Luz
E-ISSN: 1814-151X
[email protected]
Universidad de Holguín Oscar Lucero
Moya
Cuba
Galbán Peramo, Ernesto
Bosquejo histórico del grabado en Holguín
Luz, vol. 8, núm. 1, 2009, pp. 1-11
Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya
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Bosquejo histórico del grabado en Holguín.
Autor:
Ms. C. Ernesto Galbán Peramo
[email protected]Resumen
La importancia del artículo consiste en que el grabado en general es una forma de
comunicación artística de lenguaje propio. El grabado en Holguín es una forma histórica
de interpretación de varios artistas que han representado sus obras en galerías,
museos y otros lugares expositivos, el cual comenzó en la época de la República con
Rafael Melanio Aguilera. Después del triunfo de la Revolución en 1959, en dicha
provincia se ha desarrollado esta manifestación dentro de las artes plásticas y
actualmente constituye una significativa arista en la cultura de la región. Por las razones
expuestas, el contenido de este artículo puede implementarse mediante su impartición
en otros centros escolares de la provincia.
Palabras claves: grabado, artes plásticas, cultura.
Summary
This article is important because the ingraving in general is a form of communication
which doesn´t need translator or interpreters. The ingraving in Holguín is a historical
form of interpretation for many artist in galleries, museum and other places. The
ingraving in this area was start in the Republic epoch with the author Rafael Melanio
Aguilera. After the Revolution in 1959 in our province are develop of this manifestation
inside the plastic art and now represent the important aspect in the culture of the region.
For this reason this investigation is important to teach in other schools of this province.
Key words: ingraving, plastic art, culture.
Incursionar en la trayectoria de las artes plásticas en Holguín ha resultado una idea
interesante, sobre todo para cualquier persona involucrada en los hechos culturales que
continuamente acontecen; pero aún más, cuando el interés está centrado en el
recorrido por todo un período, donde múltiples razones indican el despegue de una
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manifestación que durante largo tiempo se mantuvo en un proceso de gestación: el
grabado.
En esta época, y aún a principios del triunfo revolucionario, existían sólo algunos locales
que pueden ser considerados como talleres, entre los cuales cabe mencionar el de
Mauro Avilés, - músico y pintor, que además de rotulista ejecutaba obras con carácter
decorativo -; el de Elio Pérez Nogales, también pintor y compositor, y que trabajaba
además la serigrafía, el local de Nadal Andreu Parpal, pintor-rotulista, y el de Argelio
Cobiellas Cables, dedicado al rótulo y a otras funciones.
De la labor gráfica realizada en esos locales no han quedado suficientes referencias
visuales que permitan un análisis del comportamiento general del objeto artístico
referido; en su lugar, Rafael Melanio Aguilera (1903-1974) puede considerarse uno de
los antecedentes más notables, y aunque se está consciente de que en esta
manifestación no llegó a madurar lo suficiente ni a sobresalir en la técnica xilográfica,
como sí lo logró en la escultura, hasta ese momento había sido la principal evidencia de
práctica de esta técnica con pretensiones artísticas. (Ver en anexos. Imagen 1)
En los años sesenta tienen lugar en Holguín algunos sucesos vinculados con el triunfo
revolucionario. Cambios tanto en lo político y lo social, como en lo económico,
repercutieron, automáticamente en la cultura del territorio, y provocaron
cuestionamientos y polémicas en muchos artistas, que encausan inmediatamente sus
posturas en consonancia con los nuevos comportamientos de exultación popular.
Estos años traen aires renovadores. Comienzan a realizarse eventos auspiciados por
organismos culturales, a la vez que se crean concursos y premios que estimulan a los
creadores a participar activamente, y a coadyuvar a una cristalización paulatina de la
cultura en un contexto distinto.
En el propio año 1959 -promovido por el actor Raúl Pomares- se crea la Asociación de
Pintores de Holguín, la que tuvo como alentadores a Rafael Melanio y a su hija Leonor,
esta última elegida Presidenta de la Junta Directiva.
En noviembre de 1962 se funda el periódico ¡ahora! - luego sería el órgano oficial de
información en la provincia -, el cual, a través de sus páginas, desempeñará un
importante papel en la divulgación y promoción de los hechos culturales del territorio.
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La creación de la revista Jigüe, en abril de 1969, fue otro de los logros del movimiento
artístico holguinero.
También en el ámbito local, finalizando la década del 60 (específicamente en el año
1968), tuvo lugar la exposición “Tres dibujantes y un escultor”, en la que participaron los
artistas Nelson García, Jorge Hidalgo, Róger Salas y Julio Méndez, cuyas obras
provocaron ciertas críticas por lo atrevido de sus propuestas. Esta exposición mostraba
un comportamiento diferente dentro de la plástica local, la que había mantenido sus
derroteros dentro de los más estrictos cánones academicistas de años atrás.
Con respecto al ámbito nacional, en noviembre de 1961 comenzaron las gestiones para
crear el Taller de Experimentación Gráfica de La Habana; por otra parte, la Casa de las
Américas convocó desde 1962 hasta 1970 varios concursos anuales de grabado
latinoamericano, mediante los cuales muchos artistas pudieron conocer lo que se hacía
en este campo en América Latina, y significó además la primera oportunidad de
participación internacional para los grabadores que se formaban en el mencionado
Taller de Experimentación.
Todos estos sucesos, esencialmente el primero de los mencionados, influyeron en los
creadores holguineros Nelson García y Julio Méndez, quienes se encontraban en la
capital en aquellos momentos. Habiéndose graduado de la Escuela Nacional de
Instructores de Arte, estaban recibiendo un curso de perfeccionamiento en dicha
institución, y en los ratos libres mantenían contacto con el Taller de la Plaza de la
Catedral, lo cual contribuyó a la ampliación de sus horizontes creativos. Al regresar a
Holguín, y luego de varios intercambios con creadores de la capital, estos artistas
perfeccionan las experiencias obtenidas, fundamentalmente relacionadas con la
litografía y la xilografía mediante la práctica.
Resultado de estas preocupaciones y ocupaciones, y el fomento de un ambiente
creativo como prolongación de las experiencias capitalinas, el 12 de noviembre de 1969
se crea el Taller de Grabado de Holguín, el cual se ubicó en la calle Mártires entre
Frexes y Aguilera, fruto del esfuerzo de estos jóvenes artistas urgidos por dar
constancia de los nuevos procedimientos y soluciones técnicas dentro de las artes
plásticas, especialmente en el grabado. Se iniciaron estos primeros trabajos con una
máquina litográfica, que hoy se conserva. (Ver en anexos. Imagen 2)
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Los fundadores del Taller fueron: Nelson García, quien fungiría como director; Julio
Méndez, Jorge Hidalgo, Róger Salas y Alejandro Querejeta, a los cuales poco a poco se
les fueron uniendo otras figuras. De esta manera se iba fomentando el compromiso de
sus miembros con el desarrollo cultural de la ciudad, y dieron espacio a las nuevas
ideas e iniciativas locales, en consonancia con los cambios fundamentales que ocurrían
por esos años a nivel nacional.
En el año 1970, con pocos meses de experiencia acumulados, el Taller de Grabado de
Holguín participó directamente en la inauguración de la muestra “Hacer Ver”, en el local
de la Escuela de Arquitectos de la calle Frexes en la ciudad de Holguín. Esta
interesante e histórica exposición se realizó paralelamente al Primer Salón Nacional de
Pintura y Escultura, (más conocido como “Salón 70”), exhibido en el Pabellón Cuba de
La Habana. En Holguín, las obras de Nelson García, Julio Méndez, Jorge Hidalgo,
Jorge González, Elisa Serrano y Alexis Cisneros, provocaron expectativas sobre todo
en el círculo de pintores y dibujantes más tradicionales de esos momentos.
Los 60 fueron para las artes plásticas en Holguín una época reflejo de ese panorama
nacional de letargo comatoso - según el criterio de algunos críticos, como es el caso de
Antonio Eligio (Tonel) -; y en lo que concierne al grabado, no mantuvo el buen espíritu
creativo con que había empezado.
Durante esta década no se desarrolló en el municipio una labor de promoción y
valoración especializada por parte de la crítica de artes plásticas, que reflejara los
sucesos del acontecer creativo protagonizado por las exposiciones organizadas en
Holguín en este período. Asimismo, este lapso de tiempo constituía para el Taller de
Grabado una especie de “silencio”, aunque debe nominarse su existencia en la
actividad gráfica, sobre todo a finales de los 70, cuando algunos estudiantes de la
Escuela de Arte realizaron sus trabajos de clases, copias o ejercicios de libre creación,
muchos de los cuales han quedado como constancia de la “existencia” del Taller.
Ya en la década del 80 se consolida en Holguín un cambio que se venía cristalizando
en el orden económico desde finales de los años 70. Uno de estos acontecimientos fue
la creación en 1986 del Combinado de Periódicos “General José Miró Argenter”, dotado
de una tecnología moderna. Favorecido por estos cambios tecnológicos, el periódico
¡ahora! adquirió un formato de mejor calidad, y comenzó a circular el suplemento
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cultural Ámbito, encargado de reflejar el acontecer de las artes y la literatura en Holguín.
Por otra parte, hubo exposiciones de artes plásticas importantes que mantuvieron luego
una sistematicidad en el panorama promocional provincial.
No fue hasta octubre de 1983 que en Holguín resurge con fuerza la actividad de la
gráfica, esta vez en un pequeño local de la Casa de la Cultura “Manuel Dositeo
Aguilera” del municipio, en la que se fraguó un ambiente propicio para encuentros que
se realizarían en años sucesivos. En el mes de enero de 1984, se inauguró una
muestra colectiva de grabado que contó con participantes de distintas profesiones,
aficionados, estudiantes, artistas invitados de otras provincias - como José Contino,
asesor principal del Taller de la Plaza de la Catedral, y Raimundo Orozco -, quienes
ofrecieron clases demostrativas para transmitir a los talleristas de Holguín sus
conocimientos y habilidades en cuanto a técnicas, procedimientos y demás soluciones
gráficas. (Ver en anexos. Imagen 3)
Después de esta experiencia y a partir de 1984, se trazó un programa de acción más
amplia, que convirtió a Holguín en sede oficial de eventos nacionales de grabado. Este
despegue vertiginoso del Taller, en su interés por aunar esfuerzos, se viabilizó mediante
la organización de exposiciones y la ampliación de las experiencias técnicas de sus
integrantes, entre otros propósitos. A través de las gestiones de Nelson García, Julio
Méndez y otros colaboradores del mismo, resurgió la dinámica de su quehacer artístico,
debilitado notablemente en los años anteriores.
En sentido general, se puede afirmar que durante la década del 80 el grabado en
Holguín cobró pujanza porque los eventos que se realizaron permitieron un vínculo
provechoso de los artistas de esta localidad, con otros que asistieron a dichos eventos
fructíferos.
La vida del Taller de Grabado durante la década de los 90 había comenzado con lo que
se pudiera denominar “un nuevo comportamiento” por parte de los artistas que, de una
u otra forma, habían vinculado su actividad creadora con esta importante institución.
El llamado Período Especial fue uno de los primeros sucesos que coadyuvó a que los
grabadores tuvieran que buscar nuevas salidas o alternativas ante la escasez de
materiales, para llevar a cabo sus proyectos. Se carecía de tintas, de papel y de otras
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herramientas y materiales, por lo que los interesados en realizar sus obras no podían
imprimir en el Taller con la misma facilidad que antes. (Ver en anexos. Imagen 4)
Por estas razones, se produce paulatinamente una especie de atomización en el
grabado holguinero. Todos aquellos creadores que tuvieron la oportunidad de
construirse o comprarse sus propias prensas, lo harán, posibilitándoles buscar
soluciones sin depender necesariamente de una institución rectora en la cual no
siempre se podía imprimir por falta de recursos.
De ahora en adelante estos artistas, al crear sus propias condiciones, se insertarán a un
mercado que los llevará por un camino de ventas más rápido, ya que hacen una obra
destinada al mercado turístico o de playa.
Ahora es otro el comportamiento y cambia a su vez la actitud de los artistas con
respecto al mercado, el cual actuará hacia otras direcciones, propósitos y fines. El
artista en general desarrolla paralelamente una obra destinada a la venta rápida y otra
línea, donde este mismo creador utiliza temas más identificados con sus propias
preocupaciones intelectuales y personales, en los que la reflexión es lo que más
predomina.
A pesar de existir opiniones muy diversas con respecto a la situación del Taller de
Grabado durante la década de los 90 y principios del presente siglo, se puede afirmar
que esta institución aún constituye un centro que ha nucleado a los artistas no sólo de
la provincia, sino de la nación y del mundo.
Todo este fenómeno hace mucho más complejo y rico el horizonte del grabado en su
conjunto, el cual considera el autor de este artículo que se ha diversificado en otras
aristas.
Hay, dentro de los artistas plásticos holguineros, algunos que se muestran como
defensores y otros como detractores, con respecto a lo que está ocurriendo en los
últimos años con el fenómeno del turismo, el que se ha insertado en una relación
interesante con el arte y específicamente con el grabado en colografía.
La colografía hoy es un hecho dentro del grabado holguinero y no se puede soslayar su
existencia, en tanto la misma ha ido encontrando importantes espacios; ha sumado
creadores y ha despertado inquietudes.
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Además, vender exclusivamente puede significar un acomodamiento a los códigos más
facilistas por parte de quienes realizan las obras, a la vez que puede ir debilitando la
propia vida en colectivo del Taller, el cual necesita de más efervescencia gráfica, pues
el espacio galerista que se preparó en el interior del mismo no siempre mantiene una
constancia en sus proyectos de exhibición, por parte de sus mismos miembros. (Ver en
anexos. Imagen 5)
No obstante, el grabado holguinero, en sentido general, tiene una indiscutible vigencia,
ya que las propuestas de sus creadores han encontrado, paulatinamente, nuevos
horizontes en los discursos creativos. Durante la década del 90, con el propio auge de
la colografía han surgido nuevas y diversas temáticas. Junto a la representación del
paisaje, la palma, el bohío, las flores, los peces, la mulata y el guajiro, se exponen
temas tan sugerentes como la meditación y el cuestionamiento a las problemáticas
sociales, entre otros.
Cierto es que un gran número de obras son reflejo y resultado de un interés
propiamente comercial, pero conjuntamente se ha generado un afán de
experimentación colográfica.
Positivo ha sido, también, que estos artistas, al insertar sus ventas en nuevas áreas del
turismo, encuentran más posibilidades de abrirse al mundo, de darse a conocer y de
promocionarse.
De todo este acercamiento al fenómeno del grabado holguinero, fundamentalmente
después del triunfo de la Revolución, puede inferirse que antes de la fundación del
Taller de Grabado en 1969 no hay evidencias concretas acerca de un desarrollo de esta
manifestación que conduzca a afirmar que Holguín contó con un movimiento de
grabadores capaz de llevar a cabo una producción gráfica, sólida y considerable en
cantidad y calidad que hiciera historia dentro de las artes plásticas en la localidad.
A Rafael Melanio Aguilera puede considerársele, dentro del grabado en Holguín, el
antecedente más destacado.
A pesar de que casi toda la década del 70 estuvo caracterizada por una especie de
letargo dentro de la actividad creativa del grabado en la localidad, se han podido
rescatar testimonios que han posibilitado una mejor caracterización de esta etapa; sin
embargo, la década del 80 estuvo matizada por la celebración de los eventos talleres
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con carácter nacional, los cuales le dieron un extraordinario impulso al Taller de Holguín
porque en los mismos confluyeron grabadores, artistas y teóricos del arte de varias
generaciones y con disímiles experiencias.
Estos eventos representaron para los talleristas de la referida localidad una experiencia
sin precedentes y propició el intercambio entre estudiantes de la especialidad de
grabado de la Escuela Profesional de Artes Plásticas con creadores de más experiencia
dentro de la manifestación.
Llegados los años 90, el grabado en Holguín experimenta nuevos cambios, resultado
de las propias transformaciones económicas y sociales que se producen en estos años.
Esto provoca que el local central tenga que incorporar nuevas iniciativas para poder
mantener la labor creativa. De esta manera, varios proyectos se encaminan fuera del
ámbito local para encontrar en el extranjero nuevos derroteros.
Dentro del Taller de Grabado, al finalizar los años 90 se produce un fenómeno que
pudiera llamársele atomización o multiplicación, y que más que un hecho degenerativo
para el ámbito creativo, significó un nuevo comportamiento en las propuestas
individuales que se suman al ambiente general de las artes plásticas.
El procedimiento de la colografía será el más extendido en los años en que finaliza el
siglo XX, por parte de grabadores y pintores que se convierten a este oficio para
insertar sus creaciones a un mercado turístico.
El Taller se ha insertado de forma notable a las principales celebraciones y eventos de
las artes plásticas en el territorio y fuera de él, lo que le ha permitido vincularse con el
movimiento artístico de la región y la nación.
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ANEXOS
Imagen 1. “Einstein”, de Rafael Melanio Aguilera
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Imagen 2. “Quijote”, de Jorge Hidalgo
Imagen 3. “Sueño y agonía”, de Daniel Santos
Imagen 4. “Cena para un encuentro, VI”, de Julio Alarcón
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Imagen 5. Colografía, de Emilio Chiang
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