase. Era muy interesante.
Cómo podía hacer algo tan potencialmente aburrido como gobierno
colonial fascinante se hallaba más allá de mí.
Cuando la clase terminó, todos salimos como si estuviéramos en
una especie de trance.
—¿Siempre es así? —No pude evitar preguntarle a Hannah en
tanto arrugaba la bolsa de caramelos vacía.
—Más o menos. Impresionante ¿no?
—Probablemente será menos impresionante cuando empiece a
preguntarme a mí.
—Solo haz la lectura. Pareces el tipo de persona que no tiene la
cabeza en el culo, deberías estar bien. Así que, ¿desde dónde te
transferiste?
—UNH
—Buu, abucheo. No digas eso cerca de alguien conectado con
el hockey, a menos que quieras que te pateen el trasero. —Por lo que,
había escuchado, la rivalidad de hockey entre la Universidad de Maine
y la Universidad de New Hampshire había estado en marcha durante
todo el tiempo que jugaron al hockey. Nunca fui a un partido, pero el
52
campus prácticamente cerraba para que todo el mundo pudiera asistir,
y apuesto a que la Universidad de Maine no era diferente.
Tenía algo de tiempo antes de mi siguiente clase y me moría de
hambre, así que me dirigí a la Unión.
—¿Tienes otra clase ahora? —dijo Hannah cuando alcanzamos la
puerta—. Porque, a pesar de que la bolsa de caramelos fue totalmente
satisfactoria, podría ir por algo más. ¿Por qué suena como si estuviera
invitándote a salir? No lo estoy haciendo. —Negó con la cabeza.
—Um, no, estoy disponible. Para la comida, no para la cita.
Sus ojos oscuros se abrieron como platos. —Porque me gustan los
chicos. Lo juro.
—Sí, a mí también.
Compartimos una de esas risitas nerviosas que se convierte en una
risa imparable, y para el momento en que alcanzamos la Unión, me
estaba secando las lágrimas.
—Te lo juro, no soy normalmente así de rara —dijo mientras nos
unimos a la multitud del almuerzo y descendimos al patio de comidas.
Solo unos segundos después, agregó—: Esta bien, esa es una completa
mentira. Soy normalmente así de rara.
—No se lo diré a nadie —susurré mientras mirábamos lo que se
hallaba disponible. Las filas más largas eran para pizza, hamburguesas y
el pseudo “Taco Bell”, así que nos dirigimos a los burritos ya que eran
más rápidos. Me di cuenta que me encontraba en el lado “bueno” de
Hannah, pero era más que consiente de las miradas que recibía. Era
una de esas cosas; la veías, te dabas cuenta que había algo diferente
en ella, mirabas de nuevo para verificar y entonces no podías apartar la
mirada.
Ella solo sonreía, soltaba risitas y se comportaba como una chica
normal. Pidió un burrito de humus y yo pedí el especial, conocido como
“Winslow”, que era básicamente un burrito de pollo Cesar con la
adición de crotones triturados, que era una idea tan brillante que no
podía creer que a nadie se le hubiera ocurrido antes.
Encontrar asientos resultó ser un desafío, pero hallamos una mesa
para las dos en una esquina. Estaba a punto de decir algo, pero
Hannah se me adelantó.
—Así que, en orden de querer sacar las cosas a la luz, sí, es una
quemadura. Pasó cuando era niña y es una larga historia en la que
prefiero no entrar porque es un poco deprimente y usualmente después
de decirla no vuelvo a ver a dicha persona. Lo cual ese mi forma rara
de decir que no quiero hacerte sentir incomoda tan pronto en nuestra
relación. ¡Guau!, ¿Por qué sigo haciendo esto? Lo siento mucho.
53
—No hay problema —dije, sin poder parar de reír—. ¿Qué tal si me
dices algo más? ¿De dónde eres?
Masticó y tragó antes de hablar: —Del norte. El quinto infierno. Los
palos. El culo de Maine. Como quieras llamarlo, no podía darme el lujo
de salir del estado y esta era la escuela más grande en Maine. Gran
lugar para perderse ¿sabes?
Lo sabía.
—¿Cuál es tu especialidad? —preguntó después de darle otra
mordida a su burrito.
—Ciencias políticas.
—La mía también. Aunque, es solo porque sonaba mejor que
historia y soy un poco adicta a las leyes. No tengo idea de lo que quiero
hacer, pero me imaginé que era tan bueno como cualquier otra cosa.
Además, en las clases superiores tenemos que debatir y esa es una de
mis cosas favoritas. ¿Y tú?
—Solía pensar en ser presidenta, o senadora o algo así —dije. No
lo decidí completamente. Me imaginaba que empezaría en el gobierno
local y trabajaría para ir ascendiendo.
—¿Solías?
—Otra de esas largas historias un poco deprimentes que prefiero
no decir.
Hannah asintió. Honestamente, la quemadura no era tan mala
una vez que la mirabas por un tiempo. Te acostumbrabas, y el hecho de
que Hannah no parecía afectada por ello ayudaba.
—Te entiendo, chica. —Terminamos nuestro almuerzo y hablamos
más sobre la clase, y Hannah me dijo que mientras hiciera las lecturas y
tuviera un conocimiento razonable del entorno político actual, estaría
bien. No me sentía tan segura, pero tomé su palabra en esto.
—¿Estás en el campus? —preguntó mientras dejábamos nuestras
bandejas y nos dirigíamos escaleras arriba hacia Starbucks. Hannah dijo
que necesitaba su siguiente dosis de cafeína.
—No. Vivo en una casa en Bangor con mi hermana y algunos de
sus amigos. —Hannah dejó escapar un suspiro soñador.
—Eso suena asombroso. Estoy atascada en el campus. ¡Yupi!,
beca. —Sonaba tan entusiasmada—. Solo he vivido con mi compañera
de cuarto por unas pocas semanas, y ya dejó de hablarme. Por suerte,
tiene un novio con un apartamento, así que usualmente se queda ahí.
Nuevamente, estuve ahí, hice eso.
—Es asombroso, si deseas tener tres pares de padres vigilando
siempre todos tus movimientos. —No tenía intención de compartir 54
mucho sobre mí, pero no pude evitarlo. No hablé así con nadie en un
tiempo, y había algo en Hannah. La conocí hace tan solo unas pocas
horas, pero era como si la hubiese conocido antes, aunque eso fuese
imposible.
—Eso apesta —dijo, mientras se ponía en la fila. Decidí pedir mi
segunda ronda de té solo por gusto. La fila era inmensa, con todos
necesitando su siguiente dosis como un grupo de adictos haciendo fila
por metadona. Probablemente la metadona era más barata.
Para el momento en que tuvimos nuestras bebidas y encontramos
una mesa y dos asientos en una esquina, casi era hora de mi siguiente
clase. Tomé mi té y le dije a Hannah que la vería el miércoles. No
hablamos del resto de nuestros horarios, pero las posibilidades de verla
en otra de mis clases eran muy buenas, tenía el presentimiento de que
lo haría.
Buscaba Neville Hall, en la que se impartía mi clase de inglés,
cuando alguien me tocó el hombro.
—Que sorpresa verte aquí, pelirroja. —Giré y encontré el siempre
sonriente rostro de Dusty Sharp. Sacó de sus oídos unos audífonos casi
idénticos a los que tenía y los dejó alrededor de su cuello. Su ropa toda
holgada no cambió, y me encontré preguntándome, una vez más,
cómo se mantenían sujetos sus pantalones.
Quería decir algo sarcástico, pero en vez de eso, de mi boca salió
una pregunta.
—¿Sabes dónde está Neville Hall?
Alguien gritó “hola”, y sus ojos dejaron brevemente mi cara para
saludar y responderle.
—Claro. Sígueme. También voy para allá. ¿Qué clase tienes?
—Inglés.
—Yo también.
Jesús, si teníamos la misma clase, solo lo haría peor de lo que ya lo
era.
Debió haber visto el horror en mi rostro. Realmente no lo traté de
esconder.
—Solo bromeaba, pelirroja. Tengo cálculo. ¿Sería tan malo estar
en la misma clase conmigo?
No respondí mientras cruzábamos la calle y veía un edificio con
las palabras Neville Hall en él. Podía haberlo encontrado si lo hubiese
buscado, pero probablemente hubiera llegado tarde.
Me sostuvo la puerta y unas cuantas personas entraron detrás de
mí.
55
—Gracias —dije.
Nos detuvimos en el vestíbulo.
—Estoy en el segundo piso —dijo, señalando hacia las escaleras.
—Yo en el tercero.
Subimos dos pisos y me dio ese pequeño saludo de dos dedos, de
nuevo.
—Te veo después, pelirroja.
—Adiós.
Me uní a algunas personas más y subí lentamente al tercer piso.
Todavía no cumplí con mis asignaturas obligatorias de inglés, así
que me encontraba atascada tomando escritura creativa. Cuando
entré, solo había otras diez personas. Eso presagiaba que no sería capaz
de esconderme y escuchar música. Genial.
Encontré un asiento en la parte de atrás, cerca de la puerta y
miré alrededor. Me sentí muy joven, la mayoría de las personas parecían
ser un poco mayores que yo.
Me dieron una nota decente en mi clase de escritura en la
Universidad de New Hampshire, pero solo porque fui una de las pocas
estudiantes que entregó la tarea. Me gustaba leer, pero escribir esos
insípidos trabajos donde tenías que analizar lo que quiso decir algún tipo
que murió hace ciento de años al escribir sobre la lluvia o algún tipo de
mierda era prácticamente la peor cosa del mundo. Afortunadamente,
cuanto más tonto parecieras, mejor nota obtenías. Tal vez podía hacer
lo mismo en esta clase.
Llegaron algunas pocas personas más hasta que fuimos quince. El
profesor fue el último el llegar, y era todo lo que un profesor de inglés
debía ser. Incluso tenía una chaqueta de tweed, con esos extraños
parches en los codos y lentes con montura de carey.
Pasó asistencia y cuando llegó a mi nombre me preguntó como
quería que me llamen. Dije Jos, otra vez, mientras se presentaba como
Greg y me explicaba como iría la clase. Ojeé el programa de estudios,
pero en realidad no le presté atención. Mientras explicaba lo que
haríamos, mi corazón se hundió. Tendríamos que escribir algo cada
semana, durante por lo menos, una clase a la semana. Y tendríamos
que leer lo que escribiéramos. En voz alta. Y como si eso no fuese
suficiente, haría copias de lo que escribiéramos y tendríamos una clase
de debate.
Bienvenida a tu pesadilla, Jos Archer.
Una vez más, desde que era nueva, no tuve mucho que hacer,
pero esta iba a ser otra clase en la que me encontraba obligada a
participar, incluso si no lo quería. Al menos la mitad de la clase parecía
como si prefirieran estar haciéndose una lobotomía que encontrase 56
aquí, así que por lo menos estaba en buena compañía.
Padecí a través de la clase y luego finalmente terminé con ellas
por el resto del día. Me apresuré a salir de Neville Hall tan rápido como
pude antes de que pudiera chocar con Dusty otra vez, revisé mi celular.
Hubo varios mensajes perdidos de Renee, preguntándome cómo iban
las clases, uno de mi madre y otro de Darah que solo fue una carita feliz.
Pude haber regresado a la casa, pero quería saborear el tiempo
sin nadie observando todos de mis movimientos. No hacía demasiado
frio, así que di un paseo por el campus, encontré mis clases del siguiente
día y vi a los otros estudiantes hacer sus vidas, preguntándome como
era ser como ellos.
Cuando mis piernas empezaron a entumecerse, por la caminata,
volví a mi auto. Mis instrucciones eran ir directo a casa, pero no lo hice.
Estuve muriendo por ir a Bull Moose en Bangor, así que me dirigí hacia el
centro comercial. Bull Moose era prácticamente la mejor tienda de
música en todo New England. La descubrí cuando iba a la Universidad
de New Hampshire y estuve en la luna cuando supe que había una
cerda de la Universidad de Maine.
Me llevó algunas maniobras y cambios de carril encontrar el lugar,
pero lo hice.
Lo genial de Bull Moose era que no solo tenía CD’s, si no discos y
películas viejas, y todas las personas que trabajaban allí sabían de lo
que hablaban. Cuando entré, dejé escapar el aire que no sabía que
contenía. Ah. Me encantaba las reconfortarles filas de estuches, todos
ordenados por género y artistas. Sí, la mayoría de la música podía ser
comprada en línea, pero no podía duplicar la experiencia de ir a una
tienda y explorarla por ti mismo.
—¿Puedo ayudarla, pequeña dama? —Jesucristo. Me detuve,
con una mano en un CD de Radiohead que de momento no poseía y
me volví para asegurarme que no era una alucinación.
—No, gracias. Puedo escoger mi propia música. —Eso era mentira,
recientemente descubrí a los Black Keys, y no tenía esperanza de hallar
más bandas como ellos, pero nunca le preguntaría a Dusty. Ni en un
millón de años—. ¿Me estás acosando? Porque, en serio, está siendo
ridículo.
—Quizá eres la que me está acosando a mí. Me encontraba aquí
primero. Tú entraste a mi tienda. —Finalmente noté que tenía un cordón
alrededor del cuello como los otros chicos que trabajaban aquí.
—Oh, así que es tu tienda. ¿Eres el dueño?
—Nop, pero trabajo aquí. Y he estado yendo a la Casa Yellowfield
antes que tú. Así que estuve aquí primero.
57
—Me importa una mierda —espeté, poniendo el CD en su lugar.
Incluso mi santuario de música fue invadido.
—Así que te gusta la música —dijo Dusty, enderezando algunos
CDs, como si pretendiera trabajar—. ¿De qué tipo?
—Taylor Swift —dije, solo para desconcertarlo. Por supuesto, que
escuché muchas de sus canciones y algunas no estaban tan mal. Pero
él no sabía eso.
—Bueno, tenemos una gran variedad de la música de T Swift para
que la disfrutes. —Hizo un gesto hacia la sección pop—. Soy parcial con
su trabajo anterior, pero su nuevo álbum está consiguiendo muy buenas
críticas. —Esperé para ver si era sarcástico.
—¿Puedes simplemente dejarme explorar sin ser acosada? He
tenido suficiente con Renne, no lo necesito de todos los demás. —Guau,
no era mi intención ser tan sincera. ¿Qué me pasaba, hoy? Parecía
estar vocalizando todo lo que pensaba, intencionalmente o no.
—Guau, tranquila, pelirroja. —Levantó las manos como si hubiese
puesto una pistola en su cabeza—. Simplemente trato de ser un buen
empleado y ayudar a un cliente, pero si quieres que te deje sola, lo
haré. —Se volvió y se fue antes de que pudiera decirle algo más. Lo vi
hablando con algunos otros chicos y señalándome. ¿Qué diablos fue
eso?
Regresó unos minutos más tarde mientras buscaba en la sección
de rock alternativo.
—De acuerdo, le he dicho a todos que no se aproximen a menos
que te acerques a ellos primero, por lo que la tienda es tuya, Joscelyn.
—Hizo un gesto con los brazos para indicar todo el lugar.
—¿Gracias? —Sonaba como una pregunta.
—En cualquier momento. —Me dio una última sonrisa y se marchó,
a la parte de atrás de la tienda por una puerta que decía “solamente
empleados”. Y me quedé sola por el resto de mi tiempo en la tienda.
Encontré un par de CDs, pero no los miré tan de cerca como
quería, porque sentía como si todos los ojos estuviesen sobre mí. Incluso
cada vez que levantaba la mirada, uno o más empleados me miraban
como si fuese a correr hacia ellos y apuñalarlos o algo así. Solo Dios
sabe lo que les dijo para que me dejaran sola. Probablemente no quería
saber.

Cuando regresé de mi pequeño viaje a Bull Moose, varios autos se 58


encontraban aparcados en la entrada, así que tuve que conformarme
con aparcar en la calle.
—Hola, señorita no voy a responderle los mensajes a mi hermana.
—La voz de Renne fue la primera cosa que escuché cuando entré por
la puerta y colgué mi abrigo. Saltó del sofá y se acercó para mirarme.
—Me encontraba ocupada.
—¿Haciendo qué? —Cruzó sus brazos y se recostó contra la
pared. La empujé pasándola, y bajé por las escaleras para ordenar mis
cosas. Por supuesto, me siguió.
—Mira, Renee, sé que lo encuentras difícil de creer, pero no hice
nada malo. Fui a clases, almorcé, fui a Bull Moose y volví. Eso es todo.
Además ¿cómo puedo hacer algo cuando estas tras mi culo en cada
momento?
En vez de gritarme, solo lanzó sus manos al aire y luego las golpeó
en sus muslos.
—¿Por qué estas siendo así, Jos? ¿Qué le pasó a mi hermanita que
nunca, nunca maldecía? Siento como si ya no te conociera.
—Quizá no me conocías antes. Tal vez esa chica era una mentira.
—Fue una mentira. Esa chica tenía una barra de metal tan metida en su
trasero que se estaba ahogando. Esa chica tenía tanto miedo de hacer
algo mal o de causar problemas que nunca hizo nada. Nunca rompió el
toque de queda. Nunca se emborrachó. Nunca hizo nada que pudiera
ser interpretado como salvaje, o fuera de control, o libre.
Se encontraba tan tensa que apenas rió. O sonrió. O tuvo alguna
clase de diversión. Esa chica jamás se hubiese simplemente sentado en
una habitación oscura y escuchado música sin un propósito. Ser esa
chica era agotador, pero nadie lo sabía.
—Simplemente ya no sé qué decirte, Jos. Eres mi hermana y siento
como si fueras una completa desconocida. ¿Qué se supone que debo
hacer? —Por primera vez, escuché la desesperación en su voz. Renee
no era pesimista, no era débil. Era fuerte, tuvo que serlo, debido a
nuestros locos padres.
—No tienes que hacer nada. Solo… dame algo de espacio. No
puedo respirar. —Me senté en mi cama, vino y se sentó a mi lado.
—Nunca pensé que estaría tan preocupada por ti. Eres la buena.
Hiciste que el resto nos viéramos como perdedores. Era un infierno
cuando nuestras libretas de calificaciones llegaban y siempre tenías
dieces y los demás teníamos que competir con eso. Por cierto,
apestaba. —Golpeó mi hombro con el suyo.
—¿Lo siento?
—No, solo deseo haber sido la que pudo haber dado el buen 59
ejemplo. Ya sabes, se supone que soy la mayor y todo eso. Lo intenté,
pero siempre fuiste mejor.
Fuiste. Tiempo pasado.
Tocó mi cabello. —¿Alguna vez me vas a decir lo que pasó el año
pasado?
Negué. —Simplemente decidí que valía la pena vivir la vida, y no
lo hacía.
—¿Repentinamente? ¿Aprovechar el momento?
Claro.
—Algo así.
8
Traducido por CamShaaw & *~ Vero ~*
Corregido por Amélie.

Me encontré con Hannah en mi clase de bio 202 al día siguiente.


Era cruel, pero la universidad requería que tengamos al menos seis
créditos en ciencia, y yo solo tenía tres. Una vez más me di cuenta que
bio sería el camino a seguir, ya que sería una gran clase y yo podría
aparecer o no y nadie lo sabría.
—Oye, acosadora —dijo Hannah mientras me sentaba a su lado.
El salón era uno de los más grandes en el campus, con lo que parecían
asientos de un estadio. Lástima que todos estaríamos quedándonos
dormidos y aprendiendo acerca de los ribosomas en lugar de ver una 60
fantástica película, o un concierto de rock.
—Tal vez tú me estás acosando. —Había unos pocos asientos
bastante vacíos a su alrededor, y esperaba que se mantuvieran de esa
manera.
—Te lo dije, soy un repelente de personas —dijo, echándose hacia
atrás en su asiento—. ¿Caramelos? —Ella tenía otra bolsa nueva y me la
ofreció.
—No, gracias. No puedo comer Skittles sin M&M.
—¿En serio? —Arrojó un puñado a su boca y unos pocos cayeron
al suelo.
—Sí. No es una locura, si lo piensas —expliqué eso unas cuantas
veces—. Los Skittles son como la fruta, ¿verdad? Y los M&M son de
chocolate. Así que esto es como la fruta cubierta de chocolate. Debes
probarlo. Podría cambiar tu vida.
Hannah me dio una mirada dudosa y masticó sus Skittles.
—Te tomaré la palabra.
La clase se llenó y los asientos más cercanos a nosotras fueron los
últimos en ser llenados por los rezagados. Hannah y yo pasamos la
mayor parte de nuestra clase escribiendo notas porque, honestamente,
era aburridísimo. Me las arreglé para permanecer despierta, pero eso
era todo debido a Hannah. Mi segunda clase del día, algo llamada la
naturaleza y lengua de matemáticas, fue igual de aburrida e inductora
de sueño.
Regresé a casa luego de clases y la encontré bastante tranquila.
Puesto que no había tantas personas viviendo en la casa y todos tenían
algo que hacer, Darah había hecho un gráfico en una pizarra para que
todos pudieran escribir donde estaban. Borré las palabras en clase y
escribí en casa junto a mi nombre.
Taylor y Mase eran los únicos en casa. Escuché la lavadora en
marcha y cierta música fuerte viniendo de la cueva de la planta baja.
Supongo que no podía ir a mi habitación. En su lugar, me recosté en el
sofá de cuero y suspiré.
—Eso sonó como un suspiro. —La voz de Taylor atravesó el silencio.
Me senté para encontrarla apoyada en la escalera.
—No lo fue, realmente. —Vino y se sentó en el sillón reclinable,
dejándome todo el sofá.
—Entonces, ¿qué piensas de UMaine? ¿Es todo lo que esperabas?
Me encogí de hombros.
—Es una universidad. Más o menos como cualquier otra.
—Aun así, ¿todo va bien? 61
Ella estaba indagando y no hacía un muy buen trabajo en ello.
—¿Renee te dijo que hablaras conmigo? —Agarré el control y
encendí la enorme televisión, cambiando hasta que encontré algo
decente. Y por decente quise decir una maratón de Behind the Music
en VH1.
—Si digo que no, sabrás que estoy mintiendo, así que sí. Ella está
preocupada por ti.
—Bueno, tiene mucha compañía en ese departamento.
—Sé que las cosas están un poco locas en este momento, pero te
juro, que van a mejorar. Y desahogarte se siente bien cuando lo haces,
pero vivir con las consecuencias es una mierda. Debo saberlo. Golpeé a
Hunter cuando lo conocí. Tiene una cara muy fuerte. —Renee no me
había contado esa historia.
—¿En serio?
Sonrió como si fuera un grato recuerdo y meneó la cabeza.
—Sí. El tipo me acorraló, y tengo un problemita de claustrofobia.
Para ser justos, se lo merecía. —Podía imaginarlo provocándola. Parecía
ser una de sus cosas favoritas.
—Apuesto que sí. ¿Cómo pasaron de eso a… estar
asquerosamente enamorados?
Se echó a reír.
—Él es persistente. Y tiene una alta tolerancia de mi crueldad y
que lo apartara tanto.
—Ah. —Sonaba familiar.
Sacó el reposapiés del sillón y me miró de soslayo, como si
estuviera decidiendo algo.
—Casi me violaron, cuando era más joven. Fue el novio de mi
hermana mayor, Travis, y trató de violarla, también. Ella se recuperó y yo
nunca lo hice. Hunter fue el primer chico que dejé que me tocara.
Había algo en él que me hizo sentir segura en una manera que nunca
me sentí antes. Confié en él, incluso cuando me decía a mí misma de
no hacerlo. Lo dejé antes de saber qué es lo que estaba haciendo. A
veces te encuentras con personas como esas. En el momento en que te
das cuenta de que los has dejado entrar en tu vida, ya es demasiado
tarde, y por lo general en ese momento no puedes ver la vida sin ellos.
Sabía exactamente de lo que hablaba, y me encontré girando el
talismán con forma de elefante en mi pulsera. Sí, sabía de lo que ella
hablaba. Pero a veces, esas personas se alejan de ti, y no hay nada que
puedas hacer para recuperarlos.
Incluso si ella y Hunter se separaran —lo cual no podría verlo
suceder—, él todavía estaba vivo. Ella podía despertar cada mañana y 62
saber que, incluso sin verlo, él existía en alguna parte del mundo.
—Así que sí, esa es mi historia, la versión abreviada, y ahora las
cosas son… muy buenas. —Sí, podía ver eso. Ella permaneció mirando
su anillo y lo retorció en su dedo.
—¿Alguien se detuvo a pensar que yo no estaba bien antes, y
que lo estoy ahora? Solo porque parecía que mantenía las cosas en
orden y era esa persona perfecta no significaba que estaba bien. Tal
vez ese era mi plan maestro, que todos pensaran eso.
Taylor pensó en eso por un segundo. —¿Cómo psicología inversa?
Guau, eres inteligente. Desearía haber pensado en eso en lugar de ser
una perra con todos. Eso probablemente habría funcionado mucho
mejor que la violencia. —Sonaron pasos en la escalera, y Mase surgió
desde el sótano, su cara con un brillo de sudor y sus brazos reventando
desde la delgada camiseta que llevaba puesta.
—¿Qué haces ahí abajo? Si no supiera que Darah está en el
trabajo, juraría que los chicos estaban en eso —dijo Taylor.
Mase sonrió y fue a tomar una botella de agua de la nevera.
—Roma no se construyó en un día, y tampoco lo hicieron estos
brazos. —Flexionó y sus brazos se abultaron. Eran del tamaño de mi
cuello—. Hay que hacer un poco de mantenimiento para mantenerlos
bonitos para Dare.
—¿Uno de esos videos de ejercicios locos otra vez? —dijo Taylor,
fingiendo darle un puñetazo. Él se desplomó, fingiendo que ella lo había
herido.
—Eres bienvenida a unirte en cualquier momento.
—Sí, preferiría no hacerlo. Kickboxing hasta el final. —Él tragó un
poco de agua y se secó la cara con la manga de ella.
—¡Ugh! ¡Eres asqueroso! —gritó y él la persiguió alrededor de la
sala de estar cuando la puerta se abrió.
—¿Alguien quiere explicarme qué sucede? —preguntó Hunter,
poniendo su bolsa en el suelo y mirando alrededor mientras Mase le
gruñía a Taylor y ella se hundía detrás del sofá reclinable—. Amigo, eres
como de mi familia, pero si estás molestando a mi chica, voy a tener
que patearte el trasero —agregó, pero no hablaba en serio.
—¿No vas a rescatarme? ¿No es ese tu trabajo? —chilló Taylor
mientras Mase la sacaba a rastras y trataba de poner su cabeza bajo su
sudorosa axila.
—Oh, no, cariño, estás por tu cuenta. Es cosa tuya, Miss. Solo voy a
disfrutar de la vista.
—¡Idiota! —Taylor se las arregló para pellizcar el costado de Mase,
salirse de debajo de su brazo, y correr hacia Hunter.
—A ver si hago algo lindo para ti en cualquier momento pronto. —
63
No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que hablaba de
favores sexuales. Asqueroso.
—¿Cómo estuvo tu día, pequeña Ne? —Mase movió los pies y se
sentó a mi lado. Tenía la esperanza de que no fuera a limpiar su sudor
conmigo. No es que eso fuera a ser diferente que estar en casa con mis
hermanos, que a menudo utilizaban mis vaqueros y camisetas como
pañuelos.
—Igual que ayer. Probablemente será lo mismo mañana.
—Guau, no suenes tan deprimida. A la mayoría de las personas
de tu edad le encantaría estar viviendo en esta casa. Digo, ¿qué más
se puede pedir? —Hizo un gesto a la casa muy bien amueblada.
Libertad para hacer lo que quería. La libertad de ser observada y
criticada. Pero Mase no entendería eso.
—Nada, supongo. Puedes ignorar mis quejas si quieres —dije.
—Por favor, dime que no sincronizarás tu período con el resto de
las damas en la casa. Ya es bastante malo, y ahora los chicos están en
inferioridad numérica —dijo Mase.
—Voy a intentarlo, pero no lo prometo. —Sostuvo su puño y lo
golpeó con el mío y luego estallamos al mismo tiempo, y no podía dejar
de reír.
Hunter se sentó en el sillón reclinable y Taylor se sentó en su
regazo. —Entonces, tengo una presentación este fin de semana. ¿Se
apuntan? —preguntó él.
Mase asintió. Yo me estaba perdiendo de algo.
—¿Una presentación? —pregunté.
—Sí, estoy en un grupo a capela, the Steiners. Dios, todavía suena
soso cuando lo digo en voz alta. Fui algo así como forzado a unirme
después de que alguien vio un cartel para las audiciones —explicó,
mirando a Taylor.
—Yo soy alguien —dijo Taylor, levantando la mano—. Y deberías
venir. En realidad es muy bueno. Dusty también está. Es su beat boxer.
Ni siquiera me sorprendía. Dusty Sharp se encontraba destinado a
aparecer en mi vida. Bien podía aceptarlo.
—Podríamos incluso hacer una cierta canción que creo que te
gustaría. Puedo hacer una petición —dijo Hunter.
—Claro, ¿por qué no? No es que tenga nada mejor que hacer. —
Necesitaba conseguir un trabajo pronto, pero aún no había hablado
con Renee al respecto. El plan consistía en encontrar algo, conseguir
que me contraten y luego contarle sobre eso más tarde, por lo que no
podría decir nada al respecto.
Mi primera inclinación, cuando me enteré de que había un Bull
64
Moose cerca del campus, fue intentarlo allí, pero ahora que sabía que
Dusty trabajaba allí, lo descartaba. Solo quería hacer algo que no
apestara, pero las posibilidades de que eso ocurriera eran muy escasas.
Aun así, tendría que empezar a buscar. Tal vez Hannah tenga algunas
ideas.
—Fabuloso. Te gustará, lo juro —dijo Taylor, trazando el número
siete tatuado de Hunter. Paul era el único hombre en la casa sin ningún
tipo de tinta. Yo había considerado conseguir un poco para mí, sobre
todo ahora. Quería algo en mi cuerpo que me recordara a él. Algo que
me hiciera pensar en él y que el poco tiempo que estuvo en mi vida
había influido. Eso era lo que más echaba de menos, después de él. Era
su influencia.
Pero sabía que Renee tendría una camada de gatitos de dos
cabezas si se enterara tan solo de que pensaba en tatuarme. Tendría
que esperar hasta que ella dejara de observarme como un halcón. Era
algo en que pensar. Más tarde.
Pronto todos estaban en casa y comenzaron a hacer la cena. Era
el turno de Renee y Paul, y optaron por pasta de nuevo, ya que podrían
hacer una tonelada con diferentes salsas y así satisfacer a todos. Vagué
por la cocina, sintiéndome desagradable acerca de la conversación
que había tenido la noche anterior con Renee. Fingí estar trabajando
en mi tarea para el día siguiente, pero no podía concentrarme.
Ella estaba ocupada diciéndole a Paul la forma correcta de
cocinar la pasta, y él lo tomaba con calma. Era un santo, lo juro. No
podía entender por qué la soportaba, excepto que él realmente la
amara.
—Dios mío, Paul, no es ciencia de cohetes, lo que justamente
conoces.
—No soy un científico de cohetes —dijo, inclinándose hacia atrás
y dándome una mirada.
—Está claro que no —espetó ella.
—Voy a ir a... estar en otro lugar —dijo, dirigiéndose a la sala de
estar, donde el resto de la Casa Yellowfield se dedicaba a la tarea.
Renee puso la mano sobre su cabeza como si le doliera mientras él se
iba.
—Te lo juro, a veces me saca de quicio. —Apagó la olla de pasta
y se apoyó en la encimera—. Es mucho, ¿sabes? Vivir juntos.
—¿Te arrepientes de ello?
—No, definitivamente no. Es solo que... a veces me pregunto si nos
movimos demasiado rápido. Volver a estar juntos, luego la casa y todo.
Pero eso no es asunto tuyo. Estoy bien. ¿Cómo estuvo la escuela hoy? —
Mi madre nunca me lo preguntaba cuando llegaba a casa todos los
días. Siempre fue Renee la que quería saber acerca de mis tareas y así 65
sucesivamente.
—Bien. Más o menos lo mismo.
—¿Todavía sigues bien con tu especialidad?
—Sí. Está bien.
Sacudió la cabeza como si no pudiera creer lo que decía.
—Nunca pensé que diría eso. Recuerdo que cuando éramos niñas
y te colabas de la cama para ver los resultados de las elecciones, solía
pensar que eras un robot, o que había al menos algo muy mal contigo.
Sí, me acordaba de esa niña. Había crecido, y ahora se había
ido.
—La pasta se enfría —dije, dije, usando mi bolígrafo para señalar
la olla grande. Renee pareció volver a su sitio y recordar que estaba en
medio de la preparación de la cena. Volvió al fregadero y escurrió la
pasta mientras llevé mi tarea incompleta a la planta baja. Me ocuparé
de ello más tarde. Al menos había hecho la lectura y notas para la clase
de Pam. No era posible que fuera a parecer una idiota en esa clase.
La cena fue bastante tranquila. Darah estaba en el trabajo, así
que era un miembro menos, y se sentía raro no tenerla allí, retando a
todo el mundo por poner los codos sobre la mesa y el uso de servilletas y
no dañar el acabado de la mesa.
Renee y Paul parecían estar bien de nuevo. Lo agarré susurrando
en su oído y dándole un abrazo. Él siempre supo qué cosas debía
decirle. La mayoría de las veces, lo mejor que podía hacer con Renee
era hacerle creer que se había salido con la suya y darle un poco de
espacio para que se diera cuenta de que no lo sabía todo. Ella venía y
se disculpaba y prometía no volver a hacerlo, aunque lo hiciera de
nuevo en dos horas.

—A riesgo de sonar como si te estuviera invitando a salir, ¿quieres


venir a esta cosa que voy a hacer este fin de semana? —le dije a
Hannah antes de la clase del día siguiente.
—¿Qué tipo de cosa?
—Uno de los chicos con los que vivo está en los Steiners y están
haciendo un espectáculo en la Unión y todos en mi casa van.
—Guau, ¿conoces a los Steiners? Es muy difícil entrar ahí. Además,
los chicos que pueden cantar son súper sexys.
—Está bastante bueno, pero está comprometido. 66
Suspiró y sacó su bolsa de Skittles. Debe tener un baúl de ellos en
su dormitorio o algo así. —Los buenos suelen estarlo.
—Sin embargo, podrías conocer a mi pseudo-familia. Si quieres.
—Claro, ¿por qué no? Le gana a estar sentada en mi habitación
de la residencia, viendo una maratón de Buffy la Cazavampiros.
—Nunca he visto ese programa —admití. En realidad, nunca me
atrajo cuando estaba originalmente al aire.
Sacudió la cabeza con tristeza. —Te propongo un trato. Iré a ver a
los Steiners contigo si vienes a pasar el rato y ves dos episodios de Buffy
conmigo el domingo.
Renee se enfadaría si dijera que sí sin pedir permiso.
—Trato —dije, tendiéndole la mano.
Pam llamó al orden a la clase y yo me adelanté. Pasó lista y
parecía contenta de que yo siguiera aquí. Y, por supuesto, fui la primera
a la que llamó, pero estaba lista. Disparaba preguntas por la sala como
si fueran pelotas de ping-pong y había que pensar rápido. Hannah tuvo
unas cuantas difíciles, pero logró lo mejor. Pam parecía satisfecha con
nuestras dos respuestas, y me alegré de que hubiera sobrevivido al final
de la misma.
—Bravo, chica. Lo hiciste bien. —No hablamos de ir a almorzar,
solo caminamos hacia la Unión de todos modos. Escuché a una chica
pasar caminando y jadear cuando vio el rostro de Hannah.
—Toma una fotografía. Dura más, perra —dijo ella en voz baja—.
Sé que parezco muy zen con esto. —Agitó la mano para indicar su
quemadura—. Pero a veces, solo quiero llevar una maldita máscara o
gritarle a la gente o algo así. Quiero decir, al menos en los viejos tiempos
podría haberme sumado un espectáculo de fenómenos y hecho algo
de dinero o algo así. —Guau.
Ella abrió la puerta de un tirón y no la sostuvo para la persona que
venía detrás de nosotros, que murmuró en voz baja.
—Chúpate esa —dijo Hannah en respuesta, pero no muy alto
como para que él oyera.
Nos dieron nuestra comida y encontramos una mesa.
—Es como, sí, tengo una quemadura, pero no es como si estuviera
discapacitada o mentalmente dañada. Además, no soy sorda. Puedo
oír cuando la gente habla de mí, y me molesta. ¿Pero sabes lo que
pasaría si enloqueciera y le gritara a la gente? Nada. Entonces, ¿por
qué desperdiciar las palabras? —Exhaló lentamente—. Bueno, ya me
cansé. Se acabó la fiesta de la lástima. La he cerrado. —Hizo un gesto
de cierre con la mano.
67
—Sigue adelante si es necesario. No me molesta. —Al menos tenía
algo por lo que estar realmente enojada. A diferencia de algunas
personas que no podían respirar sin quejarse de algo sobre lo que no
era necesario.
—No, odio ir a ese lugar. A veces me deprime, pero te juro que he
vuelto. —Sonrió y recogió su hamburguesa—. ¿Así que ninguno de los
chicos que viven contigo son solteros?
—Nop. Ni uno solo. Hay tres parejas... y yo. Es un poco como estar
en un raro reality show.
—Suena un poco impresionante, no voy a mentir.
—Sí, claro.
Sintiendo mi reticencia, Hannah cambió de tema.
—Así que, ¿encontraste algún hombre que sea tu caramelo?
—No si cuentas a mi otro acosador —dije, recogiendo una papa
frita que había caído en el suelo.
—Mm, ¿detalles? —Chasqueó los dedos.
—Ni siquiera es algo que vale la pena. No es más que un tipo que
sigue apareciendo. Es amigo de uno de mis compañeros de cuarto. En
realidad, lo verás el sábado. Es un Steiner.
—¿Ah, sí? —Levantó y bajó las cejas sugestivamente. Guau, leía
demasiado en esto.
—En serio, no es así. No es nada. Ni siquiera debería haberlo
mencionado. —¿Por qué lo había nombrado?
—¿Y en la UNH? ¿Tenías un chico allí?
Oh, qué divertido. La charla de los ex. —Sí, lo tenía. Rompimos
esta primavera.
Los ojos de Hannah se iluminaron.
—Suena como si hubiera una historia allí.
La había, pero no iba a compartirla con ella.
—En realidad no. Él estaba enamorado de una chica que yo no
era. Nos tomó a los dos un tiempo darnos cuenta, pero finalmente lo
hizo.
—¿Lo amabas?
—Sí. —No podía mentir acerca de eso. Amaba a Matt, pero ese
amor era parte de esa otra chica, y cuando la dejé ir, dejé ir ese amor.
Fue más fácil de lo que debería haber sido—. ¿Y qué hay de ti? ¿Qué tal
si hablamos de tu vida amorosa?
Hannah se echó a reír.
68
—Sí, es una historia muy corta. Se puede resumir así... —Levantó la
mano, haciendo un círculo. Me miró a través del agujero en el medio—.
Es todo. No hay muchos chicos haciendo cola para follarse al monstruo.
Jesús, era contundente. Me gustó mucho.
—Normalmente tengo que emborracharlos primero, pero para
entonces no pueden actuar, así que termino dejándolos dormir.
¿Era en serio?
Se echó a reír. —Estoy jodiendo contigo, y la expresión en tu cara
valió totalmente la pena. En realidad, no he hecho eso de los novios.
—¿Nunca?
—Pasé mi baile de graduación en casa con mi gato, así que eso
te da una idea precisa de mi historia de citas. No estoy amargada por
ello, no me malinterpretes. Supongo que soy anticuada, al menos en lo
que se refiere a eso. No quiero perder mi tiempo con un tipo con el que
no voy a pasar mi vida, ¿sabes? No veo el punto de salir con un montón
de perdedores solo por la oportunidad de descubrir que uno de ellos
podría ser decente. Confío en mis instintos cuando se trata de personas.
Todavía no me he equivocado. —Me guiñó un ojo y se robó una papa
frita de mi plato y se la metió en la boca.
Deseaba tener su confianza en mis propios instintos. Ahora mismo,
no confiaba en ellos en absoluto.
69
9
Traducido por Vani
Corregido por *Andreina F*

—Te traje algo.


Dusty se hallaba de pie en el vestíbulo de la sala Neville cuando
abrí la puerta para ir a inglés por la tarde. Tenía su sonrisa característica,
con una bolsa de Skittles en una mano y una de M&M en la otra, y me
las tendió como si estuviera muy satisfecho de sí mismo.
—Está bien —dije, mirándolo y luego de regreso a los dulces. Los
deseaba, pero no quería que lo supiera.
—Voy a fingir que dijiste gracias. De nada, pelirroja. —Me tendió 70
los caramelos, y tuve que agarrarlos para que no cayeran al suelo—.
¿Siempre eres tan dura con las personas cuando tratan de conocerte?
—Si es tan difícil, ¿por qué lo haces? —Tenía que darme prisa,
pero no le dejaría tener la última palabra.
—Tal vez me gusta un desafío —dijo, pero no sonreía. Vi otra cosa
en su rostro. Determinación. Sí, Dusty Sharp era un tipo acostumbrado a
conseguir lo que quería; cualquier persona lo veía. Incluso caminaba
con una arrogancia que trasmitía al mundo, pero en lugar de inclinarse
hacia el lado de imbécil-engreído, parecía confiado. Seguro de sí. Una
gran cantidad de mujeres lo encontraba sexy.
—Tengo que ir a clase. Gracias por los dulces innecesarios. Eso
fue... dulce de tu parte.
—Soy un tipo dulce.
Ajá.
—¿Vamos? —preguntó.
Caminamos juntos por las escaleras, y lo dejé en el segundo piso.
—Hasta más tarde, pelirroja. —Ahí estaba ese saludo con la mano
otra vez.
Lo copié y él rió. —Adiós, Dusty.
Mi primer trabajo en la clase de escritura era escribir un artículo de
dos páginas sobre algo que nunca hubiera hecho antes. Greg nos dio
nuestra tarea con la actitud de Santa presentándose a los huérfanos
con regalos brillantes.
¿Cómo diablos se supone que voy a escribir sobre algo que
nunca he experimentado? En serio, ¿cómo?
Todo el mundo parecía tan perplejo como yo, y un tipo sentado
cerca de mí murmuraba en voz baja, y la mayoría de las palabras no
eran elogiosas.
Teníamos todo el período de clase para completar la tarea, así
que saqué mi cuaderno y un bolígrafo, y traté de pensar en algo que
pudiera escribir, solo para completar la maldita cosa.
Bueno, lo primero sobre lo que se me ocurrió escribir se hallaba
completamente fuera de la cuestión. Mi virginidad todavía intacta era
una reliquia de mi otra vida. Había estado demasiado concentrada en
la escuela y otras cosas, y eso no encajaba bien con mis aspiraciones 71
políticas.
También tenía algo romántico; llegué a pensar en su momento,
sobre salvar ese hito en mi vida para el matrimonio. Mi ex fue totalmente
a bordo con ello; de hecho, más que yo. Habíamos hecho cosas aquí y
allá, pero cada vez que se ponía caliente nos deteníamos; citando los
votos de castidad. Lo curioso fue, que nunca llegó a excitarme.
Los besos estaban bien, pero nunca me encontré queriendo
rasgar su ropa como en una fantasía adolescente cachonda. Tal vez
había algo malo en mí. No tenía problemas para liberarme yo misma,
así que mi deseo sexual no se hallaba roto, pero nunca fantaseé con
ponerme cachonda y traviesa con Matt. No era esa clase de chicos.
Honestamente, ya no me importaba. Estaba en lo más bajo de la
lista de cosas que me preocupaban. Justo encima de las inundaciones
y justo debajo del apocalipsis zombi.
Intenté pensar en algo para escribir que llenara dos páginas con
mi pequeña letra. Algunos de mis compañeros de clase ya escribían,
pero otros estaban tan atascados como yo.
Música. Quería escribir algo sobre música.
Lo único en lo cual podía pensar consistía en que nunca estuve
en un escenario, por lo menos no fuera de una fantasía del atardecer.
En realidad nunca he cantado en público. Había estado en coros en la
escuela, pero nunca probé nada donde tuviera que cantar un solo.
Escribí una frase, luego otra, y otra. Describí el escenario, las luces,
la sensación de revoloteo al cautivar a todo el público con solo mi voz y
tal vez una guitarra.
Antes de darme cuenta, había llenado tres páginas, del frente y
detrás.
—Bueno, todo el mundo. Entreguen lo que tienen y voy a hacer
copias. No se preocupen por la pulcritud o la ortografía. Ese no es el
punto de este ejercicio. Lo importante es solo escribir lo que les viene a
la mente, ampliarlo y ver qué pasa.
Greg se fue y la gente empezó a hablar, sobre todo quejándose
de la tarea, lo aburrida que era y que en general pusieron estupideces.
Sí, como si Greg no fuera a darse cuenta. Por lo menos yo fui sincera
acerca de la mía. Nadie me habló, por lo que estaba agradecida. Greg
regresó con una gran pila de papeles y nos los entregó a cada uno de
nosotros.
—Entonces su tarea para la próxima vez es leer los de todos los
demás y hacer al menos tres comentarios en cada trabajo. ¿Entendido?
Pueden retirarse. —Hizo un gesto con la mano, y me pregunté si estuvo
en Gran Bretaña en una vida pasada. Ciertamente hablaba así, a pesar
de que no tenía acento. 72
Me asustaba que los demás leyeran mi trabajo porque era muy
personal. No quería que fuera así, pero las palabras habían salido de la
nada. Ya no podía hacer nada al respecto.
Saqué los Skittles y M&M de mi bolso y los abrí, volcando una
cantidad igual en mi mano antes de cerrar las bolsas y volver a ponerlas
en el bolso.
Tú y tus aperitivos extraños. A veces me pregunto si hay algo malo
con tu paladar, Jossy.
Abrí un M&M entre mis dientes y lo adorné con un Skittles.

Esa noche, finalmente me decidí a actualizar mi blog de música.


Gané diez seguidores esta semana, lo que me dio ganas de bailar de
alegría. No parecía mucho, pero siendo relativamente nueva, sumaba
seguidores con bastante regularidad. Mi felicidad se convirtió en una
mueca cuando vi la cantidad de comentarios estúpidos de spam que
tuve que eliminar.
—¡Jos! —gritó Renee desde arriba. Tenía mis auriculares alrededor
de mi cuello y la música baja, así que pude oírla por encima de mi
nuevo CD de Lenka.
—¿Sí? —grité.
—¿Qué estás haciendo ahí abajo?
—Nada —Esto era ridículo. Subí las escaleras—. ¿Por qué?
—Haz estado allí mucho tiempo.
—Bueno, no me estoy quemando el cabello ni cortándome las
muñecas, si eso es lo que te preocupaba. —Me apoyé en la puerta. Ella
estaba matando mi impulso de actualización del blog.
—No, creo que es una tontería que estés allí abajo sola. —La sala
se hallaba llena de gente, como de costumbre, y también llena de
deberes a medio hacer, libros abiertos y demasiados marcadores. A
Darah le gustaba usar diferentes colores para cada clase.
—Tal vez me gusta estar sola.
No tuvo una respuesta para eso. Renee odiaba estar sola. Criarme
con tantos hermanos tuvo el efecto contrario en mí.
—Oh, vamos, pequeña Ne. ¿Por qué quieres estar sola cuando
puedes pasar el rato con nosotros? —Mase torcía el cabello de Darah
alrededor de sus dedos, mientras ella trataba de concentrarse en un 73
libro de texto abierto en su regazo.
No iban a dejarme en paz, así que fui abajo, agarré mi ordenador
portátil y volví a subir. Mase se movió para que me pudiera ubicar a su
lado en el sofá.
—¿Ves lo divertido que es?
Hunter y Taylor compartían su e-reader y él le gritaba por pasar a
la siguiente página demasiado rápido. Una vez que estuvo segura de
que me encontraba dentro de su radar y no hacía nada malo, Renee
volvió a sus libros y Paul hizo lo mismo. Solamente otra noche en la Casa
Yellowfield.
Volví a la música y puse mis auriculares en mis oídos. Con ellos, no
podía oír ninguna conversación a mi alrededor, aunque quisiera, así que
era un poco como estar sola, a excepción de cuando Hunter robó el e-
reader y Taylor lo persiguió. Al final, ella le agarró la oreja y se la retorció
hasta que él se lo devolvió.
—Juegas sucio, Miss. Voy a tener que castigarte por eso.
Empecé a vomitar mentalmente.
—Shh, ese es el tipo de cosas que no hablamos delante de todos
—dijo Taylor, volviendo a sentarse en el sofá. No tenía ninguna duda de
que normalmente hablaban así, pero mi presencia arruinaba la charla
sexy.
—Saben que soy consciente de que ustedes tienen relaciones
sexuales entre sí. Quiero decir, no al mismo tiempo, porque eso sería muy
raro, pero no soy idiota. —Todos los ojos se volvieron hacia mí—. Puedo
oírlos cuando estoy abajo.
Ja. Todos se veían tímidos. Incluso Mase.
—No estoy diciendo que me importe. Solo que soy consciente de
ello. Quiero decir, Taylor y yo somos casi de la misma edad. Tienen que
dejar de tratarme como a una niña.
Mase se aclaró la garganta.
—Tienes razón, Jos. Creo que es porque todos estuvimos en modo
protector cuando llegaste aquí.
—Me pregunto de dónde sacaron esa idea —dije, mirando a
Renee.
—¿Qué se supone que debo hacer? Eres mi hermana pequeña.
Siempre voy a pensar en ti de esa manera, aun cuando seamos viejas y
canosas. —Era un poco incómodo hablar así con todo el mundo aquí,
pero tenía que suceder tarde o temprano.
—Lo sé.
—Podrías aflojar un poco, Ne —dijo Paul. Me sorprendió. Nunca
provocaba a Renee si podía evitarlo. Tenía que darle las gracias luego. 74
—Bueno, todo el mundo se unió para conspirar contra mí, eso es
asombroso. —Se levantó y fue hacia las escaleras. Sí, podría haberlo
predicho.
—Lo siento, Jos. Trataba de ayudar —comentó Paul, levantándose
y yendo tras ella.
—Lo sé. Gracias, Paul.
—No entiendo por qué está tan disgustada —dijo Mase—. Quiero
decir, sé que solo has estado aquí por poco tiempo, pero no pareces
tener material de delincuente juvenil. Sin ánimo de ofender.
—No me ofendo. Es solo que... es complicado. —Me sorprendió
que Renee no les hubiera dado todos los detalles sangrientos.
—La mayoría de las relaciones lo son. Complicadas, quiero decir
—comentó Mase, mirando a Darah—. Pero las complicaciones pueden
ser la mejor parte. ¿Cierto, Dare?
Darah asintió y él besó el costado de su cabeza.
10
Traducido por Jasiel Odair & Miry
Corregido por Mary

Le envié un mensaje a Hannah diciéndole que podía recogerla


en su dormitorio y caminar hasta la Unión con ella, y aceptó mi oferta.
Taylor y Hunter se habían ido antes porque él tenía que estar con el
grupo. También mencionó reunirse con su amiga Megan, que yo aún
tenía que conocer.
Hunter había estado actuando muy raro esa mañana, y todo el
mundo se dio cuenta. Trató de actuar como si estuviera nervioso por la
presentación, pero estaba bastante segura que nunca había estado
nervioso por nada de eso en su vida. Él rezumaba confianza, tanto que 75
o estaba tramando algo, o había hecho algo estúpido. O las dos cosas.
—Voy a encontrarme con una amiga —le dije a Renee mientras
bebía mi segunda taza de té de limón. Me había vuelto adicta a esas
cosas, e incluso tenía mi propio rincón del armario para mi escondite.
—¿Quién? —En realidad no le mencioné a Renee sobre Hannah
con gran detalle ya que se cabreó tanto la noche anterior. No sabía por
qué. Supongo que no quería entrar en eso. Querría saber todo acerca
de ella, y no quería compartir a Hannah con otras personas. Era mi
amiga.
—No te preocupes. Tendrás la oportunidad de conocerla. Viene
al espectáculo de Hunter. Solo la recogeré de camino.
Ella lucía sospechosa, pero en serio, era la verdad.
—Vale. Nos vemos allí, entonces. Conduce con cuidado. —Vaya,
esa era la primera vez que me dejaba salir de casa sin un sermón. Me
encontré con los ojos de Paul y murmuré “gracias”. Él asintió.
Aparqué delante de Oxford Hall, el dormitorio de Hannah, y le
envié un texto para decirle que había llegado. Bajó unos minutos más
tarde, con el pelo suelto yendo en todas direcciones.
—Oye, chica. ¿Qué pasa?
—No mucho. ¿Tú?
—Nada. Solo el drama normal de compañera de habitación,
pero lo he superado. Te hubiera invitado a subir, pero ella está ahí, y no
quiero provocarla más de lo que ya lo hago por existir en su espacio.
Además, es una perra de carrera. —Se puso su cinturón de seguridad y
me dio una sonrisa triste.
Encontré un lugar en la gran cantidad de pasajeros justo en frente
de la Unión.
—¿Te importa si me detengo un momento? —dijo Hannah.
—Nop.
Hannah se llenó de cafeína en el Starbucks y yo me encontraba
maravillaba de lo vacía que estaba la Unión cuando no teníamos las
clases. Era un pueblo fantasma. No fue hasta que llegamos a la
pasarela y cruzamos al otro lado de la Unión que bajamos la mirada y
vimos todas las personas esperando frente a la tienda de libros en el piso
inferior.
Los Steiners fueron fáciles de detectar porque tenían camisetas
negras que decían Steiners y se encontraban en un grupo muy unido. Vi
a Hunter principalmente porque el tatuaje de su brazo era muy visible.
Dusty también era fácil de ver debido a sus pantalones caídos. Me
incliné sobre la barandilla y entrecerré los ojos. Ah. Él tenía algo de tinta,
también, asomándose por el borde de la manga de su camiseta.
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Su tatuaje era imposible de leer desde mi ángulo. No es que lo
intentara, o que me importara mucho.
—¿A quién estamos viendo? —me preguntó Hannah en el oído,
haciéndome saltar. Tomó un sorbo de una taza gigante de helado o
algo y se inclinó junto a mí.
—A nadie en particular —contesté, levantándome.
—Ajá —dijo en un tono que dejó claro que no me creía. Sí, yo
tampoco. Aparté la vista de los chicos y encontré la cola de caballo
rubia de Taylor, luego vi el resto de la familia uniéndose a ella.
—En fin —dije, mirando hacia Hannah—. ¿Quieres conocer a los
locos con los que vivo?
Tomó un largo sorbo de su pajilla. —Muestra el camino.
El espacio delante de la tienda de libros se llenó cada vez más de
gente a medida que más personas llegaron para ver el espectáculo.
Hannah y yo nos encaminamos, y encontré a Renee buscándome.
—Ahí estás —dijo, sosteniendo la mano de Paul—. Y tú debes ser
Hannah. —Renee apenas miró las cicatrices de Hannah. Esperaba eso;
nada pasaba desapercibido para Renee, y menos algo así como una
cicatriz.
—Debo serlo —afirmó Hannah, encogiéndose de hombros—. Voy
a lanzarme en una conjetura salvaje y decir que eres Renee.
—Ding, ding, ding, tenemos un ganador —contestó Renee, riendo.
—Este es Paul —le dije, haciendo un gesto hacia él. Éste asintió y
sonrió a Hannah. Silbé y Mase giró la cabeza. Había estado enfrascado
en una conversación con Darah. Podría haber un tornado en torno a
esos dos y ni siquiera serían conscientes de ello.
—Hola, encantado de conocerte. Cualquier amiga de Jos es
amiga nuestra.
Entonces Taylor introdujo a su amiga Megan, una compañera
pelirroja, y a su novio, Jake, ella me agradó al instante y no solo porque
éramos socias de color de pelo.
Seguí con el resto de las presentaciones y señalé a Hunter, que se
encontraba ocupado charlando con algunos de los otros chicos,
preparándose.
—Se está volviendo loco —dijo Taylor, observándolo.
—No lo parece. —Se encontraba sonriendo y riendo.
—Está tocando. —Bajé la vista y vi que golpeaba su mano contra
la pierna. Uno, dos, tres, cuatro, cinco veces seguidas—. Siempre lo
hace cuando se está volviendo loco. No tengo idea de por qué, no se
trata de su primera presentación. Lo juro, cuando creo que lo entiendo
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es cuando decide sorprenderme. —Se mordisqueó una uña y me di
cuenta que su anillo había desaparecido.
—¿Dónde está la piedra?
—El abogado de Hunter, Joe, quería valorarlo o algo así para que
pudieran asegurarlo, ¿o algo así? Me siento loca sin él. Te sorprendería
que te acostumbraras a llevar algo así.
Megan tosió y Taylor le dio una mirada. Oh. Me pregunto qué fue
eso.
—Uhm, alerta de spoiler, pero ese tipo de allá está tratando de
follarte con los ojos —comentó Hannah, con la voz un poco demasiado
ruidosa. Ni siquiera tuve que levantar la mirada para ver quién era.
—Shh, baja la voz. Soy plenamente consciente de él.
—Ajá —contestó, bebiendo lo último de su bebida de la pajilla y
luego tirándola en el bote de basura más cercano—. Es muy sexy. —Giró
la cabeza hacia un lado y luego hacia el otro lado.
—Deberías lanzarte a eso. Parece que sería... bueno. —Como si
alguna de nosotras lo sabría.
Por fin decidí mirar en la dirección de Dusty. Mientras hablaba con
uno de los otros chicos, sus ojos se dirigieron hacia mí. Me pilló mirando
fijamente y me guiñó el ojo. Mis ojos viajaron por su brazo, tratando de
ver el tatuaje, pero estaba mayormente cubierto por su manga.
—Deja de comértelo con los ojos —me siseó Hannah al oído.
Uno de los chicos se aclaró la garganta y dio un paso adelante
mientras el resto de los Steiners formaron una fila.
—Hola a todos, mi nombre es Kent, y somos los UMaine Steiners.
Chicos, ¿se quieren presentar solos? —Uno por uno, los chicos dieron un
paso adelante y dijeron sus nombres. Había doce en total, y al menos la
mitad eran bastante guapos, lo que era un porcentaje más alto de lo
que hubiera pensado.
Kent chasqueó los dedos para crear un ritmo y contó. Dusty entró
primero, dando un golpe de tambor, luego el resto del grupo comenzó
la canción. “One More Night” de Maroon 5. Eché un vistazo a Hunter y
me señaló. Los chicos cambiaron quién iba a cantar el primer tema, y a
Hunter le tocó el turno. Dusty se metió de lleno en su beat boxing, incluso
bailando un poco. Los otros chicos también bailaron, algunos incluso
haciendo una pequeña broma mientras todos se reían.
Terminaron la canción, y Dusty hizo sonar los platillos de nuevo.
Todo el mundo aplaudió, y los chicos se reagruparon y empezaron otra
canción. Esta vez fue una vieja, “The Reason” de Hoobastank, seguida
de una mezcla de un montón de canciones de Queen que hizo que
todos tararearan e hicieran movimientos de baile impresionantes, y 78
luego “P.Y.T.” de Michael Jackson.
—Son muy buenos —me dijo Hannah al oído—. Y tu baterista es
más allá de sexy. Estoy imaginando todas las cosas que podría hacer
con esa boca.
Ignoré sus comentarios mientras el grupo se tomaba un descanso
rápido y tomaba un poco de agua. Hunter se adelantó.
—Hola a todos. Soy Hunter, y voy a tener que rogarles su atención
por un segundo.
—¿Qué diablos está haciendo ese chico? —dijo Taylor en voz
baja.
—Verán, amo a esta chica de aquí. —Señaló a Taylor, y su cara se
puso roja—. Sí, tú, Taylor. —Él extendió la mano, y ella se adelantó—. La
música siempre ha sido una parte de nuestras vidas. Le canté en nuestra
primera cita real. Le canté la primera de las muchas veces que arruiné
las cosas, y pensé que era justo que le cantara por esto. Así que, aquí
va.
Uno de los otros chicos trajo una silla para Taylor, y Hunter la obligó
a sentarse. Parecía que quería hundirse en el suelo y siguió agachando
la cabeza para no ver a todo el mundo mirándola.
Tenía la sensación de saber adónde iba esto, y todos los demás
susurraban lo mismo a mi alrededor.
—Oh, Dios mío, no es así —dijo Renee.
—Creo que sí —respondió Paul.
Esta vez le tocó a Hunter empezar la canción. Dusty estableció un
ritmo lento que era suave y romántico. Tomó unos segundos, pero
reconocí la canción y supe lo que iba a pasar.
Vi la cara de Taylor cuando él comenzó a cantar “I Can not Wait”
de Runner Runner. En el momento en que cantó la palabra esposa, ella
se llevó las manos a la boca y empezó a llorar. La multitud suspiró al
unísono mientras Taylor negaba con la cabeza y se secaba las lágrimas
cuando Hunter le tomó la mano y le cantó. Miré a Dusty y él me sonrió,
le devolví la sonrisa. No pude evitarlo. Tal expresión abierta y hermosa
del amor tenía ese efecto.
Hunter cantó la última nota, sosteniéndola y luego dejando que
se desvaneciera antes de meter la mano en el bolsillo al tiempo que se
apoyaba en una rodilla. Mis ojos estaban más que un poco húmedos,
pero no era la única. La multitud que lo rodeaba contenía su aliento.
—Taylor Elizabeth Caldwell, eres la única canción que quiero
cantar por el resto de mi vida y te amo más que a las estrellas. ¿Quieres
casarte conmigo? 79
Ella se detuvo un segundo antes de susurrarlo, pero de alguna
manera ese susurro se extendió por toda la habitación.
—Sí.
La multitud estalló cuando Hunter la arrancó de la silla y la hizo
girar, y ella se rió y lloró, ajena a todos mirándola. El resto de los Steiner
se pusieron a cantar “Chapel of Love” de The Dixie Cups, a lo que todo
el mundo se les unió mientras aplaudían.
Kent se adelantó y pidió silencio luego de que todos terminaron.
—Sí, sí, ya es suficiente. —Todo el mundo lo abucheó—. Es broma.
Tenemos una última canción para ustedes. —Hunter rodeó a Taylor con
el brazo y la atrajo hacia atrás para que esté con el grupo cuando
Dusty comenzó otro ritmo y cantaron “Walking on Sunshine”. Taylor se
encontraba tan emocionada que la cantó y su voz se fusionó con el
resto del grupo.
—¡Gracias a todos! ¡Y tengamos otra ronda de aplausos para la
feliz pareja! —Todo el mundo aplaudió y luego comenzó a regresar de
donde sea que vinieron.
Renee, Darah y Megan soltaron gritos que sonaban como si les
pertenecieran a dinosaurios hace mucho tiempo extintos y se lanzaron a
Taylor, y se oyeron muchos más gritos y chillidos. Hunter y Mase se dieron
abrazos fuertes, y Mase le dio uno a Taylor que estaba bastante segura
de que le había aplastado las costillas.
—Felicidades —le dije, dándoles a ambos abrazos—. Ahora son en
serio, en serio familia. Ya no hay forma de escapar de nosotros.
—Linda propuesta, amigo. Bien hecho —le dijo Hannah a Hunter,
extendiendo su puño. Él la miró por un segundo, perplejo.
—Hunter, esta es mi amiga Hannah.
—Oh, por supuesto, no quería dejarte colgada ahí. —Él le golpeó
la mano. Me di cuenta de que a Taylor le costaba mucho no mirar la
cara de Hannah, pero después de que ésta le diera una gran sonrisa y
un abrazo todo estuvo bien.
—Te vi llorar. —Necesitaba dejar de sorprenderme cuando Dusty
se ubicaba detrás de mí. Lo había hecho suficientes veces.
—¿Y tú eres? —preguntó Hannah, moviéndose y quedando justo
en frente de él.
Dusty no la miró dos veces a la cara antes de sonreír.
—Dusty Sharp, a tu servicio. —Hizo una reverencia. Hannah no
parecía impresionada. Hace cinco segundos, había estado hablando
como si quisiera saltarle encima. Por Dios, esta chica me iba a dar un
ataque. 80
—Hannah Gillespie. Y tú, amigo, has estado mirando fijamente a
mi amiga Jos, aquí.
Su sonrisa vaciló por un segundo y luego levantó las manos como
si le apuntaran con un arma.
—Culpable de los cargos. Pero, ¿me puedes culpar?
—Tal vez —dijo Hannah, entrecerrando los ojos. Tuve que poner fin
a esto.
—Oye, Hannah, ¿quieres venir a comprar algo conmigo? Como,
¿en este momento? —Agarré su brazo y traté de llevármela. Pensaba
en continuar con mi búsqueda de empleo, pero él no tenía por qué
saberlo.
—¿Puedo ir? —dijo Dusty, siguiéndonos. No, idiota, el punto era
alejarse de ti.
—Uh, no —dije—. No quieres venir con nosotras. Compraremos
cosas como tampones, crema contra la infección por levaduras y...
otras cosas para nuestras partes femeninas, pendientes brillantes y
mucho, mucho rosa.
—Suena divertido. —Ugg, ¿cualquier cosa que digo excita a este
chico?
—¿Por qué no hacemos algo un poco menos... uhm, repugnante?
¿Vives en el campus? —Hannah dirigió su pregunta a Dusty.
—No, tengo mi propia casa en Old Town. Me gustaría invitarlas
ahí, pero estoy bastante seguro que el moho que crece en mi cuarto de
baño se está volviendo sensitivo y las asesinaría cuando le dé la
espalda.
—Ew —dijimos Hannah y yo al mismo tiempo.
—Sí, sigo tratando de lograr que mi casero haga algo al respecto,
pero nada. No se puede conseguir otro lugar cuando uno es bastante
pobre.
—Amén. Hablas mi idioma, amigo. —Hannah asintió. Oh, ahora
ella era genial con él de nuevo. Unieron lazos sobre sus dificultades
financieras compartidas.
Alguien llamó a Dusty para recordarle de los planes de la próxima
semana o algo así. —En realidad, tengo que ir a trabajar. Lo siento,
damas. ¿Pase por lluvia?
—Suena bien —dijo Hannah.
—Pero, pelirroja, te veré el domingo. Los chicos han planeado una
especie de fiestita sorpresa para Hunter y Taylor, y todos los miembros de
la Casa Yellowfield están invitados, por supuesto. Y tú, Hannah Gillespie,
también estás invitada. 81
—Genial —contestó—. No tengo otra cosa que hacer.
—Suena divertido.
Renee gritó mi nombre.
—Saldremos a celebrar. ¿Vienes?
Hasta aquí la búsqueda de empleo. —Sí, claro.
—¿Estoy invitada? —gritó Hannah.
—Por supuesto —gritaron en respuesta Renee, Mase y Hunter.
Daba miedo lo bien que ella encajaba con nosotros.
—Bueno, supongo que esto es un adiós. Te veré mañana. Pelirroja,
Hannah Gillespie. —Él asintió hacia las dos, tomó su bolso, dijo adiós con
su mano a los otros chicos del grupo y subió las escaleras de dos en dos.
—Él es... especial —dijo Hannah, mirándolo.
—Mis pensamientos exactamente.
El único tema de conversación cuando fuimos a comer a Pat’s
Pizza fueron los planes de Hunter y Taylor. Megan se hallaba en medio
de la planificación de su propia boda y estaba ocupada dando
consejos y otras cosas, Hunter no parecía encontrarse tan intimidado
como esperaba que estuviera.
—¿Le preguntó a tu padre? —dijo Renee, su pizza mayormente
intacta.
—En realidad, sí —comentó Hunter, ganándose una mirada de
aprobación de Renee.
—¿En serio? —dijo Taylor—. ¿Cuándo?
—En navidad. Totalmente planeado y todo. —Taylor reconectó
recientemente con su padre, e incluso fue a verlo en Connecticut
durante el descanso y llevó a Hunter con ella.
—Genial —dijo Mase, dándole otro golpe de puño—. Pensé que
estabas loco, hombre, pero la mejor de la suerte. Estoy feliz de
oficialmente poder decir que Taylor es un miembro de la familia. Oh,
Dios mío, ¿ya se lo dijiste a Harper? Ella estará en la condenada luna.
—Llamémosla ya mismo. —Sabía un poco acerca de la hermana
de Mase, Harper, quien tenía parálisis cerebral y debía permanecer en
una silla de ruedas. Tenía más de un par de fotos de ella en la casa, y él
dijo que vendría de visita junto con sus padres en algún momento. 82
Hunter sacó su teléfono y lo puso en altavoz.
—¿A quién llaman? —susurró Hannah mientras el teléfono sonó.
—A la hermanita de Mase. Ella y Hunter son muy cercanos —dije.
—¿Hola? —respondió una voz de niña. En serio, ¿la pequeña tenía
su propio teléfono? Típica gente rica.
—¡Hola, Seven! ¿Qué ha pasado? —preguntó Hunter, una enorme
sonrisa en su rostro. Era claro, desde el modo en que hablaba de ella,
que la amaba completamente. Era realmente dulce.
—¡Hunter! Conseguí una A en mi historia. ¿Quieres oírla?
—Claro, Seven, pero llamo porque quiero decirte algo. Taylor
también está aquí.
—¡Hola, Harper! —dijo Taylor.
—¿Cuándo vendrás a verme?
—Pronto, princesa. Lo juro. Pero, ¿adivina qué?
—¿Qué? —dijo Harper.
—Hunter y yo nos vamos a casar.
—¿En serio?
Taylor miró a Hunter y sonrió. —Sí, lo haremos.
Un grito de niña explotó del teléfono, Hunter lo tomó y le quitó el
altavoz.
—Ella nunca hizo ese sonido antes —dijo Mase, sacudiendo su
cabeza—. Creo que se siente más emocionada por eso que por las
entradas para Taylor Swift que recibió en Navidad.
Hunter continuó hablando con la emocionada Harper.
—Entonces, chicos, ¿se van a casar enseguida? —le preguntó
Hanna a Taylor mientras robaba la masa de pizza sin comer de mi plato
y comía en él. Supongo que nuestra amistad progresó hasta la etapa
de robar comida.
Taylor soltó un bufido. —Sí, no lo creo. Los dos queremos terminar
la escuela primero, y parece... no sé, raro casarse mientras todavía
estamos en la universidad. Quiero decir, no quiero que la gente piense
que estoy embarazada o algo.
—¿Lo estás? —dijo Hannah. Casi me muero.
—No que yo sepa —contestó Taylor—. Realmente no quiero lidiar
con eso ahora. Tenemos mucho que hacer. Pero algún día.
Hannah asintió, y Renee regresó a interrogar a Taylor sobre su
boda perfecta.

83

—¿Estás bien? —Me hallaba en la cocina con una taza de té esa


noche. Todo el mundo se fue a la cama, pero yo no podía dormir. La
voz de Renee me hizo saltar.
—Sí, bien. ¿Qué haces levantada?
—Supongo que me sentía emocionada por todo. No puedo creer
que él realmente lo hizo. —Tomó un vaso del escurridor y lo llenó de
agua—. Primero, cuando consiguió el anillo pensé que se lo propuso,
pero luego, el anillo se encontraba en su mano derecha. Sin embargo,
era sólo cuestión de tiempo. Esos dos están destinados el uno para el
otro.
—¿Te sientes celosa? —Me miró como si hubiera dicho algo
completamente descabellado.
Resopló un poco de agua y se ahogó. —¿De qué ellos se casen?
Demonios, no. No estoy lista para casarme.
—Pero vives con Paul. Quiero decir, no es exactamente lo mismo,
pero se acerca.
Se rio.
—Oh, mi querida dulce hermanita. Hay un mundo de diferencia
entre vivir con alguien y casarse con alguien.
—Pero te casarías con Paul. Eventualmente, quiero decir.
—Sí, dentro de algunos años cuando ambos estemos sin deudas y
tengamos más de dos monedas de cinco centavos para frotar juntas.
No quiero gastar una tonelada de dinero en una boda si ni siquiera
podemos afrontar pagar nuestro seguro de salud o un lugar para vivir.
Además, quiero una boda enorme, y sólo lo haré una vez. ¿Por qué no
hacerlo bien? —Tenía puntos válidos, puntos racionales. Me pregunté
cómo se sentía Paul sobre eso. No es que importara. Renee llevaba los
pantalones, las camisas y todo lo demás en su relación. Lo tenía sujeto
por las pelotas, pero a él no parecía importarle—. Así que, ¿qué hay
contigo y Dusty?
—¿Qué quieres decir? —Mierda, no quería que ella se involucrara
en mi caso sobre él.
—Oh, no lo sé. Tal vez estoy leyendo demasiado de eso.
—No estoy interesada en él —dije por millonésima vez.
—No creí que lo estuvieras. Quiero decir, él es tan no tu tipo para
nada. —No lo era. Yo ya no tenía un tipo.
—Puedo decir esto ahora que no estás con él, pero nunca me
gustó Matt. Siempre fue tan... No sé. —Ondeó su mano, tratando de 84
conseguir la palabra correcta.
—¿Tenso? —Suministré. Sí, así era yo.
—No, era algo más que eso. Siempre sentí como si me juzgara y
yo no daba la talla. Pero él te trataba bien, y vi que te amaba, así que
me lo guardé. —En realidad no. Puedo decir que todo el tiempo que salí
con Matt, desde la preparatoria hasta la universidad, que a Renee no le
gustó. Ella era bastante mala en ocultar cuando no le gustaba alguien,
pero nunca le diría eso.
Bebió el vaso de agua. —Bien, bueno, volveré a la cama. Buenas
noches, hermanita. —Extendió los brazos por un abrazo, extendí también
los míos y nos abrazamos como solíamos hacerlo.
—Buenas noches, hermana mayor.
Tomé el resto de mi té, volví a mi cueva y encendí mi música. La
voz de Ingrid Michaelson me llenó los oídos, sintiéndose extrañamente
apropiado el escucharla tarde en la noche.
—Aquí, escucha esta —dijo, y me entregó uno de sus auriculares.
Lo coloqué en mi oreja mientras una voz desconocida cantaba sobre
amar a alguien, pero sentirse como un bicho raro en comparación.
Cuando le dije que en realidad no escuchaba música, lo tomó como un
reto. Cada día, me traía una nueva canción. Pop, rock, country, rap,
oldies, lo que sea. Él escuchaba casi cualquier cosa—. Mientras sea
buena —dijo.
—La música dice lo que las palabras no pueden. Agrega palabras
a la música y estás diciendo dos cosas a la vez.
Lo extrañaba, pero aún no podía hablar sobre él en voz alta. Ni a
Renee, ni a nadie. No podía explicarlo. Él fue el primer amigo de verdad
que tuve. Fue el amigo que me hizo comprender que todas las demás
personas que creí eran mis amigos, en realidad no lo eran.
No estuve enamorada de él, no de esa manera, pero lo amé de
todos modos. Escuché algo en alguna parte decir que los chicos y las
chicas no podían ser amigos sin que al menos uno se enamorara del
otro, pero no era cierto. Fueron diferentes tipos de amor, eso es todo.
Fue como el hermano que nunca tuve, y él me trató como a una
hermana. Una parte de mí se fue, llevada con él cuando él...
Apagué la música. Me hizo pensar en él, y sabía lo que él habría
dicho si supiera que me sentía deprimida por él.
Solo sonríe, Jossy. El mundo no es tan malo. Además, tienes que
pasar las partes malas para así reconocer las buenas cuando llegan.

85
11
Traducido por Mitzi Noh & Anna ♥
Corregido por LucindaMaddox

—Vaya, este programa es ridículo. —Estaba sentada con Hannah


en el sillón debajo de su cama alta viendo a mi segundo episodio de
Buffy la Cazavampiros—. Es tan extraño. Esas computadoras son, como,
gigantes —le dije.
—Lo sé, ¿verdad? Como, de la mejor manera. Solo espera hasta
la tercera temporada. —Hannah tenía su fiel bolsa de Skittles y yo había
traído un poco de M&M’s de la máquina expendedora en el sótano de
su dormitorio y estaba mezclándolos en un vaso vacío—. Sabes, muchos
de los problemas en este programa podrían haber sido resueltos por los 86
celulares. Pero entonces no tendrías un espectáculo tan entretenido, así
que supongo que está bien como está.
Sostuve mi vaso y vertió un poco más Skittles.
—¿Escuchaste de Dusty? —dijo, con los ojos en la pantalla.
—Uh, no. No tiene mi número, así que eso es un no.
—Charlatana.
—¿Quieres que haya oído de él? Porque estabas actuando muy
rara ayer.
—Oh, ¿eso? Estaba siendo la amiga protectora. Quería ver cómo
respondería. Muchos chicos se intimidan por un amigo protector, y
luego siempre hay unos de los que tienes que tener cuidado, los chicos
que se ven amenazados si una chica tiene amigos.
—¿Has conocido muchos chicos así?
—Unos pocos. Aquí y allá. —Sí, había mucho más de esa historia.
Un asterisco y una gran cantidad de notas en letra pequeña. No creí
que superáramos la línea de amistad en la que podía interrogarla hasta
que me hablara sobre ello, así que lo dejé pasar.
—¿Y el veredicto sobre Dusty?
—Parece un buen chico. Arrogante, y podría tener un pasado
oscuro que está tratando de ocultar, o tal vez es un fan oculto de El
Señor de los Anillos, un acumulador u obsesionado con algo raro, pero
no creo que sea un chico malo. No tenía esa energía de mal tipo, sino
de chico malo.
—¿Cuál es la diferencia?
Pausó el programa y suspiró, quitando el cabello de su cara
—Bien, un chico malo es aquel que te hace hormiguear por todas
partes. Es peligroso en el buen sentido. De manera que hace que tu
corazón se acelere y quieras montar una motocicleta o nadar desnuda.
Un mal tipo es aquel que te hace daño, o te hace sentir inútil, o te aísla
de tus amigos. Es simplemente peligroso. Esos son los chicos de los que
te mantienes lejos.
—Oh. —Parecía tener todo resuelto, y podría decir que había
pasado mucho tiempo pensando en los tipos malos en comparación
con los chicos malos.
—Así que Dusty es un chico malo.
—Definitivamente. A menos que veas banderas rojas. Entonces
corres en la dirección opuesta.
—Estoy bastante segura que si hubiera algunas banderas rojas, mi
hermana y el resto de la gente con la que vivo no lo dejarían cerca de 87
mí. Hunter no sería amigo de un mal tipo.
—Aun así. Nunca se sabe. Las personas no siempre son lo que
parecen. Te pasas años pensando que son de una manera y luego
sucede algo y revelan quienes son en realidad.
—Pero no puedes ir por la vida pensando que todo el mundo es
malo.
—No lo hago. Te lo dije, confío en mis instintos.
No íbamos a estar de acuerdo, por lo que lo dejé y volví a ver el
programa, pero pensé mucho en lo que había dicho sobre la gente
siendo buena o mala, y el intento de ver la diferencia.
No creo que haya conocido nunca a una persona mala. Incluso
mi ex y mis ex amigos no eran malas personas.
Había sido igual que ellos y no creía que fuera una mala persona.
Ese chico, Travis, el que había herido a Taylor, él era un chico malo. No
necesitaba conocerlo o saber algo más sobre él para saber eso. Pero
¿eso significaba que él siempre sería malo? ¿Podría la gente cambiar?
Yo había cambiado.
Tenía tantos pensamientos corriendo por mi cabeza que casi me
olvidé de la cena de compromiso y hallé la casa en un caos cuando
volví de lo de Hannah.
Mase estaba sobre sus manos y rodillas en la sala de estar, junto
con Hunter y Darah.
—¿Qué aspecto tienen? —dijo Hunter, deslizando sus manos en el
suelo.
—Son pequeños espárragos dorados. Recuerda, Taylor me las dio
—dijo Darah, cerrando un ojo y poniendo el lado de su cara en el piso.
—Cierto —dijo Hunter.
—¡Lo encontré! —Mase le tendió la mano a Darah, y le dio un
beso.
—Gracias, bebé. —Se puso de pie y sacudió la parte delantera de
su vestido negro y puso el arete en su oreja.
Hunter y Mase tenían bonitas camisas de vestir puestas y bonitos
pantalones con zapatos de vestir.
—¿Dónde has estado? —preguntó Renee, deslizando su talón en
el zapato y bajando los escalones al mismo tiempo. Paul estaba justo
detrás de ella, asegurándose de que no baje en picada las escaleras.
Ella tenía uno de sus mejores vestidos puesto; verde con remolinos de
negro en el dobladillo. Paul también llevaba una camisa verde. Oh, no.
Se habían convertido en una de “esas” parejas.
—No vas a usar eso —dijo, señalando a mis pantalones rasgados y
camisa térmica gris.
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—Lo siento. Me olvidé por completo. Iré a cambiarme. —Mierda,
¿qué iba a ponerme? Todo lo bonito estaba guardado—. No tengo
nada —dije, mordiéndome el labio.
—¿Hablas en serio? Solías usar vestidos y faldas más que
pantalones —Puso sus manos en las caderas.
Me encogí de hombros. —No tengo ninguno.
—Bueno, déjame pensar —Puso los dedos en sus sienes—. Creo
que tengo algo que puedes usar. Vamos. —Se lanzó a agarrar mi brazo
y me arrastró escaleras arriba.
Choqué con Taylor en su camino hacia abajo desde el tercer
piso. Tenía un vestido celeste que parecía que pudo haber pertenecido
a Audrey Hepburn y su cabello estaba suelto alrededor de su rostro.
—Oye, Jos.
—Crisis de guardarropa —comentó Renee antes de llevarme a su
habitación y abrir las puertas de su armario. Taylor siguió, y Darah estaba
justo detrás de ella.
Un frenesí de actividad siguió, donde no se me permitía hablar ni
decir nada. Como un maniquí.
Me sostenían cosas y se liaron con mi cabello. Darah tenía las
mejores habilidades para el cabello, por lo que lo trenzó, comenzando
sobre mi oreja en un lado de mi cabeza y yendo a la otra, haciendo
una especie de corona. En mi vida anterior, había sido un gran fan de
los moños, y me alisaba el cabello para que la gente pueda ver que
estaba organizada y hablaba en serio. Darah dejó un mechón de mi
cabello suelto alrededor de mi cara y tiró algunas hebras sueltas.
—Listo —dijo, poniendo un par de pinzas en su lugar.
Renee y Taylor arrojaban vestidos al piso y al final se decidieron
por un brillante vestido de fiesta dorado con una falda acampanada.
—No pienso usar eso —dije mientras empezaron a desvestirme—.
Jesús, ¿puedo tener un poco de privacidad? —Me metí en el armario y
cerré un poco la puerta. No me importaba que Renee me vea desnuda
en su mayoría, pero se sentía extraño tener a las otras chicas allí.
El vestido tenía suficiente en la parte superior para cubrir mi sostén,
lo cual era bueno. Me lo ajusté un poco y traté de subir la cremallera en
la espalda, pero mis brazos no se movían de esa manera.
—Um, ¿alguien puede darme una mano?
Renee me sacó del armario y me subió la cremallera del vestido.
—¡Perfecto! —dijo, enganchando el broche en la parte superior
del vestido para que el cierre no se venga abajo y cause un desastre de 89
guardarropa. Eso sería fantástico.
Me hizo girar y las otras dos me pusieron pendientes en las orejas y
empezaron a aplicarme cosas en la cara.
—No soy una Barbie —dije mientras Taylor me pasaba algo en los
párpados. Estaba demasiado ocupada concentrándome en no ser
pinchada en el ojo para ver de qué color era.
—Ahora sí, cariño —afirmó Taylor, poniendo algo de color. Renee
estaba ocupada revisando su maquillaje para encontrar un color que
funcionara en mí y encontró un poco de brillo de labios de color rosa.
—Sí. Aquí vamos. —Me lo puso en los labios mientras que Taylor
intentaba no pincharme el ojo con el rimel.
—¿Eso no es antihigiénico? —dije—. ¿No deberías desinfectar eso
antes de ponerlo cerca de mi ojo? —Renee era una gran defensora de
desinfectante de manos y desinfectar cosas y toser en tu codo.
—¿Estás diciendo que no quieres compartir mis gérmenes? Digo,
eres mi hermana. ¿Estás diciendo que eres demasiado buena para mis
gérmenes? —fingió—. Mírame.
—Bien, bien. ¿Aún no estoy lista? —Tenía muchas ganas de ver lo
que me hicieron. Tenía la esperanza de que no fuera como cuando una
de mis hermanitas decidió jugar a los disfraces y utilizó mi cara para
practicar sus habilidades de maquillaje.
—Casi —dijo Taylor, rociándome con algo de perfume de Renee.
¿Esa fue una manera sutil de decirme que olía mal?
—Listo —anunció Renee, enderezando una de las tiras del vestido.
—Uh, ¿los zapatos? —Seguía descalza. Mediante algún milagro
de la genética, Renee y yo calzábamos el mismo número, así que puso
unas zapatillas negras de ballet en mis pies. Estaba fuera de práctica a
la hora de usar tacones. Probablemente me caería miserablemente si lo
intentaba.
—Bien, ahora está lista —confirmó Renee.
Giré y me miré en el espejo de cuerpo completo de Renee. Me
veía como mi yo anterior, pero no. Nunca me hubiera puesto este
vestido, ni me hubiera peinado así, ni me hubiera puesto tanta sombra
de ojos. Taylor me dio una mirada sensual que estaba bastante segura
de que nunca podría lograr, pero me hacía ver más grande y misteriosa.
Esa ilusión se rompería en el momento en que abriera la boca.
—¿Qué están haciendo ahí arriba? —gritó Mase.
—Haciendo sexy a mi hermana —gritó Renee. Le di una mirada—.
Oh, vamos. No podía dejarte ir a una fiesta con tu ropa desaliñada.
Deberíamos ir de compras. —Odiaba ir de compras. Siempre fingía que 90
me gustaba cuando era una obligación social. En realidad, me sentía
encantada de no tener que hacerlo más.
—Sí, tal vez. —Probablemente no tendría elección. Me obligaría a
hacerlo como una especie de vínculo de hermana e intentaría que
volviera a ser como antes. Se necesitaría mucho más que ponerme mi
ropa vieja. O ropa nueva que hubiera funcionado en mi antiguo yo.
—¿Podemos irnos ya? —dije, incómoda con la atención.
—Vamos, perras —contestó Renee, gritando—. Tenemos algo que
celebrar.

Renee, Paul y yo conducimos al campus para recoger a Hannah.


Me alegré mucho de que aceptara ir, porque me imaginé que mucha
de la gente de allí serían estudiantes de último año que yo no conocía.
—Demonios, te arreglas bien, chica —dijo Hannah mientras se
metía en el coche, llevando un negro vestido recto. Era la primera vez
que la veía con los brazos desnudos y vi que la quemadura viajaba por
su cuello y sobre sus brazos, también.
—Estará demasiado oscuro y la mayoría de la gente va a estar
demasiada borracha para darse cuenta —dijo, girando su brazo de un
lado a otro como si lo estuviera mirando por primera vez—. Además, me
encanta este vestido y no voy a dejar que nada me impida usarlo.
Era increíble.
La fiesta fue en una casa a las afueras del campus que varios de
los Steiners alquilaron juntos. Ya había unos cuantos coches allí cuando
Renee llegó.
—Bien, así es como va a ir esto. Si veo un trago en tu mano, más
vale que sea un refresco. Si te veo hablando con algunos tipos raros,
alguien va a intervenir. Tienes muchos ojos en ti y esta noche se trata de
Taylor y Hunter, ¿de acuerdo? Sin travesuras.
—Sí, sí. Entendido. —Me ofendió un poco que pensara que trataría
de arruinar su noche especial.
—No te preocupes. La mantendré alejada de los problemas —dijo
Hannah—. Tengo mis ojos puestos en ti, jovencita. —Éramos de la misma
maldita edad.
Renee miró a Hannah y luego de vuelta a mí. —Vale, entonces.
Vamos. 91
La casa ya estaba llena de personas, ninguna de los cuales yo
conocía, lo que me hizo estar más que agradecido de que al menos
tuviera a Hannah.
Hunter y Taylor eran bombardeados con abrazos, felicitaciones y
consejos medio sobrios no solicitados. Renee y Paul fueron a unírseles en
la sala de estar junto con Megan y Jake mientras algunos de los Steiners
daban una serenata al resto de la habitación con versiones sucias de
canciones populares.
—Hombre, ojalá pudiera beber sin volver loca a tu hermana. Por
cierto, me asusta mucho —dijo Hannah.
—Sí, tiene ese efecto en la gente. —Escaneaba la habitación,
buscando a alguien que pudiera conocer.
—Te ves bien. —Como de costumbre, Dusty Sharp se escabulló
detrás de mí. Me giré lentamente, preparándome para sus comentarios
sarcásticos en el cambio en mi atuendo. Para lo que no me encontraba
preparada era para dejarlo momentáneamente sin habla. Sus ojos se
abrieron y me escanearon de arriba abajo. Dos veces. Tragó e hizo una
especie de ruido de tartamudeo. Bueno, fue la primera vez.
—Mantén tus ojos en tu cabeza, amigo —dijo Hannah, dando un
paso delante de mí.
—Y tú también te ves encantadora, Hannah Gillespie. —Hizo un
gesto con su brazo para señalar su vestido.
—Buena recuperación —contestó, palmeando su pecho. Dusty no
se veía nada mal. Sus pantalones casi le encajaban y tenía una camisa
de botones que estaba definitivamente un poco apretada en la región
del pecho. No es que prestara atención. O el hecho de que la camisa
también se le pegaba a los brazos. Eran... brazos agradables. Muy bien
formados y musculosos. El tipo de brazos en los que te sentirías segura si
te tropiezas. Sabías que te atraparían…
—¿Estás bien, pelirroja? —Dusty me miró como si hubiera estado
mirándolo fijo. Mierda. Probablemente lo había estado. No, por supuesto
que lo hacía—. ¿Qué tal si les traigo algo de beber, señoritas? Sin
alcohol, lo prometo
Dusty vio mi vacilación. No aceptaba bebidas de nadie a menos
que las haya vertido o abierto yo misma.
—Confía en mí, pelirroja. Voy a traerles latas sin abrir. A prueba de
manipulaciones. Vuelvo enseguida.
—Inteligente. Nunca confío en nadie en una fiesta. No es que
alguien quiera drogarme —dijo Hannah. Parecía decepcionada, lo cual
era un poco loco.
Dusty regresó unos minutos más tarde mientras Hannah y yo 92
tratábamos de hallar un buen lugar para alojarnos.
—Una lata para ti, una para ti y otra para mí. —Entregó latas de
Coca-Cola—. No tenían Dr Pepper, lo siento. —¿Cómo sabía que me
gustaba el Dr Pepper?—. Vi que la bebías en la casa, y en el Sea Dog.
—La pregunta era, ¿por qué recordaba eso?
—Ahora, ¿cómo sé que no sacudiste esto? —dije, haciendo una
pausa antes de abrirla.
—Porque no me atrevería a hacerle nada a ese impresionante
vestido. Y sé cómo son las pelirrojas cuando se enfadan.
Quería sacudir la lata y abrirla en su cara.
—Eso es un error muy común —dije con los dientes apretados. Si se
trataba de chistes de pelirroja, los había escuchado todos, pero todo el
mundo parecía vivir bajo la ilusión de que no era así.
—Oh, ¿en serio? Porque puedo imaginarte poniéndote toda…
ardiente. —Se acercó y pillé un olorcito de su colonia. Por suerte, no era
uno de esos chicos que parecían pensar que estaba bien zambullirse en
eso. Era agradable. También olía ligeramente a ropa limpia.
Hannah abrió su lata y tomó un buen trago.
—No pareces un tipo de refresco, ¿qué pasa con eso? —indagó,
señalando al refresco en su mano. Lo abrió, asegurándose de apuntar
lejos de mí. Qué considerado.
—He estado allí, he hecho eso. No fue bonito, eso es seguro. —Me
miró cuando lo dijo—. Aunque es más divertido. —Miró a la multitud,
que sin duda pasaba buen momento. Algún tipo de juego de beber
que se llevaba a cabo en el medio de la habitación. Era demasiado
estrecho para jugar beer pong, pero inventaron alguna alternativa.
Hannah estudiaba a Dusty con la cabeza hacia un lado. Atrapé
su mirada y ella negó con la cabeza. Si trataba de decirme algo, yo no
hablaba su idioma. Finalmente abrí la lata y tomé un sorbo.

Los Steiners organizaron una pequeña actuación, y todo el mundo


miró y cantó. Hannah vio a una chica de una de sus clases, pero no
parecía querer ir a hablar con ella, así que nos quedamos en una
esquina, hablando con Dusty. Nos dejó para ir a cantar, pero siempre
volvía, aunque varios de los chicos trataban de arrastrarlo o tentarlo con
bebidas. 93
Por alguna razón, los rechazó y habló con nosotras en su lugar. No
podía dejar de reír mientras nos contaba historias estúpidas sobre cosas
al azar. Dusty era una de esas personas contagiosas que te hacían
sentirte bien cuando estabas a su lado. Era fácil ver que todos lo
adoraban, y fácil ver por qué él y Hunter formaron su “bromance”.
Hunter también era así.
—Creo que le gustas —dijo Hannah durante una de las canciones
cuando Dusty nos había dejado—. Y mucho.
—Bueno, eso no importa porque no me gusta. En absoluto.
—Es gracioso, porque lo has estado mirando como si quisieras
terminarlo como el último pedazo de pastel. —La miré fijamente y ella
movió las cejas—. Sabroso, sabroso pastel de hombre cubierto de
glaseado sexual.
—Eres repugnante.
—O tal vez tengo razón. —Tuve que hacerla callar cuando Dusty
se reunía con nosotros.
—Entonces, ¿qué piensas de esos dos chicos locos que van a
casarse? —Señaló a Hunter y Taylor, que no se habían soltado el uno del
otro casi en ningún momento.
—¿Me estás preguntando por mis sentimientos sobre el
matrimonio, Dusty? —cuestioné.
—Vaya, pelirroja. Tranquila. Solo estoy conversando.
—Creo que es encantador. Quiero decir, obviamente son
perfectos el uno para el otro. Algunas personas son así. Hechos el uno
para el otro —dije.
—Algunas personas sí —coincidió Dusty, pero me miraba, y pude
sentir mi estúpida cara y mis orejas poniéndose rojas. A veces deseaba
poder usar un sombrero que cubriera mis orejas para que la gente no
pudiera verlas transmitiendo mis emociones.
La conversación matrimonial se abandonó cuando uno de los
Steiners empezó a apostar si podía cantar canciones al azar que la
gente gritaba sin cometer ningún error. Si cometía un error con alguna,
tenía que beber. Y todos los demás tenían que beber si él... Bueno, las
reglas no estaban muy claras. Todo el mundo parecía bastante ido en
ese momento, así que tenía sentido para ellos, pero no para nosotros los
sobrios.
Dusty suspiró y miró fijamente a su lata de refresco.
—No creo que nadie vaya a arrestarte si te tomas una cerveza —
dije.
Sacudió la cabeza. —No, pero le hice a alguien una promesa, y 94
tengo que cumplirla.
—¿Vas a AA? —preguntó Hannah, riéndose mientras el tipo que
cantaba se equivocaba en la letra y todo el mundo se lo hacía notar.
Dios, se podría convertir cualquier cosa en un juego de beber.
—No, solo tomé un consejo que alguien me dio de corazón. Hice
un cambio.
—¿Se supone que esto es una mejora? —pregunté.
Sostuvo su mano en la parte superior de su pecho, sobre su
corazón. —Auch.
Me salvé de responder porque Renee tropezó con la pared y Paul
apenas pudo atraparla. Pequeña hipócrita. Sabía que ella bebía,
habiendo recibido más de un mensaje de texto borracho y unos
cuantos mensajes de voz borrachos de ella. Paul me llamó la atención y
asintió con la cabeza.
—Disculpen —les dije a Hannah y a Dusty.
—No estoy borracha, lo juro —aseguró Renee, aunque la palabra
"juro" salió rara—. Solo tomé... —contó con los dedos, pero no funcionó
muy bien—. ¿Tres copas? —Definitivamente sonaba como una
pregunta.
—Buen trabajo, Paul. Qué manera de mantenerla sobria. —Le di
una palmadita en el hombro mientras Renee se desplomaba contra él y
tarareaba una canción desafinada.
—No es tan fácil como parec, —comentó, sosteniéndola—. Voy a
llevarla a casa. Puedo volver a buscarte, si quieres.
—Puedo llevar a Jos. No he estado bebiendo nada. —Si hubiera
un premio por acechar y escabullirse, Dusty Sharp lo habría ganado sin
duda alguna.
—Gracias, hombre —dijo Paul mientras metía los brazos de Renee
en su abrigo y ella protestaba.
—Acuéstala y dile que es un terrible ejemplo. No es que ella lo
recuerde —dije.
—¡Oye, hermanita! —Renee se inclinó y me dio un beso en la
mejilla—. ¿Por qué estás tan triste?
—No estoy triste, Ne. Vete a casa.
—Pero estás triste. Muuuy triiiisteeee —cantó mientras Paul la
arrastraba por la puerta.
—Me encanta cómo se emborracha después de someterme al
tercer grado —dije, sacudiendo la cabeza. Iba a hacerle lo mismo a la
mañana siguiente cuando estuviera bien y con resaca, para que tuviera
mayor impacto.
95
—¿Lo estás? —preguntó Dusty, riéndose un poco de Renee.
—¿Que si estoy qué?
—¿Triste? —Alguien gritó, y Dusty me llevó a un lado cuando un
tipo se arrastró junto a nosotros gritando sobre algo a otro. Además de
merodear y escabullirse, tenía muy buenos reflejos.
—No, no estoy triste —mentí.
Inclinó un poco la cabeza. —Pareces triste.
Aparté la mirada de sus ardientes ojos verdes. —Um, gracias.
Apenas te conozco. No creo que estés calificado para juzgar mi nivel
de tristeza.
—Vale, bien. Solo avísame cuando tú y Hannah estén listas para
irse. —Con eso se dio la vuelta y se sumergió en la refriega, dirigiéndose
hacia la cocina y la barra improvisada.
—¿Qué tal te va? —Darah se había separado del lado de Mase
para venir a verme.
—Bien. ¿Viste a Renee?
Darah puso los ojos en blanco.
—Ella siempre piensa que su tolerancia es mucho más alta de lo
que realmente es. Uno pensaría que ya habría aprendido. —Mase se
acercó y puso su brazo alrededor de ella.
—¿Qué pasa, Jos? ¿Pasando un buen rato? —Claramente estaba
un poco zumbado. Levantó el puño como si esperara que le diera un
golpe. Así que lo hice y él me animó.
—Sí, es una gran fiesta. —Le di un pulgar arriba. Sería mucho mejor
si no estuviera sobria.
¿Por qué se necesita beber para divertirse? Beber solo opaca tus
sentidos. ¿Por qué uno querría opacar la hermosa intensidad de la vida?
Un brazo me rodeó el hombro y salté. —Oye, amiga, me
abandonaste.
Me volví para encontrar a una gruñona Hannah apoyada en mí.
Parte de su cabello flotó hacia mi boca y lo aparté.
—¿Quieres irte? —pregunté.
Quitó el brazo y se encogió de hombros.
—Me parece bien lo que sea. —Sus ojos seguían saltando por la
habitación, como si estuviera buscando a alguien.
—¿Qué pasa?
—Nada —dijo, sonriéndome—. Así que supongo que un tipo nos 96
va a llevar a casa ahora. ¿Un tipo llamado Dusty?
Otra mano descendió sobre mi hombro, pero esta vez no era la
de Hannah. —Estarías en lo cierto, Hannah Gillespie.
—Sabes, una de estas veces vas a hacer eso y voy a pensar que
estás tratando de matarme y podría patearte en los huevos.
—Mis huevos estarían honrados —dijo, quitando la mano. Vi que
tenía mi abrigo y el de Hannah en la otra.
—¿Se van a casa? —preguntó Darah.
—Sí, creo que sí. Todavía tengo que hacer algunos deberes. —Eso
fue una mentira. Tenía que escribir un blog. Había decidido que iba a
adelantarme en los posts y programarlos con antelación para no estar
siempre detrás. Era una gran idea, en teoría, pero no estaba segura de
cómo funcionaría en la práctica.
—¡Te veo en casa, pequeña Ne! —exclamó Mase mientras Darah
nos saludaba. No sabía cómo ella iba a manejar a ese monstruo, pero
hasta ahora lo había hecho bien.
—Le diré a Taylor y a Hunter que se fueron a casa —gritó Darah.
—Señoritas —dijo Dusty, entregándonos nuestros abrigos. Nos los
pusimos mientras nos sacaba de la casa. Su coche estaba aparcado en
un lugar interesante, y terminó por maniobrarlo antes de que
pudiéramos entrar.
—Puedes tener el asiento de acompañante —dijo Hannah en mi
oído.
Increíble.
Hannah y Dusty charlaron sobre cosas superficiales mientras él
conducía hacia su dormitorio.
—Te veo mañana, chica. Gracias por traerme, Dusty.
—Cuando quieras —contestó con ese saludo característico.
Una vez que Hannah partió, parecía que se había llevado todo el
aire del coche con ella. ¿Qué es lo que me pasa? Ya había estado a
solas con él en el coche antes. ¿Por qué era esto diferente?
—¿Qué piensas realmente sobre el matrimonio de Taylor y Hunter?
—¿Por qué te importa? —Busqué en la radio algo en lo que
concentrarme, aparte de Dusty.
—Toma —dijo, extendiendo la mano, rozando mi pecho, abriendo
la guantera y sacando un maltrecho iPod. Lo conectó al encendedor y
cambió la estación de radio antes de darme el iPod.
—Sáltate lo que no te guste.
97
Una canción desconocida salió de los altavoces, así que salté a la
siguiente. Otra canción desconocida. Hice clic en su biblioteca y me
desplacé a través de ella. Maldición, la cosa estaba abarrotada. Tenía
todo tipo de cosas ahí. Me decidí por Beastie Boys, solo para ver su cara
cuando saliera “Fight for Your Right”. No me decepcionó.
—Interesante elección, pelirroja. La apruebo. —Asintió y pude ver
sus dientes brillando en los faros de los coches que se acercaban.
—¿Qué, no parezco una chica que escucharía a los Beastie Boys?
—No, no es eso. Es solo que no pensé que elegirías eso.
Escuchamos el resto de la canción y luego la cambié a Death
Cab for Cutie. Se rió.
—Eres una chica interesante, pelirroja. Nunca me aburro cuando
estoy contigo.
Lo mismo digo.
—Sabes, si alguna vez quieres hablar de algo, tengo muy buenas
habilidades para escuchar.
—¿Son mejores que tus habilidades de acecho? Porque eres
bastante bueno en eso —dije.
—¿Acecho?
—Sí, siempre pareces escabullirte detrás de mí, y nunca te oigo
llegar.
—Es una habilidad. Perfeccionada a lo largo de años de tener
que alejarme en silencio.
—¿Alejarte de qué? —Veamos si le gustaba que le hicieran
preguntas personales.
—Buen intento, pelirroja. Esas puertas están cerradas y no se van a
abrir. Ni siquiera por una cosita linda como tú. —Intentaba distraerme,
pero no iba a funcionar. Dejaría que pensara eso. Tenía otros medios
para entrometerme en su vida.
—Bien, bien. —Me desplacé a través de algunas canciones más.
Oh. Tenía a Ingrid Michaelson. Fue una sorpresa. Puse “The Way I Am” y
esperé su reacción. Se rió suavemente, y casi pude oírlo sonrojarse.
—Si le dices a alguien que tengo a Ingrid aquí, yo... No lo sé.
—¿Qué? ¿Escucharla arruinaría tu imagen? —Hice comillas sobre
“imagen”.
—Estoy perfectamente seguro de mi imagen, muchas gracias. —
Ni siquiera podía decirlo con la cara seria, así que empecé a reírme.
—Estás tan lleno de mierda.
—Sí, pelirroja. Es cierto. No deberías creer una palabra de lo que 98
digo.
—No lo hago.
—Bien.
—Bien.
Trató de dejar de sonreír pero no pudo y yo eché la cabeza hacia
atrás y me reí como no lo había hecho en mucho tiempo. Se detuvo
frente a la Casa Yellowfield y apagó el auto.
—Aquí estás —dijo.
—Aquí estoy.
Fue uno de esos momentos en los que, si esto fuera una película,
se habría inclinado y me habría dado un beso de buenas noches. Pero
como no era una película, nos quedamos sentados y traté de pensar en
algo que pudiera decir que me diera una salida elegante.
—Gracias por el aventón. —Sí, no era eso.
—En cualquier momento. Cuando necesites algo, solo... házmelo
saber. —Eso sería algo difícil de hacer, ya que no tenía su número. Pero
sí, no iba a pedírselo.
—Lo tendré en cuenta. —En momentos como estos, me gustaría
tener un guión.
—No me gustas así, pelirroja. Si eso es lo que te preocupa. —
Bueno, el guión no importaba si él se salía del libro.
—No me preocupaba.
—Bien. Porque sé que bromeo, pero no es serio. —Parecía que se
esforzaba mucho por ser convincente.
—Bien.
—Bien, entonces. Supongo que... nos veremos por ahí. —Parecía
que no había nada más que hacer que salir del coche, así que lo hice y
empecé a caminar hacia la casa. Escuché el crujido de la ventana y
luego su voz.
—¿Jos? —El sonido de mi nombre me hizo dar la vuelta por
reflejo—. Yo... —Nunca lo había visto sin palabras, pero esta noche no
parecía tener más que la lengua atada. Susurró algo que no escuché.
—¿Qué?
Miró a través del parabrisas y no a mí. —Lo siento, nada.
—Bueno... voy a entrar en la casa.
—Deberías hacer eso. Hace demasiado frío para estar de pie
fuera.
—Bien. Aquí voy. —Empecé a caminar hacia atrás y él se rió.
99
—No te tropieces, pelirroja.
Seguí retrocediendo hasta que llegué al porche y él me miró todo
el tiempo. No fue hasta que abrí la puerta, lo saludé y la volví a cerrar
que escuché su auto alejarse.
Qué raro era ese chico.
12
Traducido por Clara Markov & Valentine Rose
Corregido por Victoria

Renee se encontraba desplomada sobre la mesa del comedor a


la mañana siguiente cuando salí a por el desayuno. Escuché a Paul
hablándole suavemente en su habitación anoche cuando fui a verla y
me di cuenta que él lo tenía bajo control. El resto del grupo lo notó un
poco tarde. Para personas que se inclinaban más a lo académico,
beber un domingo por la noche no parecía ser la opción más
inteligente.
—¿Cómo estás, hermana? —dije, yendo a agarrar una taza así
haría un poco de té. Los residentes de la Casa Yellowfield eran buenos 100
con el desayuno, pero aún nadie hizo nada, por lo que agarré algunos
waffles del refrigerador.
—Cállate.
—Oye, tú eres la que se supone es un buen ejemplo. No te obligué
a beber.
—Por favor, solo... después. —Ni siquiera podía formar una oración
completa.
Esperé que mis waffles se cocinaran en lo que los otros habitantes
de la casa tropezaban por las escaleras e iban por la cafetera. Si fuera
una perra, podría haberme levantado temprano y hacer un montón de
ruido. La idea fue tentadora, pero no la llevé acabo.
—Mal alcohol —dijo Renee mientras Paul entraba por la puerta
principal sosteniendo bolsas de grasosa comida rápida.
—Cura para la resaca —aseguró, levantándolas.
—Aplaudiría, pero no quiero —dijo Renee a medida que Darah se
inclinaba contra Mase. Taylor levantó su puño vacilante.
—Eso es lo mejor que puedo hacer —indicó Paul distribuyendo las
bolsas y todos comenzaron a comer con entusiasmo, sin acordarse de
los platos.
—Te traje uno de huevo y queso, si quieres —dijo Paul, dándome
una bolsa.
—Estoy bien con los waffles, pero gracias. —Él se encogió de
hombros y le entregó el emparedado a Mase, que se lo devoró en tres
mordidas. El desayuno fue tranquilo y terminó porque todos iban tarde a
lo que sea que debían hacer. Pensé que algunos faltarían, pero todos
sacaron sus traseros por la puerta con el tiempo.

—Así que, ¿todos en tu casa tienen resaca? —preguntó Hannah


cuando me senté a su lado para la clase de Pam. Teníamos un acuerdo
tácito de que ella llevaría siempre dulces de Skittles, pero yo tendría que
reemplazarlas con mis propios chocolates M&M's, así que me aseguré
de detenerme y agarrar algunos de la maquina en la Unión, lo suficiente
para la semana.
—Es bastante épico. Me sentía amargada anoche, pero ahora
agradezco quedarme sobria.
—Bueno, hay una solución para no tener resaca —dijo, dándole la 101
vuelta a su cuaderno abierto.
—¿No beber?
Ella metió una pastilla en su boca. —Nunca estar sobria.
—Punto válido.
Pam comenzó la clase y tuve otras cosas para pensar en la
siguiente hora.
—¿Sabes? Tu hermana te tiene atada con fuerza —dijo Hannah al
tiempo que comíamos nuestro almuerzo—. ¿Qué hiciste?
¿Qué no había hecho? Había sido el ejemplo de comportamiento
destructivo el verano pasado. Lo que sea, lo hice. Quedarme fuera
hasta tarde, ir de fiesta, beber, lo que sea. Hice lo que quise, cuando
quise y no me importó lo que nadie dijo o intentó hacer al respecto. Fue
divertido. Durante un tiempo. Incluso a pesar de que saqué casi todo de
mi sistema, quemé muchos puentes e iba a ser un infierno reconstruirlos.
—Solamente digamos que pasé por una fase rebelde.
—Ahora no lo pareces.
—Sí, bueno, me he vuelto más sabia en mi vejez.
Resopló, incrédula. —Chica, ¿qué edad tienes?
—Dieciocho. Empecé la universidad cuando tenía diecisiete. Mi
cumpleaños es en un mes y medio.
—Qué bebé. Yo ya tengo diecinueve, así que soy más vieja y
sabia.
—Entonces, ¿qué consejo tienes para mí, sabia?
—Siempre bebe menos de lo que piensas que puedes, confía en
tu estómago, y la próxima vez que veas a Dusty Sharp, será mejor que te
lances. —Me dio una gran sonrisa.
—Eso no es lo que quise decir. —No le conté sobre el pequeño
momento, si así le podía decir, que Dusty y yo tuvimos anoche en el
auto. Fue tan irrelevante que me hubiera sentido estúpida por traerlo a
colación.
Hablamos. Nos incomodamos. Fin.
—Tendré que tener una intervención con ustedes dos, lo juro. Le
gustas... te gusta. La ecuación es bastante simple, y como que apesto
en matemáticas. Tú más Dusty da igual a... —Mueve la mano en un
círculo, buscando la palabra correcta.
Podía asegurar que era desastre.
Chasqueó los dedos. —Sexplosión.
—¿En serio? ¿Te la pasaste pensando y eso es lo que sacas? 102
—Solo estás molesta porque sabes que tengo razón y no lo quieres
admitir.
—No es verdad, y no la tienes. Bien, eso es todo.
—Oh, claro, cariño. Te creo. —Me palmeó el brazo. Le lancé la
envoltura de mi popote, y se rió. Su sonrisa cayó al momento que vio a
alguien del otro lado del comedor.
—¿Qué?
—Nada. —Su comportamiento tuvo un completo cambio. Busqué
y vi una mesa de chicos mirándonos. Ellos ni siquiera trataban de ser
discretos. Sin duda podrían aprender una lección de Dusty. Uno de los
chicos le dijo algo a los otros y todos rieron. Bueno, no se necesitaba ser
genio para sumar esas cosas. La mayoría de ellos no parecía familiar,
pero definitivamente vi a dos en la fiesta.
Hannah inclinó su cabeza hacia adelante y su cabello cayó
frente a su cara como la melena de un león deprimido.
—Así que necesito tu ayuda —dije, girándome para bloquear a
Hannah de las miradas de la otra mesa, y al mismo tiempo bloqueando
la de ella.
—¿Con qué? —Mantuvo la cabeza baja. Me gustaría descubrir la
historia completa, pero sabía que si insistía se cerraría como una trampa
de acero. Lo sabía porque yo hacía lo mismo.
—Quiero tener un trabajo, pero no quiero algo que vaya apestar,
así que necesito ayuda para pensar en uno que no me haga querer
cortarme las venas.
—Creo que acepto el desafío —accedió, finalmente levantando
la cabeza. No tenía idea si los chicos seguían mirando y riendo, pero
Hannah elevó su barbilla y se lanzó el cabello hacia atrás por lo que su
cicatriz se encontraba visible por completo. Fue un momento que decía
claramente “jódanse”. Sí, había una razón por la que era su amiga.
Pasamos el resto de nuestro tiempo teniendo una lluvia de ideas.
Algunas eran ridículas, como el vender mis órganos en línea, o buscar
una papa frita que luciera como la Virgen María, pero algunas no. El
radio del campus tenía lugares libres, lo supe, cuando hacía el periódico
escolar. La biblioteca era otra opción, y ya tenía conexiones porque
Taylor y Hunter trabajaban ahí.
—Pagan diez dólares la hora por un desnudo modelando en el
departamento de arte. Lo cierto es que no es tan malo —dijo Hannah,
como si estuviera comentando sobre el clima.
—¿Lo has hecho? —Casi caminé hacia el basurero a medida que
salíamos de la Unión. 103
Ella asintió.
—Aquí y allá. No me avergüenzo de mi cuerpo. —Sus palabras
fueron afiladas, como si quisiera sacarlas de su boca y arrojarlas como
cuchillos al grupo de chicos que hablaban tan obvio de ella. Apuesto
que lo haría si quisiera.
—Bueno, no sé si estoy así de necesitada, pero lo pondré en la
columna de quizá. —Parecía una nota rara para dejar.
—Sabes, si alguna vez quieres venir para salir o estudiar, o lo que
sea, eres bienvenida. Tengo, como, un montón de cavernícolas justo
afuera de mi puerta.
—Suena bien. Te escribo un mensaje, ¿de acuerdo?
—Te veo en biología.
Se alejó, sus hombros un poco encorvados, pero podía ser debido
al frío.
El auto de Dusty se hallaba estacionado afuera cuando me fui a
casa esa tarde, junto con el balde oxidado de Hunter. Los otros autos no
estaban.
—¡Hola, Jos! —dijo Hunter cuando entré con sonidos de su guitarra
y la batería de Dusty.
Escribí que llegué a casa en la gráfica y bajé mi mochila, notando
que las chicas escribieron fuera en ella. —Oye, Hunter. ¿Dónde está
todo el mundo?
—Um, creo que Renee secuestró a Taylor y Darah para ver cosas
de la boda. O algo así. Como que me desconecté. Mase está en el
gimnasio y Paul tenía laboratorio. —Extraño.
—Hola, Jos —me saludó Dusty, dándome una especie de media
sonrisa. No fue su sonrisa completa, y no sabía cómo interpretarla.
—Hola. ¿Qué haces aquí? —Fui a la cocina y agarré una
manzana.
—Pensé en pasarme y ver cómo se recuperaban todos.
Hunter lucía muchísimo mejor que en la mañana.
—Me sorprende que todas fueran de compras aun con resaca —
comenté, sentándome del otro lado del sillón de Dusty.
—Se recuperan muy pronto. Son jóvenes —dijo Hunter con una 104
sonrisa al tiempo que tocaba su guitarra—. ¿Peticiones?
Me encogí de hombros.
Puso su instrumento de regreso en el pequeño lugar que tenía en
la esquina de la habitación. —¿Ocurre algo?
—La verdad no. Solo que... no lo sé. —Arriesgué un vistazo a Dusty,
y él tenía las manos en los bolsillos—. ¿Hannah parecía rara anoche?
—No, ¿por qué? —preguntó Dusty.
—No lo sé. Se comportaba raro, y luego hoy vi algunos chicos de
la fiesta en la Unión, y era casi como si se rieran de ella o algo. Puede
que lo malinterpretara, pero ella se puso muy... rara después.
—¿Alguien le dijo algo? —Hunter se inclinó hacia adelante, listo
para levantarse e ir detrás de quien fue.
—No sé. No quiso decirme. Probablemente debí guardármelo. Por
favor, no le digan nada. —Dusty y Hunter asintieron, compartieron una
mirada. Me los podía imaginar, tomando sus espadas y ensillando a sus
caballos. Los cortaron con la misma tijera.
—¿Quién se encarga de la cena? —dije para cambiar de tema.
—Bueno, por eso estoy aquí —contestó Dusty, aclarándose la
garganta—. Hunter me comentó que es tu turno para la cena y resulta
que ofrecí mis habilidades culinarias para ayudarte. Si las tienes.
No tenía idea si él sabía cocinar en lo absoluto, o si solo jugaba
conmigo. Tampoco sabía lo que se hallaba detrás de su presencia aquí,
porque obviamente tenía una razón.
—¿No tienes tu propia casa?
—Sí, un apartamento de mierda. ¿Por qué querría estar ahí,
cuando podría estar aquí en el Ritz?
La Casa Yellowfield era un lugar bonito. Oh, ¿a quién engañaba?
Era condenadamente lindo. Es decir, no solo era lindo, sino que era tan
malditamente limpio. Darah era como un hada madrina revoloteando y
asegurándose de que no hubiera telarañas o suciedad o cualquier cosa
que se le asemejara.
Pero, aun así. ¿Por qué Dusty se encontraba aquí de repente?,
¿cuán estúpida creía que era? Es decir, ni siquiera serías capaz de pasar
esto a un niño de seis años.
—Bien. Puedes ayudarme, pero harás lo que quiera, y si te digo
que te quites del camino y me dejes hacer algo, lo haces. ¿Entendido?
Dusty miró a Hunter, que lucía como si retuviera una risa.
—Sí, señora —respondió en lo que nos movíamos a la cocina.
Planeaba hacer una lasaña, ya que tenía todo. Nunca lograba
cocinar cuando la casa se encontraba tan vacía, así que hubiera sido
agradable, pero tenía una alta y sucia sombra.
105
—¿Qué puedo hacer, diosa de la cocina? —Mantuvo sus manos
hacia afuera como si esperara que le pusiera algo.
—En primer lugar, puedes salirte de mi camino. —Se movió a un
lado en tanto reunía los ingredientes. La haría con pepperoni, pero
pensé que podría saltármelo para que luego Taylor no se preocupara
tratando de encontrar la sección sin pepperoni después de que la
cociné.
—Aquí. Pica. —Le di un cuchillo y una bolsa de espinacas frescas.
Pensé que al menos podría hacer eso.
—¿Una tabla para cortar? —La saqué y se la pasé a medida que
mezclaba el resto de los quesos.
Estuvo claro después de unos segundos que Dusty solamente
tenía rudimentarias habilidades culinarias. Dios, ni siquiera sabía sostener
un cuchillo. Una vez más, si esta fuera una película, me acercaría por
detrás, pondría mi mano sobre la suya y le mostraría cómo usarlo de
forma apropiada. Durante el cual él se giraría lentamente, el cuchillo
repiquetearía en el piso y me barrería en un abrazo apasionado.
Lo que en realidad ocurrió fue que me empecé a burlar de él por
cómo destrozaba la espinaca.
—Puedo escuchar que te ríes de mí —dijo, sin volverse, pero
bajando el cuchillo—. Lo siento. Solía ordenar algo o calentarlo en el
microondas. Esto no está en mi repertorio. Para nada. —Se le quedó
viendo a las espinacas como si fueran a atrapar.
—Entonces, ¿por qué aceptaste ayudarme?
Se giró y me enfrentó. —Porque quería pasar tiempo contigo.
—En serio. —No era una pregunta.
—Lo creas o no, pelirroja, disfruto de tu compañía. —Me dio una
sonrisa como si dijera: ¿Qué opinas de eso?
—¿Incluso cuando te insulto constantemente?
Empujándose de la barra y acercándose a mí, dijo: —Sobre todo,
me gusta eso.
—Pensé que dijiste que no te interesaba. —¿Desde cuándo tragar
se hizo tan difícil?
Eso lo detuvo de avanzar por la cocina.
—No lo haces. ¿Qué, no puedo querer salir contigo? ¿Eres una de
esas chicas que piensa que los chicos y las chicas no pueden ser amigos
sin que uno de ellos se enamore del otro?
—No, en realidad, no lo soy. —Ya había demostrado que eso no
era cierto. 106
Asintió. —Yo tampoco. Así que, con esto dicho, ¿podrías terminar
esto para que así pueda dejar de arruinarlo, por favor?
Rodé los ojos y fui a tomar el cuchillo de donde lo dejó en la
encimera.
—No puedo creer que no sepas cómo cortar. Eres incorregible.
—Pero ahora te tengo para enseñarme, pelirroja.
Puse el cuchillo en mi mano, mostrándole cómo agarrarlo y corté
unos pedacitos.
—Es como un balancín. De arriba abajo. —Le tendí el cuchillo y lo
supervisé alejada por varios centímetros de él hasta que agarró el ritmo.
Bueno, algo así. Una vez que hubo terminado, aventé la espinaca al bol
con la mezcla de queso, y le obligué a usar aquellos buenos brazos para
abrir los frascos de salsa.
Le dejé poner las capas de los fideos y la salsa, y luego ya era
hora de meterlo al horno.
—¿De verdad no cocinas? —le pregunté mientras ponía el
temporizador.
—En serio. —Subió a la encimera y comenzó a hacer un sonido de
redoble de tambores. Era como Hunter con su golpeteo. Nerviosos el
par.
—Bueno, si el apocalipsis zombi llega, supongo que tendrás que
aprender.
—Solo si mis habilidades en la cocina se requieren. Es más como
que se necesitarían mis habilidades de matar zombis.
De acuerdo, tenía un buen punto y lo sabía.
Simplemente rodé mis ojos otra vez y me dirigí al refrigerador para
sacar el pan de ajo. Estaba pre-hecho, por lo que tenía que meterlo en
el horno con la lasaña al final así se calentaría. Necesitábamos una
guarnición, pero no teníamos lechuga, por lo que hallé una bolsa de
brócoli en la congeladora, lo puse en un bol y luego en el microondas
para cocinarlo.
—Pues si sigues viniendo más seguido, estoy segura que Taylor o
Darah te amarrarían a ayudarlas a cocinar u hornear. Aman hornear
cosas. —Taylor no dejaba pasar una semana sin dejar algo delicioso
puesto en el horno, y Darah era tal cual. Llevaban lo domestico a un
nuevo nivel.
—¿Puedo contarte un secreto? —susurró después de mirar la
cocina de manera dramática. Sí, aún seguíamos solos. 107
—Sí, claro. —Necesitaba hacer algo, así que limpié las encimeras
ya limpias.
—¿Prometes nunca, jamás revelar esta información a nadie por
ninguna razón? —Hacía esto algo importante.
—Lo prometo —contesté, haciendo una cruz sobre mi pecho. No
fue mi imaginación que sus ojos fueron al área que hice el gesto, y se
quedaron allí mucho más tiempo del debido.
Saltó de la encimera y movió su dedo para que me acercara.
Crucé los brazos sobre mi pecho y volteé mi rostro, por lo que mi oreja
estaba a la altura de su boca.
—Nunca he horneado nada en mi vida —dijo, y casi me desmayé
por lo cerca que estaba de mí. Su colonia jugaba con mis sentidos, y
abrumaba el olor de la lasaña cocinándose.
Mi cerebro se estancó como un auto congelado en enero.
—No… no le diré a nadie —dije, alejándome de él y fingiendo que
tenía que hacer algo importante en el fregadero.
—Creo que la primera vez que hornee algo, debería ser especial.
Con alguien en quien confíe. No quiero hornear con cualquiera. —¿Por
qué tenía la sensación de que ya no hablábamos de cocinar?
Sabía que cuando me volteara después de enjuagar la esponja
en el fregadero, lo encontraría ahí, y tenía razón.
A pesar que mis manos estaban húmedas, las agarró y se arrodilló
frente a mí. Dios mío.
—Joscelyn Archer, ¿serías mi primera? —Estaba tan, pero tan
agradecida de que no pudiese oír lo que hacía mi corazón, porque
definitivamente no latía de manera normal.
—¿Para hornear, te refieres?
Poniéndose de pie, pero sin soltar mis manos, comenzó a sonreír.
—¿De qué pensaste que hablaba, pelirroja?
Estoy segura que no hablaba de hornear.
¿Por qué no soltaba mis manos? Además, ¿por qué las suyas eran
tan grandes? Cubrían las mías por completo.
Se oyó un portazo y Dusty soltó mis manos como si estuvieran
ardiendo.
—¿Qué huele tan rico? —dijo Renee, sus brazos esforzándose con
bolsas del centro comercial. Darah y Taylor venían justo detrás de ella,
igual de cargadas.
—Lasaña —contestó Dusty, dado que parecía haber perdido mi
habilidad de formar palabras. Tragué un par de veces, y tosí. 108
—¿Descuentos de liquidación? —pregunté por fin.
—Sí, obvio —respondió Renee, sin reunir sus ojos con los míos. Um,
¿qué?
—¿Por qué estás actuando raro? —dije, alejándome de Dusty—.
¿Me escondes algo, hermana?
—Por supuesto que no —replicó, escondiendo las bolsas detrás de
ella—. Ya vuelvo. —Corrió por las escaleras y las otras dos la siguieron.
Hmm. Si tuviera que adivinar, diría que tiene algo que ver con lo poco
que faltaba para mi cumpleaños, pero tal vez estaba siendo muy
egocéntrica.
Bajaron un poco más tarde, Paul y Mase llegaron a casa unos
minutos después de eso. Nadie parecía sorprendido de encontrar a
Dusty conmigo en la cocina, lo cual también me llevó a la conclusión
de que la razón por la que estaba aquí era que, de alguna extraña
manera, me distraía mientras todos ellos iban de compras. Al ser de una
familia con muchos niños, mi cumpleaños nunca fue un gran asunto.
Importaba más cuando era pequeña, pero por supuesto no recordaba
mucho de aquellos cumpleaños. Ahora solo existían en las fotografías.
¿Tal vez Renee se sentía como la mierda por ser tan estricta
conmigo por lo que me iba a preparar una fiesta de cumpleaños para
compensarlo? En sí, no tenía mucho sentido, pero no se me ocurría otra
razón por la que estaría escondiéndome las cosas así, o por qué Dusty
de repente decidió cocinar la cena conmigo, cuando no sabía cocinar
nada.
Pero, por supuesto, fingí que no noté nada fuera de lo normal.
Fingiría al igual que ellos.
Dusty se quedó a cenar, y además me sorprendió descubrir que
también había traído la tarea. Llámenme loca, pero simplemente no
parecía el tipo de chico que hacía las tareas. Quiero decir, tendría que
hacerlo porque se las había arreglado de lograr un año y medio en la
universidad ya, pero no podía imaginármelo. Eso es todo.
Todo el mundo reclamó una propiedad y yo terminé sentada en
el suelo de la sala de estar con mi portátil en la mesa de café y mis libros
en el suelo.
—¿Está ocupado este lugar? —Dusty se sentó junto a mí, y situó
una pila de libros en la mesa.
—Supongo que ahora sí. Es algo así como “el que atrapa, atrapa”
aquí para agarrar un lugar para estudiar.
—Ya lo veo —dijo mientras el resto se esparcía en variados lugares
y posiciones. Eché un vistazo a los títulos de los libros que había situado,
y me sorprendí un poco. Cálculo, teoría de la música y varios más que
parecían que eran para enseñar. 109
—Educación musical como Hunter —respondió a mi pregunta no
dicha—. ¿Sorprendida?
—Ya lo sabía. —Bueno, no exactamente, pero podía sumar dos
más dos.
—Oye, Hunter, ¿aún tienes esa guía de estudio de Praxis? —Hace
una semana, Hunter había tomado la primera serie de exámenes que
necesitaba pasar para convertirse en maestro, y todavía esperaba sus
resultados ya que tenía que pasar el primer examen para realizar la
segunda parte. Parecían las pruebas de admisión a las universidades,
pero mucho peor.
Hunter levantó la vista lo que sea en lo que estuviera inmerso y sus
ojos tardaron un segundo en enfocarse.
—Sí, claro. ¿Quieres que te lo preste?
—Solo las pruebas de prácticas. Quiero sacarles copias, si no te
molesta.
—Obvio, no hay problema. —Hunter se fue, subió y bajó con el
libro—. No llené las respuestas, así que no puedes copiarme.
—Pues preferiría pasar la prueba, así que me arriesgaré. —Hunter
le arrojó el libro a Dusty, y éste lo atrapó cuando me agaché.
—No tiren libros —ordenó Taylor desde el sillón—. No pueden
protegerse. Deberías saberlo, Hunter Zaccadelli.
—Detesto ser esta persona, pero tengo una prueba importante de
anatomía y tengo, como, un billón de páginas por leer, así que ¿podrían
coquetear después? ¿En su habitación? ¿En silencio? —sugirió Renee,
mirándonos como una bibliotecaria enojada.
—Lo siento, Ne —dijo Taylor, bajando la cabeza y volviendo a su
libro.
—Sí, señora —contestó Hunter, destacando su acento.
Dusty me miró antes de susurrar: —No vas a gritarme, ¿verdad?
—Todavía escucho murmullos —dijo Renee, volteando de página.
Fingí cerrar los labios y apunté a Renee, luego hice un movimiento
amenazante por mi garganta y lo apunté. Esperaba que entendiera el
mensaje. Me miró y abrió el libro que Hunter le había dado, y yo volví a
mi trabajo de estudiar para la clase de Pam. Siempre lo hacía primero
así mi cerebro estaba fresco y era capaz de absorber la información.
Para un chico que hacía muchos ruidos con su boca, Dusty era
bueno en concentrarse. Seguía levantando la mirada de mi libro y veía
si estudiaba o fingía hacerlo, pero siempre estuvo absorto en lo que sea
que hacía. Nunca siquiera levantó la vista, a pesar que yo lo miraba y
ambos estábamos sentados muy cerca. Era como si hubiese cerrado la 110
puerta y estuviera en su propia habitación donde ninguno de nosotros
tenía permitido entrar.
Sacudí la cabeza y volví a mi trabajo, leí hasta que terminé todo
lo que tenía pendiente, luego comencé a trabajar en mi blog. Pensaba
en hacer un nuevo diseño, pero dado que no sabía nada de eso, como
que no podía. Debería aprender códigos. Tal vez podría encontrar un
libro usado sobre eso en una librería o algo así.
—¿Qué es eso? —Volteé mi cabeza solo un poco y encontré el
rostro de Dusty casi descansando en mi hombro. Cerré con rapidez mi
ordenador, sacando a todos de su mundo de estudios.
—Dios mío, creo que acabo de morir un poco —dijo Taylor, con su
mano en el pecho.
—Lo siento, lo siento. —Miré a Dusty, quien aún tenía su rostro muy
cerca. En lo que a chicos se refería, él definitivamente olía mucho mejor
que los otros que me había encontrado. Muchos cubrían el hecho que
no se bañaban muy seguido al echarse una pasosa colonia que era
probablemente tóxica, y los mataba despacio con la enfermedad del
pulmón negro. Intenté no cerrar los ojos, inclinarme hacia él e imaginarlo
colgar ropa fresca en el tendedero, por supuesto sin camiseta, en un día
soleado.
Oh, cielos, ¿qué estaba haciendo?
Ya me dijo que no estaba interesado, y yo tampoco, entonces
¿por qué seguía haciendo cosas que hacía ver que sí le interesaba, y yo
seguía pensando en cosas como él colgando la ropa sin una camiseta?
Me alejé con rapidez y volteé mi ordenador así él no podría ver la
pantalla. Regresó a su posición con el más pequeño suspiro, a tomar
notas. O al menos es lo que pensé que hacía cuando un avión de
papel aterrizó en mi regazo. ¿En serio? ¿Cuántos años tenía? Además,
tenía que darle puntos. Pasar notas era un viejo arte en el mundo de
mandar mensajes y Facebook, y tuitearle cada insulso pensamiento al
mundo sin importar si éste necesitaba saberlo o no.
No lo miré mientras desdoblaba la nota.
¿Qué no querías que viera? ¿Estabas viendo porno? Si es así, ¿me
dejas unirme? Si no es así, ¿qué hacías?
Me volteé y le di una mirada disgustada antes de situar la nota en
la mesa de centro y escribir mi respuesta.
Eres un cerdo, y no es de tu incumbencia.
Volví a doblar el avión y lo arrojé sobre mi hombro, sin importarme
en apuntar mientras volvía a trabajar en mi blog. Sin embargo, en
verdad no podía concentrarme porque creí que en cualquier minuto
iba a volver a pegar su cabeza sobre mi hombro.
Mi blog era mío. No posteaba mi nombre verdadero, y no había 111
ninguna foto mía por lo que nadie sabría que era mío. Mi blog era…
privado. Era mío y nadie sabía de él. Tal vez esto es lo que sintieron Peter
Parker y Bruce Wayne. Solo que, ya saben, sus identidades secretas eran
más geniales que mi identidad bloguera secreta. Podía decir cualquier
cosa que quería, ser cualquier cosa que quisiera en mi blog. La chica
que era no importaba. Nadie la conocía. Y además, este blog no era
sobre mí. Era sobre la música.
Un momento después, la gente comenzó a recoger sus cosas
para dar por finalizada la noche. Esperaba que Dusty se levantara y se
fuera, pero no lo hizo. Tampoco devolvió la nota, y cuando lo miré a
escondidas, había vuelto a estar concentrado. Raro.
Estaba a punto de voltearme y preguntarle si iba a quedarse toda
la noche ahí cuando escuché un libro cerrarse detrás de mí.
—Bueno, tal vez ya debería volver a mi casucha. —Se puso de pie
y todo aquel que aún seguía aquí murmuró un “buenas noches”. Bajó la
mirada hacia mí como si estuviera esperando algo. ¿Se suponía que
tenía que acompañarlo hasta la puerta?
Espera. ¿Él creyó que esto era una cita? ¿Era esto una cita? ¿Por
qué tendría que haber sido una cita? Por supuesto, estuvo involucrada
la cena, pero porque él había estado aquí cuando la preparábamos y
la servíamos.
—Nos vemos —dije, y sonó tan pobre como en mi mente, y me
sentí tan pobre como me había sentido anoche en su auto.
Abrió la boca, cambió de opinión y luego hizo uno de sus sonidos
de tambores para cubrirlo. —Adiós, pelirroja.
Le di una de esas despedidas con dos dedos, y respondió de la
misma manera con una sonrisa en su rostro.
No fue hasta que se fue que me di cuenta que había llevado su
avión de papel con él.

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13
Traducido por Genevieve & Vane Black
Corregido por Daniela Agrafojo

—Sé que tu hermana está, como, muy en contra de las fiestas,


pero me invitaron a una, y no puedo ir sola. Además, si no quieres venir
conmigo, voy a hacerte daño. Por lo tanto, vendrás —dijo Hannah
después de biología al día siguiente.
—Mi hermana nunca lo permitirá.
—Me imaginé, por lo que pensé que podía hablar con ella y
convencerla.
Casi me eché a reír. Eso nunca iba a funcionar, y era lindo que 113
pensara que sí.
—No va a suceder, Hannah. Has visto a mi hermana en acción. —
Además, no sabía si yo realmente quería ir, de todos modos.
—Oh, tengo poderes de persuasión. —Hannah no parecía el tipo
de persona que le encantara ir a una fiesta, así que realmente quería
saber por qué lo quería ir.
—¿Por qué quieres ir? ¿Es un chico?
—No, no es un chico. Siento que quiero vivir toda la experiencia
universitaria, y eso incluye ir a una fiesta de fraternidad al menos una
vez. Está en la lista de la universidad. Lo he comprobado.
Me preguntaba qué más había en esa lista, porque seguro debía
preocuparme de la mayoría. Estaba comportándose rara, y sabía que
se trataba de otra cosa que no iba a decirme. En ciertas maneras me
sentía muy cerca a Hannah, pero en otras me sentía como si tuviera
todos estos secretos que prefería morir antes que compartir conmigo.
—No voy a aceptar un no por respuesta —dijo ella, y reconocí la
determinación en su rostro. Por alguna razón, decidió que esto era algo
que haría, y yo iba a estar incluida. Hannah nunca me demandó algo
como amiga, y me hallaba tan acostumbrada a eso de mis antiguos
amigos que me sentí una perra por negarme—. Podría tener una idea
de un trabajo que no apestaría. Si aceptas ir, te lo contaré. —Era como
uno de esos programas de juegos donde ponen una caja misteriosa
delante de ti. Podría ganar, o podría perder a lo grande. Pero podría ser
bueno salir y soltarme, de verdad esta vez.
—Solo voy a decir que sí, si puedes convencer a Renee. Porque ya
me he metido en suficiente agua caliente, y ella está empezando a
soltarse conmigo y dejarme hacer cosas.
Hannah extendió la mano.
—Trato. Tengo completa fe en mi habilidad para convencerla. —
Tenía confianza, eso era seguro—. Vendré esta tarde.
—Si quieres venir a cenar, puedes hacerlo. Siempre hacemos un
montón, y no serías la primera persona en autoinvitarse. —Mierda, no
quise mencionar a Dusty. Sabía que ella querría sobreanalizarlo, insistir
en eso y decir cosas que confundían totalmente mi cabeza.
—Ni siquiera necesito preguntar quién fue. Puedo averiguarlo
basándome en el hecho de que lo mencionaste y que claramente no
quieres hablar de ello.
Pues... tal vez Hannah resultaría ser un oído comprensivo. Solo me
detuve un segundo antes de lanzarme a la historia de cómo Dusty me
ayudó a hacer la cena y luego la nota del avión. Por supuesto, excluí la
parte de mis propios sentimientos. Ella fue lo suficientemente inteligente
como para entenderlos de todos modos. 114
—Así que estoy... confundida y no sé. Él es tan complicado.... —
Recordé a Mase diciendo algo acerca de que las complicaciones son
la mejor parte de la vida.
—¿Ese es el código para “sexy”? Porque le gustas mucho.
—Entonces, ¿por qué me dice que no? —Hice un sonido frustrado
que causó que algunas personas que nos cruzaron se dieran vuelta y
me miraran como si estuviera loca. Iba a llegar tarde a matemáticas,
pero no me importaba. Era el tipo de clase al que no tenías que asistir
para sacar una buena calificación. Infiernos, las pruebas eran a libro
abierto, y escuché que el asistente del profesor señalaría las respuestas
correctas si le preguntabas lo suficientemente bien.
—Mira, me tengo que ir, pero seguiremos con esto más tarde. ¿A
qué hora debo venir? —preguntó.
—¿Alrededor de las seis?
—Hasta luego, chica —dijo, yéndose para su próxima clase, que
se encontraba al otro lado del campus. Iba a tener que apresurarse
para llegar allí.
Fui a matemáticas y pasé la hora y quince minutos escuchando a
Maroon 5. Era uno de esos grupos que amaba desde hacía mucho
tiempo, y su música era el equivalente de un abrazo, o un plato de sopa
de pollo. Cálido y reconfortante.
Regresé a la Casa Yellowfield aturdida y no me sorprendió ver el
coche de Dusty aparcado en la calle.
—Cariño, estoy en casa —exclamé mientras me quitaba los
zapatos y dejaba mi bolso en la entrada.
—¿Cómo te fue el día, querida? —gritó Dusty desde el salón,
donde estaba con Mase.
—¿Te mudas ahora? —pregunté, cogiendo una lata de refresco
de la nevera—. ¿Quieres una? —Me habría sentido como un idiota si no
hubiera preguntado.
—No, estoy bien —dijo justo detrás de mí.
—Juro por Dios que la próxima vez que hagas eso... —No podía
pensar en lo que iba a hacer—. ¿Sabes qué? No te diré lo que voy a
hacer. La anticipación te matará, esperando el momento. Yo disfrutaría
de eso.
—Tranquila, pelirroja.
—En serio, ¿por qué estás aquí? Porque sé que tienes un pequeño
bromance, pero la otra mitad no está aquí ahora mismo, así que no
puede ser Hunter. Y no puede ser porque te encanta cocinar. Y no
puede ser que realmente, realmente ames la casa. Entonces, ¿qué es?
Me apoyé en la nevera. Sabía que estaba haciendo una
pregunta que no me iba a gustar la respuesta, pero no podía soportarlo
115
más. Quería saber la verdad, me gustara o no.
—Tal vez sea otra cosa lo que me hace seguir viniendo a esta
casa. Tal vez... tal vez he estado esperando el momento adecuado
para decirlo en voz alta. —No me miraba, lo que significaba que podría
estar diciendo la verdad. Me cansé de que siempre tratara de cambiar
de tema, o que hiciera una broma de las cosas.
—Realmente vengo aquí porque estoy loco por... esta cafetera.
—Se movió a mi alrededor y se paró junto a la cafetera de lujo que
Hunter probablemente había comprado y que costaba más que todo
mi presupuesto de libros de texto durante un año.
—Quiero decir, realmente, realmente me encanta. —Se inclinó y
fingió abrazarla y la acarició con cariño.
—¿Me estás tomando el pelo?
Se enderezó, su sonrisa vaciló por un segundo.
—¿Qué pasa?
—Nada. No pasa... nada. —Lo había hecho a propósito para
fastidiarme, y no iba a darle la satisfacción de saber que lo logró. Pasé
junto a él para volver a la sala de estar. Mase estaba ocupado con un
libro de texto y un marcador fluorescente.
—¿Qué pasa, Jos?
—Nada. —Encendí la televisión y me acomodé. Dusty entró en la
habitación y se sentó en el sillón reclinable, lo suficientemente fuerte
como para que yo lo oyera. Idiota.
A propósito, puse un molesto reality show femenino que nunca
vería ni en un millón de años. Le subí el volumen. A Mase no pareció
importarle. Era conocido por su concentración profunda cuando leía.
Nos sentamos en silencio mientras las chicas iban de compras, a
clubes, y se peleaban y reconciliaban con sus novios. Esperé que me
rogara que cambiara de canal, o se levantara y se fuera. Tal vez esta
era la manera de deshacerme de él. De alejarlo. Debería empezar a
poner Nickelback, o esa banda rusa de chicas enojadas que encontré
al azar en Internet. Debería empezar a hablar de los dolores menstruales
y las infecciones por hongos y otras mierdas de chicas que él no querría
oír.
Pero entonces posiblemente me desharía del resto de los hombres
de la casa, y no quería arruinar sus vidas. Solo la de Dusty.
¿Qué había en él que me irritaba tanto?
Empezó a hacer suaves ruidos de tambor en la silla. Ahora jugaba
conmigo. Subí el volumen del programa y comenzó a hacer ruidos más
fuertes. Todavía no lo miraba.
—¿Pueden bajar un poco el volumen? Me volveré sordo, y soy un 116
gran fan de pararme cerca de los altavoces en los clubes —dijo Mase,
agarrando el control remoto y bajando el volumen—. ¿Te sientes bien,
pequeña Ne? Estás un poco... rara.
—Estoy bien.
Me salvé de una explicación más detallada por la llegada de
Darah y unos minutos más tarde de Taylor y Hunter, luego Renee.
—Hannah vendrá para la cena. Espero que no les importe.
Todo el mundo intervino con que no les importaba, y estarían más
que felices de tenerla cuando quisiera venir. La Casa Yellowfield era
como una esponja, absorbiendo personas, y yo era una de ellas. Muy
pronto tendrían que añadir un cuarto nivel, o convertir el sótano en una
residencia de estudiantes. Podía imaginarlo con literas cubriendo las
paredes.
Taylor y Hunter se ocuparon de la cena, y hacían pizza, ya que
cada uno podía elegir los aderezos que quería y podíamos hacerlos
individualmente. Hannah apareció justo cuando estábamos aplanando
nuestras partes individuales. Por supuesto que Dusty se quedó. Quería
preguntarle si se iba a mudar, pero le estaba dando el tratamiento de
silencio por lo de la cafetera.
—Hola, chica. Y todo el mundo —dijo, entrando por la puerta
principal sin llamar.
Hannah recibió una cálida bienvenida. Vi la misma mirada en sus
ojos que había visto antes cuando me dijo que me haría ir a la fiesta.
—Haz una pelota —dijo Hunter después de lavarse las manos. Le
dio una bola de masa y un plato para que la rodara—. Solo aplánala
tanto como puedas, y luego ponla en la sartén aquí y tenemos la salsa y
los ingredientes. Recomiendo usarlos para hacer tu nombre, para que
así recuerdes cuál es el tuyo y no hay confusión. ¿De acuerdo?
—Entendido, jefe —dijo ella, saludándolo y golpeando la masa
con un poco de fuerza.
Todos hicieron sus pizzas, y de alguna manera las pusimos todas
en el horno a la vez. Darah y Mase nos echaron a todos de la cocina
mientras limpiaban, así que tuvimos sexo musical en la sala de estar, con
Dusty haciendo la batería de respaldo para Hunter. Seguí esperando
que Hannah hiciera su jugada, pero se sentó y siguió gritando ridículas
sugerencias de canciones que hacían reír a todo el mundo.
No fue hasta que todos nos encontrábamos llenos y Darah y
Renee estaban contando recuerdos de una de las fiestas a las que
habían ido cuando eran estudiantes de primer año.
—Hablando de fiestas —dijo Hannah—. Hay una muy buena en la
casa de Kappa Sigma y tengo una invitación y necesito una mujer que
me acompañe.
117
Su declaración fue recibida con silencio al principio.
—¿Quieres ir a una fiesta de Kappa Sig? —preguntó Hunter,
escéptico.
—Bueno, siento que mi experiencia universitaria no estará
completa sin ir a una fiesta de fraternidad. No es que quiera ir... es que
me siento obligada a ir. Y no debería ir sola, así que necesito que
alguien me acompañe. Oye, Jos, ¿qué vas a hacer el sábado por la
noche? —¿Era este su plan maestro? Porque no fue muy magistral.
—Absolutamente no —dijo Renee, prácticamente gritando.
—Bueno, ¿qué tal esto? ¿Qué tal si todos vienen con nosotras?
Entonces todos podemos ir a pasar un buen rato, ustedes pueden
supervisarnos y yo cumplo mi sueño. Todos ganan.
Dusty tosió.
—¿Estás bien, amigo? —Hannah estaba sentada a su lado, así
que le dio un golpe en la espalda.
—Bien —se ahogó, tomando un trago de su vaso de agua.
—Así que —continuó Hannah, volviéndose hacia Renee—. ¿Se
apuntan?
Todos los ojos se hallaban puestos en Renee.
Ella levantó las manos. —¿Por qué tengo que ser yo la que
decida? Que alguien más diga sí o no. No me importa de ninguna
manera.
—Podría ser divertido —dijo Taylor.
—¿Verdad que sí? —preguntó Hannah que se aferraba a Taylor.
Hunter se encogió de hombros.
—Supongo.
—¿Qué hay de ti, Dare? —preguntó Mase.
—Ya he estado en una, y no fue tan mala.
Hannah olió una victoria.
—Yo también iré. Para mantenerlas a raya, chicas. Y les vendría
bien un poco de músculo extra de su lado —dijo Hunter.
—De acuerdo —aceptó Mase, asintiendo.
—Me apunto si tú también, Nene. —Puntos para Paul por usar el
apodo en un momento como este.
—Bueno, supongo que no tengo elección —respondió Renee,
levantándose y poniendo su plato en el fregadero. Sabía que esto iba a
pasar. Ahora mi hermana estaba enojada, y yo iba a tener que tratar
de arreglarlo. Renee podía seguir enojada por un tiempo; lo sabía por
experiencia. 118
Le di una mirada a Hannah, pero ella sonrió triunfante. Sacudí la
cabeza y me puse de pie, siguiendo a Renee hasta el lavabo.
—Le dije que no quería ir. No tengo ni idea de por qué quiere ir,
pero es así. Lo siento.
—Está bien, Jos. Está bien. Solo... no me gusta ser la mala de la
película. No me gusta estar en esa situación. Quiero ser tu hermana
mayor, no tu mamá, y a veces cruzo la línea y siento como si tuviera que
ser tu madre.
—Lo siento. —Ahora me sentía como una mierda absoluta y me
encontraba un poco enojada con Hannah. Si no hubiera estado tan
decidida a ir a esa estúpida fiesta, que probablemente resultaría ser una
pérdida de tiempo, Renee no se hubiera enojado conmigo.
—No estoy enojada contigo. Sé que no es tu culpa, Jos. —Se dio
la vuelta en el fregadero y todos los demás comenzaron a traer sus
platos.
—Es nuestro turno —anunció Darah mientras cogía el jabón y lo
rociaba sobre una de las esponjas.
—No, está bien. Yo lo haré —espetó Renee.
—Nena, vamos —dijo Paul, tomándola de la mano. Conocía a mi
hermana lo suficientemente bien como para saber que estaba al borde
de las lágrimas. La tomó de la mano y la llevó arriba, y oí la puerta de su
dormitorio cerrarse.
—¿Puedo hablar contigo, Hannah? —Caminé hacia las escaleras
e incliné la cabeza para que pudiéramos ir hacia la cueva a hablar.
—Lo siento mucho. No tenía ni idea de que eso pasaría —dijo
mientras yo cerraba la puerta y bajaba las escaleras.
—¿Qué creías que iba a pasar? ¿Que le sugerirías a su hermana
menor de edad que se metiera en un nido de serpientes lleno de
alcohol, de chicos que quisieran tocarme y cosas en las que estuve
envuelta este verano y que ella te seguiría la corriente? ¿En serio,
Hannah?
Habíamos sido amigas por tan poco tiempo que esta fue nuestra
primera pelea, y se sintió como una mierda.
Sus ojos estaban muy abiertos, su comportamiento normalmente
atrevido se desinfló.
—Lo siento mucho. Solo... Lo siento mucho.
—¿Por qué deseabas tanto ir?
Bajó el resto del camino por las escaleras y se sentó en el
penúltimo. Me senté unos peldaños por encima de ella.
—Es tan estúpido. Vas a pensar que soy idiota. 119
—Dímelo y lo averiguaremos —dije. Solo quería que la gente
dejara de mentirme o de cambiar de tema. Quería la verdad, por una
vez.
La verdad es lo más hermoso que hay, porque es lo más real.
No le creí cuando dijo eso, y no estaba segura de si lo creía
ahora. La verdad apestaba mucho.
—Vale, ¿recuerdas que en la fiesta del domingo me comporté de
forma extraña? ¿Y luego vimos a esos tipos en la Unión? —Sabía que
tenía algo que ver con eso. No tenía ni idea de hasta qué punto, o
cómo—. Allí, un tipo se me acercó y fingió coquetear conmigo, me
invitó a la fiesta, luego fue y les dijo a todos sus amigos que había
coqueteado con un monstruo. Era una especie de reto estúpido o algo
así. Estaba enojada, por supuesto, pero da igual, ¿sabes? Pero luego los
vi de nuevo y me hicieron enojar. No soy el maldito Gandhi. A veces no
puedo lidiar con ello. Así que tenía este plan para ir a la fiesta y joderlos
de alguna manera. No estaba exactamente segura de cómo iba a
hacerlo. Iba a esperar hasta que fuéramos allí y, no sé, evocar a Carrie,
solo que, esta vez para atrapar a los malos. ¿Sabes?
—¿Planeabas llevar un cubo de sangre de cerdo?
—Obviamente no. Eso fue más una metáfora que un plan real.
Esperaba que me ayudaras con eso.
—Eres una de las personas más raras que he conocido.
—Eso no es lo más malo que alguien me haya dicho.
Me lo imaginaba.
—¿Estás enojada?
—Un poco. —Me deslicé un escalón, así me encontraba más
cerca—. Podrías haberme dicho que querías ir por eso en lugar de
armar este plan loco. O te habría dicho que esos imbéciles no valían la
pena y hubiéramos evitado todo este asunto.
—Sé que tienes razón. Tengo la tendencia a solo confiar en mí
misma y creer que todo el mundo me va a joder. Posiblemente porque
mucha gente me ha jodido. Te diría el número de veces que ocurrió,
pero puede que no creas algunas de mis historias.
—Oh, te sorprenderías. —Yo también tenía historias.
Puso la cabeza sobre sus rodillas.
—Arruiné las cosas, ¿no?
—Está bien. Se te permite. Y no es como si lo hubieras hecho para
ser cruel, o por alguna razón maliciosa. Digo, no era una razón maliciosa
contra las personas que no han sido ya unos cabrones contigo. —Yo no
era mucho de ojo por ojo, pero vengarse de esos chicos parecía un
plan válido—. Pero, ¿molestar a esos chicos te haría sentir mejor? 120
—Al principio.
—¿Le has hecho eso a alguien que ha sido así en el pasado?
Finalmente levantó la cabeza y vi un destello de su sonrisa.
—Había una chica que solía llamarme cara de monstruo y se
alejaba de mí sí me encontraba cerca de ella. Me decía un montón de
cosas horribles, y un día, tuve suficiente y colapsé. —Se movió y solo
hubo un escalón entre nosotras—. Todas las mañanas, esta chica solía
comprar los cafés helados gigantes de Starbucks, ¿sabes? Quiero decir,
eran enormes. Estoy casi segura de que eran lo único que consumía. No
recuerdo haberla visto comer. Seguro que era su combustible para ser
una perra. De todas maneras, empecé a comprar las mismas bebidas
que ella y las colocaba en su casillero. Así que cuando lo abría, los vasos
se derramaban sobre todas sus cosas. Guau, eso suena mucho peor
cuando lo digo en voz alta. Lo gracioso de esa semana fue que cada
vez que abría su casillero después del almuerzo, se le venía volando una
bebida. Nunca lo comprendió.
Tuve que admitir que era bastante bueno.
—¿Y sabes qué? Apuesto a que esa chica está, probablemente,
follando a un chico ridículamente caliente en alguna impresionante
universidad en Florida o algo así. Perra —dijo.
—O tal vez se embarazó el verano después de la secundaria y sus
padres la obligaron a casarse con el chico y tuvo un bebé súper feo,
atiende mesas en un restaurante horrible y su jefe siempre le está
agarrando el trasero, pero no dice nada porque no puede permitirse el
lujo de perder su trabajo, porque el papá de su bebé es un alcohólico
que solo se sienta en su sillón reclinable y bebe durante todo el día.
Me miró como si me hubiera crecido otra cabeza y luego se echó
a reír.
—Chica, tienes un infierno de imaginación. Deberías ser escritora.
—No era la primera persona que decía eso. En inglés, Greg había escrito
comentarios en mis primeros apuntes que eran todos positivos, y me
había señalado más de una vez para que lo reconociera. Por supuesto
que me había convertido en una bola de fuego humana cada vez, y
deseaba que dejara de hacerlo
Y ya que Hannah me había hablado de uno de sus secretitos,
decidí compartir uno de los míos.
—Espera un segundo. —Mi portátil estaba en mi habitación, así
que la agarré y la encendí, dando clic en el navegador de Internet y
abriendo mi blog. Le entregué el ordenador a Hannah sin decir nada.
—Está bien —dijo, desplazándose a través de mi blog—. ¿Qué es
esto?
121
—Es mío. Mi blog. Esta es mi identidad secreta. Mi nombre es
Joscelyn Archer y tengo un blog de música.
Sus ojos se agrandaron y se quedaron viendo el blog con más
atención.
—No me digas, ¿esto es tuyo? Oh, Dios mío. —Observé sus ojos
escaneando rápidamente mi última revisión de un álbum y luego dando
clic en alguna de las pestañas y mirando algunas otras cosas. Esperé el
veredicto—. ¡Esto es tan increíblemente genial! ¿Por qué no me habías
dicho?
Me encogí de hombros.
—No lo sé. Supongo que era solo algo personal que escribía ahí.
No me importaba compartirlo con desconocidos porque nunca sabrían
de mí o me conocerían, pero compartirlo con la gente que conozco es
algo diferente. ¿Qué pasa si pensaban que era extraño? ¿Y si era mala
en ello? Quiero decir, tengo comentarios idiotas de extraños, pero sería
terrible si uno de mis amigos lo dijera. No sé. —Traté de quitarle la portátil
mientras sentía ponerse rojas mis orejas.
Hannah no me dejó quitárselo.
—Imposible. Compartiste esto conmigo y voy a disfrutarlo por
completo. Te dije que eras buena escritora, y lo eres. Eres muy, muy
buena. ¿Por qué no estudias inglés como asignatura principal?
Mierda. No sabía que mostrarle mi blog llevaría a una repetición
de cosas que no quería hablar.
—Porque no deseo trabajar en el servicio de alimentos por el resto
de mi vida o acabar viviendo en una caja de refrigerador en la calle.
Hannah me golpeó en el brazo.
—Nunca acabarás en una caja en la calle. ¿Hola? ¿Ves dónde
vives en este momento? Tu hermana y todos sus amigos nunca dejarían
que eso sucediera. Tienes toda una maldita casa llena de personas que
se preocupan por ti y ni siquiera puedes verlo.
¿Qué era todo eso?
—No soy ingrata. ¿Parezco ingrata?
Suspiró y me regresó mi computadora.
—No, eso no es lo que quise decir. Eso fue solo mi monstruito de los
celos apareciendo con su increíblemente fea cabeza. Olvídalo.
—Tienes personas que se preocupan por ti. Me preocupo por ti —
afirmé, colocando mi brazo a su alrededor—. Una vez más, soné como si
me gustaras. Pero sabías lo que quería decir, ¿verdad?
—Totalmente. Y yo también me preocupo por ti.
Compartimos un abrazo para nada incómodo y luego nos
empezamos a reír. 122
—Así que, una fiesta de fraternidad, ¿eh? ¿Alguna vez pensaste
que la mejor venganza es vivir bien? Leí eso en algún lugar, y creo que
funcionaría en esta situación. Te conseguiremos un vestido asesino y las
damas de la Casa Yellowfield te pueden preparar, luego podemos ir y
podrás restregárselo en sus caras. Si creen que te afectan, ganan. Si les
muestras que no te importa una mierda, entonces tú ganas —dije.
Se encogió de hombros.
—No es tan bueno como echarles cubos de sangre de cerdo. —
Pensar en Carrie, me recordó que Stephen King vivía en esta misma
calle. Le dije eso a Hannah y pensé que sus ojos iban a salirse de su
cabeza.
—Sabía que vivía en Bangor, pero no sabía dónde.
—Sí, podemos ir por ahí o algo en algún momento. Podríamos
incluso pasar siniestramente. Pero probablemente nos arresten. Tiene
cámaras de seguridad y esas cosas.
Ambas subimos las escaleras y encontramos a todos sentados en
la sala de estar, fingiendo que no nos esperaban, excepto Renee y Paul.
—No nos matamos, y no hicimos la cosa de pelea de chicas con
tirones de pelo y queriendo sacar ojos, si a alguien le preocupaba eso —
dijo Hannah, lanzando su brazo sobre mi hombro—. ¿Ven? Todo bien.
Todos parecieron suspirar con alivio.
—Pero creo que le debo una disculpa a tu hermana, así que voy
a hacerlo —dijo Hannah, dirigiéndose a las escaleras como si hubiera
estado en la casa un centenar de veces.
No sabía si eso era una buena idea, pero no iba a detenerla.
Me senté en el sofá junto a Taylor, y ella apoyó su cabeza en mi
hombro.
—Sabes, nunca he estado en una fiesta de fraternidad. También
tenía un poco de curiosidad acerca de la experiencia.
Hunter soltó un gruñido.
—¿Qué? ¿Crees que no puedo defenderme de unos chicos de
fraternidad borrachos? Me defendí bastante bien contra ti —dijo.
Sus ojos se estrecharon y la señaló. —Touché, Missy. Touché.
Dusty parecía estar observándome. ¿Por qué todavía no se había
ido a casa?
—Voy a ir a verlas —dijo él de repente, levantándose—. No estoy
seguro de a dónde iría mi dinero en una pelea entre Hannah y Renee.
—Corrió por las escaleras, sus pantalones deslizándose más y más. Uno
de estos días iba a preguntarle cómo se quedaban arriba. Pero él haría
algún comentario raro haciéndome sonrojar y eso no sería divertido. No 123
necesitaba darle más combustible.
—Siempre deseé tener el pelo rojo —comentó Taylor, pasando sus
dedos a través de mi cabello. El suyo era tan bonito. Tenía esa onda
playera que nunca lograba. Mi cabello solo... colgaba de mi cabeza.
—¿Así tendrías una excusa para perder los estribos? —dijo Hunter,
recogiendo su guitarra de nuevo. Parecía ser su salida en tiempos de
turbulencias.
—Ja, ja, eso quisieras —contestó Taylor.
Nos sentamos durante unos minutos más mientras Mase encendía
NESN y comprobaba las estadísticas deportivas. Tanto Hannah como
Dusty se habían ido por más tiempo del que me sentía cómoda, pero
todo estaba casi silencioso arriba.
Me levanté y subí las escaleras. Oí al resto hablando detrás de mí,
pero no me importó.
Teniendo cuidado de caminar en silencio y con atención, me
acerqué a la habitación de Renee y Paul. La puerta se hallaba abierta
solo un poco. La voz de Dusty fue la que escuché primero.
—Va a haber tanta gente observándola, que no será capaz de
estornudar sin que uno de nosotros le diga “salud”. Confía en mí.
—¿Por qué debería confiar en ti? —Esa era Renee.
Me incliné más cerca y tal vez un poco demasiado, perdiendo el
equilibrio y golpeando la puerta, que se abrió de golpe y chocó contra
la pared. No era la más agraciada de las entradas.
—Lo siento, solo vine a ver si todo iba bien. No escuchaba nada
desde la planta baja, así que esperaba no llegar aquí y encontrar un
montón de cuerpos y a uno de ustedes con un cuchillo o algo así —dije,
tratando de salvarme.
—¿Dónde conseguiría alguien un cuchillo en mi habitación? —dijo
Renee, recuperándose primero de la interrupción.
—Tienes una lima de uñas muy puntiaguda —comentó Paul,
metiéndose en la conversación. Dusty se quedó callado, pero Hannah
tenía la cara un poco roja.
Quería desesperadamente saber cuál habría sido la respuesta de
Dusty a la pregunta de Renee, pero no podía admitir que escuché.
—Siento haber perdido los estribos —dijo Renee, sentándose en el
borde de su cama.
—No, está bien. Mamá habría hecho lo mismo —contesté.
—Pero no soy mamá. A pesar de que has tomado algunas malas
decisiones en el pasado, lo has hecho muy bien últimamente, y no te he
dado suficiente crédito. Estoy orgullosa de ti. —La alabanza fue derecho
a mis oídos, y podía sentirlos calentándose. ¿No podía haber hecho esto 124
cuando estuviéramos solas? Digo, no me importaba si lo hacía con Paul,
porque era prácticamente de la familia, pero con Dusty y Hannah allí,
era vergonzoso.
Dusty se aclaró la garganta y se dirigió hacia la puerta, metiendo
las manos en sus bolsillos.
—Creo que esa es mi señal para volver a casa. Los veré a todos...
en algún momento. Bueno, buenas noches. —Se fue más rápido de lo
que se podía decir “pantalones caídos”.
—A veces tengo problemas entendiendo señales sociales, pero
esta no es una de esas veces. Te veré mañana, Jos. Gracias por la
comprensión, Renee. Adiós, Paul. —Hannah corrió detrás de Dusty, y me
quedé con Renee y Paul.
—Creo que les voy a dar un minuto. —Paul salió y cerró la puerta
silenciosamente detrás de él. Me senté en la cama al lado de Renee.
—Entonces, ¿sobre qué hablaban cuando hice mi impresionante
entrada? —pregunté.
—Nada. Hannah explicaba sus razones para querer ir a la fiesta.
Te lo juro, el noventa por ciento de los chicos son total y absolutamente
idiotas. —Cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás.
—Si eso es cierto, entonces ¿cómo es posible que tengamos tres
no idiotas viviendo en esta casa? Quiero decir, esos son como, las
probabilidades de ganar la lotería. —Me uní a ella, dejándome caer
hacia atrás y miré el techo.
—No lo sé. Pero estoy pensando que deberíamos empezar a
comprar más boletos de raspa y gana —dijo.
El edredón se amontonó debajo de mi cabeza, así que lo alisé.
—¿Alguna vez te quitas eso? —Agarró mi pulsera, manoseando el
dije de elefante.
—No. —La dejé jugar con él por un segundo más y luego me volví
a un lado, apoyando la cabeza en mi mano. Hizo lo mismo. Se sentía
como cuando éramos pequeñas y solíamos construir fortalezas con
almohadas y sábanas en la sala de estar con todas las sillas del
comedor. Eso fue antes de que muchos de nuestros hermanos entraran
en nuestras vidas. Todo lo que podía recordar era que fue bastante
tranquilo en ese entonces.
—A veces me siento tan vieja —dijo.
—¿Cómo es eso?
—Solo entre todo con mamá y papá, y con nuestra familia siendo
tan loca. ¿Te acuerdas de esa vez cuando mamá nos olvidó en la
escuela y tuvimos que hacer autostop? 125
Rodé los ojos.
—¿Qué vez? —Había ocurrido a menudo en nuestra niñez.
—Es un milagro que ambas resultáramos relativamente normales.
—Golpeé el lado de su cabeza.
—¿Relativamente? Habla por ti misma.
—Oye “relativamente normal” es un cumplido para ti —afirmó,
agarrando una almohada y golpeándome con ella.
—¿Qué demonios? —Me escabullí, agarré otra almohada y le di
un golpe. Y luego, porque éramos hermanas, tuvimos una pelea de
almohadas. Renee no tenía almohadas de plumas, así que no había
plumas, pero era bastante ridículo de todas maneras.
Para cuando las dos nos encontrábamos sin aliento, teníamos una
audiencia. Uno de los chicos debió habernos oído gritando y armando
un escándalo y pensó que nos estábamos matando, pero nos hallaron
derrumbadas y riendo de agotamiento.
—Así que, ¿están bien? —dijo Mase—. Porque podrían, ya saben,
seguir haciendo eso. No me quejaría. —Sonrió, y Darah hizo un sonido
de disgusto.
—Creo que las probabilidades están cayendo —le dije a Renee y
ella se rió.
—¿Qué probabilidades? —preguntó Hunter.
—No importa —contestamos ambas al mismo tiempo.

126
14
Traducido por Jadasa & anita0990
Corregido por Laura Delilah

Hannah estaba más reacia a ir de compras que una virgen siendo


llevada al altar para el sacrificio.
—Estuviste de acuerdo con este plan. Estará bien, lo juro —dije
mientras nos dirigíamos hacia el Bangor Mall. Ella no paraba de cambiar
las estaciones de radio y me estaba volviendo loca. Finalmente extendí
mi mano y apagué la radio.
Conduje alrededor un par de veces y encontré un lugar para
estacionar cerca de la tienda Dick’s Sporting Goods. Agarré mi cartera 127
y estaba a punto de salir del coche cuando Hannah extendió su mano
y me detuvo.
—Está bien, así que, ya sabes, cómo últimamente hemos estado
compartiendo cosas, tengo que decirte que no he ido de compras,
como, en dos años. —Mordió su labio y se encogió de hombros.
Me senté de nuevo en mi asiento conmocionada.
—¿En serio? —dije.
—Digo, no me refiero a comprar comida, sino ir a comprar ropa.
—Esto era sorprendente, porque siempre se veía linda, en una especie
de estilo vintage, algo punk. Vestía algo que parecía pertenecer en una
pieza de la época de los ‘50 con algo que tenía puntas, arandelas o
cuero—. Compro todo por internet. Sé que la mayoría de las tiendas al
por menor, hacen sus blusas pequeñas y ni siquiera me hagas empezar
con los zapatos.
—¿Por qué odias tanto ir de compras? —Me dio una mirada
glacial que me dijo que pensaba que era más que evidente y que
debería saberlo, sin tener que preguntar—. Quiero decir, ¿tanto así?
—¿Tanto así? ¿Tienes alguna idea de lo que se siente el entrar en
un vestuario y que la asistente te mire como a un leproso? Es como que
si tuviera miedo de que vaya a arruinar las ropas. Y luego las otras
personas miran y esas horribles luces te hacen ver horrible. Es solo una
experiencia que decidí que no quería participar más. Posar desnuda es
una cosa, pero ir de compras es completamente diferente.
—Entonces, ¿por qué dijiste que estabas de acuerdo?
—Porque esperaba que esta vez fuera diferente. Además de ser
muy buena percibiendo a la gente, también soy una eterna optimista.
Muy en el fondo. Pero no se lo cuentes a nadie. No quiero que ensucie
mi imagen.
—No le diré a nadie si te comprometes a no contarle a nadie
sobre mi blog. —Nos bajamos del auto y comenzó a silbar—. ¿Hannah?
¿Me escuchaste?
—Um, ¿sí? La cosa es, como que ya lo hice. —La expresión de su
rostro era como de miedo, como si se estuviese preparando para un
golpe.
—¡Qué! —Casi me golpeó cuando abrió la puerta.
—Uh, sí. ¿Recuerdas lo que dije sobre ayudarte con lo del puesto
de trabajo? Bueno, da la casualidad de que tengo un contacto, de
clase, en el periódico del campus y le mostré tu blog. Él ha estado
buscando a alguien para que comience a escribir una columna sobre
música, y le di tu nombre y correo electrónico, así que, probablemente
estará contactándote. —Lo dijo todo apresuradamente.
Dejé de caminar y agarré su brazo para hacer que me enfrente. 128
—¿Por qué hiciste eso? Te dije que quería que fuera un secreto. —
Podía sentir el pánico formándose en mi pecho. Honestamente, no sé
por qué me asustaba mucho, pero me encontraba asustada.
—Lo sé, pero, como dije, eres muy talentosa. No creo que tu lugar
esté en ciencias políticas. Perteneces a una revista o escribiendo para
un periódico o, ya que todos están en vías de desaparición, trabajar
para promocionar música. No sé mucho sobre ello, pero sé que estás
desperdiciando tu talento.
—¿Y sabes todo eso de leer algunas entradas en el blog que
escribí? —La industria de la música era despiadada, y había miles de
otros blogs por ahí. No tenía miles de seguidores, o ni siquiera cerca de
eso. Era una gota en un inmenso océano de otras personas haciendo lo
mismo, y muchos lo hacían mejor que yo.
—Lo sé porque te conozco. Una vez más, escalofriante, pero a
veces te siento sin siquiera verte. Sé que tienes equipaje y mierda que
algún día compartirás conmigo, pero ahora no tienes que hacerlo. Sin
embargo, ese equipaje está de pie en el camino, haciendo algo
impresionante.
Comenzó a caminar hacia una tienda de Deb, donde teníamos
más probabilidades de encontrar algo para que use. Ya tenían afuera
los vestidos para el baile de graduación, a pesar de que aún faltaban
muchos meses. No podía explicar porque no lo entendería, así que
simplemente la seguí hasta la tienda.

Casi una hora más tarde, Hannah había rechazado casi todas mis
sugerencias de vestidos. Lo intenté todo; corto, largo, media pierna.
Rojo, verde, azul, negro, dorado, rosado. Odiaba a todos y encontraba
una razón para cada rechazo. No era de extrañar que no hubiera
estado de compras en dos años. Era jodidamente exigente.
—¿Qué pasa con este? —Me harté de tratar de ayudarla, así que
estaba escogiendo cosas ridículas. Sostuve un vestido tubo que era de
un tono violento amarillo fluorescente, parecía algo que usaría una
prostituta barata.
—¿Tengo que hacer una lista de las cosas que están mal con ese
vestido?
Suspiré y lo metí de nuevo.
—Jesús, Hannah, eres más complicada que la reina para hacer
compras. 129
—La reina no hace sus propias compras. Tiene gente —indicó,
caminando por una hilera, pasando sus manos sobre los vestidos—.
Oooh —dijo, tirando uno hacia afuera. Era la primera vez que mostraba
interés en algo, así que me quedé muy sorprendida.
Era un vestido rojo de un solo hombro con bordado negro a lo
largo del dobladillo que probablemente quedaba justo por encima de
sus rodillas. También tenía un cinturón negro alrededor de la cintura con
una hebilla de plata.
—Voy a probarme este —dijo, y sin más alboroto, se marchó hacia
el vestuario.
La seguí, aturdida.
La encargada estaba ausente, así que Hannah entró en el primer
compartimiento que se encontraba abierto.
—¿Sostienes mi bolso?
—Claro —dije mientras me entregaba su cartera por debajo de la
puerta. Esperé mientras se sacaba sus zapatos y ropa, luego escuché el
sonido de la cremallera del vestido. Giró de un lado para el otro.
—¿Bueno? ¿Te queda bien? —La puerta se abrió lentamente
hasta la mitad y me dejó entrar.
—Dímelo tú. —Se encogió de hombros, dio una vuelta y la falda
alzó vuelo.
—Hannah, estás espléndida. —Era verdad. El cinturón la hacía ver
como un perfecto reloj de arena, y la longitud, hacía que sus piernas se
vieran interminables. El hombro desnudo se encontraba del lado de sus
cicatrices, pero en realidad, no las estaba mirando.
—Creo que tenemos un ganador —dije, tomando su mano y
haciéndola girar bajo mi brazo. Se estrelló contra la pared porque en
verdad no había espacio suficiente para dar la vuelta, y ambas nos
reímos.
—Está bien, ahora es tu turno. Ve a buscar algo y regresa aquí,
perra. —Había planeado pedir prestado de nuevo el de color dorado,
pero una vez más, Hannah no iba a tomar un no por respuesta.
Me empujó por la puerta y regresé hacia el frente de la tienda
donde se encontraban los vestidos. Vi algunos que pensaba que eran
lindos, pero había estado tan concentrada en Hannah que ni siquiera lo
pensé. Miré todo rápidamente, intentando encontrar algo que no fuera
demasiado corto o demasiado largo, o de mal color.
Rechacé cualquier cosa de color rojo, rosado o naranja. Además,
no quería negro porque tendía a hacerme ver pálida, y al mismo tiempo
hacía que mis pecas destacaran demasiado. Encontré uno de color
gris, drapeado que brillaba un poco cuando sostenía la tela bajo la luz. 130
También parecía que sería cómodo y cubriría todo lo que necesitaba
cubrir. No era tan conservador como lo que usaba en mi antigua vida,
pero de los vestidos, era un buen vestido de término medio.
Lo llevé al regresar y vi que Hannah se encontraba de vuelta en
sus otras ropas, tenía el vestido rojo colgando sobre su brazo.
—Muy bonito. Ahora desnúdate y colócatelo. —Me empujó a la
habitación y cerró la puerta detrás de mí. Solo había un par de otras
personas en el vestuario, y apuesto a que no sabían qué hacer con
Hannah.
Me desnudé y me puse el vestido. Tenía la cremallera casi subida.
El pie de Hannah golpeaba con impaciencia al otro lado de la puerta.
—¿Puedes cerrar toda la cremallera? —Desbloqueé la puerta
antes de que la echara abajo. Le di la espalda y terminó de subir la
cremallera antes de que me soltara. No creo que supiera el significado
de la palabra suave.
—Hace que sus tetas se vean genial. —Por supuesto, esto era algo
importante a tener en cuenta—. Espléndida. Si tuviera un pene, te lo
haría totalmente.
—Eso es lo más bonito que nadie me dijo nunca —le dije, tocando
su hombro.
—Vale, así que, ahora que ambas tenemos vestidos, ¿podemos
salir de aquí?
—Claro, solo déjame cambiarme.
Hannah no podía salir de esa tienda lo suficientemente rápido. Le
recordé que necesitábamos accesorios para nuestros vestidos, así que
la arrastré a Claire’s por pendientes, luego fuimos a comprar zapatos.
Para el momento en que teníamos todo para nuestros trajes, ambas
teníamos hambre, así que decidimos terminar el día. Invité a Hannah
para cenar y aceptó.
—Por cierto, ¿de qué hablaste con mi hermana tanto tiempo
anoche? —pregunté mientras metíamos nuestras compras en el asiento
trasero de mi auto.
—Solo me disculpaba profusamente por mi falta de tacto. Me
tomó un tiempo. También tuve que contar toda la historia de los chicos
y esbozar mis razones por quererlo. Después de que te lo conté, parecía
estúpido que primeramente hubiera intentado mantenerlo en secreto.
—¿Eso fue todo?
—Sí, ¿por qué? —La observé, pero sus ojos se encontraban muy
abiertos e inocentes. Al parecer, subestimé sus habilidades para mentir,
basándome en experiencias pasadas.
—Por nada. Solo por curiosidad. —Lo dejé pasar. Mi siguiente 131
parada era Dusty para ver cuál era su versión de la historia.

No tuve que esperar mucho tiempo para interrogar a Dusty, ya


que estaba en la casa cuando regresamos, sentado en el sofá con sus
auriculares como si fuera el rey del castillo. Los quitó de sus orejas y los
dejó alrededor de su cuello cuando nos vio a Hannah y a mí.
—¿Deberíamos añadir tu nombre a la lista? —dije, señalando al
cuadro con el nombre de todos—. O quizás deberías mudarte. Podrías
dormir en el sillón reclinable. —Era el sillón más feo en la historia de las
sillas, pero Taylor se negaba a deshacerse de él, y nunca diría por qué.
Una especie de valor sentimental extraño. Sinceramente, no quería
saber.
—Paso. Estoy aquí porque Hunter me está ayudando a estudiar
para la práctica. O en realidad, me está mostrando cómo no estudiar
para la práctica.
—¿Ya recibiste tus puntuaciones? —le pregunté a Hunter.
—Aún no. Pero deberían estar mañana. Si no, voy a dejar que
Taylor llame y los ataque. Ella es mucho mejor que yo en los gritos y
saliéndose con la suya. —Eso era cierto. La había visto en acción.
—Estoy segura de que lo hiciste bien —dije, fui a dejar mis bolsas
en mi habitación, Hannah me siguió. Hunter era muy inteligente; de
hecho, toda la casa era espeluznantemente inteligente, solo que en
diferentes maneras. Era más intimidante que cuando yo había estado
compitiendo con mis compañeros de clase en la escuela secundaria y
el año pasado por el promedio general más alto.
Tiré mis bolsas al suelo y fui a revisar mi correo electrónico, con mi
corazón latiendo un poco más fuerte. Sí, ahí se encontraba. Un correo
electrónico con el asunto: Escribir para The Maine Campus, de alguien
llamado Brett Evans. Hice clic para abrir y revisé. Leyó mi blog, le
encantó, y me preguntó si me gustaría tener mi propia columna en la
sección de Entretenimiento donde haría una crítica de bandas, discos y
así sucesivamente. Mencionó que supo mi nombre a través de Hannah,
para que no parezca que se contactó conmigo de la nada. También
mencionó que el periódico pagaba por artículo, pero si me gustaba lo
suficiente, buscaba un asistente editor para su sección, que además le
encantaría hablar conmigo, y que no importaba si no era especialista
en periodismo.
—Déjame adivinar. Brett te envió un correo electrónico. —Hannah
permaneció en silencio todo el tiempo que estuve leyendo el correo
132
electrónico. Probablemente porque sabía que era lo que estaba
haciendo.
—Sí. Quiere darme una columna, y dijo que necesitaba un editor
asistente.
—¡Santa mierda, eso es impresionante! Buen trabajo, chica.
Me sentí menos que entusiasta. —Pero, Hannah, leí el documento,
como, una vez, y no soy especialista en periodismo. Ni siquiera soy una
especialista en escritura.
Se burló. —No importa. Brett es especialista en nuevos medios de
comunicación. Hay un montón de gente que trabaja allí que no están
en el periodismo. Además, no es como si fuera el New York Times. Es solo
el periódico de la escuela. No es gran cosa. —¿Por qué se sentía tan
importante?—. Así que vas a hacerlo, ¿verdad?
Era el dinero, que no tenía, y era algo que me encantaba hacer.
Vive el día, Jossy.
—Sí, voy a hacerlo. —Al segundo que las palabras salieron de mi
boca, Hannah me abrazó-tacleó y ambas caímos en la cama—. Lo juro,
creo que estás más emocionada por ello que yo.
—Genial. Joder. Muero de hambre —dijo, poniendo una mano en
su estómago e incorporándose. Me tendió la mano y me ayudó a
ponerme de pie.
—Y, ¿cómo conociste a este chico? —Hanna realmente nunca
hablaba sobre otros amigos.
Ella suspiró y rodó sus ojos hacia el techo. —Es algo así como una
larga historia. Éramos amigos en la secundaria, y yo estaba locamente
enamorada de él. Nunca se lo dije y eventualmente lo superé, pero aun
somos un poco amigos. Es una de esas extrañas relaciones donde
nunca se sabe dónde estás parado, ¿sabes? Pero es un buen chico, lo
juro.
Bueno, la historia no era tan larga. Mi siguiente pregunta fue
automática.
—¿Es lindo?
Sonrió un poco. —No de la forma convencional. Es un poco Band-
Geek Chic3. Ya verás lo que quiero decir cuando lo conozcas.

133
Hanna mantuvo mi nuevo trabajo en silencio durante la cena,
como le pedí, y se quedó con nosotros para hacer la tarea.
—Saben, dije que necesitábamos construir una biblioteca en lugar
de una estúpida cueva masculina y míranos ahora —dijo Taylor mientras
todas las superficies disponibles, incluyendo el suelo, estaba ocupado
con los libros, personas y computadoras—. Te dije que quería una de
esos libreros rodantes con la escalera.
—Bueno, tal vez algunas personas esperaban para el cumpleaños
de algunas otras, para hacer eso —dijo Hunter, sin levantar la vista de su
libro. Él y Dusty tenían sus cabezas juntas sobre el mismo libro.
—Lo que sea —contestó ella, volviendo de mala gana a su libro—.
Tengo razón y lo sabes.
—Sí, cariño. Lo que tú digas, cariño. —Taylor hizo una bola con un
pedazo de papel y se la tiró.
Estaba ocupada escribiendo una respuesta para Brett mientras
Hannah leía de la clase de Pam. Fui honesta en decir que no tenía
experiencia periodística, pero dije que estaba ansiosa por aprender. Lo

3 Band-Geek Chic es una especie de chico nerd típico de la banda, que le gusta
reproducir su propia música con ritmos un poco complicados, en este caso “chic”
quiere decir que es un chico que además tiene estilo.
envié, y mi correo electrónico hizo ping con una respuesta, tan solo
cinco minutos después.
Brett estaba emocionado y quería que fuera para una entrevista
oficial en algún momento en los próximos días. Me dijo que recogiera en
la biblioteca una copia de la guía de estilo y uso. No tenía idea de que
era eso, pero lo iba a averiguar. Le escribí rápidamente una respuesta
diciéndole cuando estaba libre y él respondió unos segundos después
diciendo que me vería a las cuatro el viernes en la oficina del centro
estudiantil. Había caminado por ahí las veces suficientes, así que sabía
dónde era. Ahora todo lo que tenía que hacer era entrar en pánico
hasta entonces.
Mi única otra misión esa noche era tener a solas a Dusty para así
poder preguntarle acerca de la noche anterior, pero hacerlo iba a ser
difícil con una casa llena de gente mirando. Si le pedía hablar con él, se
vería locamente sospechoso, así que solo tendría que esperar por una
buena oportunidad.
Aproveché una cuando se levantó para tomar un refresco del
refrigerador. Fingiendo necesitar más té —que era verdad— lo seguí a la
cocina.
—¿Ya te propusiste a la cafetera? —pregunté, llenando mi tasa y
poniéndola en el microondas. Él se acercó y se paró justo detrás de mí.
Claramente, nunca había aprendido algo acerca del espacio personal. 134
—Shh, estoy planeando hacerlo en un elaborado video viral. Aún
estoy tratando de encontrar algunos cantantes y bailarines de apoyo, y
estoy esperando un globo aerostático, así que no digas nada. —Puso los
dedos sobre sus labios y señaló la cafetera—. Quiero que sea sorpresa.
—Tu secreto está a salvo conmigo —dije mientras tomaba mi tasa
del microondas y le ponía una bolsa de té—. Así que, lamento lo de
ayer y haberte envuelto en todo el drama.
—No es nada. Solo quería estar seguro que nadie rompiera una
silla ni llamara a la policía o cualquier cosa.
—¿Era así en tu casa? —Él nunca hablaba acerca de su infancia,
excepto por unas cuantas frases que, leyendo entre líneas, me hacían
creer que no había sido buena.
—Algunas veces. —Casi colapsé en shock ante la honestidad de
su respuesta—. Pero eso es historia antigua. —Abrió su refresco y me miró
como si estuviera esperando algo. Estaba completamente distraída de
mi plan original de preguntar lo que estuvo a punto de decir anoche.
Esto era mucho más interesante.
—Mi mamá ha estado casada cuatro veces. Mi papá tres. Tengo
tantos medio hermanos y hermanastros que no los puedo nombrar a
todos cuando la gente pregunta —confesé, agitando mi té. No sabía
cuánto Renee, o alguien más, le contó acerca de nuestra situación,
pero él no parecía sorprendido—. He perdido la cuenta de en cuantas
casas he vivido, y he tenido que cambiar de escuela muchas veces —
continué. Solo se quedó en silencio, así que seguí hablando, como si él
estuviera sacándome las palabras. Estúpidos ojos hipnóticos.
Esperaba que compartiera algo de su infancia, pero no lo hizo.
—Eso debe haber sido duro. —Se acercó y apoyó la espalda en la
encimera junto a mí. Allí estaba otra vez, ese olor a ropa limpia con un
toque de colonia.
—Sí. ¿Recuerdas cuando dije que tenía esta energia de “no jodas
conmigo”?
Sonrió. —¿Cómo podría olvidarlo? Recuerdo todo lo que dices. —
Un segundo. Él, ¿qué?
Lo miré, cuestionando.
Levantó la mano y arrastró un mechón de mi pelo entre sus dedos
y suspiró.
—No haces las cosas fáciles, pelirroja.
—¿Yo no lo hago fácil? —A veces sentía que hablaba en clave y
necesitaba un traductor. Sería mucho más fácil si él hablara de una
manera que yo pudiera entender—. ¿Por qué haces eso? Siento que
siempre estás hablando de algo que no sé. 135
Dejó caer la mano y miró hacia abajo dejando escapar un
suspiro. —Nada. No quise decir nada.
Negué con la cabeza.
—No, quiero que me digas lo que querías decir, y quiero saber
cómo habrías respondido anoche cuando Renee te preguntó cómo me
protegerías antes de que me estrellara contra la puerta e interrumpiera.
—Al diablo, probablemente sabían que había estado escuchando.
Él se alejó de mí, pero agarré su camisa para detenerlo. Jesús, él
estaba marcado ahí abajo.
No es el punto, Jos.
—Jos, vamos. No quise decir nada con eso.
—¿Por qué me mientes? —Era difícil mantener mi voz baja para
que todos en la sala de estar no oyeran. No quería hacer una escena.
—No te estoy mintiendo, Jos. —Trató de apartarse, pero agarré su
camisa con mi otra mano. O bien sobreestimé mi fuerza, o él añadió
algo de la suya y terminó golpeando contra la encimera y se estrelló
contra mí, atrapando mis brazos entre nosotros. No me dolió; me
sorprendió más que nada.
—¿¡Qué demonios!? —exclamé, encontrando su cara a escasos
centímetros de la mía. Exhaló y todo en lo que podía pensar era en que
iba a besarme y en cuánto lo rogaban mis labios. No, imposible. Empujé
contra su pecho y fue como si algo dentro de él se rompiera y se alejó
de mí como si yo fuera una leprosa.
Se limpió la boca como si me hubiera besado y su rostro lucía
horrorizado.
—¿Qué acaba de pasar? —pregunté, utilizando la encimera para
mantenerme de pie. Dusty dejó escapar un sonido que fue como una
explosión y, de alguna manera, muy apropiado.
—Voy a tomar mi refresco y volver a la tarea. Sí, eso es lo que voy
a hacer. —Sin mirarme, agarró su Coca-Cola y prácticamente regresó
corriendo a la sala de estar, donde lo escuché hablando con Hunter.
Recogí mi té con una mano temblorosa y bebí, porque no creía
poder volver a la sala de estar en estos momentos. Me quedé en la
cocina y saboreé mi té. Y por saborear quiero decir que bebí como tres
gotas con cada sorbo, para que durara. Era solo cuestión de tiempo
antes de que alguien me interrumpiera en mi intento de calmarme, y
resultó ser Hunter.
—¿Qué estás haciendo?
—Solo... pensando. —Si alguien preguntaba, iba a decir que me
perdí en mis pensamientos acerca de... algo. Había estado demasiado
ocupada repitiendo el momento con Dusty como para pensar en una 136
excusa más válida.
—Parece doloroso. Lo que sea que estás pensando. —Agarró una
botella de Gatorade y una lata de soda con sabor a arándanos-lima
para Taylor. Oh, había sido todo menos doloroso, a menos que contaras
un cañón de mariposas siendo disparado en repetidas ocasiones dentro
de mi estómago y sentir que cada terminación nerviosa de mi cuerpo
estaba en llamas como doloroso.
—Solo tengo mucho… en mi mente. —Me miró como si me
hubiera crecido otra cabeza.
—Está bien. ¿Vas a volver a estudiar? —Bueno, tenía que hacerlo,
¿verdad? O de lo contrario sabrían que algo andaba mal y después,
todos harían una votación sobre quién sería el que iba a venir y hablar
conmigo al respecto. Había descubierto su sistema.
—Voy para allá. —Me tomé el resto de mi té de un trago. No se
sintió tan mal como me imaginaba. Puse mi taza en el fregadero y volví
a la sala de estar y ocupé mi lugar en el suelo junto a Hannah. Ella me
miró con curiosidad, pero yo sacudí la cabeza y levanté el teléfono.
Te contaré más tarde.
Escribí el mensaje y pulsé “enviar”, con la esperanza de que su
alerta de texto no fuera muy fuerte. Ella por lo general tenía su teléfono
apagado durante el día, cuando estábamos en clase, así que no podía
recordar si lo había escuchado alguna vez.
Cuando oí lo que sonó como un gong chino en un volumen
increíblemente fuerte, casi me atraganté con mi corazón, porque había
saltado a mi boca. Exclamaciones de sorpresa, unas un poco más
coloridas que otras, vinieron de todos los demás.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! El volumen en este teléfono es inestable.
Voy a apagarlo. —Leyó mi mensaje y tecleó una respuesta rápida,
luego apagó su teléfono mientras todos trataban de concentrarse de
nuevo en lo que hacían.
Qué sea bueno.
Sacudí la cabeza ante su respuesta y ella empezó a mover las
cejas de nuevo, haciendo que me debatiera si debía contarle, pero ella
era realmente la única con la que podía hablar.

137
15
Traducido por Ann Farrow & Annie D
Corregido por florbarbero

Hannah dio una excusa vaga sobre dejar los pendientes que
compró en el centro comercial por accidente en una de mis maletas,
así que tuvimos que volver a mi habitación y “buscarlos”. Tan pronto
como se cerró la puerta del piso de arriba, se volvió hacia mí.
—¡Oh, Dios mío, me moría allá! Apenas podía concentrarme. ¿Te
besó? ¿Fue bueno? ¿Te tocó? ¿Tuvieron sexo en la cocina?
Tuve que poner ambas manos sobre sus hombros para detenerla.
¿De dónde sacaba esas ideas? 138
—No, no, no y NO. ¿En serio crees que podríamos tener sexo en la
cocina sin que alguien nos oyera o entrara? ¿Y realmente crees que soy
ese tipo de chica? ¿En serio?
Lo pensó un segundo.
—Bueno, no, pero tenía la esperanza.
Solté sus hombros, caminé el resto de las escaleras y me senté en
el sofá enorme.
—A veces me pregunto cómo funciona tu mente y entonces me
doy cuenta de que no quiero saberlo. —Arrastró sus pies y se sentó a mi
lado.
—Entonces, ¿qué pasó?
Levanté mis piernas y las crucé debajo de mí.
—Eso es lo que todavía trato de averiguar. Estábamos hablando y
luego contó algo sobre tener una infancia difícil, después me tocó el
cabello…
—Eso quiere decir que te ama —dijo Hannah, asintiendo como si
fuera un hecho científico.
—¿Cómo sabes eso?
Agitó la mano.
—Se ha comprobado, como, una y otra vez. Entonces, te tocó el
cabello y…
Seguí la conversación. —Me tocó el cabello, hablamos, luego dije
algo y trató de hacerme a un lado, así que agarré su camisa y él... se
lanzó hacia mí y me empujó contra la encimera y pensé que iba a
besarme, luego se asustó y regresó a la sala de estar. Fin. —Los ojos de
Hannah se encontraban muy abiertos, y asimiló cada palabra como si
estuviera compartiendo alguna cita secreta y traviesa en lugar de...
bueno, casi nada. Sonaba tan insignificante cuando lo dije en voz alta.
En ese momento se había sentido todo lo contrario a nada.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que te desea? Amiga, es
una mierda que estuviéramos todos aquí o podrían estar fregando el
piso de la cocina juntos ahora mismo. —Todavía no le había dicho a
Hannah sobre mi virginidad, pero este no parecía ser un buen momento
para traerlo a colación, a pesar de que ella me confesó que también lo
era. La forma en que hablaba me llevaba a creer que, al menos, había
hecho más que yo, incluso si no había consumado el acto.
—No voy a dignificar eso con una respuesta. ¿Todavía tienes que
“encontrar tus pendientes”? —Me levanté para alistarme para ir a la
cama. Me sentía cansada y tenía mucho que pensar en las horas que
me tomaría quedarme dormida.
Hannah puso mala cara, pero se levantó. 139
—Está bien. Pero no eres divertida.
—¿Por qué no encuentras tu propio chico? ¿Qué pasa con Brett?
—Nunca conocí al chico, pero fue el primero que mencionó, por lo que
tenía que contar para algo. Hannah hizo un sonido frustrado.
—Te dije, es historia antigua.
—La historia tiene una forma de repetirse. —Yo era buena en ser
abogada del diablo esta noche.
—Lo que sea, chica. Te están pasando muchas más cosas que a
mí, ya que no tengo nada.
La acompañé hasta las escaleras y me despedí antes de volver a
recoger el resto de mis libros de la sala de estar. Hunter era el único que
seguía despierto, frotándose los ojos y parpadeaba una y otra vez.
—¿Dónde está Dusty?
—Oh, se tuvo que ir. Dijo que te dijera buenas noches. —¿Por qué
sentía que algo más ocurrió mientras estaba con Hannah? Me quedé
mirando a Hunter, pero sabía que él era un buen mentiroso, al menos
sobre cosas como esta.
—¿Dijo algo sobre mí? —Las palabras salieron antes de que
pudiera meterlas de nuevo en mi boca y fingir que no ocurrieron.
—¿Cómo qué? —Se hacía el tonto.
—Oh, no lo sé. Se comportó raro en la cocina. —Hunter parecía
genuinamente confundido.
—Raro, ¿cómo? —Si estaba mintiendo, denle a este chico un
Oscar.
—¿No te dijo nada?
Negó con la cabeza, luciendo un poco preocupado.
—¿Necesitas hablar conmigo acerca de algo?
Negué rápidamente. —No, no. Solo hizo una broma, y lo interpreté
mal. Está bien. No es importante, en serio. Lo juro. Lo juro. —Sonreí y
sostuve mis libros contra mi pecho.
—Bueno. Si estás segura.
—Sí, nada del otro mundo. Buenas noches.
—Buenas noches.
Esperaba que Hunter se creyera mi explicación semi-terrible y no
le preguntara a Dusty, porque evidentemente no le dijo nada a Hunter
acerca de lo que pasó en la cocina. Tal vez era porque todo el mundo
se encontraba aquí. Jesucristo, ¿por qué esto era tan confuso?
140

Dusty no fue el día siguiente, ni el siguiente, y sabía que tenía que


ver conmigo. Traté de preguntar dónde se encontraba sin actuar como
si me importara demasiado, porque no quería que nadie sospechara.
Hunter dijo que tomó algunas horas extras en Bull Moose. Todos iríamos a
la fiesta el sábado, y decidí que tenía que hablar con él y saber qué
diablos pasaba, porque no podía soportar la anticipación. Además,
Hannah había estado volviéndome tan loca que quería matarla, o
hablar con él simplemente para poder callarla.
A pesar de estar tan distraída por Dusty, me las arreglé para al
menos darle una buena impresión a Brett en la entrevista el viernes. Las
oficinas estaban en el primer piso de la Unión, y había pasado por ahí y
echado un vistazo un par de veces ya que la puerta era de vidrio.
Siempre quedaba fascinada por esto de cierta forma, si era honesta.
Brett me pidió que trajera algunas otras muestras de escritura, y las
repasó conmigo, explicando cómo se debe escribir un artículo en algo
llamado “estilo de pirámide invertida.” Todo era un poco confuso, pero
me dio un folleto y algunos artículos para leer en línea. Al final de la
hora, me había dado un escritorio y llenó el papeleo para ponerme en
la nómina. Aún me sentía atolondrada cuando llegué a casa, pero no le
dije nada a nadie, excepto a Hannah, por supuesto. Mi primer día sería
el próximo martes, ya que tenían noches de producción, los miércoles y
domingos. Fue bueno que ya tuviera todo el asunto de Dusty para
preocuparme, así el tema del nuevo puesto de trabajo se hizo a un
lado.
Con Dusty todavía no habíamos intercambiado números, así que
tuve que hacer un poco de espionaje sigiloso para averiguar cuándo
estaría exactamente en el trabajo para poder hablar con él, y encontré
la oportunidad perfecta el sábado.
Entré vacilante. Tenía todo planeado. Buscaría a Christina Perri,
Muse y The Red Jumpsuit Apparatus. Tenía un guión y todo. No era un
material de John Hughes, pero me pareció que era bastante bueno.
Entré en la tienda y me fui derecho por Christina Perri, ya que era
más fácil de encontrar la sección Pop. Había ido unas cuantas veces
desde la primera vez, y los empleados habían seguido dejándome sola.
—Bienvenida a Bull Moose. ¿En qué puedo ayudarte? —Esto fue
mucho mejor que solo esperarlo al acecho detrás de mí. Como una
gran sombra. Con grandes abdominales y una sonrisa matadora.
—Pues estaba, eh, buscando un poco de buena música. Porque
toda la música que creía que era genial es genial ahora, y me gustan
las cosas antes de que sean geniales, así que esas cosas ya no son 141
geniales. Necesito algo que sea pre-genial. —Fingí tirar mi cabello.
Se echó a reír como si se sorprendiera.
—¿Qué? —dije, bajando la voz molesta que había estado usando
y volviendo a la mía normal.
—Nada. No esperaba que vinieras más por aquí.
Me hice la tonta. —¿Por qué no?
—Bueno, después de... —Se aclaró la garganta. Oh. Este debe ser
Dusty cuando se pone nervioso. Era de cierta forma adorable. Me di
una bofetada mental. Pon tu cabeza en el juego, Jos—. Nada, nada —
dijo, sacudiendo la cabeza y riéndose—. ¿Hay algo en lo que te pueda
ayudar, pelirroja?
Luché para recordar el guión. Ojalá tuviera una de esas personas
que se encontraban en las alas del teatro para gritarle “línea” y que me
la proporcionaran.
—En realidad, vine hablar contigo de eso. ¿Tal vez deberíamos ir a
otro lugar? —Los otros empleados definitivamente habían dejado lo que
hacían, y podía oírlos a todos escuchándonos. Me preguntaba qué más
les contó Dusty de mí. ¿En serio quería saber? Probablemente no.
—Claro. Vamos. —Él asintió a uno de los chicos en la registradora
y señaló la puerta que decía “Solo empleados”. El chico asintió en
respuesta, y Dusty abrió la puerta para mí.
Era lo que parecía una sala de descanso con una mesa plegable
enorme, unas sillas de jardín no coincidentes, una nevera, microondas y
cafetera. Dusty apartó una bolsa de patatas a medio comer y sacó una
silla para mí. Me pregunté si era consciente de esas cosas, o si lo hacía
sin pensar. Si trataba de impresionarme o si era solo un reflejo que tenía
cuando una mujer estaba en su presencia. Como que esperaba que
fuera lo primero.
—Bueno, no has regresado a la casa y solo quería asegurarme de
que no era por mi culpa —le dije apresurada. En mi guión, dije las líneas
perfectamente. Supongo que debería haber ensayado más.
Giró una silla hacia atrás y se sentó. Demasiado genial para la
escuela, ese chico.
—¿Por qué sería tu culpa? —Tenía una sonrisa en su rostro, pero
empezaba a conocer las muchas sonrisas de Dusty Sharp, y ésta decía
que fingía. La sonrisa era demasiado amplia, con los ojos demasiado
brillantes. Ja, sorprendido en el acto. Ya era hora de mi siguiente línea.
—Um, porque a lo mejor te hice notar el hecho de que nunca me
das una respuesta directa sobre nada y luego... casi... —Uf, las palabras
no salían, a pesar de que las dije una y otra vez. Palabras estúpidas, 142
siendo tan difíciles de decir.
—¿Casi qué? Porque desde donde yo estaba parado, tú fuiste la
que me agarró.
¿Oh, así es como quería jugar?
—Tal como lo recuerdo, trataba de impedir que te fueras y tú,
bueno... te lanzaste contra mí.
—Me sorprendiste y subestimé tu fuerza. —Sí, y yo era la hija
amorosa secreta de Paul, George, Ringo y John.
—¿En serio? ¿Con eso vas a salir? —le dije, dándole una mirada.
Bajó la mirada y su sonrisa vaciló.
—Sonaba mucho mejor en mi cabeza. —La historia de mi vida.
—Deberíamos ser capaces de hablar de esto. Los dos somos
adultos racionales. Esto no tiene que ser nada importante. —Sí, me salí
oficialmente del guión.
Levantó la mirada y sacudió la cabeza como si no pudiera creer
lo que acababa de decir. —Oh, pelirroja. Ha sido importante por mucho
tiempo.
—¿Cu…cuánto tiempo? —Me incliné hacia delante en mi silla sin
querer, y él se apoyó en el respaldo de la suya así que nuestros rostros
estaban cerca y al mismo nivel.
—Mucho, mucho tiempo. Desde esa primera vez que te vi
metiéndote con la máquina expendedora. Casi no quería que te dieras
la vuelta, y entonces lo hiciste. Había oído hablar de ti, pero no tenía ni
idea de que fueras... tú. Mierda, estoy arruinando esto.
—Está bien. Tampoco soy muy buena con toda la cosa de hablar.
—Supongo que ya somos dos.
Se inclinó, me incliné y nos inclinamos, mi cabeza daba vueltas y
tenía miedo de que fuera a perder el equilibrio, pero igual caía en sus
ojos....
La puerta se abrió y una voz sorprendida invadió nuestro espacio.
—Vaya, lo siento, hombre. Solo entré por un refresco, pero buscaré uno
más tarde. Lo siento. —Ni siquiera volteé para ver al chico. Mis ojos se
encontraban ocupados de otra manera.
Con Dusty nos hallábamos congelados, con esos últimos pocos
centímetros de aire entre nosotros. ¿Cómo era que el aire, tan
insustancial la mayoría de las veces, de repente podía ser tan...
sustancial?
—No sé que estoy haciendo aquí, pelirroja. Eres una complicación 143
que me tomó completamente por sorpresa. —Su aliento se movió a
través del espacio entre nosotros.
—Lo mismo —susurré, y él cerró sus ojos, pero eso no rompió el
hechizo.
—No podemos hacer esto —dijo, sin abrir los ojos, pero sin
retroceder.
—¿Hacer qué? —Ni siquiera sabía lo que él sugería. Ni siquiera
éramos amigos. ¿Se refería a besarnos?
Hizo un sonido de frustración y se puso de pie, como si tomara
cada gramo de fuerza que tenía, lo cual era considerable, y se fue a la
esquina más lejana del cuarto.
—Hace un año, te hubiera besado en la cocina. Diablos, te habría
besado al segundo en que me viste. Pero ya no soy ese chico. El chico
que toma lo que quiere y no le importa una mierda a quien hiere. Te
hubiera tomado y roto, y no puedo hacerte eso. Así que estoy diciendo
que no podemos hacer esto. La respuesta es no.
Me sentía tan confundida por lo que dijo que tardé un momento
incluso en formular la primera de muchas preguntas.
—¿A qué te refieres con hace un año? ¿Qué pasó? —Esperaba
que su franqueza fuera más que una cosa de una sola vez. Sabía tan
poco acerca de él y quería saber más. Era un enigma.
—Perdí a alguien que amaba, y eso puso las cosas en
perspectiva.
—Yo también perdí a alguien —dije. Era la primera vez que lo
decía en voz alta—. Por eso cambié. Porque las cosas que solían
importarme ya no lo hacían. Pasé toda mi vida preocupándome por las
cosas equivocadas, como las calificaciones y salir adelante. Así que
dejé de preocuparme por eso y traté de enfocarme en las cosas que
importaban.
—¿Cómo qué? —Nuestros ojos por fin se encontraron de nuevo.
—Bueno, lo arruinaba mucho al comienzo. Por eso mis padres me
enviaron aquí, me iba de fiesta y faltaba a clases. Pensé que vivir el día
significaba hacer lo que quisiera y preocuparme por las consecuencias
mañana. O nunca. —Reí un poco—. Y luego me di cuenta que no se
trataba de eso. Se trataba de hallar algo que te apasionara.
—¿Qué te apasiona?
Señalé a la tienda detrás de nosotros.
—La música.
—Sí, eso es bastante obvio. Debería haberlo adivinado. —Los dos
144
nos reímos para romper la intensidad de la habitación.
—¿Por qué? ¿Qué pensaste que era? —Mi mente daba vueltas.
—Creo que me lo guardaré.
—Oh, vamos. Eres el señor Enigmático todo el tiempo. ¿Qué tal
algo de transparencia? He sido sincera contigo.
—No te pedí que lo fueras. —Pasó de bromear a ser casi hostil—.
Mierda, Jos. ¿Qué me estás haciendo? —Gruñó y comenzó a pasearse
por el cuarto—. Debería regresar al trabajo. Ellos probablemente están
haciendo apuestas sobre si ya nos enganchamos.
Uh, ¿qué?
—¿En serio? —Miré hacia la puerta. No quería salir.
—Puedo aclarárselos, si quieres.
—¿Si quiero? Por supuesto que no quiero que tus compañeros de
trabajo piensen que tuvimos un rapidito en la sala de descanso. No soy,
y nunca seré, el tipo de chica que haría eso.
—Eso no era… nunca pensé que fueras…
Esto se había salido de control, y comenzaba a ponerme un poco
molesta. ¿Por qué diablos él tenía que ser tan malditamente frustrante?
—Mira, Jos. Lo siento. Lamento tanto… todo. No has hecho nada
malo. Es mi culpa, y ojalá pudiera chasquear los dedos y retirar lo dicho.
—Con eso, caminó hacia mí, abrió la puerta y la cerró, dejándome para
preguntarme en qué diablos me había metido y como se suponía que
saliera de esto.

Por supuesto, con toda la confusión olvidé la fiesta y el hecho de


que Dusty asistiría. En lugar de causar potencialmente un problema,
tomé el teléfono de Hunter, me desplacé por sus contactos y memoricé
el número de Dusty antes de que Hunter se diera cuenta. Él estaba
demasiado ocupado haciéndole ojitos a Taylor, así que básicamente
estaba fuera de peligro.
Escribí y borré cinco mensajes antes de decidirme por uno.
¿Aún vienes esta noche? Soy Jos.
Me sentía como una idiota, colocando la identificación al final,
pero no quería que pensara que el mensaje era de cualquiera. Observé
mi teléfono y esperé una respuesta. Él seguía en el trabajo, pero tenía la 145
sensación de que la política sobre el uso de celulares en Bull Moose era
poca estricta.
Sí. Le prometí a Renee que iría. Nos vemos más tarde.
Las palabras eran vacías y sin emociones. No podía ver su rostro
para saber si sonreía cuando las escribió, pero la intuición me dijo que
se encontraba enojado conmigo, consigo mismo, o con ambos. Si solo
hubiera usado una carita, habría sabido si bromeaba. Pero de nuevo,
Dusty no parecía el tipo de chico que usaría una carita vía mensaje.
Escribí cuatro letras y las envié.
Vale.
—¿Segura que aún quieres hacer esto? —dijo Renee, viniendo por
aire después de estudiar todo el día para un examen sobre un tema
que no podía ni siquiera pronunciar, mucho menos entender.
—Es decir, compré un vestido, y Hannah está muy entusiasmada.
La disuadí de su plan de Carrie al decirle que la mejor venganza era vivir
bien. Así que ahora su plan es lucir caliente, bailar y pasarla bien para
restregárselos en sus rostros. Veremos si funciona. Posiblemente estarán
muy borrachos para notarlo, pero no creo que importará —dije.
Se sentó a mi lado en la mesa del comedor, donde había estado
leyendo las últimas asignaciones de inglés de mis compañeros de clase.
La mayoría me hacían querer sacarme los ojos. Estas personas no tenían
ningún respeto por hay, ahí, ay. Ninguno en absoluto.
—¿Alguna vez te ha dicho lo que le pasó? Digo, puedo ver que
ha tenido muchas cirugías reconstructivas. Es por eso que su piel tiene
ese patrón extraño. Injertos de piel de otras partes de su cuerpo. —Sabía
eso, pero no dije nada.
—No, solo me dijo que era una larga historia. Hannah es el tipo de
persona que no habla acerca de algo a menos que quiera hacerlo.
Leyendo entre líneas suena bastante horrible. Como una de esas cosas
que desearías no saber. Estoy segura de que me lo contará en algún
momento, pero no voy a sacárselo. Las personas guardan secretos por
una razón.
—¿Cómo tú, tal vez? —Sacudió mi cabello de mi hombro, pero vi
que no se encontraba molesta—. Me gustaría que confiaras lo suficiente
en mí para decirme.
—No es que no quiera hacerlo, o que no confíe en ti.
—Entonces, ¿qué es, Jos? Hemos pasado por mucho juntas.
—Lo sé, lo sé. —La confianza no tenía nada que ver con eso. Era
más como que… si le decía, si abría esa herida de nuevo, no pensaba
que alguna vez se cerraría, que sanaría. Era mejor colocar una venda
sobre eso y esperar que sanara por su cuenta con el tiempo. Y además, 146
debería tener esta herida. Debía soportarla.
Se levantó y colocó sus brazos alrededor de mí, descansando su
mentón en mi hombro. —Sabes que te amo, ¿cierto? Eres mi hermana
favorita. —Subí mis brazos y le regresé el abrazo.
—Lo sé. Tú también eres mi favorita. Ahora, ¿qué quieres?
Rió. —Nada. Sentía como que necesitaba decirlo porque no lo
hicimos al crecer. —Ella tenía razón. Mamá, papá y nuestros diversos
padrastros no habían sido muy afines al afecto. Esa era probablemente
la razón por la que Renee y yo teníamos esas opiniones sesgadas sobre
el amor. Debía ser tan fácil para esos niños con dos padres normales
que se aman el uno al otro creer en la existencia del amor. No es que
creyera que no existiera. Vivir en una casa llena de parejas que estaban
locas el uno por el otro básicamente garantizaba su existencia. Pero,
¿era solo posible para algunas personas?
Digo, si el amor era tan frecuente y real, entonces ¿por qué tantas
personas se divorcian? Mis padres habían estado con varias personas
cada uno, proclamando amor, honor y todo eso de por siempre y para
siempre, y entonces para siempre se convirtió en ayer. ¿Se equivocaban
las personas sobre el amor? ¿O solo escogían a la persona equivocada
para amar? ¿Cómo diablos escogías a la correcta?
—Es algo bueno decirlo —dije, soltándola mientras regresaba a mi
tarea. Solo había un par de personas en este planeta a las que podía
realmente decir que las amaba, y una de ellas se había ido, y nunca
podría decírselo de nuevo.
—Te amo, hermana mayor.
Debía vivir el día, pero también debía amarlo. Justo como él
había dicho.

147
16
Traducido por Dama, rihano, Sandry & Julieyrr
Corregido por Laurita PI

Esta vez se me permitió maquillarme sola, pero tuve que pedírselo


prestado a Taylor y Renee. Taylor decidió vestir pantalones, pero Darah
y Renee llevaban vestidos, así que no me sentí tan excluida. Hannah se
acercó para prepararse, y vi como Taylor, Darah y Renee le daban el
mismo tratamiento que recibí la última vez.
—¡Auch! —dijo mientras Taylor trataba de pasar el peine por el
cabello de Hannah.
—¡Lo siento! Creía que el mío era malo, pero esto es de locos. 148
¿Qué usas como acondicionador? —Hannah se estremeció de nuevo.
—Aceite de coco. Es lo único que funciona. —Hannah y Taylor
empezaron a intercambiar trucos y consejos para el cabello, mientras
me delineaba los ojos. Realicé una versión atenuada del look ahumado
que me dieron para la fiesta de compromiso. Por un momento, volví a
mi antigua vida, cuando me maquillaba a diario. Sacudí la cabeza.
Tenía que dejar de pensar en eso.
Una vez más, los chicos se quedaron esperando abajo, se podía
escucharlos teniendo una fuerte y violenta batalla en los videojuegos.
—Lo juro, es como si nunca crecieran —comentó Darah, mientras
íbamos bajando; los chicos se encontraban tan envueltos en su juego
que no nos notaron al principio.
—Tal vez deberíamos ir desnudas —sugirió Taylor en voz alta.
—Pero entonces tendríamos frío —añadió Renee, más fuerte.
Cada cabeza masculina giró en torno a la palabra desnuda. Era
como si estuvieran entrenados o algo así.
—Desesperados —dijo Taylor—. Todos son unos desesperados.
—Oye, no es mi culpa —contestó Hunter—. Si no te vieras tan bien
desnuda, no estaría pensando en ti. Todo el tiempo.
—Lo que dijo él —se unió Mase, y Darah lo fulminó con la mirada.
Dusty se levantó lentamente, como si no quisiera unírsenos. O tal
vez, no quería acompañarme. Aunque vi que volteó la cabeza junto a
los demás.
—Todos ustedes pueden mantenerlo en sus pantalones, gracias —
dijo Hannah, poniéndose su abrigo—. Me espera una venganza.
Terminamos usando tres coches, para asegurarnos de que nadie
quedara abandonado a su suerte, en el caso de que alguno necesitara
rescate. Fui con Hannah y Dusty, y esta vez, hice que se sentara en el
asiento delantero. Significaba que veía los ojos de Dusty brillando en el
espejo retrovisor con frecuencia, pero al menos no tenía que estar a
una distancia de contacto con él. Estuvo mayormente en silencio, y ni
siquiera había comentado el vestido que yo llevaba puesto.
Hannah llenó el silencio, y me recordé darle las gracias más tarde.
Aunque no le hubiera dado todos los detalles sobre la situación con
Dusty, era lo suficiente inteligente para leer entre líneas. Además, estaba
un poco distraída con su próximo plan. Dusty continuaba ambiguo con
los detalles.
—Es como en Legalmente Rubia, cuando las chicas invitan a Elle
a una fiesta de disfraces, pero no lo es, entonces aparece vestida como
una conejita de Playboy y finge que lo hizo a propósito —dijo. Como si
Dusty hubiera visto esa película. Moriría de risa si lo hizo.
—¿No le hicieron eso a Bridget Jones, también? —pregunté. 149
—Sí, así es.
—¿Así que no deberías estar disfrazada de conejita? —dijo Dusty.
—No, no lo estás entendiendo —contestó Hannah frustrada—. Oh,
en Mujer Bonita, cuando las mujeres la tratan como basura en la tienda
de ropa y regresa después de haberse arreglado, y haberse comprado
ropa nueva para refregárselo en sus caras.
—¿No era una prostituta? —preguntó.
Hannah levantó sus manos en señal de frustración. —¿Puedes
concentrarte durante dos segundos? Dios mío, juro que todos ustedes
tienen una línea directa desde el cerebro a sus penes.
—¿Quién dice que no? —Vi una sombra del Dusty que conocía, el
que era pre-incidente en la cocina.
Hannah se quejó el resto del camino. Por supuesto, literalmente no
había lugar para estacionar en la casa, así que terminamos en el lote
de estacionamiento de la antigua planta de vapor, que aún generaba
un aire asqueroso que siempre llegaba al campus dependiendo del
sentido del viento.
—¿Estás segura de que puedes caminar en eso? —preguntó Dusty
cuando salimos. Los tacones no eran altos, pero no había planeado
tener que caminar desde el estacionamiento hasta la casa.
—Estoy bien —respondí, poniéndome delante de él y cogiendo el
brazo de Hannah. Nos alejamos del coche y vimos al resto de nuestra
pandilla junto a sus coches.
Renee nos apartó a Hannah y a mí a un lado.
—Si veo a alguna de ustedes bebiendo, o haciendo algo que no
harían frente a su abuela, se van a arrepentir. Tengo un bisturí y sé cómo
usarlo. ¿Entendido?
Asentimos.
—Está bien, vamos a terminar con esto —anunció Renee y Paul le
ofreció su mano.
—Tu hermana a veces da miedo —me susurró Hannah cuando
caímos en fila atrás del resto del grupo. Dusty fue el último, detrás de
nosotras. Parecía que preferiría comer vidrio mientras simultáneamente
se sometía a una colonoscopía.
—Dímelo a mí. Está peor ahora que sabe todo el tecnicismo
médico.
Me sorprendió que la fiesta aún no hubiera empezado, porque el
volumen era tan alto que se podía sentir a un kilómetro. Empeoraba al
acercarnos.
Cuando estábamos frente a la casa, dudé de mi voluntad de
seguir adelante con esto. Había estado en muchas fiestas salvajes, y si
150
mi experiencia pasada era un indicio, esto era una locura. No había
estado en una de estas fiestas en bastantes meses. De hecho, apenas
recordaba la última. Era un milagro que no me hubieran violado, o que
no me hubiera pasado nada más, pero Kelly y Mac siempre me habían
cuidado, y si las cosas se ponían locas, generalmente volvíamos a su
casa y bebíamos con sus amigos. Recibí algunos mensajes de ella, pero
los ignoré.
—¿Estás lista para esto, Han? —Su brazo apretaba el mío con
fuerza, y casi podía oír sus dudas.
—Estoy detrás de ustedes, señoritas. Díganlo y nos vamos. Nadie
se va a meter con ustedes. Con ninguna de las dos. —Miré por encima
del hombro y me encontré con los ojos de Dusty. Aunque estaba oscuro,
ardían con una intensidad que me decía que hablaba en serio. Que
decía la verdad.
—Gracias —le dije mientras Hannah empezó a arrastrarme hacia
la retumbante casa. Fue una maravilla que las casas de fraternidad se
las arreglaran para permanecer en pie luego de todas las generaciones
de fiestas y del daño infringido por sus habitantes. Probablemente había
habido más que unas pocas reparaciones a lo largo de los años.
—Vamos a matar esto. —Hannah me dio un puñetazo y las dos
respiramos profundo antes de entrar en la casa.
Una hora, muchos bebidas y bailes rechazados, donde casi me
derraman una cerveza en el vestido, un tacón roto y un pendiente
perdido después, Hannah y yo estábamos bailando justo delante de los
altavoces gigantes. Los otros miembros de nuestro grupo se hallaban
parados justo al lado, hablando y riendo. Excepto Dusty, que llevaba el
enfurruñamiento a un nivel completamente nuevo. Bueno, no estaba
realmente enfurruñado. Era más bien como una melancolía. No le
quedaba bien, el tipo al que estaba tan acostumbrada a ver con una
sonrisa en la cara.
Habíamos mantenido los ojos bien abiertos en busca de los
chicos, pero estaba tan lleno y la multitud tan fluida, que habría sido
casi imposible encontrarlos, incluso si estuvieran aquí. Ya casi había
dejado de buscar cuando Hannah me agarró del brazo y me llevó la
oreja a la boca para que la escuche.
—¡Ahí están! —gritó. Todavía era difícil oírla, así que hice un gesto
y nos alejamos del altavoz.
—¿Dónde? —pregunté, haciendo un barrido visual. Ah, había uno 151
de ellos, parado cerca de uno de los sofás que fueron empujados a un
lado. Todavía no nos veía.
—Justo ahí. —Hannah movió su barbilla en dirección a él, y noté
algunos de los otros tipos que vi en la Unión. Todos estaban riendo,
hablando y bebiendo, claramente a gusto. Por lo que yo sabía, eran
residentes de la casa—. Vamos. —Hannah no me dio ni un momento
más de tiempo para pensarlo antes de tirarme al centro de la pista de
baile improvisada y empezó a mover las caderas como si hubiera
nacido para hacerlo. Ella había estado bailando antes, pero esto era un
poco más... algo que harías contra un poste usando mucho menos que
un vestido. Tuve que darle crédito; era buena en eso. La tomé como
ejemplo y me dejé llevar.
—¿Son ellos? —preguntó Taylor en mi oído después de tocarme
en el hombro. Asentí y ella miró a Darah y Renee. También se acercaron
y formamos un círculo. Taylor le hacía competencia a Hannah cuando
se trataba del baile. Esa chica tenía movimientos. Más de una vez miré
a Mase, Paul, Hunter y Dusty, pero ellos solo miraban con sonrisas
desconcertadas en sus caras. Dusty todavía parecía más hosco que
antes.
Hannah seguía mirando al grupo de chicos, pero no prestaban
atención. Sin embargo, más que algunos de los otros chicos de la fiesta
sí lo hacían, y algunos trataron de venir a bailar con uno o más de
nosotros, pero no nos interesó.
Después de que el tercer chico trató de frotarse con Taylor, Hunter
se hartó y vino a bailar con ella. Mase se unió a Darah y Paul agarró a
Renee. La canción cambió al último éxito de baile que se escucha
cincuenta veces cada vez que uno pone la radio. Las caderas de
Hannah seguían sus movimientos y el grupo de chicos finalmente se
había dado cuenta. La empujé, fingiendo que le daba un golpe en la
cadera.
—Te miran. —Fingió arrojarse el pelo y los miró. Oh, se habían
dado cuenta. Todo el grupo estaba ahora plenamente consciente de
Hannah y sus caderas supersónicas.
Ella echó la cabeza hacia atrás y se rió, ejecutando un giro que
me habría hecho caer de culo. No tenía ni idea de que era tan buena
bailarina. Los chicos señalaban y hablaban, y definitivamente se trataba
de Hannah. El tipo que parecía el cabecilla comenzó a caminar hacia
allí. Le di una señal a Hannah.
Parecía el típico “tipo” universitario. Gorro de los Red Sox al revés,
jeans, camisa Hollister. Era tan genérico que era un milagro que lo
reconociera. Vadeando entre la multitud, se acercó a nuestro grupo.
—¿Qué vas a hacer? —grité en el oído de Hannah.
152
—Depende de lo que haga. Tal vez se sienta como un idiota y
venga a disculparse. —Se encogió de hombros y siguió bailando. Sí, no
iba a contener la respiración. Los tipos así rara vez pensaban que algo
que hacían estaba mal, así que no tenían que disculparse. ¿Pero tal vez
era yo la que juzgaba? Podría sorprenderme.
Hannah se dio la vuelta y se detuvo justo delante de él. Parecía
sorprendido por un segundo.
—¿Puedo ayudarte? —gritó, lo suficientemente fuerte para que
yo lo oyera.
—Sí, puedes sacar tu asqueroso trasero de esta fiesta. Las chicas
que están contigo son bienvenidas a quedarse, pero tienes que irte. —
Tenía una de esas medias sonrisas que los idiotas usaban cuando
pensaban que eran encantadores, pero en realidad, solo estaban
siendo idiotas.
La cara de Hannah se congeló por un momento y esperé su
reacción. No tuve que esperar mucho tiempo.
Ella abofeteó el vaso de cerveza que él tenía en la mano y su
puntería fue verdadera. Explotó y lo empapó.
—¿Qué diablos? ¡Psicópata!
Hannah sonrió de manera que, si yo fuera ese tipo, estaría
preocupado. Pero claramente, él no era el cuchillo más afilado del
cajón porque parecía que la iba a abofetear, o a gritarle, pero Hannah
llegó primero. Ella lo golpeó en la mandíbula tan fuerte que lo oí, incluso
con la música a todo volumen.
Ambos gritaron de dolor, mientras me lanzaba hacia Hannah.
—¡Maldita perra! —Sus amigos corrieron, pero, en un instante,
llegaron Dusty, Mase, Hunter y Paul.
—Aléjate, amigo. Tienes suerte de que una mandíbula rota sea lo
único que te dejó —dijo Dusty, poniéndose delante de la cara del tipo.
Hannah acunó su mano en su pecho.
—No tenía idea de que iba a doler tanto. Mierda —dijo,
retorciendo la cara de dolor.
—¿Estás bien? —pregunté.
La mirada de dolor desapareció y me sonrió.
—Estoy jodidamente increíble. Siento que debería
emborracharme o gritar en un tejado o algo así. —Renee se inclinó y
empezó a examinar la mano de Hannah. Tener una hermana que era
enfermera siempre fue una ventaja porque siempre era útil.
—No la mires, no pienses en ella, ni siquiera respires cerca de ella,
o de lo contrario haré que te arrepientas. ¿Entendido? —Dusty seguía
amenazando al tipo mientras sus amigos trataban de agrandarse, pero
se sentían intimidados por la presencia de Hunter, Dusty y Mase, ninguno
153
de los cuales parecía que se echaría atrás si se trataba de golpes.
—Necesitamos ponerle un poco de hielo a esto, —dijo Renee,
poniendo su brazo alrededor de Hannah. Taylor y Darah cogieron
nuestros abrigos y nos fuimos de la fiesta. Algunas personas aplaudieron,
pero la mayoría se decepcionó porque la pelea terminó y no se volvió
más interesante. Los chicos nos siguieron una vez que supieron que
nadie iba a venir a por nosotras.
—¿Fue todo lo que pensaste que sería? —preguntó Dusty,
apurándose para alcanzarnos.
—Y más —contestó Hannah, el brillo todavía en sus ojos. Podía
verlo incluso en la oscuridad.
—¿Qué tal si esperan aquí y yo traigo el coche? —dijo mientras
caminábamos por el césped.
—Buena idea —respondió Renee, con su atención todavía en la
mano de Hannah. Todos nos sentamos en la acera y esperamos a que
Dusty volviera con el coche. Los otros chicos se habían quedado con
nosotras como protección. Se habían vuelto completamente alfas. En
cualquier momento se convertirían en hombres lobo o algo así.
La mano de Hannah empezó a hincharse y a cambiar de color.
Renee usó su móvil como linterna para asegurarse de que ninguno de
los huesos de su mano se haya roto.
—Creo que vas a estar bien, pero necesitamos llevarte de vuelta
a la casa. ¿Dónde está ese chico?
Los neumáticos chillaron y el Golf apareció justo delante de
nosotros.
Renee y Hannah se subieron al asiento trasero y yo me subí con
ellas.
—Nos vemos en casa —gritó Renee mientras el resto del grupo
caminaba hacia el estacionamiento. Nos saludaron y nos dijeron que
fuéramos con cuidado.
Dusty se alejó demasiado rápido de la casa, y cuando llegó a la
autopista pisó a fondo.
—Tienes un buen gancho ahí, Hannah Gillespie. Creo que él va a
sentir eso por unos días —comentó Dusty—. Ahora sé que no debo
meterme contigo.
—¿Te habrías metido conmigo antes? Porque tengo otra mano y
me parece bien usarla.
—Vaya, tranquila, Rocky. Era un comentario. —Se rió un poco, y vi
su fachada hosca romperse. Debe haber sido difícil mantenerla.
154
Llegamos a casa, y Renee se puso en modo enfermera, buscando
hielo y envolviendo la mano de Hannah.
—¿Se siente como un déjà vu? —preguntó Taylor cuando el resto
de la casa llegó diez minutos después que nosotros.
—Un poco —contestó Renee—. No sé por qué se hacen esto. Una
rodilla en la ingle es igual de efectiva y menos dañina para ustedes.
—No lo pensé en ese momento, pero haces puntos válidos. Lo
tendré en cuenta para la próxima vez —dijo Hannah.
—¿La próxima vez? —le pregunté—. ¿Planeabas golpear a los
imbéciles de forma regular?
—Si no encontrara imbéciles con regularidad, no tendría que
hacerlo —dijo.
—Buen punto —concordé, suspirando.
—Mierda, necesito un trago —soltó Renee después de curar a
Hannah. Paul fue a la nevera y sacó un par de cervezas.
—¿Alguien más? —preguntó. Todos asintieron.
—¿Puedo tomar una? Ya sabes, ¿para adormecer el dolor? —dijo
Hannah.
Renee abrió la tapa de su botella y rodó los ojos.
—Una. Puedes tomar una.
—Gracias, mamá —dijo Hannah cuando Paul le pasó una.
—¿Dusty? —preguntó Paul, sosteniendo una para él.
—No, gracias. Estoy listo. Voy a tomar un refresco si tienes. —Paul
le arrojó una lata y me entregó la botella que Dusty no quería. Eché una
mirada a Renee, pero parecía decidida a mirar hacia otro lado. Abrí la
botella y tomé un trago. Maldita sea. Había pasado un largo tiempo.
Todos nos dirigimos a la sala de estar y nos sentamos en el sofá.
—¿Alguien más está, eh, agotado? —dijo Taylor, acurrucándose
en el regazo de Hunter mientras compartían una botella—. Me siento
muy vieja en este momento.
—Te esforzaste mucho allí, Missy.
—Todos lo hicimos —agregó Darah—. Siento que han pasado
años desde que fuimos al Blue, pero solo ha pasado un mes. Tenemos
que salir más, creo.
—Amén —dijo Mase—. Sobre todo si lo sacudes así, Dare.
—¿Estás diciendo que disfrutas mis habilidades de menear el
trasero? —Levantó una ceja que desapareció bajo su flequillo.
155
—Sí, podríamos decirlo. —Él jaló su barbilla hacia su boca y le dio
un beso.
Hannah hizo un ruido de arcadas.
—Jesús, ¿son siempre así? —Mantuvo su cerveza en la mano
izquierda, y una bolsa de guisantes cubría su mano derecha.
—Más o menos —le contesté, tomando otro trago—. Es casi
imposible vivir con ellos.
—¡Oye! —dijeron varias voces a la vez.
—¿Qué? Ustedes son, ah, asquerosamente lindos y enamorados, y
a veces solo quiero arrancar mi cabello y gritar ante la perfección de
todo. —Vaya, no quise decir eso. Ni siquiera podía echarle la culpa al
alcohol porque solo había tomado dos sorbos y todavía ni siquiera me
hizo efecto.
La sala se quedó en silencio, y fue como si hubiera congelado
completamente la conversación.
Mierda.
—Jesús, no quise decir eso. Solo que es difícil a veces, ¿saben?
Ahora sueno como una perra ingrata. Lo siento. —Sostuve la cerveza
con las dos manos y la miré, así no tendría que ver como todos me
observaban tener un colapso.
—¿Les… les importa si me quedo aquí esta noche? Realmente no
me apetece volver al dormitorio —dijo Hannah, tratando de llegar a mi
rescate. Oh, a estas alturas, era una causa perdida.
Todo el mundo intervino en que estarían más que felices de
ofrecerle refugio para pasar la noche.
—Voy a acomodar el sofá del salón de juegos para ti —dijo Taylor,
la primera en pensar en una manera para lograr salir de la habitación.
—Yo voy a... ayudar —agregó Hunter, corriendo tras ella.
—Debería limpiar la cocina —anunció Darah. Mase simplemente
se levantó y la siguió sin decir palabra.
—Bueno, yo sé cómo limpiar una habitación —informé, bebiendo
de nuevo para hacer algo más con mi boca, que ser inoportuna.
—Amiga, siento haber sacado el tema —dijo Hannah.
—No, no es tu culpa —le contesté.
Dusty todavía no dijo ni una palabra, pero me había estado
observando. Sabía que me miraba, como yo sabía exactamente cómo
él estaba sentado sin tener que mirarlo. Al igual que sabía cuando se
encontraba detrás de mí, a pesar de que era muy silencioso. Siempre
estaba en mi mente, incluso cuando no se hallaba aquí. Siempre estaba
conmigo, y eso me asustaba muchísimo. 156
—Eres probablemente de mi talla —le dijo Renee a Hannah—.
Puedo prestarte algún pijama.
—Muy bien, gracias —respondió Hannah, dejando su botella de
cerveza sobre un portavasos y siguiendo a Paul al piso de arriba.
—¿Jos? —Renee se levantó y se sentó a mi lado.
—¿Sí? —Levanté la vista de la botella para ver esa mirada de
preocupación en su rostro, que vi en tantas caras, tantas veces.
—¿Eres feliz aquí? —Dusty se movió en mi visión periférica.
—Tal vez, debería irme... estar en otro lugar —dijo él en voz baja.
—No, está bien —me encontré diciendo. No me importaba
tenerlo aquí.
—¿Estás segura, Jos? —Mencionó mi nombre tan suave, como
una caricia, como si tuviera miedo de romperlo. Cerré los ojos y traté de
bloquear la imagen que surgió en mi mente sobre lo cerca que antes
estuvimos de besarnos.
—Sí. Puedes quedarte. —Quise decir por ahora, pero de alguna
manera sonaba como si estuviera hablando de un período de tiempo
más largo.
Dejé la botella en un portavasos.
—Pareces tan... perdida —dijo Renee—. Eras tan feliz antes. —No
lo era. En realidad era muy buena fingiendo.
Negué con la cabeza.
—Esa chica... esa chica no era feliz, Renee. Era buena fingiendo.
Incluso, a veces, yo lo creía. Solo porque parecía feliz y completa, no
significaba que lo era.
—No entiendo —dijo, sacudiendo la cabeza. No estaba segura
de si alguna vez podría explicarlo.
—Nunca conociste a esa chica —señalé, volviéndome hacia
Dusty—. Apuesto que la habrías odiado. Era altanera y tensa, y se vestía
como Hillary Clinton.
Ese comentario me valió una sonrisita. —Nunca podría odiarte,
pelirroja. Ni siquiera si usaras un feo traje de pantalón.
Por alguna razón, hablar de trajes de pantalón me hizo comenzar
a reír, y luego me puse a llorar.
—Ella te habría evitado como si hubieras manchado de barro sus
zapatos, amigo. —Esto solo me hizo reír y llorar con más fuerza, y una vez
que empecé, no pude parar. Renee parecía perdida, como si no
tuviera idea de qué hacer conmigo.
—Creo que necesito ver la evidencia de esos zapatos. No habría
alguna posibilidad de que aún los tuvieras, ¿verdad? —¿Coqueteaba
157
conmigo? ¿En frente de mi hermana? Pareció darse cuenta de lo que
dijo un segundo más tarde y tosió.
—No, todos están en cajas con el resto de mi vida anterior en la
casa de mi mamá. Esa chica se ha ido, y no va a volver. Esto es quien
soy ahora. —Me encogí de hombros.
Mi risa se detuvo, y limpié mis ojos con el dorso de la mano.
Dusty se levantó, salió corriendo de la habitación y volvió en un
santiamén, entregándome una toalla de papel.
—Gracias —dije, limpiando mi cara y mi nariz. La toalla se quedó
con manchas de maquillaje. Me di cuenta demasiado tarde de que
estaba usándolo. Nunca lo había olvidado.
—¿Qué pasó, Jos? A veces... —Renee se pasó las manos por su
pelo—. A veces solo quiero acorralarte y hacer que me cuentes, como
cuando éramos niñas y solías tratar de mantener secretos. —Entonces,
siempre me los sacaba. Renee siempre fue buena averiguando sobre lo
que quería saber.
—Ya no soy una niña, Ne —dije, haciendo una bola con la toalla
de papel y poniéndola al lado de mi cerveza.
—Lo sé. Eso es lo que hace esto tan frustrante. Solo quiero que me
hables.
Me encontraba a punto de contestar cuando Hannah y Paul
llegaron bajando las escaleras. Hannah tenía una camiseta sin mangas
y pantalones cortos que reconocí como de Renee. Deben haber estado
merodeando por allí, preocupándose por interrumpir. Darah y Mase
también habían estado bastante callados en la cocina. Tampoco oí un
sonido de la planta baja.
—Creo que todos debemos ir a la cama. Esta ha sido una noche
muy emocionante —sugerí.
—Además, me olvidé de lo difícil que es respirar con un vestido.
Así que voy a cambiarme. —Me levanté y bajé las escaleras, hallando a
Taylor y Hunter viendo algo en la televisión gigante.
—¿Qué están viendo? —Ambos levantaron la mirada como si
estuvieran sorprendidos de verme. Sin duda, me veía desastrosa.
—¿Estás llorando? —preguntó Taylor, levantándose.
—Estoy bien. —Hannah abrió la puerta y bajó las escaleras detrás
de mí—. Solo estoy muy dispuesta para ir a la cama.
El agotamiento me golpeó como un martillo, y me di cuenta de
que este había sido un día muy largo y lo mucho que quería que
terminara.
—Sí, claro —dijo Taylor, tomando la mano de Hunter y llevándolo
escaleras arriba—. ¡Buenas noches! 158
—Qué tengan buenas noches, señoritas. Cuida esa mano, asesina
—dijo Hunter, haciéndole un guiño a Hannah.
—Voy a cambiarme y a lavarme la cara —avisé, yendo a mi
habitación. Me quité el vestido y dejé que mi piel respire por un minuto.
Encontré unos pijamas sueltos y me los puse antes de irme a lavarme la
cara, y evité el espejo así no vería cuán manchada estaba mi cara.
Si fuera una chica de película, habría llorado y lucido hermosa
mientras tanto. Pero era la vida real, donde tenía los ojos hinchados, mi
cara manchada y mi nariz chorreada. Solté mi pelo y le di un cepillado
rápido.
Cuando salí a la sala de estar, encontré a Dusty hablando con
Hannah.
—Oye —le dije—. Pensé que te habrías ido a casa.
—Solo estaba diciendo buenas noches. —Se levantó y se acercó
a mí, deslizando sus ojos desde mi pelo recién cepillado que caía suelto
sobre mis hombros, hacia mi holgada camiseta de Coldplay, llegando a
los pantalones cortos que sin duda habían visto mejores días y colgaban
de mis caderas debido a que el elástico estaba desgastado.
No planeaba usar este traje frente a nadie, excepto los miembros
de la casa y Hannah. No me preocupaba que ellos me vieran vestida
así. Pero Dusty era otra historia... No importaba que hubiera visto más de
mi piel antes cuando usaba el vestido. Pero ahora, me sentía total y
completamente expuesta.
Y sí, tampoco usaba sostén.
Y sí, sus ojos permanecieron bastante en esa área en particular.
Luché contra la tentación de cruzar mis brazos y decirle que mirara a
mis malditos ojos en lugar de a mi pecho.
—Así que, mmm, buenas noches, pelirroja. —Sus ojos finalmente
ascendieron hasta mi cara, y su voz tenía una vez más esa suavidad
natural. Era muy consciente de que Hannah estaba allí, fingiendo que
no porque guardaba silencio, pero podía ver su cabeza asomando por
encima del sofá y observándonos.
—Gracias por... gracias por venir. —Patético, Jos. Súper patético.
¿Por qué nunca pude despedirme de él de una manera genial? ¿O por
lo menos de una forma normal?
—Gracias por... por no estar enojada conmigo por lo de antes.
—Oh, todavía estoy un poquito molesta.
—¿Podrías decirme específicamente que te molestó para que
pueda averiguar qué puedo hacer para compensarlo? Digo, ¿traerte
Skittles y M&M's servirá, o voy a tener que dar el salto a las flores, o
bombones, o elaborados días de campo con cuartetos de cuerdas y 159
velas?
Lo miré boquiabierta por un segundo. ¿Hablaba en serio?
Hannah hizo un ruido chirriante que no pudo reprimir y saltó del
sofá.
—Antes de que avances, amigo, creo que me voy a disculpar,
porque me siento muy inapropiada estando aquí. Y también como una
pervertida. Así que, sí. Estaré merodeando en la sala de estar. —Subió
las escaleras y cerró la puerta con fuerza.
—Yo... estoy perdida, para ser honesta —confesé, yendo al sofá y
sentándome, agarrando una manta del respaldar para poder cubrir mis
pechos sin hacer obvio que eso es lo que estaba haciendo.
—Bueno, me preguntaba qué parte, específicamente, te hizo
enojar. ¿Fue por lo que dije? ¿O lo que hice? ¿O lo que no hice?
No me hallaba enojada, exactamente. Frustrada era un término
mucho mejor para ello. Y honestamente, no todo fue culpa suya. Podría
culparme a mí misma por mucho de ello.
—No sé, Dusty. —Se sentó poniendo un montón de espacio entre
nosotros—. Nunca he tenido que esforzarme tanto en algo como esto.
—Sea lo que fuera esto.
—No estoy tratando de ponértelo difícil, Jos. Mierda —espetó,
inclinándose hacia atrás—. Nunca me he esforzado tanto. En general,
no tengo que hacerlo.
Eso me hizo resoplar.
—¿Muy engreído?
—No quiero serlo. Solo salí con chicas que me perseguían. Era más
fácil de esa manera. Además, no salí lastimado cuando terminó, porque
nunca lo deseaba en primer lugar. —Se encogió de hombros como si en
verdad no importara.
—Es una idiotez decir eso acerca de otras chicas, Dusty.
Asintió y medio sonrió. —Era un poco idiota.
—¿Un poco?
—Te lo dije, pelirroja. Era un tipo diferente. Al igual que tú eras una
chica diferente. No te juzgo ahora basándome en esa persona que eras
y que ni siquiera conocía. —Tenía razón.
—Está bien, pero aún creo que eras un idiota.
—Tienes todo el derecho a pensar eso.
Ninguno de los dos parecía saber qué decir, así que simplemente
nos sentamos y nos miramos el uno al otro. De un momento a otro la
música suave empezaría a escucharse, él se inclinaría y compartiríamos 160
nuestro primer beso. Si mi vida la hubiera escrito John Hughes, eso sería
lo que pasaría.
Lo que realmente sucedió fue un poco diferente.
—A la mierda —dijo Dusty y se lanzó sobre el sofá hacia mí, y fui
sorprendida con la guardia baja por lo que me hizo falta un segundo
para darme cuenta que se encontraba más o menos sobre mí—. No
puedo soportarlo más —dijo, tomando mi rostro entre sus manos—. He
querido probarte desde aquella primera noche, y ahora lo voy a hacer.
Abrí la boca para responder y él aprovechó el momento y me
besó.
Hizo un sonido que estaba a medio camino entre un gruñido y un
gemido, y me dejé llevar. Dejé de pensar en si estaba bien o mal, si
debía o no debía. Esto no era una película, y no sabía cuáles serían mis
próximas líneas. Esta era la vida. Esto era estar vivo.
Toqué su lengua con la mía y aceptó la invitación, y nos movimos,
nuestros labios bailando juntos por primera vez. Fue un poco brusco,
mientras intentábamos entender qué ocurría. No era perfecto, pero era
tan, tan, tan bueno.
Sabía un poco a cerveza, y su boca era suave, pero firme. Sus
manos se sumergieron en mi pelo, utilizándolo para acercar mi boca. En
este punto, se encontraba completamente sobre mí, con solo la manta
entre nosotros. Eso no me impidió sentir lo mucho que él disfrutaba el
beso.
Esto estaba en un planeta completamente diferente comparado
con todos los otros besos que había tenido antes. Esos habían sido...
adecuados. Útiles. Bastante buenos. Besar a Dusty fue como... saciar
una sed con la que había estado viviendo toda mi vida. Y una vez que
tomé una gota, una probada, supe que quería más. Lo besé como si lo
estuviera bebiendo, tomándolo y haciéndolo parte de mí. Este fue un
beso que cambió mi vida
Hice cosas que nunca me habría imaginado hacer. Como tratar
de quitarle su camiseta. O envolver mis piernas a su alrededor. O gemir
cuando chupó mi labio inferior. Ahora entendía por qué la gente tenía
sexo. Te dejas llevar. Ese era el por qué.
—Te deseo muchísimo, pelirroja —dijo en mi boca.
—Yo también te deseo —respondí, metiendo mis manos bajo su
camiseta para, finalmente, llegar a sus abdominales. Sí, eran todo lo
que pensé que serían. Y más.
Me besó en las mejillas, debajo de la oreja y en el cuello. Mierda,
esto estaba sucediendo. Esto estaba realmente sucediendo.
—Oh, joder, Joscelyn.
—Dusty —dije. Bueno, se trataba más de un gemido. Parecía que 161
no era capaz de decir nada en este momento, sin un gemido detrás.
Eso podría ser un problema.
Dejó de besarme y me miró a la cara. ¿Por qué? ¿Por qué se
detuvo? No te detengas.
—Oh, pelirroja. ¿Qué he hecho? —Me dio un beso en la frente y
se alejó de mí.
¡Qué. DIABLOS!
Me miró como si hubiera hecho algo terrible, un error irreversible.
Su rostro era de terror mientras retrocedía. Si no hubiera estado enojada
porque me dejó de besar, me habría reído de la situación que ocurría
en sus pantalones.
—No debería haber hecho eso. Lo... lo siento mucho. Me tengo
que ir. —Miró a las escaleras como si fueran la ruta de escape de una
muerte segura e inminente.
Finalmente, expresé algunas palabras sin gemidos.
—¿Así? —No señalé nada, pero bajó su mirada.
—Joder.
Más o menos.
—¿Tienes una sudadera o algo que me puedas prestar? —Sus ojos
se encontraban muy abiertos, como si fuera un animal enjaulado.
Maldita sea, se estaba volviendo loco, y no lo vi como una gran cosa.
¿A quién le importaba si me besó? Era adulta, casi diecinueve años.
Hace unos meses, durante mi fase de locura, no lo habría pensado dos
veces.
—¿Por qué no solo... te ocupas de eso? El baño está por ahí. —
Señalé. No le haría eso en serio, pero todavía me encontraba enfada
por no querer besarme.
—Mierda, Jos, por favor. No puedo... no puedo contigo aquí. —
Puso sus manos sobre el área. Probablemente podría ocuparme de ello
por él. No es que tuviera mucha experiencia, ¿pero qué tan difícil podría
ser?
Miró al techo y cerró los ojos como si se focalizara en algo. Podría
ser una perra y alargar esto si quisiera. En cambio, me levanté y fui a mi
habitación, agarrando una sudadera que me compré en la sección de
chicos de una tienda, que podría ser de su talle.
—Toma —dije, volviendo y entregándosela. Se la ató alrededor de
la cintura con la parte principal cubriendo su asunto—. ¿Necesitas una
mano con eso?
Esperé que se riera, pero lucía desesperadamente avergonzado.
Bueno, era lindo. Ahora, me tocaba estar del otro lado. 162
—¿Crees que esto es gracioso? —Oh, ahora era él quien se
hallaba enfadado.
—Es muy gracioso. Ya sabes, a menos que seas tú. —Sonreí.
—No puedo manejar esto, Jos. No puedo estar así contigo. Nunca
debí quedarme a solas contigo de esta manera. No va a volver a pasar.
—Se volvió para subir las escaleras, pero le agarré la parte de atrás de la
camiseta.
—¿Por qué? ¿Por qué no puede suceder?
Lentamente me enfrentó. —Porque... estás fuera de los límites.
—¿Fuera de los límites? ¿Crees que mi hermana se enojaría? ¿En
serio vas a dejar que se interponga en nuestro camino? ¿Sea lo que sea,
o lo que podría ser? Ella lo superará.
Negó con la cabeza.
—No, no es eso. No es solo Renee.
Ahora, ambos nos encontrábamos frustrados.
—¿Me harías un favor? ¿Podrías ser sincero conmigo, durante
cinco segundos?
—Me tengo que ir, Jos. Lo siento. —Se apartó de mí y subió las
escaleras de dos en dos, a la vez que abría con fuerza la puerta y la
cerraba detrás de él. Escuché voces por encima y luego la puerta
frontal cerrarse segundos después. Salió de allí como si estuviera en
llamas.
La puerta se abrió de nuevo para revelar la cara con la boca
abierta de Hannah.
—¿Qué demonios ha pasado?
Iba a ser una noche larga.

Le conté a Hannah la mayoría de los detalles, sobre todo porque


todo el asunto era tan increíble, que tenía que decirlo en voz alta para
asegurarme de que sucedió realmente.
—Nena, está loco por ti. —Todo el mundo se había ido a la cama,
así que Hannah se coló en la cocina y buscó aperitivos, incluyendo una
bolsa de chocolates y otra de caramelos que había escondido en el
fondo del armario detrás de la harina.
—Bueno, sí, supongo que un poco. —Eufemismo. 163
—Y por “loco” quiero decir, que quiere hacértelo en la Ciudad del
Sexo Duro.
Le lancé un chocolate.
—Eres repugnante.
—Te quiere a bordo de su cohete de carne. Quiere poner su
basilisco en tu Cámara de los Secretos. —Seguí tirándole dulces, pero no
se detuvo y las dos nos reíamos tanto que los misiles de dulces fueron
ineficaces.
—Lo juro, sabes demasiados de esos —dije cuando por fin se
acabó.
—Bueno, no he dedicado todo ese tiempo yendo a citas que no
pudiera aprovechar.
—Es evidente.
Encontré un dulce en las mantas y me lo metí en la boca.
—Volviendo a asuntos más importantes. ¿Cómo fue? —Sus ojos
brillaban.
—Fue... —¿Cómo podría describirlo?—. Fue muy bueno. Le pone
“eso” al “beso”.
—Quiere poner eso dentro de ti.
Era mucho más tarde cuando finalmente volví a mi habitación y
fui a la cama y Hannah se fue a dormir al sofá. Definitivamente tenía
demasiada adrenalina como para dormir un rato, así que escuché algo
de música. Era el tipo de noche de Ingrid, así que puse “Can not Help
Falling in Love” en el reproductor, repitiéndose.
Los momentos con Dusty se reproducían en mi mente, en cámara
lenta, y luego aceleraban. Reviví la sensación de su boca capturando
la mía, sus manos envolviéndose en mi pelo. Y yo había estado... sí, yo
nunca había estado así. No me sentí fuera de control. Era lo contrario.
Era como si supiera lo que quería y cómo conseguirlo con perfecta y
completa claridad.
Pero no iba a volver a ocurrir, al menos según Dusty. ¿Cuál era su
problema? Me harté un poco de que me tuviera dando vueltas. Tendría
que encontrar una manera de conseguir que me lo dijera. Tal vez podría
secuestrarlo y atarlo. Eso podría ser bueno. Había un montón de otras
cosas que podría hacer si estuviera atado. Nunca le vi el atractivo a eso
hasta ahora. 164
Mi teléfono interrumpió las visiones de Dusty atado a una silla. Lo
tenía en vibración, por si acaso él decidía mandarme un mensaje o
llamarme y decirme que lo sentía. Una vez más.
Tenemos que hablar.
Bueno, no te pongas oscuro y lúgubre de repente, Dusty. Si yo no
supiera exactamente de qué se trataba, mi cerebro estaría asustado.
Adelante. Soy toda oídos.
Mi teléfono sonó unos segundos más tarde.
—¿Estás despierta? —dijo, su voz casi un susurro, como si tuviera
miedo de despertarme.
—Amigo, si hubiera estado durmiendo, no te habría contestado el
mensaje.
—Supongo que tienes razón. —Pensé que se iba a reír, pero no lo
hizo—. Escucha, Jos. Lo que hice fue completamente inapropiado. Me
aproveché de ti y no volverá a suceder.
—¿Te aprovechaste de mí? Mmm, ¿qué beso experimentaste?,
porque el que compartí contigo fue jodidamente increíble. Digo, muy
estremecedor, con fuegos artificiales y todo eso. Si existieran los Premios
a los Besos, tú habrías ganado de manera aplastante.
Se tomó unos segundos para responder. Suspiró.
—Fue bastante épico.
—¿Bastante épico?
—¿Qué quieres que te diga, Jos? ¿Qué si estuviera en la misma
habitación contigo, te besaría así de nuevo? ¿Y otra vez? ¿Y otra? Te
besaría hasta que ambos olvidáramos nuestros nombres. Te quitaría esa
camiseta y los pantalones cortos, y contaría cada peca hasta que
supiera exactamente cuántas tienes. Y luego probaría cada centímetro
de tu cuerpo hasta que quedara grabado en mi memoria, de modo
que nunca podría olvidarlo. Y entonces... —Se detuvo y casi grité de
frustración. Mientras hablaba, mi mano se había desplazado hasta mis
pantalones cortos para poder encontrar alguna liberación por lo de
antes. Me quemaba.
—¡¿Y entonces?! —pregunté finalmente.
—Jos, no voy a tener sexo telefónico contigo en este momento.
¿Por qué me sigues haciendo esto?
—Oh, no me culpes por esto, amigo. Yo no soy la que te dio un
beso matador. Eso fue todo lo que tú hiciste. No es mi culpa que no
puedas mantenerlo en tus pantalones. O bien, puedes, pero no te veías
cómodo. ¿Cómo lo estás llevando? —Puede que yo no haya tenido
una erección, pero definitivamente sufría de cierta frustración sexual. 165
—Genial. Simplemente genial. —Ja, ja. Olí otra mentira.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer? Si no podemos estar juntos, de
acuerdo con lo que tú dices, y no puedes estar cerca de mí sin tener un
caso grave de pene duro, ¿qué vamos a hacer?
Dependía todo de él.
—No lo sé, Jos. Solo... no puedo ver una buena escapatoria.
—Sabes qué eres el que está obstaculizando esto, ¿no? A menos
que haya algo que no sepa, y si lo hay, creo que deberías decírmelo
porque estoy harta de que la gente no me diga cosas, como si fuera
una niña y no pudiera manejarlo.
—No creo que seas una niña.
—Entonces, ¿por qué me tratas como una?
Exhaló largamente.
—Sabía de ti. Antes de que vinieras aquí. Cuando Hunter y yo nos
hicimos amigos, me invitaba mucho allí y conocí a Renee, ella siempre
hablaba de ti. Estaba desesperada. Hunter le ofreció que te dejara venir
aquí y se le dijo a tu madre y ya conoces esa parte de la historia. Sabes,
no creo que pueda hacer esto por teléfono. ¿Puedo... puedo ir?
—¿Seguro que vas a ser capaz de controlarte?
—Jos.
Rodé los ojos, lo que él no podía ver. —Vale, vale. Todo el mundo
está durmiendo, pero creo que puedo subir sin despertarlos. Iré a tu
coche, ¿de acuerdo?
—Te voy a mandar un mensaje cuando esté en el frente.
Colgamos y apagué la música. Abrí la puerta y miré el sofá. Sabía
que iba a hacer mucho frío fuera, así que me puse unos pantalones
deportivos por encima de los pantaloncitos cortos y una camiseta.
Además, serviría para cubrir mi cuerpo y salvarlo de la tentación. No se
podía ser mucho menos sexy con unos pantalones de chándal y una
sudadera holgada de la Universidad de New Hampshire.
Diez minutos después, mi teléfono sonó, salí de mi habitación y
subí las escaleras. Hannah murmuró en su sueño, así que pensé que
estaba bien.
La casa se encontraba a oscuras y en silencio. Ningún sonido ni
siquiera desde el piso de arriba. Bien.
Me alegré de que Mase o cualquiera de los otros habitantes de la
casa ya no estuvieran vigilándome.
Dusty se detuvo justo delante de la casa, con las luces apagadas.
Me arrastré hasta el porche y corrí por el pasillo.
—¿Alguien te vio? —me preguntó mientras yo cerraba la puerta.
166
Tenía el calentador a tope, y me envolví con mis brazos. Incluso después
de solo unos segundos fuera, tenía frío.
—No, creo que estamos bien. Está tranquilo arriba y Hannah
dormía. Así que continúa. —Puse mi espalda contra la puerta y me volví
hacia él.
—¿Dónde estaba? —Oh, no era mi imaginación que él todavía
me miraba, incluso con esta ropa. Debía gustarle de verdad. O tal vez
trataba de librarse de decir la verdad.
—Mis ojos están aquí —le dije, usando mis dedos para señalar mis
ojos. Se aclaró la garganta y parpadeó, y cuando abrió los ojos, estaba
mirando a los míos y no a mi pecho. Como si pudiera verlo, incluso
cubierto como estaba.
—Estabas donde Hunter le dijo a Renee que podía quedarme con
ellos.
—Correcto. Bueno, había visto fotos tuyas. De cómo solías ser. Por
supuesto que pensé que eras, bueno, sabes que eres impresionante,
pelirroja. Incluso con tu cabello recogido y esa ropa de mojigata. Pero
no creo que… —Se detuvo y respiró. Por lo general era tan confiado
con las palabras. Parecían salirles fácilmente, pero ahora le costaba
hallar las correctas—. Me pidieron, específicamente Hunter, me pidió
vigilarte. Que me asegurara de que no te metías en ningún problema.
Sabía que yo mismo había pasado por mucho de eso recientemente y
confiaba en mí.
Me hubiera gustado que él no hubiera encontrado esas palabras,
porque cada una me dio un puñetazo en el estómago con su
significado.
No era real. Nada de eso era real. Se había visto obligado a ser mi
amigo porque Hunter se lo pidió. Todo había sido un acto. Había estado
interpretando un papel. Diciendo sus líneas. Salv que yo no sabía que
estábamos en un acto. Solo hace unos minutos me puso más cachonda
que nunca en mi vida y ahora estaba helada. Congelada.
—Jódete. —Era la única palabra que pude decir y se la arrojé con
tanta fuerza como pude antes de buscar la puerta.
—¡Jos, espera! Hay más. —Sí, no quería escucharlo. Por fin logré
abrir la puerta y empecé a correr hacia la casa.
—Podrías escuchar, ¡carajo! —Me alcanzó y yo luché. No iba a
gritar porque entonces despertaría toda la calle y no necesitaba que
Stephen King saliera de su casa y nos viera a Dusty y a mí luchando. Me
moriría de vergüenza.
—¿Podrías parar por un segundo? —Sostuvo mis hombros para
que no pudiera irme.
—¡Suéltame! —Me soltó en seguida como si estuviera horrorizado 167
de haberme agarrado. Le di la espalda, esperando que intentara
detenerme físicamente otra vez pero no lo hizo.
—Joscelyn. Por favor. Dame cinco minutos. Entonces me puedes
odiar por el resto de tu vida. Pero solo dame cinco minutos. Y por favor,
entra en el coche. Hace frío aquí y no tienes un abrigo adecuado. Por
favor.
Oh, si no hubiera dicho por favor. Y si su voz no tuviera ese tono de
mendicidad. Cuando me di la vuelta, me encontré con que estaba
desesperado. Sus impresionantes ojos me rogaban.
—Cinco. Minutos.
Volvimos a su coche, pero mantuve mi mano en la puerta para
poder hacer mi escape si tuviera que hacerlo.
—Era solo eso. Al principio. Intentaba cuidarte porque Hunter me
lo pidió. Creyó que te vendría bien un amigo que pasaba por las mismas
cosas que tú, y yo como que se lo debía. Me ayudó mucho y estuvo allí
para mí cuando necesitaba a alguien. Lo vi como una oportunidad de
devolver el favor. Eso es todo lo que era al principio.
Respiró hondo y esperé a que dijera algo que arreglara todo lo
que había dicho antes. Porque, en este momento, no lo hacía.
—Y luego te conocí y desde ese primer segundo supe que nunca
podría ser solo eso. Una especie de misión de caridad. Eras… tú. Tan
hermosa, divertida e inteligente y yo solo quería estar cerca de ti todo el
tiempo. Eres… adictiva, Jos. Parece que no puedo tener suficiente de ti.
Puedes ver como esto complica las cosas. Estoy bastante seguro de que
no estaba en el plan cuando le dije a tu hermana que no dejaría que te
pasara nada. Ese “nada” probablemente incluía besarte y casi hacer
varias otras cosas que posiblemente me mataría por siquiera pensarlas.
Tenía razón en eso. Renee lo despellejaría con vida si sabía lo que
habíamos hecho y casi hecho en el sofá. Y luego me habría dado una
larga y potencialmente muy gráfica conferencia sobre enfermedades
de transmisión sexual, terminando con una demostración del uso del
condón. Ya había pasado por eso varias veces y no quería volver a vivir
la experiencia. Cuando se trataba de “la charla”, recibí más de lo que
siempre quise saber de Renee. Seguro por eso estaba tan dispuesta a
conservar mi virginidad.
—Lo juro, Jos, nunca quise enamorarme de ti. Intenté detenerlo,
pero no tenía muchas opciones. Es imposible no enamorarse de ti. —
Contuve una risa—. ¿Qué es tan gracioso?
—Tú, diciendo que es imposible no enamorarse de mí. ¿Me has
conocido? ¿No ves lo que llevo puesto? No soy exactamente material
de supermodelo. Tampoco soy muy amable. He sido mala contigo en
más de una ocasión. No soy esa chica. La chica con la que todos los
168
chicos fantasean cuando se masturban. Podría haberlo sido, antes, pero
definitivamente ya no.
—Y eso, mi encantadora pelirroja, es exactamente por lo que es
imposible no enamorarse de ti. No preocuparse es muy sexy. No te
importa lo que la gente piense de ti. —Oh, cuánto se equivocaba. No
tenía idea de lo mucho que me importaba. Por eso no quería que nadie
supiera sobre el blog, o sobre mi nuevo trabajo en el periódico. En mi
otra vida, pasé toda mi existencia preocupándome por lo que la gente
pensaba de mí. No se podía apagar eso tan fácilmente.
—Me importa, Dusty. Me importa mucho más de lo que debería.
—¿Por qué sentí que iba a llorar otra vez?
—Oh, pelirroja. —Extendió la mano para tocarme la cara y di un
respingo hacia atrás.
—No. Solo porque me dijiste todas esas cosas bonitas no arregla
esto. ¿Por qué no me lo dijiste?
Suspirando, dejó la mano sobre su regazo. —Porque, al principio,
se suponía que no debía hacerlo, y luego, después de conocerte, no
quería hacerlo. Pensé que podía seguir adelante y tener una erección
no correspondida por ti para siempre. Lo tenía todo planeado.
—Eso parece. —No estaba convencida.
—Me volvía loco, Jos. Me vuelves loco. Me estás volviendo loco
ahora. Solo puedo pensar en que estás enojada conmigo, y debería
sentirme peor por mentirte, pero solo pienso en besarte de nuevo y
descubrir qué hay debajo de toda esa tela que llevas puesta. —Él tenía
sus manos cubriendo… Oh.
—Tanto así, ¿eh? —No voy a mentir, tenía los mismos problemas.
No lo mostraba tanto como él, pero también me afectaba.
—No tienes ni idea.
—Creo que tengo una idea. —Mis “ideas” se daban a conocer. En
voz alta. Iba a tener que terminar lo que habíamos empezado antes. La
pregunta era, ¿lo terminaríamos juntos o tendría que hacerlo sola?
—Te lo dije, Jos, no tengo el pasado más limpio.
—No me importa. Ya no soy tan pura tampoco. Que le den a la
pureza. Sigo enojada contigo, pero ¿puedo dejar eso en suspenso y
enojarme contigo mañana para que me beses?
Se inclinó apenas una fracción más cerca de mí. —Si eso es lo que
quieres. Demonios, yo sé que es lo que quiero, pero solo lo haré si tú
quieres.
Oh, eso fue todo. —¿Dusty?
—¿Sí? 169
—¿Puedes dejar de ser un caballero por, como, un momento?
Una sonrisa sexy se extendió por sus labios.
—Creo que puedo hacerlo.

Besarse en el coche no estaba tan bien como besarse en el sofá.


Había demasiadas cosas en el camino y objetos puntiagudos como la
palanca de cambios, que se interponían.
—Asiento trasero —le dije, mientras trataba de subirme encima de
él y fallaba por tercera vez. Los dos nos bajamos del coche y nos
reunimos en el lado del pasajero mientras me empujaba contra el
coche, presionando contra mí y atacando mi boca con todo de sí. Tal
vez no tendríamos siquiera que ir a los asientos traseros. Era consciente
de que estaba helando, pero mi cuerpo se encontraba en llamas.
Dusty me rodeó y abrió la puerta de atrás.
—Oh, mierda. Dame un segundo. —Su asiento de atrás era un
desastre, lleno de libros de texto, ropa y otras cosas de chico. Barrió
todo hacia el suelo y trató de limpiar tanto como pudo mientras yo
esperaba.
—Así está bien —le dije, empujándolo a un lado y buceando en el
asiento, agarrando su sudadera y tirando de él hacia abajo conmigo.
—¡Mierda! ¿Te hice daño? —Un poco, pero no me importaba. Me
sentó a horcajadas y se estiró para cerrar la puerta.
—Estoy bien. Ven acá.
Había descubierto que las sudaderas eran muy buenas para tirar
de ellas. Su boca volvió a la mía; sus manos volvieron a la itinerancia de
mi cuerpo, cayendo debajo de mi ropa y moviéndolas hacia nuevos
espacios en los que no estuvieron antes. Esto... esto era vivir. Una vida
pura y apasionada.
Hizo una pausa y se echó hacia atrás para mirarme la cara en la
oscuridad. Las farolas arrojaron todo en un tono naranja. —Eres tan
hermosa. ¿Cómo eres tan hermosa?
—Tú tampoco estás tan mal. —No quería agrandarle demasiado
el ego, pero cuanto más lo miraba, más me daba cuenta de lo hermoso
que era. Había estado en una negación grave desde el principio.
—Jos, en serio quiero seguir con eso —dijo, tirando mi sudadera a
un lado para poder besar donde mi cuello se reune con mi pecho—,
pero no creo que el asiento trasero de mi coche sea el lugar indicado. 170
No eres una aventura en el asiento trasero.
—Espero que no —le dije, mientras seguía besándolo despacio. A
pesar de decir que quería golpear el botón de pausa, estaba haciendo
todo lo contrario. Sin embargo tenía razón. No quería tener mi primera
experiencia sexual en el asiento trasero de un coche con lo que parecía
una pluma, o algo más fuerte, hurgando en mi culo todo el tiempo.
—Tienes razón, tienes razón. —Estaba jadeando un poco y él
definitivamente tenía otra erección.
—No creo que mi pene vaya a recuperarse de estar cerca de ti —
comentó, sosteniéndose sobre sus codos.
—Bueno, siempre se puede conseguir una de esas cosas que se
usaban en la Edad Media. Era como un arnés que tenía unas puntas
metálicas afiladas, así que cada vez que…
Me besó en la boca, así que no pude terminar. —Te lo ruego. Por
favor, deja de hablar de eso, pelirroja.
—Solo trataba de ayudar. Si quieres, podría ayudar de otras
formas. —Alcancé sus pantalones, y él trató de saltar lejos de mí pero
terminó golpeando su cabeza en el techo del coche.
—¡Mierda! —Debí haberme preocupado más por su cráneo, pero
me reí.
—Solo… mantén las manos quietas. Yo me encargo de eso. —Se
frotó la cabeza.
—Pobrecito —le dije, levantándome sobre los codos y rozando la
parte superior de su cabeza suavemente. Sip, sin duda iba a tener un
chichón. Besé las puntas de mis dedos y los pasé por su cabeza.
—Es tarde. Deberías ir a la cama. —Me hubiera gustado poder
pedirle que viniera conmigo, y que se escapara de la casa antes del
amanecer, pero las posibilidades de que eso pasara eran muy escasas,
con Hannah dormida en el cuarto de al lado. Además, no podíamos
hacer lo que yo quería hacer con alguien en la habitación de al lado sin
hacer un poco de ruido. Esas paredes eran muy delgadas. Aunque
siempre estaba la ducha…
—Buenas noches, pelirroja. —Me dio otro beso casto en los labios
antes de que saliera y me llevó tras él.
—Buenas noches, Dusty. —Bueno, eso fue bastante normal para
una despedida. Finalmente, le había cogido el truco. Volví a la casa,
tan despacio como pude.
—¿Jos? —Había estado esperando oír mi nombre.
—¿Sí? —Me volví y comencé a caminar hacia atrás.
—¿Quieres venir mañana? ¿A mi casa?
—¿Te refieres a tu choza de mierda?
171
—Sí. Voy a hacerla tan presentable como me sea posible para ti.
Pero pensé que era uno de los únicos lugares donde podríamos estar…
sin que nadie nos vea. Quiero pasar tiempo contigo sin preocuparme de
que alguien entre. —Oh. Oh.
Debe haber visto la comprensión en mi cara.
—Definitivamente no es eso lo que te estoy pidiendo.
—Ajá.
Me lanzó una mirada. —Jos.
—Está bien, está bien. Sí, me encantaría ir. ¿Te importa si se lo digo
a Hannah? Así ella puede ser mi coartada. Supongo que deberíamos
mantener esto en secreto.
—Parece el tipo de chica que puede guardar un secreto.
Además, creo que quiere que pasemos un tiempo a solas casi tanto
como yo. —Eso era muy cierto—. Así qué, ¿mañana? —confirmó—. Te
enviaré un mensaje.
—Mañana.
Había llegado a las escaleras así que iba a tener que alejarme de
él.
—Estoy contando los minutos —dijo en voz baja, sin que sus ojos se
apartaran de mi cara.
—Yo también.

172
17
Traducido por Dannygonzal & Genevieve
Corregido por Eli Hart

Deslizarme de nuevo dentro de la casa resultó ser fácil, y regresé a


la cama sin que nadie se diera cuenta.
A pesar de solo lograr unas horas de sueño inquieto, a la mañana
siguiente me desperté tan emocionada como solía hacerlo el primer día
de escuela. Sí, era una niña que no podía esperar a que el verano
terminara, así podría regresar a la escuela. De alguna forma, la escuela
era mi paraíso seguro del caos de mis numerosos hogares. La escuela
tenía sentido. Tenía orden y estructura en un momento en el que lo
necesitaba. 173
Me levanté incluso antes que Hannah, pero cuando salí del baño
de lavarme los dientes, ella se movía.
—¿Tu cabello siempre se ve tan espectacular en la mañana? —
Parecía como si un estilista hubiera pasado horas peinándolo al
máximo.
Intentó aplanarlo con la mano y falló.
—Casi. Y si le dices a alguien, o incluso tomas una foto, te mataré.
—Bostezó y se tropezó con sus pies—. ¿Puedo usar tu ducha?
—Seguro, adelante. Las toallas están en el estante y puedes usar
lo que sea que quieras. ¿Necesitas algo de ropa?
—Sí, eso sería genial. —Hannah era más alta, pero hallé algunos
pantalones que yo tenía que enrollar hacia arriba y una camiseta que
servía.
—Sé que somos cercanas, pero no estoy segura de estar lista ya
para intercambiar ropa interior —dijo—. Solo me dejaré puesta la mía.
—Suena bien. Escucha, tengo un favor que pedirte cuando estés
más despierta.
Me dio un pulgar arriba y se arrastró al baño.
Mientras Hannah se duchaba, fui al segundo piso para ver quien
se encontraba despierto. Mase se hallaba recostado sobre la mesa del
comedor, una taza de café echaba humo a centímetros de su cara.
Darah cerraba el refrigerador y bostezaba, pasando una mano por su
cabello. Nunca antes lo vi tan desarreglado. Definitivamente cabello
después del sexo. Al menos alguien lo hizo anoche. Bueno, con alguien
más a parte de su mano, después de todo, era a lo que yo me hallaba
limitada con Dusty. Fue el sexo más épico conmigo misma que había
tenido.
—¿Quieres que haga algunos huevos? —le dijo Darah a Mase—.
Oye, Jos. ¿Hanna y tú durmieron bien?
—Sí, genial —mentí entre dientes.
Mase murmuró algo incoherente.
—Oye, no es mi culpa, bebé —comentó Darah.
Taylor y Hunter bajaron, seguidos por Renee y Paul mientras Darah
sacaba el sartén y comenzaba a hacer los huevos. Decidí ayudarle
haciendo la enorme cantidad de tostadas y entregándole a cada uno
una taza llena de café cuando entraron a la cocina.
Hannah emergió de la planta baja luciendo significativamente
más animada. Le entregué una taza de café mientras se secaba su
cabello con una toalla. 174
—¿Azúcar? —Tomé el jarro del azúcar y comencé a ponerle
cucharadas al café—. Dime cuánto.
Le puse como cuatro cucharadas cuando me detuvo.
—Eso es asqueroso —dije, dándole un sorbo a mi té de limón. Sin
duda, ahora era dicta a esta cosa.
—Bah —contestó, usando uno de los últimos asientos disponibles.
Era domingo, así que eso significaba limpiar, pero parecía que sería
para después.
Mi teléfono vibró en el bolsillo de mi sudadera.
Está bien, ya no puedo esperar. ¿Puedes estar aquí… ahorita?
Esta vez casi podía sentir la desesperación en las letritas negras. O
quizá era solo yo.
Escribí una respuesta.
Primero tengo que dejar a Hanna. Y ponerme algo lindo.
Respondió una fracción de segundo después.
Siempre te ves linda.
Lameculos. Pero no. Necesito una ducha.
¿Entonces en una hora?
Una hora.
Apenas pude contener mi emoción. Luego mi teléfono sonó de
nuevo.
Trae medias. Unas nuevas.
¿Qué mierda? Quizá quiso decir algo más y le salió el auto
corrector.
¿Medias?
Es correcto, pelirroja. Medias.
Podía imaginarlo diciéndolo con una sonrisa en su rostro.
¿Vamos a hacer marionetas? Porque eso es un poco extraño.
No podía pensar en algo sexy que pudiéramos hacer con medias.
Pero, otra vez, yo era virgen. Tal vez era algo que tenía que aprender.
Hice una rápida búsqueda en Internet y no encontré nada para
iluminarme.
Ya verás. Ven pronto. Trae medias.
Tendría que ir a Wallmart para conseguirlas. Parecía una misión en
la que a Hannah le gustaría estar.
Ya había terminado su café y se encontraba lavando la taza.
—Debería regresar. Tengo un montón de tarea. Y ropa. Realmente 175
me gustaría ponerme unas bragas limpias —dijo. Mase se atragantó con
su tostada.
—¿Estás bien ahí, amigo? —Hannah lo miró.
—Bien. Solo bien. ¿Cómo está la mano?
Hannah la levantó. En realidad no podría saberlo, porque se
encontraba toda vendada, pero no parecía tener mucho dolor.
—¿Puedo revisarla? —preguntó Renee. Una vez que confirmó que
la mano de Hannah solo se encontraba magullada e hinchada, regresó
a su café y miró fijamente el espacio.
—Te llevaré. ¿Te importa si primero me ducho? —dije, dándole
una mirada, y vi cuando recordó que le dije antes, que tenía un favor.
—No hay problema. Oye, ¿tienes un peine que pueda tomar
prestado?
—Sí, seguro. —Puso su taza en el escurridor de platos y me siguió
de regreso hacia la planta baja.
Me acorraló tan pronto como la puerta se cerró.
—Voy a adivinar que necesitas un favor para escabullirte y salir
con cierto chico que tiene unos preciosos ojos verdes. ¿Estoy en lo
cierto?
—Digamos que nos hemos reconciliado. Algo así. En fin, nos
gustaría tener un tiempo a solas, ¿así que serías mi coartada?
Se apoyó en una rodilla y sostuvo mi mano.
—Sería un honor ser tu coartada cada vez que quieras reunirte
con Dusty y juntar sus partes.
Quité mi mano. —Eso no suena sexy. En absoluto.
Se encogió de hombros y fui hacia mi cajón. Me siguió y me
empujó a un lado mientras yo me abría paso, intentando encontrar algo
remotamente lindo.
—Chica, tienes una grave crisis de vestuario. Debemos buscarte
ropa nueva lo antes posible. Pero por ahora, ¿qué tal esto? —Sacó una
camisa verde de manga tres cuartos que debió haberse colado de mi
vida anterior—. Esta es linda. Resalta tus ojos. —También seleccionó un
pantalón ajustado y oscuro que compré con la intención de usarlo, pero
realmente nunca sucedió.
—Dijo que tenía que llevar medias. Unas nuevas.
Extendió la ropa sobre mi cama y luego fue por el cajón de la
ropa interior, sacando el único juego de sostén y bragas negras que
tenía y los añadió al montón. —¿Van a hacer marionetas?
—Eso fue exactamente lo que dije. 176
Levantó sus cejas.
—Está bien, entonces. Medias. —Encontró un par y también las
colocó en la cama. No tenía muchas opciones en calzado porque era
invierno y vivíamos en Maine y tenías que usar zapatos con los que
potencialmente pudieras atravesar la nieve, así que eso significaba
botas, nueve de cada diez veces.
—Voy a ducharme.
—Aquí estaré.
Me duché tan rápido como pude y me vestí, preguntándome qué
hacer con mi cabello. A Dusty parecía gustarle suelto, pero se hallaba
húmedo y era invierno y no quería una neumonía, así que lo retorcí a los
lados y formé un moño. Una vez que se encontrara en su lugar podría
bajarlo y dejarlo secar. Quizá tendría algún rizo por haber sido retorcido.
Sí, probablemente no.
—¿Veredicto? —pregunté, saliendo y girándome para que me
viera Hannah.
—Necesitas joyas. Además de tu brazalete. Por eso, cuando
fuimos a comprar cosas la semana pasada, te conseguí esto. —Sacó
algo de su bolsillo y me los entregó. Eran pequeños broches de plata
que formaban elefantes bramando.
—No tenías que hacer esto.
—Pero lo hice. ¿Te gustan?
—Sí, me gustan. Gracias. —Le di un abrazo y luego me puse los
aretes. Eran pequeños y omitían detalles, lo que me gustaba.
—Perfecto. Ahora tenemos que conseguirte unas medias. Oh, por
cierto, ¿estás tomando la píldora, o algo más?
—Sí, la píldora. —Lo hacía desde el último año cuando pensaba
que las cosas con Matt eran serias. Sí, no planeaba tener sexo hasta que
nos casáramos, pero eso no significaba que pensara que no podía
pasar antes. Más que nada, probablemente fue una ilusión. Si aprendí
algo de vivir con Renee, era que siempre tenías que protegerte y nunca
dejárselo al chico.
—¿Tienes condones?
Esto debería haber sido una conversación loca e incómoda pero,
de alguna manera, no lo era.
—Mi hermana me dio una caja cuando tuve mi periodo. No es
broma. —Tenía trece y me mortificó tanto que los escondí en el fondo
del cajón de las medias—. Y los encontré periódicamente en mis cosas,
especialmente ahora. Había una caja en el cajón cuando llegué aquí.
—Fui y la tomé, colocando algunos en uno de los bolsillos con cierre en
un lado de mi bolso.
—Buena chica. Creo que estás lista. 177
—No vamos a tener sexo, Hannah.
—Bueno, no pasará mucho tiempo. He visto cómo se miran el uno
al otro. La leña ha sido puesta, la gasolina derramada y todo lo que
alguien tiene que hacer es encender el fósforo.
Me dio un abrazo y subimos las escaleras.
—¿Renee? Hoy voy a estudiar con Hannah. Tenemos un trabajo
para nuestra clase. —Era verdad. El primer paso para crear una buena
mentira era usar algo que realmente era cierto y construirla sobre eso.
—Está bien. Ten cuidado. Se supone que va a haber una tormenta
de nieve esta tarde. Si te quedas atascada, Mase puede ir a buscarte.
—Él tenía un camión extra con un quitanieves sujeto, así no teníamos
que pagarle a nadie para que quitara la nieve de la entrada.
Estuve tan envuelta en todo que ni siquiera le puse atención al
clima. Esperaba que no me acortara mi tiempo con Dusty. Eso sin duda
apestaría. Pero entonces, los analistas del clima tenían mala reputación
para predecir tormentas de nieve que nunca sucedían.
Ya se habían equivocado al menos dos veces en este invierno.
—Muy calmada, Jos. Estoy impresionada —comentó Hannah,
dándome los cinco mientras manejábamos hacia Bangor Mall.
—He tenido mucha práctica.
Hannah me dio un montón de consejos, la mayoría parecían
haber sido sacados de Internet, películas o leyendas urbanas. A veces
era difícil decir.
La dejé y tuve instrucciones estrictas de darle cada detalle sucio
cuando la llamara esta noche.
La casa de Dusty fue muy fácil de encontrar con sus indicaciones.
También tenía razón; era una casucha de mierda. ¿Cómo demonios
este edificio seguía de pie?
Parecía como si alguien hubiera tomado partes de otros tres
edificios, los hubiera pegado y grapado uno encima del otro y lo
hubiera considerado bueno. Le envié un mensaje diciendo que ya me
encontraba aquí mientras trataba de descubrir al menos una manera
de llegar a la puerta principal. El porche era sospechoso. Me respondió
en un mensaje que había unas escaleras en la parte de atrás, lo que no
era mejor que el porche, descubrí.
Si muero subiendo las escaleras, te demandaré desde la tumba. 178
Subí por los escalones y toqué la puerta.
—Llegaste —dijo, su rostro se agrietó en una sonrisa que hizo que
mis rodillas se sintieran como si aún estuvieran subiendo los peligrosos
escalones.
—Y traje las medias. —No sabía de qué tipo traer, así que compré
tres bolsas. Blancas, multicolores y una con rombos y hasta las rodillas
que eran demasiado lindas para no comprarlas.
—Eso veo. Entra. —Se hizo a un lado y entré.
—Esto casi no está tan jodido como esperaba. Lo hiciste sonar
mucho peor. —Asumía que no era como la Casa Yellowfield, pero no
estaba tan mal. Nos quedamos de pie en una diminuta cocina con solo
espacio suficiente para los electrodomésticos en un lado y una mesita y
dos sillas en el otro. Un angosto pasillo conducía a lo que creía que era
el resto de la casa.
—¿Quieres un recorrido? —preguntó.
—Seguro. —Puse las bolsas de las medias en la mesa y lo seguí por
el pasillo.
—Habitación, baño. —Señalaba las habitaciones de mi derecha y
de mi izquierda—. Y la sala de estar barra estudio barra biblioteca barra
despensa. —El apartamento tenía forma de reloj de arena, pero era
adorable. Todos los muebles estaban viejos y remendados, pero no
sucios.
—Y este es Napoleón. Cree que va a tomar el control del mundo.
—Dusty se estiró detrás del sofá y sacó lo que parecía una bola negra
de pelo. En una inspección más a fondo, me di cuenta de que era un
gatito con grandes ojos azules. Dusty lo acunó en sus brazos como a un
bebé y Napoleón maulló y me morí, justo ahí, en la mitad de la sala de
Dusty.
Siempre escuché sobre el atractivo de los chicos con bebés, y
nunca lo entendí. ¿Pero Dusty sosteniendo al gatito y rascando su
barriga mientras ronroneaba como un tanquecito? Chico sexy derrite-
bragas.
—Toma, ¿quieres sostenerlo? —Nunca tuve una mascota. Mis
padres siempre se negaron cuando pedí una en cada cumpleaños y
Navidad. Una gran parte del tiempo era porque alquilábamos un lugar
que no los permitía. Siempre quise un perro, pero ahora veía el atractivo
de los gatos. Más o menos.
Dusty me lo pasó y me maulló.
—Acaba de saludarte. Si le rascas aquí, estará enamorado de ti
para siempre. —Puso sus dedos bajo la barbilla de Napoleón y rascó, lo
que hizo que éste cerrara los ojos y empezara a ronronear de nuevo.
Dusty movió su mano y la mía tomó su lugar bajo la barbilla del gatito. 179
—No sabía que tuvieras un gato —comente, mientras Napoleón
se acurrucaba más cerca de mi mano.
Dusty se sentó en el sillón que ocupaba gran parte del limitado
espacio.
—No era mi intención, pero entonces, la mujer en la planta baja
encontró una camada de gatitos y me preguntó si quería uno y no
pude negarme. ¿Podrías decirle que no a él?
—Nunca. —Me senté a su lado, asegurándome de no aplastar al
gatito dulce—. Esto no es tan malo, Dusty. —Al menos, lo tenía todo
organizado. Había una estantería en una esquina con un buen número
de libros de bolsillo gastados y una televisión antigua, una de los que
tienen esa gran caja de madera alrededor, al otro lado del sofá, con un
reproductor de DVD que se veía muy fuera de lugar en la parte superior
de la misma.
Las paredes eran bastante básicas, pero había unas cuantas
fotos. No era lo que esperaba, teniendo en cuenta las pocas veces que
estuve en apartamentos de chicos y dormitorios. Por lo general, había
más de un cartel de chicas semidesnudas, o al menos una Playboy o
dos por allí, y un montón de latas de cerveza y bolsas de patatas.
—No es mucho, pero es mío. Y Napoleón. Es realmente su lugar y
yo solo vivo aquí.
Todo estaba tranquilo, excepto por Napoleón, que continuaba
ronroneando en la distancia.
—Así que, ¿sigues enojada conmigo? —preguntó.
No podía mentir. —No estoy feliz por eso, pero no es del todo tu
culpa. Voy a tener que hablar con Renee y el resto de los residentes de
la casa al respecto cuando regrese.
—¿Tienes que hacerlo? Quiero decir, no tienen que enterarse que
lo sabes.
—Pero me mintieron, Dusty. No puedo ignorar eso.
—Tienes razón. —Acarició la cabeza de Napoleón y suspiró—.
Tengo algo para ti. Algo para decir que lo siento. O, al menos, empezar
a decir que lo lamento. ¿Lo quieres?
—¿Tiene algo que ver con calcetines?
—No.
No tenía idea de lo que podría ser. Dusty quitó a Napoleón ahora
durmiente de encima mío y lo colocó suavemente en una pequeña
cama de gatito en el suelo junto al sofá.
—Vuelvo enseguida. Ah, y cierra los ojos. —Le di un vistazo e hice
lo que dijo. Salió de la habitación y se dirigió a su dormitorio. Escuché
cuando regresó y puso algo en el suelo delante de mí—. Está bien, 180
ábrelos.
Miré hacia abajo para hallar un cubo de plástico transparente
con un gran arco en la tapa. Estaba absolutamente lleno de...
—Una proporción igual de Skittles y M&M. En realidad, los conté.
¿Sabías que no ponen la misma cantidad en cada bolsa? Me enteré de
eso alrededor de las cinco de la mañana, cuando no podía dejar de
pensar en ti.
—¿Quieres decirme que te sentaste y contaste todos esos? —
Debía haber miles ahí.
Puso las manos en los bolsillos. —Sí, tardé un rato.
Bajé la vista hacia el cubo de nuevo y sacudí la cabeza. —Eres
tan raro, Dusty Sharp.
—¿Raro en el buen sentido?
Me levanté, rodeé el cubo y lo jalé hacia mí.
—Sí. Ser raro es impresionante —dije antes de inclinar mi rostro y
besarlo. Sacó las manos de los bolsillos y las envolvió alrededor de mi
cintura, acercándome para que yo estuviera de puntillas. Me aparté de
su boca, que sabía a chocolate.
—¿Has comido alguno de ellos?
Sonrió.
—Estaban desiguales, así que comí algunos que sobraron.
—Oh. —Me encogí de hombros y volví a besarlo. Fue un poco más
lento que anoche. Más suave. Como un primer beso tentativo. Como si
los dos supiéramos que podíamos tomarnos nuestro tiempo. Dejé que su
sabor inundara mis sentidos mientras sus manos se deslizaban bajo mi
camisa y activaba cada terminación nerviosa. Él me llevó hacia atrás, y
casi tropezamos con el cubo de camino hacia el sofá. Me acostó y se
puso de costado para no estar encima de mí.
Agarró un mechón suelto de mi moño y le dio vueltas alrededor
de sus dedos. —¿Quieres probarlo más lento esta vez? Tenemos todo el
día.
—¿Qué quieres decir con lento? Creo que necesito percibir una
demostración antes de comprometerme —le dije con la cara seria.
—Pensaba en algo así —contestó, dándome un beso lento antes
de pasar por mi barbilla y cuello—. Y esto —dijo, tirando a un lado uno
de los hombros de mi camisa y besando mi clavícula, moviendo mi
tirante del sujetador a un lado—. Y esto —agregó, volviendo a mi boca
y deslizando las manos hacia arriba, debajo de mi camisa.
—Lento... bueno —respondí. Una vez más, mi problema de gemir
mientras hablaba había regresado. Se rió, enviando vibraciones a través 181
de mi piel. Jesucristo.
Continuamos besándonos y siguió moviendo mi ropa, pero sin
quitarla. Lo cual era impresionante y totalmente frustrante al mismo
tiempo. Además, estaba totalmente vestido. Nunca lo había visto sin
camisa, y me harté de esperar.
Por último, empecé a sacársela por lo que no tuvo más remedio
que quitársela.
—Ya era hora —le dije, observando sus músculos tonificados, que,
hasta ahora, solo sentí con mis manos. Verlos con mis ojos, era algo
completamente distinto. Estaba bien formado, pero no de una manera
bruta. Solo... perfectamente perfecto en todos los sentidos. Y pude ver
el tatuaje por primera vez.
Eran dos caracteres chinos idénticos. No tenía ni idea de lo que
significaban, pero me apunté preguntárselo más tarde. No tenía ningún
tatuaje, pero siempre me gustaba escuchar las historias detrás de ellos.
Me recordaban a uno que vi antes. No podía empezar a imaginar lo
que significaba para Dusty. Solo esperaba que no fuera “Gánster por la
vida” o algo por el estilo.
—Vaya —dije antes de ir a su boca. Mis dedos recorrieron su piel
ardiente, y creé un camino de besos por su cuello.
—Joder, Joscelyn. —Me encantaba cuando utilizaba mi nombre
completo. Como si tuviera sexo con él. Muy, muy buen sexo—. Si vamos
más lejos, no creo que pueda parar, y no creo que ninguno de nosotros
esté listo para eso. Aún.
Sus palabras eran ciertas, pero no quería que lo fueran. Mi cuerpo
gritaba tan fuerte que no quería oír nada más.
—Sabes, no estás siendo justo. No puedes ponerme cachonda y
luego esperar que yo sea capaz de... apagarlo.
—¿Tienes una idea de cuántas veces he tenido que masturbarme
desde que te conocí? Es como si tuviera doce años de nuevo y me
escondiera en el cuarto de baño y rezara para que mis padres no
entraran.
—Bruto —dije, poniendo mi mano en su pecho, como si fuera a
empujarlo.
—Oh, no me digas que no lo has hecho. —Mis oídos me
traicionaron.
—Hoy no. —Eso era mentira. Fue técnicamente hoy cuando me
llamó y tuvimos nuestra pequeña sesión de besos en el asiento trasero
del auto.
Se bajó de mí, mirando sus pantalones. Negó con la cabeza en
tanto tomaba su camisa y se la ponía de nuevo. 182
—Siempre me digo antes de verte que puedo controlarlo, pero
nunca resulta de esa manera —explicó, como si estuviera hablando con
el bulto y no conmigo.
—¿Estás dándote una charla?
Levantó las manos. —¿Por qué no te marchas? —Sí, sin duda.
Hablaba con su pene.
—Voy a dejar de ser tan… seductora —dije, ajustando mi ropa,
para que todo estuviera cubierto.
—Oh, pelirroja. No puedes parar. Es solo que... no tienes que hacer
nada. Te puedes sentar allí, no hacer absolutamente nada y eso me
excitaría.
Sí, bueno, era de la misma manera con él.
—Tal vez debería empezar a meterme los dedos en mi nariz, o
escupir mocos. ¿Qué pasa con eso? —propuse.
—Encuentro eso encantador y adorable. —Napoleón despertó y
maullaba desde su cama. Dusty fue a recogerlo. Lo acercó a su cara y
le dio un beso. Dulce Jesús Jodido Cristo.
—¿Napoleón ayuda con tu problema? —Ya que no tenía pene,
no sabía exactamente cómo funcionaba todo eso. Tenía hermanos,
pero eran todos más jóvenes y esta no era realmente una conversación
para la cena.
—Un poco. Lo superaré. Espero. He tenido peores.
Siguió mirando a Napoleón y no a mí y me quedé mirando sus
pantalones. Debía ser la cosa más rara, pero Dusty lo trataba como si no
fuera gran cosa.
—¿Te duele?
—Estoy bien, pelirroja. No tienes que preocuparte por mi pene. —
Tal vez quería preocuparme por él. Pero era claro que no me dejaría
acercarme, así que quité la tapa del cubo de M&Ms y Skittles y saqué
un puñado.
—No es tan malo. Comerlos juntos —confesó, haciendo muecas a
Napoleón, que seguía tocando la nariz de Dusty—. Es como fruta
cubierta de chocolate.
—Exacto —respondí, masticando un M&M entre mis dientes.
—¿Quieres algo más de comer? Debería haberte ofrecido algo.
—Entró en la cocina con Napoleón y miró en la nevera—. No tengo
mucho, porque, como sabes, no sé cocinar.
Lo seguí, disfrutando de la vista desde atrás. Tenía un gran culo.
Podía ver que era genial, aunque sus pantalones se caían. Eso me
recordó...
183
—¿Cómo sostienes tus pantalones? —Cerró la nevera y se dio la
vuelta, con un trozo de queso.
—¿Qué?
Señalé.
—¿Cómo sostienes tus pantalones? He querido preguntarte eso
durante semanas. —Me senté en una de las únicas sillas mientras él iba
a la encimera, sacaba un cuchillo y comenzaba a cortar el queso.
—¿Puedes sostenerlo? No le gusta estar en el suelo. Monstruito. —
Me entregó a Napoleón, que se molestó por que Dusty lo abandonara,
pero tan pronto como empecé a rascar bajo su barbilla, se relajó.
—Llevo un cinturón, como puedes ver —contestó, levantando su
camisa y mostrándomelo. Sí, lo vi antes, y contemplé cómo deshacerlo
de la manera más sexy.
—Pero tus pantalones son tan flojos. —No se veían tan flojos en
este momento, dada la situación, pero por lo general, sí—. Simplemente
desafían la gravedad. —Napoleón comenzó a golpear mi dedo, así que
moví la mano a su alrededor para que la atacara. Se lanzó por ella,
perdió el equilibrio y casi cayó de mi regazo.
—Eh, ¿Jos? —Levanté la vista para encontrar a Dusty mirándome
con las cejas levantadas.
—¿Sí?
—Hablar de mis pantalones no ayuda con mi situación actual. —
Hizo un gesto a la proximidad de su situación. ¿Cuánto tiempo sería eso
un problema para él? ¿Debería irme?
—Claro. —Volví a acariciar a Napoleón mientras Dusty cortaba el
queso y luego sacó unas galletas del gabinete y las puso en un plato de
papel.
—¿Quieres un poco? —Extendió el plato hacia mí y me dio unos
trozos de queso y unas galletas. No tenía hambre, pero no sabía qué
más hacer.
Dusty levantó dos vasos y me sirvió un refresco y se sentó. Seguro
era más cómodo para él de esa manera.
—Entonces, calcetines. ¿Qué pasa con eso? —dije, tratando de
cambiar de tema.
Sonrió y tomó una de las bolsas y la abrió.
—No sé si te has dado cuenta, pero todo este apartamento es de
linóleo. Desde el salón, el pasillo y allí afuera. Como sabes, el linóleo
puede ser muy resbaladizo, especialmente si estás usando calcetines
nuevos, y sobre todo si está recién aseado. Así que, vamos a poner a
Napoleón de nuevo en su cama y unos calcetines en tus pies, pelirroja.
184

—¿Deslizarnos en medias? ¿En serio nos deslizaremos en medias?


—pregunté cuando Napoleón estuvo encerrado con seguridad en el
dormitorio de Dusty, así no nos tropezaríamos con él.
—Tengo un montón de tiempo libre —dijo, poniendo un par de
calcetines nuevos en sus pies mientras yo hacía lo mismo—. Y solía beber
en ese tiempo, o fumar, o hacer otras cosas malas. Después de decidir
no hacer más esas cosas, tuve que encontrar formas sobrias de ocupar
mi tiempo. Solo me has conocido sobrio. Borracho era mucho más
divertido.
—No sé nada de eso. Eres bastante divertido ahora. Y yo no era
nada divertida. —Tomó mis manos y me ayudó a ponerme de pie.
—¿Estás lista, pelirroja? —Se puso en una posición que me hizo
pensar en los corredores que se preparaban para marchar.
Le copié, agachándome. —Lista.
—Y... ¡VAMOS! —Ambos nos echamos a correr y luego frenamos,
tratando de no chocar y también de mantener el equilibrio. Fui por el
pasillo, y Dusty todo el camino a la cocina.
—No es justo —me quejé mientras me movía hacia atrás, a la
puerta para prepararme para ir de nuevo.
—He tenido mucha práctica —dijo, bajando. Me reuní con él en
la puerta y nos deslizamos de nuevo, esta vez traté de empujarlo, pero
él me esquivó y acabé no muy lejos.
—Los tramposos nunca prosperan, pelirroja.
—Lo que sea.
—Oh, no hagas pucheros. Es demasiado lindo. Ven. —Extendió sus
manos y nos enfrentamos. Echó a correr hacia atrás y planté mis pies.
Tenía miedo de tropezar con algo, pero estaba demasiado ocupada
chillando mientras él me llevaba por la longitud del apartamento.
—¡Otra vez! —pedí al segundo en que nos detuvimos.
—Vamos a probar esto. —Se acercó y tomó mi sudadera y la ató
firmemente alrededor de su cintura, luego me abrazó. Me recordó un
poco a las carreras de trineos tirados por perros. Se apartó y me deslicé
detrás de él. Dusty tenía razón: los calcetines nuevos funcionaban de
maravilla.
Lo hicimos una y otra vez hasta que los dos jadeábamos y reíamos
185
demasiado fuerte para seguir adelante. Nos quedamos en el sofá y
puso su brazo alrededor de mí para acercarme.
—¿Está permitido? —dije, volviendo la cara y mirándolo.
—Creo que puedo controlarme. Por el momento. Es posible que
necesitemos sacar a Napoleón de nuevo. —Como si hubiera oído su
nombre, Napoleón maulló desde el dormitorio de Dusty.
—Pobre pequeñito. Voy a buscarlo.
Abrí la puerta del dormitorio de Dusty y oí crujidos en mi cubo de
caramelos.
—Será mejor que no metieras tus patas en mi cubo de caramelo
—grité, aprovechando mi oportunidad para mirar en su dormitorio.
Había suficiente espacio para la cama y eso era todo, a excepción de
un aparador, una canasta de lavandería y un par de chucherías. Cogí a
Napoleón maullando y le abracé.
—Está bien, amigo. —Le di un beso y me lamió la cara—. Gracias,
necesitaba eso. —No husmeaba, exactamente, pero tenía curiosidad
acerca de Dusty. Todavía sabía tan poco sobre él. Era más limpio de lo
que pensé que sería. Vi un marco de fotos solitario en la cómoda y lo
tomé.
Era de Dusty, hace unos años, con su brazo colgando alrededor
de otro tipo. Un chico que conocía.
El marco de fotos se deslizó de mi mano y se estrelló en el suelo.
—¡Jos! —Dusty oyó el estruendo del cristal y se precipitó—. ¿Qué
pasó?
—N-nada. Es que... se me cayó algo.
—Ten cuidado. Ven aquí. No quiero que pises el cristal. —Me hizo
a un lado, ya que los dos nos encontrábamos todavía solo con nuestros
calcetines.
—Voy por la escoba —dijo, y me dejó allí de pie, todavía con el
gatito.
¿Cómo era posible? ¿Por qué estarían en la misma foto? Sin duda,
eran cercanos si se encontraban en la misma imagen.
—¿Quién es ese, en la foto? —solté cuando regresó. Me prohibí
decir su nombre.
—¿Qué? —Se detuvo, su brazo sosteniendo la escoba.
—El otro chico en esa foto. ¿Cómo lo conoces?
Y entonces dijo algo que sacudió el mundo debajo de mí.
—Es mi hermano. 186
18
Traducido por Vane Black
Corregido por Alessa Masllentyle

Estuve a punto de dejar caer a Napoleón. Nathan era el hermano


de Dusty. ¿Cómo era eso posible?
Abrí la boca, pero nada salió. Solo un pensamiento pasó por mi
cabeza. Una palabra, una y otra vez. Vete, vete, vete.
—Me… me tengo que ir. Ya mismo. —Dejé a Napoleón en su
cama y lo empujé para pasar.
—Jos, ¿qué sucede? —Todo. Todo, joder. Agarré mi bolso y mis
llaves, bajando por las escaleras con abandono. Si colapsaban y me 187
llevaban con ellas, tal vez no sería tan malo. Entonces no tendría que
explicarle nunca a Dusty la razón por la que me había asustado y huido
de su casa después de dejar caer una foto de su hermano que no sabía
que tenía hasta que me dijo. Un hermano que estaba muerto.
Dusty bajó las escaleras detrás de mí, pero tenía una ventaja
inicial.
Mierda, ni siquiera tenía puestos mis zapatos. Me metí en mi coche
y salí rápidamente de su casa, en dirección al único lugar que se me
ocurrió ir. Las lágrimas corrían por mi cara mientras conducía, tenía que
retirarlas constantemente con la mano para poder ver y no chocarme
contra alguien. La nieve apenas comenzó a caer desde el cielo, pero
todavía hacía mucho calor para que esta se pegue al suelo.
Fue un milagro de proporciones épicas que pudiera llegar al
estacionamiento del dormitorio de Hannah sin matar y/o mutilarme a mí
misma, ni a nadie. Ni siquiera sabía en qué habitación se encontraba,
así que le envié un mensaje de texto diciendo que necesitaba hablar y
que si estaba en su habitación.
Respondió de inmediato, y un momento después, se hallaba en la
puerta, manteniéndola abierta para mí ya que mi tarjeta de acceso de
la Universidad no funcionaba para su edificio. Cuando vio mis lágrimas,
me llevó dentro y me aplastó en un abrazo.
—Cariño, ¿dónde están tus zapatos?
Todavía llevaba los calcetines nuevos, los cuales ahora estaban
sucios.
—Los dejé en alguna parte. —Mi voz sonaba robótica.
—No tengo ni idea de por qué estás llorando, pero te ves como si
necesitaras seriamente un abrazo. Vamos arriba. Mi compañera de piso
se fue.
Tomamos las escaleras hasta el segundo piso y caminamos por el
segundo, de lo que sabía, eran cuatro pasillos idénticos que sobresalían
desde el centro del edificio. Estuve aquí una vez, y esa vez también
había necesitado la ayuda de Hannah para orientarme. En el mapa del
campus, el edificio de Hannah parecía inquietantemente como una
esvástica.
Abrió la puerta con su llave y me llevó dentro.
—Siéntate. Te voy a hacer un poco de té y después podemos
hablar. —Me dejé caer en su futón y cogí una de las almohadas. Su
computadora portátil estaba abierta sobre el escritorio y reproduciendo
música que reconocí como “Howlin' for You” de The Black Keys. La
hubiera felicitado por su elección de música, pero estaba un poco
preocupada.
Mi teléfono sonó de nuevo. Dusty había estado llamando desde 188
que salí conduciendo de su apartamento. Creí verlo siguiéndome en su
Golf, pero hice un poco de maniobras y lo perdí fingiendo que iba a la
Casa Yellowfield, luego giré de nuevo a lo de Hannah.
El microondas de Hannah sonó y me entregó una taza de té de
limón.
—Empecé a beberlo por ti. No se nos permite cafeteras, y a veces
soy demasiado perezosa para caminar hasta el comedor. —A pesar de
que la taza estaba muy caliente, la sostuve como si mi vida dependiera
de ello. Hannah se sentó a mi lado y me tocó el hombro.
—¿Qué pasa, Jos?, ¿ocurrió algo con Dusty? —Mi teléfono sonó
de nuevo—. ¿Es él? —preguntó, y asentí—. ¿Quieres hablar con él? —
Negué con la cabeza.
Las palabras no eran mi método de comunicación en este
momento. Eran demasiado trabajo.
Hannah cogió mi teléfono, lo apagó y lo arrojó sobre su escritorio.
—Ya está. Ahora puedes hablar, o no. Si quieres sentarte aquí y
ver Buffy, podemos hacer eso. Lo que necesites. —Me miró y lo hizo con
tanto amor y cuidado que me puse a llorar de nuevo. Dusty tenía razón.
Tenía todas estas personas en mi vida que harían cualquier cosa por mí.
No lo merecía.
—No puedo decirte. Es que… no puedo. —Lo había llevado
durante demasiado tiempo, esto dentro de mí. Lo había encerrado y
echado a un lado, en el fondo de mi mente, donde se instaló, sin
dejarme olvidar. Era una cosa un poco retorcida, siempre haciéndose
ver cuando menos lo esperaba, cuando bajaba la guardia un poco.
Siempre buscaba una abertura para saltar en mi boca y gritar en voz
alta. No lo dejaría. Ni ahora, ni nunca.
—Está bien, Jos. Entiendo la cosa del secreto. En serio. Entonces,
¿qué necesitas? Ya sabes, dentro de lo razonable.
—Necesito… —¿Qué necesito? Una puta máquina del tiempo.
Hacerlo todo de nuevo. Una vida diferente.
—Tienes que darme algo, chica, algo que pueda hacer. No soy
buena con las emociones. Al igual que, ¿ya sabes cómo son algunas
chicas, eh, impresionantes en consolar y decir las cosas correctas? No
soy una de esas chicas. —Casi me hizo reír, y dadas las circunstancias,
eso era algo.
—Estoy tan confundida, Hannah. —Me quedé mirando el vapor
de la taza y tomé un sorbo. Sabía a comodidad, hogar y a despertar. Si
solo eso pudiera resolver todos mis problemas.
—Casi lo entiendo. Leyendo entre líneas. —Tomé otro sorbo de té
y me empecé a sentir rara mientras Hannah me miraba, como si fuera
una bomba a punto de estallar. 189
—No voy a explotar, sabes. —Negó con la cabeza una y otra vez.
—Sí, lo sé. Como he dicho, no soy buena con este tipo de cosas.
Por lo tanto, voy a hacer lo que hago cuando estoy sufriendo de una
vida consumidora, ver Buffy. Funciona. Siempre. —Se levantó, se fue a su
colección de DVD y sacó la primera temporada de Buffy. No podía
recordar donde nos habíamos detenido, pero Hannah parecía que sí,
por lo que la colocó en el disco, encontró el episodio correcto y pulsó
reproducir.
Y por alguna razón extraña e incomprensible, dejé de pensar en la
cosa fea en el fondo de mi mente. Reconocí su presencia, pero elegí
concentrarme en otra cosa. Como, en una adolescente luchando con
vampiros. Lástima que mi fealdad no fuera un vampiro que podría
estacar y acabar en cenizas. Eso haría las cosas mucho más fáciles.
Bam, estacado. Hecho.
Mientras que Buffy manejaba la enmarañada red de la escuela
secundaria y mataba vampiros con sus compinches fieles, Willow y
Xander y su vigilante, Giles, me pregunté lejanamente, si Dusty había ido
a la casa, y si era así, qué les habría dicho. No era como si pudiera
contarles toda la historia sin quedar mal, así que, ¿qué habría dicho? De
un modo extraño, no le mentí a Renee. Ahí estaba, con Hannah. Sí, no
trabajábamos en un proyecto, pero estaba donde dije que iba a estar.
Solo hice una parada en el medio.
Podría haber entendido que Dusty me mintió. Pero esto… no. Él no
lo superaría, si lo supiera. Nunca me lo perdonaría. Me odiaría. Era
mucho mejor que solo pensara que era un bicho raro que hacerlo saber
que era…
Sí, era mucho, mucho mejor que lo dejara pensar que era un
bicho raro.
—¿Tienes hambre? —preguntó Hannah—. Tengo Skittles y galletas
saladas, podemos saquear las galletas de lujo de mi compañera de
cuarto. Nunca lo sabrá. —Se metió en el armario de su compañera de
cuarto y sacó una bolsa de galletas Milano. No había comido de esas
en años.
Que Hannah mencionara comida me recordó que había dejado
todo el paquete de caramelos que Dusty me regaló. Fue una pérdida,
pero no era posible que fuera a tratar de recuperarlo.
Me dio la bolsa y saqué una de las galletas, tomó una para ella.
—¿Cuánto calzas? —Sabía que calzaba varios números más que
yo.
—Seis.
—Perfecto. —Se paró y rebuscó bajo la cama de su compañera
190
de cuarto, me dio un par de zapatos deportivos deslizantes—. Estos
deben funcionar.
—Um, ¿Hannah? No voy a robar los zapatos de tu compañera de
cuarto. Además, eso es un poco desagradable.
—Oh, por favor, nunca los usa y solo piensa en ello como comprar
zapatos en una venta de garaje. Salvo la parte de pagarlos. Necesitas
los zapatos en tus pies. Puedes traerlos de vuelta mañana o algo así.
Tenía razón. Se iba a ver loco si regresaba a casa sin mis zapatos.
Eso levantaría sospechas con Renee e iba a ser bastante difícil actuar
como si todo fuera normal, sin tener que preocuparme por mis pies.
Tomé los zapatos y me los puse. No eran tan diferentes de un par
mío, así que con suerte Renee no los notaría. Hannah cogió otra Milano
de la bolsa e hizo clic sobre el siguiente episodio de Buffy cuando oímos
un fuerte estruendo.
—¿Qué demonios? —Esperamos y luego sonó unos segundos más
tarde, solo que más cerca, como si alguien estuviera golpeando en
cada puerta en el pasillo.
—Debe ser una estúpida inspección. Mierda, mierda, mierda. —Se
puso de pie y rebuscó en su armario, para finalmente emerger con una
toalla—. Este es un microondas ilegal, pero siempre y cuando no lo
“vean”, no puedo meterme en problemas. —Tiró la toalla sobre el horno
de microondas, ajustándola de tal manera que estaba completamente
cubierto. Sería obvio para cualquiera y todo el mundo lo que escondía,
pero acepté su palabra.
El golpeteo continuó, cada vez más cerca. Hannah estaba en la
cuarta habitación al final del pasillo. En el momento en que el golpeteo
se acercaba, pudimos oír voces, pero no podía entender lo que decían.
Hannah dio una última mirada alrededor de la habitación y vio
por la mirilla segundos antes de que el golpeteo ocurriera.
—Oh —dijo, como si estuviera sorprendida.
—¿Qué es?
—Míralo tú misma. —Se movió a un lado justo cuando la persona
golpeó de nuevo.
Coloqué mi ojo en la mirilla y me encontré con nada menos que
con Dusty mientras decía: —¿Vive Hannah Gillespie aquí?
—Mierda —susurré, no lo suficiente fuerte para que escuchara.
Soltó una mala palabra y se trasladó a la habitación de al lado, vi
que llevaba el paquete de caramelos y mis zapatos en la mano que no
golpeaba las puertas. Golpeó en la de al lado e hizo la misma pregunta,
pero parecía que no había nadie en casa. 191
—Chica, tienes que ir a hablar con él antes de que alguien llame
a la seguridad del campus. En serio. —Hannah abrió la puerta y me
empujó hacia el pasillo, pero vino conmigo.
Dusty se giró cuando escuchó el ruido y miré sus ojos. Oh, Jesús H.
Cristo, mierda, mierda, mierda.
—Jos. —Caminó hacia mí, pero Hannah le bloqueó el paso y
levantó la mano para detenerlo.
—Escucha, amigo. No sé lo que pasó entre ustedes dos, pero lo
único que quiero saber es si le hiciste daño, porque te juro por Dios y
todo lo demás que, si lo hiciste, te haré comer tu propio pene.
Dusty no me quitaba los ojos de encima.
—No tengo idea de lo que pasó. Saliste corriendo de la nada y he
estado tratando de encontrarte. Sabía que o irías a la casa o vendrías
aquí, así que fui allí y no estabas, entonces supe que estarías aquí. ¿Hice
algo? Por favor, no puedo… —Soltó el paquete y éste golpeó el suelo,
pero la parte superior se quedó para arriba. Una mirada angustiada
cruzó su cara, y pensé que iba a llorar, pero no lo hizo—. Por favor, Jos.
Solo… no puedo soportar pensar que he hecho algo para lastimarte. No
podría vivir conmigo mismo.
Hannah quitó los ojos de Dusty y me miró.
—¿Quieres un poco de privacidad? Puedo buscarme otro lugar si
ustedes necesitan hablar. Pero creo que deberíamos mover esta fiestita
a otra parte. —Finalmente dejé de mirar a Dusty, me di cuenta de que
casi todas las puertas a lo largo del pasillo estaban abiertas y varios
pares de ojos nos miraban.
—No puedo. —Eran las dos únicas palabras que salieron de mis
labios. Dusty hizo un sonido de frustración y se dirigió hacia mí, como si
no le importara si Hannah siguiera adelante con su amenaza.
—Vale, vale, vamos a apaciguar esto —dijo, agarrando mis brazos
y los de Dusty, empujándonos de nuevo en su habitación—. Voy a irme.
Si estás en problemas, grita “Buffy” y voy a venir corriendo. —Cerró la
puerta detrás de nosotros, y la escuché gritar a los espectadores que se
ocuparan de sus propias cosas.
Retrocedí, tratando de poner mucho espacio entre nosotros, pero
él tenía las piernas más largas y se movió más rápido. Pensé que me iba
a agarrar, pero se contuvo en el último momento.
—Joscelyn. —Ahí estaba, la forma en que dijo mi nombre, lo hizo
sentir como si le estuviera haciendo el amor con su boca—. Por favor,
habla conmigo. —Su voz se quebró—. No puedo perderte. Así no.
Nunca lo había visto tan emocional. Tan roto. Siempre era tan
seguro, tan confiado.
192
—No eres tú, Dusty. Soy yo. —Y allí estaban. Las palabras más
frívolas y más usadas en exceso en la historia de las rupturas. Solo que
esta vez, eran ciertas. Era yo. Todo era yo.
—Lo dices por decir. Tiene que ser algo que hice. —Sus manos se
estiraron para agarrar las mías, y las puse a mis espaldas para no agarrar
las de él. Quería, más que nada, quería caer en sus brazos y oírle decir
mi nombre una y otra y otra vez hasta olvidarme de todo—. Solo quiero
sacártelo a la fuerza, pero no puedo. Por favor, por favor, dime. —Su
angustia era casi más de lo que podía soportar, así que cerré los ojos.
Tenía que pensar en algo. Rápido.
—Es que… me di cuenta que no iba a funcionar. No puede
funcionar. Tú y yo. Fue bonito mientras duró, pero no puedo hacerlo
más. Lo siento. Lo siento mucho. —Mi decisión de no llorar se derrumbó,
y lo perdí. Tanto que no pude soportar más, así que caí al piso, pero
Dusty me atrapó antes de que me golpeara. Traté de empujarlo, pero
sus brazos eran demasiado fuertes mientras se cerraban a mi alrededor
y me sujetaban firmemente.
—Oh, Joscelyn. ¿Qué te haces? —Empezó a mecerse mientras yo
sollozaba, y no podía luchar contra su abrazo. Se sentía demasiado
bien, que alguien me abrazara mientras lloraba. Pasé mucho por esto
sola, teniéndome solo a mí para consolarme.
Mis manos se aferraron a su sudadera y puso la suya sobre mi
cabeza, colocándola cerca de su corazón, que latía a un millón de
kilómetros por minuto.
—Hermosa, hermosa chica —dijo otras cosas, pero no le presté
atención.
Seguíamos en el piso, pero de alguna manera me levantó, me
llevó al futón y me acostó, acostándose a mi lado. Esta vez me acerqué
a él. Suspiró contra mi cabello, movió las manos arriba y abajo por mi
espalda. No de una manera sexual. Más como un amigo consolando a
una amiga.
Empezó a tararear, pero estaba demasiado cansada para darme
cuenta de qué canción era.
—¿Están viendo Buffy la Cazavampiros? —Las palabras casi me
sobresaltaron. Mi llanto se había reducido de una inundación a más una
ligera lluvia. Necesitaba un pañuelo, pero no estaba en condiciones de
buscar uno.
—Um, sí. —Mi voz se obstruyó con mucosidad y emoción sobrante.
—Sabes, nunca he visto esa serie. Sin embargo, he escuchado
que es muy buena. Me encantó Firefly. Joss Whedon4 es una especie de
genio.
—No la había visto hasta que Hannah me la mostró. Es bastante 193
buena, pero solo estoy en la primera temporada. Se hizo en los años ‘90,
por lo que las computadoras son enormes. —¿En serio hablábamos de
Buffy en este momento? Sí, en serio. Y de alguna forma, tenía completo
y total sentido estar hablando al respecto.
—Oh, ¿son galletas Milanos? —Dusty sacó la bolsa de debajo de
mí. Estaban ligeramente aplastadas ahora, pero eso no le impidió llegar
a la bolsa, sacar una y tendérmela—. ¿Quieres una?
¿En serio me alimentaba con galletas y hablaba de Buffy en este
momento?
—¿Qué estás haciendo? Hace cinco minutos pensé que ibas a
tener una crisis.
—Lo sé. Estuve cerca. Pero entonces la tuviste tú, y eso era más
importante. Siempre eres más importante. No puedo tener una crisis
cuando me necesitas.
—¿Quién dice que te necesito?
Ni siquiera parecía herido. —Solo come la galleta, pelirroja.
Así que comí un bocado y él metió el resto en su boca, luego
elegí otra e hicimos lo mismo, vimos Buffy y comimos galletas. No tuvo
ningún sentido, y al mismo tiempo tenía todo el sentido del mundo.

4 Creador de Buffy la Cazavampiros y Firefly.


194
19
Traducido por Julie
Corregido por Jasiel Odair

Para el momento en que las galletas desaparecieron, mi cara


estaba seca y un poco irritada y me dolía la cabeza. Dusty continuaba
sosteniéndome, y recordé que Hannah seguía esperando en el pasillo.
—Oh, Dios mío. Nos olvidamos de Hannah. —Dusty reajustó los
brazos alrededor de mí.
—Está bien. No hay necesidad de preocuparse por ella. —Mi nariz
seguía tapada y sorbí—. Por aquí —dijo, tanteando algo y encontrando
una caja de pañuelos en el suelo bajo el futón. Tuvo que soltarme para 195
encontrarlos, y tan pronto como sus brazos me dejaron, noté que quería
recuperarlos—. Aquí tienes. —Me dio uno y me soné la nariz. No era lo
más sexy, pero ya me había asexuado tanto como fue posible. Sabía,
sin tener que buscar en una superficie reflectante, que mi cara estaba
manchada como si tuviera algún tipo de enfermedad y definitivamente
me resultaba más difícil abrir y cerrar los ojos que hace un tiempo—.
¿Necesitas un poco de agua? Puedo ir a traerte.
Sí necesitaba, pero no quería que se fuera, así que sacudí la
cabeza.
Dusty volvió la cabeza y gritó: —¡Buffy!
Un segundo después, la puerta se abrió de golpe.
—Esa es su palabra, pero vine, por si acaso —dijo Hannah—. Veo
que estás mejor.
—¿Puedes traer un poco de agua?
—Por supuesto. —Agarró una taza roja de una pila en su armario y
echó a correr. Regresó en un instante con una taza de agua fría—. Grita
si necesitas cualquier otra cosa. —Fue a su estantería, tomó algo y se
fue de nuevo, cerrando la puerta detrás de ella.
Me bebí el agua, derramando un poco.
—Si tenías tanta sed, deberías haber dicho algo.
—No quería que te fueras a ninguna parte —le dije, terminando el
agua y entregándole la taza. Él me limpió la cara con otro pañuelo.
—No voy a ninguna parte. Ni aunque lo intentes. Otra vez no.
Me encantaba oírle decir eso al mismo tiempo que lo odiaba.
—No podemos, Dusty. Simplemente no podemos. —Ahora era yo
la que decía que no.
Puso un dedo en mis labios para que dejara de hablar.
—En este momento no, pelirroja. Más tarde. Por ahora, ¿puedo
disfrutar de estar aquí, rodeándote con mis brazos?
Asentí. Yo también lo disfrutaba.
—Si quieres dormir, está bien. Cierra los ojos. —Lo hice y él empezó
a tararear de nuevo.
Escuché y mantuve los ojos cerrados. Sabía que podía hacer
beatbox como el mejor, pero no sabía que podía cantar, cantar. Dusty
Sharp, un hombre de muchos talentos. Me permití hundirme en su voz y
sus brazos, porque pronto, tendría que encontrar alguna manera de salir
de esto. Pero por ahora, iba a saborear este último momento de
perfección. Tendría que durarme durante mucho tiempo.

196

—Oh, mierda, mira afuera —dijo Dusty cuando me desperté. Me


había dormido profundamente y sin sueños, y me desperté cuando la
luz en la habitación de Hannah se volvió oscura. Miré por la ventana,
que se hallaba parcialmente cubierta con lo que parecía una cortina
de ducha. El mundo estaba oscuro, pero también cubierto de nieve. Por
su aspecto, había varios centímetros y se acumulaba rápidamente.
Mierda por dos.
—Renee dijo que iba a nevar, pero tenía la esperanza de que la
gente del clima se equivocara. Es decir, no es como si pudieran predecir
el futuro —le dije, frotándome los ojos.
—Es cierto. Probablemente deberíamos llevarte a casa. —Empezó
a moverse, pero me aferré a él para detenerlo.
—En realidad no es tan malo.
—Joscelyn —dijo Dusty, dándome una mirada—, no voy a dejar
que conduzcas así. Imposible. Así que puedes rendirte ahora y dejar que
te lleve, o podemos pelear un poco más por esto y luego puedes
rendirte y dejar que te lleve. La elección es tuya.
Rodé los ojos.
—Puedo llamar a Mase si vas a ponerte molesto. Tiene un camión
quitanieves. Probablemente también estaría dispuesto a llevarte.
—No, está bien. Te sorprenderías de lo bien que mi coche anda
en la nieve.
—¿Así que puedes evitar que yo conduzca en la nieve, pero yo
no puedo impedírtelo a ti? ¿Mucho doble criterio?
—Bien, bien. Pero si recibo una multa, te hago personalmente
responsable —dijo, besándome. Esta era la primera vez que me besaba
desde que lloré. Y me permití ceder porque se sentía muy bueno, y si
este iba a ser nuestro último beso, haría que valga la maldita pena.
—Tu boca está toda salada y achocolatada —dijo, sonriendo
mientras me besaba.
—¿Eso es malo?
—No, está bien.
Y no hablamos durante un rato después de eso. Sus manos y las
mías se movían hacia arriba, debajo y entre nuestra ropa, en busca de
contacto con la piel. Los dos estábamos un poco indecisos, él porque
probablemente no quería presionarme después de que estuve llorando
y yo porque tenía miedo de dejarme llevar demasiado.
Me encontraba muy, muy cerca de mandar todo a la mierda y
arrancarle la ropa y la mía, a pesar de que esta era la habitación de
197
Hannah y ella se encontraba fuera y sus vecinos probablemente nos
oirían. Por fin encontré algo para ahogar las partes malas de mi mente.
La gente había estado usando el sexo durante siglos como un escape.
¿Por qué me tomó tanto tiempo darme cuenta de que también podría
funcionar para mí?
—Dusty —le dije, alejándome de su boca.
—Oh, pelirroja. Tenemos que parar, a pesar de que no quiero. Esto
no está bien. En este momento no, por más que seguramente puedes
notar que lo quiero. —Sí, me di cuenta. Mucho—. Esta es la cama de
Hannah y simplemente no es el momento adecuado. No quiero ir más
lejos así. Quiero que sea porque ambos sabemos que es lo correcto.
—¿Por qué eres tan caballero?
—No dirías eso si me hubieras conocido hace un año. —Y así
como así, la mención de lo que solía ser, apagó todos los buenos
sentimientos. ¿Qué estaba haciendo? Me alejé de él.
—Voy a llamar a Mase. —Me levanté y pasé por encima de él,
agarrando mi teléfono del escritorio de Hannah. Dusty me siguió,
moviendo mi camisa a un lado para poder besarme el cuello. Traté de
ignorarlo cuando me di cuenta de que tenía un millón de llamadas
perdidas de él y Renee.
—Oye, ¿qué pasa? —pregunté, sabiendo muy bien que Renee
iba a enojarse conmigo.
—¿Dónde diablos has estado? Te he llamado una y otra vez. La
nieve está cada vez peor, así que creo que deberías venir a casa. Si no
me contactabas dentro de diez minutos, iba a enviar a Mase para que
te buscara.
—Lo siento. Murió mi batería, y no pude encontrar mi cargador así
que tuve que utilizar el de Hannah.
Ella suspiró y Dusty siguió besándome. Maldita sea, eso era una
distracción. Estiré la mano y le di un golpecito, dándole en la nariz y
también hincándole el ojo.
—Ay —dijo, alejándose de mí.
—Lo siento —murmuré.
—¿Qué fue eso? —Renee se encontraba instantáneamente en
alerta.
—Nada, se me cayó algo. —Esperaba que se lo creyera.
—Está bien, bueno, Mase está saliendo ahora.
—Vale, adiós. —Colgué y me di la vuelta—. Eres malo. Renee sin
duda te oyó. —Levantó la vista de mi cuello.
—¿Y? Voy a decirle que he venido aquí para saludarte. Me tomo 198
en serio mis labores de protección. —Sonreía, pero yo no creía que
fuera muy divertido.
—No es el mejor momento para mencionar eso, Dusty. —Me alejé
de él y junté el resto de mis cosas—. ¡Buffy! —grité y Hannah entró
corriendo.
—¿Qué pasa?
—Nada. Me preguntaba si eso me funcionaría también. Mase va
a venir a buscarme con el camión. ¿Podrías convencer a Dusty para
que deje que Mase lo lleve?
Se acercó a la ventana y miró afuera. El viento azotaba la nieve
blanca espumosa, y la acera normalmente bulliciosa se hallaba vacía
de gente.
—Maldita sea. Se ve bastante peligroso por ahí. No me gustaría
conducir a ningún lugar.
—Vivo en Old Town. Prácticamente podría caminar si tuviera que
hacerlo —comentó.
—Puedes rendirte ahora, o podemos pelear por esto y luego vas a
rendirte —dije, devolviéndole sus palabras. Toma eso.
Él levantó las manos. —Bien, bien. Soy muy malo en decirte que
no, pelirroja.
—Así es como debe ser —dijo Hannah, asintiendo y acariciando a
Dusty en el hombro—. Tu mujer siempre tiene la razón. Incluso si no la
tiene.
Mase me envió un mensaje cuando se encontraba en frente del
edificio. Hannah se ofreció a mantener mi cubo de dulces a salvo para
mí, porque no había manera de que pudiera explicar eso y que nadie
sospechara.
—Lo juro, no voy a tocarlo. Esos caramelos están contaminados.
—Ella hizo una mueca y lo empujó hasta el fondo de su armario.
—Bien, porque encontraría una forma muy creativa y dolorosa
para asesinarte si algo les sucediera.
—Mensaje recibido.
La tormenta estaba en modo de furia cuando llegamos abajo.
Ajusté mi capucha alrededor de mi cara y Dusty hizo lo mismo.
—¿No tienes un abrigo de invierno?
—Como que salí corriendo de la casa, pelirrojao. No tuve tiempo
para considerar el atuendo adecuado.
Oh. Cierto.
Los dos corrimos hacia el camión, y Dusty me alzó para que me
metiera y sentara en el centro. 199
—Oye, hombre, ¿qué haces aquí?
Dusty sonrió de una forma casual. —Solo vine a ver a Jos y quedé
varado por esta tormenta loca. ¿Te importaría darme un aventón hasta
mi casa?
—No hay problema. —Mase me lanzó una mirada, y me pregunté
si tal vez mi cara seguía enrojecida por el llanto. Hannah y Dusty me
aseguraron que no era así, pero nunca se sabía.
Mase condujo con confianza por las calles cubiertas de nieve, y
antes de darme cuenta, nos encontrábamos en casa de Dusty.
—Nos vemos, hombre —saludó Mase, girando la cabeza como si
estuviera viendo algo fascinante en la dirección opuesta. Sutil.
—Sí, gracias por traerme.
Dusty me miró, y vi en sus ojos que quería darme un beso de
despedida, pero eso no era posible con nuestra situación actual.
—Adiós, pelirroja. Nos vemos luego.
—Nos vemos —le dije. Una vez más, una despedida floja. Casi le
dije que saludara a Napoleón de mi parte, pero eso habría sido como
admitir que había estado en su casa y entonces habría un montón de
preguntas que no podía responder.
Justo antes de que se bajara del asiento, me agarró la mano y la
apretó con fuerza, una vez. Le regresé el apretón, me soltó y suspiré
mientras él cerraba la puerta y un poco de nieve se arremolinaba
dentro del coche. Lo vi caminar a la parte trasera del edificio, subir los
escalones y la luz automática destelló cuando casi llegó al último.
Saludó una vez y luego cerró la puerta.
Mase tosió y subió el volumen de la radio.
—Ten cuidado —dijo.
—¿Cuidado con qué? —Seguía mirando el apartamento de Dusty
mientras nos alejábamos.
—Creo que lo sabes —contestó Mase, y encontré su mirada en la
cabina oscura de la camioneta.
—Por favor, no digas nada. —No necesitaba que Renee lo
descubriera y perdiera los estribos tal como sabía que pasaría. Además,
iba a terminar las cosas con Dusty antes de que incluso comenzara, por
lo que no habría nada por lo qué enloquecer. Habíamos acabado. Se
terminó. Claro, todavía pasaría el rato con él cuando se encontrara en
la casa. Era más o menos inevitable, pero no me tomaría las molestias
para estar a solas con él, y si intentaba algo, solo seguiría diciéndole
que no era posible. Con el tiempo, encontraría a alguien más. Alguien
que no estuviera dañada emocionalmente.
200
Alguien que no fuera responsable de que su hermano estuviera
muerto.
20
Traducido por Issel, Ann Farrow, Nats & Annie D
Corregido por SammyD

Pensé que Renee iba a abalanzarse sobre mí cuando entré a la


casa.
—Nunca vuelvas a hacerme eso —exigió, casi exprimiéndome.
Cristo, era como si hubiese ido a la guerra o algo así. Hice cosas mucho
más peligrosas que esto, cosas que sabía, pero eso no evitó que me
diera un buen y minucioso sermón sobre mantener mi teléfono cargado
y no hacer cosas en tormentas de nieve. Vivíamos en Maine, así que eso
significaba que no tenía permitido hacer nada durante al menos la
mitad del año. Escuché y esperé que no saltara algún vaso sanguíneo 201
hasta que terminara.
—Así que, ¿cómo les fue con su proyecto? —dijo, cambiando de
tema tan rápido que me hizo girar la cabeza abruptamente. Mierda.
Llevé mi bolso, junto con mis medias, al apartamento de Dusty y olvidé
recogerlo cuando salí corriendo.
—Mierda, olvidé mi bolso —dije.
—Vale, puedo llevarte a casa de Hannah mañana en la mañana
y puedes recogerlo. Oye, quizás esto se ponga tan malo que cancelen
las clases. —Sonaba algo decepcionada de que nos cancelarían las
clases. Recordaba sentirme de esa forma.
—No, está bien. Solo voy... a buscarlo cuando pueda. —No podía
dejar que me llevara a casa de Hannah porque mi bolso no estaba allí.
Oh, en que red tan enredada me atrapé yo sola.
—¿Segura?
—Sí. —Entré en la sala solo para no tener que verla y ya no
mentirle en la cara.
Todos los demás veían el clima.
—No hay un buen pronóstico para mañana, chicos —avisó Taylor.
El chico del clima gesticulaba locamente y utilizaba palabras como
fuertes tormentas, escuelas cerradas, cortes de energía y condiciones
de ventisca. La cinta en la parte de arriba de la pantalla ya brillaba con
escuelas que cerraban y juegos de bingo siendo cancelados.
—No van a cerrar. ¿Recuerdas esa vez el año pasado cuando
tuvimos casi un metro y todos tuvieron esos accidentes porque se
negaron a cancelar? —comentó Hunter.
—Voto porque hagamos apuestas —dijo Taylor—. ¿Quién piensa
que van a cerrar mañana? —Alzó su mano, y Darah, Paul y yo también
levantamos las nuestras—. ¿Entonces el resto cree que no lo harán? —
Todos asintieron.
—Bien, los perdedores tienen que llevar a los ganadores a cenar y
beber, y pagar la cuenta. ¿Trato hecho?
—Trato hecho —contestamos todos.
—Lo tenemos —dijo Taylor, levantando su mano para chocar los
cinco. Le choqué y me senté al final del sofá para ver al hombre del
tiempo divagar y divagar, y esperaba que las clases fueran canceladas.
De esa manera tendría más tiempo para descubrir qué hacer con la
situación del bolso.
Esto también me daría algo de tiempo para bajar, alejada de
todos los demás, y pensar en qué diablos iba hacer con Dusty para que
dejara de perseguirme. Esto comenzaba a sentirse más y más como el
guión de una muy mala película adolescente, excepto que la mía no 202
terminaría con un épico beso lento y una canción matadora sonando
de fondo.

Por solo la segunda vez ese invierno, las clases fueron canceladas
mientras Maine era golpeada con una de las peores tormentas que vio
en años. Era aún peor de lo que predijeron, y el estado llegó a un punto
muerto cuando todo el mundo se quedó tranquilo y permaneció cerca
de casa. Mase fue el único que salió, ofreciéndose a quitar la nieve,
despejando algunas de las carreteras de los vecinos ya que sus chicos
quitanieves aún no aparecían.
El resto de la casa durmió, excepto por mí. Me encontraba
despierta, brillante y temprano como resultado de apenas dormir algo
la noche anterior. Esa siesta con Dusty también me jodió mi horario de
sueño.
Me escribió varias veces preguntando si llegué segura a casa. Le
respondí que sí, y trató de iniciar una conversación e incluso llamarme,
pero lo ignoré. ¿Por qué me dificultaba tanto esto? Sería muchísimo más
sencillo dejarlo ir si hubiese hecho algo horrible, como engañarme.
Si no fuese tan... él, las cosas serían mucho más sencillas. Cuando
decidí romper con Matt, las cosas fueron tan claras, tan simples. Tuvimos
una conversación racional, unas pocas lágrimas y solo un poco de
arrepentimiento. Dusty era algo totalmente distinto.
La otra cosa que hice fue buscar en mi memoria para sacar a
relucir cualquier mención que Nathan hubiera hecho de su hermano.
Sabía que tenía un hermanastro que vivía en Maine del que habló más
de una vez, pero nunca vi una foto del chico, y Nathan siempre lo llamó
Buzz. Me sentí casi estúpida por no hacer la conexión, pero no tenían el
mismo apellido, aunque compartían el mismo padre. Dusty debía haber
recibido el apellido de su madre.
Nathan siempre habló cariñosamente de su hermano pequeño,
deseando que vivieran más cerca para verlo todo el tiempo. También
dijo que su hermano era salvaje, y pensando en el pasado, recordé
algo más de las historias que me contó sobre él.
En ese momento, no sabía lo importantes que eran, así que no las
archivé como tales. Si no hubiera sido tan idiota, tal vez lo hubiera visto
antes y hubiera detenido todo esto en seco. Pero no. Tuve que esperar
hasta que decidí que me gustaba Dusty y quería verlo desnudo y “juntar
nuestras partes” como Hannah tan inelegantemente dijo. La vida tenía
que fastidiarme, pero me lo merecía.
Eso era lo que tenía más sentido en todo esto. Que merecía tener 203
esto que tanto quería, colgado frente a mi cara. Esto que nunca podría
tener. Era el karma en su mejor forma. Lo que debería hacer es aceptar
mi castigo en silencio estoico y seguir adelante. A qué, no lo sabía, pero
no podía quedarme donde estaba. Algo tenía que cambiar, por mí y
por Dusty. No podía apegarse a una chica que nunca podría tener. Eso
no era justo para él.
Hundí mi cabeza en la almohada y grité varias veces, pero eso
hizo poco para ayudarme, por lo que subí a buscar otra taza de té.
Consumía la cosa como si fuese una droga y yo una drogadicta. Me
hallaba de camino a la cocina cuando alguien llamó mi nombre desde
la sala.
—¿Jos? —Por supuesto que se encontraba aquí. Dusty Sharp era
como el servicio postal. Nada, ni la lluvia ni la nieve ni el hecho de que
lo ignorara evitarían que viniera a la casa.
Actúa normal, actúa normal, actúa normal.
—Oh, hola, Dusty. Una locura de clima el que tenemos, ¿no?
Eso fue lo opuesto de normal, Jos.
Me dio una mirada extraña por un segundo y luego se puso de
pie del sofá y tomó mi bolso de donde estuvo colocado en el suelo.
—Un amigo me llevó al campus para recoger mi carro, y pasé
para ver a Hannah y me dio tu bolso. Pensé que podrías necesitarlo, así
que te lo traje. —Me hallaba dividida entre pensar que eso era muy
lindo o estar furiosa porque estuvo conduciendo en este clima solo por
mi estúpido bolso.
—No debiste haber hecho eso —dije, bastante consciente de que
todos me miraban y tenía que mantener esto bajo perfil.
—Lo sé, pero ya había salido, así que me pregunté: ¿por qué no?
Las carreteras en realidad no están tan malas. —La nieve aun caía, pero
ni siquiera se comparaba a antes, y los quitanieves y camiones de arena
estaban probablemente fuera trabajando, así que era menos peligroso
que anoche, pero aun así. Me hallaba dividida entre querer hacerlo a
un lado para así gritarle, y no querer que supiera cuanto me importaba.
Porque si lo hacía, no habría forma de deshacerme de él.
¿Por qué no podía solo golpearlo y correr como si tuviera cinco y
estuviéramos en el parque de juegos? Haría mucho más fáciles las
cosas.
Me acerqué y tomé mi bolso de él.
—Gracias, Dusty. En serio, en serio no tenías que hacerlo.
—Lo sé —contestó suavemente, y sus ojos se suavizaron incluso
más. Malditos esos ojos. Hipnóticos—. Pero lo hice por ti —lo dijo tan bajo
que nadie pudo oírlo.
—No —dije suavemente, incluso más bajo mientras meneaba mi 204
cabeza solo una fracción.
—Bueno, creo que la tarde nos invita a una pelea de nieve,
construcción de muñecos de nieve y chocolate caliente. ¿Quién se
apunta? —preguntó Taylor, parándose de un salto.
—Me apunto —dijo Hunter, levantándose, también. Dos segundos
después, todos los demás se pusieron de pie y corrieron a colocarse sus
botas, guantes, gorros y todo lo demás.
—¿Juegas? —me preguntó Dusty, con su cara iluminada, seguro
viendo una oportunidad para coquetear conmigo.
Bueno, en realidad no podía decir que no. Todos los demás se
lanzaban a esto como si hubiésemos revertido al estado de niñez. Mase
colocó un gorro en la cabeza de Darah y lo tiró hacia abajo para que
no pudiera ver, y ella luchó con él para tratar de levantarlo de nuevo
antes de que la besara y se diera por vencida.
Suspiré y me uní a todos junto a la puerta para recoger mis cosas
de invierno.
Dusty se inclinó y sostuvo mis botas para que pusiera mis pies. Ya
tenía las suyas puestas. El resto de la casa se encontraba demasiado
ocupado para darse cuenta, así que aproveché mi oportunidad para
hablar con él.
—No necesito ayuda.
—No te enojes conmigo. Sabía que necesitarías tu bolso, y no
podías ir a buscarlo, así que te lo traje. Ojalá pudiéramos hablar. ¿Crees
que, quizás, pueda venir más tarde? —Habló bajo y rápido, como si
estuviera haciendo planes para robar un banco o algo así.
—No creo que esa sea una buena idea. Solo divirtámonos ahora y
podemos lidiar con esto después, ¿bien? —Sonreí y seguí a todos los
demás afuera. Hunter y Taylor ya formaban ángeles de nieve, y todos
escogían lados para una pelea de bolas de nieve.
—Chicos contra chicas —propuso Mase.
—Uh, no lo creo, amigo —dijo Renee—. Tienes como dos veces la
fuerza que Taylor y yo. Es una ventaja injusta.
—No es eso... ¿antifeminista? —preguntó Mase.
—Estoy perfectamente bien con el hecho de que tú, amigo mío,
tengas músculos que son más grandes que los míos, y puedan levantar
objetos más pesados —dijo Taylor—. Así que si hacemos chicos contra
chicas, tendremos a Mase para equilibrarlo.
Hubo un mutuo acuerdo con este plan, y Dusty me guiñó un ojo.
—Nada de piedad, pelirroja. Sácalo.
Por supuesto, en orden de tener esta pelea propiamente, tuvimos 205
que hacer trincheras y paredes, y esta fue una gran producción de la
que Mase se hizo cargo y Renee trató de hacerse cargo.
No quería estar aquí afuera jugando en la nieve. Quería estar en
mi sótano a donde pertenecía, odiándome a mí misma.
Guao, eso sonó bastante emo. Era bueno que nadie pudiera leer
mi mente, o además estarían bastante preocupados por mí.
—¡Vale! Listos, preparados, ¡Vamos! —gritó Mase como si fuese un
vikingo atacando en una batalla y las chicas y yo lo seguimos mientras
atacábamos al resto de los chicos. Unas bolas blancas de destrucción
volaron y se estrellaron mientras las personas gritaban y trataban de
esquivarlas, recuperarse de los golpes y hacer nueva munición, todo al
mismo tiempo. Me quedé en la parte de atrás, pero Dusty no me dejaría
quedarme en eso.
—Vamos, pelirroja. Veamos lo que tienes. —Comenzó a lanzar
bolas con alarmante precisión que se estrellaban en mis piernas y luego
en mi estómago. Yo lanzaba una bola por tres de él, y continuaba
acercándose y presionándome—. ¡Enséñame lo que tienes! —Oh, eso
era todo. Mi cabello era rojo, y sí, tenía temperamento, y sí, me sacó de
mis casillas. Tomé algo de nieve, hice una bola con ella y la lancé con
tanta fuerza y precisión como me fue posible.
Sí. Golpe directo. Justo en su corazón. Bajó la vista sorprendido, y
asintió.
—Muy bien, bien. Ahora estamos hablando. —Mase se hallaba
ocupado tratando de derrotar a Hunter mientras que Darah y Taylor
conspiraban contra Paul. Era una pelea un poco injusta porque Taylor lo
sostenía de sus rodillas y luego Darah se volvía loca en su torso. Hicimos
la regla de “no en la cara”, pero se acercaba bastante a romperla.
Lancé otra bola a Dusty, y la esquivó. Me lanzaba una, y yo hacía
lo mismo. Bailábamos alrededor el uno del otro, tratando de engañar al
otro y sacarlo de balance.
—¿A dónde vas? ¿A dónde vas a irte, pelirroja? —Trataba de
meterse en mi cabeza, pero por mi experiencia sabía que el silencio era
más enervante que lanzarle palabras inservibles.
Los dos hicimos círculos alrededor del otro y casi oía la música del
lejano oeste en el fondo. Dusty seguía embistiendo y yo continuaba
siguiéndolo. La batalla se descentralizó a nuestro alrededor en personas
tratando de empujar a otros en la nieve, y haciéndose cosquillas sin
piedad.
—Voy a atraparte, pelirroja. Vas a caer.
Finalmente decidí hablar.
—Oh, ¿sí? 206
—Sí —contestó, e hice mi movimiento, cargando hacia adelante y
tomando sus rodillas. Cayó de espalda, y si no hubiese habido al menos
un pie de nieve en el suelo, podría haberse lastimado algo, pero tenía
un colchón mientras yo aterrizaba sobre él, sosteniendo sus hombros.
—Gané —dije, sonriéndole ampliamente. Había metido mi cabello
debajo de mi gorro, pero comenzaba a salirse y colgar entre nosotros
dos. Me di cuenta, muy tarde, que me senté a horcajadas sobre Dusty, y
si estuviéramos desnudos, estaríamos en una posición comprometedora.
Qué bueno que teníamos unas cuantas capas puestas. Por supuesto,
esas capas no evitaron que lo sintiera ponerse duro debajo de mí, así
que rodé de encima de él, hacia mi espalda.
Ambos jadeábamos un poco mientras todo el mundo se rendía y
se sentaba o acostaba en la nieve.
—Ganamos nosotros —dijo Mase, lanzando su puño en el aire.
—Lo que sea —contestó Hunter, tirando nieve en su rostro. Chicos.
Dusty se volvió sobre su costado.
—¿Disfrutaste eso tanto como yo?
—No lo creo. —Me alejé.
—Sé lo que haces, y no va a funcionar.
—¿Qué hago?
Se acercó más y avancé hacia atrás. Si continuábamos así, nos
moveríamos al otro lado del patio.
—Alejarme. Es bastante evidente. Sabía que tenías un poco de
equipaje cuando te conocí, pero no voy a dejar que se interponga
entre nosotros. No eres tu equipaje, Joscelyn. —¿Por qué? ¿Por qué
tenía que decir mi nombre de esa manera? Saben, si no tuviera una voz
tan deliciosa, probablemente sería mucho más fácil decirle que no.
Oh, Dusty. No tienes ni idea de mi equipaje. De un modo extraño,
mi equipaje era suyo. Ahora entendía por qué era tan cerrado. Perdió a
su hermano, y eso probablemente lo golpeó muy duro. Eso era equipaje
fácil. Simple. Una maleta que cabía en cualquier compartimiento. El mío
era un maletero. Uno enorme, pesado con unas cuarenta cerraduras
diferentes. Con cadenas envueltas alrededor. Al igual que el tesoro del
pirata.
Interrumpió mi imagen del equipaje.
—Deja que te ayude. Déjame ayudarte a llevarlo. Podemos hacer
esto juntos, Jos. Quiero estar contigo.
Miré sus ojos verdes que eran tan brillantes al lado de la blancura
de la nieve, y dije las palabras que me cortaron como un cuchillo.
—No quiero estar contigo. Lo siento. No te veo de esa manera. — 207
Una vez le dije que sus pantalones estaban en llamas por su mentira,
pero esta vez los míos se encontraban definitivamente ardiendo.
Esperé su reacción. Que se sorprendiera, se enojara y saliera
hecho una furia.
No lo hizo. En cambio, hizo un movimiento rápido y se lanzó hacia
adelante y me besó. Me di cuenta un segundo demasiado tarde lo que
sucedía, y para entonces ya era demasiado, demasiado tarde.
Mis labios me traicionaron.
Conocían los labios de Dusty, y eran felices de reunirse con ellos
de nuevo. Fue una gloriosa reunión, por lo menos para mis labios. Se
regocijaron y atacaron sus labios con una desesperación que no sabía
que era capaz de sentir. Mi cerebro luchaba por la supremacía sobre
mis labios, pero en realidad, los labios tenían… ¿la ventaja?
Dejé de pensar cuando Dusty tomó mi rostro y saboreé la nieve
derretida en su boca, y a pesar de que la nieve se deslizaba por mi
cuello y debajo de la chaqueta, no me importó una mierda.
Un sonido nos hizo saltar, apartándonos como si alguien hubiera
disparado un arma en el aire.
—¡Qué demonios! —La voz de Renee se escuchó justo encima de
nosotros. Dusty y yo levantamos la vista, los rostros todavía lo suficiente
cerca para besarnos. O seguir besándonos. O hacerlo, que es lo que
hacíamos—. ¿Es en serio, joder?
Dusty se recuperó primero, poniéndose de pie, y me levanté
apresurada detrás de él.
—No es lo que piensas… —dijo Dusty al mismo tiempo que dije—:
No es su culpa.
—Entra, Joscelyn. Hablaré contigo más tarde. —Señaló la casa
con el dedo como si fuera una niña que hubiera arruinado el florero. Sí,
no lo era, y me cansé que me sermoneara, me dijera qué hacer y me
tratara como si ya no tuviera control de mi propia vida.
—No. No entraré. No tengo cinco años, y no eres mi madre. Tengo
casi diecinueve años y controlo mi propia vida. Si quiero besarme con
Dusty en el jardín delantero, puedo. Hasta ahora no me emborraché, ni
me drogué, ni falté a clases ni rompí el toque de queda. Sí, hice esas
cosas, pero ya no las haré nunca más. Te respeto, respeto tu casa y tus
reglas. Así que deja de juzgarme por mis errores del pasado.
En realidad, no hablaba sobre Dusty. De hecho, que Renee se
enojara conmigo por pillarme besándolo me dio la razón perfecta para
alejarlo, pero que me condenaran si me iba a hablar así delante de
todos.
—Joscelyn, solo entra a la casa así podemos discutir esto. —No se 208
echó atrás. Trataríamos el asunto, pero preferiría hacerlo solo con ella
que delante de todos. Así que fui pisoteando tanto como pude mientras
pasaba por la nieve, los escalones del pórtico hasta la casa. Oí a Dusty
tratando de decirme algo y luego a Renee, pero no escuché cuál fue su
respuesta. Realmente no la necesitaba. La podía imaginar.
Me quité las botas y la chaqueta, y las dejé secar cerca de la
puerta así no arrastraría el agua por toda la casa. Me apresuré para
volver a mi cueva cuando la puerta se abrió y me encontré con el rostro
serio enojado de Renee. Este era un nivel de amenaza por encima de su
rostro enojado normal. De hecho, se hallaba cerca de la cara que me
hizo cuando le dije accidentalmente a Paul que ella pensaba que se
encontraba embarazada en aquella época. No lo estaba, pero nunca
olvidé la mirada que me dio cuando se enteró de que le dije.
—No vas a escapar de mí, Joscelyn Meridith Archer. Vamos a
sentarnos a hablar, y voy a dejar que hagas nada hasta que arreglemos
esto y expongamos todo. Siéntate. Ahora.
Señaló el sofá y no tuve más remedio que colocar mi trasero en él.
Renee no jugaba.
—Bien, qué tal si empezamos con lo obvio. ¿Qué haces besando
a Dusty?
—¿Hay alguna regla en contra de besarlo? Porque nunca accedí
a eso cuando me mudé.
—No te atrevas a ponerte descarada conmigo. No me encuentro
de humor para eso.
Se sentó en el sillón y esperó.
—Bien. Lo besaba porque me besó. ¿Alguna vez has tratado de
evitar un beso una vez empezado? No es tan fácil.
—¿Querías besarlo?
La respuesta era sí y no. Más sí que no, pero realmente necesitaba
que Renee creyera en el no. Si pensaba que me había obligado, de
cualquier manera, se iría para siempre. Pero ¿podría realmente hacerle
eso a él? ¿Dejarla que piense que de alguna forma él se aprovecharía
de mí? El resultado sería mejor a largo plazo, ¿pero para quién? Dusty
nunca tendría permitido acercarse a un radio de quince kilómetros de
la casa. Si él y Hunter querían pasar el rato, tendrían que ocultarlo mejor
que un romance ilícito. ¿Y si Renee se enterara?
No, sin duda no podía hacer eso. No odiaba a Dusty. No quería
que sufriera, razón por la cual tenía que sacarlo de mi vida.
—Sí —contesté en voz baja.
—¿Hace cuánto sucede esto? —¿La respuesta real? Desde que
me ayudó con esa maldita máquina expendedora. Si pudiera volver
atrás en el tiempo, me habría quedado en el pasillo y no cedido a mi
antojo de dulces. Pero eso podría causar una guerra nuclear o algo así, 209
de acuerdo con el efecto mariposa, así que tal vez no sería una buena
idea. Mi vida fue alterada por una maldita máquina expendedora.
Lo que dije fue: —No tanto tiempo.
—¿Qué pensabas, Jos? —Mi intención fue hacerme la ignorante
sobre todo el asunto de la protección de Dusty, pero mi resolución se
vino abajo muy, muy rápido.
—¿Qué esperabas que pasara cuando le dijiste que me “cuidara”
como un protector/acosador espeluznante? ¿Qué pensabas tú? —Mis
palabras tuvieron el efecto deseado de poner pálida a Renee.
—¿Cómo lo supiste?
Lancé mis manos arriba en señal de frustración. —Porque me lo
dijo. Si alguien tiene el derecho de estar enojado y gritar aquí, soy yo.
¿Por qué demonios hiciste eso, Renee? —No era mi intención, pero me
puse de pie y el volumen de mi voz se elevó hasta que gritaba. Me
encontraba tan enojada con ella.
También se puso de pie.
—¡Porque no sabía qué más hacer! No me diste muchas opciones.
Fue bien o venir aquí o enviarte a vivir con mamá, y sabía que no sería
bueno para nadie, así que dije que podías venir aquí, y Dusty comenzó
a venir y me contó todo sobre su pasado sombrío y cómo llegó a
calmarse. Pensé que tal vez podría ayudarte, que verías que podías
volver atrás, podrías ser mi hermana de nuevo…
La interrumpí.
—¿Así que dices que ya no soy tu hermana? ¿Hablas en serio?
¿No puedo ser tu hermana porque cambié? No es así como funciona la
familia, Renee. Se aman sin importar nada. No importa lo mucho que
cambias. ¿Así que dices que ya no me quieres? —Estaba justo en frente
de ella y vi el efecto que tuvieron mis palabras. Su rostro se encontraba
tan impactado que bien podría haberla abofeteado.
—Siempre te querré, pero no te conozco. No sé cómo hablar
contigo. No sé qué decir ni qué hacer... —Su barbilla tembló y lágrimas
empezaron a correr por su rostro—. Siempre, siempre te amaré. Eso
nunca estuvo en duda. ¿Cómo puedes pensar que no te quiero, Jos?
Se arrojó sobre mí y me vi obligada a tomarla y abrazarla mientras
comenzaba a sollozar. Este era un territorio nuevo para mí. Renee nunca
se emocionaba así. Era mucho más de gritar y gritar para mostrar sus
emociones. Solo podía recordar un par de veces en que lloró. Una fue
cuando rompió con Paul. Fue como un despojo después de eso, pero
trató de ocultarlo llorando sola en la ducha. Pero era su hermana, así
que sabía lo que pasaba.
—Estoy tan perdida, Jos. No sé qué hacer. Ya no sé cómo
ayudarte, y siento como que lo estoy jodiendo. —Apoyó la cabeza en 210
mi hombro y me abrazó.
—No vas a joderlo. Lo que pasó no tiene nada que ver contigo.
No es tu culpa. —Le froté la espalda mientras temblaba en mis brazos.
—Pero soy tu hermana mayor. Se supone que debo saber qué
hacer. Se supone que debo tener palabras de sabiduría y hornear
galletas y... otra mierda como esa. —Me reí un poco y ella también.
—Tienes palabras de sabiduría. No es tu culpa que elija ignorarlas.
No es tu trabajo salvarme, Renee.
Se echó hacia atrás, y usé mi manga para secarle los ojos.
—No estoy rota de forma irreparable, Nene. Solo un poco peor
por el daño, ¿pero quién no? —Asintió y le di otro abrazo.
—No se suponía que seas la que tiene el buen consejo —dijo.
—No sucederá de nuevo, lo garantizo.
De alguna manera desvié su atención del beso con Dusty. No
tuve la intención de hacerlo, pero tomaría ventaja mientras durara.
Probablemente se terminaría tan pronto como él entrara en la casa.
Nos sentamos en el sofá, con mi cabeza sobre el hombro de
Renee, esta vez mientras jugaba con mi cabello. Cuando éramos niñas
estaba celosa de esto. Ninguno de nuestros otros hermanos tuvo el raro
gen pelirrojo. Excepto yo. Los términos hijastra pelirroja y niña jengibre se
utilizaban a menudo en mi casa, y esos fueron algunos de los nombres
más bonitos por los que fui llamada. No podría contar las veces que
escuché chicos meditando, en voz alta, si “la alfombra combinaba con
las cortinas”.
—No te molestes con él, Ne —le dije, tratando de evitar que le
arrancara la cabeza. No se merecía eso—. Fue solo una de esas cosas,
pero voy a acabar con eso.
—Me enojaré con él. Se suponía que te vigilara y te mantuviera
lejos de los problemas, no que te metiera en ellos.
—Bueno, no tienes que preocuparte, porque no dejaré que
suceda.
—Eso es probablemente lo más sensato. Sin embargo, ¿puedo
preguntar por qué?
Ahora era el momento para una actuación. Iba a tener que
trabajar para vender esto.
—Simplemente no lo veo de ese modo. Es más un amigo, ¿sabes?
No creo que deba estar con nadie en este momento. Quiero centrarme
en la escuela y tratar de resolver las cosas. —Me merecía un Oscar por
esto. Incluso yo pensé que sonaba sincera.
—Eso suena como la hermana que conocía. 211
—¿La extrañas?
—No lo sé. Extraño su... coherencia. Siempre fuiste tan tiesa que
sabía qué esperar. Ahora eres un poco más salvaje. Un poco más
impredecible.
—Bueno, tengo el cabello rojo.
—Sí, lo tienes. Perra.
Ambas nos reímos, y me acurruqué más cerca de ella.
—Te quiero, hermana mayor.
—Te quiero más, hermanita.
Nuestro amor de hermana compartido fue interrumpido por el
sonido del timbre.
—Oh, Dios mío, se me olvidó que todavía se encontraban afuera
—mencionó, levantándose y corriendo a abrir la puerta.
—Yo también —dije, siguiéndola. En lugar de encontrar un montón
de gente temblando en el pórtico, solo hallamos uno, y no temblaba.
—Dusty —dijo Renee—. ¿Dónde se encuentran los demás?
—Se llevaron el camión para ir a buscar donas —contestó, con los
ojos clavados en mi rostro—. ¿Podemos hablar? —No estaba segura de
a quién se dirigía, pero Renee decidió que era ella y se cruzó de brazos.
—Bueno. Habla —espetó.
—Al menos deberíamos dejarlo entrar —sugerí. Podría parecer no
tener frío, pero no era tan cruel como para hacerle quedarse afuera
mientras Renee le decía lo que sea que fuese a decirle.
—Quizás el frío le haga algún bien. Enfriarle un poquito a él y a su
pene.
—Suficiente —dije, rodeándola, agarrando a Dusty y arrastrándole
dentro. No se merecía un pene congelado. Cerró la puerta detrás de él.
—Renee, te lo juro. Nunca quise que esto sucediera, y lo siento,
pero ahora no puedo hacer nada al respecto. Tienes que saber cuán
especial es ella. Era algo… inevitable. Estaba casi a mitad de camino
incluso antes de que supiera lo que sucedía.
Tragué y me di cuenta que decirle “no” a Dusty se volvió mucho
más difícil. ¿Por qué tenía que decir cosas como esa? Si simplemente
hubiera cerrado la boca y hubiese dejado de besarme, podría tener
una oportunidad.
—Muy bonito —dijo Renee—. Pero he hablado con Jos, y no creo
que se sienta de la misma forma. Así que, voy a ir a doblar algo de ropa 212
e intentar no escuchar a escondidas mientras hablan. Pero, si termina en
pelea, estoy de su lado. Tú pierdes. —Con eso, giró sobre sus talones y se
dirigió a la lavandería, cerrando la puerta de un portazo.
—Es posible que quieras quitarte las botas. Darah te desollará vivo
si averigua que desperdigaste agua por los suelos limpios. —Eso no era
totalmente cierto. No podía imaginarme a Darah siquiera amenazando
con ello, pero se quitó las botas a patadas y las puso junto a las mías.
Verle en calcetines me recordó al juego en su apartamento y lo mucho
que nos divertimos. No, mala idea, Jos. Tienes que terminar con estas
tonterías.
Volvimos a la sala y nos sentamos en el sofá. Esta charla iba a ser
muy diferente de la que tuve con Renee, eso seguro.
—Así que déjame ver si lo entiendo —dijo, alzando ambas manos,
como si fuera a pedirme que ralentizara—. Le dijiste a tu hermana que
no sientes lo mismo que yo.
Momento de una segunda actuación digna de un Óscar.
—Lo hice porque es verdad. —Mis frases sonaban como algo
salido de una mala actuación. Una verdaderamente mala. Ni siquiera
serviría para los estándares del teatro comunitario. Era más como una
apestosa actuación de instituto en la que los niños eran obligados a
participar por un título en literatura.
—Joscelyn. —Me estremecí cuando lo dijo.
—¿Qué? Es verdad. Voy a dejarte firmemente en la zona de
amigos, a donde perteneces. Me dejé llevar, y cuando me senté a
pensarlo, decidí que era algo que no quería. Contigo. Me pasan un
montón de cosas ahora, y no creo que esta sea la más sabia decisión.
Ya sabes, incluso si lo quisiera. —Ya podía ver las críticas. Joscelyn
Archer es lo peor que le ha ocurrido al mundo del teatro desde ¡Cats!...
Me levanté y me marché, y exigí que me devolvieran el dinero… Esta
chica no tiene talento y no volverá a actuar en esta ciudad nunca
jamás.
Le eché un vistazo a Dusty por el rabillo del ojo. No pude hacer
contacto visual directamente, porque habría parpadeado demasiado,
o dado otra señal de que mentía.
Se quedó en silencio por un segundo, observándome.
—Tienes que estar bromeando. ¿En serio piensas que me creería
eso? Si es así, entonces debes pensar que soy jodidamente estúpido.
No, no pensaba que fuera estúpido. Era demasiado listo para su
propio bien.
La sonrisa en su rostro esta vez era de confuso desconcierto. Era
demasiado adorable.
Fui con la verdad. 213
—No creo que seas estúpido.
—¿Entonces por qué me haces esto? Me besaste no hace
mucho, y ese beso fue algo totalmente contrario a lo que me dices
ahora, y creo que si te besara de nuevo justo ahora obtendría la misma
reacción que antes. Tu voz dice una cosa y tus labios y cuerpo otra. ¿Lo
he entendido bien?
Bueno, sí. Lo hizo.
—Dusty.
—No, pelirroja. Quiero escuchar esto. Dime por qué no podemos
estar juntos. —Se echó hacia atrás como si estuviera esperando a que
reanudara la actuación. Sobrepasaba un pelín mi límite.
—¿Por qué tienes que hacerme esto tan difícil? Si fueras un…
idiota u olieras mal o no dijeses cosas tan bonitas sería mucho más fácil.
—Me levanté del sofá y me dirigí al sillón reclinable para poner algo de
distancia. También para alejarme de su olor.
—Tal vez sea difícil porque te atraigo. Y no pones a gente que te
atrae en la zona de amigos.
—Algunas personas sí. —Estaba segura de eso, en algún punto de
la historia, alguien, en algún lugar, puso a otra persona por la que se
sentía atraída en la zona de amigos por una razón u otra. Tenía que
haber un precedente.
—Vale, me toca hablar, y puedes escuchar lo que voy a decirte y
decirme si estoy en el buen camino o no. ¿De acuerdo? —propuso.
—¿Tengo alguna opción?
—No.
Rodé los ojos.
—Procede —dije, agitando la mano.
—Estábamos bien juntos hace unos días. Si recuerdas, tú eras la
que quería llevar esto al siguiente nivel, ¿cierto?
Asentí.
—Te besé, me devolviste el beso, las cosas se pusieron un poco
intensas. Ambos lo queríamos. ¿Cierto?
Asentí de nuevo.
—Y entonces, por razones desconocidas para mí, te asustaste y
dejaste mi casa, ahora intentas soltar cualquier cosa posible para hacer
que me vaya, a pesar de que aún quieres estar conmigo, basándome
en el beso. ¿Cierto?
—Eso no es exactamente… 214
Me cortó. —¿Sí o no?
Lo miré. —Sí.
—Así que lo que tengo que hacer es averiguar qué ocurrió para
hacerte cambiar de opinión. Si mi memoria no me falla, fuiste a mi
habitación para buscar a Napoleón y decidiste husmear…
Intenté nuevamente interrumpirle, pero alzó una mano.
—Déjame terminar y entonces puedes comentarlo. Así que, fuiste
a mi habitación y cogiste una foto en la que salgo con mi hermano y la
dejaste caer. Entré para encontrarte luciendo como si temieras por tu
vida, y luego me estampaste a mi gato y saliste corriendo por la puerta
sin tus zapatos. ¿Cierto?
Tuve que tragar un par de veces antes de que funcionara mi voz.
—C-cierto.
—Así que parece, desde mi punto de vista de los hechos, que el
momento en el que te decidiste fue cuando viste y dejaste caer la foto.
Entonces. ¿Qué tenía esa foto que te hizo dejarla caer? ¿Qué podría
asustarte tanto de una foto con mi hermano? Vamos a analizarlo en
profundidad, ¿de acuerdo? Me has visto. Me has besado. Sabes cómo
luzco. —A estas alturas, me sentía como si estuviera en el estrado de uno
de esos dramas policiacos, y el abogado duro de roer me interrogara
sobre lo que sucedió la noche del catorce de junio. Él sería un gran
abogado—. Así que no podría ser yo lo que te hizo enloquecer, y la
única otra persona en esa foto es mi hermano.
Era mucho más que estúpida por pensar que no averiguaría esto
después del espectáculo que di tras ver la foto. No debería haberme
ido. Debería haber fingido que me llamaron por una emergencia.
Diablos, debería haberle dicho que era virgen. Eso podría haber servido.
De hecho…
—Soy virgen —espeté. Era mejor que lo supiera antes de que
descubriese la verdad. El bochorno triunfaría sobre el odio que me
tendría si lo supiera. ¿Por qué no pensé en esto antes? ¡Era perfecto!—.
Soy virgen, estaba en tu habitación y mirar la cama me hizo pensar en
sexo, y me di cuenta de que no me encontraba lista, me dio miedo y
por eso me fui. No tiene nada que ver con la foto. —Por el amor de Dios,
por favor, créetelo, Dusty.
Me miró fijamente, y, por primera vez en la vida, agradecí que mi
cara y mis orejas se estuvieran poniendo coloradas. Era más por miedo
de que no lo creyese que por la vergüenza de revelarle que aún seguía
siendo virgen. Pero no tenía por qué saber eso.
—¿En serio? ¿Por eso te asustaste? —Dulce y Santo Jesucristo, se lo
creyó. Suspiré de alivio internamente.
—Bueno, sí. Sé que estuve, como, muy encima tuyo, pero lo pensé 215
y supongo que me volví loca. Siento mucho no habértelo dicho, pero
puedes ver por qué no lo hice.
Ahora se veía confundido de nuevo.
—¿Por qué?
—Porque sé, a ciencia cierta, que has estado con muchas chicas
antes, así que probablemente estés más acostumbrado a… chicas con
más experiencia. Y yo apenas tengo. —Vale, ahora me encontraba
avergonzada. Eso no era parte del plan—. Oh, Dios mío. No puedo creer
que te haya dicho eso. —Puse la cabeza entre mis manos.
—Oye, oye —susurró, acercándose y apartándolas—. No tienes
absolutamente nada de que avergonzarte. Como que lo supuse, pero
esperaba a que dijeras algo. Si estás preocupada por mí, no lo estés. No
importa que no hayas estado con nadie más. No importaría si hubieras
estado con un centenar de chicos. El hecho de que quieras compartir
ese momento conmigo, significa… todo. Significas todo para mí, Jos, y
no quiero perderte. Incluso cuando intentas perderme.
Agarró mis manos fuertemente y acercó su cara a la mía. Sabía
que iba a besarme, y esta vez, iba a detenerlo.
—Dusty, no puedo. Lo lamento. Hay algunas… cosas que se
interponen en el camino. No quiero arruinar lo que tengo aquí, y temo
meter la pata con algunas cosas y eres demasiado importante para mí.
Así que si puedo evitar joder lo que ya tenemos, que es genial, entonces
me gustaría hacerlo. Porque, ¿y si hacemos esto y luego no funciona?
¿Entonces qué? No podrías venir aquí nunca más. Pondríamos a Hunter
en una posición horrible y yo… no quiero dejar de verte. No podría
soportarlo. —Vaya, ni siquiera sabía que me sentía de esa forma hasta
que lo dije en voz alta. ¿Por qué no dije esto en primer lugar?
Abrió la boca para discutirlo, pero la cerró rápidamente e hizo un
sonido frustrado que fue más como una explosión.
—Lo entiendo, lo entiendo. No significa que me tenga que gustar,
pero si eso es lo que quieres, eso es lo que haré. Siempre y cuando esté
en tu vida… aceptaré lo que pueda obtener. Te quiero, de cualquier
forma que pueda tenerte. Supongo que eres mi nueva adicción. —Me
sonrió, pero no fue una sonrisa feliz.
—Lamento que estés enganchado a mí. Te recomendaría un
grupo de apoyo, pero no creo que haya Adictos a Joscelyn Anónimos.
—Eso es más que aceptable. Eres la única adicción con la que
puedo vivir. —Me dieron ganas de tocarle la cara, pero eso conduciría
a más besos y desharía todas las cosas que acababa de decir.
Soltó mis manos y fue a sentarse en el otro extremo del sofá.
—Entonces, ¿qué crees? ¿Podemos sacar a Renee de su miseria y
decirle que puede venir ya? 216
Oí crujidos en el cuarto trasero y supe que fingía no escucharnos,
pero todos sabíamos que eso era exactamente lo que hacía, aunque
solo para asegurarse de que me encontraba bien. Asentí y giré la
cabeza.
—¡Renee! Ya puedes venir.
Salió corriendo en cuanto oyó su nombre.
—¿Te encuentras bien? —Sus ojos pasaron de mí a Dusty y de
regreso.
—Estoy bien. Hemos hablado y todo quedó bien. No se necesitan
amenazas, horcas o multitudes de aldeanos furiosos —comenté.
Renee me miró y Dusty se encogió de hombros.
—No sé de dónde lo saca —dijo Renee.
—No me interesa de dónde viene. Solo quiero estar aquí y seguir
la corriente —dijo Dusty. Le disparé una mirada. No le permitiría decir
cosas como esas nunca más. Cosas que derretían el corazón, en frente
de mi hermana cuando le coloqué firmemente en la zona de amigos.
¿Jugaba conmigo?—. Lo siento —me vocalizó, pero no parecía ni un
poquito arrepentido. El timbre sonó de nuevo y Renee fue a contestar.
—En serio —dijo ella mientras dejaba entrar al resto de la casa.
Me levanté y le di un golpe en el pecho a él.
—No se supone que digas cosas como esas, idiota —le espeté
mientras todo el mundo se amontonaba llevando bolsas y bandejas de
espuma con tazas de café y varias cajas de magdalenas.
—Tenemos tu chai, pequeña Ne —dijo Mase, tendiéndome una
de las tazas.
—Gracias, Mase. —Tomé un sorbo del chai y se encontraba dulce
y caliente. Dusty agarró una taza de café negro y rebuscó entre todas
las magdalenas por aquellas rellenas de jalea antes de que alguien más
se las robara. Hace dos segundos coqueteaba conmigo, pero ahora
actuaba como si yo no existiera. Qué narices.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Taylor, deslizándose hacia
mí—. Antes esto se sentía bastante… caldeado.
—Estoy bien. Dusty y yo tuvimos una charla y decidimos que
estamos mejor como amigos.
Se rio ligeramente y agarró un croissant de una de las bolsas.
—Querrás decir que tú lo decidiste. Encuentro imposible de creer
que él dijera eso.
—Dijo que era mi decisión —confesé. Aun riéndose ligeramente y
negando con la cabeza, fue al armario y puso las manos en un bote de
Nutella. Podríamos estar escasos de papel higiénico, o de detergente,
pero nunca, jamás, nos faltaría Nutella. 217
Abriendo el croissant, destapó el tarro de Nutella, metió un
cuchillo y untó los dos trozos del croissant con el chocolate milagroso.
—Créeme. Hunter no se echó para atrás cuando lo alejé, y Dusty
es igual. —Miré alrededor, pero nadie nos escuchaba o veía.
—¿De qué hablas, nena? —dijo Hunter, viniendo detrás de Taylor y
colocando su cabeza en su hombro.
—Infecciones de levaduras —contesté con un guiño hacia mí.
—Qué rico. ¿Vas a compartir algo de eso? —dijo él, señalando a
sus trocitos de ponqués cubiertos de Nutella.
Suspiró, sostuvo uno y él se lo comió de sus dedos, y rió cuando él
lamió para quitar el chocolate. Taylor me dio una mirada, y al comienzo
no la entendí, pero entonces se estiró y me jaló cerca para susurrar en
mi oído.
—Déjalo entrar. Lo lamentarás si no lo haces. Créeme.
Se alejó y regresó a alimentar a Hunter con partes de su ponqué.
Regresé a la sala de estar y encontré a Dusty pasando el rato con la
guitarra de Hunter. No sabía que podía tocar.
Todos los demás aún se encontraban en la cocina y tenía el
presentimiento que intentaban darnos algo de privacidad.
—¿Tienes algunas peticiones, pelirroja? —preguntó, rasgueando el
instrumento como si hubiera nacido con uno en su mano.
—¿Sabes tocar?
—Sí, Hunter ha estado enseñándome. Creo que tienes que tocar si
eres profesor de música. Sabes, para cantar canciones y demás. —
Bueno, debieron haber sido unas jodidas buenas lecciones, porque era
obvio que tenía talento natural para eso.
—¿Cuál fue la canción que me cantaste anoche en casa de
Hannah? —dije en voz baja para que nadie pudiera escuchar.
—Oh “Live and Die” de The Avett Brothers. Me sorprende que no
conocieras esa. —Tenía algunos de sus CDs, pero no todos. Comenzó la
canción alegre, la cual tenía una dulce melodía que de alguna forma
funcionaba con la letra, la cual podría haber sido tomada de una
canción con un sonido mucho menos animado.
La voz de canto de Dusty era más profunda de la que pensé, y
pude darme cuenta que debió bajarle unos tonos a la canción para
hacerla funcionar para él, pero lo hizo perfectamente.
No pude evitar mover el pie al ritmo del adictivo coro, y sentía los
ojos y oídos de todo el mundo en la cocina sobre Dusty y yo. Mantuvo
sus ojos en mí todo el tiempo, apenas parpadeando. Una sonrisa de
pura felicidad permaneció en su rostro, y no pude evitar sonreír también. 218
Rasgueó la última nota de la canción y reí.
—¿Qué sigue, pelirroja?
—No tienes que hacer eso.
—Quiero hacerlo. Me gusta tocar. Es una de las únicas cosas que
me hacen verdadera y totalmente feliz. —Se inclinó sobre la guitarra y
bajó su voz—. Además de ti, por supuesto.
Disparé una mirada hacia atrás, pero todo el mundo se dispersó
para fingir que no escuchaban a escondidas. —Dusty.
—¿Qué? ¿No puedo decir que me haces feliz? Maldición,
pelirroja. Qué duro.
—Toca lo que quieras. No me importa —dije, cruzando los brazos.
—Bien. Lo haré.
Y luego comenzó una canción que me hizo querer rogarle que se
detuviera y escogiera otra canción. Después de ver esa foto de Nathan,
mis recuerdos se encontraban frescos y crudos, y esta canción solo iba
a empeorarlo.
Dusty de alguna manera le hizo justicia a la versión de “Creep” de
Ingrid Michaelson aunque no tenía idea de cómo. Sus voces se hallaban
a galaxias de diferencia, pero Dusty tomó su versión suave y le añadió
un poco de su estilo, haciéndola un poco más fuerte, un poco más
desgarradora, y no pude soportarlo.
Me paré del sofá y se detuvo, golpeando su mano en la guitarra
para detener la vibración de las cuerdas.
—No puedo. —Y luego corrí dramáticamente del cuarto, yendo al
piso de abajo y cerré de un portazo antes de que él, y todos los demás,
pudieran verme llorar.

Por supuesto, dado el hecho de que vivía con un montón de


personas, alguna se hallaba destinada a venir detrás de mí. Un suave
toque en mi puerta me hizo subir la mirada de mi almohada. Me había
lanzado a mi cama, esperando contenerme, así podía explicárselo a
quien fuera que viniera a preguntarme qué diablos pasaba.
—Joscelyn. —Por supuesto que era Dusty. No pudieron haber
enviado a Taylor, o Mase, o incluso Renee. Me preguntaba cuánto tuvo
que luchar para ser el que viniera a verme.
—Vete, Dusty. En serio. Solo déjame en paz, carajo. Regresa a tu 219
apartamento. Estoy segura que Napoleón está extrañándote.
—No voy a irme. Pensé que dejé eso malditamente claro. —Lo
escuché deslizarse al suelo del otro lado de la puerta—. Así que puedes
estar allí todo lo que quieras, pero eventualmente necesitarás comida, o
el baño, o más Skittles y M&M’s, y voy a estar aquí.
—¿Por qué no puedes buscar a alguien más? —dije, lanzando una
almohada a la puerta. Era algo inútil de hacer y no me hizo sentir nada
mejor.
—No quiero a nadie más, pelirroja. Te quiero a ti.
—Bueno, yo no te quiero.
Rió, y deseé poder atravesar la puerta y estrangularlo.
—Creo que puedo oler tus bragas ardiendo desde aquí.
—Crees que eres jodidamente gracioso, ¿no? —Me levanté y
hablé a través de la puerta, así podía escucharme claro y fuerte.
—A veces.
—Dusty. Por favor. Solo Déjame. Sola.
Estuvo en silencio por un momento. Pensé que finalmente iba a
irse, pero no lo escuché levantarse.
Luego lo escuché cantar suavemente. “This” de Ed Sheeran.
Adoraba esa canción, bajo circunstancias normales.
—No vas hacerme salir al cantarme, así que detente. —No lo hizo.
La canción siguió, y la voz de Dusty se hizo más alta y fuerte—. ¡Cierra la
puta boca! —le grité, golpeando la puerta. Era demasiado. Intenté
acallarlo, pero no pude. Pateé la puerta repetidamente, intentando lo
que pudiera, cerca de abrir la puerta y patearlo para hacer que se
detuviera y se fuera—. ¡Cállate! —Su voz era cálida y suave mientras
cantaba. Pateé la puerta una vez más y grité en frustración. Me ignoró.
Jadeaba por mi ataque de locura y me senté en el suelo. Mi nariz
goteaba, así que la limpié con mi manga.
—¿Por qué no te detienes? —pregunté, no lo suficientemente
fuerte para que escuchara—. Soy la razón por la que tu hermano murió.
¿Por qué no puedes entender eso y dejarme en paz? —La canción se
detuvo.
—¿Que dijiste? —No era posible que me hubiese escuchado.
—Nada. —Me moví más cerca de la puerta—. ¿Dusty?
—Sí, Jos.
—¿Crees que alguna vez pudieras odiarme?
Se movió al otro lado de la puerta, su voz sonaba más cerca,
como si hablara a través de las grietas entre la puerta y el marco.
220
—Escúchame, Joscelyn. Quiero que realmente escuches lo que te
digo. Si no crees en ninguna otra cosa que diga, cree en esto. No hay
nada, nada, que pudiste, o pudieras alguna vez hacer, que me haría
odiarte. No eres capaz de hacer algo para causar que alguien te odie.
Sé eso. Y también sé que... que te amo.
Comencé a llorar de nuevo, colocando mi cabeza contra la
puerta. Era sólido y tranquilizador, y eso era lo que necesitaba.
—No lo harías si supieras, Dusty. No lo harías. —Coloqué mi mano
en la puerta, y de alguna forma sabía que él hacía lo mismo del otro
lado.
—Oh, Jos. Solo… quiero tocarte y abrazarte tanto. ¿Puedes, por
favor, dejarme entrar? Por favor. —Estiré mi mano y desbloqué la puerta.
—Está abierta —dije, arrimándome de la puerta mientras él giraba
el pomo y la abría lentamente.
Subí la mirada y allí se hallaba.
—Oh, niña dulce. —Se agachó a mi lado, me levantó, y me
colocó en mi cama, estirándose a mi lado y limpiando las lágrimas de
mi rostro. Besó la punta de mi nariz y no podía detenerlo.
—Dusty, no.
—Deja de decirme qué hacer, Jos. Por esta vez, no voy a ser un
caballero y escucharte. —Me jaló más fuerte contra él, y luché un poco
para liberarme, pero sus brazos eran como cables de acero y realmente
no lo intenté tan fuerte—. Déjame. Solo déjame por un rato. —Cerró sus
brazos a mi alrededor y volteé mi cabeza para recostarla contra su
pecho. Su corazón martilleaba al ritmo de una batería, y lo escuché,
intentando olvidar todo lo demás.
Una vez que estuvo seguro de que no iba a intentar alejarme, sus
manos se soltaron en mi espalda y comenzaron a moverse de arriba
abajo en ondas suaves.
Las lágrimas continuaron, pero no eran tantas como antes.
No cantó. No habló. Solo me abrazó y respiró conmigo, y me dejó
llorar mis lágrimas en su camisa hasta que me sequé y no me quedaba
nada más. Al menos por ahora.
Mis brazos se dormían, así que me levanté y se tensó.
—Lo siento. Solo necesito moverme. —Aflojó su agarre, y giré para
estar en una mejor posición. Una de sus manos fue hasta debajo de mi
mentón, subiendo mi rostro así podía verlo—. Soy un desastre. Lo sé —
dije, mientras él apartaba algo de mi cabello de mis ojos.
—Un hermoso desastre al que no sé cómo me arrastraron.
—No te arrastré. 221
—Sí, lo hiciste. Solo que no es tu culpa.
Eso no lo era, tal vez.
—¿Joscelyn?
—¿Mmm?
—No estás tan molesta por el asunto de la virginidad, ¿verdad?
No podía mentir más. —No.
—Es algo más. Algo más grande.
Asentí con su mano aún bajo mi mentón.
—Entonces debo decirte que no eres la única que tiene algo tan
grande y tan malo que no puede decirle a nadie. No eres la única.
¿Entiendes?
—¿Qué? —Sabía que existían muchos secretos sobre el pasado
de Dusty que él preferiría dejar enterrados, pero asumí que tuvo una
mala vida en casa, o fue abusado, o algo así. ¿Qué pasaba con las
personas y los secretos? Parecía que los atraía. Primero Hannah y ahora
Dusty.
—¿Pero sabes qué? Comparado con la idea de perderte, mi
secreto ya no parece tan grande. Eres la primera persona a la que le he
dicho acerca de esto.
Intenté poner mi mano en su boca, pero la movió.
—No, voy a decirte, no porque quiera hacerlo, sino que necesito
que lo escuches. —Me sostuve de su camisa—. Viste esa foto de mi
hermano y yo, ¿cierto? —Oh, no. Oh, nonononono. Me tensé en sus
brazos, pero no dejó de hablar—. Bueno, murió. Hace nueve meses. Y es
mi culpa.
Al mismo momento en que mi cerebro captó lo que dijo y lo
tradujo, estaba segura que mi corazón se detuvo.

222
21
Traducido por Fany Keaton
Corregido por Miry

Me senté, saliendo de sus brazos.


—No puedo escuchar esto. No puedo, no puedo, no puedo. —Fui
hacia la puerta, pero Dusty me detuvo, tratando de jalarme hacia
atrás—. ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Suéltame! —grité. La puerta se abrió y
Dusty se congeló.
—¡¿Qué diablos crees que haces?! —Dusty me soltó y Renee me
alejó de él—. Creo que tienes que irte de una puta vez de esta casa y
espero que la puerta te golpee cuando salgas. 223
—Lo siento… solo…
Renee me abrazó y rodé su cuerpo, así se encontraba entre Dusty
y yo.
—Lárgate. De. Aquí. —Él me dio una última mirada desesperada,
pasó junto a nosotras y subió las escaleras—. ¿Te hizo algo? —preguntó
Renee, sujetando mi rostro como si estuviera buscando moretones.
—No, de esa forma no. No me hizo daño.
—Así no es como parecía desde mi punto de vista. Mierda, nunca
debí confiar en él, pero Hunter confiaba totalmente. Lo juro, no lo dejaré
acercarse a ti nunca más. —Me abrazó, y traté de decirle que no era
culpa de Dusty. Que era a mí a quien debía culpar. Por esto, por todo.
Pero las palabras eran demasiado grandes y pesadas para que mi
lengua las formara, por lo que comencé a llorar otra vez. Últimamente,
parecía ser mi manera de expresión por defecto.
—Jos, está bien. Estará bien.
Estaba menos bien de lo que alguna vez estuvo.
Ambas escuchamos gritos desde arriba y luego la puerta principal
azotarse tan fuerte que sacudió toda la casa.
—Está bien, niña. No dejaré que nadie te haga daño.
Renne insistió en llevarme a la cama y luego traerme una sopa.
Nadie más bajó, pero podía escucharlos arriba, e incluso si no sabía lo
que decían, sabía que hablaban de mí. Me preguntaba quién tomó
qué lado.
Cuando Renee se fue a hacer la sopa, luego de arroparme en la
cama, revisé mi teléfono. Nada. Esperaba al menos una llamada o algo
de Dusty, pero al final parecía que también lo alejé.
Así que, ¿por qué se sentía como si alguien congelara mi corazón
y luego lo golpeara con un martillo volviéndolo pedazos? Me acurruqué
en posición fetal, traté de no llorar. En serio, ¿cuántos litros de lágrimas
podía producir? Al parecer ganaría el récord mundial.
Renee volvió con la sopa, tomé un poco, solo para complacerla.
También me dio unas pastillas para dormir, las tragué sin pensarlo. De
otra forma no dormiría. Hice esta rutina hace nueve meses, solo que en
esa época no tenía a Renee.
—Solo descansa. No te preocupes por la universidad mañana o 224
las tareas ni nada. Me encargaré de todo. ¿De acuerdo? —Besó mi
frente y apagó la luz cuando salió del cuarto, me quedé acostada allí,
en el oscuro silencio.

—¡Vamos! Nunca he ido a un concierto antes. ¿Por favor? No


puedo hacer esto sin ti —dije, juntando mis manos—. Por favor, debes
estar conmigo cuando mi virginidad de concierto me sea arrancada. —
Eso lo hizo reír.
—De acuerdo, está bien. Pero pagarás la gasolina.
—¡Hecho! —dije y envolví mis brazos alrededor de él—. También
necesitas decirme qué vestir. No tengo un atuendo de concierto en mi
armario.
—Lo sé. ¿Qué sucede con tu armario? Todo el tiempo luces como
si hubieras salido del canal del gobierno.
—Tendré un vestido como este todo el tiempo algún día, así que
mejor me acostumbro.

Traté de apartar los recuerdos, pero estos no volverían al lugar en


el que los mantenía normalmente. Eran demasiado grandes, demasiado
familiares y no podía alejarlos, sin importar lo que hiciera.
—Así que, ¿qué piensas? —gritó en mi oído, mientras el primer
acto terminaba y el público enloqueció.
—¡Asombroso! —chillé, y luego grité a todo pulmón con todos los
demás.
—Jossy, esto es vida. Esto es vivir el día —gritó mientras la gente
coreaba por otra canción.
Observamos el segundo acto, que no fue tan bueno como el
primero, pero no importaba. Nathan recibió un mensaje de texto que lo
hizo fruncir el ceño, le pregunté que estaba mal.
—Nada. Nada con lo que tenga que lidiar. ¿Quieres ver cuán
cerca podemos estar?
Empujamos y nos abrimos paso hacia el frente para el momento
en que el tercer acto comenzó. Me hallaba embriagada de música y el
ambiente, nunca me sentí así en mi vida. Era demasiado e insuficiente a
la vez.
—¡No me quiero ir nunca! —grité.
—Tendrás que dormir alguna vez. Y nos echarían a la larga.
Parecía distraído.
—¿Todo bien? 225
—Sí, bien. Mi cabeza se encuentra en otro lado.
—¿Quieres irte?
Negó y sonrió.
—De ninguna manera. No voy a cortar tu primera experiencia.
Nos quedaremos hasta el final.
—No tenemos que hacerlo.
—¿Estás segura?
Miré el escenario.
—¿Una canción más? —dije.
—¡Trato! —Colocó un brazo alrededor de mí y besó mi frente.
Nos quedamos por esa última canción, esa canción cambió
nuestras vidas.
Cuando acabó, nos movimos entre la gente y regresamos al
estacionamiento. Nathan se ofreció a llevarme de vuelta a Maine para
sorprender a mi hermanastra Jessica en su cumpleaños. Dijo que de
todos modos tenía un par de amigos que quería visitar, así que no era la
gran cosa. Me sentí mal por hacerlo conducir todo el trayecto hasta
Maine, pero dijo que no le importaba y podía pagarle dándole un
paseo cualquier otro día. Eran tan buen amigo. Me hubiera dado su
camiseta si fuera necesario.
—Los amigos no se deben. Les haces un favor, ellos te hacen otro
en recompensa, eventualmente te olvidas y solo terminan haciendo
cosas buenas el uno por el otro. De esa manera es como debería
funcionar de todos modos. —Cuando se trataba de consejos, Nathan
siempre tenía uno, y siempre era uno bueno, incluso aunque no lo
entendiera en ese momento, o pensara que estaba loco. Al final,
siempre tenía razón.
Pasamos el viaje de regreso a casa buscando en cada estación
de radio por nueva música. De arriba abajo cada señal, AM y FM. Era
increíble lo que podías encontrar fuera de tu zona de confort, algo de lo
que siempre tuve miedo. Natham sujetó mi mano y me llevó a un
mundo que no sabía que existía. Un mundo de pasión, música y amor. Él
simplemente era tan feliz, que solo estar con él me hacía feliz también.
—Llámame si necesitas algo, Jossy, y estaré aquí —dijo cuando
me dejó. Le conté sobre los problemas con mi familia, y él me contó
sobre los suyos propios—. Entonces, ¿te veré el domingo?
—A menos que me vuelva loca antes —dije, poniendo mis ojos en
blanco. Ya desde el camino de entrada pude escuchar los gritos de mi
padrastro a uno u otro de mis hermanos y después hubo algo
rompiéndose. 226
—Solo llámame si me necesitas. —Me dio un abrazo y yo no
quería salir del auto.
A penas media hora después, tuve una pelea con mi madre y
escapé de la casa. Por suerte, uno de mis hermanastros obtuvo una
carta del director de la escuela por saltar clases, así que tomé mi
oportunidad. Me sentí mal por hacerlo, pero me di cuenta que Nathan
no podría estar tan lejos y podría volver para buscarme.
—¡Joss! Hola, ¿qué pasa?
—Hola, Nathan. ¿Puedes venir por mí? Odio pedírtelo, pero no me
puedo quedar aquí.
—Por supuesto. Solo tengo que encargarme de algo y estaré allí,
¿de acuerdo?
Sequé mis ojos y miré de regreso a la casa. No sabía si podía
manejar eso. Las cosas estuvieron mal últimamente, me encontraba
bastante segura de que mamá estaba cerca de otro divorcio.
—Date prisa.
—Jossy, estoy de camino. —Colgó el teléfono y esa fue la última
cosa que me dijo.
Me levanté horas después y puse un poco de música, pero tuve
que apagarla porque parecía que cada canción me recordaba a
Dusty o me recordaba a Nathan, por lo que la apagué y puse una
película en mi computadora. Algo con muchas explosiones y un dialogo
de porquería que no me hiciera llorar o pensar o nada como eso. Pero
incluso esas películas tienen sus momentos tristes, y me hallé llorando por
un estúpido robot.
—Toc, Toc.
—Está abierto —respondí, secando mis ojos y cerrando mi
computadora. No dejaré que nadie sepa que lloré viendo una película
sobre robots del espacio.
Taylor asomó su cabeza con una tentativa sonrisa en el rostro.
—Pensé que tal vez querías algo de comer. O de beber. O
compañía. —No quería nada, pero era dulce de su parte preguntar, así
que me senté y palmeé el borde de la cama—. Jos, he estado donde te
encuentras. —No. No lo ha estado, pero mantuve mi boca cerrada. La 227
razón por la que Taylor era un desastre es porque algo le sucedió. No es
algo que ella pudiera controlar. Yo era un desastre porque lo merecía.
Merecía el tormento que el universo me imponía. Merecía ahogarme en
él.
Dijo cosas dulces, escuché y traté de parecer como si escuchara,
absorbiéndolo y que ella era de ayuda.
—Por lo que no puedes dejar que las cosas malas que te sucedan
te detengan de ver las buenas. —Fue adorable, todo bien y bueno para
ella. Era feliz de que ella fuera feliz y tuviera una buena vida. Yo nunca
tendría eso.
Esta era la fiesta de compasión más depresiva de todos los
tiempos, lo que posiblemente era el punto de una fiesta de compasión.
—Renee está convencida de que él trató de lastimarte, pero ella
sospecha de todo y de todos. También sé que, si algo aprendí de ti, es
que si un chico tratara de lastimarte, nunca sobreviviría, y no ibas a
defenderlo. Así que, creo que él trataba de decirte algo que no querías
escuchar. ¿Estoy cerca?
Sí.
—No.
—Ajá. La pregunta es, ¿qué trataba de decirte que no querías
escuchar?
Está bien, me cansé de que la gente hiciera teorías sobre mí. Si
mintiera mejor, les daría una explicación razonable que todos creerían.
O debí hacer lo que consideré un par de veces y huir sin mirar atrás.
Pero seguro, ese plan tenía un defecto en la forma de mi hermana
Renee. Si alguien me buscaría hasta en los confines de la tierra y me
arrastraría desde el borde de los mismos, sería Renee.
—No te forzaré a decirlo. Sucederá cuando te encuentres lista.
Infiernos, pasé años manteniendo mi secreto tan ferozmente como lo
estás haciendo con el tuyo. Así que lo entiendo. —Se puso de pie y
palmeó mi hombro—. Las cosas tienen una manera de resolverse por sí
solas, ya sea que hagas un esfuerzo o no. —Con eso, cerró la puerta sin
hacer ruido y me dejó sola otra vez.

228
22
Traducido por florbarbero & Alessandra Wilde
Corregido por Josmary

—Te ves como una mierda —dijo Hannah cuando me presenté a


la clase de Pam el miércoles. Renee insistió en que me tomara el martes,
pero creo que era para poder mantenerme vigilada.
Desde luego no era suicida, pero eso no parecía interesarle, sin
importar cuántas veces se lo dijera. Mi maquinilla de afeitar, todos los
cuchillos en la cocina e incluso las aspirinas desaparecieron de forma
misteriosa. Sospeché de ella y al menos otro miembro de la casa, pero
fingí no darme cuenta.
229
Le escribí a Brett diciéndole que estaba enferma y que no podía ir
a trabajar, y Hannah también me ayudó confirmando mi historia, por lo
que me dijo que me vería el próximo martes.
—Gracias. Eres la primera persona que me dice eso.
Sacó una bolsa Ziploc de su mochila y me la ofreció. —Imaginé
que no podía desperdiciar todos estos caramelos.
—No, gracias —dije, tragando las náuseas. Los caramelos nunca
antes me asquearon, y era una lástima, pero no podía mirar la bolsa sin
pensar en Dusty. Arruinó mi disfrute de los caramelos. Honestamente,
eso me molestaba, por lo que tomé la bolsa y empujé un puñado de
caramelos en mi boca. Nadie, ni siquiera Dusty, me quitaría eso.
—Esa es mi chica —dijo, dándome una enorme sonrisa—. Y no te
ves tan mal.
—Aprecio eso.
Fue difícil atravesar el miércoles. Sobre todo porque estuve muy
distraída pensando en el pasado, en Dusty y en cosas que por mucho
tiempo luché por reprimir y guardar. La gente tenía que repetirme las
cosas, además estuve completamente distraída en la clase de Pam y la
mirada que me dio no fue bonita. Fue peor el jueves y para el almuerzo
del viernes me encontraba esperando el fin de semana para poder
simplemente esconderme en mi habitación y no tener que fingir más.
—Amiga, si quieres venir, mi compañera de cuarto se fue durante
el fin de semana. —Hannah era la mitad perdida de mi cerebro, era
exactamente lo que necesitaba—. Podríamos tener un maratón de
Buffy, simplemente acampar en mi habitación y pedir comida cuando
lo necesitemos. O podríamos vivir de ese cubo de caramelos. Quiero
decir, somos estudiantes universitarias. Es lo que se espera de nosotras.
—Eso suena impresionante, pero no creo que Renee me deje
fuera de su vista. Pero puedes traer todas esas cosas a Yellowfield, y
podríamos acampar. Estoy segura de que podemos invitar a algunas de
las chicas y excluir a los chicos. En realidad, los chicos como que me
evitan, ahora que lo pienso. —Tal vez pensaban que ahora yo odiaba a
todos los hombres, y entonces también a ellos por asociación.
—Bueno. Entonces podemos pasar un momento solo de chicas.
¿Quién los necesita?
—Estás intentando convencer a alguien que ya está convencido
de ello. —No es que realmente odiara a los chicos, pero definitivamente
podía verme sin uno en el futuro previsible.
Mi cumpleaños se acercaba rápidamente. No me olvidé de él, de
verdad, pero no se encontraba en la cima de mi lista de prioridades.
Además, diecinueve no es una edad tan genial. No como los dieciocho
o veintiún años. Nadie lo mencionó en casa, excepto una vez en que
las chicas fueron de compras. Todavía no había encontrado dónde 230
escondieron los resultados de ese viaje. Probablemente en el ático, ya
que no me acercaría allí aunque alguien me pagara por hacerlo. Hallé
una araña mutante del tamaño de mi mano una vez, cuando me
escondí allí, y desde entonces lo evitaba.
Aún no tenía noticias de Dusty. No lo vi en el campus, aunque
algunas veces pensé verlo y tuve que agacharme detrás de un arbusto,
pero nunca resultó ser él de todos modos.
Hannah y yo nos pasamos la mayor parte del fin de semana
encerradas viendo episodios interminables de Buffy y haciendo caso
omiso de la cantidad de calorías de todo lo que comimos. Llevaba casi
diez minutos sin pensar en Dusty cuando ella lo trajo a la conversación.
—Sé que se supone que debo ser buena amiga y no preguntarte
acerca de lo que pasó contigo y Dusty, pero me ha estado matando
durante días. ¿Va a decirme que pasó?
—¿Tú hablas de compartir secretos, Hannah? —dije, empujando
otro puñado de chips con sal y vinagre en mi boca. Necesitaba una
ducha, y usaba la misma camiseta desde la noche del viernes.
—Está bien, si esa es la forma en que quieres jugar, voy a
enseñarte el mío si me muestras el tuyo.
—¿Quieres…? —dije, alejándome de ella en el sofá.
—No, no quise que sonara así. A pesar de que no he conseguido
nada de acción en tanto tiempo que ya no puedo recordar, no voy a ir
por ese camino. ¿Quieres oír esto o no?
—¿Estarías dispuesta a hacer eso?
—Claro, será algo que nos una toda la vida o alguna mierda así.
Yo iré primero, si quieres.
¿Estaba lista para esto? No se lo había contado a nadie.
—Claro.
Se incorporó y bajó el volumen de la televisión.
—Vale, ¿ya sabes que tengo estas quemaduras impresionantes?
Bueno, la verdad es que mi hermano trató de prenderme fuego cuando
éramos niños. Tenía cuatro años en ese momento y él ocho, estábamos
en el patio trasero. Siempre le gustó el fuego, y casi había quemado la
casa varias veces, pero sin importar cuántas veces mamá escondiera
las cerillas, siempre las encontraba. Aaron es inteligente. Muy inteligente.
Tanto que podría hackear la base de datos del gobierno con una mano
atada a la espalda. Me dijo que me quedara muy quieta. No tenía idea
de qué demonios pasaba, salvo que él me dijo que me daría caramelos
si me quedaba muy quieta. Solo recuerdo el sonido de la cerilla cuando
la encendió en la caja y la expresión de su rostro cuando la tiró sobre
mí. 231
Ni siquiera podía respirar.
—A partir de ahí las cosas se ponen un poco borrosas, pero creo
que de alguna manera recordé algo de uno de los especiales de niños
sobre cómo detener el fuego, cayendo y rodando, así que eso es lo que
hice, y me salvó la vida. Mi madre salió corriendo cuando me oyó gritar
y detuvo a Aaron de incendiarme completamente. Un viaje y una larga
estancia en el hospital, toneladas de injertos de piel y cirugías más
tarde, aquí estoy. —Me dio una sonrisa, pero era oscura. Falsa.
Tenía la boca tan seca que tuve que tomar un trago de agua
antes de poder decir nada.
—¿Qué le pasó?
Hannah agarró su lata de refresco y sacudió la mano.
—Lo pusieron en una institución de salud mental, dopado. Todavía
está allí. Era eso o la cárcel, y mis padres eligieron. Es mayor ahora, pero
sigue siendo demasiado peligroso como para que lo dejen salir. Por lo
tanto, esa es mi historia. Ahora muéstrame la tuya.
Cambió de tema tan rápido que no pude seguirla. No podía
procesar lo que me había dicho. Una vez más, era algo que le hicieron.
Algo en lo que no tuvo absolutamente ningún control. Hannah era una
víctima; yo creé una.
—Yo... no sé si puedo, Hannah. No se lo he dicho a nadie.
Se levantó y se sentó en sus rodillas justo en frente de mí.
—Mira, todos tenemos mierdas terribles en nuestras vidas. Cada
persona en este planeta en algún momento u otro ha tenido un secreto
que preferiría morir antes que compartir. Es parte de ser humano, de
estar vivo. Son cosas que pasan y no podemos tratar con ellas. Pero lo
que aprendí es que somos más fuertes que lo que nos pasa. No puedes
dejar que esto te defina. Las partes jodidas son solo eso. Piezas. Pero
entiendo si no estás lista. Me tomó mucho tiempo y mucha terapia
poder recordar lo que pasó. Me bloqueé por mucho tiempo.
Mis ojos fueron a las cicatrices en su cara, cuello y brazos. Ni
siquiera podía imaginar el horror que pasó.
—Maté a alguien —dije. Para su crédito, Hannah no jadeó como
esperaba. Sus ojos se abrieron por un segundo y sacudió la cabeza.
—Está bien, entonces. Creo que voy a necesitar algunos detalles
antes de procesar esto. —Se levantó y se sentó en el sofá junto a mí—.
Porque puede significar muchas cosas.
Respiré más profundo que nunca y empecé desde el principio. Le
conté cómo conocí a Nathan al azar en una fiesta a la que fui para
satisfacer a mis estúpidos amigos, y la forma en que establecimos una
extraña amistad y cómo empezó a hacerme abrir los ojos al mundo, la 232
música, y me enseñó a divertirme y entonces, cómo le supliqué ir al
concierto, luego llevarme a casa, y cómo lo llamé y le rogué que fuera
a buscarme.
—Estaba colgando conmigo cuando sucedió. Piensan que debió
haber estado mirando hacia abajo al teléfono, o lo dejó caer, o algo
así. Nunca vio el camión, y eso fue todo. Nathan está muerto por mi
culpa.
Decir las palabras fue tan duro como si hubiera cortado mi alma y
sangrara, palabra por palabra, gota a gota. Quien dijo que la verdad
liberaba nunca tuvo un secreto como este. En algún lugar alrededor de
la mitad de mi historia, empecé a llorar, pero ya me encontraba un
poco acostumbrada. Era como ser un grifo goteando.
Intenté dejar de llorar mientras esperaba que Hannah hablara.
—Así que crees que eres la razón por la que Nathan chocó ese
camión.
—Soy la razón, Hannah. Nunca habría estado en ese camino en
ese momento si no fuera por mí, y no se habría distraído. Soy la
responsable de todo esto.
—Eres una jodida loca —respondió antes de lanzarse hacia mí,
poniendo sus brazos a mi alrededor y dándome un abrazo aplastador
de costillas—. ¿Cómo demonios te convenciste de que es tu culpa?
¿Ven? Ese era exactamente mi miedo. Que todo al que le dijera
tratara de convencerme de que no lo era. Solo fue un accidente, no
fue culpa de nadie, etc. No. No creeré eso. La gente utilizó esa excusa
por millones de años para excusarse por las cosas horribles que hicieron.
Yo no.
Hannah no me soltaba, y yo tenía problemas para respirar.
—Tienes que soltarme. —En cierto modo me quedé sin aliento.
—Oh, lo siento. —Se apartó, pero mantuvo sus manos en mis
hombros. No podía mirarla.
—Listo, te lo dije. Ahora puedes dejar el tema.
Traté de levantarme, pero no me dejó.
—De ninguna manera. No irás a ninguna parte. Llevaste esto sola
por mucho tiempo, y no voy a dejar que continúe así por un segundo
más. Lo que sucedió fue resultado de un acto de Dios o de un día de
mierda o de toda una serie de cosas. Eres una de esas personas, Jos,
que no pueden soportar no tener una explicación para algo, una razón.
No existía ninguna razón. No había una razón para que mi jodido
hermano me incendiara. —Las circunstancias no eran comparables. No
eran las mismas. Me liberé de su agarre.
—Sabía que esto sucedería si le contaba a alguien. Sabía que
tratarían de convencerme para que dejara de sentirme mal, pero no 233
quiero dejar de sentirme mal. Era una persona maravillosa y no merecía
morir. El mundo es un lugar peor sin él, y soy la culpable de eso. No voy a
dejarte quitarme el dolor que debería sentir. Si no siento dolor porque se
fue, ¿quién lo hará?
—No sé de dónde sacaste esa jodida lógica, pero te detendré allí
mismo, porque es una locura. Una jodida locura. —Trató de agarrar mis
hombros, probablemente para sacudirme, pero retrocedí.
—Bien, ahora piensas que estoy loca. Muchas gracias, Hannah.
Me siento mucho mejor ahora que finalmente lo conté. —Fui hacia las
escaleras, porque era la única forma de escaparme.
Bloqueó mi salida. Maldita sea, sus reflejos eran buenos.
—Te dije que me tomó mucha terapia llegar a donde estoy, y
parte de esa excesivamente costosa terapia me permitió soltar mi ira
hacia mi hermano. Tenía que dejarlo ir o nunca sería libre de él y lo que
sucedió. No estoy diciendo que lleve el emblema de “superación”, ni
siquiera estoy completamente bien, pero lo único que sé es que tienes
que dejar ir esta culpa, Jos. Va a matarte, y no creo que Nathan
hubiera querido eso.
Exploté.
—¿Cómo diablos sabes lo que él hubiera querido? No lo conoces.
Nadie va a llegar a conocerlo de nuevo. —Mis gritos atrajeron un
golpeteo de pisadas, y la puerta en la parte superior de la escalera se
abrió.
—¿Qué sucede? —Renee vino corriendo, con todos los demás
detrás de ella.
—¡¿Por qué no pueden dejarme en paz, joder?! Solo quiero que
todos dejen de tratar de salvarme, porque no quiero que me salven,
¡¿bien?! ¡SOLO DEJENME EN PAZ! —No tenía otro lugar donde ir, así que
fui a mi habitación, apresurándome a cerrar la puerta y bloquearla
antes de que pudieran atraparme. Esperé que alguien golpeara la
puerta, pero no fue así. Esperé y los escuché hablar tranquilamente y
luego subir las escaleras.
Entonces... todo se quedó en silencio. La puerta se cerró y esperé
que alguien viniera y tratara de hablar conmigo a través de la puerta.
Nada. Fui hasta la grieta entre la puerta y el marco y escuché, solo para
asegurarme. Nada, todo se encontraba en silencio.
Guau. Era la primera vez que alguien me escuchaba. Me sequé
los ojos, me soné la nariz y traté de no romperme aún más. Había llorado
tanto, y sentido tanto dolor, pero esto, esto era lo peor.
Esto era encontrarse por debajo del fondo, o como fuera que le
dijeran. Probablemente no tenían un nombre para esto.

234

Las próximas horas las pasé llorando más lágrimas de lo que creí
fuera posible, usando toda una caja de pañuelos mientras me sentaba
en el suelo de mi habitación y me preguntaba qué mierda haría. Pensé
en varias opciones, pero ninguna parecía viable.
Lo que quería, lo que realmente quería, era irme a un nuevo lugar.
Solo tenía que cortar por lo sano y alejarme. De todo, incluyendo mi
familia. Ser una nueva persona a la que los demás no le hicieran
preguntas. Es lo que haría una chica en una película. Tendría que
cortarme y/o teñirme el pelo, y hacer un cambio total de vestuario para
que funcione.
Estaba delirando. No podía empezar de nuevo, porque no me
dejarían. Hannah dijo que se sentía celosa de cuántas personas se
preocupaban por mí, aunque se los entregaría voluntariamente. Los
necesitaba más que yo. Era horrible lo que le sucedió.
Cuando por fin logré moverme, fui a mi ordenador y puse “The
Scientist” de Coldplay en modo repetición. Cuando tocaba fondo,
necesitaba una pista de sonido. Tenía que hacer pis, lo que era loco,
dada la cantidad de agua que despedí de mi cuerpo a través de mis
lágrimas, pero quería asegurarme que no hubiera alguien acampando
fuera de mi puerta. Después de escuchar un rato intentando identificar
el sonido más pequeño, abrí la puerta y asomé la cabeza.
Vacío. Solté un pequeño suspiro de alivio y me apresuré al cuarto
de baño en caso de que estuvieran escuchando, esperando que salga
de mi habitación para atacarme. No correría ningún riesgo. Pensé que
no había nadie cuando abrí la puerta del cuarto de baño, pero alguien
se levantó del sofá. Había sido tan malditamente silencioso que no tenía
idea de cuánto tiempo estuvo allí.
—Dusty. —Suspiré su nombre; era a la vez una bendición y una
maldición.
—Hola, pelirroja. Tenemos que hablar. Sé que no quieres escuchar
lo que tengo que decir, pero creo que puedo hacerte cambiar de
opinión.
—¿Renee te envió aquí para sacarme, así pueden hacer lo que
están tramando conmigo? —Mi mente repasaba todas las posibilidades.
Apuesto que no descartarían obligarme a ir a un centro. Me habían
amenazado con ello más veces de las que podía contar, pero esta vez
en realidad podrían ser capaces de hacerlo, a pesar de que era mayor
de edad.
—No, vine por mi cuenta. Ella no me dejaba entrar en la casa,
pero Hunter la convenció de que era el único que podía llegar a ti. 235
¿Podrías escucharme? No tienes que hacer nada más. Solo escúchame.
—Dusty…
Él levantó las manos, como si lo estuviera apuntando con una
pistola.
—Solo espera aquí. Tengo que buscar algo. Te lo juro, volveré. Sí,
podrías ir a tu habitación y cerrar la puerta y respetaré eso, esta vez,
pero te ruego. Por favor, Joscelyn. —Fue valiente en venir a la casa, con
Renee en pie de guerra y una diana en la espalda.
—Está bien. —Moviéndose lentamente desde detrás del sofá, se
mantuvo frente a mí sin hacer ningún movimiento brusco. Incluso subió
las escaleras hacia atrás y tuvo que buscar a tientas la manija de la
puerta. Si no estuviera tan lejos de reírme, lo habría visto divertido.
Por una fracción de segundo, consideré ir a mi habitación y cerrar
la puerta, solo para terminar con esto, pero algo me dijo que él estaría
de regreso y no se rendiría.
Oí voces, y me pregunté por un momento si él me tendió una
trampa, y el resto vendría por las escaleras, vestidos con uniformes
antidisturbios. Mis sospechas resultaron ser nada más que eso cuando
Dusty abrió lentamente la puerta y volvió a bajar, sosteniendo algo en el
pecho con una mano. Un sonidito me dijo que era a Napoleón.
—Crees que puedes usar a tu adorable gatito para que escuche,
¿eh? —Napoleón asomó la cabeza soñolienta de entre los pliegues de
la manga de Dusty. ¿Por qué tenía que ser tan malditamente dulce?
—Juego sucio. Toma. —Sostuvo a Napoleón hacia mí, quién
protestó por haber sido trasladado—. Costó alejarlo de las señoritas de
arriba, te diré eso. Estoy bastante seguro de que esta casa estará llena
de gatitos la próxima semana. —No tuve más remedio que tomar a
Napoleón. Lo puse en mi cara, lo acurruqué debajo de mi barbilla y
comenzó a ronronear. Esta era la clave para la paz mundial, lo juro.
Gatitos. Comiencen a dejarlos caer en Medio Oriente y los problemas se
resolverían—. ¿Quieres sentarte? —Dusty hizo un gesto hacia el sofá
como si fuera un caballero de antaño invitándome a su salón de té.
Asentí y fui a sentarme al sofá, todavía con el dulce Napoleón, que
jugaba con mi pelo.
—No comas eso —le dije, sacando algo de su boca.
Dusty se aseguró de dejar un poco de distancia entre nosotros,
pero recordé lo que sucedió la última vez que estuvimos en este sofá.
Esta vez, sin embargo, no habría besos, incluso si quería.
—¿Joscelyn?
Levanté la vista del adorable gatito para encontrarme con los
ojos hipnóticos de Dusty. Eran dos cosas muy distintas, pero igualmente
cautivadoras. 236
—Hannah compartió conmigo lo que le dijiste antes. Acerca de...
sobre Nate. —Su voz se quebró un poco cuando nombró a Nathan—. Y
no es verdad, Jos. No lo es.
—No puedo creer que te lo haya dicho —dije, mirando de regreso
al gatito, ya que no dolía tanto como mirar a Dusty.
—No te enojes con ella.
—No estoy enojada con ella. —No me encontraba realmente
enfadada. Llegué a ese lugar en el que simplemente no se siente nada.
Era algo agradable. Un purgatorio emocional—. Así que adelante…
habla.
—No es tu culpa que Nate muriera. Es mía.
—Sí, ya dijiste eso. —Levanté la vista del gatito y deseé no haberlo
hecho. Dusty estaba llorando, y al segundo en que lo noté, salí del
purgatorio emocional donde me encontraba—. Sí, es mi culpa. Él iba a
buscarme a casa de mis padres, y estuve al teléfono con él justo antes
de que ocurriera. Si no me hubiera traído a Maine del concierto, no
habría estado en esa carretera.
Con eso, volví a acariciar al gatito mientras las lágrimas rodaban
por el rostro de Dusty y goteaban en su camisa. No se molestó en
limpiarlas, lo que lo hacía peor, de alguna manera.
—Joscelyn. Él venía a buscarme. Me arrestaron, de nuevo, por
consumir bebidas alcohólicas. Los cargos fueron retirados más tarde,
pero eso no importa. Lo que importa es que le pedí que viniera a
rescatarme, y es por eso que estaba en esa carretera. Para salvar mi
estúpido culo, otra vez. No puedo contar cuántas veces viajó a casa
por mí, y... —Las lágrimas finalmente se volvieron demasiado y sollozó,
inclinándose hacia mí—. ¿Cómo puedes culparte, hermosa? ¿Cómo
podrías pensar que eras la responsable?
—¿Cómo puedes tú? —dije, girándome—. Yo soy la culpable. No
tú. La culpa es mía y solo mía.
Se acercó a mí y tomó mis manos.
—No. No llevarás esto sola. No te corresponde. —Soltó mis manos
y tomó mi cara, y no pude respirar. Napoleón protestó por haber sido
aplastado, así que lo moví.
—A ti tampoco —repliqué.
—Mira, podemos jugar a esto toda la noche, o podríamos dejar
que te bese y alejar la culpa por un rato. Necesito mostrarte cuánto te
extrañé. —No esperó una invitación y sus labios descendieron sobre los
míos. Saboreé el salado de las lágrimas, pero detrás de eso era el sabor
familiar a Dusty que había extrañado, más de lo que jamás le admitiría.
—Gatito —dije mientras me separaba de él por un segundo. Dusty 237
tomó a Napoleón y lo puso en el suelo, donde lloró—. ¿Lo llevamos
arriba? —Dusty asintió contra mi boca.
—Vuelvo enseguida. —Recogió al gatito ahora gruñón y subió las
escaleras de dos en dos. Me recosté en el sofá y pasé una mano por mi
pelo.
¿Qué hacía? No debería estar besando a Dusty, sin importar lo
bien que se sintiera y lo mucho que lo deseara. Fue un error. Nos
equivocamos. Nunca funcionaría. Siempre habría algo entre nosotros, y
podría no ser un problema ahora, pero en el camino nos separaría. Lo
haría.
Dusty volvió y me sentó a horcajadas sobre él.
—¿Dónde estábamos?
Puse mi mano en su pecho.
—No puedo.
Hizo un sonido frustrado y sacudió la cabeza.
—Sí, puedes, y quieres.
Sí a ambas.
—No deberíamos. No debemos comenzar, porque entonces esto
se convertirá en algo y no puedo permitirlo. No puedo dejar que sea
algo, porque no quiero perderlo. Es mejor no comenzarlo en absoluto
que tenerlo y luego perderlo. No puedo lidiar con el hecho de perderte,
Dusty.
—No me vas a perder.
—Nunca pensé que iba a perder a Nathan. ¿Alguna vez te habló
de mí?
—Sí. Sin embargo no sabía que eras tú. Él siempre te llamaba Jossy
pero no hice la conexión. Y nunca me dijo mucho acerca de ti. Solo
que se hicieron amigos y que tenías pésimo gusto en la música, el cual
él estaba obligado y decidido a cambiar.
Casi sonreí, recordando. —Sí decía eso. Mucho.
—¿Lo amabas? ¿Es por eso?
Puse mi otra mano en su pecho.
—No, no lo amaba de la manera en que estás preguntando. Lo
amaba como el hermano mayor que siempre quise, pero nunca tuve.
Tengo un montón de hermanos, pero no soy muy cercana con ninguno
de ellos. Tienden a ir y venir cuando mis padres se casan y se divorcian.
Tantas personas han entrado y salido de mi vida, y él era el único que
estaba segura que se quedaría, que siempre estaría allí, y ahora se ha
ido y es mi culpa, y no puedo soportar perderte, también. No puedo,
Dusty, porque te amo. Te amo tanto y no puedo perderte. No puedo. —
Esta vez fui yo quien se acercó para besarlo, y él me encontró a mitad 238
de camino.
—Yo tampoco quiero perderte, pero ninguno va a ir ninguna
parte en este momento, por lo que deberíamos disfrutarlo.
—Vive el día —le dije, tocando los lados de su cara. Se sentía tan
bien.
—Sí, Nate solía decir eso.
—Lo sé.
—Así que vamos a vivir, Joscelyn. Ahora mismo.
Así que llevó su boca de nuevo a la mía, y nuestros labios tuvieron
otra alegre reunión. Ahora era el momento para que nuestros cuerpos
se encontraran. El beso se hizo más intenso, y se apretó contra mí, y
supe, sin lugar a dudas, que quería entregarme a él, por completo.
—¿Me llevas a la habitación? —le pedí sin dudarlo.
—¿Estás segura?
—Sí. Vive un poco conmigo.
—Está bien, pelirroja. —Él me recogió y me llevó a mi habitación.
No pensé en si era una mala decisión o no, ni pensé dos veces si esto
era lo correcto ahora, cuando estaba tan emocionalmente jodida. Me
cansé de pensar todo el tiempo. Al igual que cuando me entregaba a
la melodía de una increíble canción, quería entregarle mi cuerpo a este
increíble chico. No, no entregarle, compartirlo con él.
“The Scientist” seguía oyéndose, así que cerré mi computadora y
la música se detuvo y solo el sonido de nuestra respiración llenaba la
sala. Dusty besó mis labios y luego mi cuello. Fue un poco más frenético
esta vez, ya que no podía obtener suficiente de mí. Bueno, la sensación
era mutua. Casi le rompí la camiseta en mi prisa por desnudarlo.
—Despacio, pelirroja —dijo, cuando quedó trabada en su cabeza
y tuvo que ayudarme a tirar lo que faltaba de la camiseta. Seguí el
tatuaje en su brazo—. “Hermano pequeño”. Nate tenía uno que decía
“hermano mayor”. Pero probablemente lo sabías.
—Ahora sí —contesté, besando el tatuaje antes de regresar a sus
labios, que se pusieron cada vez más exigentes cuando su lengua se
hundió en mi boca, como si estuviera tratando de probar mi alma.
Me dejé llevar, y me quitó mi camisa y luego el sujetador con
manos expertas.
—Uno, dos, tres, cuatro —dijo besando desde mi mejilla hasta mi
cuello y entre mis pechos—. Cinco, seis, siete...
—¿Qué estás haciendo? —solté con un gemido cuando su lengua
lamió uno de mis pezones.
—Contando tus pecas. Puede ser que tome un tiempo. Ocho, 239
nueve, diez. —Agarré su cabeza mientras tomaba uno de mis pezones
en su boca y lo chupaba. Dejó de contar mientras me volvía loca con
su boca, envolví mis piernas alrededor de él e hice sonidos incoherentes,
rogándole por más.
Se trasladó a mi otro pecho, asegurándose de que tuviera la
misma atención, lo que fue muy considerado. Casi pierdo la cabeza
cuando, al mismo tiempo, deslizó su mano por debajo de la cintura de
mis pantalones de chándal y también me acarició allí. Había hecho
esto antes, y había aprendido bien, pero no iba a preguntar. ¿A quién le
importaba realmente?
—Joder —gemí en las garras de la construcción de placer. Besó
mi estómago, su mano seguía trabajando, y mojó su lengua en mi
ombligo. No tenía idea de lo sensible que era esa área de mi cuerpo
hasta ahora.
Todo lo que podía hacer era aferrarme mientras deslizaba mis
pantalones de chándal hasta que estuve completamente expuesta. Él
todavía tenía sus pantalones puestos, lo que no era muy justo, pero no
podía hacer nada al respecto cuando su boca se unió a su mano y
luces estallaron en mi cabeza y pensé que me iba a morir con la belleza
y la intensidad de las mismas.
Y entonces empezó a tararear con la boca y sus labios vibraron
contra mí de una manera que me hizo chillar. Me pareció reconocer la
melodía, pero poco después, mi cerebro se entregó y me perdí en él, su
boca y el dulce éxtasis. Tarareó y creó un camino de besos por mis
muslos internos, que temblaban al sentir otro viniendo, unos segundos
después del primero. Esto no era justo en absoluto.
Solté su cabeza y tanteé hacia abajo, pero sus pantalones se
hallaban fuera de mi alcance. Hice un sonidito de protesta y el tarareo
se detuvo.
—¿Qué sucede? —Su cabeza se acercó y su mano se quedó
inmóvil. Me concedió un respiro momentáneo.
—No es justo. Yo también quiero tocarte. —Traté de arrastrarlo
hasta mi cuerpo, pero no me dejó.
—Lamento que te sientas así —dijo, mientras deslizaba un dedo
dentro de mí y bajó su cabeza—. Pero estoy ocupado en este
momento. —Con cada palabra, él movió su dedo dentro y fuera y
también movió su lengua. Añadió otro dedo y yo estaba totalmente
indefensa de nuevo cuando estallé en un millón de fragmentos de
brillante placer.
Dusty me llevó al borde de nuevo, implacable en su ataque tanto
con su boca y los dedos hasta que estaba temblando y sin poder
moverme.
—Ahora me puedes tocar —dijo, deslizándose por mi cuerpo aún 240
agitado. Mis manos estaban un poco inestables en el primer momento
cuando traté de deshacer su cinturón y luego fui a su cremallera. Ahora
le tocó el turno de gemir mientras bajaba sus pantalones y calzoncillos,
llegando finalmente a tocarlo por todas partes.
Siempre había tenido miedo de esta parte, de la parte real del
sexo. ¿Qué pasa si dolía demasiado? ¿Qué pasa si hacía algo mal?
¿Qué pasa si yo era muy mala en ello? Cuando había estado con Matt,
esas cosas siempre pasaron por mi cabeza, pero en este momento con
Dusty, cuando le acaricié y le oí gruñir y decir mi nombre, no pensaba
en ninguna de esas cosas.
Le besé el pecho y vi que tenía problemas para mantenerse por
encima de mí. Sonreí para mí misma cuando lo llevé a mi boca, y era él
el que hacía sonidos incoherentes. No tenía idea de lo que estaba
haciendo, pero parecía gustarle, así que empecé a tararear y él casi se
derrumbó sobre mí.
—Jesús, pelirroja. No puedes hacer eso cuando estoy encima de ti
—dijo, poniendo una mano en mi pelo y tirando de mi cabeza—. En
algún momento voy a dejar que hagas eso otra vez, pero ahora mismo,
solo quiero estar dentro de ti. ¿Tienes algo?
—Vivo con la reina del sexo seguro —le contesté, señalando a mi
mesa de noche—. En el segundo cajón en la parte de atrás. —Se estiró
sobre mí, y empecé a acariciarlo de nuevo, de arriba abajo, torciendo
mi mano un poco.
—Ni siquiera puedo recordar mi propio nombre en este momento
—afirmó, buscando a tientas la caja y moviéndose, por lo que estaba a
mi lado.
—¿Esos están bien? Realmente no sé cuáles te gustarían. —Ahora
no era el momento de empezar a balbucear, Jos.
Me besó, y lo tome como un “cállate, Jos”, mientras sacó uno y
rasgó el paquete abriéndolo.
—Puedo hacerlo —le dije, tomándolo de él—. Renee me enseñó.
Eso no es tan raro como suena —le expliqué mientras rodaba sobre él,
cerró los ojos y respiró por la nariz. Lo hice en un solo intento. Renee
estaría orgullosa. O tal vez no. Probablemente debería dejar de pensar
en ella.
—¿Estás lista? —Se movió, colocándose encima de mí—. O si lo
querías hacer de otra manera, podemos… —Detuve su pregunta
agarrándolo y moviendo mis caderas hacia arriba. Se deslizó dentro de
mí y me preparé para el gran dolor.—. ¿Te hice daño? —preguntó, una
vez que estuvo completamente dentro de mí.
—No —mentí. Fue más como una sensación de rasgadura, en
lugar de un dolor punzante. Traté de que mi cuerpo se acostumbrara a 241
tenerlo dentro de mí—. Solo dame un segundo. —Se mantuvo así, muy
quieto, y me dejé perderme en sus ojos y quedarme atrapada ahí—. Te
amo —le dije, inclinando mi cara para un beso. Su cabeza bajó y
nuestros labios se encontraron.
—Te amo, pelirroja. —Envolví mis piernas alrededor de él y moví
mis caderas hacia atrás, comenzó a moverse. Me dolió un poco menos
la segunda vez, y un poco menos, entonces podía sentirme construirlo
de nuevo, tanto las sensaciones de placer como de dolor mezclándose
y sobrellevándome. Sacudí mis caderas hacia arriba para encontrarme
con él cuando aumentó su velocidad, empeñado en la destrucción de
los dos. Se volvió más duro y le di la bienvenida, clavando mis uñas en
sus hombros y pidiendo más.
Finalmente, se estremeció por encima de mí y cayó a mi costado,
con cuidado de no aplastarme. Nuestras respiraciones eran pesadas y
estábamos resbaladizos por el sudor. Besó mis labios y trató de retirarse,
pero le agarré el trasero para detenerlo.
—Quédate conmigo.
Me besó en la nariz y movió mi cabello de mi cara, luego me
atrajo. Estábamos tan conectados como dos personas podían estar, y
en ese momento de lucidez, me di cuenta de que no importaba de
quién fuera la culpa sobre Nathan. Dusty y yo estábamos vivos, y él no.
Estábamos haciendo todas las cosas que él no haría. Pero eso
estaba bien. Siempre me dijo que tenía que encontrar un hombre que
me apreciara, que supiera lo afortunado que era de tenerme. Poco
sabía que sería su hermano. O tal vez sí lo sabía.
Yo no era una gran creyente de nada, pero esto sería justo el tipo
de cosa que Nathan hubiera soñado. Unirnos, pero hacernos trabajar
por ello. La idea de decirle que por fin hallé a alguien, y de la expresión
que estaría en su rostro me hizo empezar a reír. Dusty finalmente se retiró
porque tenía que hacerlo, pero él no se alejó de mí por el momento.
—¿De qué te ríes, pelirroja?
—Solo estoy pensando que Nathan está en algún lugar riéndose
de nosotros por ser idiotas.
Eso hizo que su cara se dividiera en una sonrisa tan amplia que
pensé que iba a partirse.
—Tienes razón. Este es exactamente el tipo de cosa que él haría.
Sé que definitivamente no te habría emparejado conmigo en mi estado
anterior.
—Cierto —le dije, moviéndome un poco y haciendo una mueca.
—¿Segura que estás bien? —me preguntó Dusty, acariciando mi
brazo.
Le di un beso. —Viviré.
242
—Y vivir, y vivir, y vivir. —Golpeó su dedo en mi hombro y me di
cuenta de dos cosas a la vez.
Uno, que todos en la casa probablemente nos habían oído, y dos,
que estaba sangrando. Cualquiera de esas cosas por separado era
suficiente para convertirme en un semáforo humano, pero ambos me
hicieron querer morir.
—Oh, por Dios.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —Dusty se encontraba alerta.
—Tengo que ocuparme de algo —le dije, tratando de levantarme
para no ver los resultados de lo que acababa de hacer, pero él me
detuvo y luego miré hacia abajo.
—Oh, pelirroja. Está bien. ¿Por qué no vas a lavarte y yo me
encargo de esto?
—No es solo eso, Dusty. Esta habitación no está insonorizada. —
Señalé el techo y miró hacia arriba.
—Me olvidé completa y totalmente de que no éramos las únicos
dos personas en el mundo. Bueno, fue un placer conocerte. Renee
probablemente va a matarme, picar mi cuerpo en pedacitos iguales y
esparcirlos por todas partes así nadie me encontrará.
Subí con cautela sobre Dusty y agarré lo primero que encontré
para cubrirme, lo que resultó ser su camiseta.
—Oh, esto es malo, malo, malo. —Fui a abrir la puerta, pero Dusty
me detuvo con una mano en mi cintura.
—Joscelyn, lo único malo es que no puedo llevarte de nuevo a la
cama ahora mismo porque quiero. Desearía que hubiera alguna forma
de que pudiéramos quedarnos en la cama juntos para siempre y nunca
salir de esta habitación. Ojalá pudiéramos hacer que estos pequeños
momentos, aquí y ahora, duren para siempre.
Me di la vuelta en sus brazos.
—Bueno, puedo hacer que esto dure un poco más. ¿Vienes a
ducharte conmigo? —Sus manos se sumergieron debajo de la camisa,
con ganas de desnudarme otra vez.
—Me encantaría. Casi tanto como te amo. —Me apretó contra la
puerta.
—No puedo creer que nadie haya bajado a arrastrar tu culo
arriba para una buena paliza a la antigua.
—Oh, estoy seguro de que se viene eso. Por lo tanto, si estos son
mis últimos momentos, quiero pasarlos desnudo contigo. —Gruñó y me
cogió en sus brazos, haciéndome chillar mientras me llevaba hacia la
ducha. 243

—En fin. Desfloraste a mi hermana —comentó Renee, paseándose


delante de nosotros. Dusty y yo estábamos en el sofá, de la mano.
—¡Renee! —grité, mi cara volviéndose escarlata.
Levantó la mano para pedir silencio.
Luego de la maravillosa ducha con Dusty, fuimos a mi habitación
y me vestí para hacer frente a la juez, jurado y verdugo.
Cuando salimos de la cueva, la casa había estado tranquila, pero
podía oír a la gente en el segundo piso.
—¿Tal vez nos dieron un poco de privacidad? —le había dicho,
conmocionada.
—O tal vez están al acecho —contestó Dusty a mis espaldas—.
Déjame ir primero.
Subió por las escaleras, conmigo justo detrás de él, y descubrimos
que todo el mundo estaba en la habitación de Darah, a excepción de
Mase y Hunter, jugando con Napoleón.
En el momento en que Renee levantó la vista y nos vio, nos agarró
de los brazos y nos arrastró escaleras abajo, y aquí nos quedamos.
Siendo exterminados por la mejor.
Para su crédito, Dusty no se huyó, lo cual era una ventaja. Fue
agradable tener a alguien a quien aferrarse mientras Renee estaba en
pie de guerra, incluso si tenía más miedo por él que por mí misma.
—Entonces… —dijo ella, girando sobre sus talones—. Entonces…
Esperé a que dijera algo más.
—¿Usaron protección? —Por supuesto que esa era su primera
pregunta.
—Sí —contesté, ganándole a Dusty la respuesta—. Los condones y
la píldora.
Renee entrecerró los ojos y miró a Dusty.
—Es cierto —añadió él, apretando un poco más su mano en la
mía. Casi me reí. El confiado Dusty Sharp tenía miedo de mi hermana.
Acojonado.
—¿Cuánto tiempo llevas planeando esto? 244
Empecé a responder, pero Renee me miró fijamente.
—Quiero oírlo de él.
Cerré la boca y miré a Dusty.
—¿Sinceramente? He estado tratando de estar con tu hermana
desde la primera vez que la vi. Justo al mismo tiempo me di cuenta de
que la amaba.
Renee asintió y comenzó a caminar de nuevo.
—¿Te enamoraste de mí a primera vista? ¿En serio? —Había oído
hablar de que esto ocurría, pero siempre lo atribuí a la lujuria en lugar de
amor.
Él llevó nuestras manos unidas a su boca y las besó.
—Por supuesto. Te lo dije, en cuanto te conocí lo supe. Aunque
me llevó mucho tiempo darme cuenta. Pero te lo dije. Era imposible no
enamorarse de ti. —Estaba tan seguro de sí mismo, hablaba como si
fuera algo tan fácil de decir.
Renee empezó a caminar de nuevo.
—¿Y cómo se supone que voy a creer eso? Quiero decir, suena
como una buena línea para seducir a una chica vulnerable y meterse
en sus pantalones.
—Si todo lo que quería era acostarme con ella, habría renunciado
hace mucho tiempo. Tu hermana es... —Esperé—. Testaruda —suministró
con una sonrisa mientras me quitaba un poco de pelo del hombro—.
Viene con el pelo, creo. O tal vez sea genético. —Se dio la vuelta y le
sonrió a Renee, y ella vaciló por un segundo. Ja.
Se aclaró la garganta y trató de serenarse para la siguiente línea
de ataque.
—Sea como sea, todavía no estoy muy contenta con esto. —Iba
a decir algo acerca de cómo yo era mayor de edad y podía tomar mis
propias jodidas decisiones y luego de todo lo que Dusty y yo habíamos
pasado para encontrarnos, no iba a dejar que nos detuviera, pero
siguió adelante y me ignoró—. Confié en ti para que mantuvieras un ojo
en ella. Solo un ojo, no todo el cuerpo. Y todavía no estoy segura de si
confío en ti, y quiero saber lo que pasó entre ustedes, pero...
Dusty y yo esperamos con la respiración contenida. Lo que sea
que eso signifique. Nunca había entendido la frase antes, pero esto se
sintió así.
—No puedo impedir que se vean. Eres amigo de Hunter, y esta es
la casa de Hunter y vas a estar aquí de todos modos. También sé que si
trato de mantenerlos separados se unirán más rápido de lo que pueden
decir “amantes trágicos”. —Empecé a celebrar en mi cabeza, pero
sabía que era probablemente demasiado bueno para ser verdad—. 245
PERO —agregó, como si ella sintiera mi precelebración. Se paró frente a
Dusty y se inclinó hasta que sus rostros se hallaban a la misma altura—.
Habrá reglas, haré que todos los demás en esta casa las hagan cumplir.
La traerás a casa a una hora razonable. No la llevarás a ningún lugar
donde yo no quiera que esté. Nunca, nunca, NUNCA le harás daño,
porque iré tras de ti y haré que tu muerte sea lenta y dolorosa. ¿Me
entendiste? —En el momento en que lo dijo, sus rostros estaban tan
cerca que quería decirle a Renee que retrocediera.
—Estoy lo suficientemente aterrorizado —dijo Dusty—. Así que sí, lo
entiendo. —Él apartó la mirada de Renee y me miró—. ¿Te parecen
bien esos términos, pelirroja?
—Voy a estar de acuerdo con una condición —le respondí,
levantando un dedo. Renee finalmente dejó de tratar de doblegar a
Dusty con la mirada—. Vas a ser amable con mi novio y no volverás a
amenazarlo. ¿Entiendes?
Renee pensó en eso por un segundo, y podía verla echando
humo.
—Trato hecho.
—Trato hecho —dije, sacando mi mano, y estrechándola.
—Novio, ¿eh? —comentó Dusty—. Eso es lo más bonito que me
has dicho. —Se inclinó y me dio un beso, lo cual fue algo muy valiente o
muy estúpido, ya que Renee estaba a la distancia de una bofetada.
Sonreí y le devolví el beso, y la escuché haciendo ruidos de
protesta.
—Dijiste que serías amable. —Me alejé de Dusty lo suficiente para
decir eso, y luego volver a sus labios.
—Puedo ser amable —murmuró en voz baja Renee.
—¿Podemos bajar ahora? El suspenso nos está matando —gritó
Taylor desde el piso de arriba, y Dusty rompió el beso.
—Bajen y conozcan a mi novio —chillé, y escuché una pequeña
exclamación de alegría que probablemente era de Taylor.
Ella y Darah bajaron las escaleras con Napoleón, que maullaba
por toda la emoción. Paul vino después de ellas y se fue directo hacia
Renee, poniendo sus manos sobre sus hombros y frotándolos.
—Qué bien, todo el mundo está vivo —dijo Taylor—. Dare y yo nos
estábamos preocupando. —Sostuvo a Napoleón hacia arriba como
Simba en El Rey León y él no parecía muy feliz por eso.
—Oh, amigo, está bien. —Dusty se estiró para agarrarlo y Taylor le
pasó al gatito. En el momento en que Dusty lo tuvo, Napoleón comenzó
a ronronear.
246
—Buen trabajo con el gatito —dijo Renee—. Bien jugado.
—Gracias —contestó Dusty, dándole a Napoleón un beso en su
cabecita. Muerta, estaba muerta—. Él es irresistible. Al igual que tú,
pelirroja.
Renee gimió y Darah y Taylor dijeron: “aww”, al mismo tiempo.
Bueno, no se puede ganar siempre.
—Supéralo y sigue adelante, Ne —dije mientras besaba a mi
novio.
23
Traducido por Jasiel Odair
Corregido por Dannygonzal

Tener sexo con Dusty puso nuestra relación en una especie de


máquina del tiempo de relaciones. A donde estuve con Matt luego de
años de estar juntos, llegué más allá después de solo pocos días con
Dusty. Sobre todo porque pasábamos cada momento del tiempo que
podíamos juntos.
Me encontraba un poco reacia a hacer travesuras en la Casa
Yellowfield después de la primera vez, así que empecé a quedarme en
su casa. No era tan agradable, por supuesto, pero no importaba,
siempre y cuando estuviéramos juntos. Además, Napoleón durmió con 247
nosotros, y la primera vez que desperté y encontré a Dusty acurrucado
alrededor del gatito dormido, juré que mi corazón iba a explotar por su
dulzura.
Recuperé mi cubo de caramelos de donde Hannah, cuando fui a
verla para darle la buena noticia sobre Dusty y también para pedirle
disculpas por echarla y de la locura general.
—Amiga, no pasa nada. He estado allí. De hecho, tu locura no
fue tan buena como la mía. Te contaré sobre eso en algún momento.
También tuve que darle casi todos los detalles de mis hazañas
sexuales, y era como si ella estuviera leyendo Cosmopolitan y tomando
notas para uso posterior.
—Tarareando —dije.
—¿Tarareando? —Se quedó perpleja.
—Tarareando —repetí con un guiño—. Solo confía en mí en este
caso.
El martes asistí a mi primera reunión en el periódico, y Brett me dio
mi primer trabajo, una batalla de bandas en el campus con grupos
como Zoom Zoom Bang, Lader Vader y Sterling Silver Lining. Llegué a
conocer a algunos de los otros escritores, y todos parecían ser geniales y
poco intimidantes, lo cual era bueno.
—Entonces, ¿qué vas a hacer el sábado por la noche? —le dije a
Dusty esa noche mientras estábamos en la cama en Casa Yellowfield
después de una silenciosa sesión de desnudos. Le insinué a Hunter que
podría ser una buena idea para todos si insonorizaban el sótano, pero
aún no sucedía.
—Hum, espero hacer más de esto contigo. —Me acarició el muslo
y luego besó el lugar en donde estuvo su mano—. Todavía no he
contado todas estas pecas.
—No es por falta de intentos —dije, trazando su tatuaje con mi
dedo—. Pero tengo que cubrir la batalla de las bandas, y quería saber si
vendrías conmigo. Probablemente será horrible, pero apestará menos si
estás allí.
—Claro, pelirroja. —Creó un camino de besos por mi pierna, y tuve
la sensación de que muy pronto estaría incoherente de nuevo.
Tenía mucho miedo de que él se enterara de mi papel en la
muerte de Nathan, y así como así, no importaba. Había pasado casi un
año odiándome a mí misma y odiando al mundo y todo, y al final resultó
siendo una pérdida de tiempo.
Esto era lo que Nathan había querido decir cuando decía: “Vive
el día”. No se refería a emborracharse, o a abandonar completamente
lo que yo era, o a aislarme. Sabía que esto, estos momentos con Dusty, y
los momentos con Renee y Hannah y el resto de las personas que me 248
amaban, de eso se trataba la vida. Y la música, por supuesto. La vida
no valía la pena vivir sin ella.
—¿Qué quieres para tu cumpleaños? —preguntó Dusty un poco
más tarde después de que nos hubiésemos enredado de nuevo.
—Ya se te ocurrirá algo —contesté, todavía jadeando un poco. Él
sabía cómo afectar a una chica.
—¿Qué tal un camión cargado de dulces? —Puso su barbilla en
mi estómago y le acaricié la cabeza.
—Todavía estoy trabajando con la cubeta que me diste antes. —
Se hallaba en la esquina de mi habitación, y apenas un tercio había
desaparecido. Aún tenía montón de dulces allí.
—¿O cupones de sexo oral?
—¿Necesito cupones para conseguir eso?
Sonrió.
—No, es broma. Tienes razón, pensaré en algo.
—Te amo —le dije. Si había algo que amaba más que amar a
Dusty, era poder decirlo en voz alta.
—Yo también te amo, pelirroja.
—¿Crees que esté en el cielo? ¿Nathan? —pregunté. Dusty y yo
no hablábamos mucho de él, ya que todavía era una herida muy fresca
para los dos, pero lo necesitábamos. No podíamos continuar hasta que
nos hubiéramos ocupado de nuestro pasado compartido.
—Nunca solía creer en algo como una vida después de la muerte,
pero siento que… ahora, como que tengo que hacerlo. Que tengo que
creer que se fue a un lugar hermoso, feliz y seguro, porque si alguien
merecía ir allí, sería Nate.
Asentí, sabiendo exactamente lo que quería decir.
—Trató de limpiarme tantas veces, y fue él, al morirse, el que
finalmente lo hizo. Esa noche, cuando me conociste en el hospital, me
encontraba en la reunión de mi grupo de apoyo para adictos.
—¿No se supone que tiene que ser anónimo? —Dusty se arrastró
por mi cuerpo hasta que estuvimos cara a cara otra vez.
—No se lo dirás a nadie, ¿verdad?
—Lo prometo —le dije, cruzando mi mano sobre mí pecho, lo que
llamó la atención de Dusty a esa área.
—Haz eso otra vez. —Lo hice—. Me encanta verte tocarte. ¿Sabes
cuánto me excita eso?
Hombres. Tenían una mente de una sola pista. 249
—Ojos aquí arriba, amigo —le dije, poniendo mi mano bajo su
barbilla y elevándola para que pudiera encontrarme con esos ojos
verdes gloriosos.
—Cierto. Grupo de apoyo. —Trató de centrarse de nuevo.
—¿Cuándo empezaste a ir? —Moví mi mano a la parte superior
de su cabeza y comencé a moverla en círculos, y él cerró los ojos.
—Justo después del funeral de Nate. Estaba drogado por ello,
porque pensé que era la única manera de superarlo. Era la única
manera de pasar por la vida en ese entonces. No sé cuánto te contó
sobre nuestro padre, pero no es nada de lo que presumir. Dejó a la
madre de Nate y a la mía tan pronto como pudo y se fue de la ciudad
para encontrar a su próxima mujer. A veces tengo estos sueños de que
tengo todos estos otros medio hermanos por ahí que no conozco y
algún día me encontraré con uno de ellos.
»Estuve sentado allí, en el funeral, y todo lo que podía pensar era
en cómo era mi culpa y lo avergonzado que debía sentirse Nate de
tenerme como hermano. Y me di cuenta de que ya no tenía que
decepcionarlo más. Podía intentar vivir mi vida de una manera mejor.
Así que me fui a casa, me deshice de todas las drogas y el alcohol y fui
a la primera reunión de mi grupo al día siguiente. Fue difícil, al principio.
Tenía mucha gente en mi vida que había alimentado mi hábito, pero
me deshice de todos ellos, y entonces conocí a Hunter y fue mi primer
amigo sobrio en mucho tiempo. Hizo que pareciera tan fácil.
Abrió los ojos y suspiró.
—Me tomó mucho trabajo, pero lo hice porque es lo que Nate
hubiera querido.
—Te llamaba Buzz, cuando hablaba de ti. Siempre pensé que era
porque tenías ese estilo de corte de pelo o eras como Buzz Lightyear o
algo así.
Dusty se rió un poco.
—No, es porque cuando era pequeño, estaba obsesionado con
hacer ruidos y solía hacer un zumbido que volvía loca a mi madre. Ella y
la mamá de Nate solían juntarnos a veces para que pudiéramos
relacionarnos, y yo siempre hacía eso, así que mamá y Nate y todos los
demás me llamaban Buzz. Lo extraño tanto que me duele físicamente.
—Dusty se puso de espaldas, tirando de mí para que yo descansara
contra su hombro. Enredé nuestras piernas, y él pasó sus dedos arriba y
abajo por mi espalda.
—Lo sé. También lo extraño. Cuando nos conocimos, pensé que
trataba de conquistarme. Fui a esa estúpida fiesta de fraternidad con
mis amigas, todas se encontraban un poco ebrias y estaban yéndose a
casa con otros chicos, así que no tenía a nadie que me diera un 250
aventón, y él se me acercó y me dijo que me llevaría a cualquier lugar
al que quisiera ir.
Dusty besó la parte superior de mi cabeza.
—Solía hacer eso. Ir a las fiestas y rescatar a las chicas. Me lo
contó, y lo acusé de tratar de conquistarlas, o de aprovecharse, porque
eso es lo que yo habría hecho. Te lo dije, en ese entonces era una
especie de imbécil.
—Bueno, me rescató, y en cierto modo, al ofrecerme un aventón
en esa fiesta, me llevó a ti. Así que es como si me hubiera conquistado
para ti, de una manera retorcida. —Lo miré.
—Siempre tuvo buen gusto.
Ambos sonreímos y compartimos un beso suave que pudo haber
dado lugar a más, de nuevo, pero lo detuve.
—Todavía se siente mal ser tan feliz contigo.
—Lo sé, pelirroja, pero va a tomar tiempo. Tengo momentos en
medio de la noche en los que tengo ese horrible temor de que todo
contigo fue un sueño, me despierto y entonces estás a mi lado. Nunca
pensé que algo tan bueno como tú pudiera pasarle a alguien como yo.
No merezco esto, pero lo aceptaré —dijo con un beso en mi nariz—, y lo
saborearé… —Se trasladó a la esquina de mis labios—… y lo saborearé y
lo saborearé... —Los besos fueron bajando cada vez más hasta que era
la única, hum, saboreando.

251
24
Traducido por Miry
Corregido por Valentine Rose

—Brett preguntó por ti —le comenté a Hannah el viernes mientras


almorzábamos después de nuestra clase. Pam fue aumentando de
forma gradual la intensidad de la preparación para nuestro primer
examen, y todo el mundo se encontraba al borde. Si alguna clase me
condujera a beber, sería esta.
Hannah se atragantó un poco con ese caramelo congelado de
Starbucks, y yo la golpeé en la espalda.
—¿Estás bien? 252
—¿Qué quieres decir con que preguntó por mí?
El miércoles por la noche fue mi primera noche de producción, y
al fin tuve que confesárselo a todos en Yellowfield y contarles lo que
hacía. Al principio, la reacción fue de sorpresa, pero luego de éxtasis
cuando alguien —llamado Dusty— les dio la dirección de mi blog.
Renee se molestó conmigo, por segunda vez esa semana, por no
decírselo. Al parecer, pensó que hacía algo infame y estuvo tratando
de descubrirlo desde hace tiempo.
Fue divertido pasar el rato con las otras personas que hicieron que
sucediera lo del periódico, y mientras batallábamos para obtener el
derecho de diseño para nuestra sección, Brett preguntó casualmente si
sabía si Hannah salía con alguien. Bueno, más bien preguntó si Hannah
y yo salíamos con un montón de chicos, y como que entendí lo esencial
leyendo entre líneas.
—¿Y? —dijo Hannah, agarrando mi mano con tanta fuerza que
me cortó la circulación.
—Ay, suéltame, loca. Le dije que no estabas con alguien, pero
que salíamos con un montón de chicos.
—Genial, ahora parezco una puta.
Negué con la cabeza.
—No, parece que tienes muchos interesados. Le di a entender
que salías con estos chicos, pero no a citas; lo que es cierto. Sales con
Hunter, Mase, Paul y Dusty todo el tiempo.
—Sí, excepto por el hecho que todos y cada uno de ellos están
con alguien.
Sonreí.
—Brett no sabe eso.
—Sí, bueno, solo... —balbuceó.
—Tranquila. Por cierto, es muy lindo. —Brett era incluso más
adorable de lo que Hannah había dicho. Digo, tenía una corbata de
lazo, lentes y todo eso. Además, hizo una broma de Star Wars, una
referencia de Breakfast Club y amaba Muse. Por lo que, para mí, era
bueno. Además fue muy amable conmigo, y se desvió para ayudarme
a averiguar qué demonios hacía cuando llegó al periódico.
—Creo que irá a la batalla de las bandas, solo para observar.
Dusty irá conmigo, pero si quisieras aparecer, puede que sea una buena
idea. —No le diría a Hannah que Brett me preguntó si iría. Se pondría
nerviosa y no querría ir.
—Creo que puedo ir. Tendré que revisar mi agenda. —Fingió abrir
un libro de citas imaginario y hojear unas páginas mientras murmuraba
para sí misma—: Ajá, si muevo esto al domingo y esto para el próximo 253
martes, pero entonces tendría que…
Golpeé mi mano sobre la mesa.
—Hannah.
—¡Estoy buscando! —Cerró el libro ficticio—. Está bien, puedo ir.
—Bien, porque me encontraba a punto de golpearte.

El sábado por la noche resultó ser fabuloso. Las bandas fueron


mucho mejor de lo que esperaba, y con mi brillante pase de prensa
alrededor de mi cuello, logré platicar con ellos antes y después, luego
me apresuré a casa para escribir mi artículo en las primeras horas de la
mañana, mientras Dusty intentaba distraerme con su lengua.
También fue una buena noche para Hannah, que arrasó con su
vestido rojo de la fiesta de la fraternidad, y Brett definitivamente lo notó.
Pobre tipo; se puso tan nervioso a su alrededor que botó la lata de
refresco que sostenía, apenas evitando que cayera sobre el vestido.
Pensé que ella estallaría, pero solo se rio. No, más bien soltó una risita.
Fue una risita que no la escuché emitir antes, y sabía que, sin dudas,
también le gustaba él.
—Felicidades por tu éxito de casamentera. Quizá deberías escribir
una columna sobre eso —dijo Dusty mientras hacíamos el desayuno el
domingo por la mañana en Yellowfield, así todos los demás podían
dormir.
—Sí, dada mi extensa experiencia en relaciones en la cual
basarme —contesté, colocando un pedazo de tocino en un plato
cubierto con servilletas de papel.
—Puedes hacer cualquier cosa que te propongas, pelirroja. —Lo
miré con sospecha.
—No me estás adulando para más sexo oral, ¿o sí?
—Espero que no estemos en el momento de nuestra relación en la
que tenga que dar cumplidos vacíos para obtener algo de ti.
—¿Hueles eso? —pregunté, olfateando—. Esos son tus pantalones
quemándose, mentiroso. —Lo golpeé con la espátula y se lanzó hacia
mí, deslizándonos al suelo y rodó hasta quedar encima de mí.
Alguien se aclaró la garganta y ambos levantamos la mirada
para encontrar la cara de mal humor de Renee, con su mirada fija en
nosotros.
—Nada de sexo en la cocina. Añadiré eso a las reglas.
254
Dusty se bajó de mí y me ayudó a levantar.
—¿Tocino? —Sostuvo el plato hacia ella como una ofrenda de
paz. Tomó unas cuantas piezas y empezó a masticarlas.
—Te estoy observando —respondió, yendo hacia la cafetera.
—Este —dije, agarrando una pieza de tocino para mí, partiéndola
por la mitad y dándole una parte a Dusty—, escuché que tienen esta
cosa en la actualidad, donde en el día de tu cumpleaños las personas
tienen celebraciones, te dan regalos y esas cosas. También escuché
rumores de pastel, pero esos todavía no están confirmados hasta el
momento.
Mi cumpleaños era el próximo viernes y me sentía ansiosa, pues
sabía que planeaban algo a mis espaldas.
Renee me miró con una cara casi creíble de inocencia.
—No tengo idea de lo que hablas. —Definitivamente no me perdí
la mirada que compartió con Dusty, así que a continuación me dirigí a
él.
—¿Qué? —dijo, su cara similar a una máscara de inocencia—.
Tampoco tengo idea de lo que hablas.
Los observé a ambos, tomé el plato de tocino y escapé con él,
ambos me persiguieron hasta que Dusty me atrapó y logró quitármelo.
—No es justo —dije mientras Renee sostuvo el plato hacia Darah y
Mase cuando descendieron las escaleras.
—No acaparar el tocino. Esa es otra regla —indicó Renee.
—En realidad, deberíamos escribirlas —dijo Darah—. Normas de la
Casa Yellowfield.
Pasamos la siguiente hora escribiendo las reglas, algunas de las
cuales eran buenas, como bajar la tapa del inodoro, y algunas otras
eran ridículas, como la de no acaparar tocino.
Miré a mi alrededor, a todos ellos, y comprendí que, me guste o
no, esta era mi familia. Ni siquiera podía imaginar vivir sola. Cuando
estuve con mis padres, estuve rodeada de hermanos, ruido y caos, pero
siempre me sentí completamente sola.
Pero aquí, en esta casa, encontré gente que me acogió sin hacer
preguntas. Les gustaba y me querían cerca, y yo quería lo mismo. Y fue
en esos momentos cuando escuché la voz de Nathan más fuerte.

255
25
Traducido por Sofía Belikov
Corregido por Fany Keaton

La noche del viernes fui secuestrada de la Casa Yellowfield por


Dusty. Gran sorpresa. Me ató una venda alrededor de la cabeza y me
hizo usar su iPod a ciegas, lo que era más difícil de lo que sonaba.
Condujo y condujo, y me preguntaba a dónde diablos íbamos, pero no
quería decirme nada.
—Dusty, vamos.
—Lo juro, si te quitas esa cosa, no tendrás nada de sexo por tu
cumpleaños. —Suspiré y me dejé la maldita cosa puesta. Se rió. 256
—Sí, bueno, voy a recordar esto para cuando sea tu cumpleaños,
así que mantenlo en mente.
—Y aquí estamos —comentó, desacelerando el auto y luego
aparcándolo.
—¿Puedo quitarme esto ya?
—No. Quédate aquí. —Salió y abrió la puerta para mí, y tomé su
mano mientras me llevaba a donde sea que me estuviera llevando.
Alguien abrió la puerta para nosotros, y entramos a algún tipo de
edificio. El olor era familiar, y al segundo en que la mano de Dusty
estuvo en la parte trasera de mi cabeza removiendo la venda, supe
dónde nos encontrábamos.
—¡Sorpresa! —gritaron todos mientras la cinta caía, revelando que
de hecho nos hallábamos dentro de Bull Moose.
Incluso aunque sabía dónde nos encontrábamos, aún me sentía
sorprendida por la cantidad de gente.
El contingente de Yellowfield se encontraba aquí, como también
Megan, Jake, Hannah, Brett, unos cuantos de mis nuevos compañeros
del periódico y alguien que no había visto en meses.
—¿Matt? —dije, y me sonrió, y todos los recuerdos de nuestra
relación regresaron.
—Jos, hola —saludó, acercándose y dándome un abrazo.
—Oh, por Dios, no te he visto en tanto tiempo. ¿En serio viniste?
—Nunca me perdería tu cumpleaños —dijo, dándome un abrazo
mucho mejor de los que me daba cuando salíamos—. Yo también te he
extrañado.
—Te extraño. —No podía evitar extrañar esa parte de mi vida,
porque incluso aunque ya no lo amaba, sí lo hice en su tiempo, y no
podía olvidar algo así, incluso meses después.
—Luces bien. Diferente, pero bien. Gracias por invitarme. —Le dijo
la última parte a Dusty, y me giré.
—¿Tú lo invitaste?
—Pensé que deberías tener algo de tu antigua vida. Ya sabes,
algo viejo, y algo nuevo.
—Eso es para las bodas, Dusty.
—Lo sé, pero no le hace mal a nadie, ¿no? —Envolvió sus brazos
alrededor de mi cintura.
—Para nada. —Le di un beso y todo el mundo se acercó para
saludarme.
—¿Esto no va en contra de la política de la empresa? —pregunté
mientras miraba fijamente la mesa cubierta de regalos y también 257
notaba los globos atados por todas partes.
—Eh, hice algunos acuerdos —dijo Dusty—. La tienda es tuya. Esa
es la otra parte de tu regalo. Puedes ir y tomar lo que sea que quieras. Es
decir, no puedes tener toda la tienda, pero vuélvete loca.
Puse los brazos alrededor de su cuello.
—¿Puedo tener lo que sea que quiera?
—Cualquier cosa —dijo, inclinándose y poniendo su frente contra
la mía.
—Entonces te escojo a ti.
—Pelirroja, ya me tienes. Soy tuyo. ¿Qué más quieres?
Fingí pensar y luego lo besé.
—Esto.
—Qué bueno. ¿Qué más?
Lo besé de nuevo.
—¿Algo más?
—Tal vez el nuevo disco de los Avett Brothers. Y el de A Fine Frenzy.
Y Ed Sheeran, y Sparks the Rescue, y Pete Kilpatrick, y Sia, y The Airborne
Toxic Event, y…
Me calló con un beso.

258
Our Favorite Days
La historia de Hunter y Taylor continúa...
Taylor Caldwell y Hunter Zaccadelli han
sorteado las primeras tormentas de su
relación y las cosas van muy bien. Casi han
terminado con la universidad, viviendo en
una casa con sus mejores amigos y
comprometidos para casarse después de
graduarse.
Pero la vida tiene otros planes para Hunter y
Taylor, y justo cuando tienen el control sobre
las cosas, una sorpresa afecta a ambos
mundos.
¿Su relación podrá superar la tormenta, o
serán despedazados por el caos?
259
Sobre la Autora
Chelsea M. Cameron es una autora Best Selling
internacional del New York Times/USA Today de
Maine que ahora vive y trabaja en Boston.
Es una entusiasta de los pasteles de terciopelo
rojo, bebedora obsesiva de té, vegetariana, ex
animadora y la peor videojugadora del
mundo.
Cuando no está escribiendo, le gusta ver los
infomerciales, almorzar con su pareja, twittear y
jugar a las escondidas con su gato, Sassenach.
Es licenciada en periodismo en la Universidad
de Maine, Orono, que abandonó rápidamente
para escribir sobre la gente en su propia
cabeza. La mayoría de las veces, estas personas resultan ser tan raras
260
como ella.
261

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