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Claudio: De Títere a Emperador

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CLAUDIO

En 40 murió Kujula, el emperador Kusana y fue sucedido por Wima, quien expandió
considerablemente las fronteras hacia la India. La dominación Kusana sobre la India y Asia
Central supuso una era de estabilidad y prosperidad económica para la zona. Al parecer los
emperadores dejaron un amplio margen de libertad a sus súbditos y favorecieron que la
cultura hindú, especialmente el budismo, se extendiera por Asia. El helenismo siguió
siendo una componente destacada de la cultura Kusana.

En el sureste asiático, alrededor del delta del Mekong, se había creado el reino de Fu-
nan. Según la leyenda, fue fundado por un brahmán de origen indio
llamado Kaundinya que se había casado con una princesa del lugar. Sus soberanos
adoptaron el nombre de "rey de la montaña". La lengua de la región era el khmer, y parece
ser que Fu-nan es la transcripción china de "phnom", montaña.

En Vietnam estalló una rebelión contra la dominación china, pero no tuvo éxito.

Mientras tanto, la situación en Roma empeoraba por momentos. Calígula, ávido de dinero,
había subido los impuestos y el más leve incidente bastaba para que rodaran las cabezas de
senadores y ciudadanos adinerados cuyos bienes eran confiscados. Insistía en ser tratado
como un dios y llegó a nombrar senador a su caballo.

Calígula tenía una hermana llamada Agripina, que estaba casada con Cneo Domicio
Ahenobarbo, hijo de uno de los asesinos de César que había luchado por Marco Antonio y
finalmente se había pasado al bando de Augusto poco antes de morir. Ahora Domicio era
procónsul en Sicilia, pero murió y Calígula desterró a Agripina junto con su hijo Lucio
Domicio.

De entre los celtas que poblaban el sur de la isla de Britania, el jefe más poderoso a la sazón
se llamaba Cunobelino, el cual había firmado un tratado de amistad con Augusto y había
permitido que numerosos comerciantes romanos se asentaran en Britania. Uno de sus hijos,
llamado Adminio, había dirigido una rebelión para derrocar a su padre, pero fue derrotado
y desterrado a la Galia. Allí pidió a los romanos que le ayudaran a conseguir el trono, a
cambio de convertirse en un leal aliado (o sea, un títere de Roma). Calígula consideró
divertido iniciar una campaña militar, y llevó un ejército hasta el norte de la Galia, pero
luego decidió no cruzar el canal de la Mancha.

El emperador fue el blanco de numerosas conjuraciones, hasta que una tuvo éxito y
en 41 fue asesinado, junto con su mujer y su hija, por unos soldados de la guardia
pretoriana. En el momento de su muerte se encontraba con su tío Claudio (Tiberio Claudio
Druso Nerón Germánico). Era el hermano menor de Germánico, el padre de Calígula, y
tenía entonces cincuenta años. Parece ser que era epiléptico y algo tartamudo, lo que hizo
creer a todos que era deficiente mental. Tal vez él mismo potenciara esta imagen como
medio de librarse de las intrigas palaciegas. Lo cierto es que era un intelectual, que realizó
investigaciones históricas y escribió sobre los etruscos y los cartagineses. Esto aumentó su
imagen de excéntrico y, en efecto, nadie se preocupó nunca por él.

Cuando vio apuñalar a su sobrino, Claudio corrió a esconderse tras un mueble. Una vez que
acabaron "su trabajo", lo descubrieron y lo sacaron de su escondite. Claudio pidió
temblando por su vida, pero nadie tenía intención de matarlo: era de la familia imperial, y
los asesinos decidieron nombrarlo emperador. A Claudio no le debió de gustar la idea, pero
no podía discutir con soldados armados. No sólo aceptó, sino que prometió recompensar a
la guardia pretoriana con una gratificación general. Esto sentó un peligroso precedente para
el futuro: Matar al emperador podía tener recompensa.

La guardia pretoriana impuso al Senado su elección. Claudio era tímido y débil de carácter,
pero hizo lo que pudo para ser un buen emperador. Restableció el poder del Senado, de
modo que volvió a desempeñar aproximadamente el mismo papel que en tiempos de
Augusto. Trató de compensar los abusos de Calígula: proclamó una amnistía y prohibió los
procesos de lesa majestad. En particular, su sobrina Agripina pudo volver a Roma con su
hijo Lucio. Reorganizó la cúpula del gobierno, confiando los cargos principales a sus
libertos (esclavos liberados) Polibio, Narciso, Palas y Calixto. Llevó a cabo programas de
construcción en Roma, extendió la red de caminos imperiales y drenó lagos para obtener
campos de labranza. En política exterior reforzó las fronteras del Danubio construyendo
fuertes, así como la vía Claudia Augusta, que unía Retia con el norte de Italia. También
envió un ejército a Crimea y contuvo al Imperio Parto.

Poco después de ser elegido emperador, Claudio contrajo terceras nupcias


con Mesalina, que pronto le dio un hijo, Tiberio Claudio Británico. Se le atribuyen tantos
vicios que el diccionario define "mesalina" como "mujer de costumbres disolutas". Ejercía
gran influencia sobre su marido, rivalizando así con sus libertos, que formaron un frente
contra ella al que se unieron Agripina, que aspiraba a casarse con Claudio para que su hijo
pudiera convertirse en emperador, su hermana Julia, y otra prima suya, llamada
también Julia.

La madre de Claudio era Antonia, la misma que había criado a Agripa. Tras el asesinato de
Calígula, Herodes viajó a Roma y ayudó a Claudio a superar su falta de experiencia
política. A cambio, Claudio lo recompensó nombrándolo rey de todo el territorio que había
gobernado su abuelo, el rey Herodes. Herodes Agripa tenía un hermano tocayo, al que
Claudio confió el reino de Calcis, una pequeña región del Líbano, a unos cien kilómetros al
norte del mar de Galilea, por lo que es conocido como Herodes de Calcis.

Los judíos aceptaron a Herodes Agripa mucho mejor que a su abuelo, probablemente
porque había logrado que Calígula desistiera de poner su imagen en el Templo. El nuevo
rey mostró su lealtad hacia los judíos persiguiendo a los cristianos. Hizo ejecutar al apóstol
Santiago el Mayor (el que, según la tradición está enterrado en Santiago de Compostela, en
España) y tuvo en la cárcel a Pedro durante algún tiempo.

En 42 la rebelión que se produjo en Mauritania cuando Calígula asesinó a su rey fue


sofocada, y el territorio se convirtió en dos provincias: la Mauritania Cesariana y
la Mauritania Tingitana.
Séneca fue acusado de estupro por sus relaciones con Julia, la prima de Agripina, y Claudio
lo desterró a Córcega. Poco después, Mesalina se las arregló para que Julia fuera asesinada.
En su destierro escribió varias obras filosóficas, tragedias y tres Consolationes, una de ellas
dirigida a Polibio (un liberto, compañero de estudios y favorito del emperador Claudio) en
la que lo adula lamentablemente (y en vano) pidiendo el perdón.

En 43 murió el rey británico Cunobelino y fue sucedido por dos de sus hijos, al parecer de
marcado carácter antirromano. Poco después Claudio ordenó la invasión de la isla. El
general Aulo Placidio desembarcó en la actual Kent con cuarenta mil hombres.
Rápidamente sometió la región al sur del río Támesis y mató a uno de los hijos de
Cunobelino. El otro, Caractaco, continuó luchando. Los romanos vadearon el Támesis y
establecieron un fuerte y una guarnición junto al río. Más adelante el fuerte se convertiría
en una ciudad a la que los romanos llamaron Londinium (la actual Londres).

El mismo Claudio se trasladó a Britania para aceptar la rendición de varias tribus celtas.
Fue a raíz de este viaje por lo que el hijo de Claudio recibió el sobrenombre de Británico.
Por aquel entonces Mesalina le había dado otra hija, llamada Octavia. Caractaco tuvo que
abandonar su capital, situada en Camulodunum (Colchester), que pasó a convertirse en la
capital de la nueva provincia romana de Britania (que abarcaba la parte meridional de la
isla). Lentamente, los romanos continuaron su avance.

Ese mismo año, Licia (en Asia Menor) fue incorporada al Imperio. Durante el reinado de
Tiberio, Capadocia había corrido la misma suerte, por lo que ahora toda Asia Menor
formaba oficialmente parte del Imperio Romano, salvo mínimos territorios que por una
causa u otra conservaban nominalmente su independencia.

En 44 murió el rey Herodes Agripa, tal vez de un ataque al corazón, durante unos juegos
que se celebraban en honor de Claudio. Dejó un hijo de unos diecisiete años llamado
también Herodes Agripa, al que Claudio no quiso confiar el gobierno de Judea, así que el
territorio volvió a ser gobernado por procuradores y resurgieron los conflictos de los judíos
con Roma. También murió el rey parto Artabán III, que fue sucedido
por Gotarzes. En 46 Claudio anexionó Tracia al Imperio Romano.

La comunidad cristiana de Antioquía financió un viaje apostólico por el que Pablo y


Bernabé recorrieron exitosamente Chipre y Asia Menor convirtiendo al cristianismo a
muchos gentiles. Luego volvieron a Antioquía. El viaje de Pablo generó tensiones entre la
iglesia de Jerusalén (dirigida por Pedro) y la de Antioquía (dirigida por Pablo). Durante los
últimos años, muchos aspirantes a cristianos se sintieron desconcertados porque los
seguidores de Pedro les conminaban a seguir los preceptos del judaísmo, mientras que los
seguidores de Pablo insistían en que ello no era necesario en absoluto. Por supuesto,
ninguna de las dos partes estaba interesada en generar desconfianza entre los fieles, y
ambas habían tratado de quitar importancia a sus diferencias en público. De todos modos la
situación era tensa e incómoda. Finalmente, en 48 Pablo se entrevistó con los apóstoles
Pedro, Juan y " Santiago el Menor (el hermano de Jesús)". Mucho después esta reunión
recibió el nombre de concilio de Jerusalén.
Las conversaciones debieron de ser interesantes: ambas partes tratarían de legitimar sus
puntos de vista respectivos por las instrucciones que Jesucristo les había dado
personalmente tras la crucifixión, ambas partes conscientes de que mentían y de que la otra
parte también mentía, pero sin poder reconocerlo bajo ningún concepto. El caso fue que
Pablo tenía de su parte la retórica y los hechos: Era indudable que el éxito que había tenido
predicando a los gentiles sólo podía ser muestra de que ésa era la voluntad de Dios.

Pedro reconoció públicamente la legitimidad del apostolado de Pablo y de sus tesis según
las cuales los cristianos no estaban sujetos a la Ley judaica. Hubo sectarios que no
aceptaron esta decisión, pero a partir de ese momento Pablo tuvo carta blanca para tratarlos
de falsos apóstoles y prevenir a los fieles contra ellos. Pablo explicaba que Jesús había
encargado a Pedro la predicación a los judíos y a él la predicación a los gentiles. En un
primer momento sostenía que Dios quería que los judíos mostraran su fe en Jesucristo
según sus costumbres y los gentiles según las suyas, pero gradualmente fue excluyendo la
primera opción.

Paulatinamente, Pablo eclipsó a Pedro (que, al fin y al cabo, debía de ser un pescador
analfabeto) y sus puntos de vista prevalecieron. De todos modos, Pablo procuró siempre no
predicar a cristianos convertidos por otros apóstoles, para evitar situaciones embarazosas.
Con el tiempo surgieron historias de que Pedro había convertido a gentiles antes incluso del
concilio de Jerusalén, pero parece ser que Pedro nunca tuvo muy clara la doctrina de Pablo:

Y cuando vino después Cefas [Pedro] a Antioquía, le hice resistencia cara a cara, por ser digno de
reprensión, pues antes de que llegasen ciertos sujetos de parte de Santiago, comía con los
gentiles [incluso alimentos prohibidos para los judíos], mas, llegados que fueron, empezó a
recatarse y separarse, por temor de aquellos circuncisos, y los demás judíos se conformaron con su
porte disimulado, de manera que aun Bernabé fue inducido por ellos a usar de la misma
simulación. Pero yo, visto que no andaban derechamente conforme a la verdad del Evangelio, dije
a Cefas en presencia de todos: Si tú, con ser judío, vives como los gentiles y no como los judíos,
¿cómo induces a los gentiles a judaizar? (Gal. II, 11-14)

En suma, Pablo se había convertido ya en El Apóstol por antonomasia, y ya gozaba


de la autoridad y el respeto necesarios para reprender incluso al mismo san
Pedro (o, al menos, para afirmar que lo había hecho). A partir de este momento
el cristianismo se difundió rápidamente por todo el Imperio Romano, y no
tardarían en aparecer comunidades cristianas en la misma Roma.

Claudio, que había nacido y había pasado su juventud en la Galia, propuso al Senado en un
discurso que algunos dirigentes galos fueran admitidos como senadores, proposición que
naturalmente fue aceptada, tal vez no con mucha satisfacción.

Mesalina cayó finalmente en desgracia. Fue acusada de mantener relaciones con Cayo
Silio, con el que pensaba casarse tras asesinar a Claudio. Al parecer, Silio se había
comprometido a adoptar a Británico. Mesalina había logrado asesinar a Polibio, pero
finalmente Claudio creyó la historia (probablemente cierta) y Narciso mató tanto a
Mesalina como a Silio. Ese mismo año murió Herodes de Calcis.

En 49 Claudio se casó con su sobrina Agripina y en 50 adoptó a su hijo, que pasó a


ser Lucio Domicio Nerón Claudio y se convirtió en el nuevo heredero, en detrimento de
Británico. Séneca fue llamado a Roma y se convirtió en maestro de Nerón.

Claudio decidió confiar a Herodes Agripa el territorio que había gobernado su tío Herodes
de Calcis, a pesar de que éste había dejado tres hijos.

Pablo de Tarso Índice

A mediados del siglo I el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano.
Desde que el concilio de Jerusalén sancionara la doctrina de Pablo, según la cual Jesucristo
había ordenado a los apóstoles predicar el Evangelio a toda la humanidad, el número de los
devotos con vocación evangelizadora creció espectacularmente y la nueva fe no tardó en
llegar hasta la misma Roma.

Además de las virtudes que en sí misma tenía la nueva religión, su expansión se vio
favorecida por su capacidad de absorber otras creencias. Así, por ejemplo, la fiesta
principal del mitraísmo era el día del solsticio de invierno, que con un pequeño error habían
fijado en el 25 de diciembre, fecha en la que celebraban el nacimiento del Sol. Los
cristianos decidieron que ése era precisamente el día en que había nacido Jesucristo y así
los mitraístas que se convertían al cristianismo no tenían que renunciar a su fiesta. Sólo que
en lugar de celebrar el nacimiento del Sol celebraban la Natividad del Señor. Muchos
adoradores de Isis, la dulce madre del niño Horus, tardaron poco en convertirse en devotos
de la Virgen María. Probablemente, muchas de las imágenes podían ser reinterpretadas sin
retoque alguno. Fueron los primeros pasos de un proceso que continuaría en los siglos
siguientes: cada fiesta pagana fue sustituida por la fiesta en honor de algún santo o de
alguna virgen, con lo que, en cierta medida, el politeísmo popular pervivió enmascarado en
el santoral cristiano. Los cristianos se agrupaban en iglesias (palabra griega que significa
"asamblea") al frente de cada una de las cuales había un obispo o presbítero (más adelante,
a medida que se establecía una jerarquía más compleja, estas palabras dejarían de ser
sinónimas).

Los cristianos eran mal vistos entre los romanos. Habían heredado de los judíos su aversión
a la idolatría, y era comprensible que las gentes sencillas se sintieran ofendidas al tratar con
unos desconsiderados que se negaban, no ya a adorar, sino, cuanto menos, a mostrar un
mínimo respeto hacia los demás dioses y creencias. Además, unas gentes que tenían por
dios a un crucificado, es decir, a un delincuente, debían inspirar desconfianza por
necesidad. Más grave era el hecho de que los cristianos, en su obsesión por huir de la
idolatría, se negaban a aceptar el culto imperial, lo que en particular significaba que no
podían ser soldados (al igual que los judíos), pues se negaban a prestar el juramento debido.
En 50 Claudio promulgó un decreto por el que se expulsaba de Roma a "los judíos que se
agitan por instigación de Cristo". Vemos además que los cristianos eran considerados
como judíos, lo que automáticamente les transfería la fama de conflictivos que los judíos se
habían ganado a pulso. Obviamente los cristianos no fueron expulsados de Roma, sino que
a partir de ese momento vivieron en la clandestinidad. Se reunían de noche, adoptaron
signos para reconocerse discretamente, etc. Todo esto contribuyó a empeorar su imagen.

En 51 el rey parto Gotarzes fue sucedido por Vonones II, pero tras unos meses de reinado
fue derrocado por Vologeso I. El nuevo rey decidió reivindicar los derechos partos sobre
Armenia, y puso como rey a su hermano Tirídates, aprovechando una revuelta por la que
fueron expulsados los príncipes impuestos por Roma. En esos momentos, Roma estaba
volcada en la conquista de Britania. Caractaco fue finalmente capturado y asesinado.

En la corte, Agripina estaba moviendo los hilos necesarios para que su hijo Nerón, que
entonces tenía catorce años, pudiera heredar el trono pasando por encima de Británico, el
hijo de Claudio. Empezó a deshacerse de los partidarios de Británico y situó a hombres de
confianza en los cargos de importancia. Su baza principal fue poner a Sexto Afranio
Burro al frente de la guardia pretoriana. Entre los amigos del joven Nerón estaba Marco
Anneo Lucano, sobrino de Séneca, de doce años, que cursó brillantemente estudios de
retórica y filosofía.

En 52 Claudio nombró procurador de Judea a Marco Antonio Félix, el cual se casó


con Drusila, una hija de Herodes Agripa (el difunto rey de Judea, padre del que ahora
reinaba en Calcis). Sin duda el matrimonio fue un intento de ganarse la popularidad que
Herodes Agripa había tenido entre los judíos, pero no funcionó.

En 53 Herodes Agripa logró de Roma unos cambios en su jurisdicción, que le llevaron a


gobernar un territorio algo mayor que el que había gobernado Herodes Filipo. Se granjeó la
hostilidad de los judíos, en parte porque fue tolerante con los cristianos, en parte porque se
le acusó de mantener relaciones incestuosas con su hermana Berenice.

Nerón se casó con Octavia, la hija de Claudio. Finalmente, en 54, Agripina decidió que ya
no necesitaba a su marido, lo hizo envenenar y la guardia pretoriana proclamó emperador a
Nerón. El senado no pudo negarse.

Con el nuevo monarca, Séneca se convirtió en uno de los hombres más influyentes de
Roma. Además de participar en el gobierno, siguió siendo el tutor del joven Nerón. Se
vengó de Claudio escribiendo la Apocolocyntosis, una sátira que circuló clandestinamente,
en la que se cuenta que Claudio, rechazado por los dioses por su crueldad, desciende al
infierno, donde acaba convertido en calabaza. También escribió en esta época obras
morales destinadas a la educación de Nerón. En ellas Séneca desarrolla su propia versión
del estoicismo, si bien sólo en teoría, pues sus actitudes ante la vida fueron todo menos
estoicas.

Aconsejado por Séneca y por Burro, Nerón siguió una política similar a la de Augusto. Se
limitó a dirigir el ejército y la política exterior, y delegó el resto de la administración en el
Senado. Redujo los impuestos y controló más firmemente a los recaudadores. Respecto a la
política exterior, Nerón no estaba dispuesto a consentir el dominio parto sobre Armenia,
por lo que envió a uno de sus generales más capaces: Cneo Domicio Corbulo, quien pasó
varios años reorganizando el ejército oriental antes de enfrentarse a los armenios y los
partos.

Séneca y Burro impulsaban a Nerón a librarse de la tutela de su madre, que poco a poco fue
perdiendo su influencia. En 55 amenazó a Nerón con ayudar a Británico a hacerse con el
trono, por lo que Nerón lo mandó matar. A partir de este momento Nerón se fue mostrando
cada vez más despiadado. Séneca se dio cuenta de que se les escapaba de las manos y
escribió Sobre la clemencia, tratando en vano de encauzarlo de nuevo. También escribió
por esta época Sobre la vida feliz, una de sus obras más clásicamente estoicas.

Durante los últimos años, Pablo había estado en Éfeso, y luego había recorrido las
comunidades cristianas que él mismo había establecido en sus viajes anteriores. Al parecer,
en el concilio de Jerusalén Pablo se había comprometido a recaudar donativos que Pedro y
los otros apóstoles distribuirían entre los pobres de Jerusalén (al menos en teoría). Así que
en 57 llegó a Jerusalén con la recaudación (o con parte de ella, pues parece ser que alguna
acusación hubo de malversación). De estos años son varias de las cartas recogidas en la
Biblia. En ellas, además de explicar su doctrina, resolver pequeñas querellas y desautorizar
a los "falsos apóstoles" que pretendían que los cristianos se circuncidaran y aceptaran la ley
judía, Pablo emplea magistralmente todo género de argucias para excitar el amor propio y
la competitividad entre las distintas comunidades y conseguir así las donaciones más
generosas.

Sin embargo, cuando Pablo entró en el Templo se encontró con la indignación de los
judíos, que consideraban sus enseñanzas contrarias a la Ley y llegaron a la conclusión de
que con su presencia estaba profanando el Templo. Más aún, corrió el rumor de que había
introducido incircuncisos en el Templo. Al parecer Pablo estuvo a punto de ser linchado, y
se salvó por la protección que le ofreció un destacamento romano. No tardó en ser llevado
ante el procurador Félix acusado de haber profanado el Templo. Pablo se defendió
presentándose como un fariseo que creía en la resurrección de Jesús, pero cuando empezó a
hablar del fin del mundo Félix llegó a la conclusión de que estaba loco y lo metió en la
cárcel más por acallar a los judíos que por otra cosa.

En 58, Nerón recibió en su palacio a Popea, la esposa de su amigo Marco Salvio


Otón, sobre la que no había dejado de oír elogios últimamente. Los elogios debían de tener
fundamento, porque Otón fue pronto enviado a Lusitania. Mientras tanto Corbulo consideró
que estaba en condiciones de enfrentarse a los partos. No obstante, propuso una solución de
compromiso: Tirídates podría permanecer en el trono armenio si juraba lealtad a Roma,
pero su propuesta no fue aceptada, así que invadió Armenia. En 59 había expulsado a los
partos, tras lo cual instaló como rey a Tigranes V, de la familia del rey Herodes. Las
tensiones entre Nerón y Agripina terminaron cuando el emperador hizo asesinar a su madre.
Burro aprobó la medida, Séneca probablemente no, pero lo disimuló y continuó en el
gobierno, a pesar de las acusaciones de haberse enriquecido escandalosamente en los
últimos cuatro años. No obstante, paulatinamente fue retirándose de la vida pública para
concentrarse en la literatura. Escribió Sobre la tranquilidad del alma y Sobre el ocio, donde
incluyó pensamientos tan nobles como "Si el estado se halla tan corrompido que no hay
posibilidad de remediarlo, el sabio evitará esfuerzos inútiles."

En 60, la tribu británica de los icenos estaba gobernada por un caudillo leal a Roma, pero
murió sin hijos varones. Dejó dos hijas y a su viuda, la reina Budicca (o Boadicea). En su
testamento había dejado parte de su fortuna a Nerón, con la esperanza de que así Roma
respetaría a su familia, pero el gobernador romano de la región entendió que, ante la falta
de herederos, todo su territorio pasaba a ser automáticamente territorio romano. Se adueñó
de todas las propiedades y, al parecer, las hijas del difunto rey fueron maltratadas. Cuando
Budicca protestó fue azotada. La reina esperó a que parte de las tropas romanas estuvieran
alejadas para levantar a sus propias tribus y a las circundantes en una rebelión contra Roma.
Los britanos rebeldes quemaron Colchester y destruyeron Londres, matando a todos los
romanos que encontraron, e incluso a los britanos prorromanos. Nerón tuvo la fortuna de
contar con buenos generales. Mientras en Oriente tenía a Corbulo, el año anterior había
llegado a Britania Cayo Suetonio Paulino, que en cosa de un año sofocó la revuelta. La
reina terminó suicidándose.

En Judea, el procurador Félix fue reemplazado por Porcio Festo. En 61 se entrevistó con
Herodes Agripa, y en esos días se reabrió el proceso de Pablo, que fue llevado ante ellos.
Pablo comprendió que la prioridad de Festo era evitar problemas con los judíos, así que lo
mantendría en la cárcel. Por consiguiente apeló a su condición de ciudadano romano y
pidió ser juzgado en Roma (con lo que le abría a Festo otra forma de librarse de él). Así
Pablo zarpó hacia la capital del Imperio en lo que sería considerado su cuarto viaje
apostólico.

En 62, tras una falsa acusación de adulterio, Nerón se divorció de su mujer Octavia. Poco
después la desterró y luego la obligó a suicidarse. Antes de que acabara el año ya se había
casado con Popea. También fue el año en que murió Burro, y Séneca ya estaba
prácticamente retirado, enfrascado en la redacción de sus Naturales quaestiones, y luego de
sus Epístolas a Lucilio, dos de sus obras mayores. Burro fue sustituido como jefe de la
guardia pretoriana por Ofonio Tigelino, que había sido desterrado por Calígula por sus
vinculaciones con Agripina. Tigelino y Popea se convirtieron en los más influyentes de
Roma, ya que sabían manejar a Nerón y el emperador se desinteresó completamente de la
política. Sus preocupaciones se centraron en las artes: escribía poesías, pintaba cuadros,
tocaba la lira, cantaba y recitaba tragedias. Ansiaba actuar en público y recibir aplausos.
Ciertamente los recibía, y le concedían premios, pero también hay que tener en cuenta que
no hacerlo era perjudicial para la salud, luego no podemos hacernos una idea de la calidad
de su arte. En la corte se hizo famoso Cayo Petronio, que había sido gobernador de
Bitinia, pero ahora se había entregado a la filosofía epicúrea y se rodeó de placeres y lujos.
Escribió el Satiricón, en el que se burla del mal gusto de los que tienen más dinero que
cultura y sólo saben gastar dinero. Nerón lo consideraba el arbiter elegantiarum (el árbitro
de las cosas elegantes), y apelaba a él para imaginar nuevos juegos y formas placenteras de
pasar el tiempo. Por el contrario, Lucano se vio apartado de la corte. Había escrito
numerosas obras poéticas, entre ellas un elogio a Nerón, y tenía una buena técnica. Si bien
su inspiración era inferior a la de Virgilio, gozó de fama en su tiempo y el emperador,
celoso, terminó prohibiéndole dar recitales en público.
Ese año murió un joven poeta de veintiocho años llamado Aulo Persio Flaco. Había
llegado a Roma a los doce años proveniente de Etruria. Allí completó su formación en
gramática, retórica y se familiarizó con la filosofía estoica. Escribió seis sátiras en las que
criticaba la decadencia moral de la época. Su estilo es un tanto oscuro y rebuscado, pero es
posible que hubiera llegado a ser un buen poeta si hubiera vivido más tiempo. En el campo
de la ciencia, dos figuras destacaron por esta época. Una era un médico griego
llamado Dioscórides que sirvió en los ejércitos de Nerón, y escribió cinco libros sobre
farmacopea en los que describía numerosas drogas extraídas de plantas. La otra
era Herón de Alejandría, tal vez el más famoso inventor e ingeniero de la antigüedad. Su
invento más famoso fue una máquina de vapor rudimentaria: una esfera con dos mangos
curvos dentro de la cual se podía hervir agua. El vapor salía por los mangos y hacía girar la
esfera. También estudió la mecánica y observó la conducta del aire, temas sobre los que
escribió obras muy avanzadas para su época.

Nerón recelaba de los generales demasiado capaces, así que reemplazó a Corbulo en
Armenia. Su sustituto sufrió una derrota y Tirídates recuperó el trono armenio. Corbulo
tuvo que volver a su puesto y en 63 logró que Tiridates fuera a Roma a recibir su corona de
Nerón. En definitiva, todo quedó como Corbulo había propuesto en un principio. Ese
mismo año un terremoto daño la ciudad de Nápoles y sus alrededores.

En 64 se produjo un gran incendio en Roma que duró seis días y destruyó casi totalmente la
ciudad. No es difícil imaginar causas posibles. En los barrios más pobres de la ciudad se
apiñaban casas de madera en las que se producían incendios con frecuencia. Los sistemas
de extinción eran rudimentarios y con cierta frecuencia las llamas se propagaban. En esta
ocasión se superaron todos los precedentes. Nerón estaba en Antium, a unos cincuenta
kilómetros al sur de Roma. Al recibir noticias del incendio volvió apresuradamente a Roma
e hizo lo que pudo. Sin embargo, parece ser que en un momento dado le pudo su vena
artística: el dramático escenario de la ciudad en llamas le recordó el incendio de Troya,
cogió su lira y se puso a cantar algo que juzgó apropiado.

El emperador no tardó en ser acusado de haber provocado él mismo el incendio de Roma de


forma intencionada, pero se adelantó a los acontecimientos y, antes de que el rumor se
hubiera extendido demasiado, encontró un chivo expiatorio: los causantes del incendio
habían sido los cristianos. Toda Roma consideró satisfactoria la explicación, muestra de la
mala imagen que entonces tenía el cristianismo. Nerón decretó la primera persecución
organizada contra los cristianos. No hay datos fiables sobre lo que fue de Pablo tras su
llegada a Roma. Se sabe que permaneció un tiempo en prisión, desde donde escribió
algunas de las cartas que se incluyen en la Biblia, pero es probable que terminara en
libertad. Una de las (varias) tradiciones al respecto afirma que murió mártir, ya en esta
primera persecución, ya en alguna de las que se produjeron en los años siguientes.

Con la reconstrucción de Roma, el ya desaforado gasto público se multiplicó. Nerón mandó


erigir una colosal estatua suya, y también inició la construcción de un nuevo y lujoso
palacio, la Domus aurea, hecho de hormigón y ladrillo, materiales resistentes al fuego que
se pusieron de moda entre los que se lo podían permitir. Para hacer frente a los gastos tuvo
que alterar el peso del denario y poner de nuevo en vigor la ley que permitía confiscar las
fortunas de los traidores. Evidentemente, pronto surgieron traidores a los que confiscar las
fortunas, y los falsos traidores pronto dieron paso a los auténticos conspiradores. En 65 fue
neutralizada una conjuración organizada por el senador Cayo Calpurnio Pisón, que
planeaba asesinar al emperador y ocupar su lugar. Cuando supo que su plan había sido
descubierto, Pisón decidió suicidarse, pero Nerón se encargó de ejecutar a sus
colaboradores. Entre los acusados estaban Séneca, Lucano y Petronio, que se quitaron ellos
mismos la vida por mandato de Nerón. A partir de ese momento Nerón vio conspiradores
en todas partes. Popea estaba embarazada y fue víctima de un ataque de histeria de su
marido: Nerón le dio un puntapié en el vientre que le provocó la muerte. Eso sí, en su
funeral recibió honores divinos.

Por esta época, un discípulo de Pablo llamado Marcos redactó lo que años más tarde se
convertiría en el Evangelio según san Marcos, recogido en la Biblia, donde por primera vez
se ponían por escrito con fines didácticos las palabras y los hechos de Jesús según las
versiones que hasta entonces habían circulado oralmente.

Los historiadores chinos cuentan que el emperador Mingdi tuvo un sueño a raíz del cual
mandó traer de la India maestros, libros e imágenes budistas. Obviamente esto no es
creíble, pero es el primer reconocimiento oficial del budismo en China. Probablemente el
budismo se fue infiltrando lentamente en el país desde principios de siglo. Concretamente,
lo hizo la secta del gran vehículo, pues la secta del pequeño vehículo era una religión
monacal, y la idea del monacato resultaba extraña a la mentalidad china, en la que la
familia representaba un papel central.

En 66 hubo disturbios en Cesarea, la ciudad de Judea donde el procurador tenía su cuartel


general, así que los judíos fueron expulsados. La noticia llegó a Jerusalén junto con el
rumor de que el procurador pretendía apropiarse de parte del tesoro del Templo, con lo que
Jerusalén también se amotinó. En Jerusalén se encontraban Herodes Agripa y su hermana
Berenice, quienes trataron de calmar a la población haciéndoles ver lo que significarían las
represalias romanas si la rebelión seguía adelante, pero los zelotes dominaban la situación y
eran fanáticos. Se apoderaron del Templo y luego de toda la ciudad. La guarnición romana
fue expulsada. Una legión romana entró en Jerusalén, pero fue obligada a retirarse y,
durante su retirada, un improvisado ejército judío logró forzarla a presentar batalla y la
derrotó. Esto convenció a los judíos de que habían vuelto los tiempos de los Macabeos, y
todo el país se alzó en armas. Se estableció en Jerusalén un gobierno rebelde y el país fue
dividido en distritos militares. En Galilea quedó al mando un sacerdote llamado Josefo, que
dos años antes había visitado Roma para pedir un mejor trato hacia los judíos, al tiempo
que en Judea había tratado de aplacar a los sectores más radicales del judaísmo.

Mientras sucedía todo esto, Nerón estaba de viaje por Grecia. Los griegos organizaron
competiciones especiales en su honor, en las que el emperador pudo medirse con los más
destacados poetas, cantantes, músicos, atletas y aurigas griegos. Para su regocijo, logró
vencerlos a todos. Sólo hubo una cosa que los griegos no le consintieron: pidió permiso
para iniciarse en los misterios eleusinos, pero le fue denegado porque había matado a su
madre. Nerón no tomó ninguna represalia, lo que muestra el vigor que todavía tenían las
religiones mistéricas griegas.
Nerón podía haber enviado a Corbulo a Judea, pero lo consideró un traidor potencial y
en 67 le ordenó suicidarse. Corbulo se clavó su cuchillo y dicen que murmuró "me está
bien empleado", refiriéndose a que debería haber traicionado realmente al emperador
mientras había estado al frente de su ejército. Ésta fue tal vez la decisión más desafortunada
de Nerón, pues a los generales romanos no les importaba mucho que se mataran senadores,
pero se inquietaban bastante cuando la víctima era otro general.

No obstante, el ejército romano tenía muchos otros hombres capaces, y Nerón envió a
Judea a Tito Flavio Vespasiano. En tiempos de Claudio había estado al frente de una
legión en Germania y luego se había distinguido en la invasión de Britania. En tiempos de
Nerón había sido procónsul de África hasta este momento en que el emperador lo puso al
frente de tres legiones, con las que se dirigió a Antioquía. Desde allí avanzó hacia el sur y
tomó Galilea sin dificultad. Josefo se refugió en la ciudad de Jotapata, que cayó a las siete
semanas de asedio, pero Josefo logró ganarse la confianza de Vespasiano y se unió a
Herodes Agripa en su apoyo a los romanos. Luego Vespasiano fue recorriendo la costa de
Judea sin encontrar mucha resistencia, pues los judíos peleaban en el interior... unos contra
otros. Terminó venciendo el sector más extremista.

Según la tradición, Pedro murió mártir en Roma este año. Se le considera (sin mucho
fundamento) el primer obispo de Roma. Si bien es posible que viajara a Roma, es seguro
que no fundó la iglesia de Roma, sino que más bien fue a visitarla, pero suponerlo primer
obispo de Roma iba a tener una gran trascendencia política siglos después. Según la misma
tradición, el segundo obispo de Roma fue un italiano originario de Etruria llamado Lino, al
que supuestamente había convertido el mismo Pedro.

En 68 Nerón seguía en Grecia dedicado al espectáculo para vergüenza de los romanos. La


ejecución de Corbulo no tardó en mostrar sus efectos y en varios puntos del Imperio las
legiones se rebelaron. En la Galia fue proclamado emperador Cayo Julio
Víndex, secundado por Servio Sulpicio Galba, gobernador de la Hispania Tarraconense,
así como por las legiones de África. No obstante, Víndex fue derrotado y ejecutado
por Publio Virginio Rufo, que permanecía leal a Nerón y tenía bajo su mando las legiones
de la Germania Superior. Entonces Galba fue elegido emperador por sus soldados y
Virginio Rufo se dispuso a combatirlo como había hecho con Víndex.

Nerón volvió a Roma apresuradamente, pero Tigelino comprendió que el emperador estaba
perdido y le retiró su apoyo. Acorralado por la guardia pretoriana, se cuenta que Nerón no
tuvo el valor de suicidarse, y tuvo que pedir a su secretario, Epafrodito, que le clavara una
daga. Dicen que sus últimas palabras fueron: "¡qué gran artista muere conmigo!"

Tras la muerte de Nerón, Galba recibió el apoyo como emperador de Salvio Otón, que
seguía siendo gobernador de Lusitania desde que Nerón lo apartara de Roma para
arrebatarle a Popea. Por otra parte, Virginio Rufo fue aclamado emperador por sus
soldados, pero éste declinó y dejó la decisión al Senado. Viendo que Rufo estaba
controlado y Galba no, el Senado nombró emperador a Galba, pero la decisión no fue muy
afortunada, pues era un viejo de más de setenta años que no podía caminar y tenía que ser
llevado en litera. Además sus primeras medidas como emperador se encaminaron a
economizar y reponer al estado de los dispendios de Nerón, lo cual era sensato en teoría,
pero en la práctica era un suicidio, pues eran los soldados los que elegían los emperadores y
no lo hacían por altruismo, sino por dinero. El 1 de enero de 69 las legiones de Germania
nombraron emperador a Aulo Vitelio, un general que se había ganado el favor de Calígula,
Claudio y Nerón a base de adularlos.

Galba era consciente de su debilidad y trató de paliarla nombrando un heredero joven.


Eligió a Calpurnio Liciniano Pisón (10 de enero), pero ello lo enemistó con Otón, que
esperaba ser el sucesor. Otón no tuvo dificultad en ganarse a la guardia pretoriana, que no
había recibido la esperada gratificación, y el 15 de enero Galba y Pisón fueron degollados
en el Foro.

Por segunda vez, algunas legiones proclamaron emperador a Virginio Rufo, pero él
nuevamente dejó la decisión al Senado, y el Senado eligió al más peligroso, que era Otón,
que también contaba con el favor del pueblo. Entre sus primeras medidas estuvo la de
obligar a Tigelino a suicidarse, pues podía hacer con él lo que él había hecho con Galba.
El 14 de abril, Otón se enfrentó a Vitelio en la batalla de Bedriac, perdió y se suicidó.
Vitelio entró en Roma y fue reconocido emperador por el Senado.

Vitelio castigó a los asesinos de Galba, reorganizó la guardia pretoriana y remodeló el


gobierno confiando los altos cargos a la clase ecuestre en detrimento de la senatorial. El
nuevo emperador tampoco satisfizo a las legiones y pronto se produjeron revueltas en
Mauritania y en el Danubio, a la vez que las legiones de Judea y Egipto proclamaban
emperador a Vespasiano. Por aquel entonces Vespasiano había aislado a los zelotes en
espacios cada vez más reducidos al oeste del mar Muerto y estaba preparado para asediar
Jerusalén, pero decidió aplazar el ataque. Junto a él tenía a su hijo Tito Flavio
Vespasiano, con quien ocupó Egipto. Luego lo dejó en Alejandría y él se puso al frente de
las legiones del Danubio. En octubre derrotó a las tropas de Vitelio, en diciembre el
emperador fue asesinado por el pueblo y, antes de que acabara el mes, Vespasiano se había
convertido en el cuarto emperador del año.

En algún momento de este agitado año volvió a Roma Cayo Musonio Rufo. Había estado
implicado en la conspiración contra Nerón que costó la vida a Séneca, pero su castigo fue
sólo el destierro. A su regreso fundó una escuela estoica en la que predicaba a los hombres
de poder (emperadores incluidos). Según él, todos los hombres eran enfermos, y sólo la
filosofía podía curarlos.

VESPASIANO

La victoria de Vespasiano frente a Vitelio no puso fin a las guerras civiles que se habían
sucedido en los últimos años. En la Galia había estallado inmediatamente una revuelta
encabezada por Claudio Civilis, caudillo de la tribu de los bátavos, que poseía la
ciudadanía romana y había luchado al lado de Vespasiano contra Vitelio. Civilis estaba al
mando de unas tropas auxiliares y logró sublevar a los bátavos, a los frisones y a parte de
los germanos, con los que capturó la flota romana del Rin y se apoderó de todas las
ciudades y fortalezas que dominaban el río, excepto Maguncia y Colonia. Fue proclamado
"libertador de la Galia y Germania". Al mismo tiempo se alzó también en armas el
galo Julio Sabino, que también era ciudadano romano.

Vespasiano, al igual que Galba, era ya mayor cuando fue nombrado emperador (tenía 61
años), pero, a diferencia de éste, todavía estaba en plenas facultades. En 70 envió a la Galia
a Petilio Cerealis, quien obligó a Civilis a cruzar el Rin, mientras todos los pueblos se
sometían a Roma. Sabino continuó en rebeldía, pero su movimiento no tuvo ninguna
trascendencia. Al mismo tiempo, Vespasiano había enviado a su hijo Tito de regreso a
Judea, donde no tardó en reducir de nuevo a los zelotes y en mayo puso sitio a Jerusalén.
Poco a poco sus murallas fueron siendo destruidas, a la vez que el hambre y las
enfermedades hacían su efecto entre los sitiados. El 28 de agosto fue tomado y destruido el
segundo Templo. No obstante, todavía resistían algunas ciudades de Judea. Los cristianos
de Jerusalén interpretaron los desastres que veían a su alrededor como presagios del
inminente fin del mundo que había anunciado Jesucristo, y obraron según las instrucciones
que éste había dado:

Según esto, cuando veais que está establecida en el lugar santo la abominación desoladora que
predijo el profeta Daniel (quien lea esto, nótelo bien), en aquel trance, los que moran en Judea,
huyan a los montes. (Mt. XXIV, 15-16)

En efecto, los cristianos huyeron a los montes y no participaron en la defensa de


Jerusalén, por lo que desde ese momento los judíos los tuvieron por partidarios
de Roma y rompieron todo vínculo con ellos. Esto supuso la muerte definitiva
del cristianismo de san Pedro. Ya no hubo más cristianos que se consideraran
judíos. Por otra parte, a medida que los cristianos se daban cuenta de que el fin
del mundo que esperaban no parecía llegar nunca, empezaron a llegar a la
conclusión de que las palabras proféticas de Jesús se referían simbólicamente a
la destrucción de Jerusalén. Esto reforzó la doctrina de san Pablo, que
conminaba a los cristianos a llevar una vida normal, en contra de las enseñanzas
de Jesús y los apóstoles, que invitaban a abandonarlo todo y vivir del aire hasta
el fin de los tiempos.

Los judíos también recibieron un duro golpe en Alejandría. Allí se habían ganado a pulso la
enemistad de los griegos, pero el gobierno siempre había logrado mantener una relativa paz
entre ambos. No obstante, mientras los judíos estaban en rebelión en Judea, los gobernantes
romanos de Alejandría no se sintieron obligados a proteger a los judíos de la ciudad. Pronto
se produjeron sangrientos tumultos entre griegos y judíos y, como éstos eran minoría, se
llevaron la peor parte. El principal templo judío de la ciudad fue destruido y miles de judíos
fueron asesinados. La comunidad judía de Alejandría sobrevivió, pero conservó siempre
una hostilidad hacia Roma y, recíprocamente, los romanos consideraron desde entonces a
los judíos como fanáticos peligrosos. Desgraciadamente para los cristianos, los romanos no
distinguían entre unos y otros, por lo que su imagen también empeoró. Herodes Agripa se
mantuvo fiel a Roma, por lo que Vespasiano le amplió su territorio y le concedió el rango
de pretor.
Cuando Tito regresó a Roma se llevó consigo a Berenice, la hermana de Herodes Agripa,
de la que se había enamorado. También marchó a Roma el judío Josefo, que había
participado en la toma de Jerusalén. Vespasiano le concedió una pensión. Otro personaje
que destacaba entonces en Roma era Marco Fabio Quintiliano, que había nacido
en Calagurris Nassica (la actual Calahorra, en España), pero había estudiado en Roma.
Tras completar sus estudios volvió a Hispania, pero había regresado a Roma hacía unos
años, probablemente con Galba. Alcanzó fama como abogado y como maestro. Escribió De
institutione oratoria, en doce libros, donde ensalzaba el estilo de Cicerón, a quien se tenía
por anticuado, frente a las nuevas tendencias literarias al estilo de Séneca.

En 71 Vespasiano y Tito celebraron un triunfo en Roma, en honor de sus victorias en Judea.


Vespasiano fue considerado un nuevo Augusto, que había puesto fin a las disputas internas
y restablecido la llamada pax Romana. Así, el emperador adoptó los mismos títulos que
Augusto, entre ellos el de cónsul, que renovó año tras año. Tito fue nombrado procónsul,
tribuno y jefe de la guardia pretoriana. Era además emperador adjunto y heredero del cargo.
Cerealis fue enviado a Britania, donde mantuvo una larga guerra contra los brigantes, un
pueblo celta asentado en el actual condado de York.

El nuevo emperador demostró tener la talla de Augusto en cuanto a la administración. Era


el primer emperador de origen italiano (no propiamente romano). Su familia era de origen
burgués y tal vez ello influyó, junto con la evidente decadencia y envilecimiento de la clase
senatorial, en que Vespasiano concediera un papel preeminente a la clase ecuestre. Los
senadores ridiculizaron su avaricia, pero más bien hemos de entender que Vespasiano
adoptó las medidas económicas necesarias para recuperar las arcas del estado de los
dispendios realizados por Calígula y Nerón. También reorganizó el ejército, y disolvió las
legiones que habían actuado más desordenadamente durante la guerra civil que precedió a
su nombramiento. Reforzó las fronteras del Rin y del Danubio, y en 72, el propio
Vespasiano tomó la Comagena, un diminuto reino de Asia Menor que había permanecido
independiente por capricho de Calígula.

En 73 Vespasiano y Tito asumieron el cargo de censor y realizaron una drástica reforma del
Senado. Admitieron como senadores a los más distinguidos italianos y naturales de otras
provincias, con lo que se creó una nueva aristocracia. Así se estrecharon los vínculos entre
Roma y las provincias. Muchas ciudades recibieron la ciudadanía romana y toda Hispania
fue sometida al derecho latino (esto es, al régimen privilegiado del que disfrutaban las
ciudades del Lacio, el más ventajoso después del derecho romano). Esto permitió al
emperador admitir en las legiones romanas a hombres naturales de las provincias, que hasta
entonces sólo podían formar parte de tropas auxiliares. No obstante, estableció que sólo los
italianos podían pertenecer a la guardia pretoriana. Estas medidas aceleraron la
romanización y la difusión del latín y la cultura grecorromana.

Ese mismo año cayó el último foco de resistencia en Judea, la ciudad de Masada, en la
costa occidental del mar Muerto. Cuando la entrada romana en la ciudad era inminente, sus
habitantes, casi un millar de hombres, mujeres y niños, decidieron matarse antes que
rendirse. Así terminó la rebelión judía. Herodes Agripa era cada vez más impopular entre
los judíos, así que decidió trasladarse a Roma, donde vivía su hermana Berenice.
En 74 los brigantes estaban sometidos a Roma, pero la guerra en Britania continuó, esta vez
con una campaña contra los siluros, que ocupaban el sur del actual país de Gales. La
campaña la dirigió Sexto Julio Frontino, que ese año era el segundo cónsul, junto al
emperador. Además de un gran militar, fue un ingeniero de primer orden.

En 77, cuando los siluros quedaron sometidos, Vespasiano decidió que estaba en
condiciones de acelerar la conquista de Britania y envió un gran ejército bajo el mando
de Cneo Julio Agrícola, el cual conquistó rápidamente el actual país de Gales e inició un
avance hacia el norte. En 78 su hija se casó con Publio Cornelio Tácito, un joven que
estaba destacando en Roma por su oratoria. Mientras Agrícola continuaba su conquista
Frontino fue nombrado gobernador de Britania.

Por esta época aproximadamente, un antiguo compañero de viajes de san Pablo,


llamado Lucas, escribió una nueva versión de la historia de Jesucristo, desde su nacimiento
hasta su ascensión. El Evangelio según san Lucas, que forma parte de la Biblia, se basa en
parte en el relato escrito por Marcos más de diez años atrás, pero incorpora otras fuentes.
Lucas escribió también los Hechos de los Apóstoles, donde relata lo que los discípulos de
Jesús dijeron que sucedió tras la resurrección y después se centra en san Pablo hasta su
viaje a Roma.

Por su parte, Josefo publicó La guerra de los judíos, a la que pronto tuvo que acompañar de
una autobiografía para defenderse de las acusaciones de haberla provocado.

En 79 los secuanos (un pueblo galo) entregaron a Vespasiano al insurrecto Julio Sabino,
que fue condenado a muerte en Roma. Poco después moría el emperador. Cuentan que
cuando vio que le quedaba poca vida dijo: "siento que me estoy convirtiendo en un
dios", aludiendo irreverentemente al culto imperial, por el que los emperadores muertos
recibían honores divinos. Al parecer, en sus últimos instantes pidió a los que le rodeaban
que le ayudaran a incorporarse pues "un emperador —dijo— ha de morir de pie". Sus diez
años de gobierno habían remediado las consecuencias del irresponsable mandato de Nerón.

Tito sucedió sin problemas a su padre. Su carácter alegre y extrovertido hacían temer que se
convirtiera en otro Calígula, pero no fue así. Tomó las riendas del gobierno eficientemente.
La única crítica que recibió fue la de tener una amante judía, Berenice, la hermana de
Herodes Agripa, con la que pensaba casarse, pero a la que finalmente tuvo que devolver a
Judea. Antes de que terminara el año se produjo una catástrofe natural. Cerca de Nápoles
había una montaña llamada Vesubio, de la que se sabía que había sido un volcán, pero
nadie tenía memoria de una erupción. Junto al Vesubio se encontraban las ciudades
de Pompeya y Herculano, y en su ladera se esparcían numerosas granjas. Pompeya, en
particular, era una zona de veraneo de los romanos ricos. En noviembre el Vesubio sufrió
una violenta erupción y, en pocas horas, Pompeya y Herculano fueron enterradas bajo la
lava. Tito se dirigió apresuradamente a la zona, pero poco después tuvo que volver a Roma,
donde se había desatado un incendio que tardó tres días en ser sofocado.

Una de las víctimas más ilustres de la erupción del Vesubio fue Cayo Plinio Segundo, que
a la sazón estaba al frente de la flota de Mesina (en Sicilia). Acudió con su flota y trató de
salvar a los habitantes de la costa, pero su vocación eran las ciencias naturales, se acercó al
volcán para observarlo de cerca y murió asfixiado por los gases. Había sido un trabajador
infatigable. Escribió de los temas más diversos, desde gramática hasta el arte bélico,
pasando por su Historia natural, que es la única obra que se conserva. Aunque no tiene
valor literario, proporciona mucha información sobre los conocimientos antiguos de
etnografía, zoología, botánica, medicina y mineralogía. A menudo Plinio es conocido
como Plinio el Viejo, para distinguirlo de su sobrino e hijo adoptivo Cayo Plinio Cecilio
Segundo, o Plinio el Joven. Tenía unos dieciocho años cuando murió su tío. Había
estudiado con Quintiliano y desde joven destacó como orador. Se conserva una carta suya
en la que relata la muerte de su tío.

En los últimos años de su gobierno Vespasiano había iniciado una serie de obras públicas,
la más famosa de las cuales fue un enorme anfiteatro construido sobre lo que había sido el
palacio de Nerón. Las obras finalizaron en 80 y la construcción recibió el nombre
de Anfiteatro Flavio, pero terminó siendo conocido como el Coliseo, debido a que junto a
él estaba el coloso construido por Nerón (una gigantesca estatua suya). Aunque la estatua
de Nerón no se conserva, el Coliseo sigue en pie en bastante buen estado. Tenía capacidad
para unos cincuenta mil espectadores. Allí se celebraron carreras de carros, luchas de
gladiadores, luchas con animales, etc.

Por esta época murió el estoico Musonio Rufo, al tiempo que empezaba a ganar
fama Marco Valerio Marcial. Había nacido en Bílbilis (la actual Calatayud, en España), y
llegó a Roma un año antes de que Nerón matara a Séneca y Lucano. Tras la muerte de
éstos, la comunidad hispana en Roma quedó desamparada, y durante los años siguientes
Marcial tuvo que vivir de la adulación como parásito, a menudo al borde de la miseria.
Ahora destacaba como poeta, principalmente por sus Epigramas, poemas breves en los que,
en palabras de Plinio el Joven, sabía mezclar perfectamente la sal y la hiel, no menos que
el candor. Tito le concedió algunos títulos honoríficos.

Tras sólo dos años de gobierno y a los cuarenta años de edad, murió Tito en 81, y el Senado
nombró emperador a su hermano menor, Tito Flavio Domiciano. Él erigió en honor de su
hermano el llamado Arco de Tito, que aún sigue en pie, y en el que está representado el
botín del Templo que fue llevado a Roma tras la caída de Jerusalén. También reconstruyó
los templos destruidos por el incendio del año anterior, construyó bibliotecas públicas y
financió juegos para el populacho. Se preocupó por la prosperidad de las provincias y con
frecuencia nombró cónsules no italianos. Trató de estimular la vida familiar y la religión
tradicional. Prohibió la castración de esclavos y, en general, su gobierno fue justo, firme y
prudente. Sin embargo, al igual que Tiberio, era huraño, frío, introvertido y, en suma, nada
popular. Además no ocultaba su desprecio hacia la decadente clase senatorial, lo que le
valió la enemistad de muchas personalidades influyentes.

En Britania, Agrícola había llegado hasta el río Tay, en lo que ahora es Escocia central.
Más al norte estaban los caledonios, tribus que habitaban la isla desde antes de la llegada
de los celtas (si bien en esta época estaban muy mezclados con la población celta). Los
romanos llamaron Caledonia al territorio situado al norte de sus dominios en Britania.
En 82 Agrícola inició una campaña contra los caledonios.
Pero la preocupación principal de Domiciano fueron los germanos. El punto más débil de la
frontera germana era Retia, entre los nacimientos del Rin y del Danubio. Las tribus
fronterizas eran los catos, que desde los tiempos de Augusto habían luchado contra los
romanos de tanto en tanto. Si avanzaban hacia el sur podrían separar Italia de la Galia con
relativa facilidad, y ello podría haber sido peligroso. En 83 el propio Domiciano se puso al
frente de las legiones y derrotó a los catos. Luego construyó una línea de fortalezas en la
región con las que estableció una firme línea defensiva.

En 84 Agrícola había obtenido una victoria decisiva frente a los caledonios, que se
refugiaron en las regiones montañosas del norte de Escocia. Sin embargo, Domiciano no
permitió a Agrícola que siguiera adelante con su campaña y le ordenó volver a Roma. Los
senadores le acusaron de hacerlo por celos, pero es razonable conjeturar que el emperador
no considerara rentable enviar legionarios a unas montañas donde los caledonios estaban
como en casa.

Al norte del Danubio en la parte oriental del Imperio estaban los dacios, que por esa época
se unieron a los sármatas bajo el mando de un caudillo llamado Decébalo y cruzaron el río
helado por sorpresa, invadiendo la provincia de Mesia. Las legiones romanas lograron
expulsar a los invasores.

Alrededor de 85 se escribió el Evangelio según san Mateo, que reproduce unas nueve
décimas partes del evangelio de san Marcos, pero incorpora también tradiciones
judaizantes, probablemente tomadas de fuentes cristianas anteriores a san Pablo.

En 86 los ejércitos romanos ocuparon la Dacia, y Domiciano celebró un triunfo en Roma,


pese a que sólo intervino de forma secundaria en la campaña. Poco antes había sofocado
una rebelión en Mauritania.

La naturaleza introvertida de Domiciano le llevó a la soledad. No confiaba en nadie y no se


sentía a gusto con nadie. Recíprocamente, la corte recelaba de que en cualquier momento
decretara una serie de ejecuciones paranoicas. Una vez más, los temores de conspiraciones
dieron paso a las conspiraciones auténticas. Un general de la frontera germánica
llamado Lucio Antonio Saturnino hizo que sus tropas lo proclamaran emperador
en 88, con la ayuda de los catos. Domiciano aplacó la revuelta en 89, pero Decébalo y los
dacios aprovecharon la situación para rebelarse y una fuerza romana sufrió una desgracia
en la región. No obstante, las legiones lograron controlar la situación de forma algo
precaria.

En 90 Domiciano consideró que la guerra contra Decébalo y los dacios era demasiado
costosa, así que firmó un tratado de paz. Decébalo fue coronado por Domiciano, pero en la
práctica Dacia siguió siendo independiente. Además Decébalo recibió un subsidio del
emperador, más barato que los costes militares, pero obviamente los senadores prefirieron
llamarlo "tributo vergonzoso", el primero que pagaba Roma desde los tiempos legendarios
de la invasión gala.

Por esta época, un grupo de sabios judíos se reunieron en la ciudad de Jamnia, una ciudad
costera a unos cincuenta kilómetros al oeste de Jerusalén, que se había convertido en uno de
los centros del saber judío. Allí elaboraron la versión final de la Biblia judía. En Roma,
Josefo escribió su libro Antigüedades de los judíos, cuya finalidad era demostrar que los
judíos tenían una tradición tan gloriosa como la griega o la romana, y más antigua.

Durante la época de Domiciano destacó un escritor de cuya vida se sabe muy poco.
Era Décimo Junio Juvenal. En su obra criticó duramente todos los aspectos de la vida
cotidiana de Roma, cambiando el humor de Marcial por la crudeza más desgarrada.
Detestaba tanto la tiranía del emperador como la supremacía del populacho. Fue él quien
acuñó la expresión panem et circenses para resumir los intereses del pueblo.

Mientras tanto China vivía momentos de esplendor. Los comerciantes habían difundido la
cultura china entre los bárbaros, lo que disminuyó las fricciones. La ruta de la seda estaba
dominada y proporcionaba sustanciosos ingresos. La invención del papel había facilitado la
difusión de la cultura, lo que se tradujo en un progreso de muchas ciencias: alquimia,
cirugía, medicina, astronomía... El lujo volvió a brillar en la corte, donde los eunucos
concentraban cada vez más poder.

La rebelión de Saturnino había acrecentado los recelos del emperador. En 94 promulgó un


decreto por el que expulsaba de Roma a los filósofos, pues el emperador consideraba que
defendían un republicanismo idealizado que los convertía en potenciales traidores. Entre los
expulsados estaba Epícteto, que había sido esclavo de Epafrodito, el secretario de Nerón
que le había ayudado a suicidarse, y había estudiado en la escuela de Musonio Rufo.
Cuando Epafrodito fue asesinado (a instancias de Domiciano), Epícteto fue emancipado y
se consagró a la filosofía estoica, reducida a una doctrina moral preocupada por dictar
reglas prácticas de conducta sin tratar de justificarlas teóricamente. Epícteto se retiró a la
ciudad de Nicópolis, en Épiro, donde vivió pobremente enseñando su doctrina.

Otro de los filósofos expulsados de Roma fue Dión Crisóstomo, nacido en Bitinia sesenta
y cuatro años atrás, donde había enseñado retórica durante un tiempo y ocupado diversas
magistraturas. Tras algunos viajes por Egipto y Grecia había fijado su residencia en Roma
en tiempos de Vespasiano, donde siguió enseñando retórica y no tardó en ganarse la
confianza del emperador. Tras la expulsión llevó una vida errante.

Domiciano emprendió también acciones contra los judíos dispersos por el Imperio, pues era
consciente de su enemistad hacia su padre y su hermano, obviamente extendida a su
persona. Los cristianos también sufrieron persecuciones, probablemente porque eran
considerados judíos. Domiciano instituyó la costumbre de que las legiones acamparan en
campamentos separados, de modo que dos de ellas no pudieran unirse contra el emperador.
A la larga, las medidas para evitar que las legiones se unieran entorpeció su efectividad y
debilitó las fronteras.

En 95, un tal Juan (que difícilmente podría ser el apóstol, como afirma la tradición
cristiana) escribió el Evangelio según san Juan, el último de los cuatro recogidos en la
Biblia, en el que la figura de Jesús aparece más distorsionada. Mientras en los otros tres
Jesús afirma sólo discretamente su condición de Mesías, el Jesucristo de san Juan proclama
su naturaleza divina una y otra vez. Es probable que sea del mismo autor el último libro de
la Biblia, el Apocalipsis (la revelación).
Al parecer, los últimos años del gobierno de Domiciano fueron un reinado del terror.
Finalmente, en 96 triunfó una conspiración palaciega en la que estuvo involucrada la misma
emperatriz. Los senadores se ganaron la confianza de la guardia pretoriana y asesinaron a
Domiciano. Para evitar que sucediera lo mismo que tras la muerte de Nerón, cuando varios
generales lucharon por adueñarse del Imperio, los conjurados ya tenían designado un
sucesor. Se trataba de Marco Coceyo Nerva, un senador ya mayor, pero sumamente
respetado. Había desempeñado cargos de responsabilidad bajo Vespasiano, Tito y también
con Domiciano, pero finalmente había caído en desgracia y Domiciano lo había desterrado
al sur de Italia.

Las primeras medidas de Nerva se encaminaron a cancelar las medidas represivas de


Domiciano. Anuló los destierros, suprimió los decretos contra los cristianos y los judíos y
prometió no ejecutar nunca a un senador. Organizó un servicio postal, creó instituciones de
caridad para el cuidado de los niños necesitados y estableció repartos de trigo entre el
pueblo, como no se hacía desde los últimos años de la República. Domiciano no había
cuidado mucho la economía, así que Nerva tuvo que imponer nuevas medidas de ahorro.
Algunas de estas medidas afectaron a la guardia pretoriana, con la que Domiciano había
sido especialmente generoso y tolerante. Ahora cundió el descontento.

Dión Crisóstomo estaba en Tracia cuando llegaron las noticias de la muerte de Domiciano y
la subida al poder de Nerva. Allí había un campamento romano y al parecer Dión logró
evitar una sublevación de los soldados, lo que le permitió volver a Roma, donde Nerva lo
trató con respeto.

En 97 Nerva puso a cargo del sistema de acueductos de Roma a Frontino, el que había sido
gobernador de Britania. A raíz de este cargo escribió una memoria llamada
precisamente Acueductos de Roma, llena de valiosos detalles. También había escrito un
tratado de arte militar (que no se conserva) y otro de agrimensura (del que se conservan
fragmentos). Ese mismo año murió siendo cónsul Virginio Rufo, el general que por dos
veces había renunciado al cargo de emperador, tras la muerte de Nerón y de Galba.

Ese año se produjo una conspiración contra Nerva. El responsable era un senador, pero
Nerva fue fiel a su promesa y no lo ejecutó, sino que ordenó su destierro. Sin embargo, la
guardia pretoriana reclamó la muerte del traidor, así como la de su propio jefe, que también
estaba implicado en la conjura. Nerva trató de oponerse, pero los pretorianos asesinaron a
quienes consideraron oportuno y obligaron al emperador a que impulsara una moción del
Senado que les agradecía el servicio prestado.

Nerva comprendió la urgencia de elegir un sucesor competente, pues en cualquier momento


podía ser asesinado y el Imperio se vería envuelto de nuevo en una guerra civil. Eligió
a Marco Ulpio Trajano, al que adoptó para legitimar la sucesión. Había nacido
en Itálica (cerca de la actual Sevilla, en España). Iba a ser el primer emperador nacido
fuera de Italia (aunque era de ascendencia italiana). Era un soldado hijo de soldado que
siempre había actuado con eficiencia y capacidad. Tres meses después de la adopción, ya
en 98, el emperador murió. Trajano se encontraba inspeccionando la frontera con Germania
en Retia que Domiciano había reforzado y, a pesar de su nombramiento, no volvió a Roma
hasta que consideró concluida su misión.
Tácito escribió la Vida de Agrícola, en la que relata las operaciones militares de su suegro
en Britania, elogiando su figura y atacando la de Domiciano. Poco después
escribió Germania, donde analiza con gran precisión las costumbres de los germanos,
elogiando su sencillez y honestidad frente a la corrupción que imperaba en Roma.

En 99 Trajano entro triunfalmente en Roma. Al nuevo emperador le bastó su carisma para


someter a la guardia pretoriana. En 100 murieron Josefo y Quintiliano.

Al inicio del siglo II, tres de los cuatro grandes imperios civilizados gozaban de
prosperidad política, económica y cultural. China había logrado que los bárbaros del norte
asimilaran su cultura y le sirvieran de pantalla contra otros pueblos. Su influencia se
extendía por extensos territorios asiáticos, la ruta de la seda proporcionaba buenos ingresos
y el bienestar social favoreció un considerable desarrollo cultural.

El imperio Kusana estaba en su apogeo bajo el emperador Kaniska, al que los budistas
recuerdan como uno de sus más ilustres protectores. El imperio se extendía por el actual
Afganistán hasta casi toda la India. En este periodo floreció el comercio en Asia Central y
muchas regiones se urbanizaron. La cultura Kusana combinaba el budismo con la cultura
griega de la antigua Bactriana.

El Imperio Parto era la excepción. Tenía una estructura feudal, con príncipes locales muy
poderosos que desde hacía varias décadas se enzarzaban con frecuencia en guerras civiles,
principalmente por el trono.

Más al oeste estaba el Imperio Romano, cuyos últimos emperadores habían sabido
compensar la incompetencia de Nerón. Las arcas públicas estaban algo escasas de fondos,
pero el nuevo emperador, Trajano, se encontró con las mejores condiciones imaginables
para iniciar su gobierno. Pero antes de entrar en la política romana hemos de detenernos en
la evolución del cristianismo. Desde la destrucción de Jerusalén, los judíos dejaron de
considerar a los cristianos como una de sus sectas para tenerlos por gentiles. El beneficio
para éstos fue incalculable, pues en aquellos tiempos los judíos tenían fama de fanáticos
agresivos, y a nadie civilizado se le pasaría por la cabeza convertirse al judaísmo. En
cambio, una religión de la que los judíos abjuraban interesó especialmente a sus más
enconados enemigos: los griegos. En Alejandría, el cristianismo cuajó entre la comunidad
griega, que pronto diseñó la versión del cristianismo que resultaba más ofensiva para sus
odiados conciudadanos. Se conoce como gnosticismo, que es una curiosa mezcla entre la
doctrina cristiana y la filosofía platónica.

Platón había afirmado que el mundo verdadero es el mundo de las ideas, la más excelsa de
las cuales es el Bien, en el más amplio sentido de la palabra. El mundo que nos muestran
los sentidos, el mundo de la materia, es un pálido e imperfecto reflejo del mundo de las
ideas, obra de un demiurgo (artesano), una especie de dios menor que había hecho lo que
había podido, que no era mucho. Para los gnósticos, el dios de los judíos, el dios descrito en
el Antiguo Testamento, era ese demiurgo, ese dios torpe y de segunda categoría. Para
algunos de ellos era incluso un demonio. Por contraposición, Jesucristo era la encarnación
perfecta del Bien. La salvación del hombre se basaba en el rechazo a la materia,
identificada con el mal, y el conocimiento superior (gnosis) de las cosas divinas. Los
primeros teólogos gnósticos (Menandro, Cerinto) habían surgido en los últimos años del
siglo I, pero la doctrina empezó a tomar su forma definitiva en el nuevo
siglo. Carpócrates enseñaba en Alejandría que el mundo había sido creado por ángeles
privados de su pureza primitiva. La creación es mala y para librarse de ella hay que
alcanzar la gnosis, como lo habían hecho Pitágoras, Platón y Aristóteles.

Esta teoría sobre los ángeles y otras ideas gnósticas son duramente combatidas en la que en
la Biblia aparece como segunda epístola de san Pedro, así como en las epístolas de Juan,
Judas y Santiago, que obviamente no pudieron ser escritas por los discípulos de Jesús. Tal
vez para negar esta evidencia los antiguos cristianos trataron de remontar el gnosticismo
a Simón el Mago, un personaje citado en los hechos de los apóstoles que, al parecer, trató
de comprarles la gracia del Espíritu Santo (y por eso se llama "simonía" a la compraventa
de bienes espirituales).

Durante el siglo precedente la ciudad de Aksum, en Etiopía, se convirtió en la capital de un


reino independiente, al que los árabes llamaron Abisinia, nombre derivado de la tribu de
los Habasa, una de las tribus que formaban la aristocracia semita que dominaba a la
población nativa. Su gobernante había adoptado el título de Nigu sa Nagast, (rey de reyes)
y pronto se convertiría en rival del reino sabeo.

En Teotihuacán se construye por primera vez una ciudad de estructura planificada: Una
nueva pirámide, llamada Pirámide de la Luna, da a una plaza rodeada de plataformas y
templos, entre los cuales está el gran palacio de Quetzalpapalotl. En el lado opuesto a la
pirámide se inicia una majestuosa avenida de 2 km de largo que pasa junto a la Pirámide
del Sol. Esta avenida, con orientación norte-sur, se cruza con otra perpendicular, y en el
cruce se alza una ciudadela con numerosas plazas y plataformas para ceremonias en cuyo
interior se halla el templo de Tlaloc-Quetzalcóaltl, las dos divinidades principales de la
ciudad: el dios del agua y la serpiente emplumada, cuyas cabezas monstruosas decoran sus
muros talladas en piedra y empotradas en ellos. En esta zona hay también un mercado,
palacios para los sacerdotes, centros administrativos, etc. A su alrededor se disponen las
viviendas de los servidores de los templos, los artesanos y los agricultores.

Teotihuacán fue una verdadera ciudad-estado. Su riqueza se basó en el comercio con


pueblos lejanos, por lo que su cultura influyó en un amplio territorio, en especial sobre los
zapotecas y los mayas.

Volviendo a Trajano, el nuevo emperador opinaba que Roma se estaba ablandando por falta
de buenos enemigos. Desde la derrota de Varo en Germania, la política exterior romana
había sido esencialmente defensiva, y las pequeñas expansiones del Imperio se habían
hecho a costa de pueblos considerados poco peligrosos, como los britanos. Trajano estaba
dispuesto a cambiar la situación, y su primer objetivo era obligado: Roma seguía pagando
el vergonzoso tributo al rey dacio Decébalo según lo dispuesto por Domiciano. Trajano
dejó de pagarlo y Decébalo reanudó sus incursiones al sur del Danubio. En 101 el
emperador condujo personalmente sus legiones a la misma Dacia. En 102 Decébalo tuvo
que rendirse y admitir que Roma dejara guarniciones en su propio territorio. A continuación
Trajano se dedicó a fortificar la frontera del Danubio y la de África como había hecho con
la del Rin antes de ser nombrado emperador.

En 105 Decébalo se rebeló de nuevo y esta vez los dacios fueron aplastados con mayor
dureza, hasta el punto que Decébalo optó por el suicidio. Trajano convirtió a Dacia en una
provincia romana, estimuló la emigración de colonos romanos y la región se romanizó muy
rápidamente. La capital indígena se convirtió en la ciudad de Ulpia Trajana, y siguió
siendo la más importante de la región. En realidad, la costa Dacia del mar Negro no llegó a
ser ocupada, pues en ella había numerosas ciudades de origen griego que aceptaron de buen
grado el protectorado romano. Dacia se corresponde aproximadamente con la actual
Rumanía, y la tradición dice que los rumanos descienden de los colonos romanos llegados
en tiempos de Trajano.

Para conmemorar su victoria en Dacia, Trajano erigió en Roma una columna de 33 metros
de altura que aún sigue en pie. En ella se representa la historia de la campaña en un
bajorrelieve en espiral que contiene más de 2.500 figuras humanas. El botín de guerra fue
cuantioso, pues al parecer Decébalo había acumulado grandes riquezas, pero además
Trajano estimuló la producción minera de la nueva provincia.

Mientras Trajano combatía en Dacia, uno de sus generales, Cornelio Palma, conquistaba el
reino Nabateo, al sur de Judea, que se convirtió en la provincia de Arabia, y su frontera se
protegió con numerosas fortificaciones. La conquista arruinó a Petra, la capital nabatea, que
perdió su papel de intermediaria en el comercio con Oriente. Esto benefició enormemente a
la ciudad de Palmira. Estaba situada en un oasis entre Damasco y el Éufrates y su
existencia está documentada desde fines del tercer milenio antes de Cristo. Los judíos
decían que la había fundado el rey Salomón. Su nombre original era Tadmor (la ciudad de
las palmas), y fueron los griegos los que le dieron el nombre de Palmira. Perdida en el
desierto, Palmira siguió siendo la capital de un pequeño estado aliado de Roma incluso
después de que ésta se anexionara Siria. Pronto adoptó las instituciones y el derecho
romano. La ciudad empezó a enriquecerse con el comercio con la India. Sus habitantes
recogían mercancías en la desembocadura del Tigris y las llevaban a Damasco o
a Emesa (otra importante ciudad siria).

La expansión también mejoró la economía romana. Trajano pudo bajar los impuestos, y a la
vez se preocupó de organizar funcionarios que evitaran irregularidades en la recaudación.
Siguiendo la línea de Nerva, protegió a los huérfanos y a las familias numerosas. En
definitiva, estimuló la natalidad. (Se especula con la posibilidad de que el uso de cañerías
de plomo en las ciudades produjo un lento envenenamiento en la población que disminuyó
la fertilidad, y un descenso de la tasa de natalidad era un problema grave para el Imperio,
pues podía llegar el día en que no hubiera suficientes soldados.) Trajano creó dos nuevas
legiones y una nueva guardia imperial, los equites singulares.

A lo largo de su mandato, Trajano realizó numerosas obras públicas: edificó el foro de


Trajano en Roma, construyó bibliotecas, las termas de Esquilino, amplió el puerto de Ostia,
construyó la vía trajana, de Benevento a Bríndisi, restauró la vía apia, etc.
Alrededor de 106 Trajano eligió como sucesor a Publio Elio Adriano. Era hijo de un
primo suyo, nacido también en Hispania y educado en Roma bajo su protección. Había
destacado en las guerras contra los dacios y se casó con una sobrina nieta del emperador.

En 109 las guerras civiles partas terminaron con el advenimiento de Cosroes. Mientras
tanto Trajano estaba tratando de combatir un cierto grado de corrupción en los gobiernos
locales, causada en parte por las largas ausencias del emperador en el transcurso de sus
campañas. Así, en 111 Plinio el Joven fue enviado a Bitinia. En la correspondencia de
Plinio figura una carta al emperador donde le consulta sobre el trato que debía dar a los
cristianos. Al parecer eran castigados por el mero hecho de serlo (probablemente porque se
los consideraba tan peligrosos como a los judíos, pero más numerosos). Plinio opinaba que
si lograba persuadir a los cristianos de que se retractaran, se les debía perdonar, y tampoco
consideraba correcto actuar ante denuncias anónimas. También constató que el cristianismo
se estaba difundiendo muy rápidamente y que la represión no tenía efectos apreciables.

La respuesta de Trajano fue breve. Aprobó la política de Plinio de perdonar a los cristianos
que se retractaban, prohibió atender denuncias anónimas e incluso ordenó a Plinio que no
buscara cristianos. Si alguno era denunciado legalmente y declarado culpable de serlo en un
juicio, debía ser condenado, pero no había motivos para investigar en busca de cristianos.

En 113 Cosroes cometió la necedad de imponer un gobernante parto en Armenia. La


reacción de Trajano no se hizo esperar. Avanzó rápidamente hacia el este y Cosroes debió
de comprender su error, pues trató de aplacar al emperador, pero Trajano no quiso oír nada.
En 114 (año de la muerte de Plinio el Joven) se apoderó fácilmente de Armenia y la
convirtió en provincia romana. Luego tomó la capital parta, Ctesifonte, donde se apoderó
del trono de oro de Cosroes, símbolo de la monarquía. Desde allí avanzó por Mesopotamia
hasta el golfo Pérsico. Se cuenta que Trajano miró al mar, hacia Persia y la India, y
exclamó, ¡Si yo fuera más joven! En 116 Mesopotamia y Asiria fueron convertidas en
provincias romanas, y la frontera oriental del Imperio quedó fijada en el río Tigris. Trajano
había impuesto un gobernante sobre la propia Partia, pero Cosroes logró dominar los
territorios al este de Mesopotamia, sin que el emperador hiciera nada por impedirlo.

Trajano tenía que atender un asunto más urgente: Tras la destrucción de Jerusalén y la
matanza de judíos en Alejandría, la comunidad judía más próspera estaba en Cirene, al
oeste de Egipto. Tal vez acrecentados por unos rumores de que Trajano había muerto en el
este, tal vez siguiendo a algún mesías, se rebelaron y mataron a todos los gentiles que
cayeron en sus manos. En 117 Adriano fue nombrado gobernador de Siria, pero no ocupó el
cargo mucho tiempo, ya que en agosto murió el emperador mientras regresaba de
Mesopotamia apresuradamente para atender la rebelión judía. Al parecer, la viuda de
Trajano declaró que había adoptado a Adriano en su lecho de muerte, lo que facilitó que la
sucesión se llevara a cabo sin contratiempos. (También ayudó una apropiada gratificación a
los soldados.) En aquel momento la rebelión de Cirene ya había sido sofocada y los
romanos superaron a los judíos en la profesión de la carnicería. Así desapareció la última
colonia judía importante. Por esta época publicó Tácito sus Anales, obra histórica que
abarca el periodo entre la muerte de Augusto y la caída de Nerón. Previamente había
escrito unas Historias que comprendían el periodo siguiente, desde la caída de Nerón hasta
Nerva. También fue el año de la muerte de Dión Crisóstomo.
A la muerte de Trajano el Imperio Romano había alcanzado su máxima extensión. En esta
época tenemos los primeros datos sobre la presencia de algunos pueblos exteriores al
mundo "civilizado". Entre los germanos situados más al norte se encontraban
los lombardos (situados alrededor de la desembocadura del Elba) y más al este seguían los
godos. Al sureste nos encontramos con los primeros indicios de pueblos eslavos, pueblos
indoeuropeos que habitaban al norte de los Cárpatos, entre el Vístula y el Dnieper. Estaban
separados del mar por los baltos, pueblos que ocupaban la costa oriental del mar Báltico,
cuya lengua era cercana a la de los eslavos. Eran pueblos sedentarios, pero no agrícolas,
vivían de la caza, la pesca y la recolección, aunque también conocían la ganadería. Durante
mucho tiempo se mantuvieron alejados de las rutas comerciales, viviendo en zonas
pantanosas poco frecuentadas. Tenían un culto animista y su sistema jurídico se limitaba a
la ley del talión.

Más al norte, en Escandinavia, estaban los escandinavos, que formaban pequeñas


comunidades guerreras. En las costas del norte estaban los lapones, a los que algunos
antropólogos consideran descendientes de un tronco común a las razas blanca y amarilla.
Estaban emparentados con los fineses, que habitaban la actual Finlandia. Por último, las
estepas que se extienden entre Europa y Asia seguían en manos de los sármatas, entre ellos
los roxolanos y los alanos

La mayor prioridad de Adriano fue el bienestar de sus súbditos. Extendió las medidas
humanitarias iniciadas por Nerva y Trajano. Hizo aprobar leyes para mejorar el trato a los
esclavos, de los que sólo en la ciudad de Roma había unos 400.000 (sobre una población
que debía rondar el millón de habitantes). No obstante, su número se iba reduciendo, pues
los tiempos en los que Roma importaba enormes cantidades de esclavos como parte de los
botines de guerra habían pasado. La agricultura sustituyó gran parte de la mano de obra
esclava por arrendatarios libres, pero a menudo los agricultores dejaban su oficio por la
milicia, con lo que a los terratenientes les costaba cada vez más encontrar mano de obra.
Además, los jornaleros podían cambiar de patrón si otro ofrecía más dinero, por lo que el
precio de la mano de obra aumentó (abusivamente, a juicio de los terratenientes). Durante
el gobierno de Adriano se dictaron algunas leyes que tendían a impedir la movilidad de los
agricultores vinculándolos a las tierras, para evitar así la inflación.

Adriano reorganizó la recaudación, con lo que pudo aumentar los ingresos del estado a la
vez que aligeraba los impuestos. Mantuvo la política de respeto al Senado, si bien éste ya
no tenía ningún poder legislativo. Por el contrario, el emperador se rodeó de un eficiente
equipo de asesores.

En cuanto a su persona, Adriano era un intelectual, y mostró gran interés por la literatura,
las antigüedades y las diferentes culturas que integraban el Imperio. Hizo cuanto pudo para
que los dominios de Roma formaran no sólo una unidad política, sino también económica e
intelectual. Fue el primer emperador que abandonó la costumbre de afeitarse el rostro,
extendida en Roma desde hacía unos tres siglos, a imitación de Grecia. Adriano había
recibido una educación griega. Amaba la cultura griega y la patrocinó de muchas formas.
Entre sus protegidos se encontraba el escritor griego Plutarco. Tenía ya 67 años cuando
Adriano se convirtió en emperador. Procedente de una familia acomodada, había estudiado
retórica, filosofía y ciencias en Atenas. Viajó a Egipto y a Roma, donde dio conferencias en
los círculos literarios. Adriano honró a Grecia nombrándolo procurador (así Grecia tuvo un
gobernador nativo). Conservó el cargo hasta su muerte, y fue en este periodo cuando
compuso sus principales obras.

La mayor diferencia entre Adriano y su antecesor, Trajano, fue la relativa a la política


exterior. Adriano quería un Imperio en paz, y estaba dispuesto a hacer todo lo necesario
para lograrlo. Sus primeras medidas en esta línea fueron devolver Mesopotamia a Partia
en 120 y convertir de nuevo a Armenia en un reino satélite, en lugar de una provincia. Así
el orgullo parto quedó restablecido y, puesto que la situación de Partia no era todavía muy
boyante, la nueva frontera —fijada en el Éufrates superior— fue respetada durante mucho
tiempo (aunque Cosroes no recuperó su trono de oro).

Es probable que Adriano hubiera abandonado con gusto la provincia de Dacia, pues el
Danubio era una frontera más cómoda, pero por aquel entonces ya se habían asentado allí
muchos colonos romanos a los que no podía abandonar. Durante el reinado de Adriano
Dacia tuvo que ser defendida de numerosas incursiones sármatas.

Por esta época murió Tácito, que no pudo realizar su proyecto de escribir las biografías de
Augusto, Nerva y Trajano.

En 121 Adriano inició el primero de una serie de viajes que le llevaron por todo el Imperio,
viajes en los que se interesó por los problemas de cada región y trató de remediarlos con las
reformas oportunas, a la vez que observaba con interés las culturas locales. Recorrió la
Galia y Germania, desde donde pasó a Britania en 122. Allí le disgustó la prolongada
guerra contra los nativos del norte, así que ordenó construir la Muralla de Adriano, que
recorría la isla de este a oeste en uno de sus puntos más estrechos, que es justo la frontera
actual entre Inglaterra y Escocia. Esto supuso un retroceso estratégico de unos 160
kilómetros hacia el sur, pero a cambio pasaba a ser una frontera mucho más segura y fácil
de defender. La Muralla de Adriano estaba hecha de piedra, de dos a tres metros de ancho,
cinco de alto y ciento veinte kilómetros de largo. Tenía delante un ancho foso, disponía de
numerosas torres de observación y estaba reforzada por una línea de dieciséis fuertes.

La muralla cumplió bien su misión. Durante el reinado de Adriano, los ataques de los
caledonios cesaron y Britania disfrutó de paz. Sus ciudades crecieron. Londres se había
convertido en el puerto principal de la isla y llegó a contar con quince mil habitantes. Desde
Londres partían en todas direcciones unos ocho mil kilómetros de caminos romanos y las
clases superiores construían villas de estilo italiano (los arqueólogos han encontrado unas
quinientas).

En 122 Adriano decidió prescindir de los servicios del que había sido su secretario, Cayo
Suetonio Tranquilo. Había estudiado en Roma protegido por Plinio el Joven. A partir de
este momento se dedicó a la literatura.

En 123 Adriano visitó Hispania y África. En 124 viajó al este, donde se entrevistó con
Cosroes para resolver algunas tensiones entre los dos imperios, y en 125 fue a Grecia, sin
duda el territorio que más admiraba y más le apetecía visitar. Allí hizo toda suerte de
concesiones económicas y políticas, restauró edificios y monumentos, construyó otros
nuevos y trató de revivificar las antiguas tradiciones. A diferencia de Nerón, fue admitido
en los misterios eleusinos. En Tracia fundó la ciudad de Adrianópolis. Ese mismo año
murió Plutarco. Dejó escritas numerosas obras, la más famosa de las cuales son las Vidas
paralelas, una serie de biografías agrupadas en parejas de un personaje griego y otro
romano de características similares (Teseo y Rómulo, Alejandro y César, etc.) Su intención
es esencialmente patriótica y moral.

En 126 murió Suetonio. Dejó escrita la Vida de los doce césares, que recoge las biografías
de Julio César y los once emperadores desde Augusto hasta Domiciano, así como otro
libro, Hombres ilustres, del que sólo se conservan fragmentos. Su lenguaje es sencillo, pero
sus relatos están llenos de chismes y no son nada imparciales, pues defiende el punto de
vista de los senadores y denigra a todos los emperadores que se opusieron al Senado.

En 129 visitó Atenas por segunda vez, y luego se dirigió a Egipto y al este.

En 130 murió Epícteto. Él no escribió nada, pero uno de sus principales discípulos, Flavio
Arriano, recogió sus enseñanzas en dos libros, de los que sólo sobrevive uno de ellos.
Arriano era un militar griego, pero había obtenido la ciudanía romana por su brillante hoja
de servicios. La filosofía de Epícteto era bondadosa y humanitaria. Sus consignas
eran Vivir y dejar vivir, Soportar y resignarse, etc.

También murió el rey parto Cosroes, y fue teóricamente sucedido por Vologeso II, si bien
su poder efectivo fue más bien nulo, ya que le fue disputado por muchos pretendientes al
trono, y Partia se vio envuelta de nuevo en guerras civiles.

Ese mismo año Adriano pasó por Judea, y le inquietó comprobar que, aunque Jerusalén
había sido destruida hacía más de medio siglo, sus ruinas seguían siendo objeto de
veneración para los judíos. Para borrar este recuerdo decidió que se edificara allí una nueva
ciudad romana y que donde se había alzado el Templo judío se erigiera un templo a Júpiter.
Cuando los judíos conocieron esta decisión se dedicaron a organizar una nueva revuelta. El
principal líder religioso fue Aquiba ben Josef, uno de los principales sabios judíos, que
tenía más de ochenta años y recordaba cómo era el Templo antes de su destrucción. Parece
ser que Aquiba había recorrido Judea buscando apoyos para la revuelta. No obstante, era
obvio que él mismo no podía dirigirla, así que presentó como mesías a Simón bar
Koziba, al que le cambió el nombre por el de Simón bar Kokhba (hijo de una estrella).

Mientras los judíos confabulaban, Adriano nombró a Arriano gobernador de Capadocia,


que fue así el primer griego que condujo un ejército romano. Se enfrentó a los alanos, que
realizaban incursiones en Armenia. Redactó un Plan de movilización contra los alanos.

Por fin, en 131 estalló la revuelta judía. Estuvo mejor organizada que la anterior. Las
fuerzas romanas, cogidas por sorpresa, tuvieron que abandonar sus campamentos cercanos
a Jerusalén. Los judíos rebeldes se apoderaron de las ruinas de la ciudad, restablecieron los
antiguos ritos, acuñaron moneda y trataron de establecer un gobierno. Una legión enviada
apresuradamente a Judea fue totalmente aniquilada, pero los romanos se reorganizaron
rápidamente y el mismo Adriano volvió a Judea. Lentamente, fueron tomando una fortaleza
tras otra. En 134 habían recuperado el dominio de prácticamente toda la región. Los judíos
fueron expulsados de Jerusalén. Aquiba fue capturado y, según la tradición, fue
despellejado vivo. Bar Kokhba se refugió en una ciudadela cercana que fue tomada
en 135, tras lo cual fue ejecutado. En estos años de guerra, los romanos arrasaron Judea sin
contemplaciones. Al final quedó prácticamente despoblada de judíos. Se les prohibió
acercarse a Jerusalén y desde entonces el pueblo judío dejó de existir como estado y
subsistió en pequeñas colonias dispersas por el mundo.

Por esta época los romanos ya habían comprendido que el judaísmo y el cristianismo no
sólo eran religiones distintas, sino que se odiaban mutuamente. Comprendieron que en
realidad los cristianos eran gente tranquila que nunca había hecho nada malo y que los
únicos peligrosos eran los judíos, así que los cristianos recibieron un cierto apoyo como un
medio para asfixiar a los judíos. El cristianismo siguió creciendo, especialmente en las
ciudades. Los campesinos eran más rudos y siguieron aferrados a sus creencias. Tanto es
así que la palabra "pagano" significaba propiamente "campesino" y terminó siendo
sinónima de "no cristiano (ni judío)".

A lo largo de este siglo se fue generalizando entre los cristianos la costumbre de


llamar Dies Dominica (día del Señor) al que los romanos llamaban Dies Solis (día del Sol).
Según la tradición era el día de la semana en que Jesucristo había resucitado. Durante el
siglo anterior los cristianos más afines a los judíos habían mantenido la festividad del
Sábado (el equivalente al Dies Saturni de los romanos), mientras que otros la trasladaron al
día de la resurrección. Tras la ruptura entre las dos religiones el domingo se convirtió
definitivamente en el día santo cristiano.

El cristianismo había empezado nutriéndose del proletariado urbano, especialmente de las


mujeres, los esclavos y las clases pobres en general, pues para ellos una vida eterna
colmada de dichas resultaba todo un consuelo. Sin embargo, ya hacía algún tiempo que el
cristianismo prosperaba también entre las clases cultas, pues san Pablo había sembrado una
semilla de pensamiento lo suficientemente sutil para interesar a los filósofos, y
paulatinamente habían surgido figuras que combinaban el pensamiento griego tradicional
con la nueva religión. Esto fue dando fuerza a la nueva religión, en el sentido de que cada
vez había más cristianos en posiciones influyentes, pero a la vez la debilitó, porque mezclar
a los intelectuales en algo supone inevitablemente crear facciones divergentes. La
combinación más descarada entre filosofía griega y cristianismo fue el gnosticismo, que —
como ya hemos visto— demonizaba a Yahveh y santificaba a Platón, pero frente a él hubo
siempre otras teologías más convencionales que consideraban igualmente divinos a Yahveh
(el Dios Padre), a Jesucristo (el Hijo) y también al Espíritu Santo.

Entre los primeros cristianos filósofos tenemos a Justino, que había nacido en Judea a
principios de siglo, pero era hijo de padres paganos y había recibido una educación griega.
Pronto conoció la Sagrada Escritura y se convirtió al cristianismo. Marchó a Roma donde
abrió una escuela y donde enseñaba la doctrina cristiana y afirmaba que toda la filosofía
pagana estaba inspirada, consciente o inconscientemente, en la religión mosaica. Parece ser
que sus escritos impresionaron favorablemente a Adriano, lo que confirmó su política de
tolerancia hacia el cristianismo.

Otro pensador cristiano destacaba en Alejandría. Era Basílides, según el cual el Dios
supremo cuya encarnación era Jesucristo había creado 365 cielos, de los cuales el nuestro
estaba regido por un demiurgo subalterno, Yahveh. Evidentemente, Basílides era gnóstico.
Su moral era austera y aconsejaba abstenerse del matrimonio. Tuvo muchos discípulos
tanto en Egipto como en Europa.

En 136 Adriano adoptó como sucesor a Lucio Cejonio Cómodo Elio Vero, lo que causó
un gran malestar, porque al parecer sus costumbres eran muy licenciosas, pero murió
en 138, así que el emperador adoptó inmediatamente a Tito Aurelio Fulvio Antonino, que
había sido cónsul y procónsul en la provincia de Asia. Le obligó a adoptar a su vez
a Marco Elio Aurelio Antonino (sobrino de la esposa de Adriano, que tenía entonces
diecisiete años) y a Lucio Elio Aurelio Cejonio Cómodo Vero (el hijo de seis años del
difunto heredero).

Ese mismo año se terminó una de las construcciones más famosas realizadas durante el
reinado de Adriano: la Villa Adriana, en Tibur (Tívoli), a unos 25 kilómetros de Roma. Se
trataba de un complejo arquitectónico que incluía, además de una villa de descanso
propiamente dicha, un templo a Serapis, un estadio, termas, etc. La construcción se había
iniciado veinte años atrás y, aunque Adriano ya había pasado muchas temporadas en ella,
apenas pudo verla terminada, pues murió antes de que acabara el año.

Poco antes de morir, el emperador había compuesto una famosa oda a su alma, testimonio
de su afición a la poesía en la que insinúa su escepticismo respecto a la inmortalidad del
alma:

Animula uagula blandula, Amable, huidiza, pequeña alma,


Hospes comesque corporis, huésped y compañera de mi cuerpo,
Quae nunc abibis in loca? ¿Adónde irás ahora?,
Pallidula, frigida, nudula, Pálida, fría y desnuda,
Nec, ut soles, dabis ioca. y sin inspirar alegrías, como ahora.

Adriano fue enterrado (al igual que su pretendido sucesor, Lucio Elio Vero) en un
mausoleo que había ordenado construir en Roma a la orilla del Tíber, si bien no estuvo
completamente terminado hasta el año siguiente de su muerte. Fue conocido como
el Mausoleo de Adriano, pero en la actualidad es el Castillo de Sant'Angelo.

Si bien Adriano había sido muy popular en las provincias a causa de sus viajes, parece ser
que sus largas ausencias de Roma no fueron bien vistas en la capital, hasta el punto de que
el Senado pretendió no otorgarle tras su muerte los acostumbrados honores divinos. El
nuevo emperador tuvo que intervenir vigorosamente en una de las sesiones antes de que el
Senado accediera a cumplir la tradición. Esta intervención se interpretó como una muestra
de amor filial del emperador hacia su padre adoptivo, y desde entonces fue conocido
como Antonino Pío (el piadoso, o devoto)

Antonino Pío se ganó la fama de ser uno de los emperadores romanos más benévolos y
paternales con su pueblo. Concedió generosamente la ciudadanía romana, continuó con la
política de sus antecesores de asistencia a pobres y huérfanos, Justino mantuvo su escuela
cristiana en Roma y el emperador extendió a los judíos la política de tolerancia con los
cristianos.

Precisamente, en 140 fijó su residencia en Roma Valentín, un pensador cristiano de origen


egipcio que había estudiado en Alejandría, por lo que su doctrina era gnóstica, y tal vez una
de las más sofisticadas. He aquí un resumen:

Tres proyecciones sucesivas de eones emanaron por parejas del absoluto. De una de estas parejas
nació el Demiurgo, ser intermediario entre Dios y el mundo inferior. Este mundo inferior
comprende la materia y los hombres carnales, los hílicos, cuya inteligencia está ahogada por los
órganos del cuerpo. Entre estos hombres, algunos han conseguido desprenderse parcialmente de
las tinieblas y de los sentidos: primero los judíos, psíquicos, y luego los cristianos, pneumáticos. De
los esfuerzos combinados de todos los eones nacerá el eón superior, Jesús, que restablecerá el
orden y lo volverá a llevar todo al absoluto.

Ciertamente, la filosofía griega estaba en decadencia, pero el cristianismo más


tradicional tampoco era mejor:
En un principio estaba el Verbo, y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en un
principio en Dios. (Jn. 1-2)

Entre los dogmas de fe de la actual Iglesia Católica, uno afirma que estas
palabras tienen sentido, y que además expresan la idéntica naturaleza divina del
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

En 141 murió la esposa de Antonino, Faustina la Mayor (llamada así para distinguirla de
su hija, Faustina la Joven), y en su honor construyó un templo en el Foro romano. Tras la
muerte del emperador el templo fue dedicado también a su persona, y actualmente es la
iglesia de San Lorenzo in Miranda. También dedicó a su esposa una nueva institución de
caridad (puellae Faustinianae).

Durante su reinado apenas hubo acontecimientos bélicos. El emperador consideró que la


provincia de Britania era suficientemente segura como para extender más al norte la
frontera, y así en 142 se construyó una nueva muralla a unos ciento cincuenta kilómetros de
la muralla de Adriano. La Muralla de Antonino no era tan sólida, pues estaba hecha de
tierra apisonada en vez de piedra, pero también contaba con un foso y fortificaciones.

Poco más se sabe del reinado de Antonino Pío. Probablemente la falta de información se
debe a que no pasó nada relevante. Su reinado fue esencialmente un periodo de paz.
Culturalmente tampoco hubo grandes novedades. Hay pocas figuras literarias de mención,
entre las que destaca Lucio Apuleyo, nacido en Numidia, estudió filosofía en Atenas,
donde se estaba forjando una versión más elaborada y mística de la filosofía de Platón,
conocida como neoplatonismo. Luego se casó con una viuda rica y vivió con ella en
Cartago. Escribió algunos tratados filosóficos: De deo Socratis (Sobre el dios de
Sócrates), De Platone eiusque dogmate (Sobre Platón y su dogma) y De Mundo (Sobre el
Mundo), pero su obra más famosa es la Metamorfosis, aunque es más conocida como El
asno de oro.

La principal figura científica de la época es Claudio Ptolomeo. Nació a principios de siglo,


probablemente en la ciudad de Ptolemaida (de donde deriva su nombre), pero al parecer
pasó toda su vida en Alejandría. Escribió un tratado enciclopédico conocido
como Almagesto en el que desarrolla la trigonometría griega, si bien no de forma teórica y
general, sino únicamente demostrando los teoremas que necesita para sus aplicaciones a la
astronomía. En el Almagesto se describe un modelo matemático que permite calcular la
posición de los planetas. La Tierra es el centro del universo y los astros describen pequeñas
órbitas circulares cuyos centros giran a su vez circularmente alrededor de la Tierra inmóvil.
Por supuesto, estas ideas no son originales, sino que son una sistematización de la obra de
los científicos alejandrinos de los siglos anteriores. Ptolomeo también escribió sobre
geografía, cartografía, astrología y música.

Por esta época reinaba en China el emperador Shundi. En las últimas décadas el reino
había extendido sus fronteras hacia el este, y allí se había tropezado con los Qiang, tribus
bárbaras cuyos ataques se convirtieron en una grave amenaza durante el reinado de Shundi.
Por otra parte, China sufría también conmociones internas. Los anales hablan de unos
"rebeldes demoníacos" que usan "signos y prodigios" para legitimar su causa. Al parecer se
trataba de un grupo revolucionario de filosofía taoísta que aspiraba a un cambio de dinastía
como parte de una "renovación cósmica". Para colmo, también la propia corte tenía sus
problemas. La ley de sucesión tuvo diferentes interpretaciones y así, a la muerte de Shundi,
acaecida en 144, se proclamaron tres soberanos distintos, y lo mismo iba a suceder
repetidas veces en las décadas siguientes.

En 145 Marco Aurelio se casó con Faustina la Joven, la hija de Antonino, y desde entonces
participó en el gobierno.
En 147 murió el rey parto Vologeso II y fue sucedido por Vologeso III, que finalmente
pudo consolidar su autoridad y puso fin a las guerras civiles partas. Reclamó a los romanos
la restitución del trono de oro que Trajano había confiscado al invadir Ctesifonte. Ante la
negativa, amenazó con invadir Armenia, pero los meros preparativos de Antonino bastaron
para apaciguarlo.

En 150 el gnóstico Marción fundó una iglesia en Alejandría. Los marcionitas rechazaban el
Antiguo Testamento y sólo admitían como textos sagrados el evangelio según san Lucas y
diez epístolas de san Pablo (en versiones previamente corregidas).

Por esta época debió de vivir un rey semilegendario


llamado Conn, que fundó el reino de Connacht en Irlanda,
con capital en Rathcroghan. Con la fundación de Connacht
se terminó de configurar la llamada Irlanda de los cinco
quintos, cinco grandes reinos llamados Ulster, Connacht,
Munster, South Leinster (o Meath) y North Leinster. El
más poderoso de ellos era Ulster, pero Conn conquistó
Munster y se trasladó a la capital de este reino, Tara. La
tradición dice que fue el primer alto rey (Aird Righ) que
teóricamente tenía la supremacía sobre los demás reyes, si bien esta autoridad nunca llegó a
ser muy efectiva.

En 157 un joven de veintiocho años empezaba a destacar en Pérgamo por sus


conocimientos de medicina y fue nombrado médico de los gladiadores. Se llamaba Claudio
Galeno. Era hijo de un famoso arquitecto llamado Nicón, y había estudiado matemáticas,
filosofía y medicina en Pérgamo, Esmirna, Corinto y Alejandría.

En 160 murió Marción, pero su Iglesia tuvo seguidores durante más de un siglo.

Antonino Pío murió en 161. Se cuenta que cuando el capitán de la guardia de palacio se
presentó para pedir la contraseña del día el emperador dijo, "ecuanimidad", y poco después
murió. Fue enterrado en el Mausoleo de Adriano, sentando una tradición que continuarían
los emperadores siguientes.

Los sucesores designados por Adriano eran Marco Aurelio y Lucio Vero, pero Antonino
había juzgado indigno al segundo, por su vida despreocupada e irresponsable. No obstante,
Marco Aurelio decidió que lo justo era respetar la voluntad de Adriano y estableció que,
por primera vez, el Imperio Romano tendría dos emperadores simultáneamente. No
obstante, en la práctica tuvo poco más que uno, pues Lucio Vero apenas participó en el
gobierno, y se limitó a entregarse a los placeres. Pese a todo, es probable que la decisión de
Marco Aurelio fuese acertada, pues si hubiera privado a Lucio Vero del trono tal vez éste
habría conjurado contra él y Roma habría quedado una vez más bajo un emperador inepto.

Marco Aurelio fue un gobernante modélico. En realidad era un filósofo, el más famoso de
los estoicos, influido en gran parte por la doctrina de Epícteto. No creía en la felicidad, sino
en la tranquilidad. Creía también en la justicia, en la sabiduría y en la templanza. Nunca
eludió cualquier sacrificio que le exigiera el cumplimiento de su deber. Los cristianos le
inspiraban desconfianza. La política de tolerancia de los emperadores anteriores permitió
que la doctrina cristiana se difundiera públicamente en Roma, lo que hizo patente de nuevo
su pertinaz y grosera negación de todas las demás religiones, en especial del culto imperial.
En este punto los cristianos infringían las leyes y, si bien Marco Aurelio nunca dictó ningún
decreto en especial contra los cristianos, tampoco impidió una persecución que, de acuerdo
con la legislación en vigor, se decretó contra ellos en Roma en 163. Marco Aurelio se
preocupó por sanear la economía y la justicia. Trató con rigor a los delatores y humanizó la
interpretación de las leyes.

Probablemente, el rey parto Vologeso III pensó que una Roma con dos emperadores estaba
abocada a la guerra civil, así que hizo lo que no se atrevió a hacer mientras reinó Antonino
Pío: invadió Armenia e impuso un rey parto. A continuación invadió Siria. Marco Aurelio
envió al este a Lucio Vero, acompañado de un buen general: Avidio Casio Pudens. Casio
penetró en Mesopotamia y en 165 tomó Seleucia, que a la sazón era la mayor ciudad
grecohablante fuera del Imperio Romano. Sin razón alguna, Casio incendió la ciudad, lo
que supuso un duro golpe para el helenismo en Oriente. Luego los romanos cruzaron el
Éufrates y tomaron Ctesifonte. El palacio real fue destruido, pero la ciudad quedó más o
menos intacta. Ese mismo año Justino fue asesinado en Roma, por ser cristiano. Se le
recuerda como san Justino Mártir.

En 166 Marco Aurelio dio el título de César (es decir, heredero del Imperio) a su
hijo Marco Aurelio Cómodo. Lucio Vero recibió un triunfo en Roma por su victoria
contra los partos. Aparentemente la expedición había sido un éxito, pero en realidad tuvo
consecuencias catastróficas. Los soldados trajeron a Europa una epidemia de peste. La
enfermedad se extendió rápidamente y en los años siguientes las víctimas fueron
incontables. La medicina popular de la época no tardó en diagnosticar la causa de la
enfermedad: eran los cristianos, así que la hostilidad contra ellos fue en aumento.

Algunos germanos aprovecharon los problemas de Roma para invadir Italia. En 167 Marco
Aurelio los había expulsado de Italia y trataba de empujarlos hasta el Danubio. Ese año
murió mártir san Policarpo, obispo de Esmirna.

En 168 los invasores germanos ya estaban al otro lado del Danubio, pero en 169 fueron los
marcomanos los que atravesaron el río. A ellos se unieron sus vecinos orientales,
los cuados, que eran otro pueblo germánico muy mezclado con los sármatas. Marco
Aurelio y Lucio Vero acudieron ambos a la frontera.

Galeno fue llamado a Roma por los emperadores, y se convirtió en médico de la corte.
Había visitado la ciudad siete años atrás y dejó tras de sí una gran fama. Tal vez fue
llamado para atender a Lucio Vero, pues el emperador murió ese mismo año. Por lo visto
Galeno era un buen orador y su especialidad era hablar bien de sí mismo. Congregaba
grandes auditorios ante los que realizaba experimentos espectaculares, entre ellos
disecciones de animales. Escribió más de un centenar de tratados de medicina.

A partir de 170, las familias poderosas de la corte imperial china se habían destruido
mutuamente, y el emperador Lingdi era un títere en manos de los eunucos, quienes habían
desatado una serie de persecuciones políticas para garantizar su autoridad, persecuciones
que se prolongarían durante casi dos décadas. En 172 un sector rebelde proclamó un nuevo
emperador en el sur.

En Occidente la peste renovó las teorías apocalípticas que los cristianos estaban olvidando.
Un sacerdote de Cibeles convertido al cristianismo afirmó ser un enviado del Espíritu
Santo, para finalmente revelarse como el propio Espíritu Santo. Se llamaba Montano y
recorría el Imperio acompañado de dos profetisas, Priscila y Maximila. Anunciaba la
inminencia del fin del mundo, y la próxima llegada de Cristo. El montanismo partió de Asia
Menor y se extendió por toda el África romana, y también hubo brotes en la Galia. Era una
especie de puritanismo, que propugnaba una estricta virtud para estar preparados ante el
juicio final.

Los marcomanos firmaron la paz, pero los cuados resistieron hasta 174. Al año siguiente,
en 175, fueron los sármatas los que se alzaron en armas, si bien fueron pacificados antes de
acabar el año por Avidio Casio. Sus legiones lo proclamaron emperador, pero murió
asesinado a los pocos meses por dos de sus oficiales. Al parecer, el Senado se alineó
firmemente con Marco Aurelio, por lo que éste, en correspondencia, adoptó algunas
disposiciones para restaurar (nominalmente) el prestigio de la institución.

El emperador conmemoró sus victorias en una columna. Según los acuerdos de paz, los
germanos devolvieron todos los prisioneros romanos, cedieron una estrecha zona al norte
del Danubio y los pueblos vencidos aceptaron el status de protectorado romano. A cambio
se les admitió por primera vez en el Imperio como colonos y soldados. Era una medida
necesaria. La peste estaba despoblando Europa y, lo que era más grave, estaba dejando al
Imperio sin los soldados necesarios. A partir de este momento, las legiones romanas
aceptaron cada vez más germanos en su seno.

Ese mismo año murió Arriano, el general romano discípulo de Epícteto. Dejó escritos
varios libros, entre ellos una biografía de Alejandro Magno, entre cuyas fuentes contó, al
parecer, con una biografía escrita por Ptolomeo, el fundador de la dinastía de reyes
egipcios.

En 177 los marcomanos y los cuados se rebelaron de nuevo y Marco Aurelio acudió a la
frontera junto con su hijo Cómodo. Mientras tanto se produjo otra sangrienta persecución
de cristianos en Lyon, en la que sufrió el martirio el obispo san Potino. Parece ser que fue
el primer obispo de Lyon y procedía de Asia Menor. Unos años antes había ordenado
sacerdote a Ireneo, también procedente de Asia Menor, pero que estaba en las Galias desde
hacía más de veinte años y ahora se convirtió en el nuevo obispo. Fue uno de los primeros
autores cristianos que escribió razonadamente contra el gnosticismo. Las disensiones entre
los cristianos eran numerosas. Por ejemplo, unos años antes Potino había enviado a Ireneo a
persuadir a Eleuterio, el obispo de Roma, para que no excomulgara a los orientales que
celebraban la pascua el mismo día que los judíos. En efecto, los cristianos, siguiendo su
costumbre de absorber ritos y fiestas ajenos, transformaron la pascua judía (que celebra la
salida de Egipto) en una conmemoración de la muerte y resurrección de Jesucristo. Ello dio
lugar a una gran variedad de ritos y a numerosas polémicas y confusiones sobre la fecha en
que era apropiado celebrarlos. Finalmente, la opción de celebrar la pascua cuando siempre
se había celebrado empezaba a ser tenida por herética.
En 178 un segundo emperador reclamó el trono de Lingdi en Luoyang.

En 180, mientras se encontraba cerca de la actual Viena en la campaña contra los


marcomanos, Marco Aurelio murió víctima de la peste. En sus últimos años había recogido
por escrito sus pensamientos en un libro conocido como las Meditaciones o
los Pensamientos de Marco Aurelio.

Apenas acababa de morir su padre, cuando Cómodo, ansioso de entrar en Roma como
emperador, hizo una paz con los marcomanos y los cuados por la que se malversó gran
parte del esfuerzo de Marco Aurelio. Una vez en Roma, se entregó a los lujos y placeres y
dejó el gobierno en manos de subalternos, no de los que habían formado parte del equipo de
Marco Aurelio, cuya eficiencia estaba más que probada, sino de favoritos sin más interés
que su propio provecho. El primero fue Tigidio Perennis, al que nombró jefe de la guardia
pretoriana.

En 182 el Senado urdió una conjuración contra el despotismo de Cómodo, encabezada


por Claudio Pompeyano. El intento fracasó y fue seguido de numerosas ejecuciones entre
los senadores. Cómodo instauró de nuevo un reinado del terror, volvieron los tiempos de las
acusaciones anónimas y las condenas caprichosas.

En China se multiplicaban las amenazas contra el emperador Lingdi. Un rebelde


llamado Zhang Jue quiso iniciar una nueva dinastía de emperadores, por lo que preparó a
conciencia un levantamiento que debía estallar simultáneamente en diversos lugares, en un
día determinado de 184. Una traición le obligó a adelantar sus planes, que pese a los
imprevistos tuvo éxito y se produjeron levantamientos al sur, al este y al noroeste. Los
rebeldes fueron conocidos como Turbantes amarillos, por el color de su uniforme.

De forma independiente, otra secta cuyo origen se remonta a los tiempos del emperador
Shundi, conocida como "la de las cinco fanegas de arroz", se levantó al mismo tiempo en
el oeste bajo su líder Zhang Lu, que constituyó un estado independiente basado en nuevos
ideales comunitarios y religiosos.

El populacho romano protestó contra Tigidio, y Cómodo no dudó en entregarlo para que lo
lincharan. En su lugar puso a un frigio llamado Cleandro, que estimuló en el emperador las
conductas propias de los monarcas orientales. Cómodo decía ser Hércules y se hizo llamar
Hijo de Júpiter. Cambio el nombre de Roma por el de Colonia Commodiana. Su mayor
diversión era matar animales en el anfiteatro (desde una posición segura). Incluso parece
ser que participó en combates de gladiadores. Esto deterioró considerablemente su imagen,
pues, aunque el pueblo disfrutaba con las luchas, consideraba que los gladiadores estaban
en lo más bajo del escalafón social, y era completamente indigno de un emperador
rebajarse a ese nivel. Las numerosas fiestas, los dispendios y los juegos arruinaron al
estado.

En China murió Lingdi, y su hijo Xian era menor de edad, así que He Jin fue nombrado
regente. La facción de la corte contraria a los eunucos pidió al emperador que tomara
medidas contra ellos, pero He Jin no estaba seguro de la fuerza de este partido y vaciló, a la
espera de conseguir la ayuda de las regiones fronterizas. Los eunucos descubrieron la trama
y dieron un golpe de estado y asesinaron a He Jin en 189. Sus enemigos reaccionaron con
una masacre en la que murieron unos dos mil eunucos. A partir de ese momento el gobierno
quedó a merced de las disputas de los generales más poderosos: Dong Zhuo, Yuan Shu, su
primo Yuan Shao, Cao Cao, nieto por adopción de un eunuco, y Sun Ce. Ninguno de ellos
consiguió las alianzas necesarias que le aseguraran el predominio, y de las disputas salieron
fortalecidos Yuan Shao y Cao Cao. Sin embargo, el poder de Yuan Shao residía en las
provincias orientales, y fue decayendo a causa de conflictos internos, de modo que fue
sucumbiendo ante los ataques que le infligió Dong Zhuo a partir de 190. Mientras tanto Cao
Cao reunía un potente ejército que terminaría convirtiéndolo en el general más poderoso.
Hay que decir, por otra parte, que Cao Cao fue también un gran poeta.

Ireneo, el obispo de Lyon, tuvo que interceder por segunda vez ante el obispo de Roma por
los cristianos orientales y el asunto del día de la Pascua, pues un año antes había
muerto san Eleuterio y el nuevo obispo, Víctor, amenazaba de nuevo con la excomunión.

En 191 murió el rey parto Vologeso III y fue sucedido por Vologeso IV.

Finalmente, en 192 triunfó una conjura en Roma: Macia, la amante de Cómodo, trató de
envenenarlo y, como el veneno no hizo efecto, hizo que un atleta lo estrangulara. Ahora
Roma se encontraba en la misma situación que tras la muerte de Nerón y la de Domiciano.
En el primer caso lo que siguió fue un año de guerra civil, mientras que en el segundo el
Senado supo canalizar la sucesión a través de un "emperador de transición", como fue
Nerva. Ahora el Senado trató de imitar el segundo precedente, pero el resultado fue peor
que el primero. En efecto, los conjurados habían dispuesto que el nuevo emperador fuera el
anciano y respetado Publio Helvio Pertinax, y la guardia pretoriana estaba dispuesta a
aceptarlo como tal. De origen humilde, Pertinax había ascendido poco a poco hasta
convertirse en el equivalente al "alcalde" de Roma. Pertinax se sentía muy mayor para
hacerse cargo del Imperio, pero la guardia pretoriana insistió, y el anciano tuvo que aceptar
a su pesar. Pero cuando trató de reorganizar la economía maltrecha por los derroches de
Cómodo, la guardia pretoriana se rebeló, y cuando Pertinax se presentó ante los amotinados
para explicarles la situación fue asesinado. Había sido emperador tres meses.

Entonces se produjo un triste suceso que demostraba lo mal que andaban las cosas en
Roma: la guardia pretoriana decidió subastar el cargo de emperador: sería emperador quien
les prometiera mayor paga. En la puja participó un senador llamado Marco Didio
Juliano, tal vez bromeando, incapaz de dar crédito a la situación, pero ganó la subasta y se
vio convertido en el nuevo emperador. Ahora bien, las cosas no eran tan fáciles. Al igual
que a la muerte de Nerón, los principales generales reclamaron el Imperio. Ahora los
candidatos eran los generales al mando de las legiones de Britania, el Danubio y Asia
Menor. El que estaba más cerca era el del Danubio, Lucio Septimio Severo, que se
apresuró a entrar en la capital. Entró en Italia en junio de 193, y la guardia pretoriana se
puso de su parte (tenía varias legiones bajo su mando, y Juliano no). El Senado hizo lo
mismo, con lo que Juliano fue arrastrado al cadalso mientras gritaba "Pero, ¿a quién he
hecho daño?, ¿a quién he hecho daño?"

Su primer decreto fue disolver la guardia pretoriana para reconstruirla con soldados de las
provincias leales a su persona. A continuación tuvo que ocuparse de los otros aspirantes al
Imperio. Uno era Décimo Clodio Séptimo Albino, apoyado por las legiones de Britania, el
otro Cayo Pescenio Níger Justo, en Asia Menor. (Curiosamente, Albino y Níger significan
en latín Blanco y Negro.)

Severo nombró heredero a Clodio Albino, con lo que logró mantenerlo neutral mientras se
enfrentaba a Pescenio Níger. Las provincias orientales se decantaron por Níger, que
confiado en su popularidad no creyó necesario hacer nada, y esperó a que Severo acudiera a
presentarle batalla. El emperador llegó a Bizancio antes de que acabara julio. Allí se
encontraba el grueso de los partidarios de Níger. A lo largo de 194 Severo libró tres batallas
y las ganó todas. Finalmente capturó a Níger mientras trataba de huir a Partia y fue
decapitado en el acto. Sin embargo los partidarios de Níger, que sabían que correrían la
misma suerte, resistían en Bizancio. La situación de la ciudad la hacía casi inexpugnable,
pero Severo persistió en el cerco.

El rey parto Vologeso IV aprovechó los desórdenes entre los romanos para invadir un
territorio de la Alta Mesopotamia que estaba en poder de Roma desde los tiempos de
Adriano.

En 196 el emperador Chino Xian llamó ante su presencia a los dos generales más
poderosos: Yuan Shao y Cao Cao. El primero se negó a comparecer, pues tenía
pretensiones al trono, mientras que el segundo sí compareció y se convirtió en el principal
apoyo del monarca. Se puso al mando del gobierno y reorganizó la corte. Dio brillantes
títulos a sus camaradas de lucha y reorganizó la administración para asegurar la
competencia de los funcionarios.

Tras dos años de asedio, Bizancio cayó finalmente, pero Severo, irritado por la resistencia
que había ofrecido, mandó saquearla y arrasó sus murallas. Cuando volvió a Roma, Clodio
Albino comprendió que no tardaría mucho en tocarle el turno, así que decidió atacar
primero y pasó a la Galia con sus legiones en 197. Severo corrió hacia el norte y los dos
ejércitos se encontraron cerca de Lyon, por entonces la ciudad más populosa de la Galia.
Fue la mayor batalla entre romanos desde Filipos, y Severo obtuvo una victoria completa.
Lyon fue arrasada y ya no se recuperó. Finalmente Septimio Severo fue el dueño
indiscutible del Imperio.

Es difícil saber si por elección o por necesidad, pero Severo no trató de imitar la política de
Augusto, sino que reconoció al ejército como el primer poder de Roma y basó en él la
autoridad imperial. Los soldados vieron incrementada su paga, y se les concedió algunos
privilegios, como el poder casarse mientras prestaban servicio o el ser convertidos
en equites tras su retiro. El número de legiones aumentó a treinta y tres, y en cada una de
ellas aumentó el número de tropas auxiliares, con lo que Roma llegó a tener unos 400.000
soldados, todos los cuales estaban bajo el mando directo del emperador. Todo vestigio de
autoridad del Senado sobre las legiones fue suprimido. El Imperio se centralizó. Severo
dividió algunas provincias en otras menores para que ningún gobernador fuera muy
poderoso. Italia pasó a ser una provincia más.

No había acabado el año antes de que Septimio partiera hacia el Este para discutir sobre
fronteras con Vologeso IV. Las legiones romanas pasaron de nuevo por Babilonia, pero
esta vez ya no había nada allí. Ya no quedaba nada de la que había sido la mayor ciudad del
mundo.

También este año volvió a Cartago, su ciudad natal, Quinto Septimio Florente
Tertuliano. Había tratado de hacer carrera como abogado en Roma, pero dos años atrás se
había convertido al cristianismo (más concretamente, al montanismo), y decidió retirarse a
Cartago para escribir contra el paganismo y contra el gnosticismo, abogando por la vida
puritana según las concepciones montanistas. Fue el primer pensador cristiano que escribió
en latín.

En 198 Ctesifonte fue tomada por tercera vez. Severo la saqueó. Mató a los hombres y se
llevó a las mujeres y niños como esclavos. En el camino de vuelta puso sitio a Hatra, una
ciudad entre los dos ríos cuya conquista se había resistido a Trajano, y había sido una de las
causas que detuvieron su avance. La fortaleza continuó inexpugnable y Severo tuvo que
retirarse no sin cierta humillación.

Severo estaba casado con Julia Domna, hija de Julio Basiano, el gran sacerdote de un
templo de la ciudad siria de Emesa, consagrado al dios del Sol Elagabal. La emperatriz
hizo que afluyeran a la corte muchos intelectuales sirios. Entre sus protegidos estaba el ya
anciano Galeno, que continuaba siendo el médico de la corte, cargo que le había permitido
reunir una respetable fortuna. También estaba Diogenes Laercio, nacido en la ciudad
de Laerte, en Asia Menor. Escribió varias biografías breves de varios filósofos antiguos.
Se centra principalmente en anécdotas y citas curiosas, pero precisamente por esta
superficialidad la obra tuvo mucho éxito, se hicieron muchas copias y algunas de ellas han
sobrevivido y son nuestra única fuente de información sobre algunos personajes.

Otra figura destacada de la época fue Dión Casio, nacido en Bitinia, descendía de Dión
Crisóstomo por parte de su madre. Su padre había sido gobernador de Dalmacia y luego de
Cilicia. Dión llegó a Roma el año en que murió Marco Aurelio, donde se hizo amigo de
Septimio Severo y fue senador durante el reinado de Cómodo. Severo lo
nombró Curador (administrador del tesoro) de Esmirna, que fue el primero de una serie de
altos cargos que ocuparía en los años siguientes.

Cuando Severo fue convertido en emperador adoptó el sobrenombre de Pertinax para


vincularse a su antecesor. Ahora decidió hacer algo similar con sus hijos. El mayor tenía
diez años y se llamaba Basiano, como su abuelo materno, pero pasó a llamarse Marco
Aurelio Antonino, y recibió el título de Augusto, lo que lo convertía en heredero del
Imperio. Severo tenía un segundo hijo, de nueve años, cuyo nombre pasó a ser Publio
Septimio Antonino Geta, y recibió el título de César, lo que lo situaba en el segundo lugar
en la línea sucesoria.

Por esta época, el rey de Connacht, en Irlanda, descendiente del rey Conn, conquistó el
reino de Ulster.

En 200 murió Panteno, el director de una escuela cristiana en Alejandría, y fue sucedido
por Tito Flavio Clemente. Como los gnósticos, Clemente combinaba la filosofía griega
con la teología cristiana y consideraba igualmente el conocimiento (gnosis) como el ideal
cristiano. No obstante, sus teorías no fueron tan radicales como las de los gnósticos. Más en
la línea de san Justino, Clemente consideró al cristianismo como una filosofía, pero una
filosofía superior a la filosofía griega. "Demostró" que los textos hebreos eran más antiguos
que los textos de la filosofía griega, así como que contenían toda la verdad, mientras que
los textos griegos sólo contenían parte de la verdad.

En 201 murió Galeno. En 202 volvió Severo a Roma de su campaña en el Este y celebró un
triunfo que conmemoró con el Arco de Severo. A partir de este momento se abrió un nuevo
periodo de paz que Severo aprovechó para reorganizar la legislación. Ese mismo año
promulgó un decreto por el que prohibía a los cristianos hacer proselitismo, el cual sirvió de
base para varias persecuciones en los años siguientes.

En 205 Severo cesó al jefe de la guardia pretoriana, Plautiano, detestado por la emperatriz,
y lo sustituyó por el jurisconsulto Emilio Papiniano, tutor de los hijos del emperador, con
quien colaboró en la reforma legislativa. Los comentarios de Papiniano constituyeron la
base del Derecho Romano durante los tres siglos siguientes. La economía del Imperio fue
saneada mediante varias medidas, entre ellas una política de confiscaciones.

Mientras tanto, el general chino Cao Cao lograba derrotar a su principal enemigo, Yuan
Shao, con lo que dominaba la mitad norte del Imperio Chino. Más al norte y al noreste, los
hunos trataban de imponerse contra los Xianbei. Cao Cao restableció las antiguas colonias
de soldados-agricultores, que debían garantizar el abastecimiento de las tropas, al tiempo
que ellas mismas participaban en las tareas defensivas. Sin embargo, ahora no sólo se
establecían en las fronteras exteriores, sino también en el interior del país. La parte sur
estaba fuera del dominio imperial y se la repartían dos generales: Sun Quan (hermano de
Sun Ce, que había muerto cinco años antes) y Liu Bei.

En 208 murió San Ireneo, el obispo de Lyon. En Britania, los acosos de los caledonios eran
cada vez más intensos. Tras la construcción de la muralla de Antonino los romanos
descuidaron el mantenimiento de la muralla de Adriano, pero la muralla de Antonino era
más débil, y los caledonios terminaron filtrándose por ambas. Además, el número de
soldados romanos en Britania había disminuido desde que Albino transportó sus legiones a
la Galia, y Severo había dividido en dos la provincia para debilitar a sus gobernadores,
debilidad que también se hacía sentir frente a los bárbaros.

El emperador decidió ocuparse personalmente del asunto, y se trasladó a Britania junto con
sus dos hijos. El mayor había popularizado en Roma una capa larga de origen galo
llamada caracallus, por lo que era más conocido por el sobrenombre
de Caracalla. En 209, tras un año de intensos combates, el emperador tuvo que
conformarse con unos gestos formales de sumisión por parte de los caledonios, pero
conseguidos al precio de abandonar la muralla de Antonino y retirar la frontera a la muralla
de Adriano, que fue restaurada y reforzada. Geta recibió el título de Augusto, lo que
significaba que él y su hermano Caracalla serían coemperadores a la muerte de Severo, al
igual que lo habían sido Marco Aurelio y Lucio Vero.

Ese mismo año murió el rey parto Vologeso IV, y fue sucedido por Artabán IV.
En Indochina se había formado un nuevo reino llamado Shampa, situado entre China y el
reino de Fu-nan, a orillas del mar de China.

Por esta época, Yehudá ha-Nasi codificó por escrito en sesenta y tres tratados una serie de
comentarios de los rabinos judíos sobre la Torá, o ley escrita, que hasta entonces se habían
transmitido oralmente y que se conocen como la Mishná

El Imperio Parto nunca consiguió apoderarse definitivamente de Persia, que había


mantenido una precaria independencia basada sobre todo en su defensa de la cultura irania
y su repulsa absoluta a la cultura helénica. Así, Persia había sido el refugio de todos los
habitantes del antiguo Imperio Persa, ahora Imperio Parto, que se oponían al helenismo de
la clase dirigente. En 211, tras una disputada sucesión, el trono persa quedó en manos
de Ardacher I (una forma posterior del viejo nombre real "Artajerjes"). Bajo su reinado,
Persia se reorganizó y fue adquiriendo poder. Ello hizo surgir inevitablemente leyendas
sobre su rey. Según estas leyendas, era nieto de un pastor llamado Sasán, que en tiempos
de Marco Aurelio había reunido los distintos principados persas en un reino unificado. Por
ello los descendientes de Ardacher I son llamados sasánidas.

Mientras tanto, el emperador Septimio Severo moría en Eboracum (la actual York). Según
su voluntad, sus hijos Caracalla y Geta pasaban a ser coemperadores. Los dos hermanos se
odiaban profundamente. Establecieron una rápida paz en Britania y marcharon a Roma a
discutir sus diferencias. Caracalla esgrimió un argumento definitivo por el que se convertía
en el único emperador, y fue que hizo asesinar a su hermano en 212, que murió en brazos
de su madre. Luego eliminó a todos los que fueron testigos de su implicación en este
asesinato, entre ellos a Emilio Papiniano, que había tratado de mediar entre los dos
hermanos y terminó enemistado con ambos. Al frente de la guardia pretoriana puso
a Marco Opelio Macrino, un caballero de origen mauritano que había alcanzado el rango
de senador.

Antes de que acabara el año, Caracalla encontró un lugar en la historia al promulgar un


edicto por el que todos los habitantes del Imperio adquirían la ciudadanía romana. La
diferencia era más honorífica que práctica a estas alturas de la historia, e incluso es
razonable pensar que la decisión no fue tomada por altruismo, sino porque había ciertos
impuestos que sólo eran aplicables a los ciudadanos romanos, y así el Estado aumentaba
sus ingresos.

No obstante, Caracalla es hoy más recordado por las famosas Termas de Caracalla. A lo
largo de la historia romana el hábito de tomar baños había ido ganando popularidad, y con
el Imperio se convirtieron en un símbolo de lujo. Proliferaban los baños públicos, grandes
construcciones con distintas habitaciones, de modo que los bañistas podían pasar de un
baño a otro con agua a distintas temperaturas, había habitaciones con vapor de agua, otras
para hacer ejercicios, otras para ser untados con aceites y recibir masajes, otras para
descansar, leer, conversar u oír recitaciones, etc. Las Termas de Caracalla eran unos
gigantescos baños públicos que ocupaban más de trece hectáreas en Roma.

El precio de los baños públicos no era elevado, por lo que eran muy frecuentados. No
obstante, los satíricos romanos y, sobre todo, los cristianos, consideraban decadente tanto
lujo. En algunos baños entraban conjuntamente hombres y mujeres, lo que escandalizó a
muchos moralistas, que suponían que allí tenía lugar toda suerte de perversiones, cosa que
probablemente no era cierta.

A partir de 214 Caracalla otorgó un alto grado de participación en el gobierno a su madre,


Julia Domna. Mientras tanto, él dirigió una brillante campaña ofensiva contra los germanos,
a los que mantuvo a raya a lo largo del Danubio. Los caledonios dejaron de ser un
problema, pese a la forma precipitada en que Caracalla había abandonado Britania. Ante
todo, por esta época los documentos romanos dejan de referirse a los caledonios y, en su
lugar, hablan de los pictos. En latín, picto significa "pintado". Es posible que el nombre
haga referencia a una costumbre de pintarse o tatuarse la piel, tal vez como distintivo de los
guerreros, aunque también puede ser que picto sea simplemente una deformación de un
nombre tribal. No es plausible que los pictos hicieran desaparecer a los caledonios. Lo más
probable es que los caledonios hubieran sido una tribu dominante que ahora era
reemplazada por la de los pictos, si bien la población en su conjunto siguiera siendo la
misma. Fuera como fuera, los pictos apenas presionaron la frontera romana durante mucho
tiempo, debido a que se encontraron con problemas en el norte. En efecto, los irlandeses
habían descubierto la piratería y se dedicaban a hacer incursiones cada vez más profundas
en las costas de Caledonia. Estos piratas fueron conocidos genéricamente
como Escotos, probablemente el nombre de alguna de las tribus gaélicas que tomaron parte
en las incursiones.

Caracalla fue el segundo emperador romano que visitó Egipto, después de Adriano. Allí
tomó una decisión que lo enemistó con todos los intelectuales de su tiempo, en particular
con los historiadores: consideró que el museo de Alejandría llevaba ya mucho tiempo sin
aportar nada valioso y suspendió la subvención estatal que hasta entonces había recibido.
Probablemente la estimación de Caracalla no era desacertada, y también es cierto que las
finanzas del Imperio no iban muy bien, por lo que la subvención al Museo era ciertamente
un lujo difícilmente sostenible. A partir de entonces el ya decadente Museo aceleró su
declive, y otra consecuencia fue que los historiadores acusaron a Caracalla de los crímenes
más desaforados. Se dijo que miles de ciudadanos murieron cuando ordenó saquear
Alejandría a causa de una ofensa insignificante. Tal vez su decisión sobre el Museo
provocó algunos disturbios que tuvo que aplacar, pero los relatos al respecto son sin duda
exagerados. No obstante, parece ser que en su momento perjudicaron sensiblemente la
imagen del emperador.

El declive del Museo y la filosofía clásica en Alejandría coincidió con el auge del
pensamiento cristiano. Por esta época murió Clemente, y la Escuela Catequética de
Alejandría, que él había dirigido, pasó a manos de su discípulo Orígenes. Bajo su
dirección, la escuela se convirtió en una auténtica escuela de Teología. Su padre había sido
un mártir del cristianismo. Orígenes consagró su vida a los estudios religiosos y se dice que
se castró a sí mismo para evitar distracciones. Escribió numerosas obras en las que
comentaba e interpretaba las Escrituras Sagradas, así como obras en las que, siguiendo el
ejemplo de su maestro, ponía la filosofía griega al servicio de la teología cristiana. Unos
años antes, un filósofo platónico llamado Celso había escrito un libro sobre el cristianismo.
Se trataba del primer libro pagano que analizaba seriamente el cristianismo, y su carácter
técnico y racional no lo hicieron nada popular, hasta el punto de que no sabríamos nada de
él si no fuera porque Orígenes lo reprodujo casi íntegramente en su libro Contra Celso. De
este modo sabemos que Celso había afirmado que la teología cristiana había sido tomada de
la filosofía griega y deformada en el proceso. Su argumentación era fría y desapasionada, y
con ella ponía en evidencia que no era aceptable creer en vírgenes parturientas o en
pescados que se multiplican.

En 215 el general chino Cao Cao logró finalmente someter el Estado occidental que había
fundado Zhang Lu más de treinta años atrás. Cao Cao había convertido el Estado en una
dictadura militar en la que los soldados profesionales y sus familias formaban una casta
aparte. Estableció un sistema de promoción basado en el mérito y la recomendación que,
junto al éxito de diferentes programas económicos, afianzaron su poder. No obstante, no
pudo someter a las regiones del sur, sino que a lo máximo a lo que llegó fue a frenar su
expansión en la batalla del Muro Rojo, que más tarde se convertiría en leyenda.

Caracalla no molestó a los cristianos, y éstos aprovecharon el periodo de calma para


pelearse entre sí. En 217 murió san Ceferino, obispo de Roma, y se eligió como sucesor
a Calixto, que era esclavo de un cristiano llamado Carpóforo. La decisión fue cuestionada
y otras facciones eligieron como obispo a Hipólito, al parecer mucho más competente.
Calixto promulgó un edicto por el que perdonaba a ciertos herejes, lo que le valió las
críticas de Hipólito y otros rigoristas como Tertuliano.

La discusión principal entre los cristianos de la época era la naturaleza de Jesucristo. El


problema era si Jesucristo era Dios o si, por el contrario, era sólo un hombre, un hombre
santo, un enviado de Dios, pero no Dios. No cabe duda de que Jesús de Nazaret se hubiera
escandalizado ante la idea de ser considerado Dios, al igual que les habría ocurrido a sus
discípulos, pues todos ellos eran más o menos samaritanos ortodoxos, judíos en definitiva,
y no podían admitir más dios que Yahveh. Los discípulos, que insistieron en el carácter
mesiánico de Jesús, lo concebían probablemente como un enviado divino al estilo de Elías.
Sin embargo, tal vez inadvertidamente, los discípulos de Jesús lo trataron a él y al Espíritu
Santo como iguales a Dios, en el sentido de que los cristianos rezaban a Jesucristo,
adoraban a Jesucristo, esperaban la llegada de Jesucristo como juez en el fin del mundo,
etc.

San Pablo recogió estos planteamientos, pero nunca entró directamente en la cuestión de si
Jesucristo era o no Dios. Simplemente, aún no se había formulado el problema
abiertamente. Por supuesto, en sus cartas hay pasajes que se pueden interpretar como se
quiera. En cualquier caso, lo cierto es que el Cristo Paulino reunía todos los requisitos para
ser considerado un dios. El evangelio según san Juan parece reflejar la opinión de que
Jesucristo y el Espíritu Santo existían junto con Dios desde el principio de los tiempos y
que, de algún modo, eran parte de Dios. No obstante, la teología cristiana primitiva no era
capaz de hilar mucho más fino.

La primera defensa teórica de la divinidad de Jesucristo provino de los gnósticos, pero era
demasiado exagerada, pues concedía la divinidad de Jesucristo a costa de negársela a
Yahveh o, al menos, de reducirla a un plano inferior. Esto entraba en contradicción directa
con la doctrina apostólica. En estos momentos, la cabeza del pensamiento cristiano era la
escuela teológica de Orígenes, en Alejandría. No era gnóstica, pues reconocía la divinidad
de Yahveh, pero al mismo tiempo conservaba del gnosticismo la insistencia en la divinidad
de Jesucristo. Los cristianos de Alejandría no habían tenido inconveniente en despreciar al
dios de los judíos, pero jamás habrían aceptado que Jesucristo quedara en segundo plano
frente a éste. El gnosticismo siguió existiendo durante un siglo, pero perdió poder en
Alejandría (se conservó sobre todo en Asia Menor). En su lugar, los teólogos alejandrinos
defendían el trinitarismo, ya presente como mero esbozo en la doctrina apostólica, según el
cual Dios era a la vez Uno y Trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran a la vez tres
personas distintas y una sola esencia o naturaleza. Para que este atentado a la matemática
elemental (o este misterio, según la doctrina cristiana) pudiera pasar por una postura seria y
respetable, era necesario apoyarlo con toda la sutileza de la filosofía griega debidamente
prostituida, por lo que la defensa del trinitarismo comprometía a defender los más mínimos
detalles de la teología que lo sustentaba, y no fueron pocos los que a lo largo de la historia
trataron de adoptar alternativas más sensatas.

Por ejemplo, justo el año en que Calixto e Hipólito fueron nombrados simultáneamente
obispos de Roma, Sabelio defendió que el Padre y el Hijo eran una misma persona en lugar
de dos, lo que inmediatamente fue condenado como herejía por ambos obispos. Otras
variantes de la doctrina de Sabelio incrementaban la herejía al afirmar que las tres personas
eran manifestaciones diferentes de un único Dios. Quizá el fondo fuera el mismo, pero en el
trinitarismo la forma lo era todo.

Mientras tanto Caracalla había iniciado una campaña contra los Partos. Parece ser que el
rey Artabán IV se había negado a conceder al emperador la mano de una de sus hijas.
Caracalla avanzó triunfante por Mesopotamia y llegó hasta el Tigris. Podría haber llegado
más lejos sin problemas, pero fue asesinado por Macrino, que al parecer se creyó
amenazado (no sabemos si justificadamente) por el emperador. Caracalla fue el último
emperador romano enterrado en el Mausoleo de Adriano. Cuando Julia Domna se enteró de
la muerte de su hijo se negó a comer y se dejó morir de hambre.

Macrino se proclamó emperador y nombró César a su hijo Diadumeniano. Trató de


ganarse al ejército y al Senado con repartos de trigo y reducciones de impuestos. No
obstante, los partos aprovecharon la crisis para recuperarse e invadir Siria. Macrino se vio
obligado a firmar una paz bastante desfavorable que provocó la indignación de los
soldados.

Caracalla no tenía descendencia, pero su madre, Julia Domna, tenía una hermana, Julia
Mesa, la cual tenía dos hijas, Julia Soemias y Julia Mamea. Ambas estaban casadas y
tenían sendos hijos. El hijo de Julia Soemias se llamaba Sexto Vario Avito Basiano, que
aún no había cumplido los catorce años, pero ya era sacerdote en el templo del dios del Sol
Elagabal, en Emesa, como lo había sido su bisabuelo Basiano. En 218 Julia Mesa presentó
a su nieto ante una legión romana que estaba en Emesa. Afirmó que era hijo de Caracalla y
que se llamaba Marco Aurelio Antonino. Los soldados quedaron impresionados ante la
seriedad y belleza del joven, y decidieron proclamarlo emperador. Fue más conocido por
una deformación de Elagabal que, mezclado con Helios, el nombre griego del Sol, se
convirtió en Heliogábalo. Macrino trató de resistir, pero fue derrotado cerca de Antioquía,
donde murió junto con su hijo. Heliogábalo envió una carta al Senado en la que prometía
seguir el ejemplo de Augusto y Marco Aurelio, y fue reconocido como emperador. Su
entrada en Roma fue triunfal, y con él iban su madre, su tía y su abuela, que fueron las que
realmente gobernaron en los años siguientes. Julia Mesa hizo que Heliogábalo adoptara a su
primo Alexino, el hijo de Julia Mamea, que pasó a llamarse Marco Aurelio Severo
Alejandro. El sobrenombre de Alexino o Alejandro se debe a que había nacido en (o cerca
de) un templo dedicado a Alejandro Magno. Además recibió el título de César, lo que le
convertía en heredero del Imperio.

Una gran piedra negra, centro del culto a Elagabal en Emesa, fue llevada a Roma e
instalada en el Palatino. Elagabal fue convertido en el dios supremo del Imperio, para
disgusto de los romanos, que veían cómo la corte se teñía cada vez más de unas costumbres
y ritos orientales en detrimento de la propia tradición romana.

En 220 murió el general chino Cao Cao y su hijo Cao


Pi asumió sus poderes. Más aún, aceptó la abdicación
del último emperador Han y se proclamó a sí mismo
emperador de Wei (el territorio que realmente
dominaba). Así terminó la dinastía Han, al tiempo que el
Imperio Chino se descomponía en tres reinos. En efecto,
al año siguiente, en 221, Liu Bei afirmó pertenecer a la
dinastía Han y, como legítimo heredero, se proclamó rey
del Estado de Shu Han, al oeste. Sun Quan acató en un
primer momento la autoridad imperial de Cao Pi, pero a
cambio de ser reconocido como rey de Wu, en el este. A
partir de 222 su reino fue totalmente independiente de
Wei.

Ese mismo año murió Tertuliano. Unos años antes se había visto obligado a romper con la
iglesia cartaginesa, pues era montanista y el montanismo había caído en la lista de las
herejías, así que continuó su labor en una pequeña comunidad montanista cercana, desde
donde siguió influyendo en el pensamiento cristiano de la época. También murió uno de los
dos obispos de Roma, san Calixto, pero ello no resolvió el conflicto, pues sus partidarios
eligieron como obispo a Urbano, así que Roma siguió teniendo dos obispos rivales:
Urbano e Hipólito. Por último, también fue el año en que los romanos se cansaron
definitivamente de su emperador impío Heliogábalo, de modo que él y su madre fueron
asesinados por la guardia pretoriana. La piedra negra de Elagabal fue devuelta a Siria. No
obstante, se respetó la sucesión prevista y el Imperio quedó en manos de su primo, Severo
Alejandro. El nuevo emperador era menor de edad (tenía entre catorce y diecisiete años),
así que su madre, Julia Mamea, ejerció de regente y su abuela, Julia Mesa, no perdió su
influencia.

La madre de Alejandro creó una comisión de senadores y prestigiosos legistas para


aconsejar al gobierno. Entre ellos estaban Julio Paulo, que había sido en su día rival de
Papiniano, Domicio Ulpiano, que, por el contrario, había sido su asesor mientras fue jefe
de la guardia pretoriana (Heliogábalo lo había desterrado, pero ahora fue llamado de nuevo
a Roma y se convirtió prácticamente en un primer ministro), y Modestino, discípulo de
Ulpiano.
En 224 el rey persa Ardacher I tenía bajo su mando a todos los poderes iranios y se enfrentó
al rey parto Artabán IV, cuya dinastía era cada vez menos popular, ante las continuas y
humillantes derrotas que había sufrido frente a los romanos. Se inició así una lucha entre
partos y persas en la que cada vez los últimos ganaban más adeptos.

En 226 murió Jula Mesa, la abuela de Severo Alejandro, con lo que Julia Mamea se
convirtió en la única autoridad real de Roma. Aunque las reformas emprendidas tuvieron
algún efecto, la vida política romana no recuperó la estabilidad de tiempos anteriores.
En 228 Ulpiano fue víctima de una conjuración por parte de la guardia pretoriana, que lo
odiaba, y fue asesinado.

Artabán IV trató de llevar la guerra a territorio persa, pero fue derrotado y muerto
en Ormuz, en la costa del golfo pérsico, tras lo cual Ardacher I marchó sobre Ctesifonte y
allí fue reconocido como rey de lo que había sido el Imperio Parto, pero que ahora se
convertía de nuevo en el Imperio Persa. Los historiadores se refieren a este nuevo Imperio
Persa como Imperio Neopersa o Imperio Sasánida, para distinguirlo del anterior. Artabán
IV es considerado como el último rey arsácida, si bien la dinastía siguió gobernando en
Armenia durante varias generaciones.

El nuevo Imperio Persa era mayor que el Parto, pues incluía a Persia y pronto absorbió a la
mayor parte del Imperio Kusana, ya en decadencia, cuya dinastía de reyes tokarios
conservó únicamente un reducido territorio en las regiones montañosas del actual
Afganistán. Había aún más diferencias entre los dos Imperios: Ardacher I acabó con la
estructura feudal parta y creó un fuerte Estado centralizado. Además potenció el
mazdeísmo, que acabó erradicando la cultura y la religión griega. El mitraísmo sobrevivió,
pues al fin y al cabo era una forma de Mazdeísmo. Los persas consideraban a su imperio
como la prolongación del antiguo Imperio Persa fundado por Ciro II, y aspiraban a
recuperar todos los territorios que había gobernado Darío I. Esto incluía Asia Menor, Siria
y Egipto, que ahora eran posesiones romanas, lo que no auguraba buenas relaciones entre
ambos imperios.

Mientras tanto, Roma estaba aparentemente en calma. En 229 fue cónsul Dión Casio, que
desde los tiempos de Septimio Severo había ido ocupando puestos relevantes, al tiempo que
escribía libros de historia. De él tenemos una biografía de Cómodo y veinticinco de los
ochenta libros que escribió en griego sobre la historia de Roma. Dispuso de buenas fuentes
que usó con imparcialidad. Es sin duda el mejor historiador de la época.

Alejandro trató de hacer que las distintas religiones del Imperio convivieran en paz.
Respetó a los judíos y se dice que hasta tenía una efigie de Jesucristo en su despacho. Así
pues, la paz que los cristianos disfrutaban desde los tiempos de Caracalla no se vio
interrumpida, lo que significa que pudieron continuar con sus luchas internas.
En 230 murió san Urbano, el obispo de Roma, pero sus partidarios siguieron negándose a
aceptar al otro obispo, Hipólito, y eligieron para el cargo a Ponciano. Las disensiones entre
los partidarios de uno y otro debieron de provocar disturbios, porque las autoridades
terminaron interviniendo y los dos obispos fueron desterrados y condenados a trabajar en
las minas de Cerdeña.
Los persas invadieron las provincias orientales del Imperio y el emperador tuvo que
marchar al este. En su ausencia, los germanos atravesaron el Rin e hicieron correrías por las
Galias. No se sabe muy bien cómo acabó la guerra contra Persia, pues Alejandro entró
triunfante en Roma en 232, pero se sospecha que hubo más propaganda que victorias reales.
Luego marchó a la Galia (con su madre detrás) y allí no encontró otra forma de deshacerse
de los germanos que ofrecerles generosas sumas de dinero. Los soldados consideraron
indigno este proceder y en 235 mataron al emperador y a su madre.

Ese mismo año murió Dión Casio, así como los dos obispos de Roma, Ponciano e Hipólito,
agotados por el trabajo en las minas. Los cristianos de Roma habían comprendido que tener
dos obispos enfrentados era un lujo que no se podían permitir en los tiempos que corrían (y
menos aún ahora que acababa de morir el emperador), así que no dudaron de que ambos
obispos habían tenido tiempo y ocasión de limar sus diferencias, los declararon santos a los
dos y se pusieron de acuerdo para elegir un único obispo, Antero.

Los historiadores hablan de la crisis del siglo III para referirse a los cambios
trascendentales que sufrió la práctica totalidad del mundo civilizado durante este siglo. En
efecto, ya hemos visto cómo el Imperio Chino se desmembró en tres reinos, los persas se
apoderaron del Imperio Parto y absorbieron al Imperio Kusana, y pronto le tocaría el turno
al Imperio Romano. Durante las primeras décadas del siglo, los godos iniciaron un proceso
de expansión que empujaría contra Roma a varias tribus germánicas. Se desplazaron hacia
el sur y hacia el este. Remontaron el Vístula y descendieron por el Dniéster a través de la
actual Polonia. Ocuparon las tierras al norte y el noroeste del mar Negro.

Varios grupos de jinetes procedentes de Corea penetraron en el sur del Japón y se instalaron
como amos. Eran arqueros provistos de armaduras de hierro. Se convirtieron en jefes de las
comunidades aldeanas y las organizaron en pequeños estados. La nueva aristocracia trajo
consigo nuevas creencias y mitos (chamanismo) y organizaron la sociedad en clanes.

En cuanto a Roma, la crisis estalló con el asesinato del emperador Severo Alejandro
en 235. Los soldados rebeldes que acabaron con su vida en la Galia estaban dirigidos por
un campesino tracio de imponente estatura llamado Cayo Julio Vero Maximino, que se
hizo proclamar emperador. El Senado se le opuso, al igual que la población civil de Roma,
pero quedó patente algo que ya era una realidad desde hacía algún tiempo: el ejército era la
única autoridad en el Imperio, la población civil fue tratada brutalmente. La primera
preocupación del nuevo emperador fue contener a los bárbaros en el Main y en el Danubio.

En 238, las legiones de África, apoyadas por el Senado, proclamaron emperador al que
hasta entonces había sido procurador en la provincia: Marco Antonio Gordiano
Semproniano. Tenía ya ochenta años, se dijo que descendía de Trajano, y a lo largo de su
vida se había ganado una fama de honradez y laboriosidad. Probablemente fue elegido
como emperador de transición, como lo había sido Nerva. Gordiano trató de declinar la
oferta, apelando a sus excesivos años, pero temiendo por su vida terminó aceptando e
inmediatamente asoció al Imperio a su hijo y tocayo, que hasta entonces había ejercido de
lugarteniente de su padre. Ambos emperadores son conocidos como Gordiano
I y Gordiano II. No obstante, no duraron más que unas semanas. Tropas leales a
Maximino derrotaron a las dirigidas por Gordiano II, que fue asesinado y su padre se
suicidó al saberlo. No obstante, en Italia estalló otra rebelión y Maximino tuvo que volver
precipitadamente de Panonia, donde estaba luchando contra los bárbaros. Trató de
recuperar el control, pero fue asesinado por un grupo de pretorianos. Los asesinos de
Gordiano II trataron de proclamar su propio emperador, pero éste fue inmediatamente
asesinado por otros soldados. Finalmente, el Senado pudo imponer su elección, que recayó
en el nieto y tocayo de Gordiano I, conocido como Gordiano III, que tan sólo tenía catorce
años de edad.

El rey persa Ardacher I aprovechaba los desórdenes en Roma para hacer incursiones por el
este. En 241 murió y fue sucedido por su hijo Sapor I, que continuó la política ofensiva de
su padre. Ansioso por demostrar su valía, ocupó Siria. Gordiano III no tenía ninguna
experiencia militar, pero en ese momento ya se había casado, y su suegro, Cayo Furio
Timesiteo, suplió esta carencia y expulsó a los persas de Siria. Sin embargo, Timesiteo
enfermó y murió en 243, tras lo cual, el jefe de la guardia pretoriana, Marco Julio
Filipo (conocido como Filipio el Árabe), obligó a Gordiano III a compartir con él el poder,
si bien el emperador no tardó en ser asesinado por los partidarios de Filipo, que en 244 fue
proclamado emperador. Filipo firmó un tratado de paz con Sapor I, por el que reconocía el
dominio persa sobre Armenia y Mesopotamia. Por esta época Sapor I pudo al fin
desmantelar la fortaleza de Hatra, el último foco de resistencia parta.

Sapor I protegió a los sabios griegos, pero sólo a título personal. Oficialmente desalentó el
helenismo, potenció el mazdeísmo y persiguió a otras religiones, como a los judíos que
vivían en Mesopotamia. Durante su reinado se compiló un libro sagrado de escritos y
salmos mazdeístas, conocido como el Avesta. Protegió a un sacerdote
llamado Mani, o Manes, que desarrolló su propia versión del mazdeísmo. Decía haber
tenido revelaciones de ángeles. Su doctrina se centraba en el dualismo de Zoroastro, en los
ejércitos del bien y del mal. Afirmaba que había habido muchos profetas, entre los que
contaba no sólo a Zoroastro, sino también a Buda y a Jesucristo (y a sí mismo, claro). Con
Mani el mazdeísmo incorporó ideas budistas y cristianas. El resultado fue que se hizo tan
impopular entre los sacerdotes mazdeístas tradicionales como Jesús se había hecho odiar
por los sacerdotes judíos. Pero contaba con la protección del rey. A diferencia de Jesús,
tuvo la precaución de poner por escrito su doctrina.

En 247 se estableció en Roma Plotino, uno de los más famosos filósofos neoplatónicos,
donde entabló buenas relaciones con los senadores y fundó una escuela que tuvo gran éxito
en la ciudad. En su compleja doctrina destaca que el hombre, mediante una moral de
pureza, puede distanciarse de su cuerpo y elevar su alma hacia el Uno.

Durante el reinado de Filipo el Árabe Roma celebró con elaborados festejos el año 1000 a.
u. c. (o sea, el año 248). Ya se habían celebrado los años 800 y 900 a.u.c. bajo Claudio y
Antonino Pío, respectivamente. La conmemoración del milésimo aniversario de Roma fue
la más fastuosa de todas, y también la última. En realidad no había mucho que celebrar: por
todas partes había tropas en rebelión. Los godos habían atravesado el Danubio y arrasaban
Mesia y Tracia. Filipo envió contra ellos a Cayo Mesio Quinto Decio, pero sus victorias
frente a los godos lo hicieron tan popular entre sus soldados que lo proclamaron emperador.
Parece ser que Decio no aspiraba al poder, pero contrariar a unos legionarios eufóricos era
impensable, así que no tuvo más remedio que ponerse al frente de los rebeldes y marchar
sobre Roma. Se enfrentó a Filipo en Verona en 249 y salió victorioso.

La facilidad con la que sus antecesores habían sido derrocados ponía de manifiesto la
pérdida de prestigio que había sufrido la figura del emperador. Ello se debía en gran parte a
que las legiones estaban formadas por ciudadanos de las clases sociales más bajas, incluso
por una gran cantidad de bárbaros mercenarios, que no tenían más vocación que la de
ganarse la vida con las armas, sin ninguna vinculación hacia una patria o unos ideales
particulares. Decio trató de poner fin a esta situación con medidas encaminadas a fomentar
el respeto al emperador. Se ganó al Senado devolviéndole las competencias en la
administración civil, trató de justificar su legitimidad adoptando el sobrenombre de
Trajano, pero su apuesta más importante fue su intento de revitalizar el culto imperial.

En 250 Decio decretó que todo ciudadano del Imperio debía ser titular de un documento
que se obtenía mediante un simple ritual consistente en dejar caer una pizca de incienso
mientras se pronunciaba un juramento en el que se reconocía la divinidad del emperador y
se le juraba lealtad. La alternativa era la pena de muerte. Muchos cristianos prefirieron esta
alternativa antes que caer en la idolatría. El decreto de Decio dio lugar a numerosas
persecuciones y martirios. Una de las primeras víctimas fue san Fabián, que a la sazón era
obispo de Roma.

Otro afectado por las persecuciones fue Orígenes. Unos años antes había sido acusado de
herejía y se vio obligado a abandonar Alejandría. Se refugió en Cesarea de Palestina, donde
reconstruyó su escuela, y fue allí donde a sus sesenta y cinco años sufrió torturas por
negarse a prestar el juramento exigido. No fue asesinado, pero murió pocos años después
por las secuelas.

El obispo de Cartago era desde el año anterior Tascio Cecilio Cipriano. Había sido
bautizado tan sólo cuatro años atrás, pero había sido retórico y pronto se convirtió en una
figura del cristianismo. Las persecuciones de Decio le obligaron a abandonar la ciudad.

Mientras tanto, los godos habían vuelto a invadir la Dacia. Por otra parte, los blemios, un
pueblo árabe que vivía al oeste del mar Rojo y que llevaba un siglo atacando el comercio
egipcio, invadieron el Alto Egipto. Estos contratiempos obligaron a Decio a poner fin a las
persecuciones en 251. Unos meses después, Decio murió combatiendo a los galos, y los
soldados eligieron emperador a Cayo Vibio Treboniano Galo, del que se dijo que había
traicionado a Decio para hacerse con el poder. Se libró de los galos pagándoles una
razonable suma.

En 252 murió Sun Quan, el fundador del reino de Wu. Al principio de su historia había
sido débil, y sólo las fronteras naturales lo salvaron de ser absorbido por el norte, pero
posteriormente experimentó un crecimiento demográfico que le permitió crear un sólido
ejército. Tras la muerte del rey se produjeron conflictos a causa de la sucesión y que
repartieron el poder entre distintos clanes de señores feudales.
Durante las persecuciones de Decio, los cristianos de Roma encontraron refugio en
las catacumbas, antiguos cementerios subterráneos abandonados, de origen etrusco, que se
convirtieron en iglesias y lugares secretos de reunión. Con el cese de las persecuciones los
cristianos pudieron reorganizarse. Cipriano volvió a Cartago y en Roma volvió a haber
disputas sobre la sucesión de san Fabián, que había quedado en suspenso durante un año.
Nuevamente hubo dos obispos en Roma: Cornelio y Novaciano. La principal disputa entre
ambos era la postura a adoptar ante los lapsi, es decir, los "caídos" o apóstatas que habían
renegado del cristianismo o, simplemente, habían prestado el juramento exigido para salvar
su vida. La costumbre había sido siempre muy severa con los apóstatas, pero, teniendo en
cuenta las circunstancias, Cornelio era partidario de la indulgencia, mientras que Novaciano
propugnaba el rigor más extremo. Se abría así una polémica que perduraría durante varios
siglos. De Roma se extendió a Hispania, Asia Menor, Grecia y Egipto. Cipriano se puso de
parte de Cornelio y las disputas en Roma entre los seguidores de uno y otro obispo debieron
causar disturbios, porque ambos fueron desterrados en 253. Lo mismo le sucedió al nuevo
obispo, Lucio, pero pudo volver a Roma y se mostró partidario de las tesis de Cornelio.

Ese año los galos olvidaron su compromiso con Treboniano y reemprendieron la ofensiva.
Fueron rechazados por el gobernador de Mesia, Marco Emilio Emiliano. Como de
costumbre, sus soldados lo proclamaron emperador. Marchó sobre Roma y venció a
Treboniano, pero al morir éste, sus tropas nombraron emperador a Publio Licinio
Valeriano. Emiliano fue asesinado por sus propios soldados y Valeriano fue reconocido
por el Senado (de hecho, era de familia senatorial). Inmediatamente asoció al Imperio a su
hijo Publio Licinio Galieno. Entre los dos hicieron lo que pudieron para reconstruir el
Imperio.

Mientras tanto Sapor I expulsaba de Armenia al rey Tirídates II, protegido por Roma, que
resultó ser el último representante de la dinastía arsácida.

En 254 murió san Lucio, el obispo de Roma y fue sustituido por Esteban, que, al contrario
que san Lucio, entró en controversia con Cipriano en la cuestión de los lapsi. Más aún,
en 255 se planteó la cuestión del bautismo conferido por herejes. Los obispos de África
negaron su validez, mientras que Esteban la reconocía.

Volviendo a los emperadores, la situación exterior era muy difícil: los germanos ya no eran
tribus desorganizadas que luchaban entre ellas más que contra los romanos. En el este, los
godos habían formado dos reinos poderosos, en los que una aristocracia goda había
sometido a una masa de campesinos eslavos. Uno de estos reinos estaba situado al norte del
mar Negro, y sus dirigentes se llamaban a sí mismos ostrogodos. El otro estaba situado al
oeste del mar Negro, y sus ocupantes eran los visigodos. Parece ser que "ostrogodos"
significa "godos espléndidos", mientras que "visigodos" significa "godos nobles". Es
probable que la palabra "godo" signifique "bueno". Indudablemente, los godos se tenían en
muy buen concepto.

La amenaza goda llevó a reforzar el Danubio inferior a costa de debilitar el Rin y el


Danubio superior, lo cual pronto fue advertido y aprovechado por otras tribus germánicas.
En 256 una nueva coalición atravesó el Rin, cruzó la Galia y penetró en España. Una parte
llegó incluso hasta África. Se trataba de los francos, que tal vez signifique "hombres
libres" o "lanzas" o "valientes". Los emperadores lograron algunos resultados contra los
godos y los francos, pero entonces una nueva coalición germana invadió la propia Italia.
Eran los alamanes, que significa "todos los hombres". En realidad la coalición no era
nueva, sino que ya había sido fundada tiempo atrás por los marcomanos, pero ahora se
había vuelto mucho más firme y poderosa.

Las ciudades del Imperio no tardaron en comprender que ya no había ningún gobierno
poderoso capaz de protegerlas de los bárbaros, así que empezaron a construir murallas y se
dispusieron a resistir asedios. Era frecuente que los numerosos legionarios de origen
germánico se unieran a los enemigos contra los que se suponía que debían luchar.

En unos tiempos en los que los soldados eran tan necesarios, los cristianos se negaban a
formar parte del ejército (no por objeciones pacifistas, sino porque ello implicaba aceptar el
culto imperial). No es extraño que fueran tenidos por traidores, por lo que los emperadores
promulgaron un decreto contra ellos en 257, año en el que murió san Esteban (tal vez en el
martirio) y otro en 258, a consecuencia del cual fue decapitado san Cipriano. Así
terminaron las disputas entre ambos.

Ese año los soldados proclamaron emperador al gobernador de Panonia, Décimo Lelio
Ingenuo, pero fue derrotado por Manio Acilio Aureolo y asesinado por sus propios
soldados.

Sapor I volvió a invadir Siria y el propio Valeriano condujo un ejército para reconquistarla.
Sin embargo, muchos de sus hombres fueron presa de una enfermedad, por lo que
en 259 Valeriano inició negociaciones. En el transcurso de éstas fue capturado por traición
y no se supo más de él. Era la primera vez que un emperador romano caía prisionero del
enemigo. En unos colosales bajorrelieves persas, Valeriano está representado de rodillas
ante Sapor I. El rey persa utilizó numerosos prisioneros romanos en la construcción de
puentes y diques para el riego en la Baja Mesopotamia.

El hecho de que un emperador romano fuera capturado por el enemigo provocó una enorme
conmoción en el Imperio. Ahora Galieno gobernaba en solitario, pero hubo hasta dieciocho
generales que se rebelaron de forma independiente y trataron de convertirse en
emperadores. Galieno tuvo que maniobrar con suma habilidad para conservar su cargo y su
vida. Su primera acción se llevó a cabo en la Galia, donde se había rebelado Marco
Casiano Latino Póstumo. En 260 Galieno fue herido y murió su hijo Salonino. Póstumo
se erigió en emperador del Imperio Romano de las Galias. Logró dominar no sólo las
Galias, sino también la Germania romana, Britania e Hispania. La versión oficial fue que
Galieno le había confiado la defensa de la parte occidental del Imperio, pero la realidad era
que se había formado un imperio independiente de Roma.

Galieno tuvo que aceptar la autoridad de Póstumo porque los alamanes estaban penetrando
en Italia. En 261 logró derrotarlos en Milán.

Ante tantas dificultades, Galieno dejó en paz a los cristianos. Las grandes calamidades que
estaba sufriendo la población aumentaron el interés por la vida eterna que prometía el
cristianismo, así que la religión fue prosperando. A medida que aumentaban los nuevos
adeptos, también aumentaban las confusiones y discrepancias en materias de fe, pero al
mismo tiempo se había ido forjando la idea de la unidad de la Iglesia. Se reafirmó la
autoridad de los obispos en cuestiones teológicas y, para conciliar las discrepancias entre
distintos obispos se empezaron a celebrar sínodos (reuniones) cuyos acuerdos debían ser
acatados por todos los obispos. Los sínodos fueron más necesarios en Occidente, pues en
Oriente prácticamente nadie cuestionaba la autoridad de los obispos de Antioquía y
Alejandría, y cualquiera que la desafiara era considerado hereje por el grueso de los
cristianos. (Recordemos que Antioquía puede considerarse la cuna del cristianismo, pues
allí fue donde san Pablo desarrolló su doctrina. Por su parte, Alejandría era la capital
cultural del Mundo Antiguo, y en particular la cuna de la sofisticada teología cristiana,
heredera de la filosofía griega.) En 262, tras trece años de destierro, el obispado de
Alejandría fue ocupado de nuevo por el que sería recordado como Dionisio el Grande, un
discípulo de Orígenes que tomó parte muy activa en las controversias contra los herejes.

En Occidente, en cambio, los cristianos eran menos numerosos y no había ninguna


autoridad destacada especialmente erudita. Los fieles incluso tenían cada vez más
dificultades para leer las Sagradas Escrituras, que estaban en griego. Desde hacía tres años
era obispo de Roma otro Dionisio, que convocó un sínodo que condenó
el subordinacionismo, una nueva herejía según la cual Jesucristo era de naturaleza divina,
pero no idéntica a la del Padre, sino subordinada a ella.

Mientras tanto Sapor I se estaba adueñando de toda Asia Menor, pero se encontró con un
problema inesperado. El estado de Palmira estaba gobernado entonces por Septimio
Odenat. Su padre, del mismo nombre, había sido nombrado senador por Severo Alejandro,
que visitó la ciudad en su campaña contra los persas, en los últimos años de su reinado.
Odenat consideró preferible una alianza con la distante y decadente Roma que una
sumisión a los persas, así que atacó a Persia y obtuvo varias victorias y en 263 amenazaba
la propia Ctesifonte, la capital persa, que estaba bastante desprotegida porque el grueso del
ejército persa estaba mucho más al oeste. Los persas tuvieron que retroceder
precipitadamente, y esto salvó a Roma. Galieno colmó de títulos a Odenat y lo nombró
gobernador de las provincias orientales del Imperio.

Mientras Póstumo y Odenat se ocupaban del resto del Imperio, Galieno trató de fortalecer
su posición en Italia. Su esfera de influencia estaba limitada a la propia Italia, Iliria, Grecia
y África. Prescindió de los senadores en favor de los caballeros, especialmente en el
ejército. Creó la guardia imperial de los protectores, dedicados específicamente a garantizar
la seguridad del emperador. Potenció la caballería, creando una unidad de dálmatas y otra
de mauritanos. Fortificó las principales ciudades italianas. También se preocupó de la
cultura y las artes. Él mismo siguió los cursos de Plotino, y trató de hacer de su
neoplatonismo la filosofía del Imperio.

Mientras tanto, en China, el estado septentrional de Wei conquistaba el estado de Shu Han.
En 265 una nueva dinastía tomó el poder de Wei. Fue conocida como dinastía Jin. Su
primer rey fue Sima Yan, perteneciente al clan Sima, que había ido ganando poder hasta
imponerse sobre la familia del fundador del reino, Cao Pi. (Éste había muerto hacía casi
cuarenta años). Por esta época vivió el matemático Liu Hui, autor de un libro clásico
dirigido a arquitectos, ingenieros, administradores y comerciantes. Contiene fórmulas de
áreas y volúmenes, la aritmética de las fracciones, porcentajes, extracción de raíces
cuadradas y cúbicas, resolución de sistemas de ecuaciones lineales y el teorema de
Pitágoras, con numerosas aplicaciones. Utiliza para pi el valor de 3,14.

Las incursiones de los godos al sur del Danubio eran cada vez más dañinas. En 267 Galieno
logró una victoria que los contuvo durante algún tiempo. Mientras tanto, Odenat fue
asesinado juntamente con su hijo mayor. El poder fue asumido por su esposa Zenobia, que
reclamó todos los títulos de su marido para su hijo Vaballath. Inició un proceso de
expansión que pronto le llevó a dominar toda Siria.

Un general de Póstumo llamado Lelio se sublevó y se hizo proclamar emperador.


En 268 Póstumo lo asedió en Maguncia y logró tomar la ciudad, pero fue asesinado por sus
propios soldados. El Imperio Galo quedó en manos de Marco Pavonio Victorino
Augusto, que había sido coemperador con Póstumo los últimos años, pero no tardó en
morir víctima de una sedición y la Galia quedó sumida en la anarquía.

Mientras tanto Aureolo se había rebelado también contra Galieno proclamándose


emperador. Galieno lo había acorralado en Milán, pero entonces fue asesinado por unos
oficiales ilirios. Los soldados eligieron emperador a Marco Aurelio Claudio. El Senado lo
reconoció como tal y le otorgó el sobrenombre de Augusto. Había sido gobernador de Iliria
en los tiempos de Valeriano, donde había contenido a los godos durante diez años. Es
conocido como Claudio II para distinguirlo del primer emperador Claudio. Logró derrotar
definitivamente a Aureolo en Milán, el cual fue asesinado por sus propios soldados,
siguiendo la costumbre.

Claudio II realizó progresos notables. Derrotó a los alamanes y los rechazó al otro lado de
los Alpes. Luego marchó a Mesia, donde derrotó a los godos en varias ocasiones. Por esta
época los godos habían construido una flota con la que se adentraron en el mar Negro y
atacaron Asia Menor. Incluso atravesaron el Bósforo y penetraron en Grecia por sus costas.
Incendiaron el templo de Éfeso y saquearon Atenas. También llegaron a las islas de Creta y
Rodas. En 269 Claudio II consiguió importantes victorias contra ellos. Tras destruir un
importante ejército godo adoptó el sobrenombre de Claudio Gótico. Logró recuperar el
dominio de Hispania y la Galia Narbonense, pero no pudo hacerse con el resto de la Galia.
En ella se habían rebelado los Bagaudas, una palabra celta que se aplicaba a ciertos
campesinos galos (esclavos y hombres libres sumidos en la pobreza, a los que a veces se
unían bárbaros y soldados desertores) que periódicamente se habían alzado contra los
terratenientes y contra el poder imperial. La primera rebelión tuvo lugar bajo Cómodo, y
hubo otra bajo Septimio Severo. La actual se extendió por Aquitania y el sur de los
Pirineos.

En 270, mientras se preparaba a enfrentarse nuevamente con los bárbaros en el Danubio,


Claudio II murió víctima de la peste. También fue el año en que murió Plotino.

Los logros del emperador Claudio II en pro de la reunificación del Imperio Romano se
vieron amenazados con su muerte. En ese mismo año, el 270, un senador del Imperio
Romano de las Galias llamado Cayo Pío Esuvio Tétrico fue reconocido en Burdeos como
sucesor de Victorino y gobernó sobre la Galia. Se ganó la fama de buen gobernante. En el
Este los ejércitos de Zenobia dominaban la mayor parte de Asia Menor. Por su parte, los
germanos pensaron que con la muerte de Claudio II el Imperio volvería a ser una presa fácil
y aumentaron sus incursiones por el norte. Sin embargo, el ejército romano eligió un digno
sucesor de Claudio II. Se trataba del jefe de su caballería, Lucio Domicio
Aureliano, natural también de Iliria, como su antecesor. Había participado en la campaña
contra los godos del año anterior. Era poco instruido, pero inteligente, y tenía fama de
valentía y serenidad. Desde el mismo momento que se puso a la cabeza del Imperio se
dedicó a combatir a los germanos trasladándose constantemente de una frontera a otra.

Mientras tanto Zenobia marchaba sobre Egipto, que no opuso ninguna resistencia a su
ejército. Ahora dominaba un tercio del Imperio Romano y, desde esta posición, en 271, se
proclamó a sí misma Emperatriz con su hijo Vaballath como coemperador. La capital del
Imperio estaba, naturalmente, en Palmira, y en la corte de Zenobia fueron acogidos poetas y
filósofos. También protegió a los cristianos perseguidos.

Aureliano derrotó en Italia a los jutungos (un pueblo alamán). Mandó construir una
muralla alrededor de Roma, que no tenía murallas desde hacía cinco siglos, una muestra
clara de cómo habían cambiado los tiempos. La muralla de Aureliano tenía más de
dieciocho kilómetros de perímetro, cuatro metros de anchura y una altura variable entre
diez y veinte metros. Tras derrotar nuevamente a los alamanes en el Danubio
en 272, Aureliano se dirigió a Palmira. Las tropas de Zenobia tuvieron que evacuar Egipto
inmediatamente para concentrarse en la capital. Se produjo un enfrentamiento en Emesa en
el que murió Vaballath y Zenobia fue hecha prisionera.

Ese mismo año murió el rey persa Sapor I y fue sucedido por su hijo mayor Ormuzd
I. (Ormuzd era el nombre que los persas daban en la época al dios Ahura Mazda). Otro de
sus hijos, llamado Mihrah, se convirtió en rey de la parte más oriental del Imperio, la
actual Georgia. Sin embargo, Ormuzd I no reinó más de un año. En 273 el Imperio Persa
sufrió conmociones con una importante componente religiosa. El trono pasó a manos
de Bahram I, hermano de Ormuzd I, quien, en colaboración con el "mago de los
magos" Kirdir (es decir, el sumo sacerdote mazdeísta), desencadenó una persecución
contra Mani y sus seguidores para preservar el mazdeísmo ortodoxo.

Cuando los ejércitos de Zenobia abandonaron Egipto, un hombre adinerado


llamado Firmo se había hecho proclamar emperador en Alejandría. Tras la toma de
Palmira, Aureliano se dirigió a Egipto, entró en Alejandría y crucificó a Firmo. Los
enfrentamientos que tuvieron lugar destruyeron el museo de Alejandría, pero la biblioteca
resultó indemne.

Aureliano había dejado una guarnición en Palmira, pero sus habitantes se rebelaron y
mataron a los soldados. El emperador regresó inmediatamente y arrasó completamente la
ciudad, la cual nunca volvió a recuperarse. Ahora Aureliano dominaba todo el Imperio
Romano a excepción de la Galia. Antes de que acabara el año marchó contra Tétrico, que
debió de comprender que una Galia independiente era sólo un blanco fácil para los
germanos, así que se dejó derrotar y Aureliano le reconoció su dignidad senatorial.
En 274 Aureliano celebró un magnífico triunfo en Roma, donde fue aclamado
como Restitutor Orbis (Restaurador del Mundo), pues había reunificado el Imperio.
Zenobia fue presentada en cadenas. Aureliano instauró una versión del mitraísmo como
religión estatal: se colocó bajo la protección del Sol Inuictus (el Sol invencible), dios
destinado a dominar y conciliar todos los cultos paganos. Se hizo llamar dios, hecho sin
más precedentes que algunos casos aberrantes como el de Calígula. Difundió la teoría
según la cual el emperador ocupaba en la Tierra el mismo lugar que el Sol en los cielos. Se
presentaba en las ceremonias revestido de oro y pedrería, coronado con una diadema (el
signo de la monarquía en Oriente). Es probable que esto no fueran delirios de grandeza,
sino más bien una estrategia para reafirmar el prestigio y la autoridad del emperador, que a
lo largo del siglo se había reducido prácticamente a la nada. Estas medidas psicológicas
fueron acompañadas de otras más tangibles: reorganizó administrativamente Italia,
equiparándola ya por completo a cualquier otra provincia, nombró gobernadores de
confianza pertenecientes a la clase ecuestre, en lugar de a la senatorial. Naturalmente, estas
medidas le valieron la hostilidad del Senado. Como compensación, Aureliano trató de
ganarse al pueblo de Roma mediante tres distribuciones gratuitas de alimentos. Éstas fueron
posibles porque la reconquista de las provincias le permitió sanear la economía romana.

Mientras tanto Mani fue arrestado y poco después ejecutado. Sin embargo, esto no acabó
con su doctrina. Sus seguidores la conservaron a pesar de las persecuciones de que fueron
objeto, convirtiéndose en el equivalente persa a los cristianos en el Imperio Romano.
Arraigó especialmente en Mesopotamia, tal vez como reacción de una parte de la población
nativa al yugo persa.

En 275 Aureliano renunció a defender la Dacia. Todos los colonos romanos fueron
trasladados y asentados al sur del Danubio, con lo que la provincia fue definitivamente
abandonada por Roma siglo y medio después de que Trajano la conquistara.

Para coronar sus éxitos militares, Aureliano se disponía a enfrentarse a Persia, pero fue
asesinado en Tracia a consecuencia de las intrigas de uno de sus secretarios, que había sido
acusado de prevaricación. Cuando la noticia llegó a Roma los militares no tenían ningún
candidato claro al que aclamar como emperador, así que acabaron pidiendo a un anciano y
reputado senador que eligiera un sucesor para Aureliano. Se trataba de Marco Claudio
Tácito. Cuando el Senado comprendió que contaba con el apoyo de los soldados, decidió
nombrarlo a él mismo emperador, aun en contra de su voluntad, en un intento de recuperar
el poder.

En 276 los godos invadieron Asia Menor y Tácito tuvo que marchar contra ellos. Allí
obtuvo algunas victorias, pero murió tras medio año de reinado. Se dijo que lo mataron sus
propios soldados, aunque es probable que muriera de causa natural. Inmediatamente, los
soldados eligieron emperador a Marco Aurelio Probo, el general en jefe de las legiones
orientales, que continuó venciendo a los godos.

El rey persa Bahram I murió y fue sucedido por su hijo Bahram II. Bajo su reinado
desaparecieron los últimos restos de helenismo en Persia.
El emperador Probo afrontó con éxito todas las invasiones bárbaras que amenazaban al
Imperio: luchó contra los godos, los vándalos, los francos, y también contra
los burgundios, un pueblo de origen escandinavo que había pasado a Germania y ahora
realizaba incursiones por la Galia. Sin embargo, pactó con algunos grupos permitiéndoles
que se asentaran en territorios fronterizos del Imperio, a cambio de que los defendieran de
otros invasores.

En 280 el reino chino de Wei conquistó el reino de Wu, con lo que todo el territorio chino
volvía a estar bajo un único gobernante, el emperador Sima Yan. La conquista fue posible
gracias a que los numerosos príncipes del clan Sima habían formado sus propios ejércitos.
El emperador trató ahora de limitar el poder de los señores y reconvertir sus soldados en
campesinos, pero fracasó en su intento, pues los príncipes no cedieron tierras. Los soldados,
en vista de que el estado no les proporcionaba las tierras prometidas, decidieron cobrarse
sus servicios vendiendo armas a los pueblos fronterizos, muchos de los cuales estaban
dispuestos a acoger a los chinos como colonos. Con ello aumentó el poder de los bárbaros
del norte.

En 281 la parte oriental del Imperio Romano estaba relativamente en calma, así que Probo
dispuso que algunos legionarios se encargaran de limpiar los canales de los que dependía la
agricultura egipcia. Indudablemente era una tarea necesaria y provechosa, pero los soldados
la consideraron indigna y asesinaron al emperador. Fue reemplazado por Marco Aurelio
Caro, que, al igual que Probo, era de origen ilirio y había luchado bajo el mando de
Aureliano. Fue el primer emperador romano que prescindió del reconocimiento del Senado.
Hasta entonces, todos los emperadores habían recibido sus poderes y atribuciones del
Senado, por más que se tratara en la mayoría de los casos de un mero protocolo
intrascendente. Sin embargo, Caro ya no se molestó en pasar por él. Castigó a los asesinos
de Probo, pero no volvió a emplear a los legionarios en labores pacíficas. En su lugar dejó
la política interior en manos de sus hijos Marco Aurelio Numeriano y Marco Aurelio
Carino (a los que nombró Césares, esto es, herederos) y emprendió una campaña contra
Persia. En 282 tomó Armenia y Mesopotamia y avanzó sobre Ctesifonte, pero entonces lo
asesinaron sus soldados.

Según lo previsto, el nuevo emperador fue Numeriano, que asumió el cargo en 283, pero su
cuñado Aper, que era jefe de la guardia pretoriana, lo asesinó en 284 tratando de hacerse
con el poder. Sin embargo, la conjuración no tuvo éxito, ya que los soldados aclamaron
emperador al jefe de la Guardia de Corps Imperial, que era un oficial de unos cuarenta
años, nacido en Iliria, llamado Diocles. Tras su elección cambió su nombre como si hubiera
sido adoptado por Caro, con lo que pasó a ser Cayo Aurelio Valerio Diocleciano.

La primera medida de Diocleciano fue formar un juicio sumarísimo contra Aper y después
ejecutar él mismo la condena a muerte. Diocleciano lograría poner fin a la ya tradicional
costumbre por la que los soldados asesinaban al emperador a la mínima ocasión, y esta
condena ejemplar fue su primer paso en esa dirección. Carino se consideró heredero
legítimo del Imperio y se enfrentó a Diocleciano con el apoyo de una parte del ejército.
Logró derrotarlo en 285, pero sus propios soldados decidieron que preferían a Diocleciano,
así que lo asesinaron.
Por esta época en Egipto surgió una nueva rama del pensamiento cristiano. Un joven
Egipcio llamado Antonio había decidido cinco años antes llevar una vida ascética, pero
ahora llegó a la conclusión de que la única forma de lograrlo era retirarse al desierto. Tenía
veinticinco años y se convirtió en el primer monje (que en griego significa "solitario"). Su
fama de santo y piadoso fue tanta que cada año acudían al desierto egipcio varios cristianos
que querían seguir su ejemplo, y así, poco a poco se formaron ermitas solitarias en las que
los ermitaños llevaban una vida austera.

Diocleciano llevó a cabo importantes reformas políticas y administrativas. Llegó a la


conclusión de que la amenaza bárbara era demasiado grave como para que un único
emperador tuviera que supervisar la situación en todas las fronteras. Por ello adoptó y
nombró César a Marco Aurelio Valerio Maximiano, a quien confió el gobierno de la
parte occidental del Imperio, mientras que él se ocuparía de la parte oriental. La línea
divisoria entre ambas partes era una recta que corría de norte a sur y pasaba por el estrecho
que separa Italia de Grecia. A partir de este momento es costumbre hablar de un Imperio
Romano de Occidente y un Imperio Romano de Oriente, si bien se trataba meramente de
una división administrativa. El Imperio de Occidente era algo más extenso, contenía a
Roma y era de habla latina. El de Occidente, en cambio, era de habla griega.

Podría parecer extraño que Diocleciano se hubiera reservado la mitad oriental, pero el
Imperio oriental era más rico y estaba más amenazado que el Imperio occidental. Fijó su
residencia en Nicomedia, en Asia Menor, que se convirtió en la auténtica capital del
Imperio. Roma había perdido su importancia hasta tal punto que Maximiano tampoco
residió en ella. Por el contrario, fijó su capital en Mediolanum (la actual Milán), lo que
también era sensato, pues estaba más cerca del Rin y el Danubio superior. El Senado seguía
reuniéndose en Roma, pero ya no tenía ningún poder real.

Diocleciano llevó al máximo grado lo que en sus predecesores había sido una tendencia:
adoptó toda la pompa, la magnificencia y el protocolo propio de las monarquías orientales.
Los hombres sólo podían acercársele cuando eran invitados a ello, y sólo con grandes
reverencias. Se adoptaron diversos rituales para que la figura del emperador despertara
reverencia, temor y admiración.

Maximiano era un buen general, pero, al contrario que Diocleciano, no era especialmente
brillante. Probablemente Diocleciano esperaba de él que cumpliera sus órdenes con
eficiencia pero sin ánimo ni capacidad para intrigar contra él. En su primer año de gobierno
mostró su capacidad sometiendo definitivamente a los bagaudas. Diocleciado debió sentirse
complacido, pues en 286 le concedió el título de Augusto, lo que lo convertía en
coemperador teóricamente igual al propio Diocleciano.

Los francos se habían lanzado al mar y hacían incursiones en Britania. Maximiano


construyó una flota y se la confió a Aurelio Valerio Carausio para que combatiera a los
piratas francos, pero pronto fue acusado de tolerarlos para enriquecerse y se le condenó a
muerte. Carausio se rebeló y logró que las tropas de Britania lo proclamaran emperador.
Maximiano construyó otra flota para combatir la de Carausio, pero se perdió en una
tormenta, mientras Carausio dominaba las costas atlánticas del Imperio.
Mientras tanto Diocleciano fortalecía el Imperio de Oriente. Reconstruyó las murallas de
Bizancio y llegó a un acuerdo de paz con el rey persa Bahram II, en virtud del cual una
parte de Mesopotamia quedaba en manos del Imperio de Oriente.

En 287 Armenia fue tomada a los persas por el rey Tirídates II, que contaba con el apoyo
de Roma (se había educado precisamente en Roma). Armenia volvía a ser así un
protectorado romano.

En 290 murió el emperador chino Sima Yan, lo que desató las fricciones entre los nobles.
El nuevo emperador, Hui, era débil y no pudo evitar que las disputas fueran en aumento.

En 293 murió el rey persa Bahram II y fue sucedido por su primo Bahram III, hijo de
Ormuzd I, pero sólo reinó unos meses, tras los cuales le arrebató el trono su tío Narsés, hijo
de Sapor I.

Ese mismo año Diocleciano decidió que dos coemperadores no eran suficientes para
gobernar eficientemente el Imperio, por lo que implantó un sistema más elaborado.
Estableció que él y Maximiano, ambos con el título de Augusto, elegirían sendos sucesores,
con el título de César. Éstos serían una especie de ayudantes cuya autoridad sólo estaría
supeditada a la de los coemperadores y que, con el tiempo, se convertirían en los siguientes
coemperadores, momento en el cual deberían elegir dos nuevos césares. El nuevo sistema
de gobierno fue conocido como la tetrarquía.

Diocleciano escogió como César a Cayo Galerio Valerio Maximiano, que se casó con la
hija del emperador. Maximiano también dio la mano de su hija a su César, que fue Marco
Flavio Valerio Constancio, si bien era más conocido como Constancio Cloro (el pálido).
Constancio no tardó en derrotar a Carausio en Britania, que terminó asesinado
por Alecto, uno de sus lugartenientes.

Las persecuciones contra los cristianos realizadas a lo largo del siglo habían llevado a
muchos de ellos a exiliarse en Persia, donde en los últimos años sufrieron también
persecuciones, ahora por parte del Mazdeísmo. Una buena parte de estos perseguidos
prosperó en Armenia, y una muestra de ello fue que en 294 el rey Tirídates II, se convirtió
al cristianismo y pasó a ser el primer gobernante cristiano de la historia.

En 295 un general llamado Aquileo se proclamó emperador en Egipto. Diocleciano partió


inmediatamente hacia Egipto, asedió Alejandría durante ocho meses, la tomó y ejecutó al
rebelde.

En 296 Constancio Cloro derrotó a Alecto y se hizo con el control de Britania. Mientras
tanto Narsés ocupó una porción de Armenia y Diocleciano envió a Galerio, que se puso al
frente del ejército romano de Mesopotamia y en 297 se enfrentó a los persas en Carras, la
ciudad donde Craso fue derrotado por los partos. Galerio sufrió un revés y tuvo que
retirarse, pero Diocleciano confiaba en él y lo envió a una nueva campaña en Armenia.
Dicha confianza resultó justificada, pues no sólo derrotó a Narsés y lo expulsó de Armenia,
sino que casi destroza por completo el ejército persa. Entre los prisioneros se encontró a la
mujer y los hijos del propio Narsés, lo que permitió a Galerio negociar una paz muy
ventajosa. Aparte del aprecio que Narsés pudiera sentir por su familia, lo cierto es que el
deshonor que le hubiera supuesto perderla ante el enemigo le habría costado el trono sin
lugar a dudas. Así pues, a cambio de su devolución, Narsés renunció a toda pretensión
persa sobre Armenia, donde el rey Tirídates II fue reafirmado en su trono, y además cedió
extensos territorios de Mesopotamia. Se firmó así una paz entre Persia y Roma que duró
más de cuarenta años.

Las persecuciones contra los seguidores de Mani en Persia hicieron que algunos de ellos
pasaran al Imperio Romano, hasta formar una minoría suficientemente notoria como para
preocupar a Diocleciano. Fueron llamados maniqueos, y ante el temor de que se
convirtieran en una quinta columna persa, el emperador prohibió y persiguió el
maniqueísmo, que no obstante sobrevivió precariamente como lo había hecho el
cristianismo tras las numerosas persecuciones que había sufrido hasta entonces.

Tras los primeros años de funcionamiento de la tetrarquía, los cuatro gobernantes acabaron
repartiéndose los territorios. El Imperio quedó dividido en cuatro prefecturas. Constancio
Cloro quedó al mando de la formada por los territorios al noroeste de Italia, esencialmente
la Galia y Britania; Maximiano retuvo Italia, Hispania y África; Diocleciano se ocupó de
Asia y Egipto, mientras que Galerio gobernó las provincias europeas al este de Italia. Cada
prefectura estaba dividida en varias diócesis, gobernadas por vicarios, palabra que significa
"suplente" (del prefecto, el emperador o el César correspondiente). A su vez, cada diócesis
se dividía en pequeñas provincias, suficientemente pequeñas como para que un gobernador
las administrase cómodamente. Se estableció un complejo servicio secreto por el que los
prefectos controlaban a todos los funcionarios. Esto en cuanto a la administración civil. La
administración militar era paralela: cada provincia contaba con una guarnición a las órdenes
de oficiales llamados duces (líderes). Además estaban los ejércitos sedentarios que
custodiaban las fronteras y otras fuerzas móviles de apoyo o de reserva, dirigidas
por comites (acompañantes). Diocleciano revisó la legislación, hizo redactar nuevos
códigos de leyes de carácter conservador y humanitario. Como la compleja administración
requería una buena financiación, organizó un sistema racional de impuestos directos y puso
en circulación nuevas monedas.
Por esta época en Arabia se habían formado varios reinos: Gasan, Hira, Hiyaz,
Kinda ... , pero se tiene muy poca información sobre ellos.

En América se inicia el periodo clásico de la cultura maya. El territorio maya estaba


formado por ciudades-estado independientes con costumbres variadas entre las que fueron
difundiéndose lentamente conocimientos, técnicas artísticas, creencias y costumbres. Al
parecer también guerrearon entre sí con relativa frecuencia. En la zona de Veracruz se
empezó a formar una confederación de ciudades totonacas, entre las que destaca El Tajín.

ANTERIOR
CONSTANTINO

Al inicio del siglo IV, Diocleciano había reconstruido definitivamente el Imperio Romano,
al menos desde un punto de vista político, pero la situación económica era muy diferente a
la que precedió a los años de anarquía. La recuperación había exigido fijar altos impuestos,
muchos de los cuales sólo podían ser pagados en especie por unos campesinos y artesanos
al borde de la ruina. Grandes masas de población se vieron obligadas a ofrecerse como
siervos de grandes señores terratenientes. Ante el gran número de artesanos y agricultores
que abandonaban sus trabajos, se promulgaron leyes que les obligaban a continuar en ellos.
Los siervos tenían prohibido abandonar las tierras sin la autorización de su señor, a los
artesanos se les prohibía ingresar en el ejército como medio de mejorar sus ingresos. El
ejército se nutrió cada vez más de bárbaros contratados.
El budismo estaba penetrando en el reino de Shampa. De esta época datan inscripciones en
sánscrito de soberanos con nombres hindúes.

En 301 Diocleciano trató de aliviar la situación con un edicto en el que fijaba precios
máximos y salarios mínimos. Trató de establecer severas medidas contra los señores que
incumplieran el edicto y se aprovecharan de sus siervos, pero el intento fracasó. El
resultado fue que la población perdió todo sentimiento de lealtad hacia el gobierno. A la
gente le daba igual ser esquilmado por bárbaros que llegaban en una correría o por
funcionarios enviados por el gobernador.

Las penurias aumentaron la popularidad del cristianismo, que se había expandido


notablemente en los últimos años, no sólo entre las clases humildes, sino que ahora era
posible encontrar cristianos en altos cargos, e incluso en el ejército. Más aún, los
prisioneros romanos empezaban a difundir su religión entre los bárbaros. A éstos hay que
añadir a los que en épocas de persecución se refugiaron en otros estados, como en Persia y,
sobre todo, en Armenia. Este mismo año, el rey Tirídates III convirtió al cristianismo en la
religión oficial de Armenia.

En 302 murió el rey persa Narsés y fue sucedido por su hijo Ormuzd II. No se sabe mucho
de su reinado, pero parece ser que trató de enfrentarse a la aristocracia terrateniente persa.
Por esta época el Imperio Persa tenía que hacer frente a incursiones provenientes de Arabia,
donde las antiguas tribus nómadas se habían organizado finalmente en varios reinos.

Volviendo a Roma y al cristianismo, las iglesias cristianas estaban cada vez mejor
organizadas y jerarquizadas. Las incesantes desgracias convencían cada vez a más gente de
que el fin del mundo estaba cerca y que Jesucristo no tardaría en volver para juzgar a vivos
y muertos. Esto aumentó la autoridad de la Iglesia sobre el pueblo y no tardó en despertar
temores en las autoridades. Además los cristianos se reafirmaron en su negativa a aceptar
las pretensiones divinas de los emperadores, uno de los pilares de la recuperación política.
Por ello, en 303 Galerio instó a Diocleciano a que iniciara una persecución contra los
cristianos. Así sucedió. Fue tal vez la persecución más cruenta a la que los cristianos
tuvieron que hacer frente. Los cristianos fueron expulsados del ejército y de todos sus
cargos, se confiscaron y quemaron libros sagrados, las iglesias fueron destruidas y, en
general, cuando una muchedumbre pagana se rebelaba, todo se resolvía matando a algunos
cristianos que, por supuesto, habían tenido la culpa de todo. En 304 murió en el martirio
san Marcelino, obispo de Roma, y el cargo quedó vacante por tres años.

De esta época datan las primeras representaciones cristianas de Jesucristo en la cruz. Esto
refleja una evolución del pensamiento cristiano. Aunque la idea de que Jesucristo había
muerto para redimir a los hombres es original de san Pablo, lo cierto es que durante los
primeros siglos los cristianos no la habían asimilado, y para ellos la crucifixión era objeto
de vergüenza. Las alusiones a la crucifixión se hacían mediante cruces simbólicas, que eran
parte del complicado sistema de símbolos esotéricos de que se valían para ocultar su
doctrina y pasar desapercibidos. Ahora, en cambio, los cristianos veían la muerte de
Jesucristo como un heroico sacrificio voluntario digno de admiración. La representación de
Jesucristo en la cruz provocaba admiración y devoción en lugar de vergüenza.
Representaba un modelo a seguir: quien moría por Jesucristo en defensa de su fe alcanzaba
indudablemente la salvación. Tanto fue así que la cruz se convirtió en el símbolo por
excelencia del cristianismo para desconcierto de los paganos, pues la imagen que esto les
debía de causar era similar a la que hoy causaría una secta religiosa cuyo emblema fuera
una horca o una silla eléctrica.

También hay que advertir que Constancio Cloro no aprobó la persecución contra los
cristianos, y en sus territorios no tuvo efecto, si bien él no era cristiano, sino mitraísta.

Finalmente Diocleciano decidió visitar Roma. Estaba previsto que él y Maximiano fueran
aclamados en un triunfo, pero la ceremonia no resultó muy lucida. Desde la distancia,
Diocleciano había intentado mostrar respeto hacia Roma, había ordenado la construcción de
baños, una biblioteca, un museo y otros edificios, pero los romanos no le perdonaron que
hubiera trasladado la capital a Nicomedia. El emperador fue objeto de burlas y sarcasmos.
Al cabo de un mes abandonó la ciudad sumamente contrariado. Parece ser que el incidente
le deprimió y poco después de su regreso a Nicomedia cayó enfermo.

En 305 Galerio convenció a Diocleciano para que abdicara. Tenía ya más de sesenta años y
estaba cansado del gobierno. Por el contrario, Galerio estaba ansioso por ocupar su lugar.
Diocleciano aceptó, pero tenía sus ideas de cómo tenía que producirse la abdicación.
Obligó a abdicar también al coemperador Maximiano para que los dos césares, Galerio y
Constancio, se convirtieran simultáneamente en Augustos. A su vez éstos tenían que
nombrar dos nuevos césares.

Maximiano abdicó de mala gana, y Diocleciano se retiró a un gran palacio que se había
construido en la ciudad Iliria de Salona, cerca de la aldea donde había nacido. Galerio,
convertido en emperador, consideró que le correspondía el mismo papel preponderante
sobre su colega Constancio que Diocleciano había tenido sobre Maximiano, así que decidió
nombrar él mismo tanto su César como el de Constancio, sin consultar su decisión con éste
último. Para sí eligió a uno de sus sobrinos, Galerio Valerio Maximino Daya, mientras
que para Constancio eligió a uno de sus oficiales, Flavio Valerio Severo. Esto causó la
indignación del hijo de Maximiano, que se llamaba Marco Aurelio Valerio Majencio y se
consideraba con derecho a heredar la autoridad de su padre. Constancio también tenía sus
objeciones, pues quería como César a su hijo Cayo Flavio Valerio Aurelio Claudio
Constantino.

El primero en actuar fue Majencio, que se hizo proclamar emperador en Roma y llamó a su
padre Maximiano, que no dudó en secundar sus planes. Galerio envió a Italia a Severo, pero
fue derrotado y muerto por las tropas de Majencio, que conservó el dominio de Italia.

Mientras sucedía todo esto, Constancio estaba ocupado en una campaña contra las tribus
del norte de Britania, mientras que su hijo Constantino estaba retenido en Nicomedia por
Galerio para garantizar el buen comportamiento de su padre. Sin embargo, Constancio
murió en 306 antes de haber podido acabar su campaña, y Constantino logró escapar, se
dirigió a Britania a toda prisa y allí las legiones de su padre lo aclamaron emperador.
La debilidad del emperador chino frente a las intrigas de los nobles habían sumido al país
en una guerra civil que se había prolongado durante los seis últimos años y que ahora se
zanjaba con el ascenso al trono del nuevo monarca Xi Jin.

En 307 Constantino se casó con una hija de Maximiano, que lo reconoció como
coemperador. Galerio se vio así enfrentado a una alianza entre Maximiano, Majencio y
Constantino. Trató de penetrar en Italia, pero fue rechazado.

En 308 un jefe de los hunos meridionales que se habían infiltrado en el norte de China se
proclamó emperador. El emperador chino Xi Jin no pudo hacer gran cosa, pues China aún
no se había recuperado de las guerras civiles.

En 309 murió el rey Persa Ormuzd II. Parece ser que no supo tratar a la nobleza persa y fue
víctima de una conjura. El hijo que debía sucederle en el trono fue asesinado, otro fue
cegado y otro encarcelado. Con esto la dinastía sasánida estaba al borde de la desaparición,
pero la nobleza comprendió que no era conveniente instalar en el trono a un usurpador,
pues los sasánidas habían logrado el favor del pueblo. La mujer de Ormuzd II estaba
embarazada y se acordó que el niño aún no nacido sería el nuevo rey. Hasta se cuenta que
se celebró una "coronación" en la que se puso la diadema sobre el vientre de la reina y los
nobles se arrodillaron prestando juramento al rey.

Afortunadamente para los nobles, la criatura resultó ser un varón, que nació ya convertido
en Sapor II. Los nobles gobernaron el Imperio de forma bastante desordenada, buscando
cada cual sus propios intereses. Durante la minoría de edad del rey los árabes no tuvieron
dificultades en traspasar las fronteras y saquear las ciudades persas. Asolaron
Mesopotamia, incluyendo la capital, Ctesifonte.

En 310 Galerio, incapaz de controlar a sus emperadores rivales, decidió pedir ayuda a
Diocleciano, que tomó de nuevo las riendas del poder en la parte oriental del Imperio.
Destituyó nuevamente a Maximiano y nombró emperadores de Occidente a Valerio
Liciniano Licinio y a Constantino. Esto puso a Constantino de su parte, que no tardó en
traicionar a Maximiano. Se enfrentó a él, lo derrotó y luego lo hizo ejecutar.

En 311 el emperador chino Xi Jin fue hecho prisionero de los hunos y la casa imperial tuvo
que refugiarse en el sur. El imperio chino se redujo a la zona sur, con capital
en Nankin, mientras que el norte pasó a formar parte del nuevo reino huno de Wei. No
obstante, los hunos asimilaron pronto la cultura china, de modo que Wei puede
considerarse en la práctica un reino chino gobernado por una aristocracia de origen
extranjero.

Ese mismo año murió Galerio, y Maximino Daya fue elegido emperador. Maximino se alió
con Majencio, que todavía resistía en Italia. En 312 Constantino marchó sobre Italia contra
Majencio. Obtuvo una victoria en el valle del Po y Majencio tuvo que retirar sus tropas
hasta Roma. Los ejércitos se encontraron en un puente sobre el Tíber, en la batalla del
puente Milvio el ejército de Majencio trató de impedir el paso al de Constantino, pero
fracasó y Constantino no tardó en apoderarse de Roma. Majencio murió en la batalla. El
Senado proclamó emperador a Constantino, quien se apresuró a disolver definitivamente la
guardia pretoriana, que había nombrado y depuesto a tantos emperadores.

En este momento Constantino dio un giro inesperado a la historia con una astuta decisión
estratégica. Afirmó que antes de la batalla del puente Milvio se le había aparecido una cruz
de fuego en el cielo bajo la cual leyó las palabras "In hoc signo uinces" (bajo este signo
vencerás). La leyenda posterior afirma que Constantino puso insignias cristianas en los
escudos de sus hombres, y que fue Dios quien le hizo vencer a Majencio, una empresa en la
que Severo y Galerio habían fracasado. Los cristianos celebraron la noticia de que Dios les
había dado un emperador dispuesto a protegerlos. Automáticamente, Constantino tuvo de
su parte a una importante quinta columna en Oriente, donde las persecuciones contra los
cristianos no habían cesado desde el edicto de Diocleciano nueve años atrás. Tal vez fue ese
mismo año cuando Constantino ordenó construir la Catedral de Letrán. (Letrán es una
plaza de Roma, llamada así, según Tácito, porque en ella había estado la residencia de
los Laterani).

Los cristianos aprovecharon que ya no eran perseguidos para perseguirse mejor los unos a
los otros. El obispo de Casae Nigrae, en Numidia, llamado Donato, mantenía una pugna
contra el obispo de Cartago al que reprochaba su indulgencia contra los cristianos traidores
que habían entregado los libros santos a los paganos. Ahora el obispo de Cartago acababa
de morir y en su lugar fue elegido su diácono Ceciliano, pero Donato se negó a
reconocerlo, llamándolo verdugo de los mártires. Donato nombró obispo de Cartago a
Mayorino, pero poco después él mismo lo sustituyó en el cargo, con lo que Cartago tenía
dos obispos, cada cual con sus partidarios. Los partidarios de Donato, que fueron conocidos
como donatistas, sostenían que el sacerdocio sólo podía ser ejercido por hombres dignos,
de modo que los sacerdotes que habían eludido el martirio durante las persecuciones y
habían entregado los libros sagrados profanando su fe no podían ahora ser admitidos en la
Iglesia. Esto tenía una consecuencia inquietante, pues, si los sacramentos administrados por
un sacerdote indigno no eran válidos, ¿cómo sabía un cristiano si su sacerdote era de fiar?,
¿podría uno creer que estaba recibiendo la atención espiritual adecuada y en realidad estar
al borde del infierno? Frente al puritanismo donatista estaba la postura de que la Iglesia era
Santa, y que los sacramentos administrados en su nombre eran válidos aunque el sacerdote
fuera imperfecto. Por otra parte, todos los hombres, sacerdotes incluidos, podían lograr el
perdón y la expiación por diversos medios.

En 313 Licinio derrotó a Maximino Daya en Tracia (el cual se suicidó tras la batalla) y se
reunió con Constantino en Milán. Allí se reconocieron como coemperadores, Constantino
en Occidente, Licinio en Oriente. Promulgaron el Edicto de Milán, que garantizaba la
tolerancia religiosa en todo el Imperio.

Ese mismo año murió Diocleciano en su palacio en Salona. Se cuenta que unos años antes
Maximiano le había escrito una carta instándole a ocuparse nuevamente del Imperio (como
finalmente hizo por un breve lapso de tiempo a petición de Galerio), y que su respuesta
fue: "Si vinieses a Salona y vieses los vegetales que cultivo en mi jardín con mis propias
manos, no me hablarías del Imperio". Al parecer Diocleciano pasó sus últimos años
felizmente en su palacio, sin que le importara lo más mínimo que sus intentos de estabilizar
la política romana hubieran fracasado.
Mientras tanto, el obispo de Roma, Milcíades, convocó un sínodo en Letrán donde se
condenó el donatismo.

En 314 se produjo un enfrentamiento entre los dos emperadores. Resultó un empate, pero
quedó claro que las relaciones entre las dos mitades del Imperio iban a ser hostiles. Cuanto
más apoyaba Constantino a los cristianos, más recelaba de ellos Licinio. No hay que
deducir de la actitud de Constantino que se hubiera convertido al cristianismo. Al contrario,
no consintió en ser bautizado y durante toda su vida rindió culto al dios del Sol mitraísta.
Los cristianos no dudaron en minimizar este detalle y ofrecieron su lealtad a un emperador
que ya no era un dios, sino que gobernaba por la Gracia de Dios.

Tras la muerte de san Milcíades fue elegido obispo de Roma Silvestre I, quien representó
un papel importante en el ascenso del cristianismo tras su legalización. Bajo su pontificado
se edificaron las primeras basílicas en Roma y se inició el proceso por el que la
administración y la jerarquía eclesiásticas fueron imitando cada vez más a la civil.

El donatismo seguía siendo fuerte en Cartago, pues había adquirido tintes políticos como
reacción del campesinado bereber frente al gobierno romano. Ese mismo año el emperador
organizó un sínodo en Arles, que nuevamente condenó el donatismo. En 316 el emperador
en persona oyó los argumentos en favor y en contra del donatismo, y se decantó en contra.
Constantino tenía mucho interés en que los cristianos formaran una iglesia unida, pues
contaba con ellos como su más importante apoyo en todo el Imperio. Lo peor que le podría
ocurrir sería que los cristianos de Occidente se convirtieran en una facción enemiga de los
de Oriente, donde en estos momentos no tenía ningún poder efectivo.

En 318 esta posibilidad se convirtió en una seria amenaza en Alejandría cuando un


sacerdote libio ordenado cinco años antes empezó a provocar discusiones con su
predicación. Se llamaba Arrio, y afirmaba que Jesucristo no era un verdadero Dios, sino la
primera criatura creada por Dios. Jesucristo era sólo un hombre. El más santo de los
hombres y de los profetas, pero no un dios, puesto que Dios sólo había uno.

Tras la caída del imperio Kusana, la India se había dividido en pequeños reinos. En 320 el
rey del pequeño reino de Magadha, al noreste, se anexionó extensos territorios a la muerte
de su suegro, que reinaba en el actual Nepal. Se hizo llamar rey de reyes y fue conocido
como Chandragupta I. Fue el fundador de una larga dinastía de reyes indios.

Desde que Antonio se retirara a los desiertos de Egipto unos cuarenta años atrás, dichos
desiertos se habían poblado con numerosos anacoretas, esto es, religiosos que vivían en
solitario o en pequeños grupos retirados de las tentaciones del mundo. Uno de estos
anacoretas se llamaba Pacomio, que tras su conversión al cristianismo se había retirado a
las ruinas de un templo de Serapis. Ahora fundo una comunidad cristiana a orillas del Nilo,
que se convirtió en el primer monasterio en sentido moderno: los monjes seguían una regla
escrita y obedecían a un superior. La idea se difundió rápidamente por Oriente y los
monasterios se multiplicaron.

En 321 Constantino promulgó una ley por la que se prohibía la administración de justicia y
los trabajos manuales en el que para los cristianos era el "día del Señor", esto es,
el domingo, y para los paganos era el "día del Sol". Recordemos que Constantino era
mitraísta, es decir, adoraba a Mitra, el dios del Sol, por lo que la idea de convertir al
domingo en un día festivo también era acorde a sus propias creencias.

Las predicaciones de Arrio no sólo contradecían el sentir popular de los cristianos, que
preferían adorar a un Jesucristo más tangible que a un Yahveh abstracto al estilo judío, sino
también a la tradición teológica de Alejandría, que había creado la doctrina del trinitarismo.
Los sacerdotes de Alejandría instaron a su obispo, llamado Alejandro, a convocar un
sínodo en torno al arrianismo. Así lo hizo en 323 y en él las tesis de Arrio fueron
declaradas heréticas. Sin embargo, Arrio no aceptó la decisión y fue excomulgado.
Entonces se dirigió a Palestina y a Asia Menor, donde encontró numerosos partidarios,
especialmente a Eusebio, el obispo de Nicomedia, que se convirtió en el auténtico impulsor
del arrianismo. Es posible que el auge de esta rama del cristianismo inquietara a
Constantino. La verdad era que Licinio seguía mostrándose hostil hacia los cristianos, pero
si el arrianismo crecía y Licinio decidiera apoyarlo, Constantino podría perder su ventaja.

En 324 Constantino avanzó hacia el este y sus ejércitos se enfrentaron a los de Licinio en
Adrianópolis, al oeste de Bizancio. Obtuvo una victoria y Licinio tuvo que refugiarse tras
los muros de Bizancio. Constantino controlaba una flota que manejó con la suficiente
habilidad como para cortar los suministros a la ciudad a la vez que lograba aprovisionar sus
propios ejércitos. Licinio consiguió burlar el cerco y escapar a Asia Menor con unos pocos
hombres, donde reunió un nuevo ejército. Constantino mantuvo el sitio a la vez que enviaba
un destacamento por Licinio. Se libró una nueva batalla en Crisópolis, frente a Bizancio, al
otro lado del Bósforo. Nuevamente los hombres de Constantino resultaron vencedores y le
proporcionaron el dominio efectivo sobre todo el Imperio. La situación real se hizo oficial
en 325, cuando Constantino hizo estrangular a Licinio y se convirtió en el único emperador
romano.

Constantino realizó un esfuerzo similar al de Diocleciano para asegurarse de que su


autoridad no sería discutida. Como éste, adoptó la pompa y la magnificencia propias de las
monarquías orientales, en particular la diadema como símbolo del poder. Además decidió
construir una nueva capital para el Imperio, una capital grandiosa que marcara el
resurgimiento del Imperio e hiciera su poder incuestionable. Durante un tiempo pensó en
reconstruir Troya, pero mientras meditaba sobre ello se ocupó de una cuestión más
acuciante: decidió tomar cartas en la disputa contra el arrianismo.

Constantino convocó lo que se llamó el Primer Concilio Ecuménico, esto es, universal,
llamado así porque en él participaron por primera vez obispos de todo el Imperio (alrededor
de trescientos). Incluso fue invitado un obispo godo llamado Teófilo. El concilio se celebró
en Nicea, al sur de Nicomedia, que por el momento seguía siendo la capital del Imperio.
Allí se convino que existe una única Iglesia Universal (o, dicho en griego, una única Iglesia
Católica), cuya doctrina se plasmó en un Credo que desde entonces pasó a formar parte del
ceremonial católico. Además de la unidad de la Iglesia, el concilio de Nicea ratificó las
tesis trinitarias frente a las de Arrio y también zanjó algunas disputas menores sobre la
fecha de la Pascua. No obstante, Arrio y muchos de sus seguidores no aceptaron las
decisiones del concilio y tuvieron que exiliarse, entre ellos Eusebio, que fue despojado de
su cargo de obispo.
Al margen de las cuestiones teológicas, del concilio de Nicea también se extrajeron varias
consecuencias prácticas. En primer lugar quedó asentado que era el emperador el que tenía
la atribución de convocar concilios ecuménicos, lo cual le confería un notable control sobre
la Iglesia. En segundo lugar se fijó una prelación entre los obispos, que hasta entonces
habían tenido todos el mismo rango. Se aceptó la supremacía de tres de ellos: el de Roma,
que a la sazón era Silvestre, el principal asesor de Constantino en lo tocante al cristianismo;
el de Alejandría, que entonces era Alejandro, el más reputado en cuestiones de teología, y
el de Antioquía, la tercera ciudad en importancia del Imperio y cuna del cristianismo. Fue
en Antioquía donde san Pablo desarrolló su doctrina y nunca había dejado de ser un punto
de referencia en materias doctrinales.

Estos tres obispos fueron llamados patriarcas (o primeros padres) de la Iglesia. En realidad
Silvestre no estuvo presente en el concilio de Nicea, sino que envió como representante al
obispo de Córdoba, que fue uno de los cinco únicos obispos occidentales que acudieron (a
causa de la distancia, principalmente). La victoria del trinitarismo era previsible, pues era la
doctrina de Alejandría y Alejandría era entonces la capital cultural del mundo. El principal
defensor del trinitarismo no fue el propio Alejandro, sino su diácono Atanasio. Todo
parecía apuntar a que el patriarca de Alejandría estaba destinado a ser la cabeza de la
Iglesia Católica, pero ese mismo año Constantino iba a tomar una decisión que frustraría
esta aspiración.

Bajo el reinado de Constantino se produjeron importantes reformas legales por influencia


del cristianismo. Se abolió la crucifixión, al igual que los juegos de gladiadores, que
muchos asociaban al martirio cristiano (en su lugar cobraron auge las carreras de carros), se
promulgaron leyes que protegían a los esclavos, la ley se volvió más severa con las
costumbres que los cristianos desaprobaban, como el divorcio y en general las violaciones
de la más austera moral sexual.

En 325, poco después del concilio de Nicea, Constantino decidió finalmente que la nueva
capital de Imperio sería Bizancio. Su situación era idónea, a mitad de camino entre Persia y
la frontera del Danubio. Estaba rodeada de agua por tres partes, por lo que sólo podía ser
asediada por un ejército que controlara tanto la tierra como el mar. Su puerto dominaba el
paso por el Bósforo. Hasta entonces Bizancio había sido una próspera ciudad comercial,
pero ahora tenía que convertirse en una nueva Roma. La ciudad fue arrasada y reconstruida
en un perímetro mucho mayor, sobre siete colinas. Se construyó un foro, un senado, un
palacio y un hipódromo donde celebrar carreras de carros. Naturalmente, las obras tardaron
varios años y casi todo fue hecho mediante mano de obra esclava.

Pese a todo el apoyo que Constantino prestó al cristianismo, él mismo nunca se declaró
cristiano. Con quien tuvieron más éxito los cristianos fue con su madre, Elena, que fue
verdaderamente devota. Envió unos trabajadores a Tierra Santa para buscar reliquias, es
decir, restos relacionados con Jesucristo. Naturalmente, las reliquias no tardaron en
aparecer, y así en 326 se encontró nada menos que la Vera Cruz, es decir, la verdadera cruz
en la que Jesucristo fue crucificado. No cabía duda de su autenticidad, pues los que la
encontraron fueron testigos de numerosos milagros realizados por ella. En los años
siguientes Elena recibió emocionada los clavos con que fue crucificado Jesucristo, la
corona de espinas, la lanza que le atravesó el costado y hasta la esponja con la que se le dio
de beber vinagre. Sin poder competir con la capital, hasta las iglesias más modestas fueron
recibiendo los huesos de tal o cual santo y otras reliquias dotadas siempre de cierta
capacidad de hacer milagros.

En 327 el rey persa Sapor II no había cumplido aún los dieciocho años, pero logró burlar a
la camarilla de nobles que estaba gobernando el Imperio durante su minoría de edad y que
confiaba en seguir controlando al monarca de un modo u otro. Se apoderó del gobierno y el
pueblo lo aclamó con entusiasmo cuando se sentó triunfalmente en el trono. Organizó un
ejército con el que aplastó a los árabes que durante los últimos años habían saqueado a sus
anchas el territorio persa.

Mientras Constantino continuaba edificando su capital, se dio cuenta de que el concilio de


Nicea había sido un fracaso. Su intención al convocarlo había sido unir a los cristianos y
evitar así que un adversario político pudiera volver contra él a una de sus sectas. Sin
embargo, los arrianos siguieron siendo arrianos tras el concilio y, lo que era peor, la
mayoría de los cristianos de Asia Menor eran arrianos. De este modo, el emperador se
había comprometido con el catolicismo pero su corte era arriana. Era necesario dar marcha
atrás discretamente. En 328 Eusebio fue restituido como obispo de Nicomedia y empezó a
defender el arrianismo de una forma muy sutil. Se basaba en que toda la teología católica
empeñada en fundamentar que 3 = 1 era, naturalmente, palabrería sin contenido alguno.
Eusebio se las arreglaba una y otra vez para jugar con toda esa palabrería y formular
principios que formalmente eran acordes con la doctrina de Nicea, pero que fácilmente
podían ser interpretados desde el punto de vista arriano. Más aún, Eusebio hacía que
Constantino sancionara sus puntos de vista como conformes al credo de Nicea, y luego los
usaba como apoyo de sus tesis arrianas. Estas tergiversaciones provocaron la cólera de
Atanasio, que ese mismo año sucedió a Alejandro como patriarca de Alejandría y continuó
defendiendo a ultranza el trinitarismo católico. Sin embargo, poco podía hacer, pues no era
sensato enfrentarse abiertamente al emperador.

El 11 de mayo de 330 la Nueva Roma fue inaugurada oficialmente. Aunque éste fue en lo
sucesivo el nombre oficial de Bizancio, la ciudad fue conocida desde entonces en todo el
Imperio como la Ciudad de Constantino, que a través del griego se convirtió en latín
en Constantinopolis, o Constantinopla en castellano. La época de los grandes artistas
había pasado hacía ya siglos, así que Constantinopla fue embellecida mediante el saqueo de
otras ciudades. Estatuas y cuadros de todos los rincones del Imperio fueron llevados a la
nueva capital. Atenas fue una de las ciudades más expoliadas. Allí afluyeron los personajes
más influyentes que deseaban conservar su influencia, los comerciantes que deseaban
aprovechar las infinitas oportunidades que proporcionaba la nueva corte, los que querían
escalar socialmente, etc. El resultado fue que Constantinopla se convirtió en poco tiempo
en la ciudad más populosa y más rica del Imperio. En el foro se alzaba una gran columna
sobre la que se asentaba una estatua de Apolo, el dios del Sol, pero Constantino no
consideró prudente este signo de paganismo e hizo cambiar la cabeza del dios por la suya.
Eusebio fue nombrado obispo de Constantinopla.

Ese mismo año murió el rey Tirídates de Armenia, al igual que el rey indio Chandragupta I,
que fue sucedido por su hijo Samudragupta. Bajo el nuevo rey el Imperio Gupta se
extendió hasta abarcar la mitad de la India y el actual Nepal. Ejerció cierta presión sobre las
fronteras orientales del Imperio Persa, lo que mantuvo ocupado por un tiempo a Sapor II.

La ciudad de Jerusalén llevaba un tiempo instando al emperador a que elevara a su obispo


al rango de Patriarca, apelando a la importancia de la ciudad en la historia del cristianismo.
Jerusalén era entonces una ciudad insignificante incluso desde el punto de vista religioso,
pero Constancio aprovechó la situación para designar como patriarcas tanto al obispo de
Jerusalén como al de Constantinopla. Los otros tres patriarcas (el de Roma, el de Alejandría
y el de Antioquía) se sintieron agraviados, y las tensiones entre ellos aumentaron. Como el
patriarca de Constantinopla era arriano, Roma y Antioquía hicieron causa común con el
catolicismo de Alejandría. Por su parte, Eusebio supo aprovechar su cercanía al emperador
para sustentar su autoridad y beneficiar a sus seguidores.

En 332 los godos atravesaron el Danubio inferior, pero Constantino pudo hacerles frente
con eficacia. Tras sufrir vergonzosas derrotas se retiraron de nuevo a sus territorios. Un
godo llamado Wulfilas (cachorro de lobo), si bien es más conocido por la versión latina de
su nombre, Ulfilas, estuvo ese año en Constantinopla, tal vez como rehén, y se convirtió al
cristianismo (en su versión arriana, naturalmente). Cuando volvió junto a su gente se dedicó
a predicar el cristianismo. Tuvo un éxito moderado, pero creó una minoría arriana entre los
godos paganos. Ulfilas tradujo la Biblia al gótico, para lo cual tuvo que inventar un
alfabeto, ya que los godos desconocían la escritura. El alfabeto de Ulfilas tuvo menos éxito
que su predicación, pero todavía se conservan algunas de sus páginas. Parece ser que en su
traducción suprimió algunos pasajes bélicos de la Biblia, pues consideró que los godos no
necesitaban esa clase de ejemplos.

En 335 los arrianos se sintieron suficientemente poderosos como para dar un golpe de mano
contra los católicos. Constantino convocó un sínodo de obispos en Tiro, que no puede
considerarse un concilio ecuménico porque sólo fueron invitados obispos arrianos. En él se
modificó la doctrina de Nicea y se oficializó el arrianismo. Se anuló la condena contra
Arrio y se le permitió volver del destierro, pero murió la víspera del día en que tenía que
comparecer para ser restituido en su cargo. Tenía ya una edad avanzada, por lo que no se
puede descartar que la muerte fuera natural. Atanasio fue desterrado, junto con los
principales defensores del catolicismo.

A finales de año murió san Silvestre, el obispo de Roma. Su sucesor fue elegido a
principios de 336, pero murió antes de que acabara el año. Se le recuerda como san
Marcos. Éste fue sucedido a su vez por Julio, quien acogió a Atanasio en Roma.

En 337 Constantino enfermó y decidió retirarse a su palacio de Nicomedia, para reposar


lejos de la corte. Murió poco después. Se cuenta que poco antes de morir aceptó ser
bautizado. Es posible que la proximidad de la muerte le hiciera temer la condenación
eterna, pero también cabe la posibilidad de que el bautismo de Constantino sea sólo un
invento de los historiadores cristianos, incómodos al tener que agradecer tantos favores a un
pagano. El reinado de Constantino había superado en duración al de todos los emperadores
romanos precedentes a excepción de Augusto. Fue recordado como Constantino I el
Grande.
Al parecer, Constantino compartía la opinión de Diocleciano de que el Imperio podría ser
gobernado más eficientemente por varios coemperadores, por lo que había decidido
dividirlo entre sus tres hijos Flavio Claudio Constancio, Flavio Julio
Constantino (Constantino II) y Flavio Julio Constante y sus dos
sobrinos Dalmacio y Anibaliano, pero Constancio se quedó con todo el Imperio Romano
de Oriente gracias a una matanza familiar que incluyó a sus dos primos césares, su tío
Dalmacio (el padre de éstos) y a otro tío suyo, Julio Constancio, ambos hermanos del
emperador fallecido. Julio Constancio tenía dos hijos, Flavio Claudio Constancio
Galo y Flavio Claudio Juliano, de doce y seis años de edad respectivamente. Constancio
no los consideró una amenaza y los dejó con vida, pero su infancia fue prácticamente un
cautiverio. Por su parte, Constantino se quedó con Britania, la Galia e Hispania, y
Constante obtuvo Italia, Iliria y África. Constancio otorgó al Senado de Constantinopla las
mismas prerrogativas que tenía el Senado de Roma.

Sapor II había estado esperando la muerte de Constantino para intervenir en Armenia. En


los últimos años había reforzado el apoyo gubernamental al mazdeísmo ortodoxo a la vez
que perseguía a las versiones heréticas como el maniqueísmo y también a las comunidades
cristianas que vivían en su Imperio. Tenía sus buenas razones. Desde el momento en que el
Imperio Romano se había vuelto cristiano, los refugiados cristianos se habían convertido en
partidarios de Roma y, en efecto, en cuanto Sapor II invadió Armenia el obispo de
Ctesifonte denunció violentamente al rey. Sapor II intensificó su persecución contra los
cristianos y casi los exterminó por completo. Constancio no mostró muchas dotes militares,
perdió muchas batallas, pero las fortificaciones romanas en el norte de Mesopotamia
resistieron bien los asedios persas.

Eusebio, el patriarca de Constantinopla logró de Constancio el mismo apoyo que había


tenido de su padre, mientras que Julio, el obispo de Roma, logró el apoyo de Constante.
Esto avivó la pugna entre católicos y arrianos, pues ambas facciones tenían un emperador
de su parte y la disputa se unió a la rivalidad entre los emperadores.

Atanasio volvió a ocupar su cargo de patriarca de Alejandría. Envió un misionero


llamado Frumencio al lejano reino de Abisinia. Allí reinaba entonces el negus Ezanas, que
se convirtió al cristianismo. Frumencio fue nombrado obispo de Aksum y paulatinamente
fue evangelizando a la población.

En 339 Eusebio convocó un concilio en Antioquía en el que se negó la supremacía de


Roma. Atanasio fue desterrado nuevamente y fue acogido por Constante.

Constantino era el mayor de los tres coemperadores romanos, por lo que se consideró
superior en rango a los otros dos, pero Constante le dejó claro que los tres tenían el mismo
rango. En 340 Constantino invadió Italia, pero fue derrotado y murió en la huida. Constante
pasó a gobernar todo el Imperio Romano de Occidente.

Mientras tanto Abisinia conquistó el reino de Saba, con lo que se convirtió en la mayor
potencia de la zona. Esto llevó a que se fundaran comunidades cristianas en el sur de
Arabia. Desde que los judíos fueron expulsados de Jerusalén, algunos de ellos se habían
instalado en Arabia, y ahora las comunidades judías rivalizaron con las cristianas. El
resultado fue que los judíos tuvieron cada vez más influencia sobre la población sabea, ya
que el cristianismo era la religión de los invasores abisinios.

El cristianismo estaba acorralando cada vez más al paganismo. En 341 se promulgó un


edicto por el que se prohibían los sacrificios paganos. Por otra parte, los católicos
reaccionaron contra los triunfos recientes de los arrianos: El obispo de Roma, Julio,
convocó un sínodo en el que se aprobó la doctrina de Atanasio.

En 342 murió Eusebio, el patriarca de Constantinopla, y fue sucedido por Macedonio. Dio
nombre a una nueva herejía, la de los macedonianos, que negaba la divinidad del Espíritu
Santo, aunque en realidad no fue uno de sus principales defensores, sino que los
macedonianos usaron la autoridad del patriarca como apoyo a su doctrina. También murió
el negus Ezanas, el rey de Abisinia.

En 343 se celebró un concilio en Sárdica, en Tracia. Julio envió un legado que logró que se
admitiera el derecho de apelación a Roma de un obispo que hubiera sido condenado.
En 346 Atanasio regresó a Alejandría llamado por Constancio. En 347 Constante ordenó
una persecución contra los donatistas.

Por esta época los pueblos nómadas del noreste asiático iniciaron un proceso expansivo que
produjo muchos desplazamientos de pueblos. Los primeros efectos se sintieron en China,
donde en 349 los Xianbei ocuparon la parte norte del territorio y fundaron el reino de Bei
Wei.

Por esta época los judíos de Palestina redactaron la Guemará, unos comentarios a la
Mishná que, junto con ella, conforman el Talmud, el principal libro del judaísmo
postbíblico.

En 350 un grupo de conspiradores eligió emperador a Flavio Magno Magnencio, un


general romano de origen germano. Magnencio hizo asesinar a Constante y se apropió del
Imperio Romano de Occidente. Constancio decidió vengar a su hermano (o tal vez
aprovechar la ocasión para apoderarse de todo el Imperio). Para ello había de partir hacia
Occidente, pero debía dejar a alguien de confianza en el frente persa. Eligió a su primo
Galo, que en 351 fue nombrado césar y se casó con Constancia, la hermana de Constancio.
Esto supuso un cambio radical en la vida de Galo, al igual que en la de su hermano Juliano,
que por fin pudo moverse con libertad. Durante los años siguientes estudió en
Constantinopla, y luego en Milán y Atenas.

Constancio partió hacia el oeste, se encontró con Magnencio en Myrsa, en Iliria y obtuvo
una victoria, pero Magnencio logró retirarse a Italia. En 352 Constancio se apoderó de Italia
y Magnencio tuvo que huir a la Galia. Ese año murió san Julio, el obispo de Roma, y el
cargo fue ocupado por Liberio. En 353 Magnencio se vio acorralado y se suicidó.
Constancio gobernaba ahora todo el Imperio Romano. Ese mismo año promulgó un decreto
por el que todos los templos paganos quedaban clausurados. La victoria de Constancio dio
un nuevo impulso al arrianismo: se celebró un concilio en Arles (en la Galia) en el que se
aprobaron tesis arrianas que Liberio se negó a aceptar.
Cuando Constancio volvió a Constantinopla se encontró con toda suerte de historias sobre
la depravación y la crueldad de Galo y Constancia. Lo que más le interesó fue cierto rumor
sobre que estaban conspirando para derrocar al emperador. En 354 Constancia murió de
muerte natural, y poco después Galo fue ejecutado por orden de Constancio.

En 355 los alamanes aprovecharon los recientes desórdenes en el Imperio Romano de


Occidente para cruzar el Rin e invadir la Galia. Constancio había vuelto a ocuparse de la
guerra contra Persia, y necesitaba a alguien de confianza para que se ocupara del Rin.
Decidió nombrar césar a su primo Juliano, que inmediatamente partió para la Galia y se
instaló en Lutecia, una antigua ciudad cuyo nombre completo era Lutetia
Parisiorum (Lutecia de los parisinos), por el nombre de la tribu gala que la había habitado
originalmente. Por esta época empezó a ser conocida como París.

Un arriano llamado Auxencio fue elegido obispo de Milán. Milán era ahora la capital de la
mitad occidental del Imperio, por lo que su obispo tenía más influencia que el obispo de
Roma. Auxencio convocó un concilio en Milán que ratificó las tesis arrianas. Atanasio fue
nuevamente condenado. Liberio, el obispo de Roma mostró abiertamente su negativa a
aceptarlas, tan abiertamente que Constancio lo desterró a Berea, y luego a Sirmio, en
Tracia. En su lugar nombró obispo de Roma a Félix, que era arriano. En 356 Atanasio fue
nuevamente desterrado y, temiendo por su vida, tuvo que ocultarse.

En 356 Juliano dirigió una campaña victoriosa contra los germanos. En 357 incluso cruzó
tres veces el Rin como Julio César había hecho cuatro siglos antes. También resultó ser un
buen administrador, y la situación de las Galias mejoró sustancialmente bajo su gobierno.
Como contraste, la actuación de Constancio contra Persia iba de mal en peor. Temía que
Juliano terminara sublevándose y convirtiéndose en emperador de Occidente, pero tenía
que obrar con cautela. De momento Constancio tenía mala prensa entre los católicos
occidentales a causa del destierro de Liberio. En 358 trató de enmendarlo y convocó un
concilio en Sirmio donde se firmó un acuerdo de lectura equívoca para satisfacer por igual
a católicos y arrianos y se acordó que Liberio y Félix serían simultáneamente obispos de
Roma, pero Liberio no tardó en conseguir el apoyo necesario para expulsar a Félix de
Roma. A continuación se dedicó a repudiar las tesis arrianas aprobadas en su ausencia.

En 359, tras un asedio de diez semanas cayó una de las principales fortalezas romanas en
Mesopotamia. Constancio tomó esto como pretexto para reclamar a Juliano parte de sus
legiones. Juliano denunció el peligro que supondría para la Galia prescindir de tales
fuerzas, pero acató la orden de su primo. Los que no la acataron fueron los soldados, que
eligieron a Juliano emperador. Una oferta así no podía declinarse, y Juliano avanzó hacia
Constantinopla. Contra todo pronóstico, no se produjo una guerra civil, porque Constancio
murió de enfermedad en 361 y Juliano fue reconocido como emperador.

Juliano reservaba una sorpresa al mundo: cuando se convirtió en emperador se declaró


pagano. Los escandalizados historiadores de los años siguientes lo llamaron Juliano el
Apóstata. No es difícil comprender el punto de vista de Juliano. Sus parientes Constancio,
Constante, Constantino, Galo y Constancia habían sido cristianos, y a la vez habían sido
crueles, asesinos y mezquinos. Su infancia había sido desdichada por el temor constante a
que su tío Constancio decidiera asesinarlo el día menos pensado. Su único refugio había
sido el estudio, y para él los días en que Platón se paseaba por la Academia instruyendo a
sus discípulos eran el ideal de la felicidad. La propia Roma había sido gloriosa mientras fue
pagana, y desde que era cristiana estaba en constante decadencia.

Juliano trató de recobrar el vigor del culto pagano, para lo cual era necesario cortarle las
alas al cristianismo. Decidió hacerlo de la forma más sutil y eficiente posible: no trató de
perseguir a los cristianos, sino que desató contra ellos a sus más feroces y sanguinarios
enemigos: los cristianos. Juliano decretó una completa libertad de culto, reabrió los templos
paganos y favoreció el retorno de toda clase de herejes desterrados. Su propósito era que
católicos, arrianos, donatistas, los pocos gnósticos que todavía quedaban y, en definitiva,
las decenas de sectas cristianas existentes, se combatieran unas a otras hasta perder todo
poder efectivo. Sólo desterró a quienes trataron de oponerse a esta libertad de culto, entre
los cuales estaba Atanasio, que tras la muerte de Constancio había regresado a Alejandría.
Por otra parte, Juliano también tomó medidas administrativas (no violentas) contra los
cristianos: les prohibió ejercer la enseñanza y reservó los altos cargos a los paganos, cuyo
clero fue reorganizado como una iglesia oficial.

Al margen de todas estas intrigas, puede decirse que el gobierno de Juliano fue sensato,
moderado y justo. En 363, cuando consideró que sus reformas estaban consolidadas,
emprendió una campaña contra los persas. Trató de reproducir en Persia sus éxitos contra
los germanos, pero subestimó el hecho de que los persas no eran bárbaros. Juliano siguió la
ruta que Trajano había seguido en su día, avanzó con una flota por el Éufrates, tomó una
ciudad tras otra y llegó a Ctesifonte. La ciudad se dispuso a soportar un asedio.

Juliano pensó que el ejército persa estaba intacto en el este, y que asediar la capital
debilitaría a sus tropas y las haría vulnerables, así que tomó la arriesgada decisión de
quemar sus barcos y lanzar su ejército hacia el este, en busca de las fuerzas persas. Sin
embargo Sapor II adoptó una drástica estrategia: en lugar de hacer frente a los romanos, sus
ejércitos destruían las poblaciones persas, de modo que Juliano no encontraba ni alimentos
ni refugio en ninguna parte. Al comprender que estaba en la garganta del lobo trató de
retirarse, pero entonces los persas empezaron a acosar a sus hombres. Sin presentar batalla
campal, atacaban a los rezagados y realizaban pequeñas incursiones.

Entre las filas romanas no tardó en cundir el descontento. Muchos de los soldados eran
cristianos, y no tardó en surgir la idea de que Dios estaba castigando al emperador por su
apostasía. Finalmente, en una escaramuza Juliano fue herido por una lanza. Se dijo que era
persa, pero perfectamente pudo haberla lanzado un cristiano. Murió a los pocos días y sus
hombres eligieron un emperador cristiano: Flavio Claudio Joviano. Joviano tenía que
regresar rápidamente a Asia Menor para que su elección fuera confirmada, pero Sapor II no
iba a dejar marchar a su ejército sin más. El rey persa ya tenía redactadas las condiciones
del acuerdo: Joviano sólo tenía que firmar y así lo hizo. Con ello devolvió a Persia los
territorios que Narsés había cedido a Roma tras ser derrotado por Galerio. Además admitió
que Armenia sería gobernada por un rey elegido por Sapor II. Además Roma cedía las
fortalezas de Mesopotamia que durante tanto tiempo habían resistido los ataques persas.

Sapor II tuvo muchos problemas para hacer efectiva la parte del acuerdo concerniente a
Armenia, pues se encontró con una encarnizada resistencia por parte de la población
cristiana. Se inició así un largo periodo en el que los romanos fomentaron una intriga tras
otra en apoyo de los cristianos armenios.

Por su parte, Joviano murió en 364 en Bitinia, durante el viaje de vuelta a Constantinopla.
Apenas tuvo tiempo de aplicar algunas medidas para contrarrestar los decretos de Juliano
en materia religiosa. Entre ellas estuvo el llamar de nuevo a Atanasio a Alejandría.

El ejército nombró emperador a Flavio Valentiniano (Valentiniano I). Había nacido en


Panonia. Su padre, Galiano, había sido gobernador de África. Sirvió en el ejército, pero fue
destituido durante el reinado de Juliano acusado de cristiano. Al ser nombrado emperador
decidió compartir el gobierno con su hermano Flavio Valente. Valentiniano se instaló en
Milán y confió a Valente las provincias orientales

Veamos en el mapa la situación del mundo civilizado en la segunda mitad del siglo IV:

El Imperio Romano mantenía sus fronteras más o menos intactas, pese a la


presión cada vez mayor de los germanos y los persas. El reino ostrogodo había
experimentado una notable expansión en los últimos años. Bajo el gobierno del
rey Hermanarico, se había convertido en un imperio que dominaba extensos
territorios desde el mar Negro hasta el mar Báltico. En realidad esta expansión
supuso un debilitamiento para el reino, pues los ostrogodos no se mezclaron
con los pueblos conquistados, sino que se dispersaron formando una oligarquía
que dominaba a un campesinado eslavo sin ninguna tradición guerrera. Los
eslavos, y también los baltos, fueron reducidos a la esclavitud. De hecho, los
ostrogodos usaban la palabra "eslavo" con el sentido de "prisionero" o
"esclavo", y éste es precisamente el origen de la palabra "esclavo". Los
ostrogodos dominaron también a algunos pueblos germánicos, como los
hérulos y los gépidos.
El Imperio Gupta florecía bajo Samudragupta. Dominaba un extenso territorio al norte de la
India. La parte sur nunca pudo ser sometida. Estaba dividida en pequeños reinos
florecientes gracias al comercio con Persia, con Arabia, con el Imperio Romano y con otros
territorios más atrasados culturalmente.

El Imperio Chino estaba amedrentado por el reino Wei fundado al norte de su territorio. Las
migraciones de pueblos asiáticos terminaron por expulsar a los hunos, que iniciaron una
marcha hacia el oeste. El Himalaya protegió a la India y los condujo hacia el noroeste.

Volviendo al Imperio Romano, la libertad religiosa concedida por Juliano había permitido
que los católicos ganaran poder en la parte oriental del Imperio. Los arrianos lograron el
apoyo de Valente. Atanasio fue nuevamente desterrado, aunque fue restituido en su cargo
un tiempo después. En 365 se produjo un levantamiento católico encabezado
por Procopio, que no dudó en pedir ayuda a los visigodos. Los visigodos eran paganos en
su mayoría, y los pocos cristianos que había entre ellos eran arrianos, pero la idea de apoyar
a católicos traidores que les ayudaran a conseguir un buen botín les pareció prometedora,
así que aceptaron. Sin embargo, Valente era un buen general y no tuvo dificultad en sofocar
la revuelta en 366. Procopio resultó muerto, pero la guerra contra los visigodos continuó, al
mismo tiempo que Valente luchaba contra los persas por el dominio de Armenia.

Ese mismo año murió Liberio (curiosamente, el primer obispo de Roma que no ha sido
reconocido como santo), y una vez más facciones opuestas de cristianos eligieron sendos
obispos. Uno se llamaba Dámaso y el otro Ursino. Sin embargo, Dámaso logró el apoyo de
Valentiniano y Ursino fue desterrado.

Poco después de que Juliano dejara la Galia, los alamanes habían cruzado el Rin, pero
Valentiniano no tardó en expulsarlos del territorio romano e incluso realizó varias
incursiones en territorio germano. En 367 nombró Augusto a su hijo de nueve años Flavio
Graciano. Esto significaba que oficialmente Graciano era emperador como su padre. En la
práctica era una forma de designar un heredero pretendidamente más firme que la usual,
consistente en conferirle el título de César. Valentiniano envió a Britania a su mejor
general, Flavio Teodosio, donde derrotó a los pictos, reorganizó las tropas romanas y
volvió triunfante a Londres. En 368 repelió una incursión en la isla por parte de
los sajones, un pueblo germano que ocupaba parte de la actual Dinamarca.

En 369 los visigodos fueron derrotados definitivamente por Valente y firmaron un tratado
de paz. Valentiniano envió a Teodosio a la frontera del Rin, donde siguió prestando
brillantes servicios.

En 370 fue elegido obispo de Cesarea Basilio. Había sido amigo de Juliano antes de que
fuera nombrado emperador. Luego había vendido sus bienes y se había retirado a un
convento, no sin antes visitar numerosas comunidades de eremitas de Oriente. Desde su
cargo de obispo combatió firmemente al arrianismo, entrando en una peligrosa pugna con el
emperador Valente. Escribió numerosas obras en las que sentó las bases de la vida monacal.

En Hispania empezó a predicar un eclesiástico llamado Prisciliano, que no tardó en


atraerse a las clases populares, especialmente a las mujeres. Prisciliano se oponía a la
politización de la Iglesia y a la corrupción que ésta traía consigo. Instaba a la pobreza y al
alejamiento del mundo, y proclamaba la igualdad entre el hombre y la mujer. A medida que
fue haciéndose popular, se ganó la enemistad de las autoridades eclesiásticas de Hispania.

En 372 un jefe bereber conocido como Firmus encabezó una revuelta en África que pronto
contó con la adhesión de los donatistas. En 373 Valentiniano envió a Teodosio, que inició
una sangrienta represión.

Por esta época dejó Italia un joven llamado Jerónimo. Procedía de una rica familia
cristiana de Dalmacia, y había estudiado en Roma, donde reunió una buena biblioteca de
autores clásicos. Ahora había decidido marchar a Oriente atraído por la vida ascética. Se
instaló en el desierto de Calcis, en Asia Menor, donde se dedicó a estudiar el hebreo para
ser capaz de leer los textos bíblicos. Se impuso severas penitencias para obligarse a
renunciar a la literatura pagana. También fue ése el año de la muerte de Atanasio, el
patriarca de Alejandría.

En 374 murió Auxencio, el obispo de Milán, y se produjo un conflicto entre los partidarios
de un obispo arriano y los partidarios de uno católico. Un catecúmeno
llamado Ambrosio defendió tan ardientemente el catolicismo que él mismo fue aclamado
como obispo, si bien ni siquiera era sacerdote. Fue bautizado, ordenado sacerdote y
consagrado obispo en el plazo de ocho días. Luego continuó sus estudios: aprendió griego y
se interesó por las humanidades.

Mientras tanto los hunos llegaban a las fronteras del Imperio Ostrogodo. En su migración
habían derrotado a numerosos pueblos, muchos de los cuales se habían visto obligados a
unirse a ellos, como los vándalos y los alanos. Un grupo de sármatas huyó hacia adelante,
atravesó el Imperio Ostrogodo y trató de traspasar igualmente las fronteras romanas, pero
fueron derrotados por Flavio Teodosio, hijo y tocayo del general de Valentiniano, que
recibió el cargo de duque de Mesia. Mientras tanto su padre estaba acabando de sofocar la
rebelión de Firmus en África. En 375 el caudillo ya no contaba con ningún apoyo y terminó
ahorcándose.

Este año fueron muchos los gobernantes que murieron por uno u otro motivo. Uno de ellos
fue el rey indio Samudragupta, que fue sucedido por su primogénito Ramagupta, si bien
no tardó en ser asesinado por su hermano Chandragupta II. Bajo su reinado el Imperio
Gupta llegó a su apogeo.

También murió Hermanarico, el rey ostrogodo, que se suicidó al ver cómo los hunos se
apoderaban de su Imperio. Los hunos ocupaban ahora un vasto territorio, pero no puede
hablarse de un imperio, pues carecían de cualquier clase de organización. Eran nómadas
que viajaban desde siempre con sus rebaños siguiendo los pastos y, ahora, saqueando
cuanto encontraban a su paso y derrotando a cualquier ejército que se les opusiera.

En el curso de unas negociaciones con los cuados, Valentiniano se exasperó y, al parecer,


sufrió un ataque al corazón que le causó la muerte. Los soldados eligieron emperador a su
hijo y tocayo Flavio Valentiniano (Valentiniano II), con la peculiaridad de que sólo
contaba con cuatro años de edad. En vista de ello, Graciano, que era el heredero designado
por el difunto Valentiniano, decidió compartir el gobierno con su hermanastro, que gobernó
tutelado por su madre, Justina. En la práctica, Graciano fue el único emperador de
Occidente.

El anciano rey persa Sapor II, en cambio, todavía resistía. Logró finalmente la sumisión de
Armenia, pero a costa de tolerar el cristianismo.

En 376 Graciano ordenó la ejecución de Teodosio. No se conocen los motivos exactos, pero
al parecer el viejo general fue víctima de una confabulación por parte de ciertos
funcionarios corruptos que temían ser descubiertos, y lanzaron sobre él falsas acusaciones.
Poco después su hijo Teodosio decidió retirarse a Hispania (su tierra de nacimiento, donde
se casó y no tardó en tener dos hijos).

Entre tanto, los visigodos cruzaron el Danubio aterrorizados por los hunos, pero cuando los
romanos se presentaron no opusieron resistencia, sino que suplicaron protección. Las
condiciones romanas fueron que los visigodos tenían que entregar todas sus armas, y que
sus mujeres serían transportadas a Asia como rehenes. A cambio se les dejó asentarse en
Mesia y así, varios cientos de miles de visigodos penetraron en el Imperio al tiempo que los
hunos llegaban al Danubio.

Los ciudadanos romanos que entraron en contacto con los visigodos humillaron cuanto
pudieron a los refugiados. Les hicieron sentir que eran unos cobardes y débiles que se
habían salvado por la caridad romana. Les vendieron alimentos a precios abusivos y
trataron de explotarlos cuanto pudieron. Finalmente los visigodos lograron hacerse con
armas y se rebelaron. Rápidamente pactaron con los hunos, que estuvieron encantados de
acoger a los visigodos si éstos les ayudaban a invadir el Imperio Romano.

Ajenos a esta amenaza, los cristianos de Occidente seguían en sus luchas contra las diversas
herejías. Dámaso, el obispo de Roma, condenó a los macedonianos y a
los apolinaristas. Éstos últimos eran seguidores de Apolinar, obispo de Laodicea, en Asia
Menor, que negaba la naturaleza humana de Jesucristo. En 378 el reino sabeo recuperó su
independencia frente a Abisinia.

Valente firmó una paz desfavorable con los persas y marchó al Danubio a enfrentarse con
los godos. Graciano avanzó apresuradamente hacia el este para unirse a él, pero Valente no
consideró necesario esperar y presentó batalla a los visigodos cerca de Adrianópolis, en
Tracia. El jefe visigodo se llamaba Fritigerno. En el momento en que los romanos se
acercaron la caballería goda estaba lejos, en busca de forraje. Fritigerno sabía que no podía
enfrentarse a los legionarios romanos con sus tropas de infantería, así que se rindió. Valente
impuso severas condiciones, Fritigerno las aceptó, pero planteó algunas objeciones menores
y arguyó incansablemente sobre ellas. Los soldados romanos permanecieron de pie durante
varias horas, mientras sus generales parlamentaban. Finalmente, algunos soldados iniciaron
la lucha sin esperar órdenes, pero poco después llegó la caballería gótica que Fritigerno
había enviado a buscar. Con ella iban también jinetes hunos. Los soldados romanos estaban
cansados y no pudieron ofrecer mucha resistencia a la caballería. Al tratar de alejarse se
desorganizaron y fueron aniquilados sin dificultad por los godos. El propio Valente murió
en el combate.
Los hunos eran asiáticos, de corta estatura, y montaban caballos también asiáticos, también
pequeños. Podría parecer que no tenían nada que hacer frente a los robustos germanos, y
mucho menos contra los eficientes romanos, pero no era así. Una de sus principales
ventajas era que, desde hacía siglos, usaban estribos, los cuales conferían a sus guerreros
una estabilidad de la que carecían los jinetes germanos, e incluso los romanos. Un jinete
romano podía perder el equilibrio y caer al tratar de esquivar una lanza o una espada
esgrimida por un soldado de infantería, por lo que los romanos sólo usaban la caballería
como refuerzo, mientras que el grueso del combate descansaba en los soldados de a pie. La
caballería sólo era eficiente cuando la infantería había desorganizado suficientemente al
enemigo, pues un ataque bien organizado de la infantería sobre la caballería daría
inevitablemente la victoria a la primera. Los germanos trataban de imitar la técnica romana
lo mejor que podían, pero la disciplina romana era infinitamente superior, y ello era
decisivo casi siempre. Por el contrario, los hunos luchaban todos a caballo, y su capacidad
de maniobra era tal que la infantería no tenía nada que hacer contra ellos.

La batalla de Adrianópolis supuso el fin de la superioridad militar romana. Los godos


habían vencido gracias a una estratagema, pero no tardaron en aprender las técnicas
ecuestres de los hunos, con lo que la infantería perdió todo su valor estratégico. Durante los
próximos mil años la caballería sería el núcleo de los ejércitos, y sólo con la invención de la
pólvora la infantería recuperaría su importancia. Naturalmente, los romanos también
terminaron adaptándose a las circunstancias, pero ahora sus mil años de experiencia militar
carecían de valor y sus fuerzas eran iguales a las de sus enemigos. De momento todavía
contaban con una ventaja, y era la desorganización de los bárbaros, pero esta ventaja no iba
a durar mucho.

Ahora Graciano era en la práctica el único emperador romano, pues su hermanastro


Valentiniano seguía siendo un niño de ocho años. Graciano por su parte sólo tenía
dieciocho años, y no se sintió capaz de reemplazar a Valente, así que en 379 llamó a
Teodosio, lo nombró emperador y le confió el gobierno del Imperio Romano de Oriente. Se
estableció en Tesalónica, pero no trató de enfrentarse con los godos, que saqueaban a su
antojo los territorios al sur del Danubio. En lugar de forzar un enfrentamiento directo, que
podría haber sido desastroso, Teodosio trató de enemistar unas facciones con otras.

Tras la muerte de Sapor II el trono persa pasó a manos de su primo y cuñado Ardacher
II, que persiguió cruentamente a los cristianos, a quienes ya había perseguido anteriormente
cuando era gobernador de una provincia persa.

En 380 los ostrogodos que habían participado junto a los hunos en la batalla de
Adrianópolis se establecieron en Panonia. Ese mismo año murió san Frumencio, el obispo
de Aksum que había evangelizado Abisinia.

En Hispania, varios obispos de la Bética y de Lusitania denunciaron a Prisciliano como


hereje, y un concilio celebrado en Zaragoza condenó algunas de sus prácticas rituales,
aunque no su doctrina. Pese a ello, sus partidarios lograron que fuera elegido obispo
de Ávila.
En Irlanda subió al trono de Connacht uno de sus reyes más poderosos, llamado Niall el de
los Nueve Rehenes, descendiente del rey Conn, fundador del reino. Dirigió muchas
expediciones contra las costas de Britania e incluso tal vez de la Galia

ANTERIOR
TEODOSIO

En 380 Teodosio trasladó la corte a Constantinopla. En este momento el Imperio Romano


se hallaba en una situación novedosa: los dos emperadores eran católicos. En realidad
Justina, la madre de Valentiniano (el tercer emperador) era arriana, pero su influencia era
mínima. Los católicos supieron aprovechar eficientemente esta ventaja. En 381 Teodosio
convocó el primer concilio de Constantinopla, donde el arrianismo fue condenado.
Teodosio endureció las penas contra los herejes, incluyendo las prácticas paganas: prohibió
los oráculos, los sacrificios y las visitas a los templos.

Por su parte, Ambrosio, el obispo de Milán, se ganó la confianza de Graciano y lo


convenció para que abandonara su política de tolerancia. El emperador no tardó en ordenar
el destierro contra Prisciliano, pero éste marchó a Roma y allí se entrevistó con el obispo
Dámaso y con el propio Graciano. Luego fue a Milán y habló con Ambrosio, hasta lograr
que el destierro fuera revocado.

En 382 Graciano renunció al título de pontífice máximo, asociado al cargo imperial,


prohibió tener propiedades a las vírgenes vestales, y apagó la "llama eterna", que habían
mantenido encendida en Roma durante siglos. Ambrosio logró también que Graciano
quitara del Senado romano el altar pagano de la Victoria. Para ello tuvo que enfrentarse al
que es considerado como el último intelectual pagano en Roma: Quinto Aurelio
Símaco. Representó a los escasos senadores paganos que aún quedaban y no dudó en
oponer su retórica al avance del cristianismo. Cuando Graciano quitó el altar de la Victoria,
Símaco escribió una carta a Valentiniano pidiendo una rectificación, pero sólo consiguió
ser desterrado. Más tarde se le permitió volver a Roma, donde siguió desempeñando altos
cargos hasta su muerte.

Bajo Graciano y Teodosio los ciudadanos romanos se convirtieron en masa al cristianismo.


Muchos tal vez sólo para evitar perjuicios, pero los hijos de estos conversos por
conveniencia recibieron una educación cristiana, por lo que se convirtieron en católicos
sinceros. El arrianismo decayó rápidamente. Algunos arrianos se hicieron católicos, otros
adoptaron otras religiones menos perseguidas, especialmente el maniqueísmo, y otros
decidieron abandonar el Imperio y predicar el arrianismo entre los germanos. A medida que
los bárbaros germanos entraban en contacto con la civilización fueron aceptando también el
cristianismo, pero lo hicieron en la versión arriana, en parte porque eso les daba una excusa
para seguir considerando a los romanos como enemigos, y en parte porque para su
mentalidad era más fácil concebir a Jesucristo como un líder tribal humano en vez de como
un dios, justo al contrario que los romanos, que estaban acostumbrados a adorar a un dios
de carne y hueso en la figura del emperador.
Jerónimo, que había sido ordenado sacerdote y había participado en los conflictos
teológicos defendiendo el catolicismo en Antioquía, volvió a Italia, y no tardó en
convertirse en el secretario del obispo Dámaso. Éste se dio cuenta de lo extraordinario de
contar con un colaborador que sabía griego y hebreo, y le encargó una edición de la Biblia.
Los cristianos de Oriente hablaban griego, que era la lengua del Nuevo Testamento, y para
el Antiguo Testamento disponían de la versión de los Setenta. Sin embargo, eran pocos los
cristianos de Occidente que conocían el griego, y sólo podían leer los textos bíblicos a
través de escasas y malas traducciones disponibles. Jerónimo recurrió a las fuentes hebreas
y griegas de los textos bíblicos y realizó su propia traducción al latín literario. Su Biblia
junto con sus comentarios y los de otros teólogos fue difundida más adelante con el
distintivo de Vetus et Vulgata Editio (Edición antigua y traducida para el vulgo), por lo que
terminó siendo conocida como "la Vulgata", y es la versión oficial de la Biblia Católica.

Teodosio pactó finalmente con los godos y los dejó asentarse al sur del Danubio como un
reino independiente a condición de que custodiasen la frontera. Además favoreció el
alistamiento de godos y otros bárbaros en las legiones romanas. Más aún convirtió en
generales a un buen número de ellos (al fin y al cabo, los bárbaros obedecerían mejor a
oficiales bárbaros que a oficiales romanos). Los germanos introdujeron una novedad en el
Imperio Romano: los pantalones. Los romanos usaban distintas prendas de vestir, pero
todas ellas cubrían ambas piernas con una misma pieza de tela que podía levantarse dejando
las piernas desnudas cuando el ropaje dificultaba alguna tarea. Los germanos, en cambio,
rodeaban cada pierna por separado, lo que permitía, por ejemplo, que los jinetes pudieran
llevar las piernas cubiertas. Estas nuevas prendas se difundieron entre los hombres, para los
que los ropajes romanos podían ser más engorrosos en sus actividades, mientras que las
mujeres siguieron usando trajes largos a modo de faldas.

Parece ser que Graciano descuidó las labores de gobierno y dedicó cada vez más tiempo a
actividades de ocio, como ir de caza acompañado de jinetes bárbaros. Su popularidad
decreció y no tardaron en salir candidatos al trono. En 383 las legiones de Britania eligieron
emperador a su general Magno Clemente Máximo, quien se adueñó de la Galia y mató a
Graciano. Teodosio estaba ocupado con los godos en el Este. Además, la nobleza persa
acababa de derrocar a Ardacher II y lo había sustituido por Sapor III, hijo de Sapor II. Su
situación en el trono era delicada, y Teodosio pudo aprovecharlo para firmar una paz
ventajosa con Persia, en la que se reconocía la independencia de Armenia.

En estas condiciones Teodosio no podía ocuparse de Máximo, así que lo reconoció como
emperador a condición de que éste reconociera a su vez la autoridad de Valentiniano (que
todavía era un niño de doce años).

En 384 murió san Dámaso, el obispo de Roma. Máximo volvió a desterrar a Prisciliano y
un concilio celebrado en Burdeos lo declaró hereje (maniqueo), brujo y explotador de
mujeres. En 385 un tribunal de Treveris (la capital de Máximo) confirmó la sentencia y
Prisciliano fue ejecutado junto con algunos de sus discípulos. Ambrosio condenó la
sentencia y ejecución. Sus restos fueron solemnemente trasladados a Hispania. Jerónimo
regresó a Oriente. Se estableció en Belén, donde se consagró a la erudición, al ascetismo y
a la dirección religiosa de grupos de monjes.
En 386 Valentiniano II trató de imponer un obispo arriano en Milán, pero Ambrosio se
refugió con numerosos seguidores en la basílica Porciana, que los soldados del emperador
no se atrevían a profanar. Se cuenta que, para mantener entretenidos a sus fieles durante el
encierro, compuso himnos corales y salmos con estribillo, rituales que se difundieron con
rapidez y pronto pasaron a formar parte de la liturgia cristiana.

El arrianismo de Valentiniano II lo ponía en una situación delicada, pues los otros dos
emperadores eran católicos. Su madre Justina consiguió que Teodosio aceptara la mano
de Gala, hermana de Valentiniano, lo que reforzó los vínculos entre ambos emperadores.
Poco después, en 387, Máximo invadió Italia y Valentiniano tuvo que huir junto a
Teodosio. Éste aprovechó la ocasión y partió hacia el Oeste. Se encontró con Máximo en la
Galia y lo hizo asesinar. Teodosio restableció a Valentiniano en el trono, pero lo puso bajo
la tutela de Arbogasto, un general de origen franco que gozaba de su confianza y que se
dedicó a limpiar la Galia de partidarios de Máximo.

El rey persa Sapor III murió en un motín provocado por sus soldados y fue sucedido por su
hermano Bahram IV, cuya mayor preocupación fue defender el Imperio de los ataques de
los hunos.

Ambrosio, el obispo de Milán, bautizó a Agustín. Había nacido en Tagaste, en la diócesis


de África. Era hijo de un padre pagano y una madre cristiana. Él, en cambio, se decantó por
el maniqueísmo, que durante su juventud había ganado en popularidad, pero tres años atrás
se había reunido en Roma con su madre, con quien se trasladó a Milán al año siguiente. Allí
se interesó por el neoplatonismo y leyó con interés las obras de Plotino. Finalmente su
madre logró conducirlo al cristianismo a través de Ambrosio. Fue bautizado junto con su
hijo Adeonato, de dieciséis años. Cuando se disponía a volver a Tagaste su madre murió, lo
que retrasó su partida hasta 388. En su ciudad natal vendió todos sus bienes y dio el dinero
a los pobres. Después se estableció en Hipona.

En 390 se produjo un incidente en la ciudad de Tesalónica, y el resultado fue que la


multitud linchó a los oficiales de la guarnición romana de la ciudad. Teodosio fue presa de
un ataque de cólera y envió su ejército contra la indefensa ciudad. Se dijo que murieron
unas siete mil personas. Ambrosio, el obispo de Milán, quedó horrorizado e hizo saber al
emperador que no sería admitido en los ritos de la Iglesia mientras no hiciera una
penitencia pública. Teodosio se resistió durante ocho meses, pero finalmente tuvo que
ceder. Se ponía así de manifiesto el poder que la Iglesia Católica estaba adquiriendo, y en
particular la gran influencia del obispo de Milán.

En 391 Agustín fue ordenado sacerdote en Hipona.

Ésta es la fecha en la que al parecer la mayor parte del Japón se unificó bajo la dinastía
del Yamato, que extendió su influencia hasta el sur de Corea. Allí se impuso sobre un
territorio que recibió el nombre de Mimana, arrebatado a los reinos de Silla y Paikche.
Por esta época se había desarrollado una compleja mitología conocida en japonés
como Kami-no-michi (camino de los dioses), aunque es más conocida con el nombre chino
de shen-tao, o sintoísmo. De un caos primigenio, que era como un océano de lodo envuelto
en la oscuridad, nacieron varios dioses. Dos de ellos, Izanagi (el hombre que invita)
e Izanami (la mujer que invita) crearon las islas del Japón. Luego de hacer los campos, las
montañas, la niebla, etc., engendraron muchos dioses, el último de los cuales, el dios del
fuego, quemó a su madre al nacer. La diosa murió y descendió a los infiernos del mundo
subterráneo. Izanagi despedazó al niño y marchó en busca de Izanami, pero ella se quedó
en el mundo subterráneo e hizo volver a Izanagi a la tierra. Allí Izanagi creó
a Amaterasu, la gran diosa del Sol, a Tsukiyomi, el dios de la Luna, y a Susanoo, el dios
de las tormentas. A la diosa Amaterasu se le asignó el dominio del mundo, sólo turbado por
las maquinaciones de su hermano Susanoo.

En 392 Valentiniano tenía ya veintiún años y Arbogasto tenía cada vez más dificultades
para controlarlo, así que finalmente lo hizo asesinar y lo sustituyó por Flavio Eugenio, un
profesor de retórica que probablemente participó en el complot. Teodosio se negó a aceptar
los hechos y Eugenio trató de ganarse el apoyo de los restos del paganismo. Permitió al
Senado romano restaurar el Altar de la Victoria, pero tuvo que huir a la Galia, donde se
hizo fuerte y logró el apoyo de Hispania.

En 393 Teodosio nombró Augusto a su hijo menor Flavio Honorio (que sólo contaba con
nueve años de edad) y le otorgó el gobierno del Imperio Romano de Occidente, tras lo cual
partió hacia el Oeste para hacer efectiva esta decisión. En 394 derrotó a Arbogasto e hizo
decapitar a Eugenio. Poco después Arbogasto se suicidó. Ahora Teodosio gobernaba todo
el Imperio Romano. Ese mismo año prohibió los Juegos Olímpicos, que llevaban
celebrándose en Grecia desde hacía casi doce siglos.

En 395 Teodosio se encontraba todavía en Milán cuando cayó enfermo y murió poco
después. Los historiadores católicos lo recordaron como Teodosio I el Grande, por haber
convertido al catolicismo en la religión oficial del Imperio (y haber perseguido todas las
demás). Antes de morir Teodosio dispuso que su hijo mayor, Arcadio, gobernara el
Imperio Romano de Oriente, mientras que su hijo menor, Honorio, gobernaría el Imperio
Romano de Occidente. Los nuevos emperadores tenían dieciocho y once años
respectivamente, así que Teodosio les asignó tutores que actuarían como regentes durante
su minoría de edad. Como tutor de Arcadio escogió a Flavio Rufino, un político de origen
germano que había prosperado gracias al apoyo de Ambrosio (había desempeñado un papel
importante en las negociaciones entre Ambrosio y Teodosio). Se había bautizado el año
anterior y desde entonces se había dedicado a perseguir arrianos y a enriquecerse
confiscando sus bienes.

El tutor de Honorio era Flavio Estilicón. Era un general de origen vándalo. Estaba casado
con una sobrina de Teodosio con quien había tenido una hija. Teodosio y Estilicón habían
acordado que esta hija se casaría con Honorio. Por su parte, Rufino pretendía casar a su hija
con Arcadio, pero su plan fue frustrado por el eunuco Eutropio, de origen armenio, que
logró concertar el matrimonio del emperador con Eudoxia, la hija de un general franco
llamado Bauto. La boda se celebró apenas tres meses después de que Arcadio se
convirtiera en emperador. Rufino se encontró con que tenía tres enemigos poderosos: uno
era Eutropio, que le disputaba el control sobre el monarca, otro era Estilicón, pues entre los
dos regentes surgió inmediatamente una rivalidad por el dominio de Iliria, y el tercero
era Alarico, el rey de los visigodos, que había sucedido a Fritigerno unos años antes y al
que Teodosio había convertido en general. Alarico consideraba que había servido fielmente
a Teodosio y que, por lo tanto, debía haber sido él y no Rufino el tutor de Arcadio. Por ello
condujo a sus hombres contra Constantinopla, pero pronto descubrió que la ciudad era
prácticamente inexpugnable. Rufino murió asesinado antes de que acabara el año. Parece
ser que su muerte la organizó Estilicón. El nuevo regente pasó a ser Eutropio, que
aparentemente era el hombre más poderoso de Constantinopla. Sin embargo, Eudoxia no
tardó en comprender que su marido era un estúpido y ella era hermosa. Y esta combinación
bastaba y sobraba para convertirla en la mujer más poderosa de Constantinopla. Se inició
así una rivalidad entre Eutropio y la emperatriz en la que ésta tenía todas las de ganar.

Frustrado ante los muros de Constantinopla, Alarico dio marcha atrás y se dedicó a saquear
Tracia. En 396 sus hombres entraron en Eleusis. Los visigodos ya eran cristianos en su
mayoría (aunque arrianos), así que destruyeron el templo de Ceres y con ello dieron fin a
los misterios eleusinos, que todavía venían celebrándose desde tiempos inmemoriales, ante
la mirada hostil de los cristianos.

Ese mismo año Agustín fue elegido obispo de Hipona. Se había convertido en el principal
teólogo cristiano de Occidente. Sus cartas fueron enviadas a todo el Imperio, sus sermones
fueron recogidos en libros, escribió numerosas obras sobre teología. Agustín creía en la
depravación de la humanidad. El hombre nace manchado con el pecado original que
cometieron Adán y Eva cuando desobedecieron a Dios. Este pecado sólo se limpia con el
bautismo. Los niños que mueren antes de ser bautizados están condenados para toda la
eternidad. En sus primeros años como obispo, Agustín escribió sus
famosas Confesiones, una autobiografía en la que no duda en descubrir sus propios pecados
de juventud. Mientras fue obispo se encargó de que los donatistas no dieran problemas en
África.
En 397 Estilicón avanzó sobre Grecia con el pretexto de librar al Imperio oriental de la
amenaza visigoda. Alarico y sus hombres estaban ocupando el Peloponeso. No tardó en
acorralarlos, pero Alarico logró escapar. Entonces Eutropio realizó una maniobra. Pactó
con Alarico y, junto con otros títulos vacíos pero altisonantes, lo nombró gobernador de
Iliria, el territorio que se disputaban las dos mitades del Imperio. Estilicón tuvo que
retirarse y el Imperio oriental mató dos pájaros de un tiro: se libró de los visigodos y
mantuvo a raya a Estilicón.

En 397 murió san Ambrosio, el obispo de Milán. En 398 fue nombrado patriarca de
Constantinopla un hombre llamado Juan, aunque tras su muerte fue recordado como
san Juan Crisóstomo (Juan Boca de Oro) a causa de su prodigiosa retórica. Había sido
ermitaño en las regiones desérticas cercanas a Antioquía, y sólo una enfermedad le obligó a
retornar al mundo. Entonces se hizo sacerdote y pronto se hizo popular entre los auditorios
que se reunían para escuchar sus emocionantes sermones. Su fama no se debió sólo a su
retórica, sino también a su vida ejemplar. Usó su riqueza y su influencia para construir
hospitales y aumentar la caridad hacia los pobres. Tras ser elegido patriarca, sus sermones
subieron de tono. Denunció el lujo y la inmoralidad, defendía el celibato de los sacerdotes,
incluso propugnó la abolición de la esclavitud, cosa que, al parecer, hasta entonces no se le
había ocurrido a nadie. Fue uno de los pocos padres de la Iglesia que actuó como los
profetas del Antiguo Testamento. Naturalmente, los pobres estaban encantados con él, pero
se enemistó con los ricos y poderosos. Entre sus enemigos más peligrosos estaban la
emperatriz Eudoxia y Teófilo, el patriarca de Alejandría, a los que denunciaba
públicamente por su vida disoluta.

En 399 Eudoxia logró que Eutropio fuera acusado de traición. Juan Crisóstomo pronunció
una homilía en su defensa, pero finalmente fue decapitado.

Ese mismo año murió el rey persa Bahram IV, y fue sucedido por su sobrino Yazdgard
I, hijo de Sapor III. Al igual que sus predecesores, fue acosado por los nobles y los
sacerdotes. Para zafarse de ellos se le ocurrió apoyar a los cristianos, por lo que suspendió
las persecuciones y les permitió reconstruir sus iglesias.

Al inicio del siglo V el Imperio Romano era ya mayoritariamente católico y apenas


quedaban rastros de arrianismo, excepto entre los numerosos soldados y oficiales germanos
que servían al Imperio. Nadie se había atrevido a combatir el arrianismo entre sus filas, y
ellos lo habían adoptado principalmente como una forma de reafirmar su independencia.
Desde un punto de vista político se daba una situación peculiar: hasta entonces, en los
periodos en que el Imperio había sido gobernado por varios coemperadores, siempre había
habido uno por encima de los demás que marcara una política conjunta. Y cuando no había
sido así, siempre uno de los coemperadores había terminado imponiéndose sobre los otros.
Ahora, en cambio, las dos mitades del Imperio seguían políticas independientes según sus
propios intereses, a menudo en conflicto mutuo. Estas políticas no estaban marcadas por los
coemperadores, Arcadio y Honorio, que eran totalmente incapaces, sino que en Oriente la
última palabra sobre cualquier asunto la tenía la emperatriz Eudoxia, de origen franco,
mientras que en Occidente mandaba el vándalo Estilicón.
La última jugada entre ellos había sido la idea oriental de "contratar" a Alarico y sus
visigodos para que custodiaran Iliria contra los intereses de Estilicón. Pero Alarico no iba a
conformarse con Iliria. Había llegado a la conclusión de que el Imperio de Occidente era
más débil que el de Oriente, y sólo esperó las condiciones oportunas para lanzarse sobre el
oeste. En 400 invadió el norte de Italia. Estilicón tardó en reaccionar, y sólo en 402 estuvo
en condiciones de hacerle frente. Los ejércitos (ambos integrados casi completamente por
germanos) se encontraron en Pollentia (la actual Pollenza). Estilicón atacó el domingo de
Pascua, con lo que pilló por sorpresa a Alarico, que no creyó que fuera a atacar en un día
santo. El resultado fue una estrecha victoria para Estilicón, a la que siguió otra más rotunda
en Verona, en 403, tras la cual Alarico abandonó Italia y se replegó de nuevo en Iliria.

En Oriente Juan Crisóstomo, el patriarca de Constantinopla, seguía denunciando todo signo


de corrupción que llegara a su conocimiento. La emperatriz Eudoxia le preparó una trampa
en colaboración con Teófilo, el patriarca de Alejandría. Hizo que Arcadio convocara un
sínodo en Constantinopla. A él acudirían numerosos obispos, entre ellos Juan Crisóstomo y
Teófilo, y el primero sería acusado de herejía. El veredicto ya estaba acordado. Juan
Crisóstomo comprendió la situación y se negó a comparecer, por lo que fue destituido del
patriarcado y enviado al exilio. Sin embargo, su exilio duró sólo dos días, pues las revueltas
del populacho asustaron a la emperatriz.

En 404 se repitió la jugada, pero esta vez un destacamento de mercenarios germanos ocupó
Constantinopla. Los germanos eran arrianos, así que a ellos no les importaban las
decisiones de los sínodos católicos. Ahora Eudoxia logró exiliar definitivamente a Juan
Crisóstomo sin que el pueblo se atreviera a replicar la decisión. No obstante, aun sin
violencia, muchos habitantes de Constantinopla se negaron a aceptar la autoridad del nuevo
patriarca. De todos modos, Eudoxia no pudo disfrutar de su victoria, pues ese mismo año
murió de parto.

Aunque el intento de invasión de Italia por parte de Alarico había sido frustrado, había
conseguido asustar al emperador Honorio, que decidió trasladar la corte de Milán a Ravena,
más al sur. Esto hizo que el obispo de Milán perdiera la enorme influencia que había
ganado en tiempos de san Ambrosio. Ahora el obispo más importante de Occidente era
Agustín, en Hipona.

En 405 murió el rey de Connacht Niall el de los Nueve Rehenes. Sus descendientes,
conocidos como los O'Neil, reinaron en Connacht, en Meath y en una parte de Ulster, que
unos años antes se había fragmentado en varios reinos: Ailech (el que gobernaban los
O'Neil), al norte y el oeste, Oriel, al sur y Dalriada y Ulidia al este. Con el tiempo, los
O'Neil llegaron a dominar todo el Ulster.

Los suevos se lanzaron sobre Italia a través de los Alpes. Estilicón pudo frenarlos, pero al
precio de dejar desprotegida la frontera del Rin. En 406 una horda de ostrogodos dirigidos
por Radagaiso penetró en Italia desde Panonia y nuevamente Estilicón pudo aniquilarlos.
El último día de este año, los suevos, conducidos por su jefe Hermenerico, cruzaron el Rin
sin encontrar ninguna resistencia. Junto a ellos pasaron los vándalos, dirigidos
por Gunderico, y un contingente de alanos.
Estilicón había ido concentrando progresivamente en Italia todas las legiones disponibles.
Las únicas fuerzas que quedaban fuera de Italia estaban en Britania, y su situación era tan
precaria que en 407 decidieron elegir su propio emperador, llamado Constantino. El
usurpador pasó todas sus tropas a la Galia dejando a Britania completamente inerme. Los
britanos tuvieron que defenderse como pudieron de los pictos y los piratas de Irlanda. Los
escotos aprovecharon los disturbios y empezaron a instalarse de forma permanente en el
territorio de los pictos. Ese mismo año murió san Juan Crisóstomo.

Constantino logró dominar parte de la Galia, empujó hacia el sur a los suevos, los vándalos
y los alanos y contuvo una invasión de los burgundios, dirigidos por Gundicaro, a los que
convirtió en aliados romanos (pero al lado germano del Rin). Nombró César a su
hijo Constante, al cual envió a Hispania para dominar a los bárbaros.

En 408 murió Arcadio y fue sucedido por su hijo de siete años, Teodosio II. Mientras tanto
Estilicón estaba proyectando una expedición a las Galias, pero sus tropas se amotinaron y
Honorio no encontró mejor forma de contener la revuelta que ordenando la decapitación de
su mejor general. Sin embargo, la muerte de Estilicón enojó a muchos godos que prestaban
servicio bajo sus filas. A esto se unió el descontento por ciertas medidas antiarrianas que
tomaron los sucesores de Estilicón, y el resultado fue que decenas de miles de godos se
unieron a Alarico y en 409 volvió a invadir Italia y no tardó en estar ante las puertas de
Roma.

Por esta época los bárbaros que habían cruzado las fronteras del Imperio se habían asentado
en Hispania: los suevos ocuparon el norte de la península, en el centro se asentaron los
alanos y la parte sur los Vándalos. La región se convirtió en Vandalicia, término del que
procede el nombre actual de la región: Andalucía. La parte nororiental estaba bajo el
control de Constante, pero uno de sus generales, Geroncio, se sublevó en Tarragona, mató
a Constante y nombró otro emperador llamado Máximo.

Alarico exigió a Honorio que le entregara tierras para sus visigodos. En realidad tenía la
capacidad de quedarse con cuanto le viniera en gana, pero probablemente en aquellos
tiempos nadie era consciente de que el Imperio de Occidente estaba exhausto. Alarico
pensaba que los romanos reunirían un ejército tarde o temprano y barrerían a todos los
bárbaros invasores, mientras que eso no ocurriría si sus hombres fueran precisamente ese
ejército encargado de custodiar el Imperio. Honorio y su corte se sentían a salvo en la bien
fortificada Ravena, así que se negó a ceder ante Alarico. Éste optó por volver a asediar
Roma como medida de presión, pero tampoco dio resultado, hasta que en 410 la asedió por
tercera vez y ahora Roma se rindió. Por primera vez desde que los galos entraran en la
ciudad exactamente ocho siglos antes, un ejército enemigo había entrado en Roma.

Alarico permaneció tres días en Roma, y luego marchó hacia el sur. La ciudad sufrió daños
mínimos, pues los visigodos estaban impresionados por la historia de la Ciudad
Eterna. Fueron más turistas curiosos que saqueadores. De todos modos, el prestigio de
Roma quedó dañado irreparablemente. Alarico pensó que en una región alejada como
África le resultaría fácil formar un reino similar a los que se habían formado en Hispania.
Además podría tomar Sicilia, que era rica, al contrario que la Galia, sumida en la miseria o
Iliria, expuesta al poder del Imperio de Oriente. Sin embargo, una tormenta destruyó la
flota con la que pensaba cruzar el Mediterráneo, así que cambió de idea y volvió atrás. Poco
después, mientras aún estaba en el sur de Italia, cogió una fiebre y murió. Se cuenta que los
visigodos, obligados a enterrar a su jefe en tierra extraña, desviaron el curso de un pequeño
río, enterraron el cadáver en su lecho, restablecieron el curso del río y mataron a los
campesinos que habían forzado a realizar el trabajo, de modo que se aseguraron de que su
tumba no sería violada.

Los visigodos eligieron como jefe a Ataúlfo, el cuñado de Alarico, con quien se dirigieron
hacia el norte en busca de tierras. Ataúlfo también buscaba un acuerdo con Honorio que
legitimara su posición, y ahora tenían una buena baza a su favor: en Roma, los visigodos
habían capturado a Gala Placidia, la hermanastra de Honorio hija de Teodosio I y su
segunda esposa, Gala.

Mientras tanto Honorio había encontrado un general competente que reemplazara a


Estilicón. Se llamaba Constancio, y fue enviado a la Galia contra Constantino. En 411 lo
encontró y lo derrotó en Arles. El otro emperador, Máximo, tuvo que huir a territorio
germano y no se volvió a saber de él. Mientras tanto, un galo llamado Jovino, tal vez
representante de la aristocracia gala, logró el apoyo de un número suficiente de soldados
germanos como para proclamarse emperador. En 412 Ataúlfo llevó a sus visigodos a la
Galia y se ofreció a Jovino para "defender" la Galia, es decir, para ocuparla.

Ese mismo año volvió a Roma un monje britano llamado Pelagio. Había vivido en Roma,
pero poco antes de la llegada de Alarico había pasado a Sicilia, luego estuvo un año en
África y otro en Oriente. Ahora empezó a predicar, y en su doctrina afirmaba que el hombre
nace libre de pecado, y que son su voluntad y sus actos los que deciden si se salva o se
condena. Esto era grave porque contradecía la doctrina de Agustín, según la cual el hombre
nace con el estigma del pecado original y no puede salvarse sin la Gracia de Dios, otorgada
únicamente a través del bautismo.

Tras la muerte de Teófilo, fue nombrado patriarca de Alejandría su sobrino Cirilo. Por
aquella época el pensamiento griego se había extinguido, pero todavía quedaban hombres
que, si no aportaron nada original, sí tuvieron la capacidad necesaria para conservar el
conocimiento de los antiguos. El más notable a la sazón no era un hombre, sino una
mujer: Hipatia. Era la directora de la biblioteca de Alejandría y estaba a la cabeza de la
escuela neoplatónica. Con la ayuda de su padre, Teón de Alejandría, había preparado una
edición crítica de los Elementos de Euclides y un comentario del Almagesto de Ptolomeo.
Parece ser que también preparó comentarios sobre la Aritmética de Diofanto y sobre
el Tratado de las Cónicas de Apolonio. Era muy popular en la ciudad, y atraía a muchos
estudiantes a sus clases de filosofía. Sin embargo, la moral católica dejaba bien claro qué
cualidades convenían a una mujer, y la inteligencia no era una de ellas. Si unimos a esto
que Hipatia era pagana y Cirilo un perfecto católico, el resultado fue que el patriarca no
tardó en engendrar un odio mortal contra Hipatia y aprovechó cuantas ocasiones se le
presentaron para difamarla, maldecirla y volver contra ella a los cristianos.

La entrada en Roma de Alarico también había impactado en Constantinopla. En 413 se


inició la construcción de una triple muralla que protegiera a la ciudad. Las obras se
prolongaron durante más de treinta años.
Mientras tanto, Honorio se decidió a negociar con Ataúlfo. Éste entendió que un acuerdo
con Honorio tenía más valor que un acuerdo con el usurpador Jovino, así que traicionó su
pacto anterior y entregó a Jovino, que fue inmediatamente ejecutado. Luego Ataúlfo se
tomó más de lo acordado con Honorio: se apoderó de Burdeos, Narbona y Tolosa, y formó
un reino independiente con capital en Burdeos. Por su parte, Gundicaro cruzó el Rin con los
burgundios, y fundaron un reino con capital en Worms que ocupaba parte de la Galia y
parte de Germania.

En 414 murió el rey indio Chandragupta II y fue sucedido por Skandragupta.

Ataúlfo se casó con Gala Placidia, en contra de la voluntad de Honorio. Éste envió a
Constancio contra Ataúlfo, pero Constancio consideró que mejor que enfrentarse a él era
enfrentar a unos bárbaros con otros. Convenció a Ataúlfo de que, como cuñado del
emperador, su deber era marchar a Hispania y someter a los invasores bárbaros. Ataúlfo, tal
vez por el deseo de más botín y más poder, accedió encantado y marchó hacia Hispania.

Teodosio II tenía todavía trece años, pero su hermana mayor, Pulqueria, tenía ya quince y
era lo suficientemente despierta como para convertirse en regente.

En 415 Cirilo logró instigar a un grupo de monjes para que mataran a Hipatia. Según se
cuenta, la desnudaron y la despellejaron viva con conchas. Parte de la biblioteca de
Alejandría fue destruida en una revuelta que se produjo a continuación. El resto fue
conservado, pero la biblioteca fue cerrada y, si ya hacía tiempo que no era un centro de
investigación, ahora dejó de ser también un centro de estudios. He aquí una muestra de
cómo la instigación al asesinato no está reñida con la santidad, pues aún hoy la Iglesia
Católica dedica a san Cirilo el 27 de enero de cada año.

En la India murió el rey Chandragupta II, que fue sucedido por Kumaragupta I.

Parece ser que los visigodos se convencieron de que su aventura en Hispania les convertiría
finalmente en un pueblo poderoso, porque el puesto de rey empezó a estar solicitado.
Ataúlfo fue asesinado en Hispania junto con sus hijos, y su sucesor, Sigerico, murió
también asesinado a los siete días de reinado. Fue sucedido por Valia, que organizó una
expedición a África para aprovisionarse de víveres, pero fracasó y en 416 se vio obligado a
negociar con Roma. A cambio de una provisión de trigo Valia se comprometía a devolver a
Gala Placidia y a luchar como aliado romano contra los invasores bárbaros de la península.

Con quince años de edad, Teodosio II ya podía ejercer por sí mismo como emperador y
Pulqueria dejó de ser regente, aunque esto sólo era la teoría, pues en la práctica el joven era
tan estúpido como su padre y su tío, por lo que Pulqueria no tuvo dificultades en dominar a
su hermano y seguir tomando las decisiones necesarias.

Al rey persa Yazdgard I no le fue tan bien como a Constantino I con su política
procristiana. Los obispos cristianos en Persia, en lugar de conformarse con el apoyo que
recibían, tal y como habían hecho los contemporáneos de Constantino I, pretendieron que
Yazdgard I fuera un Teodosio I y que exterminara completamente a los mazdeístas. Por su
parte, los mazdeístas lo llamaban Yazdgard el Pecador, y con este nombre es conocido en
la historia. Al verse estrangulado por la intransigencia religiosa por los dos frentes,
Yazdgard I decidió que más vale malo conocido que bueno por conocer, con lo que
abandonó a los cristianos y continuó con las persecuciones donde las había dejado al subir
al trono.

Un discípulo de Pelagio llamado Celestio había difundido su doctrina, la cual había llegado
finalmente a oídos de Agustín. Inmediatamente la condenó y en 417 instó al obispo de
Roma a que hiciera lo mismo (pues el pelagianismo se había iniciado en Roma). Desde la
muerte de san Dámaso, Roma había tenido tres obispos insignificantes:
san Ciricio, san Anastasio y san Inocencio, que murió este mismo año. Los dos primeros
habían sido eclipsados por el obispo de Milán, y sólo san Inocencio tuvo alguna iniciativa
destacada, como denunciar (vanamente) la condena de san Juan Crisóstomo. Poco antes de
morir, san Inocencio confirmó la condena de Agustín contra Pelagio y sus seguidores.
También condenó el origenismo, la doctrina de los seguidores de Orígenes, que aunque en
su día fue un teólogo respetado por los cristianos y martirizado por los romanos, sus
seguidores no se dieron cuenta de que la doctrina cristiana había cambiado mucho desde
entonces, por lo que ahora se habían convertido en herejes. El nuevo obispo de Roma
fue Zósimo, que, influido por Patroclo, el obispo de Arles, decidió perdonar a Pelagio y a
Celestio. Al enterarse, Agustín montó en cólera, y Zósimo tuvo que apresurarse a rectificar
su decisión. Estaba claro quién mandaba.

Honorio casó a Gala Placidia con Constancio. Mientras tanto Valia estaba cumpliendo a la
perfección su parte del acuerdo. En una serie de campañas, eliminó completamente a los
alanos y ya tenía arrinconados a los suevos y los vándalos: a los primeros en el extremo
noroeste de la península y a los segundos en el extremo sur. Un poco más y habría acabado
con todos, pero el emperador (o quien le aconsejara) pensó que unos visigodos demasiado
poderosos no eran preferibles a los reinos bárbaros que estaban destruyendo. Por ello
en 418 Constancio llamó a Valia a la Galia, donde acordó con él un nuevo pacto. Los
visigodos se comprometían a prestar al Imperio los servicios militares que les fueran
reclamados (entre los cuales no se incluían, de momento, destruir a los suevos y a los
vándalos). A cambio, se les permitiría ocupar permanentemente el sur de la Galia, donde
las dos terceras partes de las tierras pasarían a ser de su propiedad, mientras que la tercera
parte restante quedaría en poder de los terratenientes romanos. Se formó así el
llamado Reino de Tolosa, por la ciudad que eligieron como capital, si bien su primer rey no
fue Valia, que murió poco después de firmar el acuerdo, sino su sucesor Teodorico
I. Técnicamente, Teodorico I sólo era rey de los visigodos, mientras que los ciudadanos
romanos seguían siendo súbditos del emperador. Fuera de los territorios que se les habían
asignado en propiedad, los visigodos eran funcionarios romanos (y se les dio toda clase de
títulos altisonantes para tenerlos contentos: condes, duques, etc.). Los visigodos se
convirtieron así en una aristocracia dominante que redujo a la servidumbre a la población
romana. Al asentarse adoptaron mayoritariamente el cristianismo, pero siempre en la
versión arriana, como era propio de los germanos.

En 419 el vándalo Gunderico derrotó al suevo Hermenerico, que tuvo que retirarse al
extremo noroeste de la península ibérica. Allí inició una guerra con los pueblos nativos,
los galaicos.
En 420 murió en Belén san Jerónimo, el traductor de la Vulgata.

En China, la dinastía Jin fue reemplazada por la dinastía Song, que reinó con capital en
Nankin. Por esta época, en las estepas del norte de China se formó el Imperio Yuan-
Yuan. Los Yuan-Yuan eran feroces jinetes, cuyos príncipes tenían el título de Kaghan, y
tenían una capital ambulante fortificada, en la que guardaban los tesoros que obtenían de
los pueblos que conquistaban. Probablemente fueron ellos quienes expulsaron a los hunos
hacia el oeste. Los Xianbei detuvieron su avance, por lo que el Imperio Chino no sufrió su
presión. Por esta época vivió uno de los poetas más apreciados de toda la literatura china.
Se llamaba Tao Qian, o también Tao Yuanming. Ahora vivía retirado en el campo,
después de haber dimitido de un cargo de funcionario. Escribió poemas bucólicos (Poema
del retorno, Bebiendo vino).

El reino sabeo pasó a ser dominado por la tribu (de origen sabeo) de los Himyaríes, y
desde entonces pasó a ser conocido como el reino de Himyar. Estaban muy influidas por
los judíos, e iniciaron persecuciones contra los cristianos.

Los mazdeístas persas no perdonaron a su rey Yazdgard I su coqueteo con el cristianismo, y


en 420 lo asesinaron. Más aún, no permitieron que sus hijos le sucedieran. Sin embargo,
uno de estos hijos había estudiado en el reino árabe de Hira, que por aquel entonces pasaba
por uno de sus mejores momentos. Se conservan muchas poesías árabes de este periodo, y
se dice que fue en esta época cuando surgió la escritura árabe, por influencia persa. El caso
es que este hijo del difunto Yazdgard I contó con el apoyo del rey de Hira, gracias al cual
logró hacerse con el trono en 421, y reinó con el nombre de Bahram V. El nuevo rey
continuó las persecuciones contra los cristianos y entabló una guerra contra el Imperio
Romano porque éste acogía a los cristianos que huían de su territorio. Sin embargo
Teodosio II encomendó la guerra a un general germano llamado Aspar, que adquirió fama
al derrotar rápidamente a los persas. Bahram V se apresuró a firmar un tratado: Persia
respetaría a los cristianos a condición de que el Imperio Romano respetara a los mazdeístas.
Los sacerdotes mazdeístas persas no debieron de tardar en objetar a su rey que mientras en
el Imperio Persa había muchos cristianos, en el Imperio Romano apenas había mazdeístas,
con lo que el tratado era una tomadura de pelo, pero así quedaron las cosas.

Pulqueria temió perder el control sobre su hermano a medida que éste crecía, así que
encontró el modo de tenerlo ocupado. Le llamó la atención una hermosa muchacha griega
llamada Athenais, hija del filósofo Leoncias, por el cual había sido esmeradamente
educada. Pulqueria la convirtió al cristianismo y la hizo bautizar con el nombre de Élia
Eudoxia. No le costó nada que su hermano la aceptara como esposa. Pensó que así estaría
entretenido y ella podría seguir gobernando.

Honorio nombró Augusto a su general Constancio, decisión que Teodosio II no quiso


aceptar. Estaba a punto de estallar un conflicto entre las dos mitades del Imperio, pero se
resolvió por sí solo, ya que a los siete meses murió Constancio.

En 422 murió Pelagio en Palestina. Pelagio era britano, y su doctrina se había extendido
particularmente por su patria, donde el Imperio Romano y, por ende, la Iglesia Católica, ya
no ejercía ningún control efectivo.
En 423 murió Honorio, y fue sucedido por el hijo de Constancio y Gala Placidia, Flavio
Plácido Valentiniano (Valentiniano III), que sólo tenía seis años de edad. Sin embargo, la
sucesión no fue fácil. Un general llamado Flavio Aecio acusó a Gala Placidia de haber
conspirado con los visigodos contra Honorio y penetró en Italia con un ejército de bárbaros,
por lo que Gala Placidia tuvo que huir a Constantinopla junto con su hijo. Entró en Ravena
y se hizo con el control del Imperio de Occidente. En principio no había cometido delito
alguno, pues Teodosio II no había reconocido aún a Valentiniano III como emperador.
Oficialmente, Teodosio II era ahora el gobernante de todo el Imperio Romano. Aecio era de
origen bárbaro, como casi todos los generales romanos. Había pasado unos años como
rehén en el ejército de Alarico y años más tarde había sido también rehén de los hunos.

Gala Placidia tuvo que negociar con Teodosio II (o más bien con Pulqueria). En 424 logró
que Teodosio II nombrara César a Valentiniano III, es decir, heredero, pero no emperador.
Mientras tanto Aecio destinó a África a Bonifacio, el único general que podía hacerle
sombra.

La emperatriz Eudoxia fomentó la creación de una universidad en Constantinopla, que


finalmente se inauguró en 425. Se convirtió en un centro de enseñanza católico con el que
no pudo competir la Academia que Platón fundara más de siete siglos atrás, y que no
tardaría en extinguirse. Ese mismo año Gala Placidia logró que su hijo Valentiniano III
fuera declarado Augusto, es decir, emperador. Aecio tuvo que aceptar la decisión y madre e
hijo volvieron a Ravena.

En 426 Agustín terminó su libro La ciudad de Dios. En él rebatía una teoría que se había
difundido tras la entrada de Alarico en Roma: Roma había dominado el mundo mientras fue
pagana, y su declive se inició cuando llegó el cristianismo, ¿dónde estaba el dios cristiano,
que no protegía la ciudad como la habían protegido los dioses paganos? Agustín pasó
revista a toda la historia que él conocía señalando que siempre había habido ascensos y
declives. Los bárbaros podían haber destruido Roma, pero no lo hicieron. ¿Cuándo una
ciudad pagana fue protegida así de un saqueo? Además, Agustín anunciaba que la caída de
Roma sólo era el preludio del advenimiento de una Ciudad de Dios celestial, una ciudad
divina que no caería nunca, sino que sería la culminación del plan divino.

En 428 ocupó el cargo de patriarca de Constantinopla un sacerdote de origen sirio


llamado Nestorio. Ahora que el arrianismo estaba prácticamente erradicado, nadie ponía en
duda que Jesucristo tenía tanto una naturaleza divina como una naturaleza humana. Sin
embargo, Nestorio se puso a hurgar en el modo en que ambas naturalezas se relacionaban
entre sí. Concluyó que ambas eran independientes, de modo que María era la madre de la
parte humana de Jesucristo, pero no de la parte divina. Así Jesucristo era un ser humano en
el que había arraigado una naturaleza divina de la cual era instrumento. Estas teorías
disgustaron a Pulqueria, que rápidamente encontró apoyo en Cirilo, el patriarca de
Alejandría (cualquier motivo era bueno para contradecir al patriarca de Constantinopla,
especialmente si se contaba con el apoyo del emperador).

Ese año murió el rey vándalo Gunderico, y fue sucedido por Genserico. Pronto decidió
pasar a África, una región mucho más rica que la que ocupaba. Hay quien dice que fue el
general Bonifacio el que invitó a los vándalos a cruzar el estrecho, para utilizarlos contra
Aecio, y que fue él quien les proporcionó los barcos necesarios. Tanto si fue así como si no,
lo cierto es que en 429 unos ochenta mil vándalos pasaron a África y luego no reconocieron
ninguna clase de pacto. Se dedicaron a saquear todo a su paso y a ellos se les unió
rápidamente el campesinado mauritano sometido al poder romano y también los donatistas
y otros herejes a los que hasta entonces Agustín había sometido con mano firme.

Por entonces el obispo de Roma era Celestino. Había sido elegido el mismo año que murió
Pelagio. Sus predecesores habían hecho algunas gestiones para garantizar la dependencia de
Roma de varios territorios fronterizos con el Imperio de Oriente, en especial Iliria. Ahora
Celestino se interesaba por Britania, donde el pelagianismo estaba prosperando. Para ello
envió a Germano, obispo de Auxerre, en la Galia, con la misión de combatir la herejía en
Britania. Germano pasó por Irlanda antes de entrar en Britania. Los ejércitos romanos
nunca habían pisado Irlanda, y ahora un obispo iniciaba la predicación del evangelio. No
estuvo mucho tiempo, sino que enseguida pasó a Britania y allí murió, pero parece ser que
el cristianismo interesó a los habitantes celtas de la isla.

Mientras tanto Bahram V conquistaba la mitad oriental de Armenia.

Los francos, dirigidos por su jefe Clodión, llevaban varios años haciendo incursiones al
otro lado del Rin, hasta que en 430 ocuparon definitivamente una región en la Galia.

Celestino convocó un concilio en Roma en el que se condenó el nestorianismo, pero el


golpe principal contra la herejía se dio en Éfeso en 431, donde Teodosio II convocó un
concilio al que asistieron Nestorio y Cirilo. Las sesiones fueron turbulentas, y el
predominio osciló entre distintos grupos de obispos, pero la opinión de Cirilo predominó y
la conclusión fue la condena del nestorianismo y el destierro de Nestorio, que tuvo que
refugiarse en el Alto Egipto. Algunos nestorianos, por su parte, emigraron al Imperio Persa.

Los vándalos de Genserico llevaban dos años sitiando a Bonifacio en Hipona. La ciudad
resistió tanto tiempo gracias a los suministros que recibía por mar, con la cooperación del
Imperio de Oriente. Sin embargo, al final cayó y san Agustín murió durante el saqueo.
Bonifacio escapó a Italia, pero Aecio salió a su encuentro acusándolo de traición, lo derrotó
y lo mató. A partir de este momento Aecio llevó todos los hilos de la política imperial.

Teodosio II envió una flota contra los vándalos dirigida por Aspar. Esta vez no fue tan
brillante como lo había sido contra los persas diez años atrás, y la guerra contra los
vándalos se prolongó varios años.

Una flota procedente del reino de Shampa atacó el sur de China.

En 432 un discípulo de Germano fue enviado a Irlanda a proseguir la tarea que éste apenas
había iniciado. Se llamaba Patricio, y era un britano capturado como esclavo treinta años
antes. Su labor no pudo ser muy espectacular, tratándose de un solo hombre, pero creó
comunidades cristianas que fueron progresando lentamente entre el paganismo celta.
Los hunos llevaban unos años en calma. Dominaban vagamente un vasto territorio entre
Europa y Asia por el que diferentes tribus vagaban a sus anchas. Pero en 433 dos hermanos
lograron ser reconocidos como reyes por la totalidad de los hunos. Se
llamaban Atila y Bleda. Bajo su dirección la amenaza huna se hizo mucho más peligrosa.
Reafirmaron su dominio sobre los eslavos y algunos pueblos germanos. También atacaron
el Imperio Persa, por Sogdiana, pero fueron rechazados.

Mientras tanto Aecio firmó un tratado de paz con el suevo Hermenerico, con lo que se creó
un reino suevo en el noroeste de Hispania de características similares a las del reino
visigodo de Tolosa.

En 434 la flota de Genserico derrotó a la de Aspar, que se vio obligado a retirarse con
grandes pérdidas. En 435 los vándalos obtuvieron de Valentiniano III la condición de
federados del Imperio, como lo eran los visigodos.

Los hunos presionaban cada vez más a los germanos. En 436 el rey burgundio Gundicaro
murió en combate contra Atila. Fue sucedido por su hijo Gunderico, quien fue derrotado
por Aecio y negoció con él ofreciéndole su apoyo contra los hunos a cambio de nuevas
tierras. Aecio pudo contener también a los francos en un territorio reducido.

Constantinopla seguía convulsionada por el nestorianismo, y las discrepancias resucitaron


el caso de san Juan Crisóstomo. En 437 Pulqueria decidió resolver este problema
definitivamente: hizo que Teodosio II revocara la condena contra el antiguo patriarca, su
cadáver se llevó de vuelta a la capital y se le canonizó en una ceremonia en la que Teodosio
II pidió perdón en nombre de sus padres. También fue el año en que Valentiniano III se
casó con Licinia Eudoxia, la hija de su primo Teodosio II y Eudoxia.

En 438 se publicó un nuevo código de leyes en el Imperio Romano de Oriente, conocido


como Código de Teodosio.
Hermenerico, el rey de los suevos, se sintió enfermo y abdicó en su
hijo Requila. En 439 dirigió varias campañas militares que le dieron el control del oeste y
el sur de Hispania. Genserico se apoderó de Cartago, que se convirtió desde entonces en la
capital del reino vándalo.

Ese mismo año murió el rey persa Bahram V y fue sucedido por su hijo Yazdgard II, que
era totalmente mazdeísta, por lo que el cristianismo volvió a ser perseguido a muerte. La
persecución se hizo extensiva hacia los judíos, a los que hasta entonces no se había
molestado, ya que, al contrario que los cristianos, no eran apoyados por ninguna potencia
extranjera.

En 440 murió san Sixto, obispo de Roma, y fue sucedido por León. Ingresó muy joven en
el clero romano y había pasado un tiempo con san Agustín. Luego fue consejero de sus
predecesores san Celestino y san Sixto. Sin tener la cultura de san Ambrosio o san Agustín,
no cabe duda de que los igualó o superó en vehemencia y no tardó en convertirse en el
obispo más influyente de Occidente. En Roma inició una campaña para acabar con los
juegos circenses, a los que consideraba un resto del paganismo, y fiscalizó estrechamente la
administración de los obispos italianos. Es el autor del primer misal cristiano.

En 441 Yazdgard II rompió la tregua que su padre había firmado con Teodosio II y se
reanudaron las eternas querellas entre los dos imperios. Al mismo tiempo, los hunos
atacaron al Imperio Romano y Teodosio no encontró otra forma de contenerlos que
comprometerse a pagar un tributo de setecientas libras de oro anuales, tributo que fue
aumentando año tras año.

Tras la muerte de Hermenerico, su hijo Requila se convirtió definitivamente en rey de los


suevos. La expansión del reino continuó, y en los años siguientes conquistó también la
parte oriental de Hispania.

En 442 Genserico tenía preparada una gran flota que causó pánico en el Imperio Romano.
Sólo el Imperio de Oriente tenía una flota capaz de hacerle frente, pero Genserico pactó con
los persas y logró que el Imperio Oriental no interviniera. Valentiniano III tuvo que
reconocer el dominio vándalo sobre un territorio aún mayor. Genserico confiscó muchas
propiedades y eximió de impuestos a los propietarios vándalos. No obstante, estableció un
sistema legal similar al pactado entre el Imperio y los ostrogodos: Genserico sólo era rey de
los vándalos, mientras que los ciudadanos romanos seguían regidos por sus propias leyes.
De todos modos, una buena parte del clero católico fue desterrada, probablemente para
debilitar a la facción romana.

La emperatriz Eudoxia gozaba de más popularidad e influencia de lo que Pulqueria había


previsto, así que la hermana del emperador inició una campaña de desprestigio. Sobre la
emperatriz recayeron diversas acusaciones falsas y en 443 Teodosio II se vio obligado a
decretar su destierro a Jerusalén. Ahora Pulqueria tenía todo el poder en sus manos.

En 443 los burgundios fueron trasladados hacia el sur. Ocuparon Sabaudia (Saboya),
fundaron un reino con capital en Ginebra y se extendieron por las cuencas del Saona y el
Ródano hacia el Mediterráneo. El rey se llamaba Gundioc. Mientras tanto los hunos
derrotaron a Aspar junto a las murallas de Constantinopla, que aún no estaban
completamente terminadas.

En 444 murió san Cirilo, el patriarca de Alejandría.

En 445 Atila asesinó a su hermano Bleda. Al parecer, éste ejercía una influencia
moderadora sobre Atila, que ahora desapareció para siempre. La política de Atila se hizo
más agresiva.

En 446 China envió una expedición que terminó con los ataques del reino de Shampa.

En 447 murió el rey franco Clodio. Según la tradición fue sucedido por su
hijo Meroveo, pero todo lo que se sabe de este rey parece ser pura leyenda, creada para
glorificar a los reyes posteriores de su linaje.

Las murallas de Constantinopla estaban terminadas. Recorrían todo el istmo de la pequeña


península sobre la que se encontraba la ciudad, de modo que era imposible acercarse a ella
por tierra sin atravesarlas. En primer lugar había un foso de casi veinte metros de ancho y
siete metros de hondo, que los enemigos tendrían que cruzar a nado o tendiendo puentes,
tras el cual se levantaba un primer muro, no muy alto, preparado para proteger arqueros.
Luego venía una segunda muralla de ocho metros de altura, seguida de una tercera más alta
aún, con torres de veinte metros de alto. Esta tercera muralla no fue atravesada nunca en los
mil años siguientes, salvo a través de la traición.

La lucha contra el nestorianismo continuaba. Uno de sus más enconados detractores era un
monje de un monasterio cercano a Constantinopla. Se llamaba Eutiques, y fue tanto su
empeño en contradecir el nestorianismo que se pasó al extremo opuesto: en lugar de admitir
que en Jesucristo había dos naturalezas independientes, una humana y otra divina, afirmó
que estaban tan relacionadas que en realidad no se podía decir que fueran dos: Jesucristo
sólo tenía una naturaleza y era divina. Esta doctrina se conoció como monofisismo y contó
con el apoyo del patriarca de Alejandría. Por el contrario, entre sus principales detractores
estaban León, el obispo de Roma, y la emperatriz Pulqueria. En 448 lograron que Eutiques
fuera depuesto de su cargo.

El rey suevo Requila murió, y fue sucedido por su hijo Requiario, que, excepcionalmente,
era católico en lugar de arriano. En 449 se casó con una hija del rey visigodo Teodorico I.
Por esas fechas se produjo un nuevo levantamiento de los bagaudas, los campesinos galos
que ya habían causado disturbios en otras ocasiones. Ahora invadieron el norte de Hispania.
Requiario y Teodorico I se unieron con el general romano Basilio para aplastarlos.

Mientras tanto el patriarca de Alejandría organizó un sínodo en Éfeso donde León fue
condenado y Eutiques rehabilitado.

Sobre 450 Teotihuacán fue saqueada por pueblos extraños que destruyeron los centros de
culto. Se inició así su decadencia cultural. En cambio, la cultura Zapoteca estaba en auge:
surgieron nuevas ciudades con grandes centros ceremoniales con plazas, altares, etc. Entre
sus restos también se encuentran grandes cámaras funerarias con antecámaras y numerosos
nichos, decoradas con figuras de sacerdotes ricamente vestidos y figuras de dioses,
como Xipe-Totec, Xochipilli, Cocejo, el dios murciélago, la diosa serpiente

Desde que los ejércitos romanos abandonaron Britania, la isla se sumió en la confusión: los
britanos tuvieron que enfrentarse a los pictos y escotos del norte, a los piratas irlandeses por
el oeste y también a las incursiones cada vez más frecuentes de los germanos por el este. Al
norte de la península que ahora forma Dinamarca (la península de Jutlandia) estaban
los jutos. Más al sur estaban los anglos, y al sur de éstos, ya en lo que actualmente es
Alemania, estaban los sajones. A mediados del siglo V, estas tres tribus invadieron Britania
en proporciones masivas. La poca información disponible sobre el modo en que esto
sucedió está envuelta en leyendas poco fiables. Éstas hablan de un caudillo britano
llamado Vortigern, que incapaz de resistir por sí solo a los enemigos del norte pidió ayuda
a los jutos, que entonces estaban gobernados por dos hermanos, Hengist y Horsa. Hay
quien sostiene que estos nombres significan "semental" y "caballo", por lo que no sería
extraño que toda la historia fuera ficticia. Los jutos aceptaron la petición y Vortigern se
casó con Rowena, la hija de Hengist, pero durante la fiesta posterior a la boda los jutos
emborracharon a los britanos, mataron a Vortigern y se hicieron con el mando. Es posible
que los jutos fueran realmente llamados por los britanos, pero también sería creíble que
inventaran esta historia para legitimar la invasión. En cualquier caso, lo cierto es que hubo
un primer asentamiento juto en la actual Kent, los anglos no tardaron en asentarse al norte
del Támesis, mientras que los sajones ocuparon la parte sur de la isla, rodeando a los jutos.
Un grupo de britanos huyó de los invasores y se instaló en la Galia, fueron
llamados bretones, y la región que ocuparon se sigue llamando Bretaña.

Otro motivo que pudo favorecer la invasión, aparte de una posible petición de ayuda, es la
cada vez más agobiante presión que los hunos ejercían sobre los germanos. Los hunos
parecían imparables en todas partes. Por esta época penetraron en el Imperio Persa por
Sogdiana, llegaron a la India y empezaron a hacer incursiones en el Imperio Gupta. Las
fuentes indias hablan de un rey huno llamado Toramana. En el oeste sólo el oro los
contenía: el tributo que tenía que pagar el Imperio Romano ascendía ya a una tonelada de
oro al año.

En 450 murió Teodosio II, y su hermana Pulqueria se las arregló para conservar el
gobierno, pero comprendía que una mujer sola no sería consentida mucho tiempo como
emperatriz, así que se apresuró a buscar marido. Tal vez el más adecuado hubiera sido
Aspar, el mejor general con que contaba el Imperio en aquel momento, pero era arriano, y
eso jamás lo habría admitido la población, así que eligió a Marciano, que también era un
general competente, de origen tracio, pero que además era católico. Ese mismo año se
convirtió en el nuevo emperador. Empezó apostando fuerte, pues cuando los hunos llegaron
para recaudar el último plazo del tributo anual, Marciano se negó a pagarlo y se mostró
dispuesto a ir a la guerra. Le salió bien, pues Atila se negó a aceptar el desafío. Sabía lo
bien protegida que estaba Constantinopla y debió de pensar que ya la había exprimido
suficiente, mientras que la mitad occidental del Imperio era más débil y le resultaría más
fácil sacarle partido. Así que marchó hacia el Rin con un ejército de hunos acompañados de
otros pueblos sometidos, principalmente ostrogodos. También fue el año de la muerte de
Gala Placidia, la madre de Valentiniano III.
Aecio se preparó para hacer frente a Atila. Su principal aliado fue el rey visigodo Teodorico
I, pero los francos y los burgundios, conscientes de que los hunos eran una amenaza para
ellos tanto como para los romanos, se unieron a sus filas. En 451 se produjo un
enfrentamiento al este de París, en un territorio conocido como los Campos
Cataláunicos, por el nombre de una tribu celta que antiguamente los había poblado. Aecio
situó sus propias tropas a la izquierda, las de los visigodos a la derecha y en el centro dejó a
los aliados más débiles. Confiaba en que Atila siguiera su costumbre de atacar por el centro
con el grueso de su ejército, y así fue. Mientras los hunos avanzaban por el centro, los
romanos y los visigodos destrozaron los laterales del ejército de Atila y luego se cerraron
sobre su núcleo central.

Aecio pudo conseguir una victoria completa, pero consideró que unos visigodos inflados
por haber derrotado a los hunos serían mucho más difíciles de manejar, así que sacrificó la
victoria. En la batalla murió Teodorico I, y Aecio se apresuró a recomendar a su
hijo Turismundo que marchase rápidamente a Tolosa para asegurarse la sucesión. (Aecio
había retenido a Turismundo como rehén por si Teodorico I decidía cambiar de bando a
mitad de la batalla.) Así Turismundo se llevó a las tropas visigodas y los hunos pudieron
retirarse.

Mientras sucedían estos hechos, en el Imperio oriental se ocupaban de las cuestiones


realmente importantes: Marciano y Pulqueria, católicos estrictos, convocaron un concilio en
Calcedonia, donde se condenó tanto el monofisismo como el nestorianismo y se restituyó a
León, el obispo de Roma, que había sido condenado en el sínodo de Éfeso celebrado dos
años antes. Así, la doctrina de la doble naturaleza de Jesucristo se convirtió en parte del
dogma católico, mientras que el monofisismo fue declarado herético y Eutiques fue
desterrado a Egipto. Allí siguió ganando partidarios. Ese mismo año murió Nestorio. En el
concilio de Calcedonia también se ratificó la condición de patriarca para el obispo de
Jerusalén y se aumentó la autoridad del patriarca de Constantinopla, pese a la oposición de
León.

Atila reorganizó su ejército y en 452 invadió Italia. Puso sitio a la ciudad de Aquileya, en
el extremo norte del mar Adriático. Al cabo de tres meses la tomó y la destruyó. Se cuenta
que parte de sus habitantes se refugiaron en unas zonas cenagosas, formando un
asentamiento que más tarde se convertiría en la ciudad de Venecia. Atila siguió avanzando
hacia el Sur. Decía de sí mismo que donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba.
Los sacerdotes extendieron la teoría de que era el "azote de Dios", esto es, la forma en que
Dios castigaba a los hombres por sus pecados. Valentiniano III se quedó en Ravena,
protegido por sus murallas y sin hacer nada, mientras que Atila se dirigía hacia Roma.

Los habitantes de Roma, viendo que el emperador había abandonado la ciudad a su suerte,
se confiaron a la única autoridad que tenían entre ellos: el obispo León. Es difícil saber qué
sucedió entonces: lo único cierto es que Atila dio media vuelta y dejó a Roma en paz. La
versión tradicional afirma que León fue a entrevistarse con Atila vestido con toda la gala y
magnificencia de que fue capaz, y que logró asustar al supersticioso guerrero que no temía
enfrentarse a los romanos, pero sí exponerse a la cólera de su dios. Otra versión más
prosaica habla de un sustancioso donativo. En cualquier caso, no cabe duda de que León
tenía una personalidad carismática y que, de un modo u otro, ello influyó decisivamente en
la negociación.

Desde la batalla de los Campos Cataláunicos, el rey visigodo Turismundo había iniciado
una política expansiva, tal y como se había temido Aecio. En 453 sufrió una derrota al
tratar de asediar Arles, derrota que Aecio supo aprovechar. Poco después Turismundo fue
asesinado por su hermano, que se convirtió en rey con el apoyo de Aecio. Se le conoce
como Teodorico II.

Ese mismo año murió santa Pulqueria. Por su parte, Atila añadió una esposa a su harén y,
tras los festejos de la boda, murió en circunstancias misteriosas. Tal vez Aecio logró
introducir un traidor entre sus allegados. A su muerte el Imperio se dividió entre sus
numerosos hijos y se debilitó. Más aún, en 454 los germanos, que ya habían aprendido
todas las novedades bélicas traídas por los hunos, se rebelaron tan pronto como les llegó la
noticia de la muerte de Atila, y el Imperio Huno se disolvió en la nada. Muchos de sus
ministros y soldados germanos, principalmente ostrogodos, terminaron en las filas de los
ejércitos romanos. Los hunos habían arrastrado consigo a los búlgaros, un pueblo asiático
que originariamente había estado asentado junto al Volga (es muy probable que "búlgaro"
venga de "Volga"). Los búlgaros se asentaron a orillas del Danubio, donde antes habían
estado los visigodos. Allí se mezclaron con pueblos eslavos, que, libres de la opresión
ostrogoda, habían iniciado un proceso de expansión que los llevó tanto hacia el Este (hacia
la actual Rusia) como hacia el Sur, hacia los Balcanes. Los búlgaros adoptaron la lengua y
las costumbres eslavas, por lo que al cabo de un tiempo se convirtieron en la práctica en un
pueblo eslavo.

También fue el año en que murió Eutiques, pero el monofisismo le iba a sobrevivir por
mucho tiempo.

Tras su enfrentamiento con Atila, la fama de León había crecido como la espuma hasta
convertirse casi en una leyenda viva. En sus primeros años, la lengua del cristianismo era el
griego, y los primeros cristianos que llegaron a Italia importaron la costumbre de
llamar papas (padres, en griego) a los sacerdotes. Durante el siglo III el término "papa" se
usaba en Italia para referirse a los obispos, pero ahora León estaba dejando de ser "el papa
de Roma" para convertirse en "el papa", por antonomasia. No es una mera cuestión de
lenguaje: en contraste con la situación en Oriente, donde los patriarcas de Constantinopla y
Alejandría se declaraban mutuamente herejes a la mínima ocasión, ahora en Occidente el
papa no tenía rival. León recuperó para sí el título de pontifex maximus, que habían usado
los emperadores romanos, y desde entonces el papa tiene el tratamiento de sumo
pontífice. León carecía de la cultura teológica de san Ambrosio o san Agustín, su doctrina
era meramente moral, pero se daban las circunstancias para aspirar a convertirse en la
cabeza de la Iglesia Católica, y así lo hizo. En realidad, el uso de "papa" como sinónimo de
"obispo de Roma" o cabeza de la Iglesia en Occidente no se consolidó hasta varios siglos
después, pero puede considerarse a León como el primer papa en el sentido estricto de la
palabra, y a partir de este momento llamaremos así a los obispos de Roma. De hecho León
es recordado como san León I Magno, el padre del papado.
El visigodo Teodorico II se mostró fiel al Imperio Romano. El pacto entre el Imperio y el
Reino de Tolosa fue renovado y los visigodos vieron aumentado su territorio. Aecio estaba
en la cúspide de la fama, y se las arregló para concertar un matrimonio entre su hijo
y Placidia, la hija de Valentiniano III. El emperador no sólo no estaba conforme, sino que
algunos cortesanos le metieron en la cabeza que Aecio pensaba asesinarlo tras la boda, para
convertir a su hijo en emperador. Valentiniano III hizo un viaje a Roma, donde Aecio fue a
verlo sin escolta alguna (era arrogante y no temía nada de un mentecato como
Valentiniano), pero el emperador sacó repentinamente su espada y se la clavó al general.
Otros cortesanos terminaron el trabajo.

En 455 Valentiniano III ofendió a la esposa de un patricio romano llamado Petronio


Máximo, que pronto encontró una ocasión para matar al emperador y sustituirlo en el
cargo. Poco después murió su esposa y obligó a Eudoxia, la viuda de Valentiniano, a
casarse con él. Eudoxia decidió pedir ayuda al hombre más poderoso de Occidente: el
vándalo Genserico. Su reino no era muy poderoso en tierra firme, pues los mauritanos
dominaban la mayor parte de lo que habían sido las posesiones romanas en África, pero su
debilidad en tierra quedaba compensada con su flota, con la que ejercía la piratería por el
Mediterráneo. No necesitó que Eudoxia le repitiera la invitación. Al poco tiempo sus barcos
estaban en la desembocadura del Tíber. Máximo trató de huir, pero fue asesinado por la
multitud que trató así de aplacar a Genserico. Los vándalos entraron en Roma, como medio
siglo antes habían entrado los visigodos. Sin embargo, ahora la situación fue distinta. Los
visigodos dejaron a Roma prácticamente intacta, mientras que los vándalos la saquearon.
Durante dos semanas, los hombres de Genserico revolvieron Roma hasta acumular cuanto
de valor pudieron encontrar y se lo llevaron a África.

Los historiadores posteriores se complacieron en denunciar la crueldad de los vándalos en


el saqueo de Roma, hasta el punto de que hoy en día la palabra "vándalo" se usa para
denominar a quien comete destrozos y actos violentos. Sin embargo, parece ser que la fama
no se corresponde con la realidad. Ciertamente, los vándalos expoliaron Roma, pero en su
"trabajo" no recurrieron a la violencia gratuita, sino que el saqueo de Roma fue mucho
menos cruento que cualquier otro saqueo cometido en la historia por muchos otros pueblos
"civilizados", como los griegos y los propios romanos. Así lo reconocen indirectamente los
historiadores cuando atribuyen al papa León I el mérito de que los vándalos causaran daños
mínimos. Si ciertamente fue mérito suyo, lo cierto es que poco más podía lograr, pues para
el pagano Atila León I era un poderoso sacerdote, mientras que para el arriano Genserico
no era más que un hereje. Genserico se llevó consigo a Eudoxia y a sus hijas, y a una de
ellas, que se llamaba también Eudoxia, la casó con su hijo Hunerico.

Un historiador galo llamado Cayo Solio Sidonio Apolinar, que tendría unos veinticinco
años cuando Genserico entró en Roma, elaboró una teoría no muy científica sobre el
suceso, pero que consiguió cierta fama: Según la tradición Roma fue fundada por Rómulo,
para lo cual previamente discutió con su hermano Remo el lugar propicio para edificarla.
Resolvieron la cuestión consultando a las aves: Rómulo divisó doce, mientras que Remo
sólo seis. Luego se dijo que las aves representaban siglos, de modo que una Roma fundada
por Remo habría durado sólo seis siglos (lo que significa que habría caído en manos de
Aníbal), mientras que la Roma de Rómulo tenía que durar doce siglos. El saqueo de Roma
se produjo el año 1208 a. u. c., es decir, apenas doce siglos después de la fundación de la
ciudad. "Ahora, Roma, ya conoces tu destino", escribió Sidonio Apolinar.

Genserico se apoderó con su flota de Córcega, Cerdeña y las Baleares, y desde estas
posiciones tenía a Italia a su merced.

En la India murió el rey Kumaragupta I, que fue sucedido por Skandagupta. Llevó a cabo
una victoriosa campaña contra los hunos, si bien el coste económico fue elevado y tuvo que
reducir la proporción de oro en las monedas.

Tras la muerte de Valentiniano III, un general romano de origen galo llamado Marco
Mecilio Avito logró el apoyo de Teodorico II (del cual había sido preceptor) y se proclamó
emperador. Requiario, el rey suevo, se negó a reconocer este nombramiento e invadió el
noreste de Hispania, que pertenecía al Reino de Tolosa. Teodorico salió a su encuentro y lo
derrotó en varias ocasiones, hasta que finalmente lo ejecutó en 456. El desastre hizo
turbulenta la sucesión de Requiario. Finalmente se hizo con el trono Maldra, pero tuvo que
luchar contra otros dos pretendientes.

En vista de las circunstancias, Marciano reconoció a Avito como emperador, pero no hizo
lo mismo Ricimero, un general romano de origen suevo, que no sentía ninguna simpatía
hacia un amigo del rey visigodo que había destrozado a los suevos. Ese mismo año expulsó
de Córcega a la flota vándala, y todo aquel que infligiera una derrota a los odiados vándalos
se volvía favorito de Roma. Así Ricimero pudo deponer a Avito, el cual no tuvo más
remedio que abdicar.

Ricimero no podía proclamarse él mismo emperador, pues era arriano y nunca habría sido
aceptado. En su lugar puso en el trono a otro general llamado Flavio Julio Valerio
Mayoriano, aunque el auténtico gobernante fue Ricimero.

En 457 Maldra había acabado con sus rivales, pero Teodorico II envió un ejército contra él,
pues apoyaba a uno de éstos, que era godo. Los visigodos se apropiaron así de algunos
territorios más en Hispania, y Teodorico II realizó un reparto de tierras, pero entonces le
llegó la noticia de la caída de Avito y, tras sufrir una derrota ante Maldra, llamó a sus
soldados de nuevo a la Galia para lanzarlos contra Ricimero. Mayoriano trató de reconstruir
el Imperio de Occidente, enfrentándose a los visigodos y a los vándalos.

Tras la muerte de Meroveo, Childerico I, probablemente hijo suyo, se convirtió en rey de


los francos. El general romano Egidio contuvo sus intentos de expansión.

Ese mismo año murió el emperador Marciano. El hombre más poderoso del Imperio era
Aspar, y en otros tiempos se habría convertido inmediatamente en emperador, pero era
arriano y eso lo excluía rotundamente, pues jamás habría contado con la aprobación de la
ciudadanía. Aspar se apresuró a buscar a un católico que pudiera poner en el trono, y
finalmente se decidió por un general que se convirtió en León I. Por primera vez, fue el
patriarca de Constantinopla quien coronó al emperador, y se inició así una tradición que se
prolongaría durante siglos. Primero era el Senado el que designaba a los emperadores,
luego fue el ejército y ahora era la Iglesia. Se asentaba así una idea ya esbozada por
Constantino I: el emperador era emperador por la gracia de Dios. León I aumentó las
atribuciones del patriarca de Constantinopla.

También murió el rey persa Yazdgard II, que fue sucedido por su hijo Firuz. El nuevo rey
decidió proteger a los nestorianos, pues comprendió que unos herejes perseguidos por el
Imperio Romano serían súbditos fieles. Paulatinamente, los cristianos de Persia y Armenia
fueron adoptando el nestorianismo.

En 458 el rey suevo Maldra devastaba Lusitania, mientras su hijo Remismundo se hacía
fuerte en el noroeste de Hispania (en Galaecia, la actual Galicia). Teodorico II envió a
Hispania al duque Cirilo para tratar de contener a los suevos, pero el grueso de su ejército
se concentraba en la Galia, contra Ricimero. Puso sitio a Arles, pero en 459 Egidio le
infligió una derrota y tuvo que desistir. De hecho, Mayoriano había tenido un éxito poco
antes contra la flota de Genserico y planeaba atacar África. Teodorico II pensó que le
convendría más aliarse con Mayoriano contra los vándalos en vez de batallar contra el
Imperio. Sin embargo, en 460 Genserico logró tomar por sorpresa a la flota romano-goda,
reunida en Cartagena, y la destruyó.

Ese año murió el rey suevo Maldra, y se inició una larga disputa por el trono entre su hijo
Remismundo y un primo de éste llamado Frumario. Se sospecha que Frumario había
asesinado a Maldra.

Al norte de China, los Yuan-Yuan sometieron a vasallaje al reino de Wei.

En 461 murió el papa san León I, y fue sucedido por Hilario, que había sido el principal
ayudante de su antecesor. Había sido su representante en el II concilio de Éfeso, donde se
condenó a san León I y se reivindicó el monofisismo. El nuevo papa volvió a condenar
tanto el monofisismo como el nestorianismo. También combatió el arrianismo de los
soldados germanos en Italia.

También murió san Patricio, o St. Patrick, como llaman actualmente los irlandeses al
santo patrón de su país. No es posible decir qué progresos realizó exactamente en la isla,
pero lo cierto es que unas décadas después florecían los monasterios.

Tras la derrota que el emperador Mayoriano había sufrido ante los vándalos, su prestigio se
vio seriamente dañado. Tal vez Ricimero vio signos de que la mancha pudiera salpicarle a
él también, así que obligó a Mayoriano a abdicar. A los cinco días el exemperador murió
misteriosamente, quizá envenenado. En su lugar Ricimero colocó a Libio Severo, un
italiano al que no permitió hacer nada relevante. Sin embargo, la sucesión no fue tan fácil.
En primer lugar, el emperador de Oriente, León I, aspiraba a reconquistar el Imperio de
Occidente, y para ello necesitaba tener como emperador a su propio títere, no a uno de
Ricimero. Su candidato era Antemio, yerno de Marciano, y su forma de presión consistió
en no reconocer como legítimo a Severo.

En segundo lugar, el vándalo Genserico tenía también un candidato a emperador. Se trataba


de Anicio Olibrio, el marido de Placidia, una de las hijas de Valentiniano III que el
vándalo se había llevado como rehén tras saquear Roma. Su forma de presión consistió en
devastar las costas italianas durante varios años.

En tercer lugar estaba el visigodo Teodorico II, que también quiso tomar partido en la
decisión, pero Agripino, un general romano, le cedió en 462 la Galia Narbonense a cambio
de que aceptara la autoridad de Severo. Teodorico II aceptó, Severo ratificó la donación y
así el Reino de Tolosa tuvo por primera vez salida al Mediterráneo. Ese año Teodorico II
firmó una alianza con el suevo Remismundo, en la que se repartieron Hispania. Luego trató
de expandir su reino hacia el norte, pero le frenó Egidio en 463, que era rival de Agripino.

En 464 murió Egidio, y su hijo Afranio Siagrio se convirtió en gobernador de la parte de la


Galia que aún dominaban los romanos. Remismundo obtuvo una victoria definitiva sobre
su primo Frumario que lo confirmó como rey de los suevos. Entonces ratificó la alianza que
había establecido dos años atrás con Teodorico II.

En 465 murió el emperador Severo y Ricimero aceptó la propuesta del otro emperador,
León I, y así Antemio se convirtió en emperador. Siagrio dejó de reconocer la autoridad
imperial y sus dominios en la Galia se convirtieron en un Estado independiente, el último
reducto de la población romana en la región. En 466 Ricimero se casó con la hija de
Antemio. Teodorico II fue asesinado por su hermano Eurico, que se convirtió en el nuevo
rey de los visigodos. En 468 rompió la alianza con Remismundo y extendió sus dominios
en Hispania hasta arrinconar a los suevos en Galaecia. Remismundo murió ese mismo año.
El reino suevo siguió existiendo, pero apenas se tienen datos sobre lo que fue de él en este
periodo. Luego Eurico rompió también los vínculos con el Imperio Romano e inició una
expansión por la Galia.

Tras la muerte de san Hilario, fue elegido papa Simplicio, que se enfrentó al emperador
León I y al patriarca de Constantinopla, pues se decantaron hacia el monofisismo.

Los ataques de Genserico arreciaban, y ya no se limitaban a Italia, sino que alcanzaron el


Peloponeso. León I se propuso acabar con él, para lo cual preparó una gigantesca flota de
más de mil naves. La puso bajo el mando de Basilisco, hermano de la
emperatriz Verina, que no estuvo a la altura de la misión. Empezó bien, pues en 469 logró
expulsar a los vándalos de Cerdeña, y luego desembarcó cerca de Cartago. Pero apiñó todos
los barcos de forma que apenas podían maniobrar, y por la noche no dispuso una vigilancia
adecuada. Durante la noche, Genserico envió barcos en llamas a la deriva contra la flota
romana, que fue completamente destruida. Las tropas imperiales tuvieron que huir como
pudieron. En 470 Genserico no tuvo dificultades para apropiarse de Sicilia.

Tras la muerte del rey burgundio Gundicaro, sus hijos Chilperico, Godegiselo,
Gundebaldo y Gundemaro se disputaron la herencia. Los ostrogodos, conducidos por su
jefe Teodomiro, entraron en Mesia y en los Balcanes, sembrando el caos durante varios
años.

En 470 llegó a Constantinopla el manto de la Virgen María, y desde entonces las iglesias y
monasterios empezaron a llenarse con reliquias marianas.
Mientras en Occidente los germanos eran los únicos que podían sostener el ejército
imperial, en Oriente León I se encontró con una alternativa. Al sur de Asia Menor había
una agreste región llamada Isauria, cuyos habitantes eran lo suficientemente aguerridos
como para resistir a los germanos. Paulatinamente León I fue formando una escolta
personal de guerreros isaurios bajo la jefatura de Zenón. Para asegurarse su fidelidad le dio
a éste la mano de su hija Ariadna. En 471 actuó rápidamente, hizo arrestar a Aspar, que al
parecer trataba de convertir en emperador a su propio hijo, y poco después lo ejecutó. Se
produjo un enfrentamiento entre los isaurios y los hombres de Aspar (fundamentalmente
ostrogodos). Los germanos fueron desarmados y exiliados. A partir de entonces
Constantinopla se defendió con tropas nativas, y durante varios siglos no necesitó recurrir a
mercenarios.

Los ostrogodos exiliados de Constantinopla se unieron a los ostrogodos de Teodomiro, que


seguían asolando el norte del Imperio de Oriente. Entre ellos estaba Teodorico, hijo de
Teodomiro, que tendría entonces unos diecisiete años y había permanecido en
Constantinopla desde los siete como rehén.

En 472 Ricimero culpó a Antemio de la derrota en Cartago (pues el Imperio de Occidente


también había participado en la expedición), lo depuso y pactó con Genserico la elección de
Olibrio como nuevo emperador. Sin embargo, tanto Olibrio como Ricimero murieron ese
mismo año. También murió Eudoxia, la hija de Valentiniano III que Genserico había
casado con su hijo. Unos años antes Genserico había decretado una persecución contra los
católicos y Eudoxia se las arregló para huir a Jerusalén.

Gundebaldo, uno de los aspirantes al trono burgundio, era sobrino de Ricimero, y trató de
sustituir a su tío como auténtico gobernante del Imperio Romano de Occidente. Para ello
eligió su propio emperador-títere en 473: un soldado llamado Flavio Glicerio.

Ese año murió el jefe ostrogodo Teodomiro y dos Teodoricos se disputaron la sucesión.
Uno era el hijo de Teodomiro, conocido como Teodorico el Joven, o Teodorico el
Amalo (los Amalos eran una de las familias más prestigiosas de la aristocracia ostrogoda) y
el otro es conocido como Teodorico el Viejo, o también Teodorico el Bizco. Éste último
arreció los ataques contra el Imperio Romano de Oriente, y pronto León I hizo un pacto con
él: lo nombró "rey de los godos" y "magister militum" y permitió que los ostrogodos se
asentaran en territorios del Imperio (los que ya estaban ocupando de hecho). En otras
palabras, Teodorico el Viejo hizo las paces a cambio de que el Imperio lo apoyara como rey
de los ostrogodos frente a su rival Teodorico el Joven.

En 474 murió León I, el emperador del Imperio Romano de Oriente. El general isaurio
Zenón había tenido un hijo con su esposa Ariadna, la hija del emperador, y éste lo había
designado heredero. Se llamaba León, como su abuelo, pero sólo fue León II durante unos
meses, ya que murió poco después de ser proclamado emperador. Tras su muerte hubo dos
aspirantes a emperadores que lucharon entre sí: el propio Zenón y Basilisco, el general que
había dirigido la fallida expedición contra Genserico, cuñado de León I y tío de León II.
Ambos buscaron la ayuda de los ostrogodos. Basilisco logró la de Teodorico el Viejo y, por
consiguiente, Teodorico el Joven apoyó a Zenón.
La alianza con Zenón sirvió para que Teodorico el Joven fuera reconocido ese mismo año
como rey de los ostrogodos. Al mismo tiempo, Zenón logró instalar su propio emperador-
títere en el Imperio de Occidente: Flavio Julio Nepote, que expulsó a Glicerio. Firmó una
paz con el rey visigodo Eurico a cambio de cederle nuevos territorios.

Genserico perdió Sicilia a manos de Odoacro, un oficial romano de origen hérulo cuyo
padre había sido ministro de Atila. Tras el desmembramiento del Imperio Huno había
ingresado en las legiones romanas.

En 475 los soldados se levantaron contra Julio Nepote y lo derrocaron. La insurrección la


dirigía un romano llamado Orestes, que había llegado a ser secretario de Atila, tras la
muerte del cual había ingresado en el ejército romano. Nepote tuvo que huir. Orestes
convirtió en emperador a su hijo de catorce años Rómulo Augusto. Los nativos italianos
comprendían que los últimos emperadores eran sólo una farsa, y en el caso de Rómulo lo
pusieron de manifiesto refiriéndose a él con el diminutivo burlesco Rómulo Augústulo, y
así es como lo recuerda la historia.

Con la ayuda de su hermana, Basilisco logró expulsar a Zenón del trono, pero pronto se
hizo impopular y éste no tardó en recuperarlo gracias al apoyo de los isaurios.
En 476 encerró a Basilisco en una torre, donde murió de hambre. Zenón adoptó a
Teodorico el Joven, y le concedió todos los títulos que Teodorico el Viejo había recibido de
León I.

Hacía ya tiempo que el Zeus Olímpico de Fidias había sido retirado de su altar. Ahora un
incendio hizo que se perdiera para siempre.

Nuevamente, los mercenarios germanos en Italia se amotinaron, pues Orestes no les


concedió las tierras que les había prometido. Se agruparon bajo la dirección Odoacro, que
capturó a Orestes y lo hizo decapitar. El 4 de septiembre de 476 depuso a Rómulo
Augústulo, que fue confinado en una villa y desde ese momento no se tiene noticia de él.

Odoacro no se molestó en nombrar otro emperador. En su lugar envió las insignias


imperiales a Zenón, que lo nombró patricio y lo "nombró" gobernador de Italia. Los
historiadores consideran el derrocamiento de Rómulo Augústulo como la caída del Imperio
Romano (de Occidente). Este hecho marca el fin de la llamada Edad Antigua y el comienzo
de la Edad Media. Naturalmente se trata de un mero convenio, pues en el momento nadie
notó ningún cambio. De hecho, Zenón nunca había reconocido a Rómulo Augústulo como
emperador, sino que, oficialmente, el emperador de Occidente seguía siendo Julio Nepote,
exiliado en Iliria.
No obstante, Zenón comprendía la gravedad de la situación e inició una política
de alianzas. A cambio de ciertas concesiones, reconoció a Genserico como
gobernante de África, Sicilia, Córcega, Cerdeña y las Baleares. Igualmente, el
visigodo Eurico vio reconocidas sus posesiones, que incluían toda la península
ibérica y buena parte de la Galia. (En realidad el reino suevo todavía existía en
un rincón de Hispania, pero era débil y aceptó la dominación visigoda.) Por esta
época (tal vez unos años antes), se publicó el llamado Código de Eurico, el más
antiguo de los códigos legales germanos. Sólo afectaba a los visigodos, y no a la
población nativa de su reino, que seguía regida por sus tradiciones y las leyes
romanas. El código regulaba herencias, matrimonios, etc. El reino visigodo era
ahora la mayor potencia de Occidente. Su capital había pasado de Tolosa a
Burdeos.

En 477 murió Genserico y fue sucedido por su hijo Hunerico, que aumentó la persecución
del catolicismo en el reino vándalo.

En 479 la dinastía Song de emperadores Chinos fue derrocada por la dinastía Qi.

El poder cada vez mayor del rey ostrogodo Teodorico el Joven preocupaba al emperador
Zenón, que decidió apoyar a Teodorico el Viejo. Los dos Teodoricos volvieron a
enfrentarse. Mientras tanto murieron Chilperico y Gundemaro, dos de los cuatro hermanos
que aspiraban al trono burgundio, y en 480 Gundebaldo fue proclamado rey. Su hermano
Godegiselo quedó como gobernador de una parte del reino, con capital en Ginebra. Ese año
murió asesinado Julio Nepote, con lo que definitivamente ya no había emperador romano
de Occidente. Sin embargo, esto no significaba que el Imperio hubiera desaparecido.
Oficialmente, el Imperio Romano volvía a estar unido bajo un solo emperador: Zenón.
Debemos tener presente que los invasores germanos eran relativamente pocos en
comparación con la población nativa de los territorios que conquistaron. Por ejemplo, se
estima que los bárbaros que entraron en la península ibérica no llegaban a los ciento
cincuenta mil. Además no se mezclaron con los nativos, en parte porque valoraban las
diferencias de clase, en parte por las diferencias de religión (la aristocracia era arriana, el
pueblo católico). Ciertamente eran buenos guerreros y la población civil estaba indefensa,
por lo que no tuvieron dificultades en convertirse en una aristocracia dominante, pero en
tales circunstancias era importante para ellos que el pueblo los viera como gobernantes
legítimos, por lo que, siempre que pudieron, los germanos buscaron de una u otra forma
que el Imperio reconociera y legitimara su autoridad. También hay que apuntar que la
mayoría de los gobernantes bárbaros no eran realmente tan bárbaros, sino que admiraban la
cultura romana y no trataban de destruirla, sino de formar parte de ella (en una posición
privilegiada, eso sí).

En la India murió el rey Skandagupta, y fue sucedido por su hijo Narasimhagupta, quien
no tuvo el mismo éxito que su padre contra los hunos.

En 481 Teodorico el Viejo se rebeló contra Constantinopla y trató de tomarla, pero no pudo
con sus murallas.

Tras la muerte de Childerico I, el nuevo rey franco pasó a ser su hijo de quince
años, Clodoveo I.

El monofisismo contaba cada vez con más partidarios, sobre todo en Siria y Egipto. En
vista de ello, el patriarca de Constantinopla, que a la sazón era Acacio, instó a Zenón a que
mediara en la polémica entre católicos y monofisitas y en 482 el emperador promulgó un
edicto con una fórmula que en teoría debería ser aceptada por ambas partes y poner fin a la
división de la Iglesia, pero el edicto eludía los aspectos más conflictivos y no satisfizo a
nadie.

En 483 murió el papa san Simplicio, y fue sucedido por Félix (Félix III, o Félix II para los
que prefieren no contar como papa al obispo de Roma arriano nombrado por Constancio).
El nuevo pontífice condenó el decreto de Zenón sobre el monofisismo, y se atrevió nada
menos que a excomulgar tanto al emperador como al patriarca de Constantinopla.

En 484 los hunos invadieron de nuevo el Imperio Persa, y su rey Firuz murió al hacerles
frente. Se inició así un periodo de anarquía en el Imperio. Ese año murió Teodorico el
Viejo, todavía empeñado en tomar Constantinopla. Su muerte permitió una expansión a los
ostrogodos de Teodorico el Joven.

Al vándalo Hunerico le sucedió Guntamundo, que continuó las persecuciones contra los
católicos. También murió el rey visigodo Eurico, que fue sucedido por su hijo Alarico II.

En realidad, el rey franco Clodoveo (al igual que sus ascendientes) gobernaba únicamente a
una pequeña parte de los francos, los llamados francos salios, porque originariamente
habían habitado a orillas del río Salia, una de las corrientes que forman el delta del Rin. El
resto de los francos eran conocidos como francos ripuarios, y su rey era Sigeberto. El joven
rey apeló al orgullo nacional de los francos para combatir a Siagrio, al que llamaba "rey de
los romanos". Es frecuente referirse a sus dominios como el Reino de Soissons, pues ésta
era su capital. En 486 Clodoveo derrotó a Siagrio en la batalla de Soissons, con lo que
triplicó la extensión de su reino. Siagrio se refugió en la corte de Alarico II, pero Clodoveo
intimidó al rey visigodo y logró que le entregara a Siagrio, al que ejecutó poco después.

El ostrogodo Teodorico constituía una amenaza cada vez más seria para el Imperio
Romano, pero Zenón encontró una forma de deshacerse de él. Lo convenció para que
arrebatara Italia a Odoacro y la convirtiera de nuevo en parte del Imperio. Italia era
ciertamente una buena presa, así que Teodorico aceptó encantado. Partió con su pueblo en
otoño de 488 y en 489 venció a Odoacro en Isonzo y meses después en Verona. Se instaló
en Ticinum (Pavía), donde recibió refuerzos visigodos. Salió de la ciudad en 490 y derrotó
de nuevo a Odoacro, que tuvo que refugiarse tras las murallas de Ravena. El Senado
romano se puso de parte de Teodorico.

En 491 murió Zenón. Como no había un sucesor claro, su viuda Ariadna se casó con un
funcionario de finanzas que tenía fama de honrado y gozaba de popularidad ante el pueblo.
Así se convirtió en Anastasio I. Se cuenta que durante su coronación le gritaron "que reine
como ha vivido". Así lo hizo, pues mejoró sustancialmente la administración hasta el punto
de que se pudo permitir una bajada de impuestos sin deteriorar el funcionamiento del
Estado. En materia religiosa Anastasio se decantó por el monofisismo, lo cual era acertado,
pues se trataba de la versión del cristianismo que más partidarios tenía en los territorios que
gobernaba. Así confirmó la ruptura con Roma promovida por el papa Félix III.

San Félix III murió en 492 y fue elegido papa Gelasio I, que combatió a los maniqueos,
pelagianos y arrianos. Defendió la supremacía de la Iglesia Católica Romana y negó toda
preeminencia al patriarca de Constantinopla. También insistió en que el emperador no tenía
ninguna legitimidad para intervenir en asuntos religiosos. Se le recuerda sobre todo por
el decreto gelasiano, que distinguió entre los escritos canónicos y los apócrifos.

En 493 Teodorico el Joven prometió a Odoacro que se repartirían Italia entre ambos si se
rendía, éste accedió y poco después fue asesinado por orden del ostrogodo. Éste se
convirtió así en Teodorico I, rey de un nuevo reino que comprendía todos los dominios de
Odoacro. No obstante, los ostrogodos no ocuparon Italia, sino que se situaron únicamente al
norte del Po y no entraron en contacto con la población del sur. Teodorico admiraba la
civilización romana, por lo que respetó su administración y sus leyes. La combinación entre
la administración romana con el ejército ostrogodo hicieron su reino prácticamente
indestructible. La capital fue establecida en Ravena.

Teodorico estableció una política de alianzas matrimoniales con los otros reyes germánicos.
Ese mismo año se casó con Audofleda, hermana de Clodoveo, adoptó al rey de los hérulos
y fue casando a sus hijas y sobrinas con los reyes de los visigodos, los vándalos, los
burgundios y los turingios. (Los turingios eran un pueblo germano que constituyó un reino
al este del Rin tras la caída del Imperio de Atila.)

A estas alturas Clodoveo había logrado la lealtad del otro rey franco, Sigeberto. El siguiente
paso en su política expansiva era someter a los alamanes, pero antes de crearse un enemigo
es conveniente entablar buenas relaciones con sus vecinos, así que Clodoveo se casó
con Clotilde, hija de Chilperico, sobrina del rey burgundio Gundebaldo. Este matrimonio
tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de los cálculos de Clodoveo. En efecto,
Clodoveo era pagano, mientras que Clotilde era cristiana. Más aún, Clotilde era católica. El
hecho de que fuera católica en vez de arriana había sido irrelevante mientras sólo era una
princesa burgundia sin ninguna influencia, pero ahora se había convertido en la esposa de
un rey poderoso. Clotilde trató por todos los medios de persuadir a su marido para que se
convirtiera al catolicismo, pero no tuvo mucho éxito. Cuando tuvo su primer hijo, logró al
menos el permiso para bautizarlo, pero el niño murió poco después. Más tarde Clotilde tuvo
un segundo hijo, y sólo después de considerables discusiones consiguió que Clodoveo
aceptara bautizarlo. Este segundo hijo enfermó y, mientras Clodoveo maldecía el bautismo,
el catolicismo y la Santísima Trinidad, Clotilde rezaba por la vida de su hijo. El niño se
recuperó y Clodoveo quedó impresionado por el increíble poder curativo de la oración.

Estos incidentes acabaron con los prejuicios de Clodoveo hacia el catolicismo y Clotilde
logró interesarlo por su religión. Probablemente fue ella quien le explicó la diferencia entre
católicos y arrianos, que los visigodos, los burgundios y los ostrogodos eran arrianos,
mientras que el pueblo que dominaban era católico, y que, aunque la diferencia pareciera
tan nimia que sólo unos chiquillos sin juicio podrían discutir por algo así, en realidad era
una cuestión trascendental, de la que dependía la salvación o la condenación eterna, y que,
consecuentemente, unos y otros estarían dispuestos a morir por mantenerse fieles a sus
creencias. Tal vez le habló de Constantino el Grande y Teodosio el Grande... El caso es
que, de un modo u otro, el astuto rey comprendió finalmente lo importante que era para su
futuro convertirse al catolicismo, si bien no debía de estar pensando en lo mismo que su
piadosa reina.

En 496 los alamanes se vieron amenazados por Teodorico I y decidieron invadir el


territorio franco. Era más de lo que Clodoveo hubiera podido desear, ahora podía
combatirlos con la excusa de la defensa propia. La batalla fue dura, pues los alamanes eran
tan rudos como los francos. Sin embargo Clodoveo obtuvo la victoria y tras ella se apresuró
a anunciar que antes de la batalla había hecho un trato con el Cielo: si el dios de su mujer le
concedía la victoria, no sólo él, sino todo su pueblo sería convertido al cristianismo
(católico, por supuesto). Antes de que terminara el año, Clodoveo y tres mil de sus soldados
fueron bautizados por Remigio, el obispo de Reims, en una grandiosa ceremonia. Desde
ese momento Remigio se convirtió en consejero del rey en materia de religión y se encargó
de organizar el clero católico entre los francos.

En realidad sólo unos pocos francos salios se convirtieron al catolicismo, mientras que los
francos ripuarios siguieron siendo paganos (y adoptaron la costumbre de martirizar a los
misioneros cristianos que se aventuraban en sus tierras). Esto aumentó las diferencias entre
los dos grupos de francos: los francos salios no tuvieron inconveniente en mezclarse con la
población nativa y pronto su lengua pasó a ser el latín. En cambio, los francos ripuarios
conservaron su lengua germánica y nunca perdieron el contacto con los germanos bárbaros
situados más hacia el oeste. De todos modos, para los planes de Clodoveo era suficiente
con que la religión oficial de los francos fuera la católica.
El clero del reino visigodo celebró la noticia, para espanto de Alarico II, que de la noche a
la mañana había visto convertidos en potenciales traidores a los incontables sacerdotes
católicos de sus dominios, precisamente los hombres que más influencia tenían sobre sus
súbditos. Inició una dura represión contra los católicos. Muchos obispos fueron expulsados
del reino. Por otra parte, la nobleza visigoda empezó a sentirse insegura en la Galia, y una
buena parte de ella se trasladó a Hispania, donde para instalarse allí tuvo que requisar
tierras que aún seguían en poder de familias romanas.

Ese mismo año murió san Gelasio I y fue elegido papa Anastasio II, que decidió
restablecer los lazos entre Roma y Constantinopla. También murió el rey vándalo
Guntamundo y fue sucedido por Trasamundo. Poco después se casó con Amalafrida, la
hermana de Teodorico I. Trasamundo era culto, aficionado a la poesía, y también era
teólogo (arriano, por supuesto). Tuvo problemas con los mauritanos.

En 497 Teodorico I logró que el emperador Anastasio I lo reconociera como gobernador


legítimo. En 498 murió el papa Anastasio II (el segundo papa que no ha sido reconocido
como santo) y se entabló una disputa sobre su sucesión. Una facción eligió
a Símaco, mientras que otra apoyó a Lorenzo. La disputa se prolongó durante varios años.

En 500, un grupo de emigrantes escotos partió del reino de Dalriada, en el norte de Irlanda,
conducidos por Fergus Mor, y se asentaron en las costas occidentales de Caledonia. El
territorio que ocuparon se consideró parte del reino, por lo que fue conocido también
como Dalriada. Aunque no eran los primeros escotos que se asentaban en Caledonia, sí
constituyen el primer territorio escoto organizado más allá de un simple régimen tribal del
que tenemos noticia.

A lo largo del siglo que ahora terminaba, el reino irlandés de Munster había pasado por su
periodo de mayor esplendor, pero poco después se dividió en dos reinos: Desmond, al norte
y Thomond, al sur. Fueron gobernados por dos ramas de la familia real de Munster,
los Eoghan Mor. Los MacCarthy reinaron en Desmond y los O'Brien en Thomond.

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