El SURGIMIENTO DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL: PASO DEL MITO AL LOGOS
1. INTRODUCCIÓN
La Historia de la Filosofía abarca, por lo menos en el caso de la filosofía occidental, más de
veintecinco siglos, pese a lo cuál las grandes problemáticas abordadas por el pensamiento de
cada etapa se reiteran pudiendo afirmar que son prácticamente coincidentes, si bien con los
evidentes matices de cada momento. Esto se debe, principalmente, a que las grandes
preocupaciones humanas se mantienen a lo largo del tiempo, tanto como al hecho de que nuestra
disciplina engloba el conjunto de nuestras inquietudes. Es en este doble sentido en el que se
afirma la universalidad de la Historia de la Filosofía.
Sin embargo, sobre todo en sus tiempos más remotos, dicha historia está sujeta a sus
propios problemas internos. Nos referimos con esto a la historicidad de los problemas que
enfrenta nuestra disciplina, es decir, al pretendido carácter objetivo de datos y narraciones de las
que apenas quedan registros; autores de los que no tenemos legado escrito o contamos con
fuentes indirectas; o discursos modificados por el devenir histórico (y los intereses socio-políticos
a él asociados).
Todo esto lleva a una metodología de trabajo diversa y compleja: desde la arqueología en la
Antigüedad hasta la hermenéutica postmoderna, pasando por el análisis filológico de textos o la
investigación histórica de fuentes y acontecimientos.
2. LA POLIS GRIEGA
La comprensión del pensamiento de un pueblo debe, siempre, partir
del conocimiento de su situación geográfica y el contexto físico y
socio-cultural, pues todo pensamiento responde al entorno y las
necesidades humanas suscitadas por este. Así, a polis griega es el
resultado de los orígenes demográficos griegos. Cuando muchos
siglos antes (alrededor del XVIII-XVI a.C.) diferentes tribus y
estirpes llegaron a lo que después sería Grecia, se encontraron con una complicada orografía,
que los llevó a asentarse concentrados en pequeñas comunidades de población con entidad de
estado: las polis o ciudades-estado.
El terreno montañoso de Grecia, con sus escasas y limitadas llanuras y valles, fomentó la
formación de múltiples polis o estados pequeños en lugar de unos pocos de mayor tamaño. Por
regla general, cada ciudad-estado se componía de un casco urbano amurallado rodeado de tierras
de labranza. Aunque cada ciudad tuvo su forma peculiar de gobierno, la participación ciudadana
en los procedimientos legales y políticos generó el sentido de comunidad. Los ciudadanos,
además, estaban comprometidos por sus vínculos con la deidad protectora de cada ciudad.
La polis se basa, por lo tanto, en la idea de autarquía (αὐτάρκεια, autarkeia), es decir,
“autogobierno”. Cada ciudad es independiente de otras, tanto económicamente al
autoabastecerse mediante el comercio y el trabajo agrícola de la periferia; como desde el punto de
vista social y político, permitiendo la vida en común mediante la regulación en códigos del
comportamiento y fidelidad a la polis, los castigos para aquellos que no lo cumplían (exilio u
ostracismo o pena de muerte) y la organización en torno a la Asamblea, un órgano con mayor o
menor capacidad decisoria.
Las primeras polis griegas nacieron al inicio del periodo arcaico (siglo VIII-VI a. C.) con fines
defensivos que aunaban en una ciudad varias aldeas que antes no estaban relacionadas entre sí,
conformando las nuevas ciudades-estado caracterizadas por:
a) Un espacio físico compuesto por un núcleo urbano y
un territorio rural que lo rodea, dedicado a actividades
agrícolas y ganaderas. Las dimensiones de la polis eran
pequeñas. Atenas, una de las más grandes, tenía una
superficie de 2500 km² (el área de Luxemburgo, uno de los
estados más pequeños de la actualidad; frente a la superficie
del ayuntamiento de Santiago de Compostela, de 225 km² o la
provincia, de 7950 km²) y una población en auge: en
el siglo V-IV a.C. era de aproximadamente 300.000
habitantes. A diferencia de las ciudades de los
grandes imperios (como Mesopotamia, Egipto o
Persia), el centro de la polis no estaba constituido
por el palacio real y el templo sino por el ágora, una
plaza pública abierta al intercambio de bienes e ideas
(cuando la democracia aparece en Atenas en el siglo V-IV a.C., el ágora será el lugar donde se
reúna la asamblea de ciudadanos).
b) Un Estado soberano, en términos políticos: con una constitución propia que regula su
forma de gobierno y autonomía para aprobar leyes y tomar decisiones militares, administrativas y
religiosas en su propio territorio.
La historia de la Grecia Antigua suele dividirse en tres períodos: arcaico (s. VIII-VI a.C),
clásico (s. V-IV a.C) y helenístico (IV-I a.C).
Las polis se formaron y se multiplicaron durante el período arcaico debido a las sucesivas
colonizaciones en el este del Mediterráneo (Asia Menor, Mileto) y en cuyo contexto,
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concretamente a principios del siglo VI a.C. en la próspera ciudad de Mileto, nace la
filosofía. Este desarrollo supuso la transformación de una sociedad rural y bélica a una urbana y
comercial.
Posteriormente alcanzan su punto máximo en el período clásico, durante el cual el
protagonismo se traslada a la Grecia continental, especialmente a Atenas a nivel filosófico,
aunque Esparta jugará un papel histórico y un influjo en el pensamiento que resultará
fundamental. Para comprender este período debemos tener en cuenta las Guerras Médicas
(contra los medos = persas), que intentaron invadir Grecia en dos ocasiones siendo derrotados
por los griegos, unidos contra el enemigo común para tal fin. Tras la derrota persa, los griegos
comenzaron la etapa más brillante de su historia, aunque los beneficios de este triunfo no tienen
las mismas manifestaciones en las dos polis preponderantes, inicialmente aliadas y luego
enfrentadas: Esparta y Atenas. Atenas fue a polis que mejor aprovechó el triunfo y luego, a lo
largo de todo el siglo V a.C, también conocido como "el siglo de Pericles", por su influjo e
importancia militar y cultural (con la construcción de la Akrópolis, por ejemplo), brilló con un
esplendor magnífico. A Atenas llegaron sabios de toda Grecia, como los sofistas, y también
nacerá el primer filósofo ateniense: Sócrates. En otras disciplinas como la medicina –con
Hipócrates, padre de la medicina científica– o la historia –con Tucídides– también se darán pasos
importantes. En la política, el sistema democrático imperante llevó a la aparición de grandes
líderes y oradores, que con sus palabras e ideas supieron dirigir la asamblea popular. Sin duda,
este contexto cultural y democrático favoreció y fue favorecido por el desarrollo de la
filosofía. Por todas estas razones, el siglo V a.C. se considera cómo la Edad de Oro, que finaliza
con el choque entre Atenas y Esparta y sus ciudades aliadas, en la guerra del Peloponeso, que
duró casi treinta años (431-404 a.C.) y finalizó con la derrota de Atenas, que marcará también el
desarrollo de la filosofía. No obstante, el período clásico, con menos esplendor político, pero
con mayor fuerza intelectual, se extendió en Atenas durante el siglo IV a.C, en el que
destacan las grandes figuras filosóficas de Platón y Aristóteles.
Finalmente, en el período helenístico las polis entran en declive y pierden su
independencia debido primeramente al Imperio de Alejandro Magno y, posteriormente, por influjo
romano a partir del s. I a.C, durante el cual la cultura griega continua vigente, considerándose que
Grecia fue conquistada política y militarmente por Roma, pero Roma será conquistada
culturalmente por Grecia).
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2. REPASAMOS: El PASO DEL MITO AL LOGOS
Como ya sabemos, la filosofía surge en Grecia hacia principios del siglo VI a.C. como
transición desde la tradición mítica que ofrecía respuestas orientadoras sobre la naturaleza y
destino del ser humano, el origen de las noras sociales y la aparición y estructura del cosmos.
Como el resto de las culturas antiguas, la cultura griega se basaba en el mito, transmitido y
enseñado por los poetas, educadores del pueblo, especialmente Homero y Hesíodo.
"Mito" (mythos) y “logos" son palabras griegas originalmente sinónimas pues ambas
significaban "palabra", "habla" o “explicación”. Más tarde adquirieron matices diferentes, llegando
a oponerse como dos tipos de explicaciones de distinta naturaleza: "mito" llegó a significar
"narración", concretamente vinculada a las historias que cuentan con dioses y héroes como
protagonistas supuestamente existentes en un pasado remoto e indeterminado. Por su parte,
"logos" (de la que deriva "lógica") llegó a significar explicación racional, explicación basada en
pruebas y razones.
En los albores del siglo VI a.C. y en consonancia con profundas transformaciones de
carácter cultural y social, surgió la necesidad de sustituir las explicaciones míticas por otro
tipo de explicación justificada de manera racional. La filosofía nació, de este modo, como un
intento de racionalizar la interpretación del ser humano y del universo, de las relaciones humanas
y de estos con la naturaleza. Si el mito se caracterizaba por ofrecer una respuesta a todos los
enigmas fundamentales capaces de perturbar al ser humano, la filosofía también se
caracteriza por la naturaleza radical de sus enfoques. Recordemos que la actitud filosófica
es radical en un doble sentido: en la medida en que sus preguntas alcanzan la totalidad de
lo real y en la medida en que pretenden llegar a los últimos principios explicativos de lo
real. Desde su aparición, la filosofía como actitud crítica y racionalizadora fue un elemento
esencial –si no “el” elemento esencial– para dinamizar nuestra cultura. En su origen, todo el
trabajo de los pensadores, científicos y filósofos griegos se puede resumir en estas palabras:
buscar una explicación racional, diferente y radicalmente opuesta a las explicaciones
mitológico-religiosas heredadas de generación en generación, sentido dado a la expresión “el
paso del mito al logos” o explicación racional.
Sin embargo, cabe preguntarse, ¿por qué surge la filosofía en Grecia y no en otra cultura?
Esta pregunta pasa por buscar el conjunto de factores y condiciones que llevaron a que la filosofía
surgiera precisamente en el contexto griego. Más que por la genialidad u originalidad de los
griegos, se debio a dos circunstancias fundamentales: el hecho de que era una sociedad
aristocrática, agrícola y guerrera, con una estructura jerárquica y valores morales como el éxito
o la fama (lejos de la igualdad o la justicia tal y como hoy la entendemos); y, en segundo lugar, la
carencia de libros sagrados (que permitía la crítica, origen o punto de partida de la filosofía) y
carencia también de un sistema educativo organizado, basándose principalmente en los
escritos de los poetas, especialmente Homero, pero también Hesíodo, y los recitales de los aedos
para temas tan variados y fundamentales como la teología, la moral, la historia, el arte, la
navegación, la cosmología o la geografía.
En este marco contextual, se produce a partir del siglo VI a.C. una profunda transformación
en la sociedad griega con el auge del comercio, la aparición de la moneda, los nuevos
conocimientos técnicos, geográficos y de otros pueblos y costumbres derivados de los viajes. Esta
diversidad de explicaciones y los cambios económicos y sociales llevan a la crítica de las
enseñanzas tradicionales, surgiendo la necesidad de una explicación única, y racional, de las
cuestiones humanas comunes, como la explicación del universo y la convivencia humana.
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Este nuevo punto de vista permite permite comprender dos hechos fundamentales: primero,
que la filosofía surge en Grecia como una crítica de la sabiduría popular, a la que pretende
sustituir; en segundo lugar, que la crítica del mito se lleva a cabo en todos los frentes (moral,
sociología, teología, astronomía, cosmología) dando lugar a una nueva visión de la realidad en
toda su complejidad, una visión que se empeña en eliminar los supuestos irracionales del mito,
aunque continue basándose en él.
4. EL ORIGEN DEL COSMOS EN LA CORRIENTE PRESOCRÁTICA
El primer gran problema de la filosofía, que unificará a lo que se conoce como “filósofos
presocráticos” o “de la naturaleza”, será la explicación del origen de la naturaleza u origen del
cosmos, que significa “orden” o “belleza” y que fue utilizada por primera vez por los filósofos como
referencia al conjunto del universo como un todo ordenado, preguntándose por el origen de
ese orden y sus etapas. Esta cuestión, la del origen, nos introduce en la necesidad de determinar
el principio o arjé, es decir, la sustancia o sustancias originales de las que proceden y se
constituyen las cosas que componen el universo.
Debemos aclarar, también, que la palabra "presocrático", con la que nos referimos
normalmente a los primeros filósofos griegos, resulta problemática. “Presocrático” significa
literalmente "antes que Sócrates", resultando inexacto en la medida en que los últimos filósofos
considerados "presocráticos", como Anaxágoras y Demócrito, son realmente contemporáneos de
Sócrates.
4.1. PRIMEROS PRESOCRÁTICOS:
El desarrollo del pensamiento presocrático incluye diferentes autores y escuelas que van
ganando en complejidad en sus concepciones y explicaciones. Las primeras explicaciones, hasta
Parménides, son monistas, es decir, sitúan el origen o arjé en un único elemento. Tras las
reflexiones y aportaciones de este filósofo (Parménides), y debido a la evolución del pensamiento
y los debates originados, las propuestas van ganando en complejidad, surgiendo el pluralismo.
4.1.1.) El monismo de la Escuela de Mileto: Los filósofos Tales, Anaximandro y Anaxímenes
proceden de Mileto, denominándose milesios o Escuela de
Mileto. Los tres propusieron una explicación monista, es decir,
establecieron que el principio o arjé del universo es un elemento
material del que proceden y se constituyen todas las realidades
que existen. Tales y Anaxímenes propusieron
respectivamente como arjé el agua y el aire. Anaximandro,
por su parte, afirmó que el principio es una materia
indeterminada e infinita a la que llamó "ápeiron" (palabra que
significa precisamente "indeterminado", "infinito"). Para su
correcta comprensión, veámoslos más detenidamente:
§ Tales de Mileto, nacido aproximadamente en el 624 a.C. (muere en el 546 a.C.), es
tradicionalmente considerado uno de los siete sabios de Grecia, por el carácter de su pensamiento
y sus innovaciones en geometría y astronomía. Conocido por haber calculado la altura la altura de
las pirámides a partir de su sombra, la referencia más exacta de su vida es a predicción del
eclipse que tuvo lugar el año 585 a.C., que le valió gran renombre y fama.
Respecto de su obra, unos afirman que no escribió nada y otros lo consideran autor de varias
obras, entre ellas una "Astrología náutica". Se le atribuye la afirmación "todo es agua", que se
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interpretó en el sentido de que el agua era el elemento originario de la realidad o en el sentido de
que todas las cosas estaban constituidas o formadas por agua.
Esta idea puede derivar de la experiencia de lo húmedo y de la importancia de la humedad
en el desarrollo de la vida o de la observación de la evaporación del agua, que hace que este
elemento se transforme en otro. En todo caso fue el primero que suscitó la cuestión de la
naturaleza última del mundo, concibiendo las cosas como formas cambiantes de un primer y único
elemento como origen o arjé: el agua.
La importancia de su pensamiento es, pues, que concibió la noción de la unidad en la
diversidad, intentando explicar a partir de ella las diferencias que se perciben en la multiplicidad de
lo real, y que dictó que el principio o arjé era de carácter material. Por eso Tales es considerado
el primer filósofo, ya que, frente a las explicaciones de la realidad de carácter mítico y religioso,
ofrece una explicación basada en la razón, es decir, en la que no se apela a entidades
sobrenaturales para explicar lo real.
§ Anaximandro de Mileto nació aproximadamente en el 610 a.C. y murió en el 545 a.C. Al igual
que Tales, Anaximandro buscó el elemento primordial y básico a partir del que se generó la
realidad; pero, a la diferencia de él, consideró que dicho elemento o arjé (término que, al parecer,
fue Anaximandro el primero en emplear) no podía estar constituido por ninguno de los elementos
conocidos, como el agua; ni tampoco por ninguna clase particular de materia. Si ese primer
elemento era la causa material de todo lo existente, debía de ser la causa, por lo tanto, de toda
materia particular, por lo que dicho principio no podía identificarse con ninguna materia particular.
Siendo su principio, tenía que ser algo necesariamente distinto; pero dado que nosotros solo
conocemos las formas particulares de la materia que emanan de ese primer principio hemos de
concluir que el arjé tiene que ser una materia desconocida para nosotros y, por lo tanto, una
materia indeterminada, indefinida, ilimitada, a la que Anaximandro da ese mismo nombre en
griego: ápeiron.
La cosmología de Anaximandro está dominada por la idea de la pluralidad de mundos
existentes, generados a partir de un movimiento eterno mediante el que son separadas unas
cosas de las otras, en un juego de oposición de contrarios tan común en la época y que
volveremos a encontrar en otros filósofos; en ese movimiento cósmico el predominio de un
elemento significaría una injusticia que tiene que ser necesariamente reparada, como el
predominio del verano va sucesivo del invierno, y viceversa. Así, Anaximandro afirma como
primera causa de la realidad una causa material, pero en la medida en que se niega a identificar
esta primera causa con un elemento material particular su pensamiento supondrá un avance con
respecto a Tales, en cuanto significa un considerable esfuerzo de abstracción y coherencia
racional.
§ Anaxímenes de Mileto nació en Mileto aproximadamente en el 585 a.C. y
murió en el 524 a.C. Es descrito cómo discípulo y compañero de
Anaximandro, al que se opone, como también a Tales. Anaxímenes
considera que el arjé es el aire. Probablemente tome esta elección a partir de
la experiencia, influido por la observación de los seres vivos y la importancia
de la respiración; ofreciendo un mecanismo de explicación de la generación
de los entes a partir de otro elemento distinto de ellos: ese mecanismo de generación se apoya en
las nociones de “condensación” y “rarefacción”.
Por condensación del aire, afirma Anaxímenes, se forman las nubes; y si las nubes se
condensan se forma el agua; la condensación del agua da lugar a la constitución del hielo, de la
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tierra; y la condensación de la tierra da lugar a la constitución de las piedras y los minerales. El
proceso inverso lo representa a rarefacción: piedra, tierra, agua, nubes y aire, y, para finalizar, la
rarefacción del aire produciría el fuego.
Encontramos en él un intento de explicar el mecanismo de transformación de unos
elementos en otros, del que no disponían Tales ni Anaximandro. Al igual que ellos insiste, con
todo, en afirmar una causa material como principio del mundo y, por lo tanto, en tratar de llevar a
la unidad la diversidad de la realidad observable.
4.1.2) Los pitagóricos constituyen un grupo o escuela fundada por Pitágoras alrededor del
530 a. C. De Pitágoras casi no sabemos nada con certeza, pero sí que su
escuela se centró en un doble interés por la filosofía: 1) Desde el punto de
vista antropológico, llama la atención que apoyaron la inmortalidad y la
transmigración de las almas. 2) Desde el punto de vista cosmológico,
atendían a la armonía y al orden del universo, subrayando su carácter
matemático. En el cosmos reina una armonía u orden matemático. Afirmaron
que el universo está "hecho" de números y que, por lo tanto, los números
son en definitiva el arjé de todas las cosas. Así el número o los pares (los
contrarios) son la sustancia constitutiva (explicativa).
4.1.3) Heráclito de Éfeso (nacido alrededor del 540 a.C. y cuya muerte se fecha alrededor
del 470 a.C.) parece que propuso cómo arjé el fuego. En uno de los textos que conservamos de
él, se afirma que el fuego es una sustancia en constante transformación
y por eso sostiene que la realidad está en constante cambio. La
identificación del cosmos con un fuego eterno probablemente no deba
ser interpretada en el sentido de que el fuego sea una materia prima
original, del mismo modo en el que eran el agua para Tales o el aire
para Anaxímenes. El fuego sería la forma arquetípica de la materia,
debido a la regularidad de su combustión. Así, es comprensible que se
le conciba cómo constitutivo mismo de las cosas, por su misma estructura activa, lo que garantiza
tanto la unidad de los opuestos como su oposición. De este modo, la filosofía de Heráclito se
centra en el cambio incesante (“todo fluye”), en la idea de devenir. No obstante, este devenir o
flujo universal no es caótico, sino que obedece una ley o medida a la que Heráclito denomina
logos y que implica, según él, la lucha de los contrarios.
4.2. LA FILOSOFÍA DE PARMÉNIDES
Parménides de Elea nació entre el 530 y el 515 a.C. y murió en
el 460 a.C. Su filosofía marca un momento decisivo en el desarrollo
de la filosofía griega, al suponer un punto de inflexión entre las
propuestas de Heráclito o Pitágoras (que le influyen) y las posteriores
de pensadores como Empédocles. De hecho, a consecuencia de su
doctrina, la cuestión sobre el origen del cosmos tomará un rumbo
totalmente diferente.
Toda la filosofía de Parménides se basa en la siguiente premisa
que considera cómo una verdad innegable: "el ser es y el no ser no es". De esta tesis deduce
que el ser es uno (único e indivisible), eterno (no nacido e imperecedero) e inmutable (invariable
e inmóvil). En consecuencia, no habrá más remedio que declarar que el cambio y la pluralidad
son irracionales, ininteligibles. Así, aunque la experiencia sensible muestra un mundo donde
hay pluralidad y hay movimiento, esta experiencia es, según Parménides, contraria a las
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exigencias de la razón. De este modo, en la filosofía de Parménides se establece una radical
oposición entre la razón y los sentidos, diatriba en la que Parménides se decanta por la razón (la
vía "de la verdad" o episteme), en detrimento de los sentidos (la vía "de la opinión" o doxa).
4.3. LOS FILOSÓFOS " ARMONICISTAS PLURALISTAS":
En la primera mitad del siglo V a.C. aparece una generación de filósofos cuya mentalidad
muestra una gran madurez. Aunque apenas mantienen conexión entre sí, coinciden en
aprovechar los diversos esfuerzos de la investigación filosófica anterior y en intentar formar una
síntesis de sus resultados. Todos ellos están marcados por la filosofía de Parménides (y las ideas
de Heráclito) y quieren explicar tanto la realidad del ser (eterno e inmutable) como la del cambio,
intentando conciliar de nuevo la razón y la experiencia (por este motivo se llaman armonicistas).
Además, nos referimos a ellos como pluralistas, porque sustituyen la doctrina de un solo
elemento o principio por la de una pluralidad de elementos materiales como causa explicativa de
todas las cosas (cómo arjé de la physis). Para superar el problema que plantea Parménides (la
contradicción entre la razón y la experiencia, la contradicción entre las ideas de ser y devenir)
abandonan la idea de que el arjé consiste en un único elemento material, proponiendo cómo arjé
una pluralidad de elementos o partículas materiales. Otra característica común a estos filósofos es
la introducción de fuerzas cósmicas, que sirven para dar cuenta del cambio o movimiento de las
cosas (Empédocles y Anaxágoras), o el rechazo explícito de las mismas (Demócrito).
Por tanto, después de Parménides, bajo la influencia de estos filósofos, la explicación sobre
el origen del universo cambió sustancialmente. Por una parte, la convicción de que la pluralidad no
puede surgir de la unidad (de una única sustancia) obligó a los filósofos a
abandonar el monismo: habrá que poner cómo origen ya no un principio, sino
una pluralidad de principios (pluralismo). Por otra parte, estos filósofos
consideran que es necesario atribuir a esta pluralidad de principios dos
propiedades que Parménides atribuyó a la realidad única: los principios serán
eternos e inmutables.
Tres son las propuestas pluralistas post-parmenideas más destacadas:
4.3.1) Empédocles de Agrigento (492-432 a. C., aprox.) propuso que el universo proviene de
la combinación de cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra. Su combinación y
desintegración originan el cosmos bajo la acción de dos fuerzas, atracción y repulsión
respectivamente, a las que él llama Amor y Odio. El amor une y añade los elementos originales
para formar las cosas, mientras que el odio los separa y desintegra, explicándose con la actuación
de ambos la evolución del universo.
Empédocles recogió los resultados de la filosofía jónica (milesios, Heráclito y quizás
Jenófanes), pero en lugar de una única materia originaria de las cosas, propuso los cuatro
elementos como arjé, compatibilizando la idea de que algo eterno e inmutable (los cuatro
elementos) debe existir con la idea de que la naturaleza se caracteriza por transformarse, por el
devenir, ya que todos los seres naturales nacen y perecen de la unión y desintegración de los
cuatro elementos básicos. De este modo intentó conciliar el punto de vista de Parménides con el
de Heráclito y aquel que muestra la razón con el que manifiestan los sentidos. La concepción de
Empédocles fue válida en la cosmología durante más de dos milenios.
4.3.2) Anaxágoras de Clazomenae (500-428 a.C., aprox.) -como todos los pluralistas- aceptó
la tesis parmenídea de que, en rigor, no puede originarse ninguna nueva realidad a partir de la no
existente. Aceptando este principio, no tuvo otro remedio que afirmar que todo existe desde
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siempre. Partículas minúsculas de todas las sustancias existieron y existirán para siempre jamás;
en los gatos predominan las partículas del gato, pero, en realidad, en el felino –como en el resto
de seres– hay partículas ("homeomerías", como las llamaba Aristóteles) de todas las sustancias
del universo: "todo participa de todo", sostiene Anaxágoras.
Estas innumerables partículas se mezclaron originalmente en una masa compacta y sólida,
sin ningún hueco ni separación, que explica el origen de la pluralidad de seres en el cosmos,
pero… ¿cómo se explica el movimiento? ¿Cómo comenzó a moverse esta masa compacta
original para que las partículas se separaran y se unieran para dar lugar, de manera ordenada, a
los diferentes seres?
Anaxágoras recurre a una causa externa, un Entendimiento (en griego, Nous) o inteligencia
ordeadora que proporcionó el movimiento a esta masa inerte el movimiento. El recurso por parte
de Anaxágoras a una "inteligencia ordenadora" abre nuevas perspectivas, que posteriormente
serán recogidas por Platón y Aristóteles. En Anaxágoras aparece explícitamente por vez primera
la idea de un dios como principio rector del universo, el que parece conducir a una concepción del
orden del universo como el resultado de una inteligencia que actúa según fines, de tal manera que
el resultado de los procesos naturales siempre es el logro del mejor, de la máxima perfección y
belleza. No obstante, Anaxágoras no desarrolló completamente esta idea de una inteligencia
ordenadora del universo.
4.3.3) El atomismo de Demócrito: junto con su profesor Leucipo, Demócrito de Abdera
(nacido sobre el 460 a. C.) ofreció una respuesta más osada y radical. [Ver texto de
contraposición].
Parménides sostenía que solo puede haber una realidad. ¿Por qué? Supongamos que hay
dos o más realidades, dos o más seres: necesariamente debe haber alguna separación real entre
ellas, ya que, de otro modo, no serían dos sino una única realidad continua. Ahora bien,
argumentó Parménides, si realmente hay separación entre ellos, ¿qué es lo que hay entre ellos?
No es posible responder que hay algo real en medio, ya que volveríamos a la situación descrita
anteriormente: no dos sino una única realidad continua. ¿Habrá algo irreal entre ellos? ¿Pero algo
que no es real, cómo se va a situar en medio? Algo que no es real es algo no es y, por lo tanto, no
puede ni dividir ni interferir. Con esto llegamos a la célebre sentencia atribuida a Parménides de
“el ser es y el no-ser no es”.
Contra este dilema se despliega la audacia intelectual de los atomistas (a partir de Demócrito)
que conciben que, entre la multitud de realidades (átomos) cuya existencia intentan establecer,
hay ciertamente algo interpuesto, el vacío. Los atomistas conceden con gusto a Parménides que
el vacío que separa los átomos no es real, si por real entendemos la materia existente: solo los
átomos son reales en este sentido y el vacío puede caracterizarse cómo no-ser por Parménides.
No obstante, el vacío es algo real, si por real queremos decir que efectivamente lo hay.
Junto con los átomos, el vacío forma parte de la naturaleza del universo. El papel que juega
el vacío es decisivo, pues no solo hace posible la pluralidad, sino también el movimiento. Para
Demócrito, los átomos se mueven eternamente en el vacío, uniéndose y separándose y dando
lugar a todas las cosas del universo.
Los átomos son partículas diminutas e indivisibles que existen en número infinito, que
difirenen en forma, tamaño y peso, aunque no en cualidad. Cuentan con movimiento propio, por
lo que no es necesario postular ninguna fuerza externa como causa del movimiento. De este
modo, los cuerpos son gigantescos agregados de átomos en cantidades incalculables y la
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formación del universo, gracias al movimiento de estos, no obedece a ningún plan ni propósito. El
atomismo de Leucipo y Demócrito ofrece una visión mecanicista de la naturaleza: el universo
no está regido por ningún plan elaborado por una inteligencia divina trascendente, ni hay un
propósito inmanente que guíe los procesos naturales. El universo es el resultado necesario del
movimiento y de la combinación de átomos, pero el movimiento y la combinación de átomos no
persiguen ningún objetivo ni propósito.
Esta visión de la naturaleza tenía pocos seguidores en el pensamiento antiguo, dominada por
la idea de teleología o finalidad. No obstante, la concepción mecanicista permanecerá siempre
como un modelo, que, después de un largo período, resurgirá con fuerza en la Edad Moderna.
El sistema atomístico constituye la última respuesta del pensamiento presocrático a la
doctrina de Parménides. Con él se cierra el ciclo de la filosofía presocrática. Más adelante
veremos cómo Platón se opone radicalmente al materialismo y mecanismo de los atomistas, como
también lo hará Aristóteles en la medida en que el mecanicismo es tradicionalmente opuesto al
teleologismo, o consecuencialismo, que parte de la idea de que “nada es en vano”, formulada por
el de Estagira.
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