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Shake Rock-1

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1.

- Hamlet: MARCELA
Te ruego que recites el pasaje con soltura y naturalidad, pues si lo haces a voz
en grito, como acostumbran muchos de nuestros actores, valdría más que
diera mis versos a que los voceara el pregonero .
Guardate también de aserrar demasiado el aire,así con la mano.
Moderación en todo, pues hasta en medio del mismo torrente, tempestad y
aún podría decir to torbellino de tu pasión,debes tener y mostrar aquella
templanza que hace suave y elegante la expresión.
¡Oh! me hiere el alma oir desgarrar una pasión hasta convertirla en jirones y
verdaderos guiñapos, hediendo los oídos de los "mosqueteros" que por lo
general, son incapaces apreciar otra cosa que incomprensibles pantomimas y
barullo. De buena gana mandaría azotar a ese energúmeno por exagerar el
tipo de Termagante....¡¡Esto es ser más herodista que Herodes...!¡ Evitalo tú,
por favor!
No seas tampoco demasiado tímido; en ésto tu propia discreción debe
[Link] la acción corresponda a la palabra y la palabra a la acción,
poniendo un especial cuidado en no traspasar los límites de la sencillez de la
naturaleza, porque todo lo que a ella se opone ,se aparta igualmente del
propio fin del arte dramático, cuyo objeto, tanto en su origen como en los
tiempos que corren, ha sido y es ,presentar, por decirlo así, un espejo a la
Humanidad ;Mostrar a la virtud sus propios rasgos, al vicio su verdadera
imagen y a cada edad y generación su fisonomía y sello caraterístico .De
donde resulta que si se carga la expresión o si esta languidece ,por más que
ello haga reir a los ignorantes, no podrá menos de disgustar a los
discretos ,cuyo dictamen, aunque se trate de un solo hombre, debe pesar
más en vuestra estima que el de todo un público compuesto de los otros.
2.- Hamlet.- RAYAM
Ser o no ser: todo el problema es ése. ¿Qué es más noble al espíritu: sufrir
golpes y dardos de la airada suerte, o tomar armas contra un mar de
angustias y darles fin a todas combatiéndolas? Morir..., dormir; no más y con
un sueño saber que dimos fin a las congojas,
y a los mil sobresaltos naturales que componen la herencia de la carne,
consumación es ésta que con ruegos se puede desear. Morir, dormir,
¡Dormir! ¡Tal vez soñar! ¡He ahí el obstáculo!
Porque el pensar en qué sueños podrían llegar en ese sueño de la
muerte,cuando ya nos hayamos desprendido de este estorbo mortal de
nuestro cuerpo, nos ha de contener. Ese respeto larga existencia presta al
infortunio. pero ¿quién soportará los azotes, los escarnios del mundo, la
injusticia del opresor, la afrenta del soberbio, del amor desairado las
angustias, las duras dilaciones de las leyes, la insolencia del cargo y los
desprecios que el pacienzudo mérito recibe
del hombre indigno, cuando por sí solo podría procurarse su descanso con un
simple estilete? ¿Quién querría, llevar cargas, gemir y trasudar bajo una vida
por demás tediosa, sin el temor de algo tras la muerte (esa ignota región
cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno)
que nuestra voluntad deja perpleja y antes nos hace soportar los males que
ya tenemos, que volar a otros que nos son, en verdad, desconocidos? Así, de
todos hace la conciencia unos cobardes, y el matiz primero de la resolución,
así desmaya bajo el pálido tinte de la idea; y las empresas de vigor y empeño,
por esta sola consideración tuercen el curso inopinadamente y dejan de
tener nombre de acción.
3.- ANTONIO.- MARCELA
¡Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atención! ¡Vengo a inhumar a
César, no a ensalzarle! ¡El mal que hacen los hombres les sobrevive! ¡El bien
queda frecuentemente sepultado con sus huesos! ¡Sea así con César! El
noble Bruto os ha dicho que César era ambicioso. Si lo fue, era la suya una
falta, y gravemente lo ha pagado. Con la venía de Bruto y los demás —pues
Bruto es un hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos
honrados— vengo a hablar en el funeral de César. Era mi amigo, para mí leal
y sincero, pero Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado.
Infinitos cautivos trajo a Roma, cuyos rescates llenaron el tesoro público.
¿Parecía esto ambición en César? Siempre que los pobres dejaran oír su voz
lastimera, César lloraba. ¡La ambición debería ser de una sustancia más dura!
No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado.
Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres veces una corona real, y
la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición? No obstante, Bruto dice que era
ambicioso, y, ciertamente, es un hombre honrado. ¡No hablo para
desaprobar lo que Bruto habló! ¡Pero estoy aquí para decir lo que sé! Todos
le amasteis alguna vez, y no sin causa. ¿Qué razón, entonces, os detiene
ahora para no llevarle luto? ¡Oh raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los
irracionales, pues los hombres han perdido la razón! ¡Toleradme! ¡Mí
corazón está ahí, en ese féretro, con César, y he de detenerme hasta que
torne a mí... ¡Ayer todavía, la palabra de César hubiera podido hacer frente al
universo! ¡Ahora yace ahí, y nadie hay tan humilde que le reverencie! ¡Oh
señores! Si estuviera dispuesto a excitar al motín y a la cólera a vuestras
mentes y corazones, sería injusto con Bruto y con Casio, quienes, como todos
sabéis, son hombres honrados. ¡No quiero ser injusto con ellos! ¡Prefiero
serlo con el muerto, conmigo y con vosotros, antes que con esos hombres
tan honrados! pero he aquí un pergamino con el sello de César. Lo hallé en su
gabinete y es su testamento. ¡Oiga el pueblo su voluntad —aunque, con
vuestro permiso, no me propongo leerlo….
¡Sed pacientes, amables amigos! ¡No debo leerlo! ¡No es conveniente que
sepáis hasta qué extremo os amó César! Pues siendo hombres y no leños ni
piedras, ¡sino hombres!, al oír el testamento de César os enfureceríais llenos
de desesperación. Así, no es bueno haceros saber que os instituye sus
herederos, pues si lo supierais, ¡oh!, ¿qué no habría de acontecer?
¡Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas!¡Mirad: por aquí penetró el
puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el implacable Casca! ¡Por esta otra le
hirió su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la
sangre de César parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse
de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta! ¡Porque
Bruto, como sabéis, era el ángel de César! ¡Juzgad, oh dioses, con qué
ternura le amaba César! ¡Ése fue el golpe más cruel de todos, pues cuando el
noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los
brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su
poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a
los pies de la estatua de Pompeyo, que se inundó de sangre! ¡Oh, qué caída,
compatriotas! ¡En aquel momento, yo, y vosotros y todos ; caímos, y la
traición sangrienta triunfó sobre nosotros!.¡Buenos amigos, apreciables
amigos, no os excite yo con esa repentina explosión de tumulto! Los que han
consumado esta acción son hombres dignos. ¿Qué secretos agravios tenían
para hacerlo? ¡Ay! Lo ignoro. Ellos son sensatos y honorables, y no dudo que
os darán razones. ¡Yo no vengo, amigos, a concitar vuestras pasiones! Yo no
soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un hombre franco y sencillo,
que amaba a su amigo, y esto lo saben bien los que públicamente me dieron
licencia para hablar de él. ¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni
mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la
sangre de los hombres! Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos
conocéis. ¡Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres, pobres bocas
mudas, y les pido que ellas hablen de mí! ¡Pues si yo fuera Bruto y Bruto
fuera Antonio, ese Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua
en cada herida de César, capaz de conmover y levantar en motín las piedras
de Roma!
4.- EL MERCADER DE VENECIA.- RAYAM
Shylock.- Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rió de
mis pérdidas y burlado de mis ganancias. Despreció a mi nación, desbarató
mis negocios, enfrío a mis amigos y calentó a mis enemigos; ¿y cuál es su
motivo?: “Soy un judío”. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no
tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no
se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las
mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado
por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Sinos
pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos
envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? Si nos
parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío
insulta a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un
cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío,
si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me
enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la
instrucción que me habéis dado.
5.- ESCENA DE LA ALONDRA – ROMERO Y JULIETA.- LOS DOS
Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es
el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que se escucha. Todas las noches
se posa a cantar en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.
Romeo: Es la alondra que advierte que ya va a amanecer; no es el ruiseñor.
Observa, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes de levante con los
colores del alba. Ya se extinguen las teas de la noche. Ya se adelanta el día
con veloz paso sobre las mojadas cumbres de los montes. Tengo que
marcharme, de otra manera aquí me aguarda la muerte.
Julieta: No es ésa la luz del alba. Te lo puedo aseverar. Es un meteoro que de
su lumbre ha despojado el Sol para guiarte por el camino a Mantua. No te
vayas. ¿Por qué partes tan rápido?
Romeo: ¡Que me capturen, que me maten! Si lo ordenas tú, poco me
importa. Diré que aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana, sino el
pálido destello de la Luna. Diré que no es el canto de la alondra el que
retumba. Más quiero quedarme que abandonarte. Ven, muerte, pues Julieta
lo quiere. Amor mío, sigamos conversando, que todavía no rompe el día.
Julieta: Es mejor que te vayas porque es la alondra la que canta con voz ronca
y desentonada. ¡Y muchos aseguran que sus sones son melodiosos, cuando a
nosotros vienen a apartarnos! También aseguran que cambia de ojos como el
sapo. ¡Ojalá cambiara de voz! Maldita sea porque me aleja de tus encantos.
Vete, que cada vez se clarea más la luz.
Romeo: ¿Has dicho la luz? No, sino las tinieblas de nuestro destino……..¡Un
beso! ¡Adiós! (Vase por la escala).
Julieta: ¿Te marchas? Mi señor, mi dulce dueño, envíame informes de ti
todos los días, a cada segundo. Tan lentos transcurren los días infelices, que
tengo miedo de marchitarme antes de volver a ver a mi Romeo.
Romeo: Adiós. Te enviaré informes de mí y mi bendición mediante todas las
formas que tenga al alcance.
Julieta: ¿Crees que volveremos a vernos?
Romeo: Tengo la seguridad; además también tengo la certeza de que en
dulces conversaciones de amor recordaremos nuestras aflicciones de ahora.
Julieta: ¡Por Dios! ¡Qué présaga tristeza la mía! Parece que te veo muerto
encima de un armazón. Aquél es tu cuerpo, o me mienten los ojos.
Romeo: Pues también a ti te ven los míos pálida y manchada de sangre.
¡Adiós, adiós! (Vase).
Julieta: ¡Oh, ventura! Te nombran mudable: a mi amante fiel poco le
importan tus mudanzas. Sé mudable en buena hora, y así no lo retrasarás y
me lo devolverás después.
6,. - LADY MAC BETH.- MARCELA
Hasta el cuervo está ronco de graznar la fatídica entrada de Duncan
bajo mis almenas. Venid a mí, espíritus que servís a propósitos de muerte,
quitadme
la ternura y llenadme de los pies a la cabeza de la más ciega crueldad.
Espesadme la sangre,
tapad toda entrada y acceso a la piedad para que ni pesar ni incitación al
sentimiento
quebranten mi fiero designio, ni intercedan entre él y su efecto. Venid a mis
pechos de mujer
y cambiad mi leche en hiel, espíritus del crimen, dondequiera que sirváis a la
maldad
en vuestra forma invisible. Ven, noche espesa, y envuélvete en el humo más
oscuro del infierno
para que mi puñal no vea la herida que hace ni el cielo asome por el manto
de las sombras
gritando: « ¡Alto, alto!»
7- Monólogo de Ricardo III .- RAYAM
Ahora ya el invierno de nuestra mala suerte
Se convirtió en verano por este sol de York;
Y toda la tormenta que amenazó la casa
Se hundió en la entraña oscura del océano.
Estamos coronados de victoria
Mostrando nuestras armas abolladas;
Ahora las alertas son reuniones de risas,
El canto de batalla se hizo dulces compases.
El guerrero sombrío ya relajó la frente
Y -en vez de montar potros espinosos
Para espantarle el alma al enemigo-
Ahora da saltitos con su amada
Al ritmo lujurioso del laúd.
Y sin embargo yo que no fui hecho
Para esas travesuras deportivas
Ni seduzco al espejo del amor;
Yo que he sido estampado así, grosero,
Y sin ninguna gracia para poder lucirme
Ante una fácil ninfa desenvuelta;
Yo que he sido expulsado de toda proporción,
Que he sido traicionado en estos rasgos
Por la naturaleza engañadora,
Deformado, inconcluso, enviado antes de tiempo
Al mundo que respira, y hecho a medias,
Tan defectuoso y lejos de la moda
Que me ladran los perros si me acerco;
Yo ¡entonces!, en este débil tiempo de flautitas,
Con nada me deleito para pasar el rato
Excepto cuando miro mi sombra bajo el sol
Y pienso sobre mi deformidad.
Ya que entonces no puedo
Convertirme en amante
Para alegrar estos amables días,
Elijo convertirme en un villano
Y odiar los perezosos placeres de este tiempo.
Ya puse la conspiración en marcha
Y todos los manejos peligrosos
Con falsas profecías, cartas, sueños,
Para enfrentar al rey contra mi hermano Clarence
En un odio mortal
8.- LADY MAC BETH.- MARCELA
¡Fuera, maldita mancha! ¡Fuera digo! - La una, las dos; es el momento de
hacerlo. - El infierno es sombrío. ¡Cómo, mi señor! ¿Un soldado y con miedo?
¿Por qué temer que se
conozca si nadie nos puede pedir cuentas? Más, ¿quién iba a pensar que el
viejo tendría tanta sangre? El Barón de Fife tenía esposa. ¿Dónde está ahora?
-¡Ah! ¿Nunca tendré limpias estas manos? - Ya basta, mi señor; ya basta. Lo
estropeas todo con tu pánico.
Aún queda olor a sangre. Todos los perfumes de Arabia no darán fragancia a
esta mano mía. ¡Ah, ah, ah! ¡Qué suspiro! Grave carga la de su corazón.
Lávate las manos, ponte la bata, no estés tan pálido: te repito que Banquo
está enterrado; no puede salir de la tumba. Acuéstate, acuéstate. Están
llamando a la puerta. Ven, ven, ven, ven, dame la mano. Lo hecho no se
puede deshacer. Acuéstate, acuéstate, acuéstate.
9.-REFLEXIÓN DE PRÓSPERO
Ahora quedan rotos mis hechizos
y me veo reducido a mis propias fuerzas,
que son pocas, en verdad
podría aquí ser confinado por vos.
Pero libre de mis ataduras
con ayuda de vuestras buenas manos
llene vuestro gentil aliento mis velas,
o fracasará mi propósito
que era agradaros. Carezco ahora de
espíritus para imponer,
arte para encantar
y mi fin será desesperar.
A menos que me favorezca plegaria
tan sentida que a la piedad misma
conmueva y todas las faltas absuelva.
Así, de vuestros pecados obtendréis el perdón,
y con vuestra indulgencia vendrá mi absolución.

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