0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas14 páginas

Historia de la descolonización global

Cargado por

Ares Tadeo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas14 páginas

Historia de la descolonización global

Cargado por

Ares Tadeo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Raymond F. Betts: Descolonización. Una breve historia de la palabra.

En Els Bogaerts,
Remco Raben (eds.) Más allá del imperio y la nación. La descolonización de las
sociedades africanas y asiáticas, 1930s-1970s. Brill. (2012)
Traducción: Sergio Galiana
El alcance y la cronología de la descolonización
‘Erupcionaron como lava volcánica’, escribió dramáticamente el antiguo administrador
colonial francés Robert Delavignette (1977: 137), respecto de los movimientos de
independencia que se habían producido en las posesiones coloniales europeas. A
primera vista, la metáfora parece ser la más apropiada, sugiriendo que la
descolonización fue una fuerza que se nutrió de causas profundas y estalló
incontrolablemente en la escena internacional. La metáfora, además, tenía un sentido de
la oportunidad al respecto, apareciendo en 1968 cuando los diferentes imperios
europeos habían sido reemplazados en gran medida por docenas de nuevos estados-
nación.
La serie de hechos en erupción a los que la palabra descolonización había sido aplicada
por Delavignette se consideraron principalmente políticos. El académico británico John
D. Hargreaves (1996:244) dijo acerca de la descolonización que 'su tema central' era 'la
creación de estados nacionales autónomos'. El historiador norteamericano David
Gardinier en su artículo de 1967 que define la ‘descolonización’ afirmó que
inicialmente fue un fenómeno político que pronto extendió su significado para incluir
todos los elementos incurridos en la experiencia colonial, ya sea política, económica,
cultural o psicológica'.1 Delavignette (1977: 131) fue más allá, argumentando que la
descolonización significó fundamentalmente el ‘rechazo de la civilización del hombre
blanco’.
Como muchos términos que abarcan a todo el globo, como ‘imperialismo’ y
‘poscolonialismo’, 'descolonización' rara vez restringía su aplicación a una actividad
política particular o a una era perfectamente definida. Además, como actividad binaria,
la descolonización se interpretó como un proceso calculado de compromiso militar y
negociación diplomática entre las dos partes contendientes: la colonial y la anticolonial.
Muchos autores, entre los cuales se encuentra Gardinier, entendieron que la
descolonización sería mejor definida como un proceso que comenzó antes de los
dramáticos acontecimientos sobre los cuales escribió Delavignette. Sin usar la palabra,
pero claramente suscribiendo a la idea de la descolonización, el académico británico
H.M. Kirk-Greene (1982:575), por ejemplo, vio una temprana 'iniciativa metropolitana'
hacia la devolución del imperio no sólo en la obra de Lord Hailey, famoso por su
African survey, sino también en una conferencia que Hailey dio en la Universidad de
Princeton en 1943 titulada 'El futuro de los pueblos coloniales’. El impulso
metropolitano para la descolonización reaparece en muchos estudios. Recientemente,
los autores holandeses Gert Oostindie e Inge Klinkers (2004) en su Decolonising the
Caribbean escribieron sobre dos formas de descolonización. Primero, estaba el 'modelo

1
Gardinier 1968: 269. Gardinier sugiere que el primer uso de la palabra 'descolonización' fue
probablemente hecho por Moritz Joseph Brown (1932) en su artículo 'Imperialismo', que aparece en la
Enciclopedia de las ciencias sociales.
clásico' de conflicto armado que terminó alrededor de 1960. Luego comenzó la segunda
fase que se caracterizó por la negociación hacia la independencia entre las partes
contendientes, como en el Caribe cuando tanto los holandeses como los británicos
determinaron que sus posesiones ya no tenían tanto valor y buscaron los medios para
retirarse de ellas (Oostindie y Klinkers 2004: 9, 216-7).
Dos autores franceses discreparon profundamente con las interpretaciones de
descolonización voluntaria o negociada. El historiador marxista Jean Suret-Canale
(1982: 476) escribió claramente: ‘Los imperios no decidieron voluntariamente sobre la
descolonización, no la desearon, y realmente no se prepararon para ello’. Henri
Labouret (1952: 20), un antiguo administrador colonial francés y una de las primeras
personas que intentaron un análisis de la descolonización, fue más allá que la mayoría
en la descripción del desarrollo de los acontecimientos. De acuerdo con él, 'la
colonización moderna necesariamente llevó a este final ineludible que las circunstancias
históricas sólo aceleraron o ralentizaron'.
La suscripción a esta conclusión, según la cual la intervención humana poco podría
hacer en contra de las fuerzas acumuladas, se encuentra en los títulos de libros con
sustantivos calificativos como 'eclipse', 'colapso' y 'disolución'. Describiendo la
situación en África en 1960, el entonces primer ministro británico Harold Macmillan
ofreció la más memorable de las metáforas: 'los vientos del cambio'. Como sucede con
un puñado de eventos importantes, la descolonización parecía a muchos ocurrir con la
fuerza de inevitabilidad. En las palabras estrictas del historiador británico John Darwin,
'el orden colonial se cayó a pedazos’.2
Aunque la mayoría de los autores que escribieron sobre el tema restringieron su análisis,
como lo hizo Delavignette, a la agitación generalizada que comenzó con el final de la
Segunda Guerra Mundial, otros fueron más atrás en el tiempo. La primera disrupción
importante del orden europeo de cosas estuvo marcada por la Primera Guerra Mundial,
con enormes pérdidas en mano de obra, finanzas y confianza, mientras que el
resentimiento anticolonial creció y se expresó ampliamente en la literatura y en las
huelgas. Las famosas palabras del poeta irlandés William Butler Yeats resumieron la
situación en 1921: 'Todo se desmorona; el centro cede’.3
Algunos académicos continuaron la marcha hacia atrás hasta los orígenes del
imperialismo moderno, cuando ‘pacificación’ en el mundo colonial significaba en
realidad acción militar contra poblaciones inquietas y aparecieron escritos de resistencia
en muchas regiones coloniales. Oostindie y Klinkers (2004: 9), concentrándose en el
Caribe, hablan de dos etapas de descolonización: una ocurrida en 1791 cuando Haití
declaró su independencia de Francia y ganó su independencia en una revuelta armada;
la segunda llegó en los años sesenta y setenta.
2
Darwin 1988: 4. El ensayo introductorio de Darwin sobre la descolonización, que se extiende más allá
del caso británico, es uno de los mejores disponibles. Cabe mencionar dos antologías de ensayos sobre el
tema: Le Sueur 2003 y Duara 2004.
3
La novela Todo se desmorona (1958) de Chinua Achebe toma su título de una línea del poema 'La
segunda venida' de WB Yeats, y lleva como lema las primeras cuatro líneas:
'Girando y girando en el espiral creciente
El halcón no puede oír al cetrero;
Todo se desmorona; el centro cede;
La anarquía se abate sobre el mundo.
Cualquiera sea su cronología asignada, la descolonización fue considerada
principalmente un cambio político a escala global, más intenso y exitoso en las tres
décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Como Edward Said (1994:xii)
escribió en el prefacio a Cultura e imperialismo, el predominio de Occidente 'culminó
en el gran movimiento de descolonización en todo el Tercer Mundo'.
La descolonización como cambio político
La rapidez de la retirada del imperio colonial moderno impresionó a todos en el
momento en que estaba pasando. Sin embargo, pocos de los que evaluaron la situación
colonial inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial esperaban un resultado
tan rápido. Presentando tanto cambios administrativos como políticos, que asumían que
podrían redefinir y revitalizar el sistema colonial, aquellos que aún apoyaban el imperio
anticipaban un largo camino por delante, como seguramente hicieron los británicos que
anticiparon que Nigeria alcanzaría la independencia a finales del siglo XX. Menos, sin
embargo, fueron tan optimistas como los organizadores, en 1941, de un simposio
holandés sobre el gobierno colonial de esa nación en las Indias Orientales. Uno de los
dos editores de los artículos que aparecieron en la edición en inglés bajo el título
Mission interrupted fue W.H. van Helsdingen, quien, antes de la guerra, había sido
presidente del Consejo Popular de las Indias Holandesas. Él escribió que este libro
'expresa la confianza de que en el futuro serán hechas más ‘grandes cosas’ en las Indias
y que serán hechas por los holandeses. ¡Que la Misión Interrumpida se convierta en una
Misión Cumplida!' (Van Helsdingen y Hoogenberk 1945: viii).
No lo hicieron. Los holandeses, después de cuatro años de amargos combates,
abandonaron las Indias Orientales en 1949. No fueron las primeras potencias coloniales
quese retiraron de esa parte del mundo. Los americanos, imperialistas tardíos,
abandonaron la escena primero: tenían planeada la independencia para las Filipinas en
1944, pero se retrasó hasta 1946 debido a la Segunda Guerra Mundial. Los británicos ya
habían abandonado la India en 1947. Luego los franceses, después de la desastrosa
derrota militar en Dien Bien Phu, siguieron a los holandeses en 1954.
La resistencia al dominio colonial creció exitosamente en todo el mundo cuando las dos
mayores potencias coloniales que quedaban perdieron su estatus de ‘Grandes
Potencias’. Gran Bretaña se vio debilitada por una guerra que agotó su riqueza y vio la
rápida derrota y rendición de su baluarte del Lejano Oriente, Singapur, ante los
japoneses. Francia fue derrotada y gran parte de su imperio colonial invadido. No solo
fue tenue su dominio de posguerra sobre el imperio como resultado de la guerra, sino
también la población metropolitana en todas las naciones europeas ahora cuestionaban
aquello que hasta ese momento había sido tratado en gran medida con indiferencia: los
propósitos del imperio colonial. Además, en la medida en que Europa se recuperaba de
la guerra, las potencias coloniales tenían cada vez más sus intereses en su propio
continente, enfrentados en el este por la Unión Soviética y en el oeste por los Estados
Unidos, las dos superpotencias de la nueva era, ambas públicamente opuestas a los
imperios coloniales. El tratado defensivo de la OTAN (1949) fue una clara indicación
de una nueva cooperación europea, diferenciada de la antigua rivalidad colonial.
Un factor importante en el debate sobre la descolonización fueron las Naciones Unidas.
Con 51 estados miembros en el año de su fundación, 1945, las Naciones Unidas
crecieron a 99 en 1960, año en el que se unieron la mayor cantidad de estados: 17, de
los cuales 16 eran de África. Ese año las Naciones Unidas tuvieron más importancia
porque fue entonces cuando se adoptó la Declaración sobre la concesión de la
independencia a los países y pueblos coloniales por la Asamblea General de las
Naciones Unidas el 14 de diciembre. ‘Creyendo que el proceso de liberación es
irresistible e irreversible’, la Declaración afirma que 'se debe poner fin al colonialismo'.
Si bien la opinión mundial favoreció este desarrollo, permanecieron suficientes
vestigios de la dominación colonial como para que la Asamblea General declarara la
década de 1990 como 'la década internacional para la erradicación del colonialismo'. La
década pasó, pero el problema todavía continúa en forma minúscula. Uno de los 16
territorios no autónomos restantes es la isla Pitcairn, donde se había establecido -junto
con algunas cohortes de Tahití- parte de la tripulación que precipitó el famoso motín del
HMS Bounty. La población de la isla, nunca mayor de 300, es de menos de 50 en la
actualidad. Tomada en 1838 para convertirse en la primera colonia de Gran Bretaña en
el Pacífico, Pitcairn es hoy la última en esa región. Que esa descolonización ya no sea
un tema de política contemporánea que implique consecuencias no significa que la
historia de varios siglos de dominación occidental sobre gran parte del mundo haya
terminado. La mayoría de los estudiosos de la descolonización argumentaría que sólo ha
cambiado el enfoque.
Estudios tempranos de la descolonización
Cuando las colonias se independizaron, los académicos acumularon considerable
literatura sobre el tema. En la década de 1970, más de dos docenas de estudios en inglés
llevaron la palabra 'descolonización' en su título. El más importante de los textos fue el
de Rudolf von Albertini Decolonization; The administration and future of the colonies,
1919-1960 (1971). Este volumen considerable, que analizaba la historia reciente del
mundo colonial concentrándose en cada uno de los antiguos imperios nacionales, fue
uno de los primeros estudios del mundo colonial en aparecer -en alemán en 1966-
después de que los imperios coloniales hayan sido desmantelados. Fue precedido, sin
embargo, por la obra de Henri Grimal, un autor francés, cuya La descolonización 1919-
1963, más descriptiva que analítica, se publicó en 1965. En la medida en que la
descolonización evolucionó aún más rápidamente en la década de 1960, se convirtió en
un tema candente. Después de los primeros estudios de síntesis, la mayor parte de los
trabajos académicos se realizaron mediante el examen de la descolonización en un
contexto nacional o regional, con el fenómeno tratado con mayor frecuencia como había
ocurrido en el África subsahariana, donde la acción en general fue más rápida, y
centrado en los estados que tenían poca o ninguna experiencia de unidad antes de que
los europeos ‘dividieran’ el continente a finales del siglo XIX. Fueron frecuentes las
conferencias internacionales de descolonización comparativa, como la que tuvo lugar en
Amsterdam en 2003. Pero tal vez las conferencias más significativas se organizaron en
los años inmediatamente posteriores al gran movimiento de descolonización en África
por dos académicos estadounidenses, Prosser Gifford y William Roger Louis. Dos de
las conferencias fueron patrocinadas por la Universidad de Yale en 1965 y 1968. La
tercera, patrocinada por la Fundación Rockefeller y celebrada en 1977, fue un análisis
retrospectivo del fin del poder colonial en África. 'La descolonización es uno de los
grandes temas de nuestra era', dijeron los dos editores en la primera línea de su
introducción a los trabajos surgidos de la primera conferencia (Gifford y Louis 1982:
vii).
Sin embargo, el más provocativo de los primeros estudios críticos de la descolonización
apareció en 1961, el año siguiente a la desarticulación del África Occidental Francesa y
del estallido de la resistencia violenta por parte del Frente de Liberación Nacional
(FLN) en Argelia. Este libro, Los condenados de la tierra, escrito por el martiniqués
Frantz Fanon, se convirtió en uno de los más leídos sobre la descolonización. La
primera oración del libro plantea la tesis del autor: 'La descolonización es siempre un
fenómeno violento'. Añade: 'Expuesta en su desnudez, la descolonización permite
adivinar a través de todos sus poros balas sangrientas, cuchillos sangrientos.' (Fanon
1966: 29-30). Claramente influenciado por el escritor y sindicalista radical francés
Georges Sorel, cuyas Reflexiones sobre la violencia (1908) encontraron valor
terapéutico en la violencia, Fanon vio en ella un efecto de limpieza, la eliminación de la
experiencia colonial, lograda mediante el uso de violencia. Los desheredados o
miserables, al levantarse contra el sistema, se vuelven ‘hombres nuevos’, ganando una
autoridad y dignidad previamente negada a ellos por sus amos coloniales. Como insiste
Fanon, hay o habrá un cambio completo en el orden social cuando los oprimidos se
conviertan en hombres libres y tomen el control de sus propios destinos.
Pocos estudios sobre la descolonización han sido tan tensos, tanto airados como
analíticos. En su prefacio al libro, el filósofo francés Jean-Paul Sartre (1966: 11)
planteaba este desafío: 'Europeos, deben abrir este libro y entrar en él'. Un crítico de
Time, el semanario estadounidense, escribió en el número del 30 de abril de 1965: ‘Este
no es tanto un libro como una piedra arrojada contra las ventanas de Occidente’.
La descolonización después de la independencia política: el argumento económico
Los condenados de la tierra describió ampliamente muchas de las características que
pronto aparecerían en las consideraciones posteriores sobre la descolonización. El libro,
además, fue parte de una nutrida concurrencia de ideas y teorías que apareció en la
medida en que el mundo estaba siendo remodelado políticamente y en camino de ser
dominado por la economía global. En esos años, notablemente las décadas de 1950 y
1960, 'modernización' y 'subdesarrollo' entraron en el vocabulario popular.
La disparidad de riqueza y nivel de vida entre las antiguas potencias coloniales y las
áreas colonizadas fue objeto de un amplio análisis. El término 'explotación' ganó una
connotación profundamente negativa y se mantuvo como sinónimo de subdesarrollo. El
académico guyanés Walter Rodney (1974: 205), en su provocador libro titulado De
cómo Europa subdesarrolló a África, describió la situación irónicamente como la de un
‘bandido de un solo brazo’, no como una doble actividad: por un lado, explotación, y
por otro, beneficios para el poblaciones indígenas. El subdesarrollo, la ventaja
comparativa de un grupo de naciones sobre otro, es 'producto de la explotación
capitalista, imperialista y colonial' (Rodney 1974: 14). Kwame Nkrumah, primer
presidente del nuevo estado de Ghana, ya había planteado un argumento similar en
Neocolonialismo; la última etapa del imperialismo. Así como V.I. Lenin había visto al
imperialismo como el medio para expandir a todo el globo la fase más alta o última del
capitalismo entonces hiperdesarrollado en Occidente -de ahí el título de su pequeño pero
largamente influyente libro, El imperialismo; etapa superior del capitalismo- ahora
Nkrumah encontraba que la explotación económica que se había llevado a cabo en el
período colonial continuó sin cesar después de que las banderas europeas fueron
arriadas y enviadas a casa. El neocolonialismo era la ‘peor forma de imperialismo’
porque no asumía su responsabilidad en los nuevos estados que estaba explotando.
Señaló que este desarrollo 'significa explotación sin reparación' (Nkrumah 1970: xi).
De ninguna manera ‘neocolonialismo’ alcanzó un valor comparable a 'descolonización'.
Además, fue sobrepasado en importancia -y en el debate académico- por la teoría de la
dependencia, de la cual una gran variedad de críticos rápidamente conocidos entre los
cuales Samir Amin (1977) y Andre Gunder Frank (1979) se encuentran entre los más
famosos. En 1980 una serie de ensayos sobre este tema y el colonialismo se publicó
bajo el título Descolonización y dependencia. El editor del libro, Aguibou Y. Yansané,
profesor en San Francisco State University, argumenta en la conclusión que los
beneficios de la descolonización política fueron escasos para la población indígena en
general. Fue la colaboración de la clase media 'que permitió a las empresas
transnacionales obtener el control de economías locales y hacerlas parte de la
globalización en curso’ (Yansané 1980: 287-9). Fanon ya había señalado en Los
condenados de la tierra que esta clase media nacional era una ‘clase media
subdesarrollada’. Al no tener el poder económico mismo, afirmó, ‘tiene la psicología
[...] del hombre de negocios, no la de un capitán de la industria'. Su función principal
era actuar como intermediario ‘entre la nación y un capitalismo […] que hoy se pone la
máscara del neocolonialismo (Fanon 1966: 122, 124).
Para muchos críticos, entonces, la descolonización no se lograba únicamente con la
independencia nacional. El control económico también tenía que haber sido obtenido
pero no fue así. Sin embargo, '[los] oprimidos y explotados de la tierra mantienen su
desafío: libertad frente al robo'. Así escribió el novelista keniano Ngũgĩ waThiong'o.
Pero la preocupación de Ngũgĩ (1986: 3) no fue principalmente la economía; él señaló
que 'en realidad, el arma más grande manejada y desplegada diariamente por el
imperialismo contra ese desafío colectivo es la bomba cultural'.
Descolonización y cultura
Esa bomba causó la destrucción cultural, la aniquilación de una cultura popular a través
de la imposición del sistema cultural del poder colonial. La mente también tenía que ser
descolonizada. Tal fue el pensamiento de Ngũgĩ (1986), bien expresado en el título
homónimo de su pequeño pero provocativo libro Descolonizar la mente. Este tema fue
uno que Ngũgĩ había considerado durante mucho tiempo relacionado con la literatura.
Primero manifestó su interés en la 'Conferencia de escritores africanos de expresión
inglesa' celebrada en el Makerere College de Uganda en 1962. Unos años más tarde, en
1967, asistió a una conferencia africano-escandinava sobre escritura africana
contemporánea celebrada en Estocolmo en 1967. Allí Eldred Jones, profesor de
literatura inglesa en la Universidad de Fourah Bay, señaló en su artículo 'La
descolonización de la literatura africana' que el escritor debe ser fiel a su imaginación en
cualquier idioma o modo literario que elija emplear. Afirmó que el lenguaje no necesita
restringir la autenticidad cultural (Jones 1968). Ese argumento fue apoyado en ese
entonces por un número considerable de escritores africanos, pero no por Ngũgĩ.
El idioma fue una gran preocupación para Ngũgĩ. Entendió que el lenguaje y su usos
son 'centrales para la definición de sí misma de la gente' (Ngũgĩ1986: 4). Por lo tanto el
sistema de comunicación debe ser propio de la gente y no culturalmente alienante,
impuesto por el poder colonial. Escribiendo en gĩkũyũ, su lengua nativa, Ngũgĩ (1986:
28) se consideraba ‘parte integrante de la lucha antiimperialista.’ Con colegas de la
Universidad de Nairobi, impulsó la reforma del departamento de literatura, que
destronaría al inglés en favor de las lenguas africanas. ‘Con África en el centro de las
cosas, [...] las cosas debe verse desde la perspectiva africana’, se lee en la declaración
(Ngũgĩ 1986: 94).
En The empire writes back -su título es un juego de palabras con un episodio de la obra
de George Lucas Star Wars- los académicos australianos Bill Ashcroft, Gareth Griffiths
y Helen Tiffin continúan y extienden los argumentos de Ngũgĩ hacia el pensamiento
poscolonial. Están más preocupados por el instrumento de la escritura más que por el
lenguaje que utiliza. Como lo expresaron, 'En muchas sociedades poscoloniales, no fue
el idioma inglés el que ejerció el mayor efecto, sino la escritura en sí misma'. Ambos,
‘la apropiación de los medios de comunicación’ y la adaptación del lenguaje escrito son
'cruciales' para la independencia de la situación colonial (Ashcroft, Griffiths y Tiffin
1989: 82).
Como también sugiere el título del libro, aquellos escritores indígenas que alguna vez
estuvieron bajo el dominio imperial pueden y utilizan dispositivos de la literatura
occidental y realizan adaptaciones lingüísticas para sus propios usos. El
poscolonialismo, esencialmente un fenómeno literario, define la condición del nuevo
cuerpo emergente de la literatura africana y asiática. Sin embargo, 'post' es
frecuentemente tomado por muchos críticos literarios como reacción a la presencia
colonial desde su primera aparición en escena. Por lo tanto, incluye la literatura creada
como una expresión de la oposición al dominio colonial y a la dominación cultural.
David Punter (2000: 4) en su notable libro Postcolonial imaginings describe brevemente
las diversas aproximaciones al poscolonialismo pero opta por el aceptado en The empire
writes back.
Con guion o no, hecho contemporáneo a la colonización o considerado como el
conjunto de condiciones y pensamientos sobre la experiencia colonial una vez finalizada
esta, el poscolonialismo se desvía hacia lo indefinido y se introduce en las
consideraciones culturales de la descolonización. Limpiar y reorganizar la masa cultural
y el desorden dejados por los imperios en retirada es asunto del poscolonialismo. No
sólo el pensamiento sino también el espacio tienen importancia en esta tarea. La
perspectiva del observador a lo observado ha cambiado. La ‘mirada imperial´ debe ser
reemplazada. El ángulo de visión asumido por los europeos en las colonias no era solo
el del ‘maestro que todo lo supervisa’, sino que también provenía del ‘cultivo de la
sublimidad fácil’ por novelistas y pintores que describían el paisaje de África y Asia
con barridos implacables que ignoraban los detalles. (Ridley 1993: 653).
El espacio mismo cambió. A través de la exploración, la invasión y el asentamiento, los
europeos recrearon la figura y la forma del mundo, una actividad explicada en su
momento por Marlow, el narrador de la novela de Joseph Conrad El corazón de las
tinieblas (1902). Mirando el mapa de África que cuelga de una pared en una oficina
europea, considera el cambio geográfico. África había sido para él, cuando era joven,
´un espacio en blanco de misterio encantador, una mancha blanca para que un niño
soñara gloriosamente’. Desde entonces, sin embargo, ‘se había convertido en un lugar
de oscuridad, lleno de nombres europeos y límites políticos (Conrad 1983: 33). Aquí
estaba lo que ahora podría llamarse ‘geografía sustitutiva´, una condición que David
Punter (2000: 38) sostiene que ocupa un lugar destacado en la literatura poscolonial.
La descolonización desde y en Occidente
La descolonización vagó lejos de su base política, como había demostrado Ngũgĩ. En
los últimos años, participó en el esfuerzo intelectual para reconfigurar el mundo, para
‘provincializar’ a Europa (Chakrabarty 2000), o ‘descentrarla’, para usar otro nuevo
término. Esencialmente, la visión eurocéntrica del mundo anteriormente aclamada y
explicada tuvo que ser reemplazada como una mentalidad. En un estudio convincente de
los primeros viajes europeos modernos, Mary Louise Pratt, profesora de francés en la
Universidad de Stanford, argumentó que esos viajes llevaron a una nueva y diferente
apreciación del mundo, a un despertar de una ‘conciencia planetaria’. Esta fue la
‘construcción del significado a escala global’, como un nuevo discurso en el que los
europeos y los no europeos fueron comparados y organizados (Pratt 1994: 15, 19-30).
El discurso del modernismo, en el que se formó la retórica del imperio, enfatizó lo
racional y lo ordenado, elogió las mejoras tecnológicas que aseguraron a Occidente su
único campo de superioridad y se regocijó en la contemplación de diferencias
imaginadas que permitían términos como 'primitivo' y 'atrasado' como antónimos para
los sustantivos 'progreso' y 'mejoramiento'; estos dos últimos brindan los temas de las
megararrativas que dieron unidad a los esfuerzos de esa era e impusieron su sesgo
cultural en el mundo en general.
En ningún lugar se captura mejor la naturaleza y el espíritu de este mundo ‘moderno’
que en la tan citada declaración de la intrépida viajera inglesa del siglo XIX, Margaret
Kingsley. ‘Todo lo que puedo decir’, escribió, ‘es que cuando vuelvo de un hechizo en
África, lo que más me enorgullece de ser inglesa no son los modales ni las costumbres
de aquí, ciertamente tampoco los hogares o el clima, sino la cosa encarnada en una gran
máquina de vapor’ (Kingsley 1899: 385). Una de las últimas expresiones de ese
concepto fue interpretada de manera conmovedora por el actor inglés Alec Guinness en
El puente sobre el río Kwai (1957) de David Lean, una interpretación cinematográfica
de una novela del autor francés Pierre Boulle. En la película, Guinness interpreta el
papel del coronel británico Nicholson, ahora un prisionero de guerra japonés, requerido
con sus tropas para construir un ferrocarril para los japoneses en territorio conquistado
en Siam. Bajo esta tarea impuesta, el coronel está decidido a construir un puente
ferroviario que avergonzaría, por su ingenio y calidad de construcción, todo lo que sus
captores japoneses podrían haber ideado. Lanzada en 1957, la película muestra en el
personaje de Guinness, el Coronel Nicholson, los peores efectos de la situación colonial,
una realidad impuesta en desacuerdo con el entorno y la situación.
El puente finalmente es destruido, y el coronel muere al intentar salvarlo. Los puentes y
los ferrocarriles eran, como sugiere la cita de Margaret Kingsley, el material del imperio
moderno. Eran los principales ejemplos de la geometrización del mundo, una actividad
imperialista esencial apoyada por una mentalidad que respeta la racionalidad.
Chakrabarty (2000: 16), sin embargo, afirma que la tarea de ‘provincializar a Europa’
no consiste en descartar el pensamiento europeo, sino en encontrar formas en que ‘este
pensamiento, que ahora es patrimonio de todos y nos afecta a todos’, pueda ser
renovado desde y para los márgenes'.
Descolonización en la Metrópoli
La descolonización trajo en su despertar una de las más importantes inundaciones de
inmigrantes, en un flujo inverso de los patrones migratorios europeos anteriores. Ahora
estaba dentro, no fuera. Los primeros en llegar fueron los que se retiraron: los colonos y
los administradores europeos que habían tenido una larga residencia, en particular en las
principales ciudades coloniales que atendían las necesidades administrativas y
económicas. Batavia en las Indias Orientales Holandesas, Argel en Argelia y Bombay
en la India son ejemplos obvios de centros urbanos vaciados de europeos.
Más significativos en número y efecto fueron las mismas personas descolonizadas que,
deseando principalmente una mejora económica pero también buscando educación
europea, se introdujeron en el continente mientras experimentaba su ‘milagro
económico’, la rápida recuperación de la guerra, que trajo consigo oportunidades de
empleo para el inmigrante, aunque en puestos de baja categoría. Los 417 jamaiquinos
que llegaron en un barco al puerto de Londres en 1948, fueron los primeros de 1,5
millones de personas de diversas partes del antiguo imperio que habían ido a Gran
Bretaña hacia 1980. Más sorprendente fue en efecto la inmigración de 237.000
personas, aproximadamente un tercio de la población de Surinam, que viajó a los Países
Bajos en la década de 1970. Entre los años 1945 y 1990, 514.400 marroquíes fueron a
Francia.4
Dos desarrollos acompañaron a esta inmigración, uno perjudicial y el otro ventajoso. El
racismo se convirtió en un problema importante en los años setenta y ochenta, con el
surgimiento de nuevos partidos políticos, como el dirigido por Jean-Marie Le Pen en
Francia, quien afirmó que los problemas de Francia se agravaban con la presencia de los
norteafricanos e indochinos que, según él, no tenían ningún deseo de ser asimilados a la
cultura francesa. En Gran Bretaña, Enoch Powell, un miembro conservador del
Parlamento, pidió la expulsión de la población de color del reino después de los
disturbios raciales en 1980.
El segundo desarrollo ventajoso fue el cambio cultural y el enriquecimiento, que se
mide más fácilmente por la cantidad de restaurantes étnicos abiertos en las metrópolis.
Se ha dicho que la mejor comida indonesia se puede obtener en los restaurantes de los
Países Bajos, mientras que los restaurantes indios de Londres y los del norte de África
en París han sido recibidos con éxito. Un acontecimiento inusual ha ocurrido en Francia,
donde el fin de la vocación colonial de la nación ha sido fundamental para cambiar la
visión francesa de las cosas, como se describe en la obra de Kristin Ross Fast cars,
clean bodies; Decolonizaton and the reordering of French culture (1995).
La descolonización como tema actual.

4
Esta información proviene del sitio de Migración Internacional de la Universidad de Leiden,
http://www.let.leidenuniv.nl/history/migration/chapter8.html (12-1-2005).
El navegador web Google el 1 de diciembre de 2010 enumeró unos 750.000 sitios para
descolonización. Subsumidos bajo esta palabra de búsqueda aparecen temas tan
variados como descolonización y arte, imaginación, música y cine; también la
descolonización de la imaginación, descolonización y los cánones literarios británicos, y
la ‘descolonización del alma’. Muchos de estos temas en el borde son de reciente
aparición, desde la década de 1990. El pensamiento posmodernista, en el que se
cuestiona la posición dominante de la cultura occidental y el término ‘eurocéntrico’
califica como un concepto insostenible, se ha unido al poscolonialismo para cambiar la
manera en que se entiende y se ve al mundo.
Consideremos el entretenimiento, en particular el turismo y el cine. El turismo de hoy
juega sobre el pasado imperial y su entorno. La renovación de edificios públicos y
hoteles de la época colonial se ha realizado para atraer al turista. ‘Las habitaciones del
Imperial en Nueva Delhi’, anuncia un folleto de la casa, ‘conservan el esplendor real de
un pasado glorioso’. Las señales en la gran sala de recepción del ayuntamiento en
Penang, Malasia, anuncian con orgullo que las escenas de la película Anna and the King
of Siam (1946) fueron filmadas allí. Aquí, como en otros lugares, los medios de
comunicación han encontrado los medios para evocar visiones de la era imperial. A
principios de la década de 1980, varias películas y producciones televisivas británicas
situadas en la India imperial, y de las cuales la Joya de la Corona de 14 capítulos fue la
más aclamada, fueron recibidas con éxito debido a que ‘una mirada nostálgica nacional
se remonta a una edad de oro, presentando una visión del Imperio como algo grande y
glorioso’.5 Aquí, podría argumentarse, tenemos la aparición de una forma
cinematográfica de neocolonialismo.
Sin embargo, la realización de películas poscoloniales también se centra en los aspectos
indecorosos y brutales de la descolonización. La producción italiana La batalla de Argel
(1965) es un ejemplo, y la francesa Indochina (1992) es otro. Desde la otra orilla, desde
las naciones descolonizadas, vienen películas que critican la descolonización y sus
efectos. Una película muy apreciada es Mandabi de Ousmane Sembène (The Money
order, 1968), que trata de la perplejidad de un anciano senegalés que recibe un giro
postal que no puede cambiar por su falta de identificación personal e inexperiencia en
tales asuntos. De temática similar es la trilogía Apu de Satyajit Ray de la década de
1950, que describe el doble viaje de un niño del campo a la ciudad, de niño a hombre.
Ray comentó que todas sus películas están ‘preocupadas por el enfrentamiento de lo
nuevo contra lo viejo’ (Seton, 1971: 143). La película más reciente y que afecta al
mundo descolonizado se centra en una de las varias guerras civiles horribles que han
ocurrido desde que los europeos se fueron. Este éxito dramático tan aclamado es Hotel
Ruanda (2004), basado en un hecho real durante la guerra civil de 1994 en Ruanda, en
la que un gerente africano de un hotel buscó salvar las vidas de más de mil personas, un
pequeño grupo entre los muchos tutsis amenazados que luego sufrieron el asesinato en
masa por parte de hutus.
Las réplicas de la descolonización todavía se sienten ampliamente. Muchos se centran
en la naturaleza del estado moderno, otros en la idea de la modernidad misma. En una

5
Peter McLuskie, ‘Jewel in the Crown’enThe Museum of Broadcast Communication:
http://www.museum.tv/eotvsection.php?entrycode=jewelinthe (accedido 4-2-2005) .
entrevista recientemente subida en el sitio Asia Source Website a Partha Chatterjee,
profesora de la Universidad de Calcuta y una de las fundadoras de los Estudios
Subalternos -una serie de publicaciones que se interrogaron sobre formas alternativas de
abordar los problemas de la descolonización y el poscolonialismo- se le preguntó si la
liberación política la India y otros estados de la dominación europea no fueron
acompañados, como muchos afirmaron, por la liberación 'del sistema de conocimiento
de Occidente posterior a la Ilustración'. La respuesta de Chatterjee fue directa: ‘Una de
las cosas que ahora se reconoce ampliamente es cómo muchas formas de estado
postcolonial [...] que surgieron después de la descolonización [...] replicaron de forma
bastante consciente las formas del estado moderno en Occidente’.6
El mundo descolonizado, parece, ‘imitó’ al occidental. Como dijo Chatterjee, los
movimientos nacionalistas en la India y en otros lugares se propusieron establecer un
estado moderno de estilo occidental y también ‘simplemente [buscaron] reemplazar al
personal’. Este es el mismo argumento que Fanon (1966: 126-9) hizo unos cuarenta
años antes sobre la descolonización fallida.
Y todavía…
El pasado colonial arroja una larga sombra sobre aquellos estados y pueblos que tenían
grandes esperanzas con la descolonización. De qué manera manejar ese pasado, como lo
demuestran las películas producidas desde el momento de la independencia y lo que el
análisis académico contemporáneo intenta revelar, es una cuestión importante. ‘El
pasado es prólogo’ se lee en las palabras grabadas en piedra sobre la entrada de los
Archivos Nacionales Norteamericanos en Washington. Esas palabras son el epígrafe de
cualquier estudio sobre la descolonización.
Un evento de importancia icónica ocurrió en Pretoria durante los preparativos para las
ceremonias inaugurales de Thabo Mbeki como el segundo presidente de la República de
Sudáfrica en 1999. El tema era sencillo, pero no tenía una resolución simple: si las
estatuas de personajes como los generales Botha y Smuts, figuras icónicas de la época
de la dominación blanca, debían cubrirse para que no formen parte del telón de fondo de
la ceremonia o se dejarían allí donde estaban al aire libre. Dicho de otro modo, el
problema se refería a la historia: ¿el pasado, por odioso que fuera, debía ser ocultado o
confrontado abiertamente?
Referencias
Albertini, Rudolf von (1971) Decolonization; The administration and future of the
colonies, 1919-1960. Translation from the German by Francisca Garvie. Garden
City, NY: Doubleday. [Originally published as Dekolonisation; Die Diskussion
über Verwaltung und Zukunft der Kolonien, 1919-1960. Köln: Westdeutscher
Verlag, 1966.]
Amin, Samir (1977) Imperialism and unequal development. New York: Monthly
Review Press. [Originally published as L’Impérialisme et développement inégal.
Paris: Minuit, 1976.]

6
Chatterjee, 'Hacia una modernidad postcolonial'. Entrevista con ParthaChatterjee, en Asia-Source:
http://www.asiasource.org/news/special_reports/chatterjee.html (accedido 5-2-2005).
Ashcroft, Bill, Gareth Griffiths and Helen Tiffin (1989) The empire writes back; Theory
and practice in post-colonial literatures. London and New York: Routledge.
[New Accents.]
Chakrabarty, Dipesh (2000) 2000 Provincializing Europe; Postcolonial thought and
historical difference. Princeton, NJ: Princeton University Press.
Chatterjee, Partha ‘Towards a postcolonial modernity’. Interview with Partha Chatterjee
on Asia Source. http://www.asiasource.org/news/special_reports/chatterjee.html
(accessed 5-2-2005).
Conrad, Joseph (1983) The heart of darkness. New York: Penguin. [First published
1902.]
Darwin, John (1988) Britain and decolonisation; The retreat from empire in the post-
war world. London: Macmillan. [The Making of the 20th Century.]
Delavignette, Robert (1977) Robert Delavignette on the French colonial empire;
Selected writings. William B. Cohen (ed.). Chicago: University of Chicago
Press. [Translated by Camille Garnier.]
Duara, Prasenjit (ed.) (2004) Decolonisation; Perspectives from now and then. London:
Routledge. [Rewriting Histories.]
Fanon, Frantz (1966) The wretched of the earth. Translated by Constance Farrington.
New York: Evergreen. [Originally published as Les damnés de la terre. N.p.:
Maspéro, 1961]
Frank, Andre Gunder (1979) Dependent accumulation and underdevelopment. New
York: Monthly Review Press.
Gardinier, David (1968) ‘Decolonization’, in: Joseph Dunner (ed.), Handbook of world
history; Concepts and issues, pp. 268-72. London: Owen. [First published 1967.]
Gifford, Prosser and Wm. Roger Louis (eds) (1982) The transfer of power in Africa;
Decolonization 1940-1960. New Haven, CT: Yale University Press.
Grimal, Henri (1965) La décolonisation 1919-1963. Paris: Colin. [Collection U, Série
Histoire Contemporaine.]
Hargreaves, John D. (1996) Decolonization in Africa. Second edition. London:
Longman. [The Postwar World.] [First edition 1988.]
Helsdingen, W.H. van and H. Hoogenberk (1945) Mission interrupted; The Dutch in the
East Indies and their work in the XXth century. Amsterdam: Elsevier. [Abridged
English version of Daarwèrd wat grootsverricht ...; Nederlandsch-Indiëin de
20ste eeuw. N.p.: Elsevier, 1941.]
Jones, Eldred (1968) ‘The decolonization of African literature’, in: Per Wästberg (ed.),
The writer in modern Africa, pp. 71-8. Uppsala: The Scandinavian Institute of
African Studies, New York: Africana.
Kingsley, Margaret H. (1899) West African studies. London: Macmillan.
Kirk-Greene, A.H.M. (1982) ‘A historical perspective on the transfer of power in
British colonial Africa; A bibliographical essay’, in: Prosser Gifford and Wm.
Roger Louis (eds), The transfer of power in Africa; Decolonization 1940-1960,
pp. 567-602. New Haven, CT: Yale University Press.
Labouret, Henri (1952) Colonisation, colonialisme, décolonisation. Paris: Larose.
Lenin, V.I. (1933) Imperialism; The highest stage of capitalism. [First published 1917.]
Le Sueur, James D. (2003) The decolonization reader. New York/London: Routledge.
McLuskie, Peter ‘Jewel in the Crown’, The Museum of Broadcast Communication:
http://www.museum.tv/eotvsection.php?entrycode= jewelinthe (accessed 4-2-
2005).
NgũgĩwaThiong’o (1986) Decolonizing the mind; The politics of language in African
literature. London: Currey.
Nkrumah, Kwame (1970) Neo-colonialism; The last stage of imperialism. New York:
International Publishers. [First published 1965.]
Oostindie, Gert and Inge Klinkers (2004) Decolonising the Caribbean; Dutch policies
in a comparative perspective. Chicago: University of Chicago Press.
Pratt, Mary Louise (1994) Imperial eyes; Travel writing and transculturation. London:
Routledge.
Punter, David (2000) Postcolonial imaginings; Fictions of a new world order. Lanham:
Rowan and Littlefield.
Ridley, Hugh (1993) Images of imperial rule. London: St. Martin’s.
Rodney, Walter (1974) How Europe underdeveloped Africa. With a postscript by A. M.
Babu. Washington, DC: Howard University Press.
Ross, Kristin (1995) Fast cars, clean bodies; Decolonizaton and the reordering of
French culture. Cambridge, MA: MIT Press.
Said, Edward W. (1994) Culture and imperialism. New York: Vintage.
Sartre, Jean-Paul (1966) ‘Preface’, in: Frantz Fanon, The wretched of the earth.
Translated by Constance Farrington. New York: Evergreen. [Originally
published as Les damnés de la terre. [Paris]: Maspéro, 1961.]
Seton, Marie (1971) Satyajit Ray: Portrait of a director. Bloomington: Indiana
University Press.
Sorel, Georges (1908) Réflexions sur la violence. Paris: Pages Libres.
Suret-Canale, Jean (1982) ‘From colonization to independence in French tropical
Africa; The economic background’, in: Prosser Gifford and Wm. Roger Louis
(eds), The transfer of power in Africa; Decolonization 1940-1960, pp. 445-81.
New Haven, CT: Yale University Press.
Yansané, Aguibou Y. (1980) Decolonization and dependency; Problems of development
of African societies. Westport, CT: Greenwood Press. [Contributions in Afro-
American and African Studies 48.]

También podría gustarte