Caso Ana Estrada Ugarte:
Derecho a la vida y a una
muerte digna
1. Resumen del caso Ana Estrada Ugarte
Ana Estrada Ugarte es una ciudadana peruana que desde los 12
años padece polimiositis, una enfermedad degenerativa, progresiva
e incurable que afecta gravemente los músculos, dejándola
dependiente de ventilación mecánica y cuidados médicos las 24
horas. A medida que su enfermedad avanzaba, Ana Estrada expresó
su deseo de tener control sobre el final de su vida, solicitando el
derecho a acceder a la eutanasia cuando lo considerara oportuno,
dado el sufrimiento físico y mental que la enfermedad le ocasionaba.
En Perú, la eutanasia está penalizada bajo el Código Penal, que
castiga a quienes ayudan a otro a morir, incluso si la persona lo
solicita voluntariamente. Frente a esta situación, en 2019 Ana Estrada
decidió interponer un proceso de amparo con el objetivo de que se
reconozca su derecho a una muerte digna y que no se aplique la
sanción penal a los médicos que eventualmente la asistirían en este
proceso.
La demanda fue presentada ante el Poder Judicial, y el caso generó
un debate importante en la sociedad peruana sobre el equilibrio entre
el derecho a la vida y el derecho a morir con dignidad. En
febrero de 2021, el Poder Judicial de Perú emitió un fallo a favor de
Ana Estrada, reconociendo su derecho a acceder a la eutanasia bajo
condiciones muy específicas.
2. Análisis de la sentencia
La sentencia emitida en el Proceso de Amparo de Ana Estrada
Ugarte plantea cuestiones esenciales sobre los derechos humanos, la
autonomía de las personas y el papel del Estado en la protección y
garantía de esos derechos. A continuación, se analiza la sentencia
bajo distintos aspectos jurídicos y éticos.
a. El derecho a la vida: interpretación y límites
El derecho a la vida es un derecho fundamental reconocido tanto en
la Constitución peruana como en tratados internacionales como la
Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Tradicionalmente, este derecho ha sido interpretado como la
obligación del Estado de proteger la vida de las personas en todas las
circunstancias.
Sin embargo, la sentencia del caso de Ana Estrada introduce una
interpretación más matizada de este derecho. El tribunal concluye
que el derecho a la vida no debe entenderse como una obligación de
prolongar indefinidamente una existencia que se encuentra marcada
por el sufrimiento extremo y la pérdida total de autonomía. En otras
palabras, el derecho a la vida no implica una condena al
sufrimiento inhumano.
La decisión judicial destaca que la protección de la vida debe ir
acompañada del respeto a la dignidad humana. Cuando la vida se
vuelve una carga insoportable y degradante para la persona, la
imposición de una prolongación artificial puede entrar en conflicto con
otros derechos fundamentales, como el derecho a la dignidad y a la
autodeterminación.
b. El derecho a la dignidad y la autonomía
Uno de los pilares de la sentencia es el reconocimiento de la
autonomía personal como un principio esencial del derecho a la
dignidad. La dignidad humana no sólo se refiere a la protección de la
integridad física, sino también a la capacidad de cada persona para
tomar decisiones fundamentales sobre su propia vida, incluida la
decisión de cómo y cuándo terminarla en casos de sufrimiento grave
y persistente.
El tribunal considera que Ana Estrada, al estar plenamente consciente
de su situación y con plena capacidad para decidir, debe tener el
derecho de ejercer control sobre el fin de su vida. En este sentido, la
sentencia respalda el principio de que cada persona tiene el
derecho a vivir, pero también a morir en condiciones que
respeten su dignidad y su libre voluntad.
c. Contexto legal: el Código Penal y la eutanasia en Perú
El Código Penal peruano, en su artículo 112, tipifica la eutanasia
como un delito, castigando a quienes colaboren o participen en actos
que resulten en la muerte de una persona, aun cuando esta lo haya
solicitado de manera voluntaria. Esta normativa refleja la posición
tradicional de muchos países que, hasta hace poco, consideraban la
vida inviolable en cualquier circunstancia.
La sentencia en el caso de Ana Estrada no deroga esta norma, pero
establece una excepción a la penalización de la eutanasia en
casos particulares como el de Ana. El tribunal ordena que el Estado, a
través del Ministerio de Salud y el Seguro Social de Salud
(EsSalud), implemente los procedimientos necesarios para que Ana
Estrada pueda acceder a la eutanasia sin que los médicos o el
personal sanitario que la asistan sean penalizados.
Esta decisión es significativa porque no plantea una legalización
general de la eutanasia en Perú, sino que se aplica de manera
excepcional y limitada a este caso en particular, dado el sufrimiento
extraordinario de la demandante y su capacidad de decisión
consciente.
d. El impacto y las implicaciones del fallo
El fallo a favor de Ana Estrada representa un precedente histórico
en Perú y probablemente influirá en futuros debates sobre el derecho
a la muerte digna en el país. Aunque la sentencia no legaliza la
eutanasia, introduce un enfoque más flexible y humanitario en su
aplicación, al considerar el contexto individual de cada caso y el
sufrimiento de la persona afectada.
Esta sentencia también abre un camino para discutir reformas más
amplias en el Código Penal y en las leyes de bioética, que regulan
los derechos de las personas en situaciones terminales o de
sufrimiento irreversible. Es posible que, en el futuro, se considere una
legislación que contemple la eutanasia bajo condiciones muy
estrictas, similar a lo que ya sucede en países como Países Bajos,
Bélgica o Canadá, donde la eutanasia está regulada y permitida en
ciertos casos.
e. Conclusión
El caso de Ana Estrada y la sentencia emitida en el Proceso de
Amparo plantean un equilibrio delicado entre el derecho a la vida y
el derecho a morir con dignidad. El tribunal ha optado por una
interpretación progresista y humana del derecho a la vida,
entendiendo que la dignidad y la autonomía personal son
principios fundamentales que deben ser protegidos, incluso en
situaciones tan sensibles como la eutanasia.
El fallo refleja una comprensión más moderna y compleja de los
derechos humanos, donde el sufrimiento innecesario y prolongado
puede constituir una violación a la dignidad de la persona, y la
libertad de elección respecto al fin de la vida debe ser respetada en
circunstancias excepcionales. Además, la sentencia deja claro que el
derecho a una muerte digna no implica una legalización automática
de la eutanasia, pero sí sienta las bases para futuros debates sobre la
necesidad de revisar la normativa vigente.
Finalmente, el caso de Ana Estrada Ugarte representa una victoria
legal y una reivindicación del derecho a decidir en situaciones de
sufrimiento extremo