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PATRIMONIOS

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COLEGIO 24 DE MAYO

“Creatividad, responsabilidad y espíritu científico son vida del colegio"

PROYECTO DE PATRIMONIOS
CULTURALES

ELABORADO POR: ALISSON CHAUZA

CURSO: 1ro "L"

DOCENTE: ANA MARIA HUACA

AÑO ELECTIVO: 2018-2019

ASIGNATURA: PATRIMONIOS CULTURALES

INDICE
• RESUMEN
• INTRODUCCION
QUITO UN PATRIMONIO CULTURAL
IGLESIA DE LA BASILICA
IGLESIA DE SAN AGUSTIN
IGLESIA DE LA COMPAÑIA
IGLESIA SAN FRANCISCO
IGLESIA DE SANTO DOMINGO
• TEMA DELPROYECTO
I. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
II. FORMULACION DEL PROBLEMA
III. OBJETIVOS GENERALES Y
ESPECIFICOS
• MARCO HISTORICO
• ANTECEDENTES
• CONCLUSIONES
• ANEXOS

RESUMEN
¿Que es un patrimonio cultural?
El patrimonio cultural es un conjunto determinado de bienes tangibles, intangibles y naturales
que forman parte de practicas sociales, a los que se les atribuyen valores a ser transmitidos, y
luego resignificados, de una epoca a otra, o de una generacion a las siguientes. Asi, un objeto se
transforma en patrimonio o bien cultural, o deja de serlo, mediante un proceso y/o cuando
alguien -individuo o colectividad-, afirma su nueva condicion (Dibam, Memoria, cultura y
creacion. Lineamientos politicos. Documento, Santiago, 2005).
El hecho de que el patrimonio cultural se conforme a partir de un proceso social y cultural de
atribucion de valores, funciones y significados, implica que no constituye algo dado de una vez y
para siempre sino, mas bien, es el producto de un proceso social permanente, complejo y
polemico, de construccion de significados y sentidos. Asi, los objetos y bienes resguardados
adquieren razon de ser en la medida que se abren a nuevos sentidos y se asocian a una cultura
presente que los contextualiza, los recrea e interpreta de manera dinamica.

El valor de dichos bienes y manifestaciones culturales no esta en un pasado rescatado de modo


fiel, sino en la relacion que en el presente establecen las personas y las sociedades, con dichas
huellas y testimonios. Por ello, los ciudadanos no son meros receptores pasivos sino sujetos que
conocen y transforman esa realidad, posibilitando el surgimiento de nuevas interpretaciones y
usos patrimoniales. Como la UNESCO ha subrayado, el termino "patrimonio cultural" no
siempre ha tenido el mismo significado, y en las ultimas decadas ha experimentado un profundo
cambio. Actualmente, esta es una nocion mas abierta que tambien incluye expresiones de la
cultura presente, y no solo del pasado.

Por otra parte, si en un momento dicho concepto estuvo referido exclusivamente a los
monumentos, ahora ha ido incorporando, gradualmente, nuevas categorias tales como las de
patrimonio intangible, etnografico o industrial, las que, a su vez, han demandado nuevos
esfuerzos de conceptualizacion. Junto con ello se ha otorgado mayor atencion a las artes de la
representacion, lenguas y musica tradicional, asi como a los sistemas filosoficos, espirituales y
de informacion que constituyen el marco de dichas creaciones.

INTRODUCCION
Quito un patrimonio cultural
Esta ciudad fue fundada, oficialmente, por los españoles, el 6 de diciembre de 1534, pero es
mucho más antigua. Por eso, el sociólogo quiteño Sebastián Salazar la cataloga como una
"ciudad inmortal", por "su carácter milenario", que "nace hace más de 10.000 años, fue la última
capital de los incas (1460-1532) y sede de la presidencia de la Real Audiencia de Quito (1563-
1822), hoy capital de la República".
Para el país y Latinoamérica, esta urbe, que hoy alberga poco más de 2.239.100 habitantes —
según el censo de 2010—, es importante, históricamente, porque en "Quito fue el primer grito de
la independencia [de América], en Quito empezó la revolución [10 de agosto de 1809]", dice la
comunicadora quiteña Karen González.
El Centro Histórico mejor conservado
Quito, entre otros atractivos, tiene el Centro Histórico, uno de los mejor conservados de América
Latina, un "espacio que es único, es una de las joyas de los patrimonios culturales de la
humanidad y la mayor en Suramérica", dice en entrevista Verónica Sevilla, gerente de Quito
Turismo.
Por el Centro Histórico quiteño pasó, en 2017, el 67 % de los 1.652.912 turistas nacionales y
extranjeros que visitaron Quito, según Sevilla, para ver "su riqueza arquitectónica, su riqueza
cultural y el patrimonio vivo" que está en este espacio.
Las edificaciones de este lugar, que ocupa 320 hectáreas, conjugan el arte barroco con el de
indígenas locales. En este espacio se pueden encontrar 40 iglesias y capillas y 16 conventos
[incluyendo algunos de clausura] y monasterios de las órdenes católicas más importantes.
Es, además, el lugar donde se concentran los edificios administrativos del Gobierno Nacional,
como el Palacio de Carondelet, sede de la Presidencia; así como del poder del municipio de
Quito.
Los lugares más emblemáticos son: Plaza de la Independencia o Plaza Grande, que tiene a su
alrededor la Catedral Metropolitana de Quito; la plaza, iglesia y convento de San Francisco, que
datan de 1537; la Basílica del Voto Nacional, un excelente mirador de la ciudad; la iglesia de la
Compañía de Jesús, un templo barroco con fachada de piedra volcánica e interiores adornados
con hoja de oro, entre otros lugares.
La virgen que da la espalda a los pobres
Al lado del Centro Histórico se levanta la cima El Panecillo, a 3.000 metros sobre el nivel del
mar, cuya principal atracción es la Virgen de Quito.
Es una virgen inaugurada en 1975, obra del español Agustín de la Herrán Matorras, quien se
inspiró en la Virgen Apocalíptica —por ello tiene alas— de Bernardo de Legarda, un escultor
ecuatoriano del siglo XVIII. La estatua marca la división entre el norte y sur de la capital.
La virgen es polémica porque mira hacia el norte, "espacio de los privilegios sociales", y da la
espalda al sur, "el espacio de las zonas marginadas", explica en entrevista Alfredo Santillán,
coordinador de la Maestría en Antropología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(Flacso).
Para Oswaldo García, un comerciante que tiene un local de venta de velas y estampas religiosas
en el sur de Quito, es "una estúpida coincidencia"; sin embargo, para Fabiola Saransig, una chica
que vende ropa en una de las esquinas de la avenida Mariscal Sucre, la virgen les da la espalda
"porque hay delincuencia, es como que no le gusta lo que hay de este lado".
Mitad del Mundo
Dentro del Distrito Metropolitano de Quito está la Ciudad Mitad del Mundo, visitada anualmente
por miles de turistas para pisar la latitud 0º 0' 0" de la tiera, cuya distancia es igual del Polo Norte
y del Polo [Link] ese lugar está un monumento, una torre de 30 metros de altura, levantado en
1979 —que sustituyó a uno similar de 10 metros construido en 1936— en honor a la misión
geodésica francesa que en 1736 habían ubicado la 'mitad del mundo' en ese espacio, cuando
vinieron a probar el achatamiento polar y el ensanchamiento ecuatorial de la tierra.
Sin embargo, pese a ser un lugar bastante visitado y publicitado [son miles las fotos de turistas
saltando de un 'hemisferio a otro'], este asentamiento está a 240 metros al sur de la línea
ecuatorial (sobre el paralelo 0º 0' 7.83" latitud Sur). El hecho se supo a finales del siglo XX,
cuando salieron los GPS con mayor precisión.
No obstante, desde ese punto hay lugareños que pueden orientar a los asistentes para ir al cerro
Catequilla, a pocos kilómetros o a San Luís de Guachalá, un poco más lejos, donde sí se puede
pisar la línea ecuatorial.
La luz en Quito
Entre las curiosidades que tiene esta ciudad está su peculiar luz, que cae de manera cenital todo
el tiempo y se convirtió en la inspiración del cineasta ecuatoriano Diego Arteaga, quien la
plasmó en su documental'Luz de América'.
IGLESIA DE LA BASILICA
Su historia está articulada con la de los Padres Misioneros Oblatos del Amor Divino al Corazón
de Jesús y de María, la única Congregación de Sacerdotes nacida en el Ecuador, fundada por
Julio María Matovelle. Esta se localiza en la calle Carchi 122 y Venezuela.
La majestuosa obra que es ahora La Basílica del Voto Nacional no hubiese sido posible sin la
colaboración de los quiteños, quienes pagaron impuestos, implantados por el Estado en 1895 por
la compra de sal, con el fin de recaudar fondos para la edificación. Igualmente el significativo
esfuerzo de varias generaciones de picapedreros y la donación del terreno por los Padres Oblatos,
hicieron de este recinto una de las basílicas más importantes de Latinoamérica. Es comparada
con la Basílica de San Patricio, ubicada en Nueva York y con la Catedral de Notre Dame, de
París.
La Basílica fue construida con materiales traídos del barrio San Juan de Quito y dirigida por el
padre Julio María Matovelle, un excepcional y visionario ser humano. El diseño de los planos
estuvo a cargo del Arquitecto Emilio Tarlier, quien inspirado en la catedral parisina de Notre
Dame, realizó los esbozos entre 1890 y 1896. Inicialmente la edificación fue planeada en el
sector de El Belén, al norte del parque La Alameda, en el centro de Quito. El presidente Luis
Cordero expidió el decreto para iniciar los trabajos el 23 de julio de 1883 y la Convención
compró los terrenos en el año 1884. Sin embargo, el estudio de suelos indicó la inestabilidad del
terreno, lo cual implicaba gastos onerosos para el levantamiento de semejante estructura.
Finalmente se decidió ubicar la Basílica de Quito a los pies de la loma de San Juan, en tierras de
la familia Hurtado, pues sus suelos eran lo suficientemente firmes. Para el financiamiento de la
obra el Congreso Nacional designó 12000 pesos del Erario Público, presupuesto nacional. Es así
como en 1887, y bajo la autorización del Papa León XIII, se inicia la construcción de esta
basílica.
La Basílica de Quito fue bendecida por el Papa Juan Pablo II, el 30 de enero de 1985, fue
consagrada e inaugurada oficialmente el 12 de julio de 1988. Esta iglesia continúa en proceso de
construcción en la actualidad. Junto a ella, existe una pequeña Capilla privada en donde los
jerarcas de la Orden y seminaristas se congregan a orar.
A la entrada de la Basílica un asombroso marco de pan de oro y una pintura del Corazón de
Jesús, llaman la atención de los visitantes. La pintura es la obra original, con la cual se realizó la
Consagración del Ecuador al Corazón de Jesús el 25 de marzo de 1874. Un curioso estilo de
adornar la pintura muestra la concepción que poseía la gente de la época con respecto al Estado y
a la religión. A lado y lado de la obra se encuentran dos corazones, en términos literales, que
hacen de custodios. Al lado derecho se encuentra el del ex presidente Gabriel García Moreno y a
la izquierda el de Monseñor Checa y Barba. Ambos reposan en recipientes de cristal y junto al de
García Moreno hay varios escritos a mano como este: ”Don Gabriel, Usted está más cerca de
Dios, pida por nosotros".
La nave central del templo tiene 140 metros de largo, 35 de ancho y 30 de alto donde están
dispuestas 14 imágenes de bronce que representan 11 apóstoles y tres evangelistas. Uno de los
decoradores más importantes de la Basílica fue el Padre Jesús Rigoberto Correa Vázquez,
sacerdote de origen Cañari, quien le dedicó toda su vida a la construcción del templo.
La Basílica, según el concepto general, es “un edificio de antecedentes romanos de grandes
dimensiones, generalmente construido sobre una planta rectangular, que se transmitió a la
arquitectura cristiana. Esta transformó su planta para convertirla en una Cruz Latina, y la adoptó
como forma habitual para sus templos.”
Otro de sus más admirables atractivos son las incrustaciones artísticas de piedra, pero desde el
concepto andino, es decir, las gárgolas clásicas son sustituidas por tortugas, armadillos, reptiles y
anfibios propios de la fauna ecuatoriana. Estos se encuentran en la parte externa de la edificación
y sirven de desagüe.
Sin duda alguna este monumental edificio es uno de los mejores atractivos de Quito y de
Latinoamérica. En la parte más alta podrás observar la ciudad y los volcanes que la rodean.
Curiosidades
1.- La fachada de la capilla del Inmaculado Corazón de María, ubicada en la parte norte de la
Basílica, no fue construida con piedra como la fachada principal, sino con ladrillo y cemento.
2.- Uno de los principales atractivos es el corazón en la puerta principal de la iglesia , por la que
se puede ver la estatua de la Virgen del Panecillo.
3.- Es considerada la tercera iglesia más grande de Sudamérica, después de la Basílica de Luján,
en Argentina, y de la Basílica de Nuestra Señora Aparecida, en Brasil.
4.- En el Panteón Nacional de Jefes de Estado solo se encuentran los restos de cuatro
exmandatarios de la República: Antonio Flores Jijón (fallecido en 1915), Camilo Ponce Enríquez
(fallecido en 1976), Mariano Suárez Veintimilla (fallecido en 1980) y Andrés Córdova (fallecido
en 1983).
5.- En los vitrales de la nave principal de la iglesia están plasmados los santos ecuatorianos como
Francisco Febres Cordero (Hermano Miguel), Mariana de Jesús Paredes y Flores y Narcisa de
Jesús Martillo Morán.
6.- Para su construcción, se modificó el suelo de las calles Carchi y Venezuela y se lo denominó
“el diente de la Basílica” por su inclinación.
7.- Posee locales comerciales en la parte inferior, característica de las construcciones religiosas
en Quito.
8. La Basílica se encuentra abierta para todo público y se puede subir a ‘las torres del cóndor’, un
lugar que se encuentra a más de 150 metros de altura donde se puede apreciar a toda la ciudad de
Quito.

IGLESIA DE SAN AGUSTIN


La orden agustina llegó a Quito antes de 1569. Más de quince años después se registra su
instalación definitiva, encargándose el arquitecto extremeño Francisco Becerra de realizar los
planos y hacer los cimientos tanto de la iglesia como del convento.
A partir de 1606, el arquitecto burgalés Juan del Corral se ocupó de continuar las obras. La
imponente y rica fachada de la iglesia se construyó durante diez años en los que tuvo que pasar
por varias vicisitudes. Así lo expresa una inscripción puesta en ella:
«Año de 1660 a 27 de octubre reventó el volcán de Pichincha a las 9 del día. Año de 1662 a 23
de noviembre sucedió el terremoto. Esta portada mandó hacer (…). Comenzóse el año de 659 y
se acabó el de 669».
Sobre esta fachada, escribe Julio Pazos Barrera que «las columnas, el frontón partido, las esferas,
las piedras almohadilladas se han inspirado en la fachada de San Francisco, pero otros elementos
denotan el barroco del siglo xvii, especialmente los adornos de hojas que cubren todos los
espacios. Una gruesa torre de dos cuerpos se levanta a un costado de la fachada».
En este cuadro exterior de San Agustín tampoco podía faltar la historia colonial para hablar de su
pasado. La calle de enfrente fue el escenario de un drama pasional de corte shakespeareano,
protagonizado por dos enamorados de distinta condición social. El romeo, luego de haber
conseguido fortuna y en vísperas del matrimonio de su amada con un encopetado castellano, se
disfrazó de mendigo para recibir las dádivas de la novia, según se acostumbraba. Pero en lugar
de estirar la mano para recibir la limosna, en esa calle de enfrente de San Agustín, el desairado
joven clavó un puñal en el corazón de la muchacha. El amor concluyó así en crimen.
La distribución original de todo el conjunto de San Agustín comprendía la iglesia con sus nueve
capillas, varios claustros, sacristía, enfermería, refectorio y jardines.
El interior de la iglesia guarda el esplendor de la mayoría de las iglesias principales de Quito. Sus
artesonados, decoración, retablos y tallas siguen el riquísimo estilo de las iglesias más
importantes de la ciudad. El claustro, realizado durante el siglo xvii, es descrito por Pazos
Barrera: «dos galerías antiguas de columnas, de ritmos distintos, manifiestan la tendencia
barroca. Joya de este claustro es su sala capitular. El arreglo de esta sala proviene del siglo xviii:
una sillería tallada con primor, un artesonado de origen mudéjar adornado con pinturas de santos
y un retablo dorado que presenta un calvario con un antiguo Cristo del siglo xvii. En este lugar se
firmó el acta de la Junta Soberana de Quito, en 1809».
Entre los tesoros que ocupan el primer piso del claustro, cabe resaltar el cuadro de la Regla de
San Agustín, sin duda el más notable de la serie dedicada a la vida del fundador que allí se
expone. Mide ocho metros de alto por seis de ancho y Miguel de Santiago, uno de los pintores
coloniales más reconocidos, empleó dos años en terminarlo.
Convento y museo de San Agustín
El claustro principal de San Agustín tiene en sus muros y techos riquezas artísticas de gran valía,
que contrastan muchas veces con la austeridad y simplicidad decorativa de varios de la ciudad.
Destaca la serie de cuadros que sobre la vida de San Agustín realizó uno de los pinceles más
prestigiosos de la Colonia: Miguel de Santiago, quien los pintó bajo el patrocinio del padre
Basilio de Ribera.
Como gran parte de los claustros quiteños, éste tiene un gran patio con una pila en el centro y
una doble galería. Sin embargo, según asegura el crítico José Gabriel Navarro, «la composición
de la galería superior marca (…) un movimiento arquitectónico nuevo en la arquitectura
universal».
En la galería baja del claustro central de San Agustín está el hermoso artesonado de formas
geométricas y decoración floral, que le hace calle de honor a las pinturas de San Agustín,
separadas por estípites con busto humano. Hoy, parte de las construcciones antiguas empleadas
en el pasado para claustros y otras instalaciones conventuales están destinadas al Museo de San
Agustín.
Importantes obras artísticas en una construcción con más de cuatrocientos años de antigüedad
forman el acervo de este museo. Allí se puede ver, entre otras, la serie de lienzos sobre santos de
otro pintor colonial sobresaliente, Bernardo Rodríguez, quien los pintó en 1797; lo mismo que
tallas de escultores tan admirados como Zangurima y Caspicara.
Sala capitular de San Agustín
Las salas capitulares de los conventos sirven a los religiosos para reuniones especiales de
carácter interno, habituales o extraordinarias, y para prácticas rituales como la confesión. Pero la
Sala Capitular de San Agustín es un aposento que va más allá de una instalación cualquiera.
Además de servir para las funciones antes señaladas, está llena de belleza artística y de riqueza
histórica y material.
Realizada a mediados del siglo xviii, la Sala Capitular agustina es descrita por los especialistas
de la Historia del Arte Ecuatoriano, publicada por la editorial Salvat, así:
«(…) primorosa decoración artística, con tribuna coronada por una concha acústica, el contorno
de bancas superpuestas con los frentes y espaldares labrados en calado, el retablo del calvario
que cubre todo el muro del testero y el artesonado de entrelazados geométricos con base de
círculos, elipses y medallones con lienzos dispuestos en callejones paralelos, a lo largo de la
techumbre, que remata en faldones decorados con la representación de santos y santas de la
orden agustiniana».
Los decorados son barrocos y gran parte de los lienzos se atribuyen al famoso pintor Miguel de
Santiago, aunque las pinturas del artesonado se cree que fueron realizadas por un pintor de
apellido Espadaña, según documentos del convento.
La Sala Capitular agustina tiene aún más historia, luego de que allí se efectuara la ratificación del
grito de Independencia con el juramento de la Junta Soberana de Quito, el 10 de agosto de 1809,
y de que fuera la depositaria de los restos de algunos patriotas ecuatorianos, muertos un año
después.
Tiene un valor histórico imprescindible, además del valor social y político debido a que en este
recinto tuvo lugar el 15 de Agosto de 1809 la reunión de los participantes para la firma del Acta
de la Independencia de la revolución del 10 de Agosto de 1810 que fueron depositados en el
osario de la Sala Capitular y restaurado en 1988.
Se encuentra conservado por las obras de restauración ejecutadas por el instituto Nacional de
Patrimonio Cultural en la ejecución de un proyecto global desde 1975 que permitió la
impermeabilización de la totalidad de las cubiertas del convento e iglesia en una extensión de
aproximadamente 7.500 m2.
Dirección
Se encuentra en Quito en la parroquia González Suárez entre las calles Guayaquil, Chile y
Flores.
Fecha de Construcción
El 22 de Julio de 1573 ya se contaba en Quito con la presencia del arquitecto extremeño
Francisco Becerra quien "Trazo los planos, sacó cimientos y fundamentó las iglesias y conventos
de Santo Domingo y San Agustín con buena industria y habilidad". Becerra hubo de ausentarse
de Quito en 1581, año en que pasó al Perú para trazar las Catedrales de Lima y Cuzco,
concluyendo estos trabajos el arquitecto español Juan Corral en 1669.
Descripción
Está integrado por edificaciones neoclásicas a excepción de una de factura moderna ubicada
hacia la plazoleta del lado occidental (Edificio Guerrero Mora) y por otra hacia el lado norte de
propiedad de los Agustinos (oficinas del Registro Civil). Es de estilos renacentistas-manieristas y
de gótico tardío con decoraciones neoclásicas.
Forman un conjunto la iglesia y convento. Esta iglesia ha sufrido varias modificaciones; hace
algunos años fue repintada, alargada un tanto en su ábside y restaurada. Funciona frente al
segundo claustro entrando por el principal, guarda tesoros de arte, acumulados en los siglos de
vida del convento.
Atractivos
• Convento: Al interior del convento se destaca la hermosa pinacoteca que decora las paredes del
claustro bajo, con pasajes de la vida de San Agustín, obras del insigne Miguel de Santiago.
Este claustro bajo tiene un artesonado con formas geométricas, decoración floral y piñones
moriscos, únicos en América.
• El valioso retablo de la capilla mayor fue totalmente reemplazado por el que actualmente
existe,conservándose los retablos de las capillas laterales todos del siglo XVIII.
• Sala Capitular: Es un gran recinto rectangular dedicado a la reunión del Capítulo de los frailes,
embaldosada de grandes piedras sillares y ladrillo pastelero, abajo de los cuales está el osario y
las criptas para entierro de los religiosos y personajes quiteños.
• Su techumbre tiene forma de artesa con decoración geométrica y floral, completa esta
ornamentación una sillería tallada en cedro, con motivos florales e íntegramente calados a
manera de encaje, formando dos hileras de bancas con capacidad para doscientas personas.
• La fachada de piedra y ladrillo está situada sobre un pequeño atrio ubicado en un plano inferior
de la calle.
• Lo más interesante de la iglesia son el coro y el nárthex.
• La hermosa pinacoteca que decora las paredes del claustro bajo tiene un artesonado con formas
geométricas, decoración floral y piñones moriscos, únicos en América.

El Cucurucho de San Agustín es una violenta historia de


amor

Para los entendidos en crimimología, la leyenda del Cucurucho de San Agustín cuenta uno de los
primeros crímenes pasionales que se cometieron en Quito.
En el año de 1650, justo en la calle Cucurucho, vivía un noble español de nombre Lorenzo de
Moncada, quien estaba casado con la guapa quiteña María de Peñaflor y Velasco.
Ambos tenían una hija, Magdalena, una hermosa mujer por la que todos los hombres de esa
época suspiraban. Don Lorenzo, potentado y buena gente, le dio trabajo como mayordomo a
Jerónimo de Esparza, un hombre que había quedado en la miseria por haber apostado a los
negocios.
Don Jerónimo tenía un hijo, Pedro, quien era siete años mayor que Magdalena. La historia de
amor tenía que darse, pues, a la edad de 15 años, la niña se fijó en el hijo del mayordomo y
ambos llegaron a ser novios.
El amorío que tenía Magdalena con Pedro muy pronto llegó a los oídos de su madre, Doña María
de Peñaflor, quien por poco se desmaya al saber la noticia. Doña María le avisó del particular a
su esposo, quien lo tomó como una humillación, pues no iba a permitir que su hija se fijara en un
“cualquiera”.
Consecuencias
El mayordomo y su hijo fueron despedidos de la propiedad de don Lorenzo. Pero el amorío entre
Pedro y Magdalena continuó. A la chica sólo se le permitía asistir a misa, en la iglesia de San
Agustín.
El enamorado Pedro, para verse con su amada, se vestía de cucurucho y se paraba junto a uno de
los cuadros santos. Sus padres jamás notaron eso, pues a veces dejaban que la niña entrara sola a
la iglesia.
Entretanto, en Quito corrió la noticia de que una expedición iba a viajar al Oriente. Pedro se
enlistó en la misma, pues era la oportunidad para llegar a ser rico y así ganarse la voluntad de
don Lorenzo.
La expedición fue un fracaso, porque murieron varias personas, entre ellas Pedro. Magdalena al
saber la noticia le lloró mucho a su amado.
Muerte pasional
Llegó de España un mozo bien parecido, de nombre don Mateo de León. Éste se ganó la
voluntad de don Lorenzo y le pidió la mano de Magdalena.
Como en esa época los matrimonios eran arreglados y las chicas obedecían ciegamente a sus
padres, contra la voluntad de Magdalena la boda fue pactada.
El matrimonio debía darse el 27 de marzo de 1655, en horas de la noche. La tradición decía que
las novias, un día antes de la boda, debían dar limosnas a los mendigos, porque sólo así podrían
ser bendecidas en el matrimonio. Cientos de mendigos fueron a casa de Magdalena a pedirle una
caridad.
Mientras Magdalena daba limosnas a los mendigos recibió una esquela de Pedro, quien le
informaba que no había muerto y que deseaba verla. Pero ella le respondió con un rotundo no y
mejor le informó de su matrimonio.
Un mendigo disfrazado de cucurucho llegó minutos después a la casa de Magdalena, a pedirle
una caridad. Tenía la estatura de Pedro. Cuando la adolescente abrió la puerta, el cucurucho sacó
un puñal y la mató.
Mientras la novia era auxiliada por sus criados, el cucurucho homicida se daba a la fuga. Al pasar
frente a la iglesia de San Agustín, se le cayó la capa y la capucha que tapaba su rostro. Entonces
la gente vio que se trataba de Pedro, quien todavía llevaba ensangrentado el arma homicida.
La leyenda dice que Pedro fue muerto por la población.
IGLESIA DE LA COMPAÑIA
Este lugar es una de las iglesias más bellas y perfectas de Latinoamérica, cumbre del barroco
ecuatoriano, es la mejor joya del Centro de Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad y
Síntesis de la fe y cultura en Ecuador.
El 24 de septiembre de 1540 La Orden Jesuita fue aprobada como Institución religiosa por el
Papa Paulo III. Su fundador fue el jesuita San Ignacio de Loyola, quien nació en 1491 en
Azpeitía-España y muere en 1556 en la ciudad de Roma. Los jesuitas fueron enviados a América
por el tercer general de los jesuitas de San Francisco de Borja para frenar la Reforma iniciada por
Lutero quien estaba en contra de la Santa Inquisición y el cobro de las indulgencias para el
perdón de los pecados, bueno el Papa escogió a un grupo de jesuitas por la razón del cuarto voto
que los jesuitas realizaron que era la de la obediencia al Papa algo que les distinguía del resto de
Órdenes.
El 19 de julio de 1586 llegan los Jesuitas a Quito entre el primer grupo de Sacerdotes jesuitas se
encontraban tres Padres jesuitas Juan de Hinojosa, Diego González Holguín y Baltasar Piñas y
un hermano coadjutor Juan de Santiago. Se establecieron primero en el Hospital de la
Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, posteriormente el 31 de julio del mismo año, se
establecen en la parroquia de Santa Bárbara.
Se posesionaron de sus definitivos dominios es decir, construyeron en un espacio de terreno
comprendido entre las calles Espejo, Sucre, García Moreno y Benalcázar e inician la
construcción de la primera iglesia de la orden Jesuita En Honor a San Jerónimo, cuyos materiales
utilizados para su construcción paja y adobe.
La Iglesia de la Compañía de Jesús fue la sede de la Orden Jesuita en este país constituye el
mejor ejemplo del estilo barroco en la arquitectura Sudamericana. Su singular belleza e
importante e imponente decoración le han hecha acreedora a un sin fin de títulos. Los planos
para la realización de la iglesia fueron traídos por Nicolás Durán Mastrilli y se los atribuye a
Roma desde Doménico Zampietri.
Se comenzó a construir entre 1605 y 1606 es el año de 1636 Llegó a la ciudad el, hermano
Marcos Guerra, quien rellena las quebradas que cruzaban la iglesia con la técnica de los arcos de
medio punto también fue quien participó activamente en la construcción de la iglesia corrigió lo
que se había hecho y dio el trazo definitivo creando en 1637 los trabajos de construcción de la
bóveda de cañón corrido, y también en la construcción de los copulines ubicadas en las naves
laterales y en la cúpula alcalde de crucero terminándoles en 1650. En El año de 1689 se levanta
la cúpula ochavada del presbiterio.
Cabe resaltar que la construcción de la iglesia fue realizada por mano de obra de los indígenas
voluntarios, cofradías, gente rica que donaba dinero con lo cual sea se financió el pan de oro
colocado en la iglesia, la misma que tiene 120 libras de oro en toda la iglesia y también con el
apoyo de artistas de la Escuela Quiteña.
La obra de la fue torre a la par con la iglesia y estaba terminada para el año de 1651 había en
ella 8 campanas y reloj era considerada como una de las mas alta de Quito. Tenía 45 metros de
altura luego del terremoto de 1859 quedó destruida .
La fachada de la iglesia comenzó a labrarse en 1722 por Leonardo Deubler hasta 1725 y retoma
en 1760 Venancio Gandolfi y se terminaría en 1765 construida en su totalidad con piedra gris de
origen volcánico.
Al ingresar se puede observar en el nártex que en este caso es el espacio entre la entrada y la
mampara, el anagrama de la orden, cuyas iniciales IHS que significan Jesús Salvador de
Hombres, estas iniciales se encuentran encerradas en un sol que representa la Resurrección de
Jesús.
La mampara es una obra anónima hecha de madera tallada, dorada y policromada en el siglo
XVIII. Sobre sobre este se puede ver un mural de San Juan Bautista.
La iglesia tiene tres naves, la bóveda de cañón corrido que tiene 16m. de alto. Las naves laterales
se encuentran cubiertas con cupulinos.
En La nave central se aprecia al área del coro, el mismo que posee un órgano fabricado en 1888
en Canadá y traído desde Estados Unidos contiene 1104 tubos y es uno de los más grandes en
Ecuador. Se puede divisar el púlpito el cual tiene forma de cáliz o copa de pequeño pastel,
pertenece al siglo XVIII anónimo.
Se puede observar también a los 16 profetas situadas en las columnas de la nave central
atribuida a Nicolás Javier Goríbar.
Los arcos torales sostienen a la cúpula de crucero y al mismo tiempo de forman las pechinas en
donde se encuentran las Imágenes de los cuatro evangelistas que son: San Mateo representado
por un niño que es el símbolo del evangelio. San Marcos representado por un león que es el
símbolo de Resurrección de Cristo. San Lucas representado por un buey como emblema de
Cristo por su fuerza y humildad. San Juan representado por el águila que es un símbolo de
ascensión y oración.
En el transepto norte se encuentra el retablo de San Francisco Javier, mientras que en el transepto
sur esta el retablo de San Ignacio de Loyola, son los más antiguos. Ambos retablos contienen
cuadros de la vida de éstos dos santos.
Un de los mejores espacios de la Iglesia, el presbiterio y el retablo mayor, que fueron construidos
por el Hermano Jorge Vinterer en 1735 y en 1745, comienza el dorado del retablo Bernardo de
Legarda. En este retablo destacan las representaciones de las cuatro primeras Órdenes Religiosas
que llegaron a nuestro país. Para mejor comprensión se lo ha dividido en dos cuerpos, en el
centro se observan columnas salomónicas Que representan la ascensión o acercamiento de Dios.
En el primer cuerpo a la derecha se encuentra San Francisco de Asís representando a los
Franciscanos su atributo es inconfundible, las cinco llagas impresas en sus manos, los pies y
costado; a la izquierda de San Ignacio de Loyola de los Jesuitas, se lo reconoce por sus
ornamentos para culto como la casulla y el manípulo.
La colección de pinturas en su gran mayoría pertenece al siglo XVIII se admira un retablo de
madera del Siglo XVIII, el mismo que alberga en el medio de dos columnas al lienzo que se
denomina: SAN IGNACIO DE LOYOLA OFRENDA SU CORAZÓN A LA SANTÍSIMA
TRINIDAD, obra atribuida al pintor jesuita panameño Hernando de la Cruz pintada en el siglo
XVII.
En el retablo a la derecha se aprecia la pintura de ¨El Éxtasis de San Ignacio¨ de autor anónimo
elaborado en Siglo XVIII.
Seguidamente se halla el cuadro que lleva por nombre INTERSECION DE SAN FRANCISCO
JAVIER su autor el artista Francés Jean de Moranville, obra pintada en el Siglo: XIII
En la parte media del paramento se observa la obra que lleva como nombre SAN ALONSO
RODRÍGUEZ CON LA VIRGEN Y EL NIÑO su autor es el artista Jean de Moranville, en el
Siglo: XVIII (1751)
Está seguido el lienzo que lleva por título SAN FRANCISCO DE BORJA del autor Jean de
Moranville realizado en el Siglo XVIII (1757).
Ubicado en el paramento izquierdo y como imprimación lienzo se visualiza la obra de San
Jerónimo de autor anónimo del Siglo XVIII.
Capilla de San José en esta capilla se conmemoraron sucesos de gran importancia como lo
ocurrido en el año de 1830 donde por primera vez se oyó el nombre de nuestro País Ecuador y
donde se celebraron gran número de reuniones de nuestros próceres de la Independencia. Se
conmemora la Semana Santa con unas tallas y la figura de Jesús Yaciente. Hoy en día se la utiliza
como una sala de exposición de cuadros.
Por último los cuadros del Juicio Final al sur y al norte del Infierno, pertenecientes al siglo XIX
y realizados con la técnica de pintura sobre tela. Los originales fueron pintados por el último
guía espiritual de Santa Marianita de Jesús, Hernando de la Cruz en 1620, los que están en la
Iglesia de Copias fueron realizados por Alejandro Salas en 1879 puesto que los originales
estaban gravemente deteriorados.
El cuadro del Juicio Final representado por un tribunal divino conformado por Dios como juez y
los ángeles y santos que le ayudan, Dios juzga a la Humanidad dictaminando dos veredictos, que
los hombres sean conducidos al cielo o al infierno.
En la parte superior de se encuentra Jesús sobre nubes con su brazo derecho levantado en el
centro, junto a él está la Virgen María mirándolo, bajo ambos un grupo de ángeles con
Instrumentos como la escalera, la cruz, la columna, etc. que son Símbolos de la Pasión de Jesús.
En la parte superior derecha, hay 31 santos sentados sobre nubes como espectadores del Juicio.
En la parte superior izquierda, están 15 santos sentados sobre nubes como espectadores del
Juicio.
En el centro un sacerdote dominico empuja un un hombre y se lee “Levantaos muertos venid a
Juicio”.
A la izquierda, dos ángeles conducen a 32 santos, caminan sobre nubes y se lee “Venid benditos
de mi Padre a poseer el reino del cielo”.
A la derecha observamos unos demonios que conducen a un grupo de personas hacia la hoguera
y se lee “Apartaos de mí malditos a fuego eterno”.
En la parte inferior hay 34 muertos que resucitan entre frailes, reyes, mujeres, niños y hombres.

IGLESIA SAN FRANCISCO


Quizá la colección de 19 óleos pintados en alabastro, una fina piedra blanca y marmórea, es una
de las que mayor asombro provocan en el museo Fray Pedro Gocial del convento de San
Francisco.
Con sus más de 4 000 piezas, en especial tallas de madera y óleos, es uno de los museos
religiosos más grandes de Iberoamérica. El monumental conjunto arquitectónico de San
Francisco ocupa 3 hectáreas y media en un sitio privilegiado de la capital: las calles Cuenca,
añeja y pintoresca, pues huele a sahumerio y a exóticas especias de una atractiva tienda; y la
Bolívar, donde opera el Hotel Casa Gangotena, en una mansión de alcurnia.
Los óleos en alabastro, que antes estaban en la Recoleta de San Diego, de la misma orden,
representan bellas y coloridas imágenes de la Virgen María: en su niñez (un canto a la ternura), la
Anunciación del arcángel Gabriel (la emoción perdurable), junto al Niño Jesús (el arquetipo
tierno de la madre), la Sagrada Familia (unción, unión y amor), la huida a Egipto (el viaje o la
aventura por sobrevivir al poder del rey Herodes), la imagen del calvario (el sufrimiento hecho
carne) y la Asunción al cielo, en cuerpo y alma (la coronación de la victoria).
El padre Walter Verdezoto, superior del convento, califica de extraordinaria a la colección, que se
exhibe en una sala del ala oriental, porque los artistas anónimos fijaron el óleo en alabastro, una
piedra fina.
Los cuadros, de formato mediano y excelsos marcos dorados, desatan un éxtasis místico por la
calidad del dibujo: preciso y tan real, como si las figuras se moviesen en secuencias que
trasladan a los remotos y bíblicos tiempos de Nazareth.
En la sala contigua, dos sorpresas más: la original Virgen de Quito, de Bernardo de Legarda,
grande y alada; y La Inmaculada, de Miguel de Santiago, perfecta, de una mirada altiva que
sobrecoge. Sentado en una banca de madera, frente al jardín central, en el que se mueven por el
viento 12 palmeras reales y arupos en flor, el padre Verdezoto habla con pasión de las obras y del
conjunto arquitectónico.“Quito no se explicaría sin San Francisco, lo digo con respeto a las otras
iglesias”, dice, y mira el sube y baja de cinco traviesos loros verdes en una rama seca.
El religioso, quien se ordenó en Jerusalén, recuerda que desde 1920 la Orden reflexionaba en la
necesidad de analizar y conservar las obras para formar un museo. “En el 2004 se hizo realidad.
Este es el más inmenso depósito artístico de Quito y de América Hispana de pintura, sobre todo,
escultura, orfebrería, miniaturismo, es un museo grandioso de los siglos XVI al XIX”.
Según el padre Verdezoto, en San Francisco la Escuela Quiteña llega a su esplendor, en el siglo
XVIII, y al ocaso, en el XIX, con el último exponente, Domingo Carrillo, quien murió en Atenas.
“Aquí está lo mejor de Miguel de Santiago, el Príncipe de la Pintura; la imaginería de Bernardo
de Legarda, El Grande; de Manuel Chili, conocido como Caspicara; obras de José de Olmos,
Pampite”.
Pablo Rodríguez, administrador del museo, afirma que entre julio y agosto ingleses,
estadounidenses y alemanes visitan el museo y la iglesia. Un promedio de 150 personas cada día.
Los extranjeros pagan USD 2; 1, los estudiantes; y 0,50, los niños.
Abre de 09:00 a 17:00 y los sábados de 09:00 a 13:00. Por el corredor principal desfilan los
turistas. Mónica Torres ha vivido los últimos 15 años en Madrid y habla como española,
acentuando la z. “Hombre, es lindo volver a mi ciudad y a este hermoso convento, yo viví en el
Centro de Quito”. Torres reconoce que viene al reencuentro de sus raíces mestizas.
Ella no olvida que de San Francisco parte la gran procesión de Jesús del Gran Poder, tallado en
madera, encarnado y policromado, en Semana Santa. La talla está en el altar mayor de la iglesia;
la autoría se atribuye al padre Carlos en el siglo XVII.
El Superior de los franciscanos recuerda que aquí se visten cientos de cucuruchos de traje
morado y recorren las calles para expiar sus culpas, al igual que las verónicas, jóvenes y adultas.
Torres sonríe, se despide y se pierde en un grupo de visitantes europeos, guiados por uno de los
15 guías.
El templo franciscano, de tallas de santos y frescos coloniales, está envuelto en una atmósfera
que invita a la oración. En una tarde de finales de agosto, un grupo de seis mujeres reza con
unción. “Vivimos en diversos barrios de la ciudad y nos reunimos en esta iglesia, porque es
grande y linda”, expresa doña Josefina Torres, “además nos gusta ver la figura grande de Jesús
del Gran Poder”.
La iglesia nunca está quieta. Van y vienen fieles y turistas portando sus cámaras de fotos. El
ambiente místico se acentúa por los cantos gregorianos que llegan desde el patio central. “Los
hermanitos están cantando”, reconoce una señora del grupo de oración. En el claustro, 25
jóvenes novicios se preparan para convertirse en sacerdotes.
El padre Verdezoto afirma que se restauraron el altar mayor, el piso y el tumbado de la iglesia.
“Creo que con un poco más de esfuerzo hubiese sido posible completar lo que falta: los altares
laterales y los altares del cuerpo de la iglesia”. Para Verdezoto, San Francisco es un centro del
barroco mestizo, centro del quiteñismo, de fe en Jesús del Gran Poder, es un espacio cultural e
insiste en que aquí nació la Escuela Quiteña y los padres franciscanos enseñaron a destacados
alumnos como Miguel de Santiago, Goríbar y Pampite. “Toda la iglesia está cubierta de frescos
que deben ser restaurados; gracias al aporte de la gente logramos recuperar varias obras, sin
embargo, necesitamos más apoyo del Municipio de Quito y del Ministerio de Cultura. San
Francisco es el espejo, la carta de presentación de la ciudad”.

Nos saluda por la mañana al abrir las cortinas que dan paso a la vista de la plaza luminosa; nos
acompaña durante el almuerzo en el restaurante del hotel; brinda con nosotros unos cócteles en la
terraza y nos da las buenas noches mientras disfrutamos de un relajante baño en la tina. El
complejo religioso de San Francisco, visible desde Casa Gangotena, es un símbolo de la
magnificencia del Centro Histórico de Quito y es un constante recordatorio de la importancia del
lugar en el que usted se encuentra y la razón de porqué está ahí.
San Francisco es una de las construcciones más antiguas de carácter católico en Quito, con sus
torres blancas que reflejan contra el brillante cielo azul. Este no es simplemente un monumento
religioso, es un pilar de la conciencia quiteña. La Plaza San Francisco vecina de Casa Gangotena
es la cuna del catolicismo en Quito, la sede de numerosas festividades religiosas, un tesoro
arquitectónico y una de las maravillas que circunda a la capital ecuatoriana en leyenda.
Tal grandeza no se construyó de la noche a la mañana, la estructura de esta mini-ciudad tardó
casi 150 años en levantarse (de 1534 a 1680). Fue fundada por el misionero franciscano Jodoco
Ricke y durante una época, fue el hogar de 160 monjes (ahora residen alrededor de 27). El
complejo religioso de San Francisco es una especie de “parque de diversiones” católico. Ocupa
más de tres hectáreas, es el más grande de su tipo en América, abarca una iglesia principal, dos
capillas, un museo de arte, patios, huertas, catacumbas, una cancha de fútbol e incluso una
antigua fábrica de cerveza.
Sus raíces son intrigantes: fue el palacio real de Huayna Cápac (el gran emperador inca), y
además un importante templo ceremonial para la sociedad precolombina. Luego se convirtió en
la sede de la Orden Franciscana católica. El complejo religioso de San Francisco está
entreverado con la cultura de Quito. Es una iglesia, un museo, un hogar y un monumento que
merece ser explorado durante su estadía en Casa Gangotena.
La Iglesia
En el pasado, las grandes puertas de entrada a la iglesia de San Francisco estaban estrictamente
reservadas para la gente pudiente de Quito. Los pobres, los esclavos y los indígenas tenían que
usar la Capilla de Cantuña.
La iglesia de San Francisco da paso a una curiosa escalera mitad cóncava mitad convexa, que se
eleva dramáticamente desde la plaza hasta el atrio. Esta escalera y partes de la fachada muestran
la influencia del estilo italiano. La copia original, utilizada por los constructores de aquella
época, todavía existe.
Nos saluda por la mañana al abrir las cortinas que dan paso a la vista de la plaza luminosa; nos
acompaña durante el almuerzo en el restaurante del hotel; brinda con nosotros unos cócteles en la
terraza y nos da las buenas noches mientras disfrutamos de un relajante baño en la tina. El
complejo religioso de San Francisco, visible desde Casa Gangotena, es un símbolo de la
magnificencia del Centro Histórico de Quito y es un constante recordatorio de la importancia del
lugar en el que usted se encuentra y la razón de porqué está ahí.

San Francisco es una de las construcciones más antiguas de carácter católico en Quito, con sus
torres blancas que reflejan contra el brillante cielo azul. Este no es simplemente un monumento
religioso, es un pilar de la conciencia quiteña. La Plaza San Francisco vecina de Casa Gangotena
es la cuna del catolicismo en Quito, la sede de numerosas festividades religiosas, un tesoro
arquitectónico y una de las maravillas que circunda a la capital ecuatoriana en leyenda.

Tal grandeza no se construyó de la noche a la mañana, la estructura de esta mini-ciudad tardó


casi 150 años en levantarse (de 1534 a 1680). Fue fundada por el misionero franciscano Jodoco
Ricke y durante una época, fue el hogar de 160 monjes (ahora residen alrededor de 27). El
complejo religioso de San Francisco es una especie de “parque de diversiones” católico. Ocupa
más de tres hectáreas, es el más grande de su tipo en América, abarca una iglesia principal, dos
capillas, un museo de arte, patios, huertas, catacumbas, una cancha de fútbol e incluso una
antigua fábrica de cerveza.

Sus raíces son intrigantes: fue el palacio real de Huayna Cápac (el gran emperador inca), y
además un importante templo ceremonial para la sociedad precolombina. Luego se convirtió en
la sede de la Orden Franciscana católica. El complejo religioso de San Francisco está
entreverado con la cultura de Quito. Es una iglesia, un museo, un hogar y un monumento que
merece ser explorado durante su estadía en Casa Gangotena.

La Iglesia

En el pasado, las grandes puertas de entrada a la iglesia de San Francisco estaban estrictamente
reservadas para la gente pudiente de Quito. Los pobres, los esclavos y los indígenas tenían que
usar la Capilla de Cantuña.

La iglesia de San Francisco da paso a una curiosa escalera mitad cóncava mitad convexa, que se
eleva dramáticamente desde la plaza hasta el atrio. Esta escalera y partes de la fachada muestran
la influencia del estilo italiano. La copia original, utilizada por los constructores de aquella
época, todavía existe.

El coro de la iglesia es una joya, rodeado de una serie de macabros retratos de santos y la forma
en la que fueron asesinados. Levante su vista al cielo y déjese sorprender por el elaborado techo
mudéjar de madera, que fue construido sin un solo clavo, testimonio del arte Islámico plasmado
aquí en el corazón de los Andes. Como huésped de Casa Gangotena, usted puede acceder a una
parte exclusiva de la iglesia (disponible únicamente para los frailes franciscanos). Si sube por
una escalinata estrecha usted saldrá al techo donde se encontrará al lado de las grandes
campanas. Por un momento, sentirá que toda la ciudad está a sus pies.
La iglesia en sí es una obra barroca, rebosante de atavíos en pan de oro, lienzos,esculturas,
murales y retablos. En el 2000, se realizó un proyecto extenso de restauración para que muchas
obras impresionantes de arte vuelvan a su máximo esplendor. Se puede atender a misas durante
la mañana y la tarde.
Capilla de Cantuña
Ubicada a unos pasos a la izquierda, la Capilla de Cantuña estaba disponible para todos los que
no podían ingresar a la iglesia principal. Aunque estaba reservada para los más humildes, la
capilla no es nada sencilla. Es una preciosa muestra de la Escuela Quiteña, cubierta de ángeles,
guirnaldas, espejos y estrellas .
Existe una cierta ambigüedad en torno al hombre de quien la capilla toma su nombre.
Históricamente hubo dos indígenas que compartieron el apellido Cantuña. La vida de ambos
estuvo ligada al complejo de San Francisco. Sin embargo, solo uno de ellos fue enterrado junto a
su familia en uno de los altares, bajo un hermoso tallado en madera realizado por el Padre
Carlos.
El Cantuña que la mayoría de los quiteños conocen fue Francisco de Cantuña. Su nombre es tan
legendario como su engaño al diablo. Descubra más sobre esta leyenda del Centro Histórico de
Quito en el exclusivo Tour del Diablo que Casa Gangotena ofrece. Sumérjase en esta leyenda
mientras es guiado por el mismísimo Satanás.
Museo Pedro Gocial
El complejo religioso de San Francisco guarda celosamente una preciosa colección artística,
que usted podrá observar en este fascinante museo de arte, apenas es una pequeña muestra de lo
que se oculta en las cavernosas bóvedas del monasterio franciscano. Grandes artistas mestizos
como Pampite, Caspicara y Bernardo de Legarda comparten espacio con Bernardo de Rodríguez
y sus magníficos lienzos como el: “San Antonio predicando a los peces”.
Algunas de estas obras tienden a perturbar la mente. Busque la pintura del hijo del último Inca
Atahualpa, Francisco Atauchi, siendo bautizado por los frailes poco después de la conquista; y
por supuesto, la preciosa Virgen Alada de Legarda en tamaño pequeño, mediano y grande.
La Cervecería
El Centro Histórico de Quito también es famoso por la variedad de cervezas artesanales que se
ofrecen en los negocios locales. Sin embargo, la historia de las micro-cervecerías de la ciudad
inició en el complejo religioso de San Francisco durante el siglo XIX.
Recientemente abierto al público, el museo de la cervecería de San Francisco era atendido por
monjes cerveceros hasta hace unos 50 años. Hoy en día, el espacio es un museo que contiene los
grandes barriles de roble que se usaba para la fermentación y exhibe fotos de los monjes que
operaban las máquinas, empuñando grandes palas de madera en sus modestas túnicas marrones
ceñidas con una cuerda.
Los monjes no preparaban la cerveza para obtener ganancias y tampoco para lograr que las
multitudes se arrodillasen. Se creía que la bebida que contenía de 3% a 5% de grado alcohólico
era una alternativa más segura al agua que los monjes bebían o que, en ocasiones, regalaban a los
pobres de la ciudad.
El Escorial del Nuevo Mundo
Pero no hay explicación , nunca la hay, es simplemente un flechazo, una visión que te eriza la
piel y sabes en aquel momento que ese lugar forma ya parte de ti, que es tuyo para siempre.
La iglesia de San Francisco es mucho más qué un templo, es el conjunto arquitectónico más
grande de América que se encuentra dentro de un centro histórico, abarcando casi dos manzanas
completas.
Posee seis claustros principales y otros secundarios, tres templos y 7 patios y alberga en su
interior una colección artística única, ya que nació allí de la mano de los franciscanos, la orden
de los pobres, la famosa Escuela Quiteña.
La construcción de la iglesia y el convento se iniciaron en la primera mitad del siglo XVI y no
fue oficialmente inaugurado hasta 1705.
Hoy en día, el complejo sigue albergando a monjes franciscanos y continua funcionando como
un importante centro religioso y cultural. La orden de San Francisco de Asís fue una de las
primeras en entrar en Quito en 1535 con Fray Jodoco Rique, quien además de crear la Escuela de
Artes y Oficios San Andrés que daría origen a la Escuela Quiteña, fue defensor de los indígenas,
recorriendo sus territorios y aprendiendo su lengua, llegando incluso a escribir la mayoría de sus
sermones en quichua.
Leyenda
Una leyenda ecuatoriana que es muy popular y forma parte de nuestra cultura , identidad y
tradición, esta leyenda quiteña relata la audacia del personaje que burla al demonio.
Esta interesante historia de Cantuña es muy difundida y nace en el Centro Histórico de Quito, y
también es conocida como la leyenda del atrio de la San Francisco.
Cantuña
Cuenta una leyenda que Cantuña un indígena constructor famoso y descendiente directo del gran
guerrero Rumiñahui.
Los padres franciscanos le encargan la gran tarea construir un atrio para una iglesia en Quito
conocida como iglesia de San Francisco, la paga era considerable, pero tenía que cumplir en
plazo de seis meses, caso contrario no le pagarían nada.
Cantuña al ver que el plazo llegaba a su fin, y la obra no estaba concluida porque el trabajo no
era nada fácil le invadió su desesperación, y su sufrimiento llegó a oídos del Diablo.
El demonio se presentó ofreciendo realizar un pacto con las siguientes condiciones Cantuña le
entregaría su alma como pago. Cantuña aceptó, y miles de pequeños diablillos empezaron a
trabajar en cuanto la obscuridad cayó en la ciudad.
De pronto Cantuña se dió cuenta de la rapidez con que trabajaban y que su alma estaría destinada
a sufrir castigos por toda la eternidad, así que decidió engañar al demonio.
Cantuña tomó la última piedra de la construcción y la escondió, cuando el Diablo creyó que
había terminado la obra en el plazo establecido se acercó a Cantuña para tomar su alma pero
Cantuña le dijo ¡El trato ha sido incumplido.
Lucifer, asombrado, vio como un simple mortal lo había engañado. Así, Cantuña salvó su alma y
el diablo, sintiéndose burlado, se refugió en los infiernos sin llevarse su paga.
IGLESIA DE SANTO DOMINGO
En el interior del templo se encuentran valiosas estructuras, una de las joyas barrocas que se
cuida celosamente en esta iglesia es la Capilla del Rosario, que constituye una obra significativa
de la arquitectura de Quito.
Aprovechando la llegada a Quito del arquitecto Francisco Becerra en 1.581, los religiosos
recurrieron a sus servicios para que diseñara el conjunto conventual y su iglesia. Sin embargo la
partida de Becerra en 1.583 dejó la obra solo en cimientos.
Dirección
La iglesia de Santo Domingo se encuentra entre las calles Flores, Pereira, Montufar y Rocafuerte
(antigua calle La Cantera).
Fecha de Construcción
Su construcción es de estilo plateresco y mudéjar que data del siglo XVI. Obtuvieron del Cabildo
el sitio en 1.541, iniciándose veinte años más tarde la construcción del claustro principal.
Descripción
Desde 1.586 trabajó en Santo Domingo fray Pedro Bedón, a quien puede tenerse por el fundador
de la Escuela Quiteña de pintura.
Para iglesia y convento el virtuoso fraile talló y pintó obras que aún pueden admirarse, como el
óleo de San Nicolás de Tolentino, o el altorrelieve del Beato Reginaldo recibiendo el escapulario
de dominico, de manos de la Virgen, preciosamente policromado en oro.
Otras tallas de iglesia, capillas y convento dominicano nos recuerdan establecidas devociones
populares quiteñas. Muestra la obra de Caspicara, del nacimiento con el niño acostado, dulce y
profundamente dormido, la Virgen y San José guardando su sueño, tiernos y absortos.
Para la construcción de la Iglesia se utilizó en los muros de calicanto, ladrillo y cal, piedra en la
cimentación y madera en los pisos, artesonados y cubiertas. Para la imperabilización de las
cubiertas se ha utilizado materiales modernos.
El estilo del entorno, es una mezcla neoclásica y manierista expresada en las edificaciones
aledañas y en la que circunda la Plaza de Santo Domingo, las mismas que se constituyen en un
elemento urbano que permite visualizar y resaltar esta edificación.
ATRACTIVOS
• Virgen de la Escalera: La imagen de la Virgen de la Escalera es obra de uno de los primeros
pintores quiteños, Fray Pedro Bedán, quien originalmente realizó la obra en el muro de descanso
de la escalera de la recoleta dominicana.
• Virgen del Rosario: Fue un regalo del Rey Carlos V. a la ciudad de Quito, fue traído desde
Sevilla - España.
• El Altar Mayor: El altar mayor es de estilo neogótico, que fue colocado a finales del siglo XIX
por dominicos italianos.
• El Techo: El techo de la iglesia, de estilo mudéjar, cuenta con pinturas de mártires de la Orden
de Santo Domingo.
• La Cubierta: La cubierta de la nave central está compuesta por una armadura apeinazada de par
y nudillo, recubierta en el interior por piezas de lacería.
• Capilla del Rosario: Una de las joyas barrocas del siglo XVIII que se cuida celosamente es la
Capilla del Rosario.
Esta constituye un baluarte de la arquitectura quiteña, con su representación del más complicado
barroco, su decoración con tallas doradas sobre fondo rojo, las columnas con original mezcla de
elementos vegetales y antropomórficos y los complicados cerramientos, todo lo cual completa un
conjunto de rara plenitud ornamental.
Los planos del conjunto de Santo Domingo los realiza el arquitecto extremeño Francisco de
Becerra en 1581. Pero como posteriormente la iglesia fue sometida a distintas reconstrucciones,
parece que cambió mucho su fisonomía interna a partir del siglo xix. Esto fue debido a las ideas
de unos dominicos italianos que llegaron por esa fecha. Así lo cuenta el intelectual ecuatoriano
Ernesto La Orden Miracle: «decidieron pintarla como un teatrillo de ópera, arrasar sus altares, su
coro y su púlpito».
Como en otros casos, los constructores se encontraron desde un comienzo con un terreno abrupto
y desigual —y también con las ordenanzas del Cabildo—, lo cual debieron solucionar con un
arco que lleva el mismo nombre de la iglesia.
La hermosa y sobria fachada no sufrió los afanes reformadores del siglo xix, y aunque la iglesia
parece que tuvo esos cambios internos importantes, mantiene una presencia riquísima e
impresionante que no muestra de una forma abierta los estragos que cuenta La Orden.
La iglesia de Santo Domingo se terminó a mediados del siglo xvii, y está cubierta por trabajos en
cedro, dorado después, y por numerosas pinturas y tallas que adornan con esplendor todo su
interior. Junto al retablo mayor, las diez capillas laterales que completan el conjunto interior de
Santo Domingo enriquecen aún más el cuerpo interno de la iglesia con bellísimos trabajos en
madera y hojilla de oro.
Sin duda, la Capilla de la Virgen del Rosario es la más conocida del conjunto. No obstante, no es
la única que evidencia el interés cultural del templo. Indica Pazos Barrera que «en otra capilla se
conserva la pintura mural de la Virgen de la Escalera, obra del padre Pedro Bedón y que data de
los primeros años del siglo xvii».
El claustro de doble arquería y de pilares ochavados se debe al hermano Antonio Rodríguez,
quien lo levantó a partir del diseño de Francisco Becerra.
CAPILLA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO
La más rica y conocida de las capillas de la iglesia de Santo Domingo es la Capilla del Rosario,
que está en uno de los lados de su crucero, construida en tres niveles diferentes. Esta capilla se
asoma a la calle de La Loma, donde para solucionar otro desnivel del terreno está el Arco de La
Loma con contrafuertes en cono que semejan puestos de vigía.
Los niveles de la capilla corresponden al pueblo, al sacerdote y a la Virgen. Desde 1650, en ella
funcionaban tres cofradías que correspondían a los españoles y a los criollos, a los negros y a los
mestizos, y por último a los indígenas. Cada grupo tenía su capilla correspondiente.
La Virgen y el Niño, cuyos mantos y coronas son ricos en hilos preciosos y pedrería,
protagonizan la composición del retablo. Este último es descrito por Pazos Barrera con los
siguientes términos:
«(…) enteramente dorado, tiene filigrana de plata en torno al nicho central y en el tabernáculo.
En él resalta la Virgen del Rosario, una escultura española que fue obsequio del monarca español
en el siglo xvi.
A los lados del retablo figuran los retablos de santa Ana y San Joaquín, dorados sobre fondo rojo.
Arcos y paredes tienen aplicaciones de querubines, plantas y frutas americanas, recubiertas de
oro sobre fondo rojo. La Capilla de la Virgen del Rosario descansa sobre un arco por el que pasa
la calle que conduce al barrio de La Loma Grande. Cierran la capilla dos cúpulas con linternas
recubiertas con baldosas verdes».
En los altares laterales a esta capilla se conservan reliquias de santos, traídas de Roma, también
en los mismos inicios de la refundación quiteña. En ellos se cumplían los rituales de la cofradía
del Rosario de Nuestra Señora y se realizaba la Procesión de la Soledad, de los Viernes Santos,
ambas de gran devoción en la ciudad.
Al frente se encuentra una plazoleta con el monumento a Manuel Carrión Pinzano, célebre
lojano, autor del movimiento Federalista Lojano en el año 1.853 y en su corazón la estatua de
Antonio José de Sucre.
La valiosa obra de Santo Domingo fue construida por los dominicanos a partir de 1580, bajo la
dirección del Arquitecto Francisco Becerra y culminó a principios del siglo XVII. Esta
edificación posee un museo repleto de obras extraordinarias en las que se destacan las pinturas
alusivas a los mártires de la orden de Santo Domingo. Además las piezas de arte como la Virgen
de Legarda, elaborada por el escultor Bernardo Legarda, dan muestra del reconocible trabajo de
artistas de la Escuela de Quito.
La iglesia de Santo Domingo y su monasterio representan una de las estructuras religiosas más
importantes de Quito. Su historia está marcada de fortunas. Una de ellas inició en 1880 con la
llegada de un grupo de sacerdotes italianos quienes iniciaron un proceso de modernización que
incluyó cambios estéticos en el templo. Por un lado cambiaron su color, modificaron los retablos
barrocos y sus temas pictóricos. Por el otro, sus reformas neoclásicas respondieron a una nueva
idea cultural traída desde Europa.
Sus atractivos constituyen un legado monumental que reflejan el nivel artístico de la época. En la
iglesia se encuentra una admirable escultura de la Virgen del Rosario, la cual fue traída de
Sevilla. En 1586 un habilísimo fraile esculpió y pintó obras importantes para la decoración de la
iglesia y para el inventario de las importantes piezas del museo. Fue Pedro Bedón, a quien se le
atribuye la fundación de la Escuela Quiteña de pintura. Dentro de sus obras, que aún se pueden
apreciar, se encuentra el óleo de San Nicolás de Tolentino, el altorrelieve del Beato Reginaldo
recibiendo su escapulario de dominico policromado en oro.
En el museo dominico se pueden admirar las obras de Diego Robles, autor de las imágenes de la
Virgen de Guápulo y la del Quinche. Su altorrelieve de San Pío V y San Antonio de Florencia
representan unos de sus más importantes trabajos para la iglesia de Santo Domingo. Igualmente,
el museo se enriquece con fabulosas piezas de los grandes escultores quiteños, como el Santo
Domingo de Guzmán del Padre Carlos, el San Juan de Dios de Caspicara, el Santo Tomás de
Aquino de Bernardo Legarda.
El museo alberga relevantes expresiones artísticas de la devoción de la clase popular de Quito.
Entre ellas se encuentra la Virgen de la Leche, virgen mestiza de rasgos pronunciados; la Virgen
y San José aguardando el sueño del niño.
La historia de este convento se remonta al año 1541 con la llegada de los primeros dominicos a
Quito, quienes arribaron con la misión de evangelizar. Fueron ellos los que comenzaron con el
largo proceso de cimentación de la estructura de lo que ahora conocemos como Santo Domingo.
Posteriormente, los frailes contrataron al arquitecto español, Francisco Becerra, quien realizó las
primeras adecuaciones. A lo largo del tiempo se sucedieron varios arquitectos que contribuyeron
con la construcción, para finalmente concluirla.
Nuestro recorrido comenzó por el patio interno, de típico diseño español, con una pileta de agua
rodeada por altas palmeras y frondosos jardines. Fue aquí que, en 1688, se fundó el
establecimiento educativo “San Fernando”, reconocido colegio quiteño que encaminó a
importantes eminencias como Eugenio Espejo, José Joaquín de Olmedo, Vicente Rocafuerte y
Gabriel García Moreno, entre otros. “El convento de Santo Domingo fue un gran emporio de
estudio”, asegura el padre Osvaldo.
A través de los pasillos internos del convento llegamos a la biblioteca. Este magnífico lugar
posee tesoros y reliquias invaluables, pues contiene aproximadamente 60.000 volúmenes que
están cuidadosamente organizados en largas repisas de madera. La mayoría están escritos en latín
y griego, y fueron traídos de Europa. Algunos de ellos, según nos cuenta el sacerdote Cazorla,
son del siglo de la imprenta. Este es un representativo vestigio que evidencia dos de las
características más destacables de los frailes dominicos: la intelectualidad y la predicación.
Continuó el paseo hasta la antesala del comedor, donde antaño eran más de 100 los frailes que se
reunían a rezar y bendecir los alimentos antes de comer. Impacta el cuadro de Nuestra Señora del
Rosario, colgado en la pared.
El padre Osvaldo abrió las puertas para ingresar al refectorio, inmediatamente captó toda nuestra
atención. El artesonado del techo está compuesto por detalladas figuras labradas en oro e
imágenes que representan la vida de Santa Catalina de Siena. En la pared a un costado están las
pinturas que muestran los martirios que recibieron algunos de los predicadores del orden
dominico.
Al fondo de este inmenso salón se distinguen sendas bancas de madera con alto relieves
policromados en el espaldar, que representan a varios santos, en las que los frailes se sentaban a
almorzar. En una de las paredes se aprecia un cuadro de la Virgen de las Flores, cuya autoría se
atribuye a Miguel de Santiago, importante pintor de la escuela quiteña. Hoy en día este salón es
principalmente usado para eventos y recepciones.
Dentro del convento está la Capilla de Pompeya, decorada y nombrada en honor a la Virgen de
Pompeya. Su importancia radica en que es ahí donde se llevan a cabo las ordenaciones de
sacerdotes y diáconos, y se realizan misas solemnes. Además está abierta al público para bautizos
y matrimonios.
Recorrer cada pasillo es regresar a siglos pasados, donde cada fraile implantó una huella y dejó
un legado de innumerables enseñanzas. Un ejemplo de ello fue Fray Pedro Bedón, uno de los
iniciadores de la Escuela Quiteña de Artes, defensor de los derechos sociales, y profesor de
quichua. De hecho, el museo que está en el convento lleva su nombre.
La variedad artística que se encuentra en el interior del museo es vasta. Contiene obras del siglo
XVII, XVIII, XIX y XX que reflejan la identidad de los frailes dominicos y manifiestan la
devoción popular. Pinturas, libros corales, ornamentos, vestidos litúrgicos, esculturas religiosas
provenientes de Quito, Italia y España son algunos de los tesoros históricos que guarda este
museo. Entre sus principales obras está la escultura del Niño Viajero, los cuadros de la Virgen de
la Leche, y la Virgen de las Escaleras.
Finalmente nos dirigimos hacia la iglesia. Plegarias y cantos de alabanza nos envolvieron en un
ambiente de contemplación y fervor. A este templo acude muchísima gente de distintas ciudades
por la devoción que tienen a San Judas Tadeo, patrón de las causas desesperadas e imposibles, y
a San Martín de Porres, patrón de la justicia social y protector de los pobres. Estas esculturas
están exhibidas en altares laterales.
A un costado de la nave central está la imponente Capilla del Rosario que sobresale por su arte
barroco y, sobre todo, por la figura de la Virgen del Rosario, que fue un obsequio del Rey Carlos
V de España. Esta capilla es una de las joyas arquitectónicas más importantes del Centro
Histórico de Quito.
La iglesia impacta por los coloridos y llamativos vitrales traídos de Francia, que datan del siglo
XIX, y alumbran claramente la parte posterior, logrando una armónica combinación con el
artesonado de madera y pan de oro del techo de estilo mudéjar.
Vitrales franceses
El padre Osvaldo hizo que esta fuera una visita ilustrativa e inolvidable. Este emblemático lugar
amerita ser descubierto, ya que sus sorprendentes tesoros representan el legado religioso,
artístico y cultural que dejaron los frailes dominicos a nuestra ciudad.
Su construcción inició en el año 1540, cuando se asigna el solar a la comunidad de padres
dominicos; posteriormente, y después de haberse levantado una capilla provisional, los planos
definitivos del templo que persiste hasta la actualidad fueron levantados en 1581 por el
arquitecto Francisco Becerra.1 Tras la muerte de Becerra, la obra pasó a manos del padre
Rodrigo Manrique de Lara; fray Antonio Rodríguez se hizo cargo de las obras del convento,
mientras que fray Juan Mantilla fue el encargado de concluir las obras de la iglesia en 1688.1
Durante el siglo XIX, un grupo de dominicos italianos hicieron importantes reformas en el
interior del templo; según el intelectual ecuatoriano Ernesto La Orden Miracle «decidieron
pintarla como un teatrillo de ópera, arrasar sus altares, su coro y su púlpito». La hermosa y sobria
fachada no sufrió estos afanes reformadores, y aunque la iglesia parece haber tenido esos
cambios internos importantes, mantiene una presencia riquísima e impresionante que no muestra
de una forma abierta los estragos que cuenta La Orden

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