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Lucien Febvre y la Nueva Historia

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LUCIEN FEBVRE Y LA NUEVA HISTORIA

Nubia Poujade de Lassus

Introducción

Pocos historiadores han tenido una influencia tan deci-


siva entre sus colegas, en el siglo XX, como el francés Lucien
Febvre. Nacido en 1878, en el Franco Condado, luchó toda su
vida por despertar la conciencia de los historiadores. Trabaja-
dor incansable, combatió contra la historia historizante, bregó
para ampliar el campo de la historia, para replantear sus
problemas, revalorizar el papel del hombre en la sociedad. Para
Braudel, fue, después de Michelet, "el único gran historiador
francés",. Su influencia se ejerció no sólo en Francia y Europa,
sino en el resto del mundo.
Se consideró a sí mismo historiador "por gusto y por
deseo, por no decir de corazón y de vocación" 2 • Sus verda-
deros maestros fueron Ouruy y Michelet, a los que leyó a

1 BRAUDEL, F. lucien Febvre (1878-19561, en Anuwio del Instituto de


lnvestifiiiCionft Hist6rlc.s. N" 2, Roaerio. 1957, p. 271.

2 FEBVRE. L. Combates por 111 Historia. Barcelona. 1970, p.S.

185
temprana edad en la biblioteca paterna, y más tarde, entre los
16 y 21 años, Reclus, Burckhardt, Courajod y sus lecciones en
la Escuela -del Louvre sobre el renacimiento borgoñón y
francés, Standhal. Y, junto a esta alma de papel, como él la
llama, su "alma campestre y rústica: la Tierra fue ... la otra
maestra de historian. 3
Para Halperín fue "un francés irreductiblemente ape-
gado al racionalismo democrático de la Revolución, a su gran
vocero Michelet. Por Michelet· profesó Febvre una devoción
nunca desmentida " 4 . Halló inspiración en la tradición romántica
en la búsqueda de métodos y criterios renovadores.
Según el propio Febvre sus primeros años transcurridos
en Nancy, sus vivencias del Franco Condado y Lorena reu-
nieron en él la "áspereza crítica. polémica y guerrera" que
hicieron que no aceptara la historia de los vencidos en 18 70,
su culto por los hechos, obsesión de los hombres que los
adoctrinaron entre 1895 y 1902. Ante esto reaccionó instin-
tivamente y sin el apoyo de los historiadores, aunque si con el
de sus amigos lingüistas, médicos, psicólogos, geógrafos, se
inscribió entre los fieles de la Revue de Synthese Historique y
de su creador Henri Berr. A pesar de trabajar solo, le dieron
seguridad las obras de Henri Pirenne y el respaldo de Marc
Bloch, su discípulo.
Durante veinte años trabajó en la Enciclopédie
Fran9aise, dictó cursos en la Escuela Normal Superior, en las
Universidades de Dijon y Estrasburgo, en la Universidad Libre
de Bruselas y desde 1933, en el College de France.
Junto con Marc Bloch participó activamente en la
renovación de las ciencias humanas en cuyo contexto la
historia ocupó un lugar especial y una nueva nominación: la de

31bid., p. 6-7.

4 HALPERIN DONGUI, T. Lucien Febvre, en Anuario de/Instituto de Investigaciones


Hi3tórjcas, N° 3, Rosario, 1958, p. 380.

186
Nueva Historia. Febvre y Bloch encararon la fundación, en
1929, de la Revista Annales d' Histoire Economique et Socia/e.
Retomaban un antiguo proyecto de Febvre de realizar una
revista tnternacional de historia económica con el propósito de
sacar a la historia de la rutina, abrir nuevas perpectivas,
experiencias, métodos, derribar barreras que la separaban del
resto de las ciencias afines. Sus objetivos eran luchar contra
la historia meramente política, buscar los auténticos motivos
(geográficos, económicos, religiosos, psicológicos, ... ) que
explican el pasado integral del hombre. Querían plantear una
historia problemática, una historia para el presente que se
abriera al mundo entero. Aparecieron entonces dos obras
programáticas, que marcaron verdaderos hitos de renovación:
La sociedad feudal, de Bloch y El problema de la incredulidad
en el siglo XVI. La religión de Rabelais, de Febvre, donde
analizaba la larga duración de las ideas, de los sentimientos, de
las creencias.
Durante la ocupación alemana Bloch propuso dejar de
publicar la revista, pero Febvre no estuvo de acuerdo. Según
Fontana prefirió acomodarse a la situación, realizó un viraje
teórico, minimizó los alcances del título de la revista y, para
evitar sospechas, aclaró que el nombre de economías era un
residuo de las discusiones suscitadas por el materialismo
histórico y que lo de social no significaba nada. Pero el viraje
no fue sólo producto de las circunstancias, pues concluida la
guerra continuó en esta misma postura, que aparece en sus
Combates por la historia (1953) y que sirvió de inspiración
para la nueva etapa de los Annales, con su nombre actual,
entre 1946y 1956. 5
Finalizada la guerra, muerto Bloch por los alemanes, fue
Febvre el director de la nueva etapa de renovación de los

5 FONTANA, J., #~Gloria. Anltlisis del pesado y proyecto sochJ/, Bwceione, 1982, p.
202.

187
Annales y el que consiguió, de los gobiernos de la liberación,
la creación de la Sección VI de la Escuela Práctica de Altos
Estudios, "c1:1yo programa -interdisciplinario, abierto a todo el
mundo. basado en la investigación y en las encuestas
colectivas- es el de los Annales y donde la historia representa
un papel de inspiración y entrenamiento", acontecimiento
importante para la Nueva Historia que ahora "se transmite por
la enseñanza, la investigación, la discusión junto a las disci-
plinas afines y desemboca en una institución". 6
Al morir Febvre en 1956 en el Franco Condado, la
dirección recaería en Fernand Braudel, pero los lineamientos
generales ya estaban dados.
Además de la obras mencionadas, fue autor entre otras
de: Felipe 11 y el Franco Condado, Margarita de Navarra, En
torno del "Heptamerón ": amor sagrado, amor profano, Des
périers y el Cymbalum Mundt~ La Tierra y la evolución huma-
na, Lutero, además de numerosos escritos menores, notas
críticas, necrológicas.
A pesar de la importancia y de la trascendencia de la
obra de Febvre son pocos los trabajos con que contamos, en
nuestro medio, sobre su pensamiento. En el presente escrito
trataremos de extraer su concepción histórica, sus ideas sobre
la relación de la historia con otras ciencias, en especial con la
geografía, su aporte a la historia de las mentalidades, a través
de sus obras: Combates por la historia, El problema de la
incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, Martín
Lutero. Un destino y La Tierra y la evolución humana.

6 LE GOFF, J, L• Nu11v11 histori11, en Dicciomvio del s11ber moderno, dir. J. Le Goff, R.


Chartier, J. Revel, Bilbao, 1988, p. 273.

188
Concepd6n de la Historia

a. Concepto de Historia

Crítico del positivismo, de la historia historizante, con-


sideraba Febvre, que la tradicional definición de historia, según
la cual ésta se hace con textos, con palabras, fechas, nom-
bres, siguiendo un estricto orden cronológico, la había vaciado
de su potencia real, convertido sólo en un método. Pero con la
guerra, todo había cambiado y entrado en crisis; el mundo de
la certeza, de la matemática, de la física se había derrumbado.
Se planteaba entonces, cómo podía permanecer igual, inmóvil
la historia, en un mundo en transformación. Surgía la nece-
sidad de redefinirla como la ciencia del hombre, del pasado
humano, de los hechos humanos, no de las cosas o de los
conceptos.
En su opinión la Historia era "el estudio científicamente
elaborado de las diversas actividades y de las diversas crea-
ciones de los hombres de otros tiempos, captadas en su fecha,
en el marco de sociedades extremadamente variadas y, sin
embargo, comparables una a otras (el postulado de la socio-
logía); actividades y creaciones con las que cubrieron la
superficie de la tierra y la sucesión de las edades". 7
Estudio científicamente elaborado y no ciencia, porque
ciencia, decía Febvre, es una suma de resultados, pero no
significa el replanteamiento, el retoque, el repensar y rea-
daptar. Para él, la Historia implicaba plantear problemas y
formular hipótesis. Antes, por estar basada sólo en hechos, el
historiador repetía, recogía, no se planteaba interrogantes, no
recreaba. Su método parecía universal, pero habían surgido
otras disciplinas (psicología, sociología, geografía humana) que

7 FEBVRE, Combata. •. , p. <40.

189
satisfacían otras necesidades que no se encontraban en la
historia política o diplomática. Al cambiar la vida, era necesa-
rio cambiar Jas antiguas teorías, revisarlo todo, incluso la
Historia, no la puntillosa sino la que respondía a las preguntas
que el hombre del momento se planteaba.

b. Objeto de la historia

El objeto de la historia es· el hombre, en el marco de las


sociedades, con diferentes funciones, necesidades y activi-
dades, pero siempre el hombre completo, aclaraba Febvre,
aunque el historiador pueda interesarse por una o varias de sus
actividades. Ciencia del hombre y también de los hechos
humanos, es tarea del historiador "volver a encontrar a los
hombres que han vivido los hechos y a los que, más tarde se
alojarán en ellos para interpretarlos en cada caso" .8
Para los historiadores positivistas el hecho se le
presentaba al historiador, éste no lo elegía. Para Febvre. en
cambio, la historia es elección, es el hombre el que la elabora,
el que hace incapié en un aspecto o relega otro. Es el his-
toriador quien recrea o crea sus materiales, quien plantea
hipótesis, da soluciones a un problema. Al designar con el
mismo término a la ciencia y a su contenido. los historiadores
consideraban imprescindible establecer primero los hechos y
luego operar sobre ellos, hacían del hecho un fetiche, hablaban
mucho de la ciencia, pero temían plantearse hipótesis. Inte-
resados sólo en la historia política o diplomática, no se
ocupaban de otros aspectos, olvidando que el sujeto no es la
diplomacia sino "el mundo, sus descubrimientos, sus triunfos.
sus pasiones" 9 • Les faltaba sentido histórico. "un esfuerzo

8 lbid., p. 29.
9 lbid .. p. 102.

190
constante, tenaz, desesperado para entrar y hacer entrar al
lector en la piel c;Se los hombres de antaño" . 10
Al ser la historia la ciencia del hombre, de las so-
ciedades humanas era necesario pensar todo de nuevo,
situarse en el tiempo y en el espacio. Hablar de espacio es
hablar de geografía, hablar de tiempo es hablar de historia. Por
lo tanto, decía Febvre, era preciso ubicarse en el espacio,
luego ubicar a los hombres que vivieron antes en ese univer-
so, conocer el clima natural de la historia que es el de la
duración, sujeta a cambios perpetuos y continuos. Hacer
desaparecer a la historia como a una necrópolis dormida,
despojada de sustancia, lanzarse a la vida, bañándose, su-
mergiéndose en ella, penetrándose de su humanidad para así
poder desplegar fuerzas de investigación y poder resucitar el
pasado. Arrancar siempre del presente para comprender e
interpretar al pasado, organizar el pasado en función del
presente.
Por eso definía "Gustosamente la historia como la ne-
cesidad de la humanidad, la necesidad que experimenta cada
grupo humano, en cada momento de su evolución, de buscar
y dar valor en el pasado a los hechos, los acontecimientos. las
tendencias que preparan el tiem-po presente, que permiten
comprenderlo y que ayudan a vivirlo ... " 11

c. Objetivo del historiador

Comprender y hacer comprender. tal era para nuestro


autor, el objetivo de los historiadores. Saber era sólo el co-
mienzo, lo fundamental era investigar, discutir las soluciones
obtenidas y, cuando fuera necesario, revisar los antiguos

101bid.,p.l38.

, 'lbid., p. 137.

191
procesos, porque "la historia es hija del tiempo ... por tanto, los
historiadores debemos hablar sobre todo de adaptación al
12
tiempo" • El historiador no debe juzgar, ni menos prever, sí
adentrarse en la piel de los hombres de antaño.
Al referirse a la intencionalidad con que escribió Martín
Lutero, aclaraba que "no hemos tenido más que una idea:
comprender y en la medida en que nos sea posible,. hacer
comprender" 13 • En los libros de historia debía aparecer el ser
humano que siente, que piensa, que sufre, que actúa, que
goza, no sólo títulos, fechas, hombres. Debía brindarse una
imagen viva, violenta incluso, de los personajes, no la imagen
personal del historiador 14 • "Recomponer la mentalidad de los
hombres de otra época, ponerse en su cabeza. en su piel, en
su cerebro para comprender lo que fueron, lo que quisieron. lo
que consiguieron; ... " 15
Pero junto a las características globales de los hombres
de una época, el historiador debía estar atento al drama del
gran hombre, ya que sus obras adoptadas por la multitud y
desarrollados sus efectos a lo largo de los tiempos a veces
acaban diciendo lo contrario de lo que querían decir.

La lnterdisciplinariedad y el Método

Ya hemos mencionado que, para Febvre, la historia no


podía permanecer aislada, sin contacto con el resto de las
ciencias, debía relacionarse con ellas. tomar prestados sus
métodos y su inspiración, era preciso trabajar en equipos de

12 FEBVRE, L, El problema deis incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais,


México, 1959, p. 1·2.
13 FEBVRE, L, Msrtln Lutero un destino, México, 1966, p. 9.
14 lbid., p. 39.

15 FEBVRE, Combates... , p. 17 3·1 7 4.

192
distinta formación.
Concebida la historia como viva y humana debía recurrir
a todos los textos, no sólo a los documentos de los archivos,
todo debía ser utilizado: un cuadro, un poema y especialmente
los que aportan las nuevas disciplinas: lingüística, demografía,
estadística, psicología, " ... porque la historia se edifica, sin
exclusión, con todo lo que el ingenio de los hombres puede
inventar y combinar para suplir el silencio de los textos, los
estragos del olvido ... " 16 • Ya que la historia se hace con espí-
ritu, con cultura, con un mínimo de conocimientos, con
material variado (nombres de lugares, examen comparado de
grupos de palabras, distribución de sepulturas, nombre de los
santos de las iglesias, formas jurídicas, ceremonias, costum-
bres, etc.), el historiador debe ser ingenioso, activo, debe
poder suplir, sustituir, completar. Por lo tanto la historia debe
hacerse con documentos escritos, pero también con "todo" lo
que et historiador puede permitirse utilizar, "con todo lo que
siendo del hombre depende del hombre, sirve al hombre,
expresa al hombre, significa la presencia, la actividad, los
gustos y las formas de ser del hombre" . 17
El historiador debe ingeniarse para llenar los vacíos de
información, para hacer que las cosas mudas le hablen sobre
los hombres y las sociedades.
Además consideraba que si sólo se recurría a los textos
se podían cometer equivocaciones, pues detrás de ellos los
historiadores colocamos "de manera intuitiva nuestras ideas,
nuestros sentimientos, el fruto de nuestras investigaciones
científicas, de nuestras experiencias políticas y de nuestras
realizaciones sociales". 18
Para Febvre, el método histórico, el método filológico,

16 FEBVRE, Cotr~HtltS.•• , p. 30.


17 lbid., p. 232.

18 FEBVRE, 8 problema•..• p. 5.

193
el método crítico, "eran bellos útiles de precisión", había que
honrar a sus inventores y a los que los usaron perfec-
cionándolos,. pero no era suficiente que el historiador supiera
manejarlos, era necesario para merecer el nombre de histo-
riador lanzarse a la vida, penetrarse en ella de humanidad para
poder resucitar el pasado" .19
Se lamentaba Febvre que a los historiadores les cos-
taba, les chocaba la investigación colectiva, preferían seguir en
su torre de marfil, separados [Link] social, al margen de las
transformaciones de las ciencias.
Además, esas ciencias solidarias al historiador demos-
traban que todo hecho científico es inventado y no sim-
plemente dado al sabio y en la historia ocurre lo mismo. Para
él toda historia era ya elección, consideraba que no era verdad
que el historiador no tiene derecho a elegir los hechos pues
éstos no se perciben por sí mismos. "En realidad, agregaba, la
historia es elección. Arbitraria, no. Preconcebida, sí" 20 . El his-
toriador sumiso a los hechos, que no los consideraba fa-
bricados, elegidos por él no merecía el nombre de historiador.
Según su punto de vista, era necesario trazar planes de
coordinación, de cooperación con otras disciplinas, encarar
investigaciones colectivas, huir de la especialización. Hacer de
la historia una ciencia de problemas a plantear.
Había que adentrarse en otras historias, no sólo la di-
plomática o política: buscar las causas, los motivos en todos
los ámbitos (geográfico, económico, social, religioso, etc.).
Tampoco limitarse a la historia de los grandes hombres y de
los sucesos más destacados, sino de los hombres que piensan,
viven, actúan de determinada manera. El sujeto, no era, para
él, la diplomacia, sino el mundo, sus descubrimientos, sus
pasiones, porque sino faltaba la vida dura, original, profunda.

19 FEBVRE, ~ttiS... , p. 71.

20 lbid., p. 179.

194
De este trabajo colectivo, en equipo, debra buscarse en
la historia los elementos de solución para los grandes pro-
blemas que la vida plantea a la sociedad y a las civilizaciones.
Se necesitaba tener más amplitud de miras, de inteligencia, de
imaginación, recordando siempre que la historia no es sólo el
individuo sino de los individuos y los grupos ya que el per-
sonaje histórico "se desarrolla en y por el grupo" 21 , y aunque
por allí se separe del grupo, para que la obra humana crezca
es necesario que nuevamente el hombre se sumerja en el
grupo.

Mentalidad y Psicología Colectiva

Padre de la Historia de las Mentalidades, consideraba


Febvre, que la historia no sólo debía buscar y dar valor a los
hechos pasados, sino también "recomponer la mentalidad de
los hombres de otra época: ponerse en su cabeza, en su piel,
en su cerebro para comprender lo que fueron, lo que quisie-
ron, lo que consiguieron" 22 . Su obra máxima, en este aspecto,
es su trabajo sobre Rabelais y la incredulidad en el siglo XVI.
Al iniciar este trabajo nos aclaraba que era "un ensayo sobre
el sentido y el espíritu del siglo XVI francés" 23 , porque cada
época, es hija del tiempo "cada época forja mentalmente su
universo", lo elabora con lo adquirido y lo propio, de la misma
manera que elabora mentalmente su representación del pasa-
do histórico. Su objetivo era saber de qué manera entendieron,
comprendieron, los hombres de ese siglo a Rabelais; desen-
trañar las creencias de la época, no perderse en detalles sino
buscar las concepciones espirituales del siglo. En resumen,

2, lbid .• p. , 26.
22 lbid., p. 173.

23 FEBVRE, B problwrta••• , p. l.

195
"volver a reflexionar todo un siglo •. 24
Para cumplir este propósito el historiador instrufa un
proceso a Rabelais haciendo comparecer a sus amigos y ene-
migos, a las propias obras del autor, a los documentos que
sobre él se han escrito, pero siempre leyendo todo con ojos de
1530 o de 1540, pensando como ellos; teniendo en cuenta los
hábitos, las maneras de ser, de actuar, de pensar, propios de
la época y distintos a los nuestros. Además, aclaraba, que
había que desconfiar del valor de las palabras de antaño, no
poner excesiva confianza en los argumentos y en las acu-
saciones pretéritas pues los hombres varían y los de ese
momento no sentían la necesidad de exactitud, de objetividad
como la sentimos nosotros. 25
Luego de hacer hablar al mismo Rabelais, a través de su
obra, para completar el cuadro, se planteaba el problema de la
credulidad e incredulidad en ese siglo. Analizaba el papel de la
religión cristiana en la vida de los hombres, tanto en la vida
privada (nacimientos, enfermedades, casamientos, muertes,
testamentos), en la vida profesional (universidades, corpora-
ciones de artesanos de artes y oficios, etc.), en la vida pública
(Estado, Rey). Y concluía que todo estaba saturado de religión,
la Iglesia estaba dentro de todo, ahincada en el corazón de la
existencia de los hombres, de su vivir sentimental, de su vida
privada y pública. Se preguntaba entonces cómo podía un
hombre desprenderse de la religión en el siglo XVI, si ni la
filosofía ni la ciencia les daban las bases para hacerlo, si les
faltaban los "utensilios mentales" imprescindibles para ha-
cerlo.
Para Febvre, cada civilización poseía un conjunto de
"utensilios mentales" que variaban en cada época con cada
progreso de esa civilización y que, si bien podía transmitirlos

24 lbid., p. 8
25 lbid., p. 119.

196
a otras, era posible que se produjeran "mutilaciones, retro-
cesos, de formaciones importantes; o al contrario, progresos,
adelantos, enriquecimientos, nuevas complicaciones y com-
plejidades•. Ese conjunto mental sólo tiene "validez para la
civilización que supo forjarlo; tiene valor para la época que lo
aplica; pero no sirve para toda la eternidad ni para toda la
humanidad, ni siquiera para el limitado curso de una evolución
interna de civilización ... " 2e. Por lo tanto considerada "absurdo
y pueril suponer que la incredulidad de los hombres del siglo
"XVI, en la medida en que se hizo realidad, sea comparable a la
nuestra ni en lo más mínimo. Y resulta insigne insensatez con-
vertir a Rabelais" en cabeza de una lista de libres pensa-
dores27. Concluía afirmando que podía considerarse a Rabelais
como un espíritu independiente, emancipado de muchos pre-
juicios, pero para su época, y que el siglo no fue escéptico, ni
libertino, ni racionalista, pues estaba viva la religiosidad pro-
funda en la mayoría de los creadores del mundo moderno. 28
Le interesaba el aspecto psicológico de las grandes
individualidades, pensaba que sería útil que psicólogos e
historiadores se unieran. Al estudiar un personaje histórico
consideraba que debían plantearse dos problemas. Por una
parte recomponer la figura intelectual, material y moral de un
hombre, buscar en él las leyes generales de la psicología,
buscar los elementos múltiples y contradictorios. Para luego,
apreciar en su justo valor el rol del personaje, darle su lugar en
la historia, ver cómo su voluntad e inteligencia pesaron en los
destinos de un pueblo. Planteados dos problemas, se hacía
necesario recurrir a dos métodos, ligados pero no confusos.
Era preciso para el historiador psicólogo ver a ese hombre en
distintas etapas de su vida, las influencias que se ejercieron

26 lbid., p. 122.
27 lbid., p. 397.

28 lbid., p. 400.

197
sobre él, no aislar al individuo estudiado de sus ascendientes
y descendientes, datar los hechos y seriar los cambios. 29
Al escribir sobre Lutero no se propuso hacer una bio-
grafía, sino plantear "a propósito de un hombre de singular
vitalidad, el problema de las relaciones del individuo con la
colectividad, de la iniciativa personal con la necesidad social,
que es, tal vez, el problema capital de la historia ... " 30 . La figura
y la doctrina de Lutero le servían para comprender y ·hacer
comprender la psicología y las reacciones colectivas del pueblo
alemán de la época, a la que siguieron otras impregnadas de
luteranismo, ya que éste aportó una "nueva manera de pensar,
de sentir y de practicar el cristianismo, que se convirtió en una
nueva religión, en la generadora si no de una nueva raza de
hombres, si en una nueva variedad de la especie cristiana: la
luterana". 31
Nos presentaba al alma de Lutero, aunque sólo en for-
ma de esbozo esquemático, y, junto a él, la "masa ruidosa de
los hombres, de los alemanes de ese tiempo que, apoderán-
dose del pensamiento, de la palabra Lutero, deformándola
según sus deseos y sus tendencias, le van a conferir su valor
social y su dignidad colectiva" 32 • Por ser un profeta iba a lograr
ponerse a la cabeza de una Alemania anárquica y darle unidad
por un tiempo, forjando una historia dramática, llena, variada,
amenazante para el poder político. Concluido ese período en
1538, se preguntaba qué había quedado.
Aunque Alemania no se había unificado y la religión
aparecía dividida, opinaba que se debe considerar a Lutero
como uno de los padres del mundo moderno, del mundo y del

29 FEBVRE, L. A propos d'une étude de psycho/ogie historique, en: Revue de


SynthilseHistorique, T. XXVII-3, N°81, París, 1913, p. 14.

30 FEBVRE, Martln Lutero... , p. 9

31 lbid., p. 11-12.
32 lbid., p. 75.

198
espfritu germánicos. Sin proponérselo había creado situacio-
nes Y consecuencias que influyeron en todo el mundo y que
siguen flotando sobre las aguas germánicas. Pero dejaba acla-
rado que ·No juzgamos a Lutero. ¿Qué Lutero, además, y
según qué código? ¿El nuestro?, ¿o el de la Alemania contem-
poránea? Prolongamos sencillamente, hasta los extremos
confines de un tiempo presente que estamos mal preparados
para apreciar a sangre fría, la curva sinuosa, y que se bifurca,
de un destino póstumo •. 33

Posibilismo Geográfico

Se planteaba Febvre si el estudio de las relaciones del


suelo con las sociedades humanas transportando el problema
en el tiempo no sería una quimera. Trató de resolverlo a través
de una reflexión crítica, de un trabajo de orientación en su obra
La Tierra y la evolución humana que debía aparecer en 191 5.
pero luego por la guerra fue editada en 1922. Allí se cues-
tionaba • que determinaciones o predeterminaciones imponía
la tierra habitable ... , en sus diversas partes, a la Historia". 34
En ella criticaba el determinismo de Ratzel y sus se-
guidores que atribuían concordancias a los hombres que
habitaban en condiciones geográficas semejantes. estudian-
do en bloque situaciones complicadas. Para el padre de los
Annales, este estudio global era imposible. En primer lugar
había que sustituir al hombre por las sociedades humanas,
luego examinar lo que es la Tierra, separar los elementos
diversos que condicionan la vida humana, para luego poder
recomponerlos y combinarlos.

33 lbid., p. 274.
34 FEBVRE, L, t. tierr• y la evolución [Link]. Introducción gfKigráfícs a ls Historia,
México, 1957, p. 1.

199
Si bien opinaba que el clima con sus diversos elemen-
tos (temperatura, altitud, latitud, vientos, mareas, etc.) in-
fluenciaba en la fisiología y psicología humana, esta influencia
no era absoluta ni fatal. En lugar de las soluciones deter-
ministas prefería las posibilistas de Vidal de la Blache.
La influencia del clima sobre el hombre, aclaraba, se
ejerce a través del medio natural en que el hombre vive. El
clima erosiona, cambia el medio y como la botánica y la
zoología dependen de él, ésto es lo que importa para el
hombre. Había que establecer previamente marcos climato-
botánicos y luego analizar si existía un tipo especial de
sociedad humana para cada uno de ellos.
No se nos presenta el hombre sólo, sino que siempre
estamos en presencia de grupos humanos organizados que
encuentran ante sí otras sociedades, animales y vegetales, que
están constituidas por elementos antagónicos, en estado de
equilibrio real pero inestable. "Entre tales elementos, el hombre
es el árbitro. Es el momentum, el pequeño pero mínimo que
hace inclinar la balanza, un gesto suyo, insignificante y débil
repercute hasta el infinito y amplifica progresivamente hasta
ocasionar consecuencias del todo desproporcionadas al gasto
de fuerza realizado primitivamente " 35 • No es la acción del
hombre aislado la que rompe o mantiene el equilibrio, sino la
de las colectividades.
Estas grandes regiones climatobotánicas, consideradas
en función del hombre eran para Febvre, "simples conjuntos de
posibilidades para las sociedades humanas que las utilizan,
pero que no son determinadas por ellas ... " 36 , no tienen nada
de tiránico, no ejercen acciones sincrónicas y de igual im-
portancia, no son "nada estricto, nada rígido, nada mecá-

35 lbid., p. 161.

36 lbid., p. 163.

200
7
nico.a • En ellas no hay •nada sincrónico, nada necesario, nada
determinado: sino variaciones perpetuas, mutaciones y caídas
letárgicas, bruscos despertares y la actividad humana diri-
giendo la acción ... 38
¿Oué condiciones debían reunir estas regiones que
presentan posibilidades crecientes o decrecientes al hombre?
Era necesario que una comunidad humana encontrara a su
disposición en ellas, un orden animal y vegetal para subvenir
a sus necesidades, que pudiera sacar partido de esos recur-
sos naturales, sacarles provecho. Pero también debía contar
con puntos de apoyo favorables para su esfuerzo y si bien el
elemento topográfico (llanura, meseta, montaña) era im-
portante no se podían extraer reglas generales o universalizar
diciendo que hay sólo un tipo de hombre montañés o de
llanura, ya que a veces el hombre ha explotado de la misma
manera ese elemento pero otras no.
Tampoco encontraba que se podía universalizar en los
marcos naturales más sencillos (islas de mar; de desierto,
oasis; de montaña, valles) porque no siempre el hombre los ha
aprovechado de la misma manera y no sólo ha influído el medio
sino también la política interna e internacional y el aislamiento
es relativo por ser un hecho humano.
Estas generalizaciones sumarias le parecía vanas y
vacías. Y agregaba: "Se razona siempre como si las sociedades
humanas que tenemos actualmente fuesen destinadas para
toda la eternidad, por un decreto ineludible de la Providencia
geográfica, a su habitar actual y como si llegadas enteramen-
te nuevas a un medio invariable, todas las particularidades que
presentan resultasen de una adaptación inmediata a ese
medio ... " 39 . Si bien los marcos naturales tienen un valor

37 lbid., p. 167.
38 lbid., p. 173.

39 \bid., p. 2l8.

201
práctico y nos ayudan a estudiar las posibilidades, hay que
recordar que son medios no fines.
Con respecto al modo de vida de una comunidad, con-
sideraba que es el hombre el que elige entre distintos medios
como va a satisfacer sus necesidades, son sus hábitos,
gustos, ideas, aptitudes, prácticas los que diferencian a una
comunidad de otra, no sus formas de alimentación. Son
realidades complejas, que no se pueden resolver en palabras
vanas y confusas, como ganadería, nomadismo, agricultura,
sedentarismo, haciéndolas pasar como etapas fijas de la
evolución de la humanidad.
Tampoco las agrupaciones políticas escapaban para
Febvre de esta regla, las fronteras, los límites naturales no
poseían para él un valor propio, un poder coercitivo y creador,
no eran algo predestinado. A veces eran obstáculos, otros
lazos de unión, de expansión o de irradiación. El hombre hace
en política lo que hace en el mundo botánico, rompe unidades
naturales, países, para formar otras unidades políticas. Es el
genio del hombre el que actúa, los grandes estados no viven
aislados, reciben y remiten influencias; hay intercambio de
personas, ideas, creencias, surgen así las civilizaciones gene-
ralizadas, los mundos.
A las mismas conclusiones llegaba al estudiar las vías
de comunicación que cambian no porque varíe el medio, sino
porque varían las necesidades, los medios de transporte, los
adelantos técnicos. Importa el tráfico que alimenta la ruta, sea
esta comercial, religiosa, intelectual, y especialmente en las
rutas políticas, conservadoras o generadoras de estados, su
papel ha variado con las épocas, en éstas son la historia y la
política las que tienen expresión directa no la geografía. Todo
es resultado de la actividad reflexiva, inteligente, creadora del
hombre, de su voluntad pugnando por adaptarlas a sus ne-
cesidades y no esperando pasivamente sus efectos. A idén-
ticas reflexiones llegaba al analizar el caso de las ciudades,
fueran éstas fortalezas, ciudades comerciales o capitales polí-

202
ticas, religiosas o intelectuales, todas son creación humana y
el hombre ha aprovechado el medio de acuerdo a sus ne-
cesidades del momento.
Siempre el hombre, sus obras, sus huellas materiales
en el suelo, cada vez jugando más un papel de causa que de
efecto. "Se presenta como un ser esencialmente dotado de
iniciativa, tan bien armado que puede afrontar las fuerzas
naturales sin temor, con la certeza de vencerlas ... Su interés es
la única forma para este egoísmo, formidablemente armado y
cada vez más estrecho.
De este modo, desterrado de la Geografía como pa-
ciente, el hombre civilizado de hoy reaparece en ella en el
primer plano, como dominador y agente" .40

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