LOS OBJETIVOS DEL DESARROLLO
SOSTENIBLE: Una hoja de ruta para salir de la
crisis
El mundo se enfrenta a una confluencia de crisis que amenazan la supervivencia de la humanidad. Todas
estas crisis, y las formas de prevenirlas y sortearlas, se abordan de manera integral en los Objetivos de
Desarrollo Sostenible (ODS). Los ignoramos a nuestro propio riesgo. El Informe sobre los Objetivos de
Desarrollo Sostenible 2022 recoge los avances para alcanzar los 17 Objetivos. Es un esfuerzo realizado
en colaboración con el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y más
de 50 organismos internacionales y regionales que se basa en millones de datos proporcionados por más
de 200 zonas y países. El informe de este año presenta un panorama especialmente preocupante. El uso
de los últimos datos y estimaciones disponibles revela que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible
está en grave peligro debido a las diversas crisis progresivas e interrelacionadas. Predominan la COVID-
19, el cambio climático y el conflicto armado. Cada una de estas crisis y sus complejas interacciones
repercuten en todos los ODS y generan graves consecuencias en la alimentación y la nutrición, la salud,
la enseñanza, el medio ambiente, y la paz y la seguridad. Encauzar al mundo en la senda de la
sostenibilidad exigirá una acción concertada a escala mundial.
Crisis progresivas e interrelacionadas
En los últimos dos años, la pandemia de COVID-19 ha causado estragos en casi todos los aspectos de
nuestras vidas. Y todavía está lejos de finalizar. La pandemia derrumbó más de cuatro años de avances
en la erradicación de la pobreza y empujó a 93 millones de personas más a la pobreza extrema en 2020.
Interrumpió servicios esenciales de salud, lo que provocó un descenso de la cobertura de inmunización
por primera vez en una década y un aumento de muertes por tuberculosis y paludismo, entre otros
muchos efectos. Los cierres prolongados de las escuelas ponen a 24 millones de alumnos, desde el nivel
preescolar hasta el universitario, en riesgo de no volver a la escuela. La inmediatez de la crisis de COVID-
19 se ve ahora eclipsada por la amenaza existencial del cambio climático. El aumento de las olas de
calor, las sequías e incendios forestales, y las inundaciones apocalípticas ya afectan a miles de millones
de personas en todo el mundo y provocan daños potencialmente irreversibles en los ecosistemas de la
Tierra. Por ejemplo, la continua acidificación de los océanos y el aumento de la temperatura del agua
ponen en peligro a especies marinas, incluidos los arrecifes de coral, que se consideran las “selvas del
mar” por la biodiversidad que sostienen. Para evitar los peores efectos del cambio climático, tal como se
establece en el Acuerdo de París, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero tendrán que
alcanzar su punto máximo antes de 2025 y, a continuación, reducirse en un 43% para el año 2030, hasta
llegar a cero en el 2050. Sin embargo, según los actuales compromisos nacionales voluntarios de la
acción por el clima, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentarán casi un 14% para el año
2030. Al mismo tiempo, el mundo es testigo del mayor número de conflictos violentos desde 1946 y una
cuarta parte de la población mundial vive ahora en países afectados por conflictos. En mayo de 2022,
una cifra sin precedentes de 100 millones de personas había sido desplazada de manera forzosa de sus
hogares. El estallido de la guerra en Ucrania disparó los precios de los alimentos, el combustible y los
fertilizantes, interrumpió las cadenas de suministro y el comercio mundial y agitó los mercados
financieros, exacerbando la amenaza de una crisis alimentaria mundial.
Proteger a los vulnerables
Al mismo tiempo, los países en desarrollo se enfrentan a una inflación desmedida, al aumento de las
tasas de interés y a la inminente carga de las deudas. Con prioridades que compiten entre sí y un
margen fiscal limitado, muchos están luchando sin éxito para recuperarse de la pandemia. En los países
menos adelantados, el crecimiento económico sigue siendo lento y la tasa de desempleo se agrava.
Como siempre, las mujeres, los niños y otras personas vulnerables se llevan la peor parte de las crisis. La
mano de obra y el matrimonio infantiles están en alza. La ansiedad y la depresión en adolescentes y
jóvenes aumentaron considerablemente. Alrededor del 40% de las personas desplazadas de manera
forzosa en todo el mundo son niños, muchos de los cuales sufrieron lesiones y trastornos
inconmensurables en su vida y desarrollo debido a los conflictos. Las mujeres se enfrentan a las
limitaciones que supone la pérdida de empleos y medios de subsistencia, el descarrilamiento de la
escolarización y el aumento de la carga de trabajo no remunerado en el hogar. Mientras tanto, las
pruebas existentes indican que la pandemia ha exacerbado la violencia doméstica.
Adelantarse a las circunstancias
Para anticiparnos a estas crisis, tenemos que saber dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, y eso
requerirá de una importante inversión en nuestra infraestructura de datos e información. Las
normativas, los programas y los recursos destinados a proteger a las personas durante esta época tan
difícil se quedarán inevitablemente cortos si no se dispone de la información necesaria para priorizar las
intervenciones. Los datos oportunos, desglosados y de alta calidad pueden ayudar a generar respuestas
más específicas, anticiparse a las necesidades futuras y perfeccionar el diseño de las medidas más
urgentes. Para salir fortalecidos de la crisis y prepararnos para los retos desconocidos que se avecinan,
la financiación del desarrollo estadístico debe ser una prioridad para los gobiernos nacionales y la
comunidad internacional.
Una hoja de ruta para la supervivencia La gravedad y la magnitud de los retos que tenemos ante
nosotros exigen cambios radicales a una escala nunca vista en la historia de la humanidad. Debemos
empezar por poner fin a los conflictos armados y emprender el camino de la diplomacia y de la paz, una
condición previa para el desarrollo sostenible. Sencillamente, no podemos tolerar la guerra y la pérdida
absurda de vidas y recursos preciosos que conlleva. En segundo lugar, debemos adoptar vías de
desarrollo bajas en carbono, resilientes e inclusivas que reduzcan las emisiones de carbono, conserven
los recursos naturales, transformen nuestros sistemas alimentarios, creen mejores puestos de trabajo y
avancen en la transición hacia una economía más ecológica, inclusiva y justa. La hoja de ruta establecida
en los Objetivos de Desarrollo Sostenible es clara. Así como los efectos de las crisis se agravan cuando
están vinculadas, lo mismo ocurre con las soluciones. Cuando actuamos para reforzar los sistemas de
protección social, mejorar los servicios públicos e invertimos en energías no contaminantes, por
ejemplo, abordamos las causas fundamentales del aumento de la desigualdad, la degradación del medio
ambiente y el cambio climático. En tercer lugar, para lograr estos objetivos y evitar una recuperación de
dos caras en la que los países en desarrollo queden rezagados, se necesitará nada menos que una
transformación integral de la arquitectura financiera y de la deuda internacional. Lo que está en juego
no podría ser más importante. Si la humanidad ha de sobrevivir, debemos hacerlo juntos, sin dejar a
nadie atrás.
FIN A LA
POBREZA
La pandemia de COVID-19 causó un retroceso en los últimos 25 años de constante progreso en la
reducción de la pobreza y el número de personas en situación de pobreza extrema aumentó por primera
vez en una generación. Ahora, el aumento de la inflación y las repercusiones de la guerra en Ucrania
pueden descarrilar ese progreso aún más. En comparación con las proyecciones anteriores a la
pandemia, estas crisis combinadas podrían llevar a que entre 75 y 95 millones de personas adicionales
vivan en pobreza extrema en 2022. Aunque casi todos los países implementaron nuevas medidas de
protección social en respuesta a la crisis, muchas fueron de corta duración y un gran número de
personas vulnerables aún no se han beneficiado de ellas. En la situación actual, el mundo no está
encauzado para acabar con la pobreza para el año 2030 y para lograr este objetivo, los países más
pobres deberían alcanzar niveles de crecimiento a favor de los pobres sin precedentes.
HAMB
RE
CERO
El mundo está al borde de una crisis alimentaria, con un número creciente de personas que han
padecido hambre e inseguridad alimentaria incluso antes de la pandemia de COVID-19. Los sistemas
mundiales de abastecimiento de alimentos se vieron parcialmente socavados por una progresiva
combinación de crecientes conflictos, crisis climáticas y mayores desigualdades. Como resultado, hasta
828 millones de personas pueden haber padecido hambre en 2021. El estallido de la guerra en Ucrania
supone una amenaza adicional para la inseguridad alimentaria, ya que podría provocar aumentos en los
niveles de hambre y malnutrición, especialmente entre los más pobres y vulnerables. Ante la inminencia
de esta crisis mundial, es más urgente que nunca abordar las causas desde sus orígenes.
SALUD Y BIENESTAR
La COVID-19 sigue planteando retos para la salud y el bienestar de las personas en todo el mundo e
impide el progreso para alcanzar las metas del Objetivo 3. Antes de la pandemia, los avances eran
evidentes en muchas áreas de la salud, incluida la salud reproductiva, materna e infantil, la cobertura de
inmunización y el tratamiento de enfermedades transmisibles, aunque las enormes disparidades
regionales empañaban el progreso. A mediados de 2022, la COVID-19 había infectado a más de 500
millones de personas en todo el mundo. Las últimas estimaciones muestran que, para fines de 2021, el
“exceso de muertes” a nivel mundial atribuible directa e indirectamente a la COVID-19 podría haber
alcanzado los 15 millones de personas. La pandemia desestabilizó gravemente los servicios esenciales de
salud, provocó un aumento de la prevalencia de ansiedad y depresión, redujo la esperanza de vida en el
mundo, descarriló los avances para acabar con el VIH, la tuberculosis y el paludismo, e interrumpió dos
décadas de trabajo para lograr la cobertura sanitaria universal.
EDU
CAC
ION
La pandemia de COVID-19 profundizó la crisis en la enseñanza, con graves trastornos en los sistemas
educativos de todo el mundo. El cierre de escuelas ha tenido consecuencias preocupantes para el
DE
aprendizaje y el bienestar de los niños, especialmente para las niñas y los desfavorecidos, como los
niños con discapacidades, los habitantes de zonas rurales y las minorías étnicas. Se calcula que 147
millones de niños y niñas perdieron más de la mitad de su instrucción presencial en los últimos dos años.
CAL
Como resultado, esta generación podría perder un total combinado de 17 billones de dólares en
ingresos a lo largo de sus vidas (en valor actual). Los gobiernos necesitan poner en marcha programas
ambiciosos para garantizar que todos los niños regresen a las escuelas, recuperen el aprendizaje perdido
IDA
y puedan cubrir sus necesidades psicosociales.
D
IGU
ALD
AD
El mundo no está encaminado para lograr la igualdad de género para 2030 y las consecuencias sociales y
económicas de la pandemia han hecho que la situación sea aún más desalentadora. Los avances en
DE
muchas áreas, como el tiempo dedicado a los cuidados no remunerados y al trabajo doméstico, la toma
de decisiones en materia de salud sexual y reproductiva, y la elaboración de presupuestos sensibles a las
cuestiones de género, están quedando rezagados. Los servicios de salud para la mujer, ya mal
GEN
financiados, sufrieron graves trastornos. La violencia contra las mujeres continúa siendo endémica. Y a
pesar del liderazgo de las mujeres en la respuesta a la COVID-19, siguen a la zaga de los hombres en
cuanto a asegurar los cargos de toma de decisiones que merecen. Se requiere de compromiso y medidas
audaces para acelerar el progreso mediante la promoción de leyes, políticas, presupuestos e
ERO
instituciones que promuevan la igualdad de género.
AGU
A
LIM
A medida que la pandemia de COVID-19 se prolonga, resulta cada vez más evidente que los servicios de
PIA
agua potable, saneamiento e higiene gestionados de manera segura son vitales para la salud humana.
Sin embargo, salvo que los avances se aceleren drásticamente, miles de millones de personas seguirán
careciendo de estos servicios esenciales en el año 2030. El agua es fundamental para muchos otros
aspectos del desarrollo sostenible y está en riesgo. La demanda de agua aumenta debido al rápido
Y
crecimiento de la población, la urbanización y la creciente presión generada por la agricultura, la
industria y el sector energético. Décadas de mal uso, gestión deficiente, sobreexplotación y
contaminación de las reservas de agua dulce y subterráneas agravaron el estrés hídrico y deterioraron
SAN
los ecosistemas relacionados con el agua. Esto, a su vez, afecta la salud humana, las actividades
económicas y el suministro de alimentos y energía. Es necesario tomar medidas urgentes para cambiar
la tendencia actual.
AMI
ENT
O
ENERGIA ASEQUIBLE Y
NO CONTAMINANTE
El mundo continúa avanzando para lograr las metas de energía sostenible. Sin embargo, el ritmo actual
de progreso es insuficiente para alcanzar el ODS 7 en 2030. Por ejemplo, tendrán que
acelerarse las mejoras en la eficiencia energética para alcanzar el objetivo para el clima de
reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Cientos de millones de personas siguen
sin tener acceso a la energía eléctrica y la lentitud con la que se avanza en la búsqueda de
soluciones no contaminantes para cocinar pone en peligro la salud de 2,4 mil millones de
personas. Persisten las enormes disparidades en el acceso a la energía moderna y sostenible,
lo que deja aún más rezagados a los más vulnerables. En algunos países, la pandemia de
COVID-19 ha debilitado o revertido los avances ya logrados.
TRABAJO DECENTE Y
CRECIMIENTO
ECONOMICO
La pandemia de COVID-19 precipitó la peor crisis económica en décadas y revirtió los avances
alcanzados para lograr el trabajo decente para todos. Aunque la economía mundial comenzó a repuntar
en el año 2021 con ciertas mejoras en los índices de desempleo, la recuperación sigue siendo elusiva y
frágil. Las modalidades de recuperación también varían significativamente entre regiones, países,
sectores y grupos del mercado laboral. Las economías desarrolladas están experimentando una
recuperación más firme, mientras que los países menos adelantados (PMA) siguen luchando contra un
crecimiento económico débil y las consecuencias de la pérdida de puestos de trabajo en el mercado
INDUSTRIA,INNOVACION E
laboral. Muchas pequeñas empresas, especialmente en países de ingresos bajos y medios bajos, se ven
especialmente desfavorecidas y con una viabilidad limitada.
INFRAESTRUCTURA
La pandemia de COVID-19 mostró la importancia de la industrialización, la innovación
tecnológica y las infraestructuras resilientes para reconstruir mejor y alcanzar los Objetivos de
Desarrollo Sostenible. Las economías con un sector industrial diversificado y una
infraestructura sólida (por ejemplo: transporte, conexión a Internet y servicios públicos)
sufrieron menos daño y experimentan una recuperación más rápida. En el año 2021, el sector
manufacturero mundial se recuperó de la pandemia, aunque esta continúa incompleta y
desigual. En los PMA, la recuperación es lenta e incierta: casi uno de cada tres puestos de
REDUCCION DE LAS
trabajo en el sector manufacturero se vio afectado negativamente por la crisis. Las mujeres, los
jóvenes y los trabajadores de competencia baja y media sufrieron mayores pérdidas.
DESIGUALDADES
Antes de la crisis de COVID-19, algunas señales alentadoras de una serie de
indicadores sugerían que la desigualdad de ingresos se estaba reduciendo. Por
ejemplo, en muchos países, los ingresos de los más pobres aumentaron más
rápidamente que la media nacional, aunque persistían desigualdades en otros
ámbitos. En la actualidad, parecería que los efectos de la pandemia revirtieron
cualquier tendencia positiva. Aquellos con ingresos relativamente bajos corren el riesgo de
quedar rezagados. La pandemia también intensificó la discriminación estructural y sistémica.
Los mercados emergentes y las economías en desarrollo experimentan una recuperación lenta,
CIUDADES Y
lo que aumenta las disparidades de ingresos entre los países. En el año 2021, la cantidad de
refugiados en todo el mundo alcanzó la cifra absoluta más alta registrada; lamentablemente,
en ese año también se registró un número sin precedentes de muertes de migrantes.
COMUNIDADES
SOSTENIBLES
En
la
actualidad, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Se estima que, en
el año 2050, unas 7 de cada 10 personas vivirán en zonas urbanas. Las ciudades son
motores de crecimiento económico y contribuyen a más del 80% del PIB mundial. Sin
embargo, también son responsables de más del 70% de las emisiones mundiales de gases
de efecto invernadero. Cuando se planifica y gestiona bien, el desarrollo urbano puede
ser sostenible y generar una prosperidad integradora. Sin embargo, la urbanización rápida y mal
planificada conlleva muchos problemas, tales como la escasez de viviendas asequibles, infraestructuras
insuficientes (como el transporte público y los servicios básicos), espacios abiertos limitados, niveles
inseguros de contaminación del aire y el creciente riesgo climático y de desastres. Las profundas
desigualdades expuestas por la pandemia de COVID-19 y otras crisis subsiguientes destacan aún más la
importancia del desarrollo urbano sostenible.
PRODUCCION Y
CONSUMO
RESPONSABLES
Las modalidades no sostenibles de consumo y producción son las causas fundamentales
de la triple crisis planetaria por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la
contaminación. Estas crisis y la degradación del medio ambiente que conllevan
amenazan el bienestar humano y el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Si continuamos por
la senda de desarrollo imperante, la capacidad finita de la Tierra no podrá sostener los medios de vida
para las generaciones actuales y futuras. Transformar nuestra relación con la naturaleza es esencial para
un futuro sostenible. A medida que el mundo desarrolla estrategias para una recuperación sostenible de
ACC
la pandemia, los gobiernos y todos los ciudadanos deben aprovechar la oportunidad de trabajar unidos
para mejorar la eficiencia de los recursos, reducir los residuos y la contaminación, y dar forma a una
nueva economía circular.
ION
POR
EL
CLI
MA
El mundo está al borde de un desastre climático y la ventana para evitarlo se está
cerrando rápidamente. El aumento de las olas de calor, las sequías y las inundaciones
causadas por el cambio climático ya están afectando a miles de millones de personas en
todo el mundo y provocando cambios potencialmente irreversibles en los ecosistemas
mundiales. Para limitar el calentamiento a 1,5° Celsius por encima de los niveles preindustriales, tal
como lo establece el Acuerdo de París, las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo
deberán alcanzar su pico antes de 2025. Después deberán reducirse en un 43% para el año 2030 y llegar
a cero en 2050, según indica el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC,
por su sigla en inglés), el organismo de las Naciones Unidas encargado de evaluar la información
VID
científica vinculada al cambio climático.
A
SUB
MA
RIN
A
La actividad humana está poniendo en peligro el mayor ecosistema del planeta —
sus océanos y mares— al tiempo que afecta los medios de subsistencia de miles de
millones de personas. La continua acidificación y el aumento de la temperatura de
los océanos amenazan las especies marinas y afectan negativamente los servicios
derivados de los ecosistemas marinos. Por ejemplo, entre 2009 y 2018, el mundo perdió cerca del 14%
de los arrecifes de coral, muchas veces llamados “selvas tropicales del mar” por la extraordinaria
diversidad biológica que sustentan. Los océanos también están sometidos a la creciente presión causada
por diversas fuentes de contaminación que son perjudiciales para la vida marina y eventualmente
alcanzan la cadena alimentaria. El rápido crecimiento del consumo de pescado (un aumento del 122%
VIDA DE ECOSISTEMAS
entre 1990 y 2018), junto con normativas públicas inadecuadas para la gestión del sector, llevan al
agotamiento de las poblaciones de peces. Evitar el deterioro de la salud de los océanos exige intensificar
los esfuerzos de protección y adoptar soluciones para una economía azul sostenible.
TERRESTRES
Los ecosistemas sanos y la diversidad biológica que sustentan son fuente de alimentos,
agua, medicinas, refugio y otros bienes materiales. También proporcionan servicios
derivados de los ecosistemas —la descontaminación del aire y del agua, por ejemplo—
que sostienen la vida y mejoran la resiliencia frente a las crecientes presiones. Sin
PAZ,JUSTICIA E
embargo, las actividades humanas han alterado profundamente la mayoría de los
ecosistemas terrestres: se documenta que unas 40.000 especies están en peligro de extinguirse en las
próximas décadas, cada año se destruyen 10 millones de hectáreas de bosques (una superficie del
INSTITUCIONES SOLIDAS
tamaño de Islandia) y más de la mitad de las áreas clave de biodiversidad permanecen sin protección.
Los llamamientos a la paz mundial se hacen más fuertes mientras que el mundo es
testigo del mayor número de conflictos violentos desde 1946, con la cuarta parte de la
población mundial viviendo en países afectados por conflictos a finales de 2020. En
medio de estas crisis y a pesar de las restricciones de movimiento impulsadas por
COVID-19, el desplazamiento forzado continuó e incluso aumentó. En mayo de 2022 se
alcanzó la cifra sin precedentes de 100 millones de personas desplazadas a la fuerza en todo el mundo.
Esta inquietante cifra aumentará con las crecientes repercusiones de la guerra en Ucrania. El costo de
las guerras y los conflictos es elevado, afectan más a los pobres y vulnerables y provocan efectos en
ALIANZA PARA LOGRAR LOS
todo el mundo, e intensifican las violaciones de los derechos humanos y las necesidades humanitarias.
OBJETIVOS
Muchos países en desarrollo están teniendo dificultades para recuperarse de la pandemia a pesar de un
nivel nunca registrado de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) y un fuerte repunte de la inversión
extranjera directa (IED) y de las corrientes de remesas en todo el mundo. Entre otros retos, los países en
desarrollo se enfrentan a una inflación sin precedentes, a la suba de las tasas de interés y a la carga de
deudas inminentes. Con prioridades que compiten entre sí y un margen fiscal limitado, a muchos les
resulta más difícil que nunca recuperarse económicamente. Con la pandemia lejos de terminar y las
fuertes disparidades en la distribución de las vacunas entre los países, existe también la amenaza de una
recuperación de la COVID-19 “en dos niveles”. Para recuperarse mejor de la pandemia y rescatar los
Objetivos de Desarrollo Sostenible, se necesitará una transformación a gran escala de la arquitectura
financiera y de la deuda internacional.