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Impacto del 11-S en la Política de EE.UU.

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11-S

Definición de terrorismo:
El terrorismo engloba una serie de amenazas complejas: desde el terrorismo organizado en zonas de conflicto, los
combatientes terroristas extranjeros, hasta los "lobos solitarios" radicalizados, así como los ataques con materiales
químicos, biológicos, radiactivos, nucleares y explosivos.

Cualquier delito que genere un beneficio económico puede servir para financiar el terrorismo. Esto significa que un
país puede enfrentar riesgos relacionados con la financiación terrorista, aun cuando la probabilidad de sufrir un
atentado no sea alta.

Entre las fuentes de financiamiento se incluyen fraudes menores, secuestros con fines de rescate, mal uso de
organizaciones sin fines de lucro, comercio ilícito de bienes como petróleo, carbón, diamantes, oro y la droga
"captagon", así como el uso de monedas digitales.

La política exterior de EEUU después del 11-S.


Los atentados terroristas del 11 de septiembre pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de EEUU a los ataques en
su propio territorio, mucho mas alarmante desde el momento en que resulta evidente que quienes lo realizaron.

Los atentados empeoraron una economía ya debilitada, y a pesar del reciente repunte del mercado de valores, las
nuevas exigencias de gastos en seguridad y aumento del coste de los seguros han disminuido el ritmo previsto de
recuperación económica.

Los terroristas han obligado a Washington a dedicar una atención mucho mayor a la defensa interior,
especialmente a la seguridad de las fronteras, puertos y aeropuertos, y a otras conexiones con el resto del mundo.

EEUU se ha visto obligado a revisar el equilibrio entre los imperativos de seguridad y la histórica devoción de los
estadounidenses por las libertades civiles; en el interior del país, en lo que se refiere a las nuevas competencias
conferidas al FBI y a otras autoridades del orden.

Su manifestación mas obvia es la prioridad concedida a la tarea de mantener una coalixion mundial para combatir
a los terroristas internacionales y a los Estados que les presentan su apoyo o les ofrecen un refugio seguro.

Proporciona a EEUU una nueva base para identificar a sus principales amigos y aliados, nuevos requisitos para
diseñar a sus doctrinas y fuerzas militares, nuevos criterios para juzgar cuándo y dónde tienen que intervenir en el
extranjero. También cambian sus intereses geopolíticos, el mundo islámico ha reclamado la atención
estadounidense con una venganza.

Pocos predijeron que el reto más directo a la “primacía” de Estados Unidos lo presentaría una banda de fanáticos
islamistas que han disfrazado bajo un atuendo seudorreligioso una xenofobia particularmente criminal.

El modus operandi de Al Qaeda, una organización mundial fuertemente compartimentada, hace que los peligros
sean difíciles de localizar e identificar. Para alcanzar sus objetivos, forman coaliciones ad hoc (una solución
elaborada con para fin preciso) que se disuelven una vez que han cumplido su misión. Presentan pocos objetivos o
líneas de frentes fijos y sus metas son difíciles de adivinar.

Algunos de sus miembros están dispuestos no solo a matar sino también a morir en nombre de su religión.
Proceden principalmente del mundo árabe, pero se encuentran entre los “productos y beneficiarios” de la
globalización (utilizan aviones de pasajeros como armas, teléfonos móviles y faxes, redes de alta velocidad y
correo electrónico, depositan su dinero en entidades financieras de todo el mundo). Hola

Están dispersos por decenas de países.

Combatir el terrorismo significa conseguir información secreta y precisa y oportuna, llevar a cabo un buen trabajo
policial a la antigua usanza para descubrir a Al Qaeda y a sus aliados y trabajar con los banqueros para cortar sus
fuentes de financiación.

Estados Unidos ha conseguido que el gobierno talibán haya sido derrocado, las operaciones de Al Qaeda han sido
interrumpidas y sus líderes han huido y negociaron un régimen interno con dirigentes moderados.

En cuanto a la campaña de Afganistán hay que destacar el apoyo operativo de sus vecinos, Pakistán, Uzbekistán,
Tayikistán y Turkmenistán. También la fundamental reorganización de la política rusa hacia Occidente y la prontitud
con la que otras grandes potencias se aliaron con la causa antiterrorista.

El 11-S dio autoridad moral para intervenir con fuerza. La presencia de la Alianza del Norte y de otras facciones
afganas obvio la necesidad de desplegar el gran número de soldados estadounidenses sobre el terreno.

La tarea de transformar objetivos “blandos” en objetivos “duros” en aeropuertos, embalses y principales edificios
públicos fue fundamental.
Estados Unidos se enfrenta a una cuestión estratégica más amplia: cómo reorganizar sus relaciones con el mundo
árabe. Las opciones van desde un tímido esfuerzo para reducir su dependencia de dicha religión y su involucración
en la misma, hasta realizar un gran esfuerzo para transformar la económica y políticamente.

Irak también ha sido la primera prioridad en la agenda estadounidense, es un enemigo implacable. Intenta
inalcanzablemente fabricar armas de destrucción masiva y han incumplido los acuerdos de Naciones Unidas al
expulsar a los inspectores internacionales de su territorio. Es una fuente de inestabilidad en una región de gran
importancia. La mayoría de los estadounidenses creen que el mundo se dio un lugar mejor si Sadam Husein dejase
de gobernar en Bagdad.

Proliferación y la Doctrina Bush


Desde el 11-S las armas de destrucción masiva (ADM) han adquirido un protagonismo sin precedente, mucho
mayor, incluso, que durante la Guerra Fría, cuando tenían un valor casi exclusivamente disuasorio.

La posesión, fabricación y, sobre todo, la posibilidad de su utilización constituye la hipótesis de partida en la que se
basa la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de EEUU, hecha publica por el presidente George Bush el 20 de
septiembre de 2002.

La nueva doctrina señala que, teniendo en cuenta las profundas transformaciones del escenario estratégico
internacional, EEUU debe hacer frente a las nuevas amenazas antes de que aparezcan.

El análisis de la amenaza no puede olvidarse de los posibles remedios, es decir, de la prevención. La doctrina de
las acciones preventivas ha creado divisiones entre los aliados y las potencias nucleares en cuanto a estrategias
futuras de defensa a seguir para contener la proliferación de ADM.

Desde el punto de vista formal, la nueva doctrina supone un cambio radical en relación con la posibilidad de que
EEUU pueda utilizar en primer lugar armamento nuclear contra otro Estado que amenace su seguridad. El enfoque
dominante había estado regido por la doctrina de la disuasión y de la destrucción mutua asegurada (DMA) bajo la
premisa “Si tu me atacas, yo te ataco”.

La razón principal de dicho cambio es que, frente a actores no estatales, como grupos terroristas, la disuasión
tiene un papel limitado.

Según la ESN, los enemigos de EEUU “han declarado abiertamente su intención de adquirir ADM y, por ello, los
EEUU actuarán contra dichas amenazas emergentes antes de que éstas se configuren por completo”.

La primera duda que se plantea dicha formulación se refiere a la legitimación del uso de la fuerza armada con
carácter preventivo para hacer frente a una “inminente”, pero no por ello hipotética, amenaza de utilización de
ADM por parte de un Estado terrorista contra EEUU o sus aliados. Desde que se hizo publica la ESN, se ha abierto
un amplio debate cuestionando la legalidad de las intervenciones, que escapan a la concepción de legitima
defensa contenida en el articulo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

Precisamente, la confusión y mezcla sistemática de los conceptos “acciones” y “medidas preventivas” en la ESN
cuestionan los principios básicos por los que se rige el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, que la
doctrina estadounidense plantea modificar de forma unilateral cuando lo que está en juegos son las armas
nucleares, químicas o biológicas.

Los posibles estados agresores, agrupados bajo la denominación de “eje del mal” (Corea del Norte, Irán, Libia y
recientemente Siria) son los mismos que los que Ronald Reagan agrupo como “imperio del mal” (Irak ocupaba
entonces el primer puesto). la amenaza del imperio del mal sirvió a Reagan para justificar la puesta en marcha de
1983 de la iniciativa de defensa estratégica (que tenía como propósito la defensa del territorio estadounidense
desde el espacio frente a un ataque con misiles balísticos), proyecto que George Bush ha retomado, en una visión
mucho más modesta que la de Reagan, a través del NMD (National Missile Defense).

El régimen norcoreano admitió en octubre de 2002 haber reactivado un programa nuclear clandestino basado en
enriquecimiento de uranio. Pese a todo, Estados Unidos no ha sugerido ninguna acción preventiva contra Corea del
Norte.

Con respecto a Irak, tampoco se puede decir que las acciones llevadas a cabo por Estados Unidos y otros estados
de la coalición sean de preventivo frente a una amenaza inminente. Así, cada vez cobra más fuerza la hipótesis de
que el objetivo de las acciones contra Irak no era la eliminación de las ADM, sino el cambio de régimen.

La estrategia nuclear es la respuesta de la administración Bush al problema de las proliferación de ADM. Su


justificación está basada en la premisa de que, durante la guerra del Golfo, Sadam Husein no lanzó un ataque con
armas químicas o biológicas contra las fuerzas de la coalición o Israel ante el temor de que Estados Unidos
respondiese con armas nucleares.

el documento sobre estrategia nuclear establece el objetivo central: dotar al presidente de Estados Unidos de unos
poderes sin precedentes a la hora de elegir entre un amplio abanico de opciones militares y capacidades
(convencionales y nucleares) para “disuadir, detener y derrocar” a un adversario que esté en posesión de ADM.
El efecto de las acciones preventivas puede ser contrario al previsto. Algunos estados del eje del mal, junto a otros
como India o Pakistán, podrían encontrar incentivos adicionales para seguir adelante con sus programas, en un
contexto en el que poseen armas nucleares determinan las acciones que puedan adoptarse contra ellos, pero en el
sentido de disuasión.

No se puede ir hacia la guerra total y esperar que un país permanezca impasible sabiendo que él será el siguiente
en la lista de los atacados. Lo más probable es que esos estados aceleren sus intentos por dotarse de capacidad
nuclear propia.

Muchos gobiernos que renunciaron hace tiempo a tener capacidad nuclear y que confiar en los instrumentos
políticos y diplomáticos y en la garantía de seguridad del sistema internacional para contener la proliferación de
ADM, pueden llegar a replantearse su situación de país no nuclear.

Los islamistas y la democracia: ¿Debate imposible?


el tiempo ha terminado dando la razón a los que preveían hubo un aumento de la influencia de los islamistas. Los
procesos de apertura política y las citas electorales que han tenido lugar en el mundo arabo-musulmán en la
última década han sido aprovechados por los partidos islamistas para convertirse en actores políticos decisivos. No
solo han mostrado una especial habilidad para elaborar mensajes con atractivo popular sino también capacidad
para desarrollar estrategias políticas coherentes y crear organizaciones con una amplia base social.

Los resultados son visibles. El 26 de enero de 2006 jamás conseguía el 74 de los 132 escaños del parlamento
palestino haciéndose con el Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Siguiendo la terminología del International Crisis Group, “Islamismo” debe entenderse como sinónimo de activismo
islámico; es decir, la afirmación y la promoción activa de creencias, prescripciones, leyes y política de carácter
islámico.

Desde esta perspectiva cabe destacar la existencia de tres grandes corrientes que tienen en común fundar su
activismo sobre tradiciones y enseñanzas del islam, aunque no comparten objetivos ni comportamientos:

 La primera corriente puede ser hoy calificada de islamismo político, en la medida que incluye a los
movimientos que dan prioridad a la acción política, buscan el poder a través de la participación en las
instituciones y, rasgo característico, se constituyen en partidos políticos. Rechazan el uso de la violencia
salvo en aquellos casos en los que el movimiento islamista políticos es obligado a operar bajo ocupación
extranjera.
 La segunda corriente está representada por el activismo misionario y religioso, que rechaza el activismo
político y se concentra sobre la actividad de predicación para reforzar la fe, preservar la cohesión de la
comunidad musulmana y defender el orden moral que la sostiene.
 Finalmente, la tercera corriente integra al activismo yihadista representado por la franquicia Al Qaeda y la
nebulosa de grupos que han declarado la guerra a Occidente.

La aparición del terrorismo de origen yihadista ha provocado que el interés de la opinión pública se centre en la
franja más radicales y minoritarias del islamismo. Algunos, influidos por el prisma de la guerra contra el terrorismo,
llegan incluso a señalar que no hay diferencias entre los distintos tipos de activismo islámico. Se muestra un
panorama diferente en el que son mayoría los partidos y movimientos que abogan por la integración política.

Los partidos islamistas hoy son organizaciones de masas que han ocupado el lugar que antaño representaron en
los movimientos de Liberación Nacional y los partidos de izquierda. Han suplantado rápidamente el panarabismo y
el socialismo.

Los movimientos islamistas no son inmunes al paradigma y democrático y la participación en el juegos político ha
facilitado esta evolución doctrinal aún inconclusa y salpicada de ambigüedades.

En todo caso, los islamistas no han dado totalmente la espalda a sus orígenes ideológicos. En todas las
organizaciones existen tensiones entre el viejo ideal de crear un estado islámico y el nuevo objetivo de convertirse
en actores influyentes en sistemas más pluralistas.

En grado aparición de la sharia o la ley islámica, el papel de lo religioso en el proceso de formación de las leyes, el
reconocimiento de los derechos individuales, el Estatuto personal de la mujer o la actitud ante las minorías
religiosas, son algunas de las áreas en las que no existen definiciones claras por parte de los islamistas. La
existencia de esas zonas grises hace dudar a muchos sobre el verdadero compromiso de los islamistas con el
pluralismo y la democracia.

Hasta finales de los años 80, los islamistas se enorgullecían de defender un modelo de sociedad política diferente a
la de Occidente, basada en la creación de un estado islámico. La guerra civil argelina y el fracaso de la insurgencia
islamista en Egipto provocaron, a partir de la década siguiente, un proceso de revaluación doctrinal para evitar la
represión gubernamental y aprovechar la creciente demanda de reforma en la región.

La iniciativa de reforma publicada por los Hermanos Musulmanes en marzo de 2004 recoge esta evolución al
apostar por un sistema democrático, constitucional, parlamentario y republicano. El documento hace llamamiento
a otros partidos políticos para que se adhieran a una carta nacional que, entre otras cosas, reconoce al pueblo
como la fuente de toda autoridad.

National Missile Defence (NMD)


El NMD (National Missile Defense) de Bush hace referencia a un programa de defensa antimisiles impulsado
durante el gobierno del presidente de Estados Unidos George W. Bush. Su objetivo principal era proteger al país de
ataques con misiles balísticos, especialmente aquellos lanzados por "estados canallas" (rogue states) o grupos
terroristas. Este sistema buscaba interceptar y destruir misiles antes de que alcanzaran su objetivo, utilizando una
combinación de radares, sensores y misiles interceptores.

El enfoque del programa de defensa de misiles de Bush se basaba en la necesidad de modernizar y ampliar las
capacidades de defensa antimisiles de [Link]., algo que marcó un cambio respecto a políticas anteriores de
contención nuclear, como el Tratado ABM (Anti-Ballistic Missile), del cual Bush decidió retirarse en 2002. Esta
decisión le permitió a Estados Unidos desarrollar y desplegar más sistemas de defensa sin las restricciones
impuestas por el tratado.

El NMD de Bush fue controversial tanto a nivel nacional como internacional. Los críticos argumentaban que el
sistema era costoso, técnicamente incierto y podría desestabilizar el equilibrio nuclear global, mientras que sus
defensores consideraban que era necesario para hacer frente a nuevas amenazas en el contexto de la post-Guerra
Fría.

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