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Vida Salvaje en el Valle de Aburrá

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LA CIUDAD DEL

ⱿORRO PERRO
ENTRE LADERAS
Cae la tarde sobre Medellín. Vista de una porción de
la ladera noroccidental del Valle de Aburrá, desde Envigado.
La delicada silueta del barranquero - Momotus aequatorialis. Entre frío y niebla. Los primeros rayos del sol dibujan al gavilán caminero. Alto del Escobero, Envigado.

2 3
LA CIUDAD DEL
ⱿORRO PERRO
ENTRE LADERAS

Presencia imponente del cacique A nuestra manada,


candela - Hypopyrrhus pyrohypogaster. seguimos intentando.

4 5
Un zorro perro cruza el bosque fragmentado por tres carreteras: Las Palmas,
El Escobero y la Transversal de la Montaña, Envigado.
LA CIUDAD DEL
ⱿORRO PERRO
ENTRE LADERAS

Un proyecto de:
Conversaciones instintivas Fotografiar lo salvaje: adentrarse La ciudad indómita. Pág 22
Prólogo. Pág 11 y cotidianas. Pág 12 en la naturaleza del Valle de Aburrá. Pág 14
La incursión. Pág 62
Una barriada de ladera. Pág 84
Historias fragmentadas (ciudad cortadora). Pág 136
Aquí seguimos: los animales, nosotros. Pág 144
Recuerdos en un valle. Pág 154

Contenido
“E n los bosques del Aburrá no hay nada”. “No
pierda su tiempo”. “Lo mejor es explorar
otros sitios lejanos, remotos, fuera de Medellín”.
tigrillo lanudo, un organismo que parece que la
está pasando difícil entre episodios diarios que
acorralan, reducen y fracturan su cotidianidad.
“Un biólogo nada tiene que hacer allí”.
Pero hay sobrevivientes, o por lo menos me gusta
Ya no recuerdo cuántas veces me dijeron cosas verlos así. Hay especies que luchan por colonizar,
como estas. Aunque ahora suena absurdo, o recolonizar, algunos espacios. A pesar de las
algunas veces dudé en mis intenciones de recorrer amenazas, se arriesgan. Entre esos animales que
esos sitios. Esos bosques la mayoría de las veces cruzan la carretera, incluso, sin haber visto nunca
parecían vacíos -y aún hoy tienen esa impresión-, antes una de ellas, entre los que tragan sin saber
pero intuitivamente consideraba que me qué están comiendo, y entre los que pasan la
encontraba frente a un relicto sobreviviente de noche en la otra orilla lejos de los suyos, está en
historia indómita. ocasiones el zorro perro. Me inquieta saber
cuántos días observaron a la distancia antes
Por lo menos ahora sabemos que no, que de aventurarse.
evidentemente las laderas del Valle de Aburrá son
las áreas más diversas de la región, que incluso El peregrinaje de un organismo sobreviviente, por
pueden ser más ricas que otras áreas distantes, y ahora, y sus destinos se cuentan en este libro. Si la
que ellas aún tienen fenómenos llenos de extinción acaba con ellos y su combo, que por lo
sorpresas, testimonios de organismos que menos queden testimonios como éste,
desaparecen (antes de ser domesticados) y de documentos que recopilan y atestiguan su destino
otros que sobreviven, inexplicablemente, a los aún inconcluso.
cambios ambientales puntuales y globales.
Carlos A. Delgado Vélez
Creo que la presión sobre las áreas silvestres es
mayor, que se hace difícil vivir entre retazos de
hábitat cada vez más estrechos. Que lo diga el
Guala - Cathartes aura, poderosa carroñera surcadora de cielos.

10 11
Pensamos en un proceso errático con asuntos caminar las vías, de la incertidumbre del rebusque
inamovibles: ningún animal sería capturado o para pagar las deudas y, especialmente, de la
confinado para obtener una fotografía, solo gente, relatos, vivencias, barrios, localidades y
tendría imágenes locales desde la periferia urbana animales por los que cruzamos para
o entre sus barrios; los textos se construirían con poder terminarlo.
palabras de nuestras conversaciones instintivas y
cotidianas sobre animales y, por último, tendría Caminamos por la ciudad del zorro perro con
una esencia autogestionada para que no diferentes edades y múltiples estados de salud,
Cámara trampa o cámara de rastreo. Activadas por sensores de movimiento que permiten registrar en fotografía o existieran presiones, intereses o motivaciones entre ideas que cambiaban o se reafirmaban, con
video a los animales en su hábitat y documentar comportamientos rutinarios, desconocidos o inesperados.
diferentes a la idea de propagar instantes de otros casualidades muy precisas que definieron las
pobladores de este valle, y celebrar su consecuencias de lo vivido y aprendido. No
indescifrable combatividad entre ciudades. sabemos qué tan diferente sería este libro -o si
Conversaciones En este libro está el recuerdo de los escarpes
existiría- sin esos vínculos e interacciones pasadas
que a veces ni se recuerdan con exactitud.
instintivas y cotidianas rocosos y enmarañados por los que muchas veces
ascendimos para darnos cuenta que los equipos Gracias a los zorros del Aburrá, no son de ningún
Este es un libro construido con actitudes de animal nosotros quedaba intentarlo. Casi siempre instalados no funcionaban desde el mismo día barrio ni sector, o tal vez de todos, pero los
vagabundo: nos sentamos en unas escalas e definimos detalles mientras el bus ascendía por la que los dejamos, también de las fotos que solo riesgos, cambios y miedos del paisaje les
hicimos un listado de lugares en los que teníamos montaña o al caminar entre el ruido de la existieron en nuestra imaginación, de la pertenecen, del escarpe a la calle lo han caminado
alguna certeza sobre los animales que allí carretera. Nos perdíamos por ratos, luego incomodidad por la cantidad de baterías que y olfateado.
habitaban y los sitios que preferían para moverse. aparecíamos con intensidad y sin falta durante debíamos usar, del flash que casi perdemos en
No teníamos tiempos definidos, sabíamos que varios meses; por momentos solo quisimos otro municipio porque una pareja de zorros Proyecto Tayra
dependía de la espontaneidad salvaje y en deambular silenciosos entre los bosques. decidió llevárselo, de las requisas policiales por

12 13
Fotografiar lo salvaje:
adentrarse en la naturaleza
del Valle de Aburrá
Estos montes andinos han sido mi refugio. Cientos de vivencias en
ellos desde que era un niño han forjado en mí una especial conexión,
admiración y respeto por cada forma de vida, por la ladera escarpada,
por la niebla que acaricia los árboles y empapa de agua pura los
musgos, por la aguerrida lucha diaria de los seres que aquí habitan.

Acá he reído y llorado, he aprendido a andar el sendero de piedras


que es la vida, a confiar en mi familia y mis amigos que son manada,
que me resguardan en un abrazo como el cacique candela protege a
sus compañeros emplumados.

Cámara de fotografía convencional equipada con un sensor de


movimiento y un flash. Instalada en el bosque, captura imágenes
explicitas y cercanas de los animales en su cotidianidad.

14 15
Como fotógrafo de naturaleza, autodidacta y es para mí una noticia que fue y sigue siendo Con las llamadas cámaras trampa o de rastreo Con esta técnica se realizaron varias de las
curioso del mundo, he podido recorrer Colombia, fascinante. Al igual que esta historia me llega una importante herramienta para la fotografías del presente libro; una mirada íntima,
desde las selvas del lluvioso departamento del deslumbraba escuchar nombres que no conocía investigación de la fauna. Instaladas a baja altura, cercana, que nos pone a la misma altura del
Chocó, las planicies infinitas de los Llanos en su momento: la elusiva tayra, el armadillo o sujetas por correas a un árbol, se activan cuando protagonista en el cuadro y nos hace sentir dentro
Orientales, hasta las interminables subidas y gurre muy perseguido por los cazadores, el hay movimiento frente a ellas a través de un de su escenario, de igual a igual. En compañía de
bajadas de la irregular Cordillera de los Andes, y cusumbo renombrado como personaje solitario sensor que da la señal de capturar, en fotografía o fotografías realizadas con cámara en mano, lo
maravillarme con la gran riqueza y diversidad en la cultura local antioqueña… todas estas video, hermosas imágenes de la intimidad del aquí plasmado cuenta mi pasar veloz por este
local. Cada paisaje, cada anécdota del camino han narraciones hacían crecer mi emoción esperando bosque. En 2016 descubrí que se podía usar una valle, en compañía de los míos, e intenta rendir
dejado huella para siempre en mi manera de el día que pudiera cruzarme con alguno de estos cámara fotográfica profesional y adaptar a ella un tributo a lo que más amo: la montaña y lo salvaje.
pensar y de ver el mundo. Guardo imágenes como seres, para verlo y fotografiarlo. Pero después de sensor para registrar a los animales en su hábitat,
tesoros; ríos, cielos, plantas y, sobre todo, mucho andar fui descubriendo que observar a la mejorando mucho la calidad de imagen de los Juan Camilo Botero Correa
animales, representan un homenaje sincero de fauna local no es común y fácil como se cree, dispositivos de rastreo convencionales o cámaras
amor a la existencia misma. sobre todo con especies de mamíferos, grupo que trampa ya mencionadas; así comenzó un nuevo
siempre atrajo más mi atención. Esquivos, ellos rumbo en mi labor documental. Ha sido un
Al paso del tiempo se fortalece mi asombro e evitan la presencia humana; ágiles y rápidos trabajo largo de aprendizaje sobre la técnica, de
interés por la vida silvestre andina inmediata al desaparecen como fantasmas. Es en este punto errores y frustraciones; la niebla entra en los
lugar en que resido: el Valle de Aburrá y que comienzo a buscar alternativas para equipos y empaña los lentes, el frío descarga las
municipios periféricos como Angelópolis, documentar a animales como el tigrillo lanudo o la baterías, la humedad arruina los circuitos, ¡todo
Antioquia. Recuerdo la primera vez que leí sobre guagua de montaña, con los que un encuentro un dolor de cabeza!, pero cuando se logra una
los pumas registrados por cámaras trampa muy directo sería algo fortuito y tal vez efímero. imagen el esfuerzo vale la pena.
cerca de la ciudad de Medellín; no lo podía creer,

16 17
Plantaciones entre bosques y a veces bosques entre plantaciones
que se transformarán en áreas de expansión urbana. Paisajes
frecuentes en las laderas del Valle del río Aburrá.

19
Plantaciones de pino en las laderas; con frecuencia son utilizadas por los
zorros y otros animales silvestres para moverse, incursionar o llegar hasta
zonas de bosque nativo; así evitan áreas que pueden ser más hostiles y estar
dominadas por infraestructura y presencia humana.

20
LA
CIUDAD INDÓMITA
22 23
Zorro perro - Cerdocyon thous. Asoma justo al inicio de
la noche entre bosques y viviendas periurbanas.
Envigado, suroriente del Valle de Aburrá.

25
Ciudades entre montañas, lomas y quebradas. Vertiente occidental y oriental del río Aburrá, desde el sur.

Diez ciudades entrelazadas en un valle al norte de Los Andes, una centralidad


llamada Medellín y un río que cruza de sur a norte entre lo que parece un
barrio compacto, indistinto y habitado por cerca de cuatro millones de Antes que una “capital de la montaña”, es un tramo de
personas. Urbes entre laderas escarpadas y vida entre despojos y excesos, cordillera suramericana. Rabiosa y controlada, por momentos
entre niebla y ruido, entre caminaderos en lomas y calles asfaltadas. indómita: la ciudad del zorro perro en el Valle del río Aburrá.

26 27
Emerger
entre los barrios
Las calles y su murmullo laborioso siempre tendrán quien las entrecorte: el
bichofué que disputa el control del cableado, los estruendos de loros y
pericos que vuelan sobre techos, las piguas con sus reclamos desgarradores,
la repetitiva agudeza sonora del gavilán caminero, las tonalidades enérgicas
y melodiosas del cucarachero. En cualquier área residencial o industrial
merodea la posibilidad de encontrar lo salvaje afrontando la ciudad: nidos en
postes, búhos sobre luminarias, zorros por las esquinas, chuchas que trepan
cercas, comadrejas que asoman por desagües o alguna garza bruja que
espera que emerjan ratas del alcantarillado.

28 29
Bichofué - Pitangus sulphuratus. Omnipresente barrial. Su poderío sonoro entremezclado con los
ruidos de madrugadas, conversaciones, ventas callejeras y construcciones.
30 31
El gavilán caminero sobrevuela la ciudad de
Medellín desde El Volador, cerro que se levanta en
la zona céntrica del Valle de Aburrá.

32 33
Gavilán pollero, caminero o grillero
- Rupornis magnirostris. Rapaz de vocalización
punzante, frecuente e inconfundible.

34
Pigua - Milvago chimachima. Va al asfalto de las vías cuando quiere ser
carroñera, y llega a los techos, antenas y copas de árboles cuando
decide ser cazadora o buscadora de nidos.

36
Una familia de tití gris mira con curiosidad a la cámara.
“somos los mismos, pienso al ver su mirada penetrante”.
El Salado, Vereda El Vallano, Envigado.

38
Medellín, donde en 1877 fue descrito el tití gris - Saguinus leucopus,
es la ciudad que se encargó de restringir y diezmar las poblaciones
locales de este primate; y es la misma que con el tiempo trajo
individuos desde otros lugares y los dispersó entre barrios del
noroccidente, nororiente y suroriente del Aburrá.

Tití gris - Saguinus leucopus. Usa el cableado eléctrico


para moverse entre parches de bosque.

41
Ahora, un grupo tiene como refugio el campus
de la Universidad de Antioquia; ingresan en
salones, curiosean por las ventanas, tienen
plazoletas y oficinas como áreas de rebusque.
Saben moverse, cuidarse y nacer entre árboles
dispersos, murales, entejados, agite estudiantil,
gases lacrimógenos y estallidos.

Un primate distribuido desde el norte de Tolima


al sur de Bolívar. No está en otro lugar del
mundo, como tampoco lo vivido por este clan de Entejados y salones de la Universidad de Antioquia.
universidad pública. Comuna 4, Aranjuez, nororiente de Medellín.

43
Los primates diurnos del Aburrá suroriental.
El Salado, Vereda El Vallano, bordes de Envigado.

45
En esta ciudad vimos las movidas a contracorriente del coquito:
de norte a sur del Aburrá, del valle a la ladera. Sus llegadas a las
canchas y parques que las lluvias encharcan, sus anidadas en
guaduales barriales y el rebusque, en quebradas canalizadas,
entre escombros, gallinazos, costales abandonados y agua que
Coquito, también llamado ibis negro. pasa entre sus picos y patas sin que alguien conozca con
Vereda El Salado, Envigado. exactitud el contenido de lo que arrastra.

46 47
Coquito - Phimosus infuscatus. La vida del húmedo rebusque.
Alto de San Miguel, Caldas, Antioquia.
La urbe de carroñeros surcadores de laderas y
perforadores de bolsas con residuos en cualquier
barrio. Un par de aleteos y el aire de una
corriente térmica les basta para llegar donde
pocos pueden o nadie quiere. Cruzarán entre
cerros y valles, se llevarán lo que muchos
Retratos de carroñeros; detalles del plumaje y la piel del gallinazo. desearían no ver ni encontrar.

50 51
Gallinazo - Coragyps atratus. El vuelo del incomprendido desde El Faro, último barrio
ladera arriba del centroriente de Medellín, Comuna 8.

52
Desde los barrios de esta ciudad vemos la montaña sombría e hipnótica
en la que ocurrió la primera historia que escuchamos sobre los zorros
que caminaban cerca de nosotros; ese relato de lo vivido por un amigo
durante varias noches mientras estudiaba la dieta del zorro perro. Buscar
excretas de cánidos lo llevó a una historia de días y noches angustiantes
entre conflicto armado, vivencias casi espectrales del comienzo de su
largo camino junto a la historia natural del Aburrá suroriental.

Allá también surgieron las ideas vagas, y quizás ingenuas, que nos
llevaron a los intentos por relatar algo de lo que hemos encontrado y
conocido en “la ciudad del zorro perro”.

54 55
Escarpes, niebla y penumbras; los bosques surorientales del Valle del río Aburrá.

56 57
Mirla patinaranja - Turdus fuscater. Vocalizadora del alba andina.

Lagartija
- Anolis mariarum.
Reptil de montaña,
frecuente en estacones,
postes y troncos de
árboles en las márgenes
de caminos y carreteras.

Hasta los bosques surorientales ascendemos por En esa zona asfaltada conocimos el olor diverso de
las carreteras que doblegan a animales voladores, la muerte, encontramos los cuerpos de los que
trepadores, caminadores, diurnos y nocturnos, nunca llegaron o murieron esperando; sentimos a
lentos y veloces, conocidos o enigmáticos. La niebla los que no pueden verse pero intentan escucharse,
se propaga y queda suspendida en la superficie de vimos a los que rebuscan entre carreteras y que en
los vehículos que pasan, en las hojas y los troncos, ocasiones aprenden a burlarlas.
en nuestra ropa; también en las plumas, pieles,
pelos y escamas de los animales que lo intentaron.
Amaneceres andinos con cortejos a borde de vía y
lagartijas endémicas sobre los estacones que
advierten los terrenos con dueño.

58
Refugio
de sombras
Mediodía, tiempo del bosque adormecido, por momentos parece un lugar
cargado de quietud intimidante. Pensamos que nos observan y escuchan
aquellos que nunca veremos.

La tarde corre y aguarda con los vientos entumecedores que ascienden por
la ladera. Esperamos la oscuridad o lo que ha quedado de ella tras el avance
de la ciudad; ahora poco sabemos de la verdadera noche, aunque sí que
muchos aún la recorren.

Bosques de los escarpes surorientales. Al fondo El Romeral,


montaña suroccidental que cierra los días de esta ciudad, el filo
de la divisoria Valle de Aburrá - Río Cauca.

60 61
62
LA INCURSIÓN 63
Los Andes Tropicales, 06:00 PM. Merodeos, ruidos
incomprensibles y la aparición del precursor de la ladera
nocturna: Cerdocyon thous.

Un zorro del sur de América que hoy también avanza en


Panamá: lo ven en Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Guyana,
Surinam, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia. En este
país, sus pasos van por el Caribe y el páramo neblinoso, bosques
fragmentados, potreros y campos agrícolas, por la interminable
llanura o las pendientes de montaña. Alrededor de esta ciudad
son vivencia continua de asfalto y monte.

Una pareja de zorros comienza su rutina junto al primer asomo


de la noche en los alrededores de una vivienda periurbana.
Vereda Santa Catalina, Envigado.

65
Cánido enigma
Aquí le decimos zorro perro o zorro perruno al único cánido silvestre que está en el
Valle del río Aburrá. La zorra baya, el zorro lobo, el zorro cañero o el perro
sabanero son otros nombres que lo identifican en la geografía colombiana, donde
la palabra zorro también se utiliza para nombrar otros mamíferos, aunque los
pobladores siempre aclaran que no es el zorro que uno cree y que no se trata
precisamente de un zorro, pero que tampoco deja de serlo.

Parece que ser zorro representa la posibilidad de formar parte de otros y no ser
ninguno, de caminar donde nadie espera, de ser confuso, selectivamente oculto o
notorio; un enigma continuo. ¿Cuándo empezaron sus continuas incursiones
citadinas? ¿Lo intentaron antes y pocos nos enteramos? ¿Cómo sortean la
hostilidad callejera? ¿Eran los “perros mudos” de los que hablaban en las crónicas
colonizadoras de esta región?

El zorro perro - Cerdocyon thous. Orejas alertas, pelaje plateado,


mirada aguda. Fiel retrato del protagonista de esta historia.
66 67
Astucia
de viejo zorro
¿Alguna vez ha visto a los zorros del Aburrá?
Difícilmente pesan más de ocho kilos, pero
avanzan decididos, como si conocieran rutas,
ingresos y salidas. Parece que tuvieran un mapa
de su historia en este valle; aparecen y
desaparecen, nadie los ve llegar, pocos se enteran
cuando se van.

Están entre automóviles, gente, viviendas, Se mueven entre bloques y zonas arbustivas de al
infecciones y venenos. Nacen en los escarpes menos siete universidades locales. En parques
agrestes, en la periferia suburbana y en la ciudad públicos y privados los ven pasar en horas
acelerada. Las historias llegan sin pausa; cualquier solitarias y, por momentos, han llegado a dormir
noche un zorro solitario es registrado por la en unidades deportivas. Atraviesan y rodean
cámara de seguridad de un parqueadero, otro se carreteras rurales, autopistas de doble calzada y
esconde temporalmente en un centro comercial, vías muy transitadas. Alguna manada escoge una
luego llega la noticia de alguno que vagaba en el zona de talleres para refugiarse mientras otros
agitado centro de Medellín o del que estaba sin grupos viven en las zonas poco visitadas de los
vida en alguna cuneta. Entre vecinos comparten cerros El Volador y Nutibara, que sobresalen en
videos del zorro que caminaba por la cuadra y del medio de la ciudad.
que buscaba escapar del cercado residencial.

69
Zorro al norte de este valle, en su merodeo rebuscador que iniciaba cuando las Cola amputada, herida de causa desconocida. Escena en los escasos bosques premontanos de este valle; la mayoría
personas se retiraban del lugar al finalizar la jornada laboral. Copacabana, Antioquia. fueron transformados y urbanizados en las zonas baja y media de las laderas. Envigado, Antioquia.

70 71
Movimientos husmeadores alrededor de
viviendas. Al fondo las luminarias de algunos
sectores de Envigado, Itagüí y La Estrella.

72
Los libros lo describen como un mamífero con capacidad de llegar y
establecerse en zonas conservadas o degradadas, como cánido rebuscador
que consume lo que pueda atrapar o encontrar. Localmente no dejan dudas
de esto, diez municipios conforman el Valle del río Aburrá y en todos se
mueven los zorros, de norte a sur, ladera a ladera: Barbosa, Girardota,
Copacabana, Bello, Medellín, Itagüí, Envigado, Sabaneta, La Estrella y Caldas.

Medellín es la segunda ciudad más poblada de Colombia, está dividida en 16


comunas y ahora sabemos que por lo menos en nueve de ellas ha estado el
zorro perro: Aranjuez, Robledo, Buenos Aires, La Candelaria, Laureles-Estadio,
La América, El Poblado, Guayabal y Belén. ¿Llegarán a las demás? ¿En cuántas
se establecerán? ¿En qué lugares pasarán a ser leyenda barrial?

74
Valle de Río Aburrá
Antioquia - Colombia

Bello Antioquia Colombia Suramérica

Copacabana Distribución
Medellín de la especie

La Estrella Itagüí

Girardota

Sabaneta

Barbosa
Caldas Envigado

Zorro perro
Nacimiento
del Río Aburrá
Cerdocyon thous

76 77
Vimos a un zorro que consumía filas de hormigas, a otros que
se llevaban el alimento de los gatos de una vivienda, también
a una pareja que buscaba los mangos que caían al suelo de
un parque concurrido. Escuchamos sus vocalizaciones
viscerales y desafinadas, los encontramos arrollados, los
vimos cruzar carreteras como si fueran sombras, grabamos a
uno que se refugiaba bajo un puente y al que saltaba muros
levantados por los indígenas aburraes mientras llevaba
alimento para su familia. Presenciamos el paso de cachorros
a juveniles, los conocimos temerosos y también temerarios.

Muro de construcción indígena que permanece tras siglos.


Botellas, casettes y tarros que evidencian un pasado
cercano. El zorro olfatea los rastros del presente.

78
Zorro perro juvenil. Generalmente permanecen con su grupo familiar por un año, Vocalizaciones antes del tiempo nocturno, el resto del grupo apareció luego del
cuando alcanzan la madurez sexual. sonido. Copacabana, norte del Aburrá.
80 81
Valle del río Aburrá, lugar en el que
El juego del cachorro y la necesidad de sobrevivir
nacimos por azar, la misma razón por avanzan en las noches del zorro perro.
la que nuestras vidas, intrascendentes
para los tiempos geológicos y naturales
de la Cordillera de los Andes,
coincidieron con la incursión conocida
más activa y audaz de los zorros en
esta ciudad. Cánidos que reúnen
andadas en áreas encementadas y en
las menos exploradas, que saben
moverse en los lugares inquietantes,
que conocen las rutas que debemos
recorrer con linternas, que entienden
susurros y aromas que no percibimos.

Estuvieron antes, cruzaron luego o anduvieron cerca en cada lugar que aparece
en este libro. Incluso en las escenas más urbanas hay una historia cercana de
vida o muerte sobre un zorro. Un libro fotográfico con algunos de estos
individuos, tal vez muy pocos, entre los incontables habitantes que aún están, o
ya pasaron, entre las vertientes que resguardan "la ciudad del zorro perro"; un
valle tan pequeño e imperceptible dentro de la cadena montañosa andina, que
parecen imágenes de una barriada enigmática de ladera en la que todo está
cerca pero aún es desconocido.

82 83
UNA BARRIADA
84
DE LADERA 85
Los sonidos retumbadores y rasgados cerraban atardeceres mientras
asomaban los zorros con su andar retraído. Pensábamos que eran vivencias
exclusivas en las franjas donde se topan la urbe y el bosque, pero ahora el
Guacharaca - Ortalis columbiana. sonar guacharaquero también detona en esta ciudad densificada. Ellas
Endemismo entre asfalto y montaña. están entre los barrios … y Cerdocyon thous también.

86 87
Guacharacas caminan junto a sus crías entre
el sotobosque periurbano. Aunque se trate
de una especie común en el Valle de Aburrá,
no es frecuente verlas con sus pequeños
polluelos. El Salado, Envigado.
Cacique candela - Hypopyrrhus pyrohypogaster. Ave endémica de
Colombia, icónica de las laderas del Aburrá.

Bandada de fuego
Su proximidad era notoria e inconfundible. Entraban con vocalizaciones
afiladas que rompían cualquier entorno aturdidor. Siluetas rojinegras
que vimos pasar con alimento para el que estaba herido, cuidar
colectivamente las crías del grupo y resguardar nidos construidos en los
límites de las calzadas. Llegaban con frecuencia los grupos de tres
caciques, y contamos el vuelo conjunto de 25, nunca alguno solitario.

90
Cacique candela, vientres en llamas, siempre al sur.

92
Delicada belleza,
astucia contundente
Voracidad para modificar los barrancos que aseguren sus nidos, para
capturar con la misma precisión lo que esté frente a sus ojos o se mueva
a sus espaldas, para sujetar un fruto con su aserrado pico, o una rana, o
una serpiente, o un mamífero pequeño, o cualquier insecto… el listado
Azul brillante. Detalles de la cola y del de sus presas puede ser interminable. Dominantes, pero silenciosos, en
bello plumaje del barranquero. los bordes diurnos de bosques, caminos y quebradas.

94 95
Barranquero - Momotus aequatorialis. Tal vez
el ave con mayor reconocimiento en las
laderas del Valle Aburrá.

97
La admiración y atención permanente hacia el barranquero se ha convertido en la principal fuente
documental de sus dietas recursivas y comportamientos arriesgados.

En los senderos estaban sus comederos, siempre rodeados por múltiples


fragmentos de los escarabajos que partieron contra rocas y raíces gruesas
para consumir las partes internas. Entre retiradas y regresos podían
dedicarse a golpear un escarabajo por más de diez minutos.

99
Veíamos decenas de estos escarabajos sobre la vía que camináramos. Los
vehículos pasaban, aplastaban y fraccionaban; los barranqueros descendían
por comida abundante, pero arriesgada de tomar, entre motores. Aún
queremos saber si solo bordean el cemento en la búsqueda de escarabajos
u ocasionalmente los atrapan y sueltan entre vehículos para evitar ese
trabajo exhaustivo que ahora las llantas pueden hacer.

Escarabajos consumidos vorazmente por barranqueros en las


carreteras y los senderos que rodean la ciudad.
Vía a La Catedral, occidente de Envigado.

100 101
Ojos en la
revuelta nocturna Algunas entenderán lo que pasa entre bosques,
otras observarán desde cualquier esquina. Un
Dicen que la noche tiene observadores que se currucutú sobrevolaba la interminable -y por
enteran de todo lo que se mueva o suene bajo momentos demencial- noche del parque de
ella. También dicen que resuenan gritos que luego Caldas; el búho orejudo y tuerto pasaba su tiempo
parecen risas. Nadie sabe con exactitud de dónde a pocos metros del ajetreo de la Calle Colombia de
vienen, ni quién o qué los hace o si están más Medellín, y la mirada abismal del búho rayado
cerca de lo que aparentan. Las interpretaciones estaba en alguna cuadra de barrio.
pueden ser tantas como los temores que surgen Búho rayado - Asio clamator. Será evidente
cuando la luz escasea, y tan diversas como lo Incalculable lo que han visto y escuchado. Sí que su llegada silenciosa, las tonalidades claras
permita el repertorio sonoro de las rapaces saben de historias alarmantes entre las sombras contrastan entre el lado nocturno de la
nocturnas que habitan este valle. de la ciudad nocturna. ciudad. Caldas, sur del Aburrá.

102
Currucutú - Megascops choliba. El búho más común en este valle, al igual que sus sonidos en las Búho orejudo - Asio stygius. La rapaz nocturna más grande del Aburrá en los árboles
orillas de caminos y carreteras, donde también muere con frecuencia al intentar cazar entre alta que rodean la Biblioteca Pública Piloto. Comuna 11 Laureles-Estadio, Medellín.
velocidad vehicular. Parque de Caldas, Antioquia.

104 105
De chuchas
y aguante
Chucha, el nombre que reivindica olores del animal que
lleva crías prematuras en el marsupio y luego las carga en
su espalda por caminos que generalmente se complican.
Olores con los que se reconocen, encuentran y alertan.
Olores que están en sus últimos intentos por defenderse.
Infalibles en su olfato y tacto para cuidar cada paso e
interpretar sus avanzadas, escapistas entre enmallados y
ramas, engañosas para no ser detectadas ni consumidas.

Chucha común - Didelphis marsupialis. Es la más abundante y


conocida localmente. Aproximadamente 38 especies de marsupiales
habitan en Colombia, diez de estas en el Valle de Aburrá.

106
Dos chuchas se encuentran frente a frente mientras cruzan un tronco caído en el bosque; curiosamente
una cambia su rumbo y la otra decide perseguirla. ¿Evasión por desinterés en disputas territoriales o en
eventos reproductivos? O tal vez solo un instante de curiosidad entre agudas capacidades olfativas.
108 109
Sobre las chuchas escuchábamos historias desde que éramos niños
asumiendo que vivían cerca porque eran mencionadas en todos los
estratos, edades, rincones, aunque nunca las veíamos. Pasó el tiempo para
enterarnos que más allá de esa chucha de orejas negras que protagonizaba
relatos barriales y veredales, también vivíamos entre las laderas de la
chucha lanuda, las mantequeras, la de agua y la de orejas blancas. La
ciudad del zorro perro en un valle de marsupiales.

En videos vimos a las chuchas transportar hojas con su cola hacia las madrigueras, intentar cazar
con torpeza ratas e insectos, olfatear intensamente las cámaras, andar con el marsupio a cupo
completo, y batallar con una presa entre la hojarasca. Las vimos dentro de los bosques, pero
también sobre el asfalto y las cunetas de las vías.

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Sobre las chuchas escuchábamos desde que éramos niños
asumiendo que vivían cerca porque eran mencionadas en
todos los estratos, edades, rincones, aunque nunca las
veíamos. Pasó el tiempo para enterarnos que más allá de esa
chucha de orejas negras que protagonizaba relatos barriales y
veredales, también vivíamos entre las laderas de la chucha
lanuda, las mantequeras, la de agua y la de orejas blancas. La
ciudad del zorro-perro en un valle de marsupiales.

Chuchita mantequera - Marmosops caucae. Es difícil que pese más de 50 gramos, uno de los
marsupiales más pequeños en esta región. Hábil para moverse entre ramas finas, troncos de
árboles y sotobosques enmarañados, también para ingresar en cocinas de viviendas rurales
en la búsqueda de frutas y residuos de comida.

Zorros entre nombres


La chucha de orejas negras es conocida como “zorra mochilera” o “zorro
hediondo” en el Caribe y como “zorra” en la región Pacífica. Puntualmente
en el Chocó, a la chucha de agua le dicen “zorrita de agua”, mientras a la
chucha lanuda la llaman “zorrita de árbol”.

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Con uñas,
narices y dientes
La nariz entra y sale de la hojarasca mientras las garras largas escarban para
la omnivoría en el bosque de montaña. Aunque podían coincidir los lugares,
el cusumbo solino siempre estuvo en cimas boscosas y horas soleadas, pero
no lo vimos recorrer lugares cercanos al avance citadino con la intensidad
nocturna del “mocoso”, el más andino de los cusumbos.

Cusumbo solo o solino - Nasua nasua. Fotografiado en los


bosques surorientales entre Envigado y Caldas que conectan
con el Alto de San Miguel, lugar donde surge el río Aburrá.

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Zorros entre nombres
A los cusumbos los conocen como “zorro guache”
o “zorro león” en el nororiente del país.

Cusumbo mocoso o de montaña - Nasuella olivacea,


moviéndose entre parches de vegetación premontana
rodeados por carreteras al suroriente del Valle de Aburrá.

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Vida al filo
Puercoespines, la fragilidad del animal arborícola y nocturno que
es obligado a descender por la interrupción y desaparición
continua de sus rutas. Expuesto a la altura de depredadores
naturales o recién llegados, a las secuelas de la ciudad expansiva
y a enfrentar por tiempo indefinido las presiones que no conoce.

Sus característicos pelos esparcidos alrededor del cuerpo


arrollado, incrustados en hocicos de perros o dentro de cada
excreta de puma que nos topamos. El único que encontramos
vivo, usaba el cableado del alumbrado para aproximarse a algún
relicto o refugio momentáneo. Trayectos artificiales desprovistos
de cualquier cobertura, líneas de transmisión en lugar de
enramadas, los bosques perdidos en la supervivencia
fragmentada del roedor con pelaje espinoso que busca el dosel
del bosque de niebla.
Puercoespín - Coendou rufescens.
Vereda Piedras Blancas, corregimiento de
Santa Elena, Medellín.

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Este valle sabe roer
Caminaderos sobre caminaderos entre capas gruesas y siempre húmedas
de hojarasca. Un encueve con escapes internos y olores de monte en su
entrada. Regresarían -eventualmente pero sin falta- a marcar o
esconderse en el mismo lugar del robledal, lo habíamos comprobado
durante tres años.

El roedor más grande del último tramo de los escarpes. La gloriosa y


perseguida guagua de montaña.

Cuniculus taczanowskii. Un valle con aproximadamente 25 especies de


roedores donde la guagua de montaña prefiere ser caminante
nocturna entre los robledales de ladera.

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Tayra:
incansable
rastreadora con
instintos diurnos
La cámara en el sotobosque; invisible para muchos, sin consideración
para otros, pero nunca para una tayra. Le gusta advertir que está en
sus terrenos y llegará a confrontar con un cabeceo rítmico y
amenazante cualquier cosa que considere extraña.

Ritual de mamífero aguerrido y husmeador de lo incierto. Las patas


andariegas y escaladoras siempre listas para soportar su temeridad.
Zorros entre nombres
A la tayra, cercana a nutrias y comadrejas, la llaman “zorra
palmichera” en los Llanos orientales, “zorro negro” o “zorro
collajero” en el suroccidente (Cauca), también “perruno”, “zorro
camaleón” y “zorro pardo” en algunas zonas del oriente
antioqueño (Sonsón y San Francisco).

Tayra - Eira barbara. La presencia, tamaño, forma y ubicación de


manchas en su pecho, garganta y dorso sirve para reconocer si
se trata de diferentes individuos, al igual que las tonalidades del
pelaje en su cabeza. En su dieta puede incluir desde miel y frutos
hasta mamíferos medianos.

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El más pequeño
de los manchados
Aún están en los fragmentos de bosque que desde lejos se ven
aislados, cercados y confinados por las arremetidas urbanas. Por
lo menos un tigrillo lanudo muere cada año en la red asfaltada
que asciende por la montaña y se multiplica sin pausa. El felino
más pequeño del Aburrá y el carnívoro más amenazado que
camina a pocos minutos del centro de Medellín. Tal vez algún día
solo queden anécdotas; extinción local le llaman.

Tigrillo lanudo - Leopardus tigrinus. Alto de Las Palmas, Envigado

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Los otros Felidae del Aburrá
Yaguarundi (Puma yagouaroundi), furtivo de tendencias diurnas,
escasos registros y cuya presencia en este valle fue revelada por
un lamentable atropellamiento vehicular.

Ocelote (Leopardus pardalis), el más grande de los tigrillos, en las


laderas prefiere los bosques mejor conservados y lejanos a
infraestructura urbana.

Puma (Puma concolor), después del tigrillo lanudo, es el felino del


que conocemos mayor cantidad de videos y rastros en las
montañas locales.

Laderas de un valle con la descomunal presencia de cuatro especies de felinos (de siete que pueden
encontrarse en el territorio colombiano), entre las cuales el tigrillo lanudo presenta el mayor número de
registros, aunque esté considerado el más amenazado de su grupo entre los felinos locales.

128 129
Las pisadas más
grandes del Aburrá
“Silenciosos caminan los pumas por las montañas” dijo: “Nosotros los veíamos muy arriba, se
decía el asunto de un correo que recibimos en escondían rapidito, uno apenas los encontraba y se
2013. Contenía el video de una hembra y su juvenil perdían por el monte. Pero nunca bajaban, eso es
avanzando por los bosques surorientales de este de ahora que uno los ve por ahí”.
valle, y un inolvidable texto: “Tal vez estos pumas se
queden, o tal vez las ‘motivaciones’ para venir a Inmediatamente le preguntamos si alguna vez
estos bosques sean las mismas que se los ‘vuelvan había visto pumas, y respondió: “¿Al ‘carisucio’?
a llevar’ ”. Lo recordamos con el paso de los años al ¡Claro! pero en otras partes, no pa' estas montañas.
regresar a esos lugares en los que sabemos que Por acá nada, nunca lo vimos”.
algún puma estuvo olfateando, en cada árbol que Siguen aquí, en los límites de una ciudad que asalta
vimos marcado con sus garras, al encontrar sus cualquier refugio, en las laderas que siempre
huellas, al cruzarnos con las excretas que se estaban oscuras y ahora se ven atestadas de
imponían semanalmente en el mismo trayecto, en elementos citadinos. Aún no sabemos cuántos
cada relato local que escuchamos sobre los "leones entran y salen por este valle ni hasta dónde llegan,
de montaña". pero alguna noche la ubicación de la cámara
coincidió con el momento más detallado y
Al occidente de Envigado esperábamos la llegada memorable que tenemos sobre un puma que
fallida de un grupo de zorros y hablábamos con un caminó en esa montaña que vemos desde el barrio.
antiguo caminante de los montes envigadeños; uno
de los que saben de mañanas y noches entre Anochece en el Valle de Aburrá; entremezcla de polución, contaminación
escarpes en otros años. Por supuesto le lumínica y una pincelada de cielo azul que intenta sobreponerse al caos
preguntamos por sus recuerdos sobre zorros, y nos citadino. La ciudad de Medellín vista desde Envigado.

130 131
Tardó un segundo en cruzar, paso transitorio de felino con eternidad para
nosotros ¿Qué buscaba? ¿Regresó hasta ese lugar? ¿Alguna vez tuvo
cachorros? ¿Sobrevivieron? ¿Cuánto llevaban esos pelos de puercoespín
incrustados en su cara? ¿Alguien la vio por última vez? ¿Murió? ¿Dónde? La
imaginamos invicta, escarpe tras escarpe, herida tras herida, frontera tras
frontera. Nos gusta pensar que la victoria de los pumas del Aburrá está en
su clandestinidad fantasmal.

El cánido del Aburrá, Cerdocyon thous. Fotografiado en un sendero impregnado de recuerdos, incluyendo El tiempo dirá si el segundo felino más grande del continente continúa en las
el estupor del momento en el que nos enteramos que también un puma estuvo ahí. montañas del Valle de Aburrá. A los pumas los conocen desde Canadá hasta
el sur de Argentina, y aunque aquí nadie los ve directamente, se están
moviendo en ambas laderas y bordeando la ciudad mucho más de lo que
Había un pasadero continuo de zorros y gente; de los primeros esperábamos imaginamos. Tal vez desde este valle avanzan o regresan hacia el altiplano
que en algún momento cruzaran y de los segundos que no se llevaran ni norte de Antioquia, tal vez caminan sin pausa entre los valles de Aburrá y San
movieran los equipos. Llegaron los cánidos silvestres, también pasaron Nicolás (oriente cercano), tal vez ascienden y descienden por las vertientes
machetes, varias botas y perros que exploraban. Un sendero a medio minuto hacia el río Cauca tras la ladera occidental del Aburrá, tal vez se desplacen
de viviendas y a pocas cuadras de vías regionales. hacia el sur de la Cordillera Central o tal vez llegan desde allá.

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Puma - Puma concolor. La información local sobre la presencia de esta especie en décadas
recientes la conocieron algunas personas desde 2012. Para finales de 2014, investigadores
locales ya sabían que por lo menos había dos grupos familiares en el Aburrá suroriental
(hembra con dos cachorros y hembra con un subadulto).
HISTORIAS
FRAGMENTADAS
(CIUDAD
CORTADORA)
136 137
Los primeros meses del año pueden ser decisivos para los
zorros, llega el momento en el que generalmente nacen sus
camadas. En 2019 pasábamos algunas noches registrando
las andanzas de un grupo familiar con dos cachorros
mientras en otros sectores de la misma ladera
encontrábamos tres cuerpos de Cerdocyon thous en las vías.
Momentos distanciados por algunas semanas y pocos
kilómetros, pero con mucha cercanía: todas eran hembras.

Tal vez otros cachorros aguardaban por las tres zorras que
jamás regresaron.

Zorro perro juvenil.


Vereda Santa Catalina, Envigado.

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Hembra de Cerdocyon thous. Para los zorros del Aburrá, tal vez no exista una zona más
letal que el Alto de Las Palmas (Envigado) y su red mortífera de carreteras.
140 141
Un mes después regresamos al lugar en el que dejamos el cuerpo de una de las
zorras arrolladas, y ya otros organismos lo habían explorado y consumido. Al
detallarlo pensamos que pudieron ser los restos óseos de una zorra que envejeció, o
del final ineludible causado por alguna de tantas enfermedades que enfrentan, o el
resultado de heridas letales por disputas territoriales o tal vez alguna depredación
entre carnívoros. Pero sabíamos que era más simple, que no existían tantas
interacciones en ese final, que solo fue la carretera de una ciudad que cortaba otra
historia, la de uno de sus pobladores, de esos mismos que a veces ni conoce.

Columna vertebral y cráneo de zorro perro; restos óseos de un cánido


silvestre arrollado en la Variante Las Palmas, Envigado.

142 143
AQUÍ
SEGUIMOS
LOS ANIMALES,
NOSOTROS
144 145
Un zorro al norte del valle, la imagen más antigua para este libro,
lejos de esa vertiente suroriental donde está gran parte de lo que
hemos vivido entre bosques y rastrojos. Lejos de esa montaña de
la que hablamos como si fuera parte de una memoria colectiva,
donde aprendimos lo impensado aunque llegamos en diferentes
momentos a recorrerla, aunque tenga rutas y sitios que por
fortuna jamás pudimos descifrar ni comprender, aunque
llegamos hasta zonas a las que nunca pudimos regresar, aunque
estuviera lejos de los lugares en los que regularmente vivimos:
todos debíamos cruzar una parte del valle urbanizado, a veces
movernos de ladera a ladera.

Primera fotografía del zorro perro en nuestro andar


por el Valle de Aburrá. Imagen del 2017 que incentivó a
la creación de este libro. Copacabana, Antioquia.
Para nosotros, ese tramo de montaña se asemeja a un barrio agreste y cercano
que habitamos ocasionalmente pero recorremos con intensidad. Nos gusta
reconocer a los que asoman con rareza y a sus habitantes recurrentes, esperar
lo que traen sus horarios y tiempos, alertarnos con sonidos, rememorar lo que
hemos visto, volver a hablar de eso que tal vez nunca encontremos, repetir el
relato de lo que alguna vez cruzó en la siguiente curva o lo que estuvo por
varias semanas después de la próxima loma.

Allá tenemos recuerdos intactos y precisos de las ubicaciones de animales que


por un tiempo grabamos sin falta, de todos los rastros que encontramos
fielmente en el mismo lugar, semana tras semana, y de los que luego no
supimos más, como si se tratara del vecino que sale a trabajar y jamás regresa.

La niebla y el aire enrarecido se mezclan y cubren la ciudad de Medellín


en una mañana fría. Vista desde La Catedral, Envigado.

148 149
Marcas de garras de algún mamífero
trepador. Bosques de Envigado.

Luz dorada sobre yarumo.


Últimas horas de la tarde desde
Caldas, Antioquia.

No sabemos cuánto cambiará, ni lo que se perderá o llegará, tampoco


de las interacciones que surgirán o desaparecerán. Para nosotros
siempre será una ladera oscura y dominante; un abismo escarpado
Excreta de puma con restos de los pelos rígidos que asoma tras las fábricas y los techos, tras la ventana del bus y los
que caracterizan a los puercoespines. Ladera espacios entre edificios, tras mucha ciudad y sus recuerdos cotidianos.
suroriental del Valle de Aburrá, limites
escarpados entre Envigado y El Retiro. Montaña vulnerada, parece que todo y nada la inquieta.

151
Frágiles vidas en los Andes del norte. El
zorro perro que corre al caer la noche.
Copacabana, Antioquia.

152
RECUERDOS
DEUN
154
VALLE 155
Zorro perro entre matorrales de ciudad. Copacabana, norte del Aburrá.

La vida y el azar confluyen y hacen que nos crucemos con instantes que son
magia. Seguimos el andar rememorando cada fragmento de lo vivido en
nuestro paso fugaz por el Valle de Aburrá. Los siguientes son otros de esos
momentos especiales y unos apuntes cortos de ladera.
El zorro perro también es llamado “zorro cangrejero” por incluir a estos crustáceos de río dentro de
su dieta. Incluso su nombre en inglés es crab-eating fox. Vereda La Valeria, Caldas, Antioquia.
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Familia de ñeques o guatines - Dasyprocta punctata.
Fotografiada en la rivera de la mítica
Quebrada Ayurá, Envigado.

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Surcadoras continentales, del norte al sur de América. La llegada de la migración Una familia de martejas o monos nocturnos usa un guadual como refugio esperando la noche para
anual de rapaces sobre las montañas del Valle de Aburrá. entrar en actividad. Primates misteriosos del sur del Aburrá. Vereda La Corralita, Caldas, Antioquia.
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Leyendas vivas
del Aburrá

Una pareja de quetzales - Pharomacrus auriceps rodean su zona de anidación. Había un


agujero en el tronco de un pino muerto que les servía para sus intentos de propagar otra
generación en las laderas de este valle. En Colombia hay otros nombres cautivadores que
llegan desde el interior de las montañas para los quetzales, como “Juana” o “Qué feo” debido
a que sus vocalizaciones, inconfundibles y evidentes, parecen reproducir esas dos palabras.

162
Pollo de monte - Sericossypha albocristata. Coronas blancas, gargantas rojizas, sonidos
grupales y continuos. En diez años entre ascensos y descensos por la ladera
suroriental, los encontramos en tres ocasiones, la última en 2019, cuando tres
individuos vocalizaban a pocos metros de nuestras cabezas mientras revisábamos las
cámaras. Especie vulnerable a la extinción. Parte alta de la cuenca Ayurá, Envigado.

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Tinamú - Nothocercus julius. Ave caminadora entre vegetación densa. Sus preferencias están del lado de la
inadvertencia y la poca perturbación. Cimas de los escarpes surorientales, Envigado.
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Andigena nigrirostris. El colorido dosel andino
resguarda al tucán con mayor tamaño de los
bosques montanos del Aburrá.

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Helecho sarro, especie icónica de la flora local. Envigado, al sur del Aburrá. Canelo de páramo - Drimys granadensis.

170 171
Anolis mariarum. Lagartija endémica de Antioquia
entre rastrojos, cercas y carreteras.

173
Tramo de la ladera occidental compartida
por los municipios de Itagüí y Medellín.
Centro y sur del Valle de Aburrá.

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LA CIUDAD DEL ZORRO PERRO
ENTRE LADERAS

Libro fotográfico autogestionado.


Valle del Río Aburrá. Cordillera Central de Los Andes.
Medellín, Colombia, Suramérica. 2022

e-mail: laciudadzorroperro@[Link]

FOTOGRAFÍAS:
Juan Camilo Botero Correa @camiloerrante

TEXTOS:
Tayra @[Link]

DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN:
La Guala, taller de diseño @[Link]

ISBN:

Impreso por: Artes y Letras S.A.S

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Ñeque o guatín - Dasyprocta punctata. Quebrada La Ayurá, Envigado Ardilla, ágil rebuscadora entre los bosques diurnos. Alto de La Catedral, Envigado.

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Los que nos acompañaron desinteresadamente en diferentes momentos a revisar cámaras,
aunque encontraran más tropiezos que aciertos: Pablo, Andrés, Richard, Sebas, Pauli.

Agradecimientos a: Esteban y su ayuda para llegar hasta la altura del búho orejudo en la Biblioteca Pública Piloto.

Carlos, que sin saberlo ni pretenderlo, fue la escuela del zorro perro para nosotros. Alejo que nos permitió esquivar el terror bancario y nos prestó un dinero para movernos.

Ana y Diego, por llevarnos hasta el grupo familiar de los zorros al norte del Aburrá. Juan David “El cachorro” Delgado, por sus historias detalladas y cautivadoras sobre animales,
montes y gente.
Elcidia y Carlos Julio, por recibirnos continuamente en su casa después de enviarnos la imagen
de la zorra gestante que asomaba entre los bosques periurbanos. Fula por el acompañamiento, la motivación y sus aportes valiosos desde la fotografía.

Olga, por dejarnos recorrer en cualquier momento y horario el robledal que ha cuidado por Amigos, amigas y familiares que en diferentes ocasiones nos preguntaron cuándo estaría listo
décadas junto a su familia. el libro, y siempre les respondimos “ya casi”. Realmente nunca lo supimos.

Felipe, por apoyarnos con equipos fotográficos. Quienes compraron el libro en preventa o difundieron nuestra campaña de recaudación de
fondos (Vaki). Por ustedes fue posible imprimir “La ciudad del zorro perro”
Cada persona que nos permitió pasar por su casa o la de sus familiares para reunir historias:
Don Ramiro, Cynthia, Elizabeth y las sublimes anécdotas de su padre Nelson. Y a Carlos Mario, quien nos apoyó en la corrección de estilo de los textos.

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El cánido silvestre del Valle de Aburrá; zorro perro de norte a sur. En
Copacabana y Envigado, Antioquia.

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Textos y artículos que soportan algunos
datos que aparecen en este libro:
Non-volant mammals, Reserva San Sebastián-La Castellana, Valle de Aburrá, Antioquia, Colombia. Autor: Carlos A.
Delgado-V. En: Check List 5(1): 001–004. 2009.

Presencia de Puma (Puma concolor) en un paisaje periurbano al sur del Valle de Aburrá, Antioquia, Colombia.
Autores: Andrés Arias-Alzate, Carlos A. Delgado-V, José Fernando Navarro, José F. González-Maya. En: Mammalogy
Notes, Sociedad Colombiana de Mastozoología. Vol. 2 Num. 1. 2015.

Adiciones al atropellamiento vehicular de mamíferos en la vía El Escobero, Envigado (Antioquia), Colombia. Autor:
Carlos A. Delgado-V. En: Revista EIA 11(22): 147–153. 2014.

Mamíferos colombianos: Sus nombres comunes e indígenas. Autores: José Vicente Rodríguez-Mahecha, Jorge
Ignacio Hernández-Camacho, Thomas Richard Defler, Michael Alberico, Roderic B. Mast, Russell A. Mittermeier y
Alberto Cadena. En: Ocassional Papers In Conservation Biology, Conservation International. 1995.

Las múltiples e independientes notas de una idea que alguna vez se llamó Aburrá Natural: Evidencias de que una
población de pumas reside en el Valle de Aburrá / Olinguito, un nuevo habitante de los bosques de niebla /
Silenciosos caminan los pumas por las montañas / El tinamú…se escucha pero raras veces se deja ver / Qué más
hace la taira / La guagua de montaña / Un puercoespín en las laderas / Un cacique en las montañas / Cusumbos en
las laderas orientales / Zorros en las laderas del Valle de Aburrá / Titíes en Medellín / El tigrillo lanudo sigue vivo
entre nosotros.

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LA CIUDAD DEL
ⱿORRO PERRO
ENTRE LADERAS

¿Alguna vez ha visto a los zorros del Aburrá? Difícilmente pesan más
de ocho kilos, pero avanzan decididos, como si conocieran rutas,
ingresos y también salidas. Parece que tuvieran un mapa de su
historia en este valle; aparecen y desaparecen, nadie los ve llegar,
pocos se enteran cuando se van.

Un proyecto de:

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