Fredy Armando Álvarez Rodríguez. Pbro.
– Delegado Episcopal para la Pastoral Infantil y Misionera
Dirección: Calle 4 # 3-44, Cogua – Tel: 8548138 – Cel: 3114925900
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PARA SER MISIONERO
Capítulo IV: Saliendo con Jesús
"El compromiso misionero brota de la ardiente contemplación de Jesús".
(Juan Pablo II)
1. MISIONEROS EN FAMILIA
Como niños servidores del altar tenemos una gran misión en varios ambientes donde
continuamente compartimos con más personas, en este caso tenemos que mencionar
nuestro primer ambiente de relación como lo es la familia un lugar predilecto donde Dios
se manifiesta a todos.
Queridos amigos Jesús nos invita a unirnos con él desde, en y con la familia a su plan de
amor, en Mateo 28,20, tenemos una gran expresión, “Sígueme”, como modelo de camino
y guía. Nos pide que nosotros en familia lo imitemos y asumamos sus sentimientos,
actitudes y estilo de vida. Espera que nosotros recibámosla vida nueva y vivamos su vida
en nosotros. Con la expresión “vayan” nos está indicando que él nos ofrece una nueva
orientación, una misión y una compañía. Él espera que nosotros como niños en nuestra
familia sigamos saliéndose donde estemos para ir con Él como ayudantes y
colaboradores de la evangelización.
Amigos servidores del altar, hoy una vez reconocemos como él nos pide tener
disponibilidad en nuestras familias para sintonizar nuestros pasos con los de Él, con su
orientación y su ritmo salvador. Además nos indica que debemos estar evangelizando
continuamente, por ello espera de nosotros una respuesta firme en el camino de ser
niños misioneros en los servicios que podamos prestar en nuestra comunidad parroquial.
Por ello es importante hacerlo conocer y llevar lo suyo a las personas a quiénes nos
encontremos en nuestro diario vivir.
Jesús no pide como familia y en nuestra familia vayamos en todo momento como
enviados hacia nuestros hermanos, nos dice que debemos ir con él, porque podemos
contar con su presencia y porque lo necesitamos en todo momento especialmente en
nuestras familias. Jesús nos ofrece vida nueva para que lo compartamos con los demás.
Nos ofrece transformarnos como lo hizo con los apóstoles. Y su estilo es como el de un
amigo, un maestro y un salvador que se acerca a nosotros y espera que recibámoslo que
nos ofrece en nuestra familia y así siendo agradecidos por lo que él nos da podamos
colaborar en su gran obra de amor.
Recordemos que “la familia es la primera comunidad llamada a anunciar el evangelio, a
la persona en desarrollo y conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante
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una progresiva educación”. Por ello queridos amigos tenemos el gran compromiso de
cuidar nuestras familias y hacer de la misión un camino de plena configuración con
Jesucristo. Por eso como niños misioneros debemos estar dispuestos a hacer de nuestra
familia una pequeña comunidad de amor, respeto, solidaridad y reconciliación
permanente como nos lo indica la palabra.
Finalmente reflexionemos sobre las siguientes frases que nos deben inquietar para hacer
de nuestra familia comunidad de comunidades.
La familia es iglesia doméstica.
La familia sujeto y objeto de la evangelización.
La familia es la célula vital de la sociedad.
La familia al igual que la Iglesia debe ser un espacio donde el evangelio es
transmitido y desde donde éste se irradia.
La familia llamada a ser signo misionero para los alejados, para las familias que
no creen todavía y para las familias cristianas que no viven coherentemente
con la fe recibida.
El futuro de la humanidad se fragua en la familia.
2. MISIONEROS EN LA ESCUELA
Otro ambiente donde los niños deben manifestar la presencia de Dios es precisamente la
Escuela o el colegio, una realidad que se debe convertir en espacio de evangelización.
Jesús es el camino, la verdad y la vida, nos enseña una verdad que nos hace libres y que
debemos hacerla presente para los demás en nuestra escuela, es aquí donde nos
encontramos con amigos, compañeros de clase y maestros, a ellos debemos mostrar la
presencia de Jesús maestro y amigo, debemos hacer que en nuestro ambiente estudiantil
sea una escuela de amor, respeto, honestidad y paz.
Jesús siempre desea ser amigo de todos porque Él comprende a la persona, la conoce, la
ama, la ayuda y la guía. De esta manera Jesús espera una respuesta de ese amigo que le
está escuchando. Jesús no solamente enseña hablando sino también actuando en el
amor fraterno y eso fue lo que motivó a los discípulos a ser amigos de él y a quedarse
con Él. La primera llamada de Jesús al discípulo es a estar con Él, a permanecer en Su
amor, a ser amigo (cf. Mc 3,14; Jn 15). Haciéndose Su amigo se puede aprender lo que
El enseña.
Misioneros en la escuela implica siempre vivir en comunión. En comunión del discípulo
con el Maestro y del Maestro-amigo con el discípulo. Es una comunión en la que Jesús
hace que los discípulos entren en comunión con los hermanos. Su escuela no la realiza
con cada persona aisladamente, sino que la realiza en familia, en comunión, en Iglesia.
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Jesús llamó a los discípulos para enseñarles lo que les sirviera para vivir y para servir a
los demás: es una Escuela para la Misión. De esta manera queremos que todos los niños
de nuestra Diócesis de Zipaquirá se discípulo misioneros con el fin de "hacer discípulos"
para Jesús. Nosotros en y desde la escuela debemos hacer camino, así Jesús hace
camino con sus discípulos y desea que nosotros le sigamos, esta si era una verdadera
pedagogía de amor continuo, no les enseñaba solo a ratos, sino que era una vida de
verdadera enseñanza, aprendizaje y discipulado.
Querido niños monaguillos, debemos hacer camino en nuestras escuelas, camino de
santidad y verdad, que nos lleven a ser verdaderos discípulos misioneros con Jesús. Por
ello invitamos a todos para que vivan la experiencia de la formación misionera, espiritual,
bíblica, humana y comunitaria, ya que desde nuestro servicio al altar debemos integrar
estas dimensiones en nuestra vida y ser así unos verdaderos niños, amigos, discípulos
misioneros de Jesús.
Debemos ayudarnos desde nuestras escuelas a formarnos en un espíritu de solidaridad,
dejando actuar actuar el espíritu de Dios, para que desde nuestros corazones surjan
sentimientos, actitudes, y opciones misioneras que nos lleven a realizar acciones por
nuestros hermanos, de manera especial por aquellos los más necesitados. De esta
manera estaríamos haciendo discípulos para Jesús, enseñando lo que hemos aprendido
de Él por medio de nuestros hermanos mayores en la fe, nuestros papás, hermanos,
sacerdotes, catequistas y misioneros.
De esta manera en consonancia con nuestro plan de renovación pastoral (PRP),
buscamos que desde nuestras parroquias se formen pequeñas comunidades que ayuden
a dinamizar la pastoral de nuestras parroquias. Es por ello que debemos considerar que
desde la escuela y llegando a nuestra parroquia podamos incentivar a los niños a que
consideremos nuestros encuentros como una pequeña comunidad, según las
orientaciones de nuestro plan diocesano.
Así tendríamos que fortalecernos como pequeña comunidad viva porque somos los más
activos y creativos como niños, dinámicas porque nos gusta aprender jugando una
metodología que motiva a los niños a vivir un encuentro con Jesús en medio del juego y
Misionera porque deseamos que todos los amigos de Jesús enseñen a los demás lo que
implica aceptar a Jesús en nuestra vida.
Este camino de discipulado misionero para nuestros niños debe permitir que desde la
escuela se brinde espacios de formación y llegando a la parroquia se fortalezca y se
respalde lo que desde la escuela los niños han logrado enseñar y atraer a otros amiguitos
para que se conviertan en fieles servidores de Jesucristo y su Iglesia.
Teniendo presente todo lo anterior invitamos a los niños para que sea verdaderos
transmisores del Evangelio con el compromiso de colaborar en la transformación que
Dios quiere realizar en su propia Iglesia, que verdaderamente se despierte el deseo de
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servir a los demás como misioneros, con testimonio, palabras u obras. Compromiso de
vivir en familia-Iglesia, en comunión misionera. Son los elementos que siempre se
conjugan y se integran en su pedagogía de amor.
3. MISIONEROS EN LA PARROQUIA
La parroquia para el niño debe ser una oportunidad para ejercer su creatividad y
liderazgo frente a la tarea evangelizadora que Dios ha encomendado a su Iglesia. Cada
niño debe aprender a misionar desde su servicio pastoral en la parroquia, es dejar actuar
el espíritu de compromiso y servicio en la propagación de la fe a los demás niños.
Ayudemos a que los niños reconozacan que la misión de la Iglesia es anunciar a
Jesucristo, formando comunidades cristianas y encarnando los valores del Evangelio,
para crecimiento de Dios en el mundo (RMi 20).
Todos los bautizados estamos llamados a ser misioneros ya que por naturaleza
reconocemos en la Iglesia una comunidad evangelizada y evangelizadora, además la fe
siempre debe ser presentada como un Don de Dios para vivirlo en comunidad (parroquia,
familia, escuelas, asociaciones) y para irradiarlo fuera con testimonio de vida y con
palabra (RMi 49)
De otra parte debemos recordarles a los niños que dentro de este ambiente parroquial
debemos enseñar y ayudar en la concientización de la importancia de las ayudas a los
más necesitados, debemos apoyar y ser misioneros dispuestos a vivir con alegría la
presencia de Dios en nuestra vida. Así que una manera de ayudar es con la colecta
misionera económica y espiritual con l fin de ayudar y promover la solidaridad en los
niños.
¿Cómo los niños y adolescentes pueden cooperar? Bueno en tres formas muy
maravillosas:
a) Cooperación Espiritual: con el ofrecimiento de la propia vida cristiana (testimonio), la
continua oración por las misiones y la ofrenda de los propios sacrificios, uniéndolos a los
de Jesús por la salvación de los niños y del mundo.
c) Cooperación Material: con la “ofrenda misionera” económica o con otros bienes
materiales.
c) Cooperación con Servicios Misioneros: Dios necesita nuestra colaboración, nos
necesita a nosotros mismos como misioneros. Además, necesita que le ayudemos
a promover las vocaciones misioneras.
4. SER SAL Y LUZ DEL MUNDO
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Estamos ya en la recta final de este material que nos ha servido para nuestra formación
y crecimiento humano, intelectual y espiritual.
Decimos que Dios Padre nos llama, y debemos responder con el Hijo, para dejarnos
formar con el Espíritu, para poder llegar a ser misionero en los diversos ambientes en los
que nos encontremos. Por ello es importante detenernos en las palabras del Papa
Francisco frente a este hecho de ser sal y luz del mundo.
Dice el papa Francisco “si seréis pobres de espíritu, si seréis mansos, si seréis puros de
corazón, si seréis misericordiosos... ¡Ustedes serán la sal de la tierra y la luz del mundo!
queridos niños”.
“Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía
prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un
signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación
mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo
Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la
caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los
bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un
Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos "sabor" a los diferentes
ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la
luz de Cristo a través del testimonio de una caridad. Por eso queridos niños
luchemos por ser y hacer presencia la luz de Cristo para los demás ser efectivos en
la tarea de iluminar y dar sabor a nuestras actividades y a las personas con
quienes compartimos”.
Estimados amigos no permitamos que nos glorifiquen a nosotros sino a Dios, pero
recordemos que somos luz, sal, estamos hechos para brillar, para dar sabor, que el
mundo vuelva a sentir nuestra presencia, y que cuando nos vean tengan que exclamar
asombrados: "Miren cómo se aman" “miren como actúan esos niños”. Miren cómo brillan
en el mundo, miren cómo iluminan el camino, son como una lámpara que hay que poner
en lo alto, para que alumbre a todos. No se nos olvide que somos lámpara, llevamos la
luz en nosotros, pero la luz es Cristo, es a Él a quien tienen que dar gloria.
Dice el evangelio que si la sal se desvirtúa ya no sirve para nada, pero todo tiene
solución mientras dura la vida porque Dios es omnipotente. Si tú, siendo un niño lleno de
fe, siendo sal de la tierra, crees que has perdido el sabor, confía plenamente en que hay
uno que se lo puede devolver, confía en que hay uno que puede hacerte ser otra vez sal
de la buena, de ser sal insípida a ser sal que da sabor. Si tú te consideras una lámpara
sin luz, de esas que sí se tendrían que poner debajo del celemín porque ya no alumbran,
acércate a Jesús porque Él es la luz, es Él el que da sentido a nuestra vida, Él nos hará
ser lo que debemos ser y así prenderemos fuego al mundo entero.
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