Schorn.
Marta
El adolecente con discapacidad intelectual. Busca su hogar
En este capítulo intenta de reflexionar acerca de si las situaciones comunes por las
que atraviesa el adolecente es también algo compartido por el adolecente con
discapacidad o si las dificultades observadas en el pasaje de lo infantil a lo juvenil en
estos jóvenes se deben a la mayor o menor inteligencia i a otras cuestiones del orden
emocional las que hacen atasco en ese camino.
Uno de esos aspectos a tomar en cuenta en mi entender
La dificultad que tienen estos jóvenes para hacer desprendimientos desde sus
padres hacia nuevos objetos libidinales tanto sean éstos objetos amorosos,
como nuevos amistades
“La sexualidad” algo que es tan privatido de la adolescencia pasa a ser tema propio y
hasta público de padres y de educadores en adolecentes con discapacidad
Cualquier adolecente sin discapacidad se defiende con palabras, con hechos y
acciones cuando sus papas u otro adulto se entrometen demasiado en sus vidas. Pero
esto no ocurre con los adolescentes con discapacidad intelectual. Esta etapa es vivida
por ciertos padres como una situación conflictiva, traumática e indeseada donde todo
lo que le ocurre al adolecente no le es propio sino que tiene una absoluta repercusión
en la familia.
El yo por no tener un adecuado drenaje para dominar los conflictos y presiones
instintivas genera síntomas neurológicos, en vez de ayudar a la formación del carácter
El adolecente normal pasa por distintos estados de ánimo, felices y depresivos
consecuencia del crecimiento, del deseo de independizarse de sus padres internos y
externos por querer tener proyectos. Este nuevo placer por lo nuevo es que lo que
impulsa al desarrollo, a sentirse integrado, al ser cada vez más seguros de sí. Esta es
otro de los aspectos generalmente trabados en estos jóvenes
La dificultad para tener proyectos o ser ellos tomados en cuenta en sus
inquietudes
Estoy casi segura que muchos de estos jóvenes con síndrome de Down o con
diferentes síndromes o déficits intelectuales sueñan y quieren ser independientes y
parecerse en todo lo posible al modelo de "los normales". Pero este proceso de
separación no está habitualmente trabajado.
El adolescente con discapacidad intelectual también tiene proyectos o planteos
parecidos pero no son habitualmente escuchados ni oídos pues siempre hay algo para
hacer. El tiempo tiene que ser ocupado.
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Sus gustos, sus ideas no son tomadas en cuenta. Esto es una forma engañosa de
parte de los padres de no enterarse del paso del tiempo.
El desconocimiento del paso del tiempo
Los padres dicen que ellos no pueden despegarse de la preocupación por lo que sus
hijos no son o no tienen. Temen por "el futuro de ellos" cuando ellos no estén, sin
terminar de ver al día de hoy, el presente. Están tan aferrados aun al modelo del “hijo
soñado y perdido" que no se permiten para sí ni para sus hijos un vuelo mayor, una
mirada distinta o una comprensión más amplia.
Desde ese punto de vista metapsicológico "la adolescencia es un proceso a través del
cual un individuo asume su rol sexual y accede desde el lugar de hijo al lugar de
padre"" cuando se habla de la categoría de padre, no se incluye sólo el tener acceso
real a gestar un hijo sino a la aceptación de la asunción de un "rol adulto"
La mayoría de los padres siguen haciendo un reforzamiento en estos 'hijos del
mantenimiento de la latencia, lo cual incluye la represión de la sexualidad y la
negación de las fantasías.
La latencia se caracteriza por refrenar los requerimientos sexuales, por tener el yo
menos conflictos y por ser el superyó menos rígido. Pero debido a que los padres
consciente o inconscientemente dudan acerca del para qué perder ese equilibrio de
tranquilidad que da la latencia, luchan para que todo quede igual.
Modalidades identificadoras de consolidación de la personalidad en el adolescente con
discapacidad intelectual
El YO IDEAL fue definido como el ideal narcisista de omnipotencia por parte del niño
que contiene una identificación primaria de él con la madre.
El IDEAL DEL YO se estructura en cambio cuando las identificaciones idealizadas
recaen sobre objetos externos que se vuelven ideales al yo y este Yo ideal se
desplaza a otras personas, profesores, deportistas, cantantes, constituyendo un
modelo al que se desea alcanzar o ser, rechazando o cuestionando ideales
compartidos por el medio familiar.
Freud usa el término ideal del Yo para designar una formación intrapsíquica
relativamente autónoma que sirve de referencia al Yo, "lo que el hombre proyecta ante
sí como su ideal, es el sustituto del narcisismo perdido de su infancia". El ideal del yo
impulsa a los hijos a dejar de ser los que los padres desean, rechazando todo intento
de colaboración o de ayuda que ellos puedan ofrecer. Este ideal del Yo, nace de un
proceso de duelo,
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Primera modalidad identificatoria basada en vínculos de indiscriminación
El joven y el niño están enmarcado por los padres en el supuesto que "él no puede ser
ni hacer nada", donde lo que sobresale es la falta, lo castratorio, y el no desear
imponiéndose una relación fantasmática de ese hijo con el niño imaginario de la
madre. El sujeto así constituido no es un sujeto diferenciado de los padres sino un
simple objeto de goce de ellos.
Segunda modalidad identificatoria basada en el vínculo que permite el
reconocimiento parcial o total del Otro
Las familias de estos jóvenes han podido tramitar el duelo por lo que no se tiene o lo
que no se es y favorecen vinculaciones más sanas con el objetivo que sus hijos
lleguen a ser jóvenes con un lugar aceptable dentro de la familia siendo las palabras
de ellos palabras no vacías sino un discurso escuchado y tomado en cuenta.
Si partimos de la idea de que la adolescencia está inmersa en un proceso psicosocial
que varía según la cultura y los momentos históricos sabemos que los desafíos de los
adolescentes son iniciación el examen de ingreso, la fiesta de 15 años, el primer beso
son las situaciones que facilitan ese pasaje de dejar de ser niños a ser adolescentes o
adultos.
¿Estos pasajes están permitidos en estos jóvenes?
Generalmente estos procesos de independencia no se hacen a solas, sino por el
acompañamiento o por la presencia de los inicia-dores, generalmente sujetos mayores
a ellos que acompañan al adolescente en su salida a la exogamia
La cultura y la sociedad apoyan la exogamia y para ello el grupo de pares abre sus
brazos al recién llegado tanto sea compañero como amigo para ayudar a este
desprendimiento.
¿Esto también sucede con los jóvenes con discapacidad inte-lectual?
Considero que en lo que respecta a ellos, la cultura y las instituciones sociales no
fomentan estos procesos por igual, más bien parecen acentuar lo endogámico.
Todos los padres saben que pesar de su dolor, sus hijos no le pertenecen. Ellos se
han ofrecido como modelos en la infancia-pero luego deben aceptar que hay otros que
pueden y deben actuar como prototipos más significativos y sin tanto compromiso
emocional en el encuentro con sus hijos.
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Peter Blos determina de una vez para siempre la dirección que tomara el ideal del yo,
es decir si el joven retornará a sus fuentes (al yo ideal) o bien buscará un nuevo curso
más nuevo y desconocido
La instauración del ideal del Yo es pues uno de los aspectos más esenciales del
trabajo adolescente. El joven no quiere ser ya como son sus padres. Él quiere ser él.
Federico Urman agregaría que la actividad del fantaseo permite al individuo existir
pero no vivir.
La adolescencia se caracteriza por ser un momento oscilante entre regresiones y
progresiones, una lucha entre dejar de ser aquello conocido para disfrutar y alcanzar
metas nuevas pero todavía inciertas.
En ese transvenir, los adolescentes realizan otro trabajo que ayuda a la consolidación
de la estructuración psíquica. El proceso de desidealización. Este incluye los
movimientos exogámicos, la comparación con otras familias y la toma de contacto con
padres más reales. Una auténtica representación con lo que uno es y no es.
Sería útil esclarecer cuales son las modalidades esenciales de la interiorización, que
subyacen en todo movimiento identificatorio y puntuar las diferencias entre
identificación e imitación.
1. la introyección es el proceso por el cual el sujeto interioriza y hace suyo la
cualidad de la relación establecida con el objeto más que el objeto en sí mismo,
contribuyendo al enriquecimiento y a la extensión del yo.
2. la incorporación es el movimiento por el cual, es el objeto mismo o una parte
más o menos grande de sus atributos el que pasa al interior del yo pero
guardando sus características propias,
"La actividad imitativa en el niño colabora con los procesos adaptativos e integrativos
del Yo" pero luego estos se van integrando con otros comportamientos más
evolucionados. La identificación supone hacer algo diferente, la posibilidad de
organizar elementos estructurales dentro del yo. Muchos jóvenes con discapacidad no
logran hacer ese pasaje hacia la identificación no sólo por cuestiones intelectuales
sino por factores emocionales asociadas. De ahí que lo corrientemente observado es
encontrar procesos identificatorios previos como el de la imitación.
Tercera modalidad identificatoria basada en identificaciones adhesivas
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Muchos niños y jóvenes con discapacidad "imitan la conducta adulta", sin comprender
siquiera las razones emocionales que
La capacidad en la discapacidad guían a los adultos a hacer lo que hacen. No logran
hacer las identificaciones favorecedoras o constitutivas de una mayor amplitud de la
personalidad. Permanecen sosteniendo una estructuración de niño o latente hasta la
juventud, configurando un no cuadro de niñez o latencia prolongada.
Cuarta modalidad identificatoria basada en conductas de acción
Corresponden a los jóvenes que presentan modelos identificaterios de conductas de
acción en la escuela o en el hogar, siendo en verdad manifestaciones encubiertas de
violencia familiar.
Estas reacciones no son más que las expresiones de lo que ellos ya no pueden ser,
"los buenos chicos de la infancia, los que no molestan, los que no ocupan lugar". La
actuación es una posible salida para salir de la sufrida pasividad, violencia subliminal
de la que fueron objeto más de una vez.
Conclusiones.
1. Las creencias narcisísticas presentes en la infancia producen respuestas
narcisistas mayores aún que la discapacidad misma. Si no ha habido un adecuado
sostén materno y adecuados modelos identificatorio en el niño, esto reactualizará
en la adolescencia tenga o no discapacidad
2. Es de fundamental importancia el marco en que estas identificaciones fueron
adquiridas, la presencia o ausencia de sostén materno.
3. Cuando las internalizaciones de los modelos se hacen de manera incorporativa,
narcisisticamente, seguramente lo que se impone es una relación con él otro
basada en la obligación y la necesidad.
4. Lo que marca no es la discapacidad misma. Es el desarrollo o no de una adecuada
personalidad, el logro de una estructuración psíquica apropiada, la aceptación del
otro como sujeto más allá de su nivel intelectual lo que imprime el reconocimiento.
El hombre normal tiene miedo no sólo de sus fantasías sádicas, sino también de sus
mitos y supersticiones que poblaron su infancia y que aún hoy continúan presentes en
él sin que lo sepa. Cuando el adulto se encuentra ante un semejante que no se parece
a lo que cree que cabe esperar de él, oscila entre una actitud de rechazo o de caridad.
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