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Clasificación y Conceptos de Bienes en Derecho

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Temas abordados

  • derecho de uso,
  • concesiones,
  • cosas inapropiables,
  • cosas no consumibles,
  • cosas de uso privado,
  • cosas incomerciables,
  • cosas de uso común,
  • derechos reales administrativo…,
  • cosas futuras,
  • derechos personales
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  • derecho de uso,
  • concesiones,
  • cosas inapropiables,
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  • cosas incomerciables,
  • cosas de uso común,
  • derechos reales administrativo…,
  • cosas futuras,
  • derechos personales

LOS BIENES

1.- Conceptos fundamentales.

a) Puntos de vista para estudiar los bienes.

Desde cinco puntos de vista pueden estudiarse los bienes en el ámbito del Derecho: a)
Concepto; b) Clasificación; c) Las facultades o el poder que sobre los bienes puede
tener una persona; d) Los modos de adquirir tales facultades o potestad; y e) La
protección que el ordenamiento jurídico confiere a las facultades adquiridas del modo
que establece la ley.

b) Los bienes y su pertenencia al ámbito de los derechos reales.

El estudio de los bienes supone analizar, de manera detallada, todo lo concerniente a


los derechos reales, destacando sus características que los distinguen de los derechos
personales. En este sentido, como dice Daniel Peñailillo, “Mientras el Derecho de
obligaciones regula el intercambio de bienes y servicios para la satisfacción de las
necesidades de los individuos, la materia jurídica de los derechos reales: a) fija o
radica los bienes en el patrimonio de cada individuo, y b) determina los poderes o
facultades que el sujeto tiene sobre ellos”.

c) Distinción entre cosa y bien.

Los autores se han preocupado de distinguir entre “cosa” y “bien”. Puede afirmarse,
siguiendo a nuestro Código Civil, que “cosa” es todo lo que ocupa un lugar en el
espacio y podemos percibir por nuestros sentidos. Este concepto es aplicable a las
cosas corporales, que nuestros sentidos pueden percibir.

Más difícil resulta precisar en qué consisten las cosas incorporales, vale decir, las
entidades que carecen de corporeidad material. Como veremos, el Código Civil, con un
criterio muy discutible, asimila las cosas incorporales a los derechos. Pero ello deja
fuera de la tipología a las cosas que careciendo de corporeidad física, tampoco son
derechos. Estas son las cosas usualmente denominadas “inmateriales”, como son
aquellas que nuestros textos denominan producciones del talento o del ingenio
(artículo 584 del Código Civil).

En lo que respecta al concepto de “bien”, no hay unanimidad entre los autores. Una
doctrina bastante divulgada, entiende que entre las cosas y los bienes existe una
relación de género a especie: bienes son las cosas que, prestando una utilidad para
el hombre, son susceptibles de apropiación. Por lo tanto, todos los bienes son
cosas, pero no todas las cosas son bienes. En tal sentido, Kiverstein, siguiendo a
Alessandri, enfatiza que aquello que caracteriza a los bienes es la circunstancia de
poder ser objeto de propiedad privada, y no el hecho de producir utilidad al hombre,
pues hay cosas como el aire o la alta mar, que producen una gran utilidad y que, no
obstante ello, no son bienes, por no poder ser objeto de apropiación por los
particulares.

Por utilidad, se entiende la aptitud de una cosa para satisfacer una necesidad del
individuo o un interés cualquiera de éste, económico o no.

Como señala Alessandri, “la etimología de la palabra bienes delata el carácter útil de
las cosas que el Derecho considera. Proviene ella del adjetivo latino bonus, que, a su
vez, deriva del verbo beare, el cual significa hacer feliz. Realmente, aunque las cosas
que se tienen por propias no dan la felicidad, contribuyen al bienestar del hombre por
la utilidad moral o material que de ellas puede obtener.”

En la doctrina nacional, distinguimos dos corrientes doctrinarias que intentan distinguir


entre cosa y bien. Para la primera, cosas son sólo las entidades materiales, las que
constituyen una parte separada de la materia circundante (excluyéndose por ende de
la noción de “cosa” a los derechos y a las cosas inmateriales). Bienes, serían las cosas
útiles al hombre y susceptibles de apropiación por éste. Para la segunda doctrina, cosa
no es solamente lo que forma parte del mundo exterior y sensible, sino también todo
aquello que tiene vida en el mundo del espíritu y que se percibe, no con los sentidos,
sino con la inteligencia. Como puede observarse, se incorpora aquí la noción de cosas
inmateriales. Bienes, por su parte, serían las cosas materiales o inmateriales
susceptibles de prestar utilidad al hombre y ser objeto de derecho, o en otros términos,
susceptibles de apropiación efectiva o virtual por los sujetos de derecho.

El Código Civil chileno no define lo que es cosa ni bien, siendo ajeno a discusiones
doctrinarias sobre la materia y empleando las dos expresiones indistintamente, como
queda de manifiesto en los artículos 565 y siguientes. En cuanto a la Constitución
Política de la República, alude también, en su artículo 19 número 24, a los bienes
corporales o incorporales. Por ende, sin perjuicio de algunos alcances que se hará, en
los párrafos siguientes se aludirá indistintamente a las cosas o los bienes como
sinónimos.

2.- Clasificación de las cosas.

El derecho se ocupa de las clasificaciones de las cosas por diversas razones prácticas:

1º Para determinar qué reglas se aplican a las distintas categorías de cosas;

2º Los requisitos para adquirir y enajenar no son comunes a todas las cosas; y

3º Tampoco son iguales los actos que una persona puede ejecutar con las cosas que
están bajo su posesión.

A continuación, desarrollaremos las clasificaciones más relevantes de las cosas.

2.1. Cosas corporales e incorporales.

a) Críticas a la clasificación.

Se desprende del artículo 19 número 24 de la Constitución Política de la República y de


los artículos 565, 576 y 583 del Código Civil, que las cosas o los bienes pueden ser
corporales o incorporales. Para el Código Civil (artículo 565), cosas corporales son las
que tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos, como una casa, un
libro. A su vez, cosas incorporales son las que consisten en meros derechos, como los
créditos (derechos personales) y las servidumbres activas (derecho real). Nótese que
en este esquema, no están comprendidas las cosas “inmateriales”. El artículo 576
establece que las cosas incorporales son derechos reales o personales. Estos preceptos
consagran lo que la doctrina denomina “cosificación de los derechos”, al considerar
“cosas” o “bienes” a los derechos. Se objeta tal confusión, porque se asocian dos
categorías fundamentalmente diferentes (las cosas materiales y los derechos). En
efecto, siendo toda clasificación la distinción entre dos o más partes de un solo todo, la
que se refiere a las cosas corporales e incorporales, y a estas últimas como derechos,
no sería tal, no sería una clasificación, sino una arbitraria agrupación. Además, se
señala que adjuntar los derechos a las cosas materiales, induce a la pretensión de que
aquellos que son meras abstracciones jurídicas, participen de las características y
condición jurídica de las cosas materiales.

Fue el jurista romano Gayo, quien formuló esta clasificación de cosas corporales e
incorporales. Pero en Roma se excluía de los bienes incorporales al derecho real más
importante: el dominio. Tal exclusión evita que se produzca la reiteración de propiedad
(en el sentido que se tendría la propiedad sobre el derecho de propiedad, lo que
resulta redundante); y se explica en la circunstancia de que, tratándose del dominio,
se llega a identificar el derecho y el objeto sobre el cual recae (así, en lugar de decir
“mi derecho de propiedad sobre este inmueble”, suele decirse simplemente “mi
casa”). Esta identificación o confusión entre el dominio y la cosa sobre la que aquél se
ejerce, se justifica también por el carácter totalizador del derecho de dominio, que se
visualiza como abarcando o envolviendo toda la cosa, de tal modo que se termina
considerando al derecho de propiedad como cosa corporal, equivalente al objeto al que
se refiere. Pero tratándose de los demás derechos reales, que no abarcan toda la cosa,
que no son totalizadores, sí distinguían los romanos entre el derecho y la cosa a la cual
el derecho se refiere. Así, resulta admisible aludir a “mi derecho de usufructo sobre tal
inmueble”.
En el Código Civil chileno, sin embargo, se consideran cosas a los derechos, sin excluir
expresamente al dominio (artículos 576 y 583).
Alessandri y la mayoría de la doctrina critica la formulación tradicional que arranca del
Derecho Romano. Destacan, citando a Planiol, que la distinción romana se reduce a
una antítesis entre el derecho de propiedad confundido con las cosas, por una parte, y
los otros derechos, por otra parte, lo que es criticable, puerto que el dominio, aunque
más amplio, es también un derecho, como los demás. Se indica que la distinción
tradicional entre cosas corporales e incorporales no tiene sentido, pues consiste en
poner de un lado las cosas y de otro lado los derechos, es decir, dos categorías que
ningún carácter común tienen, siendo de naturaleza profundamente diferente. La
oposición que se hace entre los derechos y las cosas, dice Planiol, no es una
clasificación, sino una comparación incoherente: implica oponer los derechos al objeto
de los mismos. Atendido lo expuesto, la doctrina mayoritaria concluye que parece más
aceptable que la posición tradicional del Derecho Romano de considerar los derechos
como cosas incorporales, la moderna posición que admite la categoría de las cosas
incorporales, pero sólo para designar los bienes inmateriales, como las obras del
ingenio, científicas, literarias, invenciones industriales, etc., y separando a los derechos
de la noción de “cosas”.

b) Los bienes incorporales.

Se desprende del artículo 576 que para el Código Civil, las cosas incorporales se
dividen en derechos reales y personales. Los estudiaremos por separado, y luego
haremos una comparación entre ambos.

b.1) Los derechos reales.

Se refieren a ellos los artículos 577 y 579.

b.1.1) Concepto.

El artículo 577 define al derecho real como aquél que tenemos sobre una cosa sin
respecto a determinada persona.

Se concibe como una relación persona-cosa, inmediata, absoluta; un derecho en la


cosa (ius in re). Puede entenderse como un “poder” que tiene un sujeto sobre una
cosa.

Cuando este poder es completo, total, se está en presencia del derecho real máximo,
el dominio; pero puede ser parcial, incompleto, como ocurre en los demás derechos
reales (por ejemplo, en el usufructo, la hipoteca o la prenda).

El titular del derecho real puede ser una persona o varias, y en este último caso
estaremos ante una comunidad (que se llamará copropiedad, si recae tal comunidad
en el dominio).

La cosa sobre la que recae el derecho real, ha de ser siempre, en todo caso,
determinada.
Pero esta concepción del derecho real como una relación persona-cosa ha sido
sumamente discutida. Se observa la impropiedad de concebir una relación entre una
persona y una cosa, en circunstancias que en el Derecho las relaciones jurídicas se
establecen entre sujetos, sin perjuicio de que el objeto de esa relación pueda recaer
sobre una cosa. Se hace referencia entonces a la llamada obligación pasivamente
universal. Se entiende que entre el derecho real y el derecho personal no existe una
diferencia sustancial. En último término, el derecho real también importa una relación
entre sujetos, pero mientras en el derecho personal dicha relación se da entre el
acreedor y el deudor, recayendo sobre la prestación, en el derecho real esa relación
tiene lugar entre el titular y el resto de las personas, la comunidad toda, recayendo,
desde luego, sobre la cosa de que se trata. De este modo, el titular tiene el derecho de
que se respete por todos el ejercicio de sus facultades sobre la cosa, y todos los
demás, la obligación de ese respeto, absteniéndose de perturbarlo.

b.1.2) Elementos del derecho real.

Sin perjuicio de los alcances expuestos en el párrafo anterior, la doctrina señala que en
todo derecho real hay necesariamente dos elementos:
• El sujeto activo o titular del derecho: quien tiene el poder de aprovecharse de la
cosa, en forma total o parcial. El propietario tiene un poder jurídico de
aprovechamiento total, porque puede no sólo usar y gozar de la cosa, sino también
destruirla o consumirla material o jurídicamente (enajenarla). Los titulares de los
demás derechos reales tienen únicamente un poder jurídico de aprovechamiento
parcial, que puede ser mayor o menor según el derecho real de que se trata.

• La cosa objeto del derecho debe ser siempre determinada individual o


específicamente, porque como decía Planiol, el derecho real tiene siempre por
objeto garantizar el hecho de la posesión, que es necesariamente concreto y que
sólo puede existir tratándose de una cosa determinada”.

b.1.3) Clasificación de los derechos reales.

Los derechos reales se clasifican o agrupan por la doctrina en derechos reales de goce
y de garantía.

Los derechos reales de goce permiten la utilización directa de la cosa (su uso,
percepción de frutos). El primero de ellos, el más completo, es el de dominio; junto a
él, están otros derechos reales de goce, con facultades limitadas: usufructo, uso o
habitación, censo y servidumbre activa.

Los derechos reales de garantía permiten utilizar las cosas indirectamente, por su
valor de cambio; contienen la facultad de lograr, con el auxilio de la justicia, su
enajenación, para obtener con el producto una prestación incumplida: hipoteca y
prenda.

b.1.4) Taxatividad de los derechos reales.

Los derechos reales, por su contenido absoluto y directo sobre las cosas, están
establecidos por la ley. Generalmente, los códigos civiles efectúan una enumeración de
los que deben considerarse como derechos reales, como acontece con el nuestro, en el
artículo 577. Nada impide, sin embargo, que otros preceptos legales establezcan otros
derechos reales, como ocurre en el artículo 579, referido al derecho de censo, que
tiene el carácter de derecho real cuando se persiga la finca acensuada. Parte de la
doctrina alude, además, a los denominados “derechos reales administrativos”, como el
derecho de aprovechamiento de aguas, el derecho del concesionario, etc.

Se ha planteado en el derecho comparado el problema de si sólo son derechos reales


los que la ley establece como tales o si es posible que los particulares puedan crear en
sus convenciones otros derechos reales. Nuestra doctrina no acepta la posibilidad de
que los particulares puedan crear derechos reales. La razón más frecuentemente
mencionada, siguiendo a Planiol, alude al carácter de orden público que tienen las
normas sobre organización de la propiedad, entre las que se encuentran las relativas a
los derechos reales, lo que resta aplicación a la voluntad de los particulares.
Naturalmente que es esta voluntad la que origina los derechos reales en concreto,
pero ello supone que la figura jurídica esté diseñada por la ley. Lo que se excluye es
que los particulares puedan elaborar, en sus pactos, un derecho real no contemplado
en abstracto por los textos legales.

b.2) Los derechos personales.

b.2.1) Concepto.

El artículo 578 define a los derechos personales o créditos como aquellos que sólo
pueden reclamarse de ciertas personas, que, por un hecho suyo o la sola disposición
de la ley, han contraído las obligaciones correlativas.

El derecho personal es la contrapartida de la obligación del deudor. Tratándose de esta


clase de derechos, el acreedor tiene la facultad para exigir del deudor el cumplimiento
de una prestación, que podrá consistir en dar, hacer o no hacer.

b.2.2) Carácter ilimitado de los derechos personales.

A diferencia de lo que acontece con los derechos reales, los derechos personales son
ilimitados, pueden originarse libremente en la voluntad de los contratantes, sin
perjuicio naturalmente del respeto a la ley, la moral, el orden público y las buenas
costumbres.

b.2.3) Elementos constitutivos del derecho personal.

En todo derecho personal distinguimos tres elementos:

• El sujeto activo del derecho, llamado acreedor.

• El sujeto pasivo del derecho, denominado deudor.

• El objeto del derecho, que puede consistir en una dación, la realización de un hecho
positivo o una abstención.

b.3) Paralelo entre los derechos reales y personales.

Distinguimos las siguientes diferencias:

b.3.1) En cuanto a las personas que intervienen en la relación jurídica:

• Tratándose de los derechos reales: hay un sujeto activo determinado pero un sujeto
pasivo generalmente indeterminado, constituido por toda la colectividad, obligada a
respetar el legitimo ejercicio del derecho real por su titular (se observar, sin
embargo, que hay derechos reales en que también hay un sujeto pasivo
determinado, como acontece en las servidumbres activas).

• Tratándose de los derechos personales: los sujetos activo y pasivo están


determinados.

b.3.2) En cuanto al objeto de la relación jurídica:

Dos implicancias cabe mencionar:

• El objeto del derecho real es necesariamente una cosa.

• El objeto del derecho personal es un acto humano, que podrá consistir en un dar, un
hacer o un no hacer.

• El derecho real supone una cosa determinada en especie.

• El derecho personal puede aplicarse a una cosa indeterminada individualmente, y


sólo determinada por su género.

b.3.3) En cuanto a la eficacia de los derechos.

• El derecho real es absoluto, porque puede oponerse a todos.

• El derecho personal es relativo, porque sólo puede oponerse a la persona obligada.

b.3.4) En cuanto a su número:

• No hay más derechos reales que aquellos previstos en la ley.

• Los derechos personales son ilimitados, naciendo de la autonomía de la voluntad.

b.3.5) En cuanto a su fuente:

• La fuente de los derechos reales son los modos de adquirir.

• La fuente de las obligaciones son aquellas señaladas en los artículos 1437, 2284 y
2314.

b.3.6) En cuanto a las acciones que los protegen.

• Los derechos reales están protegidos por acciones reales, que persiguen recuperar la
posesión de la cosa o del derecho;
• Los derechos personales están protegidos por acciones personales, que persiguen
obtener el cumplimiento de la prestación a que está obligado el deudor.

c) Los bienes corporales.

Conforme a lo señalado por el artículo 565 del Código Civil, son aquellos que tienen un
ser real y pueden ser percibidos por los sentidos.

El artículo 566 establece que las cosas corporales se dividen en muebles e inmuebles.

Nos referiremos a ellos en el punto 2.2

d) Importancia práctica de la distinción entre cosas corporales e incorporales.

Dos aspectos fundamentales debemos señalar:

d.1) La distinción ofrece un interés relevante en cuanto a los modos de adquirir, pues
algunos de éstos sólo se aplican a los bienes corporales: la ocupación y la accesión.

d.2) Por otra parte, ciertos modos de adquirir están regulados por normas distintas,
según se trate de cosas corporales o incorporales: la tradición y la prescripción.

2.2. Bienes muebles e inmuebles.

a) Aspectos generales.

Las cosas corporales se dividen en muebles e inmuebles, según que ellas puedan o no
transportarse de un lugar a otro sin cambiar su naturaleza.

En el derecho moderno, se considera como la clasificación más importante de las cosas


la que distingue entre muebles e inmuebles. Por razones históricas, afincadas
fundamentalmente en el derecho medieval, se tendió a dar mayor protección jurídica a
los inmuebles. La tendencia se mantiene hasta nuestros días, no obstante que con la
industrialización del Siglo XIX en adelante, aumentó considerablemente la manufactura
de valiosos muebles.

b) Importancia práctica de la distinción entre bienes muebles e inmuebles.

El régimen jurídico de los muebles e inmuebles es diverso, cuestión que se aprecia en


distintos aspectos:

b.1) La compraventa de bienes inmuebles es un contrato solemne, que debe


efectuarse por escritura pública, mientras que la compraventa de bienes muebles es
un contrato consensual (artículos 1443 y 1801).

b.2) La tradición de los inmuebles se efectúa por la inscripción del título en el Registro
respectivo del Conservador de Bienes Raíces competente (artículo 686). La tradición
de los bienes muebles se realiza por la entrega material o simbólica de las cosas
mediante uno de los medios señalados en la ley (artículo 684), significando una de las
partes a la otra que le transfiere el dominio.

b.3) En materia de prescripción adquisitiva ordinaria, para los muebles se requiere un


plazo de 2 años, mientras que para los inmuebles el plazo es de 5 años: artículo 2508.

b.4) En materia de sucesión por causa de muerte, los herederos no pueden disponer de
los inmuebles, mientras no se les haya otorgado la posesión efectiva de los bienes
dejados por el causante y se hayan practicado las inscripciones que contempla el
artículo 688: la inscripción del decreto judicial (si la herencia fuere testada o intestada
abierta en el extranjero) o resolución administrativa del Registro Civil (si la herencia
fuere intestada abierta en Chile) que confiere la posesión efectiva, la inscripción
especial de herencia y eventualmente de adjudicación en la partición. Tratándose de
los bienes muebles, la ley no exige estas diligencias.

b.5) La enajenación de inmuebles del pupilo debe efectuarse con ciertas formalidades,
como la pública subasta, previo decreto judicial (artículos 393 y 394).
b.6) La acción rescisoria por lesión enorme sólo procede en la venta o permuta de
bienes raíces (artículo 1891).

b.7) En materia de sociedad conyugal, los bienes muebles aportados al matrimonio por
los cónyuges, ingresan al haber relativo de la sociedad conyugal, mientras que los
bienes inmuebles permanecen en el haber propio de los aportantes. A su vez, los
bienes muebles adquiridos a título gratuito durante la vigencia de la sociedad
conyugal, ingresan al haber relativo de la sociedad conyugal, mientras que los bienes
inmuebles adquiridos a título gratuito durante la vigencia de la sociedad conyugal
ingresan al haber propio del cónyuge (no hay diferencias entre los muebles e
inmuebles adquiridos durante la vigencia de la sociedad conyugal a título oneroso,
pues ambos ingresan al haber absoluto de la sociedad conyugal).

b.8) En lo que respecta a las cauciones reales, se establecen dos instituciones


diferentes, la prenda y la hipoteca, según la garantía sea un bien mueble o inmueble:
artículos 2384 y 2407.

b.9) En materia de modos de adquirir el dominio, la ocupación sólo procede respecto


de bienes muebles, atendido lo dispuesto en el artículo 590 del Código Civil.

b.10) En el marco de la muerte presunta, para que los poseedores provisorios puedan
vender los bienes muebles del desaparecido en pública subasta, basta que el juez lo
estime conveniente, oído el defensor de ausentes. Tratándose de los bienes inmuebles,
para que éstos puedan venderse (igual que los muebles, sólo en pública subasta),
debe haber una causa necesaria o utilidad evidente, declarada por el juez con
conocimiento de causa (o sea, en base a los antecedentes que se acompañen a los
autos), y con audiencia del defensor (artículo 88).

b.11) En materia posesoria, la ley sólo protege a los inmuebles mediante las acciones
posesorias (artículo 916). La posesión de los muebles sólo podría recuperarse
mediante la acción publiciana, que la ley franquea exclusivamente al poseedor regular
(artículo 894).

b.12) Para los efectos de la accesión de cosa mueble a cosa inmueble, la ley considera
como cosa principal al inmueble, aunque la cosa mueble valga más (artículos 668 y
669).

b.13) Para los efectos de la fianza, cuando el deudor está obligado a prestar dicha
caución (artículos 2348 y 2349), debe dar un fiador que tenga bienes suficientes para
hacerla efectiva. Ahora bien, para calificar la suficiencia de los bienes del fiador, sólo
se tomarán en cuenta los inmuebles (artículo 2350).

b.14) En lo concerniente a los efectos de la condición resolutoria cumplida, el Código


Civil distingue entre los bienes muebles (artículo 1490) y los inmuebles (artículo 1491)
enajenados a los terceros.

b.15) El arrendamiento de los bienes muebles se rige por el Código Civil (artículos 1916
y siguientes). El arrendamiento de los predios urbanos está regulado por la Ley número
18.101, mientras que el arrendamiento de predios rústicos se rige por el Decreto Ley
número 993, siendo las normas del Código Civil supletorias.

b.16) Existiendo sociedad conyugal, el marido puede vender o gravar sin restricciones
los bienes muebles sociales, para caucionar obligaciones propias, mientras que para
vender o gravar los bienes inmuebles de la sociedad, requiere de la autorización de la
mujer o del juez en subsidio (artículo 1749).

b.17) Existiendo sociedad conyugal, el marido puede arrendar sin restricciones los
bienes muebles de la sociedad. En cambio, si se trata de bienes inmuebles urbanos o
rústicos y el arrendamiento excede de 5 u 8 años, respectivamente, requiere de la
autorización de la mujer o del juez en subsidio (artículo 1749).

b.18) En el régimen de participación en los gananciales, el cónyuge acreedor


perseguirá el pago de su crédito primeramente en el dinero del deudor, después en sus
muebles y finalmente en los inmuebles (artículo 1792-24). Tratándose del régimen de
sociedad conyugal, la mujer se pagará de las recompensas a que tenga lugar, primero
sobre el dinero y muebles de la sociedad, y subsidiariamente sobre los inmuebles de la
misma (artículo 1773).

b.19) No se podrán enajenar ni gravar en caso alguno los bienes raíces del hijo sujeto a
patria potestad, aun pertenecientes a su peculio profesional o industrial, sin
autorización del juez con conocimiento de causa (artículo 254).

b.20) Jamás se podrán donar los bienes raíces del pupilo, ni siquiera con autorización
judicial. En cambio, el guardador podrá hacer donaciones en dinero u otros bienes
muebles del pupilo, cumpliendo con lo preceptuado en la ley (artículo 402).

b.21) Habiendo sociedad conyugal, las donaciones remuneratorias de bienes raíces


hechas a uno de los cónyuges o a ambos, por servicios que no daban acción contra la
persona servida, no aumentan el haber social; si la donación remuneratoria es de
cosas muebles aumentará el haber de la sociedad, la que deberá recompensa al
cónyuge donatario si los servicios no daban acción contra la persona servida o si los
servicios se prestaron antes de la sociedad (artículo 1738).

b.22) Hay derechos reales que siempre son inmuebles, como las servidumbres activas,
la hipoteca, el derecho de habitación y el censo, mientras que el derecho real de
prenda siempre será mueble.
b.23) La distinción entre cosas consumibles y no consumibles, sólo resulta aplicable a
los bienes muebles (el Código Civil señala en su artículo 575 que las cosas muebles “se
dividen en fungibles y no fungibles”, pero el precepto confunde esa categoría de cosas,
con la de consumibles y no consumibles, según veremos; por lo demás, nada impide
visualizar bienes inmuebles fungibles, como serían 200 lotes de iguales características
y superficie, originados en la subdivisión de un fundo).

b.24) Sólo cosas muebles integran las universalidades de hecho, mientras que las
universalidades jurídicas pueden estar compuestas por muebles o inmuebles.

b.25) Si se constituye el usufructo por acto entre vivos, la formalidad depende de la


naturaleza de la cosa fructuaria: si recae sobre muebles, es consensual; si recae sobre
inmuebles, es necesario instrumento público inscrito (artículo 767). Se ha discutido el
rol de la inscripción en este caso. Se sostiene por algunos que desempeña el doble
papel de solemnidad del acto constitutivo y de tradición del derecho real de usufructo;
para otros, sólo desempeña esta última función, quedando perfecto el acto
constitutivo, con el sólo perfeccionamiento del instrumento público y sin que haya un
plazo para proceder a la inscripción. La inscripción, en todo caso, debe efectuarse en el
Registro de Hipotecas y Gravámenes del Conservador de Bienes Raíces donde esté
ubicado el inmueble (artículos 686 del Código Civil y 52 número 2 del Reglamento del
Registro Conservatorio).

b.26) En la sociedad conyugal, el Código Civil sólo reglamentó la subrogación de


inmueble a inmueble o de inmueble a valores, y nada dijo respecto a subrogar muebles
por otros muebles (artículo 1733). Arturo Alessandri Rodríguez, dado el silencio del
legislador, niega tal posibilidad, mientras que Pablo Rodríguez Grez la admite, atendido
lo dispuesto en el artículo 1727 número 2 del Código Civil.

b.27) En relación con la determinación del precio de la compraventa, se ha planteado


si es posible vender dos o más cosas en un mismo precio, sin desglosarlo para cada
una de las cosas objeto del contrato. Considerando que el art. 1808 exige que el precio
sea determinado por los contratantes o por un tercero, debiéramos concluir que pactar
un precio por dos o más cosas infringiría el precepto. Aún más, si se trata de la venta
de dos o más inmuebles en un solo precio, no sería posible aplicar los arts. 1888 a
1896, relativos a la rescisión por lesión enorme. Lo anterior pareciera tornarse
indiscutible, cuando los inmuebles se venden como especie o cuerpo cierto, y en
especial, cuando son urbanos. En cambio, si los predios se venden en relación a la
cabida y particularmente si son rústicos y contigüos, podría "deducirse" el precio de
cada uno conforme a la respectiva superficie. Con todo, igual podría resultar dudoso el
solo expediente de aplicar la superficie como factor de cálculo del precio, pues los
terrenos de uno y otro predio pueden ser de disímil calidad. Incluso, si se venden
derechos de aprovechamiento de agua, conjuntamente con un predio, resulta
aconsejable desglosar el precio, asignando una suma para el terreno y otra para las
aguas. Sin embargo, también es cierto que el art. 1864 admite la posibilidad de vender
dos o más cosas ajustando un precio por el conjunto. Dado que los ejemplos que
proporciona el precepto sólo aluden a cosas muebles, podría estimarse que sólo dichas
cosas podrían venderse en un mismo precio. Con todo, no debemos olvidar que los
ejemplos que proporciona la ley no suponen limitar el alcance del precepto respectivo,
a dichos ejemplos. Un criterio práctico aconseja desglosar el precio en las hipótesis
planteadas.

b.28) Tratándose de los bienes familiares, sólo puede afectarse en esa calidad un
inmueble, aquél que sirva de residencia principal de la familia (artículo 142). En
cambio, pueden afectarse como bienes familiares una pluralidad de bienes muebles,
específicamente todos aquellos que guarnecen la residencia principal de la familia.

b.29) El derecho de adjudicación preferente que la ley otorga al cónyuge sobreviviente


en la partición de los bienes dejados por el causante, sólo puede invocarse sobre un
inmueble, aquella en que resida el viudo o viuda y que sea o haya sido la vivienda
principal de la familia y haya formado parte del patrimonio del difunto (artículo 1337,
regla 10ª). En cambio, respecto de los bienes muebles, el cónyuge sobreviviente puede
invocar su derecho de adjudicación preferente sobre todos los bienes muebles que
conformen el “mobiliario” que guarnece la aludida vivienda, siempre que tales bienes
hayan formado parte del patrimonio del difunto.

b.30) En la hipótesis anterior, y en el evento que el valor de las vivienda y del


mobiliario que la guarnece exceda la cuota hereditaria del cónyuge, éste podrá
solicitar que se constituya en su favor un derecho de habitación sólo sobre un
inmueble, el referido; y podrá pedir que se le constituya un derecho de uso sobre
diversos muebles, los que conforman el “mobiliario” que guarnece a la vivienda en
cuestión. Estos derechos tendrán el carácter de gratuitos y de vitalicios.

b.31) En relación a las obligaciones que el usufructuario debe cumplir antes de entrar
en el goce de las cosas fructuarias, consistentes en hacer un inventario y rendir
caución, sólo podrán entregarse al usufructuario con antelación al cumplimiento de
estas obligaciones, los bienes muebles comprendidos en el usufructo, que fueren
necesarios para el uso personal del usufructuario y de su familia. Dichos bienes le
serán entregados al usufructuario bajo juramento de restituir las especies o sus
respectivos valores (artículo 777, inciso 5º): se trata de la llamada “caución juratoria”,
figura excepcional que permite al usufructuario recibir los bienes aludidos, no obstante
no haber cumplido con las obligaciones de inventario y caución.

b.32) El guardador puede comprar o tomar en arriendo para sí, para su cónyuge y
parientes más cercanos, los bienes muebles del pupilo, siempre y cuando lo autoricen
los demás guardadores conjuntos que no estén implicados de la misma manera o el
juez en subsidio. Pero en ningún caso podrá el guardador comprar bienes raíces del
pupilo o tomarlos en arriendo, prohibición que se extiende a su cónyuge y a sus
ascendientes o descendientes (artículo 412).

b.33) Por mandato del artículo 1294 del Código Civil, que se remite al artículo 412 del
mismo Código, se prohíbe a los albaceas adquirir bienes inmuebles de la sucesión en la
que intervienen. En cambio, pueden adquirir bienes muebles, con autorización de los
herederos.
Fuera del ámbito del Código Civil, la distinción también tiene importancia:

b.34) En materia penal, los delitos de robo y hurto sólo se refieren a cosas muebles,
mientras que la apropiación de inmuebles ajenos configura el delito de usurpación.

b.35) Dentro del sistema del Código de Comercio, los actos de comercio sólo recaen
sobre bienes muebles (artículo 3 del Código de Comercio).

b.36) En materia de competencia de los Tribunales, conoce de una acción inmueble el


juez del lugar en que el inmueble está ubicado; en lo que concierne a las acciones
muebles, el Juez competente es aquél del lugar en que deba cumplirse la obligación,
por regla general.

c) Categorías de cosas corporales muebles e inmuebles.

En principio, la noción de inmueble está ligada a la de fijeza. El concepto de inmueble,


evoca una cosa que no es susceptible de trasladarse de un lugar a otro sin alterar su
naturaleza; el concepto de mueble corresponde a una cosa cuyo traslado es posible sin
ningún riesgo para su sustancia.

Pero la ley admite que una cosa mueble por naturaleza sea considerada inmueble y, a
la inversa, que una cosa inmueble, se repute mueble para constituir un derecho sobre
ella en favor de terceros.

Teniendo presente lo expuesto, distinguimos:

c.1. Bienes muebles: pueden ser:


c.1.1. Bienes muebles por naturaleza.
c.1.2. Bienes muebles por anticipación.

c.2. Bienes inmuebles: pueden ser:


c.2.1. Bienes inmuebles por naturaleza.
c.2.2. Bienes inmuebles por adherencia.
c.2.3. Bienes inmuebles por destinación.

d) Cosas corporales muebles.

d.1) Concepto.

Son las que pueden trasladarse de un lugar a otro, sin cambio o detrimento de su
sustancia (artículo 567).

d.2) Bienes muebles por naturaleza.


Son las cosas muebles propiamente tales, las que por su esencia misma calzan con la
definición legal. Se dividen en semovientes y cosas inanimadas.

Son semovientes las cosas corporales muebles que pueden trasladarse de un lugar a
otro moviéndose por si mismas, como los animales.

Son cosas inanimadas las que sólo se mueven por una fuerza externa.
Desde el punto de vista civil, el distingo anterior no tiene trascendencia jurídica.

d.3) Bienes muebles por anticipación.


Son aquellas cosas inmuebles por naturaleza, por adherencia o por destinación que,
para el efecto de constituir un derecho sobre ellas a otra persona que el dueño, se
reputan muebles aún antes de su separación del inmueble del que forman parte, o al
cual adhieren o al cual están permanentemente destinados para su uso, cultivo o
beneficio (artículo 571).

Se consideran muebles anticipadamente, antes de que dejen de ser inmuebles; se les


mira no en su estado actual, unidos a un inmueble, sino en su estado futuro, como
cosas ya separadas y distintas. En consecuencia, deben aplicarse las normas que rigen
los bienes muebles a los actos en que se constituye un derecho en favor de persona
distinta que el dueño. Por ello, el inciso 3º del artículo 1801 deja en claro que la venta
de esta clase de bienes, aún cuando todavía pertenezcan a un inmueble, se
perfecciona por el sólo consentimiento, y no por escritura pública.

Ejemplos de bienes muebles por anticipación: la venta de la madera de un bosque o de


la fruta de una plantación, antes de derribar los árboles o cosechar la fruta, o la
constitución de una prenda forestal o agraria sobre tales productos y frutos. En ambos
casos, estamos ante bienes inmuebles por adherencia, que se reputan sin embargo
muebles por anticipación, en la medida que sobre ellos se constituya un derecho
personal (como ocurre con una compraventa “en verde” de la fruta) o real (como
acontece con la prenda forestal o agraria) en favor de un tercero.

Debe quedar en claro que si los llamados muebles por anticipación son objetos de
actos jurídicos conjuntamente con la cosa principal, siguen la misma condición
inmueble de ésta, porque no se considera ninguna separación anticipada.

d.4) Reglas de interpretación legal en materia de bienes muebles.


Ante los diferentes sentidos que se atribuyen por las leyes o el lenguaje corriente a la
expresión “mueble”, el Código Civil contempla algunas reglas encaminadas a fijar el
alcance de esta palabra:

d.4.1) Artículo 574, inciso 1º: “Cuando por la ley o el hombre se usa de la expresión
bienes muebles sin otra calificación, se comprenderá en ella todo lo que se entiende
por cosas muebles, según el artículo 567”. En otras palabras, cuando por la ley o por el
hombre se usa la expresión “bienes muebles” sin otra calificación, se entiende por
cosas muebles sólo las que lo son por su naturaleza. Quedan pues excluidos los
muebles por anticipación y los muebles incorporales.

d.4.2) Artículo 574, inciso 2º: “En los muebles de una casa no se comprenderá el
dinero, los documentos y papeles, las colecciones científicas (...) ni en general otras
cosas que las que forman el ajuar de una casa”. Dicho en otros términos, dentro de
“los muebles de una casa”, sólo están los que conforman el ajuar de una casa.
Precisemos que la expresión “ajuar” utilizada en el artículo, es el conjunto de muebles,
enseres y ropas de uso común en la casa. Cabe advertir que conforme al artículo 7 de
la Ley 18.112, sobre prenda sin desplazamiento, no podrán ser dados en prenda sin
desplazamiento, los muebles de una casa destinados a su ajuar.

Lo anterior se recoge también en el artículo 141, a propósito de los bienes familiares.


En este precepto, la expresión “muebles que la guarnecen” (a la residencia principal
de la familia), se ha interpretado también como alusiva a los muebles que forman el
ajuar de la casa. En cambio, en la regla décima del artículo 1337, el Código alude al
“mobiliario que lo guarnece”, expresión que se ha interpretado como más amplía,
referida a todos los muebles que se encuentran dentro del inmueble a que se refiere el
artículo.

d.4.3) Artículo 1121, inciso 1º, primera parte: “Si se lega una casa con sus muebles o
con todo lo que se encuentre en ella, no se entenderán comprendidas en el legado las
cosas enumeradas en el inciso 2º del artículo 574, sino sólo las que forman el ajuar de
la casa y se encuentran en ella”. Si se trata de cosas que no forman el ajuar de una
casa ni se encuentran en ella, deben designarse expresamente en el legado.

d.4.4) Artículo 1121, inciso 1º, segunda parte: “y si se lega de la misma manera una
hacienda de campo, no se entenderá que el legado comprende otras cosas, que las
que sirven para el cultivo y beneficio de la hacienda y se encuentran en ella”. El legado
de una hacienda, sólo comprende, además del predio, los bienes inmuebles por
destinación que se encuentren en aquél.

e) Cosas corporales inmuebles.

e.1) Inmuebles por naturaleza.

e.1.1) Concepto.
Son las cosas que responden esencialmente a la definición de inmuebles, que no
pueden trasladarse de un lugar a otro sin que se altere su sustancia: artículo 568.
Las tierras comprenden el suelo y el subsuelo, sin construcciones, árboles ni
plantaciones. Constituyen un elemento natural fijo. Las minas son los depósitos de
sustancias minerales formadas naturalmente y existentes en el interior de las tierras.
Las sustancias minerales extraídas de las minas son muebles, pero la mina en sí
misma siempre es una cosa inmueble.

e.1.2) Predios urbanos y predios rústicos.


Dice el Código Civil que las casas y heredades se llaman predios o fundos. La palabra
casa está tomada en un sentido amplio, como edificio en el que se puede vivir o
morar, aunque no esté destinado a la habitación hogareña, y alude fundamentalmente
a un inmueble urbano, o a la construcción destinada a la vivienda, que se levante en
un predio rústico. Heredad es una porción de terreno cultivado y perteneciente a un
mismo dueño. Con esta expresión se designa a los predios rústicos. También emplea el
Código la expresión finca, referida tanto a predios urbanos como rústicos, aunque en
su acepción natural, alude más bien a los últimos.

En nuestro ordenamiento jurídico, el criterio para definir a los predios urbanos y


rústicos no ha sido uniforme.
En los años sesenta, al promulgarse las normas relativas a la Reforma Agraria, se
definió como “predio rústico” todo inmueble susceptible de uso agrícola, ganadero o
forestal, situado en sectores urbanos o rurales (Ley número 16.640). Se aplicó por
ende un criterio funcional, y no espacial o geográfico.

En cambio, en el Decreto Ley número 3.516 de 1980, que establece normas relativas a
la subdivisión de predios rústicos, se dispone que son predios rústicos, los inmuebles
de aptitud agrícola, ganadera o forestal ubicados fuera de los límites urbanos o fuera
de los límites de los planes reguladores intercomunales de Santiago y Valparaíso y del
plan regulador metropolitano de Concepción (artículo 1 del citado Decreto Ley). En
este caso, el criterio es espacial o geográfico y no puramente funcional.

Por su parte, la Ley número 18.101, del año 1982, que fija normas especiales sobre
arrendamiento de predios urbanos, declara que se entiende por bienes raíces urbanos
los ubicados dentro del radio urbano respectivo, aunque se advierte que la ley se
aplicará también a los arrendamientos de viviendas situadas fuera del radio urbano,
aunque incluyan terreno, siempre que su superficie no exceda de una hectárea
(artículo 1).

El Decreto Ley número 993, que establece disposiciones especiales sobre


arrendamiento de predios rústicos, dispone que se entenderá por predio rústico el
definido como tal por la Ley número 16.640.

Como efectos prácticos de esta distinción entre predios urbanos y rústicos, cabe
señalar los siguientes puntos fundamentales:

• En materia de compraventa, las reglas relativas a la cabida de los predios sólo se


aplican a la venta de predios rústicos (artículo 1831 y siguientes).

• En materia de arrendamiento, los predios urbanos y rústicos tienen diferentes


normas (Ley número 18.101 y Decreto Ley número 993, respectivamente).

• La Ley General de Urbanismo y Construcciones exige, para la subdivisión de un


predio urbano, la aprobación por la respectiva Dirección de Obras Municipales, la
que mediante la respectiva resolución, autorizará además para enajenar los lotes
por separado, archivando el respectivo plano en el Conservador de Bienes Raíces
competente; en cambio, tratándose de los predios rústicos, el Decreto Ley número
3.516 sólo exige archivar un plano hecho a determinada escala, en el Conservador
de Bienes Raíces, previa certificación hecha por el Servicio Agrícola y Ganadero,
acerca de que la subdivisión se ajusta a la ley. En este caso, además, en las
compraventas resultantes de la subdivisión de un predio rústico, debe incluirse una
cláusula por la que se prohíba el cambio de destino agrícola del inmueble, so pena
de declararse la nulidad de la compraventa. A su vez, tratándose de los predios
rústicos provenientes de una asignación de la ex-Cora, en la escritura de
compraventa debe el comprador hacerse cargo de la deuda ex-Cora subsistente, la
que debe estar al día, e insertarse un certificado que detalle el monto de tal deuda
emitido con una antelación no superior a 30 días contados desde la fecha de la
escritura.

• En materia de sociedad conyugal, el arrendamiento de los predios urbanos y rústicos


de la sociedad o de la mujer, requiere de autorización de ésta, si se exceden los
plazos consignados los artículos 1749, 1754 y 1756.

• Arrendamiento de los bienes del hijo sujeto a patria potestad. Está subordinado a las
mismas normas que rigen para los guardadores (artículo 255 en relación con el
artículo 407): los predios rústicos no pueden arrendarse por más de 8 años ni los
urbanos por más de 5 años; y en ningún caso, por un plazo mayor que aquél que
falte para que el hijo llegue a la mayor edad. La infracción de esta norma no origina
la nulidad del contrato, sino la inoponibilidad ante el hijo.

e.2) Inmuebles por adherencia.

e.2.1) Concepto.

Son aquellos que adhieren permanentemente a un inmueble por naturaleza (como un


árbol) o a otro inmueble por adherencia (como la manzana que pende de la rama de
un árbol, o como los cultivos en general). Por esta adherencia o incorporación están
inmovilizados y la ley los trata como inmuebles. El Código Civil menciona, a vía de
ejemplo, los árboles y las plantas que adhieren al suelo por sus raíces, siempre que no
se encuentren en macetas que puedan transportarse de un lugar a otro (artículos 568
y 569).

Conviene precisar que los productos de la tierra y los frutos de los árboles, mientras
permanecen adheridos a su fuente de origen, son inmuebles, por adherencia, pues
forman con ella un solo todo; separados permanentemente, son muebles; y se reputan
muebles, aún antes de su separación, para los efectos de constituir derechos sobre
ellos en favor de persona distinta que el dueño.

La jurisprudencia nacional ha declarado que deben reputarse inmuebles por


adherencia los durmientes, rieles y en general todas las obras de un ferrocarril; los
puentes, alcantarillados, terraplenes, etc., obras que se encuentran unidas al terreno
formando con él un solo todo; también las líneas telegráficas, que por su propia
naturaleza , deben considerarse permanentemente adheridas al suelo.

e.2.2.) Requisitos de los bienes inmuebles por adherencia.

Dos requisitos deben reunir los bienes por adherencia:

• Que la cosa adhiera a un bien inmueble por naturaleza o a otro bien inmueble por
adherencia.

• La cosa debe adherir permanentemente a un bien raíz, esto es, debe haber una
incorporación estable, íntima y fija y no una mera adherencia exterior. Si un edificio
cumple esta condición, es inmueble, no siendo necesario que esté construido a
perpetuidad. Por ello, son inmuebles las construcciones levantadas para una
exposición, aunque luego de cierto tiempo deban ser demolidas. Así por lo demás
se desprende del artículo 569, que declara inmuebles por adherencia a las plantas
aunque su incorporación al suelo, es por su naturaleza misma esencialmente
temporal. Lo mismo se deduce del artículo 571, que implícitamente califica de
inmuebles a las yerbas de un campo mientras adhieren al suelo y a los frutos no
separados de los árboles y sobre los cuales no se ha constituido un derecho a favor
de persona distinta que el dueño (porque en este caso, pasarían a ser muebles por
anticipación). Si se consideran inmuebles todas estas cosas que son por naturaleza
de adherencia temporal a la tierra, ya que están destinadas a desaparecer en un
tiempo más o menos corto, no existe razón en exigir que los edificios estén
incorporados a perpetuidad al suelo para reputarlos inmuebles.

e.3) Inmuebles por destinación.

e.3.1) Concepto.

Son aquellas cosas muebles que la ley reputa inmuebles por una ficción, como
consecuencia de estar destinadas permanentemente al uso, cultivo o beneficio de un
inmueble, no obstante de que puedan separarse sin detrimento (artículo 570).
Los motivos de la ficción que constituyen los inmuebles por destinación son de orden
práctico. Se persigue evitar que con la separación de esas cosas se menoscabe la
utilidad o productividad económica del inmueble principal. Por ello, en principio, se
entienden comprendidos los inmuebles por destinación en la venta de una finca
(artículo 1830), en la hipoteca sobre bienes raíces (artículo 2420), en la especie que se
lega (artículo 1121). Decimos “en principio”, porque la voluntad de las partes puede
excluir los inmuebles por destinación de los actos jurídicos mencionados.

e.3.2) Diferencia entre los inmuebles por adherencia e inmuebles por destinación.

Se diferencian ambas categorías de inmuebles, en que los inmuebles por adherencia


pierden su propia individualidad y se convierten en parte constitutiva del inmueble por
naturaleza o por adherencia al cual adhieren, lo que no ocurre con los inmuebles por
destinación, que simplemente se agregan o anexan a un inmueble y continúan
conservando su propia individualidad.

e.3.3) Requisitos de los inmuebles por destinación.


Tres requisitos deben reunir los bienes muebles para ser considerados como inmuebles
por destinación:

• La cosa mueble debe colocarse en un inmueble, comunicando ésta última su


naturaleza a la primera.

• La cosa mueble debe colocarse en interés del inmueble, es decir, debe destinarse al
uso, cultivo o beneficio del inmueble. Cabe señalar que a pesar de que el inciso 1º
del artículo 570 emplea la fórmula copulativa “y” (“uso, cultivo y beneficio”),
debemos entender que para dar a las cosas muebles la calidad de inmuebles por
destinación, basta que estén destinadas a una cualesquiera de las finalidades
mencionadas (uso, cultivo o beneficio de un inmueble). Así lo ha resuelto la Corte
Suprema y lo ha corroborado el Código de Aguas, en lo que podríamos calificar
como una interpretación legal o auténtica del artículo 570 del Código Civil, al
disponer en su artículo 3º: “Atendida su naturaleza, las aguas son muebles, pero
destinadas al uso, cultivo o beneficio de un inmueble se reputan inmuebles”. El
agua, por tanto, considerada como inmueble por destinación según el propio
legislador, basta que sirva a uno de estos tres fines y no a todos ellos.

Para que un mueble sea inmueble por destinación no es suficiente que el dueño de un
predio coloque la cosa en éste y por su voluntad le atribuya la calidad de inmueble; la
ley exige la existencia de una relación efectiva entre el mueble y el inmueble,
traducida en la destinación del primero al uso, cultivo o beneficio del segundo. Del
mismo modo, para que la cosa pierda su carácter de inmueble por destinación, es
preciso que objetivamente desaparezca el vínculo citado, sea al sustraerse
efectivamente el mueble a la explotación del inmueble, sea por enajenación del
mueble o del inmueble por separado.

• La cosa mueble debe estar destinada en forma permanente a los fines indicados. Si
bien se exige cierta estabilidad y fijeza, no se requiere perpetuidad (igual que
dijimos respecto a los inmuebles por adherencia). Prueba lo anterior el propio
artículo 570, al mencionar los abonos existentes en la finca, que dejan de existir por
su empleo.

e.3.4) Casos en que la ley exige que sea el dueño el que destine un mueble al uso,
cultivo o beneficio de un inmueble.

Por regla general, y a diferencia de lo que suele acontecer en la legislación comparada,


no es un requisito que el bien muebles sea destinado a un inmueble por el dueño del
predio, o por el titular de un derecho real sobre éste, como el usufructuario. En algunos
casos, sin embargo, el artículo 570 exige tal requisito:

• Para los utensilios de labranza o minería y los animales destinados al cultivo o


beneficio de un finca;

• Para los abonos existentes en ella;

• Para las prensas, calderas, máquinas, etc., que forman parte de un establecimiento
industrial adherente al suelo.

e.3.5) Clasificación de los inmuebles por destinación.


No obstante que el legislador nacional cite sólo ejemplos de inmuebles por destinación
agrícola o industrial, ello no significa que otros destinos no tengan cabida. La regla
general del artículo 570 no es amplia. Reputa inmuebles aunque por su naturaleza no
lo sean, a las cosas destinadas al uso, cultivo o beneficio de un inmueble, sin restringir
su campo a la explotación agrícola o industrial de un inmueble. Por ello, la
jurisprudencia ha declarado que el menaje de un hotel que entra en el arrendamiento
debe reputarse inmueble por destinación, puesto que ha sido colocado por el dueño o
arrendador para el uso y servicio de éste, en forma permanente, y para el beneficio del
propio inmueble. En este caso, estamos ante un inmueble por destinación comercial.
Considerando lo expuesto, podemos clasificar los inmuebles por destinación de la
siguiente forma:

• Inmuebles por destinación agrícola;

• Inmuebles por destinación industrial;


• Inmuebles por destinación comercial;

• Inmuebles por destinación doméstica;

• Inmuebles por destinación suntuaria u ornamental.-

e.3.6) Ejemplos legales de inmuebles por destinación.


El artículo 570 señala los siguientes ejemplos de inmuebles por destinación:

• Las losas de un pavimento: en realidad, son inmuebles por adherencia, lo mismo que
las tablas o el parquet del piso de las habitaciones de una casa, pues adhieren a la
casa o al suelo.

• Los tubos de las cañerías: también son inmuebles por adherencia, si forman parte
integrante del inmueble y se identifican con él formando un solo todo.

• Los utensilios de labranza o minería y los animales actualmente destinados al cultivo


o beneficio de una finca con tal que hayan sido puestas en ella por el dueño de la
finca. Al respecto, cabe hacer las siguientes observaciones:

1º Las cosas mencionadas deben ser puestas en la finca por el dueño de la misma,
personalmente o a través de sus representantes. Además, al exigir la ley que las cosas
hayan sido puestas por el propietario del fundo, implícitamente supone que tanto los
muebles como el fundo le pertenecen.

2º Las cosas que pertenecen a un usufructuario, un anticresista, un arrendatario, etc.,


jamás pueden considerarse inmuebles por destinación, aún cuando de hecho se
encuentren empleadas en el mismo uso que las que son consideradas como
inmuebles.

3º Los animales a que se refiere la disposición son los destinados al cultivo o beneficio
de una finca, cualquiera que sea este cultivo o beneficio, pues la ley no se restringe a
la explotación a la explotación agrícola. Pero la destinación al cultivo o beneficio ha de
ser actual, es decir real y verdadera, y asimismo permanente. De tal forma, por
ejemplo los caballos que por razones del servicio de un fundo usan los trabajadores
son inmuebles por destinación; pero no acontece lo mismo con aquellos que el
propietario destina a la equitación.

• Los abonos existentes en la finca y destinados por el dueño a mejorarla. Dos


condiciones específicas deben cumplirse en este caso:

1º Que los abonos o sustancias fertilizantes se hallen en la finca.

2º Que el dueño de la finca los haya destinado a mejorarla. Así, por ejemplo, si el
dueño de un fundo tiene almacenadas 10 toneladas de salitre con el fin de venderlas a
otros agricultores, no estamos ante inmuebles por destinación.

• Las prensas, calderas, cubas, alambiques, toneles y máquinas que forman parte de
un establecimiento industrial adherente al suelo, y pertenecen al dueño de éste.
Tres condiciones deben cumplirse:

1º La existencia de un establecimiento de esta naturaleza adherente al suelo; ello,


porque las calderas, máquinas, etc., pueden o no adherir al suelo.

2º Las cosas deben estar destinadas a la realización de la industria a que está


destinado el establecimiento.

3º Los objetos muebles y el establecimiento industrial deben pertenecer al mismo


dueño.

• Los animales que se guardan en conejeras, pajareras, estanques, colmenas y


cualesquiera otros vivares, con tal que éstos adhieran al suelo, o sean parte del
suelo mismo o de un edificio. Dos condiciones deben concurrir:
1º La ley –como señala Claro Solar-, tiene en vista los animales que siendo
naturalmente bravíos o salvajes, porque viven ordinariamente en libertad natural, se
hallan en cierto sentido, en domesticidad, por la costumbre que tienen de volver a su
vivar en que estuvieren encerrados, Se excluyen los animales domésticos, que son
cosas muebles por naturaleza.

2º Los vivares deben ser inmuebles por adherencia o ser parte del suelo mismo de un
edificio.

Como se desprende del artículo 570, su enumeración es puramente ejemplar. En


consecuencia, cualquier otra cosa mueble que se encuentre en la situación de la regla
general del inciso 1º del precepto, debe reputarse inmueble por destinación.

e.3.7) Las cosas de comodidad u ornato.


Se refiere a ellas el artículo 572. Tres situaciones distinguimos en esta norma:

• Si las cosas pueden removerse fácilmente sin detrimento de las paredes, como
estufas, cuadros, espejos, tapicerías, “se reputan muebles”, expresión que ha sido
criticada por algunos, porque se trata de cosas que por su naturaleza tienen
carácter mueble. Otros autores señalan que los términos usados por el legislador
son correctos, pues en algunas circunstancias, a dichas cosas correspondería la
calificación de bienes inmuebles por destinación suntuaria.

• Si no pueden removerse fácilmente sin detrimento de las paredes, serán inmuebles


por destinación o por adherencia si reúnen los requisitos generales de esta
categoría de cosas.

• Si las cosas están embutidas en las paredes formando un mismo cuerpo con ellas,
serán inmuebles por destinación o adherencia aunque puedan separarse sin
detrimento.

e.3.8) Cesación de la calidad de inmueble por destinación.

Conforme al artículo 573, los inmuebles por destinación no dejan de serlo por su
separación momentánea del inmueble al que acceden. Pero desde que se separan con
el objeto de darles diferente destino, dejan de ser inmuebles. En armonía con lo
anterior, el artículo 2420 establece que la hipoteca afecta a los muebles que por
accesión pertenecen al inmueble de acuerdo al artículo 570, pero el gravamen deja de
afectarles desde que los inmuebles por destinación pertenecen a terceros,
reconociendo el derecho del deudor para enajenar aquellos bienes.

f) Derechos muebles e inmuebles.

Tanto los derechos reales como los personales pueden ser muebles o inmuebles. Lo
anterior se desprende del artículo 580. En efecto, al disponer que los derechos se
reputan bienes muebles o inmuebles, según lo sea la cosa en que han de ejercerse, se
refiere evidentemente a los derechos reales, porque son estos derechos los que se
ejercen “en” en las cosas. Y al expresar el mismo precepto que los derechos se
reputan muebles o inmuebles según sea la cosa “que se debe”, alude
indudablemente a los derechos personales, porque en virtud de estos derechos se
deben las cosas.
Cabe señalar que hay derechos reales que siempre son inmuebles, como las
servidumbres activas, la hipoteca, el derecho de habitación y el censo, mientras que el
derecho real de prenda siempre será mueble. El derecho real de usufructo y el derecho
real de uso, en cambio, podrán ser mueble o inmueble, según la naturaleza de la cosa
corporal sobre la que recaen.

Tratándose de los derechos personales, si el objeto corporal que el acreedor puede


exigir al deudor, en virtud de la obligación, fuere mueble, el derecho personal también
lo será; si el objeto que el primero puede exigir al segundo es inmueble, el derecho
personal será inmueble. Lo anterior, en el ámbito de las obligación de dar. En cuanto a
las obligaciones de hacer y de no hacer, se reputan muebles, de conformidad a lo
dispuesto en el artículo 581.

Hay sin embargo derechos y acciones que por su naturaleza no tienen cabida en la
clasificación de muebles e inmuebles, fundamentalmente por no tener carácter
patrimonial: tal ocurre, por ejemplo, con las acciones de reclamación o impugnación de
filiación, de divorcio o de nulidad de matrimonio.

Por otra parte, se plantea en qué situación queda el derecho real de herencia frente
a la clasificación de muebles e inmuebles. En realidad, la mayoría concluye que siendo
la herencia una universalidad jurídica, no asimilable a las cosas muebles o inmuebles
que la compongan, escapa a la aludida clasificación.

g) Acciones reales o personales, muebles e inmuebles.

Las acciones, al igual que los derechos, pueden ser reales o personales, muebles o
inmuebles. Desde el punto de vista del Derecho Civil, la acción es el derecho deducido
en juicio. Desde el punto de vista del Derecho Procesal, acción es el derecho que
tienen los particulares para recurrir a los Tribunales de Justicia, en defensa de un
derecho que tienen o creen tener.

La acción real es la que protege los derechos reales, y al igual que éstos, es absoluta,
pues se ejerce sin respecto a determinada persona. La acción personal es la que
protege a los derechos personales o créditos, siendo relativa, pudiendo ejercerse sólo
en contra de la persona que contrajo la obligación correlativa.

A las acciones también se les aplica el artículo 580. Sobre el particular, algunas
sentencias han declarado: a) que la acción dirigida a obtener la cancelación de una
hipoteca, es inmueble; b) que la acción relacionada con el mandato es inmueble si se
exige al mandatario la entrega de los bienes raíces adquiridos en ejercicio de su
encargo; c) que los derechos litigiosos deben estimarse como bienes muebles o
inmuebles según sea la cosa que se persigue por medio de la acción ejercida en el
juicio respectivo.

La determinación de si se trata de una acción mueble o inmueble, tiene importancia


práctica, pues ello condicionará la competencia de los tribunales.

2.3. Cosas específicas y genéricas.

a) Conceptos.

Atendiendo a su determinación, las cosas se clasifican en específicas y genéricas.


Cosa específica, individualmente determinada o cuerpo cierto, es la cosa
determinada, dentro de un género también determinado. Se distingue por sus
caracteres propios que la diferencian de todas las demás de su mismo género o
especie. Cosa genérica es la cosa indeterminada, pero de un género determinado.
Está determinada sólo por las caracteres comunes a todos los individuos de su género
o especie. Las cosas genéricas admiten una menor o mayor determinación, hasta que
llega al momento que traspasamos la línea que las separa de las cosas específicas. Así,
por ejemplo, son cosas genéricas, una pintura; una pintura al óleo; una pintura al óleo
con motivo marina; una pintura al óleo con motivo marina de Arturo Pacheco
Altamirano. Hasta aquí, estamos siempre en el ámbito de las cosas genéricas, pero si
además decimos que se trata de la pintura “Angelmó”, del año 1936, del citado pintor,
estamos aludiendo a una cosa específica o cuerpo cierto.

El Código Civil no formula esta clasificación de manera expresa, pero alude a las cosas
específicas o genéricas en diversas disposiciones: artículos 951, 3º; 1508, 1509, 1590.

b) Importancia de la clasificación.

Dice relación a los siguientes aspectos:

• Prueba de la identidad de la cosa, determinante tratándose de las cosas específicas.

• La conservación de la cosa: el deudor de un cuerpo cierto está obligado a conservar


la cosa hasta entregarla al acreedor, y esto exige que se emplee en su custodia el
debido cuidado (artículo 1548 y 1549); el deudor de cosas genéricas, en cambio,
puede enajenarlas o destruirlas, sin que el acreedor tenga derecho a oponerse,
mientras subsistan otras del mismo género, para el cumplimiento de la obligación
(artículo 1510); por lo tanto, el deudor de cosa genérica no tiene la obligación de
conservar y cuidar la cosa.
• La pérdida de la cosa: la pérdida fortuita del cuerpo cierto extingue la obligación
(artículo 1670), lo que no acontece adeudándose una cosa genérica, pues el género
no perece (artículo 1510), a menos que ocurra el caso muy excepcional de que
perezcan todos los individuos de un género determinado.

• Cumplimiento de la obligación: en las obligaciones de cuerpo cierto, el deudor sólo


cumplirá su prestación entregando la cosa específica que se debe (artículos 1568 y
1828); En las obligaciones de género, el deudor queda libre de ellas entregando
cualquier individuo del género, con tal que sea de una calidad a lo menos mediana
(artículo 1509).

2.4. Cosas consumibles y no consumibles.

a) Las cosas muebles se dividen en consumibles y no consumibles.

Por su naturaleza, esta clasificación es aplicable sólo a los bienes muebles. Se


encuentra contenida en forma confusa en el artículo 575, que alude erróneamente a
las cosas fungibles y no fungibles, la que constituye otra categoría de bienes. Además,
según ya lo indicamos, nada impide visualizar bienes inmuebles fungibles, como serían
200 lotes de iguales características y superficie, originados en la subdivisión de un
fundo.

b) Consumibilidad y no consumibilidad objetiva.

Son objetivamente consumibles las cosas que, en razón de sus caracteres


específicos, se destruyen natural o civilmente por el primer uso. La destrucción natural
importa el desaparecimiento físico o la alteración sustancial de la cosa. La destrucción
civil (o jurídica) se traduce en la enajenación del objeto. Así, el primer uso de un
alimento o bebida o de un combustible, trae consigo su destrucción natural; a su vez,
el primer uso de las monedas o billetes, implica, para su propietario, su destrucción
civil, su enajenación.

Son objetivamente no consumibles las cosas que, en razón de sus caracteres


específicos, no se destruyen natural o civilmente por el primer uso, como el vestuario,
un mueble, un automóvil, etc.

La distinción anterior se basa, objetivamente, en el destino natural de los bienes, y


ofrece interés en los actos y derechos que sólo facultan el uso o goce de una cosa y no
su disposición. No pueden recaer ellos sobre cosas consumibles que se utilizan como
tales. Así, por ejemplo, el usufructo sólo puede recaer sobre cosas no consumibles;
cuando se establece cobre cosas consumibles, no estamos en realidad ante un
usufructo verdadero, sino ante un cuasiusufructo (artículos 764 y 789). También
presente interés la distinción en el comodato o préstamo de uso, ya que no pueden
darse en comodato cosas consumibles, pues el comodatario está obligado a restituir la
misma especie después de terminado el uso (artículo 2174), y tal obligación no podría
cumplirse en las cosas cuyo primer uso implica su destrucción. Lo mismo ocurre en el
contrato de arrendamiento, que necesariamente ha de recaer en cosas objetivamente
no consumibles (artículo 1916). El mutuo, en cambio, sólo puede recaer sobre cosas
consumibles (artículo 2196).

c) Consumibilidad y no consumibilidad subjetiva.

Son subjetivamente consumibles, los bienes que siendo objetivamente no


consumibles, atendido el destino que tiene para su actual titular, su primer uso importa
enajenarlos o destruirlos. Así, por ejemplo, el empleo de un automóvil para rodar una
escena en una película, en la cual dicho automóvil será arrojado a un precipicio.

Son cosas subjetivamente no consumibles, las que a pesar de serlo objetivamente,


están destinadas a cualquier uso que no sea el de su consumo o destrucción material o
civil. Por ejemplo, una botella de vino de una cosecha muy requerida, que se destina a
exhibición en la vitrina de un museo enológico o de un restaurante, o las monedas que
constituyen piezas de una colección numismática, o las estampillas que sin cargo de
correo, se incorporan en una colección filatélica.

d) Bienes deteriorables y corruptibles.


El carácter de no consumible de un bien no se opone al paulatino deterioro ocasionado
por el uso. Algunos autores llegan a configurar una categoría especial, la de los bienes
deteriorables, intermedia entre los consumibles y no consumibles, llamados también
“gradualmente consumibles”. Con todo, se trata siempre de cosas no consumibles,
pues no se destruyen objetivamente por el primer uso, sino en forma gradual, por el
mismo uso, más o menos repetido.

Por otra parte, dentro de los bienes consumibles hay una categoría especial, la de los
llamados bienes corruptibles, que deben consumirse en breve tiempo, pues
rápidamente pierden su aptitud para el consumo (artículo 488).

2.5. Cosas fungibles y no fungibles.

a) Concepto.

Cosas fungibles, son aquellas que pueden sustituirse por otras, que tienen idéntico
poder liberatorio, es decir, un carácter y valor similar. La expresión fungir, denota la
aptitud de una cosa para sustituir a otra, desempeñar sus mismas funciones en razón
de la equivalencia de ambas.

Diversas disposiciones del Código Civil aluden a las cosas fungibles: artículos 764,
1656, 2196, 2198 y 2228.

Según lo expresamos, el Código Civil, en su artículo 575, confunde las cosas


consumibles con las cosas fungibles.

Igual como acontece con la consumibilidad, la fungibilidad puede ser objetiva o


subjetiva.

b) Fungibilidad objetiva.

Corresponde al concepto de fungibilidad antes señalado. En el derecho, se han


enunciado dos criterios principales para explicar su naturaleza:

• El Código Civil alemán, dispone que son fungibles las cosas que usualmente se
determinan por el número, el peso o la medida. Pero hay cosas que se acostumbra
determinar por uno de esos medios y no son, sin embargo, fungibles entre sí, como
por ejemplo, cien litros de vino que provienen de cosechas diferentes. Dada la
disímil calidad de los mostos, no es posible concluir que entre ellos sean fungibles o
“intercambiables”, sin que se resienta el valor económico.

• Más aceptable parece ser el criterio que funda la fungibilidad en la igualdad de las
propiedades de las cosas y en la consiguiente identidad de su poder liberatorio.
Puede decirse entonces que son fungibles las cosas que por presentar entre sí una
igualdad de hecho, desempeñan en el comercio las mismas funciones liberatorias.
Esta noción de fungibilidad permite extenderla no sólo a las cosas, sino también a
los hechos. Así, serán fungibles loe hechos en que no se considera la persona del
deudor, como por ejemplo aquellos trabajos que no requieren especialización o
aptitudes especiales; y no fungibles serán los hechos en los cuales sea
determinante la persona del deudor, quien por sus aptitudes, no puede sustituirse
por otro (un artista, por ejemplo, contratado para dar un recital).

c) relación entre las cosas genéricas y las cosas fungibles.

Relacionando las cosas genéricas y las fungibles, cabe precisar que el criterio de
ambas clasificaciones es distinto. En el primer caso, se atiende a la determinación de
las cosas; en el segundo caso, se atiende a la similitud o disimilitud de dos o más
cosas, a las que se les confiere o no idéntico poder liberatorio. Por ello, no puede
sostenerse que las cosas fungibles sean necesariamente genéricas y las no fungibles
específicas o cuerpos ciertos. Una cosa puede ser fungible y al mismo tiempo un
cuerpo cierto, como por ejemplo tratándose de un rifle “Máuser” de tal calibre (cosa
genérica) o el mismo rifle, pero identificándoselo con su número de serie (cuerpo
cierto).

d) Relación entre la consumibilidad y la fungibilidad.


Por regla general, las cosas consumibles son al mismo tiempo fungibles (lo que
explicaría la confusión del artículo 575), pero esto no quiere decir que ambas
características deban concurrir forzosamente en una cosa. Hay cosas consumibles y no
fungibles (la última botella de vino hecha con la uva de una determinada cosecha); a la
inversa, existen cosas fungibles y objetivamente no consumibles (los libros de reciente
y masiva edición, los muebles nuevos y de una misma serie y tipo).

e) Fungibilidad subjetiva o por voluntad de las partes.

Las partes pueden hacer fungibles cosas que objetivamente no lo son, como acontece
cuando el acreedor acepta recibir, por la suma que se le debe, algunos bienes en
dación en pago; igual puede acontecer con las obligaciones alternativas, y en la
compensación convencional. A la inversa, hay cosas que siendo objetivamente
fungibles, subjetivamente pueden no serlo. Así, por ejemplo, un reloj corriente puede
no ser fungible para su actual propietario, por tratarse de un antiguo recuerdo de
familia.

2.6. Cosas principales y accesorias.

a) Concepto.

Según que las cosas tengan una vida jurídica independiente o subordinada a otras, se
clasifican en principales y accesorias. Cosas principales son aquellas que tienen
existencia independiente, sin necesidad de otras. Cosas accesorias son aquellas que
están subordinadas a otras, sin las cuales no pueden subsistir.

Nuestro Código Civil no formula esta clasificación expresamente, pero la reconoce en


diversas disposiciones: artículos 658 a 660, 587, 1122, 1127, y 1830.

No sólo las cosas corporales, muebles e inmuebles, sino también las incorporales,
pueden clasificarse en principales y accesorias. Así, una servidumbre es accesoria del
derecho de dominio sobre el predio en cuyo beneficio se encuentra establecida; el
derecho de prenda o hipoteca son accesorios del crédito que garantizan; la cláusula
penal es accesoria de la obligación que cauciona.

b) Criterios para determinar la cosa principal y accesoria.

No hay un criterio único, atendiendo la ley y la doctrina a distintos puntos de vista:

• El primer criterio fundamental, mira a la posibilidad que tiene la cosa de existir por
sí misma. Se considera cosa principal la cosa que puede subsistir por si misma, y
accesoria la que necesita de otra para subsistir. Por eso, el suelo es siempre cosa
principal respecto de una casa, aunque valga menos que ésta, pues el primero
existe por si mismo, mientras que no se concibe un edificio sin suelo donde
adherirse o asentarse (artículo 668). Del mismo modo, un crédito existe por si
mismo, pero no la hipoteca que lo cauciona, pues ésta no puede subsistir sin el
primero (sin perjuicio de las hipotecas con cláusula de garantía general, que pueden
caucionar obligaciones futuras).

• En otros casos, la finalidad de los objetos determina su carácter. Es accesoria la


cosa destinada al uso, cultivo, beneficio, adorno o complemento de otra: inmuebles
por destinación, la vaina de un sable, los estuches de anteojos, etc.

• Para ciertos casos, el valor de las cosas imprime a éstas su carácter principal o
accesorio. En la adjunción, si de las dos cosas unidas, la una es de mucho más valor
que la otra, la primera es la principal (artículo 659).

• El volumen también puede servir de criterio. También se toma este punto de vista
en la adjunción: cuando no se pueden aplicar los criterios de la mayor estimación y
de la finalidad, se mira como principal la de mayor volumen (artículo 661).

c) Importancia de la clasificación.

Se resumen en el principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal.


Aplicando tal principio, las cosas principales determinan la existencia y naturaleza de
las accesorias; el derecho sobre la cosa principal se extiende sobre la cosa accesoria;
el dueño de una cosa lo es también de lo que ella produce; la extinción del derecho
principal acarrea la extinción del derecho accesorio; extinguido el crédito se extingue
también la caución; las cosas principales comunican su naturaleza jurídica a las
accesorias (como acontece con los muebles que se reputan inmuebles por
destinación).

2.7. Cosas divisibles e indivisibles.

a) Concepto.

Desde un punto de vista físico, todas las cosas corporales son divisibles, pues en
último término, todas pueden fraccionarse, aunque ello suponga su destrucción. Desde
un punto de vista jurídico, existen dos conceptos de divisibilidad: uno material y otro
intelectual. Son materialmente divisibles, las cosas que, sin destrucción, pueden
fraccionarse en partes homogéneas entre sí y con respecto al todo primitivo, no
sufriendo menoscabo considerable el valor del conjunto de aquéllas en relación al valor
de éste. Un líquido, como el agua, es materialmente divisible, mientras que un animal
es materialmente indivisible, porque al fraccionarlo, se destruye en su estado natural.
Son cosas intelectualmente divisibles aquellas que pueden dividirse en parte
ideales o imaginarias (cuotas), aunque no lo puedan ser materialmente. Desde este
punto de vista, todos los bienes corporales e incorporales, son intelectualmente
divisibles. Los derechos, en razón de su misma naturaleza, sólo son susceptibles de
división intelectual y no material. Sin embargo, hay algunos derechos que no admiten
ni siquiera una división intelectual, como acontece con la servidumbre, pues se tiene
íntegramente este derecho o no se tiene en absoluto (artículos 826 y 827). Los
derechos de prenda y de hipoteca también son indivisibles (artículos 2405 y 2408)
pero nada impide que las partes pacten divisibilidad. Los derechos personales son
divisibles o indivisibles según lo sea la obligación que es su contrapartida, o en otras
palabras, según pueda o no dividirse física o intelectualmente el objeto al que se
refieren. Así, la obligación de conceder una servidumbre de tránsito o la de construir
una casa, son indivisibles, mientras que será divisible la de pagar una suma de dinero
(artículo 1524).

b) Divisibilidad del derecho de dominio.

El derecho real divisible por excelencia es el dominio, ya que puede dividirse al infinito.
Tal divisibilidad puede considerarse desde dos puntos de vista:

• El dominio puede considerarse un derecho divisible en cuanto es el típico derecho


real que admite desmembraciones como tal, al ser posible desprenderse de una o
más facultades y transferirlas a otro; así, es el derecho el que se divide, aunque el
objeto sobre el que recae no sea tocado. La más usual de las divisiones del derecho
de dominio, desde este punto de vista, es aquella en que el propietario mantiene la
nuda propiedad y se confiere a un tercero las facultades de uso y goce, vale decir,
el usufructo.

• También debe tenerse en cuenta que sobre un mismo objeto, varias personas
pueden ejercer el derecho de dominio, es decir, hay una comunidad sobre el objeto.
En este caso, en realidad no hay división del dominio, porque cada comunero ejerce
todo el derecho de dominio (con sus tres facultades), limitado eso sí en su ejercicio
por el derecho de los restantes comuneros.

c) Importancia práctica de la clasificación.

Se aprecia tanto en el campo de los derechos reales como personales. El Código Civil
hace aplicación de ella al tratar:

• De la partición de bienes (artículo 1337, regla 1ª);

• De las obligaciones divisibles e indivisibles (artículos 1524 a 1534);

• De la prenda y de la hipoteca (artículos 1526 número 1, 2405 y 2408);

• Del dominio.
2.8. Cosas presentes y futuras.

En atención a su existencia en el tiempo, las cosas se clasifican en presentes y futuras.


Cosas presentes, son aquellas que tienen existencia real en el momento de
constituirse la relación jurídica que las considera. Cosas futuras, son aquellas que no
tienen existencia real en el momento de constituirse la relación jurídica que las toma
en cuenta, pero se espera racionalmente que la tengan con más o menos probabilidad
en tiempo posterior.

El Código Civil no formula esta clasificación en forma explícita, pero alude en diversas
disposiciones a las cosas presentes o futuras. Así, por ejemplo, en el artículo 1409
(donaciones a título universal), en el artículo 1811 (compraventa de todos los bienes
que posea o espera poseer una persona), y en los artículos 1461 y 1813 (ambos, a
propósito de la compraventa de cosa futura).

2.9. Cosas singulares y universales.

a) Conceptos.

Se definen como cosas singulares, aquellas que constituyen una unidad natural o
artificial, simple o compleja, pero con existencia real en la naturaleza.

Cosas universales, son agrupaciones de cosas singulares, sin conjunción o conexión


física entre sí, que por tener o considerarse que tienen un lazo vinculatorio, forman un
todo y reciben una denominación común, forman un todo funcional y están
relacionadas por un vínculo determinado.

b) Clases de cosas universales.

Las cosas universales se subdividen en universalidades de hecho (universitas facti)


y universalidades de derecho (universitas iuris). Aunque nuestra legislación no
formula definiciones de cosas singulares y universales, en diversas disposiciones
distingue entre una y otras: artículos 788, 951, 1317, 2304, y 2306.

b.1) Universalidades de hecho.

b.1.1) Concepto.

Pueden definirse como el conjunto de bienes muebles, de naturaleza idéntica o


diferente, que no obstante permanecer separados entre ellos y conservar su propia
individualidad, forman un solo todo, una sola cosa, en razón de estar vinculados por el
lazo de su común destinación económica. Según se desprende de la definición, los
bienes agrupados pueden ser de naturaleza idéntica o diferente. Son ejemplo del
primer caso, un rebaño o ganado; un juego de muebles; una biblioteca, una
pinacoteca, etc.; y del segundo caso, un establecimiento de comercio, que es el
conjunto de cosas corporales e incorporales (entre ellas “el derecho de llaves”),
mediante el cual el comerciante ejerce su actividad lucrativa.

b.1.2) Características.

La doctrina las ha sistematizado de la siguiente manera:

• Comprenden una pluralidad de cosas autónomas y distintas entre ellas. Cada


elemento del conjunto es por si mismo un bien, cada uno aisladamente tiene un
valor económico. Este rasgo las diferencia de las llamadas “cosas compuestas”
(como un edificio o una nave), las cuales suponen un conjunto o cosas que forman
una sola mediante conjunción o conexión física.

• Lo que hace aparecer las cosas reunidas como un solo todo, es una comunidad de
destinación, especialmente económica. En este sentido, un libro o una estampilla
tienen su propia individualidad, pero si pertenecen a una colección, el conjunto
adquiere una significación económica distinta a sus elementos individualmente
considerados. Pero no obstante presentar las universalidades de hecho una unidad
económica, no se les reconoce usualmente unidad jurídica. Por ello,
generalmente las legislaciones aplican a las unidades de hecho el régimen jurídico
que corresponde a los bienes singulares que la componen. Sólo en casos
excepcionales, se atiende por la ley a su unidad económica y las trata como un solo
todo. Así, por ejemplo, tratándose del usufructo de animales (artículos 787 y 788),
se establece que el usufructuario de uno o más animales singularmente
determinados, no está obligado a reemplazar los que perecen o se pierden por
causas naturales, pero el usufructuario del ganado considerado como
universalidad, tiene obligación, en idéntico caso, de reponer los animales con el
incremento natural del mismo ganado. A su vez, en la compraventa, el artículo
1864 permite vender dos o más cosas en un mismo precio, cuando ellas se han
comprado precisamente como “conjunto”, como acontece con un tiro, yunta o
pareja de animales o con un juego de muebles, claros ejemplos de universalidades
de hecho. En el contrato de arrendamiento, encontramos otros caso en el artículo
1984. Dispone el precepto que a falta de estipulación de los contratantes,
pertenecerán al arrendatario:

1° Todas las utilidades de reporten los ganados dados en arrendamiento (pues el


arrendatario tiene el goce de las cosas arrendadas, de manera que entre tales
utilidades, están los frutos que puedan obtenerse del ganado);

2° Los ganados mismos, con la obligación de dejar en el predio al fin del arriendo igual
número de cabezas de las mismas edades y calidades. Si al finalizar el contrato
faltaren animales, el arrendatario pagará la diferencia en dinero. El arrendador, sin
embargo, no será obligado a recibir animales que no estén aquerenciados al predio.

Es interesante consignar que en este caso, el contrato de arrendamiento está


operando como un título traslaticio de dominio, respecto de los ganados, atendido que
usualmente se trata de cosas fungibles. No acontece lo mismo en el usufructo, aunque
en este caso, la ley es más benigna con el usufructuario, pues no está obligado a
restituir “igual número de cabezas de las mismas edades y calidades”.

• La universalidad de hecho comprende sólo elementos puramente activos, bienes, y


no pasivos o deudas, como acontece tratándose de las universalidades de derecho.

b.2) Universalidades de derecho.

b.2.1) Concepto.

Siguiendo a la doctrina italiana, podría definirse como el conjunto de relaciones


jurídicas constituidas sobre una masa de bienes, reguladas de modo especial por la ley
y que forman, desde el punto de vista jurídico, una unidad, un todo. Para la doctrina
francesa, es un conjunto de bienes y relaciones jurídicas activas y pasivas
consideradas jurídicamente como formando un todo indivisible.

b.2.2) Características.

• Contienen tanto elementos activos como pasivos.

• Existe una correlación funcional entre los elementos activos y pasivos, de modo que
puede decirse que el activo se da precisamente para responder del pasivo existente
o eventual. Esta relación entre el activo y el pasivo se ve claramente en la masa
hereditaria, en la herencia, universalidad de derecho por excelencia al decir de la
doctrina europea (aunque veremos que no en la nuestra, en estricto rigor). También
se aprecia entre los elementos del activo y del pasivo del patrimonio de la sociedad
conyugal (artículos 1725 y 1740).

• Dentro del conjunto de bienes que componen la universalidad jurídica, opera, como
norma general, el principio de la subrogación real, por el cual los bienes que
ingresan a la universalidad, pasan a ocupar la misma situación jurídica de aquellos
que salieron de ella.

b.2.3) Casos de universalidad de derecho.

No hay unanimidad en la doctrina. A juicio de algunos autores, como Coviello, la única


universalidad de derecho en ciertas legislaciones sería la herencia. En opinión de otros,
como Ruggiero, habría que incluir todos los patrimonios especiales o separados que la
ley considera como masa distinta de sus elementos: el patrimonio del fallido o
quebrado; el de la sociedad conyugal; el del ausente; el que constituye los bienes
reservados de la mujer casada; el del menor adulto que desempeña un trabajo; etc.

b.3) Diferencias entre las universalidades de hecho y de derecho.

b.3.1) Las universalidades de hecho sólo comprenden activo; las de derecho, activo y
pasivo.

b.3.2) Las universalidades de hecho, por regla general, no tienen una regulación
jurídica especial; las universalidades de derecho sí tienen una regulación jurídica
especial.

b.3.3) Las universalidades de hecho están conformadas sólo por bienes muebles; las
universalidades de derecho están formadas tanto por muebles como por inmuebles.

2.10. Cosas comerciables e incomerciables.

a) Conceptos.

Las cosas se clasifican en comerciables e incomerciables, según puedan o no ser


objeto de relaciones jurídicas.

Cosas comerciables son los que pueden ser objeto de relaciones jurídicas privadas,
de manera que sobre ellos puede recaer un derecho real o puede constituirse a su
respecto un derecho personal (artículos 1461 y 2498). Pueden incorporarse por ende,
al patrimonio de una persona.

Cosas incomerciables o no comerciables son los que no pueden ser objeto de


relaciones jurídicas por los particulares. No puede existir a su respecto un derecho real
ni personal.

b) Clases de cosas incomerciables.

Distinguimos dos categorías de cosas incomerciables:

b.1) Cosas incomerciables en razón de su naturaleza: como la alta mar, el aire. En


realidad, estas cosas, llamadas “cosas comunes a todos los hombres”, son las únicas
que no pueden ser objeto de relaciones jurídicas en general y por ende están fuera del
comercio humano en términos absolutos y definitivos. Por ello, desde un punto de vista
jurídico, no podemos considerar a estas cosas como “bienes”.

b.2) Cosas incomerciables en razón de su destino: se trata de los bienes nacionales


de uso público, como por ejemplo las calles, plazas y caminos. En este caso, se trata
de bienes que siendo comerciables por naturaleza, han sido sustraídos del comercio
jurídico para dedicarlas a un fin público. Con todo, los bienes nacionales de uso público
pueden ser objeto de relaciones jurídicas de carácter público, como en el caso de las
concesiones que otorga la autoridad. Por lo tanto, sólo desde el punto de vista del
Derecho Privado, pueden considerarse como cosas incomerciables. Además, tampoco
lo son en términos absolutos, porque cabe la posibilidad que sean desafectados, y se
conviertan en bienes comerciables.

c) Limitaciones a la facultad de disposición.

Hay bienes que se encuentran en situaciones especiales por mandato de la ley, que
implica una limitación a la facultad para disponer de ellos, pero que siguen siendo
comerciables. Tales situaciones son las siguientes:

c.1) Bienes respecto de los cuales existe una prohibición legal de celebrar
determinados actos o contratos, generalmente prohibición de enajenar o gravar. Estas
prohibiciones son establecidas a veces con caracteres absolutos y otras sólo en ciertas
circunstancias. A veces son permanentes y otras veces temporales; por razones de
interés público o privado. Tales bienes son comerciables y tienen solamente limitada
su disposición. Así, por ejemplo, ciertas construcciones declaradas patrimonio nacional,
cuyos propietarios no pueden alterar ni menos demoler; ciertos productos químicos
explosivos o tóxicos, respecto de los cuales hay importantes restricciones para su
adquisición; los bienes embargados o cuya propiedad se litiga, etc.
c.2) Hay ciertos derechos que no sólo no pueden enajenarse, sino que en general no
pueden traspasarse por acto entre vivos ni por causa por muerte, como ocurre con los
llamados derechos personalísimos, entre ellos el derecho de alimentos futuros
(Decimos “alimentos futuros”, ya que el derecho a percibir los alimentos devengados, puede transferirse. En efecto, dispone
el artículo 336: “No obstante lo dispuesto en los dos artículos precedentes, las pensiones alimenticias atrasadas podrán
renunciarse o compensarse; y el derecho de demandarlas transmitirse por causa de muerte, venderse y cederse; sin perjuicio
de la prescripción que competa al deudor), el de uso, el de habitación y el derecho legal de goce del
padre o madre sobre los bienes del hijo no emancipado (artículo 252). La característica
de las cosas incomerciables es la de no poder ser objeto de ningún derecho privado. Si
la cosa está sujeta simplemente a una prohibición de ser enajenada, es comerciable,
porque no obstante la aludida limitación, constituye el objeto de una relación jurídica
de derecho privado. Así, los derechos personalísimos son intransferibles e
intransmisibles, pero están en el patrimonio privado de sus titulares; son en
consecuencia comerciables, aunque inalienables. En este orden de ideas, no debemos
confundir la inalienabilidad con la incomerciabilidad: una cosa es inalienable cuando no
puede ser enajenada, y es incomerciable cuando no puede formar parte del patrimonio
privado, cuando no puede ser objeto de ningún derecho de este carácter. En síntesis:
todas las cosas fuera del comercio son inalienables, pero no todas las cosas
inalienables están fuera del comercio.

Tal distinción se recoge con toda claridad, en el artículo 1464, números 1 y 2.

d) Las cosas consagradas al culto divino.

En cuanto a las llamadas cosas consagradas al culto divino, el Código Civil se remite,
en su artículo 586, al Derecho Canónico, específicamente en lo tocante a las “cosas
consagradas”, entendiéndose por tales los bienes muebles e inmuebles que mediante
la consagración o bendición han sido dedicadas al culto divino. El artículo 587, por su
parte, deja en claro que estos bienes, ubicados en posesiones particulares, son bienes
comerciables. Finalmente, el artículo 1105 se refiere al legado de cosas pertenecientes
al culto divino. También hay remisión al Derecho canónico. Este admite que los
particulares puedan tener en dominio las cosas consagradas al culto divino, siempre
que sean tratadas con reverencia y sin que se las pueda aplicar a usos profanos o
impropios.

2.11. Cosas apropiables e inapropiables.

Relacionada con la clasificación anterior, pero en base exclusivamente al dominio, las


cosas se clasifican en apropiables e inapropiables, según sean o no susceptibles de
propiedad.

Cosas apropiables son las que pueden ser objeto de apropiación, y se subdividen en
apropiadas e inapropiadas. Apropiadas son las que actualmente pertenecen a un
sujeto de derecho. Inapropiadas son las que actualmente no pertenecen a nadie, pero
que pueden llegar a tener un dueño si el hombre ejecuta un hecho de apropiación
privada.

Algunas cosas son inapropiadas porque nunca han tenido un dueño, como los animales
que viven en estado salvaje; y otras lo son porque si bien pertenecieron a un sujeto de
derecho, éste las abandonó con la intención de desprenderse de su dominio. Las
primeras se denominan res nullius y las segundas res derelictae.

En la legislación chilena, sólo las cosas muebles pueden no tener dueño, puesto que el
artículo 590 confiere al Estado el dominio de los inmuebles que carecen de otro dueño.
Los muebles que no tienen dueño se denominan mostrencos y los inmuebles
vacantes, expresiones que provienen de la antigua legislación española. En Chile, sólo
existen los mostrencos, de acuerdo a lo que indicábamos.

Debemos precisar que el artículo 590 se refiere únicamente al dominio del Estado, no
existiendo disposición alguna que establezca que el Fisco tiene, por el ministerio de la
ley, la posesión de los terrenos que carecen de dueño. Por ende, si un particular tiene
la posesión de un inmueble que no esté inscrito (situación hoy en día bastante
hipotética), podría adquirir el dominio a través de la prescripción.
Cosas inapropiables son las que no pueden ser objeto de apropiación, como las
cosas comunes a todos los hombres (“res comunes omnium”), pues están sustraídas a
la propiedad privada y su uso es común a todos (artículo 585).

2.12. Cosas particulares y nacionales.

a) Conceptos.

Si se atiende al sujeto del derecho de dominio, al titular del dominio, las cosas pueden
clasificarse en particulares y nacionales. Las primeras pertenecen a personas
naturales o a personas jurídicas de derecho privado. Las segundas, a la nación toda.

b) Clases de bienes nacionales.

Los bienes nacionales son aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda (artículo
589). Se dividen en dos categorías: bienes nacionales de uso público y bienes fiscales.

b.1) Bienes nacionales de uso público.

b.1.1) Concepto.

Son aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda y su uso a todos los habitantes
de la misma (calles, plazas, puentes, caminos, mar adyacente y sus playas, etc.)
La tuición de estos bienes está encargada a distintas autoridades, según su naturaleza:
Ministerio de Obras Públicas, Fuerzas Armadas, Ministerio de Bienes Nacionales,
municipalidades, etc. Leyes especiales reglamentan cada caso.

b.1.2) Características.

• Su uso pertenece a todos los habitantes del país.

• Están fuera del comercio humano: si bien ninguna disposición del Código Civil
establece directamente la incomerciablidad de los bienes nacionales de uso público,
ella resulta de la propia destinación de éstos. Por ello, nuestra Corte Suprema
reiteradamente ha declarado que sobre los bienes nacionales de uso público, no
cabe alegar posesión exclusiva, dominio privado o servidumbre.

• Son imprescriptibles: consecuencia de su carácter incomerciable. En efecto, de


acuerdo a lo previsto en el artículo 2498, por la prescripción adquisitiva sólo puede
ganarse el dominio de los bienes raíces o muebles que están en el comercio
humano.

• Son inalienables: también por su carácter incomerciable. No pueden enajenarse,


venderse, hipotecarse o embargarse.

• Las características anteriores no se oponen a que la autoridad otorgue a


determinados particulares “permisos” o “concesiones” sobre algunos bienes
nacionales de uso público o más usualmente sobre un sector o parte de un bien
nacional de uso público, para destinarlo a fines específicos de los que se beneficie,
en último término, también la colectividad. Los artículos 599 y 602 se refieren a
estas autorizaciones. Los derechos de los beneficiarios de estos permisos, el uso y
goce que se les concede, no puede sin embargo impedir el uso y goce de los demás
habitantes de la República. No sería posible, por ejemplo, conceder a un individuo el
derecho de servirse exclusivamente de una playa o de una calle, pero sí podría
autorizársele para instalar un quiosco, porque es una concesión que no llega a
extinguir por completo el uso y goce del bien en cuestión, por los demás
particulares.

b.1.3) Naturaleza jurídica del derecho del concesionario.

En la doctrina, especialmente administrativa, se ha discutido la naturaleza jurídica del


derecho del concesionario. Maurice Hauriou, afirma que la concesión de un bien
nacional de uso público implica la existencia de un derecho real administrativo que
se caracteriza por ser precario, pues no es definitivo sino revocable.
Entre los autores nacionales, Leopoldo Urrutia estima que el derecho del
concesionario es un verdadero derecho real de uso, pero distinto al reglamentado en
el artículo 811. Fundamenta su afirmación en dos argumentos:

• La enumeración que de los derechos reales contemplan los artículos 577 y 579 no es
taxativa, desde el momento que no aluden al derecho legal de retención (que el
Código Civil consagra en diversas instituciones, como el usufructo, el
arrendamiento, el comodato, el depósito, etc.), que para algunos, sería también
derecho real. Puede por tanto admitirse otros derechos reales, entre los cuales
estaría el derecho del concesionario;

• En el derecho del concesionario, existe la característica fundamental del derecho


real: ejercerlo sin respecto a determinada persona.

La jurisprudencia ha acogido en algunos fallos este criterio. Así, ha declarado un


fallo: “El derecho concedido por la autoridad a un particular sobre un bien público
(aunque se califique de uso especial y no se estime que sea igual al derecho de uso
definido por el artículo 811) participa de los caracteres esenciales del derecho real,
porque recae sobre una cosa y se ejerce sin respecto a determinada persona. Nada
significa que este derecho no figura en la enumeración que de los derechos reales
hace el artículo 577 del Código Civil, pues esta disposición sólo cita algunos”.

Se agrega que una consecuencia práctica de esta concepción es la procedencia de las


acciones posesorias, que permiten conservar o recuperar la posesión de derechos
reales constituidos en bienes raíces (artículo 916).

Luis Claro Solar refuta la doctrina de Urrutia, sosteniendo que la teoría de los
derechos reales administrativos no tiene en realidad base jurídica, y desnaturaliza el
concepto de derecho real de uso, ya que éste es una limitación al dominio, que
atribuye a una persona un derecho en cosa ajena. Señala además que la existencia
sobre los bienes públicos de derechos exclusivos en provecho de determinados
individuos, es contraria a la naturaleza de estos bienes. Concluye Claro Solar que las
concesiones implican sólo un permiso de ocupación para un objeto determinado y a
título precario.

Los que niegan el carácter de derecho real que tiene el concesionario sobre los bienes
nacionales de uso público que privativamente ocupa, invocan el artículo 602, en virtud
del cual, el concesionario no tiene sino el uso y goce de las obras construidas y no la
propiedad del suelo; al decir “la propiedad del suelo”, se afirma que el legislador
habría tomado la palabra “propiedad” en un sentido amplio, como expresiva tanto del
dominio como de los demás derechos reales. Por tanto, los mismos términos de la ley
excluirían la constitución de cualquiera de éstos derechos sobre el suelo. Se añade
también por la doctrina que puesto que estamos ante bienes inalienables es
inadmisible la constitución de cualquier clase de derechos sobre ellos; el concesionario
no tiene ninguno de estos derechos sobre el suelo público que ocupa con sus obras,
posee un uso que emana de la simple tolerancia del Estado. Y este uso es precario: la
administración, por motivos de interés colectivo, puede ponerle término en cualquier
momento.

Las concepciones anteriores, expuestas durante el Siglo XIX y comienzos del Siglo XX,
y las normas del Código Civil, no se condicen con la situación actual, en la que se
tiende a entregar a importantes consorcios económicos la administración y explotación
de bienes nacionales, a cambio de ingentes inversiones. En efecto, conforme a lo
dispuesto en el Decreto con Fuerza de Ley número 164, de 1991, del Ministerio de
Obras Públicas, sobre régimen legal de concesiones de obras públicas, el concesionario
tiene el derecho de transferir la concesión. Además, según veremos, el Código de
Aguas señala expresamente que sobre las aguas hay un derecho real, cuando la
autoridad otorga el aprovechamiento de las mismas, con carácter enajenable.

b.1.4) Desafectación de los bienes nacionales de uso público.

El Estado puede desprenderse del dominio de los bienes nacionales de uso público,
pero sólo en virtud de una ley que declare su “Desafectación”, es decir, su sustracción
al dominio público, de su condición de bien nacional de uso público, quitándole tal
calidad y destino.
b.1.5) Clasificación de los bienes nacionales de uso público.

Se distingue entre dominio público marítimo, terrestre, fluvial y lacustre y aéreo.

• Dominio público marítimo.


Debemos atender, en primer lugar, al artículo 593, que define el mar territorial,
como aquél mar adyacente, hasta la distancia de 12 millas marinas medidas desde las
respectivas líneas de base. El mar territorial es de dominio nacional. Define también lo
que se entiende por zona contigua, espacio marítimo que se extiende hasta la
distancia de 24 millas marinas, medidas desde las respectivas líneas de base. En la
zona contigua, el Estado ejerce jurisdicción para objetos concernientes a la prevención
y sanción de las infracciones de sus leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de
inmigración o sanitarios. Finalmente, las aguas interiores del Estado son las aguas
situadas en el interior de las líneas de base del mar territorial.

El artículo 596 define la zona económica exclusiva, como el mar adyacente que se
extiende hasta las 200 millas contadas desde las líneas de base del mar territorial
(establecidas por el Decreto Supremo número 416 de [Link]., publicado en el Diario
Oficial de 15 de julio de 1977).

Otras disposiciones atinentes a la materia son los artículos 585, 594 (que define que se
entiende por playa de mar), 604, 612, 613 y 614, todos del Código Civil.

Fuera del ámbito del Código Civil, cabe señalar el Decreto Ley número 2.222, sobre
Ley de Navegación; el Decreto con Fuerza de Ley número 292, referido a la Ley
Orgánica de la Dirección General de Territorio Marítimo y de Marina Mercante; la Ley
general de Pesca y Acuicultura, etc.

• Dominio público terrestre.


Comprende todos los bienes nacionales de uso público situados en la superficie del
territorio del Estado (artículos 589 y 592). Entre otras leyes atinentes, cabe citar la Ley
Orgánica Constitucional de Municipalidades (conforme a la cual, la administración de
los bienes nacionales de uso público situados en la Comuna respectiva, corresponden
al municipio), la Ley General de Urbanismo y Construcciones, la Ley Orgánica del
Ministerio de Obras Públicas, etc.

• Dominio público fluvial y lacustre.


Comprende todas las aguas del territorio nacional. De conformidad al artículo 595,
todas las aguas son bienes nacionales de uso público. El artículo 5 del Código de Aguas
reitera la norma agregando que se otorga a los particulares el derecho de
aprovechamiento de las aguas. El artículo 6 del mismo Código dispone que tal derecho
de aprovechamiento es un derecho real que recae sobre las aguas y consiste en el uso
y goce de ellas, pudiendo su titular disponer del mismo. Estas disposiciones no hacen
sino aplicar el principio general contemplado en el último inciso del artículo 19 número
24 de la Constitución Política de la República, que reza: “Los derechos de los
particulares sobre las aguas, reconocidas o constituidas en conformidad a la ley,
otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”.
Cuando los derechos de aprovechamiento de aguas no se encuentran inscritos en el
Registro de Propiedad de Aguas del Conservador de Bienes Raíces respectivo, debe
solicitarse la merced de aguas a la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras
Públicas. Las inscripciones de aguas deben practicarse en el Conservador de Bienes
Raíces que tenga competencia en la comuna en que se encuentre ubicada la bocatoma
del canal matriz en el cauce natural (lo que explica que hay predios inscritos en un
Conservador (Peñaflor, por ejemplo), y sus aguas en otro (Puente Alto, por ejemplo).

• Dominio público aéreo.


Se dice que el propietario de un predio es dueño del espacio existente sobre su
inmueble, lo que quiere expresar que tiene derecho a ocuparlo con construcciones,
plantaciones, etc., con las limitaciones que la ley imponga (por ejemplo, en la Ley
General de Urbanismo y Construcciones o en las normas municipales que regulan el
tipo de construcción en determinadas zonas de la comuna). Por otra parte, cuando se
afirma que el Estado tiene soberanía en el espacio ubicado sobre su territorio, quiere
indicarse que está facultado para regular la utilización de dicho espacio, cuestión de la
que se ocupa el Código Aeronáutico (Ley número 18.916). En su artículo 1, establece
que “El estado de Chile tiene la soberanía exclusiva del espacio aéreo sobre su
territorio”. Por su parte, el artículo 2 previene que “Las aeronaves, sean nacionales o
extranjeras, que se encuentren en el territorio o en el espacio aéreo chileno, y las
personas o cosas a bordo de ellas, están sometidas a las leyes y a la jurisdicción de los
tribunales y de las autoridades chilenas”. Lo anterior, sin perjuicio de que “Las
aeronaves militares extranjeras autorizadas para volar en el espacio aéreo chileno
gozarán, mientras se encuentren en Chile, de los privilegios reconocidos por el derecho
internacional”, lo que constituye, como se recordará, una excepción al principio de la
territorialidad de la ley chilena, consagrado en el artículo 14 del Código Civil. Por lo
demás, el inciso 2º del artículo 2 del Código Aeronáutico consagra el mismo principio
de inmunidad para las aeronaves militares chilenas, las que están sometidas a las
leyes y a la jurisdicción de los tribunales y autoridades chilenas, cualquiera que sea el
lugar en que se encuentren (lo que implica, también, que estamos ante un caso de
extraterritorialidad de la ley chilena).

b.2) Los bienes fiscales.

b.2.1) Concepto.

El Estado, ente de Derecho Público, puede ser sujeto de derechos privados. Son los
llamados bienes fiscales, los que constituyen el patrimonio privado del Estado,
pertenecen a él, en cuanto sujeto de relaciones patrimoniales privadas, para cuyos
efectos se denomina “Fisco”. De acuerdo al artículo 589, los bienes fiscales son los
bienes nacionales cuyo uso no pertenece a la nación toda. Teóricamente, el régimen
jurídico de estos bienes es el Derecho Privado. Sin embargo, siempre se han dictado
leyes especiales que reglamentan la adquisición, administración y disposición de estos
bienes (actualmente, el Decreto Ley número 1.939, del año 1977). De tal forma, las
normas de Derecho Privado común adquieren sólo un valor supletorio.

Cabe señalar que a diferencia de los bienes nacionales de uso público, los bienes
fiscales están dentro del comercio humano y pueden adquirirse por prescripción.

El Ministerio de Bienes Nacionales, a través de la División de Bienes Nacionales, es el


órgano que principalmente administra los bienes fiscales. Sin embargo, todos los
Ministerios y reparticiones públicas en general, poseen bienes fiscales, los que en tal
caso, están bajo la tuición del Ministerio o Servicio correspondiente.

b.2.2) Clases de bienes fiscales.

Los hay de diversa índole:

• Los bienes muebles e inmuebles afectos al funcionamiento de los servicios públicos.

• Los bienes que componen las herencias en las que sucede el Fisco, como heredero
intestado: herencias yacentes que se transforman en herencias vacantes (artículos
995 y 1240).

• Las nuevas islas que se forman en el mar territorial o en ríos y lagos navegables por
buques de más de 100 toneladas (artículo 597). Si el río o lago no admite la
navegación por embarcaciones del tonelaje indicado, la nueva isla podrá ser
adquirida por particulares, conforme a las reglas de la accesión.

• Los impuestos y contribuciones.

• La denominada captura bélica, puede también proporcionar bienes al Fisco, aunque


hoy en día los tratados internacionales la limitan.

• Las tierras que, ubicadas dentro del territorio nacional, carecen de otro dueño
(artículo 590).

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La diferencia principal entre los inmuebles por adherencia y los inmuebles por destinación es que los primeros pierden su individualidad al convertirse en parte constitutiva del inmueble al que están adheridos, mientras que los inmuebles por destinación conservan su individualidad y son anexados al inmueble para su uso, cultivo o beneficio . Además, la adherencia de los inmuebles por adherencia debe ser permanente y estable, mientras que los inmuebles por destinación no requieren permanencia perpetua .

Los inmuebles por destinación son cosas muebles que, por una ficción legal, se consideran inmuebles debido a que están destinadas permanentemente al uso, cultivo o beneficio de un inmueble . Para que un bien mueble sea clasificado como inmueble por destinación, debe: 1) colocarse en el inmueble transfiriendo su naturaleza a la mueble, 2) destinarse al uso, cultivo o beneficio del inmueble, y 3) estar de manera estable, aunque no requiera permanencia perpetua . Adicionalmente, en ciertas situaciones, la ley exige que el dueño del inmueble realice esta destinación .

La crítica hacia la clasificación de cosas corporales e incorporales según la doctrina tradicional se centra en que dicha clasificación no tiene sentido porque pone de un lado las cosas materiales y de otro lado los derechos, que son categorías sin carácter común . Se argumenta que la oposición entre derechos y cosas no es una clasificación coherente sino una comparación incoherente, ya que implica oponer los derechos al objeto de los mismos . La doctrina mayoritaria moderna considera más aceptable separar los derechos de la noción de 'cosas' y admite la categoría de las cosas incorporales solo para designar bienes inmateriales como obras del ingenio . Así se critica la tradicional cosificación de los derechos del Derecho Romano debido a la naturaleza diferente de las cosas y los derechos .

La 'cosificación de los derechos' se refiere a considerar derechos como cosas o bienes, siguiendo la doctrina del Derecho Romano, que clasifica los derechos como cosas incorporales. Esta cosificación produce una confusión conceptual entre dos categorías diferentes: las cosas materiales y los derechos, al inducir a la pretensión que los derechos, siendo abstracciones jurídicas, compartan características de las cosas materiales . La crítica se centra en que esta clasificación no distingue adecuadamente entre la naturaleza material de las cosas y la intangible de los derechos, pues no comparten un carácter común. Además, se objeta por ser una agrupación arbitraria que no representa una clasificación auténtica. El enfoque moderno prefiere limitar la categoría de 'cosas incorporales' a bienes inmateriales, dejando de considerar los derechos como cosas .

El legislador chileno considera las obras del ingenio y otros bienes inmateriales como cosas incorporales para modernizar la posición tradicional del Derecho Romano, que incluía los derechos como cosas incorporales, hacia una clasificación que sólo incluye bienes inmateriales bajo esta categoría . Esta concepción ofrece una distinción más clara y coherente entre derechos, que son intangibles, y bienes inmateriales, que tienen un valor y una existencia que requieren protección jurídica .

En el Derecho Chileno, la relación entre el titular de un derecho real y la comunidad se establece en que el titular tiene un derecho que debe ser respetado por todos, quienes tienen la obligación de no perturbar el ejercicio de las facultades sobre la cosa objeto del derecho real . Esta relación implica que aunque un derecho real parezca una relación entre persona y cosa, en realidad representa una relación entre personas, donde el titular exige la respetabilidad de su derecho frente a cada miembro de la comunidad . Aunque algunos autores consideran esta concepción incorrecta, dado que tradicionalmente las relaciones jurídicas se establecen entre sujetos .

Los elementos constitutivos de un derecho real son el sujeto activo o titular del derecho, quien tiene el poder de aprovechamiento sobre la cosa, y la cosa objeto del derecho, que debe ser determinada individual o específicamente . Los derechos reales se clasifican en derechos reales de goce, que permiten la utilización directa de la cosa (como el dominio, usufructo), y derechos reales de garantía, que permiten utilizar la cosa indirectamente por su valor de cambio (como la hipoteca, prenda).

El artículo 577 del Código Civil define el derecho real como aquel que se tiene sobre una cosa sin referencia a determinada persona, concebiéndolo como una relación persona-cosa inmediata y absoluta . Se diferencia del derecho personal en que el derecho real recae sobre una cosa contra todos (erga omnes), mientras que el derecho personal es una relación jurídica específica entre acreedor y deudor. En el derecho real, el titular tiene el poder jurídico directo sobre la cosa, mientras que en el derecho personal, la relación se centra entre dos personas respecto a una prestación .

Inmuebles por adherencia son aquellas cosas que, al adherirse de forma permanente a un inmueble por naturaleza, son tratadas también como inmuebles . Ejemplos según la legislación chilena incluyen árboles y plantas que adhieren al suelo por sus raíces, rieles y durmientes de un ferrocarril, puentes, alcantarillas, y líneas telegráficas, siempre que sean parte integral del terreno formando un solo todo . Estos bienes están vinculados de forma permanente, lo cual es un requisito para su consideración jurídica como inmuebles .

Los argumentos en contra de permitir la creación de derechos reales por convenciones privadas en la doctrina chilena se centran en el carácter de orden público de las normas sobre organización de la propiedad. Según el enfoque tradicional, solo los derechos reales establecidos expresamente por la ley tienen validez, evitando la posibilidad de que particulares creen otros derechos reales, garantizando así una uniformidad y previsibilidad jurídica . Esta rigidez protege los intereses económicos generales, asegurando que las regulaciones sobre posesión y propiedad no dependan de acuerdos individuales sino de ley .

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