Novena
Novena
Credo
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la
derecha de Dios Padre Todo Poderoso; desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de los muertos, y la vida eterna, Amen.
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que alguno de cuantos han acudido a
tu protección e implorado tu socorro, haya sido abandonado de Ti.
Animados por esta confianza, a ti acudimos, y aunque agobiados bajo el peso de nuestros pecados nos
atrevemos a implorar tu favor, pues eres abogada de los pecadores y auxilio de los cristianos.
No deseches, oh madre de Dios, nuestras humildes suplicas, mas bien, alcánzanos el perdón de nuestros
pecados, luz y acierto para hacer una buena confesión de todos ellos, virtud para conservar siempre la
gracia de Dios y con tu auxilio conseguir nuestra eterna salvación.
Y, si conviene para el bien de nuestras almas, te pedimos los siguientes favores (cada uno pida las gracias
que desea) y deseamos, que en todo se cumpla la voluntad de Dios.
Amén.
La Anunciación
(Lectura del Santo Evangelio: Lucas 1,26s)
Fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una virgen
desposada con un varón llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
Y presentándose a ella le dijo: “Salve, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Ella se turbo al oír aquellas palabras y se preguntaba que podía significar aquella salutación.
El ángel dijo: “No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios y concebirás y darás a luz un
hijo a quien pondrán por nombre Jesús. El será grande y llamado Hijo del Altísimo y le dará el Señor Dios
el trono de David, su padre.
Dijo María al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, pues no conozco varón?”
El ángel le contesto: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra,
y por eso el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios”.
Dijo entonces María: “He aquí la esclava de Señor, hágase en mi según tu palabra”.
Palabra de Dios.
En el año 1914 estaba los Padres Salesianos construyendo un gran templo en Barranquilla en el Barrio del
San Roque, de gente muy pobre. El Padre Superior mando al Padre Juan que fuera por la ciudad a pedir
limosna para la construcción del templo, pera tal la vergüenza que sentía el Padre del Rizzo por pedir
limosna que volvió sin haber recogido ni un solo centavo porque no se atrevió a pedirle a nadie.
Al día siguiente el superior lo volvió a mandar a pedir limosna y entonces nuestro sacerdote lleno de
angustia fue a arrodillarse ante la imagen de María Auxiliadora, y levantando los ojos vio al Niño Jesús
que estaba en los brazos de la Virgen sonriéndole y con los brazos abiertos como diciéndole: “Llévame
contigo que quiero acompañarte en tu viaje.
El padre entonces se puso a pensar: “hasta ahora solamente he pedido favores a la Mama,
María Santísima, que es muy poderosa y me ayuda muchísimo, pero sin embargo es una criatura, ¿Por
qué no hago en ensayo de pedirle al Hijo que es Dios? Y le encomendó al Niño Jesús con toda su alma
que le concediera el valor para salir a pedir para el templo.”
Sintió entonces una oleada de valor por todo su ser y salió a la calle y recogió una buena cantidad de
ayudas para la construcción. En adelante recibió tal valentía para pedir a favor de las obras de Dios, que
necesitaba tener siempre entre manos alguna obra de beneficencia para hallar ocasión de pedirle ayuda a
la gente.
Y desde aquel para el Padre Juan del Rizzo no hubo sino un gran Amor en la tierra: El Niño Jesús. De El
hablaba. Por el trabajaba, y por propagar su devoción agoto su vida y todas sus energías.
Creemos que ahora en el cielo estará recibiendo del maravilloso premio que Jesucristo prometió a sus
amigos cuando dijo: «Al que me proclame ante la gente de esta tierra, Yo le proclamare ante Dios y los
Ángeles del cielo».
Práctica: Propagare la devoción al Divino Niño Jesús repartiendo Novenas, estampas o Consagración
del Hogar o narrando los favores que Él me ha concedido.
GOZOS
Oh Divino Niño mi Dios y Señor
tu serás el dueño de mi corazón
Niño amable del mi vida consuelo de los cristianos
la gracia que necesito pongo en tus divinas manos
Oh Divino Niño mi Dios y Señor
tu serás el dueño de mi corazón
Tu que sabes mis pesares
pues todos te los confió da la paz a los turbados
y alivio al corazón mío
Oh Divino Niño mi Dios y Señor
tu serás el dueño de mi corazón
Y aunque tu amor no merezco no recurriré a ti en vano
pues eres Hijo de Dios y consuelo del cristiano
Oh Divino Niño…
Acuérdate o Niño Santo
que jamás se oyó decir que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir
Oh Divino Niño …
Por eso con fe y confianza
humildes y arrepentidos llenos de amor y confianza
tu protección te pedimos
Oh Divino Niño mi Dios y Señor tu serás el dueño de mi corazón
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
El ángel dijo a María: “Isabel tu parienta ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de la
que era estéril, porque nada hay imposible para Dios”.
María entonces se puso en camino y con rapidez fue a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa
de Zacarías, y saludó a Isabel. Así que oyó Isabel el saludo de María, dio saltos de placer el niño en su
vientre.
¿De dónde a mí, que la Madre de mi Señor venga a mi? “Dichosa tu que has creído porque se cumplirán
las cosas que se te han dicho de parte del Señor”.
Y dijo María: “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha
mirado la humildad de su sierva, y por eso todas las generaciones me llamaran bienaventurada, Porque ha
hecho en mi maravillas el Poderoso, cuyo nombre es Santo”.
María permanece con Isabel como tres meses y se volvió a su casa. Palabra del Señor.
En 1935 llega el Padre Juan a los terrenos del 20 de Julio, al sur de Bogotá, una región muy solitaria y
abandonada en aquellos tiempos.
Le habían prohibido emplear la imagen del Divino Niño Jesús de Praga porque una asociación muy
antigua reclamaba el derecho exclusivo de propagar esa imagen.
El padre del Rizzo estaba convencido de que a Dios le agrada mucho que honremos la infancia de Jesús,
pues así lo ha demostrado con sus innumerables y maravillosos milagros. Si otros niños son tan inocentes
y tan dignos de ser amados, ¿Cuánto más lo será el Divino Niño Jesús?
Además recordaba muy bien la promesa hecho por nuestro Señor a una santa: “Todo lo que quieras pedir,
pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado, si te conviene conseguirlo”.
Así que no desistió de propagar la devoción al Divino Niño pero dispuso adquirir una nueva imagen.
Se fue a un almacén de arte religioso llamado “Vaticano”, y le encargó una imagen bien hermosa del
Divino Niño. Le presentaron una imagen bellísima, pero detrás del Niño había una cruz. Dijo con su
modo acostumbrado de chancear: “¿Tan chiquito y ya lo quiere crucificar?
Quítenle esa cruz y me lo llevo”. Le quitaron la cruz y el Padre llevó la imagen para sus solitarios,
desérticos y abandonados campos del “20 de Julio”. Ahora empezaría una nueva era de milagros en esta
región.
Esta es una de las imágenes más hermosas y agradables que se han hecho de nuestro Señor. Con los
brazos abiertos como queriendo recibir a todos. Con una sonrisa imborrable de eterna amistad.
Atrae la atención y el cariño desde la primera vez que uno lo contempla.
Allí a su alrededor se han obrado maravillosos favores, que para quien no conozca los prodigios que
obtiene la fe, parecerían fabulas o cuentos inventados por la imaginación, pero para quienes recuerdan la
promesa de Jesús: “Según sea vuestra fe, así serán las cosas que te sucederán”, estos favores son
aceptados como el cumplimiento de la palabra dada por aquel que prometió solemnemente: “El cielo y la
tierra pasaran, pero mis palabras no pasaran”.
Y una de sus palabras han sido estas: “Nada es imposible para quien tiene fe”.
Práctica: Por amor a Dios callare cuando estoy de mal genio, y rezaré por los que me han ofendido
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Nacimiento de Jesús
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea, a la
ciudad de David, que se llamaba Belén, para inscribirse con su esposa María que estaba encinta.
Y mientras estaba allí le llego el tiempo de dar a luz, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en
pañales y lo acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada. Y en aquella región habían
unos pastores que pasaban la noche al aire libre, viendo por turnos su rebaño. Y un ángel del Señor se les
presento.
El ángel les dijo: “No temáis, os traigo una buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy en
la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal; encontrareis un
Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y apareció una legión de ángeles que cantaba:
“Gloria a Dios en el cielo, y paz en la tierra a los hombre que ama el Señor”.
Fueron los pastores y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre.
Y cuantos les oían lo que contaban los pastores, se maravillaban. Y María guardaba todo esto y lo
meditaba en su corazón. Palabra del Señor.
El padre Juan coloco la imagen del Divino Niño en un cobertizo o enramada que había en los campos del
“20 de Julio” y se dedico a sacarle fotografías y a mandar imprimir estampas que propagó por todo el país
y hasta envió al extranjero.
Cada domingo narraba a las gentes en las misas los milagros que el Niño Jesús iba haciendo a sus
devotos, y la devoción empezó a propagarse como un incendio en un reguero de pólvora.
De todas partes de la ciudad llegaban gente los domingos a rezar al Niño Jesús.
El gobierno tuvo que prolongar la vía pavimentada hasta el “20 de Julio” (aunque era un sitio
muy despoblado), porque las empresas transportadoras de la capital señalaban cada domingo un gran
número de buses con este letrero: “20 de Julio”, y todos viajaban repletos de peregrinos. Y empezaron a
presenciarse hechos que llenaban de emoción.
Borrachos que dejaban el vicio de la embriaguez; familias pobres que encontraban becas para el estudio
de sus niños; hogares sin hijos que obtenían del cielo la deseada prole; desempleados que hallaban un
empleo mucho mejor del que habían soñado; matrimonios felices que se lograban; paz y reconciliación
entre enemigos, etc.
Los devotos narraban favores que dejaban admirados a los demás. Los mejores propagandistas del Niño
Jesús (después del padre Juan que no se cansaba de ponderar a la gente la bondad y generosidad del
Divino Niño) eran los que habían obtenido algún favor especial. Aquí se repetía la escena tan frecuente
del evangelio: Cuando un necesitado obtenía un prodigio maravilloso de Jesucristo, por más que el Señor
le recomendase que no lo contara a nadie, le era imposible callar tamaña gracia y se iba de persona en
persona narrando las maravillas recibidas de manos del Redentor.
Es el cumplimiento de aquella orden que el arcángel San Rafael le dio en la Santa Biblia a Tobías y en su
persona a todos nosotros: “proclamad ante todos los favores que Dios ha hecho.
Contad a los demás las obras maravillosas que hace el Señor. No seáis nunca perezosos para dar gracias a
Dios. Los secretos hay que guardarlos, pero los favores recibidos de Dios hay que publicarlos y
proclamarlos como se merecen” (Santa Biblia, Tobías 12).
Práctica: Recordaré algún favor que he recibido de Dios y le daré gracias y si me es posible lo narrare a
alguna persona.
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
La presentación de Jesús
Cumplidos los cuarenta días de nacido, José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén para
presentarlo al Señor, según esta mandado en la ley de Moisés: “Todo primogénito sea consagrado al
Señor”.
Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor.
Movido por el Espíritu vino al templo y al entrar los padres con el Niño Jesús para cumplir lo que
prescribe la ley, Simeón lo tomo en sus brazos, y bendiciendo a Dios dijo: “Ahora Señor, según tu
promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvador, a quien has
presentado ante los pueblos, luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que decía de él, Simeón los bendijo y dijo a María,
su madre: “Este niño esta puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para signo de
contradicción y una espada atravesara tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos
corazones”.
Palabra de Dios.
El 25 de diciembre de 1937 se bendijo la primera piedra para el templo del Niño Jesús.
El padre Juan lo deseaba grande y majestuoso, pero los superiores no se atreverían a permitir un desafío
tan grande a la generosidad divina en un sitio tan pobre y tan despoblado.
El padre del Rizzo protestaba y pedía a gritos que lo dejaran encargarse de todo y que verían luego que el
Niño Jesús si era capaz de hacerse construir un grandioso templo.
Pero pudo más la prudencia humana que los atrevimientos de la fe, y el padre Juan tuvo que resignarse a
seguir los planos de un templo pequeñito, modesto y nada majestuoso, todo lo contrario a lo que
su inmensa fe exigía. Pero había hecho un voto o juramento de obediencia y tuvo que ceder.
Durante 40 años al ver cada domingo que la gente no cabía en el pequeño templo nos lamentábamos de
que no hubiera sido atendida la petición del padre Juan.
Pero Dios sabrá por que convenía que fuese así. El templo tiene 3 naves de 40 metros de largo por 15 de
ancho. Coro, torre y 66 ventanales que derraman luz en abundancia.
La iluminación natural es magnífica, única en su género. La ventilación es también formidable, completa.
Las 12 columnas y todas las paredes del presbiterio están cubiertas de mármol.
A este templo se le llama: “santuario del Divino Niño Jesús”. La iglesia católica llama “santuario” a un
templo donde se obran muchos milagros.
En la sabana de Bogotá hay tres santuarios: Monserrate, Bojaca y el Templo del Niño Jesús en el 20 de
Julio.
En los Santuarios se obran muchos milagros continuamente porque en estos sitios la fe se excita mucho y
donde hay fe se producen muchos milagros.
PRÁCTICA: Daré alguna limosna que me cueste para el culto en algún templo, o para alguna obra
religiosa (Si lo que voy a dar no me cuesta no lo daré porque no me quiero engañar creyendo que si he
dado cuando en realidad no he dado nada que me cueste. Dios premia lo que si cuesta)
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Jesús nació en el pueblo de Belén. Entonces llegaron a la ciudad de Jerusalen unos magos y preguntaron:
¿Donde esta el Rey de los judíos que ha nacido? Pues en el Oriente vimos su estrella y hemos venido
aquí para adorarlo.
Cuando el rey Herodes supo de esto, se puso muy inquieto, y toda la gente de Jerusalén también.
Entonces el rey llamo a todos los jefes de sacerdotes y les pregunto dónde iba a nacer el Cristo.
Ellos le dijeron: “En Belén de Judá; porque el profeta lo escribió así: “Belén, de ti saldrá el Jefe de mi
Pueblo. Entonces Herodes llamo en secreto a los magos, los mando a Belén y les dijo: «Vayan allá
y averigüen bien respecto a ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a
adorarlo”.
Los magos fueron, y entonces, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que por
fin se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño.Cuando los magos vieron la estrella, se alegraron
mucho; y al entrar en la casa, vieron al Niño con María, su madre. Entonces se arrodillaron y adoraron al
Niño.
Luego abrieron sus cajas y le regalaron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no
debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
El 27 de Julio del 1942 fue consagrado el nuevo templo del Niño Jesús en Bogotá.
La consagración la hizo el más famoso prelado de la Nación en ese entonces, Monseñor Juan Manuel
Gonzalez Arbeláez, arzobispo coadjutor de Bogotá.
A las 8:30 de la mañana se celebró por última vez la santa misa en el antiguo cobertizo del campo y luego
la inmensa multitud emprendió la procesión cantando y rezando, alrededor de la imagen del Divino Niño.
Allí andaban juntos orando los ricos y los pobres, los conservadores y los liberales.
Los principales señores de la ciudad se disputaban el honor de llevar por buenos ratos las andas donde iba
la sagrada imagen.
El Divino Infante con su túnica rosa, su ceñidor azul, sus brazos abiertos, y llevando junto a sus pies el
lema: “YO REINARE”, recorría majestuoso las calles repletas de los devotos fervorosas.
Parecía llevado, no en hombros humanos sino bogando sobre un mar de cabezas. La multitud lo vitoreaba
y batía pañuelos a su paso. Los buses llegaban casi prendidos unos a otros.
Las filas de automóviles eran interminables y entre tanto gentío no se notaba desorden alguno. Más de
60.000 devotos llegaron aquel día a tan apartado sitio del extremo de la ciudad.
Era un espectáculo imponente y conmovedor. La mayor parte tuvo que contentarse con saludar la
imagen del Divino Niño al verla pasar, porque al templo era casi imposible entrar. Su capacidad es para
3.000 personas y allí había 60.000.
La santa misa se transmitía por altoparlantes hacia la plaza y cuando un grupo de personas abandonaban
el templo, una nueva y grande mareada humana llenaba de nuevo el sagrado recinto.
Durante todas las horas del día fue continua la romería.
La linda imagen del Niño Jesús recibía homenaje del pueblo bogotano que iba a postrarse a las plantas de
su Rey para depositar allí la historia de sus pesares, contarle sus angustias, pedirle gracias y bendecirlo
por sus continuos y formidables favores.
La prensa capitalina habló ampliamente de estas festividades y los devotos del Divino Niño volvieron a
sus casas llenos de emoción y entusiasmo.
Pero el que más alegría sintió fue el padre Juan que veía terminada la obra del templo al cual le había
dedicado cuatro años de trabajo día por día y hora por hora.
Esa noche antes de irse rendido al descanso, estampó un beso afectuoso a la sagrada imagen y le gritó
lleno de emoción: “Gracias Niño Jesús” (El siempre empezaba y terminaba cada día dándole un beso a
la estampita del Niño Jesús que llevaba en su libro de rezos)
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
El Niño Jesús crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en El. Sus padres iban
cada año a Jerusalén en la fiesta de Pascua.
Cuando tenía 12 años, subieron a la fiesta, según costumbre, y cuando termino se volvieron, pero el Niño
Jesús se quedo en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta.
Pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un día. Buscándole entre los parientes y
conocidos y al no hallarle se volvieron a Jerusalén en busca suya.
Al cabo de tres días lo hallaron en el templo, en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles
preguntas; todos los que lo oían quedaban asombrados de su talento y las respuestas que daba.
Cuando sus padres le vieron quedaron sorprendidos y le dijo su madre: “Hijo, ¿Por qué nos has
tratado así? Mira que tu padre y yo te hemos buscado angustiados”.
El les contesto: “Por que me buscaban? ¿No sabían que ya debía estar en la casa de mi Padre?”. Pero ellos
no comprendieron lo que les quería decir. El bajo con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre
conservaba todo esto en su corazón.
Palabra del Señor.
Vino una señora llorando a contar al padre Rizzo en el templo del Divino Niño: “Padre Juan, se me fugo
la sirvienta y se llevo mi cartera con $1.000”.
El Padre le dijo: “empecemos a rezarle al Niño Jesús y si le aparece la cartera, usted en acción de gracias
le regalara la décima parte de esos mil pesos para los pobres. O sea, le ofrece cien pesos”. La
señora aceptó. La sirvienta regresó arrepentida y con la cartera y los mil pesos.
Pero la señora le pareció demasiado darle cien pesos al Niño Jesús para los pobres y solamente trajo
$10.00. El Padre le grito disgustado que no fuera maleducada con Dios.
Que lo que no cuesta no obtiene premio del cielo, y le aviso muy serio: “No le haga más promesas al
Niño Jesús porque no le sabe regalar a El sino las sobras de su cartera, y Dios no acepta que le regalemos
basura”.
Al final de año, se fuga una vez más la sirvienta. Esta vez se lleva $5.000. La señora viene llorando a
hacerle promesas al Divino Niño, pero el padre Juan le dice claramente: “Su dinero ya nunca aparecerá
porque la vez pasada le jugó tramposamente al Niño Jesús. Con Dios no se juega.
El que quiera jugar con Dios pierde todas las veces”. Y cuatro anos después todavía el Padre repetía: “La
señora tacaña no ha recobrado el dinero y no lo recobrará. No quiso dar cien pesos para los pobres y
perdió $5.000”.
Práctica: Tendré para mis familiares o los que vienen en mi casa, algún detalle que les demuestre mi
simpatía y aprecio.
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
El juicio final
(Lectura del santo evangelio: Mateo 25, 31)
Dijo Jesús: “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con El, se sentara en el
trono de su gloria y serán reunidas ante El todas las naciones.
El separará a unos de los otros como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su
derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de la derecha: ‘Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para
vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed, y me disteis de beber, fui forastero y me
hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y me visitasteis’.
Entonces los justos le contestarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te
dimos de beber?¿Cuando te vimos forastero y hospedamos o desnudo y te vestimos? ¿cuándo te vimos
enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: ‘Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con
uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis’.
Y entonces dirá a los de la izquierda: ‘Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el
diablo y sus ángeles.
Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber, fui forastero y no me
hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis’.
Entonces también ellos contestaran: ‘Señor, ¿Cuando te vimos con hambre, y sed, o desnudo o enfermo o
en la cárcel y no te asistimos?
Y El contestara: ‘Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de estos humildes, tampoco lo
hicisteis conmigo’ Y estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.
Palabra de Dios.
El padre Juan del Rizzo (1882-1957), el sacerdote salesiano de Italia que propagó la devoción al Divino
Niño en Colombia, charlaba con él, frente a su imagen como el más bueno de los amigos.
Cada noche, antes de irse a descansar se quedaba un rato de pie frente a la imagen del Divino Niño y
luego le decía: “Hasta mañana, si es que das permiso de que nos veamos de nuevo acá en la tierra. Si no,
…en el cielo”.
A altas horas de la noche los religiosos salesianos escucharon varias veces la voz fuerte del padre Juan
hablándole al Niño Jesús en su imagen del templo.
Algunas veces se acercaron sin que él se diera cuenta y lograron escuchar lo que decía: “Niño Jesús, hace
meses que te estoy pidiendo empleo para aquel pobre hombre que no tiene con que mantener a su familia.
Y tú no se lo concedes. ¿Y a ti que te cuesta concedérselo? Tu lo puedes todo.
¡Si te fuera difícil esto yo no te lo pediría tanto!”. Otras veces decía: “Niño querido: tu me prometiste que
trabajaríamos en compañía, pero mira que o tengo con que pagar un montón de gastos que se me están
presentando.
Estoy saltando matones para poder reunir los 2,000 vestidos para los niños pobres en Nochebuena, en tu
cumpleaños”. Otra noche exclamaba: “Chinito Lindo: mira que si no haces estos milagros que te están
pidiendo la gente no va a venir mas a rezarte. Mira que esto es obra totalmente tuya.
Los religiosos le preguntaban después con confianza: “Y si le hizo el Niño Jesús los milagros que le
estaba pidiendo?”, y el respondía: “Claro que si los hizo, y aun mayores, porque El tiene el poder y
bondad para darnos mucho más de lo que nos atrevemos a pedir y desear”.
El siempre se pasa de bueno. Pera a ratos hay que hablarle durito, importunarle y necearle, porque se hace
el que no oye. Y los salesianos pensaban: “¡qué gran confianza le tienen los santos al buen Dios!”.
Y sentían que les seguían zumbando provechosamente en sus oídos aquellas palabras suyas a Jesús, tan
ciertas y tan consoladoras: “¿A ti que te cuesta hacer milagros? ¡Tú lo puedes todo!
Práctica: Haré un acto de Fe pensando en mi corazón: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Todo
es posible para quien tiene Fe”.
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Dijo Jesús: “Había un hombre rico que vestía de purpura y lino fino celebrando cada día esplendidos
banquetes.
Un pobre de nombre Lázaro, estaba echado a su puerta, y deseaba hartarse de lo que se casia de la mesa
del rico, y hasta los perros venían a lamerle las ulceras.
Sucedió pues que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abrahán. Y murió el rico y
fue sepultado. Estando en el hades en el tormento, levanto los ojos y vio a Abrahán desde lejos y a Lázaro
junto a el.
Y gritando dijo: “Abrahán, ten piedad de mi, envía a Lázaro para que con la punta de su dedo mojado en
agua, refresque mi lengua, porque estoy atormentado en llamas”.
Dijo Abrahán: “ Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en la vida, y Lázaro recibió males, y ahora
el esta aquí consolado y tu eres atormentado.
Además entre ustedes y nosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aquí a
ustedes no pueden ni tampoco pasar de ahí a nosotros”.
Y dijo: “Te ruego Padre, que siquiera le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que
les advierta a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento”. Y dijo Abrahán: “ Tienen a
Moisés y a los profetas que lo escuchen”.
Y él dijo: “No Padre Abrahán, pero si alguno de los muertos fuese a ellos harían penitencia”. Y le dijo:
“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se dejaran convencer ni de un muerto resucitado”.
Palabra del Señor.
Un día el padre Juan le dijo a monseñor Tejeira: “Pídale un milagro al Niño Jesús”. El obispo le dijo: “No
me atrevo a pedirle milagros porque soy un pecador”.
Y el padre Juan le dijo: “Yo soy más pecador y le pido milagros y los obtengo, porque Jesús prometió
milagros no a los que sean santos, sino a los que tengan fe”.
El dijo “Según sea tu fe, así serán las cosas que te sucederán”. En verdad que si obtenía milagros. Veamos
tres casos: 1.- Cuando fue a Italia, su tierra natal.
Después de 20 años de estar en América, se propuso repartir novenas y estampas del Divino Niño y
recomendar esta devoción.
Para ver si en verdad era efectiva la oración del Divino Niño Jesús lo llevaron al hospital de su pueblo
natal y le encomendaron una joven que estaba agonizando.
Empezó una novena al Divino Niño con todos los familiares de la enferma, y a los pocos días, con gran
admiración de los médicos, la joven estaba totalmente sana. 2.- El sabia que el Niño Dios nunca le
fallaría.
Una noche le comunicaron que al día siguiente tenia que pagar una deuda de mil dólares y no tenía
dinero. Se dirigió al templo y le contó al Divino Niño y se fue a dormir tranquilo.
Por la mañana siguiente al abrir una carta encontró un cheque por mil dólares que le enviaban del
extranjero, y con los ojos brillantes de alegría exclamo: “Este Niño Jesús no falla ni una”. 3.- Tenía el
padre Juan enormes deudas por los gastos del Santuario. Vino un juez a contarle que estaba perdiendo un
gravísimo pleito.
“Ofrézcale el Niño Jesús una suma bien grande para los pobres y yo pongo a mis niños a rezarle”, fue la
respuesta del padre. A los pocos días viene el juez a narrarle feliz que el contrincante le había pedido que
se arreglaran por las buenas y así había logrado salvar la finca de $300,000. Y le trajo de limosna una
suma bien alta para sus pobres y para las deudas del santuario.
Práctica: -Apartare ropas en muy buen estado o alimentos para los pobres, y a la primera ocasión
visitare una familia necesitada o algún enfermo.
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Al principio ya existía el Hijo de Dios y el Hijo estaba junto a Dios, y el Hijo era Dios. Todo se hizo por
El; y sin El no existe nada de lo que se ha hecho.
El era la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la
pudieron vencer. El mundo fue hecho por el Hijo de Dios.
El es la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Vino a su casa y los suyos no
lo reconocieron.
Pero a todos los que lo reciben les da poder de llegar a ser hijos de Dios.
Y el Hijo de Dios se hizo hombre y vivió entre nosotros, y hemos visto su gloria, que recibe del Padre
como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Palabra del Señor.
1-Una joven deseaba casarse con un señor muy rico, pero la familia de el se oponía totalmente, Consulto
al padre Juan.
Su consejo fue: “Hágale los nueve domingos al Niño Jesús y ofrézcale para después de casada una
limosna grande para los pobres”.
Al final de los nueve domingos se arreglo todo y se efectuó el matrimonio. Pero la nueva esposa no dio
nada que valiera la pena para los pobres.
Y el hogar empezó a desbaratarse. Pelea tras pelea. Y vino llorando a consultar al sacerdote. “Ah, ¿es que
usted cree que con el Niño Dios se puede jugar y ganar? Le dio un esposo rico y usted negó una ayuda
para sus padres.
No espero que el Niño Jesús le ayude si no le cumple lo que le prometió”. La joven esposa empezó a traer
cantidades de chocolate y ropas nuevas para las gentes más necesitadas, y el hogar cambio como por
milagro y renació la paz. 2-Una bienhechora agonizaba en el hospital destrozada por un camión.
El padre Juan va a visitarla: “Padre, bendígame para morirme”. “No señora, usted no se puede morir
todavía”. ¿Por qué lo sabe?, “Porque tengo a los niños pobres rezándole al Niño Jesús y a la Virgen
Auxiliadora.
¿Usted cree que 400 rosarios se van a quedar sin ser escuchados? Además, el Niño Jesús la necesita para
que ayude a los pobres.
Estoy engordando un cordero y lo comeremos en una gran fiesta con usted y los niños pobres el día que
salga curada”. Y asi sucedió, el Divino Niño le devolvió la salud y la fiesta del convite con el cordero fue
alegrísima y la señora bailaba y saltaba después de haber estado en el hospital hecha pedazos.
Práctica: Pediré perdón a Dios por mis pecados y hare el propósito de enmendarme de aquella falta que
más cometo.
Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho: “Todo lo que queráis pedir, pedidlo por los méritos de
mi infancia y nada os será negado”. Si queréis agradarme, confiad en mi.
Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente, confiad inmensamente en
mi. Según sea vuestra fe, así serán las cosas que os sucederán. Nada es imposible para quien tiene fe.
Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia, ayúdanos a llevar una vida
santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos de los castigos que merecemos por nuestros pecados, y de
todos los peligros para el alma y el cuerpo; concédenos aquellos favores que más estamos necesitando, y
después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso, donde con
el Padre, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.