El Jardín Japonés Encarnación Martínez Segado
ENCARNACIÓN MARTÍNEZ SEGADO
Arte de las Culturas de India y Extremo Oriente
“Mario Satz y el Jardín Japonés”
Nos presenta Mario Satz en el capítulo dedicado al jardín japonés de su libro Pequeños
Paraísos1, el significado profundo y simbólico de este tipo de jardín como el microcosmos vivo
que es; una representación abstracta de la realidad del universo, incorporando una dimensión
espiritual de alto contenido simbólico. Más que una técnica de jardinería, en el jardín japonés
lo que domina es una filosofía y una estética que se aplica a la naturaleza y una visión del
cosmos que deriva del budismo y el sintoísmo, y se enraíza en unos principios fundamentales
ligados al zen, como son la sencillez, la dualidad, la contemplación, la abstracción, el vacío y
la idea de que nada está separado, así como en la creencia sintoísta de que todo en la naturaleza
es sagrado (encarnada en los Kamis), desde los árboles y las plantas, hasta los objetos
inanimados como las rocas o el agua. El jardín japonés debe recoger lo que se reconoce como
los principios chinos geománticos del Feng Shui (en japonés Fusui), sobre todo el simbolismo
direccional y la elección y colocación propicia de los elementos; el flujo correcto de las energías
telúricas (el Ki) Todo ello sirve “para llevar el sentimiento estético japonés a cumbres de
delicadeza difícilmente alcanzados por otros pueblos” (Satz: p. 93).
Son elementos del jardín japonés, los siguientes:
El agua2.
La piedra:
o Cantos rodados
o Losas para caminos
o Arena, gravilla.
o Roca natural
Elementos de vegetación: árboles, musgo, helecho.
Elementos de creación humana: arquitecturas, pabellones, casas de té, puentes.
Hay que destacar que de todos los componentes del jardín japonés antiguo, el más importante
es la roca. El primer tratado importante sobre el diseño japonés de jardines es el Sakuteiki, “El
arte de asentar las piedras” (S. XI), que es como se define la jardinería en la cultura japonesa
atribuido a Tachibana no Toshitsuna. Este tratado expresa un conocimiento secreto que se
transmitía oralmente de maestro a discípulo desde hacía varios siglos: “… debe ser guardado
en secreto, debe ser guardado en secreto”), y su base se corresponde con el arte paisajístico
1
SATZ, Mario. Pequeños Paraísos. El espíritu de los jardines. Acantilado. Barcelona. 2017, pp.81-95.
2
En el texto Sakuteiki (El arte de asentar las rocas, S. XI), se recomendaban distintos micropaisajes con agua y
se mencionaban las normas para colocar correctamente el estanque o los riachuelos y obtener buena fortuna.
Según este texto, el agua debería entrar al jardín por el este y circular hacia el oeste para así llevarse consigo
cualquier mal. Otra posible circulación para el agua es de norte a sur, que simboliza el yin y el yang. Y es que el
norte representa el agua según la cosmología budista, mientras que el sur representa el fuego. Al ser opuestos,
generan buena fortuna. LAURA (26-01-2021). “Guía de los jardines japoneses”, Japonismo [En línea]:
[Link] (consultada 23-05-2021).
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chino, que había llegado a Japón hacia el siglo VI o VII. El buen jardinero es aquél que posee
todos los conocimientos acerca de dónde y cómo colocar las rocas. No se trata de una simple
técnica, sino que la intuición es fundamental: se debe “seguir el requerimiento de la roca”.
Cada roca tiene su carácter particular, admite una determinada agrupación y debe ser situada
en el lugar preciso. Además, su forma puede estar representando a una deidad budista.
Los jardines reproducen paisajes conocidos a pequeña escala, en lo que se conoce como
«micropaisajes». Un ejemplo es la reproducción en miniatura del monte Fuji en los jardines
Suizenji de Kumamoto. El monte Fuji, de hecho, es uno de los micropaisajes más populares en
los jardines japoneses.
Los primeros jardines japoneses aparecen mencionados en las crónicas Nihon Shoki (del año
720) y en la colección de poemas Man’yoshu (600-759). En esta última se menciona un jardín
con pequeños islotes y rocas que representaban las islas de la leyenda taoísta de los Ocho
Inmortales. Las rocas o islas en un estanque que representan las islas de los Ocho Inmortales
todavía son muy populares en la actualidad. Un ejemplo perfecto lo encontramos en los jardines
Koishikawa Korakuen de Tokio, en cuyo estanque se encuentra una isla que simboliza el monte
Horai. Y es que Horai es el nombre japonés de la isla de la leyenda china de los Ocho
Inmortales3.
El jardín japonés se enraíza en unos principios fundamentales ligados al zen, como son la
sencillez, la dualidad, la contemplación, la abstracción y el vacío. El uso de la asimetría (como
el ideograma kokoro- ‘corazón’-), donde ningún elemento destaca por encima del resto por lo
que los distintos elementos se colocan en diagonal y se juega con los ángulos y el número impar
como base compositiva, siendo los materiales clásicos del jardín japonés “la arena, la piedra,
el agua, el musgo, los árboles y, en menor medida, las flores, que representan en el ikebana la
estructura ternaria del hombre cósmico” (Satz: p.83). Otro de los elementos clave en el jardín
japonés es el estanque, que no debe ser muy grande y preferentemente debe estar semioculto
por bambúes o grandes macizos de plantas. Estos estanques suelen incorporar pequeños islotes,
que representan algún monte sagrado. El objetivo de los jardines japoneses es siempre capturar
la belleza sin artificios de la naturaleza, por lo que buscan ser irregulares como la propia
naturaleza; eso sí, una irregularidad medida donde todo está cuidado al milímetro para que
parezca natural sin que se note que es artificial. En este sentido el Sakuteiki o el arte de asentar
las rocas (S. XI), nos dice:
“Selecciona varios lugares dentro de la propiedad de acuerdo a la forma del terreno y el lago,
y crea una atmósfera sutil, reflejando una vez y otra la propia remembranza de la naturaleza
salvaje”
Mario Satz nos habla de la lejana existencia de los jardines japoneses cuyos vestigios se pueden
remontar a la prehistoria, con base en las investigaciones de Osamu Mori, “de manera que
hace cerca de seis mil años que los japoneses contemplan la arena y el helecho con minucioso
misticismo, atentos a cada detalle botánico, a la edad de la corteza y el color de la sombra”
3
Op. Cit., LAURA (26-01-2021). “Guía de los jardines japoneses”, Japonismo.
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(Satz: p. 81), para luego centrarse en el período Kamakura (1185-1333) y en los jardines secos
o karesansui construidos por los monjes budistas o sintoístas, a los Satz considera “los más
grandes jardineros” en este tipo de jardín.
Breve recorrido por los distintos tipos de jardines japoneses en los distintos períodos:
1. Período Asuka (552-645): Jardín Tsukiyama o jardín panorámico. Influencia China.
Es un jardín con colina o gran roca, musgo tai yi, y lago. La gran roca representaba el
Shumisen o Monte Meru en el Himalaya, la cima y centro del universo según el budismo.
El musgo representa la humildad. El jardín con del estanque (Chisen Kaiyu-shiki),
también llamado “jardín de transformación”, ya que se puede caminar por él (y así tener
diferentes vistas), se popularizó en este período Asuka.
2. Periodo Nara (710-794). El diseño de jardines comenzó a adoptar elementos sintoístas
puramente japoneses, comenzando a usar un estilo más natural, con reverencia a los
lagos, las colinas o montañas, las rocas y árboles; todo ello dispuesto para ser
contemplados con placer. La colina y el lago son elementos de la época anterior. Añaden
como alegoría la recreación o réplica de paisajes famosos y sugerentes. Se produce la
incorporación del yu-niwa o niwa, que es un espacio abierto con superficie de arena o
grava, purificado para recibir y adorar a los espíritus de la naturaleza o Kami.
3. Período Heian (794-1192): Jardín estilo Shinden (shinden-zukuri-no-niwa), que es
el estilo propiamente japonés de las residencias aristocráticas, y Jardín Paraíso (jodo-
shiki-telen). En el S. XI se redacta el Saku-tei-ki o Tratado en la creación de jardines
(el arte de colocar las rocas), que consolida el uso de la geomancia, influyendo en la
formación de los principios del diseño del jardín. Los jodokyo o jardines crepusculares
y paradisíacos, como el Pabellón de Oro (Kinkakuji) y el Pabellón de Plata (Ginkakuji),
en los que el agua que caía sobre las rocas en zonas de penumbra era un elemento vital;
lugares de refugio, no demasiado grandes, en los que los miembros de la corte hallaban
sosiego en momentos de agitación. En la novela Genji Monogatari Murasaki Shikibu
(ca. 1009)4, se ve reflejada la belleza de estos jardines que son descritos con gran detalle.
Posteriormente, la influencia del Saku-tei-ki y el budismo importado de China llevaron
a idealizar el jardín en el llamado Jardín Paraíso, exclusivo para los templos, en donde
había un gran estanque abierto con la estatua de Buda rodeado por una superficie de
grava o niwa, o “tierra pura”, a semejanza de la del Paraíso, siendo Buda venerado desde
la otra orilla del estanque.
4. Período Kamakura (1192-1333): Jardín Zen. En este período aparece el Budismo Zen
importado de China, surgiendo el jardín Zen para crear un espacio destinado a ser
instrumento de meditación donde la austeridad era requisito de la doctrina Zen, por lo
que los estanques se reducen y son recreados en miniatura paisajes concretos y
elementos de la naturaleza (mar, montaña, cascada), usando en ellos la abstracción para
la meditación contemplativa. Sei (pureza); Jun (suavidad); So (simplicidad); Ga
(elegancia), corresponden a las cuatro palabras del Zen. Todo ello conduce a la
comprensión de la razón de la naturaleza
4
MURASAKI SHIKIBU (ca. 1008). La Historia de Genji. Ediciones Atalanta, Girona, 2013. p.17
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5. Período Muromachi (1333-1572): Jardín Zen tipo Jardín Seco (hiraniwa kare
sansui). Propio de los monasterios y templos. También la clase Samurai se incorpora al
budismo Zen. Simula agua donde no la hay; utiliza rocas y grava en espacios abiertos
limitados por muros y están situados frente a las habitaciones de meditación. La
contemplación constante del espacio de tonalidad monocromática es una herramienta
para aproximarse al conocimiento de lo divino. Es el jardín de la contemplación, que se
no se recorre, sino que se contemplan desde una tarima de madera o ángulo
especialmente escogido para ello; es una obra de arte destinada a la meditación. Los
elementos que lo conforman, las rocas y la grava o arenilla, son básicos. Las rocas
simbolizan montañas o islas, mientras que la arenilla rastrillada suele simbolizar un río
o el mar. Así, se juega con el concepto del yin y el yang de la filosofía taoísta, a pesar
de ser jardines budistas. Importancia de este tipo de jardín, como expresión profunda
del alma japonesa. Satz termina el texto, precisamente, con un diálogo taoísta entre dos
monjes budistas del templo Daitoku-ji (uno de ellos que conocía el mar y sabía nadar –
Saicho-, y el otro que era horticultor y no sabía nadar –Taira-), contemplando el jardín
zen que estaba rastrillando un tercer monje, al tiempo que intentaban resolver un koan5.
6. Período Azuchi-Momoyama (1568-1600): Los roji, o jardines para la ceremonia del
té. Estos jardines se regían por el principio del wabi, ese refinamiento y calma sobria
típica de la estética japonesa. Son un camino para acceder al pabellón del té, pero que
debe ofrecer en pocos pasos la experiencia de la belleza de la naturaleza, permitiendo al
visitante situarse en el estado de ánimo de la ceremonia del té.
7. Periodo Edo (1600-1868): Auge de Jardines de paseo. Además de los jardines zen, se
popularizaron los grandes jardines de paseo que usaban especialmente
los micropaisajes, la composición de fondos y el «paisaje prestado». En los jardines
japoneses se usa el diseño como una superposición de fondos, para además no mostrarlo
todo de golpe. Es importante el concepto de «paisaje prestado» (shakkei)6, que
incorpora elementos situados fuera de los jardines como parte de la vista general del
jardín. Un ejemplo podría ser el Castillo de Hikone como «paisaje prestado» en los
jardines Genkyu-en, donde el castillo realmente está fuera de los límites del jardín, pero
su presencia se integra perfectamente con la visión del lago y de la casa de té, que sí son
parte del jardín. Los daimyo, los señores feudales de la época, construyeron multitud de
jardines de paseo en sus residencias y villas de descanso, así como cerca de sus castillos.
Algunos ejemplos de estos jardines de paseo del periodo Edo son los Jardines Korakuen
de Okayama y los Jardines Kenrokuen de Kanazawa.
8. Periodo Meiji (1868–1912) y en adelante.- Jardines o Parques Públicos. En este
período, los muchos jardines privados de las épocas anteriores, se reconvirtieron en
parques públicos. Y, de hecho, algunos adoptaron diseños y elementos típicos de los jardines
5
Koan.- Se trata de un término japonés utilizado en el budismo zen para designar una especie de problema en
el que el maestro formula a sus discípulos para que lo resuelvan. Tiene como objetivo romper las pautas normales
de pensamiento e introducirse en una súbita conciencia de iluminación. La idea que inspira este método es que
el hábito de la lógica y la conceptualización impide tomar contacto con la realidad última. “Koan”, en Filosofía
Oriental. [En línea]: [Link] (consultada 23-05-2021)
6
FUKUHARA, Masao (27 abril 2021). “El jardín japonés: sus estilos y conformación”. Fundación Japón Madrid
[Conferencia online]. [En línea]: [Link] , ([Link],consultada 24-05-
2021).
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occidentales, sobre todo franceses e ingleses. Finalmente, en la actualidad, es clave la
figura del diseñador o arquitecto paisajístico para dar forma a los nuevos jardines. Y
encontramos diseños de todo tipo: desde diseños que se inspiran en modelos clásicos de
influencias chinas hasta diseños de elementos puramente japoneses. Algunos de los
jardines modernos más conocidos son los Jardines del Museo de Arte de Adachi, cerca
de Matsue o el Jardín del templo Kongobuji del monte Koya. Este último, diseñado y
construido en 1984, es uno de los mayores jardines de roca de Japón y representa dos
dragones que salen de un mar de nubes.
BIBLIOGRAFÍA
ARISTIMUNDO, Ignacio. “Fundamentos del Jardín Japonés”, en Revista de la
Dirección General de Cultura y Extensión. Universidad de Los Andes. Mérida-
Venezuela. Nº. 67-68. Enero-agosto 2008, pp. 29-50.
FUKUHARA, Masao (27 abril 2021). “El jardín japonés: sus estilos y conformación”.
Fundación Japón Madrid [Conferencia online]. [En línea]:
[Link] (consultada 24-05-2021).
“Koan”, en Filosofía Oriental. [En línea]: [Link]
(consultada 23-05-2021).
LAURA (26-01-2021). “Guía de los jardines japoneses”, en Japonismo [En línea]:
[Link] (consultada 23-05-2021).
MURASAKI SHIKIBU (ca. 1008). La Historia de Genji. Ediciones Atalanta, Girona,
2013, p.17.
ROMERO ORTIZ, María Dolores. “El jardín japonés. Una propuesta de integración de
la naturaleza en un entorno urbano”, en URBS: Revista de estudios urbanos y ciencias
sociales, Vol. 11, Nº. 1, 2021, pp. 39-46. [En línea]:
[Link] (consultada 17-05-2021).
SATZ, Mario. Pequeños Paraísos. El espíritu de los jardines. Acantilado. Barcelona.
2017, pp.81-95.
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