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A5 Barroco

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Los Siglos de Oro

El Barroco
Se denomina así al período artístico y cultural que sigue al
Renacimiento y que precede a la Ilustración del siglo XVIII.
Aunque las fechas no sean exactas, abarca aproximadamente
desde las obras iniciales de Góngora y Lope de Vega, en la
década de 1580, hasta la muerte de Calderón de la Barca, en
1681.

¡IMPORTANTE! No hay una ruptura en el paso del


Renacimiento al Barroco; más bien se produce una
continuidad y una evolución de las ideas de Renacimiento
que, con el paso del tiempo, acaban desarrollando una serie de
rasgos diferenciadores.
Característica diferenciadora
El Barroco español vino acompañado de una crisis profunda
en casi todos los ámbitos. Esta situación marcó el ánimo de la
época con la predominancia del desengaño, del malestar y de
la sensación de que la vida está llena de apariencias vacías.

Sin embargo, en el campo de la producción cultural, como


durante el Renacimiento, se experimentó un florecimiento
extraordinario (probablemente porque el arte, muchas veces,
es una válvula de escape respecto de la dura realidad).
Contexto político-económico
Felipe III: su gobierno se caracterizó por una política pacificadora
respecto a las guerras religiosas internacionales. No obstante, en 1609
decretó la expulsión de los moriscos por supuestas
conspiraciones con el Imperio turco, por lo que muchas tierras
quedaron despobladas.

Felipe IV: intentó poner remedio a la crisis económica y social, pero


no lo consiguió. Se retomaron guerras como las de los Treinta Años,
que arruinó el país. Además, por aquel entonces se perdió la
potestad sobre Holanda y Portugal, entre otros.

Carlos II: intentó reorganizar las tierras de los aristócratas para sanear
la economía, pero los nobles se opusieron. España estaba al borde
del colapso. Además, murió sin dejar sucesor, lo cual produjo otra
guerra más.
Rasgos característicos de Barroco
El desengaño: es la idea barroca por excelencia. Frente al idealismo y al
optimismo renacentista domina ahora una concepción negativa del
mundo, que aparece ahora como caos, desorden y confusión. En el
Barroco se produce una desvalorización de lo terrenal y se vuelve a insistir
en ideas medievales de la brevedad de la vida y la caducidad de las cosas.

La muerte: la vida está ahora presidida por la idea de la muerte. Vivir es


solo un breve tránsito entre la cuna y la sepultura. El tiempo lo destruye
todo y por, tanto, todo son apariencias.

La idea de la vida como sueño, teatro, apariencia: la realidad solo es


ilusión y apariencia (como un sueño, mientras que la muerte es el
despertar) y el mundo es un gran teatro donde cada uno debe representar
un papel (y Dios es el autor, el dramaturgo).
El nuevo modelo de comportamiento humano: el hombre barroco
es un ser esencialmente desconfiado. Para sobrevivir en una realidad
en la que las cosas no son como parecen, en la que todo está lleno de
trampas, en un mundo tan engañoso, en fin, es necesario saber
manejarse. Por lo tanto, la prudencia, la discreción, el saber
ocultarse, el engaño, son las máximas que deben guiar la
conducta de aquel que quiera triunfar o al menos sobrevivir.

El pesimismo: el pesimismo barroco puede manifestarse de muy


diversas formas: mediante la angustia existencial, mediante la
protesta o la sátira, mediante una actitud estoica, mediante la evasión
o la diversión.

Multiperspectivismo: en un mundo tan complejo, no hay una realidad


única, sino múltiples perspectivas de la realidad. Cada uno
experimenta la suya.
Estética barroca
El Barroco en realidad es una continuidad de los principios renacentistas, pero, sin
rechazarlos del todo, se aleja de ellos y crea un arte nuevo:

Se busca lo nuevo, lo original, lo sorprendente. Se utilizan para ello


brillantes imágenes, novedades estilísticas, ideas ingeniosas, o se sirve
de lo pintoresco, lo grotesco y lo hiperbólico.

Se sustituyen las normas clásicas de los modelos grecolatinos por una


actitud individualista y caprichosa, tendiendo a la exageración de la
realidad literaria.

Esa búsqueda de lo original provoca una tendencia a la complicación.


Como resultado, se crea un arte para minorías. Se considera que cuanta
mayor es la dificultad de una obra, mayor es el goce estético que
proporciona; es decir, vinculan la belleza a la dificultad.
Es un arte lleno de contrastes, fruto del desengaño y la
incertidumbre vitales. Se manifiesta en la violenta oposición de
elementos extremos, el placer de las antítesis o el
enfrentamiento de lo feo frente a lo hermoso, lo refinado frente
a lo vulgar, lo cómico frente a lo trágico.

La concepción del mundo como incesante cambio produce en el


arte literario dinamismo y movilidad. Su realización formal se
aprecia, esencialmente, en abundante subordinación, hipérbatos,
elipsis o violentos encabalgamientos métricos.
Las tres gracias - Botticelli Las tres gracias - Rubens
Tópicos de la era barroca
Hay dos temas típicamente barrocos que se hacen presentes en las diferentes
variedades poéticas de la época: el desengaño y la obsesión por el tiempo y la muerte.
La vida se considera un presente inestable y fugaz, y la muerte acompaña al hombre
siempre en su existencia. Esta idea hace aparecer en la literatura tópicos relacionados con
el paso del tiempo:
Ubi sunt? (¿dónde están?). Hace referencia a la fugacidad de las glorias mundanas,
de los elementos del mundo terrenal y sensorial. Se usa para preguntar por
personalidades y bienes ya desaparecidos.

Tempus irreparabile fugit (el tiempo pasa irremediablemente). Se trata de un


tópico muy duro y dramático que nos advierte de que el tiempo es frágil.

Memento mori (Recuerda que has de morir). Carácter cierto de la muerte como fin
de la vida: advertencia aleccionadora.

Vanitas vanitatis (Vanidad de vanidades). Carácter engañoso de las apariencias,


que exige el rechazo o renuncia de toda ambición humana, por considerarla vana,
pasajera.
Características formales
Las estrofas más habituales son la silva y el soneto, en el que se respeta la estructura
lógica de exposición en los cuartetos y conclusión en los tercetos.

En cuanto a las estrofas tradicionales, se revalorizan los romances (serie de versos


octosílabos rimados en asonante en los versos pares) y las letrillas (composiciones en las
que se repite a modo de estribillo un pensamiento expresado con brevedad).

Con respecto a los recursos literarios, la concepción del mundo como un continuo de
opuestos (apariencia-realidad, juventud-vejez, vida-muerte, etc.) conlleva el uso
frecuente de antítesis, oxímoron, paradojas, etc. Además, el deseo de mostrar
capacidad de invención artística determina el empleo de recursos como cultismos,
hipérbatos, hipérboles, metáforas o paralelismos.

Sobre el resurgimiento de la poesía tradicional os he colgado un Word con la


explicación completa en el classroom, para quien lo necesite para el
comentario y para las PAU.
Represéntase la brevedad de lo que se vive
y cuán nada parece lo que se vivió

“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?


¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde


la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;


hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto


pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
Francisco de Quevedo
Nació en 1580. Estudió en Alcalá y Valladolid y se dedicó luego a
actividades políticas como consejero del duque de Osuna.

Fue un gran humanista y filólogo: ejemplo de ello es que editó las


poesías de Fray Luis de León.

En 1639, por motivos no del todo conocidos, fue encarcelado durante 5


años.

Murió en un pueblo de Ciudad Real en 1645, un año después de su


excarcelación.

Ha pasado a la historia por sus poemas satíricos-burlescos y por


ser el mayor exponente del conceptismo, entre tantas otras
razones.
Obra poética
Sus poesías aparecieron póstumas y son en gran parte de orientación
conceptista. Cultivó casi todos los géneros y subgéneros poéticos del Barroco.
Aunque su obra es muy amplia y variada, sus poemas pueden clasificarse en
tres grandes grupos: filosófico-morales, tema amoroso y satírico-burlescos.

Filosófico-morales. Expresan el pesimismo del autor y de la época: el paso


del tiempo, la angustia existencial, la fugacidad de la vida, el escaso valor de
las cosas terrenales, la inevitable llegada de la muerte... A este tema
pertenecen sus sonetos más recordados «Fue sueño ayer, mañana será
tierra». De la obsesión con la muerte, que aparece en todos lados, es
ejemplo el soneto «Miré los muros de la patria mía».
De tema amoroso: escribió muchos y muy bellos poemas de amor, gran
parte siguiendo la tradición petrarquista. Como en Petrarca, se trata
siempre de la relación entre un poeta enamorado y una dama
inaccesible.

De tema satírico y burlesco: constituye la faceta más conocida de


Quevedo. Son característicos de estos poemas la deformación y la
caricatura, la ironía, la hipérbole, el contraste y la comedia. Apenas nadie
ni nada se libró de sus burlas. En sus versos se mofa de viejas, cornudos,
calvos, médicos, narigudos, barberos... También realiza diversas
denuncias.

Por ejemplo, en la letrilla «Poderoso caballero es Don Dinero», realiza una


denuncia del poder corruptor del dinero y de las miserias de la época.
Luis de Góngora
Nació en Córdoba en 1561 en el seno de una familia culta y
acomodada (familia de juristas y clérigos intelectuales). Sus padres le
destinaron a la carrera eclesiástica. Fue ordenado sacerdote, aunque
sin ninguna vocación.
A los 15 años marchó a Salamanca a estudiar leyes.
En 1617 se trasladó a Madrid y fue capellán de la corte de Felipe III.
Aficionado al juego y a la vida lujosa, aunque repudia la vida de corte.
Cansado de buscar asiento y favor en dicha corte, enfermo y arruinado,
regresó a Córdoba, donde murió en 1627.

La poesía de Góngora supuso una auténtica revolución en la


literatura española y fue imitada por muchos poetas. Góngora es
el mayor exponente del culteranismo.
OBRA

Desde 1580, fecha aproximada en la que empieza a escribir, Góngora


cultivó la poesía de tipo tradicional en octosílabos (romances y
letrillas) y poesía de tipo culto en endecasílabos (sonetos, tercetos...).
Sin embargo, su poesía más novedosa, que le proporcionó tanto
seguidores como detractores, fueron sus dos poemas mayores: la
Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y las Soledades (1613).

En este sentido, en su poesía podemos distinguir dos etapas


principales.
Primera etapa poética (1580 - 1610)

Doble tendencia: poeta sencillo de romances y letrillas y de poemas


difíciles y oscuros.

Romances: son de diversos tipos, de cautivos (prisioneros en un barco, como el


de «Amarrado a un duro barco»), amorosos («La más bella niña»), pastoriles,
mitológicos, burlescos... Su gran aportación fueron los romances de cautivo,
tema inventado por Góngora que tuvo mucha aceptación, y se hicieron tan
famosos que mucha gente se los aprendió y empezaron a transmitirse
oralmente.

Letrillas: escritas en verso de arte menor con un estribillo al final de cada


estrofa, tienen un carácter satírico y burlesco. Algunos ejemplos famosos de
este tipo de poemas son «Ándeme yo caliente, y ríase la gente», que recrea en
un tono satírico el menosprecio de la corte y la alabanza de la aldea.
Segunda etapa poética (1610 - 1627)
En esta etapa, partiendo de los modelos renacentistas ya asentados, crea ya una
lengua poética propia, y evoluciona hacia el culteranismo y conceptismo.
Soledades (1613)

Sin duda alguna, su obra más ambiciosa y absolutamente experimental.


Debían ser 4, pero tan solo escribió 2 y la 2a quedó inacabada.
La 1a consta de 1091 versos y la 2a de 979.
Dámaso Alonso las distribuye en silvas.
El asunto del poema es mínimo: un joven náufrago llega a la costa, donde
encuentra a unos pastores y asiste a unas bodas; vive luego un tiempo con un
pescador, hasta que decide proseguir su camino.
En esta obra Góngora exhibe el estilo y el lenguaje culteranos (latinismos léxicos y
sintácticos, entre otros recursos).
Lope de Vega
Biografía: [Link]
v=9eF9TRPpfIc
Tras conocer su biografía,
seguro que entendéis este
meme...:
Lope de Vega cultivó todos los géneros literarios, y
destacó en la lírica y en el teatro. Sumando su producción
lírica y dramática, es el autor que escribió más veros de todo
el Siglo de Oro (parece ser que alrededor de 1500). Por ello,
Cervantes lo apodó «monstruo de la naturaleza».

Uno de los rasgos característicos de su poesía es que hay


una gran presencia de aspectos autobiográficos. Él
mismo confesó que se sentía incapaz de diferenciar entre
vida y literatura.
En sus poemas vierte sus sentimientos y vivencias
personales con gran fluidez, hasta el punto de que a
través de su obra lírica se puede rastrear su vida
sentimental, que refleja de una manera apasionada.
Se considera que fue precursor de la poesía de la
experiencia, al ser el primero que habla de su realidad
cotidiana en sus poemas y no disfraza sus amores con
Filis ni con Galateas.
OBRA LÍRICA
Su amplia producción poética se puede clasificar en dos
vertientes fundamentales:
La poesía de tipo popular o tradicional (romances,
seguidillas, villancicos y letrillas). Junto con Góngora,
Lope fue el mayor impulsor del Romancero nuevo. Sus
romances más característicos son los de tema morisco,
como «Mira, Zaide, que te digo»). En ellos relata
experiencias autobiográficas, a través de una máscara
poética.
La poesía de carácter culto (sonetos, estancias,
tercetos). En cuanto a la poesía en metros cultos, Lope
escribió nada más y nada menos que 3000 sonetos de
temas variados (religiosos, mitológicos, amorosos,
burlescos...), en los que reúne aspectos petrarquistas,
culteranos y conceptistas (muestra de esto último será
el soneto «Ir y quedarse, y con quedar partirse». En su
lírica amorosa destaca «Suelta mi manso, mayoral
extraño».
Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la poestrera


sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte en la ribera,


dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
·
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
·
su cuerpo dejarán, no su cuidado,
serán ceniza, más tendrá sentido,
polvo serán, más polvo enamorado.
Conceptismo y culteranismo
El culteranismo y el conceptismo son las dos tendencias estilísticas
dominantes en la literatura barroca española.

No se trata de movimientos opuestos, pese a los duros


enfrentamientos personales de sus defensores, sino que forman
parte de una sensibilidad estética general que persigue la
originalidad y que pretende sorprender al lector.

En ambas tendencias se rompe el equilibrio entre forma y


contenido (cómo se dice y qué se dice) defendido por la estética
renacentista.

Ambos estilos pueden ser empleados por un mismo autor o aparecer


en una misma obra y los dos están destinados a un lector culto que
sepa apreciarlos.
Conceptismo
Es una tendencia estilística del Barroco que se basa en la idea de
concepto, formulada por Baltasar Gracián. Un concepto es una
asociación sorprendente y breve entre dos palabras o ideas que, en
un principio, parecían alejadas o incluso contradictorias.

En este sentido, es un juego de ideas ingenioso que permite


conocer de una manera novedosa algún aspecto de la realidad.
También se intenta decir lo máximo con los mínimos elementos
posibles.

Los escritores conceptistas más notables son Francisco de Quevedo


y Baltasar Gracián.
Mecanismos retóricos

Variedad de juegos de palabras (un significante con varios


significados), asociaciones inesperadas, paronomasia,
equívocos, calambur.
Artificios sintácticos: hipérbaton.
Acumulación de procedimientos intensificadores:
derivación y composición.
Desorbitación de la realidad poética: antítesis, oxímoron,
hipérboles, paradojas.
Como ejemplo de conceptismo podemos tomar el siguiente verso
de Quevedo: «soy un fue, un será, y un cansado».

La voz poética se refiere a las tres edades del hombre (infancia o


juventud – fue- , madurez –es- y senectud –será-) y las equipara
con el presente, el pasado y el futuro del verbo ser para
manifestar la triste fatiga que le produce pensar en la fugacidad
de la vida.
De esta manera, el conceptismo permite al poeta construir un
verso con un tono metafísico que no existe en expresiones
coloquiales como «parece que fue ayer», «cómo pasa el tiempo» o
«quién te ha visto y quién te ve».
Culteranismo
La denominación «culteranismo» surgió como término despectivo creado
desde un juego conceptista para señalar a los autores y destinatarios de
su poesía: los cultos. Pero no se trata de una corriente opuesta al
conceptismo, sino que es más bien una evolución. Su máximo
exponente fue Luis de Góngora.

El culteranismo considera, ante todo, la belleza formal y aspira a dispersar


la información y a organizarla en forma de enigma para ejercitar la cultura
y la inteligencia al descifrar una forma poética más dilatada y sensorial.
Frente a la concentración conceptista, sobresale en los culteranos la
ornamentación exuberante.
Mecanismos retóricos

Latinización del léxico: en este tipo de poesía abunda el uso de


cultismos (voces latinas como émulo, caliginoso, argentar,
canoro...). El objetivo es enriquecer el vocabulario poético y
aumentar las posibilidades sonoras del verso. Así, son muy
frecuentes las palabras esdrújulas de origen latino: purpúreo,
tálamo, cítara...

Latinización de la sintaxis: esta es una de las principales causas


de la dificultad del estilo de Góngora. Por un lado, es constante el
empleo del hipérbaton (alteración del orden natural de la frase).
Por otro, abundan las oraciones subordinadas y los incisos
explicativos (en suma: la sintaxis es complicada y retorcida, y
tiende más a la dispersión que a la concisión).
Poesía sensorial: Góngora se recrea en la descripción
sensorial de la naturaleza, en la ornamentación... Demuestra
un gusto por los adjetivos coloristas (purpúreo, zafiro,
carmesí) y los referidos a la luz (luciente, brillante...).
Uso de la metáfora: en su deseo por ocultar el mensaje
poético, la metáfora es un procedimiento constante. Son
pocas las cosas que se citan con su nombre. El agua es un
cristal sonoro, el pájaro será flor de pluma, etc. Por todo
ello, el estudioso Dámaso Alonso ha explicado que el estilo
de Góngora se basa en la «alusión por elusión»: para aludir a
las cosas, se eluden las palabras y definiciones habituales.
Otros recursos: sinécdoques y metonimias, perífrasis,
aliteraciones, paronomasias....
Rivalidad Góngora y Quevedo:
[Link]
Con respecto a los tres clásicos del XVII, Góngora, que es el más viejo,
acaba siendo el más moderno y las vanguardias se inspiran en su juego
incesante con el lenguaje. Lorca lo adoraba. Y todos.
Quevedo, que es el más joven, es el único que, a esas alturas del
desengaño barroco, aún cree en el amor platónico.

Quevedo fue un misógino terrible.


Puede que por rechazo de muchas mujeres.
Aunque con dos hermanas, cómicas, tuvo alguna descendencia

*Góngora era un disfrutón de la vida, frente al mal yogur permanente de


Quevedo. Un niño bien.
Era ludópata, pero era un juguetón del lenguaje, un disfrutón del idioma.
Con él empieza el siglo XX
y las vanguardias.
Leamos y analicemos los siguientes dos poemas:

1. Soledad primera
2. Érase un hombre a una nariz pegado

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