01 Génesis 25 32 de Engañador A Príncipe
01 Génesis 25 32 de Engañador A Príncipe
INTRODUCCIÓN
1. Jacob era independiente en cuanto a los caminos de Dios. Pensaba que podía trazar
su propio camino.
a. Antes de nacer, Dios le había dicho a su madre (Gén. 25:23) que Jacob sería
el vencedor. Pero, al ver que Isaac, su padre, ignorando las orientaciones divinas, iba a
bendecir a Esaú por ser el primogénito (Gén. 27:1-4), Jacob resolvió tomar el caso en sus
manos, sin buscar el consejo de Dios al respecto. Siguió las instrucciones de su madre (Gén.
27:5-17) y engañó a su padre, que estaba prácticamente ciego, fingiendo ser Esaú (Gén. 27:18-
29).
b. “¿Quién eres, hijo mío?”, preguntó el viejo Isaac (Gén. 27:18). “Soy Esaú, tu
primogénito” (Gén. 27:19). Jacob no admitió quién era en verdad: un engañador, un
embustero, un mentiroso.
2. Muchas veces actuamos como Jacob: no admitimos ser quienes realmente somos.
Incluso reconocemos nuestras faltas, pero culpamos a otros por ellas: la culpa es del jefe, de
los padres, del marido, de la esposa, de los hijos, de los compañeros, del Gobierno, etc.
3. Jacob no entendía los caminos de Dios. ¿Cómo podría Dios permitir que Esaú, un
aventurero profanador, recibiera la bendición paterna y se convirtiera en el próximo líder de la
familia? ¡No! ¡Eso no era justo, y no iba a suceder! Él, Jacob, iba a impedirlo. Iba a “ayudar” a
Dios para que la primogenitura recayera sobre él, porque era más “espiritual”.
a. Pero Jacob debería haber dejado que Dios sea Dios en su propia vida. ¿Y si
Esaú hubiese recibido la verdadera primogenitura? Lo cierto es que Dios podría haberla hecho
recaer sobre Jacob, al ver que Esaú la rechazaba, porque no le daba importancia a la religión.
4. A causa de su engaño, Jacob tuvo que huir de la casa para no perder su vida.
Permaneció veinte largos años en Harán, la tierra de su tío Labán, engañando y siendo
engañado. Nunca más volvió a ver a su madre porque, cuando regresó, ella ya había muerto.
Durante dos décadas, Jacob tuvo que cargar con el peso del sentimiento de culpa por su
engaño.
5. Jacob debería haber aprendido a confiar en Dios y creer que era la solución para sus
dificultades, en la forma que Dios considerara mejor.
b. “Andar con Dios” es tener a Dios presente en todo lo que hacemos. ¿Cómo
está tu vida? Tus planes, decisiones y acciones ¿están de acuerdo con la voluntad de Dios? ¿Lo
glorifican? Es sabio atender al consejo de Pablo en 1 Corintios 10:31: “Si, pues, coméis o
bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.
1. Aquella noche, a orillas del arroyo y vado de Jaboc, sería decisiva en la vida de Jacob
(Gén. 32:22-31). Él aprendería a depender de Dios y a confiar en su poder y su sabiduría.
a. Jacob intentó luchar contra el ángel con todas sus fuerzas (Gén. 32:24). Lo
hizo hasta que su muslo fue dislocado por un toque del Guerrero celestial. Esto serviría para
que Jacob aprendiera a depender de Dios y no de sus propias fuerzas.
2. Solamente cuando Jacob admitió quién era realmente, Dios pudo ayudarlo. “Jacob,
vamos a cambiarte ese nombre”, le dijo Dios. “Tú estás perdonado, ya no serás más un
engañador. Ese nombre ya no te describe tan bien. De ahora en adelante, te llamarás ‘Israel’,
el príncipe de Dios” (Gén. 32:28. Una de las acepciones de la palabra original hebrea y aramea
para Israel es “el que reina con Dios”). El cambio de nombre significaba un cambio de carácter
y de vida.
3. ¿Cuál fue el resultado de su dependencia de Dios? La salvación vino para él: “...fue librada
mi alma” (Gén. 32:30). Fue perdonado. ¡Veinte años de culpa y de fracasos podían ahora
quedar en el pasado!
CONCLUSIÓN
1. La experiencia de Jacob nos enseña una lección: debemos dejar que Dios sea Dios en
nuestra vida. Sus caminos siempre serán mejores que los nuestros. “Encomienda a Jehová tu
camino, y confía en él; y él hará” (Sal. 37:5).
2. ¿Ya te has sentido como Jacob? ¿Un fracasado, alguien que se engaña a sí mismo y a
otros? ¿Sientes que eres indigno?
a. ¿Quién eres en realidad? ¿Cómo te llamas? ¡No te desanimes! Acude a Jesús
tal como estás, y pídele que cambie tu vida. Entonces te convertirás en un príncipe (o princesa)
para Dios.