El caso Julio Zimens A Ricardo C.
Espinosa, en Piura I —Entre los numerosos casos en que ha
intervenido usted como juez, doctor, ¿cuál ha sido el más interesante, el más sensacional? —El
más significante de todos, judicialmente, señora. El caso Julio Zimens; un comprimido sumarial
de veinte folios. Le aseguro a usted, señora, que es lo más conmovedor que he conocido, lo
más triste y lo más trágico también. —¿Y el descuartizamiento de los hermanos Ingunza? ¿Y el
asesinato del joven Carrillo? ¿Y la mujer aquella de la calle General Prado, que apareció
estrangulada con sus dos nietecitos? —Todo eso es nada al lado del caso Zimens. Un asesinato
es un caso vulgar, un hecho más o menos vivo de bestialidad, de ferocidad. Es lo corriente, y
más corriente todavía procesar por estas cosas. Mientras unos se entretienen en poner
pinceladas azules en el lienzo de la vida, para que se las aplaudan, otros rabian por ponerlas
rojas, para que la justicia tenga que intervenir. —Pero usted convendrá conmigo en que, por
más vulgar que sea aquello de asesinar, en todo asesinato hay algo interesante. —Claro. Pero
yo no me refiero a eso. Lo que he querido decirle a usted es que en un caso en que no había
delito, judicialmente hablando, y, por consiguiente, ni actor ni reo, había, sin embargo, todo
esto, moralmente se entiende. —Yo no creo que haya nada más emocionante que un
asesinato… —Cuando se presencia, señora. Después en frío… Para mí, juez de provincia, de
una provincia como ésta, donde todo crimen es una atrocidad y todo criminal un antropoide,
donde las víctimas despiertan canibalismos ancestrales y la superstición interviene en el
asesinato con su ritualidad sangrienta, la emoción que causa el último crimen es siempre
menor que la del presente… Los jueces, los médicos, las madres de caridad tenemos un punto
de contacto: la anestesia del sentimiento. Además, fíjese usted, en el crimen todo es cuestión
de forma. Las variantes de la delincuencia no son más que proteísmos de un mismo hecho: la
violación de la ley. Se está dentro de la ley como se está fuera de ella, y se sale de ella por una
infinidad de puertas, con más o menos violencia —cuestión de temperamento— pero siempre
por las mismas puertas que salieron otros. No hay novedad en esto, no hay originalidad. Si
alguien se pusiera a buscar la originalidad en el delito acabaría por aburrirse al ver la estupidez
de los delincuentes. Siempre las mismas cosas: agresión, violencia, engaño, latrocinio. Los
cuatro puntos cardinales del crimen, dentro de los cuales … continuara